1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto. Y lo declaró, enviando su ángel a su siervo Juan.
2 El testifica de todo lo que vio; a saber, de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo.
3 ¡Dichoso el que lee las palabras de esta profecía, y dichosos los que la oyen, y guardan lo que está escrito en ella, porque el tiempo está cerca!
4 Juan a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, de parte del que es, del que era y que ha de venir; de parte de los siete Espíritus que están ante su trono;
5 y de parte de Jesucristo, el Testigo Fiel, primogénito de los muertos y de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y con su sangre nos libró de nuestros pecados,
6 y nos constituyó en un reino de sacerdotes para servir a Dios, su Padre. A él sea gloria e imperio para siempre jamás. Amén.
7 Mirad que viene con las nubes; y todo ojo lo verá, aun los que lo traspasaron. Y todos los linajes de la tierra se lamentarán por él. ¡Así sea! ¡Amén!
8 "Yo Soy el Alfa y la Omega -dice el Señor Dios-, el que es, el que era y que ha de venir, el Todopoderoso".
9 Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesús, estaba en la isla de Patmos, por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
10 En un día del Señor caí en éxtasis, y oí detrás de mí una fuerte voz como de trompeta,
11 que dijo: "[Yo Soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo.] Escribe en un libro lo que veas, y envíalo a las siete iglesias: A Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea".
12 Me volví para ver quién hablaba conmigo. Y al volverme, vi siete candelabros de oro,
13 y entre los siete candelabros vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies. Tenía el pecho ceñido con una cinta de oro.
14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve. Sus ojos eran como llama de fuego.
15 Sus pies eran semejantes al bronce bruñido, acrisolado en un horno. Y su voz era como estruendo de muchas aguas.
16 Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Su rostro era como el sol cuando resplandece en toda su fuerza. ¡No temas! ¡Yo Soy!
17 Cuando lo vi, caí como muerto a sus pies. Pero él puso su mano derecha sobre mí, y me dijo: "¡No temas! Yo Soy el Primero y el Ultimo.
18 "Y Soy el que vivo. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del sepulcro.
19 "Escribe lo que has visto, lo que ahora es, y lo que ha de suceder después.
20 "El misterio de las siete estrellas que viste en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro es éste: Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros son las siete iglesias".
1 Escribe al ángel de la iglesia de Efeso. "El que tiene las siete estrellas en su mano derecha, y anda entre los siete candelabros de oro, dice:
2 "Conozco tus obras, tu trabajo, tu paciencia, y que no puedes tolerar a los malos. Probaste a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y los hallaste mentirosos.
3 "Has perseverado Y soportado pruebas por mi Nombre, y no has desfallecido.
4 "Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor.
5 "Por tanto, recuerda de dónde has caído. ¡Arrepiéntete!, y vuelve a las primeras obras. Si no te arrepientes, vendré a ti, y quitaré tu candelabro de su lugar.
6 "Pero tienes esto a tu favor, que aborreces las prácticas de los nicolaítas, que yo también aborrezco.
7 "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza, le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios".
8 Escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: "El Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y revivió, dice:
9 "Conozco tu tribulación y tu pobreza. ¡Sin embargo, eres rico! Conozco la blasfemia de los que dicen ser judíos, y son sólo una sinagoga de Satanás.
10 "No tengas ningún temor de lo que vas a padecer. El diablo ha de enviar a algunos de vosotros a la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
11 "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venza, no recibirá daño de la segunda muerte".
12 Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: "El que tiene la espada aguda de dos filos, dice:
13 "Conozco que habitas donde está la silla de Satanás. Con todo, permaneces fiel a mi Nombre. No has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas, mi testigo fiel, fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.
14 "Pero tengo unas pocas cosas contra ti: Que tienes a algunos que sostienen la doctrina de Balaam, que enseñó a Balac a incitar a los israelitas a comer cosas sacrificadas a los ídolos y a cometer fornicación.
15 "También tienes a los que sostienen la doctrina de los nicolaítas.
16 "Por tanto, ¡arrepiéntete! Si no, vendré pronto a ti, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
17 "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza, le daré del maná escondido. Le daré una piedrecita blanca, Y en ella escrito un nombre nuevo, que ninguno conoce sino el que lo recibe".
18 Escribe al ángel de la iglesia de Tiatira: "El Hijo de Dios, que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice:
19 "Conozco tus obras: tu amor, tu fidelidad, tu servicio, y tu paciencia, y tus obras últimas, más numerosas que las primeras.
20 "Pero tengo contra ti que toleras a esa mujer Jezabel, que dice ser profetisa, y seduce a mis siervos y les enseña a fornicar y a comer cosas ofrecidas a los ídolos.
21 "Le di tiempo para que se arrepienta de la fornicación, y no quiere arrepentirse.
22 "Así, a ella la arrojaré en el lecho del dolor. Y a los que adulteran con ella, los arrojaré en gran tribulación, si no se arrepienten de sus obras.
23 "Y a sus hijos heriré de muerte. Así todas las iglesias sabrán que Yo Soy el que sondeo la mente y el corazón. Y daré a cada uno según sus obras.
24 "Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a todo el que no tiene esa doctrina, y no ha conocido lo que ellos llaman los profundos secretos de Satanás, os digo: No os impondré otra carga.
25 "Pero la que tenéis, retenedla hasta que yo venga.
26 "Al que venza. y guarde mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones.
27 "Las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de arcilla, así como yo recibí autoridad de mi Padre.
28 "Y le daré también la Estrella de la mañana.
29 "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
1 Escribe al ángel de la iglesia de Sardis: "El que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas, dice: Conozco tus obras, que tienes nombre que vives, pero estás muerto.
2 "Sé vigilante, y reanima lo que queda y está por morir; porque no hallé tus obras perfectas ante Dios.
3 "Acuérdate de lo que has recibido y oído. Guárdalo, y arrepiéntete. Si no velas, vendré como ladrón, Y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.
4 "Con todo, tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado su ropa, y andarán conmigo vestidas de blanco, porque son dignas.
5 "El que venza, será vestido de ropa blanca. No borraré su nombre del Libro de la Vida, y confesaré su nombre ante mi padre y ante sus ángeles.
6 "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias".
7 Escribe al ángel de la iglesia de Filadelfia: "Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:
8 "Conozco tus obras. He abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi Palabra, y no has negado mi Nombre.
9 "Yo te entrego de la sinagoga de Satanás, a los que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten. Los obligaré a que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te he amado.
10 "Por cuanto has guardado mi Palabra de perseverar con paciencia, yo también te guardaré de la hora de prueba que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que habitan en la tierra.
11 "Yo vengo pronto. Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12 "Al que venza, lo haré columna en el Santuario de mi Dios, y nunca más saldrá fuera. Escribiré sobre él el Nombre de mi Dios- el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo enviada por mi Dios-, y mi nuevo Nombre.
13 "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias".
14 Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea: "Así dice el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero, el origen de la creación de Dios:
15 "Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
16 "Porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca.
17 "Tú dices: 'Yo soy rico, estoy enriquecido, y nada necesito'. Y no conoces que eres un cuitado y miserable, pobre, ciego y desnudo.
18 "Por lo tanto, te aconsejo que compres de mí: oro afinado en fuego, para que seas rico; vestidos blancos, para cubrir la vergüenza de tu desnudez; y colirio para ungir tus ojos y puedas ver.
19 "Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
20 "Yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa, y cenaré con él, y él conmigo.
21 "Al que venza, le daré que se siente conmigo en mi trono; así como he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.
22 "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias".
1 Después de esto vi una puerta abierta en el cielo. Y la primera voz que yo había oído, que hablaba como trompeta, me dijo: "Sube acá, y te mostraré lo que ha de suceder después".
2 Al instante fui en espíritu, y vi un trono en el cielo, y uno sentado sobre él.
3 El que estaba sentado tenía la apariencia del jaspe y la cornalina. Un arco iris, semejante a la esmeralda, rodeaba el trono.
4 Alrededor del trono había otros veinticuatro tronos. Y sentados sobre ellos veinticuatro ancianos vestidos de blanco, con coronas de oro sobre sus cabezas.
5 Del trono salían relámpagos, truenos y voces. Ante el trono ardían siete lámparas de fuego, que son los siete Espíritus de Dios.
6 Ante el trono había como un mar de vidrio semejante al cristal. Alrededor del trono había cuatro seres vivientes llenos de ojos, por delante y por detrás.
7 El primer ser viviente era semejante a un león, el segundo, semejante a un becerro, el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto, semejante a un águila en vuelo.
8 Cada uno de los cuatro seres vivientes tenía seis alas. Alrededor y por dentro estaban llenos de ojos. Y día y noche decían sin cesar: "¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, que era, que es, y que ha de venir!".
9 Y cada vez que los seres vivientes daban gloria, honra y alabanza al que estaba sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,
10 los veinticuatro ancianos se postraban ante el que estaba sentado en el trono, adoraban al que vive para siempre jamás, echaban sus coronas ante el trono, y decían:
11 "Señor y Dios, digno eres de recibir gloria, honra y poder; porque tú creaste todas las cosas, por tu voluntad existen y fueron creadas".
1 A la derecha del que estaba sentado sobre el trono vi un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.
2 Vi también a un ángel poderoso que clamaba en alta voz: "¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?"
3 Y ninguno, ni en el cielo, ni en la tierra, ni más allá de la tierra, podía abrir el libro, ni mirarlo.
4 Y yo lloraba mucho, porque no se había hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de mirarlo.
5 Y uno de los ancianos me dijo: "No llores. El León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos".
6 Entonces, en medio del trono, de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos, vi de pie a un Cordero como si hubiera sido inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra.
7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
8 Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero. Cada uno tenía un arpa y una copa de oro llena de incienso, que son las oraciones de los santos.
9 Y cantaban un nuevo canto, diciendo: "Digno eres de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste muerto, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza y lengua, pueblo y nación;
10 "y de ellos hiciste un reino y sacerdotes para servir a nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra".
11 Y miré,y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. Su número era miles de millares, y diez mil veces diez mil.
12 Y decían a gran voz: "El Cordero que fue muerto es digno de recibir poder y riquezas, sabiduría y fortaleza, honra, gloria y alabanza".
13 Y a todos los que estaban en el cielo, en la tierra, en el mar y debajo de la tierra, y a todas las cosas que hay en ellos, les oí cantar: "Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos".
14 Y los cuatro seres vivientes dijeron: "¡Amén!" Y los veinticuatro ancianos se postraron y adoraron.
1 Cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos miré, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir con voz de trueno: "¡Ven!"
2 Miré, y vi un caballo blanco. Su jinete tenía un arco. Le fue dada una corona, y salió vencedor, para seguir venciendo.
3 Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que dijo: "¡Ven!"
4 Entonces salió un caballo rojo brillante. Y a su jinete se le dio el poder de quitar la paz de la tierra, para que se matasen unos a otros. Y se le dio una gran espada.
5 Cuando el Cordero abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que dijo: "¡Ven!" Miré, y vi un caballo negro. Y su jinete tenía una balanza en su mano.
6 Y oí como una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: "Un litro de trigo por un denario, y tres litros de cebada por un denario. Pero no dañéis el vino ni el aceite".
7 Cuando el Cordero abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que dijo: "¡Ven!"
8 Miré, y vi un caballo amarillo. Su jinete se llamaba Muerte, y el sepulcro lo seguía. Y le fue dado poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, peste y con las bestias de la tierra.
9 Cuando él abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por la Palabra de Dios y por el testimonio que habían dado.
10 Y clamaban a gran voz: "¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?"
11 Entonces le dieron a cada uno un vestido blanco, y se les dijo que descansaran un poco más de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.
12 Miré cuando él abrió el sexto sello. Se produjo un gran terremoto, el sol se ennegreció como un saco de cilicio, la luna se volvió toda como sangre,
13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.
14 El cielo se retiró como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla fueron removidos de su lugar.
15 Entonces los reyes de la tierra, los grandes y los ricos, los capitanes y los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes.
16 Y decían a los montes y a las peñas: "Caed sobre nosotros, y escondednos de la vista de Aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero.
17 "Porque ha llegado el gran día de su ira, ¿y quién podrá quedar en pie?"
1 Después de esto vi a cuatro ángeles de pie en los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.
2 Entonces vi a otro ángel que subía del este, y tenía el sello del Dios vivo. Clamó a gran voz a los cuatro ángeles, que habían recibido poder de dañar la tierra y el mar,
3 y les dijo: "No dañéis la tierra, ni el mar, ni los árboles, hasta que sellemos en sus frentes a los siervos de nuestro Dios".
4 Y oí el número de los sellados: 144.000 sellados de todas las tribus de Israel.
5 De la tribu de Judá 12.000 sellados, de la tribu de Rubén 12.000, 12.000 de la tribu de Gad,
6 de la tribu de Aser 12,000, de la tribu de Neftalí 12,000, 12,000 de la tribu de Manasés,
7 de la tribu de Simeón 12,000, de la tribu de Leví 12,000, de la tribu de Isacar 12,000,
8 de la tribu de Zabulón 12,000, de la tribu de José 12,000, de la tribu de Benjamín 12,000 sellados
9 Después vi una gran multitud que ninguno podía contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua. Estaban ante el trono y en presencia del Cordero, vestidos de ropa blanca y con palmas en sus manos.
10 Y aclamaban a gran voz: "La salvación se debe a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero".
11 Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, se postraron sobre su rostro ante el trono y adoraron a Dios.
12 Dijeron: "¡Amén! Alabanza y gloria, sabiduría y acción de gracias, honra, poder y fortaleza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!"
13 Entonces uno de los ancianos me preguntó: "Estos que están vestidos de ropa blanca, ¿quiénes son, y de dónde han venido?"
14 Yo respondí: "Señor, tú lo sabes". Y él me dijo: "Estos son los que han venido de la gran tribulación. Han lavado su ropa, y la han emblanquecido en la sangre del Cordero.
15 "Por eso están ante el trono de Dios, y le sirven día y noche en su Santuario. Y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos.
16 "Nunca más tendrán hambre ni sed. El sol no los molestará más, ni ningún otro calor.
17 "Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de agua viva. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos".
1 Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, hubo un silencio en el cielo de casi media hora.
2 Y vi a los siete ángeles que estaban ante Dios, y les dieron siete trompetas.
3 Otro ángel con un incensario de oro, vino y se paró junto al altar. Y le dieron mucho incienso para que lo ofreciera con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que está ante el trono.
4 Y el humo del incienso, junto con las oraciones de los santos, subió de la mano del ángel a la presencia de Dios.
5 El ángel tomó el incensario, lo llenó con fuego del altar, y lo arrojó a la tierra. Y hubo truenos y voces, relámpagos, y un terremoto.
6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se dispusieron a tocarlas.
7 El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, y fueron lanzados a la tierra. Y se quemó la tercera parte de la tierra, la tercera parte de los árboles, y toda la hierba verde.
8 El segundo ángel tocó la trompeta, y algo así como un gran monte ardiendo fue lanzado al mar. Y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.
9 Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.
10 El tercer ángel tocó la trompeta. Y una gran estrella, ardiendo como una antorcha cayó del cielo, sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de agua.
11 El nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo. Y mucha gente murió por el agua que se había vuelto amarga.
12 El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas. De modo que la tercera parte de ellos se oscureció, y quedaron sin luz durante la tercera parte del día y de la noche.
13 Entonces vi, y oí a un águila volar por el cielo, que decía a gran voz: " ¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra, a causa del toque de trompeta que los otros tres ángeles han de tocar!".
1 El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra, y se le dio la llave del pozo del abismo.
2 Y cuando abrió el pozo del abismo, subió una humareda como el humo de un gran horno, que oscureció el sol y el aire.
3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra, y se les dio poder como el que tienen los escorpiones de la tierra.
4 Y se les dijo que no dañaran la hierba de la tierra, ni cosa verde alguna, ni ningún árbol; sino sólo a los hombres que no tuvieran el sello de Dios en sus frentes.
5 Y se les dio poder, no para matarlos, sino para atormentarles durante cinco meses. Y su tormento era como la picadura de un escorpión cuando hiere a un hombre.
6 En aquellos días los hombres buscarán la muerte, y no la hallarán; desearán morir, y la muerte huirá de ellos.
7 Las langostas eran semejantes a caballos preparados para la guerra. Sobre sus cabezas tenían como coronas de oro, y sus caras eran como caras de hombres.
8 Tenían cabello como cabello de mujer, y dientes como dientes de león.
9 Tenían corazas como corazas de hierro. El ruido de sus alas era como el estruendo de carros con muchos caballos que corren a la batalla.
10 Tenían colas y aguijones semejantes a los escorpiones, y en sus colas tenían el poder de dañar a los hombres durante cinco meses.
11 Y tienen por rey sobre sí al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego Apolión (destructor).
12 El primer ay ya pasó. Vienen aún dos ayes más.
13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz que salía de los cuatro cuernos del altar de oro que está ante Dios.
14 Y dijo al sexto ángel que tenía la trompeta: "Suelta a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates".
15 Y fueron sueltos los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, el día, el mes y el año, para matar a la tercera parte de los hombres.
16 El número de los soldados de a caballo era doscientos millones. Oí su número.
17 Los caballos y jinetes que vi en visión tenían corazas del color del fuego, de jacinto y azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de león, y de su boca salía fuego, humo y azufre.
18 De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres, por el fuego, el humo y el azufre que salían de la boca de ellos.
19 El poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas, porque sus colas eran como serpientes, tenían cabezas y con ellas dañaban.
20 Los otros hombres que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron de la obra de sus manos, para dejar de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera; que no pueden ver, ni oír, ni andar.
21 Tampoco se arrepintieron de sus homicidios, hechicerías, fornicación y hurtos.
1 Entonces vi descender del cielo a otro ángel poderoso, envuelto en una nube, y el arco iris sobre su cabeza. Su rostro era como el sol, sus piernas como columnas de fuego.
2 Tenía en su mano un librito abierto. Puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra,
3 y clamó a gran voz, como ruge un león. Y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.
4 Cuando los siete truenos hablaron, yo iba a escribir, pero una voz del cielo me dijo: "Sella lo que dijeron los siete truenos, y no lo escribas".
5 Entonces, el ángel que vi de pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y cuanto hay en él, la tierra y cuanto hay en ella, y el mar y cuanto hay en él, que ya no habrá más tiempo,
7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él esté por tocar la trompeta, el misterio de Dios se cumplirá, como él lo anunció a sus siervos los profetas.
8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: "Ve, toma el librito abierto de mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra".
9 Fui al ángel, y le pedí que me diese el librito. Y él me dijo: "Toma, cómelo. Será dulce como la miel en tu boca, pero amargará tu estómago".
10 Entonces tomé el librito de mano del ángel, y lo comí. Y en mi boca fue dulce como la miel, pero después que lo comí, fue amargo en mi estómago.
11 Y él me dijo: "Es necesario que otra vez profetices a muchos pueblos y naciones, lenguas y reyes".
1 Me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: "Levántate, mide el Santuario de Dios, el altar y a los que adoran en él.
2 "Pero deja sin medir el patio exterior del Santuario, porque es dado a los gentiles, que pisotearán la ciudad santa durante 42 meses.
3 "Y daré poder a mis dos testigos, que profetizarán vestidos de saco durante 1.260 días".
4 Estos son los dos olivos, y los dos candeleros que están ante el Dios de la tierra.
5 Si alguno trata de dañarlos, fuego sale de la boca de ellos, y devora a sus enemigos. Así morirá el que quiera dañarlos.
6 Estos tienen poder de cerrar el cielo, para que no llueva en los días en que profeticen. Y tienen poder de convertir el agua en sangre, y de herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.
7 Y cuando haya acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo los combatirá, los vencerá, y los matará.
8 Sus cadáveres quedarán en la plaza de la gran ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado.
9 Durante tres días y medio, la gente de los pueblos y tribus, lenguas y naciones, verán sus cadáveres, y no permitirán que sean sepultados.
10 Los habitantes de la tierra se regocijarán y se alegrarán por causa de ellos, y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.
11 Pero después de los tres días y medio, entró en ellos un espíritu de vida enviado por Dios. Se levantaron sobre sus pies, y cayó un gran temor sobre quienes los veían.
12 Entonces oyeron una gran voz del cielo, que les dijo: "¡Subid acá!" Y subieron al cielo en una nube, a la vista de sus enemigos.
13 En aquella hora hubo un gran terremoto. Y la décima parte de la ciudad se derrumbó. Murieron por el terremoto 7.000 hombres, y los demás se espantaron y glorificaron al Dios del cielo.
14 El segundo ay ya pasó. El tercer ay vendrá pronto.
15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo fuertes voces en el cielo, que dijeron: "El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y reinará para siempre jamás"
16 Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados ante Dios en sus tronos, se postraron sobre su rostro y adoraron a Dios,
17 diciendo: "Te damos gracias, Señor Todopoderoso, que eres y que eras, porque has asumido tu inmenso poder, y has empezado a reinar.
18 "Se han airado las naciones, y ha llegado tu ira: el tiempo de juzgar a los muertos, de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos y a los que veneran tu Nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra".
19 Entonces fue abierto el Santuario de Dios que está en el cielo, y quedó a la vista el Arca de su Pacto en su Santuario. Y hubo relámpagos, voces y truenos, y un terremoto y una fuerte granizada.
1 Una gran señal apareció en el cielo. Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
2 Estaba encinta, y clamaba con dolores, porque estaba por dar a luz.
3 Entonces apareció otra señal en el cielo. Un gran dragón rojo, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas.
4 Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró ante la mujer que estaba por dar a luz, a fin de devorar a su Hijo en cuanto naciera.
5 Y ella dio a luz un Hijo varón, que había de regir a todas las naciones con vara de hierro. Y su Hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.
6 Y la mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten durante 1.260 días.
7 Y hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron al dragón, y el dragón y sus ángeles combatieron;
8 pero éstos no prevalecieron, ni se halló más lugar para ellos en el cielo.
9 Y fue lanzado fuera ese gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, que engaña a todo el mundo. Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.
10 Entonces oí una gran voz en el cielo que decía: "¡Ahora ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo! Porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba día y noche ante nuestro Dios.
11 "Ellos lo han vencido por la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron su propia vida ni aun ante la muerte.
12 "Por eso, ¡alegraos, cielos, y los que habitáis en ellos! ¡Ay de la tierra y el mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros, con gran furor, al saber que le queda poco tiempo".
13 Cuando el dragón vio que él había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón.
14 Pero le fueron dadas a la mujer dos alas de una gran águila, para que volara de la presencia de la serpiente, al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, tiempos, y medio tiempo.
15 Entonces la serpiente echó de su boca tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río.
16 Pero la tierra ayudó a la mujer. La tierra abrió su boca y sorbió el río que el dragón había arrojado de su boca.
17 Entonces el dragón se airó contra la mujer, y fue a combatir al resto de sus hijos, los que guardan los Mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús.
1 Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos. Sobre sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas nombres de blasfemia.
2 La bestia que vi era semejante a un leopardo, sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder, su trono y gran autoridad.
3 Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada. Y toda la tierra se maravilló, y siguió a la bestia.
4 Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: "¿Quién es como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?"
5 Y le fue dada una boca que hablaba palabras arrogantes y blasfemias, y le fue dada autoridad de obrar durante 42 meses.
6 Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su Nombre y su Santuario, a saber, los que viven en el cielo.
7 Y se le permitió combatir a los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu y pueblo, lengua y nación.
8 Y la adorarán todos los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero que fue muerto desde la creación del mundo.
9 El que tenga oído, oiga.
10 Si alguno ha de ir a la cárcel, a la cárcel irá. Si alguno ha de morir a espada, a espada morirá. Aquí está la paciente perseverancia y la fe de los santos.
11 Después vi otra bestia que subía de la tierra. Tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón.
12 Ejercía toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella. Y hacía que la tierra y sus habitantes adorasen a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada.
13 Realizaba grandes señales, hasta hacía descender fuego del cielo a la tierra ante los hombres.
14 Con las señales que se le permitió realizar en presencia de la primera bestia, engaña a los habitantes de la tierra, y les manda que hagan una imagen de la bestia que tuvo la herida de espada y vivió.
15 Se le permitió infundir aliento a la imagen de la primera bestia, para que la imagen pudiera hablar y dar muerte a todo el que no adore a la imagen de la bestia.
16 Y ordenaba que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente.
17 Y que ninguno pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.
18 Esto requiere sabiduría. El que tenga entendimiento, cuente el número de la bestia, que es número de hombre. El número es 666.
1 Miré, y vi al Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él 144.000 que tenían el Nombre del Cordero y el nombre de su Padre escrito en sus frentes.
2 Y oí una voz del cielo como el estruendo de muchas aguas, como el estampido de un gran trueno. Sin embargo, era el sonido de arpistas que tañían sus arpas.
3 Cantaban un canto nuevo ante el trono, ante los cuatro seres vivientes y ante los ancianos. Y ninguno podía aprender ese canto sino los 144.000 que fueron redimidos de entre los de la tierra.
4 Estos son los que no se contaminaron con mujeres, porque son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.
5 Y en sus bocas no se halló engaño, porque son sin mancha.
6 Entonces vi a otro ángel que volaba por el cielo, con el evangelio eterno para predicarlo a los que habitan en la tierra, a toda nación y tribu, lengua y pueblo.
7 Decía a gran voz: "¡Reverenciad a Dios y dadle honra, porque ha llegado la hora de su juicio! Y adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas".
8 Un segundo ángel lo siguió, diciendo: "¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia!, porque ha dado a beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación".
9 Y el tercer ángel los siguió diciendo a gran voz: "Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente o en su mano,
10 "éste también beberá del vino de la ira de Dios, vaciado puro en la copa de su ira. Y será atormentado con fuego y azufre ante los santos ángeles y ante el Cordero.
11 "Y el humo de su tormento sube para siempre jamás. Y los que adoran a la bestia y a su imagen, y los que reciben la marca de su nombre, no tienen reposo ni de día ni de noche.
12 "¡Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los Mandamientos de Dios y la fe de Jesús!"
13 Y oí una voz del cielo que dijo: "Escribe: ¡Dichosos los que de aquí en adelante mueren en el Señor! Cierto -dice el Espíritu-, descansarán de sus fatigas, porque sus obras los acompañan".
14 Entonces miré, y vi una nube blanca, y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda.
15 Y del Santuario salió otro ángel, y clamó a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: "Toma tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar, y la mies de la tierra está madura".
16 Y el que estaba sentado sobre la nube pasó su hoz por la tierra, y la segó.
17 Después otro ángel salió del Santuario que está en el cielo. También tenía una hoz afilada.
18 Y del altar salió aún otro ángel que tenía poder sobre el fuego, y gritó a gran voz al que tenía la hoz afilada: "Toma tu hoz afilada, y vendimia los racimos de la vid de la tierra, porque sus uvas están maduras".
19 Y el ángel pasó su hoz afilada por la tierra, vendimió la viña de la tierra, y echó la uva en el gran lagar de la ira de Dios.
20 Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad. Y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos por 1.600 estadios (300 km).
1 Vi en el cielo otra señal, grande y admirable. Siete ángeles con las últimas siete plagas, con que la ira de Dios llega a su fin.
2 Y vi como un mar de vidrio mezclado con fuego. Y los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen, su marca y el número de su nombre, estaban sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios.
3 Y cantaban el canto de Moisés siervo de Dios, y el canto del Cordero, diciendo: "¡Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso! ¡Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones!
4 "¿Quién no reverenciará, y glorificará tu Nombre, oh Señor? Porque sólo tú eres santo. Todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus actos de justicia han quedado manifiestos".
5 Después miré, y vi que se abrió el Santuario en el cielo, la Tienda del Pacto.
6 Y salieron del Santuario los siete ángeles que llevaban las siete plagas. Iban vestidos de lino limpio y resplandeciente, con bandas de oro alrededor del pecho.
7 Uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive para siempre jamás.
8 Y el Santuario se llenó de humo procedente de la majestad de Dios y de su poder. Y ninguno podía entrar en el Santuario, hasta que se completaran las siete plagas de los siete ángeles.
1 Entonces oí una gran voz procedente del Santuario, que dijo a los siete ángeles: "Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.
2 El primero fue y derramó su copa sobre la tierra. Y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia y adoraban su imagen.
3 El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre como la de un muerto. Y murió todo ser viviente en el mar.
4 El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos y las fuentes de agua, y se convirtieron en sangre.
5 Y oí al ángel de las aguas decir: "Justo eres tú, oh Señor, que eres y que eras, el Santo, porque has hecho justicia.
6 "Por cuanto ellos derramaron la sangre de los santos y los profetas, también tú les das a beber sangre, pues lo merecen".
7 Y oí que desde el altar respondían: "Cierto, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos".
8 El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, y le fue dado quemar a los hombres con fuego.
9 Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el Nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas, pero no se arrepintieron para darle gloria.
10 El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se volvió tenebroso, y se mordían sus lenguas de dolor.
11 Y blasfemaron al Dios del cielo por sus dolores y sus úlceras, pero no se arrepintieron de sus obras.
12 El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates, y su agua se secó, para preparar el camino para los reyes que vienen del oriente.
13 Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus impuros como ranas,
14 que son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de todo el mundo, para reunirlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.
15 "Mirad que yo vengo como ladrón. ¡Dichoso el que vela y guarda su ropa, para que no ande desnudo y vean su vergüenza!"
16 Entonces reunieron a los reyes en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
17 Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire. Y del Santuario del cielo salió una gran voz desde el trono, que dijo: "¡Hecho está!"
18 Entonces hubo relámpagos, voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande como no lo hubo jamás desde que existen hombres sobre la tierra.
19 Y la gran ciudad se partió en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron. Y Dios se acordó de la gran Babilonia, y le dio la copa llena del vino del furor de su ira.
20 Entonces toda isla huyó, y los montes desaparecieron.
21 Y del cielo cayó sobre los hombres una enorme granizada, con piedras de casi un talento de peso (unos 34 klg). Y los hombres blasfemaron a Dios por la plaga del granizo, porque la plaga fue muy grande.
1 Entonces vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y me dijo: "Ven, y te mostraré el castigo de la gran ramera, que está sentada sobre muchas aguas.
2 "Con ella han fornicado los reyes de la tierra. Y sus habitantes se han embriagado con el vino de su fornicación".
3 Y me llevó en espíritu al desierto. Allí vi una mujer sentada sobre una bestia escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y estaba cubierta de nombres de blasfemia.
4 La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, adornada de oro, piedras preciosas y perlas. Y en su mano tenía una copa de oro llena de abominaciones y de las impurezas de su fornicación.
5 Y en su frente tenía escrito este nombre: "Misterio, la gran Babilonia, madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra".
6 Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos y de los mártires de Jesús. Y cuando la vi, quedé muy asombrado.
7 Pero el ángel me dijo: "¿Por qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, que tiene siete cabezas y diez cuernos.
8 "La bestia que viste, era, y ya no es, está por subir del abismo e ir a su destrucción. Los habitantes de la tierra, cuyo nombre no está escrito en el Libro de la Vida desde la fundación del mundo, se asombrarán al ver a la bestia que era, y ya no es, aunque reaparecerá.
9 "Esto requiere una mente que tenga sabiduría. Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer. También son siete reyes.
10 "Cinco han caído; uno es, y el otro aún no ha venido. Y cuando venga, durará breve tiempo.
11 "Y la bestia que era y ya no es, es también el octavo, y es de los siete, y va a su destrucción.
12 "Los diez cuernos que viste son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes con la bestia.
13 "Estos tienen un mismo propósito, y darán su poder y autoridad a la bestia".
14 "Pelearán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores Rey de reyes; y los que están con él son llamados, elegidos y fieles".
15 Me dijo también: "Las aguas que viste donde la ramera se sienta, son pueblos y muchedumbres, naciones y lenguas.
16 "Y los diez cuernos que viste en la bestia, aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; devorarán su carne y la quemarán a fuego.
17 "Porque Dios ha puesto en sus corazones ejecutar lo que él quiso, es a saber, ponerse de acuerdo y dar a la bestia el poder de reinar, hasta que se cumplan las Palabras de Dios.
18 "Y la mujer que viste es aquella gran ciudad que impera sobre los reyes de la tierra".
1 Después de eso vi a otro ángel descender del cielo con gran poder, y la tierra fue iluminada con su gloria.
2 Y clamó con potente voz: "¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia! Y se ha vuelto habitación de demonios, guarida de todo espíritu impuro, y albergue de toda ave sucia y aborrecible.
3 "Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación. Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su excesiva lujuria".
4 Y oí otra voz del cielo que decía: "¡Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados, y no recibáis de sus plagas!
5 "Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se acordó de sus maldades.
6 "Dadle como ella os dio, pagadle el doble de lo que ha hecho. En la copa que ella os dio a beber, dadle a beber el doble.
7 "Cuanto se glorificó y vivió en deleites, tanto dadle de tormento y llanto. Porque dice en su corazón: 'Estoy sentada como reina. No soy viuda, ni veré llanto'.
8 "Por eso, en un solo día vendrán sus plagas: muerte, llanto y hambre. Y será consumida por el fuego, porque el Señor Dios que la juzgará es poderoso.
9 "Cuando los reyes de la tierra que han fornicado con ella y han vivido en deleites, vean el humo de su incendio, llorarán y se lamentarán sobre ella.
10 "Se quedarán lejos por el temor de su tormento, y dirán: '¡Ay, ay de la gran Babilonia, aquella fuerte ciudad! ¡En una hora vino tu juicio!'
11 "Y los mercaderes de la tierra llorarán y se lamentarán, porque ninguno comprará más las mercaderías de ella.
12 "Mercaderías de oro y plata, de piedras preciosas y perlas, de lino fino, púrpura y escarlata. Toda madera olorosa y objetos de marfil. Toda clase de madera preciosa, cobre, hierro y mármol.
13 "Canela y especias; mirra, vino y aceite; flor de harina y trigo, bestias y ovejas, caballos y carros, esclavos, y hasta vidas humanas.
14 "Los frutos codiciados por ti, se alejaron de ti; y toda tu riqueza y esplendor se acabaron para ti, y nunca más los recobrarás.
15 "Los mercaderes de estos artículos, que se habían enriquecido a costa de ella, se alejarán de ella por temor a su tormento, llorando, lamentando,
16 "y diciendo: '¡Ay, ay de la gran ciudad, que vestía lino fino y escarlata, y se adornaba de oro, piedras preciosas y perlas!'
17 "'En una sola hora ha sido desolada tanta riqueza.' Y todo piloto, los que viajan en naves, marineros y cuantos trabajan en el mar, se quedaron lejos.
18 "Y al ver el humo de su incendio, exclamaron: '¿Quién era semejante a esa gran ciudad?'
19 "Echarán polvo sobre sus cabezas, y gritarán llorando, lamentando, y dirán: '¡Ay, ay de aquella gran ciudad! En ella, todos los que tenían navíos en el mar se habían enriquecido. En una sola hora ha sido desolada!'
20 "¡Alégrate sobre ella, cielo! ¡Alegraos vosotros, santos, apóstoles y profetas! Dios la juzgó por la forma en que os trató".
21 Entonces un ángel poderoso alzó como una gran piedra de molino, y la echó al mar, diciendo: "Con tanto ímpetu será derribada Babilonia, esa gran ciudad, y nunca jamás será hallada.
22 "No se oirá más en ti voz de arpistas, músicos, flautistas, ni trompeteros; ni artífice alguno se hallará más en ti; ni sonido de molino se oirá más en ti.
23 "Ni luz de antorcha alumbrará más en ti; ni voz de novio o novia se oirá más en ti. Tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y tus hechicerías extraviaron a todas las naciones.
24 "Y en ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santos, y de todos los que han sido sacrificados en la tierra".
1 Después oí una gran voz de una inmensa multitud en el cielo, que decía: "¡Alabad al Señor! ¡Salvación y honra, gloria y poder a nuestro Dios!
2 "Porque sus juicios son verdaderos y justos. El ha juzgado a la gran ramera, que corrompía la tierra con su fornicación, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos".
3 Y otra vez dijeron: "¡Alabad al Señor!" Y su humo subió para siempre.
4 Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios que estaba sentado en el trono. Dijeron: "¡Amén! ¡Alabad al Señor!"
5 Y del trono salió una voz que dijo: "¡Load a nuestro Dios todos sus siervos, los que lo veneráis, tanto pequeños como grandes!"
6 Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, como la voz de grandes truenos, que decía: "¡Alabad a Dios, porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso!
7 "¡Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria; porque ha llegado la boda del Cordero, y su novia se ha preparado!"
8 Y le fue dado que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente, porque el lino fino representa las obras justas de los santos.
9 Y él me dijo: "Escribe: ¡Dichosos los llamados a la cena de la boda del Cordero!" Además me dijo: "Estas Palabras verdaderas son de Dios".
10 Yo me postré a sus pies para adorarlo. Y él me dijo: "No hagas eso. Yo soy siervo como tú y como tus hermanos que se atienen al testimonio de Jesús. ¡Adora a Dios! Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía."
11 Entonces vi el cielo abierto y un caballo blanco, y su jinete se llama Fiel y Verdadero, que juzga y pelea con justicia.
12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas. Tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.
13 Vestía una ropa empapada en sangre, y su Nombre es: "El Verbo de Dios".
14 Los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, lo seguían en caballos blancos.
15 De su boca salía una espada aguda, para herir con ella a las naciones. El las regirá con vara de hierro, y pisará el lagar del vino del furor de la ira del Dios Todopoderoso.
16 En su vestido y en su muslo tiene escrito este Nombre: "Rey de reyes y Señor de señores".
17 Y vi un ángel de pie en el sol, que clamó a gran voz, a todas las aves que volaban por el cielo: "Venid, congregaos a la gran cena de Dios,
18 "para que comáis carne de reyes, de capitanes y de poderosos; carne de caballos y jinetes; y carne de todos, libres y siervos, pequeños y grandes".
19 Y vi a la bestia, y a los reyes de la tierra con sus ejércitos, reunidos para combatir al que montaba el caballo y a su ejército.
20 Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho las señales ante ella. Con esas señales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia y adoraron su imagen. Los dos fueron lanzados vivos en el lago de fuego que arde con azufre.
21 Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que estaba sentado sobre el caballo. Y todas las aves se hartaron de su carne.
1 Entonces vi un ángel que descendió del cielo, con la llave del abismo. Y una gran cadena en su mano.
2 Prendió al dragón, esa serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años.
3 Lo arrojó al abismo, lo encerró, y selló, para que no engañe más a las naciones, hasta que se cumplan mil años. Después tiene que ser suelto por un poco de tiempo.
4 Y vi tronos. Y se sentaron sobre ellos los que recibieron autoridad para juzgar. Y vi las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y por la Palabra de Dios, que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y no habían recibido la marca en su frente ni en su mano. Estos volvieron a vivir, y reinaron con Cristo mil años.
5 Esta es la primera resurrección. Pero los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.
6 ¡Dichoso y santo el que tiene parte en la primera resurrección! La segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él durante los mil años.
7 Cuando se cumplan los mil años, Satanás será suelto de su prisión,
8 y saldrá a engañar a las naciones que están sobre los cuatro ángulos de la tierra -a Gog y a Magog-, a fin de reunirlos para la batalla. Su número es como la arena del mar.
9 Subieron a través de la ancha tierra, y cercaron el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo, y los devoró.
10 Y el diablo que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde están también la bestia y el falso profeta. Y serán atormentados día y noche para siempre jamás.
11 Entonces vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo, y no fueron hallados más.
12 Y vi también a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante el trono. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el Libro de la Vida. Y los muertos fueron juzgados, según sus obras, por las cosas que estaban escritas en los libros.
13 El mar dio los muertos que estaban en él, y la muerte y el sepulcro dieron los muertos que estaban en ellos. Y cada uno fue juzgado según sus obras.
14 Y la muerte y el sepulcro fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la segunda muerte.
15 El que no fue hallado escrito en el Libro de la Vida, fue lanzado en el lago de fuego.
1 Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no existía más.
2 Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, engalanada como una novia para su esposo.
3 Y oí una gran voz del cielo que dijo: "Ahora la morada de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos, y será su Dios.
4 "Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. Y no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron".
5 Entonces, el que estaba sentado en el trono dijo: "Yo hago nuevas todas las cosas". Y agregó: "Escribe, porque mis Palabras son ciertas y verdaderas".
6 Y me dijo: "Hecho está. Yo Soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed, le daré gratis de la fuente del agua de la vida.
7 "El vencedor tendrá esta herencia, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
8 "Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte".
9 Entonces vino a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me dijo: "Ven, y te mostraré la novia, la esposa del Cordero".
10 Me llevó en espíritu a un grande y alto monte, y me mostró la gran ciudad santa, la Jerusalén que descendía del cielo, de Dios.
11 Resplandecía con la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante a una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.
12 Tenía una muralla grande y alta con doce puertas, y a las puertas, doce ángeles. Y en las puertas estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel.
13 Había tres puertas al oriente, tres al norte, tres al sur y tres al occidente.
14 La muralla de la ciudad tenía doce fundamentos, y en ellos el nombre de los doce apóstoles del Cordero.
15 El que hablaba conmigo tenía una caña de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.
16 La ciudad era cuadrada, su largo igual a su ancho. Midió la ciudad con la caña, y tenía 12.000 estadios (2.200 kms). Su longitud, altura y anchura son iguales.
17 Midió su muralla, 144 codos (65 mts) de altura, medida de hombre, que usaba el ángel.
18 La muralla era de jaspe, y la ciudad de oro puro, semejante al cristal puro.
19 Los cimientos de la muralla de la ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda;
20 El quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista.
21 Las doce puertas eran doce perlas, cada puerta era de una sola perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro y transparente.
22 No vi en ella templo, porque su templo es el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero.
23 La ciudad no necesita sol ni luna para alumbrarla, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.
24 Las naciones andarán a su luz, y los reyes de la tierra le traerán su gloria y su honra.
25 Sus puertas nunca se cerrarán de día, porque allí no habrá noche.
26 Y traerán a ella la gloria y la honra de las naciones.
27 No entrará en ella ninguna cosa impura, ni quien cometa abominación o mentira; sino sólo los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero.
1 Después el ángel me mostró el río del agua de la vida, luciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.
2 En medio de la plaza de la ciudad, a uno y a otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que lleva doce frutos. Cada mes da su fruto, y las hojas del árbol son para la sanidad de las naciones.
3 Y ya no habrá maldición alguna. El trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.
4 Verán su rostro, y su Nombre estará en sus frentes.
5 Allí no habrá más noche. Y no necesitarán luz de lámpara, ni luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos.
6 El ángel me dijo: "Estas Palabras son ciertas y verdaderas". El Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado su ángel para mostrar a sus siervos lo que ha de suceder pronto.
7 "Mira que vengo pronto. ¡Dichoso el que guarda las Palabras de la profecía de este libro!"
8 Yo, Juan, soy el que oyó y vio estas cosas. Y después de haber oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me las estuvo mostrando.
9 Pero él me dijo: "No lo hagas. Porque yo soy siervo contigo, con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las Palabras de este libro. ¡Adora a Dios!"
10 Y me dijo: "No selles las Palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.
11 "El que es injusto siga siendo injusto, y el sucio siga ensuciándose. El justo siga siendo justo, y el santo siga santificándose.
12 "Yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para dar a cada uno según su obra.
13 "Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Ultimo.
14 "¡Dichosos los que guardan sus Mandamientos, para que tengan derecho al árbol de la vida, y entren por las puertas en la ciudad!
15 "Pero quedarán fuera los perros y los hechiceros, los disolutos y los homicidas, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira.
16 "Yo, Jesús, os envié a mi ángel con este testimonio para las iglesias. Yo Soy la Raíz y el Descendiente de David, la radiante Estrella de la mañana".
17 El Espíritu y la esposa dicen: "¡Ven!" Y el que oiga, también diga: "¡Ven!" Y el que tenga sed y quiera, venga y tome del agua de la vida de balde.
18 "Advierto a todo el que oye las Palabras de la profecía de este libro: Si alguno le añade algo, Dios traerá sobre él las plagas escritas en este libro.
19 "Y si alguno quita algo de las Palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del Libro de la Vida y de la santa ciudad, que se describen en este libro".
20 El que testifica de estas cosas, dice: "Ciertamente, vengo en breve". ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
21 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. ¡Amén!