1
Dios bendice2
Dios bendice3
Son como árboles sembrados4
Con los malvados5
Cuando sean juzgados,6
En verdad,1
1-2 ¿Por qué se rebelan contra Dios2
3
¡Quieren acabar con su poder!
¡Quieren librarse de su dominio!
4
Pero Dios desde su trono5
Luego se enoja y los reprende,
se enfurece y los asusta.
6
Los amenaza diciendo:
«Ya elegí al rey
que gobernará desde el monte Sión,
que es mi montaña santa».
7
Voy a dar a conocer8
¡Pídeme lo que quieras!
Te daré como herencia las naciones;
¡todo el mundo será tuyo!
9
Gobernarás a las naciones
con mano de hierro;
¡las destrozarás
como a ollas de barro!»
10
Ustedes los reyes,11
Adoren a Dios con reverencia;
y con alegría ríndanle culto.
12
Adoren a Dios,
para que no se enoje,
pues fácilmente se enfurece,
y podría quitarles la vida.
1
(1) David compuso este salmo cuando estaba huyendo de su hijo Absalón. Dios mío,2
son muchos los que me dicen
que tú no vas a salvarme.
3
Sólo tú, Dios mío,4
A gritos te llamo,5
Yo me acuesto,6
No me asustan los muchos enemigos7
¡Dios mío,8
Dios mío,1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de cuerda. Tú, Dios mío,2
Ustedes los que se creen importantes,3
Sépanlo de una vez:4
¡Cuidado, no pequen más!5
Ofrézcanle a Dios
lo que él les ha pedido,
y pongan su confianza en él.
6
¡Hazte presente, Dios mío,7
Hay muchos que son felices8
Cuando me acuesto,
me duermo enseguida,
porque sólo tú, mi Dios,
me das tranquilidad.
1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de música de flautas. 1-3 Mi rey y mi Dios,2
3
4
A ti, Dios mío,5
no soportas a los orgullosos
ni amas a los malhechores.
6
¡Tú destruyes a los mentirosos,
y rechazas a los tramposos y asesinos!
7
Pero a mí me quieres tanto8
Dios mío,
¡enséñame a hacer el bien!
¡Llévame por el buen camino,
pues no quiero que mis enemigos
triunfen sobre mí!
9
Ellos son unos mentirosos10
¡No los perdones, Dios mío!
¡Haz que fracasen sus planes malvados!
Ya es mucho lo que han pecado;
¡recházalos por luchar contra ti!
11
Pero que vivan alegres12
Tú, Dios mío,
bendices al que es bueno,
y con tu amor lo proteges.
1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de ocho cuerdas. 1-2 Dios mío, ¡tenme compasión!2
3
3-4 Dios mío, estoy muy tembloroso;
¿cuándo vendrás en mi ayuda?
¡Vuélvete a mirarme, y sálvame!
¡Por tu gran amor,
te ruego que me salves!
4
5
En el mundo de los muertos
nadie se acuerda de ti.
Si dejas que me muera,
ya no podré alabarte.
6
¡Ya estoy cansado de llorar!7
Es tanto lo que sufro
que los ojos se me nublan;
¡por culpa de mis enemigos
ya estoy perdiendo la vista!
8
8-9 ¡Gente malvada, apártense de mí,9
10
Ustedes, mis enemigos,
quedarán confundidos y avergonzados.
¡En un instante huirán
llenos de vergüenza!
1
(1) Lamento de David dirigido a Dios por lo que le hizo un hombre de la tribu de Benjamín, que se llamaba Cus. Mi Dios, en ti confío;2
Si no me salvas, acabarán conmigo;
me despedazarán como leones
y nadie podrá librarme de ellos.
3
Dios mío,4
¿Acaso le hice daño a mi amigo?
¿Acaso le quité algo
a quien me maltrata sin razón?
5
Si es así,
deja que mi enemigo
me persiga y me alcance;
deja que me arrastre por el suelo
y que me ponga en vergüenza.
6
6-7 Dios mío,7
8
Tú, Dios mío,9
Tú eres un Dios justo,
y conoces nuestros pensamientos:
¡acaba, pues, con los malvados,
para que ya no hagan lo malo,
pero dale tu apoyo a la gente honrada!
10
Dios mío,11
Tú eres un juez justo
y siempre castigas a los malvados.
12
Si éstos no se arrepienten,
tú afilarás tu espada
y prepararás tu arco.
13
Ya tienes listas tus armas de muerte;
¡ya tienes listas tus flechas de fuego!
14
¡Fíjense en el malvado!15
Ha hecho un hoyo muy profundo,
pero en ese mismo hoyo caerá,
16
y sufrirá las consecuencias
de su violencia y maldad.
17
Yo, en cambio,1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: para cantarlo con la melodía que se toca cuando se exprimen las uvas. Nuestro Dios y nuestro rey,2
Con las primeras palabras3
Cuando contemplo el cielo,4
no puedo menos que pensar:
«¿Qué somos los mortales
para que pienses en nosotros
y nos tomes en cuenta?»
5
¡Nos creaste casi igual a ti!
Nos trataste como a reyes;
6
nos diste plena autoridad
sobre todo lo que hiciste;
nos diste dominio
sobre toda tu creación:
7
sobre ovejas y vacas,
sobre animales salvajes,
8
sobre aves y peces,
¡sobre todo lo que se mueve
en lo profundo del mar!
9
Nuestro Dios y nuestro rey,1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de flautas y arpas. 1-2 Dios mío, Dios altísimo,2
3
3-4 Tú eres un juez justo:4
5
Reprendiste a los pueblos
que no te adoran;
destruiste a esos malvados,
¡y nadie volvió a recordarlos!
6
Para siempre cayó la desgracia
sobre nuestros enemigos;
dejaste sin gente sus ciudades,
y ya nadie se acuerda de ellos.
7
Dios mío, tú reinas para siempre,8
Juzgarás a los pueblos del mundo
con justicia y sin preferencias.
9
9-10 Tú, Dios mío,
proteges a los que son maltratados
y los libras de la angustia.
10
11
¡Canten himnos a Dios,12
Dios sabe que ustedes han sufrido,
y les hará justicia;
Dios siempre atiende a los pobres
cuando le piden ayuda.
13
Dios mío, ¡compadécete de mí!14
Tú me salvaste;
por eso estoy feliz.
Iré a donde todos me oigan,
y les diré a los que pasen
que también deben alabarte.
15
Los pueblos que no te conocen16
Tú te has dado a conocer
como un juez siempre justo;
en cambio, los malvados
caen en su propia trampa.
17
¡Que se mueran los malvados,18
Pero tú, Dios mío,
nunca te olvides de los pobres
ni pongas fin a sus esperanzas.
19
19-20 ¡Vamos, mi Dios!
¡Llama a cuentas a las naciones!
¡Hazlos que sientan miedo!
¡No permitas que te desafíen!
¡Que sepan esos paganos
que no son más que polvo!
1
Dios mío,2
Los malvados y orgullosos
persiguen a los humildes,
pero acabarán por caer
en sus propias trampas.
3
3-4 Alaban a los ambiciosos,
pero a ti te menosprecian.
No te buscan,
porque para ellos no existes.
Son groseros. Levantan la nariz
y presumen de su codicia,
pues sólo en eso piensan;
4
5
¡siempre les va bien
en todo lo que hacen!
6
y en su interior piensan
que jamás fracasarán,
que nunca tendrán problemas
y que siempre serán felices.
7
Sus palabras ofenden y lastiman;
tras sus palabras esconden
sus malas intenciones.
8
Andan por las calles
espiando a los inocentes,
para caerles encima
y matarlos a traición.
9
Siempre se andan escondiendo,
como el león en su cueva;
siempre están dispuestos a saltar
sobre la gente indefensa,
y en cuanto la atrapan,
la arrastran en su red.
10
Y así, quedan humillados
los que tienen la desgracia
de caer bajo su dominio.
11
Esos malvados piensan
que a ti no te importa,
y que hasta escondes la cara
para no ver lo que pasa.
12
12-15 ¡Vamos, Dios mío!13
14
15
16
16-18 Tú, Dios mío, reinas para siempre1
(1a) Himno de David. Dios es mi protector,2
Fíjense en los malvados:
se esconden en las sombras,
y esperan a la gente honrada,
para atacarla cuando pase.
3
¡Si este mundo parece estar
bajo el control de los malvados,
qué puede hacer la gente honrada!
4
4-5 Pero Dios está en su santo templo;5
6
Sobre ellos dejará caer
una lluvia de brasas de fuego
y de azufre encendido.
¡Un viento caliente los acabará!
7
Dios es justo de verdad,1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de ocho cuerdas. Sálvanos, Dios mío,2
Todo el mundo dice mentiras
y unos a otros se engañan;
ahora dicen una cosa,
y luego dicen otra.
3
Tú acabarás con esa gente4
con esa gente que dice:
«Lo que nos sobra es lengua;
sabemos hablar muy bien.
¡Nadie podrá dominarnos!»
5
Pero tú mismo has dicho:6
6-8 Dios mío,1
(1) Himno de David. 1-3 Mi Señor y Dios,2
3
4
mi enemigo cantará victoria
y se alegrará de mi fracaso.
5
5-6 Pero yo, Dios mío,1
(1a) Himno de David. Los necios piensan:2
Dios, desde el cielo,3
Pero no hay uno solo
que no se haya alejado de Dios;
no hay uno solo
que no se haya corrompido;
no hay uno solo
que haga el bien.
4
4-5 Ustedes, gente malvada,5
6
Y aunque ustedes desbaratan
los planes de los humildes,
Dios es quien los protege.
7
¡Cómo quisiera yo que Dios1
(1a) Himno de David. Dime, Dios mío,2
Sólo quien hace lo bueno
y practica la justicia;
sólo quien piensa en la verdad
y habla con la verdad;
3
sólo quien no habla mal de nadie
ni busca el mal de nadie
ni ofende a nadie;
4
sólo quien desprecia
al que merece desprecio,
pero respeta a quien honra a Dios;
sólo quien cumple lo que promete
aunque salga perdiendo;
5
sólo quien presta dinero
sin cobrar intereses,
y jamás acepta dinero
para perjudicar al inocente.
1
(1a) Poema de David. Cuídame, Dios mío,2
Yo te he dicho:
«Tú eres mi Dios;
todo lo bueno que tengo,
lo he recibido de ti.
Sin ti, no tengo nada».
3
La gente de mi pueblo,
que sólo a ti te adora,
me hace sentir feliz.
4
Pero quienes adoran ídolos
sufrirán en gran manera.
5
Tú eres mi Dios,6
Gracias a ti,
la herencia que me tocó
es una tierra muy bella.
7
Yo te bendigo
por los consejos que me das;
tus enseñanzas me guían
en las noches más oscuras.
8
Yo siempre te tengo presente;
si tú estás a mi lado,
nada me hará caer.
9
Por eso estoy muy contento,10
¡Tú no me dejarás morir
ni me abandonarás en el sepulcro,
pues soy tu fiel servidor!
11
Tú me enseñaste a vivir
como a ti te gusta.
¡En tu presencia soy muy feliz!
¡A tu lado soy siempre dichoso!
1
(1a) Oración de David. Dios mío,2
Dicta tú mi sentencia,
pues tú sabes lo que es justo.
3
3-5 Tú sabes bien lo que pienso;4
5
6
Dios mío,7
¡Demuéstrame que me amas!
Yo sé que tienes poder
para salvar de sus enemigos
a quienes buscan refugio en ti.
8
8-9 Cuídame como a tus propios ojos,9
10
No tienen sentimientos,
hablan sólo para ofenderme.
11
Me siguen muy de cerca,
no dejan de vigilarme,
quieren hacerme caer.
12
Parecen leones en su escondite,
en espera de su presa.
13
13-14 ¡Vamos, Dios mío!14
15
Yo, por mi parte,
he de quedar satisfecho
cuando me declares inocente.
¡Despertar y verme en tu presencia
será mi mayor alegría!
1
(1) Himno de David, fiel servidor de Dios. David dedicó a Dios la letra de esta canción cuando Dios lo salvó de Saúl y de todos sus enemigos. (2a) En aquella ocasión, David dijo: ¡Dios mío, yo te amo2
Tú eres para mí3
Tú mereces que te alabe porque,
cuando te llamo,
me libras de mis enemigos.
4
Hubo una vez en que la muerte5
Me vi atrapado por la muerte,
me vi al borde de la tumba.
6
Lleno de angustia
llamé a mi Dios,
y él me escuchó desde su templo,
¡mi oración llegó hasta sus oídos!
7
Hubo un temblor de tierra,8
Echaba humo por la nariz,
arrojaba fuego por la boca,
y lanzaba carbones encendidos.
9
Dios partió el cielo en dos10
Cruzó los cielos
sobre un querubín;
se fue volando
sobre las alas del viento.
11
Se escondió en la oscuridad,
entre las nubes cargadas de agua
que lo cubrían por completo.
12
¡De su grandioso trono salían
nubes, granizos y carbones encendidos!
13
De pronto, en el cielo14
Arrojó sus relámpagos
como si disparara flechas;
¡dispersó a sus enemigos,
y los hizo salir corriendo!
15
Dios mío,16
Desde los altos cielos
me tendiste la mano
y me sacaste del mar profundo.
17
Mis enemigos me odiaban;
eran más fuertes y poderosos que yo,
¡pero tú me libraste de ellos!
18
Se enfrentaron a mí
en el peor momento,
pero tú me apoyaste.
19
Me diste libertad,
¡me libraste porque me amas!
20
Me diste mi recompensa21
Yo obedezco tus enseñanzas
y no me aparto de ti.
22
Cumplo todas tus leyes,
y jamás me aparto de ellas.
23
He sido honesto contigo
y no he hecho nada malo.
24
Me diste mi recompensa
porque hago lo que quieres,
porque tú sabes
que yo hago lo que es justo.
25
Tú eres fiel
con los que te son fieles,
y tratas bien
a quienes bien se comportan.
26
Eres sincero
con los que son sinceros,
pero con los tramposos
demuestras ser más astuto.
27
A la gente humilde
le concedes la victoria,
pero a los orgullosos
los haces salir derrotados.
28
28-30 Dios mío,29
30
31
Dios de Israel,
sólo tú eres Dios,
¡sólo tú puedes protegernos!
32
¡Sólo tú me llenas de valor
y me guías por el buen camino!
33
¡Tú me das fuerzas para correr
con la velocidad de un venado!
Cuando ando por las altas montañas,
tú no me dejas caer.
34
Tú me enseñas
a enfrentarme a mis enemigos;
tú me das valor para vencerlos.
35
Tú me das tu protección;
me salvas con tu gran poder
y me concedes la victoria.
36
Me despejas el camino
para que no tenga yo tropiezos.
37
Perseguí a mis enemigos38
Los derroté por completo;
¡los aplasté bajo mis pies,
y no volvieron a levantarse!
39
Tú me llenaste de valor
para entrar en combate;
tú hiciste que los rebeldes
cayeran derrotados a mis pies.
40
Me hiciste vencer a mis enemigos,
y acabé con los que me odiaban.
41
A gritos pedían ayuda,
pero nadie fue a salvarlos.
Hasta de ti pedían ayuda,
pero tampoco tú los salvaste.
42
Los deshice por completo:
¡quedaron como el polvo
que se lleva el viento!
¡Me di gusto aplastándolos
como al lodo de la calle!
43
43-45 Dios mío,44
45
46
¡Bendito seas, mi Dios,47
¡Tú me permitiste
vengarme de mis enemigos!
¡Tú pusiste a los pueblos
bajo mi dominio!
48
Tú me pusiste a salvo
de la furia de mis enemigos.
Me pusiste por encima
de mis adversarios,
y me libraste de gente violenta.
49
Por eso, Dios mío,
yo te alabo y te canto himnos
en medio de las naciones.
50
Tú siempre le das la victoria
al rey que pusiste sobre Israel.
Tú siempre les muestras tu amor
a David y a sus herederos.
1
(1) Himno de David. El cielo azul nos habla2
Los días y las noches
lo comentan entre sí.
3
Aunque no hablan ni dicen nada,
ni se oye un solo sonido,
4
sus palabras recorren toda la tierra
y llegan hasta el fin del mundo.
5
Y sale el sol de su casa
feliz como un novio;
alegre como un atleta,
se dispone a recorrer su camino.
6
Sale por un lado
y se oculta por el otro,
sin que nada ni nadie
se libre de su calor.
7
La ley de Dios es perfecta,8
Las normas de Dios son rectas
y alegran el corazón.
Sus mandamientos son puros
y nos dan sabiduría.
9
La palabra de Dios es limpia
y siempre se mantiene firme.
Sus decisiones son al mismo tiempo
verdaderas y justas.
10
Yo prefiero sus decisiones
más que montones de oro,
me endulzan la vida
más que la miel del panal.
11
Me sirven de advertencia;
el premio es grande
si uno cumple con ellas.
12
Nadie parece darse cuenta13
¡Líbrame del orgullo!
¡No dejes que me domine!
¡Líbrame de la desobediencia
para no pecar contra ti!
14
¡Tú eres mi Dios y mi protector!1
(1) Himno de David. Que Dios te responda2
Que Dios te envíe su ayuda
desde su santuario;
que Dios te dé su apoyo
desde Jerusalén.
3
Que Dios se acuerde siempre
de todas tus ofrendas,
y reciba con gusto los animales
que presentas en su honor.
4
Que Dios te conceda5
¡Lanzaremos gritos de alegría
cuando Dios te conceda la victoria,
y alabando a nuestro Dios
haremos ondear las banderas!
¡Que Dios te conceda
todo lo que pidas!
6
Ahora estoy bien seguro7
Algunos confían en sus carros de guerra,8
Esa gente tropezará y caerá,
pero nosotros nos levantaremos
y seguiremos de pie.
9
Dios nuestro,1
(1) Himno de David. Dios mío,2
Le has concedido
lo que él más deseaba,
jamás le negaste
lo que él te pidió.
3
Saliste a su encuentro
con ricas bendiciones,
le pusiste en la cabeza
una corona de oro fino.
4
Te pidió que le dieras vida,
y lo dejaste vivir muchos años.
5
Gracias a tu ayuda
aumentó su poder,
gracias a tu ayuda
aumentó su fama.
6
Nunca dejas de bendecirlo;
tu presencia lo llena de alegría.
7
El rey confía en tu amor,8
8-9 Rey mío,9
10
Borrarás de este mundo
a todos sus hijos.
Borrarás de esta tierra
a todos sus descendientes.
11
Tal vez quieran hacerte daño
y hagan planes contra ti,
pero no lograrán su propósito.
12
Cuando los ataques,
huirán por todos lados.
13
¡Dios mío, muestra tu gran poder,1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «La gacela de la aurora». Dios mío, Dios mío,2
Dios mío,
te llamo de día,
y no me escuchas;
te llamo de noche,
y no me respondes.
3
Entre los dioses4
Nuestros padres confiaron en ti;
en ti confiaron, y tú los libraste;
5
te pidieron ayuda, y los salvaste;
en ti confiaron, y no les fallaste.
6
En cambio yo,7
Todos los que me ven,
se ríen de mí,
y en son de burla
tuercen la boca y mueven la cabeza.
8
Hasta dicen:
«Ya que éste confió en Dios,
¡que venga Dios a salvarlo!
Ya que Dios tanto lo quiere,
¡que venga él mismo a librarlo!»
9
Pero digan lo que digan,10
Todavía no había nacido yo,
cuando tú ya me cuidabas.
Aún estaba yo dentro de mi madre,
cuando tú ya eras mi Dios.
11
¡No me dejes solo!
¡Me encuentro muy angustiado,
y nadie me brinda su ayuda!
12
Me rodean mis enemigos,13
Parecen leones feroces,
que se lanzan contra mí
con ganas de despedazarme.
14
Me he quedado sin fuerzas,
¡estoy totalmente deshecho!
¡Mi corazón ha quedado
como cera derretida!
15
Tengo reseca la garganta,
y pegada la lengua al paladar;
me dejaste tirado en el suelo,
como si ya estuviera muerto.
16
Una banda de malvados,
que parece manada de perros,
me rodea por todos lados
y me desgarra pies y manos,
17
¡hasta puedo verme los huesos!
18
hicieron un sorteo
para ver quién se queda con mi ropa.
19
Dios mío, tú eres mi apoyo,20
20-21 ¡Respóndeme, sálvame la vida!
¡No dejes que me maten!
¡No dejes que me despedacen!
Mis enemigos parecen perros,
parecen toros que quieren atacarme,
parecen leones que quieren devorarme.
21
22
Cuando mi pueblo se junte23
Ustedes, pueblo de Israel,24
Dios recibe a los pobres
con los brazos abiertos.
Dios no les vuelve la espalda,
sino que atiende sus ruegos.
25
Dios mío, sólo a ti te alabaré;26
Los pobres comerán
y quedarán satisfechos;
los que te buscan, Dios mío,
te cantarán alabanzas.
¡Dales larga vida!
27
Dios mío,28
Tú eres rey
y gobiernas a todas las naciones.
29
Nadie es dueño de su vida.30
Mis hijos te rendirán culto;31
y los que nacerán después
sabrán que tú eres justo
y que haces grandes maravillas.
1
(1a) Himno de David. Tú, Dios mío, eres mi pastor;2
Me haces descansar en verdes pastos,
y para calmar mi sed
me llevas a tranquilas aguas.
3
Me das nuevas fuerzas
y me guías por el mejor camino,
porque así eres tú.
4
Puedo cruzar lugares peligrosos5
Aunque se enojen mis enemigos,6
Estoy completamente seguro1
(1a) Himno de David. Dios es dueño de toda la tierra2
Dios afirmó la tierra
sobre el agua de los mares;
Dios afirmó este mundo
sobre el agua de los ríos.
3
Sólo puede subir al monte de Dios4
el que siempre hace lo bueno
y jamás piensa hacer lo malo;
el que no adora a dioses falsos
ni hace juramentos en su nombre.
5
Al que es así,
Dios lo llena de bendiciones;
¡Dios, su Salvador, le da la victoria!
6
Dios de Israel,7
«¡Abran los portones de Jerusalén!8
«¿Y quién es este Rey poderoso?» «¡Es el Dios de Israel;9
«¡Abran los portones de Jerusalén!10
«¿Y quién es este Rey poderoso?» «¡Es el Dios de Israel,1
(1a) Himno de David. 1-2 Mi Señor y Dios,2
3
Tampoco dejes que pasen vergüenza
los que en ti confían;
¡la vergüenza deben pasarla
los que traicionan a otros!
4
4-5 Dios mío,5
6
6-7 Dios mío,7
8
8-10 Dios mío, tú eres bueno9
10
11
Dios mío,12
A los que te honran,13
Mientras vivan, les irá bien,
y sus hijos heredarán la tierra.
14
Tú, mi Dios, te haces amigo15
Siempre dirijo a ti mis ojos,
pues sólo tú puedes librarme
de todo peligro.
16
Mírame, y tenme compasión,
pues estoy solo y afligido.
17
Más y más mi corazón
se va llenando de angustia;
¡quítame la tristeza!
18
Toma en cuenta que me encuentro
afligido y con problemas;
¡perdona todos mis pecados!
19
¡Mira cuántos enemigos tengo!20
¡Líbrame de ellos!
¡No me hagas pasar vergüenza!
¡No dejes que me maten,
porque en ti busco refugio!
21
En ti he puesto mi confianza.
Mi honradez y mi inocencia
me harán salir victorioso.
22
¡Salva a tu pueblo, Dios mío;1
(1a) Himno de David. 1-2 Dios mío,2
3
Yo siempre recuerdo tu amor
y por eso te soy fiel.
4
4-5 No me junto con gente tramposa5
6
Dios mío,7
para cantarte a voz en cuello
mis himnos de alabanza
y hablar de tus grandes hechos.
8
Dios mío,9
No me dejes morir
entre gente pecadora;
no me quites la vida
junto con gente asesina,
10
gente que tiene en sus manos
el dinero que ha ganado con engaños.
11
11-12 Dios mío,1
(1a) Himno de David. Dios mío,2
Cuando mis malvados enemigos
me atacan y amenazan con destruirme,
son ellos los que tropiezan,
son ellos los que caen.
3
Me puede atacar un ejército,
pero yo no siento miedo;
me pueden hacer la guerra,
pero yo mantengo la calma.
4
Dios mío,5
Cuando vengan tiempos difíciles,
tú me darás protección:
me esconderás en tu templo,
que es el lugar más seguro.
6
Tú me darás la victoria
sobre mis enemigos;
yo, por mi parte,
cantaré himnos en tu honor,
y ofreceré en tu templo
sacrificios de gratitud.
7
Dios mío, te estoy llamando:8
Una voz interna me dice:9
Yo estoy a tu servicio.
No te escondas de mí.
No me rechaces.
¡Tú eres mi ayuda!
10
Mis padres podrán abandonarme,
pero tú me adoptarás como hijo.
11
Dios mío,12
No dejes que mis enemigos
hagan conmigo lo que quieran.
13
¡Pero yo sé que viviré
para disfrutar de tu bondad
junto con todo tu pueblo!
14
Por eso me armo de valor,
y me digo a mí mismo:
«Pon tu confianza en Dios.
¡Sí, pon tu confianza en él!»
1
(1a) Himno de David. Dios mío, yo te llamo,2
Atiende mis ruegos
cuando te tienda los brazos
para pedirte ayuda.
3
No me castigues4
¡Págales con la misma moneda!
¡Dales su merecido!
Sus acciones han sido malas;
¡devuélveles mal por mal,
5
pues no toman en cuenta
todo lo que has hecho!
Por eso, ¡destrúyelos por completo,
que no vuelvan a levantarse!
6
6-7 ¡Bendito seas, Dios mío,7
8
8-9 Tú, Dios mío,1
(1a) Himno de David. 1-2 Ustedes, que en el cielo2
3
La voz de nuestro Dios,4
La voz de nuestro Dios retumba con fuerza;
la voz de nuestro Dios retumba con poder.
5
La voz de nuestro Dios derriba los cedros;
nuestro Dios derriba los cedros del Líbano.
6
A los montes Líbano y Hermón
los hace saltar como terneros,
¡como si fueran toros salvajes!
7
La voz de nuestro Dios
lanza llamas de fuego;
8
la voz de Dios sacude el desierto;
¡nuestro Dios sacude el desierto de Cadés!
9
9-10 La voz de Dios retuerce los robles
y deja sin árboles los bosques.
Nuestro Dios es el rey de las lluvias;
él se sienta en su trono
para reinar por siempre.
En su templo todos lo alaban,
10
11
y desde allí le pedimos
que nos llene de fuerzas
y nos bendiga con su paz.
1
(1) Himno de David para la dedicación del templo. Dios mío,2
Mi Señor y Dios,3
¡me salvaste de la muerte!
Estaba a punto de morir
¡y me libraste de la tumba!
4
Ustedes, los que aman a Dios,5
Cuando Dios se enoja,
el enojo pronto se le pasa;
pero cuando ama,
su amor dura toda la vida.
Tal vez lloremos por la noche,
pero en la mañana estaremos felices.
6
Yo vivía tan tranquilo7
Tú, mi Dios, en tu bondad,
me habías puesto en lugar seguro,
pero me diste la espalda
y me quedé lleno de espanto.
8
Dios mío, te estoy llamando;9
¡Nada ganas con mi muerte!
¡Nada ganas con verme en la tumba!
¡Los muertos no pueden alabarte
ni hablar de tu verdad!
10
Mi Señor y Dios,11
Tú cambiaste mi tristeza
y la convertiste en baile.
Me quitaste la ropa de luto
y me pusiste ropa de fiesta,
12
para que te cante himnos
y alabe tu poder.
1
(1) Himno de David. Dios de Israel,2
Préstame atención,
ven pronto a socorrerme.
Protégeme como una enorme roca,
rodéame como una alta muralla.
3
¡Tú eres la roca que me protege!
¡Tú eres la muralla que me salva!
Guíame y dirígeme,
pues así lo prometiste.
4
No me dejes caer en la trampa
que me han puesto mis enemigos;
¡tú eres mi protector!
5
Tú eres un Dios fiel.
¡Sálvame!
¡Mi vida está en tus manos!
6
Odio a los que adoran ídolos,7
Tu bondad me llena de alegría,
pues me viste sufrir y me cuidaste,
8
me libraste de mis enemigos,
y me diste libertad.
9
Dios mío, tenme compasión,10
Toda mi vida he sufrido,
toda mi vida he llorado;
mi maldad me debilita,
mis huesos no me sostienen.
11
Amigos y enemigos
me ven como poca cosa;
al verme en la calle
se espantan y huyen de mí.
12
Me tienen olvidado,
como si ya me hubiera muerto;
¡parezco un vaso hecho pedazos!
13
Mucha gente habla mal de mí,
y hasta mí llegan sus chismes
de que parezco un fantasma.
Todos se han puesto en mi contra,
y hasta quieren matarme.
14
¡Pero tú eres mi Dios!15
Mi vida está en tus manos;
¡sálvame de mis enemigos!,
¡sálvame de los que me persiguen!
16
Yo estoy a tu servicio:
¡muéstrame tu buena voluntad!
¡Por tu gran amor, sálvame!
17
Dios mío,18
¡Calla a esos mentirosos,
que me desprecian y me humillan!
19
Tú eres muy bondadoso20
Tu presencia los pone a salvo
de los planes malvados;
tú los proteges de la maldad
como protege la gallina a sus pollitos.
21
¡Bendito seas, Dios mío!22
Estaba yo tan confundido
que hasta llegué a pensar
que no querías ni verme.
Pero a gritos pedí tu ayuda,
y tú escuchaste mis ruegos.
23
Ustedes, los que aman a Dios,24
Todos ustedes,
los que confían en Dios,
¡anímense y sean valientes!
1
(1a) Poema de David. Dios mío,2
Tú bendices y declaras inocentes,
a los que no actúan con malicia.
3
Mientras no te confesé mi pecado,4
Me castigabas día y noche,
y fui perdiendo fuerzas,
como una flor que se marchita
bajo el calor del sol.
5
Pero te confesé mi pecado,6
Por eso los que te amamos7
Tú eres mi refugio;
tú me libras del peligro,
por eso, con voz fuerte,
canto y festejo mi liberación.
8
Tú me dijiste:9
Los mulos y los caballos
son tercos y no quieren aprender;
para acercarse a ellos
y poderlos controlar,
hay que ponerles rienda y freno.
¡No seas tú como ellos!»
10
A los malvados les esperan11
Ustedes, pueblo de Dios,1
Ustedes, pueblo de Dios,2
¡Alaben a Dios con himnos
y con música de arpas!
3
¡Alábenlo con buena música!
Cántenle canciones
nunca antes escuchadas,
y lancen gritos en su honor.
4
4-5 Dios es digno de confianza;5
6
Con su sola palabra7
y juntó en un solo lugar
el agua de todos los mares.
8
Habitantes de toda la tierra,9
Él creó todo lo que existe
por medio de su palabra.
Bastó una orden suya
para que todo quedara firme.
10
Dios no deja que las naciones11
Pero Dios cumple sus propios planes,
y realiza sus propósitos.
12
¡Dios mío,13
13-14 Desde tu trono en el cielo14
15
Tú creaste la mente humana
y sabes bien lo que todos hacen.
16
No hay rey que se salve
por tener muchos soldados,
ni hay valiente que se libre
por tener mucha fuerza.
17
De nada sirven los caballos
para ganar una guerra,
pues a pesar de su fuerza
no pueden salvar a nadie.
18
Pero tú cuidas siempre
de quienes te respetan
y confían en tu amor.
19
En tiempos de escasez,
no los dejas morir de hambre.
20
Tú nos das tu ayuda,21
Nuestro corazón se alegra
porque en ti confiamos.
22
Dios nuestro,1
(1) Este salmo lo compuso David cuando se presentó ante el rey Abimelec y quiso hacerle creer que estaba loco. Por eso Abimelec le ordenó que saliera de su presencia. 1-2 Dios mío,2
3
¡Únanse a mí,
y juntos alabemos
la grandeza de Dios!
4
Le pedí a Dios que me ayudara,5
Los que a él acuden
se llenan de alegría
y jamás pasan vergüenzas.
6
Yo, que nada valgo,
llamé a Dios, y él me oyó,
y me salvó de todas mis angustias.
7
Dios envía a su ángel
para que salve del peligro
a todos los que lo honran.
8
8-10 Dios bendice9
10
11
Vengan conmigo, queridos niños;12
Si quieren gozar de la vida
y vivir una vida feliz,
13
dejen de hablar mal de otros
y de andar diciendo mentiras;
14
aléjense del mal y hagan lo bueno,
y procuren vivir siempre en paz.
15
Dios siempre cuida a los suyos16
pero a los que hacen lo malo
les vuelve la espalda
y borra de este mundo su recuerdo.
17
Dios escucha a los suyos18
Dios siempre está cerca
para salvar a los que no tienen
ni ánimo ni esperanza.
19
Los que son de Dios20
Dios cuida de ellos
y no sufrirán daño alguno.
21
Los malvados tendrán que sufrir22
Dios siempre salva a los suyos;
los que confían en él
no sufrirán ningún castigo.
1
(1a) Himno de David. Dios mío,2
2-3 Prepárate para la lucha
y ven en mi ayuda.
¡Preséntales batalla
a los que me persiguen!
¡Prométeme que me salvarás!
3
4
Pon en completa vergüenza5
¡Que el viento los arrastre
como si fueran paja!
¡Que tu ángel los persiga!
6
¡Que se tropiecen y resbalen
en los caminos por donde andan!
¡Que tu ángel los persiga!
7
No tenían ningún motivo8
¡Pues que les venga el desastre
antes de que se den cuenta!
¡Que caigan en la trampa
que quisieron tenderme!
9
Yo me quedaré muy contento
con que tú me libres de ellos,
10
y diré con todas mis fuerzas:
«¡No hay otro Dios como tú!
Tú, Dios nuestro,
libras a los pobres e indefensos
del poder de quienes los maltratan».
11
Unos testigos malvados12
Lo que más me duele
es que yo los traté bien
y ahora ellos me tratan mal.
13
Cuando se enfermaban,
yo me afligía por ellos.
Tan grande era mi tristeza
que no comía ni me arreglaba.
Más bien, le pedía a Dios
que el enfermo fuera yo.
14
Andaba yo muy triste
y con la cabeza inclinada,
como si hubiera muerto mi madre,
mi hermano o mi amigo.
15
15-16 Pero cuando me vieron caído,16
17
Dios mío,18
Así te alabaré y te daré gracias
delante de todo tu pueblo,
tu pueblo fuerte y numeroso.
19
No dejes que me hagan burla20
No hablan de vivir en paz,
sino que inventan mentiras
contra la gente tranquila.
21
Sin pensarlo dos veces, dicen:
«Tú cometiste ese crimen;
¡nosotros mismos lo vimos!»
22
Mi Señor y Dios,23
¡Despierta y defiéndeme!
¡Levántate y hazme justicia!
24
Tú eres un Dios justo:25
No les permitas que digan:
«¡Se cumplió nuestro deseo!
¡Hemos acabado con él!»
26
Pon en completa vergüenza27
pero haz que griten de alegría
los que desean mi bien.
Permíteles que siempre digan:
«¡Dios es muy grande!
¡Busca el bien de quien le sirve!»
28
Yo, por mi parte,
siempre te alabaré
y diré que eres un Dios de bondad.
1
(1) Himno de David, fiel servidor de Dios. El pecador sólo piensa2
Se cree digno de alabanza,
y no reconoce su maldad.
3
Cuando habla, miente y ofende;
jamás piensa en hacer el bien.
4
Aun cuando está acostado,
sólo piensa en hacer lo malo;
no deja su mal camino
ni se aparta de la maldad.
5
Dios mío,6
Tus decisiones son justas,
son firmes como las montañas
y profundas como el mar.
¡Hombres y animales
están bajo tu cuidado!
7
Dios mío,8
Con la abundancia de tu casa
nos dejas satisfechos;
en tu río de bendiciones
apagas nuestra sed.
9
Sólo en ti se encuentra
la fuente de la vida,
y sólo en tu presencia
podemos ver la luz.
10
¡Bendice con tu amor11
¡No dejes que los orgullosos
me pongan el pie encima!
¡No permitas que los malvados
hagan conmigo lo que quieran!
12
Fíjense en los malvados:1
(1a) Himno de David. No te enojes2
pues son como la hierba
que al cortarla pronto se seca.
3
Tú debes confiar en Dios.4
Entrégale a Dios tu amor,
y él te dará lo que más deseas.
5
Pon tu vida en sus manos,
confía plenamente en él,
y él actuará en tu favor;
6
así todos verán con claridad
que tú eres justo y recto.
7
Calla en presencia de Dios,8
No des lugar al enojo9
Los malvados serán destruidos,
pero los que esperan en Dios
recibirán la tierra prometida.
10
Dentro de poco no habrá malvados;11
En cambio, la gente humilde
recibirá la tierra prometida
y disfrutará de mucha paz.
12
Los malvados, en su enojo,13
pero Dios se burla de ellos,
pues sabe que pronto serán destruidos.
14
Los malvados sacan la espada15
¡Pero sus arcos y sus flechas
quedarán hechos pedazos,
y será su propia espada
la que les parta el corazón!
16
Más vale un pobre honrado17
Dios pondrá fin
al poder de los malvados,
pero apoyará a los que son honrados.
18
Dios conoce la conducta
de los que viven honradamente;
la tierra prometida
será de ellos para siempre.
19
Cuando lleguen los días malos
no pasarán vergüenzas;
cuando otros no tengan comida,
a ellos les sobrará.
20
Los malvados serán destruidos;21
Los malvados piden prestado22
Los que Dios ha bendecido
vivirán en la tierra prometida,
pero los que él ha maldecido
serán eliminados.
23
Cuando a Dios le agrada24
Tal vez tenga tropiezos,
pero no llegará a fracasar
porque Dios le dará su apoyo.
25
Ni antes cuando era joven,26
Cuando la gente honrada regala algo,
siempre lo hace con generosidad;
sus hijos son una bendición.
27
Así que aléjate de la maldad28
28-29 Dios ama la justicia29
30
Cuando los buenos hablan,31
Siempre tienen presentes
las enseñanzas de su Dios;
por eso jamás tienen tropiezos.
32
Los malvados espían a los buenos33
pero Dios no permite
que caigan en sus manos;
y si los llevan a juicio,
no permite que los condenen.
34
Pero tú, confía en Dios35
A mí me ha tocado ver36
Pero esa gente pronto pasa;
en un instante deja de existir;
cuando la buscas, ya no la encuentras.
37
Fíjate bien en la gente honrada,38
pero los pecadores
serán todos destruidos;
¡el único futuro de los malvados
es su total destrucción!
39
Dios salva a los buenos.40
Dios les brinda su ayuda
y los salva de los malvados;
les da la victoria
porque en él confían.
1
(1) Himno de David para cantarlo cuando se presentan las ofrendas de incienso. Dios mío,2
Me has herido con tu enojo,
has descargado tu mano sobre mí.
3
Tan grande ha sido tu disgusto
que nada sano tengo en el cuerpo;
tan grande ha sido mi pecado
que no tengo paz en los huesos.
4
Ya no aguanto mi maldad;
¡no soporto carga tan pesada!
5
Tan necio he sido,6
Me siento cansado,
y totalmente deprimido;
todo el día ando muy triste.
7
Estoy ardiendo en fiebre;
nada en mi cuerpo está sano.
8
Estoy muy débil y adolorido;
tengo la mente aturdida.
¡Por eso me quejo!
9
Dios mío, pongo ante ti10
Mi corazón late con ansias,
las fuerzas me abandonan,
la vista se me nubla.
11
Mis amigos más queridos
se quedan lejos de mí
por causa de mis males;
mis parientes cercanos
se mantienen a distancia.
12
Los que quieren matarme
me ponen trampas;
los que buscan mi mal
amenazan con destruirme,
¡no hay un solo momento
en que no hagan planes contra mí!
13
13-14 Pero yo cierro los oídos14
15
Mi Señor y Dios,
yo en ti confío;
tú serás quien les responda.
16
Sólo una cosa te pido:
si acaso llego a caer,
no les concedas el gusto
de burlarse de mí.
17
Casi me doy por vencido;18
Debo reconocer mi maldad;
me llena de angustia haber pecado.
19
Mis enemigos son poderosos,
son muchos y me odian sin razón.
20
Yo los traté bien,
y ahora ellos me tratan mal;
procuré su bienestar,
y ahora ellos me atacan.
21
21-22 Mi Señor y Dios,1
(1) Himno de David y de Jedutún. Yo me había propuesto2
Así que guardé silencio
y no dije una sola palabra.
Pero eso no me ayudó en nada,
pues mi angustia era mayor:
3
¡el corazón me ardía en el pecho!
Mientras más pensaba en esto,
más frustrado me sentía;
al fin abrí la boca y dije:
4
«Dios mío,5
Me has dado una vida muy breve,
¡tan breve que no es nada para ti!
¡Nadie dura más que un suspiro!
6
Nuestra vida es pasajera;
de nada nos sirve
amontonar riquezas
si al fin y al cabo
otros se quedarán con ellas.
7
»Siendo esto así, Dios mío,8
Líbrame de todos mis pecados;
¡no dejes que esos necios
se burlen de mí!
9
»Yo he guardado silencio,10
Deja ya de castigarme,
pues tus golpes me aniquilan.
11
Tú castigas a la gente
y corriges su maldad;
destruyes como polilla
lo que ellos más valoran.
¡Nadie dura más que un suspiro!
12
»Dios mío,13
Ya no me mires así,
y antes de abandonar este mundo
dame un poco de alegría».
1
(1) Himno de David. Toda mi esperanza2
Mi vida corría peligro,
y él me libró de la muerte;
me puso sobre una roca,
me puso en lugar seguro.
3
Me enseñó un nuevo himno
para cantarle alabanzas.
Muchos, al ver esto,
se sintieron conmovidos
y confiaron en mi Dios.
4
Dios bendice5
Mi Señor y Dios,6
Tú no pides sacrificios7
Por eso te he dicho:
«Aquí me tienes».
Así me lo enseña
la Ley de Moisés.
8
Dios mío,
cumplir tu voluntad
es mi más grande alegría;
¡tus enseñanzas las llevo
muy dentro de mí!
9
9-10 Dios mío, tú bien sabes10
11
Y tú, Dios mío,
no me dejes sin tus cuidados;
por tu gran fidelidad,
nunca dejes de protegerme.
12
Son tantas mis maldades
que no las puedo contar;
me dominan,
me tienen acorralado,
ya no puedo ver,
ya no me quedan fuerzas.
¡Tengo más pecados
que pelos en la cabeza!
13
Dios mío,14
Confunde y avergüenza
a todos los que quieren matarme;
haz que huyan derrotados
todos los que desean mi mal;
15
derrota y avergüenza
a los que se burlan de mí.
16
Pero deja que se alegren
los que en tu templo te adoran;
que digan siempre
los que aman tu salvación:
«¡Nuestro Dios es poderoso!»
17
Y a mí, Señor y Dios,1
(1) Himno de David. Dios bendice2
Los cuidará y les dará vida,
los hará vivir felices
en la tierra prometida
y no dejará que sus enemigos
les hagan ningún daño.
3
Cuando se enfermen,
Dios les dará fuerzas
y les devolverá la salud.
4
Yo le he pedido a Dios:5
Mis enemigos desean mi mal,
y hasta dicen:
«¡Ya quisiéramos verlo muerto,
para que todos lo olviden!»
6
Cuando vienen a visitarme7
Mis enemigos se juntan8
«Está en cama,
y no volverá a levantarse.
¡Un demonio lo ha atacado!»
9
Hasta mi mejor amigo,10
Pero tú, Dios mío,11
Yo estaré seguro
de haberte complacido
cuando mis enemigos se den cuenta
que he salido victorioso.
12
Tú siempre me sostendrás
y me mantendrás en tu presencia,
porque soy inocente.
13
¡Bendito sea el Dios de Israel,1
(1) Poema educativo compuesto por la familia de Coré. Así como un venado sediento2
Tú eres el Dios de la vida,
y anhelo estar contigo.
Quiero ir a tu templo
y cara a cara adorarte sólo a ti.
3
Día y noche
me he bebido mis lágrimas;
mis enemigos no dejan de decirme:
«¡Ahora sí, tu Dios te abandonó!»
4
Cuando me acuerdo de esto,5
¡Pero no hay razón6
6-7 Me siento muy angustiado,7
8
Te ruego, Dios de mi vida,9
Tú eres mi protector,
¿por qué te olvidaste de mí?
¿Por qué debo andar triste
y perseguido por mis enemigos?
10
Sus burlas me hieren profundamente,
pues no dejan de decirme:
«¡Ahora sí, tu Dios te abandonó!»
11
¡Pero no hay razón1
Dios mío,2
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazaste?
¿Por qué debo andar triste
y perseguido por mis enemigos?
3
Que tu verdad sea nuestra luz
y nos guíe hasta tu templo,
el lugar donde tú vives.
4
Así me presentaré ante tu altar,
y allí te alabaré
con música de arpas,
pues tú eres mi Dios,
¡tú me llenas de alegría!
5
¡No hay razón1
(1) Poema educativo compuesto por la familia de Coré. Dios mío,2
Tú mismo echaste de su tierra
a los otros pueblos;
los destruiste por completo,
y en lugar de ellos pusiste
a nuestro propio pueblo,
y lo hiciste prosperar.
3
No fue con la espada4
Tú eres mi Dios y mi rey;5
Por tu gran poder
vencimos a nuestros enemigos;
¡destruimos a nuestros agresores!
6
Yo no pondría mi confianza
en mi arco y en mis flechas,
ni pensaría que mi espada
podría darme la victoria;
7
¡fuiste tú quien nos hizo vencer
a nuestros enemigos!,
¡fuiste tú quien puso en vergüenza
a nuestros adversarios!
8
Dios nuestro,
¡siempre te alabaremos!,
¡siempre te daremos gracias!
9
Pero ahora nos has rechazado;10
Nos has hecho huir;
¡el enemigo nos ha quitado
todo lo que teníamos!
11
Has dejado que nos devoren12
Nos vendiste muy barato,
¿y qué ganaste con eso?
13
13-14 Nos pusiste en ridículo14
15
Me muero de vergüenza,
pues a todas horas me ofenden;
16
¡mis enemigos me gritan
y buscan vengarse de mí!
17
Todo esto lo hemos sufrido18
jamás te hemos sido infieles,
ni te hemos desobedecido.
19
Y a pesar de todo eso,
nos has echado en lugares de miseria;
¡nos has dejado en profunda oscuridad!
20
Si te hubiéramos olvidado,21
tú te habrías dado cuenta,
pues sabes lo que pensamos.
22
Pero por causa tuya nos matan;
¡por ti nos tratan siempre
como a ovejas para el matadero!
23
¡Despierta ya, Dios mío!24
¿Por qué te escondes?
¿Por qué nos olvidas?
¡Mira cómo nos oprimen!
25
Estamos derrotados por completo;
tenemos que arrastrarnos por el suelo.
26
¡Ven ya en nuestra ayuda!
¡Sálvanos por tu gran amor!
1
(1) Poema compuesto por la familia de Coré, para las bodas del rey. Instrucciones para el director del coro: Este poema deberá cantarse con la melodía «Los lirios». Me nace del corazón2
El rey es el hombre más hermoso3
3-4 ¡Su Majestad es valiente
y cabalga con gran elegancia,
llevando la espada en la cintura!
Sale a luchar por la verdad,
sale a luchar por la justicia.
Con el poder de su brazo
realiza grandes hazañas
y sale victorioso.
4
5
Traspasa con sus flechas
el corazón de sus enemigos;
¡al paso de Su Majestad
se rinden las naciones!
6
Su Majestad,7
Su Majestad
se complace en lo bueno,
y rechaza la injusticia.
Dios lo hizo su rey favorito,
¡el rey más feliz de la tierra!
8
De sus vestidos brota
el aroma de finísimos perfumes.
Desde los palacios de marfil
se oye música de arpas
que lo llenan de alegría.
9
Las más bellas princesas10
Escúchame, princesa;11
Su Majestad te desea;
tu hermosura lo cautiva.
Harás todo lo que te pida,
pues pronto será tu esposo.
12
Los príncipes de Tiro
te llenarán de regalos;
la gente más importante
buscará quedar bien contigo.
13
La princesa está en su alcoba;14
14-15 Vestida de finos bordados
y acompañada de sus damas,
se presenta ante el rey
entre gritos de alegría.
15
16
Su Majestad,17
Yo, con mis versos,1
(1) Poema compuesto por la familia de Coré. Instrucciones para el director del coro: para cantarlo en un funeral. Nuestro Dios es como un castillo2
2-3 Aunque tiemble la tierra
y se hundan las montañas
hasta el fondo del mar;
aunque se levanten grandes olas
y sacudan los cerros con violencia,
¡no tendremos miedo!
3
4
Un río alegra a los que viven5
La ciudad de Dios jamás caerá
porque Dios habita en ella;
Dios mismo vendrá en su ayuda
al comenzar el día.
6
Cuando Dios deja oír su voz,7
Con nosotros está8
¡Vengan, vengan a ver9
Hasta en los lugares más lejanos
les puso fin a las guerras;
destrozó arcos y lanzas,
y echó al fuego los escudos.
10
Y dijo:
«¡Todas las naciones del mundo
reconocen mi grandeza!
¡Reconózcanme como su Dios
y ya no se peleen!»
11
Con nosotros está1
(1) Poema compuesto por la familia de Coré. ¡Aplaudan felices,2
¡El Dios altísimo
es el rey de toda la tierra
y merece toda honra!
3
El gran rey nos dio la victoria
sobre pueblos y naciones.
4
Dios nos ama,
pues somos su pueblo.
Por eso nos dio
la tierra prometida;
¡esa tierra es nuestro orgullo!
5
Dios se ha sentado en su trono6
¡Vamos a cantarle himnos a Dios!
¡Vamos a cantarle a nuestro rey!
7
¡Cantémosle un himno hermoso,
pues él reina en toda la tierra!
8
Dios reina desde su templo9
Los jefes de las naciones
y el pueblo del Dios de Abraham,
se juntan para adorarlo,
10
pues a Dios le pertenecen
todos los pueblos del mundo.
1
(1) Himno compuesto por la familia de Coré. 1-2 Poderoso es nuestro Dios2
3
Dios protege nuestra ciudad;4
Algunos reyes se unieron5
pero cuando la vieron
ya no supieron qué hacer;
se asustaron por completo
y se echaron a correr.
6
Tú los llenaste de miedo.
Como heridos de muerte,
se retorcían de dolor.
7
Tú los llenaste de miedo,
parecían marineros
en violenta tempestad.
8
Eso ya lo sabíamos;9
Dios mío, Dios mío,10
Tu fama llega
hasta el fin del mundo;
por todas partes
se habla bien de ti.
¡Tú gobiernas con justicia!
11
En el monte Sión,
y entre los pueblos de Judá
tus justas decisiones
son motivo de alegría.
12
¡Vengan a Jerusalén!13
¡Fíjense en sus murallas,
y revisen sus fortalezas!
Así podrán contárselo
a los que todavía no han nacido.
14
¡Éste es nuestro Dios!
¡Nuestro Dios es un Dios eterno
que siempre guiará nuestra vida!
1
(1) Himno compuesto por la familia de Coré. 1-2 ¡Escúchenme ustedes,2
3
No sólo voy a hablarles
como habla la gente sabia,
sino que expresaré mis ideas
con la mayor inteligencia.
4
Voy a decirles una adivinanza,
y mientras toco el arpa
les diré de qué se trata.
5
¿Por qué voy a tener miedo6
¡No tengo por qué temerles
a esos ricos orgullosos
que confían en sus riquezas!
7
Ninguno de ellos
es capaz de salvar a otros;
ninguno de ellos
tiene comprada la vida.
8
La vida tiene un precio muy alto:9
No hay quien viva para siempre
y nunca llegue a morir.
10
Mueren los sabios,
y mueren los necios.
¡Eso no es nada nuevo!
Al fin de cuentas,
sus riquezas pasan a otras manos.
11
Podrán haber tenido tierras,
y haberlas puesto a su nombre,
pero su hogar permanente
será tan sólo la tumba;
¡de allí no saldrán jamás!
12
Puede alguien ser muy rico,13
Esto es lo que les espera14
Su destino final es el sepulcro;
la muerte los va llevando
como guía el pastor a sus ovejas.
En cuanto bajen a la tumba,
abandonarán sus antiguos dominios.
El día de mañana
los justos abrirán sus tumbas
y esparcirán sus huesos.
15
¡Pero a mí, Dios me librará
del poder de la muerte,
y me llevará a vivir con él!
16
Tú no te fijes17
pues cuando se mueran
no van a llevarse nada.
18
Mientras estén con vida,
tal vez se sientan contentos
y haya quien los felicite
por tener tanto dinero;
19
pero al fin de cuentas
no volverán a ver la luz;
morirán como murieron sus padres.
20
Puede alguien ser muy rico,1
(1a) Himno de Asaf. Nuestro Dios,2
Desde la ciudad de Jerusalén,
desde la ciudad bella y perfecta,
Dios deja ver su luz.
3
¡Ya viene nuestro Dios!
Pero no viene en silencio:
Delante de él viene un fuego
que todo lo destruye;
a su alrededor, ruge la tormenta.
4
Para juzgar a su pueblo,5
Y declara:
6
Y el cielo da a conocer7
Dios mismo declara:
8
Yo no considero malo
que me ofrezcas animales
para sacrificarlos en mi altar;
9
pero no necesito que me ofrezcas
los terneros de tu establo,
ni los cabritos de tus corrales,
10
pues yo soy el dueño
de los animales del bosque
y del ganado de los cerros.
11
Yo conozco muy bien
a todas las aves del cielo,
y siempre tomo en cuenta
a los animales más pequeños.
12
»Si yo tuviera hambre,13
¿Acaso crees que me alimento
con la carne de los toros,
y que bebo sangre de carnero?
14
¡Yo soy el Dios altísimo!
¡Mejor tráeme ofrendas de gratitud
y cúmpleme tus promesas!
15
¡Llámame cuando tengas problemas!
Yo vendré a salvarte,
y tú me darás alabanza».
16
Al malvado, Dios le dice: «Tú no tienes ningún derecho17
pues no quieres que te corrija
ni tomas en cuenta mis palabras.
18
Si ves a un ladrón,
corres a felicitarlo;
con gente infiel en su matrimonio
haces gran amistad.
19
Para hablar mal
no tiene freno tu boca;
para decir mentiras
se te desata la lengua.
20
A tu propio hermano lo ofendes,
y siempre hablas mal de él.
21
A pesar de todo eso,
he preferido callarme.
Pero estás muy equivocado
si crees que soy como tú.
Ahora voy a reprenderte:
voy a aclararte las cosas.
22
»Tú te olvidas de mí;23
Si de veras quieres honrarme,
tráeme ofrendas de gratitud.
Si corriges tu conducta,
yo te salvaré».
1
(1-2) David compuso este salmo después de que tuvo relaciones sexuales con Betsabé. El profeta Natán lo reprendió por haber cometido adulterio. Dios mío,2
¡Quítame toda mi maldad!
¡Quítame todo mi pecado!
3
Sé muy bien que soy pecador,4
A ti, y sólo a ti
te he ofendido;
he hecho lo malo,
en tu propia cara.
Tienes toda la razón
al declararme culpable;
no puedo alegar
que soy inocente.
5
Tengo que admitir
que soy malo de nacimiento,
y que desde antes de nacer
ya era un pecador.
6
Tú quieres que yo sea sincero;
por eso me diste sabiduría.
7
Quítame la mancha del pecado,8
Ya me hiciste sufrir mucho;
¡devuélveme la felicidad!
9
No te fijes en mi maldad
ni tomes en cuenta mis pecados.
10
Dios mío,11
No me apartes de ti;
¡no me quites tu santo espíritu!
12
Dame tu ayuda y tu apoyo;
enséñame a ser obediente,
y así volveré a ser feliz.
13
A los pecadores les diré
que deben obedecerte
y cambiar su manera de vivir.
14
14-15 Señor y Dios mío,15
16
Yo con gusto te ofrecería
animales para ser sacrificados,
pero eso no es lo que quieres;
eso no te complace.
17
Para ti,
la mejor ofrenda es la humildad.
Tú, mi Dios, no desprecias
a quien con sinceridad
se humilla y se arrepiente.
18
Trata con bondad a Jerusalén;19
Entonces recibirás con gusto
las ofrendas que mereces,
y en tu altar se presentarán
toros en tu honor.
1
(1-2) David compuso este poema cuando Doeg el edomita fue a decirle a Saúl: «David ha ido a la casa de Ahimélec». Y tú, campeón de la maldad,2
Tienes la lengua como navaja;
no piensas más que en destruir
y en hacerles daño a los demás.
3
En vez de hacer lo bueno,
prefieres hacer lo malo;
en vez de decir sólo la verdad,
prefieres decir mentiras.
4
Tienes una lengua mentirosa,
y te gusta herir con las palabras.
5
¡Pero Dios te hará pedazos!
De una vez por todas
te agarrará por el cuello
y te echará de tu casa;
¡te arrancará por completo
y te echará de este mundo!
6
Cuando el pueblo de Dios vea esto
quedará muy impresionado,
y entre burlas te dirá:
7
«¡Así acabarás,
campeón de la violencia,
pues no buscas refugio en Dios!
¡Y así acabarán los ricos,
que sólo confían en las riquezas!»
8
Por lo que a mí toca,9
Dios mío,1
(1) Poema de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con voz triste. Los necios piensan:2
Dios, desde el cielo,3
Pero no hay uno solo
que no se haya apartado de Dios;
no hay uno solo
que no se haya corrompido;
no hay uno solo
que haga el bien.
4
4-5 Ustedes, gente malvada,5
6
¡Cómo quisiera yo que Dios1
(1-2) David compuso este poema cuando la gente de Zif fue a decirle a Saúl: «Parece que David se ha escondido entre nosotros». Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de cuerda. Dios mío,2
Dios mío,
escucha mi oración;
atiende mis palabras.
3
Gente extraña y violenta
me ataca y me quiere matar.
¡Esa gente no quiere nada contigo!
4
4-6 Tú, mi Dios y Señor,5
6
7
pues me dejaste ver
la derrota de mis enemigos,
y me libraste de todos mis problemas.
1
(1) Poema de David. Instrucciones para el director del coro: Este poema deberá cantarse acompañado de instrumentos de cuerda. Dios mío,2
2-3 ¡Atiéndeme!
¡Respóndeme!
Estoy angustiado,
y no encuentro paz.
Me asusta oír los gritos
de los malvados enemigos
que me oprimen.
No sólo se enojan conmigo;
para colmo, me persiguen.
3
4
Siento que el corazón5
Estoy temblando de susto;
¡realmente estoy espantado!
6
¡Quisiera yo tener alas,
y volar como paloma
hasta un lugar tranquilo!
7
Me iría muy lejos de aquí:
¡me iría a vivir al desierto!
8
¡Buscaría refugio,
y me pondría a salvo
de los que me atormentan!
9
Dios mío,10
dentro de sus murallas
reinan día y noche,
la intriga y la maldad;
11
el engaño y la opresión
dominan en todas sus calles.
12
12-14 ¡Amigo mío,13
14
15
¡Ojalá que a mis enemigos16
Yo, por mi parte,
voy a pedirle ayuda a Dios;
¡él habrá de salvarme!
17
Mañana, tarde y noche,
no dejaré de rogarle;
¡él habrá de escucharme!
18
Mucha gente me ataca,19
Dios, el rey eterno,
humillará a mis enemigos.
Son gente que nunca cambia
ni sabe honrar a Dios;
20
amenazan a sus amigos,
y nunca cumplen sus promesas.
21
Dentro de ellos
sólo piensan en pelear.
Sus palabras son amables
y suaves como la mantequilla;
¡son más suaves que el aceite,
pero más cortantes que un cuchillo!
22
22-23 Dios mío,1
(1) David compuso este himno cuando los filisteos lo tomaron preso en Gat. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «La tórtola que vive en los robles lejanos». Dios mío,2
Mis enemigos no dejan de atacarme
ni de noche ni de día;
¡son ya demasiados
los orgullosos que me atacan!
3
3-4 Cuando siento miedo,4
5
Siempre cambian mis palabras,6
Se ponen a espiarme
y hacen planes contra mí;
¡tantas ganas tienen de matarme
que vigilan todos mis pasos!
7
Dios mío,8
Anota en tu libro
todas las veces que he huido;
tú bien sabes
las veces que he llorado.
9
Cuando yo te pida ayuda,
mis enemigos saldrán huyendo.
Yo estoy seguro, Dios mío,
que cuento con tu apoyo.
10
Confío en ti, mi Dios,
y te alabo por tus promesas.
Confío en ti, Señor,
y te alabo por tus promesas.
11
Confío en ti, mi Dios,
y ya no siento miedo.
¡Nadie podrá
hacerme daño jamás!
12
Yo te prometo, Dios mío,13
Tú, mi Dios,
me libraste de caer,
me libraste de morir,
para que nunca deje yo
de andar en tu presencia
que es la luz de la vida.
1
(1) David compuso este himno cuando huyó de Saúl y se escondió en una cueva. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «No destruyas». ¡Ten compasión de mí,2
Dios altísimo,3
Tiéndeme la mano desde el cielo,
porque tu amor es constante.
Tiéndeme la mano, Dios mío,
y sálvame de mis enemigos.
4
Estoy por el suelo,5
Pero tú, mi Dios,6
Esa gente me tendió una trampa7
Dios mío,8
¡Voy a despertarme!
¡Despertaré al arpa y a la lira!
¡Despertaré al nuevo día!
9
Dios mío,10
Tan grande y constante es tu amor
que llega hasta los cielos.
11
Tú, mi Dios,1
(1) Poema de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «No destruyas». Yo les pregunto, gobernantes,2
¡Al contrario!
¡Todo lo que piensan
lleva malas intenciones!
¡Todo lo que hacen
provoca violencia en el país!
3
Los malvados ya son malos4
Son gente tan venenosa
que hasta parecen víboras.
Son venenosos como las cobras,
que se hacen las sordas
5
para no oír lo que dice el mago,
el que hace encantamientos.
6
Dios mío,7
¡Haz que desaparezcan
como agua entre los dedos!
¡Haz que los pisoteen
como a la hierba del camino!
8
¡Haz que se derritan
como si fueran de hielo!
¡No los dejes venir al mundo!
¡Destrúyelos antes de nacer!
9
Antes de que sepan lo que pasa,
¡hazlos que ardan como espinos!
¡Haz que el viento los arrastre,
aunque todavía estén con vida!
10
Tu pueblo verá11
Y dirán hombres y mujeres:
«¡Vale la pena que seamos
el pueblo de Dios!
¡Hay en este mundo
un Dios que hace justicia!»
1
(1) David compuso este poema cuando Saúl ordenó que lo vigilaran para matarlo. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «No destruyas». Dios mío,2
Sálvame de esos malhechores;
líbrame de esos asesinos.
3
Dios mío,4
aunque no he hecho nada malo,
se apresuran a atacarme.
5
Tú eres el Dios del universo,
¡eres el Dios de Israel!
¡Despiértate ya!
¡Castiga a todas las naciones!
¡No les tengas lástima
a esos malvados traidores!
6
Cuando llega la noche,7
Hablan sólo por hablar,
y hieren con sus palabras,
creyendo que nadie los oye.
8
Pero tú, Dios nuestro,
te burlas de ellos;
te ríes de todas las naciones.
9
Yo pongo en ti mi confianza,
pues tú eres mi fortaleza.
¡Tú, Dios mío, eres mi protector!
10
¡Tú, Dios mío, me amas,
y saldrás a mi encuentro!
¡Con tu ayuda veré
derrotados a todos mis enemigos!
11
Tú, Dios mío,12
Cada vez que abren la boca
pecan con sus labios;
¡pues déjalos que caigan
en la trampa de su orgullo,
por las maldiciones que lanzan,
por las mentiras que dicen!
13
Dios mío,
¡destrúyelos con tu enojo!
¡Destrúyelos por completo!
¡Que se sepa en Israel
y en todo el mundo
que tú eres quien gobierna!
14
Cuando llegue la noche,15
Andarán buscando comida,
pero chillarán de hambre.
16
16-17 Yo, por mi parte,
te alabaré en la mañana
por tu poder y por tu amor.
Tú eres el Dios que me protege;
tú eres el Dios que me ama.
Por eso te cantaré himnos,
porque eres mi fortaleza,
porque has sido mi refugio
en momentos de angustia.
1
(1-2) David compuso este himno para que sirviera de enseñanza. Lo compuso cuando luchó contra los arameos que vivían en la región noroeste de Mesopotamia y en la parte central de Siria. En esa ocasión Joab regresó y venció a doce mil edomitas en el Valle de la Sal. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «El lirio del pacto». Dios mío,2
Sacudiste la tierra,
y se llenó de grietas;
¡sánala, porque se desmorona!
3
Nos has dado
pruebas muy duras;
nos has dado a beber un vino
que nos hace tropezar.
4
4-5 Nosotros te somos fieles:
¡respóndenos!
¡Sálvanos con tu poder!
¡Dinos qué debemos hacer
para escapar de las flechas!
Así este pueblo que amas
quedará a salvo.
5
6
Desde tu templo has declarado:
7
Las tierras de Galaad son mías;
al norte están las tribus de José
para proteger a mi pueblo,
y en Judá he puesto al rey.
8
Los de Moab son mis esclavos,
Edom es mi propiedad,
y en territorio filisteo
lanzo gritos de victoria».
9
¿Quién quiere llevarme10
¡Tú, Dios mío,
te has alejado de nosotros
y ya no sales a pelear
al frente de nuestros ejércitos!
11
La ayuda humana resulta inútil;
¡ayúdanos a vencer al enemigo!
12
Dios nuestro, tú los vencerás;
¡con tu ayuda saldremos victoriosos!
1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de cuerda. Dios mío,2
¡Ya no aguanto más!
Por eso te llamo
desde el último rincón del mundo.
Ponme sobre una gran piedra,
donde quede a salvo del peligro.
3
¡Tú eres mi protector!
¡Tú me defiendes del enemigo!
4
Quiero pasar toda mi vida5
Tú, Dios mío,
conoces mis promesas;
tú me entregaste mi parte
en la tierra que le diste
al pueblo que te adora.
6
Concédeme reinar mucho tiempo,7
Déjame reinar para siempre;
¡protégeme con tu amor toda la vida!
8
Yo te prometo
que siempre te alabaré con himnos,
y que todos los días
te cumpliré mis promesas.
1
(1) Himno de David, dedicado a Jedutún. 1-2 Sólo Dios me da tranquilidad,2
3
Ustedes, todos ustedes,4
Ustedes sólo piensan humillarme.
Les encanta decir mentiras:
de labios para afuera
me expresan buenos deseos,
pero en su pensamiento
me desean las peores cosas.
5
Sólo Dios me da tranquilidad;6
Sólo él me da su protección,
sólo él puede salvarme;
¡jamás seré derrotado!
7
Dios es mi salvador;
Dios es mi motivo de orgullo;
me protege y me llena de fuerza.
¡Dios es mi refugio!
8
Pueblo mío,9
No hay un solo hombre10
No pongan su confianza11
Dios ha dicho muchas veces:12
pero también, un Dios de amor.»
1
(1) David compuso este himno cuando estaba en el desierto de Judá. Dios mío, tú eres mi Dios.2
¡Quiero verte en tu santuario,
y contemplar tu poder y tu grandeza!
3
Más que vivir,
prefiero que me ames.
Te alabaré con mis labios.
4
¡Mientras viva te alabaré!
¡Alzaré mis manos para alabarte!
5
¡Con mis labios te alabaré
y daré gritos de alegría!
¡Eso me dejará más satisfecho
que la comida más deliciosa!
6
Me acuesto y me acuerdo de ti;7
¡Tú eres quien me ayuda!
¡Soy feliz bajo tu protección!
8
¡A ti me entrego por completo,
porque tu gran poder es mi apoyo!
9
¡Destruye a los que quieren matarme!10
¡Que los maten en la guerra!
¡Que se los coman los perros salvajes!
11
Concédele al rey1
(1) Himno de David. Dios mío,2
Son una banda de malvados;
son una pandilla de malhechores;
¡escóndeme de sus planes secretos!
3
Sus palabras hieren
como espada afilada;
sus palabras matan
como flechas envenenadas.
4
Se esconden, y desde allí
disparan contra la gente inocente;
no tienen miedo de nada ni de nadie;
¡disparan sin que nadie se lo espere!
5
Cuando hacen sus planes malvados,6
Planean muy bien sus maldades
y creen tener el plan perfecto;
piensan que nadie los descubrirá.
7
Por eso, sin que lo esperen,
Dios les disparará sus flechas
8
y caerán heridos de muerte.
Su propia lengua será su ruina,
y quienes los vean
acabarán burlándose de ellos.
9
El mundo entero alabará a Dios,
hablará de sus acciones,
y llegará a entenderlas.
10
¡Que se alegre la gente buena1
(1) Himno de David. Dios mío,2
2-3 Tú escuchas nuestra oración.
3
4
¡Qué bendición reciben
los que viven cerca de ti,
los que viven en tu mismo templo!
Quedamos satisfechos
con el alimento
que de ti recibimos.
5
Nuestro Dios y salvador,6
Tú, con tu poder y tu fuerza,7
Calmaste el rugido de los mares,
calmaste el estruendo de sus olas,
calmaste el alboroto de los pueblos.
8
Los que viven en países lejanos
tiemblan de miedo
al ver tus grandes maravillas;
del oriente al occidente,
haces que la gente grite de alegría.
9
9-10 Tú tienes cuidado de la tierra:10
11
Llega el año a su fin
y está lleno de bendiciones;
por dondequiera que pasas
dejas gran abundancia.
12
En el desierto, el pasto es fresco;
las colinas se revisten de alegría,
13
las praderas se llenan de ovejas,
y los valles se cubren de trigales.
¡Todo el mundo canta
y lanza gritos de alegría!
1
(1a) Himno. ¡Cantemos a Dios con alegría2
¡Cantemos himnos a Dios
y alabemos su grandeza!
3
¡Alabemos su poder;
todo lo que ha hecho es maravilloso!
¡Sus enemigos se rinden ante él!
4
Todo el mundo lo adora
y canta himnos en su honor.
5
¡Vengan a ver las maravillas6
Convirtió el mar en tierra seca,
y nosotros, que somos su pueblo,
lo cruzamos a pie.
¡Allí hicimos fiesta
por todo lo que él hizo!
7
Dios es un rey poderoso.8
Pueblos todos,9
Dios nos ha protegido,
nos ha conservado la vida;
¡no nos ha dejado morir!
10
Tú, Dios mío,11
Nos hiciste caer en la trampa
de nuestros enemigos.
¡Cómo nos has hecho sufrir!
12
¡Manadas enteras de caballos
nos aplastaron la cabeza!
Pasamos por el fuego,
cruzamos por el agua,
pero finalmente nos trajiste
a esta tierra de abundancia.
13
Yo me presentaré en tu templo14
las promesas que yo mismo te hice
cuando me vi en problemas.
15
Como ofrendas en tu honor
llevaré los toros más gordos;
te ofreceré toros y cabritos,
y también te ofreceré carneros.
16
Préstenme atención ustedes,17
Con mis labios y mi lengua
lo llamé y le canté alabanzas.
18
Si mis intenciones fueran malas,
Dios no me habría escuchado;
19
¡pero él me escuchó
y contestó mis oraciones!
20
¡Bendito sea Dios,1
(1) Instrucciones para el director musical: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de cuerda. Dios mío,2
así todas las naciones del mundo
conocerán tus enseñanzas
y tu poder para salvar.
3
Dios mío,4
¡Que todas las naciones se alegren
y canten llenas de felicidad!
Tú gobiernas a los pueblos con justicia;
¡tú guías a las naciones de la tierra!
5
Dios mío,6
La tierra dará grandes cosechas,
y tú nos bendecirás.
7
Sí, tú nos bendecirás;
a ti te alabarán
los más lejanos países de la tierra.
1
(1) Himno de David. ¡Vamos, Dios mío,2
¡Haz que desaparezcan por completo,
como desaparece el humo
tan pronto como sopla el viento!
¡Haz que esos malvados
se derritan como cera en el fuego!
3
Pero a la gente honrada
permítele alegrarse y hacer fiesta,
y estar feliz en tu presencia.
4
¡Cantemos himnos a Dios!5
Dios, que vive en su santo templo,6
les da hogar a los desamparados,
y libertad a los presos;
pero a los que no lo obedecen
les da tierras que nada producen.
7
7-8 Dios mío,8
9
Dios mío, tú
enviaste abundantes lluvias
y nuestras tierras
volvieron a producir.
10
Y en esa tierra vivimos;
en la tierra que, por tu bondad,
preparaste para los pobres.
11
Tú, Dios mío, hablaste,12
«¡Huyen los reyes,
huyen sus ejércitos!»
Las mujeres, en sus casas,
se reparten las riquezas
que le quitaron al enemigo:
13
objetos de plata y de oro.
Pero algunos israelitas
se escondieron entre el ganado.
14
Cuando tú, Dios todopoderoso,
hiciste que los reyes de la tierra
salieran huyendo,
lo alto del monte Salmón
se llenó de nieve.
15
Las montañas de Basán16
Ustedes, altas montañas,
¿por qué ven con envidia
la montaña que Dios ha elegido
para vivir allí para siempre?
17
Son miles los carros
que Dios usa para la guerra;
en uno de ellos vino del Sinaí
para entrar en su santuario.
18
Cuando tú, Dios y Señor,19
¡Bendito seas siempre, nuestro Dios!
Tú, Dios y salvador nuestro,
nos ayudas en nuestros problemas.
20
Tú eres un Dios que salva;
¡tú nos libras de la muerte!
21
¡A esos enemigos tuyos
que no dejan de pecar,
les aplastarás la cabeza
y se la partirás en dos!
22
Dios nuestro,23
para que se empapen los pies
en la sangre de sus enemigos,
¡y hasta los perros de ustedes
lamerán esa sangre!»
24
En el santuario se ven25
Al frente van los cantores,
seguidos de las que tocan panderetas;
los músicos cierran el desfile.
26
26-27 Los dirige la tribu más joven,
que es la de Benjamín,
y los sigue una gran multitud:
¡Son los príncipes de Judá,
de Zabulón y de Neftalí!
Ustedes, israelitas,
¡bendigan a nuestro Dios,
cuando celebren sus reuniones!
27
28
Dios mío, Dios mío,29
29-31 Dios mío,30
31
32
Gente de todos los reinos,33
33-34 ¡Reconozcan su poder!
Sobre el cielo de Israel pueden verse
su poder y su majestad.
Nuestro Dios va por el cielo
como si fuera montando un caballo,
y deja oír su potente voz,
que resuena como el trueno.
34
35
Dios mío, Dios de Israel,1
(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este salmo deberá cantarse con la melodía «Los lirios». Dios mío,2
¡Siento que me hundo en el barro
y no tengo dónde apoyarme!
¡Me encuentro en aguas profundas,
luchando contra la corriente!
3
Cansado estoy de pedir ayuda;
tengo reseca la garganta.
Ya los ojos se me cierran,
y tú no vienes a ayudarme.
4
¡Tengo más enemigos
que pelos en la cabeza!
Muchos me odian sin motivo,
y quieren matarme;
¡me exigen que les devuelva
lo que nunca les robé!
5
5-6 Dios de Israel y Dios del universo,6
7
Por ti he sido ofendido;
¡me arde la cara de vergüenza!
8
¡Hasta mis propios hermanos
me ven como a un extraño!
9
El amor que siento por tu templo
me quema como un fuego;
por eso me siento ofendido
cuando te ofenden a ti.
10
Si me aflijo y no como,
tengo que aguantar sus insultos;
11
y si me visto de luto,
tengo que soportar sus ofensas.
12
¡Toda la gente del pueblo
y hasta los borrachos
hablan mal de mí!
13
Dios mío,14
14-15 ¡Líbrame de los que me odian!
¡Sácame del barro en que me hundo!
¡Sácame de esta profunda corriente
que me arrastra!
Siento que me traga un remolino;
¡no me dejes morir!
15
16
Dios mío,
tú me amas y eres bueno;
¡respóndeme!
Tú eres un Dios compasivo;
¡préstame atención!
17
No me des la espalda,
pues estoy en problemas;
¡date prisa!
18
¡Acércate a mí,
y sálvame de mis enemigos!
19
Tú siempre los estás viendo
y sabes muy bien que me ofenden,
me avergüenzan y me insultan.
20
Cuando escucho sus ofensas,
se me rompe el corazón;
¡no tengo ánimo para nada!
Esperaba hallar apoyo y consuelo,
y no los recibí;
21
cuando tuve hambre,
me dieron a comer veneno;
cuando tuve sed,
me dieron a beber vinagre.
22
¡Haz que sus fiestas y banquetes23
¡Haz que se les nublen los ojos
para que no puedan ver!
¡Haz que se queden sin fuerzas!
24
¡Descarga tu enojo sobre ellos!
¡No los dejes escapar!
25
¡Que sus casas se queden vacías!
¡Que nadie viva en ellas!
26
Aunque tú ya me afligiste
y me hiciste sufrir,
mis enemigos me persiguen
y se burlan de mí.
27
¡Págales mal por mal!
¡No los dejes disfrutar
de tu perdón!
28
¡Bórralos del libro de la vida!
¡No pongas su nombre
en la lista de la gente buena!
29
Dios mío,30
pero te alabaré con mis canciones,
¡te pondré en alto con mi alabanza!
31
Eso te será más agradable
que recibir muchas ofrendas.
32
Cuando vean esto
los pobres que te buscan,
se pondrán muy alegres,
y recobrarán el ánimo.
33
Tú, Dios mío,
atiendes a los pobres;
¡no te olvidas de tu pueblo
que se encuentra cautivo!
34
¡Que te alaben cielo y tierra!35
Tú vendrás en ayuda de Jerusalén,
y reconstruirás las ciudades de Judá.
Tu pueblo tomará posesión del país
y se establecerá en él.
36
Los descendientes de tu pueblo
recibirán el país como herencia;
el pueblo que te ama
se quedará a vivir en él.
1
(1) Himno de David. Mi Dios,2
¡Pon en completa vergüenza
a los que quieren matarme!
¡Haz que huyan avergonzados
los que quieren hacerme daño!
3
¡Haz que huyan avergonzados
los que se burlan de mí!
4
Pero que se alegren
y se pongan contentos
todos los que te buscan.
Que siempre reconozcan tu grandeza
aquellos a quienes tú has salvado.
5
Dios mío,1
Dios mío,2
Tú eres un Dios justo;
¡rescátame y ponme a salvo!
¡Préstame atención y ayúdame!
3
¡Protégeme como una roca
donde siempre pueda refugiarme!
Da la orden, y quedaré a salvo,
pues tú eres esa roca;
¡tú eres mi fortaleza!
4
4-5 Dios mío,5
6
desde antes de nacer
ya dependía de ti.
¡Fuiste tú quien me hizo nacer!
¡Por eso te alabaré siempre!
7
Muchos se asombran al verme,
pero tú eres para mí
un refugio seguro.
8
A todas horas te alabo;
todo el día anuncio tu grandeza.
9
No me desprecies10
Mis enemigos hablan mal de mí;
me vigilan y piensan hacerme daño.
11
Hasta ordenan a su gente
que me persigan y me atrapen.
Creen que me abandonaste,
y que nadie podrá salvarme.
12
Dios mío,13
Pon en vergüenza
a los que me acusan;
¡pon en completo ridículo
a los que buscan mi mal,
y acaba con ellos!
14
Yo, por mi parte,
siempre confiaré en ti
y te alabaré más todavía.
15
Aunque no alcanzo a entenderlo,
a todas horas diré
que eres un Dios que salva
con grandes actos de justicia.
16
Dios mío,17
Desde que yo era joven
tú has sido mi maestro,
y hasta ahora sigo hablando
de las maravillas que has hecho.
18
18-19 Dios mío,19
20
Tú me hiciste pasar
por muchos aprietos y problemas,
pero volverás a darme vida:
¡de lo profundo de la tumba
volverás a levantarme!
21
Me darás mayor poder,
y volverás a consolarme.
22
Santo Dios de Israel,23
Te cantaré himnos
y gritaré de alegría
porque me salvaste la vida.
24
Todo el día hablaré
de tu poder para salvar,
pues los que buscaban hacerme daño
quedaron avergonzados por completo.
1
(1a) Himno de Salomón. Dios mío,2
Así el rey gobernará
a la gente humilde
con rectitud y justicia,
3
y en todo cerro y colina
tu pueblo tendrá
prosperidad y justicia.
4
El rey les hará justicia
a los pobres y necesitados;
¡los salvará de sus opresores!
¡Aplastará a quienes los maltratan!
5
¡Que viva el rey!6
¡Que sea como las lluvias,
que empapan la tierra
y los campos sembrados!
7
¡Que haya prosperidad y justicia
todo el tiempo que sea rey!
¡Que su reino permanezca
hasta que la luna deje de existir!
8
¡Que extienda el rey su dominio9
¡Que las tribus del desierto
reconozcan su dominio!
¡Que sean humillados sus enemigos!
10
¡Que le paguen impuestos
los reyes de Tarsis
y de los puertos lejanos!
¡Que le traigan regalos
los reyes de Arabia y de Etiopía!
11
¡Que todos los reyes
se arrodillen en su presencia!
¡Que todas las naciones
se pongan a su servicio!
12
El rey librará a los pobres13
Tendrá compasión de los pobres
y salvará a los necesitados
y a los desvalidos.
14
Los librará de quienes los oprimen
y los tratan con violencia,
porque la vida de ellos
es muy valiosa para él.
15
¡Que viva el rey!16
¡Que abunde el trigo en el país!
¡Que se vean ondular los trigales
en lo alto de las montañas!
¡Que haya mucho trigo,
como en el monte Líbano!
¡Que haya gente en las ciudades
como hay hierba en el campo!
17
¡Que la fama del rey permanezca!;18
¡Bendito seas,19
¡Bendito seas por siempre!
¡Que tu grandeza llene toda la tierra!
¡Que así sea!
20
Aquí terminan los himnos de David, el hijo de Jesé.1
(1a) Himno de Asaf. Dios es muy bueno con Israel2
Yo estuve a punto de pecar;
poco me faltó para caer,
3
pues me llené de envidia
al ver cómo progresan
los orgullosos y los malvados.
4
¡Tan llenos están de salud
que no les preocupa nada!
5
No tienen los problemas de todos;
no sufren como los demás.
6
Se adornan con su orgullo
y exhiben su violencia.
7
¡Tan gordos están
que los ojos se les saltan!
¡En la cara se les ven
sus malos pensamientos!
8
Hablan mal de la gente;
¡de todo el mundo se burlan!
Tan grande es su orgullo
que sólo hablan de violencia.
9
Con sus palabras ofenden
a Dios y a todo el mundo.
10
¡Pero hay gente que los consulta
y cree todo lo que dicen!
11
Piensan que el Dios altísimo
no lo sabe ni llegará a saberlo.
12
¡Así son los malvados!
¡No se preocupan de nada,
y cada vez son más ricos!
13
¡De nada me sirvió hacer el bien14
¡Esos malvados
me golpean a todas horas!
¡En cuanto amanece me castigan!
15
Si hubiera pensado como los malvados,
habría traicionado al pueblo de Dios.
16
Traté de entender esto,
pero me resultó muy difícil.
17
Entonces fui al santuario de Dios,
y fue allí donde entendí
cómo terminarán los malvados:
18
Dios los ha puesto en peligro,
y van hacia su propia desgracia.
19
En un abrir y cerrar de ojos
terminarán por ser destruidos;
el terror acabará con ellos.
20
Cuando Dios entre en acción,
hará que sean olvidados
como se olvida una pesadilla.
21
Dios mío,22
He sido muy testarudo;
me he portado mal contigo:
¡me he portado como una bestia!
23
A pesar de todo,
siempre he estado contigo;
tu poder me mantiene con vida,
24
y tus consejos me dirigen;
cuando este mundo llegue a su fin,
me recibirás con grandes honores.
25
¿A quién tengo en el cielo?
¡A nadie más que a ti!
Contigo a mi lado,
nada me falta en este mundo.
26
Ya casi no tengo fuerzas,
pero a ti siempre te tendré;
¡mi única fuerza eres tú!
27
Los que se apartan de ti
acabarán por ser destruidos;
los que no te sean fieles
acabarán perdiendo la vida.
28
Pero yo estaré cerca de ti,
que es lo que más me gusta.
Tú eres mi Dios y mi dueño,
en ti encuentro protección;
¡por eso quiero contar
todo lo que has hecho!
1
(1a) Himno de Asaf. Dios y pastor nuestro,2
¡No te olvides de nosotros!
Hace mucho tiempo nos compraste;
somos el pueblo que rescataste
para que fuéramos tuyos.
¡No te olvides de Jerusalén,
la montaña donde habitas!
3
Ven a ver tu templo:4
En el centro de tu ciudad,
tus enemigos rugieron como leones
y agitaron victoriosos sus banderas.
5
Como si fueran leñadores,
hacha en mano lo derribaron todo;
6
con hachas y martillos
destrozaron las paredes
talladas en madera.
7
No respetaron tu templo
sino que le prendieron fuego.
8
Lo redujeron a cenizas,
como a todas las sinagogas del país.
9
Ya no vemos ondear nuestras banderas;
ya no hay profetas entre nosotros,
ni hay tampoco quien sepa
cuánto más debemos aguantar.
10
Dios nuestro,11
¡Demuéstrales tu poder!
¡No te quedes allí
cruzado de brazos!
12
Desde tiempos antiguos
tú has sido nuestro Dios y rey;
en repetidas ocasiones
nos has dado la victoria.
13
Tú, con tu poder,
dividiste el mar en dos;
¡a los monstruos del mar
les partiste la cabeza!
14
Tú aplastaste contra el suelo
las cabezas del monstruo Leviatán,
y con su cuerpo sin vida
alimentaste a las fieras.
15
Tú hiciste que brotaran
ríos y manantiales,
pero también secaste por completo
ríos que parecían inagotables.
16
Tuyos son el día y la noche,
pues hiciste el sol y la luna;
17
tú fijaste los límites de la tierra,
y estableciste las estaciones del año.
18
Dios nuestro,19
Este pueblo tuyo
es frágil como una mariposa;
¡no te olvides de nosotros,
ni dejes que nos devoren
nuestros feroces enemigos!
20
Acuérdate de tu pacto,
porque en todas partes hay violencia.
21
No dejes que avergüencen
al pobre y al humilde;
haz que tus enemigos te alaben.
22
¡Vamos, Dios nuestro, defiéndete!23
¡No les perdones a tus enemigos
tanto griterío y alboroto!
1
(1) Himno de Asaf. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «No destruyas». ¡Gracias, nuestro Dios!2
Tú has dicho:
«Ya he puesto la fecha
cuando voy a hacer justicia.
3
Podrá temblar la tierra
con todos sus habitantes,
pero yo mantendré firmes sus bases.
4
A los orgullosos les mando
que no se crean tan importantes;
a los malvados les ordeno
que no sean orgullosos,
5
que no presuman de su poder
ni se sientan superiores».
6
Los elogios no vienen del este,7
vienen de Dios, que es el juez.
A unos les quita el poder,
y a otros se lo da.
8
Dios está muy enojado
y está listo para castigar.
Cuando pierda la paciencia,
dará rienda suelta a su enojo
y todos los malvados de la tierra
tendrán su merecido.
9
Yo siempre hablaré10
Dios acabará con el poder
de todos los malvados,
pero aumentará el poder de los justos.
1
(1) Himno de Asaf. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de cuerda. En Judá se conoce a Dios;2
En Jerusalén se halla su templo;
allí estableció su residencia.
3
Allí Dios hace pedazos
todas las armas de guerra.
4
4-6 Dios de Israel,
tú eres un Dios maravilloso;
eres más grande
que las montañas eternas.
Todos los hombres de guerra
se quedaron sin sus armas;
cayeron en el campo de batalla.
Ninguno de esos valientes
pudo siquiera defenderse.
Cuando tú los reprendiste,
su poder militar se derrumbó.
5
6
7
Sólo tú inspiras temor.
Cuando tu furia se desata,
no hay quién pueda hacerte frente.
8
8-9 Cuando tú, Dios mío,9
10
Cuando te enojas,
hasta el hombre más furioso;
se rinde ante ti y te alaba.
11
Cumplámosle a nuestro Dios
todas nuestras promesas;
y ustedes, naciones vecinas,
tráiganle ofrendas al Dios admirable;
12
él humilla a los gobernantes
y hace que tiemblen de miedo
todos los reyes de la tierra.
1
(1) Himno de Asaf. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse al estilo musical de Jedutún. A Dios dirijo mis ruegos,2
En los momentos más difíciles,
siempre busco a Dios.
Con las manos levantadas
me paso la noche orando,
aunque ni esto me consuela.
3
Cuando pienso en Dios,
me siento desalentado
y me dan ganas de llorar.
4
¡Dios me hace perder el sueño!
¡Estoy tan confundido
que no sé qué decir!
5
5-6 Por las noches me pongo a pensar;
recuerdo los tiempos pasados,
los años que se han ido,
y entonces me pregunto:
6
7
7-9 «¿Estará rechazándonos Dios8
9
10
Y yo mismo me contesto: «¡Qué doloroso es darse cuenta11
¡Vale más que me acuerde
de sus grandes hechos
y de sus maravillas pasadas!
12
¡Vale más que me acuerde
de sus obras maravillosas!
13
»Dios mío,14
Tú eres el Dios que hace milagros,
que muestra su poder entre los pueblos.
15
Con tu brazo poderoso
diste libertad a tu pueblo Israel.
16
»Dios mío,17
Por todo el espacio del cielo
retumbaron los relámpagos,
y las nubes soltaron su lluvia.
18
En medio del torbellino
retumbó tu voz de trueno,
y la luz de tus relámpagos
iluminó el mundo;
entonces tembló la tierra.
19
Hiciste un camino en el mar;
te abriste paso entre las aguas,
pero nadie vio jamás tus huellas.
20
Por medio de Moisés y de Aarón
fuiste guiando a tu pueblo,
como guía el pastor a sus ovejas».
1
(1a) Himno de Asaf. Pueblo mío,2
Te hablaré por medio de ejemplos,
y te explicaré los misterios del pasado.
3
Son cosas que ya conocemos
pues nuestros padres nos las contaron.
4
Pero nuestros hijos deben conocerlas;
debemos hablarles a nuestros nietos
del poder de Dios
y de sus grandes acciones;
¡de las maravillas que puede realizar!
5
Dios fijó una ley permanente
para su pueblo Israel,
y a nuestros abuelos les ordenó
instruir en ella a sus hijos,
6
para que ellos, a su vez,
nos instruyeran a nosotros
y a las futuras generaciones
que todavía no han nacido.
7
Así confiaremos en Dios,
tendremos presentes sus grandes hechos
y cumpliremos sus mandamientos.
8
Así no seremos rebeldes,
como lo fueron nuestros abuelos:
tan malvados eran sus pensamientos
que Dios no podía confiar en ellos.
9
Los israelitas eran buenos guerreros,10
No cumplieron su compromiso con Dios,
ni siguieron sus enseñanzas.
11
11-12 Cuando estaban en Egipto,
en la región de Soan,
vieron las grandes maravillas
que Dios realizó ante sus ojos,
pero no las tomaron en cuenta.
12
13
Dios partió el mar en dos,
y para que ellos pudieran cruzar,
mantuvo las aguas firmes como paredes.
14
De día, los guiaba con una nube;
de noche, los alumbraba con un fuego.
15
15-16 Cuando llegaron al desierto,
Dios partió en dos una piedra;
¡de ella hizo que brotaran
verdaderos torrentes de agua,
y así apagaron su sed!
16
17
Pero nuestros abuelos18
Se les metió en la cabeza
poner a Dios a prueba,
y le pidieron comida a su antojo.
19
Hablaron mal de Dios,
y hasta llegaron a decir:
«Aquí en el desierto
Dios no puede darnos de comer.
20
Es verdad que golpeó una piedra
y que hizo que brotaran
grandes torrentes de agua,
¡pero no podrá alimentarnos!
¡No va a poder darnos carne!»
21
Cuando Dios oyó lo que decían,22
pues no confiaron en él
ni creyeron que podría ayudarlos.
23
23-24 Dios, desde el alto cielo,
les dio una orden a las nubes,
y del cielo llovió comida:
Dios les dio a comer maná,
que es el pan del cielo.
24
25
Dios les mandó mucha comida,
y aunque eran gente insignificante
comieron como los ángeles.
26
Luego, con su poder
Dios hizo que desde el cielo
soplaran vientos encontrados.
27
¡Dios hizo que les lloviera carne
como si les lloviera polvo!
¡Les mandó nubes de pájaros,
tantos como la arena del mar!
28
Dios dejó caer esos pájaros
dentro y fuera del campamento,
29
y la gente se hartó de comer,
pues Dios les cumplió su capricho.
30
No les duró mucho el gusto:31
cuando Dios se enojó contra ellos.
¡Les quitó la vida
a sus hombres más fuertes!
¡Hirió de muerte
a los mejores israelitas!
32
Pero ellos siguieron pecando;33
Por eso Dios les quitó la vida;
¡les envió una desgracia repentina,
y acabó con su existencia!
34
Ellos sólo buscaban a Dios35
sólo entonces se acordaban
del Dios altísimo,
su protector y libertador.
36
36-37 Nunca le decían la verdad;
nunca le fueron sinceros
ni cumplieron fielmente su pacto.
37
38
Pero Dios, que es compasivo,
les perdonó su maldad
y no los destruyó.
Más de una vez refrenó su enojo,
39
pues tomó en cuenta
que eran simples seres humanos;
sabía que son como el viento
que se va y no vuelve.
40
Muchas veces, en el desierto,41
Muchas veces lo pusieron a prueba;
¡hicieron enojar al santo Dios de Israel!
42
No se acordaron del día
cuando Dios, con su poder,
los libró de sus enemigos.
43
Tampoco recordaron
los grandes milagros
que Dios hizo en Egipto,
44
cuando convirtió en sangre
todos los ríos egipcios,
y el agua no se podía beber.
45
Les mandó moscas y ranas,
que todo lo destruían;
46
dejó que los saltamontes
acabaran con todos sus sembrados;
47
destruyó sus viñas con granizo,
y sus higueras, con inundaciones;
48
dejó que los rayos y el granizo
acabaran con sus vacas y sus ovejas.
49
Dios estaba tan enojado50
dio rienda suelta a su enojo
y les mandó un castigo mortal;
¡no les perdonó la vida!
51
En cada familia egipcia52
Pero a su pueblo lo guió
y lo llevó por el desierto,
como guía el pastor a sus ovejas;
53
les dio seguridad
para que no tuvieran miedo,
pero hizo que a sus enemigos
se los tragara el mar.
54
Dejó que su pueblo ocupara55
Conforme avanzaban los israelitas,
Dios echaba fuera a las naciones,
y a Israel le entregó
las tierras de esos pueblos.
¡Fue así como los israelitas
se establecieron allí!
56
Pero pusieron a Dios a prueba:
se opusieron al Dios altísimo
y desobedecieron sus mandatos;
57
no eran dignos de confianza;
se portaron igual que sus padres,
pues traicionaron a Dios
y no le fueron fieles.
58
58-59 Dios se puso muy furioso
y rechazó del todo a Israel;
se sintió traicionado
pues adoraron a dioses falsos
y les construyeron santuarios.
59
60
Por eso Dios abandonó Siló,
que era donde vivía en este mundo;
61
¡dejó que el cofre del pacto,
que era el símbolo de su poder,
cayera en manos enemigas!
62
Tanto se enojó con su pueblo
que los hizo perder sus batallas.
63
El fuego acabó con sus muchachos,
las novias no tuvieron fiesta de bodas,
64
sus sacerdotes perdieron la vida,
y sus viudas no les guardaron luto.
65
Pero Dios despertó,66
puso en retirada a sus enemigos;
¡para siempre los dejó en vergüenza!
67
Se negó a favorecer
a los de la tribu de Efraín,
68
pero eligió a la tribu de Judá
y a su amada Jerusalén.
69
En lo alto del monte Sión
construyó su templo:
alto como los cielos,
y firme para siempre, como la tierra.
70
70-71 Dios prefirió a David,
que era su hombre de confianza,
y lo quitó de cuidar ovejas
para que cuidara a Israel,
que es el pueblo de Dios.
71
72
Y David fue un gobernante
inteligente y sincero.
1
(1a) Himno de Asaf. Dios nuestro,2
Mataron a tus fieles servidores,
y echaron sus cadáveres al campo
para que los devoren
los buitres y las bestias salvajes.
3
Por toda Jerusalén
derramaron la sangre de los muertos,
y a los muertos nadie los entierra.
4
Los pueblos vecinos
se burlan de nosotros;
¡somos el blanco de sus burlas!
5
Dios nuestro,6
¡Enójate entonces con las naciones
que no quieren reconocerte!
¡Enójate con los reinos
que no te reconocen como Dios!
7
A Israel lo han destruido;
al país lo han dejado en ruinas.
8
No nos tomes en cuenta
los pecados del pasado;
¡muéstranos tu amor
y ven pronto a nuestro encuentro,
pues grande es nuestra miseria!
9
Dios y salvador nuestro,10
¿Por qué tienen que decirnos11
Escucha, por favor,
las quejas de los prisioneros,
y salva con tu gran poder
a los condenados a muerte.
12
Dios nuestro,13
Nosotros somos tu pueblo,
y siempre te alabaremos;
¡siempre te cantaremos alabanzas!
1
(1) Himno de Asaf. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía «Los lirios del pacto». 1-2 Dios y Pastor nuestro,2
3
Dios nuestro,4
Dios nuestro, Señor del universo,5
En vez de comida,
nos has dado el pan amargo
que nuestras lágrimas amasaron;
en vez de bebida,
has hecho que nos bebamos
nuestras propias lágrimas.
6
Has hecho que nuestros vecinos
se burlen de nosotros;
¡nos ven, y se ríen de nosotros!
7
Dios del universo,8
Nosotros somos como una vid9
una vez limpio el terreno,
nosotros echamos raíces
y nos extendimos por todo el país.
10
De tal manera crecimos
que llegamos a poblar las montañas;
¡extendimos nuestro dominio
hasta las montañas del Líbano!
11
Nuestra frontera oriental
llegó hasta el río Éufrates;
nuestra frontera occidental
llegó hasta el mar Mediterráneo.
12
12-14 Dios del universo,13
14
15
¡Tú mismo nos plantaste!
¡Tú mismo nos cuidaste!
16
El enemigo nos ha derrotado;
le ha prendido fuego a nuestras ciudades.
¡Repréndelos, destrúyelos!
17
Pero no dejes de apoyar
al pueblo en quien confías,
al pueblo que has fortalecido;
18
así, no nos apartaremos de ti.
¡Danos vida, y te alabaremos!
19
Dios nuestro, Señor del universo,1
(1) Himno de Asaf. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía que se canta al exprimir las uvas. ¡Lancen gritos de alabanza para Dios!2
¡Canten himnos!
¡Toquen la pandereta,
el arpa y la lira!
3
Toquen las trompetas
en las fiestas de luna nueva,
y en la fiesta de luna llena,
que es nuestra fiesta principal.
4
4-5 Así lo ordenó el Dios de Israel
cuando salió para atacar a Egipto.
5
6
«Te he quitado de los hombros7
Cuando estabas angustiado,
me llamaste y te libré;
te respondí desde la oscura nube
donde estaba yo escondido;
junto al manantial de Meribá
puse a prueba tu fe.
8
»Israel, pueblo mío,9
No tengas dioses extranjeros
ni los adores.
10
Yo soy tu Dios;
yo te saqué de Egipto.
Dime qué quieres comer,
y te lo daré de sobra.
11
»Pero mi pueblo Israel12
Por eso los dejé que hicieran
lo que les diera la gana.
13
»¡Cómo me gustaría14
¡En muy poco tiempo
derrotaría yo a sus enemigos
y los aplastaría con mi poder!
15
Los que ahora me odian
se rendirían ante mí,
y yo los castigaría para siempre.
16
En cambio, a mi pueblo
le daría el mejor trigo
y de los panales
que están en la roca
sacaría miel
y lo dejaría satisfecho».
1
(1a) Himno de Asaf. Dios preside el tribunal del cielo,2
«¿Hasta cuándo seguirán ustedes3
¡Defiendan a los huérfanos
y a los indefensos!
¡Háganles justicia a los pobres
y a los necesitados!
4
¡Libren del poder de los malvados
a los pobres e indefensos!
5
Los malvados no saben nada
ni entienden nada;
¡vagan perdidos en la oscuridad!
Eso hace que se estremezcan
todas las bases de este mundo.
6
»Ya les he dicho que ustedes son dioses,7
pero acabarán como todos los hombres:
¡morirán como todos los gobernantes!»
8
Dios nuestro,1
(1) Himno de Asaf. Dios mío, Dios mío,2
¡Fíjate en tus enemigos:
mira cómo se alborotan!
¡Fíjate en los que no te quieren:
mira cómo te desafían!
3
Hacen planes contra tu pueblo amado,
con intenciones de hacerle daño,
4
y hasta se atreven a decir:
«¡Vamos a destruirlos por completo!
¡Jamás volverá a mencionarse
el nombre de Israel!»
5
5-8 Los ejércitos de muchos pueblos6
7
8
9
¡Acaba con ellos,10
Ellos fueron derrotados en Endor,
y quedaron tendidos en el suelo,
tirados como el estiércol.
11
¡Acaba con su gente de importancia,
como acabaste con Oreb y con Zeeb!
¡Acaba con todos sus jefes,
como acabaste con Zalmuná y Zébah,
12
que pensaban adueñarse
de nuestras valiosas tierras!
13
Dios mío,14
14-15 ¡Persíguelos con tus tormentas!
¡Espántalos con tus tempestades!
¡Sé como las llamas de fuego
que acaban con cerros y bosques!
15
16
Dios mío,17
¡Derrótalos para siempre!
¡Derrótalos y acaba con ellos!
18
¡Así conocerán tu poder,
y sabrán que sólo tú
gobiernas sobre toda la tierra!
1
(1) Himno de la Escuela de música de Coré. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse con la melodía que se canta al exprimir las uvas. Dios del universo,2
Deseo con toda el alma
estar en los patios de tu templo;
¡me muero por llegar a ellos!
Tú eres el Dios de la vida,
por eso te canto alegre
con todas las fuerzas de mi corazón.
3
Mi Dios y rey,4
¡Qué felices son5
¡Qué felices son
los que de ti reciben fuerzas,
y de todo corazón desean
venir hasta tu templo!
6
Cuando cruzan el valle del Llanto,
lo convierten en manantial;
hasta las lluvias tempranas
cubren el valle con sus bendiciones.
7
Mientras más avanzan,
más fuerzas tienen,
y cuando llegan a tu templo
te contemplan a ti, el Dios verdadero.
8
Dios mío,9
Dios y protector nuestro,
muéstranos tu bondad,
pues somos tu pueblo elegido.
10
Prefiero pasar un día en tu templo
que estar mil días lejos de él;
prefiero dedicarme a barrer tu templo
que convivir con los malvados.
11
Señor y Dios nuestro,12
Dios del universo,
¡bendice a los que en ti confían!
1
(1) Himno de la Escuela de música de Coré. Dios mío,2
le perdonaste a tu pueblo
su maldad y sus pecados,
3
¡tu enojo con ellos se calmó!
4
Dios y salvador nuestro,5
¿Acaso para siempre
vas a estar enojado con nosotros?
6
Estamos como muertos;
¡devuélvenos la vida!
Nosotros somos tu pueblo;
de ti esperamos alegría.
7
Dios mío,
danos muestras de tu amor
y bríndanos tu ayuda.
8
Dejemos de hacer locuras9
Dios está siempre cerca
para salvar a quienes lo honran,
y para que su poder
nunca nos abandone.
10
El amor y la lealtad,11
La lealtad brotará de la tierra,
y la justicia se asomará desde el cielo;
12
Dios nos dará bienestar,
nuestra tierra dará buenas cosechas,
13
y la justicia, como mensajera,
anunciará la llegada de Dios.
1
(1a) Oración de David. Dios mío,2
Sálvame la vida,
pues te he sido fiel.
Tú eres mi Dios;
sálvame, pues tuyo soy
y en ti he puesto mi confianza.
3
Dios mío,4
Yo estoy a tu servicio;
alégrame la vida,
pues a ti dirijo mis ruegos.
5
Dios mío,6
Dios mío,7
Cuando estoy angustiado,
te llamo y tú me respondes.
8
Dios mío,
no hay entre todos los dioses
un Dios como tú,
que haga lo que tú haces.
9
Todas las naciones que tú hiciste
vendrán a adorarte y alabarte.
10
¡Sólo tú eres imponente!
¡Sólo tú haces grandes maravillas!
11
Dios mío,12
Mi Señor y Dios,13
Tanto me amas
que no me dejas morir.
14
Dios mío,15
Pero tú, mi Dios,
eres bondadoso y compasivo;
no te enojas fácilmente,
y tu amor es siempre el mismo.
16
Dirige a mí tu mirada
y tenme compasión.
Soy tu servidor más humilde,
¡concédeme tu fuerza
y ven a salvarme!
17
Haz que mi vida refleje
lo bueno que eres tú.
Quedarán en ridículo mis enemigos
cuando vean que tú
me das ayuda y consuelo.
1
(1a) Himno de la Escuela de música de Coré. Dios mismo fundó2
No hay en todo Israel
otra ciudad más amada por Dios
que la ciudad de Jerusalén.
3
Ciudad de Dios,4
4-5 Dios ha dicho:
«Entre los pueblos que me adoran
se encuentran Egipto y Babilonia,
Tiro, Etiopía y Filistea.
La gente de esas naciones dirá:
“¡Conocí a Dios en Jerusalén!”
Y lo mismo dirán los del monte Sión.
5
6
En mi lista de naciones,
yo mismo escribí:
“Toda esta gente
me conoció en Jerusalén”».
7
Y entre cantos y danzas,1
(1) Himno de la Escuela de música de Coré, compuesto por Hemán el ezraíta. Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse como un lamento. Dios mío,2
Permite que mi oración
llegue a tu presencia;
¡presta atención a mis ruegos!
3
Sufro tantas calamidades
que estoy al borde de la muerte.
4
4-5 ¡Parece que ya no tengo remedio!
¡Hasta hay quienes me dan por muerto!
Parezco un cadáver ya enterrado,
al que nadie toma en cuenta
porque la muerte se lo llevó.
5
6
Es como si estuviera
en el barranco más oscuro.
7
El golpe de tu furia8
Por ti he perdido a mis amigos;
me consideran repugnante.
Es como si estuviera preso
y no encontrara la salida.
9
Es tan grande mi tristeza
que se llenan de lágrimas mis ojos.
10
Si realizas un milagro,
¿te darán gracias los muertos?
¡Claro que no!
11
Allá en el sepulcro,
donde termina la vida,
no hay quien hable de tu amor
ni de tu fidelidad.
12
Allá en las tinieblas,
donde todo se olvida,
nadie sabe de tus milagros
ni de tus actos de justicia.
13
13-14 Dios mío,14
15
Desde que era joven
he sufrido mucho;
¡he estado a punto de morir!
Soy víctima de tus castigos,
¡y ya no puedo más!
16
16-17 Sobre mí recayó tu enojo;
me tienes derrotado;
tus ataques me rodean a todas horas
y me tienen cercado por completo,
como las olas del mar.
17
18
Por ti ya no tengo amigos;
me he quedado sin familia.
¡Ya sólo me queda
esta terrible oscuridad!
1
(1) Himno de Etán el ezraíta. 1-2 Dios mío,2
3
Tú hiciste un pacto con David,4
«Cuando hayas muerto,
uno de tus descendientes
reinará siempre en tu lugar».
5
5-7 Dios mío,6
7
8
Señor y Dios del universo,9
Tú dominas el mar embravecido,
y calmas sus olas agitadas.
10
Aplastaste al monstruo del mar,
y con tu brazo poderoso
derrotaste a tus enemigos.
11
Tuyo es el cielo,
tuya es también la tierra;
tú creaste el mundo
y todo lo que hay en él.
12
Tú creaste el norte y el sur;
los montes Tabor y Hermón
te alaban con alegría.
13
Muy grande es tu poder
para realizar grandes hazañas;
¡levantas la mano derecha
en señal de victoria!
14
Tú gobiernas con justicia y rectitud,
pero sobre todas las cosas,
nos demuestras tu constante amor.
15
15-16 Dios mío,
tú bendices y das honra
al pueblo que te alaba,
que acepta tu dirección
y se alegra en tu justicia.
16
17
De ti recibimos grandeza y poder;
por tu bondad aumentas nuestra fuerza.
18
Dios de Israel,
tú eres nuestro rey
y nos das tu protección.
19
19-20 Una vez hablaste con nosotros,20
21
Con mi brazo poderoso
lo sostendré y le daré fuerzas.
22
Sus enemigos no podrán vencerlo,
ni lo dominarán los malvados.
23
Yo destruiré a sus enemigos,
y acabaré con quienes lo odian;
¡los borraré de su vista!
24
Mi amor por él
siempre será el mismo,
y yo aumentaré su poder.
25
Su dominio se extenderá
del mar Mediterráneo a la Mesopotamia.
26
Él me dirá:
“Tú eres mi Padre y me proteges;
eres mi Dios y salvador”.
27
Yo le concederé los derechos
que merece todo hijo mayor:
lo pondré por encima
de todos los reyes del mundo.
28
Mi amor por él nunca cambiará,
ni faltaré a la promesa que le hice.
29
Mientras el cielo exista,
siempre lo mantendré en el trono;
lo mismo haré con sus descendientes
que reinarán en su lugar.
30
Pero si ellos no cumplen
con mis leyes y enseñanzas,
31
sino que se burlan de ellas,
32
castigaré su maldad
y les daré su merecido.
33
»Sin embargo, mi amor por David34
Jamás faltaré a mi pacto;
siempre le cumpliré mis promesas.
35
»A David le hice una promesa,36
36-37 Siempre reinará en su lugar
uno de sus descendientes.
Mientras el sol y la luna existan,
su reinado permanecerá».
37
38
38-39 Pero te has enojado con David,39
40
Has derribado y dejado en ruinas
las murallas que protegen a Jerusalén.
41
Todos los que pasan, algo se llevan;
¡somos la burla de nuestros vecinos!
42
Los enemigos de David están felices
porque ahora tienen más poder,
43
pues dejaste sin filo su espada
y no lo apoyaste en la batalla;
44
pusiste fin a su esplendor,
y arrojaste al suelo su corona;
45
le quitaste años de vida
y lo cubriste de vergüenza.
46
Dios mío,47
47-48 ¿En qué estabas pensando
cuando creaste al ser humano?
Nos has dado una vida muy corta,
y de la muerte nadie se libra.
48
49
¿Qué pasó con ese amor
que al principio le juraste a David?
¡Tú dijiste que nunca cambiarías!
50
Dios mío,
¡todos se burlan de nosotros!
¡Tenemos que aguantar
las ofensas de mucha gente!
51
Tus enemigos nos ofenden;
¡a cada paso insultan a tu pueblo!
52
Dios mío,1
(1a) Oración de Moisés. Dios nuestro,2
Desde siempre y hasta siempre,
desde antes de que crearas
las montañas, la tierra y el mundo,
tú has sido nuestro Dios.
3
Tú marcas el fin de nuestra existencia
cuando nos ordenas volver al polvo.
4
Para ti, mil años pasan pronto;
pasan como el día de ayer,
pasan como unas horas de la noche.
5
Nuestra vida es como un sueño
del que nos despiertas al amanecer.
Somos como la hierba:
6
comienza el día,
y estamos frescos y radiantes;
termina el día,
y estamos secos y marchitos.
7
Si te enojas, nos asustas;
si te enfureces, nos destruyes.
8
Tú conoces nuestros pecados,
aun los más secretos.
9
Si te enojas, termina nuestra vida;
los años se nos escapan
como se escapa un suspiro.
10
Si las fuerzas nos ayudan,
podemos vivir setenta años,
y aun llegar a los ochenta;
pero no tiene sentido
que vivamos tanto tiempo:
esa vida de angustias y problemas
pasa pronto, lo mismo que nosotros.
11
La fuerza de tu furia12
Enséñanos a pensar cómo vivir
para que nuestra mente
se llene de sabiduría.
13
Dios nuestro,14
¡Permítenos comenzar el día
llenos de tu amor,
para que toda la vida
cantemos llenos de alegría!
15
Ya hemos tenido días de tristeza
y muchos años de aflicción;
¡devuélvenos esa alegría perdida!
16
¡Permite que nosotros y nuestros hijos
podamos ver tu grandeza y tu poder!
17
Dios nuestro,1
Vivamos bajo el cuidado2
Él es nuestro refugio,
el Dios que nos da fuerzas,
¡el Dios en quien confiamos!
3
Sólo él puede librarnos4
sólo bajo su protección
podemos vivir tranquilos,
pues nunca deja de cuidarnos.
5
Ni de día ni de noche
tendremos que preocuparnos
de estar en peligro de muerte.
6
Ni en las sombras de la noche,
ni a plena luz del día,
nos caerá desgracia alguna.
7
Tal vez a nuestra izquierda
veamos caer miles de muertos;
tal vez a nuestra derecha
veamos caer diez mil más,
pero a nosotros nada nos pasará.
8
Con nuestros propios ojos veremos
cómo los malvados reciben su merecido.
9
El Dios altísimo10
Por eso ningún desastre
vendrá sobre nuestros hogares.
11
Dios mismo les dirá a sus ángeles
que nos cuiden por todas partes.
12
Los ángeles nos llevarán en brazos
para que no tropecemos con nada;
13
andaremos entre leones y serpientes,
¡y los aplastaremos!
14
Dios dice:15
Cuando me llame, le responderé
y estaré con él en su angustia;
lo libraré y lo llenaré de honores,
16
le daré muchos años de vida,
y lo haré gozar de mi salvación».
1
(1) Himno para cantarlo el día de reposo. Dios altísimo,2
¡Qué bueno es poder alabar
tu amor y tu fidelidad!
3
Día y noche te alabaré
con música de arpas y liras.
4
4-5 Dios mío,5
6
que la gente ignorante
ni los conoce ni los entiende.
7
Aunque los malvados y los malhechores8
Sólo tú, mi Dios,
reinas por siempre en el cielo.
9
¡Tus enemigos serán destruidos!
¡Todos los malhechores serán derrotados!
10
Tú has llenado mi vida de poder;
de ti he recibido un trato especial,
11
y he podido presenciar
la derrota de mis enemigos.
12
12-13 Dios nuestro, en tu presencia13
14
Vivirán muchos años,
se mantendrán sanos y fuertes.
15
Siempre hablarán de tu justicia
y de tu constante protección.
1
Dios mío,2
Desde el principio eres rey;
tú siempre has existido.
3
Dios mío,4
Pero tú, en el cielo,
te muestras más poderoso
que el rugido de los mares;
¡más poderoso que las olas del mar!
5
Dios mío,1
1-2 Dios mío,2
3
Dios mío,4
Todos ellos son malhechores;
¡son unos habladores y orgullosos!
¡Se creen la gran cosa!
5
Aplastan y afligen
a tu pueblo elegido:
6
matan a las viudas,
asesinan a los huérfanos,
masacran a los refugiados,
7
y aun se atreven a decir:
«El Dios de Israel
no se da cuenta de nada».
8
Gente torpe,9
Si Dios nos dio
la vista y el oído,
¡de seguro él puede ver y oír!
10
¡Cómo no va a castigar
el que corrige a las naciones!
¡Como no va a saber
el que nos instruye a todos!
11
¡Bien sabe nuestro Dios
las tonterías que se nos ocurren!
12
Mi Dios,13
para que enfrenten tranquilos
los tiempos difíciles;
en cambio, a los malvados
se les echará en la tumba.
14
Tú, mi Dios,
jamás abandonarás a tu pueblo.
15
Los jueces volverán a ser justos,
y la gente honrada los imitará.
16
Cuando los malvados me atacaron,17
Si tú no me hubieras ayudado,
muy pronto habría perdido la vida;
18
pero te llamé
al sentir que me caía,
y tú, con mucho amor,
me sostuviste.
19
En medio de mis angustias
y grandes preocupaciones,
tú me diste consuelo y alegría.
20
Tú no puedes ser amigo21
Esa clase de gobernantes
siempre está haciendo planes
contra la gente honrada,
y dicta sentencia de muerte
contra la gente inocente.
22
22-23 Esa gente es tan malvada
que acabarás por destruirla.
1
¡Vamos, cantemos con alegría!2
¡Vayamos a darle gracias!
¡Cantémosle himnos de alabanza!
3
Nuestro Dios es poderoso,
¡es el rey de todos los dioses!
4
Nuestro Dios tiene en sus manos
lo más profundo de la tierra;
suyas son las montañas más altas.
5
Suyos son el mar y la tierra,
pues él mismo los creó.
6
¡Vamos, adoremos de rodillas7
Pertenecemos a Dios;
nosotros somos su pueblo.
Él es nuestro pastor,
y nosotros somos su rebaño;
¡estamos bajo su cuidado!
Si hoy escuchamos su voz,
8
no seamos tercos,
como cuando nos rebelamos
en el desierto, cerca de Masá.
9
Dios dice:10
Durante cuarenta años
estuve muy enojado contra ellos,
y al fin les hice ver
que vivían en el error,
pues no obedecían mis mandamientos.
11
Por eso, ya enojado decidí:
“No voy a permitirles
entrar en la tierra prometida,
donde los habría hecho descansar”».
1
¡Vamos, habitantes de este mundo!2
¡Cantemos alabanzas a nuestro Dios!
¡Celebremos día tras día sus victorias!
3
¡Anunciemos su grandeza y maravillas
entre todas las naciones!
4
¡Grande y digno de alabanza5
Los dioses de otras naciones
son dioses falsos,
pero Dios hizo los cielos.
6
Lleno está su santuario
de majestad y esplendor,
de poder y belleza.
7
Pueblos todos,8
¡Vengan a los patios de su templo
y traigan sus ofrendas!
¡Adórenlo como él se merece!
9
¡Inclínense ante él
en su santuario majestuoso!
¡Que toda la tierra le rinda homenaje!
10
Que digan las naciones:
«¡Dios es nuestro rey!»
11
¡Que se alegren los cielos!12
¡Que canten alegres los campos,
con todo lo que hay en ellos!
¡Que griten de alegría
todos los árboles del bosque!
13
¡Que canten en presencia de Dios,
que viene ya para gobernar al mundo!
¡Dios gobernará con verdadera justicia
a todos los pueblos de la tierra!
1
¡Dios es nuestro rey!2
2-3 Dios es un rey justo,3
4
Sus relámpagos iluminan el mundo.
Al verlos, la tierra se estremece.
5
En presencia de nuestro Dios,6
los cielos reconocen su justicia,
los pueblos contemplan su poder,
7
y los dioses se inclinan ante él.
Así quedan en vergüenza
todos los que adoran dioses falsos.
8
Cuando lo sepan en Jerusalén9
¡Tú eres el Dios altísimo!
¡Eres más grande que toda la tierra!
¡Eres más grande que todos los dioses!
10
Tú amas y proteges
a quienes odian el mal y te obedecen;
tú los libras de los malvados;
11
tú derramas luz y alegría
sobre la gente honrada.
12
Ustedes los justos,1
(1a) Himno. ¡Cantemos a Dios un nuevo himno!2
Todo el mundo ha presenciado
el triunfo de nuestro Dios.
3
Nuestro Dios se acordó
de Israel, su pueblo amado.
¡Los más lejanos lugares de la tierra
han visto el triunfo de nuestro Dios!
4
Habitantes de toda la tierra,5
¡Cántenle himnos
al son de instrumentos de cuerda
y con voces melodiosas!
6
¡Canten alegres a nuestro Rey,
al son de clarines y trompetas!
7
¡Que se unan en alabanza
el mar y todo lo que contiene,
el mundo y todos sus habitantes!
8
¡Que aplaudan los ríos,
y canten alegres todos los cerros!
9
¡Que canten delante de Dios,
que viene para gobernar el mundo!
¡Él es un Dios justo,
y gobernará con justicia
a todos los pueblos de la tierra!
1
Pueblos de toda la tierra:2
La grandeza de nuestro Dios
está por encima de Jerusalén
y de todos los pueblos.
3
¡Dios es grande y poderoso!
¡No hay otro Dios!
4
Dios nuestro,5
¡Alaben a nuestro Dios!6
Moisés y Aarón fueron sus sacerdotes;7
les habló desde una nube,
y ellos cumplieron fielmente
las órdenes que les dio.
8
Dios nuestro,9
¡Alaben a nuestro Dios!1
(1a) Himno de alabanza. Habitantes de toda la tierra,2
¡Adórenlo con alegría!
¡Vengan a su templo
lanzando gritos de felicidad!
3
Reconozcan que él es Dios;
él nos hizo, y somos suyos.
Nosotros somos su pueblo:
¡él es nuestro pastor,
y nosotros somos su rebaño!
4
Vengan a las puertas de su templo;5
Él es un Dios bueno;
su amor es siempre el mismo,
y su fidelidad jamás cambia.
1
(1a) Himno de David. 1-2 Dios mío,2
3
No quiero poner los ojos
en la maldad que me rodea.
No quiero nada con los desobedientes.
¡Odio todo lo que hacen!
4
Me alejaré de los malos pensamientos
y no participaré en nada malo.
5
Destruiré por completo
al que hable mal de su amigo;
no soportaré a mi lado
al que se crea más importante
y más inteligente que los demás.
6
Pero sí me juntaré
con la gente obediente de este país;
sólo estará a mi servicio
quien lleve una vida correcta.
7
¡Ningún mentiroso podrá vivir
bajo mi techo!
¡Ningún hipócrita podrá estar
en mi presencia!
8
¡Arrojaré de la ciudad de Dios
a todos los malhechores!
¡No pasará un solo día
sin que yo destruya
a todos los malvados del país!
1
(1) Oración de un afligido que se desahoga en la presencia de Dios. 1-2 Dios mío,2
3
La vida es como el humo4
Me siento muy afligido;
hasta parezco hierba marchita.
¡Ni ganas de comer tengo,
y hasta los huesos se me ven!
5
¡Es muy grande mi angustia!
6
6-7 Estoy tan triste y solitario7
8
No pasa un solo día9
Mi comida y mi bebida
son mi propio llanto.
10
¡Te enojaste,
te llenaste de furia!
¡Me levantaste,
para derribarme después!
11
Mi vida va pasando
como las sombras en la noche;
¡me estoy marchitando como la hierba!
12
Pero tú, mi Dios,13
13-14 Un día te levantarás
y tendrás compasión de tu pueblo.
¡Ese día ha llegado!
¡Ya es tiempo de que lo perdones!
Nosotros estamos a tu servicio
y amamos a la ciudad de Jerusalén;
¡verla en ruinas y entre escombros
nos causa mucho dolor!
14
15
Dios mío,16
Tú reconstruirás a Jerusalén
y así demostrarás tu poder.
17
Prestarás toda tu atención
a los ruegos de los desamparados,
y no dejarás de atenderlos.
18
Que esto quede por escrito
para los que aún no han nacido;
para que alabe a Dios
el pueblo que está por nacer.
19
Mientras Dios miraba20
al escuchar los lamentos
de los presos condenados a muerte,
los puso en libertad.
21
Por eso en Jerusalén
se alaba su nombre;
por eso en Jerusalén
se le cantan alabanzas.
22
Todos los pueblos y reinos
se juntan para adorarlo.
23
En el transcurso de mi vida,24
Entonces le rogué:
«Para ti, Dios mío,
los años no tienen fin;
¡no me lleves en plena juventud!
25
En el principio
tú afirmaste la tierra;
tú mismo hiciste los cielos,
26
pero se irán gastando,
como la ropa,
y un día, los destruirás.
27
siempre serás el mismo,
y tus años no tendrán fin.
28
Nuestros hijos y nuestros nietos
estarán a tu servicio,
como lo estamos nosotros,
y vivirán contigo para siempre».
1
(1a) Himno de David. ¡Con todas las fuerzas de mi ser2
¡Con todas las fuerzas de mi ser
lo alabaré y recordaré
todas sus bondades!
3
Mi Dios me perdonó
todo el mal que he hecho;
me devolvió la salud,
4
me libró de la muerte,
¡me llenó de amor y de ternura!
5
Mi Dios me da siempre todo lo mejor;
¡me hace fuerte como las águilas!
6
Mi Dios es un juez justo7
A Moisés y a los israelitas
les dio a conocer sus planes
y lo que esperaba de ellos.
8
Mi Dios es muy tierno y bondadoso;9
No nos reprende todo el tiempo
ni nos guarda rencor para siempre.
10
No nos castigó como merecían
nuestros pecados y maldades.
11
Su amor por quienes lo honran
es tan grande e inmenso
como grande es el universo.
12
Apartó de nosotros
los pecados que cometimos
del mismo modo que apartó
los extremos de la tierra.
13
Con quienes lo honran,
Dios es tan tierno
como un padre con sus hijos.
14
Bien sabe nuestro Dios cómo somos;
¡bien sabe que somos polvo!
15
Nuestra vida es como la hierba,
que pronto se marchita;
somos como las flores del campo:
crecemos y florecemos,
16
pero tan pronto sopla el viento,
dejamos de existir
y nadie vuelve a vernos.
17
En cambio, el amor de Dios
siempre será el mismo;
Dios ama a quienes lo honran,
y siempre les hace justicia
a sus descendientes,
18
a los que cumplen fielmente
su pacto y sus mandamientos.
19
Mi Dios es el rey del cielo;20
Ustedes, sus ángeles poderosos,
que cumplen sus mandatos
y llevan a cabo sus órdenes,
¡alaben a mi Dios!
21
Y ustedes, sus ejércitos,
que están a su servicio
y cumplen su voluntad,
¡alaben a mi Dios!
22
Y ustedes, sus criaturas,
que llenan todos los rincones
de todo lo que existe,
¡alaben a mi Dios!
1
1-3 ¡Alabemos a nuestro Dios,2
3
4
Los vientos son tus mensajeros;
los relámpagos están a tu servicio.
5
Afirmaste la tierra sobre sus bases,
y de allí jamás se moverá.
6
Cubriste la tierra
con el agua del mar;
¡cubriste por completo
la cumbre de los cerros!
7
Pero lo reprendiste,
y el mar se retiró;
al oír tu voz de trueno,
el mar se dio a la fuga.
8
Las aguas subieron a los cerros,9
Tú les pusiste límites
que jamás deben rebasar,
para que nunca más vuelvan
a inundar la tierra.
10
Dios mío,11
en sus aguas apagan su sed
las bestias del campo
y los burros salvajes;
12
en las ramas cercanas
las aves del cielo ponen su nido
y dejan oír su canto.
13
Dios mío,14
Tú haces crecer la hierba
para que coma el ganado;
también haces crecer las plantas
para el bien de toda la gente:
15
el pan, que da fuerzas,
el vino, que da alegría,
y el perfume, que da belleza.
16
Los cedros del Líbano,17
En ellos anidan las aves;
en sus ramas habitan las cigüeñas.
18
En las montañas más altas
viven las cabras monteses,
y entre las rocas
se refugian los conejos.
19
Tú hiciste la luna20
En cuanto el sol se pone,
llega la oscuridad.
Es la hora en que rondan
todos los animales del bosque.
21
A esa hora rugen los leones,
y te reclaman su comida.
22
Pero en cuanto sale el sol
corren de nuevo a sus cuevas,
y allí se quedan dormidos.
23
Entonces nos levantamos
para hacer nuestro trabajo,
hasta que llega la noche.
24
Dios nuestro,25
Allí está el ancho mar,
con sus grandes olas;
en él hay muchos animales,
grandes y pequeños;
¡es imposible contarlos!
26
Allí navegan los barcos
y vive el monstruo del mar,
con el que te diviertes.
27
Todos estos animales dependen de ti,
y esperan que llegue la hora
en que tú los alimentes.
28
Tú les das, y ellos reciben;
abres la mano, y comen de lo mejor.
29
Si les das la espalda,
se llenan de miedo;
si les quitas el aliento,
mueren y se vuelven polvo;
30
pero envías tu espíritu
y todo en la tierra cobra nueva vida.
31
Dios nuestro,32
Cuando miras la tierra,
ella se pone a temblar;
cuando tocas los cerros,
ellos echan humo.
33
33-35 Que los pecadores1
¡Demos gracias a nuestro Dios!2
¡Cantémosle himnos!
¡Demos a conocer sus grandes milagros!
3
¡Digamos con orgullo
que no hay otro Dios aparte del nuestro!
¡Alegrémonos de corazón
todos los que adoramos a Dios!
4
Acerquémonos a nuestro poderoso Dios,
y procuremos agradarle siempre.
5
Hagamos memoria de las maravillas
que nuestro Dios ha realizado;
recordemos sus milagros
y los mandamientos que nos dio.
6
Somos los descendientes7
Pertenecemos a nuestro Dios;8
Él no ha olvidado su pacto
ni las promesas que nos hizo.
9
Hizo el pacto con Abraham,
y se lo confirmó a Isaac.
10
Con Israel lo estableció
como un pacto para toda la vida,
11
y le dijo:
«Yo te daré Canaán.
Es la tierra que te ha tocado».
12
Nosotros no éramos muchos;13
¡Todo el tiempo andábamos
de país en país
y de reino en reino!
14
Pero Dios jamás permitió
que nadie nos molestara,
y les advirtió a los reyes:
15
«No se metan con mi pueblo elegido;
no les hagan daño a mis profetas».
16
En Canaán hubo mucha hambre,17
Pero él ya había dispuesto
que nos salvara José,
a quien antes sus hermanos
habían vendido como esclavo.
18
Los egipcios humillaron a José
y lo tuvieron encarcelado,
19
hasta el día en que se cumplió
lo que él ya había anunciado:
¡ese día Dios dejó en claro
que José había dicho la verdad!
20
Entonces el rey de Egipto,
que gobernaba a muchos pueblos,
ordenó que liberaran a José,
y fue puesto en libertad.
21
El rey le dio autoridad
sobre todo su pueblo
y sobre todas sus posesiones.
22
José se dedicó a enseñar
a los consejeros y a los ayudantes del rey,
y a compartir con ellos su sabiduría.
23
Nuestros abuelos fueron a Egipto,24
Dios hizo que aumentara
nuestro pueblo,
y lo hizo más fuerte
que sus enemigos.
25
Por eso los egipcios
nos odiaron y maltrataron.
26
Dios envió entonces
a Moisés y a Aarón,
sus ayudantes favoritos,
27
y allí en Egipto
ellos hicieron grandes milagros.
28
Dios envió sobre el país29
Dios convirtió en sangre
los ríos de Egipto,
y así mató a sus peces.
30
Todo Egipto se llenó de ranas;
¡había ranas hasta en el palacio!
31
Dios dio una orden,
y todo el país se llenó
de moscas y de mosquitos.
32
En vez de lluvia,
Dios mandó granizo,
y con sus relámpagos
le prendió fuego al país.
33
Por todo Egipto
Dios derribó viñas e higueras;
¡hizo astillas los árboles!
34
A una orden suya,
vino una plaga de saltamontes
35
que acabó con los frutos del campo,
y todo lo verde quedó seco.
36
Dios hirió de muerte
a los mejores jóvenes egipcios;
¡en todo el país murió
el hijo mayor de cada familia!
37
En cambio, a nuestros abuelos
los hizo salir de Egipto
cargados de plata y de oro,
sin que nada se los impidiera.
38
Cuando ellos salieron de Egipto39
A nuestros abuelos
Dios los protegió con una nube,
y de noche los alumbró con fuego.
40
Ellos pidieron comida,
y Dios les envió codornices;
¡calmó su hambre con pan del cielo!
41
Partió una piedra en dos,
y brotó agua como un río
que corrió por el desierto.
42
Dios nunca se olvidó
de la promesa que él mismo
le hizo a Abraham, su servidor.
43
Entre cantos y gritos de alegría44
para darle como propiedad
las tierras de otros pueblos.
¡Nuestros abuelos se adueñaron
de las tierras cultivadas por otros!
45
Pero Dios les puso como condición
que respetaran y practicaran
sus mandamientos y sus leyes.
1
¡Alabemos a nuestro Dios!2
¡Nadie es capaz de describir
los milagros que Dios ha hecho!
¡Nadie puede alabarlo
como él se lo merece!
3
¡Dios bendice a los que son justos
y aman la justicia!
4
Dios, acuérdate de mí5
Permíteme cantarte alabanzas
en compañía de tu pueblo elegido;
¡permíteme disfrutar
de su bienestar y alegría!
6
Nosotros hemos pecado,
hemos hecho lo malo;
hemos sido muy malvados,
como nuestros padres y abuelos.
7
Cuando ellos estaban en Egipto,
no tomaron en cuenta tus grandes hechos;
no tuvieron presente tu gran amor,
y a la orilla del Mar de los Juncos
se rebelaron contra ti.
8
Pero tú los salvaste
para que vieran tu gran poder
y te alabaran.
9
El Mar de los Juncos quedó seco
cuando oyó tu reprensión;
tú hiciste que nuestros abuelos
cruzaran el fondo del mar
como si cruzaran el desierto.
10
10-11 Sus enemigos los odiaban,
pero murieron ahogados en el mar.
Tú los libraste de ellos;
¡ningún egipcio quedó con vida!
11
12
Entonces nuestros padres
creyeron en tus promesas
y te cantaron alabanzas;
13
pero al poco tiempo
se olvidaron de tus hechos
y no esperaron a conocer
los planes que tenías.
14
Eran tantas sus ganas de comer
que allí, en pleno desierto,
te pusieron a prueba
y te exigieron comida.
15
Y tú los complaciste,
pero también les enviaste
una enfermedad mortal.
16
16-17 Cuando estaban en el desierto,17
18
¡llamas de fuego cayeron
sobre esa pandilla de malvados!
19
Nuestros abuelos20
Dejaron de adorar a Dios,
que era su motivo de orgullo,
para adorar la imagen de un toro.
21
21-22 Dios hizo grandes maravillas
frente al Mar de los Juncos:
¡los salvó de los egipcios!
Pero ellos se olvidaron de él,
22
23
y tan enojado se puso Dios
que quiso destruirlos.
Moisés, su elegido,
intervino en favor de ellos
y calmó el enojo de Dios
para que no los destruyera.
24
Pero ellos rechazaron25
Dentro de sus casas
hablaron mal de su Dios
y no quisieron obedecerlo.
26
Dios les advirtió
que los dejaría morir en el desierto,
27
y que a sus descendientes
también los haría morir,
o que los dispersaría
por todos los pueblos y países.
28
Pero ellos prefirieron29
Con esas malas acciones
hicieron enojar a Dios,
y él les mandó un terrible castigo.
30
Pero un hombre llamado Finees
intervino en favor de ellos
y logró que Dios no los castigara.
31
Por eso Finees
será siempre recordado
por este acto de justicia.
32
Junto a las aguas de Meribá33
tanto le amargaron el ánimo
que Moisés no midió sus palabras.
34
34-35 Dios les había ordenado
destruir a los otros pueblos,
pero ellos no lo obedecieron.
¡Todo lo contrario!
Se mezclaron con ellos
y siguieron sus costumbres;
35
36
adoraron a sus ídolos
y se volvieron sus seguidores.
37
37-38 ¡Mancharon la tierra
al derramar sangre inocente!
¡Entregaron a sus hijos y a sus hijas
como ofrenda a esos demonios!
38
39
Al cometer tales acciones,
se corrompieron a sí mismos
y resultaron culpables.
40
Dios se enojó mucho con ellos
y acabó por aborrecerlos.
41
41-42 Por eso los dejó caer
en poder de sus enemigos
para que los humillaran
y los maltrataran.
42
43
Muchas veces Dios los liberó;
pero ellos, siempre rebeldes,
insistieron en seguir pecando.
44
Dios los vio tan angustiados,45
que cambió de parecer.
Su amor lo hizo acordarse
de su pacto con los israelitas,
46
e hizo que sus enemigos
les tuvieran compasión.
47
Dios nuestro, ¡sálvanos!48
¡Bendito sea ahora y siempre1
¡Alabemos a nuestro Dios!2
¡Digámoslo nosotros,
pues él nos liberó
del poder de los egipcios!
3
Digámoslo nosotros,
que somos su pueblo,
pueblo que él reunió
de países del norte y del sur,
del este y del oeste.
4
Nuestros abuelos andaban sin rumbo5
Tenían hambre y sed,
y habían perdido la esperanza
de quedar con vida.
6
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los libró de su aflicción.
7
Los puso en el camino correcto
que los llevaría a un lugar habitado.
8
¡Demos gracias a Dios por su amor,9
¡Dios calma la sed del sediento,
y el hambre del hambriento!
10
Nuestros abuelos estaban afligidos,11
pues no tomaron en cuenta
los consejos del Dios altísimo
y se rebelaron contra él.
12
Por eso Dios los castigó
con los trabajos más pesados;
tropezaban, y nadie los levantaba.
13
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los salvó de su aflicción,
14
les mostró el camino a seguir
y los libró de su esclavitud.
15
¡Demos gracias a Dios16
¡Hizo pedazos las puertas de bronce
y las barras de hierro
que nos tenían prisioneros!
17
Nuestros abuelos fueron tan rebeldes18
¡Tan enfermos se pusieron
que al ver la comida vomitaban!
19
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los salvó de su aflicción;
20
con sólo una orden los sanó.
¡Así los salvó de la muerte!
21
¡Demos gracias a Dios22
¡Démosle muestras de gratitud,
y presentémosle ofrendas!
¡Anunciemos entre gritos de alegría
las maravillas que ha hecho!
23
Nuestros abuelos compraron barcos24
En alta mar presenciaron
la acción maravillosa de nuestro Dios:
25
Dios dio una orden,
y vino un fuerte viento
que levantaba grandes olas.
26
Cuando se vieron en peligro,
los marineros perdieron el valor;
eran lanzados de arriba abajo,
27
y de nada les servía
ser marineros expertos,
pues se tropezaban y caían
como si estuvieran borrachos.
28
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los sacó de su aflicción;
29
calmó la furia de la tormenta,
y aplacó las olas del mar.
30
Cuando se calmó la tormenta,
ellos se pusieron muy contentos
y Dios los llevó a su destino.
31
¡Demos gracias a Dios32
¡Que lo alaben todo el pueblo
y sus gobernantes!
33
Dios convirtió en desiertos34
pero a la tierra fértil
la convirtió en tierra inútil,
porque los que allí vivían
eran gente muy malvada;
35
en cambio, al desierto
lo convirtió en tierra fértil,
rodeada de lagunas y manantiales.
36
Al pueblo que había pasado hambre,
lo dejó vivir allí,
y ellos construyeron grandes ciudades,
37
sembraron campos,
plantaron viñedos,
y tuvieron muy buenas cosechas.
38
Dios les dio su bendición,
y ellos tuvieron muchos hijos
y sus ganados se multiplicaron.
39
Tiempo después,40
Pero Dios castigó a esos malvados
y los hizo perderse
por desiertos sin caminos.
41
A la gente pobre42
Cuando la gente honrada ve esto,
se llena de alegría;
pero los malvados se quedan callados.
43
Tomen esto en cuenta los sabios,1
(1) Himno de David. Dios mío,2
¡Voy a despertarme!
¡Despertaré al arpa y a la lira!
¡Despertaré al nuevo día!
3
Dios mío,
yo te alabaré entre los pueblos;
te cantaré himnos entre las naciones.
4
Tan grande y constante es tu amor
que llega hasta los cielos.
5
Tú, mi Dios,
sobrepasas los cielos;
¡eres tan grande que cubres toda la tierra!
6
Nosotros te somos fieles:
¡respóndenos!
¡Sálvanos con tu poder!
Así este pueblo que amas
quedará a salvo.
7
Desde tu templo has declarado:
«Cuando yo triunfe,
repartiré entre mi pueblo
las tierras de Siquem
y las del valle de Sucot.
8
Las tierras de Galaad son mías;
al norte están las tribus de José
para proteger a mi pueblo,
y en Judá he puesto al rey.
9
Los de Moab son mis esclavos,
Edom es mi propiedad,
y en territorio filisteo
lanzo gritos de victoria».
10
¿Quién quiere llevarme11
¡Tú, Dios mío,
te has alejado de nosotros
y ya no sales a pelear
al frente de nuestros ejércitos!
12
La ayuda humana resulta inútil;
¡ayúdanos a vencer al enemigo!
13
Dios nuestro, tú los vencerás;
¡con tu ayuda saldremos victoriosos!
1
(1a) Himno de David. Dios mío, yo te alabo;2
Hay un mentiroso y malvado
que miente acerca de mí.
3
Tanto odio me tiene
que me ataca sin razón;
¡me tiene acorralado!
4
Habla mal de mí,
a pesar de que lo amo
y hago oración por él.
5
Me odia, me trata mal,
a pesar de que lo amo
y lo trato bien.
6
Dios mío,7
¡Haz que lo declare culpable
el juez que le dicte sentencia!
¡Haz que lo condenen
sus propias mentiras!
8
¡Quítale la vida
antes de tiempo,
y que otro haga su trabajo!
9
¡Que se queden huérfanos sus hijos!
¡Que deje viuda a su esposa!
10
Convierte a sus hijos
en vagos y limosneros;
¡haz que los echen
de esas ruinas donde viven!
11
¡Que les quiten todo lo que tienen
los que antes les prestaban dinero!
12
¡Que a esos huérfanos
nadie los trate con cariño
ni les tenga compasión!
13
¡Haz que sus descendientes
pronto desaparezcan!
¡Haz que en el futuro
nadie recuerde que existieron!
14
Dios mío,
no te olvides nunca
de la maldad de su padre
ni del pecado de su madre,
15
y que nadie recuerde que existieron.
16
pues jamás se le ocurrió
ser bondadoso con nadie;
persiguió a los pobres,
a los humildes y necesitados,
hasta quitarles la vida.
17
17-18 Ya que le encantaba maldecir,
¡que le caiga una maldición!
Ya que no le gustaba bendecir,
¡que nadie lo bendiga!
¡Castígalo donde más le duela!
18
19
¡Que esa maldición
lo cubra como un manto!
¡Que lo apriete hasta ahogarlo!
20
Dios mío,21
Pero a mí, trátame bien;
tú eres un Dios bondadoso,
¡sálvame, por tu gran bondad!
22
Yo soy pobre y humilde,23
Poco a poco me voy debilitando
como las sombras de la noche;
¡hasta parezco una mariposa
sacudida por el viento!
24
Ya casi no como;
tan flaco estoy
que me tiemblan las rodillas.
25
Cuando la gente me ve,
se ríe y se burla de mí.
26
Dios mío, ¡ayúdame!27
Que sepan que esto me sucede
porque tú así lo has querido.
28
Pero si tú me bendices,
no me importa que me maldigan.
Mis enemigos están listos para atacarme,
pero tú los pondrás en vergüenza
y a mí me llenarás de alegría.
29
29-30 Dios mío,
cubre a mis acusadores
de vergüenza y deshonra.
30
31
porque tú defiendes a los pobres
y los salvas de los malvados
que los condenan a muerte.
1
(1a) Himno de David. Mi Dios le dijo a mi señor el rey: «Siéntate a la derecha de mi trono2
¡Que Dios te permita3
¡Que tus soldados te juren lealtad
sobre los cerros de Dios
en el día de la batalla!
Cuando salga el sol,
se renovarán tus fuerzas.
4
Dios ha hecho un juramento,5
5-6 Mi Dios está a tu derecha,6
7
Junto al camino,
el rey apagará su sed
con el agua de un arroyo,
y así recobrará las fuerzas.
1
¡Alabemos a nuestro Dios! Ustedes, la gente honrada,2
¡Grandes son las maravillas3
En todo lo que hace puede verse
el esplendor y la grandeza
que merece nuestro Dios y rey;
su justicia es siempre la misma.
4
Dios es muy tierno y bondadoso,
y hace que sus maravillas
sean siempre recordadas.
5
Dios da de comer
al pueblo que lo adora,
y jamás se olvida de su pacto.
6
Da a conocer a su pueblo
sus actos poderosos,
y le da en posesión
los territorios de otras naciones.
7
La ley de nuestro Dios es verdadera;
podemos confiar en sus mandatos,
8
pues tienen valor permanente;
nacen de la verdad y de la rectitud.
9
Dios dio libertad a su pueblo;
así afirmó su pacto eterno.
¡Imponente es el Dios de Israel;
el único Dios!
10
Si alguien quiere ser sabio,1
¡Alabemos a nuestro Dios! ¡Dios bendice a quienes lo adoran2
Los hijos de la gente honrada
dominarán el país
y serán siempre bendecidos.
3
Tendrán en su casa muchas riquezas,
y siempre triunfarán en todo.
4
Como son bondadosos,
justos y compasivos,
guiarán a la gente honrada
como una luz en la oscuridad.
5
La gente buena es generosa:6
La gente buena jamás fracasa;
siempre se le recuerda con cariño.
7
Nunca le asalta el temor
de recibir malas noticias,
pues confía en Dios
de todo corazón.
8
No tiene por qué preocuparse,
ni por qué sentir miedo;
hasta mira con aire de triunfo
a todos sus enemigos.
9
Siempre que ayuda a los pobres,
lo hace con generosidad;
en todo sale triunfante,
y levanta la cabeza con orgullo.
10
Cuando los malvados ven esto1
¡Alabemos a nuestro Dios! Ustedes, los que obedecen a Dios,2
2-3 ¡Sea siempre bendito nuestro Dios!
¡Alábenlo a todas horas!
¡Alábenlo ahora y siempre!
3
4
4-6 Dios reina en las alturas,
y desde allí contempla
los cielos y la tierra.
Dios gobierna con poder
sobre todas las naciones.
¡No hay nada que se compare
con nuestro Dios!
5
6
7
A la gente pobre y humilde
la saca de la miseria,
8
y le da un sitio de honor
entre la gente importante.
9
A la mujer que no tiene hijos,
le concede dos alegrías:
¡llegar a ser madre,
y tener un hogar!
1
Desde que los israelitas2
Judá llegó a ser
el lugar donde Dios puso su templo.
La tierra de Israel
llegó a ser su dominio.
3
Al ver a los israelitas,4
las montañas y las colinas
saltaron como corderos.
5
¿Qué te pasó, mar?6
Y ustedes, montañas y colinas,
¿por qué saltaron como corderos?
7
7-8 Tierra,1
Tú mereces alabanzas, Dios nuestro,2
Las otras naciones3
¡Pero tú estás en el cielo,
y haces todo lo que quieres!
4
Los ídolos de esas naciones
son objetos de oro y plata;
¡son hechura humana!
5
¿Y qué es lo que tienen?
Una boca que no habla,
y ojos que no ven;
6
orejas que no oyen,
y narices que no huelen;
7
manos que no tocan,
y pies que no andan;
garganta tienen,
¡pero no emiten ningún sonido!
8
Iguales a esos ídolos
son quienes los hacen
y quienes confían en ellos.
9
Israelitas,10
Sacerdotes,
pongan su confianza en Dios;
¡él nos ayuda y nos protege!
11
Y ustedes, que adoran a Dios,
pongan en él su confianza;
¡él nos ayuda y nos protege!
12
Dios se acuerda de nosotros13
y bendice a quienes lo adoran,
sean o no gente importante.
14
¡Que Dios añada bendiciones15
¡Que los bendiga Dios,
creador del cielo y de la tierra!
16
Los cielos son de Dios,17
Los muertos ya han bajado
al mundo del silencio
y no pueden alabar a Dios;
18
¡nos toca a nosotros alabarlo
desde ahora y para siempre!
1
Yo amo a mi Dios2
Toda mi vida oraré a él
porque me escucha.
3
La muerte me tenía atrapado;4
Entonces le rogué a Dios
que me salvara la vida.
5
Mi Dios es justo y compasivo;6
que protege a los indefensos.
Yo no tenía quien me defendiera,
y él vino en mi ayuda.
7
Dios mío,8
Me libraste de la muerte,
me secaste las lágrimas,
y no me dejaste caer.
9
9-10 Mientras tenga yo vida,
siempre te obedeceré.
Confío en ti, mi Dios,
aunque reconozco
que estoy muy afligido.
10
11
Demasiado pronto he dicho
que no hay nadie en quien confiar.
12
¿Cómo podré, mi Dios,13
Mostrándome agradecido
y orando en tu nombre,
14
y cumpliéndote mis promesas
en presencia de tu pueblo.
15
15-16 Dios nuestro,16
17
Llevaré hasta tu altar
una ofrenda de gratitud,
y oraré en tu nombre.
18
18-19 En los patios de tu templo,
en el centro de Jerusalén,
y en presencia de todo tu pueblo,
te cumpliré mis promesas.
1
Naciones todas, pueblos todos,2
¡Porque él es un Dios fiel,
y nunca deja de amarnos!
¡Alabemos siempre a nuestro Dios!
1
¡Alabemos a nuestro Dios!2
Que lo repitan los israelitas:3
Que lo repitan los sacerdotes:4
Que lo repitan
los que adoran a Dios:
«¡Dios nunca deja de amarnos!»
5
Perdida ya toda esperanza,6
Dios está conmigo:
no tengo miedo.
Nadie puede hacerme daño,
7
Dios está conmigo
y me brinda su ayuda.
¡Estoy seguro de ver la derrota
de los que me odian!
8
8-9 Vale más confiar en Dios9
10
10-11 Todas las naciones me rodearon;11
12
Me rodearon como avispas,
pero ardieron en el fuego como espinas;
¡Dios me ayudó a derrotarlas!
13
Me empujaron con violencia14
Dios me da fuerzas,
Dios inspira mi canto;
¡Dios es mi salvador!
15
15-16 Los justos, en sus casas,16
17
Aún no quiero morir.18
Él me castigó con dureza,
pero no me entregó a la muerte.
19
19-20 ¡Ábranme paso,20
21
¡Gracias, Dios mío,22
La piedra que rechazaron23
Esto nos deja maravillados,
pues Dios es quien lo hizo.
24
Hagamos fiesta en este día,
porque en un día como éste
Dios actuó en nuestro favor.
25
Dios, Dios mío,26
¡Bendito el rey que viene
en el nombre de Dios!
Desde su templo
los bendecimos a todos ustedes.
27
Dios es nuestra luz.
¡Llevemos flores al altar
y acompañemos al pueblo de Dios!
28
Tú eres mi Dios;29
¡Alabemos a nuestro Dios!1
1-2 Dios, tú bendices2
3
Ellos no hacen nada malo:
sólo a ti te obedecen.
4
Tú has ordenado
que tus mandamientos
se cumplan al pie de la letra.
5
Quiero corregir mi conducta
y cumplir tus mandamientos.
6
Si los cumplo,
no tendré de qué avergonzarme.
7
Si me enseñas tu palabra,
te alabaré de todo corazón
8
y seré obediente a tus mandatos.
¡No me abandones!
9
Sólo obedeciendo tu palabra10
10-11 Yo te busco de todo corazón
y llevo tu palabra en mi pensamiento.
Manténme fiel a tus enseñanzas
para no pecar contra ti.
11
12
¡Bendito seas, mi Dios!
¡Enséñame a obedecer tus mandatos!
13
13-15 Siempre estoy repitiendo
las enseñanzas que nos diste.
En ellas pongo toda mi atención,
pues me hacen más feliz
que todo el oro del mundo.
14
15
16
Mi mayor placer son tus mandatos;
jamás me olvido de ellos.
17
17-19 Yo estoy a tu servicio;18
19
20
Todo el día siento grandes deseos
por conocerlas.
21
¡Qué lástima me dan
los que no cumplen tus mandamientos!
¡Tú reprendes a esos orgullosos!
22
No permitas que me desprecien
pues siempre obedezco tus mandatos.
23
Los poderosos hacen planes contra mí,
pero yo sólo pienso en tus enseñanzas.
24
Ellas me hacen feliz,
y me dan buenos consejos.
25
25-28 Cumple tu promesa y dame ánimo,26
27
28
29
No me dejes decir mentiras;
¡por favor, enséñame tu palabra!
30
30-31 Dios mío, no me hagas quedar mal,
pues confío en tus mandamientos
y he decidido obedecerlos.
31
32
No me tardo en cumplirlos
porque me ayudaste a entenderlos.
33
33-35 Dios mío,34
35
36
Hazme pensar sólo en tu palabra,
y no en las ganancias egoístas.
37
37-38 No me dejes seguir a dioses falsos,
pues quiero adorarte sólo a ti.
¡Cumple tu promesa y dame ánimo!
38
39
39-40 Lo que más deseo es tu palabra.
Me asusta pensar
que mis enemigos me desprecien.
Ponme a salvo y dame ánimo,
pues tú eres un juez justo.
40
41
Dios mío,42
42-43 Así podré responder a mis enemigos.
Permíteme hablar con la verdad,
pues confío en tu palabra.
43
44
44-45 Puedo andar con toda libertad
porque sigo tus enseñanzas,
y siempre las cumpliré.
45
46
En la presencia de reyes
podré hablar de tus mandamientos
y no sentirme avergonzado.
47
47-48 Yo amo y deseo tu palabra,
pues me llena de alegría.
48
49
Tus promesas me dan esperanza;50
Tus promesas me dan vida;
me consuelan en mi dolor.
51
51-53 Dios mío,
yo nunca olvido tu palabra eterna,
pues ella me da consuelo.
Los orgullosos me ofenden;
me molesta saber que esos malvados
no siguen tus enseñanzas.
Pero yo las cumplo sin falta.
52
53
54
Poco tiempo estaré en este mundo,
pero siempre diré
que es buena tu enseñanza.
55
Dios mío,
por las noches pronuncio tu nombre;
quiero seguir tus enseñanzas,
56
pues es lo que me corresponde.
57
57-58 Dios mío,58
59
59-60 No dejaré pasar más tiempo:
me he puesto a pensar en mi conducta,
y he decidido seguir tus mandamientos.
60
61
Los malvados quieren atraparme,
pero yo no descuido tus enseñanzas.
62
A medianoche me levanto y te alabo
porque tus sentencias son justas.
63
Soy amigo de los que te adoran
y de los que te obedecen.
64
Dios mío,
tu amor llena toda la tierra;
¡enséñame tus mandamientos!
65
Dios mío, ¡trátame bien,66
Yo creo en tu palabra.
¡Dame más sabiduría e inteligencia!
67
Antes de que me castigaras,
estuve alejado de ti,
pero ahora obedezco tu palabra.
68
Tú eres bueno, y haces el bien;
enséñame a obedecer tus mandamientos.
69
69-70 Los orgullosos hablan mal de mí;
son gente que no tiene sentimientos.
Pero yo sigo tus enseñanzas
porque ellas me hacen feliz.
70
71
Estuvo bien que me hicieras sufrir
porque así entendí tus enseñanzas.
72
Para mí, ellas son de más valor
que el oro y la plata.
73
Tú me hiciste con tus propias manos;74
Los que te adoran
se alegran al verme,
pues confío en tu palabra.
75
Dios mío,
yo sé que tus mandatos son justos,
y merezco que me castigues.
76
76-78 Ven con tu amor a darme ánimo,
pues soy feliz con tus enseñanzas.
Yo medito en ellas,
así que cumple tu promesa.
Avergüenza a esos orgullosos
que sin motivo me hacen daño,
77
78
79
haz que se junten conmigo
todos los que te adoran,
para que conozcan tus mandamientos.
80
Hazme entender tus enseñanzas,
para que yo no pase vergüenza.
81
81-82 La vida se me escapa,82
83
Aunque ya estoy viejo y arrugado,
no me olvido de tu palabra.
84
84-87 Esos orgullosos y embusteros
que no siguen tus enseñanzas,
me ponen trampas.
¿Cuándo vas a castigarlos?
Casi han acabado conmigo,
pero yo obedezco tus mandamientos
porque son la verdad.
¡Dame tu ayuda!
85
86
87
88
¡Dame ánimo y te obedeceré,
pues tú eres un Dios de amor!
89
89-91 Dios mío,90
91
92
Si tu palabra no me hiciera tan feliz,
¡ya me hubiera muerto de tristeza!
93
Jamás me olvido de tu palabra,
pues ella me da vida.
94
¡Sálvame, pues soy tuyo
y busco cumplir tus mandamientos!
95
Hay malvados que quieren matarme,
pero yo quiero entender tus enseñanzas.
96
Todo en este mundo acabará;
¡sólo tu palabra no tiene fin!
97
¡Tanto amo tus enseñanzas98
98-99 Siempre están conmigo,
y me hacen aún más sabio
que mis enemigos y mis maestros.
99
100
Hasta entiendo mejor que los ancianos,
porque las pongo en práctica.
101
Me he apartado de todo mal camino
porque quiero obedecer tu palabra.
102
No me he apartado de tu enseñanza
porque tú eres mi maestro.
103
103-104 Me das tanta sabiduría
que no soporto la mentira.
¡Tu palabra es para mí
más dulce que la miel!
104
105
Tu palabra es una lámpara106
Cumpliré la promesa que te hice:
obedeceré tus justos mandamientos.
107
107-110 Dios mío,
¡ya es mucho lo que he sufrido!
Mi vida está siempre en peligro,
pero nunca olvido tus enseñanzas.
Los malvados me ponen trampas,
pero yo obedezco tus mandamientos.
Recibe con agrado
esta alabanza que te ofrezco,
y enséñame tu palabra.
Cumple tu promesa y dame ánimo.
108
109
110
111
111-112 Tus enseñanzas son mías;
¡son la alegría de mi corazón!
He decidido cumplirlas
para siempre y hasta el fin.
112
113
113-115 ¡Déjenme solo, gente malvada!114
115
116
Dame fuerza y seguiré con vida,
tal como lo has prometido;
¡no defraudes mi confianza!
117
¡Ayúdame y ponme a salvo
para que obedezca tu palabra!
118
118-119 A los malvados de este mundo
que desprecian tus enseñanzas
no los quieres tener cerca;
los tratas como a basura.
De nada les sirve hacer planes malvados;
yo, en cambio, obedezco tu palabra.
119
120
Tiemblo de miedo en tu presencia;
¡tu palabra me hace temblar!
121
Dios mío, ¡no me dejes caer122
haz que siempre me vaya bien,
y que no me molesten los orgullosos.
123
La vista se me nubla
esperando que cumplas tu promesa
de venir a ayudarme.
124
¡Trátame con mucho amor,
y enséñame tus mandamientos!
125
Permíteme llegar a entenderlos,
pues los quiero comprender.
126
Dios mío,
ya es hora de que actúes,
pues nadie cumple tus mandatos.
127
Prefiero tus mandamientos
que tener muchas riquezas.
128
Por eso los sigo
y no soporto la mentira.
129
¡Tus enseñanzas son maravillosas!130
Cuando un maestro las explica,
hasta la gente sencilla las entiende.
131
Deseo conocer tus mandamientos;
¡me muero por entenderlos!
132
Dios mío,
¡atiéndeme y tenme compasión
como acostumbras hacerlo
con todos los que te aman!
133
133-134 Guíame, como lo has prometido;
¡yo quiero cumplir tus mandamientos!
No dejes que me maltraten,
ni me dejes caer en la maldad.
134
135
Dame muestras de tu bondad
y enséñame tus mandamientos.
136
Me dan ganas de llorar
cuando veo que nadie los cumple.
137
Dios mío,138
Los mandamientos que nos diste
son justos y dignos de confianza.
139
139-141 Mis enemigos me humillan
pero yo no olvido tus enseñanzas.
Me muero de enojo
porque ellos no las cumplen.
En cambio, yo las amo,
pues son puras como oro refinado.
140
141
142
Tú siempre actúas con justicia,
y tus enseñanzas son verdaderas.
143
Cuando estoy afligido y en problemas,
tus mandamientos son mi alegría.
144
Tus leyes son siempre justas;
¡dame entendimiento y vida!
145
145-146 Dios mío,146
147
Muy temprano me levanto
para pedirte que me ayudes,
pues confío en tu palabra.
148
Me paso la noche en vela
meditando en ella.
149
Dios mío,
tú eres todo amor, ¡escúchame!
Eres todo justicia, ¡dame vida!
150
Cada vez siento más cerca
a los que se han alejado
de tus enseñanzas
y procuran mi mal.
151
Pero a ti, Dios mío, te siento cerca,
y confío en tus mandamientos.
152
Desde hace mucho tiempo
conozco tu palabra;
tú la estableciste para siempre.
153
¡Mira mi sufrimiento, y sálvame!154
¡Ponte de mi parte, y rescátame!
¡Cumple tu promesa y dame ánimo!
155
155-158 Dios mío,
tú eres muy bueno;
eres todo justicia.
¡Dame vida!
Mis enemigos y perseguidores
se cuentan por millares;
¡a esos malvados no los salvarás
porque no siguen tus enseñanzas!
No los soporto,
porque no creen en tus promesas,
pero yo siempre obedezco tu palabra.
156
157
158
159
Dios mío,
mira cuánto amo tus mandamientos;
¡por tu gran amor, dame vida!
160
Todas tus palabras
se basan en la verdad;
todas ellas son justas
y permanecen para siempre.
161
Yo no les tengo miedo162
¡Ella me hace más feliz
que si encontrara un tesoro!
163
Aborrezco la mentira;
¡no la soporto!
Pero amo tus enseñanzas.
164
Ellas son tan justas
que no me canso de alabarte.
165
Los que aman tu palabra
disfrutan de mucha paz
y no sufren ningún tropiezo.
166
166-168 Dios mío,
espero que me salves,
pues amo tus mandamientos.
Tú bien sabes que los cumplo
de todo corazón.
167
168
169
169-170 Dios mío,170
171
Yo te cantaré alabanzas
porque me enseñas tu palabra.
172
Alabaré tus promesas,
pues todos tus mandamientos son justos.
173
Ven y tiéndeme la mano,
pues he decidido obedecerte.
174
Dios mío,
ansioso espero que me salves;
tus enseñanzas son mi alegría.
175
Dame vida y te alabaré;
¡que tu palabra me sostenga!
176
Ando como oveja perdida;
ven a buscarme, pues te pertenezco
y tengo presentes tus mandamientos.
1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. Dios mío,2
Dios mío,
sálvame de la gente mentirosa;
sálvame de la gente embustera.
3
¡Muy mal les va a ir a ustedes,4
¡Les disparará flechas
puntiagudas y encendidas,
como las que lanzan los guerreros!
5
¡Pobre de mí!6
¡Ya he vivido mucho tiempo
entre los que aborrecen la paz!
7
Yo soy un hombre tranquilo,
¡pero ellos hablan de guerra
mientras yo hablo de paz!
1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. Dirijo la mirada a las montañas;2
Mi ayuda viene de Dios,
creador del cielo y de la tierra.
3
Dios jamás permitirá4
¡Dios cuida de Israel,
y nunca duerme!
5
Dios te cuida y te protege;6
Durante el día,
el sol no te quemará;
durante la noche,
no te dañará la luna.
7
Dios te protegerá
y te pondrá a salvo
de todos los peligros.
8
Dios te cuidará
ahora y siempre
por dondequiera que vayas.
1
(1a) Cántico de David para las peregrinaciones. Me da gusto que me digan:2
Ciudad de Jerusalén,
¡aquí nos tienes!
¡Ya llegamos a tus portones!
3
Ciudad de Jerusalén,
¡construida como punto de reunión
de la comunidad de Israel!
4
¡Hasta ti llegan las tribus,
todas las tribus de Israel!
¡Hasta ti llega el pueblo
para adorar a Dios,
tal como él lo ordenó!
5
En ti se encuentran
los tribunales de justicia;
en ti se encuentra
el palacio de David.
6
Por ti le pedimos a Dios:
7
¡Que dentro de tus murallas
y dentro de tus palacios
haya paz y seguridad!»
8
A mis hermanos y amigos9
Y a ti, Jerusalén,
te deseo mucho bienestar
porque en ti se encuentra
el templo de nuestro Dios.
1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. 1-2 Dios, rey de los cielos,2
3
3-4 ¡Compadécete de nosotros!
¡Ya estamos cansados
de que esos ricos orgullosos
nos ofendan y nos desprecien!
1
(1a) Cántico de David para las peregrinaciones. Si Dios no nos hubiera ayudado,2
Si Dios no nos hubiera ayudado
cuando nos atacaba todo el mundo,
3
nos habrían matado a todos,
pues nuestros enemigos
estaban muy enojados con nosotros.
4
Habrían acabado con nosotros
como aguas desbordadas
que arrasan con todo a su paso,
5
como aguas turbulentas
que todo lo destruyen.
6
¡Alabemos a Dios,7
¡La trampa está hecha pedazos!
¡Hemos logrado escapar,
como los pájaros!
8
¡El creador de cielo y tierra
nos ayudó a escapar!
1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. Los que confían en Dios2
Las montañas protegen a Jerusalén,3
No siempre los malvados4
4-5 Dios mío,1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. Cuando Dios nos hizo volver2
De los labios nos brotaban
risas y cánticos alegres.
Hasta decían las demás naciones:
«Realmente es maravilloso
lo que Dios ha hecho por ellos».
3
¡Lo que Dios hizo por nosotros4
Dios,5
5-6 Las lágrimas que derramamos
cuando sembramos la semilla
se volverán cantos de alegría
cuando cosechemos el trigo.
1
(1a) Himno de Salomón para las peregrinaciones. Si Dios no construye la casa,2
De nada sirve que ustedes
se levanten muy temprano,
ni que se acuesten muy tarde,
ni que trabajen muy duro
para ganarse el pan;
cuando Dios quiere a alguien,
le da un sueño tranquilo.
3
Los hijos que tenemos4
Los hijos que nos nacen
cuando aún somos jóvenes,
hacen que nos sintamos seguros,
como guerreros bien armados.
5
Quien tiene muchos hijos,
bien puede decir
que Dios lo ha bendecido.
No tendrá de qué avergonzarse
cuando se defienda en público
delante de sus enemigos.
1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. ¡Dios bendice2
2-3 Si tú eres uno de ellos,3
4
¡Así es como Dios bendice5
¡Que Dios te bendiga6
¡Que Dios te deje ver crecer1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. Dejemos que nuestra gente2
«Hemos pasado muchas angustias3
El enemigo nos hirió la espalda;
¡nos hizo profundas heridas,
como quien abre surcos
con un arado!
4
Pero Dios es justo
y nos libró de los malvados».
5
¡Que sean derrotados6
¡Que se marchiten como la hierba
que crece en el techo de la casa!
7
Esa gente es como la hierba,
de la que no se ocupan
ni los que la cortan
ni los que la recogen.
8
Cuando pasan, nadie los saluda;
y si saludan, nadie les contesta.
1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. Dios mío, yo te llamo2
¡Escúchame, Dios mío!
¡Presta oído a mis gritos
que te piden compasión!
3
Si tomaras en cuenta4
Pero tú nos perdonas.
¡Por eso mereces nuestra adoración!
5
En Dios he puesto mi esperanza;6
Con ansias espero a Dios;
¡con más ansias lo espero
que los vigilantes a la mañana!
Los vigilantes esperan
que llegue la mañana,
7
y tú, Israel, esperas
la llegada de Dios
porque él nos ama
y nos da plena libertad.
8
¡Dios salvará a Israel
de todos sus pecados!
1
(1a) Cántico de David para las peregrinaciones. Dios mío,2
Más bien, me he calmado;
me he tranquilizado
como se tranquiliza un niño
cuando su madre le da el pecho.
¡Estoy tranquilo como un niño
después de haber tomado el pecho!
3
Israel,1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. 1-2 Dios poderoso de Israel2
3
3-5 «Dios poderoso de Israel,4
5
6
Cuando estábamos en Efrata7
Entonces dijimos:
«¡Vayamos al templo de Dios!
¡Arrodillémonos ante su presencia!»
8
Dios mío,9
Tus sacerdotes se vestirán
con propiedad,
y tu pueblo cantará con alegría.
10
10-11 Dios mío,11
12
Si ellos cumplen
con mi pacto y con mis leyes,
también serán reyes sus hijos
y reinarán en tu lugar para siempre».
13
Tú elegiste a Jerusalén14
«Aquí pondré mi templo.
Aquí reinaré siempre,
porque así lo he decidido.
15
Bendeciré ricamente
los alimentos de esta ciudad,
y con abundante pan
calmaré el hambre de sus pobres.
16
Vestiré a sus sacerdotes
con ropas de triunfo,
y el pueblo cantará con alegría.
17
Aquí haré que renazca
el poder de David,
el rey que yo elegí;
aquí reinarán para siempre
sus descendientes.
18
Sobre la cabeza de David
brillará siempre la corona;
sobre la cabeza de sus enemigos
brillará la vergüenza».
1
(1a) Cántico de David para las peregrinaciones. ¡No hay nada más bello2
Es tan agradable ver esto3
Es tan agradable
como la lluvia del norte
que cae en el monte Hermón
y corre a Jerusalén, en el sur.
1
(1a) Cántico para las peregrinaciones. ¡Alaben a Dios todos ustedes,2
¡Levanten las manos para orar!
¡Dirijan la mirada hacia el altar,
y alaben a Dios!
3
¡Que Dios,1
¡Alabemos a Dios!2
¡Alábenlo ustedes,
que siempre están en los patios
del templo de nuestro Dios!
3
¡Alabemos a Dios
porque él es bueno!
¡Cantémosle himnos,
porque él es bondadoso!
4
¡Nuestro Dios eligió a Israel
para que siempre fuera su pueblo!
5
Yo sé que nuestro Dios,6
Dios hace lo que quiere
en el cielo y en la tierra,
en el mar y en sus profundidades.
7
Dios nos trae las nubes
desde lo más lejano de la tierra.
Dios nos manda los relámpagos
que anuncian la lluvia.
Dios saca el viento
del lugar donde lo tiene guardado.
8
8-9 En Egipto hirió de muerte9
10
hirió de muerte a muchos pueblos,
y acabó con reyes poderosos:
11
acabó con Sihón, el rey amorreo;
acabó con Og, el rey de Basán;
¡acabó con todos los reyes cananeos!
12
A su pueblo Israel le entregó
las tierras de esos reyes
para que fueran suyas para siempre.
13
Dios mío,14
Tú defiendes a tu pueblo
y le tienes compasión.
15
Los dioses de otros pueblos
son hechura humana;
¡son ídolos de oro y plata!
16
De nada les sirve tener boca,
porque no pueden hablar;
tienen ojos, pero no pueden ver;
17
tienen orejas, pero no pueden oír;
¡ni siquiera pueden respirar!
18
¡Pues iguales a esos ídolos
son quienes los hacen
y quienes creen en ellos!
19
Israelitas, ¡bendigan a Dios!20
Levitas, ¡bendigan a Dios!
Ustedes, los que lo obedecen,
¡bendigan al Dios de Israel!
21
¡Alabemos a nuestro Dios,
el Dios que vive en Jerusalén!
¡Alabémoslo!
1
¡Alabemos a Dios, porque él es bueno!2
Alabemos al Dios de dioses.
¡Dios nunca deja de amarnos!
3
Alabemos al Señor de señores.
¡Dios nunca deja de amarnos!
4
Sólo Dios hace grandes maravillas.
¡Dios nunca deja de amarnos!
5
Dios hizo los cielos con sabiduría.
¡Dios nunca deja de amarnos!
6
Extendió la tierra sobre el agua.
¡Dios nunca deja de amarnos!
7
Hizo los astros luminosos.
¡Dios nunca deja de amarnos!
8
Hizo el sol, para alumbrar el día.
¡Dios nunca deja de amarnos!
9
Hizo la luna y las estrellas,
para alumbrar la noche.
¡Dios nunca deja de amarnos!
10
En Egipto hirió de muerte
al hijo mayor de cada familia.
¡Dios nunca deja de amarnos!
11
Sacó de Egipto a Israel.
¡Dios nunca deja de amarnos!
12
Allí mostró su gran poder.
¡Dios nunca deja de amarnos!
13
Partió en dos el Mar de los Juncos.
¡Dios nunca deja de amarnos!
14
Hizo que Israel cruzara el mar.
¡Dios nunca deja de amarnos!
15
Hundió en el mar
al faraón y a su ejército.
¡Dios nunca deja de amarnos!
16
Guió a Israel por el desierto.
¡Dios nunca deja de amarnos!
17
Derrotó a reyes poderosos.
¡Dios nunca deja de amarnos!
18
Quitó la vida a reyes famosos.
¡Dios nunca deja de amarnos!
19
Hirió a Sihón, el rey amorreo.
¡Dios nunca deja de amarnos!
20
Hirió a Og, el rey de Basán.
¡Dios nunca deja de amarnos!
21
Entregó a su pueblo,
las tierras de esos reyes.
¡Dios nunca deja de amarnos!
22
Ésa fue la herencia de Israel.
¡Dios nunca deja de amarnos!
23
Dios no se olvidó de nosotros
cuando nos vio derrotados.
¡Dios nunca deja de amarnos!
24
Nos libró de nuestros enemigos.
¡Dios nunca deja de amarnos!
25
Alimenta a toda su creación.
¡Dios nunca deja de amarnos!
26
¡Alabemos al Dios del cielo!
¡Dios nunca deja de amarnos!
1
Cuando estábamos en Babilonia,2
En las ramas de los árboles
que crecen junto a esos ríos
colgamos nuestras arpas.
3
Los mismos soldados
que nos sacaron de Israel
y nos hacían trabajar,
nos pedían estar alegres;
¡querían oírnos cantar!
¡Querían que les cantáramos
canciones de nuestra tierra!
4
¡Jamás cantaríamos5
5-6 ¡Jerusalén, Jerusalén!6
7
El día que Jerusalén cayó,8
Un día, ciudad de Babilonia,9
¡Dios habrá de bendecir
a los que agarren a tus hijos
y los estrellen contra los muros!
1
(1a) Himno de David. Dios mío,2
Quiero ponerme de rodillas
y orar mirando hacia tu templo;
quiero alabarte
por tu constante amor.
Por sobre todas las cosas,
has mostrado tu grandeza,
has hecho honor a tu palabra.
3
Te llamé y me respondiste;
me diste nuevas fuerzas.
4
4-5 Dios mío,5
6
Dios mío,7
Cuando me encuentro en problemas,
tú me das nuevas fuerzas.
Muestras tu gran poder
y me salvas de mis enemigos.
8
Dios mío,
tú cumplirás en mí
todo lo que has pensado hacer.
Tu amor por mí no cambia,
pues tú mismo me hiciste.
¡No me abandones!
1
(1a) Himno de David. Dios mío,2
Sabes cuándo me siento
y cuándo me levanto;
¡aunque esté lejos de ti,
me lees los pensamientos!
3
Sabes lo que hago
y lo que no hago;
¡no hay nada que no sepas!
4
Todavía no he dicho nada,
y tú ya sabes qué diré.
5
Me tienes rodeado por completo;
¡estoy bajo tu control!
6
¡Yo no alcanzo a comprender
tu admirable conocimiento!
¡Queda fuera de mi alcance!
7
¡Jamás podría yo
alejarme de tu espíritu,
o pretender huir de ti!
8
Si pudiera yo subir al cielo,
allí te encontraría;
si bajara a lo profundo de la tierra,
también allí te encontraría.
9
9-10 Si volara yo hacia el este,
tu mano derecha me guiaría;
si me quedara a vivir en el oeste,
también allí me darías tu ayuda.
10
11
Si yo quisiera
que fuera ya de noche
para esconderme en la oscuridad,
¡de nada serviría!
12
¡Para ti no hay diferencia
entre la oscuridad y la luz!
¡Para ti, hasta la noche
brilla como la luz del sol!
13
Dios mío,14
Soy una creación maravillosa,
y por eso te doy gracias.
Todo lo que haces es maravilloso,
¡de eso estoy bien seguro!
15
15-16 Tú viste cuando mi cuerpo
fue cobrando forma
en las profundidades de la tierra;
¡aún no había vivido un solo día,
cuando tú ya habías decidido
cuánto tiempo viviría!
¡Lo habías anotado en tu libro!
16
17
17-18 Dios mío,
¡qué difícil me resulta
entender tus pensamientos!
¡Pero más difícil todavía
me sería tratar de contarlos!
¡Serían más que la arena del mar!
¡Y aun si pudiera contarlos,
me dormiría, y al despertar,
todavía estarías conmigo!
18
19
Dios mío,20
Sin motivo alguno,
esa gente habla mal de ti
y se pone en contra tuya.
21
Dios mío,22
¡Los odio profundamente!
¡Tus enemigos son mis enemigos!
23
Dios mío,24
Dime si mi conducta no te agrada,
y enséñame a vivir
como quieres que yo viva.
1
(1) Himno de David. Dios mío,2
que sólo piensa hacer lo malo
y todo el tiempo busca pleito!
3
Más que gente, parecen víboras;
hablan, y sus palabras
son venenosas e hirientes.
4
Dios mío,5
Son gente muy orgullosa.
A mi paso pusieron trampas
para hacerme caer en ellas.
6
Pero yo te reconozco7
Tú eres mi Dios;
eres mi poderoso Salvador;
tú me salvas la vida
en el día de la batalla.
8
Dios mío,9
¡Haz caer sobre mis enemigos
todo el mal que me desean!
10
¡Que caigan sobre ellos
carbones encendidos!
¡Que caigan en pozos profundos
y nunca más salgan de allí!
11
¡Que la gente mentirosa
no vuelva a vivir en la tierra!
¡Que acabe la calamidad
con toda la gente violenta!
12
Dios mío,13
Por eso la gente honrada
te alaba y vive contigo.
1
(1a) Himno de David. Dios mío, te estoy llamando:2
¡Recibe mi oración
como una ofrenda de incienso!
¡A ti elevo mis manos
como una ofrenda en la tarde!
3
Dios mío,4
¡No me dejes tener
malos pensamientos,
ni cometer maldad alguna!
¡No me dejes tomar parte
en fiestas de gente malvada!
5
Considero una muestra de amor6
Cuando los gobernantes malvados
acaben en la ruina,
se acordarán de mis palabras
y sabrán que les hablé con dulzura.
7
Entonces la gente dirá:
«Sus huesos han quedado
esparcidos por el suelo».
8
Por mi parte, Dios mío,9
¡Líbrame de las trampas
que esos malvados me tienden!
10
¡Haz que sean ellos mismos
los que caigan en sus redes!
Pero a mí, ¡ponme a salvo!
1
(1) David compuso este himno cuando huía de Saúl y se escondió en una cueva. Mi Dios,2
2-3 Cuando me siento deprimido,
a ti te hago saber lo que me angustia.
3
4
Mira bien a mi derecha:
¡nadie me presta atención!
¡No hay nadie que me proteja!
¡A nadie le importo!
5
Dios mío,6
¡Atiende mis ruegos,
pues me encuentro muy débil!
¡Líbrame de mis enemigos,
pues son más fuertes que yo!
7
¡Sácame de esta angustia,
para que pueda alabarte!
Al ver que me tratas bien,
los justos harán fiesta.
1
(1a) Himno de David. Dios mío,2
No me llames a cuentas,
que ante ti, nadie en el mundo
puede considerarse inocente.
3
Mis enemigos quieren matarme;4
Ya no siento latir mi corazón;
¡ya he perdido el ánimo!
5
Me vienen a la mente
los tiempos pasados
y me pongo a pensar
en todas tus acciones;
¡tengo muy presente
todo lo que has hecho!
6
¡Hacia ti extiendo mis manos,
pues me haces falta,
como el agua a la tierra seca!
7
Dios mío,8
En ti confío;
¡a ti dirijo mi oración!
Cada nuevo día
hazme saber que me amas;
¡dime qué debo hacer!
9
Dios mío,10
Tú eres mi Dios.
¡Enséñame a hacer
lo que quieres que yo haga!
¡Permite que tu buen espíritu
me lleve a hacer el bien!
11
11-12 Dios mío,1
(1a) Himno de David. ¡Bendito seas,2
¡Tú me amas y me cuidas!
Eres mi escondite más alto,
el escudo que me protege,
¡el Dios que me permite reinar
sobre mi propio pueblo!
3
Dios mío,4
Somos como las ilusiones;
¡desaparecemos como las sombras!
5
Dios mío,6
Lanza tus relámpagos,
y pon al enemigo en retirada.
7
¡Tiéndeme la mano desde lo alto
y sálvame de las muchas aguas!
¡No me dejes caer en manos
de gente malvada de otros pueblos!
8
Esa gente abre la boca
y dice mentiras;
levanta la mano derecha
y hace juramentos falsos.
9
Dios mío,10
A los reyes les das la victoria,
y al rey David lo libras
de morir a filo de espada.
11
¡Sálvame también!
¡Líbrame de caer en manos
de gente malvada de otros pueblos!
Esa gente abre la boca
y dice mentiras;
levanta la mano derecha
y hace juramentos falsos.
12
Permite que nuestros hijos13
Haz que en nuestros graneros
haya abundancia de alimentos.
Haz que nuestros rebaños
aumenten en nuestros campos
hasta que sea imposible contarlos.
14
Permite que nuestros bueyes
lleven carretas bien cargadas.
No dejes que nuestras murallas
vuelvan a ser derribadas,
ni que volvamos a ser llevados
fuera de nuestro país,
ni que en nuestras calles
vuelvan a oírse gritos de angustia.
15
¡Tú bendices al pueblo1
(1a) David compuso este himno de alabanza. 1-2 Mi Dios y rey,2
3
¡Grande eres, nuestro Dios,
y mereces nuestras alabanzas!
¡Tanta es tu grandeza
que no podemos comprenderla!
4
4-6 Nosotros hablaremos5
6
7
Hablaremos de tu inmensa bondad,
y entre gritos de alegría
diremos que eres un Dios justo.
8
8-9 Dios mío,9
10
¡Que te alabe tu creación!11
11-12 ¡Que hablen de tu glorioso reino
y reconozcan tu belleza y tu poder!
¡Que anuncien tus grandes hechos
para que todo el mundo los conozca!
12
13
Tu reino siempre permanecerá,
pues siempre cumples tus promesas
y todo lo haces con amor.
14
Dios mío,
tú levantas a los caídos
y das fuerza a los cansados.
15
Los ojos de todos están fijos en ti;
esperando que los alimentes.
16
De buena gana abres la mano,
y das de comer en abundancia
a todos los seres vivos.
17
Dios mío,18
Siempre estás cerca
de los que te llaman con sinceridad.
19
Tú atiendes los ruegos
de los que te honran;
les das lo que necesitan
y los pones a salvo.
20
Siempre estás pendiente
de todos los que te aman,
pero destruyes a los malvados.
21
¡Mis labios siempre te alabarán!1
1-2 ¡Alabemos a Dios! Yo quiero alabarlo,2
3
No confíen en nadie,4
Cuando ese hombre muere,
se vuelve polvo;
y ese día mueren con él
todos los planes que hizo.
5
¡El Dios de Israel6
6-7 Dios hizo el cielo y la tierra,
el mar y todo lo que hay en él.
Dios siempre cumple sus promesas:
hace justicia a los que son maltratados
por los poderosos,
da de comer a los hambrientos,
y pone en libertad a los presos.
7
8
Dios da vista a los ciegos,
levanta a los caídos
y ama a los justos.
9
Dios cuida de la gente sin patria,
y sostiene a huérfanos y a viudas.
Dios hace que fracasen
los planes de los malvados.
10
Ciudad de Jerusalén,1
¡Alabemos a nuestro Dios! Muy agradable en verdad2
Dios ha reconstruido
la ciudad de Jerusalén.
Dios hizo volver a los israelitas
que los babilonios se llevaron prisioneros.
3
Dios sanó las heridas
de los que habían perdido
toda esperanza.
4
Dios es quien decide5
Grande es nuestro Dios,
y grande es su poder;
¡su entendimiento no tiene fin!
6
Dios levanta a los humildes,
pero humilla a los malvados.
7
Cantemos al son del arpa8
Dios cubre de nubes el cielo.
Dios hace llover sobre la tierra.
Dios hace que la hierba
crezca sobre los cerros.
9
Dios alimenta a los animales salvajes
y a los polluelos de los cuervos,
cuando le piden de comer.
10
Para Dios, lo que cuenta
no es la fuerza del caballo,
ni la fuerza del hombre;
11
para él, lo que cuenta
es que la gente lo obedezca
y confíe en su amor.
12
Jerusalén,13
Dios es quien refuerza
los cerrojos de tus portones.
Dios es quien bendice
a todos tus habitantes.
14
Dios te hace vivir en paz
y te da comida en abundancia.
15
Dios da órdenes a la tierra,
y sus órdenes se cumplen enseguida.
16
Dios deja caer sobre la tierra
la nieve y la llovizna.
17
Dios deja caer granizo
como si fueran pedazos de piedra.
¡El frío que envía nadie lo resiste!
18
Pero Dios da una orden
y el hielo se derrite;
¡hace que el viento sople,
y el agua vuelve a correr!
19
Dios dio a conocer a Israel20
A ninguna otra nación
le dio a conocer su palabra.
¡Alabemos a nuestro Dios!
1
1-4 ¡Alabemos a nuestro Dios! ¡Que lo alabe el alto cielo!2
3
4
5
Alabemos a nuestro Dios,6
Dios lo dejó todo
firme para siempre;
estableció un orden
que no puede ser cambiado.
7
¡Que lo alabe la tierra!8
¡Que lo alaben el rayo y el granizo!
¡Que lo alaben la nieve y la neblina!
¡Que lo alabe el viento tempestuoso
que obedece sus órdenes!
9
¡Que lo alaben cerros y colinas,
cedros y árboles frutales!
10
¡Que lo alaben aves y reptiles,
animales domésticos y salvajes!
11
¡Que lo alaben los reyes de este mundo!12
¡Que lo alaben niños y ancianos,
muchachos y muchachas!
13
¡Alabemos a Dios,14
¡Dios da fuerza a su pueblo!1
¡Alabemos a nuestro Dios!2
Nosotros, los israelitas3
3-4 pues él se agrada de su pueblo
y da la victoria a los humildes.
4
5
Pueblo fiel de Dios,6
Lanza a voz en cuello
alabanzas a tu Dios,
y toma entre tus manos
una espada de dos filos,
7
para que tomes venganza
de pueblos y naciones;
8
para que pongas cadenas de hierro
sobre reyes y gobernantes;
9
para que se cumpla la sentencia
que Dios dictó contra ellos.
1
¡Alabemos a nuestro Dios!2
¡Alabemos sus grandes acciones!
¡Alabemos su incomparable grandeza!
3
¡Alabémoslo con sonido de trompeta!
¡Alabémoslo con arpas y liras!
4
¡Alabémoslo con panderos y danzas!
¡Alabémoslo con cuerdas y flautas!
5
¡Alabémoslo con sonoros platillos!
¡Alabémoslo con platillos vibrantes!
6
¡Que alaben a Dios