1 El origen de la Buena Noticia de Yahoshúa el Mashíaj, [el Hijo de Elohim].
2 Como está escrito en el profeta Yeshayah: Mira que yo envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino.
3 Voz de uno que proclama en el desierto: “Preparen el camino de YHWH; enderecen sus sendas”.
4 Así apareció Yojanán, el que sumergía en el desierto, predicando una inmersión de arrepenti-miento para el perdón de los pecados.
5 Y acudía a él toda la provincia de Yahudah y todos los de Yerushaláyim; y él los sumergía en el río Yardén, cuando confesaban sus pecados.
6 Yojanán vestía ropa de pelo de camello, y llevaba una correa de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre.
7 Y pregonaba diciendo: “Detrás de mí viene uno el que es más poderoso que yo; yo no soy digno ni de agacharme a desatar la correa de su calzado.
8 Yo los he sumergido a ustedes en agua, pero él los sumergirá en espíritu de santidad”.
9 Sucedió en aquellos días que Yahoshúa vino de Natséret del Galil y Yojanán lo sumergió en el Yardén.
10 Tan pronto subió del agua, vio que los cielos se abrían y que el espíritu bajaba sobre él como paloma.
11 Entonces se oyó una voz desde el cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; en ti hallo mi complacencia”.
12 En seguida, el Espíritu lo impulsó al desierto,
13 y estuvo en el desierto cuarenta días, mientras Satán lo tentaba. Estaba con las fieras, pero los mensajeros le servían.
14 Después que encarcelaron a Yojanán, Yahoshúa vino al Galil proclamando la Buena Noticia de Elohim,
15 y diciendo: “Se ha cumplido el tiempo, y se ha acercado el reino de YHWH. ¡Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia!”
16 Andando por la orilla del mar del Galil, vio a Shimón y a Andrés hermano de Shimón, echando la red en el mar; porque eran pescadores.
17 Yahoshúa les dijo: “Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres”.
18 Enseguida dejaron sus redes y lo siguieron.
19 Al ir un poco más adelante, vio a Yaaqov hijo de Zavday y a su hermano Yojanán, que estaban en su barca arreglando las redes.
20 En seguida los llamó; y ellos, dejando a su padre Zavday en la barca junto con los jornaleros, se fueron en pos de él.
21 Entraron en Kefar Najum; y luego, el Shabat entró en la sinagoga y se puso a enseñar.
22 Todos se asombraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
23 En ese momento un hombre con espíritu inmundo estaba en la sinagoga de ellos, y exclamó
24 diciendo: “¿Qué tienes con nosotros, Yahoshúa de Natséret? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres: ¡el Santo de Elohim!”
25 Yahoshúa lo reprendió diciendo: “¡Cállate y sal de él!”
26 Y el espíritu inmundo lo sacudió con violencia, clamó con voz fuerte y salió de él.
27 Todos se maravillaron, de modo que discutían entre ellos diciendo: “¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Aun a los espíritus inmundos él les ordena, y le obedecen”.
28 Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región alrededor del Galil.
29 En seguida, cuando salieron de la sinagoga, fueron con Yaaqov y Yojanána la casa de Shimón y Andrés.
30 La suegra de Shimón estaba en cama con fiebre; y enseguida le hablaron de ella.
31 Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Y se le quitó la fiebre, y ella comenzó a servirles.
32 Al atardecer, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los endemoniados.
33 Toda la ciudad estaba reunida a la puerta.
34 Y él sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque lo conocían.
35 Se levantó muy de madrugada, todavía de noche, y salió y se fue a un lugar desierto y allí se puso a orar.
36 Shimón y sus compañeros fueron a buscarlo.
37 Cuando lo encontraron le dijeron: “Todos te buscan”.
38 El les respondió: “Vamos a otra parte entre los poblados vecinos, para que proclame también allí; porque para esto he venido”.
39 Y fue proclamando en las sinagogas de ellos en todo el Galil, y echando fuera los demonios.
40 Y vino donde él un leproso implorándole, y de rodillas le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”.
41 Yahoshúa, lleno de compasión, extendió la mano, lo tocó y le dijo: “Quiero; queda limpio”.
42 Y al momento se le desapareció la lepra, y quedó limpio.
43 En seguida, lo despidió después de amonestarlo,
44 y le dijo: “Mira, no le digas nada a nadie. Pero vé, muéstrate al sacerdote y ofrece lo que mandó Mosheh para tu purificación, para que les conste.
45 Pero cuando el hombre salió, comenzó a proclamar ampliamente y a difundir la noticia, de modo que Yahoshúa ya no podía entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba afuera en lugares despoblados. Y acudían a él de todas partes.
1 Después de algunos días, volvió a entrar en Kefar Najum, y corrió la noticia de que estaba en la casa.
2 Entonces acudieron muchos a él, de manera que ya no cabían ni frente la puerta; y se puso a proclamarles el mensaje.
3 En eso llegaron unos que traían a un paralítico; lo llevaban entre cuatro.
4 Y como no podían acercarlo a él debido al gentío, destaparon el techo donde estaba Yahoshúa, y después de hacer una abertura bajaron la camilla en que yacía el paralítico.
5 Al ver Yahoshúa la fe de ellos, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados se te perdonan”.
6 Algunos de los escribas estaban sentados allí y reflexionaban en su interior:
7 “¿Por qué habla éste así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Elohim?”
8 Yahoshúa discernió enseguida en su espíritu que razonaban así dentro de ellos, y les dijo: “¿Por qué razonan así en sus corazones?
9 ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados se te perdonan;’ o decirle: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’?
10 Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra (le dijo al paralítico):
11 A ti te digo, ¡levántate, coge tu camilla y vete a tu casa!”
12 Y se levantó, y en seguida tomó su camilla y salió delante de todos, de modo que todos quedaron asombrados y glorificaron a YHWH, diciendo: “¡Jamás hemos visto cosa semejante!
13 Después volvió a salir a la orilla del mar, y toda la gente acudió a él, y se puso a enseñarles.
14 Al pasar, vio a Lewí hijo de Alfay, sentado en el lugar de los tributos públicos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
15 Luego sucedió que, estando Yahoshúa sentado a la mesa en casa de Lewí, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a la mesa con Yahoshúa sus discípulos, porque había muchos de ellos que lo seguían.
16 Y cuando los escribas de los fariseos lo vieron comer con los pecadores y publicanos, se pusieron a decirles a sus discípulos: “¿Por qué come con los publicanos y pecadores?”
17 Al oírlo, Yahoshúa les dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido para llamar a justos, sino a pecadores”.
18 Un día en que los discípulos de Yojanán y los fariseos estaban ayunando, vinieron [a Yahoshúa] y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos de Yojanán y los discípulos de los fariseos ayunan, pero tus discípulos no ayunan?”
19 Yahoshúa les contestó: “¿Acaso ayunan los que están de bodas mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, no pueden ayunar.
20 Pero vendrán días cuando se les quitará el novio; entonces, en ese día ayunarán.
21 Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo. De otra manera, el remiendo nuevo encoge sobre la tela vieja, y se hace peor la rotura.
22 Además, nadie echa vino nuevo en cueros viejos. De otra manera, el vino rompe los cueros, y se pierde el vino, y también los cueros. Antes bien, el vino nuevo se echa en cueros nuevos”.
23 Sucedió que pasaba él por los sembrados un día de Shabat, y sus discípulos se pusieron arrancar espigas mientras caminaban.
24 Los fariseos le reprocharon: “Mira, ¿por qué hacen en Shabat lo que no está permitido?”
25 Y él les respondió; “¿Nunca han leído lo qué hizo Dawid cuando tuvo necesidad y le dio hambre a él y a los que estaban con él?
26 Pues entró en la casa de YHWH, siendo Ebyatar sumo sacerdote, y comió los panes de la Presencia, y hasta les dio a los que estaban con él; cosa que a nadie se le permite comer, excepto a los sacerdotes?”
27 También les dijo: “El Shabat fue hecho para el hombre, y no el hombre para el Shabat.
28 Así que el Hijo del Hombre es dueño también del Shabat.
1 En otra ocasión, entró en la sinagoga y estaba allí un hombre que tenía la mano paralizada.
2 Algunos lo estaban observando a ver si lo iba a sanar en Shabat, para acusarlo.
3 Entonces le dijo al hombre que tenía la mano paralizada: “¡Ponte de pie en el medio!”
4 Y a ellos les dijo: “¿Está permitido en Shabat hacer bien o hacer mal? ¿Salvar la vida o matar?” Pero ellos se quedaron callados.
5 Y mirándolos en derredor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Y al extenderla, su mano le quedó restaurada.
6 Los fariseos salieron enseguida, junto con los herodianos, y tomaron consejo contra él, [para ver] cómo destruirlo.
7 Yahoshúa se retiró al mar con sus discípulos, y lo siguió una inmensa multitud procedente del Galil y de Yahudah.
8 De Yerushaláyim, de Edom, del otro lado del Yardén, y de los alrededores de Tsor y Tsidón una gran multitud acudió a él, porque habían oído de las grandes cosas que hacía.
9 Y les dijo a sus discípulos que siempre tuvieran lista una barca a causa del gentío, para que no lo apretujaran;
10 porque como había sanado a muchos, se le tiraban encima todos los que tenían algún mal, para tocarlo.
11 Y los espíritus inmundos, siempre que lo veían, se postraban delante de él y gritaban: “¡Tú eres el Hijo de Elohim!”
12 Pero él los reprendía mucho para que no lo dieran a conocer.
13 Luego subió al monte y llamó consigo a los que él quiso, y fueron con él.
14 Ordenó a doce, a quienes nombró Enviados, para que estuvieran con él, y para enviarlos a proclamar
15 y tener autoridad para echar fuera los demonios.
16 Los doce que ordenó fueron: Shimón (a quien le puso por nombre Kefá),
17 Yaaqov hijo de Zavday, y Yojanán el hermano de Yaaqov (a ellos les puso por nombre Bené Regósh, (que significa: hijos del trueno),
18 Andrés, Felipe, Bar-Talmay, Matityah, Tomá, Yaaqov hijo de Alfay, Taday, Shimón el kananita
19 y Yahudah el iscariote (el que lo entregó).
20 Luego entró en una casa, y otra vez se reunió la multitud, de modo que ellos no podían ni siquiera comer pan.
21 Cuando sus parientes lo supieron, fueron para echarle mano, porque decían que había perdido el juicio.
22 Los escribas que habían bajado de Yerushaláyim decían que estaba poseído por Báal-zibul y que mediante el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.
23 Él entonces los llamó a su lado y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede el Satán echar fuera al Satán?
24 Si un reino se divide contra sí mismo, ese reino no puede permanecer.
25 Si una familia se divide contra sí misma, esa familia no podrá permanecer.
26 Y si el Satán se levanta contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.
27 “Al contrario, nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes a menos que primero ate al hombre fuerte; y entonces podrá saquear su casa.
28 En verdad les digo que a los hijos de los hombres se les perdonarán todos los pecados y blasfemias, cualesquiera que sean.
29 Pero cualquiera que blasfeme contra el espíritu de santidad no tendrá perdón jamás, sino que es culpable de pecado eterno”.
30 Dijo esto porque decían que él tenía un espíritu inmundo.
31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera mandaron a llamarlo.
32 Mucha gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: “Mira, tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan afuera”.
33 Pero él respondió: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?”
34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: “Aquí están mi madre y mis hermanos.
35 Porque cualquiera que hace la voluntad de YHWH, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre”.
1 En otra ocasión se puso a enseñar a la orilla del mar, y se reunió ante él una multitud muy grande; de manera que él entró en una barca mar adentro y se sentó allí, y toda la multitud estaba en la playa, frente al mar.
2 Les enseñaba sobre muchas cosas en parábolas; y les decía en su enseñanza:
3 “¡Escuchen! Sucedió que un sembrador salió a sembrar.
4 Y mientras sembraba, una parte [de la semilla] cayó junto al camino; y vinieron las aves y se la comieron.
5 Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y en seguida brotó; porque la tierra no era profunda.
6 Pero cuando salió el sol se quemó, y como no tenía raíces se secó.
7 Otra parte cayó entre los espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.
8 Pero otras semillas cayeron en buena tierra y brotaron y crecieron y dieron fruto. Y produjeron fruto a treinta, sesenta y ciento por uno”.
9 Y decía: “El que tiene oído para oír, oiga”.
10 Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los doce le preguntaron en cuanto a las parábolas.
11 Y él les dijo: “A ustedes se les ha concedido el misterio del reino de YHWH; pero para los que están fuera, todo se les trata en parábolas,
12 para que viendo vean y no perciban, y oyendo oigan y no entiendan; de modo que no se conviertan y se les perdone”.
13 Luego les dijo: “¿No comprenden esta parábola? ¿Cómo, entonces, van a entender todas las parábolas?
14 El sembrador [es el que] siembra la palabra.
15 Primero están los que caen junto al camino donde se siembra la palabra. Pero cuando la oyen, en seguida viene el Satán y quita la palabra que se había sembrado en ellos.
16 También los que se siembran en pedregales son aquéllos que, cuando oyen la palabra, en seguida la reciben con gozo;
17 pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración. Entonces, cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, en seguida tropiezan.
18 Y los otros son los que se siembran entre espinos. Esos son los que oyen la palabra,
19 pero las preocupaciones de este mundo, el engaño de las riquezas y la codicia de otras cosas se entrometen y ahogan la palabra, y queda sin fruto.
20 Y aquéllos que se sembraron en buena tierra son los que oyen la palabra, la aceptan y producen fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno”.
21 También les dijo: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para ponerla sobre el candelero?
22 Porque no hay nada oculto que no se haya de manifestar; ni nada escondido que no se descubra.
23 El que tenga oídos para oír, que oiga”.
24 Les dijo también: “Consideren lo que oyen: Con la medida con que ustedes miden, se les medirá a ustedes y se les añadirá.
25 Porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.
26 También decía: “Así es el reino de YHWH, como cuando un hombre echa semilla en la tierra.
27 El duerme de noche y se levanta de día, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo.
28 Porque la tierra da fruto por sí misma: primero el tallito, luego la espiga, y después el grano lleno en la espiga.
29 Y cuando el fruto está maduro, en seguida el hombre mete la hoz, porque ha llegado la cosecha”.
30 También decía: “¿Con qué compararemos el reino de YHWH? ¿Con qué parábola lo representaremos?
31 Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en el suelo, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra.
32 Pero después de sembrado, crece y se convierte en la más grande de todas las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra”.
33 Y con muchas parábolas semejantes les exponía el mensaje, conforme a lo que podían entender.
34 No les hablaba sin parábolas, pero en privado les explicaba todo a sus discípulos.
35 Aquel día, al caer la tarde, les dijo: “Pasemos al otro lado”.
36 Y después de despedir a la multitud, lo llevaron en la misma barca en que estaba; y había otras barcas con él.
37 Entonces se levantó una gran tempestad de viento y las olas arremetían contra la barca, de modo que la barca ya se estaba anegando.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cojín; pero lo despertaron y le dijeron: “¡Rabí! ¿No te importa que perezcamos?”
39 Y después de despertarse, reprendió al viento y le dijo al mar: “¡Calla! ¡Sosiégate!” Entonces el viento se calmó y hubo una gran bonanza.
40 Y a ellos les dijo: “¿Por qué se acobardan? ¿Todavía no tienen fe?”
41 Ellos sintieron un gran temor y se decían unos a otros: “¿Quién será éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”
1 Fueron a la otra orilla del mar a la región de los gadarenos.
2 Apenas salió él de la barca, le salió enseguida al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo.
3 Este tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía atarlo ni siquiera con cadenas,
4 ya que muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había hecho pedazos las cadenas y había roto los grillos; y nadie lo podía dominar.
5 Continuamente, de día y de noche, andaba entre los sepulcros y por las montañas, gritando y golpeándose con piedras.
6 Cuando vio a Yahoshúa desde lejos, corrió y se postró ante él.
7 Y gritando con voz fuerte dijo: “¿Qué tienes que ver conmigo, Yahoshúa, Hijo del Elohim Altísimo? Te conjuro por Elohim que no me atormentes”.
8 Porque Yahoshúa le decía: “Sal de este hombre, espíritu inmundo”.
9 Y le preguntó: “¿Cómo te llamas?” Y le dijo: “Me llamo Legión, porque somos muchos”.
10 Y le rogaba mucho que no los enviara fuera de aquella región.
11 Allí cerca de la montaña estaba paciendo un gran hato de cerdos.
12 Y ellos le rogaron: “Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos”.
13 Él les dio permiso; y los espíritus inmundos salieron y entraron en los cerdos, y el hato (que era como de dos mil) se lanzó al mar por un despeñadero y se ahogaron en el mar.
14 Los que los apacentaban huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Entonces fueron para ver qué era lo que había sucedido.
15 Cuando llegaron donde Yahoshúa vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
16 Los que habían presenciado todo les contaron lo que le había sucedido al endemoniado, y lo de los cerdos,
17 y ellos empezaron a rogarle que saliera de sus territorios.
18 Cuando iba a abordar el barco, el que había estado poseído por el demonio le rogaba que le permitiera ir con él.
19 Pero Yahoshúa no se lo permitió, sino que le dijo: “Vete a tu casa, a tus parientes, y cuéntales cuán grandes cosas ha hecho Elohim por ti, y cómo se compadeció de ti.
20 Entonces él se fue y comenzó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Yahoshúa por él, y todos se maravillaban.
21 Después que Yahoshúa cruzó de nuevo en la barca a la otra orilla, se congregó alrededor de él una gran multitud; mientras él estaba a la orilla del mar.
22 Entonces vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Yaír. Cuando lo vio, se postró a sus pies
23 y le imploró mucho diciendo: “Mi hijita está agonizando. ¡Ven! Pon las manos sobre ella para que se sane y viva”.
24 Yahoshúa fue con él; y lo seguía una gran multitud que lo apretujaba.
25 En eso, llegó una mujer que sufría de flujo de sangre desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho [en manos] de muchos médicos y había gastado todo lo que tenía, y de nada le había aprovechado; más bien, iba de mal en peor.
27 Cuando oyó hablar de Yahoshúa, vino por detrás de él entre la multitud y tocó su manto,
28 porque ella pensaba: “Si sólo toco su manto, quedaré sana”.
29 Al instante, se secó la fuente de su sangre y sintió en su cuerpo que ya estaba sana de aquel azote.
30 De pronto Yahoshúa, reconociendo en sí mismo que había salido poder de él, se volvió a la multitud y dijo: “¿Quién me ha tocado el manto?”
31 Sus discípulos le dijeron: “Ya tú ves que la multitud te apretuja, y preguntas: "¿Quién me tocó?"”
32 Pero él seguía mirando alrededor para ver a la que había hecho esto.
33 Entonces la mujer, atemorizada y temblorosa, sabiendo lo que en ella había ocurrido, fue y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
34 El le dijo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu azote”.
35 Mientras él estaba aún hablando, llegaron unos de la casa del principal de la sinagoga, diciendo: “Tu hija ya murió. ¿Para qué molestar más al Rabí?”
36 Pero Yahoshúa, entreoyendo la noticia que se decía, le dijo al principal de la sinagoga: “No temas; sólo cree”.
37 Y no permitió que nadie lo acompañara, sino sólo Kefá, Yaaqov y Yojanán, el hermano de Yaaqov.
38 Llegaron a la casa del principal de la sinagoga, y él vio el alboroto y los que lloraban y lamentaban mucho.
39 Y al entrar, les dijo: “¿Por qué hacen alboroto y lloran? La niña no ha muerto sino que duerme”.
40 Ellos se burlaban de él. Pero él los hizo salir a todos y tomó al padre y a la madre de la niña y a los que estaban con él, y entró a donde estaba la niña.
41 Cogió la mano de la niña y le dijo: “Talitá, kumi” (que traducido es: Niña, te digo que te levantes).
42 Y en seguida la niña se levantó y echó a andar, pues tenía doce años. Y ellos quedaron asombrados.
43 El les mandó estrictamente que nadie lo supiera; y mandó que le dieran a ella de comer.
1 Salió de allí y fue a su tierra, y sus discípulos lo siguieron.
2 Cuando llegó el Shabat, él comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos quedaban asombrados al oírlo, y decían: “¿De dónde sacó éste esos conocimientos? ¿Qué sabiduría es esa que se le ha dado, tantos milagros hechos por sus manos?
3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Yaaqov, de Yosef, de Yahudah y de Shimón? ¿No están también sus hermanas aquí con nosotros?” Y se escandalizaban de él.
4 Pero Yahoshúa les dijo: “No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus familiares y en su casa”.
5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, excepto que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
6 Estaba asombrado por la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.
7 Entonces llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.
8 Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni bolsa, ni dinero en el cinto, sino solamente un bastón;
9 pero que calzaran sandalias y que no vistieran dos túnicas.
10 Además les dijo: “Dondequiera que entren en una casa, alójense en ella hasta que salgan de aquel lugar.
11 En cualquier lugar que no los reciban ni los oigan, al salir de allí, sacudan el polvo que está debajo de sus pies, para testimonio contra ellos”.
12 Entonces ellos salieron y le proclamaban a la gente que se arrepintiera.
13 Echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.
14 El rey Horedós oyó [de Yahoshúa], porque su nombre había llegado a ser muy conocido. Unos decían: “Yojanán el Inmersor ha resucitado de los muertos, y por esta razón operan estos poderes en él”.
15 Otros decían: “Es Eliyahu”. Mientras otros decían: “Es un profeta como uno de los profetas”.
16 Pero cuando Horedós oyó esto, dijo: “¡Yojanán, a quien yo decapité, ha resucitado!”
17 Porque Horedós mismo había mandado apresar a Yojanán y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodíah, la esposa de su hermano Felipe; porque se había casado con ella.
18 Y Yojanán se había puesto a decirle a Horedós: “No te es lícito tener la esposa de tu hermano”.
19 Herodíah lo acechaba y deseaba matarlo, pero no podía;
20 porque Horedós le temía a Yojanán, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Y al escucharlo quedaba muy perplejo, pero lo escuchaba de buena gana.
21 Sucedió que se presentó la ocasión propicia cuando Horedós, en la fiesta de su cumpleaños, ofreció un banquete para sus altos oficiales, los tribunos y las personas distinguidas del Galil.
22 Entonces la hija de Herodíah entró y danzó, y agradó a Horedós y a los que estaban con él a la mesa; y el rey le dijo a la muchacha: “Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”.
23 Y le juró mucho: “Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino”.
24 Ella salió y le dijo a su madre: “¿Qué pediré?” Y ésta le dijo: “La cabeza de Yojanán el Inmersor”.
25 En seguida ella entró apresuradamente a donde estaba el rey y le pidió: “Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Yojanán el Inmersor”.
26 El rey se entristeció mucho, pero a causa del juramento y de los que estaban a la mesa, no quiso rechazarla.
27 Inmediatamente el rey envió a uno de la guardia y mandó que se le trajera su cabeza. Este fue, lo decapitó en la cárcel,
28 y llevó su cabeza en un plato; se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
29 Cuando sus discípulos oyeron esto, fueron y recogieron su cadáver, y lo pusieron en un sepulcro.
30 Los Enviados se reunieron con Yahoshúa, y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
31 El les dijo: “Vengan ustedes aparte a un lugar desierto, y descansen un poco”. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían oportunidad para comer.
32 Y se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
33 Pero muchos los vieron irse y los reconocieron. Y de todos los poblados corrieron allá a pie y llegaron antes que ellos.
34 Cuando Yahoshúa desembarcó, vio una gran multitud y se compadeció de ellos, porque estaban como ovejas que no tienen pastor. Entonces comenzó a enseñarles muchas cosas.
35 Cuando la hora estaba ya muy avanzada, sus discípulos se le acercaron y le dijeron: “Este lugar es desierto, y se está haciendo tarde.
36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y se compren algo que comer”.
37 El les respondió: “Denles ustedes de comer”. Y le dijeron: “¿Podremos nosotros ir y comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?”
38 El les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”. Al enterarse, le dijeron: “Cinco, y dos pescados”.
39 Entonces les mandó que hicieran recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.
40 Se recostaron por grupos, de cien en cien y de cincuenta en cincuenta.
41 Y él tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, dio la bendición. Luego empezó a partir los panes y a dárselos a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente; y también repartió los dos pescados entre todos.
42 De manera que todos comieron y se saciaron,
43 y recogieron doce canastas llenas de los pedazos de pan y de los pescados.
44 Y los que comieron de los panes eran como cinco mil hombres.
45 En seguida hizo que sus discípulos abordaran la barca para que fueran delante de él a Bet-Tsaidah, en la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
46 Pero después que se despidió de ellos, se retiró al monte a orar.
47 Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
48 Al ver que ellos se fatigaban remando, porque el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche, él fue hacia ellos caminando sobre el mar, y hacía como que iba a pasarlos de largo.
49 Pero cuando ellos vieron que él caminaba sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar;
50 porque todos lo vieron y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos y les dijo: “¡Tengan ánimo! ¡Soy yo! ¡No teman!”
51 Entonces se subió a la barca con ellos, y se calmó el viento. Ellos quedaron muy perplejos,
52 pues aún no habían etendido lo de los panes; más bien, sus corazones estaban endurecidos.
53 Terminada la travesía, llegaron a la tierra de Guinosar, y atracaron la barca.
54 Pero cuando salieron de la barca, en seguida la gente lo reconoció,
55 y corrieron por toda aquella región, y comenzaron a traer en camillas a los enfermos a donde oían que él estaba.
56 Dondequiera que entraba, ya fuera en aldeas o ciudades o campos, ponían en las plazas a los enfermos, y le rogaban que les permitiera siquiera tocar el borde de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos.
1 Entonces se juntaron a su alrededor los fariseos y algunos de los escribas que habían venido de Yerushaláyim.
2 Ellos vieron que algunos discípulos de él estaban comiendo pan con las manos impuras, es decir, sin lavar.
3 (Pues los fariseos y todos los yahuditas, si no se lavan las manos hasta la muñeca, no comen, porque se aferran a la tradición de los antiguos.
4 Cuando vuelven del mercado, si no se lavan, no comen. Y hay muchas otras observancias que aceptaron, como los lavamientos de las copas, de los jarros y de las vasijas de bronce.
5 De modo que los fariseos y los escribas le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no andan de acuerdo con la tradición de los ancianos, sino que comen pan con las manos impuras?
6 Y él les respondió: “Bien profetizó Yeshayahu acerca de ustedes, hipócritas, como está escrito: ‘Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí.
7 Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina preceptos de hombres’.
8 Porque ustedes dejan los mandamientos de Elohim y se aferran a la tradición de los hombres”.
9 Y añadió: “¡Diestramente desechan ustedes el mandamiento de Elohim para establecer su tradición!
10 Porque Mosheh dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre,’ y: ‘El que maldiga a su padre o a su madre, que muera irremisiblemente’.
11 Pero ustedes dicen que si alguien le dice a su padre o madre: ‘Todo aquello con lo que pudiera yo beneficiarte es korbán’ (es decir, una ofrenda dedicada),
12 ya no le exigen hacer nada más por su padre o su madre.
13 Así invalidan la palabra de Elohim mediante su tradición que han trasmitido, y hacen muchas cosas semejantes a éstas.
14 Después de llamar con él otra vez a la multitud, les dijo: “Escúchenme todos y entiendan.
15 Nada de lo que entra al hombre desde afuera puede contaminarlo; pero lo que sale de él es lo que contamina al hombre.
16 [El que tenga oídos para oír, que oiga.]
17 Cuando entró en una casa, alejándose de la multitud, sus discípulos le preguntaron acerca de la parábola.
18 Y les dijo: “¿Así que también ustedes están sin entendimiento? ¿No comprenden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera lo puede contaminar?
19 Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y sale a la letrina, purificándose así todos los alimentos”.
20 Y reiteró: “Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
21 Porque de adentro, del corazón del hombre, proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
22 los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez.
23 Todas estas maldades proceden del interior y contaminan al hombre.
24 Y poniéndose en camino, salió de allí para los territorios de Tsor y de Tsidón. Y entró en una casa deseando que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido.
25 Porque tan pronto oyó hablar de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, vino y se echó a sus pies.
26 La mujer era griega, de nacionalidad sirofenicia, y se puso a rogarle que echara el demonio fuera de su hija.
27 Pero él le dijo: “Deja que se sacien primero los hijos, porque no es bueno coger el pan de los hijos y echárselo a los perros”.
28 Ella respondió diciéndole: “Sí, Maestro, pero también los perros debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos”.
29 Entonces él le dijo: “Por haber dicho eso, puedes irte, que el demonio ha salido de tu hija”.
30 Y cuando ella llegó a su casa, halló a la niña acostada en la cama y que el demonio había salido.
31 Al salir otra vez de los territorios de Tsor, se fue por Tsidón al mar del Galil, atravesando el territorio de Decápolis.
32 Entonces le trajeron a un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima.
33 Él lo sacó aparte de la multitud, metió sus dedos en los oídos del hombre, escupió, y le tocó la lengua.
34 Entonces, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “¡Efatá!” (que quiere decir: “Abrete”.
35 Y se le abrieron los oídos, e inmediatamente se le desató la ligadura de la lengua, y empezó a hablar bien.
36 El les encargó que no se lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo encargaba, con más empeño lo proclamaban.
37 Y se maravillaban extraordinariamente, y decían: “¡Todo lo ha hecho bien! Hasta hace oír a los sordos, y hablar a los mudos”.
1 En aquellos días, como se había reunido otra vez una gran multitud y no tenían qué comer, Yahoshúa llamó a sus discípulos y les dijo:
2 “Me da pena con esta multitud, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen qué comer.
3 Si los despido a sus casas en ayunas, se desmayarán en el camino; y algunos de ellos han venido de lejos”.
4 Sus discípulos le respondieron: “¿De dónde podrá uno sacar pan para saciarlos aquí en el desierto?”
5 Y él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen ustedes?” Ellos dijeron: “Siete”.
6 Entonces mandó a la multitud que se recostara en el suelo. Tomió los siete panes, y después de dar gracias, los partió y se los dio a sus discípulos para que ellos los sirvieran. Y ellos los repartieron a la multitud.
7 También tenían unos cuantos pescaditos; y después de bendecirlos, él mandó que también los sirvieran.
8 De modo que comieron y se saciaron, y recogieron siete canastas de los pedazos que habían sobrado,
9 aunque eran como cuatro mil. Luego los despidió.
10 Enseguida, entrando en la barca con sus discípulos, se fue a la región de Dalmanuta.
11 Allí salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, para probarlo.
12 El suspiró profundamente en su espíritu y dijo: “¿Por qué pide una señal esta generación? En verdad les digo que a esta generación no se le dará ninguna señal”.
13 Y dejándolos, volvió a abordar el barco y cruzó a la otra orilla.
14 Ellos se habían olvidado de llevar panes, y no tenían consigo en el barco más que un solo pan.
15 Y él les encargó, diciendo: “Miren, tengan cuidado con la levadura de los fariseos y con la levadura de Horedós”.
16 Ellos discutían unos con otros, porque no tenían pan.
17 Como Yahoshúa se dio cuenta, les dijo: “¿Por qué discuten? ¿Porque no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni comprenden? ¿Tienen su corazón embotado?
18 Teniendo ojos, ¿no ven? Teniendo oídos, ¿no oyen? ¿No se acuerdan?
19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron ustedes?” Ellos dijeron: “Doce”.
20 “Y cuando repartí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron?” Ellos dijeron: “Siete”.
21 El les preguntó: “¿Todavía no comprenden?”
22 Luego llegaron a Bet-Tsaidah, y le trajeron un ciego y le rogaban que lo tocara.
23 Entonces tomando al ciego por la mano, lo sacó fuera de la aldea. Y después de mojarle los ojos con saliva e imponerle las manos, le preguntó: “¿Ves algo?”
24 Él entonces alzó la vista y dijo: “Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan alrededor”.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos; el hombre fijó la vista resueltamente, y se le restauró la visión, y veía todo claramente.
26 Entonces Yahoshúa lo envió a su casa, diciéndole: “Pero no entres en la aldea”.
27 Después salió Yahoshúa con sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”
28 Ellos respondieron: “Unos, Yojanán el Inmersor; otros, Eliyahu; otros, uno de los profetas”.
29 Entonces les preguntó: “Pero ustedes, ¿quién dicen que soy? Kefá respondió y le dijo: “¡Tú eres el Mashíaj!”
30 El les encargó enérgicamente que no le hablaran a nadie acerca de él.
31 Luego comenzó a enseñarles que era necesario que el Hijo del Hombre padeciera mucho, que los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas lo rechazaran, y que lo mataran, y que lo resucitaran después de tres días.
32 Les expresó esto claramente. Entonces Kefá lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo.
33 Pero él se dio vuelta, y mirando a sus discípulos reprendió a Kefá diciéndole: “¡Quíta-teme del frente, adversario! Porque no piensas en las cosas de Elohim, sino en las de los hombres.
34 Entonces llamó a la gente, juntamente con sus discípulos, y les dijo: “Si alguno quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su madero y sígame.
35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y de la Buena Noticia, la salvará.
36 Pues, ¿de qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero y perder su vida?
37 Porque, ¿qué no dará el hombre en rescate por su vida?
38 Pues el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos mensajeros”.
1 También les dijo: “En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que hayan visto venir el reino de YHWH con poder”.
2 En efecto, seis días después, Yahoshúa llevó consigo a Kefá, a Yaaqov y a Yojanán, y los hizo subir aparte, a solas, a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos.
3 Sus vestiduras se volvieron brillantes, mucho más blancas que lo que pudiera blanquearlas ningún lavandero en la tierra.
4 También se les apareció Eliyahu con Mosheh, y estaban hablando con Yahoshúa.
5 Entonces Kefá intervino y le dijo a Yahoshúa: “Rabí, es bueno que nos quedemos aquí. Así que levantemos tres enramadas: una para ti, otra para Mosheh y otra para Eliyahu”.
6 Pero él no sabía lo que decía, porque estaban sobrecogidos de terror.
7 Entonces vino una nube que los cubrió con su sombra, y de la nube salió una voz [que dijo]: “Este es mi hijo amado; óiganlo a él”.
8 Pero de repente miraron alrededor y ya no vieron a nadie más con ellos, sino sólo a Yahoshúa.
9 Mientras bajaban del monte, Yahoshúa les ordenó que no le contaran a nadie lo que habían visto, hasta después que el Hijo del Hombre se levantara de entre los muertos.
10 Y ellos se reservaron el asunto, comentando entre ellos mismos qué significaría aquello de levantarse de entre los muertos.
11 Entonces le preguntaron: “¿Por qué dicen los escribas que Eliyahu tiene que venir primero?”
12 El les dijo: “En verdad, Eliyahu viene primero y restaura todas las cosas. Pero, ¿cómo está escrito sobre el Hijo del Hombre, que tiene que padecer mucho y ser menospreciado?
13 Sin embargo, les digo que Eliyahu vino ya; e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como está escrito de él”.
14 Cuando llegaron donde los [otros] discípulos, vieron una gran multitud alrededor de ellos, y a unos escribas que argumentaban con ellos.
15 En seguida, cuando toda la gente lo vio, se sorprendió, y corrieron hacia él para saludarlo.
16 Y les preguntó: “¿Qué argumentaban ustedes con ellos?”
17 Uno de la multitud le respondió: “Rabí, te traje a mi hijo porque tiene un espíritu mudo,
18 y dondequiera que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos y cruje los dientes, y se está consumiendo. Les hablé a tus discípulos para que lo expulsaran, pero no pudieron”.
19 Él respondió y les dijo: “¡Ay generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo”.
20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu lo vio, enseguida convulsionó al muchacho, quien cayó en tierra revolcándose y echando espumarajos.
21 Yahoshúa le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le sucede eso?” El dijo: “Desde niño”.
22 Muchas veces lo echa en el fuego o en el agua para matarlo; pero si puedes hacer algo, ¡ten compasión de nosotros y ayúdanos!”
23 Yahoshúa le dijo: “¿Si puedes? ¡Para el que tiene fe todo es posible!”
24 Inmediatamente el padre del muchacho exclamó: “¡Yo tengo fe! ¡Ayuda mi poca fe!”
25 Pero cuando Yahoshúa vio que la multitud se aglomeraba, reprendió al espíritu inmundo diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te mando que salgas de él y nunca más vuelvas a entrar!”
26 Entonces, clamando y convulsionándolo con violencia, el espíritu salió; y el muchacho quedó como muerto, de modo que muchos decían que estaba muerto.
27 Pero Yahoshúa lo cogió de la mano y lo enderezó, y él se levantó.
28 Cuando él entró en una casa, sus discípulos le preguntaron en privado: “¿Por qué no pudimos echarlo fuera nosotros?
29 El les dijo: “Este género no puede salir con nada sino con oración”.
30 Después de salir de allí, caminaban por el Galil. El no quería que nadie lo supiera,
31 porque estaba impartiendo enseñanzas que eran para sus discípulos, y les decía: “Al Hijo del Hombre lo entregarán en manos de los hombres, y lo matarán. Pero aunque lo matarán, resucitará después de tres días”.
32 Pero ellos no entendían esta declaración y tenían temor de preguntarle.
33 Luego llegaron a Kefar Najum; y cuando estuvo en la casa, les preguntó: “¿Qué discutían entre ustedes por el camino?”
34 Pero ellos se quedaron callados, porque lo que habían discutido entre ellos por el camino era sobre quién era el más importante.
35 Entonces se sentó, llamó a los doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, deberá hacerse el último de todos y el servidor de todos”.
36 Y tomó a un niño y lo puso en medio de ellos; y cogiéndolo en brazos, les dijo:
37 “El que en mi nombre recibe a alguien como este niño, a mí me recibe; y el que a mí me recibe no me recibe a mí, sino a Aquel que me envió”.
38 Yojanán le dijo: “Rabí, vimos a alguien que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no andaba con nosotros”.
39 Pero Yahoshúa dijo: “No se lo prohíban, porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá después hablar mal de mí.
40 Pues el que no está contra nosotros, está con nosotros.
41 Cualquiera que les dé un vaso de agua en mi nombre, porque ustedes son del Mashíaj, en verdad les digo que jamás perderá su recompensa.
42 Pero a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que le ataran una gran piedra de molino al cuello y que lo echaran al mar.
43 “Si tu mano te hace tropezar, córtatela. Te conviene más entrar manco a la vida que teniendo dos manos, ir al Crematorio, al fuego inextinguible,
44 [donde su gusano no muere, y el fuego no se apaga.]
45 Si tu pie te hace tropezar, córtatelo. Te conviene más entrar cojo a la vida que teniendo dos pies, ser echado al infierno,
46 [donde su gusano no muere, y el fuego no se apaga.]
47 Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo. Mejor te es entrar con un solo ojo al reino de Elohim que, teniendo dos ojos, ser echado al infierno,
48 donde su gusano no muere, y el fuego no se apaga.
49 Porque todos serán salados para el fuego.
50 La sal es buena; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué la salarán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.
1 De allí se levantó y se fue a las regiones de Yahudah y del otro lado del Yardén. Las multitudes volvieron a acudir a él, y de nuevo se puso a enseñarles como él acostumbraba.
2 Entonces se le acercaron unos fariseos para probarlo, y le preguntaron si le era lícito al hombre divorciarse de su esposa.
3 Y él les contestó: “¿Qué les mandó Mosheh?”
4 Ellos dijeron: “Mosheh permitió escribir una carta de divorcio y despedirla”.
5 Pero Yahoshúa les dijo: “Por la dureza del corazón de ustedes, les escribió este mandamiento.
6 Pero desde el principio de la creación, Elohim los hizo varón y hembra.
7 Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer;
8 y serán los dos una sola carne. Así que, ya no son dos, sino una sola carne.
9 Por tanto, lo que Elohim ha unido, no lo separe el hombre”.
10 En la casa sus discípulos volvieron a preguntarle acerca de esto.
11 Y él les dijo: “Cualquiera que se divorcie de su esposa y se case con otra, comete adulterio contra ella.
12 Y si la mujer se divorcia de su esposo y se casa con otro, comete adulterio.
13 Entonces le presentaban niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendían.
14 Al ver esto, Yahoshúa se indignó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan; porque de los tales es el reino de Elohim.
15 En verdad les digo que cualquiera que no reciba el reino de YHWH como un niño, jamás entrará en él”.
16 Entonces los tomaba en los brazos, ponía las manos sobre ellos y los bendecía.
17 Cuando iba saliendo al camino, vino uno corriendo, se arrodilló ante de él y le preguntó: “Buen Rabí, ¿qué puedo hacer para obtener la vida eterna?”
18 Pero Yahoshúa le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, YHWH.
19 Tú conoces los mandamientos: No cometas asesinato, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre”.
20 Pero él le dijo: “Rabí, todo eso lo he guardado desde mi juventud”.
21 Entonces al mirarlo Yahoshúa, sintió afecto por él, y le dijo: “Una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Entonces ven y sígueme”.
22 Pero él cambió de semblante al oír esta declaración, y se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Yahoshúa, mirando alrededor, les dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Elohim los que tienen riquezas!”
24 Los discípulos se asombraron por sus palabras; pero Yahoshúa volvió a decirles: “Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Elohim!
25 Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de YHWH”.
26 Pero ellos quedaron aún más asombrados y decían entre ellos: “¿Quién entonces podrá salvarse?”
27 Entonces Yahoshúa, mirándolos, les dijo: “Para los hombres es imposible; pero no para Elohim. Porque para Elohim todas las cosas son posibles.
28 Kefá comenzó a decirle: “Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido”.
29 Yahoshúa le dijo: “En verdad les digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por causa mía y de la Buena Noticia,
30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, aunque con persecuciones; y en la era venidera, la vida eterna.
31 Pero muchos primeros serán los últimos, y los últimos, primeros.
32 Iban por el camino que sube a Yerushaláyim, y Yahoshúa iba delante de ellos. Ellos estaban asombrados, y los que lo seguían tenían miedo. Entonces, volvió a llevar aparte a los Doce, y comenzó a declararles las cosas que le iban a suceder:
33 “Como ven, vamos subiendo a Yerushaláyim, y al Hijo del Hombre lo entregarán a los principales sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles.
34 Se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán; pero después de tres días resucitará.
35 Entonces Yaaqov y Yojanán, hijos de Zavday, se le acercaron y le dijeron: “Rabí, queremos que nos concedas lo que pidamos”.
36 El les dijo: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”
37 Ellos dijeron: “Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.
38 Entonces Yahoshúa les dijo: “Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo bebo, o sumergirse con la inmersión con que me voy a sumergir?”
39 Ellos dijeron: “Podemos”. Y Yahoshúa les dijo: “Beberán la copa que yo bebo, y se sumergirán con la inmersión con que me voy a sumergir.
40 Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está preparado”.
41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse con Yaaqov y Yojanán.
42 Pero Yahoshúa los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los que se consideran gobernantes de los gentiles se adueñan de ellos, y sus grandes ejercen autoridad sobre ellos.
43 Pero no es así entre ustedes. Más bien, cualquiera que anhele hacerse grande entre ustedes será su servidor,
44 y cualquiera que anhele ser el primero entre ustedes será siervo de todos.
45 Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.
46 Entonces llegaron a Yerejó. Y cuando él iba saliendo de Yerejó junto con sus discípulos y una gran multitud, el ciego Bar-Timay, (hijo de Timay), estaba sentado junto al camino mendigando.
47 Y cuando oyó que era Yahoshúa el Natsereno, comenzó a gritar diciendo: “¡Yahoshúa, hijo de Dawid, ten compasión de mí!”
48 Muchos lo regañaban para que se callara, pero él gritaba aún más fuerte: “¡Hijo de Dawid, ten compasión de mí!”
49 Entonces Yahoshúa se detuvo y mandó a llamarlo. Llamaron al ciego diciéndole: “Ten confianza. Levántate que él te llama”.
50 Entonces él, tirando su manto, se levantó y fue a Yahoshúa.
51 Yahoshúa le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” Y el ciego le dijo: “Rabí, que yo recobre la vista”.
52 Yahoshúa le dijo: “Vete. Tu fe te ha sanado”. Al momento recobró la vista, y se puso a seguirlo por el camino.
1 Cuando se iban acercando a Yerushaláyim, junto a Bet-Pagué y Bet-Hiní, frente al monte de los Olivos, Yahoshúa envió a dos de sus discípulos
2 y les dijo: “Vayan a la aldea que está frente a ustedes, y enseguida que entren allí hallarán un burrito amarrado, en el que ningún hombre se ha montado. Desátenlo y tráiganlo.
3 Y si alguien les pregunta por qué hacen eso, díganle: “El Maestro lo necesita, pero lo devolverá pronto”.
4 Ellos fueron y hallaron el burrito atado a la puerta, afuera, en la esquina de una calle; y lo desataron.
5 Algunos de los que estaban allí les dijeron: “¿Qué hacen desatando al burrito?”
6 Ellos les dijeron tal como Yahoshúa les había indicado, y los dejaron ir.
7 Le trajeron el burrito a Yahoshúa, le pusieron encima sus mantos, y se montó sobre él.
8 Muchos tendieron sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles.
9 Los que iban delante y los que lo seguían aclamaban: “¡Hoshía-na! ¡Bendito el que viene en el nombre de YHWH!
10 ¡Bendito el reino venidero de nuestro padre Dawid! ¡Hoshía-na en las alturas!”
11 Yahoshúa entró en Yerushaláyim, en el templo, y después de mirar todo en derredor, como la hora ya era avanzada, salió para Bet-Hiní con los doce.
12 Al día siguiente, cuando salieron de Bet-Hiní, le dio hambre.
13 En eso divisó de lejos una higuera que se veía frondosa, y se acercó para ver si hallaba algo en ella, pero cuando llegó a ella, no encontró nada sino hojas, porque no era tiempo de higos.
14 Entonces Yahoshúa le dijo a la higuera: “¡Nunca jamás coma nadie de tu fruto!” Y lo oyeron sus discípulos.
15 Llegaron a Yerushaláyim, y Yahoshúa entró en el Templo. Y comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,
16 y no permitía que nadie cruzara por el Templo llevando utensilio alguno.
17 Y se puso a reprocharlos diciendo: “¿Acaso no está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones’? Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”.
18 Los principales sacerdotes y los escribas lo oyeron, y empezaron a buscar cómo matarlo; porque le tenían miedo, pues todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
19 Al caer la tarde, Yahoshúa y los suyos salieron de la ciudad.
20 Por la mañana, cuando pasaban por allí, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
21 Entonces Kefá se acordó de aquello y le dijo: “Rabí, mira; la higuera que maldijiste se ha secado”.
22 En respuesta Yahoshúa les dijo: “Tengan fe en Elohim.
23 En verdad les digo que cualquiera que le diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y que no dude en su corazón, sino que crea que se va a cumplir lo que dice, así le sucederá.
24 Por eso les digo que todo lo que pidan en oración, crean que lo han recibido, y lo obtendrán.
25 Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que su Padre que está en los cielos también les perdone a ustedes sus ofensas.
26 [Pero si ustedes no perdonan, tampoco su Padre que está en el cielo les perdonará sus ofensas”.]
27 En eso llegaron otra vez a Yerushaláyim. Luego, mientras él andaba por el Templo, se le acercaron los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28 y le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces esas cosas? ¿Y quién te dio la autoridad para hacer tales cosas?”
29 Entonces Yahoshúa les dijo: “Yo les voy a hacer una pregunta. Respóndanme, y yo les diré con qué autoridad hago estas cosas:
30 La inmersión de Yojanán, ¿era del cielo o de los hombres? Contéstenme”.
31 Entonces ellos razonaban entre sí diciendo: “Si decimos que del cielo, dirá: ‘¿Por qué, entonces, no le creyeron?’
32 Pero ¿le vamos a decir que de los hombres?” (Pues le temían al pueblo, porque todos consideraban que verdaderamente Yojanán era un profeta.)
33 De manera que le dijeron en respuesta: “No sabemos”. Y Yahoshúa les dijo: “Pues yo tampoco les digo con qué autoridad hago estas cosas”.
1 Entonces comenzó a hablarles en parábolas: “Un hombre plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se fue lejos.
2 A su debido tiempo envió un siervo donde los labradores, para recibir de los labradores una parte del fruto de la viña.
3 Pero ellos lo agarraron, lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías.
4 Volvió a enviarles otro siervo, pero a ése lo hirieron en la cabeza y le insultaron.
5 Luego envió otro, y a éste lo mataron. Envió a muchos otros, pero ellos golpeaban a unos y mataban a otros.
6 Todavía le quedaba alguien: un hijo amado; y a éste se lo envió por último, pensando: “A mi hijo lo respetarán”.
7 Pero aquellos labradores dijeron entre ellos: “Ese es el heredero. Vamos a matarlo, y la herencia será nuestra”.
8 De modo que lo agarraron, lo mataron y lo echaron fuera de la viña.
9 ¿Qué hará, entonces, el dueño de la viña? ¡Vendrá y destruirá a los labradores y le dará la viña a otros!
10 ¿No han leído esta escritura?: ‘La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la principal piedra angular;
11 de parte de YHWH sucedió esto, y es maravilloso a nuestros ojos’.”
12 Entonces ellos trataron de echarle mano, porque se dieron cuenta de que en aquella parábola se había referido a ellos. Pero le tenían miedo a la multitud, de modo que lo dejaron y se fueron.
13 Después le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos para que lo entramparan en alguna declaración.
14 Cuando llegaron le dijeron: “Rabí, sabemos que eres un hombre veraz y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Elohim. ¿Es lícito pagarle impuestos al César, o no? ¿Pagaremos o no pagaremos?”
15 Entonces él, como entendió la hipocresía de ellos, les dijo: “¿Por qué me prueban? Tráiganme un denario para verlo”.
16 Cuando se lo trajeron, él les dijo: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Le dijeron: “Del César”.
17 Entonces Yahoshúa les dijo: “Denle al César lo que es del César, y a YHWH lo que es de YHWH”. Se admiraron de él.
18 Entonces vinieron donde él unos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
19 “Rabí, Mosheh nos escribió que si el hermano de alguno muere y deja una esposa pero no deja hijos, su hermano debe tomar la esposa y levantarle descendencia a su hermano.
20 Pues había siete hermanos. El primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.
21 La tomó el segundo y murió sin dejar descendencia. El tercero, de la misma manera.
22 Así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer.
23 Cuando se levanten en la resurrección, ya que los siete la tuvieron por esposa, ¿de cuál de ellos será esposa?”
24 Entonces Yahoshúa les dijo: “¿No estarán ustedes equivocados en eso, porque no conocen las Escrituras ni tampoco el poder de Elohim?
25 Porque cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán ni se darán en matrimonio, sino que serán como los mensajeros que están en los cielos.
26 Y con respecto a si resucitan los muertos, ¿no han leído en el libro de Mosheh, cómo le habló Elohim desde la zarza diciendo: Yo soy el Elohim de Avraham, el Elohim de Yitsjaq y el Elohim de Yaaqov?
27 YHWH no es un elohim de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados”.
28 Uno de los escribas que había llegado al oírlos discutir, dándose cuenta de que él había respondido bien, le preguntó: “¿Cuál es el principal mandamiento de todos?”
29 Yahoshúa le respondió: “El principal es: ‘Oye, Yisrael: YHWH nuestro Elohim, YHWH uno es.
30 Y amarás a YHWH tu Elohim con todo tu corazón, con todo tu ser, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’.
31 El segundo es éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay otro mandamiento mayor que estos dos”.
32 Entonces el escriba le dijo: “Bien, Rabí. Has dicho la verdad: YHWH es uno, y no hay otro aparte de él;
33 y amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos las ofrendas quemadas y sacrificios”.
34 Y viendo Yahoshúa que había respondido sabiamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Elohim”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Advertencia contra los escribas
35 Mientras estaba enseñando en el templo, Yahoshúa se puso a decirles: “¿Cómo es que dicen los escribas que el Mashíaj es hijo de Dawid?
36 Dawid mismo dijo mediante el espíritu de santidad: ‘Dijo YHWH a mi soberano: “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”’.
37 Si Dawid mismo lo llama “soberano”, ¿cómo puede ser su hijo?” Y la gran multitud lo escuchaba con gusto.
38 Y en su enseñanza decía: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con ropas largas y aman los saludos en las plazas,
39 las primeras sillas en las sinagogas y los primeros asientos en los banquetes.
40 Estos, que devoran las casas de las viudas y como pretexto hacen largas oraciones, recibirán mayor condenación.
41 Estando Yahoshúa sentado frente al arca de las ofrendas, observaba cómo el pueblo echaba dinero en el arca. Muchos ricos echaban mucho,
42 y una viuda pobre vino y echó dos monedas, que equivalen a un centavo.
43 El llamó a sus discípulos y les dijo: “En verdad les digo que esa viuda pobre echó más que todos los que echaron en el arca.
44 Porque todos han echado de su abundancia; pero ésta, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”.
1 Cuando él salía del templo, uno de sus discípulos le dijo: “Rabí, ¡mira qué piedras y qué edificios!”
2 Y Yahoshúa le dijo: “¿Ven ustedes estos grandes edificios? Aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada”.
3 Estando él sentado en el monte de los Olivos frente al templo, Kefá, Yaaqov, Yojanán y Andrés le preguntaron aparte:
4 “Dinos, ¿cuándo sucederán esas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas esas cosas estén por cumplirse?”
5 Yahoshúa comenzó a decirles: “Miren que nadie los engañe.
6 Muchos vendrán en mi nombre diciendo que soy yo, y engañarán a muchos.
7 Pero cuando ustedes oigan de guerras y de rumores de guerras, no se alarmen. Es necesario que así suceda, pero todavía no es el fin.
8 Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; habrá terremotos por todas partes, y habrá hambres. Pero estos son el principio del sufrimiento.
9 “Pero ustedes, cuídense; porque los entregarán a los tribunales, y los azotarán en las sinagogas. Por mi causa los llevarán delante de gobernadores y de reyes, para dar testimonio ante ellos.
10 Es necesario que se proclame primero la Buena Noticia a todas las naciones.
11 Cuando los lleven para entregarlos, no se preocupen por lo que deban decir. Más bien, hablen lo que se les dé en ese momento; porque no son ustedes los que hablan, sino el espíritu de santidad.
12 El hermano entregará a la muerte a su hermano, y el padre a su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y les darán muerte.
13 Y a ustedes los aborrecerán todos, por causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
14 “Pero cuando ustedes vean que la abominación desoladora se ha establecido donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Yahudah huyan a los montes.
15 El que esté en la azotea no baje ni entre para sacar algo de su casa,
16 y el que esté en el campo no vuelva atrás para tomar su manto.
17 ¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que críen en esos días!
18 Así que oren para que esto no suceda en invierno.
19 Porque esos días serán de tribulación como nunca la ha habido desde el principio de la creación que hizo Elohim, hasta ahora, ni la habrá jamás.
20 Si YHWH no hubiese acortado esos días, no se salvaría nadie; pero por causa de los escogidos que él eligió, él ha acortado esos días.
21 “Entonces, si alguien les dice: ‘Miren, aquí está el Mashíaj’, o ‘Miren, allí está,’ no le crean.
22 Porque se levantarán falsos Mashíaj y falsos profetas, y harán señales y maravillas para engañar, de ser posible, a los escogidos.
23 Pero ustedes, ¡miren! se lo he dicho todo de antemano.
24 “Entonces en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor.
25 Las estrellas caerán del cielo, y los poderes que están en los cielos se sacudirán.
26 Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria.
27 Después enviará a sus mensajeros y reunirá a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 “De la higuera aprendan la parábola: Cuando su rama ya está tierna y brotan sus hojas, saben que el verano está cerca.
29 Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que está cerca, a las puertas.
30 En verdad les digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan.
31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 “Pero acerca de ese día o de la hora, nadie sabe; ni siquiera los mensajeros en el cielo, ni aún el Hijo, sino sólo el Padre.
33 Miren y manténganse alerta, porque no saben cuándo será el tiempo.
34 Será como el hombre que al salir de viaje dejó su casa y les dio autoridad a sus siervos, a cada uno su obra, y al portero le mandó que estuviera alerta.
35 Así que manténganse alerta, porque no saben cuándo vendrá el Amo de la casa, sea a la tarde, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana;
36 no vaya a ser que cuando vuelva de repente los halle durmiendo.
37 Lo que a ustedes digo, se lo digo a todos: ¡Manténganse alerta!”
1 Dos días después vendría el Pésaj y los Inleudos. Y los principales sacerdotes y los escribas estaban buscando cómo sorprenderlo con engaño para matarlo,
2 pues decían: “No en la Fiesta, para que no se forme un alboroto en el pueblo”.
3 Estando él en Bet-Hiní sentado a la mesa en casa de Shimón el leproso, vino una mujer que tenía un frasco de mármol con perfume de nardo puro de gran precio. Y quebrando el frasco de mármol, lo derramó sobre la cabeza de Yahoshúa.
4 Pero había allí algunos que se indignaron y dijeron entre ellos: “¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?
5 Porque podría haberse vendido ese perfume por más de trescientos denarios y habérsele dado a los pobres”. Y murmuraban contra ella,
6 pero Yahoshúa dijo: “Déjenla. ¿Por qué la molestan? Ella ha hecho una buena obra conmigo.
7 Porque a los pobres siempre los tienen con ustedes, y cuando quieran les pueden hacer el bien; pero a mí no siempre me tienen.
8 Ella hizo lo que podía, porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.
9 En verdad les digo que dondequiera que se proclame la Buena Noticia en todo el mundo, también se contará lo que ha hecho ésta, para memoria de ella”.
10 Entonces Yahudah el Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.
11 Cuando ellos lo oyeron, se alegraron y prometieron darle dinero. De modo que él se puso a buscar cómo entregarlo en un momento oportuno.
12 El día antes de los Inleudos, cuando se sacrificaba el cordero de Pésaj, sus discípulos le dijeron: “¿Dónde quieres que vayamos y hagamos los preparativos para que comas el Pésaj?”
13 El envió a dos de sus discípulos y les dijo: “Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo;
14 y donde entre, díganle al dueño de la casa: ‘El Rabí dice: '¿Dónde está mi habitación donde pueda comer el Pésaj con mis discípulos?’
15 Y él les mostrará un cuarto grande arriba, ya dispuesto y preparado. Preparen allí para nosotros”.
16 De modo que sus discípulos se fueron, y entraron en la ciudad. Allí hallaron todo como él les había dicho y prepararon el Pésaj.
17 Al caer la tarde, fue con los Doce;
18 y cuando estaban sentados a la mesa comiendo, Yahoshúa dijo: “En verdad les digo que uno de ustedes, que come conmigo, me va a traicionar”.
19 Entonces comenzaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: “No soy yo, ¿verdad?”
20 El les dijo: “Es uno de los Doce, que moja el pan conmigo en el plato.
21 En verdad, el Hijo del Hombre se va, tal como está escrito de él. Pero ¡pobre de aquel que traiciona al Hijo del Hombre! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido”.
22 Mientras ellos comían, Yahoshúa tomó un pan, dio la bendición, lo partió, les dio y dijo: “Tengan, esto es mi cuerpo”.
23 Tomando la copa, después de dar gracias, les dio; y bebieron todos de ella.
24 Y él les dijo: “Esto es mi sangre de la alianza, la cual se derrama a favor de muchos.
25 En verdad les digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Elohim”.
26 Y después de cantar una alabanza, salieron al monte de los Olivos.
27 Entonces Yahoshúa les dijo: “Todos me fallarán, porque está escrito: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.
28 Pero después que haya resucitado, iré delante de ustedes al Galil”.
29 Entonces Kefá le dijo: “Aunque todos te fallen, yo no”.
30 Yahoshúa le dijo: “En verdad te digo que hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, tú me negarás tres veces”.
31 Pero él decía con mayor insistencia: “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”. También todos decían lo mismo.
32 Llegaron al lugar que se llama Gat-Shemanim, y les dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí, mientras yo oro”.
33 Llevó consigo a Kefá, a Yaaqov y a Yojanán, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.
34 Y les dijo: “Tengo una tristeza de muerte. Quédense aquí y manténganse alerta”.
35 Pasando un poco adelante, se postraba en tierra y oraba que de ser posible, no tuviera que pasar por aquel momento.
36 Decía: “¡Abba! (Padre), todo es posible para ti! ¡Aparta de mí este trago! Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”.
37 Volvió y los halló durmiendo, y le dijo a Kefá: “Shimón, ¿duermes? ¿No has podido mantenerte alerta una sola hora?
38 Manténganse alerta y oren, para que no caigan en tentación. El espíritu en verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.
39 De nuevo se apartó y oró diciendo las mismas palabras.
40 Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. Y no sabían qué responderle.
41 Volvió por tercera vez y les dijo: “¿Todavía están durmiendo y descansando? ¡Basta ya! Ha llegado la hora. Miren, al Hijo del Hombre lo entregan en manos de los pecadores.
42 ¡Levántense, vamos! Miren que se acerca el que me entrega”.
43 En seguida, mientras él aún hablaba, llegó Yahudah, uno de los Doce, y con él una multitud con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.
44 El que lo entregaba les había dado una señal diciendo: “Al que yo bese, ése es. Aprésenlo y llévenselo con seguridad”.
45 Cuando llegó, en seguida se le acercó y le dijo: “¡Rabí!” Y lo besó.
46 Entonces ellos le echaron mano y lo apresaron;
47 pero uno de los que estaban allí, sacó su espada, e hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja.
48 Yahoshúa tomó la palabra y les dijo: “¿Como contra un asaltante han salido ustedes con espadas y palos para apresarme?
49 Todos los días yo estaba delante de ustedes enseñando en el Templo, y no me apresaron. Pero así sea, para que se cumplan las Escrituras”.
50 Entonces todos los suyos lo abandonaron y huyeron.
51 Pero cierto joven, que había cubierto su cuerpo desnudo con una sábana, lo siguió; y lo apresaron.
52 Pero él les dejó la sábana, y huyó desnudo.
53 Llevaron a Yahoshúa ante el sumo sacerdote; y se reunieron con él todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas.
54 Y Kefá lo siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote, y estaba sentado con los guardias, calentándose ante el fuego.
55 Los principales sacerdotes y todo el Sanhedrín buscaban testimonio contra Yahoshúa, para entregarlo a la muerte; pero no lo hallaban.
56 Porque muchos daban falso testimonio contra Yahoshúa, pero sus testimonios no concordaban.
57 Entonces se levantaron unos, y dieron falso testimonio contra él diciendo:
58 “Nosotros lo oímos decir: ‘Yo derribaré este templo que fue construido con manos, y en tres días edificaré otro hecho sin manos’.”
59 Pero ni aún así concordaba el testimonio de ellos.
60 Entonces el sumo sacerdote se levantó en medio y le preguntó a Yahoshúa: “¿No respondes nada? ¿Qué es lo que testifican éstos contra ti?”
61 Pero él se quedó callado y no respondió nada. Otra vez el sumo sacerdote le preguntó: “¿Eres tú el Mashíaj, el Hijo del Bendito?”
62 Yahoshúa le dijo: “Lo soy. Y además, verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo”.
63 Entonces el sumo sacerdote rasgó su vestidura y dijo: “¿Para qué necesitamos más testigos?
64 Ustedes han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?” Y todos ellos lo condenaron como digno de muerte.
65 Algunos comenzaron a escupirlo; otros le cubrían la cara y le daban de bofetadas, diciendo: “¡Profetiza!” También los guardias lo recibieron a bofetadas.
66 Estando Kefá abajo en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote.
67 Cuando vio a Kefá calentándose, se fijó en él y le dijo: “Tú también estabas con Yahoshúa de Natséret”.
68 Pero él lo negó diciendo: “No lo conozco, ni sé lo que dices”. Y salió afuera a la entrada, y el gallo cantó”.
69 Cuando la criada lo vio, comenzó otra vez a decirles a los que estaban allí: “Este es uno de ellos”.
70 Pero él lo negó otra vez. Poco después, los que estaban allí le dijeron otra vez a Kefá: “Verdaderamente tú eres uno de ellos, porque eres galileo”.
71 Pero él comenzó a maldecir y a jurar: “¡No conozco a ese hombre de quien hablan ustedes!”
72 Y en seguida cantó el gallo por segunda vez, y Kefá se acordó de la declaración que Yahoshúa le había hecho: “Antes que cante el gallo dos veces, tú me negarás tres veces”. Y pensando en esto, rompió a llorar.
1 Tan pronto amaneció, los principales sacerdotes consultaron con los ancianos, con los escribas y con todo el Sanhedrín, y después de atar a Yahoshúa, lo llevaron y se lo entregaron a Pilato.
2 Pilato le preguntó: “¿Eres tú el rey de los yahuditas?” Y él respondió: “Tú lo dices”.
3 Los principales sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
4 Pero Pilato le preguntó de nuevo: “¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan”.
5 Pero Yahoshúa aún así no respondió nada, de modo que Pilato quedó asombrado.
6 En la Fiesta, Pilato solía soltarles un preso, el que ellos pidieran.
7 Y había uno que se llamaba Bar-Aba, preso con los rebeldes que habían cometido homicidio en la insurrección.
8 La multitud se levantó y comenzó a pedir que les hiciera como acostumbraba.
9 Entonces Pilato les respondió: “¿Quieren que yo les suelte al rey de los yahuditas?”
10 Porque sabía que por envidia lo habían entregado los principales sacerdotes.
11 Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltara más bien a Bar-Aba.
12 De nuevo intervino Pilato y les dijo: “¿Qué quieren entonces que haga con el que ustedes llaman “el rey de los yahuditas”?
13 De nuevo gritaron: “¡Al madero con él!”
14 Entonces Pilato les dijo: “¿Pero, qué mal ha hecho?” Pero lanzaron gritos aún más fuertes: “¡Al madero con él!”
15 Entonces Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Bar-Aba y entregó a Yahoshúa, después de azotarlo, para que lo ejecutaran en el madero.
16 Entonces los soldados lo llevaron dentro del atrio, que es el Pretorio, y convocaron a toda la compañía.
17 Lo vistieron de púrpura; y después de tejer una corona de espinas, se la pusieron
18 y comenzaron a aclamarlo: “¡Viva, rey de los yahuditas!”
19 También le golpeaban la cabeza con una vara, lo escupían y puestos de rodillas le rendían homenaje.
20 Después que se mofaron de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron su propia ropa. Entonces lo sacaron para ejecutarlo en el madero.
21 Obligaron a un transeúnte que venía del campo, a un tal Shimón el kireneo, padre de Alejandro y de Rufo, a que cargara el madero de Yahoshúa.
22 Y lo llevaron al lugar llamado Gulgolta, que se traduce lugar de la Calavera.
23 Le dieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.
24 Y lo clavaron a un madero, y repartieron sus vestiduras, echando suertes sobre ellas para ver qué se llevaría cada cual.
25 Era la hora tercera cuando lo clavaron al madero.
26 El título de su acusación estaba escrito: EL REY DE LOS YAHUDITAS.
27 Y con él clavaron en maderos a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.
28 [Así se cumplió la escritura que dice: “Con los malvados fue contado”.]
29 Los que pasaban lo insultaban, meneando la cabeza y diciendo: “¡Ah! Tú que derribas el templo y lo edificas en tres días,
30 ¡sálvate a ti mismo y baja del madero!”
31 De igual manera, mofándose de él entre ellos mismos, los principales sacerdotes junto con los escribas decían: “A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar.
32 ¡Que el Mashíaj, el rey de Yisrael, baje ahora del madero para que veamos y creamos!” También los que estaban clavados en maderos con él lo insultaban.
33 Cuando llegó la hora sexta, bajó una oscuridad sobre toda la tierra, hasta la hora novena.
34 Y en la hora novena Yahoshúa exclamó con voz fuerte: “¡Eloí, Eloí! ¿Lemá shabakhtáni?” (que traducido quiere decir: Elohim mío, Elohim mío, ¿por qué me has desamparado?”
35 Al oírlo, algunos de los que estaban allí decían: “Miren, está llamando a Eliyah”.
36 Corrió uno y empapó una esponja en vinagre, la puso en una vara y le dio a beber, diciendo: “Dejen, veamos si viene Eliyah a bajarlo”.
37 Pero Yahoshúa, dando un fuerte grito, expiró.
38 Y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
39 El centurión que estaba de pie delante de él, cuando vio que había muerto de esta manera, dijo: “¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Elohim!”
40 También estaban allí algunas mujeres, mirando desde lejos. Entre ellas se encontraban Miryam la Magadena, Miryam la madre de Yaaqov el Menor y de Yosef, y Shelomit.
41 Cuando Yahoshúa estaba en el Galil, éstas lo seguían y le servían. También había muchas otras que habían subido con él a Yerushaláyim.
42 Cuando ya atardecía, siendo el día de la Preparación, es decir, la víspera del Shabat,
43 llegó Yosef de Ramatáyim, miembro ilustre del Concilio, quien también esperaba el reino de Elohim, y entró osadamente donde Pilato y le pidió el cuerpo de Yahoshúa.
44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto. Y llamando al centurión, le preguntó si ya había muerto.
45 Una vez informado por el centurión, le concedió el cuerpo a Yosef.
46 Éste había comprado una sábana y, bajándolo del madero, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que habían cavado en una peña. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
47 Miryam la Magdalena y Miryam la madre de Yosef se quedaron mirando dónde lo ponían.
1 Cuando pasó el Shabat, Miryam la Magdalena, Miryam la madre de Yaaqov, y Shelomit compraron especias aromáticas para ir a ungirlo.
2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, fueron al sepulcro apenas salido el sol,
3 y se decían una a otra: “¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”
4 Pero cuando miraron, vieron que ya habían removido la piedra, a pesar de que era muy grande.
5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido de una larga ropa blanca, y se asustaron.
6 Pero él les dijo: “No se asusten. Ustedes buscan a Yahoshúa el Natsereno, al que ejecutaron en un madero. Ha resucitado. No está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron.
7 Pero vayan, díganle a sus discípulos, y a Kefá, que él va delante de ustedes al Galil. Allí lo verán, como les dijo”.
8 Ellas salieron huyendo del sepulcro, porque temblaban y estaban presas de espanto. Y no le dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.
9 Después de haber resucitado, muy de mañana el primer día de la semana se le apareció a Miryam la Magdalena, de la cual había expulsado siete demonios.
10 Luego ella fue y lo anunció a los que habían estado con él, que estaban tristes y lloraban.
11 Pero cuando ellos oyeron que estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron.
12 Después se apareció en otra forma a dos de ellos que iban caminando hacia el campo.
13 Ellos fueron y lo anunciaron a los demás, pero tampoco a ellos les creyeron.
14 Luego, apareció a los Once cuando estaban sentados a la mesa, y los reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
15 Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Noticia a toda criatura.
16 El que crea y se sumerja se salvará; pero el que no crea se condenará.
17 Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas idiomas,
18 tomarán serpientes en las manos, y si llegan a beber algo venenoso, no les hará daño. Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
19 Después que les habló, el Maestro Yahoshúa fue elevado hacia el cielo, y se sentó a la diestra de Elohim.
20 Y ellos salieron y proclamaron en todas partes; el Maestro actuaba con ellos y confirmaba el mensaje con las señales que seguían.