1

1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,

2 que él había prometido antes por medio de sus profetas en las Santas Escrituras,

3 acerca de su Hijo, que según la carne, era del linaje de David;

4 quien fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, a saber, nuestro Señor Jesucristo.

5 Por medio de él recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe, en su Nombre, en todas las naciones,

6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo.

7 A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

8 Primero doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos vosotros, de que se habla de vuestra fe en todo el mundo.

9 Porque Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, es testigo de que sin cesar os recuerdo en mis oraciones.

10 Y ruego que ahora, de alguna manera, por la voluntad de Dios, tenga al fin un próspero viaje para ir a vosotros.

11 Porque ansío veros, para comunicaros algún don espiritual que os fortalezca.

12 Esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.

13 No quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me propuse ir a vosotros, para tener algún fruto también entre vosotros, como entre los demás gentiles. Pero hasta ahora he sido estorbado.

14 Porque soy deudor a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes.

15 Así, en cuanto a mí, estoy ansioso de anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.

16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree; primero al judío y también al griego.

17 Porque en el evangelio la justicia que viene de Dios se revela de fe en fe, como está escrito: "El justo vivirá por la fe".

18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que suprimen la verdad con su injusticia.

19 Porque lo que se puede conocer de Dios, es manifiesto a ellos, porque Dios se lo manifestó.

20 Porque los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad, se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa.

21 Porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se ofuscaron en vanos razonamientos, y su necio corazón se entenebreció.

22 Jactándose de ser sabios, se volvieron necios,

23 y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes de hombre mortal, y hasta de aves, cuadrúpedos y reptiles.

24 Por eso, Dios los entregó a la inmundicia, debido a la concupiscencia de sus corazones, de modo que deshonraron sus propios cuerpos entre sí mismos.

25 Cambiaron la verdad de Dios en mentira, y adoraron y sirvieron a las criaturas antes que al Creador, que es bendito por los siglos. Amén.

26 Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas. Aun sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza.

27 De igual modo, también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en sus malos deseos los unos con los otros, cometiendo infamias hombres con hombres, y recibieron en sí mismos el merecido pago de su extravío.

28 Y como no quisieron reconocer a Dios, él los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene.

29 Llegaron a estar atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia y maldad. Llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades,

30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de maldades, desobedientes a los padres,

31 necios, desleales, sin afecto natural, crueles, despiadados.

32 A pesar de conocer el justo juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las cometen, sino que se complacen en los que las practican.

2

1 Por eso, oh hombre, quienquiera que seas, eres inexcusable cuando juzgas. Porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas practicas lo mismo.

2 Pero sabemos que el juicio de Dios contra los que hacen tales cosas, se basa en la verdad.

3 Y tú que condenas a los que practican tales cosas, y haces lo mismo, ¿piensas que escaparás del juicio de Dios?

4 ¿O menosprecias la riqueza de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que su bondad te guía al arrepentimiento?

5 Pero por tu dureza y tu corazón impenitente, acumulas sobre ti mismo ira para el día de la ira, cuando Dios manifieste su justo juicio.

6 Dios pagará a cada uno según sus obras:

7 Vida eterna a los que perseveran en bien hacer, y buscan gloria, honra e inmortalidad;

8 pero ira y enojo a los que son contenciosos, y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia.

9 Tribulación y angustia sobre toda persona que obra lo malo; primero al judío y también al griego.

10 Pero gloria, honra y paz a todo el que obra el bien; al judío primero y también al griego.

11 Porque ante Dios no hay distinción de personas.

12 Así, todos los que pecaron sin la Ley, sin la Ley también perecerán, y todos los que pecaron bajo la Ley, por la Ley serán juzgados.

13 Porque no los oidores de la Ley son justos ante Dios, sino los cumplidores de la Ley serán justificados.

14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la Ley; los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley para sí mismos.

15 Muestran la obra de la Ley escrita en sus corazones. Su propia conciencia lo atestigua, y sus propios pensamientos los acusan o los defienden,

16 el día en que, conforme a mi evangelio, Dios juzgue por Jesucristo, los secretos de los hombres.

17 Tú que te llamas judío, te apoyas en la Ley, y te glorías en Dios;

18 tú conoces su voluntad, e instruido por la Ley, apruebas lo mejor;

19 confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,

20 instructor de los que no saben, maestro de niños, que tienes en la Ley la forma del conocimiento y de la verdad.

21 Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Predicas que no se ha de hurtar, ¿y hurtas?

22 Tú dices: "No cometerás adulterio", ¿y cometes adulterio? Abominas a los ídolos, ¿y robas sus templos?

23 Te jactas de la Ley, ¿y transgrediéndola deshonras a Dios?

24 Porque como está escrito, el Nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles, por causa de vosotros.

25 En verdad la circuncisión aprovecha si guardas la Ley. Pero si desobedeces la Ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.

26 Y si el incircunciso guarda los requisitos de la Ley, ¿no será tenido por circuncidado?

27 Y el que es físicamente incircunciso, pero obedece cabalmente la Ley, te condenará a ti, que con la letra de la Ley y con la circuncisión quebrantas la Ley.

28 Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni es circuncisión la que se hace exteriormente, en la carne.

29 Al contrario, es verdadero judío el que lo es en su interior, y la verdadera circuncisión es la del corazón, por medio del Espíritu, no en letra. Este recibe la alabanza, no de los hombres, sino de Dios.

3

1 Entonces, ¿qué ventaja tiene el judío? ¿O qué beneficio hay en la circuncisión?

2 Mucho, en todas maneras. Primero, que a ellos les ha sido confiada la Palabra de Dios.

3 Pues si alguno de ellos ha sido incrédulo, su falta de fe, ¿anula la fidelidad de Dios?

4 ¡De ninguna manera! Dios es siempre veraz, aunque todo hombre sea mentiroso; como está escrito: "Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando seas juzgado".

5 Y si nuestra injusticia realza la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que castiga? —Hablo en términos humanos—.

6 ¡De ninguna manera! Porque entonces, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?

7 Alguno podrá decir: "Si la verdad de Dios, al contrastar con mi mentira, aumenta su gloria, ¿por qué aún así se me condena como pecador?

8 ¿por qué no hacer mal para que venga el bien?" —como calumniosamente algunos nos acusan que decimos—. Esos merecen condenación.

9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera! Porque ya hemos probado que tanto judíos como gentiles, todos están bajo pecado.

10 Pues está escrito: "No hay justo, ni aun uno.

11 "No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.

12 "Todos se desviaron, se echaron a perder. No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno.

13 "Sepulcro abierto es su garganta, con sus lenguas urden engaños. Veneno de áspides hay en sus labios.

14 "Su boca está llena de maldición y amargura.

15 "Sus pies se apresuran a derramar sangre.

16 "Quebranto y desventura hay en sus caminos,

17 "no conocen camino de paz.

18 "No hay respeto de Dios ante sus ojos".

19 Pero sabemos que todo lo que dice la Ley, lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo sienta su culpa ante Dios.

20 Porque por las obras de la Ley ninguno será justificado ante él; porque por la Ley se alcanza el conocimiento del pecado.

21 Pero ahora, aparte de toda ley, la justicia de Dios se ha manifestado respaldada por la Ley y los Profetas;

22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

24 y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada por Cristo Jesús;

25 a quien Dios puso como medio de perdón, por la fe en su sangre, para demostrar su justicia, al haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,

26 con el fin de mostrar su justicia en este tiempo, para ser a la vez el justo, y el que justifica al que tiene fe en Jesús.

27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda eliminada. ¿Por cuál principio? ¿Por la observancia de la Ley? No, sino por el principio de la fe.

28 Así, concluimos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

29 ¿Es Dios sólo Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Cierto, también de los gentiles.

30 Porque hay un solo Dios, que justificará por la fe tanto a los circuncidados como a los incircuncisos.

31 Luego, ¿anulamos la Ley por la fe? ¡ De ninguna manera! Al contrario, confirmamos la Ley.

4

1 Entonces, ¿qué diremos que halló Abrahán nuestro padre según la carne?

2 Si Abrahán fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no ante Dios.

3 Pero, ¿qué dice la Escritura? "Abrahán creyó a Dios, y le fue contado por justicia".

4 Al que obra, no se le cuenta el salario como favor, sino como deuda.

5 En cambio, al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

6 David habla también de la dicha del hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras.

7 Dice: "Dichoso aquel a quien Dios perdona sus maldades, y cubre sus pecados.

8 "Dichoso el hombre a quien el Señor no cuenta sus pecados contra él".

9 ¿Es esta dicha sólo para los de la circuncisión, o también para los incircuncisos? Decimos que a Abrahán le fue contada la fe por justicia.

10 ¿Cómo le fue contada? ¿Después que Abrahán fue circuncidado, o antes? No fue después, sino antes de ser circuncidado.

11 Y recibió la circuncisión por señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo cuando estaba aún incircunciso. Así llegó a ser padre de todos los que creen, aunque no sean circuncidados; para que también a ellos la fe les sea contada por justicia;

12 y padre también de quienes, además de estar circuncidados, siguen los pasos de la fe de nuestro padre Abrahán antes de ser circuncidado.

13 Porque no fue por la Ley, como Abrahán y sus descendientes recibieron la promesa de que serían herederos del mundo, sino por la justicia que viene por la fe.

14 Porque si los de la Ley fueran los herederos, vana sería la fe, y anulada la promesa.

15 Porque la Ley produce ira. Y donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

16 Por tanto, la promesa depende de la fe, para que sea por gracia, para que quede asegurada a todo descendiente; no sólo al que es de la Ley, sino también al que es de la fe de Abrahán, padre de todos nosotros.

17 Pues está escrito: "Te he puesto por padre de muchas naciones". Él es nuestro padre ante Dios, en quien creyó; el Dios que da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si existieran.

18 Abrahán creyó, esperando contra toda esperanza, para venir a ser padre de muchas naciones, según le había sido dicho: "Así será el número de tus descendientes".

19 Y su fe no flaqueó, ni al considerar su cuerpo ya muerto, siendo de casi cien años, ni el seno muerto de Sara.

20 Tampoco dudó, ni desconfió de la promesa de Dios, antes se fortaleció por la fe, y dio gloria a Dios,

21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.

22 Por eso, su fe le fue contada por justicia.

23 Y las palabras "le fue contada por justicia" fueron escritas no sólo para Abrahán;

24 sino también para nosotros, a quienes será atribuida justicia; esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a nuestro Señor Jesús,

25 quien fue entregado por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación.

5

1 Así, habiendo sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

2 Por medio de él tenemos también acceso por la fe a esta gracia, en la cual estamos firmes. Y nos alegramos en la esperanza de la gloria de Dios.

3 Y no sólo esto, sino que nos alegramos aun en las tribulaciones, al saber que la tribulación produce paciencia;

4 y la paciencia produce un carácter aprobado; y la aprobación alienta la esperanza.

5 Y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado.

6 Porque cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos.

7 En verdad, apenas hay quien muere por un justo. Con todo, puede ser que alguno osara morir por el bueno.

8 Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Así, siendo que hemos sido justificados por su sangre, con más razón ahora, seremos salvos de la ira.

10 Porque si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo; mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida.

11 Y no sólo esto, sino que también nos alegramos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por medio de quien hemos recibido ahora la reconciliación.

12 Por tanto, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, pues todos pecaron.

13 Porque antes de ser dada la Ley, el pecado ya estaba en el mundo, porque el pecado no se atribuye cuando no hay Ley.

14 Por eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron quebrantando un mandato, como lo hizo Adán, que era figura del que había de venir.

15 Pero el don gratuito no es como el delito. Porque si por el delito de uno, murieron los muchos; mucho más copiosamente se derramó sobre los muchos, la gracia y el don, por la gracia de un solo hombre, Jesucristo.

16 Ni el don gratuito es como con el pecado de aquel hombre. Porque a la verdad el juicio vino por un pecado para condenación, pero la gracia vino de muchos delitos para justificación.

17 Porque, si por el delito de uno reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, por Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don gratuito de la justicia.

18 Así, como por el delito de uno vino la condenación a todos los hombres, así también por la justicia de uno solo, vino a todos los hombres la justificación que da vida.

19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.

20 La Ley vino para que se agrandara el pecado. Y donde se agrandó el pecado, tanto más sobreabundó la gracia;

21 para que, así como el pecado reinó para muerte, la gracia reine por medio de la justicia, para vida eterna, mediante nuestro Señor Jesucristo.

6

1 ¿Qué diremos, pues? ¿Perseveraremos en pecado para que abunde la gracia?

2 ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

3 ¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

4 Porque fuimos sepultados junto con él para muerte por medio del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en nueva vida.

5 Porque así como hemos sido unidos con él en una muerte semejante a la suya, seremos unidos también con él en su resurrección.

6 Sabiendo que nuestro viejo hombre fue crucificado junto con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no seamos más esclavos del pecado.

7 Porque el que ha muerto, queda libre del pecado.

8 Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.

9 Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte ya no tiene más dominio sobre él.

10 La muerte que Cristo murió, fue una muerte al pecado, una vez para siempre. Pero la vida que él vive, la vive para Dios.

11 Así también vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

12 Por consiguiente, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, para obedecer a sus malos deseos.

13 Ni tampoco ofrezcáis más vuestros miembros como armas al servicio del pecado, sino ofreceos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida; y ofreced vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia.

14 Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia.

15 Pues, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!

16 ¿No sabéis que al ofrecerás a alguien para obedecerle, sois siervos de aquel a quien obedecéis, o del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?

17 Pero gracias a Dios, que aunque fuisteis esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de enseñanza al cual estáis entregados;

18 y liberados del pecado, habéis llegado a ser siervos de la justicia.

19 Hablo en términos humanos, por vuestra natural limitación. Así como solíais ofrecer vuestros miembros a las impurezas y a la iniquidad, así ahora presentad vuestros miembros para servir a la justicia, que conduce a la santidad.

20 Cuando fuisteis esclavos del pecado, estabais libres de la justicia.

21 ¿Qué fruto cosechabais entonces de las cosas que ahora os avergüenzan? Porque el fin de ellas es la muerte.

22 Pero ahora, librados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin la vida eterna.

23 Porque la paga del pecado es la muerte. Pero el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

7

1 Acaso, ¿no sabéis, hermanos —pues hablo con los que conocen la Ley—, que la Ley rige al hombre entre tanto que vive?

2 Una mujer casada está sujeta por ley a su esposo, mientras él vive. Pero si el esposo muere, ella queda libre de la ley del esposo.

3 Así, si en vida del esposo, se uniera a otro hombre, se llamaría adúltera. Pero si su esposo muere, queda libre de la ley, de tal manera que no será adúltera si se casa con otro.

4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

5 Porque cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, condenadas por la Ley, obraban en nuestros miembros, y llevaban fruto de muerte.

6 En cambio, ahora, al morir a lo que nos tenía cautivos, quedamos libres de la Ley, para servir a Dios, en la novedad del Espíritu y no en la vejez de la letra.

7 ¿Qué diremos, pues? ¿Es la Ley pecado? ¡De ninguna manera! Al contrario, yo no hubiera conocido el pecado sino por medio de la Ley. Porque tampoco hubiera conocido la concupiscencia, si la Ley no dijera: "No codiciarás".

8 Pero el pecado, tomando ocasión por el Mandamiento, produjo en mí todo deseo codicioso. Porque sin la Ley, el pecado está muerto.

9 Así, en otro tiempo, yo vivía sin la Ley, pero cuando vino el Mandamiento, el pecado revivió, y yo morí.

10 Y hallé que el mismo Mandamiento destinado a dar vida, me trajo muerte.

11 Porque tomando ocasión por el Mandamiento, el pecado me engañó, y por él me mató.

12 Así, la Ley es santa, y el Mandamiento santo, justo y bueno.

13 Luego, lo que es bueno, ¿vino a ser muerte para mí? ¡De ninguna manera! Sino que el pecado, para que fuera reconocido como pecado, por medio de lo que es bueno, me causó la muerte, para que por el Mandamiento se viera la malignidad del pecado.

14 Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy de carne, vendido al poder del pecado.

15 Realmente, no entiendo lo que me pasa; porque no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco.

16 Y al hacer lo que no quiero, apruebo que la Ley es buena.

17 De manera que ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí.

18 Sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita el bien. Porque tengo el querer, pero no alcanzo a efectuar lo bueno.

19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.

20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

21 Así, encuentro esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está en mí.

22 Porque en mi interior, me deleito en la Ley de Dios;

23 pero veo en mis miembros otra ley, que lucha contra la ley de mi mente, y me somete a la ley del pecado que está en mis miembros.

24 ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

25 ¡Gracias doy a Dios, por nuestro Señor Jesucristo! Así, dejado a mí mismo, con la mente sirvo a la Ley de Dios, pero con la carne a la ley de pecado.

8

1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús; [los que no andan según la carne, sino según el Espíritu;]

2 porque mediante Cristo Jesús, la ley del Espíritu que da vida, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3 Porque lo que era imposible a la Ley, por cuanto era débil por la carne; Dios, al enviar a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y como sacrificio por el pecado, condenó al pecado en la carne;

4 para que la justicia que quiere la Ley se cumpla en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

5 Porque los que viven según la carne, piensan en los deseos de la carne. Pero los que viven según el Espíritu, piensan en los deseos del Espíritu.

6 Porque la inclinación de la carne es muerte, pero la inclinación del Espíritu es vida y paz.

7 Porque la inclinación de la carne es contraria a Dios, y no se sujeta a la Ley de Dios, ni tampoco puede.

8 Así, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

9 Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

10 En cambio, si Cristo está en vosotros, vuestro cuerpo está muerto a causa del pecado, pero vuestro espíritu vive a causa de la justicia.

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús habita en vosotros, el que levantó a Cristo Jesús de entre los muertos, vivificará también vuestro cuerpo mortal, por medio de su Espíritu que habita en vosotros.

12 Así, hermanos, somos deudores, no a la carne, para que vivamos según la carne.

13 Porque si vivís conforme a la carne, moriréis. Pero si por el Espíritu dais muerte a las obras de la carne, viviréis.

14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

15 Porque no recibisteis el espíritu de esclavitud para recaer en el temor; sino que recibisteis el espíritu de hijos adoptivos, por el cual clamamos: "¡Padre! ¡Padre!"

16 El mismo Espíritu testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.

17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; si es que padecemos junto con él, para que junto con él seamos glorificados.

18 Considero que las aflicciones de este tiempo presente, no son comparables con la gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros.

19 Porque la creación aguarda con ardiente anhelo que los hijos de Dios sean revelados.

20 Porque la creación fue sometida a frustración, no por su propia elección, sino por la voluntad del que la sujetó, con esperanza

21 de que la misma creación será librada de la esclavitud de la corrupción, para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

22 Sabemos que hasta el presente, todas las criaturas gimen a una, y a una sufren dolores como de parto.

23 Y no sólo ellas, sino también nosotros, que tenemos la primicia del Espíritu, suspiramos dentro de nosotros, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

24 Porque fuimos salvos en esperanza; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque, ¿quién espera lo que ya tiene?

25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia esperamos.

26 Además, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Porque no sabemos pedir lo que conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

27 Y el que sondea los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, y él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.

28 Sabemos que todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios, de los que han sido llamados según su propósito.

29 Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a que fuesen modelados a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

31 Ante esto, ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?

32 El que no eximió ni aun a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él gratuitamente, todas las cosas?

33 ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica.

34 ¿Quién condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros.

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia? ¿Persecución o hambre? ¿Desnudez, peligro o espada?

36 Como está escrito: "Por causa de ti somos muertos todo el tiempo, somos contados como ovejas de matadero".

37 Pero Dios, que nos ama, nos ayuda a salir más que vencedores en todo.

38 Por eso estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni lo presente ni lo por venir,

39 ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

9

1 Digo la verdad en Cristo, no miento, y lo atestigua mi conciencia en el Espíritu Santo,

2 que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.

3 Porque desearía yo mismo ser maldecido, y separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi raza según la carne,

4 los israelitas, que recibieron la adopción, la gloria, los pactos, la promulgación de la Ley, el culto y las promesas.

5 De ellos son los padres, y de quienes procede Cristo según la carne, que es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado por los siglos! Amén.

6 No es que la Palabra de Dios haya fallado, sino que no todos los que descienden de Israel son israelitas,

7 ni por ser descendientes de Abrahán, son todos hijos. Sino que: "En Isaac te será llamada descendencia".

8 Esto quiere decir, que no los hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los hijos de la promesa son contados como descendientes.

9 Porque la palabra de la promesa es ésta: "Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo".

10 Y no sólo esto, sino que los hijos de Rebeca tuvieron un mismo padre, nuestro padre Isaac.

11 Sin embargo, antes de haber nacido, y antes de haber obrado ni bien ni mal, para que se mantuviera el propósito de Dios por la libre elección del que llama, y no por las obras,

12 se le dijo que "el mayor serviría al menor".

13 Como está escrito: "A Jacob amé, y a Esaú desestimé".

14 Entonces, ¿qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ninguna manera!

15 Porque él dijo a Moisés: "Tendré misericordia del que yo quiera, y me compadeceré del que yo quiera".

16 Así, no depende del deseo del hombre ni de su esfuerzo, sino de Dios que tiene compasión.

17 Porque la Escritura dice de Faraón: "Para esto mismo te levanté, para mostrar en ti mi poder, y que mi Nombre sea anunciado por toda la tierra".

18 Así, Dios tiene misericordia del que quiere, y al que quiere, endurece.

19 Alguno podrá decir: "Entonces, ¿por qué nos culpa? Porque, ¿quién puede resistir su voluntad?"

20 Pero antes que nada, oh hombre, ¿quién eres tú para pedir cuentas a Dios? Dirá la vasija al alfarero: "¿Por qué me has hecho así?"

21 ¿No tiene potestad el alfarero, para hacer de la misma masa una vasija para uso noble y otra para uso común?

22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia las vasijas de ira preparadas para la destrucción?

23 ¿Qué si lo hizo así para dar a conocer la riqueza de su gloria, a los objetos de su misericordia, que preparó para su gloria;

24 a nosotros, a quienes ha llamado, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?

25 Así también dice Oseas: "Llamaré pueblo mío, al que no era mi pueblo; y amada, a la no amada,

26 "y a los que se les dijo: 'Vosotros no sois mi pueblo', 'serán llamados hijos del Dios viviente'".

27 También Isaías exclama tocante a Israel: "Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena del mar, sólo un remanente será salvo".

28 Porque el Señor ejecutará su palabra sobre la tierra, cabalmente y con prontitud.

29 Y como predijo Isaías: "Si el Señor Todopoderoso no nos hubiera dejado descendientes, como Sodoma habríamos venido a ser, y semejantes a Gomorra".

30 Pues, ¿qué diremos? Que los gentiles que no buscaban la justicia, la alcanzaron, a saber, la justicia que procede de la fe;

31 mientras que Israel, que seguía la ley de justicia, no alcanzó la justicia.

32 ¿Por qué? Porque no la seguían por la fe, sino por las obras. Por eso tropezaron en la piedra de tropiezo.

33 Como está escrito: "Pongo en Sión una piedra de tropiezo, y roca de caída. El que crea en él, nunca será avergonzado".

10

1 Hermanos, el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

2 Porque testifico en favor de ellos, que tienen celo por Dios, pero sin pleno conocimiento.

3 Por ignorar la justicia de Dios, y procurar establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.

4 Porque la finalidad de la Ley es conducirnos a Cristo, para justificar a todo el que cree.

5 Porque Moisés describe la justicia de que habla la Ley: "El que hace estas cosas, vivirá por ellas".

6 Pero la justicia que procede de la fe dice: "No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?" Esto es, para bajar a Cristo.

7 Ni digas, "¿quién descenderá al abismo?" Esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos.

8 Entonces, ¿qué dice? "La Palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón". Esta es la Palabra de la fe, que predicamos:

9 Así, si con tu boca confiesas que Jesús es el Señor, y en tu corazón crees que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo.

10 Porque con el corazón se cree para ser justificado, y con la boca se hace confesión para salvación.

11 Pues la Escritura dice: "Todo el que crea en él, no será avergonzado".

12 Y no hay diferencia entre judío y griego; ya que uno mismo es Señor de todos, y es generoso con todos los que lo invocan.

13 Porque "todo el que invoque el Nombre del Señor, será salvo".

14 Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

15 ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Pues está escrito: "Cuán hermosos son los pies de los que anuncian las buenas noticias!"

16 Pero no todos obedecieron al evangelio. Pues Isaías dice: "Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?"

17 Así, la fe viene por el oír, y el oír por medio de la Palabra de Cristo.

18 Pero pregunto: ¿No han oído realmente? Claro que oyeron. "Por toda la tierra ha salido su voz, y sus palabras hasta los fines de la tierra".

19 También pregunto: ¿Acaso Israel no ha conocido? Moisés fue el primero que dijo: "Os provocaré a celo con un pueblo que no es mío, con un pueblo insensato os provocaré a ira".

20 E Isaías resueltamente dice: "Fui hallado por los que no me buscaban, me manifesté a los que no preguntaban por mí".

21 Pero de Israel dice: "Todo el día extendí mis manos a un pueblo desobediente y rebelde".

11

1 Pregunto: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín.

2 Dios no ha desechado a su pueblo, a quien de antemano conoció. ¿No sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo se queja ante Dios contra Israel?:

3 "Señor, han dado muerte a tus profetas, han destruido tus altares, yo solo he quedado, y procuran matarme".

4 Y, ¿cuál fue la divina respuesta? "Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla ante Baal".

5 Así también, en este tiempo ha quedado un remanente elegido por gracia.

6 Y si es por gracia, ya no es en base a las obras. Si fuera por obras, la gracia ya no sería gracia.

7 ¿Qué pues? Israel no alcanzó lo que buscaba, sino que los elegidos lo alcanzaron; y los demás fueron endurecidos.

8 Como está escrito: "Dios les dio espíritu de sopor, ojos que no vean, y oídos que no oigan, hasta el día de hoy".

9 Y David dice: "Sea vuelta su mesa en lazo y en red, en tropiezo y merecido pago.

10 "Sus ojos sean obscurecidos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre".

11 Otra vez pregunto: ¿Han tropezado para quedar caídos? ¡De ninguna manera! Pero con su caída vino la salvación a los gentiles, para provocarlos a celo.

12 Y si su caída es para riqueza del mundo, y su defección riqueza para los gentiles, ¿cuánta mayor riqueza traerá su plenitud?

13 Porque a vosotros os digo, gentiles. Como soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio,

14 con la esperanza de provocar a celo a los de mi raza, y salvar a algunos de ellos.

15 Porque si el rechazo de ellos ha sido la reconciliación del mundo, qué será su readmisión, sino vida de entre los muertos?

16 Y si el primer fruto de la masa es santo, también lo es el todo. Y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

17 Si algunas ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado entre ellas, y has sido hecho partícipe con ellas de la raíz y de la savia del olivo;

18 no te jactes contra las ramas. Y si te jactas, sabe que tú no sustentas a la raíz, sino la raíz a ti.

19 Dirás: "Las ramas fueron desgajadas para que yo fuese injertado".

20 Bien, fueron desgajadas por su incredulidad, y tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme,

21 porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará.

22 Así, considera la bondad y la severidad de Dios. La severidad con los que cayeron; y la bondad contigo, si permaneces en la bondad. De otra manera, tú también serás cortado.

23 Y ellos también, si no permanecen en incredulidad, serán injertados; que poderoso es Dios para volverlos a injertar.

24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra natura fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

25 No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes acerca de vosotros mismos. El endurecimiento parcial vino a Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.

26 Y así todo Israel será salvo, como está escrito: "Vendrá de Sión el Libertador, que quitará la impiedad de Jacob.

27 "Y éste será mi pacto con ellos, cuando quite sus pecados".

28 Así, en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son muy amados por causa de los padres.

29 Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.

30 Porque como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos.

31 Así, éstos también, han sido desobedientes ahora, para que, por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

32 Porque Dios encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

33 ¡Oh profundidad de las riquezas, tanto de la sabiduría como del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

34 Porque, ¿quién entendió el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero?

35 ¿Quién le dio a él primero, para que sea recompensado?

36 Porque todas las cosas son de él, por él y para él. ¡A él sea la gloria para siempre! Amén.

12

1 Así, hermanos, os ruego por la misericordia de Dios, que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto razonable.

2 Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que podáis comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

3 Por la gracia que me es dada, digo a cada uno de vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con moderación, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

4 Porque así como en el cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos tienen la misma función;

5 así también nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

6 Y tenemos diferentes dones según la gracia que nos es dada. Si alguno tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe.

7 Si es de servicio, úselo en servir; el que enseña, en enseñar;

8 el que exhorta, en animar; el que reparte, hágalo generosamente; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced el mal, seguid el bien.

10 Amaos unos a otros con afecto fraternal. En cuanto a la honra, dad preferencia a los otros.

11 En el trabajo no seáis perezosos. Sed fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.

12 Gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración.

13 Contribuid a las necesidades de los santos. Practicad la hospitalidad.

14 Bendecid a los que os persiguen, bendecid, y no maldigáis.

15 Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran.

16 Sed unánimes entre vosotros. No altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra opinión.

17 No paguéis a nadie mal por mal. Procurad lo bueno ante todos los hombres.

18 En lo posible, en cuanto dependa de vosotros, tened paz con todos.

19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, antes dad lugar a la ira de Dios. Porque escrito está: "Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor".

20 Al contrario, si tu enemigo tuviera hambre, dale de comer; si tuviera sed, dale de beber. Actuando así, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.

21 No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien.

13

1 Sométase toda persona a las autoridades gobernantes, porque no hay autoridad sino de Dios. Y las que existen, fueron establecidas por Dios.

2 Así, quien se opone a la autoridad, resiste a lo que Dios estableció. Y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

3 Porque los magistrados no están para atemorizar al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su alabanza.

4 Porque el magistrado es un servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, porque es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace el mal.

5 Por lo cual, es necesario que le estéis sujetos, no sólo por causa del castigo, sino por la conciencia.

6 Por eso pagáis también los impuestos; porque las autoridades son funcionarios de Dios, que dedican todo su tiempo a su oficio.

7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros. Porque el que ama al prójimo, cumple la Ley.

9 Porque, "no cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás", y todo otro Mandamiento, en esta sentencia se resumen: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

10 El amor no hace mal al prójimo; así el amor es el cumplimiento de la Ley.

11 Y haced esto conociendo el tiempo, que ya es hora de levantarnos del sueño; pues ahora nuestra salvación está más cerca que cuando creímos.

12 La noche está muy avanzada. El día casi ha llegado. Desechemos las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz.

13 Andemos como de día, honestamente, no en comilonas y borracheras, no en lujurias y desenfrenos, no en contiendas y envidia,

14 sino vestíos del Señor Jesucristo, y no fomentéis los malos deseos de la carne.

14

1 Recibid al débil en la fe, sin criticar opiniones.

2 Porque uno cree que se puede comer de todo, otro que es débil, come vegetales.

3 El que come, no menosprecie al que no come; y el que no come, no condene al que come; porque Dios lo ha recibido.

4 ¿Quién eres tú para juzgar al siervo ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae. Pero se afirmará, porque el Señor tiene poder para sostenerlo.

5 Uno da preferencia a un día más que a otro. Otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su mente.

6 El que observa cierto día, lo observa en honor del Señor. El que come, come en honor del Señor, porque da gracias a Dios. El que no come, no come en honor del Señor, y da gracias a Dios.

7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, ni muere para sí.

8 Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así, sea que vivamos o muramos, del Señor somos.

9 Porque para eso Cristo murió, resucitó y volvió a vivir, para ser Señor de los que han muerto y de los que viven.

10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo.

11 Pues escrito está: "Vivo yo —dice el Señor—, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios".

12 De manera que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí.

13 Por tanto, no nos juzguemos más unos a otros. Antes decidid no poner tropiezo ni ocasión de caer al hermano.

14 Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que en sí nada es impuro. Pero si uno piensa que algo es impuro, para él es impuro.

15 Y si por tomar tú cierta clase de comida, tu hermano se desmoraliza, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo murió.

16 No expongas, pues, tu bien a que sea difamado,

17 que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo por el Espíritu Santo.

18 Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres.

19 Procuremos lo que contribuye a la paz, y a la mutua edificación.

20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias; pero es malo que el hombre coma algo que cause tropiezo a otros.

21 Es bueno no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece.

22 La fe que tú tienes, guárdala para ti ante Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba.

23 Pero el que come dudando, se condena, porque no come con fe. Pues todo lo que no procede de la fe, es pecado.

15

1 Así, los que somos más fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.

2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que sea bueno para la edificación.

3 Porque tampoco Cristo se agradó a sí mismo; antes, como está escrito: "Los vituperios de los que te vituperan, cayeron sobre mí".

4 Todo lo que antes fue escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, para que por la paciencia y el consuelo de las Escrituras, tengamos esperanza.

5 Que el Dios de la paciencia y el consuelo os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús.

6 Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

7 Aceptaos unos a otros, como también Cristo nos aceptó, para gloria de Dios.

8 Digo, pues, que Cristo Jesús se puso al servicio de los circuncidados, para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,

9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: "Por tanto te confesaré entre los gentiles, y cantaré a tu Nombre".

10 Y en otro lugar agrega: "Alegraos, gentiles, con su pueblo".

11 Y de nuevo: "Alabad al Señor todos los gentiles, y magnificadlo, todos los pueblos".

12 A su vez Isaías dice: "Aparecerá la raíz de Isaí, que se levantará a regir a los gentiles. Los gentiles esperarán en él".

13 EI Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz, al confiar en él, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

14 Estoy cierto, hermanos míos, que también vosotros estáis llenos de bondad y de todo conocimiento, capaces de amonestaros unos a otros.

15 Sin embargo, sobre algunos puntos os escribí osadamente, para avivar vuestro recuerdo, debido a la gracia que Dios me dio,

16 para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, con el deber sacerdotal de proclamar el evangelio de Dios, para que los gentiles sean una ofrenda agradable para Dios, santificada por el Espíritu Santo.

17 Por tanto, me glorío en Cristo Jesús en mi servicio a Dios.

18 Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y las obras,

19 con potencia de señales y prodigios, mediante el poder del Espíritu de Dios. De manera que desde Jerusalén y sus alrededores hasta Ilírico, he proclamado plenamente el evangelio de Cristo.

20 De esta manera me esforcé por predicar el evangelio, donde Cristo no había sido nombrado antes, para no edificar sobre ajeno fundamento,

21 sino, como está escrito: "Los que ningún anuncio tenían de él, lo verán; y los que nunca oyeron, entenderán".

22 Por eso me vi impedido muchas veces de ir a vosotros.

23 Pero ahora no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros,

24 espero veros a mi paso para España, para ser encaminado por vosotros allá, después que haya disfrutado de vuestra compañía.

25 Ahora voy a Jerusalén a ministrar a los santos.

26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron por bien hacer una colecta para los pobres que hay entre los santos de Jerusalén.

27 Porque les pareció bien, y son deudores a ellos. Porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también servirles con los materiales.

28 Así, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, saldré para España y os visitaré de paso.

29 Sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo.

30 Pero os ruego hermanos, por el Señor nuestro Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios.

31 Para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea aceptada.

32 Para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y disfrute de algún reposo entre vosotros.

33 El Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

16

1 Os recomiendo a Febe, nuestra hermana diaconisa de la iglesia de Cencreas.

2 Recibidla en el Señor, como es digno de los santos, y ayudadla en cualquier cosa que necesite, porque ella ayudó a muchos y a mí mismo.

3 Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús;

4 que expusieron su vida por mí, a quienes no sólo yo doy gracias, sino todas las iglesias de los gentiles.

5 Saludad también a la iglesia que se reúne en su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer cristiano de Acaya.

6 Saludad a María, que ha trabajado mucho entre vosotros.

7 Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de prisión, muy estimados, insignes entre los apóstoles, e incluso se hicieron cristianos antes que yo.

8 Saludad a Amplias, amado mío en el Señor.

9 Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo Jesús, y a Estaquio, amado mío.

10 Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo.

11 Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los que son del Señor en la casa de Narciso.

12 Saludad a Trifena y a Trifosa, que trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, que trabajó mucho en el Señor.

13 Saludad a Rufo, elegido en el Señor, y a su madre, que también fue madre para mí.

14 Saludad a Asíncrito y a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes y a los hermanos que están con ellos.

15 Saludad a Filólogo, a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los santos que están con ellos.

16 Saludaos unos a otros con beso santo. Os saludan todas las iglesias en Cristo.

17 Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que causan divisiones y tropiezos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.

18 Porque los tales no sirven al Señor nuestro Jesucristo, sino a sus propios vientres. Y con suaves palabras y lisonjas engañan el corazón de los simples.

19 Vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos. Estoy pues, contento de vosotros. Pero quiero que seáis sabios para el bien, e inocentes para el mal.

20 Y el Dios de paz aplastará muy pronto a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.

21 Os saludan Timoteo, mi colaborador, Lucio, Jasón y Sosípater, mis parientes.

22 Yo, Tercio que, que escribí la carta, os saludo en el Señor.

23 Os saluda Gayo, mi hospedador, y toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad y el hermano Cuarto.

24 [La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros.] Amén.

25 Al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio oculto desde los tiempos eternos,

26 pero manifestado ahora, y que mediante las Escrituras de los profetas, y por disposición del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones para que obedezcan a la fe.

27 ¡Al único sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo, para siempre! Amén.