1 Ya que muchos han intentado coordinar una narración de las cosas que se han verificado plenamente entre nosotros,
2 según nos las trasmitieron los que desde el principio fueron testigos presenciales y ministros del mensaje,
3 me ha parecido bien a mí también, después de haberlo investigado todo con diligencia desde el comienzo, escribírtelo en orden, excelentísimo Teófilo,
4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las que te has instruido.
5 En los días de Horedós, rey de la tierra de Yahudah, había un sacerdote llamado Zekharyah, de la clase de Aviyah. Su esposa era de las hijas de Aharón y se llamaba Elisheva.
6 Ambos eran justos delante de Elohim y vivían irreprensiblemente en todos los mandamientos y ordenanzas de YHWH.
7 No tenían hijo, porque Elisheva era estéril, y ambos eran de edad avanzada.
8 Sucedió que, cuando él ejercía el sacerdocio delante de Elohim, en el turno de su clase,
9 conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó por sorteo entrar en el templo de YHWH para quemar el incienso.
10 Toda la multitud del pueblo estaba afuera, orando a la hora del incienso.
11 Entonces el mensajero de YHWH se le apareció, puesto de pie a la derecha del altar del incienso.
12 Zekharyah se turbó cuando lo vio, y el temor se apoderó de él.
13 Pero el mensajero le dijo: “¡No temas, Zekharyah! Porque tu oración ha sido atendida. Tu esposa Elisheva te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Yojanán.
14 Tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento,
15 porque él será grande delante de YHWH. Nunca beberá vino ni licor, y será lleno del espíritu de santidad aun desde el vientre de su madre.
16 Y hará que muchos de los hijos de Yisrael vuelvan a YHWH su Elohim.
17 El mismo irá delante de YHWH con el espíritu y el poder de Eliyahu, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos y los desobedientes a la prudencia de los justos, para preparar a YHWH un pueblo apercibido”.
18 Y Zekharyah le dijo al mensajero: “¿Cómo podré estar seguro de esto? Pues yo soy viejo, y mi esposa es de edad avanzada.
19 El mensajero le respondió: “Yo soy Gabriel, que estoy delante de Elohim, y me han enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas.
20 Mira, quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que se realice esto, por cuanto no has creído a mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo”.
21 El pueblo estaba esperando a Zekharyah, y se extrañaba de que él pasara tanto tiempo en el Templo.
22 Cuando salió, no les podía hablar; y se dieron cuenta de que había tenido una visión en el Templo. El se comunicaba con ellos por señas y permaneció mudo.
23 Luego, cuando se cumplieron los días de su ministerio, se fue a su casa.
24 Después de aquellos días su esposa Elisheva quedó encinta, y se recluyó por cinco meses, diciendo:
25 “Qué bien ha obrado conmigo YHWH que ahora se dignó mirarme para quitar mi oprobio entre la gente”.
26 En el sexto mes, YHWH envió al mensajero Gabriel a una ciudad del Galil llamada Natséret,
27 a una virgen comprometida con un hombre llamado Yosef, de la casa de Dawid. La virgen se llamaba Miryam.
28 Cuando entró a donde estaba ella, dijo: “¡Shalom, muy favorecida! YHWH está contigo”.
29 Pero ella se turbó por aquellas palabras y se preguntaba qué clase de saludo sería éste.
30 Entonces el mensajero le dijo: “No temas, Miryam, porque has hallado gracia ante Elohim.
31 Mira, vas a concebir en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Yahoshúa.
32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y Elohim YHWH le dará el trono de su padre Dawid.
33 Reinará sobre la casa de Yaaqov para siempre, y de su reino no habrá fin”.
34 Entonces Miryam le dijo al mensajero: “¿Cómo será esto? Porque yo no tengo esposo”.
35 El mensajero le respondió: “El espíritu de santidad vendrá sobre ti; el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo ser que nacerá será llamado Hijo de Elohim.
36 Mira, también tu parienta Elisheva ha concebido un hijo en su vejez. Este es el sexto mes para ella, a la que llamaban estéril.
37 Porque nada será imposible para el Todopoderoso”.
38 Entonces Miryam dijo: “Aquí está la sierva de YHWH; hágase conmigo según tu palabra”. Y el mensajero se fue de su presencia.
39 En aquellos días Miryam se puso en camino y fue de prisa a una ciudad en la serranía de Yahudah.
40 Entró en casa de Zekharyah y saludó a Elisheva.
41 Sucedió que, cuando Elisheva oyó el saludo de Miryam, la criatura saltó en su vientre. Y Elisheva se llenó de espíritu de santidad,
42 y exclamó voz alta y dijo: “¡Bendita eres tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!
43 ¿De dónde se me concede esto, que la madre de mi Amo venga a mí?
44 Porque mira, cuando llegó a mis oídos la voz de tu saludo, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
45 Feliz la que creyó, porque se cumplirá lo que se le ha dicho de parte de YHWH”.
46 Y Miryam dijo: “Mi ser engrandece a YHWH;
47 y mi espíritu se alegra en Elohim mi Salvador,
48 porque se ha fijado en la bajeza de su sierva. Sucederá que desde ahora me llamarán feliz todas las generaciones,
49 porque Elohim ha hecho grandes cosas conmigo. Su nombre es santo,
50 y su misericordia es de generación en generación, para con los que le temen.
51 Hace proezas con su brazo; dispersa a los arrogantes en la intención de sus corazones.
52 Quita a los poderosos de sus tronos y levanta a los humildes.
53 A los hambrientos sacia de bienes y a los ricos los despide vacíos.
54 Ha venido en auxilio de Israel su siervo, para acordarse de la misericordia,
55 tal como habló a nuestros padres; a Avraham y a su descendencia para siempre”.
56 Y Miryam se quedó con ella como tres meses; después regresó a su casa.
57 Se le cumplió a Elisheva el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo.
58 Los vecinos y los parientes oyeron que Elohim había engrandecido su misericordia hacia ella y se regocijaron con ella.
59 Sucedió que al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y le iban a poner el nombre de su padre, Zekharyah.
60 Pero su madre intervino y dijo: “No; más bien se llamará Yojanán”.
61 Y le dijeron: “No hay nadie en tu familia que se llame así”.
62 Entonces le preguntaron por señas a su padre, cómo quería llamarlo.
63 Y pidiendo una tablilla escribió: “Yojanán es su nombre”. Y todos se maravillaron.
64 En ese momento se le abrió la boca, y se le soltó la lengua, y comenzó a hablar bendiciendo a Elohim.
65 Entonces se llenaron de asombro todos sus vecinos, y por toda la serranía de Yahudah se hablaba de todas estas cosas.
66 Y todos los que oían esto lo meditaban en su corazón diciendo: “¿Qué será de este niño?” Porque ciertamente la mano de YHWH estaba con él.
67 Zekharyah, su padre, se llenó de espíritu de santidad y profetizó diciendo:
68 “Bendito sea YHWH, el Elohim de Yisrael, porque ha visitado y ha redimido a su pueblo.
69 Ha levantado para nosotros un poder de salvación en la casa de su siervo Dawid,
70 tal como habló por boca de sus santos profetas de la antigüedad:
71 Salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecen,
72 para hacer misericordia con nuestros padres acordándose de su santa alianza.
73 Este es el juramento que le hizo a nuestro padre Avraham, para concedernos que,
74 una vez rescatados de las manos de los enemigos, le sirvamos sin temor,
75 en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días.
76 “Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo; porque irás delante de Elohim para preparar sus caminos;
77 para darle a su pueblo conocimiento de salvación en el perdón de sus pecados;
78 a causa de la entrañable misericordia de nuestro Elohim, con que la luz de la aurora nos visitará de lo alto;
79 para alumbrar a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por caminos de paz”.
80 Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu, y estuvo en el desierto hasta el día en que se manifestó a Yisrael.
1 Sucedió en aquellos días que salió un edicto de parte del César Augusto, para levantar un censo de todo el mundo habitado.
2 Este primer censo se realizó mientras Kirenio era gobernador de Siria.
3 Todos iban para inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad.
4 Así que Yosef también subió desde el Galil, de la ciudad de Natséret, a Judea, a la ciudad de Dawid que se llama Bet Léjem, porque él era de la casa y de la familia de Dawid,
5 para inscribirse con Miryam, su esposa, quien estaba encinta.
6 Sucedió que, mientras ellos estaban allí, se cumplieron los días de su alumbramiento,
7 y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.
8 En aquella región había unos pastores que velaban y montaban guardia en la noche sobre su rebaño.
9 Entonces un mensajero de YHWH se presentó ante ellos, y la gloria de YHWH los rodeó de resplandor; y se llenaron de gran temor.
10 Pero el mensajero les dijo: “No teman, miren que les traigo buenas nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
11 que hoy, en la ciudad de Dawid, les ha nacido un Salvador, que es el Mashíaj Soberano.
12 Y esto les servirá de señal: Hallarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
13 De repente apareció con el mensajero una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Elohim y decían:
14 “¡Gloria a Elohim en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad!”
15 Sucedió que, cuando los mensajeros se retiraron de ellos al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Pasemos ahora mismo hasta Bet Léjem y veamos esto que ha sucedido, y que YHWH nos ha dado a conocer”.
16 Fueron de prisa y hallaron a Miryam y a Yosef, y al niño acostado en el pesebre.
17 Al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca de este niño.
18 Todos los que oyeron se maravillaron de lo que los pastores les dijeron;
19 pero Miryam guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
20 Los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Elohim por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.
21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron el nombre de Yahoshúa, nombre que le dio el mensajero antes que él fuera concebido en el vientre.
22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos conforme a la Torah de Mosheh, llevaron al niño a Yerushaláyim para presentarlo a YHWH
23 (así como está escrito en la Torah de YHWH: Todo varón que abre la matriz será llamado santo a YHWH)
24 y para dar la ofrenda conforme a lo dicho en la Torah de YHWH: un par de tórtolas o dos pichones de paloma.
25 En aquel tiempo había en Yerushaláyim un hombre llamado Shimón, y este hombre era justo y piadoso; esperaba la consolación de Yisrael, y el espíritu de santidad estaba sobre él.
26 A él le había revelado el espíritu de santidad que no vería la muerte antes que viera al Mashíaj de YHWH.
27 Movido por el espíritu, entró en el templo; y cuando los padres trajeron al niño Yahoshúa para hacer con él conforme a la costumbre de la Torah,
28 Shimón lo tomó en sus brazos y bendijo a Elohim diciendo:
29 “Ahora, Adonay YHWH, despide a tu siervo en paz conforme a tu palabra;
30 porque mis ojos han visto tu salvación*
31 que has preparado en presencia de todos los pueblos:
32 luz para revelación de las naciones y gloria de tu pueblo Yisrael”.
33 Su padre y su madre se maravillaban de las cosas que se decían de él.
34 Y Shimón los bendijo y le dijo a Miryam su madre: “Mira, éste se ha puesto para caída y para levantamiento de muchos en Yisrael y para señal que será contradicha,
35 para que se descubran los pensamientos de muchos corazones. Y una espada traspasará tu propio ser”.
36 También estaba allí la profetisa Janah, hija de Penuel, de la tribu de Asher. Ella era de edad avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su matrimonio;
37 y había permanecido como viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo con ayunos y oraciones de noche y de día.
38 En la misma hora acudió al Templo y daba gracias a Elohim, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Yerushaláyim.
39 Cuando cumplieron con todos los requisitos de la Torah de YHWH, volvieron al Galil, a su ciudad de Natséret.
40 El niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Elohim estaba sobre él.
41 Sus padres acostumbraban ir todos los años a Yerushaláyim, para la fiesta de el Pésaj.
42 Cuando cumplió doce años, subieron ellos a Yerushaláyim conforme a la costumbre de la Fiesta.
43 Una vez acabados los días [de la Fiesta], mientras ellos volvían, el niño Yahoshúa se quedó en Yerushaláyim; y sus padres no se dieron cuenta.
44 Suponiendo que él estaba en la caravana, fueron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y los conocidos.
45 Como no lo encontraron, volvieron a Yerushaláyim buscándolo.
46 Sucedió que después de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
47 Todos los que lo oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas.
48 Cuando lo vieron, se maravillaron, y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué has hecho eso con nosotros? Mira, tu padre y yo te estábamos buscando con angustia”.
49 Entonces él les dijo: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar?”
50 Pero ellos no entendieron lo que les quiso decir.
51 Bajó con ellos y fue a Natséret, y permaneció sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
52 Y Yahoshúa crecía en sabiduría, en estatura y en el favor de Elohim y de los hombres.
1 En el año quince del gobierno de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Horedós tetrarca del Galil, su hermano Felipe tetrarca de las regiones de Iturea y de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia;
2 en tiempo de los sumos sacerdotes Anán y Kayafá, le llegó un mensaje de Elohim a Yojanán hijo de Zekharyah, en el desierto.
3 Entonces él anduvo por toda la región alrededor del Yardén, predicando la inmersión de arrepentimiento para perdón de pecados,
4 como está escrito en el libro de las declaraciones del profeta Yeshayahu, que dice: “Voz del que proclama en el desierto: ‘Preparen el camino de YHWH; enderecen sus senderos.
5 Que todo valle se rellene, y todo monte y colina ser allanen. Que los senderos torcidos se enderecen; y los caminos escabrosos se nivelen;
6 y toda persona verá la salvación de Elohim’.”
7 Yojanán les decía a las multitudes que iban a que él las sumergiera: “Generación de víboras, ¿quién les enseñó a huir de la ira venidera?
8 Pues produzcan los frutos del arrepentimiento y no se pongan a decir dentro de ustedes mismos: ‘A Avraham tenemos por padre’. Porque les digo que aun de estas piedras YHWH puede levantarle hijos a Avraham.
9 Además el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles. Así que todo árbol que no dé buen fruto se corta y se echa al fuego”.
10 Las multitudes le preguntaban: “Y ¿qué vamos a hacer?”
11 Él les respondía: “El que tiene dos túnicas que le dé al que no tiene, y el que tiene comida haga lo mismo”.
12 También fueron unos publicanos para sumergirse y le preguntaron: “Rabí, ¿qué haremos nosotros?”
13 El les decía: “No cobren más de lo que se les ha ordenado”.
14 También unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué haremos?” El les dijo: “No hagan extorsión ni denuncien falsamente a nadie, y conténtense con sus salarios”.
15 Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos especulaban en sus adentros si acaso Yojanán sería el Mashíaj,
16 Yojanán les respondió a todos, diciendo: “Yo, a la verdad, los sumerjo a ustedes en agua. Pero viene ya el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatarle la correa de su calzado. El los sumergirá en espíritu de santidad y fuego.
17 Tiene su aventador en la mano para limpiar su era y juntar el trigo en su granero, pero quemará la paja con fuego inextinguible”.
18 Y con éstas y muchas otras exhortaciones, le anunciaba las buenas nuevas al pueblo.
19 Pero el tetrarca Horedós, cuando recibió una reprensión de Yojanán con relación a Herodíah, la mujer de su hermano, y a todas las maldades que Horedós había hecho,
20 añadió a todo también esto: Encerró a Yojanán en la cárcel.
21 Sucedió que en el tiempo en que todo el pueblo iba a sumergirse, también Yahoshúa se sumergió. Y mientras oraba, se abrió el cielo,
22 y el espíritu de santidad descendió sobre él en forma corporal, como paloma. Luego vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti me he agradado”.
23 Yahoshúa tenía como treinta años cuando comenzó. Él era –según se creía– hijo de Yosef,
24 hijo [yerno] de Elí, hijo de Matat, hijo de Lewí, hijo de Melkhí, hijo de Yanay, hijo de Yosef,
25 hijo de Matityahu, hijo de Amóts, hijo de Najum, hijo de Jeslí,
26 hijo de Nagay, hijo de Májat, hijo de Matityahu, hijo de Shimí, hijo de Yosef, hijo de Yahudah,
27 hijo de Yojanán, hijo de Reishá, hijo de Zerubabel, hijo de Shaltiel,
28 hijo de Nerí, hijo de Malkhí, hijo de Adí, hijo de Kosham, hijo de Elmadán, hijo de Er,
29 hijo de Yahoshúa, hijo de Eliézer, hijo de Yoram, hijo de Matat,
30 hijo de Lewí, hijo de Shimón, hijo de Yahudah, hijo de Yosef, hijo de Yonam, hijo de Elyaqim,
31 hijo de Melah, hijo de Manah, hijo de Matatá, hijo de Natán,
32 hijo de Dawid, hijo de Yishay, hijo de Obed, hijo de Bóaz, hijo de Salmón, hijo de Najshón,
33 hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Jetsrón, hijo de Perets, hijo de Yahudah,
34 hijo de Yaaqov, hijo de Yitsjaq, hijo de Avraham, hijo de Téraj,
35 hijo de Najor, hijo de Serug, hijo de Reú, hijo de Péleg, hijo de Éber, hijo de Shélaj,
36 hijo de Keinán, hijo de Arpajshad, hijo de Shem, hijo de Nóaj,
37 hijo de Lémekh, hijo de Metushélah, hijo de Janokh, hijo de Yéred, hijo de Mahalalel, hijo de Keinán,
38 hijo de Enósh, hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Elohim.
1 Yahoshúa volvió del Yardén lleno de espíritu de santidad, y el espíritu lo llevó por el desierto,
2 durante cuarenta días, mientras el Acusador lo tentaba. No comió nada en aquellos días; y cuando se cumplieron, sintió hambre.
3 Entonces el Acusador le dijo: “Si eres Hijo de Elohim, dile a esta piedra que se convierta en pan”.
4 Yahoshúa le respondió: “Está escrito: ‘No sólo de pan vivirá el hombre’.”
5 Luego lo llevó a una altura, y en un momento le mostró todos los reinos de la tierra.
6 Y el Acusador le dijo: “A ti te daré todos estos dominios, y la gloria de ellos; porque a mí se me ha entregado, y se la doy a quien yo quiero.
7 Así que si tú me adoras, todo será tuyo”.
8 En respuesta Yahoshúa le dijo: “Está escrito: ‘A YHWH tu Elohim adorarás, y a él solo servirás’.”
9 Después lo llevó a Yerushaláyim y lo puso de pie sobre el alero del templo, y le dijo: “Si eres Hijo de Elohim, échate abajo desde aquí.
10 Porque está escrito: ‘A sus mensajeros dará órdenes acerca de ti para que te guarden,
11 y en sus manos te llevarán, para que nunca tropiece tu pie con una piedra’.”
12 En respuesta Yahoshúa le dijo: “Está dicho: ‘No pondrás a prueba a YHWH tu Elohim’.”
13 Cuando el Acusador acabó toda tentación, se apartó de él por algún tiempo.
14 Entonces Yahoshúa volvió en el poder del espíritu al Galil, y su fama se difundió por toda la tierra de alrededor.
15 El enseñaba en las sinagogas de ellos, y todos lo glorificaban.
16 Fue a Natséret, donde se había criado, y conforme a su costumbre, el día de Shabat entró en la sinagoga, y se levantó para leer.
17 Se le entregó el rollo del profeta Yeshayahu; y cuando abrió el rollo, encontró el lugar donde estaba escrito:
18 “El espíritu de YHWH está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos
19 y para proclamar el año agradable de YHWH”.
20 Después de enrollar el pergamino y devolverlo al asistente, se sentó. Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
21 Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura en sus oídos”.
22 Todos daban testimonio de él y estaban maravillados de las palabras [llenas] de gracia que salían de su boca, y decían: “¿No es éste el hijo de Yosef?
23 Entonces él les dijo: “Sin duda, ustedes me dirán este refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo. Hemos oído que sucedieron tantas cosas en Kefar Najum; haz lo mismo también aquí en tu tierra’.”
24 Y añadió: “En verdad les digo, que ningún profeta es aceptado en su tierra.
25 Pero en verdad les digo que había muchas viudas en Yisrael en los días de Eliyahu, cuando el cielo se cerró por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;
26 pero a ninguna de ellas fue enviado Eliyahu, sino a una viuda en Tsarfat de Tsidón.
27 También había muchos leprosos en Yisrael en el tiempo del profeta Elishá, pero ninguno de ellos fue sanado, sino el sirio Naamán”.
28 Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira,
29 y se levantaron y lo echaron fuera de la ciudad. Luego lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarlo.
30 Pero él pasó por en medio de ellos y se fue.
31 Entonces descendió a Kefar Najum, ciudad del Galil, y les enseñaba los Shabatot.
32 Y se asombraban de su enseñanza, porque su palabra tenía autoridad.
33 Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, y él exclamó a gran voz:
34 “¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Yahoshúa el Natsereno? ¿Has venido para destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Elohim”.
35 Yahoshúa lo reprendió, diciendo: “¡Cállate y sal de él!” Entonces el demonio salió de él, derribándolo allí en medio de todos, pero sin hacerle ningún daño.
36 Todos quedaron asombrados y se preguntaban entre ellos: “¿Qué palabra es ésa, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?”
37 Y su fama se divulgaba por todos los lugares de la región.
38 Después de levantarse y salir de la sinagoga, entró en casa de Shimón. La suegra de Shimón estaba postrada con una fuerte fiebre, y le rogaron por ella.
39 El se inclinó hacia ella y reprendió a la fiebre, y la fiebre se le quitó; y en seguida ella se levantó y comenzó a servirles.
40 Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas dolencias los trajeron donde él. Y él, al poner las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41 Y también de muchos salían demonios, dando gritos y diciendo: “¡Tú eres el Hijo de Elohim!” Pero él los reprendía y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que él era el Mashíaj.
42 Siendo ya de día, salió y se fue a un lugar desierto, y las multitudes lo buscaban. Acudieron a él y lo detenían para que no se apartara de ellos.
43 Pero él les dijo: “Necesito anunciar la Buena Noticia del reino de YHWH a otras ciudades también, porque para esto me han enviado”.
44 E iba predicando por las sinagogas del Galil.
1 En cierta ocasión, mientras las multitudes se agolpaban a su alrededor para escuchar la palabra de Elohim, Yahoshúa estaba de pie junto al lago de Kinéret,
2 y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían salido de ellas y estaban lavando sus redes.
3 Al entrar él en una de las barcas, que pertenecía a Shimón, le pidió a éste que lo alejara de tierra un poco. Luego se sentó y se puso a enseñarles a las multitudes desde la barca.
4 Cuando acabó de hablarles, le dijo a Shimón: “Boga mar adentro, y echen sus redes para pescar”.
5 Shimón le respondió: “Rabí, toda la noche hemos trabajado duro y no hemos pescado nada. Pero si tú lo dices echaré la red”.
6 Cuando lo hicieron, atraparon una gran cantidad de peces, y sus redes se rompían.
7 Hicieron señas a sus compañeros que estaban en el otro barco, para que vinieran a ayudarles. Ellos vinieron y llenaron ambas barcas, de manera que estaban por hundirse.
8 Shimón Kefá, al ver eso, cayó de rodillas ante Yahoshúa exclamando: “¡Apártate de mí, Maestro, porque soy un hombre pecador!”
9 Por la pesca que habían logrado, el temor se apoderó de Kefá y de todos los que estaban con él,
10 y de igual manera de Yaaqov y Yojanán, hijos de Zavday, que eran socios de Shimón. Entonces Yahoshúa le dijo a Shimón: “No temas; de aquí en adelante estarás pescando hombres”.
11 Después de sacar las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron.
12 Una vez, estando Yahoshúa en una de las ciudades, sucedió que había un hombre lleno de lepra. El vio a Yahoshúa, y postrándose sobre su rostro, le rogó: “Maestro, si quieres, puedes limpiarme”.
13 Entonces extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero. ¡Queda limpio!” Y al instante la lepra desapareció de él.
14 Yahoshúa le mandó que no se lo dijera a nadie; más bien, le dijo: “Ve y muéstrate al sacerdote y da por tu purificación la ofrenda que mandó Mosheh, para testimonio a ellos”.
15 Sin embargo, su fama se extendía cada vez más, y se reunían con él muchas multitudes para oírlo y para sanarse de sus enfermedades.
16 Pero él se apartaba a los lugares desiertos y oraba.
17 Uno de aquellos días que Yahoshúa estaba enseñando, estaban sentados allí unos fariseos y maestros de la Torah que habían venido de todas las aldeas del Galil, de Yahudah y Yerushaláyim. El poder de YHWH estaba con él para sanar.
18 Y en eso, unos hombres trajeron sobre una camilla a un hombre que era paralítico, y procuraban llevarlo adentro y ponerlo delante de Yahoshúa.
19 Al no encontrar cómo hacerlo a causa de la multitud, se subieron encima de la casa y junto con la camilla, lo bajaron por el tejado en medio, delante de Yahoshúa.
20 Al ver la fe de ellos, Yahoshúa le dijo: “Hombre, tus pecados se te perdonan”.
21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a razonar: “¿Quién es éste, que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Elohim?”
22 Pero Yahoshúa, dándose cuenta de los razonamientos de ellos, les respondió: “¿Qué razonan ustedes en sus corazones?
23 ¿Qué es más fácil? ¿Decir: ‘Tus pecados se te perdonan,’ o decir: ‘Levántate y anda’?
24 Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (le dijo al paralítico): A ti te digo: ¡Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!”
25 De inmediato se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en la que estaba acostado y se fue a su casa glorificando a Elohim.
26 El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Elohim. Se llenaron de temor y decían: “¡Hoy hemos visto maravillas!”
27 Después de esto, Yahoshúa salió y vio a un publicano llamado Lewí, sentado en el lugar de los tributos públicos. Y le dijo: “¡Sígueme!
28 El, dejando todo, se levantó y lo siguió.
29 Después Lewí le hizo un gran banquete en su casa, y había un gran número de publicanos y otros que estaban a la mesa con ellos.
30 Los fariseos y sus escribas se pusieron a murmurar contra los discípulos de él, diciendo: “¿Por qué ustedes comen y beben con los publicanos y pecadores?”
31 Yahoshúa les respondió: “Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos.
32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
33 Entonces ellos le dijeron: “Los discípulos de Yojanán ayunan muchas veces y hacen oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.
34 Yahoshúa les dijo: “¿Acaso pueden ustedes hacer que los que están de bodas ayunen mientras el novio está con ellos?
35 Pero vendrán días cuando les quitarán el novio. Entonces, en esos días ayunarán”.
36 Les dijo también una parábola: “Nadie corta un parcho de un vestido nuevo para remendar un vestido viejo. De otra manera, el vestido nuevo se rompe, y el parcho sacado del nuevo no armoniza con lo viejo.
37 Ni nadie echa vino nuevo en cueros viejos. De otra manera, el vino nuevo romperá los cueros, el vino se derramará, y los cueros se perderán.
38 Pero el vino nuevo debe echarse en cueros nuevos.
39 Y nadie que bebe el añejo quiere el nuevo, porque dice: “El añejo es el mejor”.
1 Sucedió un Shabat que Yahoshúa iba pasando por los sembrados, y sus discípulos arrancaban espigas y las comían, restregándolas con las manos.
2 Y algunos de los fariseos dijeron: “¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido hacer los Shabatot?”
3 En respuesta Yahoshúa dijo: “¿No han leído ustedes lo que hizo Dawid cuando tuvo hambre él y también los que estaban con él?
4 Entró en la casa de YHWH, tomó los panes de la Presencia, que no se permite comer sino sólo a los sacerdotes, y comió y les dio también a los que estaban con él”.
5 También les dijo: “El Hijo del Hombre es dueño del Shabat”.
6 Sucedió en otro Shabat que él entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
7 Los escribas y los fariseos lo acechaban para ver si lo sanaría en Shabat, para hallar de qué acusarlo.
8 Pero él, conociendo los razonamientos de ellos, le dijo al hombre que tenía la mano paralizada: “Levántate y ponte en el medio”. El se levantó y se puso en el medio.
9 Entonces Yahoshúa les dijo: “Yo les pregunto: ¿Está permitido en el Shabat hacer bien o hacer mal? ¿Salvar la vida o quitarla?”
10 Y mirándolos a todos en derredor, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. El lo hizo, y su mano le quedó restaurada.
11 Entonces ellos se llenaron de enojo y discutían unos con otros qué podrían hacer con Yahoshúa.
12 Sucedió en aquellos días que fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Elohim.
13 Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y de ellos escogió a doce, a quienes también llamó Enviados:
14 a Shimón al cual también llamó Kefá, y a su hermano Andrés; a Yaaqov y a Yojanán; a Felipe y a Bar-Talmay;
15 a Matityah y a Tomá; a Yaaqov hijo de Alfay, y a Shimón llamado el Patriota;
16 a Yahudah hijo de Yaaqov, y a Yahudah el Iscariote, que también llegó a ser el traidor.
17 Descendió con ellos y se detuvo en un llano, junto con un numeroso grupo de sus discípulos y un gran número de personas de toda Yahudah, de Yerushaláyim, y de las costas de Tsor y de Tsidón, que habían venido para oírlo y para sanarse de sus enfermedades.
18 Los que estaban atormentados por espíritus inmundos quedaban sanos,
19 y toda la gente procuraba tocarlo; porque salía poder de él, y sanaba a todos.
20 Y dirigiendo él la mirada a sus discípulos, dijo: “Felices ustedes los pobres, porque suyo es el reino de Elohim.
21 “Felices ustedes que ahora tienen hambre, porque serán saciados. “Felices ustedes que ahora lloran, porque reirán.
22 “Felices ustedes cuando la gente los aborrezca, cuando los excluyan y los insulten, y desprecien su nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
23 Gócense en ese día y salten de alegría, porque, miren, es grande la recompensa que hay para ustedes en el cielo; pues así hacían los padres de ellos con los profetas.
24 “Pero ¡pobres de ustedes los ricos! Porque reciben ya su consuelo.
25 “¡Pobres de ustedes, los que ahora están saciados! Porque tendrán hambre. “¡Pobres de ustedes, los que ahora se ríen! Porque lamentaran y llorarán.
26 “¡Pobres de ustedes, cuando toda la gente hable bien de ustedes! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas.
27 “Pero a ustedes los que oyen, les digo: Amen a sus enemigos y háganle el bien a los que los aborrecen;
28 bendigan a los que los maldicen y oren por los que los maltratan.
29 Al que te golpee en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
30 A cualquiera que te pida, dale; y al que coja lo que es tuyo, no se lo vuelvas a pedir.
31 “Y como quieren que los trate la gente a ustedes, así también trátenlos ustedes a ellos.
32 Porque si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Pues también los pecadores aman a los que los aman.
33 Y si le hacen el bien a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo.
34 Y si les prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? Pues también los pecadores les prestan a los pecadores para recibir el mismo trato.
35 “Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos y hagan el bien y presten sin esperar ningún provecho. Entonces su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo; porque él es bondadoso para con los ingratos y los perversos.
36 Sean compasivos, como también su Padre es compasivo.
37 “No juzguen, y no los juzgarán a ustedes. No condenen, y no los condenarán a ustedes. Perdonen, y se les perdonará.
38 Den, y se les dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se les dará en su regazo. Porque con la medida con que ustedes midan, se les volverá a medir”.
39 Entonces les dijo una parábola: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
40 El discípulo no es superior a su maestro, pero consumada la instrucción, cada uno será como su maestro.
41 ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano pero dejas de ver la viga que está en tu propio ojo?
42 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Hermano, déjame sacarte la paja de tu ojo,’ cuando no miras la viga que hay en tu ojo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que hay en el ojo de tu hermano.
43 “No es un buen árbol el que da malos frutos, ni es un árbol malo el que da buen fruto.
44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se recogen higos de los espinos, ni tampoco se vendimian uvas de una zarza.
45 La persona buena, del buen tesoro de su corazón, presenta lo bueno; y la persona mala, del mal tesoro de su corazón, presenta lo malo. Porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.
46 “¿Por qué me llaman: ‘Maestro, Maestro,’ y no hacen lo que digo?
47 Les voy a mostrar a qué se parece todo el que viene a mí y oye mis palabras, y las hace.
48 Se parece a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando vino una inundación, el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba bien construida.
49 Pero el que oye y no pone en práctica se parece a un hombre que edificó su casa sobre tierra, sin cimientos. El torrente golpeó con ímpetu contra ella; en seguida cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”.
1 Cuando concluyó su disertación al pueblo que lo escuchaba, entró en Kefar Najum.
2 En eso, el siervo de cierto centurión, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo y a punto de morir.
3 Cuando oyó hablar de Yahoshúa, le envió ancianos de los yahuditas para rogarle que fuera y sanara a su siervo.
4 Ellos fueron donde Yahoshúa y le rogaban con insistencia, diciéndole: “El es digno de que le concedas esto;
5 porque ama a nuestra nación y él mismo nos edificó la sinagoga”.
6 Yahoshúa fue con ellos. Y cuando ya no estaban muy lejos de su casa, el centurión le envió unos amigos para decirle: “Maestro, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo.
7 Por eso, no me tuve por digno de ir a ti. Más bien, di una palabra, y mi criado será sanado.
8 Porque yo también soy un hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mi mando. Y le digo a uno: “Vé”, y él va; le digo al otro: Ven”, y él viene; y le digo a mi siervo: “Haz esto”, y él lo hace”.
9 Cuando Yahoshúa oyó esto, se maravilló de él; y dándose vuelta, le dijo a la gente que lo seguía: “¡Les digo que ni siquiera en Yisrael he hallado tanta fe!”
10 Cuando volvieron a casa los Enviados, hallaron sano al siervo.
11 Al día siguiente él fue a la ciudad que se llama Naím. Sus discípulos y una gran multitud lo acompañaban.
12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, coincidió que llevaban a enterrar un muerto, el único hijo de su madre, la cual era viuda. Bastante gente de la ciudad la acompañaba.
13 Y cuando el Rabí la vio, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”.
14 Luego se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces le dijo: “Joven, a ti te digo: ¡Levántate!”
15 Entonces el que había muerto se sentó y comenzó a hablar. Y Yahoshúa se lo entregó a su madre.
16 El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Elohim diciendo: “¡Un gran profeta se ha levantado entre nosotros! ¡Elohim ha visitado a su pueblo!”
17 Y esto que se decía de él se difundió por toda Yahudah y por toda la tierra de alrededor.
18 A Yojanán le informaron sus discípulos acerca de todas estas cosas. Entonces Yojanán llamó a dos de sus discípulos
19 y los envió donde el Maestro, para preguntarle: “¿Eres tú el que había de venir, o debemos esperar a otro?”
20 Cuando los hombres llegaron donde Yahoshúa, le dijeron: “Yojanán el Inmersor nos ha enviado donde ti para preguntar: “¿Eres tú el que había de venir, o debemos esperar a otro?”
21 En aquella hora Yahoshúa sanó a muchos de enfermedades, de plagas y de espíritus malos; y a muchos ciegos les dio la vista.
22 Luego respondió y les dijo: “Vayan y háganle saber a Yojanán lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.
23 Feliz es el que no se ofende conmigo”.
24 Cuando se fueron los mensajeros de Yojanán, Yahoshúa comenzó a hablar de Yojanán a las multitudes: “¿Qué salieron ustedes a ver en el desierto? ¿Una vara sacudida por el viento?
25 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido de ropa delicada? Miren, los que llevan ropas lujosas y viven en placeres están en los palacios reales.
26 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? ¡Sí, les digo, y más que profeta!
27 El es aquel de quien está escrito: ‘Miren, yo envío mi mensajero delante de tu presencia, quien preparará tu camino delante de ti’.
28 Les digo que entre los nacidos de mujer, no hay ninguno mayor que Yojanán. Sin embargo, el más pequeño en el reino de Elohim es mayor que él”.
29 Al oírlo, todo el pueblo y los publicanos declararon justo a Elohim, al sumergirse con la inmersión de Yojanán.
30 Pero los fariseos y los intérpretes de la Torah rechazaron el propósito de Elohim para ellos, no dejándose sumergir por él.
31 “¿A qué compararé a los hombres de esta generación? ¿A qué se parecen?
32 Se parecen a los muchachos que se sientan en la plaza, y se gritan unos a otros: “Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron; entonamos canciones de duelo, y no lloraron”.
33 Porque ha venido Yojanán el Inmersor, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen que tiene un demonio.
34 Ha venido el Hijo del Hombre que come y bebe, y ustedes dicen: “¡Ahí tienen, un hombre comelón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores!”
35 Pero la sabiduría queda vindicada por todos sus hijos”.
36 Uno de los fariseos le pidió que comiera con él; y cuando entró en la casa del fariseo, se sentó a la mesa.
37 En eso, cuando supo que Yahoshúa estaba a la mesa en casa del fariseo, una mujer conocida como pecadora en la ciudad llevó un frasco de mármol con perfume.
38 Se puso detrás de Yahoshúa, a sus pies, y llorando, comenzó a mojar los pies de él con sus lágrimas; y los secaba con los cabellos de su cabeza. Y le besaba los pies y los ungía con el perfume.
39 Al ver esto el fariseo que lo había invitado a comer, se dijo a sí mismo: “Si éste fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, porque es una pecadora.
40 Entonces, Yahoshúa le respondió: “Shimón, tengo algo que decirte”. El dijo: “Dilo, Rabí”.
41 “Cierto acreedor tenía dos deudores: Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta.
42 Como ellos no tenían con qué pagar, los perdonó a ambos. Entonces, ¿cuál de ellos lo amará más?”
43 En respuesta Shimón dijo: “Supongo que aquel a quien perdonó más”. Y él le dijo: “Has juzgado correctamente”.
44 Y vuelto hacia la mujer, le dijo a Shimón: “¿Ves esta mujer? Yo entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; pero ésta ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos.
45 Tú no me diste un beso, pero desde que entré, ésta no ha cesado de besarme los pies.
46 Tú no ungiste mi cabeza con aceite, pero ésta ha ungido mis pies con perfume.
47 Por lo cual, te digo que sus muchos pecados quedan perdonados, porque amó mucho. Pero al que se le perdona poco, poco ama”.
48 Y a ella le dijo: “Tus pecados quedan perdonados”.
49 Los que estaban con él a la mesa comenzaron a decir entre ellos: “¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?”
50 Entonces Yahoshúa le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.
1 Después de esto, él andaba de ciudad en ciudad y de aldea en aldea, predicando y anunciando la Buena Noticia del reino de Elohim. Los Doce iban con él,
2 y también algunas mujeres que se habían sanado de espíritus malignos y de enfermedades: Miryam, llamada la Magdalena, de la cual habían salido siete demonios;
3 Yojana, la mujer de Kuza, administrador de Horedós; Shoshaná, y muchas otras. Ellas les servían con sus bienes.
4 Cuando se juntó una gran multitud de los que acudían a él de cada ciudad, les habló por medio de una parábola:
5 “Un sembrador salió a sembrar su semilla. Mientras sembraba, una parte cayó junto al camino y la pisotearon; y las aves del cielo se la comieron.
6 Otra parte cayó sobre la roca, y cuando creció, se secó, porque no tenía humedad.
7 Otra parte cayó entre los espinos, y los espinos crecieron al mismo tiempo y la ahogaron.
8 Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando creció, produjo fruto a ciento por uno”. Al hablar de estas cosas, exclamó: “El que tiene oídos para oír, que oiga”.
9 Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola.
10 Y él dijo: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino de Elohim; pero a los demás [les hablo] en parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 “Esto es lo que significa la parábola: La semilla es la palabra de YHWH.
12 Los de junto al camino son los que oyen, pero luego viene el Acusador y quita la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
13 Los de sobre la roca son los que, cuando oyen, reciben la palabra con gozo. Pero éstos no tienen raíz; por un tiempo creen y en el tiempo de la prueba se apartan.
14 En cuanto a la parte que cayó entre los espinos, éstos son los que oyeron; pero mientras siguen su camino, quedan ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a la madurez.
15 Pero en cuanto a la parte que cayó en buena tierra, éstos son los que, al oír con corazón bueno y recto, retienen la palabra oída; y producen fruto con perseverancia.
16 “Nadie que enciende una lámpara la cubre con una vasija, o la pone debajo de la cama, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
17 Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
18 Por eso, fíjense bien en lo que oyen; porque a todo el que produzca, se le dará, y a todo el que no produzca, hasta lo que piense tener se le quitará”.
19 En eso vinieron a verlo su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la multitud.
20 Entonces le avisaron: “Tu madre y tus hermanos están afuera, ydesean verte”.
21 Pero él les dijo en respuesta: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Elohim y la ponen en práctica.
22 En el transcurso de uno de aquellos días, él abordó una embarcación con sus discípulos; y les dijo: “Pasemos a la otra orilla del lago”. Y zarparon.
23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Entonces se desató una tempestad de viento en el lago, y ellos se iban anegando y peligraban.
24 Acercándose a él, lo despertaron diciendo: “¡Rabí, Rabí! ¡Perecemos!” Él se despertó, reprendió al viento y al oleaje del agua; y se apaciguaron, y sobrevino la calma.
25 Entonces les dijo: “¿Dónde está la fe de ustedes?” Atemorizados, se maravillaron diciéndose unos a otros: “¿Quién es éste, que manda aun a los vientos y al agua, y le obedecen?”
26 Navegaron a la tierra de los gadarenos, que está frente al Galil.
27 Al bajarse él a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad, el cual tenía demonios. Desde hacía mucho tiempo no había llevado ropa, ni vivía en una casa, sino entre los sepulcros.
28 Pero cuando vio a Yahoshúa, gritó, se postró delante de él y dijo con voz fuerte: “¿Qué tienes conmigo, Yahoshúa, Hijo de Elohim Altísimo? ¡Te ruego que no me atormentes!”
29 Porque Yahoshúa había mandado al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues se había apoderado de él desde hacía mucho tiempo. Para protegerlo, lo ataban con cadenas y con grillos, pero él rompía las ataduras y el demonio lo impelía a los desiertos.
30 Yahoshúa le preguntó: “¿Cómo te llamas?” Y él dijo: “Legión”. Porque eran muchos los demonios que habían entrado en él;
31 y le rogaban que no los mandara al abismo.
32 Había allí un hato de muchos cerdos que pacía en la montaña; y le rogaron que los dejara entrar en ellos, y él les dio permiso.
33 Cuando los demonios salieron del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.
34 Los que apacentaban los cerdos, al ver lo que había sucedido, huyeron y dieron aviso en la ciudad y por los campos.
35 La gente salió a ver lo que había sucedido; y cuando llegaron donde Yahoshúa hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Yahoshúa, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
36 Los que lo habían visto les contaron cómo se había salvado aquel endemoniado.
37 Entonces toda la multitud de la región de los gadarenos le rogó que se apartara de ellos, porque tenían mucho temor. Yahoshúa subió a la barca y regresó.
38 El hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que lo dejara seguir con él. Pero Yahoshúa le respondió:
39 “Vuelve a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho por ti Elohim”. Y él se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Yahoshúa por él.
40 Al regresar Yahoshúa, toda la gente lo recibió gozosa, porque todos lo esperaban.
41 Y en eso vino un hombre llamado Yaír, que era principal de la sinagoga. Se postró a los pies de Yahoshúa y le imploró que fuera a su casa,
42 porque tenía una hija única, de unos doce años, que se estaba muriendo. Mientras él iba, las multitudes lo apretujaban.
43 Y una mujer, que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años (la cual, aunque había gastado todo su patrimonio en médicos, ninguno la pudo sanar),
44 se le acercó por detrás y tocó el borde del manto de Yahoshúa. De inmediato se detuvo su flujo.
45 Entonces dijo Yahoshúa: “¿Quién fue el que me tocó?” Y como todos negaban, Kefá le dijo: “Rabí, las multitudes te aprietan y presionan”.
46 Yahoshúa dijo: “Alguien me ha tocado, porque yo sé que ha salido poder de mí”.
47 Entonces, cuando la mujer vio que no había pasado inadvertida, vino temblando; y postrándose delante de él, declaró ante todo el pueblo por qué motivo lo había tocado, y cómo había quedado sana al instante.
48 El le dijo: “Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz”.
49 Aún estaba él hablando, cuando vino uno de la casa del principal de la sinagoga para decirle: “Tu hija ha muerto. No molestes más al Rabí”.
50 Al oír esto, Yahoshúa le respondió: “No temas; sólo ten fe, y ella se salvará”.
51 Cuando llegó a la casa, no dejó entrar consigo a nadie, sino sólo a Kefá, a Yojanán, a Yaaqov, y al padre y a la madre de la niña.
52 Todos lloraban y lamentaban por ella. Pero él dijo: “No lloren. Ella no está muerta, sino dormida”.
53 Ellos se burlaban de él, sabiendo que ella había muerto.
54 Pero él la tomó de la mano, y dijo con voz fuerte: “Niña, levántate”.
55 Entonces le volvió el aliento, y al instante se levantó. Y él ordenó que le dieran de comer.
56 Sus padres quedaron asombrados, y él les encargó que no le dijeran a nadie lo que había sucedido.
1 Después de reunir a los Doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades.
2 Los envió a proclamar el reino de Elohim y a sanar a los enfermos.
3 Y les dijo: “No lleven nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero; ni tengan dos túnicas.
4 En cualquier casa en que entren, alójense allí hasta que se vayan del lugar.
5 Y dondequiera que no los reciban, al salir de aquella ciudad, sacudan el polvo de sus pies como testimonio contra ellos”.
6 Ellos salieron y pasaban de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y sanando por todas partes.
7 El tetrarca Horedós oyó de todo lo que estaba pasando; y estaba perplejo, porque algunos decían que Yojanán había resucitado de los muertos.
8 Otros decían que Eliyahu había aparecido, y otros que alguno de los antiguos profetas había resucitado.
9 Pero Horedós dijo: “A Yojanán yo lo decapité. ¿Quién, será éste de quien escucho tales cosas?” Y procuraba verlo.
10 Cuando los Enviados regresaron, le contaron a Yahoshúa todo lo que habían hecho. Y él los llevó consigo y se retiró aparte a la ciudad llamada Bet-Tsaidah.
11 Pero al saberlo las multitudes, lo siguieron; y él los recibió y les hablaba del reino de Elohim y sanaba a los que tenían necesidad de sanación.
12 El día comenzó a declinar, y los Doce se le acercaron y le dijeron: “Despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los campos de alrededor, y se alojen y hallen comida, porque aquí estamos en un lugar desierto.
13 El les dijo: “Denles ustedes de comer”. Pero ellos dijeron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros y compremos comida para todo este pueblo”.
14 Porque eran como cinco mil hombres. Entonces les dijo a sus discípulos: “Hagan que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno”.
15 Y así lo hicieron, haciendo que todos se sentaran.
16 Entonces Yahoshúa tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, los bendijo. Luego los partió e iba dándoselos a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente.
17 Todos comieron y se saciaron, y de lo que sobró recogieron doce canastas de pedazos.
18 En una ocasión estaba él orando aparte, sus discípulos estaban con él, y les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”
19 Ellos respondieron: “Unos, que Yojanán el Inmersor; otros, que Eliyahu; y otros, que alguno de los antiguos profetas ha resucitado”.
20 Entonces les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” Entonces Kefá respondió y dijo: “El Mashíaj de YHWH”.
21 Pero él les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.
22 Y les dijo: “Es necesario que el Hijo del Hombre pase muchos sufrimientos, y que lo rechacen los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y que lo maten y que resucite al tercer día”.
23 Les decía entonces a todos: “Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su madero cada día y sígame.
24 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la salvará.
25 Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y se destruye o se pierde a sí mismo?
26 Pues el que se avergüence de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria y la del Padre y la de los santos mensajeros.
27 Y les digo, en verdad, que hay algunos de los que están aquí presentes que no experimentarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Elohim”.
28 En efecto, como ocho días después de estas palabras, él llevó consigo a Kefá, a Yojanán y a Yaaqov, y subió al monte a orar.
29 Y mientras oraba, la apariencia de su rostro se transformó, y sus vestiduras se pusieron blancas y resplandecientes.
30 Y vieron a dos hombres que hablaban con él. Eran Mosheh y Eliyah,
31 que aparecieron en gloria y hablaban de la partida de él, que se iba a verificar en Yerushaláyim.
32 Kefá y sus compañeros estaban cargados de sueño; pero se mantuvieron vigilando y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
33 En el momento en que ellos se alejaban de él, Kefá le dijo a Yahoshúa, sin saber lo que decía: “Rabí, es bueno que nos quedemos aquí. Así que levantemos tres enramadas: una para ti, otra para Mosheh y otra para Eliyah”.
34 Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y les hizo sombra. Y ellos tuvieron temor cuando entraron en la nube.
35 Entonces de la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo, el Escogido. Oiganlo a él”.
36 Cuando cesó la voz, Yahoshúa se hallaba solo. Y ellos callaron, y en aquellos días no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
37 Al día siguiente, cuando bajaban del monte, una gran multitud le salió al encuentro.
38 Y un hombre de la multitud clamó diciendo: “Rabí, te ruego que veas a mi hijo, que es el único que tengo.
39 Sucede que un espíritu se posesiona de él, y de repente grita y lo convulsiona con espumarajos; lo estropea y difícilmente se aparta de él.
40 Yo les rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron”.
41 Yahoshúa respondió: “¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Trae a tu hijo acá”.
42 Y mientras aún se acercaba, el demonio lo derribó y lo convulsionó. Pero Yahoshúa reprendió al espíritu inmundo y sanó al muchacho, y se lo entregó a su padre.
43 Y todos se maravillaban de la grandeza de Elohim. Como todos se maravillaban de todas las cosas que hacía, les dijo a sus discípulos:
44 “Dejen que penetren en sus oídos estas palabras: que al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres”.
45 Pero ellos no entendían esta declaración, pues les resultaba obscura, así que no la comprendían. Y temían preguntarle acerca de esa declaración.
46 Una vez hubo una discusión entre los discípulos: cuál de ellos sería el más importante.
47 Pero Yahoshúa, percibiendo los razonamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso a su lado,
48 y les dijo: “Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre me recibe a mí; y cualquiera que me reciba a mí recibe al que me envió. Porque el que es más pequeño entre todos ustedes, ése es el más importante”.
49 Entonces Yojanán intervino y dijo: “Rabí, vimos a cierto hombre echando fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros”.
50 Yahoshúa le dijo: “No se lo prohiban. Porque el que no está contra ustedes, está con ustedes”.
51 Sucedió que, cuando se cumplía el tiempo en que habrían de recibirlo arriba, decidió resuelta-mente ir a Yerushaláyim.
52 Envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los shomronitas para hacerle preparativos;
53 pero allí no lo recibieron porque vieron que estaba resuelto a ir a Yerushaláyim.
54 Al ver esto sus discípulos Yaaqov y Yojanán, le dijeron: “Maestro, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?”
55 El se dio vuelta y los reprendió,
56 y fueron a otra aldea.
57 Mientras ellos iban por el camino, cierto hombre le dijo: “¡Te seguiré a dondequiera que vayas!”
58 Yahoshúa le dijo: “Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo tienen nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”.
59 A otro le dijo: “Sígueme”. Pero él dijo: “Maestro, permíteme ir primero a enterrar a mi padre”.
60 Y Yahoshúa le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú, ¡vé y anuncia el reino de Elohim!”
61 Entonces también dijo otro: “Te seguiré, Maestro, pero primero permite que me despida de los que están en mi casa”.
62 Pero Yahoshúa le dijo: “Ninguno que ha puesto su mano en el arado y sigue mirando atrás, es apto para el reino de Elohim.
1 Después de estas cosas, el Maestro, designó a otros setenta, a los cuales envió delante de él de dos en dos, a toda ciudad y lugar a donde él había de ir.
2 Y les decía: “En verdad, la cosecha es mucha, pero los obreros son pocos. Así que ruéguenle al Dueño de la cosecha, que envíe obreros a su cosecha.
3 ¡Vayan! Miren que yo los envío como corderos en medio de lobos.
4 No lleven bolsa, ni alforjas, ni calzado; ni saluden a nadie por el camino.
5 “En cualquier casa donde entren, primeramente digan: ‘La paz sea en esta casa’.
6 Si hay allí un hijo de paz, la paz de ustedes reposará sobre él; pero si no, volverá a ustedes.
7 Alójense en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que les den; porque el obrero es digno de su salario. No anden de casa en casa.
8 En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les pongan delante.
9 Sanen a los enfermos que haya allí y díganles: ‘El reino de Elohim se ha acercado a ustedes’.
10 “Pero en cualquier ciudad donde entren y no los reciban, salgan a sus calles y digan:
11 ‘Hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra ustedes. Pero sepan esto: que el reino de Elohim se ha acercado’.
12 Les digo que en aquel día será más tolerable [el castigo] para Sedom que para aquella ciudad.
13 “¡Pobre de ti, Korazín! ¡Pobre de ti, Bet-Tsaidah! Porque si se hubieran realizado en Tsor y en Tsidón los hechos portentosos que se han realizado en ustedes, desde hace tiempo se habrían arrepentido sentados en saco y ceniza.
14 Por lo tanto, en el juicio será más tolerable [el castigo] para Tsor y Tsidón que para ustedes.
15 Y tú, Kefar Najum, ¿te exaltarán hasta el cielo? ¡Hasta la Fosa te hundirán!
16 El que los escucha me escucha a mí; el que los rechaza me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza al que me envió”.
17 Los setenta volvieron con gozo, diciendo: “Maestro, ¡hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre!”
18 El les dijo: “Yo vi al Satán caer del cielo como un rayo.
19 Miren, les doy autoridad de pisar serpientes, escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo; y nada los dañará.
20 Sin embargo, no se regocijen de esto, de que los espíritus se les sujeten, sino regocíjense de que sus nombres están inscritos en los cielos”.
21 En aquel mismo momento Yahoshúa se regocijó en el espíritu de santidad y dijo: “Yo te alabo, Padre, Soberano del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos y se las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
22 Todas las cosas me las ha entregado mi Padre. Nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.
23 Volviéndose a los discípulos les dijo aparte: “Felices los ojos que ven lo que ven ustedes.
24 Porque les digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
25 En eso cierto maestro de la Torah se levantó para probarlo, diciendo: “Rabí, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?”
26 Y él le dijo: “¿Qué está escrito en la Torah? ¿Cómo lees?”
27 El le respondió: “Amarás a YHWH tu Elohim con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”.
28 Le dijo: “Has respondido bien. Haz esto y vivirás”.
29 Pero él, queriendo justificarse, le preguntó a Yahoshúa: “¿Y quién es mi prójimo?”
30 En respuesta Yahoshúa le dijo: “Cierto hombre bajaba de Yerushaláyim a Yerejó y cayó en manos de ladrones, quienes lo despojaron de su ropa, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
31 Por casualidad, descendía cierto sacerdote por aquel camino; y al verlo, pasó de largo.
32 De igual manera, un lewita también llegó al lugar; y al ir a verlo, pasó de largo.
33 Pero cierto shomronita, que iba de viaje, llegó cerca de él; y al verlo, se llenó de compasión.
34 Acercándose a él, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino. Y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él.
35 Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al mesonero diciéndole: ‘Cuídamelo, que todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando vuelva’.
36 ¿Cuál de estos tres te parece haber sido el prójimo de aquel que cayó en manos de ladrones?”
37 El dijo: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Yahoshúa le dijo: “Vé y haz tú lo mismo”.
38 Prosiguiendo ellos su camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
39 Esta tenía una hermana que se llamaba Miryam, la cual se sentó a los pies del Rabí y se puso a escuchar su palabra.
40 Pero Marta estaba preocupada con muchos quehaceres, y acercándose dijo: “Maestro, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado servir sola? Dile, pues, que me ayude”.
41 Pero el Maestro le respondió: “Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas.
42 Pero una sola cosa es necesaria. Pues Miryam ha escogido la buena parte, la cual no se le quitará”.
1 Una vez estaba Yahoshúa orando en cierto lugar; y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Maestro, enséñanos a orar, como también Yojanán enseñó a sus discípulos”.
2 El les dijo: “Cuando ustedes oren, digan: “Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino;
3 el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy;
4 y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende. Y no nos dejes caer en tentación”.
5 Les dijo también: “Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo y va donde él a medianoche y le dice: ‘Amigo, préstame tres panes,
6 porque ha llegado a mi casa un amigo que está de viaje, y no tengo nada que ponerle delante”.
7 Y que él le conteste desde adentro: ‘No me molestes; ya está cerrada la puerta, y mis niños están conmigo en la cama; no puedo levantarme para dártelos’?
8 Les digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, ciertamente por la insistencia de aquél se levantará y le dará todo lo que necesite.
9 “Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá.
10 Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abrirá.
11 “¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide pescado, en lugar de pescado le daría una serpiente?
12 O si le pide un huevo, ¿le daría un escorpión?
13 Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenos regalos a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial dará el espíritu de santidad a los que le pidan?”
14 Una vez estaba echando fuera un demonio que era mudo; y sucedió que, cuando salió el demonio, el mudo habló; y las muchedumbres quedaron asombradas.
15 Pero algunos de ellos dijeron: “Por Báal-zebul, el príncipe de los demonios, éste expulsa a los demonios”.
16 Otros, para probarlo, le pedían una señal del cielo.
17 Pero como él conocía los razonamientos de ellos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo está arruinado, y cae casa sobre casa.
18 Pues si el Satán está dividido contra sí mismo, ¿cómo podrá permanecer en pie su reino? Porque ustedes dicen que por Báal-zebul yo expulso a los demonios.
19 Y si yo expulso a los demonios por Báal-zebul, ¿por quién los expulsan los hijos de ustedes? Por tanto, ellos serán sus jueces.
20 Pero si es por el dedo de Elohim que yo expulso a los demonios, ciertamente ha llegado a ustedes el reino de YHWH.
21 Cuando el hombre fuerte y armado vigila su propia casa, sus posesiones están en paz.
22 Pero si viene uno más fuerte que él y lo vence, le quita todas las armas en que confiaba y reparte sus despojos.
23 El que no está conmigo, está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama.
24 “Cuando un espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa de donde salí’.
25 Y cuando regresa, la encuentra barrida y adornada.
26 Entonces va y trae otros siete espíritus peores que él. Y después de entrar, habitan allí; y el estado final de ese hombre llega a ser peor que el primero”.
27 Mientras él decía estas cosas, sucedió que una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: “¡Feliz el vientre que te llevó y los pechos que mamaste!”
28 Y él dijo: “Más bien, felices son los que oyen la palabra de Elohim y la ponen en práctica”.
29 Cuando se apiñaron las multitudes a su alrededor, él comenzó a decir: “Esta generación es una generación malvada. Pide una señal, pero no se le dará ninguna señal, sino la señal de Yonah.
30 Porque como Yonah fue una señal para los habitantes de Nineweh, así también lo será el Hijo del Hombre para esta generación.
31 “La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Shelomoh. ¡Y sucede que uno mayor que Shelomoh está en este lugar!
32 “Los hombres de Nineweh se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron ante la proclamación de Yonah. ¡Y sucede que uno mayor que Yonah está en este lugar!
33 “Al encender una lámpara nadie la pone en oculto, ni debajo de un cajón, sino sobre un candelero para que todos los que entren vean la luz.
34 Lo que hace agradable a tu persona es tu disposición. Cuando tu disposición es generosa, toda tu persona es agradable; pero cuando es mezquina, tu persona es desagradable.*
35 Entonces cuídate, no sea que lo que hay de agradable en ti se vuelva desagradable.
36 Así que, si toda tu persona es agradable y no tiene ninguna parte desagradable, todo será agradable, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor”.
37 Cuando Yahoshúa acabó de hablar, un fariseo le rogó que comiera con él; y él entró en su casa, y se sentó a la mesa.
38 El fariseo se asombró al ver que no se lavó antes de comer.
39 Entonces el Maestro le dijo: “Ustedes los fariseos limpian el exterior de la copa o del plato, pero su interior está lleno de rapiña y de maldad.
40 Necios, ¿el que hizo lo de fuera no hizo también lo de dentro?
41 Pero den con misericordia de las cosas que están dentro, y verán que todas las cosas les serán limpias.
42 “¡Pobres de ustedes, fariseos! Porque diezman la menta, la ruda y toda hortaliza, pero pasan por alto el juicio y el amor de YHWH. Es necesario hacer estas cosas, sin pasar por alto aquéllas.
43 “¡Pobres de ustedes, fariseos! Porque aman los primeros asientos en las sinagogas y los saludos en las plazas.
44 “¡Pobres de ustedes! Porque son como sepulcros ocultos, y los hombres que andan por encima no lo saben”.
45 Uno de los maestros de la Torah le dijo en respuesta: “Rabí, cuando dices esto, también nos insultas a nosotros”.
46 Y él le dijo: “¡Pobres de ustedes también, maestros de la Torah! Porque les imponen a los hombres cargas que no pueden llevar, pero ustedes mismos no las tocan ni aun con uno de sus dedos.
47 “¡Pobres de ustedes! Porque edifican los sepulcros de los profetas, ¡después que los padres de ustedes los mataron.
48 Con eso, son testigos y dan su consentimiento a las obras de sus padres; porque a la verdad ellos los mataron, pero ustedes edifican sus sepulcros.
49 Por esto, la sabiduría de Elohim también dijo: ‘Les enviaré profetas y Enviados; y de ellos, a unos los matarán y a otros los perseguirán;’
50 para que a esta generación se le demande la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo;
51 desde la sangre de Hébel hasta la sangre de Zekharyah, quien pereció entre el altar y el santuario. Así les digo, la sangre de ellos se le demandará a esta generación.
52 “¡Pobres de ustedes, maestros de la Torah! Porque han quitado la llave del conocimiento. Ustedes mismos no entraron, y a los que iban a entrar se lo han impedido”.
53 Cuando salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a presionarlo mucho y a provocarlo para que hablara de muchas cosas,
54 acechándolo para poder acusarlo por algo que dijera.
1 Mientras tanto, miles y miles de personas se habían reunido, en tal conglomeración que se atropellaban unos a otros. Él comenzó a decir primeramente a sus discípulos: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
2 Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse; ni nada escondido que no llegue a saberse.
3 Por eso, lo que ustedes han dicho en las tinieblas, a la luz del día se oirá; y lo que han hablado al oído en las habitaciones, se pregonará desde las azoteas.
4 “Y les digo a ustedes mis amigos: No teman a los que matan el cuerpo, y después no hay nada más que puedan hacer.
5 Pero yo les enseñaré a quién deben temer: Témanle a Aquel que, después de matar, tiene poder de echar en el Crematorio. Sí, les digo: A ese es que hay temer.
6 “¿No se venden cinco pajaritos por dos monedas? Sin embargo ni uno de ellos queda olvidado delante de Elohim.
7 Pues aun los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. No teman; ustedes valen más que muchos pajaritos.
8 “Además les digo, que a todo el que me reconozca delante de los hombres, también el Hijo del Hombre lo reconocerá delante de los mensajeros de Elohim;
9 pero al que me niegue delante de los hombres lo negará delante de los mensajeros de Elohim.
10 A todo el que diga una palabra en contra del Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el espíritu de santidad, no se le perdonará.
11 “Cuando los lleven a las sinagogas y a los magistrados y autoridades, no se preocupen de cómo o qué van a responder, o qué van a decir.
12 Porque el espíritu de santidad les enseñará en aquel momento lo que se debe decir”.
13 Entonces uno de entre la multitud le dijo: “Rabí, dile a mi hermano que parta conmigo la herencia”.
14 Y él le dijo: “Hombre, ¿quién me ha puesto como juez o repartidor sobre ustedes?”
15 Y les dijo: “Miren, cuídense de toda codicia, porque la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
16 Entonces les refirió una parábola, diciendo: “Las tierras de un hombre rico habían producido mucho.
17 Y él cavilaba diciéndose a sí mismo: ‘¿Qué haré? Porque ya no tengo dónde almacenar mis productos’.
18 Entonces dijo: ‘Esto es lo que voy a hacer: voy a derribar mis graneros para edificar otros más grandes: allí almacenaré todo mi grano y mis bienes.
19 Luego podré decirme: Hombre, tienes muchos bienes almacenados para muchos años: descansa, come, bebe, alégrate’”.
20 Pero Elohim le dijo: ‘Necio, esta noche vienen a reclamar tu vida; y lo que has amontonado, ¿para quién será?’
21 Así pasa con el que acumula tesoro para sí mismo pero no es rico para con Elohim”.
22 Dijo también a sus discípulos: “Por tanto les digo: No se afanen por su vida, qué habrán de comer; ni por su cuerpo, qué habrán de vestir.
23 Porque la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa.
24 Fíjense en los cuervos, que ni siembran, ni cosechan, ni tienen almacenes ni graneros; y Elohim los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves!
25 ¿Y quién de ustedes, por más ansioso que se ponga, podrá añadir un codo a su estatura?
26 Pues si no pueden hacer lo que es menos, ¿por qué se ponen ansioso por lo demás?
27 “Fíjense en los lirios, cómo crecen. No trabajan, ni hilan; sin embargo les digo que ni aun Shelomoh, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
28 Si Elohim viste así la hierba, que hoy está en el campo y mañana la echan en el horno, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
29 “Así que ustedes no estén pendientes de qué van a comer o qué van a beber, ni se desesperen.
30 Porque la gente del mundo busca ansiosamente todas estas cosas; pero su Padre sabe que tienen necesidad de ellas.
31 Ustedes más bien, busquen Su reino, y estas cosas se les darán por añadidura.
32 No teman, rebaño pequeño, porque su Padre se complace en darles el reino.
33 “Vendan sus bienes y hagan obras de caridad. Hagan bolsas que no se envejecen, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni destruye la polilla.
34 Porque donde esté su tesoro, allí también estará su corazón.
35 “Tengan su cintura ceñida y sus lámparas encendidas.
36 Y sean como los siervos que esperan que su amo vuelva de las bodas, para abrirle enseguida cuando llegue y llame.
37 Felices aquellos siervos a quienes el amo los encuentre velando cuando llegue. En verdad les digo que él mismo se ceñirá y los hará sentarse a la mesa, y se pondrá a servirles.
38 Aunque llegue en la segunda vigilia, o en la tercera vigilia, si los halla así, ¡felices ellos!
39 “Sepan que si el dueño de casa supiera a qué hora va a venir un ladrón, no permitiría que forzara la entrada a su casa.
40 Ustedes también estén preparados, porque cuando menos lo piensen vendrá el Hijo del Hombre”.
41 Entonces Kefá le dijo: “Maestro, ¿dices esa parábola para nosotros, o también para todos?”
42 Y dijo el Maestro: “¿Quién es, entonces, el mayordomo fiel y prudente, a quien el amo pondrá a cargo de su familia para que les dé sus raciones a su tiempo?
43 Feliz será aquel siervo a quien su amo, cuando venga, lo encuentre haciendo así.
44 En verdad les digo que lo pondrá sobre todos sus bienes.
45 “Pero si aquel siervo dice en su corazón: ‘Mi amo tarda en venir,’ y comienza a maltratar a los criados y a las criadas, y a comer y a beber y a emborracharse,
46 vendrá el amo de aquel siervo el día en que menos lo espera y a la hora que menos se imagina, y lo castigará severamente y pondrá su parte con los incrédulos.
47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su amo pero no se preparó ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.
48 Pero el que no entendió, aunque hizo cosas dignas de azotes, recibirá pocos azotes. Porque a todo el que se le ha dado mucho, mucho se le exigirá; y al que se le ha encomendado mucho, se le pedirá más.
49 “Yo he venido a encender un fuego en la tierra. ¡Y qué más quiero, si ya está encendido!
50 Pero tengo una inmersión por la cual pasar, ¡y cómo me angustio hasta que se cumpla!
51 ¿Piensan ustedes que he venido a poner paz en la tierra? ¡Les digo que no, sino a causar división!
52 Porque de aquí en adelante cinco en una casa estarán divididos: tres contra dos y dos contra tres.
53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra”.
54 Les decía también a las multitudes: “Cuando ustedes ven una nube que sube del poniente, enseguida dicen: ‘Va a llover’. Y así sucede.
55 Cuando sopla el viento del sur, dicen: ‘Va a hacer calor’. Y así pasa.
56 Hipócritas, saben interpretar el aspecto del cielo y de la tierra, ¿y cómo no saben interpretar este tiempo?
57 “¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
58 Pues cuando vayas ante el magistrado con tu adversario, haz lo posible por arreglarte con él en el camino, no sea que te arrastre al juez y el juez te entregue al policía, y el policía te meta en la cárcel.
59 Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
1 En aquella ocasión estaban presentes algunos que le contaron sobre ciertos galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la sangre de sus sacrificios.
2 Y él les respondió: “¿Piensan que aquellos galileos, porque padecieron esas cosas, habían sido más pecadores que todos los galileos?
3 Les digo que no; y ustedes si no se arrepienten, todos perecerán igualmente.
4 “O aquellos dieciocho sobre quienes cayó la torre de Shilóaj y los mató, ¿piensan que ellos habían sido más culpables que todos los hombres que viven en Yerushaláyim?
5 Les digo que no; y ustedes si no se arrepienten, todos perecerán de la misma manera”.
6 Entonces dijo esta parábola: “Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña, y cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró.
7 Entonces le dijo al viñador: ‘Mira, hace ya tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo encuentro. Así que córtala. ¿Por qué va a desperdiciar el terreno?’
8 Pero él le respondió: “Maestro, déjala todavía este año, hasta que yo le cave alrededor y le eche estiércol.
9 Si da fruto en el futuro, bien; y si no, entonces la cortas’.”
10 Un Shabat estaba enseñando en una de las sinagogas,
11 y estaba allí una mujer que tenía un espíritu de enfermedad desde hacía dieciocho años; andaba encorvada y no podía enderezarse por completo.
12 Cuando Yahoshúa la vio, la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”.
13 Puso las manos sobre ella, y al instante se enderezó y se puso a glorificar a Elohim.
14 Pero el principal de la sinagoga, enojado porque Yahoshúa había sanado en Shabat, tomó la palabra y le dijo a la gente: “Hay seis días en los cuales se debe trabajar; pues vengan en esos días para que los sanen, pero no en el día de Shabat”.
15 Entonces el Maestro le respondió: “Hipócrita, no desata cada uno de ustedes en Shabat su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber?
16 Y a ésta, que es hija de Avraham, a quien el Satán ha tenido atada por dieciocho años, ¿no se le debía desatar de su ligadura en el día de Shabat?”
17 Cuando dijo esto, todos sus adversarios quedaron avergonzados, mientras que todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas que él hacia.
18 Entonces dijo: “¿A qué se parece el reino de Elohim? ¿Con qué lo compararé?
19 Se parece a un grano de mostaza que un hombre cogió y sembró en su huerto; y creció y se convirtió en un árbol, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas”.
20 Otra vez dijo: “¿Con qué compararé el reino de Elohim?
21 Se parece a la levadura que una mujer cogió y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado.
22 Y pasaba por las ciudades y aldeas enseñando, mientras se encaminaba a Yerushaláyim.
23 En eso uno le preguntó: “Maestro, ¿son pocos los que se salvan?” Y él les dijo:
24 “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar, y no podrán.
25 Después que el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, afuera, comenzarán a llamar a la puerta diciendo: ‘¡Maestro, ábrenos!’ Pero él les responderá: ‘No sé de dónde son ustedes’.
26 Entonces comenzarán a decir: ‘En tu presencia hemos comido y bebido, y tú has enseñado en nuestras plazas’.
27 Pero él les dirá: ‘No sé de dónde son ustedes. Apártense de mí todos los que hacen injusticia’.
28 “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando ustedes vean a Avraham, a Yitsjaq, a Yaaqov y a todos los profetas en el reino de Elohim, mientras a ustedes los echan fuera.
29 Del oriente y del occidente, del norte y del sur, vendrán a sentarse a la mesa en el reino de Elohim.
30 Y miren, hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.
31 En aquel mismo momento llegaron ciertos fariseos y le dijeron: “Sal y vete de aquí, porque Horedós te quiere matar”.
32 El les dijo: “Vayan y díganle a esa zorra: "Mira, voy a expulsar demonios y a hacer sanidades hoy y mañana, y al tercer día termino.
33 Pero tengo que seguir mi camino hoy, mañana y pasado mañana; porque no es posible que a un profeta lo maten fuera de Yerushaláyim."
34 “¡Yerushaláyim, Yerushaláyim, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos bajo sus alas, y no quisiste!
35 Miren, su Casa se les deja abandonada. Les digo que no me verán más hasta que llegue el día cuando digan: ‘¡Bendito el que viene en el nombre de YHWH!’”
1 En una ocasión, él entró en Shabat en casa de uno de los principales de los fariseos para comer pan; y ellos le observaban disimuladamente.
2 Estaba delante de él un hombre con hidropesía.
3 Entonces Yahoshúa tomó la palabra y les dijo a los maestros de la Torah y a los fariseos: “¿Está permitido sanar en Shabat, o no?”
4 Pero ellos se quedaron callados. Entonces él lo tomó, lo sanó y lo despidió.
5 Y les dijo a ellos: “¿Quién de ustedes, si su hijo o su buey cae en un pozo, no lo sacará de inmediato en el día de Shabat?”
6 Y no le podían contestar estas preguntas.
7 Al observar cómo los invitados escogían los primeros asientos, les refirió una parábola, diciendo:
8 “Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el primer lugar; no sea que él haya invitado a otro más distinguido que tú,
9 y que venga el que los invitó a ti y al otro, y te diga: ‘Déjale el lugar a éste’, y entonces tengas, abochornado, que ocupar el último lugar.
10 Más bien, cuando te inviten, vé y siéntate en el último lugar; para que cuando venga el que te invitó, diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces tendrás honra delante de los que se sientan contigo a la mesa.
11 Porque a todo el que se ensalce lo humillarán, y al que se humilla lo ensalzarán”.
12 Y al que lo había invitado le dijo: “Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te vuelvan a invitar a ti, y quedes recompensado.
13 Pero cuando ofrezcas un banquete, invita a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos.
14 Y serás feliz porque ellos no te pueden recompensar pero quedarás recompensado en la resurrección de los justos”.
15 Al oír esto, uno de los que estaban sentados con él a la mesa le dijo: “¡Feliz el que coma pan en el reino de Elohim!”
16 Pero él le dijo: “Un hombre hizo un gran banquete e invitó a muchos.
17 A la hora del banquete envió a su siervo para decirles a los invitados: ‘Vengan, porque ya está preparado’.
18 Pero todos por igual comenzaron a disculparse. El primero dijo: ‘He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes”.
19 Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego que me disculpes”.
20 Y otro dijo: “Acabo de casarme y por eso no puedo ir”.
21 “Cuando volvió el siervo, le hizo saber estas cosas a su amo. Entonces el dueño de casa se enfureció y le dijo a su siervo: ‘Vé pronto a las plazas y a las calles de la ciudad y trae acá a los pobres, a los mancos, a los ciegos y a los cojos’.
22 Luego dijo el siervo: ‘Amo, se ha hecho lo que usted mandó, y todavía queda lugar’.
23 El amo le dijo al siervo: ‘Vé por los caminos y por los callejones, e insísteles hasta que entren para se llene que mi casa.
24 Pues les digo que ninguna de aquellas personas que invité probará mi cena’.”
25 Grandes multitudes iban con él, y él se volvió y les dijo:
26 “Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y aun su propia vida, no puede ser mi discípulo.
27 Y el que no carga con su madero y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
28 Porque ¿quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene con qué acabarla?
29 No vaya a ser que después de haber echado los cimientos no pueda terminar, y todos los que la vean empiecen a burlarse de él,
30 diciendo: ‘Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar’.
31 ¿O qué rey, para salir a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y consulta si puede salir con diez mil al encuentro del que viene con veinte mil?
32 De otra manera, cuando el otro rey está todavía lejos, éste le envía una embajada y pide condiciones de paz.
33 Así que, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
34 “La sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se sazonará?
35 No sirve ni para la tierra ni para estiércol; por eso la arrojan fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga”.
1 Todos los publicanos y pecadores se le iban acercando para oírlo.
2 Por eso los fariseos y los escribas se pusieron a criticarlo diciendo: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.
3 Entonces él les refirió esta parábola:
4 “¿Quién de ustedes que tenga cien ovejas, si se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se ha perdido, hasta que la encuentra?
5 Y cuando la encuentra, se la echa al hombro muy contento.
6 Cuando llega a casa reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido’.
7 Les digo que del mismo modo habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.
8 “¿O qué mujer que tenga diez monedas, si se le pierde una moneda, no enciende una lámpara, barre la casa y busca con empeño hasta encontrarla?
9 Cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque he hallado la moneda que se me había perdido’.
10 Les digo que del mismo modo hay gozo delante de los mensajeros de Elohim por un pecador que se arrepiente.
11 Dijo además: “Un hombre tenía dos hijos.
12 El menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde’. Y él les repartió los bienes.
13 No muchos días más tarde, después de juntarlo todo, el hijo menor se fue a una región lejana, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
14 “Después que lo malgastó todo, vino una gran hambre en aquella región, y él comenzó a pasar necesidad.
15 Entonces fue y se allegó a uno de los ciudadanos de aquella región, el cual lo envió a su campo para apacentar cerdos.
16 Y él deseaba saciarse con las algarrobas que comían los cerdos, pues nadie le daba [de comer].
17 “Entonces recapacitó y dijo: ¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí me muero de hambre!
18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti.
19 Ya no soy digno de que me consideres hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros’.
20 “Así que se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se llenó de compasión. Corrió y se echó sobre su cuello, y lo besó.
21 El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de que me consideres hijo tuyo”.
22 Pero su padre les dijo a sus siervos: “Saquen enseguida el mejor vestido y vístanlo, y pónganle un anillo en la mano y calzado en los pies.
23 Traigan el ternero cebado y mátenlo. Comamos y alegrémonos,
24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y lo hemos hallado’. Y comenzaron a festejar.
25 “Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino, se acercó a la casa y oyó la música y el baile.
26 Llamó a uno de los criados, y le preguntó qué era aquello.
27 Este le dijo: ‘Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha mandado matar el ternero cebado, por haberlo recobrado sano y salvo’.
28 Entonces él se enojó y no quería entrar. Su padre salió y se puso a rogarle [que entrara].
29 Pero él le respondió a su padre: ‘Mira, tantos años que te he estado sirviendo como un esclavo, y sin desobedecer jamás tus órdenes; y nunca me has dado un cabrito para alegrarme con mis amigos.
30 Sin embargo, tan pronto llegó ese hijo tuyo, que consumió tus bienes con prostitutas, mataste para él el ternero cebado’.
31 “Entonces su padre le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
32 Pero teníamos que hacer fiesta y alegrarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y lo hemos recobrado”.
1 Dijo también a sus discípulos: “Había cierto hombre rico que tenía un mayordomo, al cual acusaron ante él como derrochador de sus bienes.
2 Él lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es esto que oigo de ti? Dame cuentas de tu mayordomía, porque ya no podrás ser mayordomo’.
3 “Entonces el mayordomo se dijo a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita la mayordomía? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
4 ¡Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me destituyan de la mayordomía, haya quienes me reciban en sus casas!’
5 “Entonces llamó a cada uno de los deudores de su amo, y le dijo al primero: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’
6 Él dijo: ‘Cien barriles de aceite’. Y le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate pronto y escribe: cincuenta’.
7 Después le dijo a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Y él le dijo: ‘Cien medidas de trigo’. Él le dijo: ‘Toma tu recibo y escribe: ochenta’.*
8 Y el amo elogió al mayordomo infiel porque actuó sagazmente, pues los hijos de este mundo son en su trato con su propia gente más sagaces que los hijos de la luz.
9 “Y a ustedes les digo: Gánense amigos con las riquezas injustas, para que cuando esto acabe, los reciban a ustedes en las moradas eternas.
10 El que es fiel en lo muy poco también es fiel en lo mucho, y el que en lo muy poco es infiel también es infiel en lo mucho.
11 Así que, si con las riquezas injustas ustedes no han sido fieles, ¿quién les va a confiar lo verdadero?
12 Y si en lo ajeno no fueron fieles, ¿quién les va a dar lo que es de ustedes?
13 Ningún siervo puede servir a dos amos; porque aborrecerá a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y menospreciará al otro. Ustedes no pueden servirle a YHWH y a las riquezas”.
14 Los fariseos, que eran amantes del dinero, oían todas estas cosas y se burlaban de él.
15 Y él les dijo: “Ustedes son los que se declaran justos delante de la gente; pero Elohim conoce sus corazones; y ese ensalzamiento delante de la gente es detestable a la vista de Elohim.
16 “La Torah y los Profetas [profetizaron] hasta Yojanán. A partir de entonces se anuncian las buenas nuevas del reino de Elohim, y todos se esfuerzan por entrar en él.
17 Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que quede sin cumplirse una tilde de la Torah.
18 “Todo el que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio. Y el que se casa con la divorciada por su esposo comete adulterio.
19 “Había cierto hombre rico que se vestía de púrpura y de lino fino, y se daba banquetes espléndidos todos los días.
20 Y cierto pobre, llamado Elazar, estaba echado a su puerta, lleno de llagas,
21 y deseaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico. Aun los perros venían y le lamían las llagas.
22 “Sucedió que murió el pobre y los mensajeros lo llevaron al seno de Avraham. Murió también el rico, y lo sepultaron.
23 Y en la Fosa, estando en tormentos, alzó sus ojos y vio de lejos a Avraham, y a Elazar en su regazo.
24 Entonces él, dando voces, dijo: ‘Padre Avraham, ten compasión de mí y envía a Elazar para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua; porque estoy sufriendo en esta llama’.
25 “Y Avraham dijo: ‘Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes; y de igual manera Elazar, los males. Pero ahora él recibe consuelo aquí y tú, angustias.
26 Además de todo esto, hay un inmenso abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí a ustedes no pueden, ni de allá puedan cruzar para acá’.
27 “Y él dijo: ‘Entonces te ruego, padre, que lo envíes a la casa de mi padre,
28 pues tengo cinco hermanos, de manera que les advierta a ellos, para que no vengan también a este lugar de tormento’.
29 Pero Avraham dijo: ‘Tienen a Mosheh y a los Profetas; que los escuchen a ellos’.
30 Entonces él dijo: ‘No, padre Avraham; pero si alguien va a ellos de entre los muertos, se arrepentirán’.
31 Pero Avraham le dijo: “Si no escuchan a Mosheh y a los Profetas, tampoco se persuadirán si alguien se levanta de entre los muertos’.”
1 Dijo también a sus discípulos: “Es inevitable que vengan tropiezos; pero, ¡pobre del que los ocasione!
2 Mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y que lo lanzaran al mar, antes que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.
3 “Anden con cuidado: Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo.
4 Si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo”.
5 Los Enviados le dijeron al Maestro: “Auméntanos la fe”.
6 Entonces el Maestro dijo: “Si ustedes tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar,’ y el árbol les obedecería.
7 “¿Y quién de ustedes, teniendo un siervo que ara o apacienta, al volver éste del campo, le dirá: ‘Pasa, siéntate a la mesa’?
8 Más bien, le dirá: ‘Prepárame algo de comer. Ponte el delantal y sírveme hasta que yo acabe de comer y beber. Después de eso, come y bebe tú’.
9 ¿Le da gracias al siervo por hacer lo que se le mandó?
10 Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, digan: “Siervos inútiles somos; porque sólo hicimos lo que teníamos que hacer”. Un shomronita agradecido
11 Una vez, cuando iba hacia Yerushaláyim, pasaba por Shomrón y por el Galil.
12 Cuando entró en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos
13 y alzaron la voz diciendo: “¡Yahoshúa, Maestro, ten compasión de nosotros!”
14 Cuando él los vio, les dijo: “Vayan, muéstrense a los sacerdotes”. Y sucedió que mientras iban, quedaron sanos.
15 Entonces uno de ellos, al ver que había quedado sano, volvió glorificando a Elohim en alta voz.
16 Y se postró sobre su rostro a los pies de Yahoshúa, dándole gracias. Y éste era shomronita.
17 Entonces Yahoshúa preguntó: “¿No fueron diez los que quedaron limpios? Y los nueve, ¿dónde están?
18 ¿No hubo quién volviera y diera gloria a Elohim, sino este extranjero?”
19 Y le dijo: “Levántate, vete; tu fe te ha sanado”.
20 A unos fariseos que le preguntaron acerca de cuándo había de venir el reino de Elohim, les respondió: “El reino de Elohim no vendrá con advertencia.
21 No dirán: ‘¡Miren, aquí está!’ o ‘¡Allí está!’ Porque el reino de Elohim está en medio de ustedes”.
22 Pero a sus discípulos les dijo: “Vendrá el tiempo cuando ustedes desearán ver uno de los días del Hijo del Hombre y no lo verán.
23 Les dirán: ‘¡Miren, aquí está!’ o ‘¡Miren, allí está!’ Pero no vayan ni los sigan.
24 Porque como el relámpago, cuando destella de un extremo del cielo y resplandece hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.
25 Pero primero tiene que padecer mucho y ser rechazado por esta generación.
26 “Como pasó en los días de Nóaj, así también será en los días del Hijo del Hombre:
27 Ellos comían y bebían; se casaban y se daban en matrimonio, hasta el día en que Nóaj entró en el arca, y cuando vino el diluvio los destruyó a todos.
28 “Asimismo, también será como pasó en los días de Lot: Comían, bebían, compraban, vendían, plantaban y edificaban;
29 pero el día en que Lot salió de Sedom, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.
30 Así será en el día cuando se manifieste el Hijo del Hombre.
31 “En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje para buscarlas, Asimismo, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
32 Acuérdense de la esposa de Lot.
33 El que procure salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará.
34 “Les digo que en esa noche estarán dos en una cama; a uno lo tomarán, y al otro lo dejarán.
35 Dos mujeres estarán moliendo juntas; a una la tomarán, y a la otra la dejarán.
36 [Dos hombres estarán en el campo, a uno lo tomarán, y al otro lo dejarán”.]
37 Ellos le preguntaron: “¿Dónde, Maestro?” Y él dijo: “Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres”.
1 Les refirió también una parábola sobre lo necesario que es orar siempre y no desa-nimarse.
2 Les dijo: “En cierta ciudad había un juez que ni le temía a Elohim ni respetaba al hombre.
3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual se pasaba yendo donde él, diciendo: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.
4 El no quiso por algún tiempo, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque ni le temo a Elohim ni respeto al hombre,
5 le voy a hacer justicia a esta viuda, porque no deja de molestarme; para que no venga continuamente a cansarme’.”
6 Entonces dijo el Maestro: “Fíjense en lo que dijo el juez injusto.
7 ¿Y Elohim no les hará justicia a sus escogidos que claman a él de día y de noche, siendo paciente con ellos?
8 Les digo que los defenderá pronto. Sin embargo, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará la fe en la tierra?”
9 A unos que confiaban en sí mismos como que eran justos y menospreciaban a los demás, les dijo esta parábola:
10 “Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo; y el otro, publicano.
11 El fariseo se puso de pie y empezó a orar en silencio de esta manera: ‘Elohim, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni siquiera como este publi-cano.
12 Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo’.
13 Pero el publicano, de pie a cierta distancia, no quería ni alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘Elohim, ten piedad de mí, que soy pecador’.
14 Les digo que éste bajó a su casa justificado, y el primero no. Porque a todo que se ensalza lo humillarán, y al que se humilla lo ensalzarán”.
15 Entonces le trajeron niños pequeños para que los tocara. Y los discípulos, al ver esto, los reprendieron.
16 Pero Yahoshúa los llamó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de los tales es el reino de Elohim.
17 En verdad les digo, que cualquiera que no reciba el reino de Elohim como un niño, jamás entrará en él”.
18 Cierto hombre principal le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para obtener la vida eterna?”
19 Y Yahoshúa le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno, sino sólo uno, Elohim.
20 Tú conoces los mandamientos: No cometas adulterio, no cometas asesinato, no robes, no digas falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”.
21 Entonces él dijo: “Todo eso lo he guardado desde mi juventud.
22 Cuando Yahoshúa oyó eso, le dijo: “Todavía te falta una cosa: Vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”.
23 Pero cuando él oyó esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Yahoshúa, al verlo [así], dijo: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Elohim los que tienen riquezas!
25 Porque más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Elohim”.
26 Los que oyeron esto dijeron: “¿Y quién podrá salvarse?”
27 El les dijo: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Elohim”.
28 Entonces Kefá dijo: “Mira, nosotros hemos dejado lo nuestro y te hemos seguido”.
29 Y él les dijo: “En verdad les digo que no hay nadie que haya dejado casa, esposa, hermanos, padres o hijos por causa del reino de Elohim,
30 que no haya de recibir muchísimo más en este tiempo, y en el mundo venidero, la vida eterna”.
31 Yahoshúa se llevó a los doce, y les dijo: “Miren, vamos subiendo a Yerushaláyim, y se cumplirán todas las cosas que escribieron los profetas sobre el Hijo del Hombre.
32 Porque lo entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, lo insultarán, y lo escupirán.
33 Después que lo hayan azotado, lo matarán; pero al tercer día resucitará.
34 Sin embargo, ellos no entendían nada de esto. Esta declaración era un enigma para ellos, y no entendían lo que se les decía.
35 Sucedió que, cuando él se iba acercando a Yerejó, un ciego estaba sentado junto al camino, mendigando;
36 y cuando oyó pasar a la multitud, preguntó qué era aquello.
37 Y le dijeron que pasaba Yahoshúa el Natsereno.
38 Entonces él gritó diciendo: “¡Yahoshúa, Hijo de Dawid, ten compasión de mí!”
39 Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba con mayor insistencia: “¡Hijo de Dawid, ten compasión de mí!”
40 Entonces Yahoshúa se detuvo y mandó que lo trajeran. Cuando llegó, le preguntó:
41 “¿Qué quieres que te haga?” Y él dijo: “Maestro, que yo recobre la vista”.
42 Yahoshúa le dijo: “Recobra la vista; tu fe te ha sanado”.
43 Inmediatamente recobró la vista y lo seguía, glorificando a Elohim. Y cuando todo el pueblo vio esto, le dio alabanza a Elohim.
1 Yahoshúa entró en Yerejó y pasaba por ella.
2 En eso, un hombre llamado Zakay, que era un principal de los publicanos y era rico,
3 procuraba ver quién era Yahoshúa; pero no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
4 Entonces corrió adelante y se subió a un árbol sicómoro para verlo, pues iba a pasar por allí.
5 Cuando Yahoshúa llegó a aquel lugar, alzando la vista lo vio y le dijo: “Zakay, date prisa, desciende; porque hoy necesito quedarme en tu casa”.
6 Entonces él se bajó aprisa y lo recibió gozoso”.
7 Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a alojarse en la casa de un hombre pecador.
8 Entonces Zakay, puesto en pie, le dijo al Maestro: “Mira, Maestro, la mitad de mis bienes le doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.
9 Yahoshúa le dijo: “Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Avraham.
10 Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.
11 Como la gente lo escuchaba, añadió una parábola, por cuanto estaba cerca de Yerushaláyim y porque ellos pensaban que inmediatamente habría de manifestarse el reino de Elohim.
12 Así que dijo: “Cierto hombre de la nobleza partió a un país lejano para recibir un reino y volver.
13 Entonces llamó a diez siervos suyos y les dio diez minas, diciéndoles: ‘Negocien hasta que yo venga’.
14 “Pero sus conciudadanos lo aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: ‘No queremos que éste reine sobre nosotros’.
15 “Sucedió que cuando él volvió después de haber recibido el reino, mandó llamar ante sí a aquellos siervos a los que había dado el dinero, para saber lo que habían negociado.
16 “Vino el primero y dijo: ‘Amo, tu mina ha producido diez minas’.
17 Y él le dijo: ‘Muy bien, buen siervo; como en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades’.
18 “Vino el segundo y dijo: ‘Amo, tu mina ha hecho cinco minas’.
19 También a éste le dijo: ‘Tú también estarás sobre cinco ciudades’.
20 “Y vino otro y dijo: ‘Amo, aquí tienes tu mina; la he guardado en un pañuelo.
21 Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste’.
22 “Entonces él le dijo: ‘¡Mal siervo, por tu boca te juzgo! Sabías que yo soy un hombre exigente, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré.
23 ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco, para que al venir yo lo recobrara junto con los intereses?’
24 “Y les dijo a los que estaban presentes: ‘Quítenle la mina y dénsela al que tiene diez minas’.
25 Ellos le dijeron: ‘Amo, él ya tiene diez minas’.
26 Y él respondió: ‘Pues yo les digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
27 Y en cuanto a aquellos enemigos míos que no querían que yo reinara sobre ellos, tráiganlos acá y degüéllenlos en mi presencia’.”
28 Después de decir esto, siguió adelante subiendo a Yerushaláyim.
29 Cuando estaba llegando cerca de Bet-Pagué y Bet-Hiní, al monte que se llama de los Olivos, envió a dos de sus discípulos,
30 diciéndoles: “Vayan a la aldea de enfrente, y cuando entren en ella, hallarán un burrito amarrado, en el cual ningún hombre ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo.
31 “Si alguien les pregunta por qué lo desatan, respóndanle así: “Porque el Maestro lo necesita”.
32 Los Enviados fueron y hallaron tal como él había dicho.
33 Cuando desataban el burrito, sus dueños les preguntaron: “¿Por qué desatan el burrito?”
34 Y ellos dijeron: “Porque el Maestro lo necesita”.
35 Le trajeron el burrito a Yahoshúa, y poniendo sobre él sus mantos, hicieron que Yahoshúa se montara encima.
36 Y mientras él avanzaba, ellos tendían sus mantos por el camino.
37 Cuando estaba llegando cerca de la bajada del Monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, comenzó a regocijarse y alabar a Elohim en alta voz por todas las maravillas que habían visto.
38 Ellos decían: “¡Bendito el rey que viene en el nombre de YHWH! ¡Paz en el cielo, y gloria en las alturas!”
39 Entonces, algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: “Rabí, reprende a tus discípulos”.
40 El les respondió: “Les digo que si éstos callan, las piedras gritarán”.
41 Cuando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró por ella
42 diciendo: “¡Oh, si conocieras tú también, por lo menos en éste tu día, lo que te puede llevar a la paz! Pero ahora está oculto de tus ojos.
43 Porque vendrán sobre ti días en que tus enemigos te rodearán con una barricada y te pondrán un cerco, y te estrecharán por todos lados.
44 Te derribarán a tierra con tus hijos dentro de ti. No dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no reconociste la oportunidad que se te daba”.
45 Cuando entró en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
46 diciéndoles: “Está escrito: ¡Mi casa es casa de oración, pero ustedes la han hecho cueva de ladrones!”
47 Enseñaba cada día en el Templo, pero los principales sacerdotes y los escribas y los principales del pueblo procuraban matarlo.
48 Pero no hallaban manera de hacerle algo, porque el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de él.
1 Sucedió un día que, mientras le enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba la Buena Noticia, se le acercaron los principales sacerdotes y los escribas con los ancianos,
2 y le cuestionaron: “Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién fue el que te dio esta autoridad?”
3 Entonces respon-dió y les dijo: “Yo también voy a hacerles una pregunta. Respóndanme:
4 La inmersión de Yojanán, ¿era del cielo o de los hombres?”
5 Ellos se pusieron a razonar entre sí: “Si decimos que del cielo, dirá: ‘¿Por qué, entonces, ustedes no le creyeron?’
6 Y si decimos que de los hombres, todo el pueblo nos apedreará, porque están convencidos de que Yojanán era profeta”.
7 Así que le respondieron que no sabían de dónde era.
8 Entonces Yahoshúa les dijo: “Tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas”.
9 Entonces comenzó a decirle al pueblo esta parábola: “Cierto hombre plantó una viña, se la arrendó a unos labradores y se fue lejos por mucho tiempo.
10 A su debido tiempo envió un siervo donde los labradores para que le dieran del fruto de la viña. Pero los labradores lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías.
11 Volvió a enviar otro siervo, pero también a éste lo golpearon, lo insultaron, y lo enviaron con las manos vacías.
12 Volvió a enviar un tercer siervo, pero también a éste lo expulsaron, herido.
13 “Entonces el dueño de la viña dijo: ‘¿Qué haré? Voy a enviar a mi hijo amado; quizás a éste le tendrán respeto”.
14 Pero los labradores, al verlo, razonaron entre ellos: “Este es el heredero. Matémoslo, para quedarnos con la herencia”.
15 Así que lo echaron fuera de la viña y lo mataron. “¿Qué les hará entonces el dueño de la viña?
16 Vendrá y destruirá a estos labradores y le dará su viña a otros”. Cuando ellos lo oyeron, dijeron: “¡Nunca suceda tal cosa!”
17 Pero él los miró y les dijo: “¿Entonces, qué es esto que está escrito: ‘La piedra que desecharon los edificadores, vino a ser cabeza del ángulo?
18 Cualquiera que caiga sobre esa piedra se quebrantará, y ella desmenuzará a cualquiera sobre quien caiga’.”
19 En aquel momento los principales sacerdotes y los escribas procuraban echarle mano, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero le temieron al pueblo.
20 Entonces, para acecharlo, enviaron espías que simularan ser justos, con el fin de sorprenderlo en sus palabras, y así entregarlo al poder y autoridad del procurador.
21 Estos le preguntaron: “Rabí, sabemos que hablas y enseñas correctamente, y que no haces distinción de personas, sino que enseñas el camino de Elohim con verdad.
22 ¿Es correcto que le paguemos impuesto al César, o no?”
23 Pero él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo:
24 “Muéstrenme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que tiene?” Y ellos dijeron: “Del César”.
25 Entonces les dijo: “Pues denle al César lo que es del César y a YHWH lo que es de YHWH”.
26 Y no pudieron sorprenderlo en ninguna palabra delante del pueblo. Más bien se quedaron callados, maravillados de su respuesta.
27 Se acercaron algunos de los saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaron:
28 “Rabí, Mosheh nos escribió: Si el hermano de alguno muere dejando una esposa pero no deja hijos, su hermano debe tomar la esposa y levantarle descendencia a su hermano.
29 “Pues había siete hermanos. El primero tomó una esposa, y murió sin dejar hijos.
30 También el segundo.
31 Luego la tomó el tercero, y de la misma manera también todos los siete; y murieron sin tener hijos.
32 Por último, murió también la mujer.
33 En la resurrección, siendo que los siete la tuvieron por esposa, ¿de cuál de ellos será esposa?”
34 Entonces Yahoshúa les respondió: “La gente de esta era se casan y se dan en matrimonio.
35 Pero los que sean tenidos por dignos de alcanzar aquella era venidera y la resurrección de los muertos no se casan, ni se dan en matrimonio.
36 Porque ya no pueden morir, pues son como los mensajeros, y son también hijos de Elohim, por ser hijos de la resurrección”.
37 “Y en cuanto a que los muertos van a resucitar, también Mosheh lo mostró en el relato de la zarza, cuando llama a YHWH, el Elohim de Avraham, el Elohim de Yitsjaq y el Elohim de Yaaqov.
38 Pues YHWH no es Elohim de muertos, sino de vivos; porque para efectos de él todos viven”.
39 Algunos de los escribas le dijeron: “Rabí, has contestado bien”.
40 Y no se atrevieron a preguntarle más.
41 El les dijo: “¿Cómo dicen que el Mashíaj es hijo de Dawid?
42 Porque el mismo Dawid dice en el libro de las Alabanzas: ‘Dijo YHWH a mi soberano: ‘Siéntate a mi diestra,
43 hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies’.
44 Así que si Dawid lo llama ‘soberano,’ ¿cómo es, entonces, su hijo?”
45 Cuando todo el pueblo lo escuchaba, les dijo a sus discípulos:
46 “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta andar con ropas largas, que aman los saludos en las plazas, las primeras sillas en las sinagogas y los primeros asientos en los banquetes.
47 Esos, que devoran las casas de las viudas y como pretexto hacen largas oraciones, recibirán mayor condenación.
1 Un día, al levantar la mirada, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro.
2 Vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas.
3 Entonces dijo: “En verdad les digo que esta viuda pobre echó más que todos.
4 Porque todos ésos de su abundancia echaron para las ofrendas; pero ésta, de su pobreza, echó todo el sustento que tenía”.
5 A algunos que hablaban acerca del Templo, diciendo que estaba adornado con hermosas piedras y con ofrendas votivas, les dijo:
6 “En cuanto a estas cosas que ven ustedes, vendrán días cuando no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada”.
7 Entonces le preguntaron: “Rabí, ¿cuándo será eso? ¿Qué señal habrá cuando estas cosas estén por suceder?
8 Entonces él dijo: “Miren que no los engañen, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo que soy yo, y que el tiempo está cerca. No vayan tras ellos.
9 Y cuando oigan de guerras y de revoluciones, no se atemoricen. Porque es necesario que estas cosas sucedan primero, pero el fin no será inmediato”.
10 Entonces dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
11 Habrá grandes terremotos, hambres y pestilencias en varios lugares. Habrá terror y grandes señales del cielo.
12 Pero antes de estas cosas les echarán mano y los perseguirán a ustedes. Los entregarán a las sinagogas y los meterán en las cárceles, y los llevarán delante de los reyes y gobernantes por causa de mi nombre.
13 Esto les servirá para dar testimonio.
14 Así que decidan en sus corazones no pensar de antemano cómo van a responder.
15 Porque yo les daré palabras y una sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos sus adversarios.
16 Y hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos los traicionarán; y harán morir a algunos de ustedes.
17 Todos los aborrecerán por causa de mi nombre,
18 pero ni un solo cabello de su cabeza perecerá.
19 Por su perseverancia ganarán sus vidas.
20 “Cuando vean a Yerushaláyim asediada por ejércitos, sepan que ha llegado su destrucción.
21 Entonces, los que estén en Yahudah, huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad, salgan; y los que estén en los campos, no entren en ella.
22 Porque éstos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
23 “¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que críen en aquellos días! Porque habrá grande calamidad sobre la tierra e ira sobre este pueblo.
24 Caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones. A Yerushaláyim la pisotearán los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles.
25 “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. Y en la tierra habrá angustia entre las naciones por la confusión ante el rugido del mar y del oleaje.
26 Los hombres se desmayarán a causa del terror y de la expectación de las cosas que sobrevendrán al mundo habitado, porque los poderes de los cielos se sacudirán.
27 “Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube, con poder y gran gloria.
28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, miren y levanten la cabeza; porque su redención está cerca”.
29 Y les dijo una parábola: “Fíjense en la higuera y en todos los árboles.
30 Cuando ven que ya brotan, ustedes entienden que el verano está cerca.
31 Así también, cuando ustedes vean que suceden estas cosas, sepan que el reino de Elohim está cerca.
32 En verdad les digo que no pasará esta generación hasta que todo suceda.
33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
34 “Anden con cuidado, que sus corazones no estén cargados de glotonería, de embriaguez y de las preocupaciones de esta vida, y que aquel día venga sobre ustedes de repente como una trampa;
35 porque vendrá sobre todos los que habitan en la superficie de toda la tierra.
36 “Así que manténganse alerta en todo tiempo, orando para que logren escapar de todas estas cosas que van a suceder, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”.
37 Pasaba los días enseñando en el Templo, y al anochecer salía y se alojaba en el monte que se llama de los Olivos.
38 Y todo el pueblo venía a él desde temprano para oírlo en el Templo.
1 Estaba próxima la fiesta de los Inleudos, que se llama el Pésaj.
2 Los principales sacerdotes y los escribas estaban buscando cómo eliminarlo, pues le temían al pueblo.
3 Entonces el Satán entró en Yahudah, llamado el Iscariote, que era uno del número de los Doce.
4 El fue y habló con los principales sacerdotes y con los magistrados acerca de cómo entregarlo.
5 Estos se alegraron y acordaron darle dinero.
6 El estuvo de acuerdo y buscaba la oportunidad para entregarlo sin que estuviera presente la multitud.
7 Llegó el día de los Inleudos, en el cual había que sacrificar la víctima pascual.
8 Yahoshúa envió a Kefá y a Yojanán, diciendo: “Vayan, prepárennos el Pésaj para que comamos”.
9 Ellos le preguntaron: “¿Dónde quieres que la preparemos?”
10 El les dijo: “Miren, cuando entren en la ciudad, les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa a donde entre.
11 Díganle al dueño de la casa: ‘El Rabí te dice: “¿Dónde está la habitación en la que pueda comer el Pésaj con mis discípulos?”’
12 Y él les mostrará un gran aposento alto, ya dispuesto. Preparen allí”.
13 Así que fueron y hallaron como les había dicho; y prepararon el Pésaj.
14 Cuando llegó la hora, se sentó a la mesa, y con él los Enviados.
15 Y les dijo: “¡Cuánto he deseado comer con ustedes esta Pascua antes de padecer!
16 Porque les digo que no volveré a comer de ella hasta que se cumpla en el reino de Elohim.
17 Luego tomó una copa, y después de dar gracias, dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes,
18 porque les digo que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que venga el reino de Elohim”.
19 Entonces tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y les dio, diciendo: “Esto es mi cuerpo que se da por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.
20 Igualmente, después de haber cenado, tomó también la copa y dijo: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que por ustedes se derrama.
21 “Sin embargo, veo que la mano del que me entrega está conmigo en la mesa.
22 A la verdad, el Hijo del Hombre se va según lo que está determinado, pero ¡pobre del hombre que lo entrega!”
23 Entonces ellos comenzaron a preguntarse entre ellos cuál de ellos sería el que habría de hacer eso.
24 Hubo entre ellos una discusión acerca de quién de ellos parecía ser el más importante.
25 Entonces él les dijo: “Los reyes de las naciones se adueñan de ellas, y a los que tienen autoridad sobre ellas los llaman bienhechores.
26 Pero entre ustedes no será así. Más bien, el que entre ustedes sea el importante, debe ser como el más nuevo; y el que es dirigente, como el que sirve.
27 Porque, ¿cuál es el más importante: el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, yo estoy en medio de ustedes como el que sirve”.
28 “Y ustedes son los que han permanecido conmigo en mis pruebas.
29 Así que yo dispongo para ustedes un reino, como mi Padre lo dispuso para mí;
30 para que coman y beban en mi mesa en mi reino, y se sienten sobre tronos para gobernar a las doce tribus de Yisrael.
31 “Shimón, Shimón, mira que el Satán los ha pedido para zarandearlos como a trigo.
32 Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falle. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos”.
33 El le dijo: “Maestro, estoy listo para ir contigo aun a la cárcel y a la muerte.
34 Pero él dijo: “Kefá, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú hayas negado tres veces que me conoces”.
35 Y les dijo a ellos: “Cuando los envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿les faltó algo? Ellos dijeron: “Nada”.
36 Entonces les dijo: “Pues ahora, el que tiene bolsa, llévela; y también la alforja. Y el que no tiene espada, venda su manto y compre una.
37 Porque les digo que es necesario que se cumpla en mí aquello que está escrito: ‘Y fue contado con los malhechores’. Porque lo que está escrito de mí se está cumpliendo”.
38 Entonces ellos dijeron: “Maestro, aquí hay dos espadas”. Y él dijo: “Es suficiente”.
39 Después de salir, se fue, como acostumbraba, al monte de los Olivos; y sus discípulos también lo siguieron.
40 Cuando llegó al lugar, les dijo: “Oren para que no caigan en tentación”.
41 Y él se apartó de ellos a una distancia como de un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba:
42 “Padre, si quieres, aparta de mí este trago; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
43 Entonces se le apareció un mensajero del cielo para fortalecerlo.
44 Y angustiado, oraba con mayor intensidad, de modo que su sudor era como grandes gotas de sangre que caían a tierra.
45 Cuando se levantó de orar y volvió a sus discípulos, los halló dormidos por causa de la tristeza.
46 Y les dijo: “¿Por qué duermen? Levántense y oren, para que no caigan en tentación”.
47 Mientras él aún hablaba, llegó una multitud. El que se llamaba Yahudah, uno de los Doce, venía delante de ellos y se acercó a Yahoshúa para besarlo.
48 Entonces Yahoshúa le dijo: “Yahudah, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?”
49 Al ver los que estaban con él lo que iba a suceder, le dijeron: “Maestro, ¿los herimos a espada?”
50 Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.
51 Entonces intervino Yahoshúa y dijo: “¡Déjense ya de eso!” Y tocando su oreja, lo sanó.
52 Entonces Yahoshúa les dijo a los principales sacerdotes, a los magistrados del Templo y a los ancianos que habían venido contra él: “¿Como contra un ladrón han salido con espadas y palos?
53 Mientras yo estaba con ustedes cada día en el Templo, no extendieron la mano contra mí. Pero ésta es la hora de ustedes, cuando dominan las tinieblas”.
54 Lo apresaron, lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote. Y Kefá le seguía de lejos.
55 Cuando encendieron fuego en medio del patio y se sentaron alrededor, Kefá también se sentó entre ellos.
56 Entonces una criada, al verlo sentado junto a la lumbre, lo miró fijamente y dijo: “¡Este estaba con él!”
57 Pero él negó diciendo: “Mujer, no lo conozco”.
58 Un poco después, al verlo otro, le dijo: “¡Tú también eres de ellos!” Y Kefá dijo: “Hombre, no lo soy”.
59 Como una hora después, otro insistía diciendo: “Verdaderamente, también éste estaba con él, porque es galileo”.
60 Y Kefá dijo: “¡Hombre, no sé lo que dices!” Y enseguida, mientras él estaba hablando, el gallo cantó.
61 Entonces el Maestro se volvió y miró a Kefá, y Kefá se acordó de la declaración del Maestro cuando le dijo: “Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces”.
62 Y saliendo fuera, Kefá lloró amargamente.
63 Los hombres que tenían bajo custodia a Yahoshúa se burlaban de él y lo golpeaban.
64 Cubriéndolo le preguntaban: “¡Profetiza! ¿Quién fue el que te golpeó?”
65 Y le decían muchas otras cosas, insultándolo.
66 Cuando amaneció, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y lo llevaron al Sanedrín de ellos.
67 Y le dijeron: “Si tú eres el Mashíaj, ¡dínoslo!” Pero él les dijo: “Si se lo dijera, no lo creerían.
68 Además, si yo les preguntara, no me responderían.
69 Pero de ahora en adelante, el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Elohim”.
70 Todos le dijeron: “Entonces, ¿tú eres Hijo de Elohim?” Y él les dijo: “Ustedes lo están diciendo, lo soy”.
71 Entonces ellos dijeron: “¿Qué necesidad tenemos ya de más testigos? ¡Nosotros mismos lo hemos oído de su boca!
1 Entonces se levantó todo el grupo de ellos y lo llevaron donde Pilato.
2 Y comenzaron a acusarlo diciendo: “Hemos hallado que éste agita a nuestra nación, prohíbe pagar tributo al César y dice que él es el Rey Mashíaj”.
3 Entonces Pilato le preguntó: “¿Eres tú el rey de los yahuditas?” Él le respondió: “Tú lo dices”.
4 Pilato les dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: “No hallo ningún delito en este hombre”.
5 Pero ellos insistían diciendo: “Él alborota al pueblo, enseñando por toda Yahudah, comenzando desde el Galil, hasta aquí”.
6 Entonces Pilato, al oír eso, preguntó si el hombre era galileo.
7 Y al saber que era de la jurisdicción de Horedós, lo remitió a Horedós, quien también estaba en Yerushaláyim en aquellos días.
8 Horedós, al ver a Yahoshúa, se alegró mucho, porque hacía mucho tiempo que deseaba verlo, pues había oído muchas cosas de él y tenía esperanzas de que lo vería hacer algún milagro.
9 Horedós lo interrogó con muchas preguntas, pero Yahoshúa no le respondió nada.
10 Estaban allí los principales sacerdotes y los escribas, acusándolo con insistencia.
11 Pero Horedós y su corte, después de menospreciarlo y burlarse de él, lo vistieron con ropa espléndida. Y volvió a enviarlo donde Pilato.
12 Aquel mismo día se hicieron amigos Pilato y Horedós, porque antes habían estado enemistados.
13 Entonces Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,
14 y les dijo: “Ustedes me han presentado a éste como persona que desvía al pueblo. Miren, yo lo he interrogado delante de ustedes, y no he hallado ningún delito en este hombre, en cuanto a todo eso de que lo acusan.
15 Tampoco Horedós, porque él nos lo remitió; y es obvio que no ha hecho nada digno de muerte.
16 Así que, lo soltaré después de castigarlo.
17 [Porque tenía que soltarles algún preso en cada fiesta.]*
18 Pero toda la multitud gritó al unísono, diciendo: “¡Fuera con éste! ¡Suéltanos a Bar-Aba!”
19 A éste lo habían metido en la cárcel por sedición en la ciudad y por un homicidio.
20 Entonces Pilato les habló otra vez, queriendo soltar a Yahoshúa.
21 Pero ellos volvieron a gritar, diciendo: “¡Al madero con él! ¡Al madero con él!”
22 El les dijo por tercera vez: “¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito de muerte he hallado en él. Así que lo castigaré, y lo soltaré”.
23 Pero ellos insistían a grandes voces, pidiendo que lo ejecutaran en un madero. Y sus voces prevalecieron.
24 Entonces Pilato decidió que se hiciera lo que ellos pedían.
25 Les soltó a aquel que habían metido en la cárcel por sedición y homicidio, a quien ellos habían pedido, y entregó a Yahoshúa a la voluntad de ellos.
26 Ellos, al llevarlo, llamaron a un tal Shimón el kireneo, que venía del campo, y le pusieron encima el madero para que lo llevara tras Yahoshúa.
27 Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, las cuales lloraban y se lamentaban por él.
28 Pero Yahoshúa, se volvió hacia ellas y les dijo: “Hijas de Yerushaláyim, no lloren por mí; lloren por ustedes mismas y por sus hijos.
29 Porque vendrán días en que dirán: ‘Felices las estériles, los vientres que no concibieron y los pechos que no criaron’.
30 Entonces comenzarán a decir a las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’ y a las colinas: ‘¡Cúbrannos!’
31 Porque si con el árbol verde hacen estas cosas, ¿qué no harán con el seco?”
32 Llevaban también a otros dos, que eran malhechores, para ejecutarlos con él.
33 Cuando llegaron al lugar que se llama la Calavera, lo clavaron en el madero allí, y también a los malhechores: uno a la derecha y el otro a la izquierda.
34 Y Yahoshúa decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.
35 El pueblo estaba de pie mirando, y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: “A otros salvó. Que se salve a sí mismo, si es el Mashíaj, el escogido de Elohim”.
36 También los soldados se burlaban de él, acercándose, ofreciéndole vinagre
37 y diciéndole: “Si tú eres el rey de los yahuditas, sálvate a ti mismo”.
38 Había también sobre él un título escrito que decía: ESTE ES EL REY DE LOS YAHUDITAS.
39 Uno de los malhechores que estaban colgados lo insultaba diciendo: “¿No eres tú el Mashíaj? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”
40 El otro intervino y lo reprendió diciendo: “¿Ni siquiera temes tú a Elohim, estando en la misma condenación?”
41 Nosotros, a la verdad, padecemos con razón, porque estamos recibiendo lo que merecieron nuestros hechos; pero éste no hizo ningún mal”.
42 Y le dijo: “Yahoshúa, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
43 Entonces Yahoshúa le dijo: “En verdad te digo hoy: conmigo estarás en el paraíso”.*
44 Cuando era como la hora sexta, descendió una oscuridad sobre la tierra hasta la hora novena.
45 El sol se oscureció, y el velo del Templo se rasgó por la mitad.
46 Entonces Yahoshúa, gritando a gran voz, dijo: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” Y después de decir eso, expiró.
47 Cuando el centurión vio lo que había sucedido le dio gloria a Elohim, diciendo: “¡Verdaderamente, este hombre era justo!”
48 Y toda la multitud que estaba presente en este espectáculo, al ver lo que había sucedido, volvieron golpeándose el pecho.
49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido desde el Galil, se quedaron de lejos, mirando estas cosas.
50 Había un hombre llamado Yosef, que era miembro del Sanhedrín, un hombre bueno y justo.
51 Este no había consentido con el Sanhedrín ni con los hechos de ellos. El era de Ramatáyim, ciudad de los yahuditas, y también esperaba el reino de Elohim.
52 Este se acercó a Pilato y le pidió el cuerpo de Yahoshúa.
53 Después de bajarlo del madero, lo envolvió en una sábana de lino y lo puso en un sepulcro cavado en una peña, en el cual no habían puesto a nadie todavía.
54 Era el día de preparación, y estaba por comenzar el Shabat.
55 Las mujeres que habían venido con él del Galil, también lo siguieron y vieron el sepulcro y cómo pusieron el cuerpo.
56 Entonces regresaron y prepararon especias aromáticas y perfumes, y reposaron el Shabat, conforme al mandamiento.
1 El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado.
2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro;
3 pero al entrar, no hallaron el cuerpo de Yahoshúa.
4 Sucedió que, mientras estaban perplejas por esto, se pusieron de pie junto a ellas dos hombres con vestiduras resplandecientes.
5 Como ellas les tuvieron temor y bajaron la cara a tierra, ellos les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?
6 No está aquí; más bien, ha resucitado. Acuérdense de lo que les habló cuando estaba aún en el Galil,
7 cuando dijo: “Es necesario que al Hijo del Hombre lo entreguen en manos de hombres pecadores, y que lo ejecuten en un madero y resucite al tercer día”.
8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
9 y volviendo del sepulcro, informaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás.
10 Las que les contaron estas cosas a los Enviados fueron Miryam la Magdalena, Yojana, Miryam la madre de Yaaqov, y las demás mujeres que estaban con ellas.
11 Pero sus palabras les parecían a ellos una tontería, y no les creyeron.
12 [Pero Kefá se levantó y corrió al sepulcro. Cuando miró adentro y vio los lienzos solos, se fue a su casa asombrado de lo que había sucedido.]
13 Aquel mismo día dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que estaba a unos once kilómetros de Yerushaláyim.
14 Iban conversando entre ellos de todas aquellas cosas que habían ocurrido.
15 Y sucedió que, mientras iban conversando y discutiendo el uno con el otro, el mismo Yahoshúa se acercó y siguió con ellos.
16 Pero sus ojos estaban velados, de manera que no lo reconocieron.
17 Entonces les dijo: “¿Qué son esas cosas de las que están conversando entre ustedes mientras caminan?” Ellos se detuvieron con semblante triste;
18 y respondió uno de ellos, que se llamaba Cleofás, y le dijo: “¿Tú eres el único forastero en Yerushaláyim que no sabes las cosas que han ocurrido en estos días?”
19 Entonces él dijo: “¿Qué cosas?” Y ellos dijeron: “De Yahoshúa el Natsereno, que era un profeta, poderoso en obras y en palabra delante de YHWH y de todo el pueblo;
20 y de cómo lo entregaron los principales sacerdotes y nuestros dirigentes para que lo condenaran a muerte, y de cómo lo ejecutaron en el madero.
21 Nosotros esperábamos que él era el que habría de redimir a Yisrael. Ahora, a todo esto se añade el hecho de que hoy es el tercer día desde que ocurrió esto.
22 “Además, unas mujeres de las nuestras nos han asombrado: Fueron muy temprano al sepulcro,
23 y al no hallar su cuerpo, regresaron diciendo que habían tenido un visión de unos mensajeros que les dijeron que él está vivo.
24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron como las mujeres habían dicho, pero a él no lo vieron”.
25 Entonces él les dijo: “¡Qué ignorantes y lentos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!
26 ¿No tenía el Mashíaj que padecer estas cosas para entrar en su gloria?”
27 Y comenzando desde Mosheh y todos los Profetas, les interpretaba en todas las Escrituras lo que decían de él.
28 Así llegaron a la aldea a donde iban, y él hizo como que iba a seguir adelante.
29 Pero ellos le insistieron diciendo: “Quédate con nosotros, que ya es tarde, y el día ha declinado”. Así que él entró para quedarse con ellos.
30 Y sucedió que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, dio la bendición, lo partió y les dio.
31 Entonces se les abrieron los ojos a ellos, y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
32 Y se decían el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos abría las Escrituras?”
33 En ese mismo momento se levantaron y se volvieron a Yerushaláyim. Hallaron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,
34 que decían: “¡En verdad el Maestro ha resucitado y se le apareció a Shimón!”
35 Entonces ellos contaron las cosas que les habían sucedido en el camino, y cómo él se había dado a conocer a ellos al partir el pan.
36 Mientras hablaban estas cosas, Yahoshúa se puso en medio de ellos [y les dijo: “Paz a ustedes. Soy yo, no teman].*
37 Entonces ellos, aterrorizados y asombrados, pensaban que estaban viendo un espíritu.
38 Pero él les dijo: “¿Por qué están turbados, y por qué se levantan tales pensamientos en sus corazones?
39 Miren mis manos y mis pies, que soy yo mismo. Palpen y vean, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como ven que yo tengo”.*
40 [Al decir esto, les mostró las manos y los pies.]
41 Y como ellos todavía no lo creían por el gozo que tenían y porque estaban asombrados, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?”
42 Entonces le dieron un pedazo de pescado asado.
43 Él lo cogió y se lo comió delante de ellos.
44 Y les dijo: “Esto fue lo que les hablé, estando aún con ustedes: que era necesario que se cumplieran todas estas cosas que están escritas de mí en la Torah de Mosheh, en los Profetas y en las Alabanzas (los Salmos)”.
45 Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras,
46 y les dijo: “Así está escrito, y así fue necesario que el Mashíaj padeciera y resucitara de los muertos al tercer día;
47 y que en su nombre se proclamara el arrepentimiento y el perdón de los pecados en todas las naciones, comenzando desde Yerushaláyim.
48 Y ustedes son testigos de estas cosas.
49 Miren, yo enviaré el cumplimiento de la promesa de mi Padre sobre ustedes. Pero ustedes quédense en la ciudad hasta que queden revestidos del poder de lo alto”.
50 Entonces los llevó afuera hasta Bet-Hiní (Betania), y alzando sus manos los bendijo.
51 Sucedió que al bendecirlos, se alejó de ellos y [fue llevado arriba al cielo.
52 Y después de haberle rendido homenaje,] ellos regresaron a Yerushaláyim con gran gozo;
53 y se pasaban continuamente en el Templo, bendiciendo a YHWH.