1 En el pasado, Dios habló muchas veces y de muchas maneras, a nuestros padres mediante los profetas.
2 Pero en estos últimos días nos habló por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por medio de quien hizo los mundos.
3 El Hijo es el resplandor de su gloria, la misma imagen de su ser real, el que sostiene todas las cosas con su poderosa Palabra. Después de efectuar la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
4 El Hijo llegó a ser tanto más excelente que los ángeles, así como el Nombre que heredó es más sublime que el de ellos.
5 Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: "Mi Hijo eres tú, yo te engendré hoy". Y otra vez: "Yo seré su Padre, y él será mi hijo"?
6 En otra ocasión, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios".
7 De los ángeles dice: "Hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llamas de fuego".
8 En cambio, al Hijo le dice: "Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de equidad el cetro de tu reino.
9 "Amaste la justicia, y aborreciste la maldad. Por eso te ungió Dios, tu Dios, con óleo de alegría con preferencia sobre tus compañeros".
10 También le dijo: "Tú oh Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra, y los cielos son obras de tus manos.
11 "Ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos ellos envejecerán como un vestido,
12 "como un manto los envolverás, y serán mudados. Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán".
13 Y, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: "Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies"?
14 ¿No son todos ellos espíritus servidores, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación?
1 Por tanto, con más diligencia debemos atender a lo que hemos oído, para no desviarnos.
2 Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
3 ¿como escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primero por el Señor, y fue confirmada para nosotros por los que oyeron.
4 Y Dios apoyó el testimonio de ellos con señales, prodigios, diversos milagros y dones del Espíritu Santo, distribuidos según su voluntad.
5 Porque Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del cual estamos hablando.
6 De esto alguien testificó en cierto lugar: "¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que te preocupes de él?
7 "Lo hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra, y lo pusiste sobre las obras de tus manos.
8 "Todo lo sometiste bajo sus pies". Al someter todo, nada dejó sin someter a él. Sin embargo, aún no vemos que todas las cosas le sean sometidas.
9 Pero a Jesús, que por un momento fue hecho un poco menor que los ángeles, lo vemos coronado de gloria y de honra, por haber padecido la muerte, para que por la gracia de Dios experimentase la muerte en beneficio de todos.
10 Porque convenía que Dios, por causa de quien y por medio de quien todas las cosas existen, habiendo de llevar a la gloria a muchos hijos, perfeccionara mediante aflicciones al autor de la salvación de ellos.
11 Porque el que santifica y los que son santificados, todos proceden de uno. Por eso, no se avergüenza de llamarlos hermanos,
12 al decir: "Anunciaré a mis hermanos tu Nombre, en medio de la congregación te alabaré".
13 Y otra vez: "Yo confiaré en él". Y de nuevo: "Aquí estoy con los hijos que Dios me dio".
14 Así, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por su muerte al que tenía dominio de la muerte, a saber, al diablo.
15 Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre.
16 Porque no vino para ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán.
17 Por eso, debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser compasivos y fiel Sumo Sacerdote ante Dios, para expiar los pecados del pueblo.
18 Y como él padeció al ser tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
1 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamado celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos, a Jesús;
2 que es fiel al que lo constituyó, como también lo fue Moisés sobre toda la casa de Dios.
3 Jesús fue considerado digno de tanta mayor gloria que Moisés, por cuanto el Constructor de la casa tiene mayor dignidad que la casa misma.
4 Porque toda casa es edificada por alguien, pero el construyó todas las cosas es de Dios.
5 A la verdad, Moisés fue fiel sobre toda la casa de Dios, en calidad de servidor, para testificar de lo que se había de anunciar en el futuro.
6 Y Cristo, como hijo, es fiel sobre la casa de Dios. Esa casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y la alegría de la esperanza.
7 Por eso dice el Espíritu Santo: "Si hoy oís su voz,
8 "no endurezcáis vuestro corazón, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,
9 "donde vuestros padres me pusieron a prueba, y vieron mis obras durante cuarenta años.
10 "Por eso me disgusté con esa generación, y dije: "Siempre divagan en su corazón, y no han conocido mis caminos".
11 "Así, en mi desagrado juré: "¡No entrarán en mi reposo!"
12 Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya un corazón malo e incrédulo que lo aparte del Dios vivo.
13 Antes, alentaos unos a otros cada día, mientras dura ese "hoy", para que ninguno se endurezca con el engaño del pecado.
14 Porque hemos llegado a ser participantes de Cristo, si retenemos firme el principio de nuestra confianza hasta el fin.
15 Entre tanto que se dice: "Si hoy oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón como en la provocación".
16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, lo provocaron? ¿No fueron todos los que habían salido de Egipto con Moisés?
17 ¿Con quiénes estuvo Dios enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?
18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los que desobedecieron?
19 Y no pudieron entrar debido a su incredulidad.
1 Siendo que la promesa de entrar en su reposo, permanece aún, cuidad que ninguno de vosotros parezca rezagado.
2 Porque también a vosotros, como a ellos, se nos anunció el evangelio. Pero la Palabra que oyeron no les aprovechó, porque no se unieron por la fe a los que oyeron.
3 Porque los que hemos creído entramos en el reposo, según dijo: "Juré en mi enojo, no entrarán en mi reposo", aunque sus obras estaban acabadas desde la creación del mundo.
4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: "Dios reposó de todas sus obras en el séptimo día".
5 Y otra vez dice: "No entrarán en mi reposo".
6 Siendo que falta que algunos entren en ese reposo, ya que los primeros en oír el evangelio no entraron por su desobediencia,
7 Dios vuelve a fijar cierto día, y lo llama: "Hoy". Y como queda dicho, mucho después declara por medio de David: "Si hoy oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón".
8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día.
9 Por tanto, queda un reposo sabático para el pueblo de Dios.
10 Porque el que ha entrado en su reposo, también descansa de sus obras, como Dios de las suyas.
11 Procuremos, pues, entrar en ese reposo. Que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
12 Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
13 Nada creado está oculto de la vista de Dios. Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
14 Por tanto, siendo que tenemos un gran Sumo Sacerdote, que entró en el cielo, a Jesús, el Hijo de Dios, retengamos la fe que profesamos.
15 Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de simpatizar con nuestras debilidades; sino al contrario, fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
16 Acerquémonos, pues, con segura confianza al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
1 Todo sumo sacerdote elegido de entre los hombres, es constituido a favor de ellos, para presentar ante Dios, ofrendas y sacrificios por los pecados.
2 Debe poder compadecerse de los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de flaqueza.
3 Por eso, debe ofrecer por los pecados propios como por los del pueblo.
4 Nadie toma para sí esa honra, sino el que es llamado por Dios, como Aarón.
5 Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de ser Sumo Sacerdote; sino que se la confirió Dios, quien le dijo: "Tú eres mi Hijo, yo te engendré hoy".
6 Como también dice en otro lugar: "Tu eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec".
7 En los días de su vida terrenal, Cristo ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte. Y fue oído por su reverente sumisión.
8 Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.
9 Y perfeccionado, vino a ser una fuente de eterna salvación para todos los que obedecen.
10 Y fue declarado por Dios Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec.
11 De esto hay mucho que decir, y difícil de explicar, porque sois lentos para oír.
12 Debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, necesitáis que os enseñen en los primeros rudimentos de la palabra de Dios. Habéis llegado a necesitar leche, y no alimento sólido.
13 Todo el que se nutre de leche, es inexperto en la doctrina de la justificación, porque aún es niño.
14 Por el contrario, el alimento sólido es para los adultos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.
1 Por eso, dejando la enseñanza elemental acerca de Cristo, vayamos hacia la perfección, sin reiterar los temas fundamentales del arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, de la fe en Dios,
2 de la doctrina de los bautismos, de la imposición de las manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
3 Esto haremos, si Dios lo permite.
4 Los que una vez fueron iluminados, gustaron el don celestial, participaron del Espíritu Santo,
5 gustaron la bondad de la Palabra de Dios, y las poderosas maravillas del siglo venidero,
6 y recayeron, es imposible que sean otra vez renovados para arrepentimiento; por cuanto crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y lo exponen a la burla.
7 La tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce planta útil para los que la cultivan, recibe la bendición de Dios.
8 Pero la que produce espinos y abrojos, es inútil, y está en peligro de ser maldecida, y al fin quemada.
9 Sin embargo, aunque hablamos así, oh amados, de vosotros esperamos cosas mejores, conducentes a la salvación.
10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado a su Nombre, habiendo servido a los santos, y sirviéndolos aún.
11 Deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para el pleno cumplimiento de la esperanza,
12 para que no os volváis perezosos, sino imitadores de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
13 Cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,
14 al decir: "De cierto te bendeciré, y multiplicaré tus descendientes".
15 Así, habiendo Abrahán esperado con paciencia, alcanzó la promesa.
16 Los hombres juran por alguien mayor que ellos. Y el juramento confirma lo que se dijo y pone fin a la controversia.
17 Por eso, cuando Dios quiso mostrar a los herederos de la promesa, la inmutabilidad de su propósito, interpuso un juramento;
18 para que por los actos inmutables, en los cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos hemos refugiado en la esperanza propuesta.
19 Esa esperanza es segura y firme ancla de nuestra vida, que penetra más allá del velo,
20 donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
1 Este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, salió a recibir a Abrahán cuando volvía de vencer a los reyes, y lo bendijo.
2 A él, Abrahán le dio el diezmo de todo. Su nombre significa primero rey de justicia; y también rey de Salem, esto es, rey de paz.
3 Sin padre, ni madre, ni genealogía, sin principio de días, ni fin de vida. Hecho semejante al Hijo de Dios, en que permanece sacerdote para siempre.
4 Considerad cuán grande fue Melquisedec, a quien aun el patriarca Abrahán le dio el diezmo del botín.
5 Según la Ley, los levitas que toman el sacerdocio, tienen orden de recibir el diezmo del pueblo; es a saber, de sus hermanos, aunque éstos también proceden de la estirpe de Abrahán.
6 Pero aquel, sin ser de la genealogía de ellos, recibió de Abrahán el diezmo; y bendijo al que tenía las promesas.
7 Es indiscutible que el menor es bendecido por el mayor.
8 Aquí los hombres mortales reciben el diezmo; pero allí, uno de quien se atestigua que vive.
9 Y por decirlo así, el mismo Leví, que recibe los diezmos, pagó el diezmo por medio de Abrahán.
10 Porque Leví aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
11 Si la perfección se hubiera podido alcanzar por el sacerdocio levítico -porque en base a él el pueblo recibió la Ley- ¿qué necesidad había aún de que se levantara otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y no de Aarón?
12 Pues, al cambiar el sacerdocio, es necesario cambiar la ley del sacerdocio.
13 Aquel de quien esto se dice, es de otra tribu, de la cual nadie se dedicó a oficiar en el altar.
14 Porque es evidente que nuestro Señor nació de la tribu de Judá, y de ella nada habló Moisés tocante al sacerdocio.
15 Esto es más evidente aún, cuando a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote distinto,
16 constituido, no según una ley humana, sino según el poder de una vida indestructible.
17 Pues se afirma de él: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec".
18 Así, la ordenación anterior queda abrogada por su ineficacia e inutilidad.
19 Porque la Ley nada perfeccionó; por otro lado, fue introducida una esperanza mejor, que nos acerca a Dios.
20 Y eso no fue sin juramento.
21 Los otros sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: "Juró el Señor, y no desistirá. Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec".
22 Por eso, Jesús fue hecho fiador de un pacto mejor.
23 Los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, porque la muerte les impedía continuar.
24 Pero como Jesús permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable.
25 Por eso puede también salvar eternamente a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.
26 Tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y exaltado por encima de los cielos;
27 que no tiene necesidad cada día, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una sola vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo.
28 Porque la Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento posterior a la Ley, constituyó al Hijo, hecho perfecto para siempre.
1 Lo principal de lo que venimos diciendo es que tenemos un Sumo Sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo;
2 y es ministro del Santuario, de aquel verdadero Santuario que el Señor levantó, y no el hombre.
3 Todo sumo sacerdote es puesto para ofrecer presentes y sacrificios. De ahí que era necesario que Jesús tuviese algo que ofrecer.
4 Si estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que ofrecen los presentes según la Ley.
5 Estos sacerdotes sirven en un Santuario que es copia y sombra de lo que hay en el cielo. Por eso Dios dijo a Moisés cuando iba a levantar el Santuario: "Haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte".
6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el de Jesús, por cuanto es mediador de un pacto mejor, basado sobre mejores promesas.
7 Porque si el primer pacto hubiera sido sin defecto, no se hubiera procurado un segundo pacto.
8 Pero Dios reprendiéndolos dijo: "Vienen días -dice el Señor-, en que concertaré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto.
9 "No como el pacto que hice con sus padres, el día que los tomé por la mano para sacarlos de Egipto. Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y me desentendí de ellos -dice el Señor-.
10 "Este es el pacto que haré con la casa de Israel, después de aquellos días -dice el Señor-: Pondré mis leyes en la mente de ellos, las escribiré sobre su corazón; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
11 "Y ninguno enseñará a su prójimo, ni a su hermano, diciendo: 'Conoce al Señor'; porque todos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor.
12 "Porque perdonaré sus maldades, y no me acordaré más de sus pecados".
13 Al llamar "nuevo" a este pacto, declara anticuado al primero. Y lo anticuado se envejece y desaparece.
1 El primer pacto tenía reglas para el culto, y también un Santuario terrenal.
2 Se levantó una tienda. En su primera parte, llamada Lugar Santo, estaban las lámparas, la mesa y los panes de la presencia.
3 Tras el segundo velo estaba la parte llamada Lugar Santísimo.
4 Este tenía el incensario de oro y el Arca del Pacto cubierta de oro. Esta Arca contenía una urna de oro con el maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto.
5 Sobre ella los querubines de gloria cubrían el Propiciatorio. De estos objetos no hablaremos ahora en detalle.
6 Estas cosas eran ordenadas así: En la primera parte estaban siempre los sacerdotes a cumplir los oficios del culto.
7 Pero en la segunda parte entraba sólo el sumo sacerdote, una vez al año, no sin llevar sangre, que ofrecía por sí mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo.
8 Con esto el Espíritu Santo da entender que mientras que la primera Tienda estaba en pie, el camino al Santuario no estaba aún abierto.
9 Esto es símbolo para el tiempo actual, según el cual se ofrecen presentes y sacrificios incapaces de hacer perfecto, en su conciencia, al adorador.
10 ya que consisten sólo de comidas, bebidas, diversos lavados y ceremonias humanas, impuestas hasta el tiempo de la renovación.
11 Pero Cristo ya vino, y ahora es el Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. El Santuario donde él ministra es más grande y más perfecto; y no es hecho por mano de hombre, es decir, no es de este mundo.
12 Y Cristo entró en ese Santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni becerros, sino con su propia sangre, y consiguió la eterna redención.
13 Porque si la sangre de los toros, los machos cabríos y la ceniza de la becerra rociada a los impuros, santifican para purificar la carne,
14 ¡mucho más la sangre de Cristo, quien por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para que sirváis al Dios vivo!
15 Por eso, Cristo es mediador del nuevo pacto, para que ahora que él murió para perdonar los pecados cometidos bajo el primer pacto, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
16 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga la muerte del testador.
17 Con la muerte, el testamento queda confirmado, y no es válido entre tanto que el testador vive.
18 Por eso, ni aun el primer pacto fue inaugurado sin sangre.
19 Cuando Moisés leyó al pueblo todos los Mandamientos de la Ley, tomó la sangre de los becerros y los machos cabríos, con agua, lana, escarlata e hisopo, y roció al libro mismo, y también a todo el pueblo,
20 y dijo: "Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado".
21 Además, con la sangre roció también el Santuario y todos los objetos del culto.
22 Porque según la Ley, casi todo se purifica con sangre, y sin efusión de sangre no hay perdón.
23 Fue, pues, necesario que la copia de las realidades celestiales fuese purificada con esos sacrificios. Pero las realidades celestiales mismas requieren mejores sacrificios que éstos.
24 Porque Cristo no entró en el Santuario hecho por mano de hombre, que era sólo copia del Santuario verdadero, sino que entró en el mismo cielo, donde ahora se presenta por nosotros ante Dios.
25 Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo, cada año con sangre ajena.
26 De otra manera, a Cristo le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde la creación del mundo. Pero ahora, al final de los siglos, se presentó una sola vez para siempre, para quitar el pecado, por medio del sacrificio de sí mismo.
27 Y así como está ordenado que los hombres mueran una vez, y después enfrenten el juicio,
28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez, para quitar los pecados de muchos. Y la segunda vez, sin relación con el pecado, aparecerá para salvar a los que lo esperan ansiosamente.
1 Porque la Ley es sólo una sombra de los bienes venideros, no las realidades mismas. Por eso, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen de continuo cada año, dar la perfección a los que se allegan.
2 De otra manera cesarían de ofrecerse. Porque los que tributan ese culto, purificados de una vez, no tendrían más conciencia de pecado.
3 Al contrario, con ellos se renueva cada año el recuerdo de los pecados;
4 porque la sangre de los toros y los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por eso, cuando Cristo vino al mundo, dijo: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo.
6 "Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 "Entonces dije: 'Aquí estoy. En el rollo del libro está escrito de mí. Vengo para hacer tu voluntad, oh Dios'".
8 Primero dijo: "Sacrificio y ofrenda, holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron", aunque la ley los requería.
9 Entonces agregó: "Aquí estoy, oh Dios, para cumplir tu voluntad". El quita lo primero, para establecer lo segundo.
10 En esa voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez.
11 Todo sacerdote ministra cada día y ofrece muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados.
12 Pero Cristo, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó para siempre, a la diestra de Dios.
13 Desde entonces está esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.
14 Porque con una sola ofrenda, Cristo llevó a la perfección para siempre a los santificados.
15 También el Espíritu Santo atestigua:
16 "Este es el pacto que haré con ellos, después de aquellos días -dice el Señor-. Pondré mis leyes en sus corazones, y las grabaré en sus mentes.
17 "Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones".
18 Así, cuando los pecados han sido perdonados, no se necesitan más ofrendas por el pecado.
19 Por tanto, hermanos, siendo que tenemos plena seguridad para entrar en el Santuario, por la sangre de Jesús,
20 por el nuevo y vivo camino que él nos abrió, a través del velo, esto es, de su carne,
21 y siendo que tenemos un gran Sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos pues con corazón sincero, con plena certeza de fe, purificado el corazón de mala conciencia, y lavado el cuerpo con agua limpia.
23 Mantengamos firme la confesión de nuestra esperanza, sin fluctuar, que fiel es el que prometió.
24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.
25 No dejemos de reunirnos, como algunos tienen por costumbre; sino animémonos unos a otros, y tanto más, cuanto veis que el día se acerca,
26 Porque si voluntariamente seguimos pecando después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,
27 sino una horrenda espera del juicio y del furor del fuego, que ha de devorar a los adversarios.
28 El que rechaza la Ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere sin compasión.
29 ¿Cuánto mayor castigo merecerá el que pisotea al Hijo de Dios, tiene por impura la sangre del pacto en la que fue santificado, y afrenta al Espíritu de gracia?
30 Pues sabemos quién dijo: "Mía es la venganza, yo retribuiré". Y agrega: "El Señor juzgará a su pueblo".
31 ¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!
32 Sin embargo, acordaos de los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, tuvisteis gran combate de aflicciones.
33 Por una parte, fuisteis expuestos públicamente a vituperios y tribulaciones. Y por otra parte, llegasteis a ser solidarios de los que estaban en esa situación.
34 Porque compartisteis los sufrimientos de los presos, y el despojo de vuestros bienes padecisteis con gozo, al saber que tenéis una herencia mejor y perdurable.
35 No desechéis, pues, vuestra confianza, que tiene grande recompensa.
36 Porque la perseverancia os es necesaria, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
37 "Porque aún un poco, muy poco más, y el que ha de venir vendrá, y no tardará".
38 "Ahora el justo vivirá por la fe. Pero si retrocede, no me agradará".
39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que creen y alcanzan la salvación.
1 La fe es estar seguros de lo que esperamos, y ciertos de lo que no vemos.
2 Por ella los antiguos fueron aprobados.
3 Por la fe entendemos que los mundos fueron formados por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía.
4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, y por ella fue declarado justo, cuando Dios aprobó sus ofrendas. Y aunque está muerto, aún habla por medio de su fe.
5 Por la fe Enoc fue trasladado sin ver la muerte, y no fue hallado, porque Dios lo trasladó. Y antes de ser trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
6 Sin fe es imposible agradar a Dios, porque el que se acerca a Dios, necesita creer que existe, y que recompensa a quien lo busca.
7 Por la fe Noé, advertido por Dios de cosas que aún no se veían, con santa reverencia construyó el arca para salvar a su familia. Por su fe condenó al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe.
8 Por la fe Abrahán, cuando fue llamado por Dios, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia. Y salió sin saber a donde iba.
9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena. Y habitó en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa.
10 Porque esperaba la ciudad con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
11 También por la fe, la misma Sara, aun fuera de la edad, recibió vigor para ser madre, porque creyó que era fiel el que lo había prometido.
12 Y de ese único hombre, ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, como la innumerable arena de la orilla del mar.
13 Todos éstos murieron en la fe, sin haber recibido las promesas, mirándolas de lejos, saludándolas y confesando que eran peregrinos y forasteros sobre la tierra.
14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria.
15 Si hubieran estado pensando en la tierra de donde salieron, hubieran tenido tiempo de volver a ella.
16 Pero deseaban la mejor, a saber, la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les había preparado una ciudad.
17 Cuando Abrahán fue probado, por la fe ofreció a Isaac. El que había recibido las promesas, estuvo a punto de ofrecer a su hijo único,
18 habiéndole sido dicho: "En Isaac tendrás descendientes de tu nombre".
19 Abrahán pensaba que Dios es poderoso para resucitar aun a los muertos. Por eso, en figura, volvió a recibir a Isaac.
20 Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú acerca de cosas futuras.
21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre la punta de su bastón.
22 Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los israelitas, y dio orden acerca de sus huesos.
23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque lo vieron hermoso, y no temieron el decreto del rey.
24 Por la fe Moisés, ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón.
25 Y eligió antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar los deleites temporales del pecado.
26 Y consideró que el vituperio de Cristo es mayor riqueza que los tesoros egipcios, porque miraba el galardón.
27 Por la fe dejó a Egipto, sin temer la ira del rey; porque se sostuvo como quien ve al Invisible.
28 Por la fe celebró la Pascua y la aspersión de la sangre, para que el exterminador no tocase a los primogénitos.
29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca, mientras que los egipcios intentaron lo mismo, y fueron ahogados.
30 Por la fe cayeron las murallas de Jericó después de rodearlas durante siete días.
31 Por la fe Rahab la ramera, no pereció junto con los desobedientes, porque recibió a los espías en paz.
32 ¿Y qué más diré? El tiempo me faltará para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas,
33 que por la fe conquistaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon boca de leones,
34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerza de la debilidad, fueron valientes en batallas y rechazaron ejércitos extranjeros.
35 Las mujeres recobraron sus muertos por resurrección, unos fueron torturados y rehusaron ser rescatados, para alcanzar mejor resurrección,
36 otros experimentaron vituperios y azotes, cadenas y prisiones.
37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y cabras; pobres, angustiados, maltratados.
38 ¡Hombres de los cuales el mundo no era digno! Perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y cavernas de la tierra.
39 Y todos éstos, aunque aprobados por el buen testimonio de su fe, no recibieron el cumplimiento de la promesa;
40 porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, para que ellos no llegaran a la perfección aparte de nosotros.
1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, dejemos todo lo que estorba, y el pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que nos es propuesta,
2 fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe, quien en vista del gozo que le esperaba, sufrió la cruz, menospreció la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
3 Considerad, pues, a aquel que sufrió tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os fatiguéis en vuestro ánimo hasta desmayar.
4 En vuestra lucha contra el pecado, aún no habéis resistido hasta verter sangre.
5 Y ya habéis olvidado la exhortación que como a hijos os dirige el Señor, al decir: "Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él.
6 "Porque el Señor, reprende al que ama, y azota a todo el que recibe por hijo".
7 Soportad las pruebas como disciplina, pues Dios os trata como a hijos. Porque, ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
8 Si os dejara sin disciplina, de la cual todos participan, seríais bastardos, y no hijos.
9 Por otra parte, nuestros padres terrenales nos disciplinaron, y los respetábamos. ¡Con cuánta más razón debiéramos someternos al Padre de los espíritus, y vivir!
10 Nuestros padres nos disciplinaban por pocos días, como a ellos les parecía. Pero Dios nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad.
11 Es verdad que al presente, ninguna disciplina parece ser motivo de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella son ejercitados.
12 Por eso, fortaleced las manos cansadas y las rodillas debilitadas.
13 Enderezad el camino para vuestros pies, para que el lisiado no se desvíe, antes sea sanado.
14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
15 Mirad bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que no brote ninguna raíz de amargura que os impida, y por ella muchos sean contaminados.
16 Que ninguno sea fornicario ni profano como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.
17 Porque ya sabéis que después, quiso recibir la bendición, pero fue rechazado, y no pudo cambiar el sentimiento de su padre, aunque lo procuró con lágrimas.
18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía tocar, al fuego encendido, al turbión, a la oscuridad, a la tempestad,
19 al sonido de la trompeta, y al estruendo tal de las palabras, que los oyentes rogaron que no se les hablase más;
20 porque no podían soportar lo que se mandaba. Se les dijo: "Aun si una bestia hubiera tocado el monte, habría sido apedreada".
21 Y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: "Estoy espantado y temblando".
22 Pero os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles en asamblea festiva,
23 a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
24 a Jesús, el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos que desecharon al que hablaba en la tierra, no escaparon; mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla desde el cielo.
26 En aquel entonces, su voz sacudió la tierra. Pero ahora prometió: "Aún una vez y sacudiré no sólo la tierra, sino aún el cielo".
27 Y esa frase, "aún una vez", indica la remoción de las cosas movibles, las cosas creadas, para que queden las inconmovibles.
28 Así, siendo que recibimos un reino inconmovible, estemos agradecidos, y ofrezcamos a Dios un culto agradable, con piedad y reverencia;
29 porque nuestro Dios es un fuego consumidor.
1 Seguid amándoos unos a otros con amor fraternal.
2 No olvidéis la hospitalidad, que por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.
3 Acordaos de los presos, como si estuvierais en cadenas con ellos; y de los maltratados, puesto que vosotros también estáis en el cuerpo.
4 Honroso es a todos el matrimonio, y el lecho conyugal sea sin mancilla. Pero Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros.
5 Manteneos libres del amor al dinero, contentos con lo que tenéis, porque él dijo: "No te dejaré ni te desampararé".
6 De manera que podamos decir confiados: "El Señor es mi ayudador. No temeré lo que me pueda hacer el hombre".
7 Acordaos de vuestros dirigentes que os hablaron la Palabra de Dios. Considerad el resultado de su vida, e imitad su fe.
8 Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
9 No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas. Es bueno afirmar el corazón en la gracia, no en comidas que nunca aprovecharon a los que se ocuparon de ellas.
10 Tenemos un altar, del cual no tienen derecho a comer los que sirven en el Santuario.
11 Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es introducida en el Santuario por el sumo sacerdote, como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del campamento.
12 Por eso también Jesús padeció fuera de la puerta, para santificar al pueblo mediante su propia sangre.
13 Salgamos, pues, a él fuera del campamento, llevando su vituperio.
14 Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir.
15 Así, por medio de Jesús, ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza; a saber, fruto de labios que confiesen su Nombre.
16 No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente, porque tales sacrificios agradan a Dios.
17 Obedeced a vuestros dirigentes, y sujetaos a ellos. Porque ellos velan por vosotros, como quienes han de dar cuenta, para que su obra sea con alegría y no gimiendo, porque esto no os sería útil.
18 Orad por nosotros, pues confiamos que tenemos buena conciencia, y deseamos conducirnos bien en todo.
19 Y más, os ruego que lo hagáis así, para que yo os sea restituido más pronto.
20 Y el Dios de paz, que por la sangre del pacto eterno, resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas,
21 os haga aptos en toda buena obra, para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable ante él por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos, Amén.
22 Os ruego, hermanos, que aceptéis mi palabra de exhortación, porque os he escrito brevemente.
23 Sabed que nuestro hermano Timoteo está en libertad. Con él, si viene pronto, os iré a ver.
24 Saludad a todos vuestros pastores y a todos los santos. Los de Italia os saludan.
25 La gracia sea con todos vosotros.