1

1 Este es el registro de los antepasados de de Yahoshúa el Mashíaj, hijo de Dawid, hijo de Avraham:

2 Avraham procreó a Yitsjaq; Yitsjaq procreó a Yaaqov; Yaaqov procreó a Yahudah y a sus hermanos;

3 Yahudah procreó de Tamar a Perets y a Zéraj; Perets procreó a Jetsrón; Jetsrón procreó a Ram;

4 Ram procreó a Aminadav; Aminadav procreó a Najshón; Najshón procreó a Salmón;

5 Salmón procreó de Rajav a Bóaz; Bóaz procreó de Rut a Obed; Obed procreó a Yishay;

6 Yishay procreó al rey Dawid. El rey Dawid procreó a Shelomoh, de la que fue esposa de Uriyah;

7 Shelomoh procreó a Rehavam; Rehavam procreó a Aviyah; Aviyah procreó a Asá;

8 Asá procreó a Yahoshafat; Yahoshafat procreó a Yoram; Yoram procreó a Uziyahu;

9 Uziyahu procreó a Yotam; Yotam procreó a Ajaz; Ajaz procreó a Yejizqiyahu;

10 Yejizqiyahu procreó a Menasheh; Menasheh procreó a Amón; Amón procreó a Yoshiyahu;

11 Yoshiyahu procreó a Yekhanyahu y a sus hermanos en el tiempo del exilio a Bavel.

12 Después del exilio a Bavel, Yekhanyahu procreó a Shealtiel; Shealtiel procreó a Zerubavel;

13 Zerubavel procreó a Avijud; Avijud procreó a Avner;Avner* procreó a Elyakim; Elyakim procreó a Azur;

14 Azur procreó a Tsadoq; Tsadoq procreó a Yakhín;Yakhín procreó a Elijud;

15 Elijud procreó a Elazar;Elazar procreó a Matán; Matán procreó a Yaaqov.

16 Yaaqov procreó a Yosef, esposo de Miryam, de la cual nació Yahoshúa, llamado el Mashíaj.

17 De manera que todas las generaciones desde Avraham hasta Dawid son catorce generaciones, y desde Dawid hasta el exilio a Bavel son catorce generaciones, y desde el exilio a Bavel hasta el Mashíaj son catorce generaciones.

18 El nacimiento de Yahoshúa el Mashíaj fue así: Su madre Miryam estaba desposada con Yosef; pero antes de que se unieran, se halló que ella estaba encinta por [obra del] espíritu de santidad.

19 Yosef su esposo, como era justo y no quería exponerla a la vergüenza pública, se propuso dejarla secretamente.

20 Pero mientras él pensaba en esto, sucedió que un mensajero de YHWH se le apareció en sueños y le dijo: “Yosef, hijo de Dawid, no temas recibir a Miryam como tu esposa, porque lo que se ha engendrado en ella es del espíritu de santidad.

21 Ella dará a luz un hijo; y lo llamarás Yahoshúa, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

22 Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que habló YHWH por medio del profeta, diciendo:

23 “Miren, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Imanuel, que traducido quiere decir: Con nosotros está Elohim".

24 Cuando Yosef despertó del sueño, hizo como el mensajero de YHWH le había mandado, y la recibió como su esposa.

25 Pero no cohabitó con ella hasta que ella dio a luz un hijo,* y le puso por nombre Yahoshúa.

2

1 Después que nació Yahoshúa en Bet Léjem de Yahudah, en tiempos del rey Horedós, sucedió que unos sabios vinieron del oriente a Yerushaláyim,

2 preguntando: “¿Dónde está el rey de los yahuditas, que ha nacido? Porque vimos su astro desde el oriente y hemos venido a rendirle homenaje”.

3 Cuando el rey Horedós oyó esto, se turbó, y toda Yerushaláyim con él.

4 Y después de convocar a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo,les preguntó dónde había de nacer el Mashíaj.

5 Ellos le dijeron: “En Bet Léjem de Yahudah,* porque así está escrito por el profeta:

6 “Y tú, Bet Léjem, en la tierra de Yahudah, de ninguna manera eres la más pequeña entre los gobernadores de Yahudah; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi pueblo Yisrael”.

7 Entonces Horedós llamó en secreto a los sabios y averiguó de ellos el tiempo en que apareció el astro.

8 Luego los envió a Bet Léjem y les dijo: “Vayan y averigüen con cuidado acerca del niño; y cuando lo hallen, háganmelo saber, para que yo también vaya y le rinda homenaje”.

9 Ellos, después de oír al rey, se fueron; y sucedió que el astro que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.

10 Al ver el astro, se llenaron de una gran alegría.

11 Cuando entraron en la casa, vieron al niño con Miryam su madre, y postrándose le rindieron homenaje. Después abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos de oro, incienso y mirra.

12 Luego, como se les advirtió por revelación en sueños que no volvieran a Horedós, regresaron a su país por otro camino.

13 Después que ellos se fueron, sucedió que un mensajero de YHWH se le apareció en sueños a Yosef, diciendo: “Levántate; toma al niño y a su madre, y huye a Mitsráyim. Quédate allá hasta que yo te diga, porque Horedós va a buscar al niño para matarlo”.

14 Entonces Yosef se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Mitsráyim.

15 Estuvo allí hasta la muerte de Horedós, y así se cumplió lo que habló YHWH por medio del profeta, diciendo: De Mitsráyim llamé a mi hijo.

16 Entonces Horedós, al verse burlado por los sabios, se enojó muchísimo y mandó matar a todos los niños varones en Bet Léjem y en todos sus alrededores, de dos años de edad para abajo, conforme al tiempo que había averiguado de los sabios.

17 Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Yirmeyahu, que dijo:

18 Un clamor se oyó en Ramah; lamento y gemido grande; era Rajel que lloraba a sus hijos, y no quería consolarse, porque perecieron”.

19 Después de muerto Horedós, sucedió que un mensajero de YHWH se le apareció en sueños a Yosef en Mitsráyim,

20 diciendo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y vé a la tierra de Yisrael, porque han muerto los que procuraban quitarle la vida al niño”.

21 Entonces él se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Yisrael.

22 Pero, al oír que Arquelao reinaba en Yahudah como sucesor de su padre Horedós, tuvo miedo de ir allá; y advertido por revelación en sueños, fue a las regiones del Galil.

23 Al llegar, se estableció en la ciudad que se llama Natséret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que había de ser llamado natsarí.

3

1 En aquellos días apareció Yojanán el Inmersor proclamando en el desierto de Yahudah

2 y diciendo: “Arrepiéntanse, porque se ha acercado el reino del cielo”.

3 Éste es aquel de quien se dijo por medio del profeta Yeshayahu: Voz de uno que clama en el desierto: “Preparen el camino de YHWH; enderecen sus senderos”.

4 Yojanán estaba vestido de pelo de camello, con un cinturón de cuero a la cintura; su comida consistía de langostas y miel silvestre.

5 Entonces venían donde él gente de Yerushaláyim y de toda Yahudah y de toda la región del Yardén,

6 y él los sumergía en el río Yardén cuando confesaban sus pecados.

7 Pero cuando Yojanán vio que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a recibir su inmersión, les decía: “¡Generación de víboras! ¿Quién les enseñó a huir de la ira venidera?

8 Produzcan frutos que demuestren su arrepentimiento;

9 y no piensen decir dentro de ustedes: ‘Tenemos a Avraham por padre’. Porque yo les digo que aun de estas piedras puede YHWH levantarle hijos a Avraham.

10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: todo árbol que no dé buen fruto lo cortan y lo echan al fuego.

11 Yo, en verdad, los sumerjo en agua por su arrepentimiento; pero el que viene después de mí, cuyo calzado no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. Él los sumergirá en espíritu de santidad y fuego.

12 Tiene su aventador en la mano, y limpiará su era; recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en el fuego inextinguible”.

13 En aquel tiempo Yahoshúa vino del Galil al Yardén, donde estaba Yojanán, para que él lo sumergiera.

14 Pero Yojanán trataba de impedírselo diciendo: “Yo necesito que tú me sumerjas, ¿y tú vienes a mí?”

15 Pero Yahoshúa le respondió: “Permítelo por ahora, porque conviene que cumplamos con todo lo que se requiere”. Entonces se lo permitió.

16 Después de sumergirse, Yahoshúa subió en seguida del agua; entonces el cielo se le abrieron, y vio el espíritu de YHWH que bajaba como una paloma y venía sobre él.

17 Y se oyó una voz del cielo que decía:“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

4

1 Entonces el espíritu llevó a Yahoshúa al desierto,para que el Acusador* lo pusiera a prueba.

2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

3 Entonces se le acercó el Tentador* y le dijo: “Si eres Hijo de Elohim,* di que estas piedras se conviertan en pan”.

4 Pero él respondió y dijo: “Está escrito: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de YHWH”.

5 Entonces el Acusador lo llevó a la ciudad santa,lo puso de pie sobre la cúspide del templo,

6 y le dijo: “Si eres Hijo de Elohim, échate abajo, porque está escrito: A sus mensajeros les dará encargo acerca de ti, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie con una piedra”.

7 Yahoshúa le dijo: “Además está escrito: No pondrás a prueba a YHWH tu Elohim”.

8 Otra vez el Acusador lo llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria.

9 Y le dijo: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras”.

10 Entonces Yahoshúa le dijo: “Vete, Satán, porque escrito está: A YHWH tu Elohim adorarás y a él solo servirás”.

11 Entonces el Acusador lo dejó, y enseguida vinieron unos mensajeros y se pusieron a servirle.

12 uando Yahoshúa oyó que a Yojanán lo habían encarcelado, regresó al Galil.

13 Y dejando a Natséret, fue y habitó en Kefar Najum, ciudad marítima en la región de Zevulún y Naftalí;

14 de manera que se cumplió lo dicho por medio del profeta Yeshayah, cuando dijo:

15 “Tierra de Zevulún y tierra de Naftalí, camino del mar, al otro lado del Yardén, el Galil de los gentiles.

16 El pueblo que moraba en tinieblas vio una gran luz; y a los que moraban en la región de sombra mortal, una luz los iluminó”.

17 Desde entonces Yahoshúa comenzó a proclamar y a decir: “¡Arrepiéntanse, porque se ha acercado el reino del cielo!”

18 Mientras andaba por la orilla del mar del Galil,Yahoshúa vio a dos hermanos: a Shimón, al que llamaban Kefá, y a su hermano Andrés. Estaban echando una red en el mar, porque eran pescadores.

19 Y les dijo: “Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres”.

20 Y enseguida ellos dejaron sus redes y lo siguieron.

21 Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Yaaqov hijo de Zavday y Yojanán su hermano, en el barco con su padre Zavday, arreglando sus redes, y los llamó.

22 En seguida ellos dejaron el barco y a su padre, y lo siguieron.

23 Yahoshúa recorría todo el Galil enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

24 Su fama se extendió por toda Siria, y le llevaban todos los que tenían dolencias: los que padecían diversas enfermedades y dolores, los endemoniados,los epilépticos y los paralíticos, y él los sanaba.

25 Lo siguieron grandes multitudes del Galil, de Decápolis, de Yerushaláyim, de Yahudah y del otro lado del Yardén.

5

1 Al ver la multitud, subió al monte; y cuando se sentó, se le acercaron sus discípulos.

2 Él tomó la palabra y se puso a enseñarles, diciendo:

3 “Felices los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino del cielo.

4 “Felices los que lloran, porque ellos recibirán consuelo.

5 “Felices los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6 “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7 “Felices los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia.

8 “Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Elohim.

9 “Felices los que practican la paz, porque a elloslos llamarán hijos de Elohim.

10 “Felices los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino del cielo.

11 “Felices ustedes cuando los insulten y los persigan, y digan toda clase de mal contra ustedes por mi causa, mintiendo.

12 Gócense y alégrense, porque su recompensa es grande en el cielo; pues así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.

13 “Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? No sirve ya para nada, sino para tirarla fuera y que la pisotee la gente.

14 “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede esconder.

15 No se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.

16 Así debe alumbrar la luz de ustedes delante de la gente, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.

17 “No piensen que yo vine para anular la Torah o los Profetas. No he venido a anular, sino a cumplir.

18 En verdad les digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una ini una tilde pasará de la Torah hasta que todo se haya cumplido.

19 “Por lo tanto, a cualquiera que quebrante el más pequeño de estos mandamientos y así lo enseñe a la gente, se le considerará el más pequeño en el reino del cielo. Pero a cualquiera que los cumpla y los enseñe, a éste lo considerarán grande en el reino del cielo.

20 Porque les digo que si su justicia no sobrepasa la de los escribas y los fariseos, jamás entrarán en el reino del cielo.

21 “Ustedes oyeron que se les dijo a los antiguos: No asesinarás; y cualquiera que asesine será culpable en el juicio.

22 Pero yo les digo que todo el que se encolerice con su hermano será culpable en el juicio. Cualquiera que le llame ‘estúpido’ a su hermano será culpable ante el Sanhedrín; y cualquiera que lo llame ‘maldito’ se expondrá al fuego del Crematorio.*

23 “De modo que si llevas tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,

24 deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve a reconciliarte primero con tu hermano, y después vuelve y presenta tu ofrenda.

25 “Reconcíliate pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel.

26 En verdad te digo que jamás saldrás de allí hasta que pagues la última moneda.

27 “Ustedes oyeron que se dijo: No adulterarás.

28 Pero yo les digo que todo el que mira a una mujer para desearla ya cometió adulterio con ella en su corazón.

29 Por tanto, si tu ojo derecho te pone en peligro de caer, sácalo y échalo de ti. Porque te conviene más que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya a parar al Crematorio.

30 Y si tu mano derecha te pone en peligro de caer, córtala y échala de ti. Porque te convienen más que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya a parar al Crematorio.

31 “También se dijo: Cualquiera que se divorcie de su mujer, déle un certificado de divorcio.

32 Pero yo les digo que todo el que se divorcia de su esposa, a no ser por causa de fornicación, la expone a cometer adulterio; pues el que se case con la divorciada comete adulterio.

33 También oyeron que se les dijo a los antiguos: No jurarás falsamente; sino que cumplirás a YHWH tus juramentos.

34 Pero yo les digo que no juren de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de YHWH;

35 ni por la tierra, porque es la tarima de sus pies; ni por Yerushaláyim, porque es la ciudad del Gran Rey.

36 No debes jurar ni por tu cabeza, porque no puedes hacer que se vuelva blanco ni negro un solo cabello.

37 Que su hablar sea ‘sí’, o ‘no’. Pues lo que va más allá de esto, procede del mal.

38 “Ustedes oyeron que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente”.

39 Pero yo les digo: No le hagan resistencia al malo; al contrario, a cualquiera que te golpee en la mejilla derecha, preséntale también la otra.

40 Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto.

41 A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos.

42 Al que te pida, dale; y al que quiera pedirte prestado, no se lo niegues.

43 “Ustedes oyeron que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.

44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por los que los persiguen;

45 para que sean hijos de su Padre que está en el cielo;porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos.

46 Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?

47 Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen demás? ¿No hacen eso mismo los gentiles?

48 Así que sean ustedes cabales, como su Padre celestial es cabal.

6

1 “Cuídense de practicar su justiciadelante de la gente con el fin de que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre que está en el cielo.

2 Así que cuando hagas obras de misericordia, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que la gente los alabe. En verdad les digo que ellos ya tienen su recompensa.

3 Pero cuando tú hagas obras de misericordia, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,

4 para que tus obras de misericordia sean en secreto; y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

5 “Cuando oren, no sea como los hipócritas, que les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para que la gente los vea. En verdad les digo que ya tienen su recompensa.

6 Tú, cuando ores, entra en tu cuarto y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.

7 Y al orar, no hagan repeticiones inútiles, como los gentiles, que piensan que los escucharán por su palabrería.

8 Por tanto, no sean como ellos, porque su Padre sabe qué cosas necesitan ustedes antes que le pidan.

9 “Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo: Santificado sea tu nombre,

10 venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra.

11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

12 Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

13 Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. [Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén.]*

14 Porque si ustedes perdonan a los demás sus ofensas, su Padre celestial también los perdonará a ustedes.

15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les perdonará sus ofensas.

16 “Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que cambian de semblante para demostrar a los hombres que están ayunando. En verdad les digo que ya tienen su recompensa.

17 Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,

18 para que no demuestres a la gente que estás ayunando, sino a tu Padre que está en lo secreto. Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.

19 No acumulen para ustedes riquezas en la tierra, donde la polilla y el moho corrompen, y donde los ladrones irrumpen y roban.

20 Más bien, acumulen para ustedes riquezas en el cielo, donde ni la polilla ni el moho corrompen, y donde los ladrones no irrumpen ni roban.

21 Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.

22 Lo revelador de una persona es su disposición. De manera que, si tu disposición es generosa, toda tu persona será agradable.

23 Pero si tu disposición es mezquina, toda tu persona será desagradable. Así que, si lo que hay de agradable en ti se hace desagradable, ¡cómo será lo desagradable! *

24 “Nadie puede servir a dos amos: porque aborrecerá a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y menospreciará al otro. Ustedes no pueden servirle a Elohim y al dinero.

25 “Por tanto les digo: No se afanen por su vida,qué van a comer o qué van a beber; ni por sus cuerpos, qué van a vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

26 Fíjense en las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y su Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?

27 ¿Quién de ustedes podrá, por más que se afane, añadir a su estatura un codo?

28 ¿Por qué se afanan por el vestido? Fíjense en los lirios del campo, cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan;

29 pero les digo que ni aun Shelomoh, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos.

30 Si Elohim viste así la hierba del campo, que hoy está y mañana la echan en el horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

31 “Por tanto, no se afanen diciendo: “¿Qué comeremos?" o “¿Qué beberemos?’ o “¿Con qué nos cubriremos?’

32 Porque los gentiles buscan todas esas cosas, pero su Padre que está en el cielo sabe que ustedes tienen necesidad de todas estas cosas.

33 Más bien, busquen primeramente el reino de Elohim y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura.

34 Así que, no se afanen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal.

7

1 “No juzguen, para que no los juzguen a ustedes.

2 Porque con el juicio con que ustedes juzguen los juzgarán, y con la medida con que midan los medirán.

3 “¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu propio ojo?

4 ¿Cómo dirás a tu hermano: ‘Déjame sacarte la paja de tu ojo,’ cuando tienes una viga en el tuyo?

5 Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la paja del ojo de tu hermano.

6 “No den lo santo a los perros, ni echen sus perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.

7 “Pidan, y se les dará. Busquen, y hallarán. Llamen, y se les abrirá.

8 Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llama se le abrirá.

9 ¿Qué hombre hay entre ustedes que, al hijo que le pide pan, le dará una piedra?

10 ¿O al que le pide pescado, le dará una serpiente?

11 Pues si ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le piden?

12 “De modo que, todo lo que quieran que los hombres hagan por ustedes, así también hagan por ellos, pues en esto consiste la Torah y los Profetas.

13 Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella.

14 Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la hallan.

15 “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos feroces.

16 Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?

17 Así también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el árbol podrido da malos frutos.

18 El árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede el árbol podrido dar buenos frutos.

19 Todo árbol que no da buen fruto lo cortan y lo echan en el fuego.

20 Así que, por sus frutos los conocerán.

21 “No todo el que me dice ‘Maestro, Maestro’ entrará en el reino del cielo, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

22 Muchos me dirán en aquel día: “Maestro, Maestro, nosotros profetizamos en tu nombre, en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchas obras poderosas!’

23 Entonces yo les declararé: ‘Nunca los conocí. ¡Apártense de mí, obreros sin ley!’ *

24 “Así que, cualquiera que escucha estas palabras mías y las practica, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la peña.

25 Y cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa. Pero ella no se derrumbó, porque se había fundado sobre la peña.

26 “Pero todo el que escucha estas palabras mías y no las practica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena.

27 Cayó la lluvia, vinieron torrentes, y soplaron vientos, y azotaron contra aquella casa. Y se derrumbó, y fue grande su ruina”.

28 Y cuando Yahoshúa terminó estas palabras, las multitudes estaban maravilladas de su enseñanza;

29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

8

1 Cuando bajó del monte, le siguió mucha gente.

2 Y vino un leproso y se postró ante él diciendo: “Maestro, si quieres, puedes limpiarme”.

3 Yahoshúa extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al instante quedó limpio de la lepra.

4 Entonces Yahoshúa le dijo: “Mira, no se lo digas a nadie; pero ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que mandó Mosheh, para testimonio a ellos”.

5 uando Yahoshúa entró en Kefar Najum, vino a él un centurión y le rogó

6 diciendo: “Maestro, mi criado está postrado en casa, paralítico, y sufre terribles dolores”.

7 Y le dijo: “Yo iré y lo sanaré”.

8 Respondió el centurión y dijo: “Maestro, yo no soy digno de que entres bajo mi techo. Solamente di la palabra, y mi criado quedará sano.

9 Porque yo también soy un hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mi mando. Si digo a éste: ‘Ve,’ él va; si digo al otro: ‘Ven,’ él viene; y si digo a mi sirviente: ‘Haz esto,’ él lo hace”.

10 Cuando Yahoshúa oyó esto, se maravilló y dijo a los que lo seguían: “En verdad les digo que no he hallado tanta fe en ninguno en Yisrael.

11 Y les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente y se sentarán con Avraham, Yitsjaq y Yaaqov en el reino del cielo,

12 pero a los hijos del reino los echarán a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes”.

13 Entonces Yahoshúa le dijo al centurión: “Ve, y como creíste te suceda”. Y su criado quedó sano en aquella hora.

14 Entró Yahoshúa en la casa de Kefá, y vio que su suegra estaba postrada en cama con fiebre.

15 Él le tocó la mano, y la fiebre la dejó. Luego ella se levantó y comenzó a servirle.

16 Al caer la tarde, le trajeron muchos endemoniados. Con su palabra echó fuera a los espíritus y sanó a todos los enfermos,

17 de modo que se cumplió lo dicho por medio del profeta Yeshayahu, quien dijo: “Él mismo tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades”.

18 Cuando se vio rodeado de una multitud, Yahoshúa mandó que pasaran a la otra orilla.

19 Entonces se le acercó un escriba y le dijo: “Rabí, te seguiré a dondequiera que vayas”.

20 Yahoshúa le dijo: “Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”.

21 Otro de sus discípulos le dijo: “Maestro, permíteme que primero vaya y entierre a mi padre”.

22 Pero Yahoshúa le dijo: “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos”.

23 El entró en el barco, y sus discípulos lo siguieron.

24 Y de repente se levantó una tempestad tan grande en el mar que las olas cubrían el barco, pero él dormía.

25 Y acercándose, lo despertaron diciendo: “¡Maestro, sálvanos, que perecemos!”

26 Y él les dijo: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó y reprendió a los vientos y al mar, y se hizo una gran bonanza.

27 Los hombres se maravillaron y decían: “¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el mar lo obedecen?”

28 Una vez llegado a la otra orilla, a la región de los gadarenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que habían salido de los sepulcros. Eran violentos en extremo, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.

29 Y ellos lanzaron gritos diciendo: “¿Qué tienes con nosotros, Hijo de Elohim? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?”

30 Lejos de ellos estaba paciendo un gran hato de cerdos,

31 y los demonios le rogaron diciendo: “Si nos vas a echar fuera, envíanos a aquel hato de cerdos”.

32 Él les dijo: “¡Vayan!” Ellos salieron y se fueron a los cerdos, y todo el hato de cerdos se lanzó al mar por un despeñadero, y murieron en el agua.

33 Los que apacentaban los cerdos huyeron, se fueron a la ciudad y lo contaron todo, aun lo que les había pasado a los endemoniados.

34 Toda la ciudad salió al encuentro de Yahoshúa; y cuando lo vieron, le rogaban que se fuera de sus territorios.

9

1 Después de entrar en el barco, Yahoshúa pasó a la otra orilla y llegó a su propia ciudad.

2 Entonces le trajeron un paralítico tendido sobre una camilla. Y al ver Yahoshúa la fe de ellos, le dijo al paralítico: “Ten ánimo, hijo; tus pecados se te perdonan”.

3 Algunos de los escribas dijeron entre sí: “¡Este blasfema!”

4 Y conociendo Yahoshúa sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal en sus corazones?

5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados se te perdonan’ o decir: ‘Levántate y anda’?

6 Pues para que sepan que el Hijo del Hombre* tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra, –entonces le dijo al paralítico–: ¡Levántate; toma tu camilla y vete a tu casa!”

7 Y se levantó y se fue a su casa.

8 Cuando las multitudes vieron esto, temieron y glorificaron a Elohim, quien había dado semejante autoridad a los hombres.*

9 Pasando de allí más adelante, Yahoshúa vio a un hombre llamado Matityah, sentado en el lugar de los tributos públicos, y le dijo: “¡Sígueme!” Y él se levantó y lo siguió.

10 Una vez, estando Yahoshúa sentado a la mesa en la casa, muchos publicanos y pecadores que habían venido estaban sentados a la mesa con Yahoshúa y sus discípulos.

11 Y cuando los fariseos lo vieron, decían a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come con los publicanos y pecadores?”

12 Al oír esto, Yahoshúa les dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos.

13 Así que vayan ustedes y aprendan qué significa: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’. Porque yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores”.

14 Entonces los discípulos de Yojanán fueron a Yahoshúa y dijeron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo, pero tus discípulos no ayunan?”

15 Yahoshúa les dijo: “¿Pueden estar de luto los que están de bodas mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán.

16 Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque el remiendo tira del vestido y la rotura se hace peor.

17 Tampoco echan vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rompen, el vino se derrama, y los odres se echan a perder. Más bien, echan vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan”.

18 Mientras él hablaba estas cosas, vino un hombre principal y se postró delante de él diciéndole: “Mi hija acaba de morir. Pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá”.

19 Yahoshúa se levantó y lo siguió con sus discípulos.

20 Y en eso, una mujer que sufría de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;

21 porque ella pensaba dentro de sí: “Si solamente toco su vestido, quedaré sanada”.

22 Pero Yahoshúa, volviéndose y mirándola, dijo: “Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer quedó sana desde aquella hora.

23 Cuando Yahoshúa llegó a la casa del principal y vio a los que tocaban las flautas y a la multitud que hacía bullicio,

24 les dijo: “Apártense, porque la muchacha no ha muerto, sino que duerme”. Y se burlaban de él.

25 Después que sacaron a la gente, él entró y la tomó de la mano; y la muchacha se levantó.

26 Esta noticia se difundió por toda aquella tierra.

27 Mientras Yahoshúa salía de allí, lo seguían dos ciegos que clamaban a gritos y decían: “¡Ten misericordia de nosotros, hijo de Dawid!”

28 Cuando llegó a la casa, los ciegos vinieron a él. Y Yahoshúa les dijo: “¿Ustedes creen que yo puedo hacer eso?” Ellos dijeron: “Sí, Maestro”.

29 Entonces les tocó los ojos diciendo: “Conforme a su fe les suceda”.

30 Y los ojos de ellos se abrieron. Entonces Yahoshúa les encargó rigurosamente: “Miren que nadie lo sepa”.

31 Pero ellos salieron y difundieron su fama por toda aquella tierra.

32 Mientras aquéllos salían, le trajeron un hombre mudo endemoniado.

33 Y tan pronto echó fuera al demonio, el mudo habló. Y las multitudes se maravillaban diciendo: “¡Nunca se ha visto semejante cosa en Yisrael!”

34 Pero los fariseos decían: “Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios”.

35 Yahoshúa recorría todas las ciudades y las aldeas, enseñando en sus sinagogas, predicando la Buena Noticia del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

36 Y cuando vio las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban acosadas y desamparadas como ovejas que no tienen pastor.

37 Entonces dijo a sus discípulos: “A la verdad, la cosecha es mucha, pero los obreros son pocos.

38 Así que ruéguenle al Dueño de la cosecha, que envíe obreros a su cosecha”.

10

1 Entonces llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

2 Los nombres de los doce Enviados son éstos: primero Shimón, llamado Kefá, y su hermano Andrés; también Yaaqov hijo de Zavday, y su hermano Yojanán;

3 Felipe y Bar-Talmay, Tomá y Mattityah el publicano; Yaaqov hijo de Alfay, y Taday;

4 Shimón el qananita y Yahudah el Iscariote, quien lo entregó.

5 A estos doce los envió Yahoshúa, dándoles estas instrucciones: “No vayan por los caminos de los gentiles, ni entren en las ciudades de los shomronitas.

6 Pero vayan, más bien, a las ovejas perdidas de la casa de Yisrael.

7 Y cuando vayan, proclamen diciendo: ‘El reino del cielo se ha acercado’.

8 Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen fuera demonios. De gracia recibieron; den de gracia.

9 “No se provean ni de oro, ni de plata, ni de cobre en sus cintos.

10 Tampoco lleven bolsas para el camino, ni dos vestidos, ni calzado, ni bastón; porque el obrero es digno de su alimento.

11 En cualquier ciudad o aldea donde entren, averigüen quién en ella sea digno y quédense allí hasta que salgan.

12 Al entrar en la casa, salúdenla.

13 Si la casa es digna, que la paz de ustedes venga sobre ella. Pero si no es digna, que su paz se vuelva a ustedes.

14 Y en caso de que no los reciban ni escuchen sus palabras, salgan de aquella casa o ciudad y sacudan el polvo de sus pies.

15 En verdad les digo que en el día del juicio será más tolerable para los de la tierra de Sedom y de Amorah, que para aquella ciudad.

16 “Miren, yo los envío como a ovejas en medio de lobos. Así que sean astutos como serpientes y sencillos como palomas.

17 Cuídense de la gente, porque los entregarán a los tribunales y en sus sinagogas los azotarán.

18 Los llevarán aun ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio a ellos y a los gentiles.

19 Pero cuando los entreguen, no se preocupen de cómo o qué hablarán, porque se les dará en aquella hora lo que deben decir.

20 Pues no son ustedes los que hablarán, sino el espíritu de su Padre que hablará en ustedes.

21 “El hermano entregará a muerte a su hermano, y el padre a su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y los harán morir.

22 Y todos los aborrecerán por causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, éste se salvará.

23 Y cuando los persigan en una ciudad, huyan a la otra. Porque en verdad les digo que de ningún modo acabarán de recorrer todas las ciudades de Yisrael antes que venga el Hijo del Hombre.

24 “El discípulo no es más que su maestro, ni el sirviente más que su amo.

25 Le basta al discípulo ser como su maestro, y al sirviente como su amo. Si al padre de familia lo llamaron Báal-Zebul, ¡cuánto más lo harán a los de su casa!

26 “Así que, no les teman; porque no hay nada encubierto que no será revelado, ni oculto que no será conocido.

27 Lo que les digo en privado, díganlo en público; y lo que oyen al oído, proclámenlo desde las azoteas.

28 No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar la vida. Más bien, témanle a aquel que puede destruir tanto la vida como el cuerpo en el Crematorio.

29 ¿Acaso no se venden dos pajaritos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el consentimiento del Padre de ustedes.

30 Pues aun sus cabellos están todos contados.

31 Así que, no teman; más valen ustedes que muchos pajaritos.

32 “Por tanto, a todo el que me reconozca delante de la gente, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo.

33 Y a cualquiera que me niegue delante de la gente, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en el cielo.

34 “No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.

35 Porque he venido a poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra.

36 Y los enemigos de un hombre serán los de su propia casa.

37 “El que ama a padre o a madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a hijo o a hija más que a mí no es digno de mí.

38 El que no toma su madero y sigue en pos de mí no es digno de mí.

39 El que halla su vida la perderá, y el que pierde su vida por mi causa la hallará.

40 “El que los recibe a ustedes, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

41 El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, recibirá recompensa de justo.

42 Cualquiera que le da a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente porque es mi discípulo, en verdad les digo que jamás perderá su recompensa”.

11

1 Cuando Yahoshúa acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a proclamar en las ciudades de ellos.

2 Cuando Yojanán oyó en la cárcel* sobre los hechos del Mashíaj, por medio de sus discípulos

3 mandó a preguntarle: “¿Eres tú aquel que ha de venir, o esperaremos a otro?”

4 En respuesta Yahoshúa les dijo: “Vayan y háganle saber a Yojanán las cosas que oyen y ven:

5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.

6 Feliz el que no se ofenda conmigo”.

7 Mientras ellos se iban, Yahoshúa comenzó a hablar de Yojanán a las multitudes: “¿Qué salieron ustedes a ver en el desierto? ¿Una vara sacudida por el viento?

8 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido de ropa delicada? ¡Los que se visten con ropa delicada están en los palacios de los reyes!

9 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? ¡Sí, les digo, y más que profeta!

10 Este es aquel de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de tu presencia, quien preparará tu camino delante de ti.

11 En verdad les digo que no se ha levantado entre los nacidos de mujer ningún otro mayor que Yojanán el Inmersor. Sin embargo, el más pequeño en el reino del cielo es mayor que él.

12 Desde los días de Yojanán el Inmersor hasta ahora, el reino del cielo se alcanza a la fuerza, y los esforzados lo arrebatan.

13 Porque todos los Profetas y la Torah fueron profecía hasta Yojanán.

14 Y si lo quieren recibir, él es el Eliyah que había de venir.

15 El que tiene oídos, que oiga.

16 “Pero, ¿con qué compararé esta generación? Es como los muchachos que se sientan en las plazas y dan voces a sus compañeros,

17 diciendo: ‘Les tocamos la flauta, y no bailaron; entonamos canciones de duelo y no lamentaron’.

18 Porque vino Yojanán, que no comía ni bebía, y dicen: ‘Tiene demonio’.

19 Pero vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tienen un hombre comelón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores’. Pero la sabiduría se justifica por sus hechos”.

20 Entonces comenzó a reprender a las ciudades en las cuales se realizaron muchos de sus hechos portentosos, porque no se habían arrepentido:

21 “¡Ay de ti, Korazín! ¡Ay de ti, Bet-Tsaidah! Porque si se hubieran realizado en Tsor y en Tsidón los hechos portentosos que se realizaron en ustedes, ya hace tiempo se habrían arrepentido en luto y ceniza.

22 Pero les digo que en el día del juicio el castigo para Tsor y Tsidón será más tolerable que para ustedes.

23 “Y tú, Kefar Najum, ¿te exaltarán hasta el cielo? ¡Hasta la Fosa te hundirán! Porque si entre los de Sedom se hubieran realizado los hechos portentosos que se realizaron en ti, habrían permanecido hasta hoy.

24 Pero les digo que en el día del juicio el castigo será más tolerable para la tierra de Sedom, que para ti”.

25 En aquel tiempo Yahoshúa oró y dijo: “Te alabo,* oh Padre, Soberano del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños.

26 Sí, Padre, porque así te agradó.

27 “Todas las cosas me las ha entregado mi Padre. Nadie conoce bien al Hijo, sino el Padre. Nadie conoce bien al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

28 “Vengan a mí, todos los que están agobiados y cargados, y yo los haré descansar.

29 Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus vidas.

30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.

12

1 En una ocasión, Yahoshúa pasaba por los sembrados en Shabat. Sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer.

2 Y al verlo los fariseos, le dijeron: “Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el shabát”.

3 Él les dijo: “¿No han leído ustedes lo que hizo Dawid cuando tuvo hambre él y los que estaban con él;

4 cómo entró en la casa de Elohim y comieron los panes de la Presencia, cosa que no les estaba permitido comer ni a él ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes?

5 ¿Tampoco han leído en la Torah que en los Shabatot los sacerdotes profanan el Shabat en el templo y quedan sin culpa?

6 Pero les digo que uno mayor que el templo está aquí.

7 Si hubieran conocido lo que significa ‘Misericordia quiero y no sacrificio,’ no habrían condenado a los que no tienen culpa.

8 Porque el Hijo del Hombre es dueño del Shabat”.

9 Partió de allí y fue a la sinagoga de ellos.

10 Allí había un hombre que tenía la mano paralizada; y para acusar a Yahoshúa, le preguntaron: “¿Es lícito sanar en Shabat?”

11 Pero él les dijo: “¿Qué hombre hay entre ustedes que tenga una oveja, que si ésta cae en un pozo en Shabat, no le echará mano y la sacará?

12 Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! De manera que es lícito hacer bien en Shabat.

13 Entonces le dijo a aquel hombre: “Extiende tu mano”. El la extendió, y su mano quedó restaurada, sana como la otra.

14 Pero saliendo los fariseos, deliberaron contra él, cómo destruirlo.

15 Como Yahoshúa lo supo, se apartó de allí. Lo siguió mucha gente, y a todos los sanó.

16 Y les mandó rigurosamente que no lo dieran a conocer,

17 para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Yeshayahu, que dijo:

18 "Miren a mi Servidor, a quien he escogido; mi amado, en quien me complazco. Pondré mi espíritu sobre él, y anunciará juicio a las naciones.

19 No contenderá, ni dará voces; ni oirá nadie su voz en las plazas.

20 La caña doblada no quebrará, y la mecha que humea no apagará, hasta que saque a triunfo el juicio.

21 Y en su nombre las naciones pondrán su esperanza".

22 Entonces le trajeron un endemoniado, ciego y mudo; y lo sanó, de manera que el mudo hablaba y veía.

23 Toda la gente estaba atónita y decía: “¿No será éste el Hijo de Dawid?”

24 Pero al oírlo, los fariseos dijeron: “Este no echa fuera los demonios sino por Báal-Zebul, el príncipe de los demonios”.

25 Pero como Yahoshúa conocía sus pensamientos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo está arruinado. Y ninguna ciudad o casa dividida contra sí misma permanecerá.

26 Si el Satán echa fuera al Satán, contra sí mismo está dividido. ¿Cómo, entonces, permanecerá en pie su reino?

27 Y si yo echo fuera los demonios por Báal-Zebul, ¿por quién los echan fuera los hijos de ustedes? Por tanto, ellos serán sus jueces.

28 Pero si es por el espíritu de Elohim que yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a ustedes el reino de Elohim.

29 Porque, ¿cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes a menos que primero ate al hombre fuerte? Y entonces saqueará su casa.

30 El que no está conmigo, está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama.

31 “Por esto les digo que todo pecado y blasfemia se le perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el espíritu no se perdonará.

32 Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre se le perdonará; pero a cualquiera que hable contra el espíritu de santidad no se le perdonará, ni en este mundo, ni en el venidero.

33 O declaren bueno el árbol y bueno su fruto, o declaren malo el árbol y malo su fruto; porque el árbol se conoce por su fruto.

34 “Generación de víboras, ¿cómo podrán ustedes, siendo malos, hablar cosas buenas? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

35 El hombre bueno del buen tesoro saca cosas buenas, y el hombre malo del mal tesoro saca cosas malas.

36 Pero yo les digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen.

37 Porque por tus palabras te justificarás, y por tus palabras te condenarás”.

38 Entonces le respondieron algunos de los escribas y de los fariseos: “Maestro, deseamos ver de ti una señal”.

39 El respondió y les dijo: “Una generación malvada y adúltera exige una señal, pero no se le dará ninguna señal, sino la señal del profeta Yonah.

40 Porque así como Yonah estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

41 Los hombres de Nineweh se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron ante la proclamación de Yonah. Y sucede que uno mayor que Yonah está en este lugar.

42 La reina del Sur se levantará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Shelomoh. Y sucede que uno mayor que Shelomoh está en este lugar.

43 “Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no lo encuentra.

44 Entonces dice: ‘Volveré a mi casa de donde salí’. Cuando regresa, la halla desocupada, barrida y adornada.

45 Entonces va y trae consigo otros siete espíritus peores que él y, después de entrar, habitan allí. Y el estado final de ese hombre llega a ser peor que el primero. Así también sucederá a esta

46 Mientras todavía le hablaba a la gente, su madre y sus hermanos se presentaron afuera, buscando hablar con él.

47 Y alguien le dijo: “Mira, tu madre y tus hermanos están afuera, procurando hablar contigo”.

48 Pero Yahoshúa le respondió al que hablaba con él y dijo: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”

49 Entonces extendió su mano hacia sus discípulos y dijo: “¡Estos son mi madre y mis hermanos!

50 Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

13

1 Aquel día Yahoshúa salió de la casa y se sentó junto al mar.

2 Y se le acercó mucha gente, de manera que él entró en una barca para sentarse, y toda la multitud estaba de pie en la playa.

3 Entonces les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: “Una vez un sembrador salió a sembrar.

4 Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y se la comieron.

5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó rápidamente, porque la tierra no era profunda.

6 Pero cuando salió el sol, se quemó; y como no tenía raíz, se secó.

7 Y otra parte cayó entre los espinos. Los espinos crecieron y la ahogaron.

8 Y otra parte cayó en buena tierra y dio fruto, una a ciento, otra a sesenta y otra a treinta por uno.

9 El que tiene oídos, que oiga”.

10 Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: “¿Por qué les hablas en parábolas?”

11 Él les dijo en respuesta: “Porque a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino del cielo, pero a ellos no se les ha concedido.

12 Porque al que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

13 Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni tampoco entienden.

14 Además, se cumple en ellos la profecía de Yeshayahu, que dice: Escuchando oirán ustedes, pero no entenderán; y mirando verán, pero no percibirán.

15 Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, y con los oídos han oído torpemente. Han cerrado sus ojos para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los sane.

16 Pero ¡felices sus ojos, porque ven; y sus oídos, porque oyen!

17 Pues en verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.

18 Así que oigan ustedes la parábola del sembrador.

19 Cuando alguien oye el mensaje del reino y no lo entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón. Este es el que se sembró junto al camino.

20 Y el que se sembró en pedregales es el que oye el mensaje y en seguida lo recibe con gozo;

21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de poca duración, y cuando viene la aflicción o la persecución por causa del mensaje, en seguida tropieza.

22 Y el que se sembró en espinos, éste es el que oye el mensaje, pero las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas ahogan el mensaje, y queda sin fruto.

23 Pero el que se sembró en buena tierra, éste es el que oye el mensaje y lo entiende, el que de veras lleva fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta, y otro a treinta por uno”.

24 Les presentó otra parábola diciendo: “El reino del cielo es como un hombre que sembró buena semilla en su campo.

25 Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

26 Cuando brotó la hierba y produjo fruto, entonces apareció también la cizaña.

27 Se acercaron los sirvientes al dueño del campo y le preguntaron: ‘Amo, ¿no sembró usted buena semilla en su campo? Entones, ¿cómo es que tiene cizaña?’

28 Y él les dijo: ‘Un enemigo ha hecho esto’. Los sirvientes le dijeron: ‘Entonces, ¿quieres que vayamos y la arranquemos?’

29 Pero él dijo: ‘No; no sea que al arrancar la cizaña arranquen con ella el trigo.

30 Dejen crecer a ambos hasta la cosecha. Cuando llegue el tiempo de la cosecha, yo diré a los cosechadores: Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla. Pero reúnan el trigo en mi granero’.”

31 Les presentó otra parábola diciendo: “El reino del cielo es como el grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo.

32 Esta es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, es la más grande de las hortalizas y se convierte en un árbol, de modo que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”.

33 Les dijo otra parábola: “El reino del cielo es como la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado”.

34 Todo esto habló Yahoshúa en parábolas a las multitudes y sin parábolas no les hablaba,

35 de manera que se cumplió lo dicho por medio del profeta que declaró: ‘Abriré mi boca con parábolas; publicaré cosas que han estado ocultas desde la fundación del mundo’.

36 Entonces, una vez despedida la multitud, volvió a casa. Y sus discípulos se acercaron a él diciendo: “Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

37 Y en respuesta les dijo: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

38 El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno.

39 El enemigo que la sembró es el Acusador.* La cosecha es el fin del mundo, y los cosechadores son los mensajeros.

40 De manera que como se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así será el fin del mundo.

41 El Hijo del Hombre enviará a sus mensajeros, y recogerán de su reino a todos los que causan tropiezos y a los que hacen maldad,

42 y los echarán en el horno de fuego. Allí habrá llanto y crujir de dientes.

43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.

44 “El reino del cielo es como un tesoro escondido en el campo, que un hombre descubrió y luego escondió. Y con regocijo va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

45 “Además, el reino del cielo es como un comerciante que buscaba perlas finas.

46 Y cuando encontró una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

47 “Asimismo, el reino del cielo es como una red que echaron en el mar y juntó toda clase de peces.

48 Cuando se llenó, la sacaron a la playa. Y sentados recogieron lo bueno en canastas y echaron fuera lo malo.

49 Así será el fin del mundo: Saldrán los mensajeros y apartarán a los malos de entre los justos,

50 y los echarán en el horno de fuego. Allí habrá llanto y crujir de dientes.

51 “¿Han entendido todas estas cosas?” Ellos le dijeron: “Sí”.

52 El les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en el reino del cielo es como un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas”.

53 Cuando Yahoshúa terminó estas parábolas, salió de allí.

54 Vino a su tierra y les enseñaba en su sinagoga, de manera que ellos estaban asombrados y decían: “¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?

55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre Miryam, y sus hermanos Yaaqov, Yosef, Shimón y Yahudah?

56 ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, le vienen a éste todas estas cosas?”

57 Se escandalizaban de él. Pero Yahoshúa les dijo: “No hay profeta sin honra sino en su propia tierra y en su casa.

58 Y no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos.

14

1 En aquel tiempo, Horedós el tetrarca oyó sobre la fama de Yahoshúa

2 y dijo a sus criados: “¡Este es Yojanán el Inmersor! Él ha resucitado de los muertos; por esta razón operan estos poderes en él”.

3 Porque Horedós había apresado a Yojanán, lo había atado con cadenas y puesto en la cárcel por causa de Herodíah, la mujer de su hermano Felipe.*

4 Porque Yojanán le decía: “No te es lícito tenerla por mujer”.

5 Y aunque Horedós quería matarlo, le temía al pueblo; porque lo consideraban profeta.

6 Pero cuando se celebró el cumpleaños de Horedós, la hija de Herodíah danzó en medio y agradó a Horedós,

7 por lo cual él se comprometió bajo juramento a darle lo que ella pidiera.

8 Ella, instigada por su madre, dijo: “Dame aquí en un plato la cabeza de Yojanán el Inmersor”.

9 Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la dieran.

10 Mandó decapitar a Yojanán en la cárcel.

11 Y trajeron su cabeza en un plato y se la dieron a la muchacha, y ella la presentó a su madre.

12 Entonces llegaron sus discípulos, tomaron el cuerpo y lo enterraron. Luego fueron y se lo contaron a Yahoshúa.

13 Al enterarse Yahoshúa, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado. Cuando las multitudes lo supieron, lo siguieron a pie desde las ciudades.

14 Cuando Yahoshúa salió, vio la gran multitud y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que entre ellos estaban enfermos.

15 Al atardecer, sus discípulos se acercaron a él y le dijeron: “El lugar es desierto, y la hora ya avanzada. Despide a la gente para que vayan a las aldeas y se compren algo de comer.

16 Pero Yahoshúa les dijo: “No tienen necesidad de irse. Denles ustedes de comer”.

17 Entonces ellos dijeron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”.

18 El les dijo: “Tráiganmelos acá”.

19 Luego mandó que la gente se recostara sobre la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, pronunció la bendición. Después de partirlos, dio los panes a sus discípulos, y ellos a la gente.

20 Todos comieron y se saciaron, y se recogieron doce canastas llenas del sobrante de los pedazos.

21 Los que comieron eran como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

22 En seguida Yahoshúa obligó a sus discípulos a entrar en la barca e ir delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a las multitudes.

23 Una vez despedida la gente, subió al monte para orar a solas; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.

24 La barca ya quedaba a gran distancia de la tierra, azotada por las olas, porque el viento era contrario.

25 Y a la cuarta vigilia de la noche,* Yahoshúa fue a ellos caminando sobre el mar.

26 Pero cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el mar, se turbaron diciendo: “¡Un fantasma!” Y gritaron de miedo.

27 En seguida Yahoshúa les habló diciendo: “Tengan ánimo, soy yo; no teman!

28 Entonces le respondió Kefá y dijo: “Maestro, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”.

29 Y él dijo: “Ven”. Kefá se bajó de la barca y caminó sobre las aguas, y fue hacia Yahoshúa.

30 Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo: “¡Maestro, sálvame!”

31 Enseguida Yahoshúa extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

32 Cuando ellos subieron a la barca, se calmó el viento.

33 Entonces los que estaban en la barca le rindieron homenaje diciendo: “¡Verdaderamente eres Hijo de Elohim!”

34 Cuando cruzaron a la otra orilla, llegaron a la tierra de Guenesaret.

35 Y cuando los hombres de aquel lugar lo reconocieron, mandaron a decirlo por toda aquella región, y trajeron a él todos los que estaban enfermos.

36 Y le rogaban que sólo les permitiera tocar el borde de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron completamente sanos.

15

1 Entonces se acercaron a Yahoshúa unos fariseos y escribas de Yerushaláyim, diciendo:

2 “¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan”.

3 El les respondió diciendo: “¿Por qué también ustedes quebrantan el mandamiento de Elohim por causa de su tradición?

4 Porque Elohim dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre,’ y: ‘El que maldiga a su padre o a su madre muera irremisiblemente’.

5 Pero ustedes dicen que cualquiera que diga a su padre o a su madre: “Aquello con que pudiera beneficiarte lo he dado de ofrenda a Elohim”,

6 no tiene que honrar a su padre. Así han invalidado la palabra de Elohim por causa de la tradición de ustedes.

7 Hipócritas, bien profetizó Yeshayah de ustedes diciendo:

8 ‘Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí.

9 Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina mandamientos de hombres’.”

10 Entonces, llamando a sí a la multitud, les dijo: “¡Oigan y entiendan!

11 Lo que entra en la boca no contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre”.

12 Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: “¿Sabes que los fariseos se ofendieron al oír esas palabras?”

13 Pero él respondió y dijo: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada.

14 Déjenlos. Son ciegos guías de ciegos. Pero si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo”.

15 Respondió Kefá y le dijo: “Explícanos esa parábola”.

16 Yahoshúa dijo: “¿También ustedes carecen de entendimiento?

17 ¿No entienden que todo lo que entra en la boca va al estómago y sale a la letrina?

18 Pero lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre.

19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias.

20 Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.

21 Cuando Yahoshúa salió de allí, se fue a las regiones de Tsor y de Tsidón.

22 Entonces una mujer kenaanita que había salido de aquellas regiones, clamaba diciendo: “¡Maestro, Hijo de Dawid, ten misericordia de mí! Mi hija está gravemente atormentada por un demonio”.

23 Pero él no le respondía palabra. Entonces se acercaron sus discípulos y le rogaron diciendo: “Despídela, pues va gritando tras nosotros”.

24 Y respondiendo dijo: “A mí no me han enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Yisrael”.

25 Entonces ella vino y se postró delante de él diciéndole: “¡Maestro, socórreme!”

26 El le respondió: “No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos”.

27 Y ella dijo: “Sí, Maestro; pero hasta los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus dueños.

28 Entonces respondió Yahoshúa y le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que te suceda como deseas”. Y su hija quedó sana desde aquella hora.

29 Cuando Yahoshúa partió de allí, fue junto al mar del Galil, y subiendo al monte se sentó allí.

30 Entonces se acercaron a él grandes multitudes que tenían consigo cojos, ciegos, mancos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a los pies de Yahoshúa, y él los sanó;

31 de manera que la gente se maravillaba al ver a los mudos hablar, a los mancos sanos, a los cojos andar y a los ciegos ver. Y glorificaban a Elohim de Yisrael.

32 Yahoshúa llamó a sus discípulos y dijo: “Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino”.

33 Entonces sus discípulos le dijeron: “¿De dónde conseguiremos nosotros tantos panes en un lugar desierto, como para saciar a una multitud tan grande?”

34 Yahoshúa les dijo: “¿Cuántos panes tienen ustedes?” Ellos dijeron: “Siete, y unos pocos pescaditos”.

35 Entonces él mandó a la multitud que se recostara sobre la tierra.

36 Tomó los siete panes y los pescaditos, y después de dar gracias los partió e iba dando a los discípulos, y los discípulos a las multitudes.

37 Todos comieron y se saciaron, y recogieron siete canastas llenas de los sobrantes de los pedazos.

38 Los que comían eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

39 Entonces, una vez despedida la gente, subió en el barco y se fue a las regiones de Magadán.

16

1 Se acercaron los fariseos y los saduceos, y para probarlo le pidieron que les mostrara una señal del cielo.

2 Pero él les respondió: “Al atardecer ustedes dicen: ‘Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo’;

3 y al amanecer dicen: ‘Hoy va a haber tempestad, porque el cielo está rojo pero sombrío’. Ustedes saben discernir el aspecto del cielo, pero no pueden discernir las señales de los tiempos.

4 Una generación malvada y adúltera pide una señal, pero no se le dará ninguna señal, sino la señal de Yonah”. Y dejándolos se fue.

5 Cuando los discípulos cruzaron a la otra orilla, se olvidaron de llevar consigo pan.

6 Entonces Yahoshúa les dijo: “Miren, cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos”.

7 Ellos discutían entre sí, diciendo: “Es porque no trajimos pan”.

8 Pero como Yahoshúa lo entendió, les dijo: “¿Por qué discuten entre ustedes que no tienen pan, hombres de poca fe?

9 ¿Todavía no entienden, ni se acuerdan de los cinco panes para los cinco mil hombres, y cuántas canastas recogieron?

10 ¿Ni tampoco de los siete panes para los cuatro mil y cuántas canastas recogieron?

11 ¿Cómo es que no entienden que no les hablé del pan? Pero cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos”.

12 Entonces entendieron que no les habló de cuidarse de la levadura del pan, sino más bien de la enseñanza de los fariseos y de los saduceos.

13 Cuando llegó Yahoshúa a las regiones de Cesarea de Filipo, les preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”

14 Ellos dijeron: “Unos, Yojanán el Inmersor; otros, Eliyah; y otros, Yirmeyah o uno de los profetas”.

15 Les dijo: “Pero ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”

16 Respondió Shimón Kefá y dijo: “¡Tú eres el Mashíaj, el Hijo del Elohim vivo!”

17 Entonces Yahoshúa respondió y le dijo: “Feliz eres, Shimón hijo de Yojanán, porque eso no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en el cielo.

18 Pero yo también te digo que tú eres Kefá; y sobre esta roca edificaré mi comunidad, y las puertas del Sheol no prevalecerán contra ella.

19 A ti te daré las llaves del reino del cielo. Todo lo que prohíbas en la tierra habrá sido prohibido en el cielo, y lo que permitas en la tierra habrá sido permitido en el cielo”.

20 Entonces mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mashíaj.

21 Desde entonces, Yahoshúa comenzó a explicar a sus discípulos que él tenía que ir a Yerushaláyim y padecer mucho de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y morir, y resucitar al tercer día.

22 Kefá lo tomó aparte y comenzó a reprenderlo diciendo: “Maestro, ten compasión de ti mismo. ¡Jamás te suceda eso!”

23 Entonces él se volvió y le dijo a Kefá: “Quítate de delante de mí, satán adversario. Me eres tropiezo, porque no piensas en las cosas de Elohim, sino en las de los hombres”.

24 Entonces Yahoshúa dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su madero y sígame.

25 Porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por causa mía la hallará.

26 Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y pierde su vida? ¿O qué dará el hombre en rescate por su vida?

27 Porque el Hijo del Hombre va a venir en la gloria de su Padre con sus mensajeros, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos.

28 En verdad les digo que hay algunos que están aquí, que no probarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

17

1 Seis días después, Yahoshúa se llevó a Kefá, a Yaaqov y a Yojanán su hermano, y los hizo subir aparte a un monte alto.

2 Allí se transfiguró delante de ellos; su cara resplandecía como el sol, y sus ropas se volvieron blancas como la luz.

3 De pronto se les aparecieron Mosheh y Eliyah, hablando con él.

4 Entonces intervino Kefá y le dijo a Yahoshúa: “Maestro, qué bueno que estamos aquí. Si quieres, puedo levantar aquí tres cabañas: una para ti, otra para Mosheh y otra para Eliyah”.

5 Todavía estaba él hablando, cuando una nube brillante les hizo sombra, y se oyó una voz que salía de la nube diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo a él”.

6 Al oír esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros, llenos de temor.

7 Entonces Yahoshúa se acercó, los tocó y les dijo: “Levántense; no tengan miedo”.

8 Y cuando ellos alzaron la vista, no vieron a nadie sino a Yahoshúa solo.

9 Cuando iban bajando del monte, Yahoshúa les mandó, diciendo: “No le mencionen la visión a nadie, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”.

10 Entonces los discípulos le preguntaron: “¿Por qué dicen los escribas que Eliyah tiene que venir primero?”

11 Él les respondió: “Es cierto que Eliyah viene, y restaurará todas las cosas.

12 Pero yo les digo que Eliyah vino ya, y no lo reconocieron; más bien, hicieron con él todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos”.

13 Entonces los discípulos entendieron que les hablaba de Yojanán el Inmersor.

14 Cuando llegaron a la multitud, se le acercó un hombre que se arrodilló delante de él,

15 y le dijo: “¡Maestro, ten compasión de mi hijo, que es epiléptico y sufre de unos ataques que muchas veces cae en el fuego, y muchas veces en el agua.

16 Lo traje a tus discípulos pero no lo han podido sanar”.

17 Yahoshúa respondió y dijo: “¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá”.

18 Yahoshúa reprendió al demonio, y éste salió del muchacho; y quedó sano desde aquel momento.

19 Luego, los discípulos se acercaron en privado a Yahoshúa y le preguntaron: “¿Por qué no pudimos nosotros expulsarlo?”

20 Yahoshúa les dijo: “Por su poca fe. Porque en verdad les digo que si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a este monte: “Pásate de aquí para allá”, y se pasaría. Nada les sería imposible.

21 [Pero este género no sale sino con oración y ayuno”.]*

22 Una vez que recorrían juntos por el Galil, Yahoshúa les dijo: “Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de unos hombres,

23 y lo matarán; pero al tercer día resucitará”. Y ellos se entristecieron muchísimo.

24 Cuando llegaron a Kefar Najum, se le acercaron a Kefá los que cobraban el impuesto del templo y le preguntaron: “¿El rabí de ustedes no paga el impuesto del templo?”

25 El dijo: “Sí”. Al entrar en la casa, Yahoshúa se le anticipó y le preguntó: “¿Qué te parece, Shimón? Los reyes de la tierra, ¿a quiénes les cobran los tributos o los impuestos? ¿A sus hijos o a los extraños?”

26 Kefá le dijo: “A los extraños”. Yahoshúa le dijo: “Entonces, los hijos están exentos.

27 Pero, para que no los ofendamos, ve al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que pique, sácalo. Cuando le abras la boca, hallarás un siklo. Tómalo y dalo por mí y por ti.

18

1 En aquel momento los discípulos se acercaron a Yahoshúa y le preguntaron: “¿Quién es el más importante en el reino del cielo?”

2 Yahoshúa llamó a un niño, lo puso en medio de ellos

3 y dijo: “En verdad les digo que si ustedes no se vuelven y se hacen como los niños, jamás entrarán en el reino del cielo.

4 Así que, cualquiera que se haga tan humille como este niño, ése es el más importante en el reino del cielo.

5 Y cualquiera que en mi nombre reciba a un niño como éste, a mí me recibe.

6 Y a cualquiera que ofenda a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra grande de molino y que lo hundieran en lo profundo del mar.

7 “¡Pobre del mundo por las ofensas! Es inevitable que haya ofensas, pero ¡ay del hombre que las ocasione!

8 Por tanto, si tu mano o tu pie te hace ofender, córtalo y échalo de ti. Te conviene más entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ir a parar al fuego eterno.

9 Y si tu ojo te hace ofender, sácalo y échalo de ti. Te conviene más entrar en la vida con un solo ojo que, teniendo dos ojos, ir a parar al fuego del Crematorio.

10 “Miren, no desprecien a ninguno de estos pequeños, porque les digo que sus mensajeros en el cielo siempre ven el rostro de mi Padre que está en el cielo.

11 [Porque el Hijo del Hombre vino a salvar lo que se había perdido.]*

12 ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en las montañas y se va a buscar la descarriada?

13 Y si sucede que la encuentra, en verdad les digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

14 Así también, es la voluntad de su Padre que está en el cielo que no se pierda ni uno de estos pequeños.

15 “Por tanto, si tu hermano comete un pecado, vé y amonéstalo –pero privadamente, sólo entre tú y él. Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano.

16 Pero si no te hace caso, lleva contigo a uno o dos más, para que todo asunto conste según la boca de dos o tres testigos.

17 Si no les hace caso a ellos, dilo a la congregación; y si no le hace caso a la congregación, considéralo como un gentil y publicano.

18 En verdad les digo que todo lo que ustedes prohíban en la tierra habrá sido prohibido en el cielo, y todo lo que permitan en la tierra habrá sido permitido en el cielo”.

19 “Otra vez les digo que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, se la concederá mi Padre que está en el cielo.

20 Porque donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

21 Entonces Kefá se le acercó y le preguntó: “Maestro, ¿cuántas veces que mi hermano peque contra mí debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”

22 Yahoshúa le dijo: “No te digo que hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

23 “Por eso el reino del cielo se parece a cierto rey, que quiso ajustar cuentas con sus sirvientes.

24 Y cuando comenzó a ajustar cuentas, le trajeron a uno que le debía varios millones.

25 Como él no tenía con qué pagar, su amo ordenó que lo vendieran, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, para que se le pagara.

26 Entonces el sirviente cayó postrado delante de él y le suplicó: ‘Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo’.

27 El amo de aquel sirviente, lleno de compasión, lo soltó y le perdonó la deuda.

28 Sin embargo, cuando aquel sirviente salió se encontró con uno de sus compañeros de servicio que le debía cien denarios, y lo agarró, y casi lo ahogaba diciendo: “Págame lo que me debes”.

29 Entonces su compañero de servicio se le arrodilló delante, y le rogaba: ‘¡Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré’.

30 Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara lo que le debía.

31 Así que, cuando sus compañeros de servicio vieron lo que había sucedido, se entristecieron mucho; y fueron y le contaron a su amo todo lo que había sucedido.

32 “Entonces su amo lo llamó y le dijo: ‘¡Sirviente malvado! Yo te perdoné toda aquella deuda porque me rogaste.

33 ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero de servicio, así como también yo tuve compasión de ti?’

34 Y su amo, furioso, lo entregó a los verdugos hasta que le pagara todo lo que le debía.

35 Así también hará con ustedes mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano”.

19

1 Cuando Yahoshúa acabó estas palabras, salió del Galil y se fue a las fronteras de Yahudah, al otro lado del Yardén.

2 Grandes multitudes lo siguieron, y él los sanó allí.

3 Entonces los fariseos se le acercaron para probarlo, diciendo: “¿Se le permite a un hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?”

4 El les contestó diciendo: “¿No han leído ustedes que en el principio el Creador los hizo varón y hembra,

5 y que dijo: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa; y serán los dos una sola carne?”

6 Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Elohim ha unido, no lo separe el hombre”.

7 Ellos le preguntaron: “¿Por qué entonces Mosheh mandó dar un certificado de divorcio y despedirla?”

8 Él les dijo: “Por la dureza del corazón de ustedes, Mosheh les permitió divorciarse de sus esposas; pero desde el principio no fue así.

9 Por eso les digo que cualquiera que se divorcie de su esposa, a menos que sea por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio. [Y el que se casa con una mujer así divorciada comete adulterio.]”*

10 Los discípulos le dijeron: “Si así es la situación del hombre con su esposa, no conviene casarse”.

11 Entonces él les dijo: “No todos aceptan esa declaración, sino sólo aquéllos a quienes se les concede.

12 Porque hay eunucos que nacieron así desde el vientre de su madre, a otros eunucos los hicieron eunucos los hombres, y hay otros que se hacen eunucos por amor al reino del cielo. El que sea capaz de hacerlo, que lo haga”.

13 Luego le presentaron unos niños, para que pusiera las manos sobre ellos y orara; pero los discípulos los reprendieron.

14 Entonces Yahoshúa les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí y no lo impidan, porque de los tales es el reino del cielo.

15 Y después de poner las manos sobre ellos, se retiró de allí.

16 En eso se le acercó uno y le preguntó: “Rabí, ¿qué cosa buena debo hacer para tener la vida eterna?”

17 El le dijo: “¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Hay uno solo que es bueno. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

18 Él le preguntó: “¿Cuáles?” Yahoshúa respondió: “No asesinarás, no adulterarás, no hurtarás, no darás falso testimonio,

19 honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

20 El joven le dijo: “Todo eso lo he guardado. ¿Qué más me falta?”

21 Yahoshúa le dijo: “Si quieres cumplir cabalmente, ve y vende tus bienes y dalo a los pobres; y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”.

22 Pero cuando el joven oyó esa declaración, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

23 Entonces Yahoshúa dijo a sus discípulos: “En verdad les digo que difícilmente entrará el rico en el reino del cielo.

24 Otra vez les digo que es más fácil pasar una soga* por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Elohim”.

25 Cuando los discípulos lo oyeron, se asombraron muchísimo, y dijeron: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?

26 Yahoshúa los miró y les dijo: “Para los hombres eso es imposible, pero para Elohim todo es posible”.

27 Entonces Kefá tomó la palabra y le dijo: “Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos entonces?”

28 Yahoshúa les dijo: “En verdad les digo que en el tiempo de la Renovación, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono glorioso, ustedes que me han seguido se sentarán también sobre doce tronos para gobernar a las doce tribus de Yisrael.

29 Y todo el que deje casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o campos por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

30 Pero muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros.

20

1 “Porque el reino del cielo es semejante a un hombre, dueño de un campo, que salió al amanecer a contratar obreros para su viña.

2 Después de hacer trato con los obreros por un denario al día, los envió a su viña.

3 Luego salió como a la tercera hora y vio a otros que estaban en la plaza desocupados,

4 y les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña, y les daré lo que sea justo;’ y ellos fueron.

5 “Salió otra vez como a la sexta hora y a la novena hora, e hizo lo mismo.

6 También alrededor de la undécima hora salió y halló a otros que estaban allí, y les dijo: ‘¿Por qué están aquí todo el día desocupados?’

7 Le dijeron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Y les dijo: ‘Vayan ustedes también a la viña [y recibirán lo que sea justo].

8 “Al llegar la noche, le dijo el dueño de la viña a su mayordomo: ‘Llama a los obreros y págales su salario, empezando por los últimos y terminando por los primeros’.

9 Al venir los que habían llegado cerca de la undécima hora, recibieron cada uno un denario.

10 Y cuando vinieron los primeros, pensaron que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno.

11 Al recibirlo, murmuraban contra el dueño del campo,

12 diciendo: ‘Estos últimos trabajaron una sola hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día’.

13 Y él le respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no te estoy haciendo ninguna injusticia. ¿No hiciste trato conmigo por un denario?

14 Pues toma lo tuyo y vete. Pero quiero darle a este último lo mismo que a ti.

15 ¿No tengo acaso derecho de hacer lo que quiera con lo mío? ¿O es que tienes envidia porque soy bondadoso?’

16 Así, los últimos serán primeros, y los primeros últimos”.

17 Mientras Yahoshúa subía a Yerushaláyim, llamó a sus doce discípulos aparte y les dijo en el camino:

18 Miren, vamos subiendo a Yerushaláyim, y al Hijo del Hombre lo van a entregar a los principales sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte.

19 Lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo ejecuten en un madero; pero al tercer día resucitará.

20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zavday con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.

21 El le dijo: “¿Qué deseas?” Ella le dijo: “Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.

22 Entonces Yahoshúa respondió: “Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden acaso beber la copa que yo voy a beber?”

23 Él les dijo: “A la verdad, ustedes beberán de mi copa; pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; eso será para quienes lo haya dispuesto mi Padre”.

24 Cuando los otros diez oyeron esto, se indignaron contra los dos hermanos.

25 Entonces Yahoshúa los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los gobernantes de los gentiles se adueñan de ellos, y los grandes ejercen autoridad sobre ellos.

26 Pero entre ustedes no será así. Por el contrario, el que quiera ser grande entre ustedes debe hacerse servidor de los demás;

27 y el que anhele ser el primero entre ustedes, debe hacerse servidor de ustedes;

28 igual que el Hijo del Hombre, que no vino para le sirvan sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

29 Saliendo ellos de Yerijó, le siguió una gran multitud.

30 Y sucedió que dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Yahoshúa pasaba, empezaron a gritar: “¡Maestro, ten compasión de nosotros, Hijo de Dawid!”

31 La gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban aún más fuerte diciendo: “¡Maestro, ten compasión de nosotros, Hijo de Dawid!”

32 Yahoshúa se detuvo, los llamó y les dijo: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”

33 Ellos le dijeron: “Maestro, que se nos abran los ojos”.

34 Entonces Yahoshúa, lleno de compasión, les tocó los ojos; y al instante recobraron la vista; y lo siguieron.

21

1 Cuando se acercaron a Yerushaláyim y llegaron a Bet-Pagué, junto al monte de los Olivos, Yahoshúa envió a dos discípulos,

2 diciéndoles: “Vayan a la aldea que está frente a ustedes, y en seguida hallarán un asna amarrada, con su asnito al lado. Desátenla y traíganmelos.

3 Si alguien les dice algo, díganle que el Maestro los necesita y que luego los devolverá”.

4 Todo esto sucedió para cumplir la declaración del profeta que dijo:

5 “Díganle a la hija de Tsiyón: ‘Mira que tu rey viene a ti, manso y sentado sobre un asna, con su asnito, hijo de bestia de carga’”.

6 Los discípulos fueron e hicieron tal como Yahoshúa les había mandado.

7 Trajeron el asna y el asnito y pusieron sobre ellos sus mantos, y él se montó en ellos.

8 La mayor parte de la multitud tendió sus mantos en el camino, mientras otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.

9 Las multitudes que iban delante de él y las que lo seguían aclamaban diciendo: “¡Hoshía na!” al Hijo de Dawid; “¡Bendito el que viene en el nombre del YHWH! ¡Hoshía na, desde las alturas!”

10 Cuando entró en Yerushaláyim, toda la ciudad quedó en conmoción, y preguntaban: “¿Quién es ése?”

11 Y las multitudes respondían: “Este es el profeta Yahoshúa, el de Natséret del Galil.

12 Entonces Yahoshúa entró en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y los bancos de los que vendían palomas,

13 y les dijo: “Está escrito: Mi casa se llamará Casa de Oración, pero ustedes la han hecho cueva de ladrones”.

14 Entonces se le acercaron algunos ciegos y cojos en el Templo, y él los sanó.

15 Pero los principales sacerdotes y los escribas se indignaron cuando vieron las maravillas que él hizo, y a los muchachos que lo aclamaban en el Templo diciendo: “¡Hoshia ná!” al Hijo de Dawid.

16 Y le dijeron: “¿Oyes lo que dicen éstos?” Yahoshúa les dijo: “Sí. ¿Nunca han leído: ‘De la boca de los niños y de los lactantes te proporcionaste alabanza’?”

17 Entonces los dejó y salió fuera de la ciudad a Bet-Jiní, y se alojó allí.

18 Cuando volvía a la ciudad por la mañana, sintió hambre.

19 Al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella; pero no encontró nada en ella sino sólo hojas, y le dijo: “Que nunca jamás nazca fruto de ti”. Pronto se secó la higuera,

20 y los discípulos, al verlo, se maravillaron diciendo: “¿Cómo se secó tan pronto la higuera?”

21 Yahoshúa les respondió: “En verdad les digo que si tienen fe y no dudan, no sólo harán esto de la higuera, sino que si le dicen a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, así se hará.

22 Todo lo que pidan en oración, si tienen fe, lo recibirán”.

23 Cuando llegó al Templo comenzó a enseñar. Enseguida se le acercaron los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, y le dijeron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dio esta autoridad?”

24 Entonces respondió Yahoshúa y les dijo: “Yo también les voy a hacer una pregunta; y si me la contestan, yo también les diré con qué autoridad hago esto.

25 La inmersión de Yojanán, ¿de dónde era, del cielo o de los hombres?” Entonces se pusieron a razonar entre ellos, diciendo: “Si decimos que del cielo, nos va a decir: ‘¿Por qué, entonces, no le creyeron?’

26 Y si decimos que de los hombres, le tememos al pueblo, porque todos consideran a Yojanán como un profeta”.

27 Así que le contestaron a Yahoshúa: “No sabemos”. Y él les dijo: “Pues yo tampoco les digo con qué autoridad hago estas cosas”.

28 “¿Pero, qué les parece esto?: Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: ‘Hijo, vé hoy a trabajar en la viña’.

29 El le contestó: ‘No quiero’. Pero después, cambió de parecer y fue.

30 Luego se dirigió al otro y le dijo lo mismo; y él respondió diciendo: ‘¡Sí, señor, yo voy!’ Y no fue.

31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?” Ellos dijeron: “El primero”. Y Yahoshúa les dijo: “En verdad les digo que los publicanos y las prostitutas entran antes que ustedes en el reino de Elohim.

32 Porque Yojanán vino a ustedes en el camino del bien, y ustedes no le creyeron; pero los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y aunque ustedes lo vieron, después no cambiaron de parecer para creerle”.

33 “Oigan otra parábola: Había un hombre, dueño de un campo, quien plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y se la arrendó a unos labradores y se fue lejos.

34 Cuando se acercó el tiempo de la cosecha, envió sus sirvientes donde los labradores para recibir sus frutos.

35 Pero los labradores agarraron a sus sirvientes, a uno lo hirieron, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon.

36 El envió de nuevo otros sirvientes, en mayor número que los primeros, y les hicieron lo mismo.

37 Por último, les envió a su hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’.

38 Pero al ver al hijo, los labradores dijeron entre ellos: ‘Este es el heredero, vamos a matarlo para quedarnos con su herencia’.

39 Así que lo agarraron, lo sacaron de la viña y lo mataron.

40 Ahora bien, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”

41 Ellos le dijeron: “A esos malvados los destruirá sin compasión, y le arrendará su viña a otros labradores que le paguen el fruto a su tiempo”.

42 Yahoshúa les dijo: “¿Nunca han leído en las Escrituras esto?: ‘La piedra que desecharon los constructores ha venido a ser la principal piedra angular. De parte de YHWH sucedió esto, y es maravilloso a nuestros ojos’.

43 Por eso les digo que el reino de Elohim se les quitará a ustedes y se le dará a un pueblo que produzca los frutos del reino.

44 [El que caiga sobre esta piedra se hará pedazos, y si ella cae sobre alguien lo hará polvo]”

45 Cuando los principales sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas entendieron que él hablaba de ellos.

46 Pero aunque querían echarle mano, le temían al pueblo; porque éste lo consideraba como un profeta.

22

1 Yahoshúa tomó la palabra y volvió a hablarles en parábolas diciendo:

2 “El reino del cielo es como un rey que celebró la fiesta de bodas para su hijo.

3 Envió a sus sirvientes para llamar a los que habían sido invitados a la fiesta de bodas, pero no quisieron asistir.

4 Volvió a enviar otros sirvientes con el encargo de decir a los invitados: ‘Miren, he preparado mi banquete; mis toros y animales cebados ya están preparados, y todo está listo. Vengan a la fiesta de bodas’.

5 Pero [los invitados] no le hicieron caso y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;

6 y los otros agarraron a sus sirvientes, los maltrataron y los mataron.

7 “Entonces el rey se puso furioso y mandó a sus tropas a matar a aquellos asesinos y quemar su ciudad.

8 Luego les dijo a sus sirvientes: ‘La fiesta de bodas, a la verdad, está preparada, pero los invitados no eran dignos.

9 Así que vayan a las encrucijadas de los caminos e inviten a mi fiesta de bodas a todos los que encuentren’.

10 Aquellos sirvientes salieron por los caminos y reunieron a todos los que hallaron, tanto buenos como malos; y así la sala se llenó de convidados.

11 “Pero cuando entró el rey para ver a los convidados y vio allí a un hombre que no llevaba ropa de bodas,

12 le dijo: ‘Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin llevar ropa de bodas?’ Pero él se quedó callado.

13 Entonces el rey les dijo a sus sirvientes: ‘Amárrenlo de pies y manos y échenlo a las tinieblas de afuera’. Allí será el llanto y el crujir de dientes;

14 pues muchos son llamados, pero pocos elegidos.

15 Entonces se fueron los fariseos y consultaron entre ellos cómo podrían enredarlo en alguna palabra.

16 De modo que le enviaron unos discípulos de ellos, junto con los herodianos, a decirle: “Rabí, sabemos que eres un hombre sincero, y que enseñas el camino de Elohim con franqueza y que no te cuidas de nadie; porque no te fijas en la apariencia de la gente.

17 Así que danos tu opinión: ¿Es justo pagarle impuestos al César, o no?”

18 Pero Yahoshúa, como se dio cuenta de la malicia de ellos, les dijo: “¿Por qué me ponen a prueba, hipócritas?

19 Muéstrenme la moneda del impuesto”. Y ellos le presentaron un denario.

20 Entonces él les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”

21 Le dijeron: “Del César”. Entonces él les dijo: “Pues denle al César lo que es del César, y a YHWH lo que es de YHWH”.

22 Al oír esto quedaron maravillados, y lo dejaron y se fueron.

23 Aquel mismo día se le acercaron unos saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:

24 “Rabí, Mosheh dijo que si alguno muere sin hijos, su hermano deberá casarse con su esposa, para levantarle descendencia a su hermano.

25 Pues bien, había siete hermanos entre nosotros; el primero se casó y murió, y como no tenía descendencia, le dejó su esposa a su hermano.

26 Lo mismo sucedió también con el segundo y el tercero, hasta el séptimo.

27 Y después de todos ellos, murió también la mujer.

28 En la resurrección, siendo que todos la tuvieron, ¿de cuál de los siete será esposa?”

29 Entonces Yahoshúa les dijo en respuesta: “Ustedes están equivocados porque no conocen las Escrituras ni el poder de YHWH.

30 Porque en la resurrección no se casan ni se dan en matrimonio, sino que son como los mensajeros que están en el cielo.

31 Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído lo que se les habló YHWH cuando dijo:

32 Yo soy el Elohim de Avraham, el Elohim de Yitsjaq y el Elohim de Yaaqov”. Él no es un Elohim de muertos, sino de vivos”.

33 Al oír esto, las multitudes quedaron maravilladas de su enseñanza.

34 Cuando los fariseos se enteraron de que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en grupo.

35 Uno de ellos, maestro de la Torah, le preguntó para probarlo:

36 “Rabí, ¿cuál es el mayor mandamiento de la Torah?”

37 Yahoshúa le contestó. “Amarás a YHWH tu Elohim con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente.

38 Este es el mayor y el principal mandamiento.

39 Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

40 En estos dos mandamientos se basa toda la Torah, y los Profetas”.

41 Mientras estaban aún reunidos los fariseos, Yahoshúa les preguntó:

42 “¿Qué piensan ustedes del Mashíaj? ¿De quién es hijo?” Ellos le contestaron: “De Dawid”.

43 Y él les dijo: “Entonces, ¿cómo es que Dawid, por inspiración, lo llama soberano? Pues dice:

44 ‘Dijo YHWH a mi soberano: “Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”’.

45 Pues, si Dawid lo llama soberano, ¿cómo puede ser hijo suyo?”

46 Y nadie le pudo responder una palabra. Desde ese día nadie se atrevió hacerle más preguntas.

23

1 Entonces Yahoshúa se dirigió a la multitud y a sus discípulos,

2 y les dijo: “Los escribas y los fariseos enseñan con la autoridad de Mosheh.

3 Así que, todo lo que él* les diga, háganlo y cúmplanlo; pero no hagan como hacen ellos, porque ellos dicen pero no hacen.

4 Ellos atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de la gente; pero ellos mismos no las quieren mover ni con un dedo.

5 Hacen todas sus obras para que la gente los vea. Se hacen bien anchas sus tiras de oración, y bien largos los flecos de sus mantos.

6 Les gustan los primeros asientos en los banquetes y las primeras sillas en las sinagogas,

7 y que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘Rabí’.

8 Pero ustedes, no se hagan llamar Rabí; porque uno solo es su Rabí, y todos ustedes son hermanos.

9 Y no llamen Padre a nadie en la tierra, porque uno solo es su Padre, el que está en el cielo.

10 Tampoco se hagan llamar Guías, porque su Guía es uno solo, el Mashíaj.

11 Que el mayor entre ustedes se haga servidor de los demás;

12 porque al que se enaltece lo humillarán, y al que se humilla lo enaltecerán.

13 “Pobres de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque le cierran el reino del cielo a la gente. Pues ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar.

14 [“Pobres de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque devoran las casas de las viudas. y como disfraz hacen largas oraciones; por eso recibirán una condena mayor.]*

15 “¡Pobres de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque recorren mar y tierra para hacer un solo prosélito; y cuando lo logran, lo hacen dos veces más digno del Crematorio que ustedes mismos.

16 “¡Pobres de ustedes, guías ciegos, que dicen: ‘Si uno jura por el santuario, no significa nada; pero si jura por el oro del santuario, queda obligado’.

17 ¡Necios y ciegos! ¿Cuál es más importante: el oro o el santuario que santifica al oro?

18 También dicen ustedes: ‘Si uno jura por el altar, no significa nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre el altar, queda obligado’.

19 Ciegos, ¿cuál es más importante: la ofrenda o el altar que santifica a la ofrenda?

20 Pues el que jura por el altar, jura por el altar y por todo lo que está sobre él.

21 Y el que jura por el santuario, jura por el santuario y por Aquel que habita en él.

22 Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Elohim y por Aquel que está sentado en él.

23 “¡Pobres de ustedes, escribas y fariseos hipócritas; porque dan el diezmo de la menta, del anís y del comino; pero han desatendido las cosas más importantes de la Torah, que son: la justicia, la compasión, y la fe. Estas cosas son las que hay que cumplir, aunque sin omitir aquéllas.

24 ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito pero se tragan el camello!

25 “¡Pobres de ustedes, escribas y fariseos hipócritas; porque limpian por afuera el vaso o el plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno.

26 Fariseo ciego, limpia primero el interior del vaso para que también el exterior quede limpio.

27 “¡Pobres de ustedes, escribas y fariseos hipócritas; porque se parecen a los sepulcros blanqueados, que por fuera en verdad se ven hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda impureza.

28 Así también ustedes, por fuera en verdad parecen justos delante de la gente, pero por dentro están llenos de hipocresía y violación de la Torah.

29 “¡Pobres de ustedes, escribas y fariseos hipócritas; porque edifican los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los justos,

30 y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la matanza de los profetas’.

31 Así dan testimonio contra ustedes mismos de que son hijos de aquellos que mataron a los profetas.

32 ¡Bueno, pues concluyan ustedes la obra de sus antepasados!

33 “Serpientes, generación de víboras, ¿cómo escaparán de la condenación del Crematorio?

34 Miren; yo les envío profetas, sabios y escribas; y de ellos, a unos los matarán y ejecutarán en maderos, y a otros los azotarán en sus sinagogas y los perseguirán de ciudad en ciudad,

35 para que caiga sobre ustedes toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre del justo Hébel hasta la sangre de Zekharyah hijo de Berekyah, a quien ustedes mataron entre el santuario y el altar.

36 En verdad les digo que todo esto recaerá sobre esta generación.

37 “Yerushaláyim, Yerushaláyim, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían, ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!

38 Miren, su casa se les queda desierta,

39 porque les digo que no volverán a verme hasta [el día en] que digan: ‘¡Bendito el que viene en el nombre de YHWH!”

24

1 Cuando Yahoshúa salía y se alejaba del templo, se le acercaron sus discípulos y le llamaron la atención hacia los edificios del templo.

2 Pero él les respondió: “¿Ven todo esto? Pues en verdad les digo que aquí no quedará piedra sobre piedra que no derriben”.

3 Estando él sentado en el Monte de los Olivos, sus discípulos se le acercaron reservadamente, y le dijeron: “Dinos, ¿cuándo sucederán esas cosas? ¿Y qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?”

4 Yahoshúa respondió diciéndoles: “Miren que nadie los engañe;

5 porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy el Mashíaj”, y engañarán a muchos.

6 Oirán hablar de guerras y rumores de guerras. No se confundan, porque es necesario que sucedan esas cosas, pero todavía no es el fin.

7 Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá hambre y terremotos por todas partes.

8 Pero todas esas cosas son sólo el comienzo del sufrimiento.

9 “Entonces los entregarán a tribulación y los matarán, y todas las naciones los odiarán por causa de mi nombre.

10 Entonces muchos tropezarán; y se traicionarán unos a otros, y se aborrecerán unos a otros.

11 Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos;

12 y por el aumento de la violación de la Torah, se enfriará el amor de muchos.

13 Pero el que persevere hasta el fin se salvará.

14 Y esta buena nueva del reino se proclamará en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones, y luego vendrá el fin.

15 Por eso, cuando ustedes vean en el Lugar Santo la abominación desola-dora de la que habló el profeta Daniyel (el que lee, que entienda),

16 entonces los que estén en Yahudah huyan a los montes.

17 El que esté en la azotea no baje a sacar algo de su casa,

18 y el que esté en el campo no vuelva atrás a coger su manto.

19 ¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que críen en aquellos días!

20 Así que, rueguen que su huida no sea en invierno ni en Shabat;

21 porque habrá entonces una gran tribulación como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás.

22 Y si no se abreviaran esos días, no se salvaría nadie; pero por causa de los escogidos, aquellos días se abreviarán.

23 “Entonces, si alguien les dice: ‘Miren, aquí está el Mashíaj’, o ‘Allá está,’ no le crean.

24 Porque se levantarán falsos meshijim y falsos profetas, y harán grandes señales y maravillas para engañar, de serles posible, aun a los escogidos.

25 Miren que se los he dicho de antemano.

26 Así que, si les dicen: ‘Miren, está en el desierto’, no salgan; o ‘Miren, está en los aposentos”, no lo crean.

27 Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre.

28 Porque donde se juntan los buitres, allí es donde está el cadáver.

29 “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz. Las estrellas caerán del cielo y los poderes del cielo se conmoverán.

30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y en ese tiempo se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran majestad.

31 Él enviará a sus mensajeros con un gran toque de trompeta para reunir a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

32 De la higuera aprendan la analogía: Cuando su rama se pone tierna y brotan sus hojas, saben que el verano está cerca.

33 Así también ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas.

34 En verdad les digo que no pasará esa generación hasta que todas estas cosas sucedan.

35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

36 “Pero en cuanto al día y la hora, nadie sabe; ni siquiera los mensajeros del cielo, ni aun el Hijo, sino sólo el Padre.

37 Porque como en los días de Nóaj así será la venida del Hijo del Hombre.

38 Pues como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio hasta el día en que Nóaj entró en el arca,

39 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.

40 En ese entonces estarán dos en el campo; a uno se lo llevarán, y al otro lo dejarán.

41 Dos mujeres estarán moliendo en un molino; a una se la llevarán, y a la otra la dejarán.

42 Así que manténganse alerta, porque no saben en qué día viene su Maestro.

43 Pero sepan esto: Que si el padre de familia supiera a qué hora habría de venir el ladrón, se quedaría despierto y no dejaría que escalaran su casa.

44 Así que, estén preparados también ustedes, porque a la hora que no piensan, vendrá el Hijo del Hombre.

45 ¿Quién es el sirviente fiel y prudente, a quien su Amo puso a cargo de su familia para que les dé alimento a su debido tiempo?

46 Feliz aquel sirviente a quien su amo, cuando venga, lo encuentre haciéndolo así.

47 En verdad les digo que lo pondrá sobre todos sus bienes.

48 Pero si el sirviente es malo y dice en su corazón: ‘Mi amo tarda;’

49 y si comienza a golpear a sus compañeros de servicio, y si come y bebe con los borrachos,

50 el amo de aquel sirviente vendrá en el día que no espera y a la hora que no sabe,

51 y lo castigará duramente y le asignará un lugar con los hipócritas. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

25

1 Entonces, el reino del cielo será como diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio.

2 Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.

3 Cuando las necias tomaron sus lámparas, no llevaron aceite;

4 pero las prudentes llevaron aceite en sus vasijas, además de sus lámparas.

5 Y como el novio tardaba, todas cabecearon y se quedaron dormidas.

6 A la media noche se oyó gritar: ‘¡Ahí está el novio! ¡Salgan a recibirlo!’

7 Entonces, todas aquellas vírgenes se levantaron y prepararon sus lámparas.

8 Y las necias les dijeron a las prudentes: ‘Dennos de su aceite, porque nuestras lámparas se apagan’.

9 Pero las prudentes les respondieron: ‘No, porque puede que nos falte a nosotras y a ustedes; mejor vayan a los vendedores y compren para ustedes mismas’.

10 Mientras ellas iban a comprar, llegó el novio; y las preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta.

11 Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: ‘¡Maestro, maestro, ábrenos!’

12 Pero él les respondió: ‘En verdad les digo que no las conozco’.

13 Así que manténganse alerta, porque ustedes no saben ni el día ni la hora.

14 “Porque [el reino del cielo] es como un hombre que iba a emprender un viaje largo, y llamó a sus sirvientes y les confió sus bienes.

15 A uno le entregó cinco talentos, a otro dos, y a otro, uno; a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.

16 “Enseguida, el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos.

17 De la misma manera, el que había recibido dos ganó también otros dos.

18 Pero el que había recibido uno fue, hizo un hoyo en la tierra, y escondió el dinero de su amo.

19 “Después de mucho tiempo, volvió el amo de aquellos sirvientes y ajustó cuentas con ellos.

20 Cuando se presentó el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos y dijo: ‘Amo, usted me entregó cinco talentos, y mire, he ganado otros cinco talentos’.

21 Su amo le dijo: ‘Bien hecho, sirviente bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el disfrute de tu amo’.

22 Y cuando se presentó el que había recibido dos talentos, dijo: ‘Amo, usted me entregó dos talentos, y mire, he ganado otros dos talentos’.

23 Su amo le dijo: ‘Bien hecho, sirviente bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el disfrute de tu amo’.

24 “Pero cuando se presentó el que había recibido un talento, dijo: ‘Amo, yo sé que usted es un hombre exigente, que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció.

25 Por eso tuve miedo, y fui y escondí su talento en la tierra. Aquí tiene usted lo que es suyo’.

26 En respuesta su amo le dijo: ‘Sirviente malo y perezoso, sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí.

27 Por lo tanto, debiste haber depositado mi dinero en el banco, para que al venir yo, recibiera lo mío con intereses.

28 Así que, quítenle el talento y dénselo al que tiene diez talentos.

29 Porque a todo el que tiene se le dará más, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

30 Al sirviente inútil échenlo a las tinieblas de afuera’. Allí será el llanto y el crujir de dientes”.

31 “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y todos los mensajeros con él, entonces se sentará en su trono glorioso;

32 y reunirán delante de él a todas las naciones. El separará los unos de los otros, como cuando el pastor separa las ovejas de las cabras;

33 y pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda.

34 “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: ‘¡Vengan, benditos de mi Padre! Hereden el reino que se ha preparado para ustedes desde la fundación del mundo.

35 Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me hospedaron,

36 estuve desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y fueron a verme’.

37 “Entonces los justos le preguntarán: ‘Maestro, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos, o sediento y te dimos de beber?

38 ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?

39 ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?’

40 Y en respuesta el Rey les dirá: ‘En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron’.

41 “Entonces les dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Acusador y sus mensajeros.

42 Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;

43 fui forastero, y no me hospedaron, estuve desnudo, y no me vistieron, enfermo y en la cárcel, y no me visitaron’.

44 Entonces le responderán: “Maestro, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?’

45 Entonces les responderá: ‘En verdad les digo que en cuanto no lo hicieron a uno de estos más pequeños, tampoco me lo hicieron a mí’.

46 Entonces irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

26

1 Cuando Yahoshúa terminó de decir todas estas palabras, les dijo a sus discípulos:

2 “Ustedes saben que dentro de dos días se celebra el Pésaj, y al Hijo del Hombre lo van a entregar para que lo ejecuten en un madero”.

3 Entonces los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Kayafá,

4 y consultaron entre ellos para arrestar a Yahoshúa con algún engaño y matarlo.

5 Pero decían: “No lo hagamos en la Fiesta, para que no se forme un alboroto en el pueblo”.

6 Estando Yahoshúa en Bet-Hiní, en casa de Shimón el leproso,

7 se le acercó una mujer que traía un frasco de mármol lleno de un perfume muy costoso, y lo derramó sobre la cabeza [de Yahoshúa] mientras estaba sentado a la mesa.

8 Al verlo, sus discípulos se indignaron y dijeron: “¿Para qué este despilfarro?

9 Eso pudo haberse vendido a un alto precio y habérselo dado a los pobres”.

10 Como Yahoshúa se dio cuenta, les dijo: “¿Por qué molestan a la mujer? Ella ha hecho una buena obra conmigo.

11 Porque a los pobres siempre los tienen con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán.

12 Pues al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo que ha hecho ella es prepararme para la sepultura.

13 En verdad les digo que dondequiera que se proclame esta buena nueva en todo el mundo, también se contará lo que ha hecho esta mujer, para memoria de ella”.

14 Entonces, uno de los Doce, que se llamaba Yahudah Iscariote, fue donde los principales sacerdotes

15 y les dijo: “¿Cuánto están dispuestos a pagarme para que yo se los entregue?” Ellos le estipularon treinta piezas de plata;

16 y desde entonces él buscaba la oportunidad para entregarlo.

17 El día anterior a la Fiesta de los [Panes] Inleudos, los discípulos se acercaron a Yahoshúa diciendo: “¿Dónde quieres que preparemos para que comas el Pésaj?”*

18 El dijo: “Vayan a la ciudad, donde Fulano, y díganle: ‘El Rabí dice: ‘Mi tiempo está cerca; voy a celebrar el Pésaj en tu casa con mis discípulos’.”

19 Los discípulos hicieron como Yahoshúa les mandó y prepararon el Pésaj.

20 Al caer la tarde, él estaba sentado a la mesa con los Doce,

21 y mientras comían, les dijo: “En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar”.

22 Ellos, sumamente entristecidos, comenzaron a preguntarle, uno por uno: “¿Seré yo, Maestro?”

23 En respuesta él dijo: “Uno que mete la mano conmigo en el plato es el que me entregará.

24 A la verdad, el Hijo del Hombre se va, tal como está escrito de él. Pero ¡pobre de ese que va a traicionar al Hijo del Hombre! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido”.

25 Entonces intervino Yahudah, el que lo iba a entregar, y dijo: “¿Seré yo, Rabí?” Él le dijo: “Tú lo has dicho”.

26 Mientras ellos comían, Yahoshúa tomó pan y dio la bendición; lo partió y lo dio a sus discípulos, y dijo: “Tengan, coman; esto es mi cuerpo”.

27 También cogió una copa, y después de dar gracias, se la dio a ellos diciendo: “Beban de ella todos;

28 porque esto es mi sangre de la alianza, la cual se derrama para el perdón de los pecados de muchos.

29 Pues les digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre.

30 Y después de cantar la Alabanza, salieron al Monte de los Olivos.

31 Entonces Yahoshúa les dijo: “Todos ustedes me fallarán esta noche, porque está escrito: Heriré al Pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño.

32 Pero después de haber resucitado, iré delante de ustedes al Galil”.

33 Kefá respondió y le dijo: “Aunque todos te fallen, yo nunca te fallaré”.

34 Yahoshúa le dijo: “En verdad te digo que esta noche, antes que cante el gallo, tú me negarás tres veces”.

35 Kefá le dijo: “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

36 Entonces llegó Yahoshúa con ellos a un lugar que se llama Gat-Shemanim, y les dijo a los discípulos: “Siéntense aquí, en lo que yo voy allá a orar”.

37 Se llevó a Kefá y a los dos hijos de Zavday, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.

38 Entonces les dijo: “Tengo una tristeza de muerte.* Quédense aquí y velen conmigo”.

39 Pasando un poco más adelante, se postró sobre su rostro, y oró diciendo: “Padre mío, si es posible, que no tenga que pasar este trago. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú quieras”.

40 Volvió donde sus discípulos y los halló dormidos, y le dijo a Kefá: “¿Así que no han podido velar ni una sola hora conmigo?

41 Manténganse alerta y oren, para que no caigan en tentación. El espíritu, en verdad, está bien dispuesto; pero la carne es débil”.

42 Por segunda vez se apartó y oró diciendo: “Padre mío, si no puede pasar este trago sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”.

43 Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque ellos tenían los ojos cargados [de sueño].

44 De nuevo los dejó y se apartó a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.

45 Luego volvió donde sus discípulos y les dijo: “¡Qué momento para dormir y descansar! Miren, se acerca la hora, y al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los pecadores.

46 ¡Levántense, vamos! Miren que se acerca el que me traiciona”.

47 Todavía estaba él hablando cuando llegó Yahudah, que era uno de los Doce. Con él venía mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.

48 El traidor les había dado una señal, diciendo: “Al que yo bese, ése es; agárrenlo”.

49 Enseguida se acercó a Yahoshúa y le dijo: “¡Shalom, Rabí!” Y lo besó afectuosamente.

50 Pero Yahoshúa le dijo: “Amigo, ¡a lo que has llegado!”* Entonces ellos se acercaron, le echaron mano a Yahoshúa y lo apresaron.

51 Sucedió que uno de los que estaban con Yahoshúa extendió la mano, sacó su espada, y de una estocada le cortó una oreja a un sirviente del sumo sacerdote.

52 Entonces Yahoshúa le dijo: “Vuelve tu espada a su vaina, porque todos los que empuñan espada, a espada perecerán.

53 ¿O acaso piensas que no puedo invocar a mi Padre y que él no me daría ahora mismo más de doce legiones* de mensajeros?

54 Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que sucedería de esta manera?”

55 En ese momento Yahoshúa le dijo a la multitud: “¿Como contra un asaltante han salido con espadas y palos para arrestarme? Cada día me sentaba a enseñar en el templo, y ustedes no me arrestaron.

56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas”. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

57 Los que habían apresado a Yahoshúa lo llevaron ante Kayafá, el sumo sacerdote, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos.

58 Y Kefá lo fue siguiendo de lejos hasta el patio del sumo sacerdote. Después de entrar, se sentó con los guardias para ver en que pararía aquello.

59 Los principales sacerdotes, los ancianos y todo el Sanhedrín buscaban falso testimonio contra Yahoshúa, para que le dieran muerte.

60 Pero no lo hallaron, a pesar de que se presentaron muchos testigos falsos. Por fin se presentaron dos

61 que declararon: “Este dijo: ‘Puedo derribar el templo de Elohim y reedificarlo en tres días’.”

62 Entonces se levantó el sumo sacerdote y le dijo: “¿No respondes nada? ¿Qué hay de lo que testifican éstos contra ti?”

63 Pero Yahoshúa callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: “¡Te pongo bajo juramento por el Elohim vivo, para que nos digas si tú eres el Mashíaj, el Hijo de Elohim!”

64 Yahoshúa le dijo: “Tú lo has dicho. Además les digo desde ahora que ustedes verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo”.

65 Entonces el sumo sacerdote se rasgó la ropa y dijo: “¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Fíjense, ahora mismo han oído ustedes la blasfemia.

66 ¿Qué les parece?” Y ellos respondieron: “¡Es digno de muerte!”

67 Entonces le escupieron la cara y lo abofetearon, y otros lo golpearon a puños;

68 y le decían: “¡Profetízanos, Mashíaj! ¿Quién fue el que te golpeó?

69 Kefá estaba sentado afuera en el patio, y se le acercó una criada diciendo: “¡Tú también estabas con Yahoshúa el galileo!”

70 Pero él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé de qué hablas”.

71 Pero cuando él salió a la puerta, otra criada lo vio y les dijo a los que estaban allí: “Este estaba con Yahoshúa el Natserí”.

72 Y otra vez lo negó con juramento: “Yo no conozco a ese hombre”.

73 Y poco después se acercaron los que estaban por allí y le dijeron a Kefá: “Verdaderamente, tú también eres de ellos, porque hasta tu manera de hablar te descubre”.

74 Entonces comenzó a maldecir y a jurar: “¡No conozco a ese hombre!” En seguida cantó el gallo,

75 y Kefá se acordó de las palabras de Yahoshúa, que había dicho: “Antes que cante el gallo, tú me negarás tres veces”. Y yendo afuera, lloró amargamente.

27

1 Al amanecer, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron a deliberar contra Yahoshúa para darle muerte.

2 Y después de atarlo, lo llevaron y se lo entregaron al gobernador Pilato.

3 Entonces Yahudah, el que lo había entregado, al ver que lo condenaban, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,

4 y dijo: “Yo he pecado entregando sangre inocente”. Pero ellos dijeron: “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!”

5 Entonces él, arrojó las piezas de plata dentro del santuario y se retiro; luego fue y se ahorcó.

6 Los principales sacerdotes, recogieron las piezas de plata y dijeron: “No es lícito ponerlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre”.

7 Y después de consultar entre ellos, compraron con ellas el Campo del Alfarero, para sepultura de los extranjeros.

8 Por eso aquel campo se llama Campo de Sangre, hasta el día de hoy.

9 Entonces se cumplió lo que declaró el profeta Yirmeyah,* cuando dijo: “Y cogieron las treinta piezas de plata, precio del que fue tasado según la tasación de los hijos de Yisrael;

10 y las dieron para el Campo del Alfarero, como me ordenó YHWH”.

11 Yahoshúa estaba ahora de pie en presencia del gobernador, y el gobernador le preguntó: “¿Eres tú el rey de los yahuditas?” Yahoshúa le dijo: “Tú lo dices”.

12 Pero cuando lo acusaron los principales sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.

13 Entonces Pilato le dijo: “¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?”

14 Pero él no le respondió ni una palabra, de manera que el gobernador quedó sumamente asombrado.

15 En la Fiesta, el gobernador acostumbraba soltarle al pueblo un preso, el que quisieran.

16 En aquel entonces tenían un preso famoso que se llamaba Bar-Aba.

17 Así que mientras estaban ellos reunidos, Pilato les dijo: “¿A cuál quieren que les suelte? ¿A Bar-Aba o a Yahoshúa, el llamado Mashíaj?”

18 Porque sabía que por envidia lo habían entregado.

19 Mientras él estaba sentado en el tribunal, su esposa le mandó a decir: “No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido muchas cosas en sueños por causa de él”.

20 Entonces los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes para que pidieran a Bar-Aba y que le dieran muerte a Yahoshúa.

21 Luego el gobernador tomó la palabra y les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?” Ellos dijeron: “¡A Bar-Aba!”

22 Pilato les pregunto: “¿Qué haré entonces con Yahoshúa, el llamado Mashíaj?” Todos dijeron: “¡Al madero con él!”

23 Y el gobernador les dijo: “Pues, ¿qué mal ha hecho?” Pero ellos gritaban aun más fuerte diciendo: “¡Al madero con él!”

24 Cuando Pilato se dio cuenta de que no se lograba nada, sino que sólo se hacía más alboroto, cogió agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: ¡Soy inocente de la sangre de éste! ¡Allá ustedes!”

25 Y todo el pueblo respondió: “¡Que su sangre recaiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”

26 Entonces les soltó a Bar-Aba; y después de azotar a Yahoshúa, lo entregó para que lo ejecutaran en el madero.

27 Después los soldados del gobernador llevaron a Yahoshúa al Pretorio y reunieron a toda la compañía alrededor de él.

28 Después de desnudarlo, le pusieron encima un manto escarlata.

29 Luego tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha le pusieron una vara. Entonces se arrodillaron delante de él y se burlaron de él, diciendo: “¡Shalom, rey de los yahuditas!”

30 Además, lo escupieron, y cogieron la vara y le golpeaban la cabeza.

31 Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron su propia ropas y lo llevaron para ejecutarlo en el madero.

32 Cuando iban saliendo, encontraron a un hombre de Kirene llamado Shimón, y lo obligaron a cargar el madero de [Yahoshúa].

33 Cuando llegaron al lugar que se llama Gulgolta (que significa lugar de la calavera),

34 le dieron a beber vino mezclado con ajenjo; pero cuando lo probó, no lo quiso beber.

35 Después de clavarlo al madero, se repartieron sus vestidos, echando suertes;

36 y se sentaron allí a vigilarlo. [De manera que se cumplió lo que dijo el profeta: “Repartieron entre ellos mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”.]*

37 Pusieron sobre su cabeza el cargo contra él, escrito así: “ESTE ES YAHOSHÚA, EL REY DE LOS YAHUDITAS.

38 Entonces clavaron en maderos junto a él a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.

39 Los que pasaban lo insultaban, meneando la cabeza

40 y diciendo: “Tú que derribas el Templo y en tres días lo reedificas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Elohim, y bájate del madero!”

41 De igual manera, hasta los principales sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él, y decían:

42 “Salvó a otros pero no puede salvarse a sí mismo. ¿Es rey de Yisrael? ¡Pues que se baje ahora del madero, y creeremos en él!

43 Ha confiado en Elohim, pues que lo libre ahora si lo quiere, porque él dijo: “Soy Hijo de Elohim”.

44 También los ladrones que estaban clavados en maderos con él lo insultaban de la misma manera.

45 Desde la sexta hora descendió una oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena.

46 Como a la hora novena, Yahoshúa exclamó en alta voz: “¡Elí, Elí! ¿Lemá shebakhtáni?”* (que significa: Elohim mío, Elohim mío, ¿por qué me has desamparado?)

47 Cuando algunos de los que estaban allí lo oyeron, dijeron: “Ese está llamando a Eliyah”.

48 Y enseguida uno de ellos corrió, cogió una esponja, la llenó de vinagre, y poniéndola en una vara, le dio de beber.

49 Pero otros decían: “Déjalo, vamos a ver si viene Eliyah a librarlo.

50 Pero Yahoshúa clamó otra vez en alta voz y entregó el espíritu.

51 En ese momento, el velo del Templo se desgarró en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, y las rocas se partieron.

52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de hombres santos que habían muerto se levantaron;

53 y después de la resurrección de él, salieron de los sepulcros, fueron a la santa ciudad y se les aparecieron a muchos.

54 Y cuando el centurión y los que con él vigilaban a Yahoshúa prsenciaron el terremoto y las cosas que habían sucedido, se asustaron muchísimo, y dijeron: “¡Verdaderamente éste era Hijo de Elohim!”

55 Estaban allí mirando de lejos muchas mujeres que habían seguido a Yahoshúa desde el Galil para servirle.

56 Entre ellas se encontraban Miryam la Magdalena, Miryam la madre de Yaaqov y de Yosef, y la madre de los hijos de Zavday.

57 Al caer la tarde, vino un hombre rico de Ramatáyim llamado Yosef, quien también era discípulo de Yahoshúa.

58 Este se presentó donde Pilato y le pidió el cuerpo de Yahoshúa. Entonces Pilato mandó que se lo entregaran.

59 Yosef tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia

60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña. Luego hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.

61 Pero Miryam la Magdalena y la otra Miryam se quedaron sentadas frente al sepulcro.

62 Al día siguiente, que era el día después de la Preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato,

63 diciendo: “Excelencia, nos acordamos que mientras vivía todavía, aquel engañador dijo: 'Después de tres días resucitaré.'

64 Le rogamos que mande asegurar el sepulcro hasta el tercer día, no vaya a ser que sus discípulos vengan y se roben el cadáver, y le digan al pueblo que ha resucitado de los muertos. El último fraude sería peor que el primero”.

65 Pilato les dijo: “Ahí tienen la guardia. vayan y asegúrenlo como ustedes saben hacerlo”.

66 De modo que ellos fueron y sellaron la piedra, y aseguraron el sepulcro por medio de la guardia.

28

1 Después del Shabat,* cuando despuntaba el primer día de la semana, Miryam la Magdalena y la otra Miryam fueron a ver el sepulcro.

2 Y sucedió que hubo un gran terremoto; porque el mensajero de YHWH descendió del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella.

3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura era blanca como la nieve.

4 Los guardias temblaron por temor a él y quedaron como muertos.

5 Entonces el mensajero habló y les dijo a las mujeres: “No teman ustedes, porque sé que buscan a Yahoshúa, al que ejecutaron en un madero.

6 No está aquí, porque ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde estaba puesto.

7 Vayan enseguida y digan a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos. Y sepan que él va delante de ustedes al Galil. Allí lo verán. Miren que se los he dicho”.

8 Entonces ellas salieron a toda prisa del sepulcro con temor, pero con mucho gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.

9 Pero sucedió que Yahoshúa les salió al encuentro, y les dijo: “¡Shalom!” Y ellas se acercaron, le abrazaron los pies y le rindieron homenaje.

10 Entonces Yahoshúa les dijo: “No teman; vayan a darle la noticia a mis hermanos, para que vayan al Galil; allí me verán”.

11 Mientras ellas iban de camino, sucedió que algunos de la guardia fueron a la ciudad e informaron a los principales sacerdotes sobre todas las cosas que habían sucedido.

12 Ellos se reunieron en consejo con los ancianos, y tomando mucho dinero se lo dieron a los soldados,

13 diciendo: “Digan: ‘Sus discípulos vinieron de noche y se lo robaron mientras nosotros dormíamos’.”

14 Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros lo persuadiremos y les evitaremos problemas a ustedes”.

15 De modo que ellos tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Y ese rumor se ha difundido entre los yahuditas hasta el día de hoy.

16 Pero los once discípulos se fueron al Galil, al monte que Yahoshúa les había señalado.

17 Y cuando lo vieron, se postraron a sus pies; aunque algunos tenían duda.

18 Yahoshúa se acercó a ellos y les dijo: “Toda autoridad se me ha dado en el cielo y en la tierra.

19 Vayan y enséñenles a guardar todas las cosas que yo les he mandado para siempre.*

20 [Bautizandólos en mi nombre y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.]