1 Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes,
2 a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados santos, con todos los que en todo lugar invocan el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro.
3 Gracia y paz a vosotros, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
4 Siempre doy gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús;
5 porque en él fuisteis enriquecidos, en toda palabra y conocimiento;
6 así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros,
7 de tal manera que no os falte ningún don, mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
8 El os guardará vigorosos hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.
9 Fiel es Dios, que os llamó a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
10 Os ruego hermanos, por el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa y que no haya entre vosotros divisiones. Antes estad perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer.
11 Porque fui informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.
12 Quiero decir que de vosotros, uno dice: "Yo soy de Pablo". Otro dice: "Yo de Apolo", "yo de Cefas", y "yo de Cristo".
13 ¿Está Cristo dividido? ¿Fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
14 Doy gracias a Dios, que a ninguno de vosotros bauticé, sino a Crispo y a Gayo;
15 para que ninguno diga que fue bautizado en mi nombre.
16 También bauticé a la familia de Estéfanas, pero no sé si bauticé a otro.
17 Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para no anular la eficacia de la cruz de Cristo.
18 Porque el mensaje de la cruz es locura para los que se están perdiendo; pero para los que estamos siendo salvos, es poder de Dios.
19 Porque está escrito: "Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la inteligencia de los entendidos".
20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el erudito? ¿Dónde el filósofo de las cosas de este mundo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
21 Porque como el mundo en su sabiduría, no conoció a Dios en su divina sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la necedad de la predicación.
22 Los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría,
23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos tropiezo, y para los gentiles necedad,
24 pero para los llamados, así judíos como griegos, Cristo es el poder de Dios, y la sabiduría de Dios.
25 Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
26 Hermanos, pensad lo que erais cuando fuisteis llamados. No erais muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.
27 Antes lo necio del mundo eligió Dios, para avergonzar a los sabios; lo débil del mundo eligió Dios, para avergonzar a lo fuerte;
28 y lo vil del mundo y lo menospreciado eligió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es;
29 para que nadie se jacte en su presencia.
30 De él viene que vosotros estéis en Cristo Jesús, quien nos fue hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;
31 para que, como está escrito: "El que se gloria, gloríese en el Señor".
1 Hermanos, cuando fui a vosotros a proclamar el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabra o de sabiduría.
2 Porque me propuse no saber nada entre vosotros, sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
3 Y me presenté a vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor.
4 Y mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,
5 para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.
6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; no sabiduría de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que han de perecer,
7 sino que hablamos de la sabiduría escondida de Dios, que estaba oculta, y que desde el principio Dios destinó para nuestra gloria,
8 la que ninguno de los príncipes de este mundo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
9 Antes, como está escrito: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón humano, son las que Dios ha preparado para los que le aman".
10 Pero Dios nos lo reveló por el Espíritu, porque el Espíritu lo explora todo, aun lo profundo de Dios.
11 Porque, ¿quién de los hombres conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también, nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer los dones que Dios nos ha dado gratuitamente.
13 Lo que también hablamos, no con palabras de humana sabiduría, sino con doctrina del Espíritu, expresando verdades espirituales en palabras espirituales.
14 Pero el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios, porque le son necedad; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
15 En cambio, el hombre espiritual discierne todas las cosas, y él no es enjuiciado por nadie.
16 Porque, ¿quién conoció la mente del Señor para instruirlo? En cambio, nosotros tenemos la mente de Cristo.
1 Así, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.
2 Os di a beber leche, y no alimento sólido, porque aún no podíais soportarlo, ni aun podéis ahora;
3 porque todavía sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, no sois carnales y andáis a lo humano?
4 Cuando uno dice: "Yo soy de Pablo", y el otro: "Yo de Apolo", ¿no procedéis a lo humano?
5 ¿Qué es Apolo? ¿Y qué es Pablo? Siervos por los cuales habéis creído, y eso según ha concedido el Señor a cada uno.
6 Yo planté, Apolo regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios.
7 Así, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios que da el crecimiento.
8 El que planta y el que riega son una misma cosa, aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su propia labor.
9 Porque nosotros somos colaboradores con Dios, y vosotros labranza de Dios, edificio de Dios sois.
10 Conforme a la gracia que Dios me dio, yo como perito arquitecto puse el cimiento, y otro edifica encima. Pero cada uno vea cómo sobreedifica.
11 Porque nadie puede poner otro fundamento fuera del que está puesto, que es Jesucristo.
12 Si alguien edifica sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca;
13 la obra de cada uno será manifestada. El día la revelará, mediante el fuego. El fuego probará la obra de cada uno.
14 Si permanece la obra del que edificó, recibirá recompensa.
15 Si la obra de alguno se quema, él sufrirá la pérdida; aunque él mismo será salvo, como quien escapa del fuego.
16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
17 Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es santo. Y ese templo sois vosotros.
18 Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno se cree sabio según este mundo, hágase ignorante, para llegar a ser sabio.
19 Porque la sabiduría de este mundo es insensatez ante Dios, pues escrito está: "El prende a los sabios en su propia astucia".
20 Y otra vez: "El Señor conoce que los pensamientos de los sabios son vanos".
21 Así, ninguno se jacte de los hombres, porque todo es vuestro.
22 Sea Pablo, Apolo o Cefas, sea el mundo, la vida o la muerte, sea lo presente o lo por venir; todo es vuestro;
23 y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
1 Téngannos los hombres por servidores de Cristo, administradores de los secretos de Dios.
2 Ahora bien, se requiere que cada administrador sea hallado fiel.
3 A mí poco me preocupa ser juzgado por vosotros, o por un tribunal humano. Ni aun yo me juzgo a mí mismo.
4 Aunque mi conciencia de nada me acusa, no por eso quedo justificado. El que me juzga, es el Señor.
5 Así, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor. El iluminará lo oculto en tinieblas, y manifestará los motivos de los corazones. Entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza.
6 Esto, hermanos, lo he aplicado a Apolo y a mí, para vuestro beneficio, para que aprendáis de nosotros a no ir más allá de lo que está escrito, para que ninguno se apasione contra el otro.
7 Porque, ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
8 Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Ojalá reinaseis, para que nosotros reinemos también con vosotros!
9 Porque pienso que Dios nos asignó a nosotros los apóstoles el último lugar, como a sentenciados a muerte. Hemos llegado a ser una exhibición para todo el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres.
10 Nosotros insensatos por amor de Cristo, y vosotros prudentes en Cristo. Nosotros débiles, y vosotros fuertes. Vosotros honorables, y nosotros despreciables.
11 Hasta el presente pasamos hambre, sed y desnudez, somos abofeteados y sin hogar.
12 Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Nos maldicen, y bendecimos. Padecemos persecución, y la soportamos.
13 Cuando nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser como la hez del mundo, el desecho de todos.
14 No escribo esto para avergonzaros, sino como advertencia a mis hijos amados.
15 Porque aunque tengáis diez mil maestros en Cristo, no tenéis muchos padres. En Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.
16 Por tanto, os ruego que me imitéis.
17 Por eso os he enviado a Timoteo, mi hijo amado y fiel en el Señor, quien os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes en todas las iglesias.
18 Algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros.
19 Pero iré pronto a vosotros, si el Señor lo quiere; y entenderé, no las palabras sino el poder de los que andan hinchados.
20 Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder,
21 ¿Qué queréis? Iré a vostros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?
1 Se oye como cosa cierta, que hay entre vosotros fornicación, y de tal clase que no se da ni entre los gentiles; tanto que alguno tenga la esposa de su padre.
2 Y vosotros estáis hinchados. Y no tuvisteis más bien duelo, para quitar de entre vosotros al que cometió ese ultraje.
3 Por mi parte, aunque ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, como si me hallara presente, ya sentencié al que esto cometió.
4 En el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con la facultad de nuestro Señor Jesucristo,
5 entregad al tal a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor.
6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?
7 Limpiaos de la vieja levadura, para que seáis nueva masa sin levadura como sois. Porque nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros.
8 Así, celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con levadura de malicia y perversidad, sino con pan sin levadura, pan de sinceridad y verdad.
9 Os escribí en mi carta, que no os asociéis con los fornicarios.
10 No me refería a los fornicarios de este mundo, a los avaros, ladrones o idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.
11 Más bien os escribí que no os asociéis con quien llamándose hermano sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón. Con uno así, ni aun comáis.
12 Porque, ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?
13 Porque a los que están fuera, Dios los juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.
1 ¿Se atreve alguno de vosotros, cuando tiene algo con otro, ir a juicio ante los injustos, y no ante los santos?
2 ¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿seréis incapaces de juzgar casos de menor importancia?
3 ¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? Cuánto más las cosas de esta vida?
4 Por tanto, si tenéis juicios sobre cosas de esta vida, poned por jueces a los que sean de menor estima en la iglesia.
5 Para avergonzaros lo digo. Pues qué, ¿no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar en un pleito entre sus hermanos?
6 Sino que el hermano pleitea con el hermano, ¡y eso ante los infieles!
7 Por cierto ya es una falta que tengáis pleitos entre vosotros. Más bien, ¿por qué no sufrís el agravio? ¿Por qué no sufrís ser defraudados?
8 Pero vosotros cometéis el agravio y defraudáis, y esto a los hermanos.
9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.
11 Eso erais algunos. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
12 Alguien dirá: "Todo me es permitido", pero no todo es provechoso; "todo es permitido", pero no me dejaré dominar por nada.
13 "Las comidas para el estómago, y el estómago para las comidas". Pero Dios destruirá a los dos. El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo.
14 Así como Dios resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros con su poder.
15 ¿No sabéis que vuestro cuerpo es miembro de Cristo? Entonces, ¿quitaré los miembros de Cristo, y los uniré a una ramera? ¡De ninguna manera!
16 ¿No sabéis que el que se junta con una ramera, llega a ser un cuerpo con ella? Porque dice: "Los dos serán una sola carne".
17 Pero el que se une con el Señor, es un solo espíritu con él.
18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre comete, es fuera del cuerpo. Pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo.
19 ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, que tenéis de Dios, Y que no sois vuestros?
20 Porque habéis sido comprados por precio. Por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo.
1 En cuanto a lo que me escribisteis, bueno sería que el hombre no se casara.
2 Pero por causa de la fornicación, cada uno tenga su propia esposa, y cada una tenga su propio esposo.
3 El hombre cumpla su deber conyugal hacia su esposa, y también la mujer hacia su esposo.
4 La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el esposo. De igual modo, el esposo no tiene potestad de su propio cuerpo, sino la esposa.
5 No os privéis el uno al otro, a no ser de mutuo acuerdo. por algún tiempo, para ocuparos en la oración. Y volved a uniros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.
6 Esto digo por concesión, no por mandato.
7 Quisiera más bien que todos los hombres fueran como yo. Pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno de una manera, y otro de otra.
8 Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedar como yo.
9 Pero, si no tienen el don de continencia, cásense; que es mejor casarse que quemarse.
10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se aparte de su esposo.
11 Y si se aparta, que se quede sin casar, o reconcíliese con su esposo. Y que el marido no abandone a su esposa.
12 A los demás digo yo, no el Señor: Si algún hermano tiene esposa no creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.
13 Y si una mujer tiene esposo infiel, y él consiente en habitar con ella, no lo deje.
14 Porque el esposo incrédulo es santificado en la esposa, y la mujer incrédula en el esposo. De otra manera vuestros hijos serían impuros, pero ahora son santos.
15 Pero si el incrédulo se aparta, que se aparte; que el hermano o la hermana no están sujetos a servidumbre en ese caso, antes a paz nos llamó Dios.
16 Porque, ¿cómo sabes, oh mujer, si no salvarás a tu esposo? O cómo sabes, oh esposo, si no salvarás a tu esposa?
17 Por lo demás, cada uno viva como el Señor le asignó, y como Dios lo llamó. Esta es la norma que presento en todas las iglesias.
18 ¿Fue alguno llamado siendo circuncidado? No lo disimule. ¿Ha sido llamado alguno incircuncidado? No se circuncide.
19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es. Lo que vale es guardar los Mandamientos de Dios.
20 Cada uno quede en el estado en que fue llamado.
21 ¿Eras esclavo cuando fuiste llamado? No te preocupes. Pero si puedes conseguir tu libertad, procúrala.
22 Porque el que era esclavo cuando fue llamado por el Señor, es liberto del Señor. De igual modo, el que fue llamado siendo libre, es siervo de Cristo.
23 Fuisteis comprados por precio. No os hagáis esclavos de los hombres.
24 Cada uno, hermanos, en lo que fue llamado, así permanezca ante Dios.
25 Para los solteros, no tengo mandato del Señor, pero doy mi parecer, como quien por la misericordia del Señor es digno de confianza.
26 Debido a la calamidad inminente, es bueno que el hombre quede como está.
27 ¿Estás casado? No procures separarte. ¿Estás libre de esposa? No procures casarte.
28 Pero si te casas, no pecas. Y si la joven se casa, no peca. Pero los tales tendrán aflicción de la carne, que quisiera evitarles.
29 Pero os digo, hermanos, que el tiempo es corto. Resta que los que tienen esposa sean como si no la tuvieran;
30 los que lloran, como si no llorasen; los que se alegran, como si no se alegrasen; los que compran, como si no poseyeran;
31 y los que usan las cosas de este mundo, como si no las usaran. Porque este mundo, en su forma actual, pasará.
32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor.
33 Pero el casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su esposa.
34 También hay diferencia entre la casada y la soltera. La soltera tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu. Pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su esposo.
35 Digo esto para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y para que sin impedimento sirváis al Señor.
36 Pero, si alguno piensa que es impropio para su hija doncella, que pasa ya de edad, y conviene que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case.
37 En cambio, el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que es dueño de su voluntad, y en su corazón ha resuelto guardar a su hija doncella, hace bien.
38 Así, el que da a su hija soltera en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor.
39 La mujer casada está ligada a su esposo mientras él vive. Pero si el esposo muere, ella queda libre para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.
40 Pero a mi juicio será más dichosa si queda así. Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios.
1 Acerca de los alimentos ofrecidos en sacrificio a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
2 Si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe saberlo.
3 Pero el que ama a Dios, es conocido por Dios.
4 Acerca de comer las viandas sacrificadas a los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en
5 Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, en el cielo o en la tierra, como hay muchos llamados dioses y señores,
6 para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas, y para quien nosotros vivimos; y un Señor Jesucristo, por medio de quien son todas las cosas, y por medio de quien vivimos.
7 Pero no todos saben esto. Algunos, habituados todavía a los ídolos, comen la carne pensando que está sacrificada a los ídolos. Y su conciencia, siendo débil se contamina.
8 La comida no nos hace más aceptos a Dios; porque no somos peores si no comemos, ni mejores si comemos.
9 Pero cuidad que vuestra libertad no sea tropiezo a los débiles,
10 Porque si alguno te ve a ti que tienes conocimiento, comiendo en un templo de ídolos, la conciencia del débil, ¿no será inducida a comer de lo sacrificado a los ídolos?
11 Y por tu conocimiento se perdería el hermano débil por quien Cristo murió.
12 De esta manera, pecando contra los hermanos, e hiriendo su débil conciencia, pecáis contra Cristo.
13 Por eso, si la comida es a mi hermano ocasión de caer, jamás comeré carne, para no escandalizar a mi hermano.
1 ¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a nuestro Señor Jesús? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
2 Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy, porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
3 Esta es mi defensa ante los que me acusan.
4 Acaso, ¿no tenemos derecho a comer y beber?
5 ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una esposa creyente, como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?
6 ¿O sólo Bernabé y yo estamos obligados a realizar otros trabajos para sustentarnos?
7 ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña, y no come de su fruto? ¿Quién apacienta ganado, y no se alimenta de la leche del ganado?
8 ¿Digo esto al modo humano? ¿No lo dice también la Ley?
9 Porque en la Ley de Moisés está escrito: "No pondrás bozal al buey que trilla". ¿Tiene Dios mayor cuidado de los bueyes?
10 ¿No lo dice expresamente por nosotros? Pues por nosotros está escrito. Porque con esperanza ha de arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto.
11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa que cosechemos de vosotros lo material?
12 Si otros tienen este derecho entre vosotros, ¿no lo tenemos aún más nosotros? Sin embargo, no hemos usado de este derecho. Al contrario, antes soportamos todo, para no poner ningún tropiezo al evangelio de Cristo.
13 ¿No sabéis que los que prestan servicios sagrados, comen del templo; y que los que sirven al altar, del altar participan?
14 El Señor ordenó que del mismo modo, los que anuncian el evangelio, vivan del evangelio.
15 Pero yo de nada de esto me aproveché. Ni tampoco os escribo esto para que así se haga conmigo. Porque prefiero morir, antes que nadie me prive de mi gloria.
16 Sin embargo, al anunciar el evangelio, no tengo de qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad. ¡Ay de mí, si no anunciara el evangelio!
17 Por lo cual, si lo hago de voluntad, recompensa tendré; pero si obligado, estaré cumpliendo lo que me fue confiado.
18 Entonces, ¿cuál es mi galardón? Predicar el evangelio gratuitamente, sin usar el derecho que me confiere el evangelio.
19 Aunque soy libre de todos, me hice siervo de todos por ganar a mayor número.
20 Con los judíos me hice como judío, por ganar a los judíos; a los que están sujetos a la Ley —aunque yo no estoy sujeto a la Ley—, como si estuviera sujeto a la Ley, para ganar a los que están sujetos a la Ley;
21 a los que no tienen la ley, me hice como si yo estuviera sin la Ley —aunque no estoy sin la Ley de Dios, sino en la Ley de Cristo—, para ganar a los que están sin ley.
22 Me hice débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me hice todo, para que de todos modos salve a algunos.
23 Esto hago por causa del evangelio, para participar de él.
24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, pero sólo uno lleva el premio? "Corred de tal manera que lo obtengáis.
25 Todo atleta se abstiene de todo. Ellos para recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible.
26 Así de esta manera corro, no como a cosa incierta; de esta manera peleo, no como quien golpea al aire.
27 Trato severamente a mi cuerpo, y lo someto a disciplina, no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.
1 No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron por el mar.
2 Todos fueron bautizados en Moisés, en la nube y en el mar.
3 Todos comieron el mismo alimento espiritual,
4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo.
5 Sin embargo, la mayoría de ellos no agradó a Dios, y quedaron tendidos en el desierto.
6 Todo esto sucedió por ejemplo, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.
7 Ni seáis idólatras como algunos de ellos, según está escrito: "El pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantaron a divertirse".
8 Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día 23.000 hombres.
9 Ni tentéis a Cristo, como algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes.
10 Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.
11 Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertir a los que han llegado al fin de los siglos.
12 Así, el que piensa estar firme, mire que no caiga.
13 No os ha venido ninguna tentación, sino humana. Pero Dios es fiel, y no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir. Antes, junto con la tentación os dará también la salida, para que podáis soportar.
14 Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
15 Como a sensatos hablo. Juzgad vosotros lo que digo.
16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión con el cuerpo de Cristo?
17 Debido a que hay un solo Pan, nosotros, que somos muchos, somos un solo cuerpo, porque todos participamos de ese mismo Pan.
18 Mirad a Israel según la carne. Los que comen de los sacrificios, ¿no participan del altar?
19 ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo? ¿O que sea algo lo que es sacrificado a los ídolos?
20 Antes digo, lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios. Y no quiero que vosotros participéis de los demonios.
21 No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.
22 ¿Provocaremos el celo del Señor? ¿Somos más fuertes que él?
23 Alguien dirá: "Todo es permitido". Pero no todo conviene. "Todo es permitido". Pero no todo edifica.
24 Ninguno busque su propio bien, sino el de otros.
25 De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin levantar cuestión de conciencia.
26 Porque la tierra y todo lo que contiene son del Señor.
27 Y si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que os ponga delante comed, sin levantar cuestión de conciencia.
28 Pero si alguien os dijera: "Esto fue sacrificado a los ídolos". No lo comáis, por causa del que lo declaró, y por motivo de la conciencia.
29 Digo la conciencia del otro, no la tuya. Pues, ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia del otro?
30 Si doy gracias a Dios por lo que como, ¿por qué he de ser denunciado por lo que doy gracias?
31 Así, si coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
32 No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios.
33 Como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.
1 Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.
2 Os alabo, hermanos, que en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones, tal como os las entregué.
3 Pero quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza de todo hombre, el hombre es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.
4 Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.
5 Y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza, como si se hubiera rapado.
6 Si la mujer no se cubre, que se corte el cabello. Y si es vergonzoso para la mujer cortarse el cabello o raparse, cúbrase.
7 El hombre no ha de cubrir la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del hombre.
8 Porque el hombre no fue hecho de la mujer, sino la mujer del hombre.
9 Tampoco el hombre fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del hombre.
10 Por eso, y por causa de los ángeles, la mujer debe llevar sobre su cabeza una señal de autoridad.
11 Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre es independiente de la mujer.
12 Porque así como la mujer fue hecha del hombre, así también el hombre nace de la mujer. Pero todo procede de Dios.
13 Juzgad vosotros mismos: ¿Es apropiado que la mujer ore a Dios, sin cubrirse la cabeza?
14 La misma naturaleza, no enseña que al hombre es deshonroso dejarse crecer el cabello?
15 En cambio, para la mujer es una honra dejarse crecer el cabello. Porque el cabello le es dado en lugar de velo.
16 Con todo, si alguno quiere discutir, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.
17 En las siguientes directivas, no alabo vuestras asambleas, porque os causan más mal que bien.
18 En primer lugar, oigo que cuando os reunís en la iglesia, hay entre vosotros disensiones. Y en parte lo creo.
19 Porque preciso es que haya disensiones entre vosotros, para que se vean los que son aprobados entre vosotros.
20 Cuando os reunís, eso no es comer la Cena del Señor.
21 Porque al comer, cada uno se adelanta a comer su propia cena, sin esperar a los demás. Y uno queda con hambre, y el otro se embriaga.
22 Pues qué, ¿no tenéis casa donde comer y beber? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
23 Porque yo recibí del Señor lo que también os enseñé: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan,
24 y después de dar gracias, lo partió, y dijo: "Tomad, comed. Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido. Haced esto en memoria de mí".
25 De igual modo, después de haber cenado, tomó la copa, y dijo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre. Cada vez que la bebáis, bebedla en memoria de mí".
26 Porque cada vez que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga.
27 Por eso, cualquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y así coma de aquel pan, y beba de aquella copa.
29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí.
30 Por eso hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y algunos han muerto.
31 Si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos castigados.
32 Pero si el Señor nos castiga, es para enmendarnos, para que no seamos condenados con el mundo.
33 Así, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.
34 Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo llegue.
1 Acerca de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en ignorancia.
2 Sabéis que cuando erais gentiles, erais llevados a los ídolos mudos.
3 Por tanto, os hago saber, que nadie que hable por el Espíritu de Dios, dirá: "Maldito sea Jesús". Y nadie puede decir: "Jesús es el Señor", sino por el Espíritu Santo.
4 Sin embargo, hay diversos dones, pero el Espíritu es el mismo.
5 Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo.
6 Y hay diversas operaciones, pero Dios, que efectúa todas las cosas en todos, es el mismo.
7 A cada uno le es dada manifestación del Espíritu para el bien común.
8 A uno es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9 a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, don de sanidad por el mismo Espíritu;
10 a otro, operación de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
11 Pero todas estas cosas, las efectúa uno y el mismo Espíritu, y reparte a cada uno en particular como él quiere.
12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, siervos o libres. Y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
15 Si el pie dijera: "Como no soy mano, no soy del cuerpo". ¿Por eso no sería del cuerpo?
16 Y si la oreja dijera: "Como no soy ojo, no soy del cuerpo". Por eso, ¿no sería del cuerpo?
17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
18 Dios ha colocado a cada miembro en el cuerpo, como él quiso.
19 Si todos fueran un solo miembro, dónde estaría el cuerpo?
20 Lo cierto es que hay muchos miembros, pero un solo cuerpo.
21 Ni el ojo puede decir a la mano: "No te necesito". Ni la cabeza a los pies: "No os necesito".
22 Antes, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son más necesarios.
23 Los miembros que parecen menos dignos, los vestimos con más honor. Y los que son menos decorosos, los tratamos con más honestidad.
24 Porque nuestros miembros más decorosos no necesitan trato especial. Dios formó el cuerpo, dando más honor al que le faltaba,
25 para que no haya división en el cuerpo, sino que sus miembros se preocupen los unos por los otros.
26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él. Y si un miembro es honrado, todos los miembros se gozan con él.
27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y cada uno de vosotros es parte de él.
28 Así los puso Dios en la iglesia, primero apóstoles, segundo profetas, tercero maestros, después operadores de milagros, después dones de sanidad, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Operan todos milagros?
30 ¿Tienen todos don de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
31 Sin embargo, procurad los mejores dones. Y ahora os voy a mostrar un camino todavía más excelente.
1 Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena, o címbalo que retiñe.
2 Si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y toda ciencia; y si tuviera toda la fe, de manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a pobres, y entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno. El amor no siente envidia. El amor no es jactancioso, no se engríe,
5 no es rudo, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se alegra de la injusticia, sino que se alegra de la verdad.
7 Todo lo sufre. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
8 Las profecías terminarán. Cesarán las lenguas. La ciencia tendrá su fin. Pero el amor nunca se acaba.
9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
10 pero cuando venga lo que es perfecto, desaparecerá lo imperfecto.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Pero cuando llegué a ser hombre, dejé lo que era de niño.
12 Ahora vemos en un espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré cabalmente, como soy conocido.
13 Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la mayor es el amor.
1 Seguid el amor, y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.
2 Porque el que habla en alguna lengua, no habla a los hombres, sino a Dios; porque nadie lo entiende, aunque en su espíritu hable misterios.
3 Pero el que profetiza, habla a los hombres para edificar, exhortar y consolar.
4 El que habla en otra lengua, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
5 Así, quisiera que todos hablaseis lenguas. Sin embargo, prefiero que profeticéis. Porque mayor es el que profetiza que el que habla lenguas, a no ser que también se interprete, para que la iglesia reciba edificación.
6 Ahora, hermanos, si yo fuera a vosotros hablando en lenguas, ¿de qué os aprovecharé, si no llevara alguna revelación, ciencia, profecía o doctrina?
7 Aun los instrumentos musicales, como la flauta o la cítara, si no dan voces bien distintas, ¿cómo se sabrá lo que tocan?
8 Y si la trompeta diera un sonido incierto, ¿quién se alistaría para la batalla?
9 Así también vosotros, si con la lengua no habláis palabra bien inteligible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Hablaríais al aire.
10 En el mundo hay muchas lenguas, y ninguna carece de significado.
11 Pero si no se entiende el significado, seré extraño para el que habla, y él será extraño para mí.
12 Así también vosotros. Ya que anheláis dones espirituales, procurad sobresalir en los dones que edifican a la iglesia.
13 Por eso, el que habla en otra lengua, pida que se interprete.
14 Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.
15 ¿Qué haré, pues? Oraré con el espíritu, pero también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.
16 Porque si alabas a Dios con tu espíritu, el oyente sencillo, ¿cómo dirá amén a tu acción de gracias si no sabe lo que has dicho?
17 Porque tú, a la verdad, bien das gracias, pero el otro no es edificado.
18 Doy gracias a Dios que hablo más lenguas que todos vosotros.
19 Pero en la iglesia prefiero decir cinco palabras inteligibles, que instruyan a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.
20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino en la malicia; pero maduros en el modo de pensar.
21 En la Ley está escrito: "En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo. Y ni aun así me oirán, dice el Señor".
22 Así, las lenguas sirven de señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.
23 Si toda la iglesia se reúne en un lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?
24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado.
25 Lo oculto de su corazón se manifestará. Así se postrará, adorará a Dios, y dirá que verdaderamente Dios está entre vosotros.
26 ¿Qué haremos, hermanos? Cuando os reunís, uno puede tener un himno, una instrucción, una revelación, una lengua o una interpretación. Hágase todo para edificación.
27 Si alguno habla en lengua, que hablen dos, o a lo más tres, y por turno. Y que alguien interprete.
28 Y si no hubiera intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.
29 Que los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.
30 Y si otro que está sentado, recibe alguna revelación, calle el primero.
31 Porque podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.
32 Y los espíritus de los profetas estén sujetos a los profetas;
33 porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz.
34 Como en todas las iglesias de los santos, las mujeres callen en la iglesia. Porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como dice la Ley.
35 Si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus esposos. Porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.
36 Acaso, ¿se originó en vosotros la Palabra de Dios? ¿O ha llegado sólo a vosotros?
37 Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que os escribo mandatos del Señor.
38 Pero el que ignora, que ignore.
39 Así, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis hablar lenguas.
40 Pero hágase todo decentemente y con orden.
1 Además, os recuerdo hermanos, el evangelio que os prediqué, que también recibisteis, y en el cual perseveráis firmes.
2 Por este evangelio sois salvos, si retenéis firmes la palabra que os he predicado. Si no, creísteis en vano.
3 Porque primero os trasmití lo que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
4 que fue sepultado, y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
5 que apareció a Cefas, y después a los doce.
6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales la mayoría vive aún, y otros duermen.
7 Después apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles,
8 Y al último de todos, como a un nacido a destiempo, me apareció a mí.
9 Porque yo soy el menor de los apóstoles, indigno de ser llamado apóstol, porque perseguía la iglesia de Dios.
10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano conmigo. Antes trabajé más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.
11 Porque, sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.
12 Y si se predica que Cristo resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.
14 Y si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana, y vuestra fe también es vana.
15 Y aun nosotros seríamos falsos testigos de Dios, ya que afirmamos que él resucitó a Cristo; a quien no resucitó, si fuera verdad que los muertos no resucitan.
16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
17 Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, y aún estáis en vuestros pecados.
18 Entonces también los que durmieron en Cristo están perdidos.
19 Si sólo para esta vida esperamos en Cristo, somos los más desdichados de todos los hombres.
20 Pero lo cierto es que Cristo resucitó de los muertos, y fue hecho primicia de los que durmieron.
21 Porque así como la muerte vino por un hombre, también por un Hombre vino la resurrección de los muertos.
22 Porque así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos serán vueltos a la vida.
23 Pero cada uno en su orden: Cristo la primicia, después los que son de Cristo, en su venida.
24 Entonces vendrá el fin, y Cristo entregará el reino a Dios y Padre, cuando haya quitado todo dominio, toda autoridad y potencia.
25 Porque él debe reinar hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies.
26 Y el último enemigo que será destruido es la muerte.
27 Porque Dios "sometió todas las cosas bajo sus pies". Al decir: Sometió "todas las cosas" a él, claro está, excepto Aquel que sujetó todas las cosas a él.
28 Cuando todas las cosas le sean sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos.
29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué se bautizan por los muertos?
30 Y nosotros mismos, ¿por qué nos exponemos al peligro a toda hora?
31 Por el orgullo que siento por vosotros en Cristo Jesús Señor nuestro, cada día me expongo a la muerte.
32 Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿de qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, "comamos y bebamos, que mañana moriremos".
33 No erréis, las malas compañías corrompen las buenas costumbres.
34 Despertad como conviene, y dejad de pecar; porque algunos no conocen a Dios. Para vuestra vergüenza lo digo.
35 Pero alguno preguntará: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
36 ¡Necio! Lo que tú siembras, si no muere no vuelve a la vida.
37 Y al sembrar, no siembras el cuerpo que ha de brotar, sino un simple grano, sea de trigo u otro grano.
38 Pero Dios le da el cuerpo como él quiso, a cada semilla su propio cuerpo.
39 No toda carne es la misma carne. Una carne es la de los hombres, otra la de los animales, otra la de los peces, y otra la de las aves.
40 Y hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales. Y uno es el esplendor de los celestiales, y otro de los terrenales.
41 Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, y otro el de las estrellas. Y cada estrella difiere de la otra en resplandor.
42 Así es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, se resucita en incorrupción.
43 Se siembra en deshonra, se resucita en gloria. Se siembra en debilidad, se resucita en poder.
44 Se siembra un cuerpo animal, resucitará un cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y cuerpo espiritual.
45 Así está escrito: "El primer Adán fue hecho un ser viviente". El postrer Adán, un espíritu vivificante.
46 Pero lo espiritual no es primero, sino lo natural; después lo espiritual.
47 El primer hombre es de la tierra, terrenal. El segundo hombre, es el Señor, es del cielo.
48 Como el terrenal, así son los terrenales; y como el celestial, así son los celestiales.
49 Y así como hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la imagen del celestial.
50 Sin embargo, os digo, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción.
51 Os voy a decir un misterio. No todos dormiremos, pero todos seremos transformados.
52 En un instante, en un abrir de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta y los muertos serán resultados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
53 Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.
54 Y cuando esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: "Sorbida es la muerte con victoria".
55 "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?"
56 Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley.
57 Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
58 Así, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, abundando en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
1 En cuanto a la colecta para los santos, haced vosotros también según ordené en las iglesias de Galacia.
2 Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros aparte algo según haya prosperado, y guárdelo, para que cuando yo llegue, no se haga entonces la colecta.
3 Y cuando yo llegue, a los que hayáis designado, a ésos enviaré con cartas, para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.
4 Y si conviene que yo vaya, irán conmigo.
5 Iré a vosotros cuando pase por Macedonia, porque tengo que pasar por Macedonia.
6 Tal vez quede con vosotros hasta que pase el invierno, para que vosotros me encaminéis adonde tenga que ir.
7 Porque no quiero ahora veros de paso. Espero permanecer con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite.
8 Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés.
9 Porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios.
10 Si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros sin temor, porque él trabaja en la obra del Señor como yo.
11 Por tanto, nadie lo menosprecie, sino encaminadlo en paz, para que venga a mí, porque lo espero con los hermanos.
12 Acerca del hermano Apolo, mucho le rogué que fuera a vosotros con los hermanos. Pero de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora. Irá cuando tenga oportunidad.
13 Velad, estad firmes en la fe. Portaos varonilmente, y esforzaos.
14 Todas vuestras cosas sean hechas con amor.
15 Ya sabéis que la casa de Estéfanas es la primicia de Acaya, y que se han dedicado al servicio de los santos.
16 Os ruego que os sujetéis a los tales, y a todos los que con ellos ayudan y trabajan.
17 Me regocijo con la venida de Estéfanas, Fortunato y Acaico, porque ellos suplieron vuestra ausencia.
18 Porque confortaron mi espíritu y el vuestro. Reconoced a los tales.
19 Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.
20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos unos a otros con beso santo.
21 Yo, Pablo, escribo este saludo con mi propia mano.
22 El que no ama al Señor Jesucristo sea bajo maldición. El Señor viene.
23 La gracia del Señor Jesucristo sea con vosotros.
24 Mi amor en Cristo esté con todos vosotros.