1

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, y a todos los santos que están en Acaya.

2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de compasión y Dios de todo consuelo.

4 El nos consuela en toda tribulación, para que también nosotros podamos alentar a los que están en cualquier tribulación, con el consuelo con que nosotros somos conformados por Dios.

5 Porque así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así también abunda nuestro consuelo en Cristo.

6 Si somos atribulados, es para vuestro aliento y salvación. Si somos consolados, es para vuestro consuelo que os ayuda a soportar con paciencia las mismas aflicciones que soportamos nosotros.

7 Nuestra esperanza acerca de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros de nuestras aflicciones, también lo sois en el consuelo.

8 Hermanos, no queremos que ignoréis que la tribulación que nos vino en Asia, nos abrumó más allá de nuestras fuerzas, de modo que perdimos la esperanza de conservar la vida.

9 Sentimos en nosotros la sentencia de muerte, para no confiar en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos.

10 Pero él nos libró, y nos librará de tanto peligro mortal. En él fijamos nuestra esperanza de que nos seguirá librando,

11 a medida que nos ayudéis con vuestras oraciones. Entonces muchos darán gracias por la merced que nos haya sido concedida, en respuesta a la oración de muchos.

12 Porque nuestra gloria es ésta: Nuestra conciencia testifica que nos hemos conducido en el mundo, y especialmente entre vosotros, en la santidad y sinceridad de Dios. Y no lo hicimos según la sabiduría del mundo, sino según la gracia de Dios.

13 Porque no os escribimos nada que no podáis leer y entender. Y espero que

14 así como nos entendisteis en parte, llegaréis a entender plenamente que os podéis sentir satisfechos de nosotros, así como nosotros nos sentiremos satisfechos de vosotros en el día del Señor Jesús.

15 Debido a esta confianza quise ir primero a vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia.

16 Y de vosotros pasar a Macedonia, y de Macedonia volver a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea.

17 Al proponerme esto, ¿obré con ligereza? O lo que pienso hacer, ¿lo pienso según la carne, de modo que al mismo tiempo yo diga "sí" y "no"?

18 Antes, tan seguro como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros, no es "sí" y "no"

19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no ha sido "sí" y "no". En él siempre ha sido "sí".

20 Porque todas las promesas de Dios son "sí" en él. Por eso decimos "amén" en él, para gloria de Dios.

21 Dios es el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió,

22 quien también nos selló, y puso en nuestro corazón la garantía de su Espíritu.

23 Invoco a Dios por testigo, que por ser indulgente con vosotros no he vuelto todavía a Corinto.

24 No es que dominemos vuestra fe, sino que estamos contribuyendo a vuestro gozo, porque por la fe estáis firmes.

2

1 Así, decidí no ir otra vez a vosotros con tristeza.

2 Porque si yo os contristo, ¿quién me alegrará, sino aquel a quien yo contristé?

3 Y esto mismo os escribí, para que cuando llegue, no tenga tristeza de parte de quienes me debiera alegrar, confiando en vosotros que mi gozo es el de todos vosotros.

4 Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que seáis contristados, sino para que supieseis cuánto amor os tengo.

5 Si alguno me contristó, no me contristó sólo a mí, sino en parte, por no exagerar, a todos vosotros.

6 Al tal le basta esta reprensión hecha por muchos.

7 Al contrario, será mejor que más bien lo perdonéis y consoléis, para que no sea consumido de excesiva tristeza.

8 Por eso os ruego que reafirméis vuestro amor hacia él.

9 Pues para eso también os escribí, para tener la prueba de que sois obedientes en todo.

10 Al que vosotros perdonéis, yo también lo perdonó. Lo que perdoné, si algo he perdonado, fue por vosotros, en presencia de Cristo.

11 Para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues conocemos sus maquinaciones.

12 Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se había abierto una gran puerta en el Señor,

13 no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito. Así, me despedí de ellos, y partí para Macedonia.

14 Pero gracias a Dios, que nos lleva siempre al triunfo en Cristo Jesús, y por nuestro medio manifiesta en todo lugar, la fragancia de su conocimiento.

15 Porque para Dios somos buen aroma de Cristo entre los que se salvan, y entre los que se pierden.

16 A éstos olor de muerte, y a aquéllos fragancia de vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?

17 Porque no somos como muchos, que por ganancia comercian con la Palabra de Dios. Al contrario, con sinceridad, como enviados de Dios, hablamos en Cristo, ante Dios.

3

1 ¿Empezamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿Necesitamos, como algunos, carta de recomendación para vosotros, o de parte de vosotros?

2 Nuestra carta sois vosotros, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos los hombres.

3 Es manifiesto que sois carta de Cristo, resultado de nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las páginas palpitantes del corazón,

4 Y esa confianza tenemos por medio de Cristo ante Dios.

5 No que seamos competentes para atribuirnos que algo sea de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia viene de Dios.

6 El nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu. Porque la letra mata, pero el espíritu da vida.

7 Y si el ministerio que trajo muerte, escrito y grabado en piedra, fue con tal gloria, que los israelitas no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, a causa de la gloria de su rostro, a pesar de ser pasajera,

8 ¡cuánto más glorioso no será el ministerio del espíritu!

9 Si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más glorioso es el ministerio que trae justificación.

10 Porque lo que fue glorioso, no es glorioso ahora, en comparación de la gloria superior.

11 Porque si lo que es pasajero tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.

12 Así, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza.

13 No como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los israelitas no se fijaran en el resplandor que se iba desvaneciendo.

14 Pero la mente de ellos fue embotada. Y hasta el día de hoy, cuando leen el Antiguo Testamento, les queda el mismo velo, que sólo en Cristo es quitado.

15 Hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, un velo cubre el corazón de ellos.

16 Pero cuando se convierten al Señor, se le quita el velo.

17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad.

18 Por tanto, nosotros todos, al contemplar con el rostro descubierto, como en un espejo, la gloria del Señor, nos vamos transformando a su misma imagen, con la creciente gloria que viene del Señor, que es el Espíritu.

4

1 Por tanto, siendo que por la misericordia de Dios, tenemos este ministerio, no desmayamos.

2 Antes renunciamos a las formas ocultas y vergonzosas, no andando con astucia, ni adulterando la Palabra de Dios, sino que manifestando la verdad, nos recomendamos a toda conciencia humana ante Dios.

3 Si todavía nuestro evangelio está velado, entre los que se pierden está velado.

4 El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no vean la luz del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios.

5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo el Señor; y nosotros vuestros siervos por amor de Jesús.

6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestro corazón, para que podamos conocer la gloria de Dios que brilla en el rostro de Cristo.

7 Sin embargo, tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.

8 Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperamos;

9 perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos.

10 Llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo.

11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

12 De manera que la muerte actúa en nosotros, pero en vosotros actúa la vida.

13 Está escrito: "Creí, por eso hablé". Con ese mismo espíritu de fe, nosotros también creemos, por eso hablamos.

14 Porque sabemos que el que resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará a nosotros con Jesús, y nos presentará ante él junto con vosotros.

15 Y todo esto es para vuestro beneficio, para que la gracia aumente para gloria de Dios, y aumente la multitud de los que dan gracias.

16 Por eso, no desmayamos. Aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior se renueva de día en día.

17 Porque esta leve y momentánea tribulación, produce una eterna gloria, que supera toda comparación.

18 Así, fijamos nuestros ojos, no en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Porque lo que se ve es temporal, pero lo que no se ve es eterno.

5

1 Porque sabemos, que si nuestra casa terrestre en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio celestial, una casa eterna, hecha no por manos humanas.

2 Por eso gemimos, ansiando ser revestidos de nuestra habitación celestial,

3 si es que habiendo sido vestidos, no somos hallados desnudos.

4 Porque los que estamos en esta tienda, gemimos agravados; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

5 Pero Dios nos hizo para esto mismo, y nos dio la garantía del Espíritu.

6 Así, vivimos siempre animados, sabiendo que mientras estamos en el cuerpo, peregrinamos ausentes del Señor;

7 porque andamos por la fe, no por vista.

8 Pero cobramos ánimo, y preferimos dejar el cuerpo, y habitar con el Señor.

9 Por eso, ausentes o presentes, procuramos agradarle.

10 Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho cuando estuvo en el cuerpo, sea bueno o malo.

11 Conociendo, pues, la reverencia que debemos al Señor, persuadimos a los hombres, pues Dios conoce lo que somos, y espero que también sea conocido por vuestras conciencias.

12 No nos recomendamos otra vez a vosotros, sino que os damos ocasión de gloriaros de nosotros, para que tengáis qué responder a los que se glorían de lo exterior, y no de lo que está en el corazón.

13 Porque si hemos perdido el juicio, es para Dios; y si somos cuerdos es para vosotros.

14 Porque el amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, luego todos han muerto.

15 Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió, y resucitó por ellos.

16 De manera que de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne. Y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.

17 Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo.

18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.

19 Porque Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no atribuyendo a los hombres sus pecados. Y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

20 Así, somos embajadores en nombre de Cristo. Como si Dios rogase por medio nuestro, os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

21 Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros seamos hechos justicia de Dios en él.

6

1 Así, siendo colaboradores con Dios, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios.

2 Porque él dice: "En tiempo aceptable te oí, en el día de la salvación te ayudé". Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de la salvación.

3 A nadie damos ocasión de tropezar, para que nuestro ministerio no sea desacreditado.

4 Antes, nos presentamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades y angustias,

5 en azotes, en cárceles, en alborotos, en trabajos, en desvelos, en ayunos,

6 en pureza, en conocimiento, longanimidad, en bondad, en Espíritu Santo, en amor no fingido,

7 en palabra de verdad, en poder de Dios, en armas de justicia a la derecha y a la izquierda;

8 por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama; como engañadores, pero hombres de verdad;

9 como ignorados, pero bien conocidos; como muriendo, pero vivos; como castigados, pero no condenados a muerte;

10 como tristes, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo.

11 Oh corintios, os hemos hablado con franqueza, con nuestro corazón abierto.

12 Nuestro corazón no está cerrado para vosotros, pero el vuestro está cerrado para nosotros.

13 Para corresponder del mismo modo, como a hijos hablo, abríos también vosotros.

14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos. Porque, ¿qué tiene en común la justicia con la injusticia? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?

15 ¿Qué armonía hay entre Cristo y el diablo? ¿O qué parte tiene el creyente con el incrédulo?

16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: "Habitaré y andaré entre ellos. Seré su Dios, y ellos serán mi pueblo".

17 "Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor. No toquéis lo impuro, y yo os recibiré.

18 "Y seré vuestro Padre, y vosotros seréis mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso".

7

1 Así, amados, ya que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda impureza de la carne y del espíritu, perfeccionando la santificación en la reverencia a Dios.

2 Hacednos lugar en vuestro corazón. A nadie hemos injuriado, ni corrompido, ni engañado.

3 No lo digo para condenaros. Pues ya os dije que estáis en nuestro corazón, para morir o para vivir con vosotros.

4 Mucha confianza os tengo, mucha gloria de vosotros. Estoy lleno de consuelo, abundo en gozo en todas nuestras tribulaciones.

5 Porque cuando llegamos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo. Antes, en todo fuimos atribulados. Por fuera, conflictos; por dentro, temores.

6 Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito.

7 Y no sólo con su venida, sino también con el consuelo con que él había recibido acerca de vosotros. El nos contó de vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, para que me regocije aún más.

8 Si os entristecí con mi carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté. Porque veo que aquella carta, os entristeció por algún tiempo.

9 Ahora me alegro, no porque os entristecí, sino porque la tristeza os movió al arrepentimiento. Pues os entristecisteis según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.

10 Porque la tristeza piadosa, produce un arrepentimiento saludable, que no trae pesar. Pero la tristeza del mundo produce muerte.

11 Mirad qué ha producido esa tristeza piadosa. ¡Qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado inocentes en este asunto.

12 Así, aunque os escribí, no fue por causa del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se manifieste nuestra solicitud por vosotros ante Dios.

13 Por eso hemos sido consolados. Además de nuestro consuelo, mucho nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espíritu fue confortado por vosotros.

14 Pues si ante él me glorié acerca de vosotros, no quedé avergonzado. Antes, así como os hemos dicho siempre la verdad, así también nuestra gloria ante Tito fue verdadera.

15 Y su afecto por vosotros es aún más abundante, cuando se acuerda de vuestra obediencia, al recibirlo con temor y temblor.

16 Me alegra poder confiar en vosotros para todo.

8

1 Ahora, hermanos, os damos a conocer la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de Macedonia.

2 Que en medio de una gran prueba de tribulación, su rebosante gozo y su extrema pobreza desbordaron en riquezas de generosidad.

3 Pues con agrado dieron conforme a sus fuerzas, y aun sobre sus fuerzas.

4 Y nos pidieron con insistencia que aceptásemos el favor de este servicio en bien de los santos.

5 Y no hicieron como esperábamos, sino que se dieron a sí mismos primero al Señor y a nosotros por la voluntad de Dios.

6 De manera que exhortamos a Tito, que tal como empezó, así también acabe esta obra de gracia entre vosotros.

7 Por tanto, así como abundáis en todo, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor hacia nosotros, que también abundéis en esta gracia.

8 No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por la diligencia de otros, la sinceridad de vuestro amor.

9 Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros fueseis enriquecidos con su pobreza.

10 En esto os doy mi opinión que os conviene a vosotros. El año pasado fuisteis los primeros, no sólo en dar, sino también en querer dar.

11 Ahora, pues, llevadlo también a cabo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tenéis.

12 Porque si la voluntad está pronta, será acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene.

13 No digo esto para que paséis apuro, y que otros tengan abundancia,

14 sino para que en este tiempo, con igualdad, vuestra abundancia supla la falta de ellos, para que también la abundancia de ellos supla vuestra falta, para que haya igualdad.

15 Como está escrito: "El que juntó mucho, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos".

16 Gracias a Dios que puso en el corazón de Tito, la misma solicitud por vosotros.

17 Pues no sólo aceptó la invitación, sino también muy solícito, de su voluntad partió para ir a vosotros.

18 Con él enviamos al hermano, que en todas las iglesias es alabado por su servicio en el evangelio.

19 Y no sólo esto, sino que también fue elegido por las iglesias para acompañarnos a llevar esta donación, que administramos para gloria del mismo Señor, y para mostrar vuestra buena voluntad.

20 Para evitar todo motivo de reproche por esta abundante suma que administramos,

21 procuramos hacer las cosas honradamente, no sólo ante el Señor, sino aun ante los hombres.

22 Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces, de muchas maneras, y más ahora por la confianza que tiene en vosotros.

23 Tito es mi compañero y colaborador ante vosotros. Los demás hermanos son mensajeros de las iglesias, gloria de Cristo.

24 Mostrad, pues, hacia ellos ante las iglesias, la prueba de vuestro amor y del legítimo orgullo que sentimos acerca de vosotros.

9

1 Acerca de esta colecta para los santos, es por demás que os escriba.

2 Pues, conozco vuestra buena voluntad de la que me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado. Y vuestro ejemplo ha estimulado a muchos.

3 Pero os envío a los hermanos, para que nuestra jactancia acerca de vosotros no sea vana; para que, como lo dije, estéis preparados.

4 No sea que vayan conmigo algunos macedonios, y os hallen desprevenidos, y nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de nuestra confianza.

5 Por eso, creí necesario rogar a los hermanos a que fuesen primero a vosotros, y apresten vuestra prometida donación, para que esté lista como expresión de generosidad, y no de mezquindad.

6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, escasamente segará, y el que siembra generosamente, también generosamente segará.

7 Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad; porque Dios ama al que da con alegría.

8 Que Dios es poderoso para colmaros de toda gracia; a fin de que, teniendo siempre lo necesario, abundéis para toda buena obra.

9 Como está escrito: "Repartió, dio a los pobres. Su justicia permanece para siempre".

10 Y el que da semilla al que siembra, y pan para comer, también suplirá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia.

11 Para que estéis enriquecidos en todo, para toda liberalidad, que obra por nosotros acción de gracias a Dios.

12 Porque esta asistencia, no sólo suple lo que falta a los santos, sino también abunda en muchas acciones de gracias a Dios.

13 Por esta asistencia ellos glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la bondad de contribuir para ellos y para todos.

14 Y en su oración de ellos por vosotros, manifiestan el ardiente afecto que os tienen, por la eminente gracia de Dios en vosotros.

15 ¡Gracias a Dios por su don inefable!

10

1 Yo, Pablo, os ruego por la mansedumbre y la bondad de Cristo, yo que soy humilde en vuestra presencia, y osado cuando estoy ausente,

2 os ruego que cuando esté presente, no tenga que ser osado con algunos, que nos tienen como si anduviésemos según el mundo.

3 Pues aunque vivimos en el mundo, no militamos según el mundo.

4 Porque las armas de nuestra milicia no son mundanas, sino poderosas en Dios para destruir fortalezas,

5 para derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y cautivar todo pensamiento en obediencia a Cristo.

6 Estamos prontos a castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea completa.

7 Miráis sólo la apariencia. Si alguno confía que es de Cristo, considere dentro de sí, que así como él es de Cristo, nosotros también somos de Cristo.

8 Porque aunque me gloríe aún un poco de nuestra autoridad, que el Señor nos dio para vuestra edificación y no para vuestra destrucción, no me avergonzaré.

9 Para que no parezca que os quiero atemorizar por carta.

10 Porque algunos dicen: "Sus cartas son graves y fuertes, pero su presencia corporal débil, y su palabra menospreciable".

11 El tal piense esto, que así como somos en la palabra por carta estando ausentes, seremos también en hechos, estando presentes.

12 Porque no osamos contarnos ni compararnos con algunos que se alaban a sí mismos. Ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos.

13 Pero nosotros no nos gloriaremos sin medida, sino conforme a la norma que Dios nos dio por medida, y que llega hasta vosotros.

14 Porque no nos hemos extralimitado en gloriarnos, como si no hubiésemos de llegar hasta vosotros; porque fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo.

15 No nos gloriamos sin medida en trabajos ajenos. Pero esperamos que según crezca vuestra fe, seremos engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra norma;

16 y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos de lo que ya estaba preparado.

17 Pero el que se gloría, gloríese en el Señor.

18 Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.

11

1 ¡Ojalá toleraseis un poco mi insensatez! Pues, toleradme.

2 Os celo con celo de Dios. Porque os he desposado con un solo esposo, con Cristo; para presentaros a él como una virgen pura.

3 Pero temo que como la serpiente, con su astucia, engañó a Eva, vuestros sentidos sean extraviados de la sincera y pura devoción a Cristo.

4 Porque si alguien viniera, y os predicara a otro Jesús distinto del que hemos predicado, o si recibierais otro espíritu del que habéis recibido, u otro evangelio del que habéis aceptado, lo toleraríais bien.

5 Sin embargo, pienso que en nada soy inferior a los más eminentes apóstoles.

6 Aunque sea tosco en la palabra, tengo conocimiento. En todo y ante todos os lo hemos demostrado.

7 ¿Pequé humillándome a mi mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos, porque os prediqué el evangelio de Dios de balde?

8 He despojado a otras iglesias, recibiendo con qué vivir, para serviros a vosotros.

9 Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga. Los hermanos que vinieron de Macedonia suplieron lo que me faltaba. Y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso.

10 Por la verdad de Cristo que está en mí, ninguno de los de Acaya me arrebatará esta gloria.

11 ¿Por qué? ¿Porque no os amo? Dios lo sabe.

12 Pero lo que hago, lo seguiré haciendo, para quitar la ocasión a los que buscan ser considerados iguales a nosotros en las cosas en que se glorían.

13 Porque ésos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo.

14 Y no es de extrañar, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz.

15 Así, no es mucho si también sus ministros se disfrazan de ministros de justicia. Pero su fin será conforme a sus obras.

16 Otra vez digo: Nadie me estime insensato. De otra manera, recibidme como insensato, para que aún me gloríe un poco.

17 En esta confiada jactancia, no hablo como hablaría el Señor, sino como un insensato.

18 Ya que muchos se glorían como se gloria el mundo, yo también me gloriaré.

19 Porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos.

20 Porque toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os abofetea.

21 Para vergüenza mía lo digo, porque fuimos demasiado débiles. En lo que otro tenga la osadía de jactarse —hablo sin cordura—, yo también tengo la osadía de jactarme.

22 ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abrahán? También yo.

23 ¿Son ministros de Cristo? —Lo digo con poco juicio—. Yo más. En trabajos más abundante, en azotes sin número, en cárceles más, en peligro de muerte, muchas veces.

24 De los judíos cinco veces recibí cuarenta azotes menos uno.

25 Tres veces fui azotado con varas. Una vez apedreado. Tres veces naufragué. Una noche y un día pasé a la deriva en alta mar.

26 Anduve de viaje muchas veces. Estuve en peligro de ríos, en peligro de salteadores, en peligro de los de mi raza, en peligro de los gentiles. Peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos.

27 En trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez.

28 Además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.

29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién sufre escándalo, sin que yo me queme?

30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré de mi debilidad.

31 El Dios y Padre del Señor Jesús, bendito por los siglos, sabe que no miento.

32 En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme.

33 Pero fui descolgado de la muralla en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos.

12

1 Si es necesario gloriarme, aunque no conviene, vendré a las visiones y revelaciones del Señor.

2 Sé de un hombre en Cristo, que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo. Si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé. Dios lo sabe.

3 Y sé que ese hombre -si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe-,

4 fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables, que al hombre no le es permitido expresar.

5 De ese hombre me gloriaré, pero de mí mismo nada me gloriaré, sino en mis debilidades.

6 Si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad. Pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que ve en mí, u oye de mí.

7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exalte desmedidamente, me fue dada una espina en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetea, para que no me enaltezca sobremanera.

8 Tres veces rogué al Señor que quite ese aguijón de mí.

9 Y me dijo: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Por eso, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.

10 Por eso, por causa de Cristo, me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

11 Me hice insensato al gloriarme. Vosotros me obligasteis. Pues yo debía ser alabado por vosotros, porque en nada he sido menos que los más eminentes apóstoles, aunque nada soy.

12 Con todo, las señales de un apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, en señales, prodigios y milagros.

13 Porque, ¿en qué habéis sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os fui carga? Perdonadme este agravio.

14 Ahora estoy listo para ir a vosotros por tercera vez. Y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros. Porque no han de atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.

15 De muy buena gana gastaré lo mío, y me gastaré yo mismo por vosotros. Amándoos más, ¿seré amado menos?

16 Como quiera que sea, no os fui carga. Sino que en mi astucia —dirá alguno—, os prendí por engaño.

17 ¿Acaso me aproveché de vosotros por medio de alguno de los que os envié ?

18 Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Se aprovechó Tito de vosotros? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu y por las mismas pisadas?

19 ¿Pensáis que nos estamos disculpando ante vosotros? Estamos hablando ante Dios, en Cristo. Y todo, muy amados, para vuestra edificación.

20 Temo que cuando llegue, no os halle como quisiera, y haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias y desórdenes.

21 Que cuando vuelva a visitaros, Dios me humille entre vosotros. Quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia, la fornicación y la lascivia que han cometido

13

1 Por tercera vez voy a vosotros. En boca de dos o tres testigos se decidirá cada caso.

2 He dicho antes, y ahora lo repito como si estuviera presente. Ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré indulgente.

3 Ya que buscáis una prueba de Cristo que habla en mí. El no es débil al tratar con vosotros, antes es poderoso entre vosotros.

4 Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. También nosotros somos débiles en él, pero por el poder de Dios, viviremos con él para serviros a vosotros.

5 Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis en la fe. Probaos a vosotros mismos. ¿No reconocéis que Jesucristo está en vosotros? A menos que estéis reprobados.

6 Espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados.

7 Oramos a Dios que ningún mal hagáis. No para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros parezcamos reprobados.

8 Porque nada podemos contra la verdad, sino sólo en favor de la verdad.

9 Nos alegramos cuando nosotros somos débiles, y vosotros fuertes. Oramos por vuestra perfección.

10 Por eso os escribo estando ausente, para no ser severo cuando esté presente, conforme a la autoridad que el Señor me ha dado para edificar, y no para destruir.

11 Por fin, hermanos, tened gozo. Procurad la perfección. Animaos mutuamente. Sed de un mismo sentir. Vivid en paz. Y el Dios de paz y de amor estará con vosotros.

12 (12a) Saludaos unos a otros con beso santo.

13 (12b) Todos los santos os saludan.

14 (13) La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.