1 En el primer relato te escribí, Teófilo, acerca de todas las cosas que Yahoshúa comenzó a hacer y a enseñar,
2 hasta el día en que se lo llevaron arriba, después de haber dado mandamientos por el espíritu de santidad a los Enviados que había escogido.
3 A ellos se les presentó vivo, después de haber padecido, con muchas pruebas convincentes durante cuarenta días. Ellos lo vieron, y él les hablaba acerca del reino de YHWH.
4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Yerushaláyim, sino que esperaran el cumplimiento de la promesa del Padre, “de la cual me oyeron ustedes hablar;
5 porque Yojanán, a la verdad, sumergía en agua, pero ustedes serán sumergidos en espíritu de santidad dentro de pocos días”.
6 Así que los que estaban reunidos le preguntaron: “Maestro, ¿en este tiempo es que le vas a restituir el reino a Israel?”
7 Él les respondió: “A ustedes no les toca saber ni los tiempos ni las fechas que el Padre dispuso por su propia autoridad.
8 Pero recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el espíritu de santidad, y me serán testigos en Yerushaláyim, en toda Yahudah, en Shomrón y hasta lo último de la tierra”.
9 Después de decir esto, y mientras ellos lo miraban, lo elevaron; y una nube lo recibió ocultándolo de su vista.
10 Y mientras ellos miraban fijamente al cielo, a medida que él se alejaba, sucedió que dos hombres vestidos de blanco se presentaron junto a ellos,
11 y les dijeron: “Hombres galileos, ¿por qué se quedan mirando al cielo? Este mismo Yahoshúa que se han llevado de ustedes arriba al cielo, vendrá de la misma manera como lo han visto ir al cielo”.
12 Entonces volvieron a Yerushaláyim desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Yerushaláyim, camino de un Shabat.
13 Y cuando entraron, subieron al piso superior donde se alojaban. Eran: Kefá, Yojanán, Yaaqov y Andrés, Felipe y Tomá, Bar-Talmay y Matityah, Yaaqov hijo de Alfay y Shimón el Patriota y Yahudah el hijo de Yaaqov.
14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración junto con las mujeres y con Miryam la madre de Yahoshúa y con los hermanos de él.
15 En aquellos días Shimón* Kefá se puso de pie en medio de los hermanos reunidos, que eran como ciento veinte personas, y dijo:
16 “Hermanos, tenían que cumplirse las Escrituras, en las cuales el espíritu de santidad habló de antemano por boca de Dawid acerca de Yahudah, que fue guía de los que prendieron a Yahoshúa.
17 Porque él se contaba entre nosotros y tuvo parte en este ministerio;
18 (este hombre adquirió un campo con la recompensa de su injusticia; luego cayó de cabeza, se reventó por en medio, y se derramaron todas sus entrañas.
19 Y esto llegaron a saberlo todos los habitantes de Yerushaláyim, de manera que a aquel campo lo llamaron en su lengua Jakál-Demá, que quiere decir Campo de Sangre.)
20 Porque está escrito en el libro de las Alabanzas: ‘Quede desierta su morada, y no haya quien habite en ella. Y que otro ocupe su cargo’.
21 “Por tanto, de estos hombres que han estado junto con nosotros todo el tiempo que el Maestro Yahoshúa convivió con nosotros,
22 comenzando desde su inmersión por Yojanán hasta el día en que se lo llevaron de nosotros y lo recibieron arriba, es necesario que se nombre uno como testigo con nosotros de su resurrección”.
23 Propusieron a dos: a Yosef llamado Bar-Sabá, el cual tenía por sobrenombre Justo, y a Matityahu.
24 Entonces oraron y dijeron: “Tú, YHWH, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido
25 para que en este ministerio y misión ocupe el lugar del cual Yahudah se extravió para irse al lugar que le correspondía”.
26 Luego echaron suertes sobre ellos, y la suerte cayó sobre Matityahu; y lo contaron con los once Enviados.
1 Al llegar el día de [la Fiesta de] las Semanas, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
2 Y de repente vino del cielo un estruendo como el de un viento violento, y llenó toda la casa donde estaban sentados.
3 Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.
4 Todos quedaron llenos de espíritu de santidad y comenzaron a hablar en otros idiomas, según el espíritu les concedía expresarse.
5 En Yerushaláyim se estaban hospedando yahuditas piadosos de todas las naciones debajo del cielo.
6 Cuando se produjo este estruendo, se juntó la multitud; y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
7 Asombrados y maravillados, decían: “Miren, ¿no son galileos todos estos que están hablando?
8 Entonces, ¿cómo es que los oímos hablar cada cual en su propia lengua nativa?
9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Yahudah, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
10 en Frigia y Panfilia, en Mitsráyim y en las regiones de África más allá de Kirene, y romanos residentes aquí, tanto yahuditas como prosélitos,
11 cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestros propios idiomas las grandezas de YHWH”.
12 Y estaban todos asombrados y perplejos preguntándose unos a otros “¿Qué significa esto?”
13 Otros en cambio se burlaban y decían: “Están llenos de vino dulce”.
14 Entonces Shimón Kefá se puso de pie junto con los Once, alzó la voz y se dirigió a ellos diciendo: “Varones yahuditas, y todos ustedes que habitan en Yerushaláyim, sepan bien esto y escuchen mis palabras.
15 “Estos no están borrachos como ustedes se imaginan, pues es solamente la hora tercera del día.
16 Esto es lo que dijo el profeta Yoel:
17 ‘Y en los últimos días, dice YHWH, derramaré de mi espíritu sobre toda clase de persona, y los hijos e hijas de ustedes profetizarán; sus jóvenes verán visiones, y sus ancianos soñarán sueños.
18 Y también sobre mis siervos y sobre mis siervas en esos días derramaré de mi espíritu y profetizarán.
19 Y mostraré maravillas arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra: sangre, fuego y vapor de humo.
20 El sol se volverá tinieblas, y la luna sangre, antes de que venga el Día de YHWH, grande e ilustre.
21 Y todo el que invoque el nombre de YHWH se salvará’.
22 “Varones yisraelitas, escuchen estas palabras: a Yahoshúa el Natsereno, un varón aprobado por YHWH ante ustedes por medio de las obras poderosas y las maravillas y señales que hizo YHWH entre ustedes por medio de él, como ustedes bien saben,
23 a éste, entregado por el determinado consejo y la presciencia de Elohim, ustedes lo prendieron y lo mataron por mano de hombres sin ley, clavándolo en un madero.
24 Pero YHWH lo resucitó, librándolo de las ataduras de la muerte, porque no era posible que continuara retenido por ella.
25 Porque Dawid dice refiriéndose a él: ‘Yo veía a YHWH siempre delante de mí, porque a mi derecha está él para que yo no resbale.
26 Por eso se alegró mi corazón y se regocijó mi lengua, y aun mi carne reposará en esperanza.
27 Porque no dejarás mi ser en la Fosa, ni a tu Fiel dejarás ver corrupción.
28 Me hiciste conocer las sendas de la vida, me llenarás de gozo en tu presencia’.
29 “Varones hermanos, permítanme hablarles con franqueza: El Patriarca Dawid murió y lo sepultaron, y su sepulcro está en medio de nosotros hasta el día de hoy.
30 Pero él era profeta y sabía que con un juramento YHWH le había jurado que de su posteridad en cuanto a la carne levantaría a uno para que se sentara en su trono.
31 Así que él previó esto y se refirió a la resurrección del Mashíaj cuando dijo que ‘su ser no fue dejado en la Fosa, ni su carne vio corrupción’.
32 “Pues a este Yahoshúa lo resucitó YHWH, y de eso todos nosotros somos testigos.
33 Así que, como la diestra de YHWH lo ensalzó, y recibió del Padre el espíritu de santidad prometido, él ha derramado esto que ustedes ven y oyen.
34 Porque Dawid no subió a los cielos; sin embargo él dice: ‘Dijo YHWH a mi soberano: Siéntate a mi diestra,
35 hasta que yo ponga a tus enemigos por tarima de tus pies’.
36 Por lo tanto, sepa con certeza toda la Casa de Yisrael, que a este Yahoshúa a quien ustedes ejecutaron en un madero, YHWH lo ha hecho soberano y Mashíaj”.
37 Cuando oyeron esto se les afligió el corazón y le preguntaron a Shimón y a los otros Enviados: “Varones hermanos, ¿qué tenemos que hacer?”
38 Entonces Shimón les dijo: “Arrepiéntanse y sumérjase cada uno de ustedes en el nombre de Yahoshúa el Mashíaj, para que se les perdonen sus pecados, y recibirán el don del espíritu de santidad.
39 Pues para ustedes es la promesa y para sus hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos llame YHWH nuestro Elohim”.
40 Y con muchas otras palabras siguió dando testimonio, y los exhortaba diciendo: “Pónganse a salvo de esta generación perversa”.
41 Así que los que aceptaron su mensaje se sumergieron; y se agregaron en ese mismo día como tres mil personas.
42 Y continuaban perseverando en la enseñanza de los Enviados, en el compartir unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
43 Todo el mundo estaba impresionado por las muchas maravillas y señales que hacían los Enviados.
44 Todos los creyentes estaban unidos, y tenían en común todas las cosas.
45 Vendían sus propiedades y sus pertenencias, y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno.
46 Todos los días asistían unánimemente al Templo, partían el pan en las casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón.
47 Alababan a YHWH y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. Y YHWH añadía cada día a la comunidad [a los que se iban salvando].
1 Shimón y Yojanán iban subiendo juntos un día al Templo a la hora de la oración, la hora novena.
2 En eso traían a cierto hombre, cojo de nacimiento, a quien ponían diariamente a la puerta del Templo llamada La Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo.
3 Cuando vio a Shimón y a Yojanán que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna.
4 Entonces Shimón, con Yojanaán, se le quedó mirando y le dijo: “Míranos”.
5 Él se quedó atento, esperando recibir algo de ellos.
6 Shimón entonces le dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de nuestro Maestro Yahoshúa el Mashíaj de Natséret, levántate y anda”.
7 Y agarrándolo por la mano derecha, lo levantó. Al momento se le robustecieron los pies y los tobillos,
8 y de un salto se puso en pie y echó a andar; y entró con ellos en el Templo, andando, y saltando, y alabando a Elohim.
9 Todo el pueblo lo vio andar y alabar a YHWH.
10 Y al reconocerlo, que era el mismo que solía sentarse a pedir limosna a la Puerta Hermosa del Templo, se llenaron de asombro y admiración por lo que había sucedido.
11 Mientras el hombre seguía aferrado a Shimón y a Yojanán, todo el pueblo, asombrado, fue corriendo hacia ellos en el pórtico llamado de Shelomoh.
12 Cuando Shimón Kefá vio esto, se dirigió al pueblo: “Varones yisraelitas, ¿por qué se maravillan de esto? ¿O por qué fijan la vista en nosotros, como si por nuestro propio poder o devoción hubiéramos hecho andar a éste?
13 El Elohim de Avraham, de Yitsjaq y de Yaaqov, el Elohim de nuestros padres, ha glorificado a su Siervo Yahoshúa, a quien ustedes entregaron y negaron en presencia de Pilato, cuando éste había decidido soltarlo.
14 Ustedes rechazaron al Santo y al Justo, y pidieron que les dieran a un asesino.
15 Mataron al Príncipe de la vida, pero YHWH lo resucitó de entre los muertos, y de eso nosotros somos testigos.
16 Y por medio de la fe en su nombre, a éste que ustedes ven y conocen, lo ha fortalecido Su nombre; la fe que viene por medio de Aquel le ha dado esta perfecta curación en presencia de todos ustedes.
17 “Ahora, hermanos, yo sé que fue por ignorancia que ustedes lo hicieron, como también sus gobernantes.
18 Pero YHWH cumplió de esa manera lo que había predicho por boca de todos los profetas, que su Mashíaj habría de padecer.
19 Así que arrepiéntanse y conviértanse, para que queden borrados sus pecados, para que vengan tiempos de refrigerio de la presencia de YHWH,
20 y él envíe a Aquel que de antemano se les había anunciado, a Yahoshúa el Mashíaj.
21 Es necesario que el cielo lo retenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de la cual habló YHWH por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.
22 “Porque Mosheh en verdad dijo: ‘YHWH su Elohim les levantará de entre sus hermanos a un Profeta semejante a mí; a él ustedes deben oír en todo lo que les hable.
23 Y sucederá que toda persona que no escuche a aquel profeta será excluida del pueblo’.
24 Y así, todos los profetas que desde Shemuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días.
25 Ustedes son los hijos de los profetas y de la alianza que YHWH hizo con sus padres cuando le dijo a Avraham: ‘En tu descendencia se bendecirán todas las familias de la tierra’.
26 Por ustedes en primer lugar levantó Elohim a su Siervo, y lo envió para bendecirlo al apartar a cada uno de sus maldades.
1 Mientras le hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, con el capitán del Templo y los saduceos,
2 indignados porque enseñaban al pueblo y proclamaban en base a Yahoshúa la resurrección de los muertos.
3 Así que les echaron mano y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque ya era tarde.
4 Muchos de los que oyeron el mensaje creyeron, y vino a ser el número de los hombres como cinco mil.
5 Sucedió al día siguiente que se reunieron sus gobernantes y los ancianos y los escribas en Yerushaláyim,
6 incluyendo a Hanán el sumo sacerdote y Kayafá, Yojanán, Alejandro y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes.
7 Después de ponerlos en medio, les preguntaron: “¿Con qué poder o en qué nombre han hecho ustedes esto?”
8 Entonces Kefá, lleno de espíritu de santidad, les dijo: “Gobernantes del pueblo y ancianos:
9 Siendo que en el día de hoy se nos interroga sobre la buena obra que se hizo con un hombre enfermo, por medio de quién quedó sano,
10 quede bien claro para todos ustedes y para todo el pueblo de Yisrael que ha sido en el nombre de Yahoshúa el Mashíaj, el Natsereno, a quien ustedes ejecutaron en un madero, y a quien Elohim resucitó de entre los muertos, por medio de él se encuentra este hombre curado aquí delante de ustedes.
11 Éste es la piedra que desecharon ustedes los edificadores, y que ha venido a ser la principal piedra angular.
12 Y en ningún otro hay salvación, porque no se ha dado a los hombres debajo del cielo otro nombre en el cual podamos salvarnos”.
13 Al ver ellos la valentía de Kefá y de Yojanán, como habían entendido que eran hombres iletrados e incultos, se maravillaron, y reconocieron que habían estado con Yahoshúa.
14 Y viendo al hombre que se había curado de pie en medio de ellos, nada podían hacer en contra.
15 Entonces, después de mandarles que salieran del Sanhedrín, se pusieron a deliberar entre ellos
16 diciendo: “¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Porque es evidente para todos los habitantes de Yerushaláyim que un milagro notable se ha realizado por medio de ellos, y nosotros no lo podemos negar.
17 Pero para que esto no se divulgue más entre el pueblo, amenacémoslos para que de aquí en adelante no le hablen de ese nombre a nadie más”.
18 Entonces los llamaron y les ordenaron que de ningún modo hablaran ni enseñaran en el nombre de Yahoshúa.
19 Pero Kefá y Yojanán les dijeron en respuesta: “Juzguen ustedes si es correcto delante de YHWH que les hagamos caso a ustedes en vez de a él.
20 Porque nosotros no podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y oído”.
21 De manera que, después de reprenderlos aún más, los soltaron por no encontrar cómo castigarlos, a causa del pueblo, pues todos glorificaban a Elohim por lo que había sucedido;
22 porque el hombre en quien se había hecho aquel milagro de curación tenía más de cuarenta años.
23 En cuanto los pusieron en libertad volvieron a los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
24 Cuando ellos lo oyeron, levantaron unánimes la voz a YHWH, diciendo: “Soberano, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos;
25 por espíritu de santidad tú dijiste por boca de tu siervo Dawid: ‘¿Por qué se amotinaron las naciones, y los pueblos meditaron planes vanos?
26 Se levantaron los reyes de la tierra, y los príncipes a una se juntaron contra YHWH y contra su Mashíaj’.
27 Y así fue: se juntaron en esta ciudad Horedós y Poncio Pilatos, con los gentiles y las tribus de Yisrael contra tu santo Siervo Yahoshúa, a quien tú ungiste,
28 para hacer todo lo que tu mano y consejo habían predeterminado que sucediera.
29 Y ahora, YHWH, mira cómo nos amenazan y concede a tus siervos que con toda valentía hablen de tu palabra,
30 mientras tú extiendes la mano para sanar, de manera que se hagan señales y maravillas en el nombre de tu santo Siervo Yahoshúa”.
31 Después que ellos oraron, el lugar donde estaban congregados se sacudió, y quedaron todos llenos del espíritu de santidad; y hablaron la palabra de YHWH con valentía.
32 La comunidad de los que habían creído tenían un mismo pensamiento y un mismo sentimiento; ninguno decía que era de su propiedad ninguna de las cosas que tenía, sino que todo lo poseían en común.
33 Con gran poder los Enviados daban testimonio de la resurrección del Maestro Yahoshúa, y todos ellos gozaban de gran simpatía,
34 porque no había ningún necesitado entre ellos. Esto se debía a que todos los que poseían campos y casas los vendían y traían el producto de las ventas
35 y los ponían a disposición de los Enviados; luego se distribuía a cada uno según su necesidad.
36 Así Yosef, un lewita y natural de Chipre a quien los Enviados apellidaron Bar-Naba (que significa Hijo de Consuelo),
37 tenía un campo y lo vendió; luego trajo el dinero y lo puso a disposición de los Enviados
1 Sin embargo, cierto hombre llamado Jananyah, con su esposa Safira, vendió una propiedad
2 y retuvo secretamente parte del precio, con el consentimiento de su esposa, y trajo sólo una parte y la puso a disposición de los Enviados.
3 Entonces Shimón Kefá le dijo: “Jananyah, ¿cómo es que el Satán invadió tu corazón para que mintieras al espíritu de santidad y retuvieras secretamente parte del precio del campo?
4 Si se quedaba sin vender, ¿no seguía siendo tuyo? Y después de vendido, ¿no estaba el precio en tu poder? ¿Cómo es que se te ha ocurrido una cosa así en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Elohim”.
5 Al oír Jananyah estas palabras, cayó y expiró; entonces vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
6 Los jóvenes se levantaron y lo envolvieron, lo sacaron y lo sepultaron.
7 Como al cabo de tres horas entró su esposa, sin saber lo que había sucedido,
8 y Shimón Kefá le preguntó: “Dime, ¿vendieron ustedes el campo por tanto?” Y ella contestó: “Sí, por tanto”.
9 Entonces Shimón Kefá le dijo: “¿Cómo es que se pusieron de acuerdo para poner a prueba al espíritu de YHWH? Mira, a la puerta llegan ya los pies de los que sepultaron a tu esposo, y a ti también te sacarán”.
10 Al instante cayó a sus pies y expiró. Al entrar los jóvenes la encontraron muerta; la sacaron y la sepultaron al lado de su esposo.
11 Entonces vino un gran temor sobre toda la congregación y sobre todos los que se enteraron de lo sucedido.
12 Por mano de los Enviados se realizaron muchas señales y maravillas entre el pueblo; y se reunían de común acuerdo en el Pórtico de Shelomoh.
13 De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos, sin embargo el pueblo los elogiaba.
14 Cada vez más se iban agregando nuevos creyentes en el Maestro, multitudes de hombres y mujeres,
15 hasta el punto de que sacaban a los enfermos a la calles y los ponían en catres y camillas, para que al pasar Shimón Kefá al menos su sombra cayera sobre algunos de ellos.
16 Y aun de las ciudades alrededor de Yerushaláyim concurría la multitud trayendo a los enfermos y los atormentados por espíritus inmundos; y todos se sanaban.
17 Entonces se levantó el sumo sacerdote y todos los suyos –la secta de los saduceos–, y llenos de celo
18 les echaron mano a los Enviados y los metieron en la cárcel pública.
19 Pero el mensajero de YHWH abrió de noche las puertas de la cárcel, los sacó afuera y les dijo:
20 “Vayan, preséntense en el Templo y háblenle al pueblo todo lo relativo a esta Vida”.
21 Después de oír esto, ellos entraron en el Templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Entretanto llegó el sumo sacerdote con los suyos y convocaron al Sanhedrín y a todo el senado de los hijos de Yisrael; y mandaron a buscar a los Enviados a la cárcel.
22 Pero los alguaciles que fueron no los encontraron en la cárcel y volvieron a avisar
23 diciendo: “Hemos encontrado la cárcel cerrada con toda seguridad, y los guardias en vigilancia ante la puerta; pero cuando abrimos no encontramos a nadie dentro”.
24 Cuando oyeron estas palabras, el capitán del Templo y los sumos sacerdotes quedaron muy perplejos con respecto a ellos, preguntándose en que iría a parar aquello.
25 Pero vino alguien y les avisó: “Miren, los hombres que ustedes pusieron en la cárcel están parados en el Templo enseñándole al pueblo”.
26 Entonces el capitán del Templo fue con los alguaciles y los trajo, pero sin violencia porque tenía miedo de que el pueblo los apedreara.
27 Después de traerlos, los presen-taron ante el Sanhedrín, y el sumo sacerdote les preguntó:
28 “¿No les ordenamos estrictamente que no enseñaran en ese nombre? ¡Y miren cómo han llenado a Yerushaláyim de su enseñanza, y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre!”
29 Pero Shimón Kefá y los demás Enviados contestaron: “Hay que obedecer a Elohim antes que a los hombres.
30 El Elohim de nuestros padres resucitó a Yahoshúa, a quien ustedes mataron colgándolo de un tronco.
31 A éste, Elohim lo ensalzó con su diestra para ser Príncipe y Salvador, para darle a Yisrael arrepentimiento y perdón de pecados.
32 Nosotros somos testigos de estas cosas y también lo es el espíritu de santidad que YHWH ha dado a los que le obedecen”.
33 Cuando ellos oyeron esto se enfurecieron y procuraban matarlos.
34 En eso se puso de pie en medio del Sanhedrín cierto fariseo llamado Gamliel, un maestro de la Torah estimado por todo el pueblo, y mandó que hicieran salir a aquellos hombres por un momento.
35 Entonces les dijo: “Varones yisraelitas, tengan cuidado de lo que van a hacer con estos hombres.
36 Porque en días pasados se levantó Todah pretendiendo ser alguien, y se le unió un número como de 400 hombres; pero lo mataron, y todos los que lo obedecían se dispersaron y quedaron en nada.
37 Después se levantó Yahudah el Galileo en los días del censo, y se llevó a mucha gente tras él. Pero él también pereció y todos los que lo obedecían se dispersaron.
38 Así que ahora yo les digo: Retírense de estos hombres y déjenlos; que si esa idea y esa obra es de los hombres, se destruirá;
39 pero si es cosa de Elohim, ustedes no la podrán destruir. Cuidado que no se encuentren ustedes luchando contra Elohim”.
40 Ellos estuvieron de acuerdo con él; de modo que, después de llamar a los Enviados y de azotarlos, les ordenaron que no hablaran más en el nombre de Yahoshúa, y los soltaron.
41 Ellos por su parte, salieron de la presencia del Sanhedrín contentos de haber merecido aquel deshonor por amor al Nombre.
42 Y todos los días continuaban sin cesar enseñando en el Templo y por las casas, y proclamando la Buena Noticia de que Yahoshúa era el Mashíaj.
1 En aquellos días, cuando se estaba multiplicando el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los [yahuditas] helenistas contra los [yahuditas] hebreos; decían que a sus viudas las descuidaban en la distribución diaria.
2 Entonces los Doce, después de convocar a todo el grupo de los discípulos, dijeron: “No es correcto que nosotros dejemos la palabra de YHWH para servir a las mesas.
3 Así que, hermanos, busquen entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos de espíritu y de sabiduría,, para que los encarguemos de esta tarea.
4 Nosotros seguiremos ocupándonos en la oración y en el servicio de la palabra”.
5 La propuesta agradó a toda la multitud y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y de espíritu de santidad; a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás, un prosélito de Antioquía.
6 Los presentaron delante de los Enviados, y ellos, después de orar, les impusieron las manos.
7 El mensaje de YHWH siguió creciendo, y se multiplicó extraordinariamente en Yerushaláyim el número de los creyentes; y una gran multitud de sacerdotes se iba haciendo obediente a la fe.
8 Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes maravillas y señales entre el pueblo.
9 Entonces se levantaron unos hombres de la llamada Sinagoga de los Libertos, oriundos de Sirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, y se pusieron a discutir con Esteban.
10 Pero no podían contrarrestar la sabiduría y el espíritu con que hablaba.
11 Entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran: “Nosotros lo oímos hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Elohim”.
12 De esa manera alborotaron al pueblo, y a los ancianos y a los escribas, los cuales se le echaron encima, lo agarraron y lo llevaron al Sanhedrín.
13 Allí presentaron testigos falsos que dijeron: “Este hombre no deja de hablar palabras blasfemas contra este santo lugar y contra la Torah;
14 pues nosotros lo hemos oído decir que Yahoshúa el Natsereno va a destruir este lugar y a cambiar las instituciones que nos legó Mosheh”.
15 Y cuando fijaron la vista en él, todos los que estaban sentados en el Sanhedrín vieron su rostro como el rostro de un mensajero.
1 Entonces el sumo sacerdote dijo:
2 “¿Son ciertas estas cosas?” él contestó: “Hermanos y padres, escuchen: El Elohim de la gloria se le apareció a Avraham nuestro padre en Mesopotamia, antes de que se estableciera en Jarán,
3 y le dijo: ‘Sal de tu tierra y de tus parientes, y ve a una tierra que yo te voy a mostrar’.
4 Entonces él salió de la tierra de los kasditas y se estableció en Jarán. Después de la muerte de su padre, Elohim lo trasladó de allí a esta tierra donde ustedes habitan ahora.
5 Sin embargo, no le dio herencia en ella, ni siquiera la huella de un pie; pero le prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él, cuando todavía no tenía hijos.
6 “Además, Elohim le habló diciéndole que su descendencia sería extranjera en una tierra ajena, donde los reducirían a la esclavitud, y los maltratarían por cuatrocientos años.
7 Y añadió Elohim: ‘Pero a la nación a la que ellos van a servir, yo la juzgaré; después de eso saldrán y me servirán en este lugar’.
8 “También le dio la alianza de la circuncisión; y así Avraham procreó a Yitsjaq y lo circuncidó al octavo día; luego Yitsjaq procreó a Yaaqov, y Yaaqov a los doce patriarcas.
9 Los patriarcas, motivados por la envidia, vendieron a Yosef para Mitsráyim; pero Elohim estaba con él
10 y lo libró de todas sus tribulaciones, y además le dio una sabiduría que le ganó la simpatía del Paroh, rey de Mitsráyim; de manera que éste lo nombró gobernador de Mitsráyim y de todo su palacio.
11 “Vino entonces hambre sobre todo Mitsráyim y Kenaan, y hubo una escasez tan grande que nuestros padres no encontraban provisiones.
12 Pero Yaaqov oyó que en Mitsráyim había trigo y envió a nuestros padres la primera vez.
13 La segunda vez Yosef se dio a conocer a sus hermanos, y así se enteró el Paroh de qué linaje era Yosef.
14 Yosef mandó llamar a su padre Yaaqov, con toda su familia de setenta y cinco personas,
15 y así fue como Yaaqov bajó a Mitsráyim; y allí murieron él y nuestros padres.
16 Luego los trasladaron a Shekhem y los pusieron en el sepulcro que compró Avraham por su precio en plata a los hijos de Jamor, el padre de Shekhem.
17 “A medida que se acercaba el tiempo para cumplirse la promesa que le había hecho Elohim a Avraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Mitsráyim.
18 Hasta que se levantó otro rey que no conocía a Yosef.
19 Este rey, valiéndose de astucia con nuestra raza, maltrató a nuestros padres con el fin de que sus niños recién nacidos perecieran y no se propagara la raza.
20 En ese tiempo nació Mosheh, y era sumamente hermoso. Lo criaron durante tres meses en la casa de su padre,
21 pero cuando lo abandonaron, la hija del Paroh lo recogió y lo crió como hijo suyo.
22 De esa manera Mosheh se instruyó en toda la sabiduría de los mitsritas, y llegó a ser poderoso en palabra y en acción.
23 “Cuando cumplió los cuarenta años, se le vino a la mente la idea de visitar a sus hermanos, los hijos de Yisrael.
24 En eso vio que maltrataban a uno de ellos y lo defendió, y vengó al agraviado matando al mitsrita.
25 Él suponía que sus hermanos habrían de entender que por su mano Elohim les daría salvación, pero ellos no lo entendieron así.
26 Pues al otro día se acercó a unos que estaban peleando y trató de que hicieran las paces, diciendo: ‘Hombres, ustedes son hermanos, ¿por qué se maltratan uno al otro?’
27 Pero el que maltrataba a su prójimo lo rechazó diciendo: ‘¿Quién te nombró a ti como príncipe y juez sobre nosotros?
28 ¿Acaso quieres matarme como mataste ayer al mitsrita’.
29 Al oír esto, Mosheh huyó y se fue a vivir como extranjero en la tierra de Midyán, donde procreó dos hijos.
30 “Cuarenta años más tarde, se le apareció un mensajero en el desierto del monte Sinay, en una llama de fuego en un arbusto.
31 Mosheh se maravilló al ver aquel espectáculo, y al acercarse para observarlo oyó la voz de Elohim:
32 ‘Yo soy el Elohim de tus padres, el Elohim de Avraham, de Yitsjaq y de Yaaqov’. Mosheh entonces empezó a temblar y no se atrevía a mirar.
33 Elohim le dijo: ‘Quítate las sandalias de los pies porque el lugar donde estás es tierra santa.
34 Ciertamente he visto la opresión de mi pueblo que está en Mitsráyim; he oído sus gemidos y he bajado para librarlos. Ahora ven acá, que te voy a enviar a Mitsráyim’.
35 “A aquel mismo Mosheh a quien habían rechazado diciendo: ‘¿Quién te nombró a ti como príncipe y juez?’, a ese mismo lo envió Elohim como príncipe y redentor, por medio del mensajero que se le apareció en el arbusto.
36 Él fue quien los sacó después de hacer maravillas y señales en Mitsráyim, como también en el Mar de los Juncos, y en el desierto por espacio de cuarenta años.
37 “Aquel Mosheh fue el que dijo a los hijos de Yisrael: ‘YHWH su Elohim les levantará un profeta de entre sus hermanos, semejante a mí’.
38 Ese fue el que estuvo en la asamblea en el desierto, con el mensajero que le hablaba en el Monte Sinay, y con nuestros padres, y recibió palabras de vida para trasmitírnoslas.
39 Nuestros padres no quisieron obedecerle, sino que lo rechazaron, y en sus corazones se volvieron atrás a Mitsráyim.
40 Le dijeron a Aharón: ‘Haznos unos elohim que vayan delante de nosotros, porque a ese Mosheh que nos sacó de la tierra de Mitsráyim no sabemos lo que le ha sucedido’.
41 “Así que hicieron un becerro en aquellos días, y le ofrecieron un sacrificio al ídolo, y se regocijaron en la obra de sus manos.
42 Entonces Elohim les volvió la espalda y los abandonó para que sirvieran al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ‘¿Acaso me ofrecieron víctimas y sacrificios por cuarenta años en el desierto, casa de Yisrael?
43 Al contrario, levantaron la carpa de Mólekh, y la estrella de elohim Refán, figuras que ustedes hicieron para darles culto. Pero yo los deportaré más allá de Babel’.
44 “La Carpa del Testimonio la tenían nuestros padres en el desierto según ordenó Aquel que mandó a Mosheh hacerla según el diseño que había visto.
45 Y nuestros padres la recibieron en sucesión, hasta que bajo Yahoshúa la introdujeron cuando entraron en la tierra poseída por las naciones que expulsó el Elohim de delante de nuestros padres. Allí permaneció hasta los días de Dawid,
46 quien alcanzó favor delante de YHWH y pidió que se le permitiera proveerle una morada al Elohim de Yaaqov.
47 Aunque fue Shelomoh quien le construyó una casa.
48 Pero el Altísimo no mora en casas hechas por manos, como dice el profeta:
49 ‘El cielo es mi trono, y la tierra la tarima de mis pies. ¿Qué clase de casa me podrán edificar –dice YHWH– o qué lugar para que repose?
50 ¿No hizo mi mano todo esto?’
51 “Testarudos, incircuncisos de corazón y de oídos, ustedes siempre resisten al espíritu de santidad; como hicieron sus padres así hacen ustedes.
52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron los padres de ustedes? Ellos mataron a los que anunciaban de ante-mano la venida del Justo, el mismo a quien ahora ustedes han traicionado y matado;
53 ustedes que recibieron la Torah por mediación de mensajeros, y no la han observado”.
54 Cuando oyeron estas palabras se sintieron heridos y empezaron a crujir los dientes contra él.
55 Pero él, lleno de espíritu de santidad, se quedó mirando fijamente al cielo y vio la gloria de Elohim, y a Yahoshúa de pie a la derecha de Elohim.
56 Entonces dijo: “Miren, estoy viendo el cielo abierto, y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de YHWH”.
57 Pero ellos, gritando a todo pulmón, se taparon los oídos y arremetieron contra él.
58 Después de echarlo fuera de la ciudad lo apedrearon. Los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven que se llamaba Shaúl,
59 y se pusieron también a apedrear a Esteban, mientras él invocaba al Mashíaj diciendo: “Maestro Yahoshúa, recibe mi espíritu”.
60 Luego, cayendo de rodillas, gritó con voz fuerte: “YHWH, no les cuentes este pecado”. Y después de decir esto, murió.
1 En aquel tiempo se desató una gran persecución contra la comunidad que estaba en Yerushaláyim, y todos, menos los Enviados, se dispersaron por las regiones de Yahudah y Shomrón.
2 A Esteban lo sepultaron unos hombres piadoso, e hicieron un gran duelo por él.
3 Shaúl, por su parte, arrasaba a la comunidad; iba por las casas y arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
4 Los que se dispersaron andaban por todas partes anunciando la Buena Noticia de la Palabra.
5 En eso, Felipe bajó a la ciudad de Shomrón y se puso a proclamarles al Mashíaj.
6 Las multitudes, unánimes, prestaban atención a lo que decía Felipe, al oír y ver los milagros que hacía.
7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos éstos salían mientras gritaban con voz fuerte; y muchos paralíticos y cojos quedaban curados.
8 De manera que hubo un gran gozo en aquella ciudad.
9 Cierto hombre llamado Shimón había estado en la ciudad desde antes de esto ejerciendo la magia y asombrando a la gente de Shomrón, pretendiendo ser un gran personaje.
10 Todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Esto es lo que se llama el Gran Poder de YHWH”.
11 Le hacían caso porque hacía mucho tiempo que los tenía asombrados con sus artes mágicas.
12 Pero cuando oyeron a Felipe que les proclamaba la Buena Noticia del Reino de YHWH y del nombre de Yahoshúa el Mashíaj, procedieron a sumergirse, tanto hombres como mujeres.
13 Hasta Shimón mismo también creyó y, después de sumergirse, se juntó con Felipe; y al ver las señales y los grandes milagros que se hacían quedaba asombrado.
14 Cuando los Enviados que estaban en Yerushaláyim oyeron que los de Shomrón habían aceptado la Palabra de YHWH, les enviaron a Shimón Kefá y a Yojanán.
15 Éstos bajaron allá, y oraron por ellos para que recibieran el espíritu de santidad;
16 porque hasta entonces no había descendido sobre ninguno de ellos; tan sólo se habían sumergido para el nombre del Maestro Yahoshúa.
17 Enseguida les impusieron las manos y recibieron espíritu de santidad.
18 Al ver Shimón que por la imposición de las manos de los Enviados se daba el espíritu de santidad, les ofreció dinero,
19 proponiéndoles: “Denme a mí también esa autoridad, para que cualquiera a quien yo le imponga las manos reciba espíritu de santidad”.
20 Pero Shimón Kefá le dijo: “Tu dinero perezca contigo, por haber pensado que con dinero se consigue el don de Elohim.
21 No tienes parte ni derecho en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Elohim.
22 Arrepiéntete de esa maldad tuya, y ruégale a Elohim a ver si te perdona ese proyecto de tu corazón.
23 Porque percibo que aún estás en hiel de amargura y en cadenas de injusticia”.
24 Shimón entonces respondió: “Rueguen ustedes por mí a Elohim, para que no me sobrevenga nada de lo que han dicho”.
25 Ellos, después de haber testificado y haber hablado la palabra de YHWH, se volvieron a Yerushaláyim; y en muchas de las aldeas de los shomronitas publicaron la Buena Noticia.
26 Un mensajero de YHWH le habló a Felipe y le dijo: “Levántate y vete hacia el sur; al camino que baja de Yerushaláyim hacia Gaza, que es un camino desierto”.
27 Él se levantó y se fue. En eso vio a un kushita, un eunuco ministro de Kandaq, reina de los kushitas, que estaba a cargo de todo su tesoro. Este hombre había ido a Yerushaláyim para adorar,
28 y ahora iba de regreso, y sentado en su carro leía al profeta Yeshayahu.
29 En eso el espíritu le dijo a Felipe: “Acércate y pégate a ese carro”.
30 Felipe siguió corriendo al lado, lo oyó leer al profeta Yeshayahu y le preguntó: “¿Verdaderamente entiendes lo que estás leyendo?”
31 Él le contestó: “¿Cómo voy a entender si nadie me explica?” E invitó a Felipe a sentarse con él.
32 El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste: “Como oveja llevada al matadero, y como cordero que enmudece ante el trasquilador, así no abrió él su boca.
33 En su humillación le quitaron su derecho. ¿Quién podrá hablar de su descendencia? Pues quitaron su vida de la tierra”.
34 El eunuco le preguntó a Felipe: “Por favor, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?”
35 Entonces Felipe tomó la palabra y, a partir de aquel pasaje, le anunció la Buena Noticia de Yahoshúa.
36 Más adelante en el camino llegaron a cierta charca, y el eunuco dijo: “Mira, ahí hay agua, ¿qué impide que yo me sumerja?”
37 [Y Felipe dijo: “Si crees con todo tu corazón, bien puedes”. Y él respondió y dijo: “Creo que Yahoshúa el Mashíaj es el Hijo de YHWH”.]*
38 Entonces mandó a parar el carro, y bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y Felipe lo sumergió.
39 Cuando subieron del agua, el espíritu de YHWH arrebató a Felipe, y el eunuco no lo vio más; y siguió su camino lleno de gozo.
40 Felipe se encontró después en Ashdod; y pasando por el territorio proclamó la Buena Noticia en todas las ciudades, hasta llegar a Cesarea.
1 Shaúl, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Maestro, fue donde el sumo sacerdote
2 y le pidió cartas para las sinagogas de Daméseq, autorizándolo a llevarse detenidos a Yerushaláyim a todos los que encontrara que pertenecieran a este Camino, fueran hombres o mujeres.
3 Iba por el camino y se estaba acercando a Daméseq, cuando de repente brilló a su alrededor una luz desde el cielo.
4 Entonces cayó al suelo y oyó una voz que le decía: “Shaúl, Shaúl, ¿por qué me persigues?“ [Dura cosa te es dar patadas contra el aguijón.]*
5 Y él preguntó: “¿Quién eres, Maestro?” Él respondió: “Yo soy Yahoshúa, a quien tú persigues.
6 * Levántate, entra a la ciudad, allí se te dirá lo que debes hacer”.
7 Los hombres que viajaban con él se detuvieron sin poder hablar; oían la voz pero no veían a nadie.
8 Así que Shaúl se levantó del suelo, y cuando abrió los ojos no veía; de modo que lo llevaron de la mano y lo condujeron a Daméseq;
9 y allí estuvo tres días privado de la vista y sin comer ni beber.
10 Había en Daméseq un discípulo llamado Jananyah, a quien el Maestro le dijo en visión: “Jananyah”. Y él respondió: “Aquí estoy, Maestro”.
11 Y el Maestro le dijo: “Levántate y ve a la calle que se llama Derecha, y pregunta en casa de Yahudah por un tarsita llamado Shaúl. Él está orando
12 y ha visto a un hombre llamado Jananyah que entra y le pone las manos encima para que vea”.
13 Jananyah le respondió: “Maestro, he oído a muchos hablar de ese hombre y de todo el daño que les ha causado a tus santos en Yerushaláyim.
14 Y aquí tiene también autoridad de parte de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre”.
15 Pero el Maestro le dijo: “Ve, porque ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a las naciones y a los reyes y a los hijos de Yisrael.
16 Yo le mostraré cuántas cosas tendrá que sufrir por causa de mi nombre”.
17 De modo que Jananyah fue y entró en la casa, le puso las manos encima y le dijo: “Hermano Shaúl, el Maestro Yahoshúa, el que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de espíritu de santidad”.
18 Al momento cayeron de sus ojos una especie de escamas, y recobró la vista, se levantó y lo sumergieron.
19 Luego comió y recobró las fuerzas. Allí estuvo algunos días con los discípulos que había en Daméseq
20 Muy pronto empezó a proclamar en las sinagogas acerca de Yahoshúa, afirmando que éste es el Hijo de YHWH.
21 Todos los que lo oían quedaban asombrados y preguntaban: “¿Éste no es aquel que en Yerushaláyim arrasaba a los que invocaban ese nombre? ¿Y no había venido aquí también para eso mismo, para llevárselos detenidos a los sumos sacerdotes?”
22 Pero Shaúl seguía tomando mayor fuerza, y confundía a los yahuditas que habitaban en Daméseq, demostrando que éste es el Mashíaj.
23 Después de muchos días los [dirigentes] yahuditas tomaron el acuerdo de matarlo,
24 pero su trama llegó al conocimiento de Shaúl. Y hasta velaban las puertas noche y día para matarlo.
25 Pero sus discípulos lo llevaron una noche y lo descolgaron por el muro, bajándolo en una canasta.
26 Al llegar a Yerushaláyim, trataba de juntarse con los discípulos pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuera un discípulo.
27 Pero Bar-Naba lo llevó y lo presentó a los Enviados, y les contó cómo había visto al Maestro en el camino, y que éste le había hablado, y cómo en Daméseq había predicado valientemente en el nombre de Yahoshúa.
28 Shaúl continuó con ellos, saliendo y entrando en Yerushaláyim,
29 predicando valientemente en el nombre del Maestro. Hablaba y discutía también con los [yahudiyas] helenistas, pero ellos trataban de matarlo.
30 Cuando los hermanos supieron eso, lo condujeron a Cesarea, y de allí lo enviaron a Tarso.
31 Así fue como la Comunidad tuvo paz por toda Yahudah, Galil y Shomrón; se iba edificando y, como andaba en el temor de YHWH y en el consuelo del espíritu de santidad, seguía multiplicándose.
32 Un día, como Shimón Kefá recorría muchos lugares, bajó a visitar a los santos que vivían en Lud.
33 Allí encontró a cierto hombre llamado Eneas, que había estado postrado en cama por ocho años, porque estaba paralítico.
34 Shimón Kefá le dijo: “Eneas, Yahoshúa el Mashíaj te sana; levántate y haz tu cama”. Y al instante se levantó.
35 Todos los que habitaban en Lud y en el Sharón lo vieron y se convirtieron al Maestro.
36 Había también en Yafo una discípula llamada Tabita (que traducido significa Gacela). Esta mujer era notoria por sus buenas acciones y las obras de caridad que hacía.
37 Sucedió que por aquellos días se enfermó y murió; y después que la lavaron la pusieron en un cuarto alto.
38 Como Lud estaba cerca de Yafo, cuando los discípulos oyeron que Shimón Kefá estaba allí, le enviaron dos hombres para rogarle que no tardara en ir donde ellos.
39 Así que Shimón Kefá se levantó y se fue con ellos. Cuando llegó, lo condujeron al cuarto alto; y todas las viudas acudieron a él llorando y mostrándole las túnicas y los vestidos que había hecho Gacela cuando estaba con ellas.
40 Shimón Kefá, después de hacerlas salir a todas, se puso de rodillas y oró. Luego, volviéndose hacia el cadáver dijo: “Tabita, levántate”. Ella abrió los ojos, y al ver a Shimón Kefá se incorporó.
41 Él le dio la mano y la levantó; entonces llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva.
42 Esto llegó a saberse por todo Yafo, y muchos creyeron en el Maestro.
43 Y se quedó muchos días en Yafo, hospedado con un tal Shimón el curtidor.
1 Había un hombre en Cesarea llamado Cornelio, oficial militar de la compañía llamada la Italiana.
2 Era devoto y respetuoso de YHWH con toda su familia; hacía muchas obras de caridad para el pueblo y oraba regularmente a YHWH.
3 Como a la hora novena* vio claramente en visión a un mensajero de YHWH que entró a donde él estaba y le dijo: “Cornelio”.
4 Él se le quedó mirando fijamente y, lleno de miedo, le preguntó: “¿Qué es, Maestro?” Y él le dijo: “Tus oraciones y tus obras de caridad han subido como memorial delante de YHWH.
5 Así que envía ahora unos hombres a Yafo y haz venir a Shimón, el que tiene por sobrenombre Kefá.
6 Él está hospedado con un tal Shimón el curtidor, y que tiene su casa junto al mar”.
7 Cuando se fue el mensajero que le hablaba, llamó a dos de sus sirvientes y a un soldado devoto, de aquellos que estaban a su servicio continuamente,
8 y después de contarles todo los envió a Yafo.
9 Al otro día, mientras ellos proseguían su camino y se acercaban a la ciudad, Shimón Kefá subió a la azotea para orar, cerca de las doce del día.
10 En eso le dio hambre y quiso comer algo, pero mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis,
11 y vio el cielo abierto y cierto receptáculo que bajaba como si fuera una sábana grande que, suspendida de sus cuatro puntas, bajaba a la tierra.
12 En él había toda clase de animales cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo.
13 Entonces una voz le dijo: “Levántate, Shimón Kefá, mata y come”.
14 Pero Shimón Kefá le dijo: “De ninguna manera, Maestro, porque nunca he comido nada contaminado ni inmundo”.
15 Y le dijo de nuevo la voz: “Lo que YHWH ha limpiado no lo llames tú contaminado”.
16 Esto se repitió tres veces, y enseguida subieron el receptáculo hacia el cielo.
17 Mientras Shimón Kefá se encontraba muy perplejo sobre lo que pudiera significar la visión que había tenido, los hombres enviados por Cornelio habían preguntado por la casa de Shimón y estaban frente a la puerta.
18 Llamaron y preguntaron si Shimón el que tenía por sobrenombre Kefá estaba hospedado allí.
19 Mientras Shimón Kefá pensaba en la visión, el espíritu le dijo: “Mira, tres hombres te buscan,
20 así que levántate y vete con ellos sin vacilación porque yo los he enviado”.
21 Entonces Shimón Kefá bajó adonde estaban los hombres y dijo: “Miren, yo soy el que ustedes buscan, ¿cuál es la razón por la que han venido?”
22 Ellos dijeron: “Cornelio el oficial militar, un hombre justo, respetuoso de YHWH y que tiene buen testimonio por parte de toda la nación de los yahuditas, tuvo respuesta de YHWH por medio de un mensajero santo, encargándole que te hiciera ir a su casa para escuchar lo que tú dijeras”.
23 Shimón Kefá los invitó a entrar y los hospedó. Al otro día se levantó y se puso en camino con ellos y con ciertos hermanos de Yafo que lo acompañaron.
24 Al día siguiente llegaron a Cesarea. Cornelio los estaba esperando y había reunido a sus parientes y a sus amigos íntimos.
25 Cuando Shimón Kefá iba entrando, Cornelio le salió al encuentro, se echó a sus pies y le rindió homenaje.
26 Pero Shimón Kefá lo levantó y le dijo: “Levántate, que yo también soy un simple hombre”.
27 Conversando con él, entró en la casa y encontró a muchas personas reunidas,
28 y les dijo: “Ustedes saben que a un yahudita le está prohibido juntarse o siquiera acercarse a uno que sea de otra nación, pero YHWH me ha mostrado que a ningún hombre debo llamarlo contaminado o inmundo.
29 Por eso también vine sin oponerme, tan pronto me llamaron. Ahora quiero saber por qué razón me han mandado a llamar”.
30 Cornelio entonces dijo: “Hace cuatro días estaba yo rogando en mi casa a esta misma hora, a las doce del día, cuando de repente se me presentó un hombre con ropas resplandecientes,
31 y me dijo: ‘Cornelio, YHWH ha escuchado tu oración y ha recordado tus obras de caridad.
32 Así que envía a alguien a Yafo a llamar a Shimón el que tiene por sobrenombre Kefá; él está hospedado en casa de Shimón el curtidor, cerca del mar’.
33 Por eso te mandé a buscar enseguida, y tú has tenido la amabilidad de venir. Ahora estamos aquí todos nosotros presentes delante de Elohim para oír todo lo que YHWH te ha encargado decirnos”.
34 Shimón Kefá entonces tomó la palabra y dijo: “En verdad yo percibo que YHWH no hace acepción de personas,
35 sino que en cada nación el que lo respeta y obra rectamente es de su agrado.
36 Él envió su mensaje a los hijos de Yisrael, proclamando la Buena Noticia de paz por medio de Yahoshúa el Mashíaj, que es Amo de todos.
37 Ustedes conocen lo que se divulgó por todo Yahudah, empezando desde el Galil, después que Yojanán predicó la inmersión.
38 Me refiero a Yahoshúa de Natséret, al que YHWH ungió con espíritu de santidad y con poder, y anduvo haciendo bienes por todas partes, y curando a todos los oprimidos por el Acusador, porque Elohim estaba con él.
39 “Nosotros somos testigos de todas las cosas que él hizo, tanto en la región de Yahudah como en Yerushaláyim. A él lo mataron colgándolo sobre un tronco,
40 pero Elohim lo resucitó al tercer día e hizo que apareciera,
41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Elohim había escogido de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos.
42 El nos ha mandado a proclamarle al pueblo y a testificar que él es Aquel que Elohim ha puesto como Juez de vivos y de muertos.
43 Todos los profetas dan testimonio de él, y de que todo el que crea en él recibirá perdón de pecados por su nombre”.
44 Mientras Shimón Kefá todavía hablaba estas palabras, el espíritu de santidad bajó sobre todos los que oían el mensaje.
45 Y los creyentes que habían venido con él, que eran de los circuncisos, quedaron asombrados, porque el don del espíritu de santidad se derramó también sobre los gentiles;
46 pues los oían hablar enotrosidiomas y glorificar a Elohim.
47 Entonces Kefá preguntó: “¿Acaso puede alguien negarles el agua de la inmersión a estos que han recibido el espíritu de santidad, igual que nosotros?”
48 Y mandó que los sumergieran en el nombre de Yahoshúa el Mashíaj. Luego le rogaron que se quedara por algunos días.
1 Los Enviados y los hermanos que estaban en Yahudah oyeron que también los gentiles habían recibido la palabra de YHWH.
2 Y cuando Shimón Kefá subió a Yerushaláyim, los que eran de la circuncisión contendían contra él,
3 diciendo: “¡Tú entraste en casa de hombres incircuncisos y comiste con ellos!”
4 Entonces Shimón Kefá comenzó a contarles en orden, diciendo:
5 “Yo estaba orando en la ciudad de Yafo, y vi en éxtasis una visión: un objeto que descendía como una gran sábana, bajada del cielo por sus cuatro extremos, y llegó a donde yo estaba.
6 Cuando fijé la vista en él, observé y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras y reptiles, y aves del cielo.
7 “Luego oí también una voz que me decía: ‘Levántate, Shimón; mata y come’.
8 Pero yo dije: ‘¡De ninguna manera, Maestro! Porque jamás ha entrado en mi boca ninguna cosa contaminada o inmunda’.
9 Entonces respondió la voz del cielo por segunda vez: ‘Lo que Elohim ha purificado no lo tengas tú por contaminado’.
10 “Esto ocurrió tres veces, y todo volvió a retirarse al cielo.
11 Y precisamente, llegaron en seguida tres hombres a la casa donde estábamos, enviados a mí desde Cesarea;
12 y el espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa del hombre.
13 El nos contó cómo había visto en su casa un mensajero que se puso de pie y le dijo: ‘Envía a Yafo y haz venir a Shimón, que tiene por sobrenombre Kefá.
14 El te hablará palabras por las cuales te salvarás, tú y toda tu casa’.
15 “Cuando comencé a hablar, el espíritu de santidad cayó sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.
16 Entonces me acordé de la declaración del Maestro, cuando decía: ‘Yojanán ciertamente sumergía en agua, pero a ustedes se los sumergirá en el espíritu de santidad’.
17 Así que, si Elohim les dio el mismo don también a ellos, como a nosotros que hemos creído en el Maestro Yahoshúa el Mashíaj, ¿quién era yo para poder resistir a Elohim?”
18 Al oír estas cosas, se calmaron y glorificaron a Elohim diciendo: “¡Así que también a los gentiles YHWH les ha dado arrepentimiento para vida!”
19 Entre tanto, los que se habían dispersado a causa de la tribulación que sobrevino en tiempos de Esteban fueron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando el mensaje, pero sólo a los yahuditas.
20 Sin embargo, entre ellos había unos hombres de Chipre y de Cirene, que entraron en Antioquía y hablaron a los griegos anunciándoles la Buena Noticia del Maestro Yahoshúa.
21 La mano del Maestro estaba con ellos, y un gran número que creyó se convirtió al Maestro.
22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la comunidad que estaba en Yerushaláyim, y enviaron a Bar-Naba hasta Antioquía.
23 Cuando él llegó y vio el favor de Elohim, se regocijó y exhortó a todos a que permanecieran con corazón firme en el Maestro;
24 porque Bar-Naba era un hombre bueno y estaba lleno de espíritu de santidad y de fe. Y mucha gente se adhirió al Maestro.
25 Después partió Bar-Naba a Tarso para buscar a Shaúl, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía.
26 Así sucedió que se reunieron todo un año con la comunidad y le enseñaron a mucha gente. Y a los discípulos los llamaron mesianistas por primera vez en Antioquía.
27 En aquellos días bajaron unos profetas de Yerushaláyim a Antioquía.
28 Y se levantó uno de ellos, que se llamaba Agab, y dio a entender por el espíritu que iba a ocurrir una gran hambre en toda la tierra habitada. (Esto sucedió en tiempos de Claudio César.)
29 Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar una ayuda a los hermanos que habitaban en Yahudah.
30 Y lo hicieron, enviándola a los ancianos por mano de Bar-Naba y de Shaúl.
1 Por aquel tiempo, el rey Horedós, apodado Agripa,* echó mano de algunos de la comunidad para maltratarlos.
2 Y a Yaaqov, el hermano de Yojanán, lo mandó a matar a espada.
3 Al ver que esto había agradado a los yahuditas, procedió a apresar también a Shimón Kefá. Eran entonces los días de los Panes Inleudos.
4 Cuando lo tomó preso, lo puso en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro escuadrones de cuatro soldados cada uno, con la intención de sacarlo al pueblo después del Pésaj.
5 Mientras Kefá estaba bajo guardia en la cárcel, la comunidad hacía oración sin cesar a Elohim por él.
6 Cuando Horedós iba a sacarlo, aquella misma noche Kefá estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los guardias delante de la puerta vigilaban la cárcel.
7 Y sucedió que se presentó un mensajero YHWH, y una luz resplandeció en la celda. Despertó a Shimón Kefá dándole un golpe en el costado y le dijo: “¡Levántate pronto!” Y las cadenas se le cayeron de las manos.
8 Entonces le dijo el mensajero: “Cíñete y amárrate las sandalias”. Y así lo hizo. Luego le dijo: “Envuélvete en tu manto y sígueme”.
9 Y después de salir, lo seguía sin comprender que lo que hacía el mensajero era realidad; más bien, le parecía que veía una visión.
10 Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma. Después de salir, avanzaron por una calle, y de repente el mensajero se apartó de él.
11 Entonces Shimón Kefá, al volver en sí, dijo: “Ahora entiendo realmente que YHWH ha enviado su mensajero y me ha librado de la mano de Horedós y de toda la expectación del pueblo yahudita”.
12 Cuando se dio cuenta de esto, fue a la casa de Miryam, la madre de Yojanán que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados y orando.
13 Cuando él tocó a la puerta de la entrada, una muchacha llamada Rode salió para responder.
14 Cuando ella reconoció la voz de Shimón, de puro gozo no abrió la puerta sino que corrió adentro y anunció que Shimón Kefá estaba a la puerta.
15 Ellos le dijeron: “¡Estás loca! Pero ella insistía en que así era. Entonces ellos dijeron: “Es su mensajero”.
16 Mientras tanto, Shimón Kefá persistía en tocar; y cuando abrieron, lo vieron y se asombraron.
17 Con la mano él les hizo señal de guardar silencio y les contó cómo YHWH lo había sacado de la cárcel. Luego dijo: “Háganle saber esto a Yaaqov y a los hermanos. Luego salió y se fue a otro lugar.
18 Cuando se hizo de día, hubo un alboroto no pequeño entre los soldados sobre qué habría pasado con Shimón Kefá.
19 Pero Horedós, como lo buscó y no lo halló, después de interrogar a los guardias, los mandó ejecutar. Después bajó de Yahudah a Cesarea y se quedó allí.
20 Horedós estaba furioso con los de Tsor y de Tsidón. Pero ellos se presentaron a él en una comitiva; y después de ganarse el favor de Blasto, el camarero mayor del rey, pidieron la paz, porque su región recibía provisiones del reino de Horedós.*
21 En un día señalado, Horedós, vestido de sus vestiduras reales, se sentó en el tribunal y les dirigió un discurso.
22 Y el pueblo aclamaba diciendo: “¡Es la voz de una deidad, y no de un hombre!”
23 De repente lo hirió un mensajero de YHWH, por no haberle dado la gloria a Elohim. Y murió comido de gusanos.
24 El mensaje de Elohim crecía y se multiplicaba.
25 Bar-Naba y Shaúl volvieron de Yerushaláyim, una vez cumplido su encargo, y llevaron también consigo a Yojanán que tenía por sobrenombre Marcos.
1 Había entonces en la comunidad que estaba en Antioquía, unos profetas y maestros: Bar-Naba, Shimón llamado el Negro, Lucio de Cirene, Menajem, que se había criado con el tetrarca Horedós, y Shaúl.
2 Mientras ellos ministraban a YHWH y ayunaban, el espíritu de santidad dijo: “Apártenme a Bar-Naba y a Shaúl para la obra a la que los he llamado”.
3 Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron.
4 Ellos entonces, enviados por el espíritu de santidad, bajaron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.
5 Después de llegar a Salamina, se pusieron a anunciar el mensaje de Elohim en las sinagogas de los yahuditas. También tenían a Yojanán como ayudante.
6 Después de atravesar toda la isla hasta Pafos, hallaron a un mago, falso profeta yahudita, llamado Bar-Yeshúa,
7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, un hombre inteligente. Este, mandó a llamar a Bar-Naba y a Shaúl, deseoso de oír la palabra de YHWH.
8 Pero el mago Elymas (pues así se traduce su nombre) se les oponía, tratando de apartar al procónsul de la fe.
9 Entonces Shaúl, también llamado Paulo, lleno de espíritu de santidad, fijó los ojos en él
10 y dijo: “¡Tú, lleno de todo engaño y de toda malicia, hijo del Acusador, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de pervertir los caminos rectos de YHWH?
11 Y ahora, ¡mira, la mano de YHWH está contra ti! Quedarás ciego por un tiempo sin ver el sol”. De repente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas, y andando a tientas, buscaba quien lo condujera de la mano.
12 Entonces, al ver lo que había sucedido, el procónsul creyó, maravillado de la enseñanza del Maestro.
13 Después de zarpar de Pafos, Shaúl y sus compañeros llegaron a Pergue de Panfilia; pero Yojanán se separó de ellos y se volvió a Yerushaláyim.
14 Pasando de Pergue, llegaron a Antioquía de Pisidia. Y en el día de Shabat, entraron en la sinagoga y se sentaron.
15 Después de la lectura pública de la Torah y de los Profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: “Hermanos, si tienen algún mensaje de exhortación para el pueblo, hablen”.
16 Entonces Shaúl se levantó, y haciendo una señal con la mano, dijo: “Hombres de Yisrael y los respetuosos de Elohim, oigan.
17 El Elohim de este pueblo de Yisrael escogió a nuestros padres. Enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Mitsráyim, y con brazo extendido los sacó de allí.
18 “Por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto.
19 Luego destruyó siete naciones en la tierra de Kenaan, y los hizo heredar la tierra de ellas; como unos cuatrocientos cincuenta años.
20 “Después de eso, les dio jueces hasta el profeta Shemuel.
21 Y a partir de entonces pidieron un rey, y Elohim les dio por cuarenta años a Shaúl hijo de Qish, hombre de la tribu de Binyamín.
22 “Después de quitarlo, les levantó por rey a Dawid, de quien dio testimonio diciendo: “He hallado a Dawid hijo de Yishay, un hombre conforme a mi corazón, quien hará toda mi voluntad”.
23 “De la descendencia de Dawid, conforme a la promesa, Elohim trajo para Yisrael un Salvador, Yahoshúa.
24 Antes de presenciar su venida, Yojanán predicó la inmersión de arrepentimiento a todo el pueblo de Yisrael.
25 Entonces, cuando Yojanán estaba por terminar su carrera, dijo: ‘¿Quién piensan ustedes que soy yo? Pues no lo soy. Pero, miren, después de mí viene uno a quien yo no soy digno de desatarle el calzado de sus pies’.
26 “Hermanos, hijos del linaje de Avraham, y los que entre ustedes respetan a Elohim: A nosotros se nos ha enviado este mensaje de salvación.
27 Porque los habitantes de Yerushaláyim y sus gobernantes, por no reconocer a Yahoshúa ni hacer caso a las palabras de los profetas que se leen todos los sábados, las cumplieron al condenarlo.
28 Sin hallar en él ninguna causa digna de muerte, pidieron a Pilato que lo matara.
29 “Y como habían cumplido todas las cosas escritas acerca de él, lo bajaron del madero y lo pusieron en el sepulcro.
30 Pero Elohim lo levantó de entre los muertos.
31 Y él se les apareció por muchos días a los que habían subido con él del Galil a Yerushaláyim, y éstos son ahora sus testigos ante el pueblo.
32 “Nosotros también les anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que se les hizo a los padres,
33 la ha cumplido Elohim para nosotros sus hijos, cuando resucitó a Yahoshúa; como también está escrito en la Alabanza segunda: ‘Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy’.
34 “Y en cuanto a que lo levantó de los muertos para no volver más a la corrupción, ha dicho así: ‘Les daré las santas y fieles bendiciones prometidas a Dawid’.
35 Por eso dice también en otro lugar: ‘No permitirás que tu Leal vea corrupción’.
36 Porque, después de haber servido en su propia generación a la voluntad de Elohim, Dawid murió, se reunió con sus padres y vio corrupción.
37 En cambio, aquel a quien YHWH levantó no vio corrupción.
38 “Por lo tanto, hermanos, sepan ustedes que por medio de él se les anuncia el perdón de los pecados.
39 Y de todo lo que por la Torah de Mosheh no pudieron ustedes ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.
40 “Así que cuídense, no vaya a ser que les suceda lo que está dicho en los Profetas:
41 ‘Miren, burladores, asómbrense y perezcan. Porque yo hago una gran obra en sus días: una obra que jamás la creerán, aunque alguien se la cuente’”.
42 Cuando ellos salían, les rogaron que el sábado siguiente les hablaran de estos temas.
43 Entonces una vez despedida la congregación, muchos de los yahuditas y de los prosélitos piadosos siguieron a Shaúl y a Bar-Naba, quienes les hablaban y los persuadían a perseverar fieles en la gracia de Elohim.
44 El sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para oír la palabra de Elohim.
45 Y cuando los yahuditas vieron las multitudes, se llenaron de celos, y con blasfemias contradecían lo que decía Shaúl.
46 Entonces Shaúl y Bar-Naba, hablando con valentía, dijeron: “Era necesario que se les hablara a ustedes primero la palabra de Elohim; pero ya que la han rechazado y no se juzgan dignos de la vida eterna, miren, nos volvemos a los gentiles.
47 Porque así nos ha mandado el Maestro: ‘Te he puesto por luz a los gentiles, a fin de que lleves la salvación hasta lo último de la tierra’”.
48 Al oír esto, los gentiles se alegraron y glorificaron el mensaje del Maestro, y creyeron todos los que estaban designados para la vida eterna.
49 Y el mensaje del Maestro se difundía por toda la región.
50 Pero los yahuditas instigaron a unas mujeres piadosas y distinguidas y a los principales de la ciudad, y provocaron una persecución contra Shaúl y Bar-Naba, y los echaron de sus territorios.
51 Entonces sacudieron el polvo de sus pies contra ellos, y se fueron a Iconio.
52 Y los discípulos estaban llenos de gozo y de espíritu de santidad.
1 Sucedió en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los yahuditas y hablaron de tal manera que creyó un gran número, tanto de yahuditas como de griegos.
2 Pero los yahuditas que no creyeron incitaron y predispusieron el ánimo de los gentiles en contra de los hermanos.
3 Con todo eso, ellos continuaron mucho tiempo hablando con valentía, confiados en el Maestro, quien daba testimonio al mensaje de su gracia concediendo que se hicieran señales y prodigios mediante las manos de ellos.
4 La gente de la ciudad estaba dividida: Unos estaban con los yahuditas y otros con los Enviados.
5 Entonces surgió un intento de parte de los gentiles y los yahuditas, junto con sus gobernantes, para maltratarlos y apedrearlos,
6 pero se enteraron y huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la región de alrededor.
7 Y allí anunciaban la Buena Noticia.
8 En Listra se hallaba sentado cierto hombre impedido de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había caminado.
9 Este oyó hablar a Shaúl, quien fijó la vista en él y vio que tenía fe para recibir sanidad.
10 Y dijo a gran voz: “¡Levántate derecho sobre tus pies!” Y él saltó y se puso a caminar.
11 Entonces, cuando la gente vio lo que había hecho Shaúl, alzó su voz diciendo en lengua licaónica: “¡Las deidades han descendido a nosotros en forma de hombres!”
12 A Bar-Naba lo llamaban Diós y a Shaúl, Hermes, porque era el que llevaba la palabra.
13 Entonces el sacerdote del Templo de Diós,* que quedaba a la entrada de la ciudad, llevó toros y guirnaldas frente a las puertas de la ciudad, y juntamente con el pueblo quería ofrecerles sacrificios.
14 Cuando los Enviados Bar-Naba y Shaúl oyeron esto, rasgaron sus ropas y se lanzaron a la multitud dando voces
15 y diciendo: “Hombres, ¿por qué hacen estas cosas? Nosotros también somos hombres de la misma naturaleza que ustedes, y les anunciamos la Buena Noticia para que se conviertan de estas cosas inútiles al Elohim vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos.
16 “En las generaciones pasadas YHWH permitió que todas las naciones anduvieran en sus propios caminos;
17 aunque jamás dejó de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando sus corazones de sustento y de alegría”.
18 Aún diciendo estas cosas, apenas lograron impedir que el pueblo les ofreciera sacrificios.
19 Entonces, de Antioquía y de Iconio vinieron unos yahuditas y, después de persuadir a la multitud, apedrearon a Shaúl y lo arrastraron fuera de la ciudad, suponiendo que estaba muerto.
20 Pero los discípulos lo rodearon, y él se levantó y entró en la ciudad. Al día siguiente partió con Bar-Naba para Derbe.
21 Después de anunciar la Buena Noticia y de hacer muchos discípulos en aquella ciudad, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía,
22 fortaleciendo el ánimo de los discípulos y exhortándolos a perseverar fieles en la fe. Les decían: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de YHWH”.
23 Y después de haber nombrado ancianos para ellos en cada comunidad y de haber orado con ayunos, los encomendaron al Maestro en quien habían creído.
24 Luego de atravesar Pisidia, llegaron a Panfilia;
25 y después de proclamar la palabra en Pergue, bajaron a Atalia.
26 De allí navegaron a Antioquía, donde los habían encomendado a la gracia de YHWH para la obra que habían ya cumplido.
27 Después de llegar y reunir la comunidad, se pusieron a contarles cuántas cosas había hecho Elohim con ellos, y cómo él les había abierto a los gentiles la puerta de la fe.
28 Y se quedaron allí por mucho tiempo con los discípulos.
1 Ciertos hombres que habían bajado de Yahudah se pusieron a enseñarles a los hermanos que si no se circuncidaban de acuerdo con el rito de Mosheh, no podían salvarse.
2 Como surgió una contienda y una discusión no pequeña por parte de Shaúl y Bar-Naba contra ellos, los hermanos determinaron que Shaúl, Bar-Naba y algunos otros de ellos subieran a Yerushaláyim a los Enviados y ancianos para tratar esta cuestión.
3 Entonces los que habían sido enviados por la comunidad pasaban por Fenicia y Shomrón, contando de la conversión de los gentiles; y daban gran gozo a todos los hermanos.
4 Una vez llegados a Yerushaláyim, fueron recibidos por la comunidad y por los Enviados, y les contaron todas las cosas que Elohim había hecho con ellos.
5 Pero algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: “Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la Torah de Mosheh”.
6 Entonces se reunieron los Enviados y los ancianos para considerar este asunto.
7 Como se produjo una grande contienda, se levantó Shimón Kefá y les dijo: “Hermanos, ustedes saben cómo, desde los primeros días, Elohim me escogió de entre ustedes para que los gentiles oyeran por mi boca el mensaje de la Buena Noticia y creyeran.
8 Y Elohim, que conoce los corazones, dio testimonio a favor de ellos al darles el espíritu de santidad igual que a nosotros,
9 y no hizo ninguna diferencia entre nosotros y ellos, ya que purificó por la fe sus corazones.
10 “Así que ahora, ¿por qué ponen a prueba a YHWH, colocando sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
11 Más bien, nosotros creemos que somos salvos por el favor del Maestro Yahoshúa, del mismo modo que ellos”.
12 Entonces toda la comunidad guardó silencio. Y escuchaban a Bar-Naba y a Shaúl, mientras contaban cuántas señales y maravillas Elohim había hecho por medio de ellos entre los gentiles.
13 Cuando terminaron de hablar, Yaaqov intervino diciendo: “Hermanos, óiganme:
14 Shimón ha contado cómo YHWH visitó por primera vez a los gentiles para tomar de entre ellos un pueblo para Su Nombre.
15 Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
16 ‘Después de esto volveré y reconstruiré la cabaña de Dawid, que está caída. Reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar,
17 para que el resto de los hombres busque a YHWH, y todos los gentiles, sobre los cuales se invoca mi nombre,
18 dice YHWH que hace estas cosas, que son conocidas desde la eternidad’.
19 “Por lo cual yo juzgo que no hay que inquietar a los gentiles que se convierten a YHWH,
20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre.
21 Porque desde tiempos antiguos Mosheh tiene en cada ciudad quienes lo proclamen en las sinagogas, donde se lee cada sábado”.
22 Entonces les pareció bien a los Enviados y a los ancianos con toda la comunidad enviar a unos hombres elegidos de entre ellos a Antioquía con Shaúl y Bar-Naba: a Yahudah que tenía por sobrenombre Bar-Saba, y a Sila, quienes eran hombres prominentes entre los hermanos.
23 Por medio de ellos escribieron: “Los Enviados, los ancianos y los hermanos, a los hermanos gentiles que están en Antioquía, Siria y Cilicia. Saludos.
24 Nos hemos enterado de que algunos que han salido de nosotros, sin que les diéramos instrucciones, los han molestado con sus palabras, trastornando sus vidas [diciendo: "Ustedes tienen que circuncidarse y guardar la Torah"].*
25 Por eso nos ha parecido bien elegir unos hombres y enviarlos a ustedes con nuestros amados Bar-Naba y Shaúl,
26 hombres que han arriesgado sus vidas por el nombre de nuestro Maestro Yahoshúa el Mashíaj.
27 “Así que hemos enviado a Yahudah y a Sila, los cuales también les confirmarán de palabra el mismo informe.
28 Porque ha parecido bien al espíritu de santidad y a nosotros no imponerles ninguna carga más que estas cosas necesarias:
29 que se abstengan de cosas sacrificadas a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación. Si se cuidan de tales cosas, harán bien. Que les vaya bien”.
30 Entonces, después de despedirse, ellos bajaron a Antioquía; reunieron a la comunidad, y entregaron la carta.
31 Al leerla, se regocijaron a causa de este mensaje alentador.
32 Yahudah y Sila, como también eran profetas, exhortaron a los hermanos con abundancia de palabras y los fortalecieron.
33 Después de pasar allí algún tiempo, los hermanos los despidieron en paz para volver a los que los habían enviado.
34 [Pero a Sila le pareció bien quedarse allí.]*
35 Y Shaúl y Bar-Naba se quedaron en Antioquía, enseñando la palabra del Maestro y anunciando la Buena Noticia con muchos otros.
36 Después de algunos días, Shaúl le dijo a Bar-Naba: “Vayamos otra vez a visitar a los hermanos en todas las ciudades en las cuales hemos anunciado el mensaje del Maestro, para ver cómo están”.
37 Bar-Naba quería llevar consigo a Yojanán, llamado Marcos;
38 pero a Shaúl no le parecía bien llevar consigo a quien se había apartado de ellos desde Panfilia y que no había ido con ellos a la obra.
39 Surgió tal desacuerdo entre ellos que se separaron el uno del otro. Bar-Naba llevó a Marcos y navegó a Chipre;
40 y Shaúl escogió a Sila y salió encomendado por los hermanos al favor del Maestro.
41 Luego recorría Siria y Cilicia, fortaleciendo a las congregaciones.
1 Llegó a Derbe y Listra, y allí conoció a cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego.
2 Él gozaba de buen testimonio entre los hermanos en Listra y en Iconio.
3 Como Shaúl quería que éste fuera con él, lo llevó y lo circuncidó por causa de los yahuditas que estaban en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego.
4 Cuando pasaban por las ciudades, les entregaban las decisiones tomadas por los Enviados y los ancianos que estaban en Yerushaláyim, para que las observaran.
5 Así las comunidades se fortalecían en la fe, y su número aumentaba cada día.
6 Atravesaron la región de Frigia y de Galacia, porque se les prohibió mediante el espíritu de santidad hablar la palabra en Asia.
7 Cuando llegaron a la frontera de Misia, procuraban entrar en Bitinia, pero el espíritu de Yahoshúa no se lo permitió.
8 Entonces, después de pasar junto a Misia, bajaron a Troas.
9 Y por la noche se le mostró a Shaúl una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole: “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!”
10 En cuanto tuvo la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, teniendo por seguro que Elohim nos había llamado para anunciarles la Buena Noticia.
11 Así que zarpamos de Troas y fuimos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis;
12 y de allí a Filipos, que es una ciudad principal de la provincia de Macedonia, y una colonia. Pasamos algunos días en aquella ciudad.
13 El día de Shabat salimos fuera de la puerta de la ciudad, junto al río, donde pensábamos que habría un lugar de oración. Nos sentamos allí y nos pusimos a hablar con las mujeres que se habían reunido.
14 Entonces escuchaba cierta mujer llamada Lidia, cuyo corazón abrió el Maestro para que estuviera atenta a lo que decía Shaúl. Era vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira, y respetuosa de Elohim.
15 Cuando ella y su familia se sumergieron, nos rogó diciendo: “Ya que ustedes han juzgado que soy fiel a YHWH, vengan y quédense en mi casa”. Y nos obligó a hacerlo.
16 Una vez, íbamos al lugar de oración cuando nos salió al encuentro una joven esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual les producía una gran ganancia a sus amos, adivinando.
17 Ésta, siguiendo a Shaúl y a nosotros, gritaba: “¡Estos hombres son siervos de Elohim Altísimo, quienes les anuncian el camino de salvación!”
18 Hizo esto por muchos días, hasta que Shaúl, ya fastidiado, se dio vuelta y le dijo al espíritu: “¡Te mando en el nombre de Yahoshúa el Mashíaj que salgas de ella!” Y salió en el mismo momento.
19 Pero cuando sus amos vieron que se les había esfumado su esperanza de ganancia, agarraron a Shaúl y a Sila y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.
20 Al presentarlos ante los magistrados, dijeron: “¡Estos hombres, siendo yahuditas, alborotan nuestra ciudad!
21 Predican costumbres que no se nos permite recibir ni practicar, pues somos romanos”.
22 Entonces el pueblo se levantó unánime contra ellos. Y los magistrados los despojaron de sus ropas con violencia y mandaron azotarlos con varas.
23 Después de golpearlos con muchos azotes, los echaron en la cárcel y le ordenaron al carcelero que los guardara con mucha seguridad.
24 Cuando éste recibió semejante orden, los metió en el calabozo de más adentro y sujetó sus pies en el cepo.
25 Como a la medianoche, Shaúl y Sila estaban orando y cantando himnos a Elohim, mientras los presos escuchaban.
26 Entonces, de repente sobrevino un fuerte terremoto, de manera que los cimientos de la cárcel se sacudieron. Al instante, todas las puertas se abrieron, y las cadenas de todos se soltaron.
27 Cuando el carcelero despertó y vio abiertas las puertas de la cárcel, sacó su espada y estaba a punto de matarse, porque pensaba que los presos se habían escapado.
28 Pero Shaúl gritó con voz fuerte: “¡No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí!”
29 Entonces él pidió luz y se lanzó adentro, y se postró temblando ante Shaúl y Sila.
30 Sacándolos afuera, les dijo: “Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?”
31 Ellos dijeron: “Cree en el Maestro Yahoshúa y te salvarás, tú y tu casa”.
32 Y le comunicaron el mensaje del Maestro, a él y a todos los que estaban en su casa.
33 En aquella hora de la noche, los llevó consigo y les lavó las heridas de los azotes. Y él fue sumergido en seguida, con todos los suyos.
34 Los hizo entrar en su casa, les puso la mesa y se regocijó de que con toda su casa había creído en Elohim.
35 Cuando se hizo de día, los magistrados enviaron a los oficiales a decirle que soltara a estos hombres.
36 El carcelero le comunicó a Shaúl estas palabras: “Los magistrados han enviado orden de que se los ponga en libertad; así que ahora, salgan y vayan en paz”.
37 Pero Shaúl les dijo: “Después de azotarnos públicamente sin que se nos enjuiciara, siendo nosotros ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel; y ahora, ¿nos van a echar fuera a escondidas? ¡Pues no! ¡Que vengan ellos mismos a sacarnos!”
38 Los oficiales les informaron de estas palabras a los magistrados, quienes tuvieron miedo al oír que eran romanos.
39 Y fueron donde ellos y les pidieron disculpas. Después de sacarlos, les rogaron que se fueran de la ciudad.
40 Entonces, después de salir de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y al ver a los hermanos, los exhortaron y luego se marcharon.
1 Después de atravesar por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los yahuditas.
2 Y de acuerdo con su costumbre, Shaúl entró a reunirse con ellos, y por tres Shabatot discutió con ellos basándose en las Escrituras,
3 explicando y demostrando que era necesario que el Mashíaj padeciera y resucitara de entre los muertos. Él decía: “Este Yahoshúa, a quien yo les anuncio, es el Mashíaj”.
4 Y algunos de ellos se convencieron y se juntaron con Shaúl y Sila: un gran número de los griegos piadosos y no pocas de las mujeres principales.
5 Entonces los yahuditas se pusieron celosos y tomaron de la calle a algunos hombres perversos, y formando una turba alborotaron la ciudad. Asaltando la casa de Iasón, procuraban sacarlos al pueblo.
6 Como no los encontraron, arrastraron a Iasón y a algunos hermanos ante los gobernadores de la ciudad, gritando: “¡Estos que trastornan al mundo entero también han venido acá
7 y Iasón los ha recibido! Todos éstos actúan en contra de los decretos del César, diciendo que hay otro rey, Yahoshúa”.
8 El pueblo y los gobernadores se preocuparon al oír estas cosas;
9 pero después de obtener fianza de Iasón y de los demás, los soltaron.
10 Entonces, sin demora, los hermanos enviaron a Shaúl y Sila de noche a Berea; y al llegar ellos allí, entraron en la sinagoga de los yahuditas.
11 Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron el mensaje con la mayor prontitud, estudiando cada día las Escrituras para verificar si estas cosas eran así.
12 En consecuencia, creyeron muchos de ellos; y también de las mujeres griegas distinguidas y de los hombres, no pocos.
13 Pero cuando supieron los yahudi-tas de Tesalónica que Shaúl anunciaba la palabra de Elohim también en Berea, fueron allá para incitar y perturbar a las multitudes.
14 Entonces los hermanos hicieron salir inmediatamente a Shaúl para que se fuera hasta el mar, mientras Sila y Timoteo se quedaron allí.
15 Los que conducían a Shaúl lo llevaron hasta Atenas; y después de recibir órdenes para Sila y Timoteo de que fueran a reunirse con él lo más pronto posible, partieron de regreso.
16 Mientras Shaúl los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de él al ver que la ciudad estaba entregada a la idolatría.
17 Por lo tanto, discutía en la sinagoga con los yahuditas y los piadosos, y todos los días en la plaza mayor, con los que concurrían allí.
18 Y algunos de los filósofos epicúreos y estoicos disputaban con él. Unos decían: “¿Qué querrá decir este palabrero?” Otros decían: “Parece ser predicador de deidades extranjeras”. Pues les anunciaba la Buena Noticia de Yahoshúa y la resurrección.
19 Ellos lo llevaron y lo condujeron al Areópago diciendo: “¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza de la cual hablas?
20 Pues traes a nuestros oídos algunas cosas extrañas; así que queremos saber qué significa esto”.
21 Todos los atenienses y los forasteros que vivían allí no pasaban el tiempo en otra cosa que en decir o en oír la última novedad.
22 Entonces Shaúl se puso de pie en medio del Areópago y dijo: “Hombres atenienses: En todo detalle percibo que ustedes son muy religiosos.
23 Pues, mientras pasaba y miraba sus monumentos sagrados, hallé también un altar en el cual está escrito: AL PODEROSO DESCONOCIDO. Pues a ese que ustedes honran sin conocerlo, a ése yo les anuncio.
24 “Ese es el Poderoso que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él. Y como es Soberano del cielo y de la tierra, él no habita en Templos hechos de manos,
25 ni le sirven manos humanas como si necesitara algo, porque él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.
26 “De uno solo ha hecho toda raza de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra. Él ha determinado de antemano el orden de los tiempos y los límites de su habitación,
27 para que busquen a YHWH, a ver si de alguna manera, aunque sea a tientas, palpan y lo hallan. Aunque, a la verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros.
28 Porque ‘en él vivimos, nos movemos y somos’. Como también han dicho algunos de sus poetas: ‘Porque también somos linaje de él’.
29 “Por lo tanto, si somos linaje de Elohim, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte e imaginación humana.
30 Por eso, aunque antes YHWH pasó por alto los tiempos de la ignorancia, en este tiempo manda a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan;
31 por cuanto ha establecido un día en el que ha de juzgar al mundo con justicia por medio del Hombre a quien ha designado, dando fe de ello a todos, al resucitarlo de entre los muertos”.
32 Cuando lo oyeron mencionar la resurrección de los muertos, unos se burlaban, pero otros decían: “Te oiremos acerca de esto en otra ocasión”.
33 Así fue que Shaúl salió de en medio de ellos,
34 pero algunos hombres se juntaron con él y creyeron. Entre ellos estaba Dionisio, quien era miembro del Areópago, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
1 Después de esto, Shaúl partió de Atenas y fue a Corinto.
2 Allí encontró a un yahudita llamado Aquila, natural del Ponto, recién llegado de Italia con Priscila su esposa (porque Claudio César había man-dado que todos los yahuditas fueran expulsados de Roma); y se juntó con ellos.
3 Como eran del mismo oficio, se hospedó con ellos y trabajaban juntos, pues su oficio era hacer carpas.
4 Y discutía en la sinagoga todos los Shabatot y persuadía a yahuditas y a griegos.
5 Cuando Sila y Timoteo llegaron de Macedonia, Shaúl se dedicaba exclusivamente al mensaje, testificando a los yahuditas que Yahoshúa era el Mashíaj.
6 Pero como ellos lo contradecían y blasfemaban, sacudió sus vestidos y les dijo: “¡Que su sangre recaiga sobre su propia cabeza! ¡Yo no tengo la culpa! De aquí en adelante me iré a los gentiles”.
7 Se trasladó de allí y entró en la casa de un hombre llamado Tito Justo, quien era respetuoso de YHWH, y cuya casa estaba junto a la sinagoga.
8 Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Maestro con toda su casa. Y muchos de los corintios que oían, creían y recibían la inmersión.
9 Entonces el Maestro le dijo a Shaúl de noche, por medio de una visión: “No temas; habla sin callar,
10 porque yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano para hacerte mal; porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”.
11 Shaúl se quedó allí por un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Elohim.
12 Siendo Galión procónsul de Acaya, los yahuditas se levantaron unánimemente contra Shaúl y lo llevaron al tribunal,
13 diciendo: “¡Este persuade a los hombres a honrar a Elohim contra la Torah!”
14 Cuando Shaúl iba a abrir la boca, Galión les dijo a los yahuditas: “Si se tratara de algún agravio o de un crimen enorme, conforme al derecho yo los atendería a ustedes los yahuditas.
15 Pero ya que se trata de cuestiones de palabras, de nombres y de la Torah de ustedes, véanlo ustedes mismos. Yo no quiero ser juez de esas cosas”.
16 Y los expulsó del tribunal.
17 Entonces todos agarraron a Sóstenes, el principal de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, y a Galión nada de esto le importaba.
18 Pero Shaúl, después de quedarse allí muchos días más, se despidió de los hermanos, e iba navegando hacia Siria; y con él iban Priscila y Aquila. En Cencrea se rapó la cabeza, porque había hecho un voto.
19 Llegaron a Efeso, y él los dejó allí. Y entró en la sinagoga y se puso a discutir con los yahuditas.
20 Pero a pesar de que ellos le pedían que se quedara por más tiempo, no accedió,
21 sino que se despidió y dijo: [“Por todos los medios tengo que celebrar la fiesta venidera en Yerushaláyim, como es mi costumbre.]* En otra ocasión volveré a ustedes, si YHWH lo permite”. Y zarpó de Efeso.
22 Al llegar a Cesarea, y después de subir y saludar a la congregación, bajó a Antioquía.
23 Y después de estar allí algún tiempo, salió a recorrer en orden la región de Galacia y Frigia, fortaleciendo a todos los discípulos.
24 Llegó entonces a Efeso cierto yahudita llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras.
25 A éste lo habían instruido en el Camino del Maestro; y como era ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud las cosas acerca de Yahoshúa, aunque conocía solamente la inmersión de Yojanán.
26 Comenzó a proclamar con valentía en la sinagoga, y cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le expusieron con mayor exactitud el Camino de YHWH.
27 Como él quería viajar a Acaya, los hermanos lo animaron y les escribieron a los discípulos para que lo recibieran. Cuando llegó allá, fue de gran provecho para los que mediante la gracia habían creído;
28 pues refutaba vigorosamente a los yahuditas en público, demostrando por medio de las Escrituras que Yahoshúa era el Mashíaj.
1 Mientras Apolo estaba en Corinto, Shaúl llegó a Efeso, después de recorrer las regiones interiores; allí encontró a ciertos discípulos,
2 y les preguntó: “¿Recibieron ustedes el espíritu de santidad cuando creyeron?” Ellos le contestaron: “Ni siquiera hemos oído que haya espíritu de santidad”.
3 Y les preguntó: “¿Qué inmersión recibieron entonces?” Ellos respondieron: “La inmersión de Yojanán”.
4 Y Shaúl dijo: “Yojanán sumergía con una inmersión de arrepentimiento, diciéndole al pueblo que creyeran en el que había de venir después de él, es decir, en Yahoshúa el Mashíaj”.*
5 Cuando oyeron esto, se sumergieron para el nombre del Maestro Yahoshúa el Mashíaj.*
6 Y cuando Shaúl les impuso las manos, vino sobre ellos el espíritu de santidad, y empezaron a hablar enotrosidiomas y profetizaban.
7 Eran entre todos como doce hombres.
8 Durante unos tres meses Shaúl estuvo yendo a la sinagoga, donde proclamaba con valentía discutiendo y persuadiendo en lo relativo al reino de Elohim.
9 Pero como algunos se endurecieron y rehusaron creer, hablando mal del Camino delante de la multitud, Shaúl se apartó de ellos y tomó a los discípulos aparte, discutiendo cada día en la escuela de Tirano.
10 Esto continuó por dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, tanto yahuditas como griegos, oyeron el mensaje del Maestro.
11 Y Elohim hacía milagros extraordinarios mediante las manos de Shaúl;
12 de tal manera que hasta llevaban pañuelos o delantales que habían tocado su cuerpo para ponerlos sobre los enfermos, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían de ellos.
13 Pero también algunos de los yahuditas que eran exorcistas ambulantes, se pusieron a invocar el nombre del Maestro Yahoshúa sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: “¡Los conjuro por el Yahoshúa que predica Shaúl!”
14 Eran siete hijos de un tal Skewah, un yahudita, principal de los sacerdotes, los que hacían esto.
15 Pero el espíritu malo respondió y les dijo: “A Yahoshúa lo conozco, y sé quién es Shaúl; pero ustedes, ¿quiénes son?”
16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los dominó a todos y los agredió de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
17 Este acontecimiento se divulgó entre todos los que habitaban en Efeso, tanto yahuditas como griegos. Cayó temor sobre todos ellos, y el nombre del Maestro Yahoshúa se engrandecía.
18 Muchos de los que habían creído venían confesando y reconociendo sus prácticas públicamente.
19 Asimismo, un buen número de los que habían practicado la magia trajeron sus libros y los quemaron delante de todos. Calcularon su valor y hallaron que era de 50,000 monedas de plata.
20 De esta manera crecía la palabra del Maestro y prevalecía poderosamente.
21 Cuando pasó todo esto, Shaúl propuso en su espíritu ir a Yerushaláyim después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: “Después que haya estado en Yerushaláyim, debo visitar también a Roma”.
22 Y después de enviar a Macedonia a dos de sus ayudantes, a Timoteo y a Erasto, él mismo se detuvo por algún tiempo en Asia.
23 En aquel entonces se produjo un alboroto bastante grande acerca del Camino,
24 a raíz de cierto platero, llamado Demetrio, que elaboraba en plata templecitos de Artemisa, y daba bastante ganancia a los artesanos.
25 Éste los reunió con los obreros de oficios semejantes y les dijo: “Hombres, ustedes saben que nuestra prosperidad proviene de este oficio;
26 y ya ven y oyen que no solamente en Efeso, sino también en casi toda Asia, este Shaúl ha persuadido y apartado a mucha gente, diciendo que no son deidades las que se hacen con las manos.
27 “No solamente hay el peligro de que este negocio nuestro caiga en descrédito, sino también que el templo de la gran deidad Artemisa se desprestigie, y que pronto quede despojada de su majestad aquella a quien adoran toda el Asia y el mundo”.
28 Al oír estas palabras se llenaron de ira y empezaron a gritar: “¡Grande es Artemisa de los efesios!”
29 En breve la ciudad se llenó de confusión, y se lanzaron todos al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, dos macedonios que eran compañeros de Shaúl.
30 Aunque Shaúl quería ir donde la multitud, los discípulos no se lo permitieron.
31 También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, mandaron a decirle que no se presentara en el teatro.
32 Unos gritaban una cosa, y otros otra cosa; porque la concurrencia estaba confundida, y la mayor parte ni sabía por qué se había reunido.
33 Entonces algunos de entre la multitud le dieron instrucciones a Alejandro, a quien los yahuditas habían empujado hacia adelante. Y Alejandro pidió silencio con la mano, queriendo hacer una defensa ante el pueblo.
34 Pero cuando se dieron cuenta de que era yahudita, todos volvieron a gritar a coro, por casi dos horas: “¡Grande es Artemisa de los efesios!”
35 Por fin, cuando el magistrado consiguió apaciguar la multitud, dijo: “Hombres de Efeso, ¿quién hay que no sepa que la ciudad de Efeso es guardiana del templo de la majestuosa Artemisa y de su gran piedra que bajó de Diós?*
36 Ya que esto es indiscutible, conviene que se apacigüen y que no hagan nada precipitado.
37 Pues ustedes han traído a estos hombres que ni han cometido sacrilegio ni han blasfemado a nuestra deidad.
38 “Por tanto, si Demetrio y los artesanos que están con él tienen pleito contra alguien, para eso hay audiencias y hay procónsules. ¡Que se acusen unos a otros!
39 Y si ustedes buscan alguna otra cosa, debe deliberarse en legítima asamblea.
40 Pero hay peligro de que se nos acuse de sedición por esto de hoy, sin que tengamos ninguna causa por la cual podamos dar razón de este tumulto”.
41 Después de decir esto, disolvió la asamblea.
1 Después que se apaciguó el tumulto, Shaúl Shaúl mandó llamar a los discípulos para animarlos; luego se despidió y salió para ir a Macedonia.
2 Recorrió aquellas regiones, exhortándolos con muchas palabras, y luego llegó a Grecia.
3 Después de estar él allí tres meses, los yahuditas tramaron un atentado contra él cuando estaba por navegar rumbo a Siria, de modo que decidió regresar por Macedonia.
4 Lo acompañaron Sópater hijo de Pirro, de Berea, los tesalonicenses Aristarco y Segundo, Gayo de Derbe, Timoteo, y Tíquico y Trófimo de Asia.
5 Estos salieron antes y nos esperaron en Troas.
6 Pero después de los días de los Panes Inleudos, navegamos desde Filipos y los alcanzamos después de cinco días en Troas, donde nos detuvimos siete días.
7 El primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para comer, Shaúl comenzó a hablarles; y como Shaúl iba a marcharse al día siguiente, alargó el discurso hasta la medianoche.
8 Había muchas lámparas en el piso superior, donde estábamos reunidos.
9 A cierto joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, lo iba dominando un profundo sueño. Como Shaúl seguía hablando por mucho tiempo, el joven, ya vencido por el sueño, cayó del tercer piso abajo y lo levantaron muerto.
10 Entonces Shaúl bajó y se echó sobre él, y al abrazarlo dijo: “¡No se alarmen, que su vida está en él!”
11 Luego volvió a subir, y empezó la comida y comió; después habló largamente hasta el amanecer; entonces se fue.
12 Ellos llevaron al joven vivo y quedaron muy consolados.
13 Nosotros nos adelantamos en el barco y navegamos hasta Asón para recoger a Shaúl allí, pues así lo había dispuesto él porque quería ir por tierra.
14 Cuando se reunió con nosotros en Asón, lo recibimos a bordo y fuimos a Mitilene.
15 Navegamos de allí al día siguiente y llegamos frente a Quío. Al otro día, atracamos en Samos, y llegamos a Mileto al día siguiente,
16 Shaúl había decidido pasar de largo a Efeso para no detenerse en Asia; porque, de serle posible, se apresuraba para pasar el día de [la Fiesta de] las Semanas en Yerushaláyim.
17 Desde Mileto, Shaúl mandó a buscar a los ancianos de la comunidad en Efeso.
18 Cuando ellos se presentaron, les dijo: “Ustedes saben bien cómo me he comportado con ustedes todo el tiempo, desde el primer día que llegué a Asia,
19 sirviéndole al Maestro con toda humildad y con muchas lágrimas y pruebas que me vinieron por las asechanzas de los yahuditas.
20 “Y saben que no he rehuido anunciarles nada que les fuera de provecho, y enseñarles públicamente y por las casas,
21 testificando a los yahuditas y a los griegos acerca del arrepentimiento para con Elohim y la fe en nuestro Maestro Yahoshúa.
22 “Ahora, fíjense, voy a Yerushaláyim con el espíritu encadenado, sin saber lo que me ha de acontecer allí;
23 salvo que el espíritu de santidad me da testimonio en una ciudad tras otra, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.
24 “Sin embargo, no estimo que mi vida sea de ningún valor ni preciosa para mí mismo, con tal que acabe mi carrera y el ministerio que recibí del Maestro Yahoshúa, para dar testimonio de la Buena Noticia del favor de Elohim.
25 “Ahora, miren, yo sé que ninguno de ustedes, entre quienes he andado predicando el reino, volverá a ver mi cara.
26 Por eso les declaro en el día de hoy que soy inocente si alguno se pierde,
27 porque no he rehuido anunciarles todo el consejo de YHWH.
28 “Cuídense ustedes, y a todo el rebaño sobre el cual el espíritu de santidad los ha puesto como supervisores, para pastorear la comunidad del Mashíaj, la cual adquirió mediante su propia sangre.
29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de ustedes lobos feroces que no le perdonarán la vida al rebaño;
30 y de entre ustedes mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para descarriar a los discípulos tras ellos.
31 Por tanto, manténganse alerta; recuerden que por tres años, de noche y de día, no cesé de aconsejar con lágrimas a cada uno.
32 “Y ahora, hermanos, los encomiendo a Elohim y al mensaje de su favor, a Aquel que tiene poder para edificar y para dar herencia entre todos los santificados.
33 No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie.
34 Ustedes saben que estas manos proveyeron para mis necesidades y las de mis compañeros.
35 En todo les he demostrado que trabajando así es necesario apoyar a los débiles, y tener presente las palabras del Maestro Yahoshúa, que dijo: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir’”.
36 Después de decir esto, se puso de rodillas y oró con todos ellos.
37 Todos lloraron mucho, y se echaron al cuello de Shaúl y lo besaron.
38 Lo que más les dolía era aquella declaración de que no volverían a ver su cara. Luego lo acompañaron hasta el barco.
1 Después de despedirnos de ellos, zarpamos y navegamos con rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara.
2 Hallando un barco que hacía la travesía a Fenicia, nos embarcamos y zarpamos.
3 Después de avistar a Chipre y de dejarla a la izquierda, navegábamos a Siria y arribamos a Tsor, porque el barco debía descargar allí.
4 Nos quedamos siete días allí, ya que hallamos a los discípulos. Mediante el espíritu ellos le decían a Shaúl que no subiera a Yerushaláyim.
5 Cuando pasaron aquellos días, salimos acompañados por todos con sus mujeres e hijos hasta fuera de la ciudad, y puestos de rodillas en la playa, oramos.
6 Nos despedimos unos de otros y subimos al barco, y ellos volvieron a sus casas.
7 Después de completar la travesía marítima desde Tsor, llegamos a Tolemaida; allí saludamos a los hermanos y nos quedamos con ellos un día.
8 Al día siguiente, salimos y llegamos a Cesarea. Entramos a la casa de Felipe el proclamador de la Buena Noticia, quien era uno de los Siete, y nos alojamos con él.
9 Este tenía cuatro hijas solteras que profetizaban.
10 Y mientras permanecíamos allí por varios días, un profeta llamado Agab bajó de Yahudah.
11 Al llegar a nosotros, tomó el cinturón de Shaúl, se ató los pies y las manos, y dijo: “Esto dice el espíritu de santidad: Al hombre a quien pertenece este cinturón, lo atarán así los yahuditas en Yerusha-láyim, y lo entregarán en manos de los gentiles”.
12 Cuando oímos esto, nosotros y también los de aquel lugar le rogamos que no subiera a Yerushaláyim.
13 Entonces Shaúl respondió: “¿Qué hacen llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy listo no sólo a ser atado, sino también a morir en Yerushaláyim por el nombre del Maestro Yahoshúa”.
14 Como él no se dejaba persuadir, desistimos diciendo: “Hágase la voluntad de YHWH”.
15 Después de aquellos días, hicimos los preparativos, y subimos a Yerushaláyim.
16 También fueron con nosotros unos discípulos de Cesarea, para llevarnos donde un tal Mnasón de Chipre, discípulo antiguo, en cuya casa nos hospedaríamos.
17 Cuando llegamos a Yerushaláyim, los hermanos nos recibieron de buena voluntad.
18 Al día siguiente, Shaúl entró con nosotros para ver a Yaaqov, y todos los ancianos se reunieron.
19 Después de saludarlos, les contó una por una todas las cosas que Elohim había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio.
20 Cuando lo oyeron, glorificaron a Elohim. Y le dijeron: “Tú ves, hermano, cuántos miles de yahuditas hay que han creído; y todos son celosos por la Torah.
21 Pero se les ha informado acerca de ti, que tú enseñas a apartarse de Mosheh a todos los yahuditas que están entre los gentiles, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni anden según nuestras costumbres.
22 ¿Qué hay, pues, de esto? Seguramente oirán que has venido.
23 “Por tanto, haz esto que te decimos. Entre nosotros hay cuatro hombres que han hecho votos.
24 Lleva contigo a esos hombres, purifícate con ellos, paga por ellos para que se rapen sus cabezas, y todos sabrán que las cosas no son como se les ha informado acerca de ti, sino que tú también sigues guardando la Torah.
25 En cuanto a los gentiles que han creído, ya les hemos escrito lo que habíamos decidido: que se abstengan de lo que se ofrece a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación”.
26 Entonces Shaúl llevó consigo a aquellos hombres. Al día siguiente, después de purificarse con ellos, entró en el Templo para dar aviso del día en que se cumpliría la purificación, cuando se ofrecería el sacrificio por cada uno de ellos.
27 Cuando estaban por terminar los siete días, los yahuditas de Asia, al verlo en el Templo, comenzaron a alborotar a todo el pueblo y le echaron mano,
28 gritando: “¡Hombres de Yisrael! ¡Ayuden! ¡Este es el hombre que por todas partes anda enseñando a todos contra nuestro pueblo, la Torah y este lugar! Y además de esto, ha metido a griegos dentro del Templo y ha profanado este lugar santo”.
29 Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, un efesio, y suponían que Shaúl lo había metido en el Templo.
30 Así que toda la ciudad se agitó, y se formó un tumulto del pueblo. Se apoderaron de Shaúl y lo arrastraron fuera del Templo, y de inmediato cerraron las puertas.
31 Mientras ellos procuraban matarlo, le llegó aviso al tribuno de la compañía que toda Yerushaláyim estaba alborotada.
32 De inmediato, éste tomó soldados y centuriones, y bajó corriendo a ellos. Y cuando vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Shaúl.
33 Entonces llegó el tribuno y lo apresó, y mandó que lo ataran con dos cadenas. Preguntó quién era y qué había hecho;
34 pero entre la multitud, unos gritaban una cosa y otros, otra. Como él no podía entender nada con certeza a causa del alboroto, mandó llevarlo a la fortaleza.
35 Y sucedió que cuando llegó a las escaleras, los soldados tuvieron que cargar en peso a Shaúl a causa de la violencia de la multitud;
36 porque la muchedumbre del pueblo venía detrás gritando: “¡Mátalo!”
37 Cuando ya iban a meterlo en la fortaleza, Shaúl le dijo al tribuno: “¿Se me permite decirte algo?” Y él dijo: “¿Sabes griego?
38 Entonces, ¿no eres tú aquel egipcio que provocó una sedición antes de estos días, y sacó al desierto a cuatro mil hombres de los asesinos?”
39 Entonces Shaúl dijo: “A la verdad, yo soy yahudita, ciudadano de Tarso de Cilicia, una ciudad no insignificante. Y te ruego que me permitas hablarle al pueblo.
40 Como él se lo permitió, Shaúl, de pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Cuando se hizo un profundo silencio, comenzó a hablar en el idioma hebreo diciendo:
1 “Hermanos y padres, oigan ahora mi defensa ante ustedes”.
2 Cuando oyeron que Shaúl les hablaba en lengua hebrea, hicieron aún mayor silencio. Entonces continuó:
3 “Y soy yahudita, nacido en Tarso de Cilicia pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamliel en la estricta observancia de la Torah de nuestros padres, siendo celoso de Elohim como lo son todos ustedes hoy.
4 Yo perseguí este Camino hasta la muerte, tomando presos y entregando a las cárceles a hombres y también a mujeres,
5 como aún el sumo sacerdote me es testigo, y todos los ancianos de quienes también recibí cartas para los hermanos. Y fui a Daméseq para traer presos a Yerushaláyim a los que estaban allí, para que los castigaran.
6 Pero me sucedió, cuando iba de camino y me acercaba a Daméseq, como a mediodía, que de repente me rodeó el brillo de una gran luz del cielo.
7 Yo caí al suelo y oí una voz que me decía: ‘Shaúl, Shaúl, ¿por qué me persigues?’
8 “Entonces yo respondí: ‘¿Quién eres, Maestro?’ Y me dijo: ‘Yo soy Yahoshúa el Netsarí, a quien tú persigues’.
9 A la verdad, los que estaban conmigo vieron la luz, pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.
10 Yo dije: ‘¿Qué debo hacer, Maestro?’ Y el Maestro me dijo: ‘Levántate y ve a Daméseq, y allí se te dirá todo lo que se te ordena hacer’.
11 “Como no podía ver a causa del resplandor de aquella luz, los que estaban conmigo me llevaron de la mano, hasta que llegué a Daméseq.
12 Entonces un tal Jananyah, hombre piadoso conforme a la Torah, que tenía buen testimonio de todos los yahuditas que moraban allí,
13 vino a mí y puesto de pie me dijo: ‘Hermano Shaúl, recibe la vista’. Y yo lo vi en aquel instante.
14 “Y él me dijo: ‘El Elohim de nuestros padres te ha designado de antemano para que conozcas su voluntad y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.
15 Porque serás testigo suyo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y sumérgete, y lava tus pecados, invocando su nombre’.”
17 “Entonces, cuando volví a Yerushaláyim, mientras oraba en el Templo, sucedió que caí en éxtasis
18 y vi al Maestro que me decía: ‘Date prisa y sal de inmediato de Yerushaláyim, porque no recibirán tu testimonio acerca de mí’.
19 “Y yo dije: ‘Maestro, ellos saben bien que yo andaba encarcelando y azotando a los que creían en ti en todas las sinagogas;
20 y cuando se derramaba la sangre de tu testigo Esteban, yo también estaba presente, aprobaba su muerte y guardaba la ropa de los que lo mataban’.
21 Pero él me dijo: ‘Anda, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles’”.
22 Lo escucharon hasta esta declaración. Pero entonces empezaron a gritar: “¡Quita de la tierra a ese hombre, porque no conviene que viva!”
23 Como ellos daban voces, arrojaban sus ropas y echaban polvo al aire,
24 el tribuno mandó que metieran a Shaúl en la fortaleza y ordenó que lo sometieran a interrogatorio mediante azotes, para saber por qué causa gritaban así contra él.
25 Pero apenas lo estiraron con las correas, Shaúl le dijo al centurión que estaba presente: “¿Les está permitido a ustedes azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado?”
26 Cuando el centurión oyó esto, fue y se lo informó al tribuno diciendo: “¿Qué vas a hacer? Pues este hombre es romano”.
27 El tribuno vino y le dijo: “Dime, ¿eres tú romano?” Y él dijo: “Sí”.
28 El tribuno respondió: “Yo obtuve esta ciudadanía con una gran suma”. Entonces Shaúl dijo: “Pero yo la tengo por nacimiento”.
29 Así que, en seguida se retiraron de él los que lo iban a interrogar. También el tribuno tuvo temor cuando supo que Shaúl era ciudadano romano y que lo había tenido atado.
30 Al día siguiente, queriendo saber con certeza la verdadera razón por la que lo acusaban los yahuditas, lo desató y mandó reunir a todos los principales sacerdotes y a todo el Sanhedrín de ellos. Y sacando a Shaúl, lo presentó delante de ellos.
1 Entonces Shaúl, mirando fijamente a los del Sanhedrín, dijo: “Hermanos, yo he vivido delante de Elohim con una buena conciencia hasta el día de hoy”.
2 Y el sumo sacerdote Jananyah mandó a los que estaban a su lado, que lo golpearan en la boca.
3 Entonces Shaúl dijo: “Elohim te va a golpear a ti, pared blanqueada. Tú estás sentado para juzgarme conforme a la Torah; y quebrantando la Torah, ¿mandas que me golpeen?”
4 Los que estaban presentes le dijeron: “¿Insultas tú al sumo sacerdote de Elohim?”
5 Y Shaúl dijo: “No sabía, hermanos, que fuera el sumo sacerdote; pues está escrito: ‘No maldecirás al gobernante de tu pueblo’.
6 Entonces Shaúl, sabiendo que una parte del Sanhedrín eran saduceos y la otra parte fariseos, gritó en el Sanhedrín: “Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos. Es por la esperanza y la resurrección de los muertos que se me juzga”.
7 Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos. La asamblea se dividió,
8 porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni mensajeros, ni espíritus; pero los fariseos afirman todas estas cosas.
9 Se levantó un gran vocerío, y algunos de los escribas del partido de los fariseos se levantaron y contendían diciendo: “No hallamos ningún mal en este hombre. ¿Y qué hay si un espíritu o un mensajero le ha hablado?”
10 Como hubo grande disensión, el tribuno, temiendo que despedazaran a Shaúl, mandó a los soldados que bajaran para arrebatarlo de en medio de ellos y llevarlo a la fortaleza.
11 A la noche siguiente se le presentó el Maestro y le dijo: “Sé valiente, Shaúl, pues así como has testificado de mí en Yerushaláyim, así es necesario que testifiques también en Roma”.
12 Cuando llegó el día, los yahuditas tramaron una conspiración y se juraron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que le hubieran dado muerte a Shaúl.
13 Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración.
14 Ellos fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos, y les dijeron: “Nosotros hemos jurado bajo maldición, que no comeremos nada hasta que le hayamos dado muerte a Shaúl.
15 Ahora, pues, ustedes con el Sanhedrín solicítenle al tribuno que lo haga comparecer mañana ante ustedes, como si tuvieran que investigar su caso con más exactitud. Pero nosotros estaremos preparados para matarlo antes que él llegue”.
16 Pero el hijo de la hermana de Shaúl se enteró de la emboscada, y fue y entró en la fortaleza y se lo informó a Shaúl.
17 Shaúl llamó a uno de los centuriones y le dijo: “Lleva a este joven donde el tribuno, porque tiene algo que comunicarle”.
18 Entonces él se lo llevó al tribuno y le dijo: “El preso Shaúl me llamó y me rogó que trajera a este joven donde ti, porque tiene algo que decirte”.
19 El tribuno lo tomó de la mano, y llevándolo aparte le preguntó en privado: “¿Qué es lo que tienes que decirme?”
20 Y él dijo: “Los yahuditas han acordado rogarle a usted que mañana saque a Shaúl al Sanhedrín, como si fueran a indagar algo más exacto acerca de él.
21 Pues usted, no les crea, porque más de cuarenta hombres de ellos le están preparando una emboscada. Se han jurado bajo maldición que no comerán ni beberán hasta que lo hayan asesinado. Ahora están listos, esperando una promesa de parte de usted”.
22 Luego el tribuno despidió al joven encargándole: “No le digas a nadie que me has informado de esto”.
23 Entonces el tribuno llamó a dos de los centuriones y dijo: “Para la tercera hora de la noche, preparen 200 soldados, más setenta de caballería y 200 lanceros para que vayan a Cesarea”.
24 A la vez, ordenó que proveyeran cabalgaduras para que Shaúl montara, y que lo llevaran a salvo donde el procurador Félix.
25 También escribió una carta en estos términos:
26 “Claudio Lisias, al excelentísimo procurador Félix. Saludos.
27 Cuando los yahuditas apresaron a este hombre y estaban a punto de matarlo, yo lo rescaté acudiendo con la tropa, pues me enteré de que era romano.
28 Queriendo saber el delito por el cual lo acusaban, lo hice bajar al Sanhedrín de ellos.
29 Hallé que lo acusaban de cuestiones de la Torah de ellos, pero sin ninguna acusación de crimen digno de muerte o de prisión.
30 Pero como se me informó que habría una emboscada contra el hombre, inmediatamente lo envié donde ti y les he informado también a sus acusadores que declaren delante de ti lo que tienen contra él”.
31 Por lo tanto, de acuerdo con las órdenes que habían recibido, los soldados tomaron a Shaúl y lo llevaron de noche a Antípatris.
32 Y al día siguiente, dejando que la caballería siguiera con él, regresaron a la fortaleza.
33 Después de llegar a Cesarea y entregarle la carta al procurador, presentaron también a Shaúl delante de él.
34 El procurador leyó la carta y le preguntó de qué provincia era. Al enterarse de que era de Cilicia, dijo:
35 “Oiré tu causa cuando vengan tus acusadores”. Y mandó que lo guardaran en el Pretorio de Horedós.
1 Cinco días después, descendió el sumo Jananyah con algunos de los ancianos y un orador, un tal Tértulo. Ellos comparecieron delante del procurador contra Shaúl.
2 Y cuando lo llamaron, Tértulo comenzó a acusarlo diciendo: “Puesto que gozamos de mucha paz, gracias a usted, y se están realizando reformas en beneficio de esta nación debido a su prudencia,
3 oh excelentísimo Félix, siempre y en todo lugar lo aceptamos con toda gratitud.
4 “Pero para no molestarlo por mucho tiempo, le ruego que nos escuche brevemente, conforme a su equidad.
5 Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y es promotor de sediciones entre los yahuditas de todo el mundo y cabecilla de la secta de los natserenos.
6 Intentó también profanar el Templo, pero lo prendimos. [Y lo habríamos juzgado según nuestra ley,
7 Pero el tribuno Lisias intervino y con gran violencia lo arrebató de nuestras manos.]
8 Al examinarlo, usted mismo podrá saber todas estas cosas de las que lo acusamos”.
9 También los yahuditas lo confirmaban, alegando que estas cosas eran así.
10 Entonces, cuando el procurador le dio señal para hablar, Shaúl contestó: “Sabiendo que por muchos años ha sido usted juez de esta nación, con confianza expondré mi defensa.
11 Usted puede cerciorarse de que no hace más de doce días que subí a Yerushaláyim para adorar.
12 No me hallaron disputando con nadie en el Templo, ni provocando tumultos del pueblo, ni en las sinagogas ni en la ciudad.
13 Tampoco pueden ellos comprobarle a usted las cosas de las que ahora me acusan.
14 Sin embargo, le confieso esto: que le sirvo al Elohim de mis padres conforme al Camino que ellos llaman secta, creyendo todo lo que está escrito en la Torah y en los Profetas.
15 “Tengo esperanza en Elohim, la cual ellos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección de los justos y de los injustos.
16 Y por esto yo me esfuerzo siempre por tener una conciencia sin remordimiento delante de Elohim y de los hombres.
17 “Pasados muchos años, vine para presentar donativos y ofrendas a mi nación.
18 Mientras hacía esto, unos yahuditas de Asia me hallaron purificado en el Templo (no en tumulto ni con alboroto).
19 Ellos deberían comparecer delante de usted y traer acusaciones, si es que tienen algo contra mí.
20 O que digan éstos mismos qué delito hallaron cuando comparecí ante el Sanhedrín,
21 salvo que cuando estuve entre ellos lancé este grito: ‘¡Con respecto a la resurrección de los muertos me juzgan hoy ustedes!’”
22 Entonces Félix, que estaba bien informado acerca de este Camino, aplazó el juicio diciendo: “Cuando venga el tribuno Lisias, examinaré el caso de ustedes”.
23 Le dio órdenes al centurión de que custodiaran a Shaúl, pero que tuviera algunos privilegios y que no se impidiera a ninguno de los suyos atenderlo.
24 Algunos días después, vino Félix con Drusila su esposa, que era judía. Mandó traer a Shaúl, y lo oyó acerca de la fe en Mashíaj Yahoshúa.
25 Cuando Shaúl disertaba de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se llenó de miedo y respondió: “Por ahora, vete; pero cuando tenga oportunidad, te llamaré”.
26 A la vez, Félix esperaba también recibir algún dinero de parte de Shaúl. Por eso lo hacía venir con frecuencia y hablaba con él.
27 Pero al cabo de dos años, Félix recibió como sucesor a Porcio Festo, y queriendo congraciarse con los yahuditas, Félix dejó preso a Shaúl.
1 Tres días después de haber asumido el mando de la provincia, Festo subió de Cesarea a Yerushaláyim.
2 Entonces los principales sacerdotes y los dirigentes de los yahuditas se presentaron ante él contra Shaúl, y le rogaban
3 pidiendo contra él el favor de que lo hiciera traer a Yerushaláyim. Mientras tanto, ellos preparaban una emboscada para asesinarlo en el camino.
4 Pero Festo respondió que Shaúl estaba custodiado en Cesarea, y que en breve él mismo partiría para allá.
5 Dijo: “Los que puedan de entre ustedes bajen conmigo; y si hay alguna falta en ese hombre, acúsenlo”.
6 Después de detenerse entre ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea; y al día siguiente, se sentó en el tribunal y mandó que trajeran a Shaúl.
7 Cuando llegó, lo rodearon los yahuditas que habían descendido de Yerushaláyim, haciendo muchas y graves acusaciones contra él, las cuales no podían probar.
8 Y Shaúl dijo en su defensa: “En nada he pecado, ni contra la Torah de los yahuditas, ni contra el pueblo, ni contra el César”.
9 Pero Festo, queriendo congraciarse con los yahuditas, le respondió a Shaúl: “¿Quieres subir a Yerushaláyim para que se te juzgue allí delante de mí acerca de estas cosas?”
10 Shaúl respondió: “Ante el tribunal del César estoy, que es donde se me tiene que juzgar. A los yahuditas no les he hecho ninguna injusticia, como usted muy bien lo sabe.
11 Si estoy haciendo alguna injusticia o si he hecho alguna cosa digna de muerte, no rehuso morir; pero si no hay nada de cierto en las cosas de las que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. Yo apelo al César”.
12 Entonces Festo, después de consultar con el Sanhedrín, respondió: “Al César has apelado, al César irás”.
13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice fueron a Cesarea para saludar a Festo.
14 Como pasaban allí muchos días, Festo le presentó al rey el caso de Shaúl, diciendo: “Hay cierto hombre a quien Félix ha dejado preso,
15 con respecto a quien se me presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los yahuditas cuando subí a Yerushaláyim, pidiendo sentencia contra él.
16 A ellos les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a ningún hombre antes que el acusado tenga presentes a sus acusadores y tenga oportunidad de hacer su defensa contra la acusación.
17 Así que, como ellos habían venido juntos acá, sin ninguna demora, al día siguiente, me senté en el tribunal y mandé traer al hombre.
18 “Pero cuando se presentaron los acusadores, no trajeron ninguna acusación con respecto a él de los crímenes que yo sospechaba.
19 Solamente tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su propia religión y de un tal Yahoshúa, ya fallecido, de quien Shaúl afirmaba que está vivo.
20 “Yo, vacilante con semejante caso, le preguntaba si quería ir a Yerushaláyim para que se lo juzgara por estas cosas allí.
21 Pero como Shaúl apeló a quedar bajo custodia para la decisión de Augusto, mandé que lo guardaran hasta que yo lo enviara al César”.
22 Entonces Agripa le dijo a Festo: “Yo también quisiera oír al hombre”. Y él dijo: “Mañana lo oirás”.
23 Así que al día siguiente vinieron Agripa y Berenice con mucha pompa, y después que entraron en la sala de audiencias con los tribunos y los principales de la ciudad, trajeron a Shaúl por mandato de Festo.
24 Entonces Festo dijo: “Rey Agripa, y todos los hombres aquí presentes con nosotros: Aquí está el hombre, respecto del cual toda la multitud de los yahuditas ha recurrido a mí, tanto en Yerushaláyim como aquí, clamando a gritos que él no debe vivir más.
25 Pero yo hallé que él no había hecho ninguna cosa digna de muerte, y como él mismo ha apelado a Augusto, he determinado enviarlo.
26 Pero no tengo nada de seguro que escribir a mi soberano acerca de él. Por esto lo he traído ante ustedes, y especialmente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarlo, tenga yo algo que escribir.
27 Porque no me parece razonable enviar un preso sin indicar también las acusaciones contra él”.
1 Luego Agripa le dijo a Shaúl: “Se te permite hablar en tu favor”. Así que Shaúl extendió la mano y comenzó su defensa:
2 “Me considero dichoso por poder exponer hoy mi defensa delante de usted, oh rey Agripa, acerca de todas las cosas de las que me acusan los yahuditas;
3 sobre todo porque usted es conocedor de todas las costumbres y cuestiones de los yahuditas. Por lo tanto, le ruego que me escuche con paciencia.
4 “Mi manera de vivir, desde mi juventud, la cual pasé desde el comienzo entre los de mi nación en Yerushaláyim, la conocen todos los yahuditas.
5 Ellos me conocen desde antes, si quisieran testificarlo, que conforme a la más estricta secta de nuestra fe viví como fariseo.
6 “Y ahora me someten a juicio por la esperanza de la promesa que Elohim les hizo a nuestros padres,
7 promesa que esperan alcanzar nuestras doce tribus sirviendo constantemente día y noche. Por esa misma esperanza me acusan los yahuditas, oh rey.
8 ¿Por qué se juzga increíble entre ustedes que Elohim resucite a los muertos?
9 “Pues yo, a la verdad, había pensado que era mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Yahoshúa el Netsarí.
10 Y así lo hice en Yerushaláyim: Yo mismo, con la autorización de los principales sacerdotes, encerré en cárceles a muchos de los santos; y cuando los mataban, yo daba mi voto contra ellos.
11 “Muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, trataba de obligarlos a blasfemar; y enfurecido en extremo contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.
12 En esto estaba ocupado cuando me dirigía a Daméseq con autorización y comisión de los principales sacerdotes.
13 En el camino a mediodía, oh rey, vi que desde el cielo una luz, más resplandeciente que el sol, alumbró alrededor de mí y de los que viajaban conmigo.
14 “Después de caer todos nosotros a tierra, oí una voz que me decía en lengua hebrea: ‘Shaúl, Shaúl, ¿por qué me persigues? ¡Dura cosa te es dar patadas contra el aguijón!’
15 Entonces yo dije: ‘¿Quién eres, Maestro?’ Y el Maestro dijo: ‘Yo soy Yahoshúa, a quien tú persigues.
16 Pero levántate y ponte sobre tus pies, porque te he aparecido para esto: para constituirte servidor mío y testigo de las cosas que has visto y de las que te voy a revelar.
17 Yo te libraré del pueblo y de los gentiles, a los cuales ahora te envío
18 para abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder del Satán a YHWH, para que reciban perdón de pecados y una herencia entre los santificados por la fe en mí”.
19 “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial.
20 Más bien, primeramente a los que estaban en Daméseq, y en Yerushaláyim y por toda la tierra de Yahudah, y a los gentiles, les he proclamado que se arrepientan y se conviertan a Elohim, haciendo obras que demuestren arrepentimiento.
21 “A causa de esto, los yahuditas me apresaron en el Templo y trataron de matarme.
22 Pero con la ayuda de Elohim me he mantenido firme hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, sin decir nada ajeno a las cosas que los profetas y Mosheh dijeron que habían de suceder:
23 que el Mashíaj habría de padecer, y que por ser el primero de la resurrección de los muertos, habría de anunciarle luz al pueblo y a los gentiles”.
24 Mientras él decía estas cosas en su defensa, Festo le dijo a gran voz: “¡Estás loco, Shaúl! ¡El mucho estudio te ha vuelto loco!”
25 Pero Shaúl dijo: “No estoy loco, oh excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.
26 Y el rey, delante de quien también hablo confiadamente, entiende de estas cosas. Porque estoy convencido de que nada de esto le es oculto, pues esto no ha ocurrido en algún rincón.
27 “¿Cree usted, oh rey Agripa, a los profetas? ¡Yo sé que cree!”
28 Entonces Agripa le dijo a Shaúl: “¡Por poco me persuades a hacerme mesianista!”
29 Y Shaúl dijo: “¡Quisiera Elohim que, por poco o por mucho, no solamente usted sino también todos los que hoy me escuchan se hicieron como yo, excepto por estas cadenas!”
30 Entonces se levantaron el rey, el procurador, Berenice y los que se habían sentado con ellos.
31 Y después de retirarse aparte, hablaban unos con otros diciendo: “Este hombre no hace ninguna cosa digna de muerte ni de prisión”.
32 Y Agripa le dijo a Festo: “A este hombre se le podría poner en libertad, si no hubiera apelado al César”.
1 Cuando se determinó que habríamos de navegar a Italia, entregaron a Shaúl y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.
2 Así que nos embarcamos en una nave adramiteña que salía para los puertos de Asia, y zarpamos. Estaba con nosotros Aristarco, un macedonio de Tesalónica.
3 Al otro día, atracamos en Tsidón; y Julio, tratando a Shaúl con amabilidad, le permitió visitar a sus amigos y recibir las atenciones de ellos.
4 Después de zarpar de allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos nos eran contrarios.
5 Y después de cruzar por alta mar frente a Cilicia y a Panfilia, llegamos a Mira, ciudad de Licia.
6 El centurión encontró allí una nave alejandrina que navegaba a Italia, y nos embarcó en ella.
7 Navegamos muchos días despacio, y llegamos a duras penas frente a Gnido, porque el viento nos impedía, luego navegamos a sotavento de Creta frente a Salmón.
8 Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
9 Como había transcurrido mucho tiempo y se hacía peligrosa la navegación, porque también ya había pasado el Ayuno, Shaúl los aconsejaba
10 diciendo: “Hombres, veo que la navegación va a ser con daño y mucha pérdida, no sólo de la carga y de la nave, sino también de nuestras vidas”.
11 Pero el centurión se dejó persuadir más por el piloto y el capitán del barco que por lo que decía Shaúl.
12 Ya que el puerto era incómodo para pasar el invierno, la mayoría acordó zarpar de allí, a ver si de alguna manera podían llegar a Fenice, un puerto de Creta que mira al suroeste y al noroeste, para invernar allí.
13 Como sopló una brisa del sur y les pareció que ya habían logrado lo que deseaban, izaron velas e iban costeando a Creta muy de cerca.
14 Pero no mucho después azotó a la nave un viento huracanado que se llama Noroeste.
15 Como la nave iba arrastrada y no podía poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos llevaba a la deriva.
16 Navegamos a sotavento de una pequeña isla que se llama Cauda, y apenas pudimos retener el bote.
17 Y después de subirlo a bordo, se pusieron a reforzar la nave amarrándola alrededor. Pero como temían encallar en la Sirte, bajaron velas y se dejaron llevar así.
18 Al día siguiente, mientras nos sacudía una furiosa tempestad, comenzaron a aligerar la carga;
19 y al tercer día, con sus propias manos arrojaron los aparejos del barco.
20 Como no aparecían ni el sol ni las estrellas por muchos días y teníamos encima una tempestad tan grande, íbamos perdiendo ya toda esperanza de salvarnos.
21 Entonces, como hacía mucho que no comíamos, Shaúl se puso de pie en medio de ellos y dijo: “Hombres, debieron haberme escuchado y no haber partido de Creta, para evitar este daño y pérdida.
22 Pero ahora les insto a que tengan buen ánimo, pues no se perderá la vida de ninguno de ustedes, sino solamente la nave.
23 Porque esta noche estuvo conmigo un mensajero del Elohim de quien soy y a quien sirvo,
24 y me dijo: ‘No temas, Shaúl. Es necesario que comparezcas ante el César, y Elohim te ha concedido todos los que navegan contigo’.
25 Así que, señores, tengan buen ánimo, porque yo confío en Elohim que será tal como me ha dicho.
26 Pero es necesario que demos en alguna isla”.
27 Al cabo de catorce noches de estar nosotros a la deriva por el mar Adriático, como a la medianoche los marineros sospecharon que se acercaban a alguna tierra.
28 Echaron la sonda y midieron veinte brazas. Pasando un poco más adelante, volvieron a echar la sonda y midieron quince brazas.
29 Por temor a encallar, echaron las cuatro anclas de la popa, y esperaron ansiosos el amanecer.
30 Como los marineros trataban de huir de la nave, y echaron el bote al mar simulando que iban a largar las anclas de la proa,
31 Shaúl le dijo al centurión y a los soldados: “Si éstos no se quedan en la nave, ustedes no podrán salvarse”.
32 Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y dejaron que se perdiera.
33 Cuando comenzó a amanecer, Shaúl animaba a todos a comer algo, diciendo: “Este es el decimocuarto día que están en vela y siguen en ayunas sin comer nada.
34 Así que les ruego que coman algo, pues es por su salud; porque no perecerá ni un cabello de la cabeza de ninguno de ustedes”.
35 Después de decir esto, tomó pan, le dio gracias a Elohim en presencia de todos, y lo partió y comenzó a comer.
36 Cuando todos recobraron mejor ánimo, comieron ellos también.
37 Eramos en total 276 personas en la nave.
38 Luego, satisfechos de la comida, aligeraron la nave echando el trigo al mar.
39 Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra; pero distinguían una bahía que tenía playa, en la cual, de ser posible, se proponían varar la nave.
40 Cortaron las anclas y las dejaron en el mar. A la vez, soltaron las amarras del timón, izaron al viento la vela de proa y se dirigieron a la playa.
41 Pero al dar en un banco de arena entre dos corrientes, hicieron encallar la nave. Al enclavarse la proa, quedó inmóvil, mientras la popa se abría por la violencia de las olas.
42 Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se escapara nadando;
43 pero el centurión, queriendo librar a Shaúl, frustró su intento. Mandó a los que podían nadar que fueran los primeros en echarse para salir a tierra;
44 y a los demás, unos en tablas, y otros en objetos de la nave. Así sucedió que todos llegaron salvos a tierra.
1 Cuando ya estuvimos a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Melita.*
2 Los nativos nos trataron con mucha amabilidad, pues nos recibieron a todos y encendieron un fuego a causa de la lluvia que caía, y del frío.
3 Entonces, cuando Shaúl recogía una cantidad de ramas secas para echarlas al fuego, se le prendió de la mano una víbora que huía del calor.
4 Cuando los nativos vieron la serpiente colgada de su mano, se decían unos a otros: “¡Seguramente este hombre es homicida y, aunque se ha salvado del mar, la justicia no lo deja vivir!”
5 Entonces él sacudió la serpiente en el fuego, y no sufrió ningún daño.
6 Mientras tanto, ellos esperaban que comenzara a hincharse o que cayera muerto de repente. Pero al pasar mucho tiempo esperando y al ver que no le pasaba nada malo, cambiaron de parecer y decían que era una deidad.
7 En aquellos lugares estaban las propiedades del hombre principal de la isla, que se llamaba Publio. Este nos recibió y nos hospedó de manera amistosa por tres días.
8 Sucedió en eso que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y disentería. Shaúl entró a donde estaba él, y después de orar, le impuso las manos y lo sanó.
9 Después que sucedió esto, los demás de la isla que tenían enfermedades también venían donde él y se sanaban.
10 También ellos nos honraron con muchos obsequios, y antes de que zarpáramos, nos abastecieron de las cosas necesarias.
11 Así que, después de tres meses, zarpamos en una nave alejandrina que había invernado en la isla y que tenía la insignia de los Dióscuros los hijos de Diós = Zeús.
12 Luego llegamos a Siracusa, y estuvimos allí tres días.
13 De allí, costeando alrededor, fuimos a Regio; y un día después se levantó el viento del sur, y llegamos al segundo día a Puteoli.
14 Allí hallamos hermanos que nos invitaron a quedarnos con ellos siete días. Y de esa manera llegamos a Roma.
15 Al oír de nosotros, los hermanos fueron hasta la plaza de Apio y las Tres Tabernas para recibirnos. Cuando Shaúl los vio, le dio gracias a Elohim y cobró ánimo.
16 Cuando llegamos a Roma, a Shaúl se le permitió vivir aparte, con un soldado que lo custodiaba.
17 Tres días después, Shaúl convocó a los principales de los yahuditas, y una vez reunidos les dijo: “Hermanos, sin que yo haya hecho ninguna cosa contra el pueblo ni contra las costumbres de los padres, desde Yerushaláyim me han entregado preso en manos de los romanos.
18 “Después de examinarme, ellos querían soltarme porque no había en mí ninguna causa digna de muerte.
19 Pero como los yahuditas se oponían, yo me vi forzado a apelar al César, no porque tenga de qué acusar a mi nación.
20 Así que, por esta razón los he llamado para verlos y hablarles, pues por la esperanza de Yisrael estoy atado con esta cadena”.
21 Entonces ellos dijeron: “Nosotros no hemos recibido cartas de Yahudah tocante a ti, y ninguno de los hermanos que ha venido ha denunciado o hablado algún mal acerca de ti.
22 Pero queremos oír de ti lo que piensas, porque nos hemos enterado de esa secta, pues en todas partes se habla en contra de ella”.
23 Así que le fijaron un día, en el que vinieron a visitarlo en su alojamiento un gran número de personas. Desde la mañana hasta el atardecer, les exponía y les daba testimonio del reino de Elohim, persuadiéndolos acerca de Yahoshúa, basándose en la Torah de Mosheh y en los Profetas.
24 Algunos quedaban convencidos por lo que decía, pero otros no creían.
25 Como ellos no estaban de acuerdo entre sí, empezaron a retirarse, cuando Shaúl les dijo estas últimas palabras: “Bien les habló el espíritu de santidad por medio del profeta Yeshayahu a los padres de ustedes, diciendo:
26 Ve a este pueblo y diles: ‘De oído oirán y jamás entenderán; y viendo verán y nunca percibirán’.
27 Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible y con los oídos oyeron torpemente. Han cerrado sus ojos de manera que no vean con los ojos, ni oigan con los oídos, ni entiendan con el corazón, ni se conviertan, y yo los sane’.
28 Así que sepan que a los gentiles se les anuncia esta salvación de Elohim, y ellos oirán”.
29 [Y después de decir esto, los yahuditas se fueron discutiendo mucho entre ellos.]
30 Shaúl permaneció dos años enteros en una casa que alquilaba. Allí recibía a todos los que iban a verlo,
31 predicando el reino de Elohim y enseñando acerca del Maestro Yahoshúa el Mashíaj, con toda libertad y sin impedimento.