1

1 En el primer libro, oh Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó,

2 hasta el día en que fue llevado al cielo, después de dar instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido.

3 Después de haber padecido, se presentó a ellos con muchas pruebas convincentes de que estaba vivo. Se les apareció durante cuarenta días, y les habló del reino de Dios.

4 En una ocasión en que comía con ellos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, si no que esperasen la promesa del Padre, "que oísteis —dijo— de mí.

5 "Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días"

6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron: " Señor, ¿Restituirá el reino de Israel en este tiempo?"

7 El contestó: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las épocas que el Padre puso en su sola potestad.

8 "Pero recibiréis el poder, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".

9 Después de decir esto, Jesús fue elevado a la vista de ellos, y una nube lo ocultó de sus ojos.

10 Mientras miraban fijamente cómo iba al cielo, se pusieron junto a ellos dos varones vestidos de blanco,

11 y les dijeron: "Galileos, ¿por qué quedáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de vosotros al cielo volverá del mismo modo en que lo habéis visto ir al cielo".

12 Entonces los discípulos volvieron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que está cerca de Jerusalén, camino de un sábado (como 1,1 km).

13 Y cuando entraron, subieron al aposento alto, donde se alojaban Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Simón Zelote y Judas hermano de Santiago.

14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, con María la madre de Jesús, y con los hermanos de Jesús.

15 En esos días, Pedro se levantó entre los hermanos, unos 120, y dijo:

16 "Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo había predicho por boca de David, acerca de Judas, que guió a los que prendieron a Jesús.

17 "Judas era contado entre nosotros, y tenía parte en este ministerio".

18 "Este adquirió un campo con el salario de su iniquidad. Luego cayó de cabeza, se quebró por el medio, y se derramaron todas sus entrañas."

19 "Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén; de manera que ese campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que significa, campo de sangre;

20 "Porque está escrito en el libro de los Salmos: ´Quede su casa desierta, y no haya quien habite en ella´; y: ´Tome otro su cargo´.

21 "Es necesario, pues, que de los hombres que nos acompañaron todo el tiempo que el Señor Jesús anduvo entre nosotros,

22 "Empezando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que fue llevado al cielo, uno de ellos sea testigo con nosotros de su resurrección".

23 Y propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, de sobrenombre Justo, y a Matías.

24 Y oraron: "Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muestra cuál eliges de estos dos,

25 "para que tome el cargo de este ministerio y apostolado, del que cayó Judas por transgresión, para irse a su lugar".

26 Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías, y fue contado con los once apóstoles.

2

1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.

2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento impetuoso, y llenó la casa donde estaban.

3 Y les aparecieron lenguas como de fuego, que se repartieron, y se posaron sobre cada uno de ellos.

4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que hablasen.

5 Residían entonces en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones bajo el cielo.

6 Al producirse ese ruido, se juntó una multitud. Y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

7 Estaban atónitos y maravillados, y decían: "¿No son galileos todos estos que hablan?

8 "¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

9 "Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia,

10 "de Frigia y Panfilia, de Egipto, la región de Libia que colinda con Cirene, y extranjeros de Roma, tanto judíos como prosélitos,

11 "cretenses y árabes; les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".

12 Todos estaban atónitos y perplejos, y decían unos a otros: "¿Qué significa esto?"

13 Pero otros, burlándose decían: "Están ebrios de mosto".

14 Entonces Pedro, se puso de pie con los once, levantó su voz, y les dijo: "Judíos y habitantes de Jerusalén, prestad atención, y que esto sea claro.

15 "Estos hombres no están ebrios, como suponéis, siendo que es la hora tercera del día (9 de la mañana);

16 sino que esto es lo que anunció el profeta Joel:

17 "En los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, vuestros ancianos soñarán sueños.

18 "Hasta sobre mis siervos y siervas en aquellos días derramaré mi Espíritu, y profetizarán.

19 "Y haré prodigios arriba en el cielo, señales abajo en la tierra, sangre, fuego y vapor de humo.

20 "El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto.

21 "Y todo el que invoque el Nombre del Señor, será salvo.

22 "Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno fue varón aprobado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales, que Dios realizó por medio de él entre vosotros, como sabéis.

23 "A éste, entregado por el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros prendisteis y matasteis por mano de los inicuos, y lo crucificasteis.

24 "A éste, Dios lo resucitó, rotos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuera retenido por ella.

25 "Porque David dice de él: 'Yo veía al Señor siempre ante mí. Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

26 "'Por eso mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua. Y aun mi carne descansará en esperanza;

27 "'porque no me dejarás en el sepulcro, ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

28 "'Me diste a conocer los caminos de la vida. Me llenarás de gozo con tu presencia'.

29 "Hermanos, se puede decir confiadamente que el patriarca David murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta hoy.

30 "Siendo David profeta, y sabiendo que Dios le había asegurado con juramento que un descendiente suyo sería el Cristo, que se sentaría sobre su trono;

31 "lo vio de antemano, habló de la resurrección de Cristo, y dijo que él no quedaría abandonado en el sepulcro, ni su carne vería corrupción.

32 "A este Jesús Dios lo resucitó, y de esto todos nosotros somos testigos.

33 "Así, exaltado hasta la diestra de Dios, recibió del Padre la promesa del Espíritu Santo, y ha derramado esto que ahora vosotros veis y oís.

34 "Porque David no subió al cielo, pero él dice: 'Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,

35 "'hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies'.

36 "Por lo tanto, que toda la casa de Israel sepa con absoluta seguridad, que a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo".

37 Al oír esto, se dolieron de corazón, y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: "Hermanos, ¿qué haremos?"

38 Pedro contestó: "Arrepentíos, y sed bautizados cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados. Y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39 "Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor, nuestro Dios llame".

40 Y con otras muchas palabras, Pedro testificaba y exhortaba, diciendo: "¡Sed salvos de esta perversa generación!"

41 Así, los que recibieron su palabra, fueron bautizados. Y se les unieron en ese día como tres mil personas.

42 Y perseveraban firmes en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan, y en la oración.

43 El temor se apoderó de todos, a causa de los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles.

44 Y todos los creyentes estaban unidos, y tenían todas las cosas en común.

45 Vendían sus posesiones y bienes, y los repartían a todos, según la necesidad de cada uno.

46 Seguían reuniéndose cada día en el templo. Y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

47 alabando a Dios, y disfrutando la simpatía de todo el pueblo. Y el Señor agregaba cada día a la iglesia a los que iban siendo salvos.

3

1 Un día Pedro y Juan subieron al templo a la oración de la hora novena (3 de la Tarde).

2 Había un hombre, tullido de nacimiento, a quien llevaban cada día y ponían a la puerta del templo, llamada la Hermosa, para que pidiese limosna a los que entraban.

3 Cuando éste vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogó que le diesen una limosna.

4 Junto con Juan, Pedro fijó los ojos en él, y le dijo: "Míranos".

5 El estuvo atento, esperando recibir algo de ellos.

6 Entonces Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy. En el Nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate, y anda!"

7 Y tomándolo de la mano derecha lo levantó. Al instante se afirmaron sus pies y sus tobillos,

8 y de un salto, se puso de pie y anduvo. Y entró con ellos en el templo, caminando, saltando y alabando a Dios.

9 Y todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios.

10 Y al reconocer que él era el mismo que se sentaba a la limosna a la puerta la Hermosa, se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.

11 Como el mendigo, después de haber sido sanado, se mantenía con Pedro y Juan, todo el pueblo asombrado corrió hacia ellos al pórtico de Salomón.

12 Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: "Israelitas, ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si con nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este hombre?

13 "El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Siervo Jesús. Pero vosotros lo entregasteis y negasteis, ante Pilato, aun cuando éste había decidido soltarlo.

14 "Vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diera un asesino.

15 "Y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.

16 "La fe en el Nombre de Jesús restableció las fuerzas de este hombre que vosotros veis y conocéis. Esa fe en el Nombre de Jesús le dio esta completa sanidad que todos vosotros veis.

17 "Ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.

18 "Pero Dios ha cumplido así, lo que antes había anunciado por medio de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

19 "Así, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor;

20 "y él envíe a Jesucristo, designado de antemano;

21 "a quien es necesario que el cielo retenga hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas, que desde la antigüedad Dios prometió por medio de sus santos profetas.

22 "Porque Moisés dijo a los padres: 'El Señor vuestro Dios os levantará de entre vuestros hermanos, un profeta como yo. A él oiréis en todo lo que os diga.

23 "'Y el que no oiga a ese profeta, será desarraigado del pueblo'.

24 "Todos los profetas, desde Samuel en adelante, todos anunciaron estos días.

25 "Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó con nuestros padres, cuando dijo a Abrahán: 'En tu Descendiente serán benditas todas las familias de la tierra'.

26 "Habiendo Dios resucitado a su Hijo, lo envió primero a vosotros, para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad".

4

1 Mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, vinieron los sacerdotes, con el jefe de la guardia del templo y los saduceos,

2 resentidos de que los apóstoles enseñasen al pueblo, y anunciasen la resurrección de los muertos cumplida en Jesús.

3 Les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque ya era tarde.

4 Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron. Su número llegó a unos cinco mil hombres.

5 Al día siguiente, se juntaron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos, los escribas,

6 el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y todos los del linaje sacerdotal.

7 Trajeron a Pedro y a Juan ante ellos, y les preguntaron: "¿Con qué potestad, y en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?"

8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: "Jefes del pueblo y ancianos de Israel:

9 "Ya que se nos interroga hoy acerca del beneficio hecho a un enfermo, en virtud de quién ha sido sanado,

10 "sea notorio a todos vosotros y a todo Israel, que en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis, y a quien Dios resucitó de los muertos, este hombre está en vuestra presencia sano.

11 "Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, y ha venido a ser cabeza del ángulo.

12 "En ningún otro hay salvación, porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos".

13 Entonces viendo la valentía de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaron, y reconocieron que habían estado con Jesús.

14 Y al ver con ellos al hombre sanado, no podían replicar nada en contra.

15 Entonces les ordenaron salir del concilio, y deliberaron entre sí.

16 Dijeron: "¿Qué haremos con estos hombres? Todos los que habitan en Jerusalén saben que realizaron un notable milagro, que no podemos negar.

17 "Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémoslos para que de aquí en adelante, no hablen a hombre alguno de este Nombre".

18 Y llamándolos, les ordenaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el Nombre de Jesús.

19 Entonces Pedro y Juan, respondieron: "Juzgad si es justo ante Dios, obedecer antes a vosotros que a Dios.

20 "Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto, y oído".

21 Ellos entonces, después de amenazarlos, los soltaron, al no hallar motivo para castigarlos, por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que había sido hecho,

22 pues el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, era de más de cuarenta años.

23 Una vez sueltos, fueron a los suyos, y contaron lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.

24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: "Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos.

25 "Que por boca de David, tu siervo, dijiste: ´¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos piensan cosas vanas?

26 "'Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron contra el Señor, y contra su Cristo'.

27 "Porque en verdad Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, se juntaron en esta ciudad contra tu santo Siervo Jesús, a quien ungiste.

28 "Para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.

29 "Ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con toda confianza hablen tu Palabra.

30 "Extiende tu mano para que sanidades, milagros y prodigios sean hechos, en el Nombre de tu santo Siervo Jesús".

31 Después de haber orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron con valentía la Palabra de Dios.

32 La multitud de los que habían creído era de un corazón y un pensamiento. Y ninguno decía ser suyo nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.

33 Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder. Y todos disfrutaban de abundante gracia.

34 Ningún necesitado había entre ellos, porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio de la venta.

35 Lo ponían a los pies de los apóstoles, y era repartido a cada uno según su necesidad.

36 Así José, un levita de Chipre, a quien los apóstoles llamaron Bernabé, que significa hijo del consuelo,

37 vendió una heredad que tenía, trajo el precio, y lo puso a los pies de los apóstoles.

5

1 En cambio, un hombre llamado Ananías, con Safira su esposa, vendió una posesión,

2 y sabiéndolo también su esposa, se quedó con una parte del dinero. Trajo el resto, y lo puso a los pies de los apóstoles.

3 Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué Satanás ha llenado tu corazón hasta inducirte a mentir al Espíritu Santo, y a quedarte con parte del precio de la heredad?

4 "Reteniéndola, ¿no quedaba para ti? Y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste eso en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios".

5 Cuando Ananías oyó estas palabras, cayó, y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.

6 Y los jóvenes, lo envolvieron, lo sacaron, y lo sepultaron.

7 Pasadas unas tres horas, entró su esposa, sin saber lo que había sucedido.

8 Entonces Pedro le preguntó: "Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad?" Ella respondió: "Sí, en tanto".

9 Y Pedro le dijo: "¿Por qué os pusisteis de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? A la puerta están los pies de los que han sepultado a tu esposo, y te sacarán a ti".

10 Al instante, ella cayó a los pies de él, y expiró. Cuando entraron los jóvenes, la encontraron muerta. La sacaron, y sepultaron junto a su esposo.

11 Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

12 Los apóstoles realizaban muchos milagros y prodigios en el pueblo. Y todos los creyentes solían reunirse en el pórtico de Salomón.

13 De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos, aunque la gente los alababa grandemente.

14 Y los que creían en el Señor aumentaban cada día más; tanto hombres como mujeres se agregaban a ellos.

15 La gente sacaba a los enfermos a las calles, y los ponían en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra tocase a alguno de ellos.

16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados por espíritus impuros. Y todos eran curados.

17 Entonces el sumo sacerdote y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, se llenaron de ira.

18 Arrestaron a los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública.

19 Pero el Ángel del Señor, abrió de noche las puertas de la cárcel, los sacó fuera, y les dijo:

20 "Id, presentaos en el templo, y hablad al pueblo todas las palabras de esta nueva vida".

21 Al oír esto, entraron muy de mañana en el templo, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los suyos, convocaron al concilio, y a todos los ancianos de Israel, y enviaron a la cárcel a traer a los apóstoles.

22 Pero al llegar los guardas, no los hallaron en la cárcel. Entonces volvieron, y dieron aviso.

23 Dijeron: "Hallamos la cárcel cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera junto a las puertas. Pero cuando abrimos, a nadie hallamos dentro".

24 Cuando el sumo sacerdote, el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, oyeron esas palabras, quedaron desconcertados, pensando en qué pararía aquello.

25 En eso, alguien vino y les dio la noticia: "Los hombres que pusisteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo".

26 Entonces fue el jefe de la guardia con sus hombres, y los trajo sin violencia; porque temían que el pueblo los apedreara.

27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó:

28 "¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese Nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre".

29 Pedro y los apóstoles respondieron: "Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres.

30 "El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo en un madero.

31 "A éste, Dios lo ha exaltado a su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de los pecados.

32 "Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que le obedecen".

33 Al oír esto, se enfurecieron, y querían matarlos.

34 Entonces se levantó en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, venerado por todo el pueblo. Mandó que sacasen fuera un poco a los apóstoles,

35 y les dijo: "Israelitas, mirad con cuidado qué váis a hacer con esos hombres.

36 "Porque hace un tiempo se levantó Teudas, pretendiendo que era alguien. Se le unieron como cuatrocientos hombres, pero fue muerto, y todos los que lo seguían se dispersaron y se redujeron a nada.

37 "Después, en los días del censo, se levantó Judas el galileo, y llevó mucho pueblo tras de sí. Este también pereció, y todos sus seguidores se dispersaron.

38 "Ahora os digo: Desentendeos de esos hombres, y dejadlos en paz; porque si este plan o esta obra es de los hombres, se desvanecerá.

39 "Pero si es de Dios, no la podréis deshacer. No seáis tal vez hallados resistiendo a Dios".

40 Y convinieron con él. Y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les ordenaron que no hablasen en el Nombre de Jesús. Y los soltaron.

41 Y ellos salieron del concilio, gozosos de haber sido considerados dignos de padecer afrenta por el Nombre.

42 Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y anunciar a Jesucristo.

6

1 En esos días, como crecía el número de los discípulos, los creyentes griegos se quejaron contra los hebreos, de que sus viudas eran descuidadas en la asistencia diaria.

2 Entonces, los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: "No es bueno que nosotros descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios, para servir a las mesas.

3 "Por tanto, hermanos, elegid de entre vosotros a siete hombres de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos este trabajo.

4 "Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra".

5 La propuesta agradó a toda la multitud. Y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía.

6 A éstos presentaron ante los apóstoles, quienes orando les impusieron las manos.

7 Y la Palabra del Señor crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalén. Incluso gran cantidad de sacerdotes obedecía a la fe.

8 Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y milagros entre el pueblo.

9 Entonces se levantaron algunos de la sinagoga de los libertos, y los de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, y discutieron con Esteban.

10 Pero no pudieron resistir la sabiduría y el Espíritu con que hablaba.

11 Entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran que lo habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.

12 Así, alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas. Y lo prendieron y llevaron al concilio.

13 Pusieron testigos falsos, que dijeron: "Este hombre no cesa de hablar contra este lugar santo y contra la Ley.

14 "Porque le hemos oído decir, que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos legó Moisés".

15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al mirar a Esteban, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

7

1 El sumo sacerdote le preguntó: "¿Es esto así?"

2 Esteban respondió: "Hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abrahán en Mesopotamia, antes de morar en Harán.

3 "Y le dijo: 'Sal de tu tierra y de tu parentela, y ve a la tierra que te mostraré'.

4 "Entonces salió de la tierra de los caldeos, y habitó en Harán. Después de muerto su padre, Dios lo trajo a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora.

5 "Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie. Pero le prometió que se le daría en posesión, a él y a sus descendientes después de él, cuando él no tenía ningún hijo.

6 "Dios le dijo que sus descendientes serían extranjeros en tierra ajena, y que los someterían a servidumbre y maltratarían durante cuatrocientos años.

7 "'Pero yo castigaré —dijo Dios—, a la nación que los esclavizará. Y después saldrán, y me servirán en este lugar'.

8 "Y le dio el pacto de la circuncisión. Así Abrahán tuvo a Isaac, y lo circuncidó al octavo día; Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.

9 "Los patriarcas, por envidia, vendieron a José a Egipto. Pero Dios estuvo con él,

10 "lo libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría ante Faraón, rey de Egipto, quien lo nombró gobernador de Egipto y de toda su casa.

11 "Entonces vino el hambre y una gran tribulación en todo Egipto y Canaán, y nuestros padres no hallaban alimento.

12 "Cuando Jacob oyó que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.

13 "En la segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos. Y Faraón conoció el linaje de José.

14 "Y José mandó traer a Egipto a su padre Jacob y a toda su parentela, 75 personas.

15 "Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él y nuestros padres.

16 "Y ellos fueron trasladados a Siquem y puestos en el sepulcro que Abrahán había comprado de los hijos de Hamor en Siquem.

17 "Y a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había jurado a Abrahán, el pueblo fue creciendo y multiplicándose en Egipto.

18 "Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocía a José.

19 "Este trató con engaño a nuestro linaje, maltrató a nuestros padres, hasta exponer a sus niños a la muerte.

20 "En ese tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios. Por tres meses fue criado en casa de su padre.

21 "Cuando fue expuesto, la hija de Faraón lo adoptó y crió como a un hijo suyo.

22 "Moisés fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso en palabras y hechos.

23 "Cuando cumplió los cuarenta años, sintió el deseo de visitar a sus hermanos israelitas.

24 "Al ver que uno era maltratado, lo defendió. Mató al egipcio, y vengó al oprimido.

25 "Moisés pensaba que sus hermanos entenderían que Dios los libertaría por su mano. Pero ellos no lo entendieron así.

26 "Al día siguiente, se acercó a dos israelitas que estaban riñendo, y trató de ponerlos en paz, diciendo: 'Amigos, vosotros sois hermanos, ¿por qué os ofendéis el uno al otro?'

27 "Entonces el que maltrataba a su prójimo, lo empujó, diciendo: '¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros?

28 "'¿Quieres matarme como mataste ayer al egipcio?'

29 "Al oír esto, Moisés huyó, y vivió como extranjero en Madián, y tuvo dos hijos.

30 "Pasados cuarenta años, un Ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en el fuego de una zarza que ardía.

31 "Moisés se maravilló de la visión, y al acercarse a observar, oyó la voz del Señor:

32 "'Yo Soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob'. Moisés, temeroso, no se atrevía a mirar.

33 "Y el Señor le dijo: 'Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás es tierra santa.

34 "'He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto. He oído su gemido, y he descendido a librarlos. Ahora, pues, ven, que te enviaré a Egipto'.

35 "A Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: '¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?', lo envió Dios por gobernante y libertador por la mano del Ángel que le apareció en la zarza.

36 "Este los sacó, realizando prodigios y milagros en Egipto, en el Mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.

37 "Este es el Moisés, que dijo a los israelitas: 'Dios os levantará un Profeta como yo, de entre vuestros hermanos'.

38 "Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el Ángel que le hablaba a él y a nuestros padres en el monte Sinaí, y que recibió las Palabras de vida para darnos.

39 "A quien nuestros padres no quisieron obedecer; antes lo desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto,

40 "cuando dijeron a Aarón: 'Haznos dioses que vayan ante nosotros; porque a Moisés, que nos sacó de Egipto, no sabemos qué le sucedió'.

41 "Entonces fabricaron un becerro, ofrecieron sacrificio al ídolo, y se regocijaron en la obra de sus manos.

42 "Y Dios se apartó de ellos, y los entregó al culto del ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: '¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto durante cuarenta años, casa de Israel?

43 "'Antes bien, llevasteis la tienda de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia'.

44 "Nuestros padres tuvieron la Tienda de la Reunión en el desierto, como Dios había ordenado a Moisés que la hiciera según el modelo que había visto.

45 "Con Josué nuestros padres recibieron esa Tienda, y la introdujeron en la posesión de los gentiles, a quienes Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David.

46 "Este halló gracia ante Dios, y pidió la facultad de levantar una morada para el Dios de Jacob.

47 "Pero Salomón le edificó casa.

48 "Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como el profeta dice:

49 "'El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? —dice el Señor—. ¿O cuál es el lugar de mi reposo?

50 "¿No hizo mi mano todas estas cosas?'

51 "¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu santo. Como vuestros padres, así también vosotros.

52 "¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo, aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y matado.

53 "Vosotros recibisteis la Ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis".

54 Al oír esto, se les partía el corazón, y crujían los dientes contra él.

55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la diestra de Dios.

56 Y dijo: "Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios".

57 Entonces dando grandes gritos, ellos se taparon sus oídos, y arremetieron a una contra él.

58 Y echándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Y los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.

59 Cuando lo apedreaban, Esteban oró diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu".

60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: "Señor no les atribuyas este pecado!" Y habiendo dicho esto, durmió.

8

1 Saulo consentía en la muerte de Esteban. Ese día se desató una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén. Y todos se dispersaron por Judea y Samaria, excepto los apóstoles.

2 Hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran duelo por él.

3 Y Saulo perseguía a la iglesia. Entrando en las casas, arrastraba a los hombres y mujeres, y los entregaba a la cárcel.

4 Pero los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la Palabra.

5 Entonces Felipe descendió a la ciudad de Samaria, y predicaba a Cristo.

6 La gente escuchaba unánime atentamente, lo que decía Felipe, porque oían y veían las señales que hacía.

7 Porque los espíritus impuros salían de muchos, dando grandes voces, y muchos paralíticos y lisiados eran sanados.

8 Así, había gran alegría en aquella ciudad.

9 Había en esa ciudad un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia, y había asombrado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande.

10 A éste oían todos atentamente desde el menor hasta el mayor, y decían: "Este es el gran poder de Dios".

11 Le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había embelesado por mucho tiempo.

12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el Nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.

13 Hasta el mismo Simón creyó, y una vez bautizado andaba continuamente con Felipe. Y al ver las señales y los grandes milagros que se hacían, estaba atónito.

14 Los apóstoles que estaban en Jerusalén, oyeron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, y les enviaron a Pedro y a Juan.

15 Estos llegaron y oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo;

16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos. Sólo habían sido bautizados en el nombre de Jesús.

17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.

18 Cuando Simón vio que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero.

19 Les dijo: "Dadme también a mí este poder para que cualquiera a quien yo imponga las manos, reciba el Espíritu Santo".

20 Entonces Pedro le dijo: "Tu dinero perezca contigo, por haber pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.

21 "Tú no tienes parte ni herencia en este ministerio, porque tu corazón no es recto ante Dios.

22 "Arrepiéntete de esta maldad, y ruega a Dios. Quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón.

23 "Porque veo que estás en hiel de amargura y en prisión de maldad".

24 Entonces Simón respondió: "Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna de estas cosas que habéis dicho, venga sobre mí".

25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la Palabra de Dios, volvieron a Jerusalén. Y anunciaron el evangelio en muchos pueblos samaritanos.

26 Después, un ángel del Señor dijo a Felipe: "Levántate y ve hacia el sur, por el camino del desierto que va de Jerusalén a Gaza".

27 Entonces él se levantó y fue. Y encontró a un etíope, eunuco, encargado de todos los tesoros de Candace, reina de los etíopes. Este hombre había ido a adorar a Jerusalén.

28 Volvía sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.

29 Y el Espíritu dijo a Felipe: "Llégate, y júntate a ese carro".

30 Felipe corriendo hacia él, oyó que leía al profeta Isaías. Y le preguntó: "¿Entiendes lo que lees?"

31 El etíope respondió: "¿Cómo podré entender, si ninguno me lo explica?" Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él.

32 El pasaje de la Escritura que leía, era éste: "Como oveja fue llevado al matadero; como cordero mudo ante el que lo trasquila, no abrió su boca.

33 "En su humillación, no se le hizo justicia. Pero sus descendientes, ¿quién los contará? Porque su vida es quitada de la tierra".

34 El eunuco preguntó a Felipe: "Te ruego, ¿de quién el profeta dice esto? ¿De sí, o de otro?"

35 Entonces Felipe, empezando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús.

36 Y mientras seguían su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el eunuco dijo: "Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado?"

37 [Felipe le dijo: "Si crees de todo corazón, bien puedes". El etíope respondió: "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios".]

38 Entonces mandó parar el carro, y los dos, Felipe y el eunuco, descendieron al agua. Y Felipe lo bautizó.

39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y el eunuco no lo vio más. Y él siguió su camino gozoso.

40 Pero Felipe se halló en Azoto. Y de paso fue anunciando el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

9

1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote,

2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si hallase algunos hombres o mujeres de ese Camino, los trajese presos a Jerusalén.

3 Yendo por el camino, al acercarse a Damasco, de repente lo cercó un resplandor de luz del cielo;

4 y cayó en tierra, y oyó una voz que le dijo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"

5 Saulo preguntó: "¿Quién eres, Señor?" Y él replicó: "Yo Soy Jesús, a quien tú persigues. [Dura cosa te es dar coces contra el aguijón".

6 [Entonces él, temblando y temeroso, dijo: "Señor, ¿qué quieres que haga?" El Señor respondió:] "Levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer".

7 Los hombres que iban con Saulo, se habían detenido atónitos, porque habían oído la voz, pero no habían visto a nadie.

8 Entonces Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía abiertos los ojos, no veía nada. Así, lo llevaron de la mano hasta Damasco.

9 Allí estuvo tres días sin ver. Y no comió ni bebió.

10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: "Ananías". Y él respondió: "Aquí estoy, Señor".

11 El Señor le dijo: "Levántate, y ve a la calle que se llama Recta. Busca en casa de Judas a un hombre de Tarso llamado Saulo, porque él está orando.

12 "Y ha visto en visión a un hombre llamado Ananías, que entra, y le impone las manos, para que recobre la vista".

13 Entonces Ananías respondió: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre, y de los males que ha hecho a tus santos en Jerusalén.

14 "Y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu Nombre".

15 El Señor le dijo: "Ve, porque este hombre es un instrumento elegido por mí, para llevar mi Nombre a los gentiles, a los reyes y al pueblo de Israel.

16 "Yo le mostraré cuánto tiene que padecer por mi Nombre".

17 Entonces Ananías fue. Entró en la casa, y poniendo las manos sobre él, le dijo: "Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista, y seas lleno de Espíritu Santo".

18 Y al instante, se le cayeron de los ojos como escamas, y al punto recobró la vista. Y levantándose, fue bautizado.

19 Después de comer, recobró las fuerzas. Y Saulo pasó algunos días con los discípulos de Damasco.

20 En seguida empezó a predicar en las sinagogas a Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios.

21 Y todos los que lo oían quedaban atónitos, y decían: "¿No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocaban este Nombre, y a eso vino acá, a llevarlos presos ante los principales sacerdotes?"

22 Y Saulo mucho más se llenaba de poder, y confundía a los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Cristo.

23 Después de muchos días, los judíos en consejo resolvieron matarlo.

24 Pero Saulo conoció sus planes. Ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarlo.

25 Pero una noche, los discípulos lo bajaron por la muralla en una cesta.

26 Cuando Saulo llegó a Jerusalén, trató de juntarse con los discípulos. Pero todos le tenían miedo, y no creían que fuera discípulo.

27 Entonces Bernabé lo llevó, y lo presentó a los apóstoles. Les contó que Saulo había visto al Señor en el camino, que le había hablado, y que en Damasco había predicado con valentía en el Nombre de Jesús.

28 Así, Saulo quedó en Jerusalén, y salía con ellos.

29 Hablaba con valentía en el Nombre del Señor, y razonaba con los griegos. Pero ellos se propusieron matarlo.

30 Cuando los hermanos lo supieron, lo llevaron hasta Cesarea, y lo enviaron a Tarso.

31 Entonces las iglesias de toda Judea, Galilea y Samaria, disfrutaban de paz; eran edificadas y andaban en la reverencia del Señor. Y alentadas por el Espíritu Santo se multiplicaban.

32 Recorriendo a todos, Pedro fue también a visitar a los santos de Lida.

33 Allí encontró a un creyente llamado Eneas, que hacía ocho años que andaba en camilla, pues era paralítico.

34 Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo te sana. Levántate y haz tu cama". Y en el acto se levantó.

35 Y lo vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, y se convirtieron al Señor.

36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que quiere decir Dorcas (Gacela), rica en buenas obras y limosnas que hacía.

37 En esos días enfermó, y murió. Después de lavarla, la pusieron en una sala.

38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, al saber que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres a rogarle: "No tardes en venir hasta nosotros".

39 Entonces Pedro se levantó y fue con ellos. Cuando llegó, lo llevaron a la sala, donde lo rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.

40 Pedro pidió que todos salieran. Puesto de rodillas, oró, y vuelto al cuerpo, dijo: "Tabita, levántate". Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó.

41 El le dio la mano, y la levantó. Entonces llamó a los santos y a las viudas, y la presentó viva.

42 Esto se supo por toda Jope. Y muchos creyeron en el Señor.

43 Pedro se quedó muchos días en Jope en casa de Simón, un curtidor.

10

1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía la Italiana,

2 piadoso, que veneraba a Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.

3 Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día (3 de la tarde), que un ángel de Dios entraba en su cuarto, y le decía: "Cornelio".

4 El lo miró fijamente, y espantado, preguntó: "Qué quieres, Señor?" El ángel le dijo: "Tus oraciones y limosnas han subido como un memorial ante Dios.

5 "Envía ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, de sobrenombre Pedro.

6 "Este posa en casa de Simón el curtidor, que tiene su casa junto al mar".

7 Apenas el ángel se fue, Cornelio llamó a dos de sus criados y a un devoto soldado de su confianza.

8 Después de contarles todo, los envió a Jope.

9 Al día siguiente, cuando ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora sexta (el mediodía).

10 Sintió hambre y quiso comer. Y mientras le preparaban algo, le vino un éxtasis.

11 Vio el cielo abierto, y que descendía algo como un gran lienzo, que atado por las cuatro puntas bajaba hasta el suelo.

12 En él había toda clase de cuadrúpedos, reptiles y aves del cielo.

13 Y una voz le dijo: "Levántate, Pedro. Mata, y come".

14 Pedro contestó: "Señor, no. Ninguna cosa profana e impura he comido jamás".

15 La voz le habló por segunda vez: "Lo que Dios limpió, no lo llames profano".

16 Esto sucedió tres veces, y el lienzo fue subido al cielo

17 Mientras Pedro pensaba qué significaría esa visión, los hombres enviados por Cornelio, averiguando por la casa de Simón, llegaron a la puerta.

18 Llamaron, y preguntaron si Simón Pedro, posaba allí.

19 Mientras Pedro pensaba en la visión, el Espíritu le dijo: "Tres hombres te buscan.

20 "Levántate, y ve con ellos sin vacilar, porque yo los envié".

21 Entonces Pedro, descendió a los hombres enviados por Cornelio, y les dijo: "Yo soy el que buscáis. ¿Por qué habéis venido?"

22 Ellos respondieron: "El centurión Cornelio, varón justo y respetuoso de Dios, que tiene buen testimonio de toda la nación judía, ha recibido aviso de un santo ángel, de que vayas a su casa para que oiga tus palabras".

23 Entonces los invitó a entrar, y los hospedó. Al día siguiente, Pedro fue con ellos, acompañado por algunos hermanos de Jope.

24 Al otro día entraron en Cesarea. Cornelio los estaba esperando, habiendo reunido a sus parientes y amigos más íntimos.

25 Cuando Pedro entraba, salió Cornelio a recibirlo, y postrándose a sus pies, adoró.

26 Pero Pedro lo levantó, diciendo: "Levántate, que yo también soy hombre".

27 Hablando con él, entró, y halló que muchos se habían reunido.

28 Y les dijo: "Vosotros sabéis que es contra la Ley que un judío se asocie con un extranjero o lo visite. Pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame profano o impuro.

29 "Por eso, cuando me mandasteis llamar, vine sin dudar. Así, pregunto: ¿por qué me habéis hecho venir?"

30 Entonces Cornelio dijo: "Hace cuatro días, a esta hora novena (3 de la tarde), yo estaba en ayunas, orando en mi casa. De repente se presentó ante mí un varón con vestido resplandeciente.

31 "y dijo: 'Cornelio, tu oración ha sido escuchada y tus limosnas han sido reconocidas ante Dios.

32 "'Envía a Jope y haz venir a Simón, llamado Pedro, que posa en casa de Simón el curtidor, junto al mar. Cuando él venga te hablará'.

33 "En seguida envié por ti, y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos estamos aquí en presencia de Dios, para oír lo que Dios te ha mandado decirnos".

34 Entonces Pedro, tomó la palabra, y dijo: "En verdad veo que Dios no hace acepción de personas,

35 "sino que acepta al que es fiel y obra rectamente, de cualquier nación que sea.

36 "Dios envió a los israelitas el mensaje que anuncia la paz por Jesucristo, el Señor de todos.

37 "Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, empezando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó.

38 "Acerca de Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder, y que pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

39 "Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo Jesús en Judea y en Jerusalén; a quien mataron, colgándolo en un madero.

40 "Pero Dios lo levantó al tercer día, y le concedió que se manifestara,

41 "no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había designado, a nosotros que comimos y bebimos con él, después que resucitó de los muertos.

42 "Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él fue constituido por Dios como Juez de vivos y muertos.

43 "De él dan testimonio todos los profetas, de que todos los que creen en él, reciben el perdón de los pecados por su Nombre".

44 Mientras Pedro estaba aún hablando estas palabras, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que oían el sermón.

45 Y los fieles que eran de la circuncisión, que habían ido con Pedro, quedaron asombrados de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.

46 Porque los oían hablar en lenguas, y magnificar a Dios.

47 Entonces Pedro respondió: "¿Puede alguno negar el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?"

48 Y mandó que fueran bautizados en el Nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase con ellos por algunos días.

11

1 Los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, oyeron que también los gentiles habían recibido la Palabra de Dios.

2 Así, cuando Pedro subió a Jerusalén, los que eran de la circuncisión lo reprocharon.

3 "¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?"

4 Entonces Pedro empezó a contarles por orden lo que había sucedido.

5 Les dijo: "Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y en éxtasis tuve una visión. Vi que algo semejante a un gran lienzo, atado por las cuatro puntas, descendía del cielo y venía hasta mí.

6 "Miré con atención y vi en él cuadrúpedos, fieras, reptiles y aves del cielo.

7 "Y una voz me dijo: 'Levántate, Pedro, mata y come'.

8 "Yo dije: 'Señor, de ninguna manera, porque ninguna cosa profana ni impura entró jamás en mi boca'.

9 "Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: 'Lo que Dios limpió, no lo llames impuro'.

10 "Esto sucedió tres veces. Y volvió todo a ser llevado arriba al cielo.

11 "En ese momento llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea.

12 "Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin vacilar. Y fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre.

13 "El nos contó que había visto un ángel en su casa, que le dijo: 'Envía a Jope, y haz venir a Simón, llamado Pedro.

14 "'El te hablará palabras por las cuales serás salvo tú y toda tu casa'.

15 "Cuando empecé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.

16 "Entonces me acordé de las palabras del Señor: 'Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo'.

17 "Así, si Dios les concedió a ellos el mismo don que a nosotros cuando creímos en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?"

18 Al oír esto, se calmaron y glorificaron a Dios, diciendo: "¡De manera que también a los gentiles Dios ha dado el arrepentimiento que lleva a la vida!"

19 Los que habían sido esparcidos por la persecución que vino después de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y a nadie predicaron la Palabra, sino sólo a los judíos.

20 Había entre ellos algunos de Chipre y de Cirene, que cuando entraron en Antioquía, hablaron a los griegos, y les anunciaron el evangelio del Señor Jesús.

21 La mano del Señor estaba con ellos. Y gran número creyó y se convirtió al Señor.

22 Esta noticia llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía.

23 Al llegar y ver la gracia de Dios, se regocijó, y exhortaba a todos a permanecer con corazón firme unidos al Señor.

24 Y como Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe; una gran multitud fue agregada al Señor.

25 Entonces Bernabé fue a Tarso a buscar a Saulo. Cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía.

26 Quedaron todo un año allí con la iglesia, y enseñaron a mucha gente. En Antioquía fue donde por primera vez, los discípulos fueron llamados cristianos.

27 En esos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.

28 Uno de ellos, llamado Agabo, movido por el Espíritu Santo, se levantó y dio a entender que vendría una gran hambre en toda la tierra, lo que sucedió en tiempo de Claudio.

29 Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos de Judea.

30 Y así lo hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.

12

1 Por ese tiempo el rey Herodes echó mano de algunos de la iglesia para maltratarlos.

2 Y mató a espada a Santiago, hermano de Juan.

3 Al ver que esto agradaba a los judíos, prendió también a Pedro. Eran entonces los días del pan sin levadura.

4 Después de apresarlo, lo encarceló y lo entregó a cuatro grupos, de cuatro soldados cada uno, para que lo guardaran. Herodes quería sacarlo al pueblo después de la Pascua.

5 Así, Pedro era guardado en la cárcel. Pero la iglesia oraba sin cesar a Dios por él.

6 Cuando Herodes lo iba a sacar, aquella misma noche Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas ante la puerta custodiaban la cárcel.

7 De repente apareció un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel. El ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: "Levántate pronto". Y las cadenas se le cayeron de las manos.

8 Entonces el ángel le dijo: "Cíñete, y ata tus sandalias". Y lo hizo así. Y agregó: "Ponte el manto, y sígueme".

9 Y Pedro lo seguía sin saber que era real lo que hacía el ángel. Pensaba que veía una visión.

10 Pasaron la primera y la segunda guardia, y llegaron a la puerta de hierro que va a la ciudad, que se abrió por sí misma. Salieron, y después de andar una calle, de repente el ángel lo dejó.

11 Entonces Pedro volvió en sí, y dijo: "Ahora entiendo que realmente el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de mano de Herodes y de todo el pueblo judío que me esperaba".

12 Al darse cuenta de esto, llegó a casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.

13 Cuando Pedro llamó a la puerta del patio, salió a atender una muchacha llamada Rode.

14 Y cuando reconoció la voz de Pedro, de alegría no abrió la puerta, sino que corrió adentro, y avisó que Pedro estaba a la puerta.

15 Ellos le dijeron: "Estás loca". Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos dijeron: "Será su ángel".

16 Y Pedro insistía en llamar. Cuando abrieron y lo vieron, quedaron atónitos.

17 Pero él hizo con la mano señal de que guardasen silencio, y les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y dijo: "Contad esto a Santiago y a los hermanos". Y salió, y se fue a otro lugar.

18 Cuando fue de día, hubo un gran alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro.

19 Herodes lo buscó sin hallarlo. Y después de interrogar a los guardas, los mandó ejecutar. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí.

20 Herodes estaba enojado con los de Tiro y Sidón. Pero ellos vinieron unánimes a él, y sobornando a Blasto, camarero del rey, pidieron paz; porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey.

21 En un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y los arengó.

22 Y el pueblo aclamaba: "Voz de Dios y no de hombre".

23 En el mismo instante, por cuanto no dio la gloria a Dios, un ángel del Señor hirió a Herodes, y expiró comido de gusanos.

24 Pero la Palabra del Señor crecía y se multiplicaba.

25 Y Bernabé y Saulo, cumplieron su ministerio y volvieron a Jerusalén, llevando consigo a Juan Marcos.

13

1 Había entonces en la iglesia de Antioquía, profetas y maestros: Bernabé y Simón llamado Níger, Lucio el cireneo, Manaén, criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.

2 Un día, mientras estaban celebrando el culto al Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: "Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la cual los he llamado".

3 Entonces habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos, y los enviaron.

4 Enviados así por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.

5 Al llegar a Salamina, anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Y tenían a Juan en el ministerio.

6 Habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a un judío mago, falso profeta, llamado Barjesús,

7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, deseando oír la Palabra de Dios, mandó llamar a Bernabé y a Saulo.

8 Pero Elimas el mago, que esto significa su nombre, se les oponía, procurando apartar de la fe al procónsul.

9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijó los ojos en él,

10 y dijo: "Oh, tú, lleno de todo engaño y maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?

11 "Ahora, la mano del Señor está contra ti. Quedarás ciego, sin ver el sol, por cierto tiempo". Al instante, oscuridad y tinieblas cayeron sobre él, y andaba dando vueltas, buscando quién lo condujese de la mano.

12 Entonces, viendo lo que había sucedido, el procónsul creyó, admirado de la doctrina del Señor.

13 Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia. Pero Juan, separándose de ellos, se volvió a Jerusalén.

14 Ellos pasaron por Perge, y llegaron a Antioquía de Pisidia. Y un sábado entraron en la sinagoga y se sentaron.

15 Después de la lectura de la Ley y los profetas, los principales de la sinagoga les mandaron decir: "Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad".

16 Entonces Pablo, se levantó, hizo señal de silencio con la mano, y dijo: "Israelitas, y los que veneráis a Dios, oíd.

17 "El Dios de este pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo durante su destierro en Egipto, y con brazo levantado lo sacó de allá.

18 "Durante cuarenta años los soportó en el desierto.

19 "Y destruyendo siete naciones de Canaán, les dio su tierra en herencia.

20 "Despúes, como por 450 años, les dio jueces hasta el profeta Samuel.

21 "Entonces demandaron rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, que gobernó durante cuarenta años.

22 Después quitó a éste, y levantó por rey a David, de quien testificó: ' He hallado a David, hijo de Isaí, hombre según mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero'.

23 "De la descendencia de éste, conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador de Israel.

24 "Antes de su venida, Juan predicó un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.

25 "Y cuando Juan terminaba su carrera, dijo: '¿Quién pensáis que soy? Yo no soy él. Pero viene después de mí Aquel a quien no soy digno de desatar las sandalias de sus pies'.

26 "Hermanos, hijos del linaje de Abrahán, y extranjeros que entre vosotros respetáis a Dios, a vosotros ha sido enviado este mensaje de salvación.

27 "Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, desconociendo a Jesús, y las palabras de los profetas que leen cada sábado, las cumplieron al condenarlo.

28 "Y sin hallar en él causa alguna de muerte, pidieron a Pilato que lo matase.

29 " Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, lo quitaron del madero, y lo pusieron en el sepulcro.

30 "Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

31 "Y él apareció por muchos días a los que habían subido junto con él de Galilea a Jerusalén, quienes ahora son sus testigos ante el pueblo.

32 "Nosotros también os anunciamos la buena nueva de que la promesa hecha a nuestros padres,

33 "Dios la ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, al resucitar a Jesús; como en el Salmo segundo está escrito: 'Mi hijo eres tú yo te engendré hoy'.

34 "Y acerca de que lo resucitó de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: 'Os daré las santas y seguras bendiciones prometidas a David'.

35 "Por eso dice en otro lugar: 'No permitirás que tu Santo vea corrupción'.

36 "Porque cuando David hubo servido el propósito de Dios, durmió, fue reunido con sus padres, y vio corrupción.

37 "Pero Aquel a quien Dios resucitó, no vio corrupción.

38 "Sabed, pues, hermanos, que por medio de él se os anuncia el perdón de los pecados.

39 "Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en éste es justificado todo el que cree.

40 "Cuidad que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas:

41 "Mirad, menospreciadores, asombraos, y desapareced. Porque en vuestros días, voy a realizar una obra, que aunque os la cuenten, no la creeréis"'.

42 Cuando Pablo y Bernabé salían de la sinagoga, los gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen más de estas cosas.

43 Despedida la congregación, muchos judíos y muchos prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé; quienes les hablaron y persuadieron a permanecer en la gracia de Dios.

44 El sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad a oír la palabra de Dios.

45 Pero al ver la multitud, los judíos se llenaron de celo, y contradecían a Pablo con blasfemias.

46 Entonces Pablo y Bernabé, dijeron con valentía: "En verdad, era necesario hablar la Palabra de Dios primero a vosotros. Pero como la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles.

47 "Porque así nos ha mandado el Señor: 'Te he puesto por luz de los gentiles, para que seas salvación hasta lo último de la tierra".

48 Al oír esto, los gentiles se alegraron y glorificaron la palabra del Señor. Y creyeron todos los que tenían su mirada en la vida eterna.

49 Y la palabra del Señor se difundía por toda la región.

50 Pero los judíos incitaron a mujeres piadosas y distinguidas, a los principales de la ciudad, levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su región.

51 Entonces los apóstoles sacudieron contra ellos el polvo de sus pies, y se fueron a Iconio.

52 Y los discípulos rebosaban de gozo y del Espíritu Santo.

14

1 Como acostumbran, Pablo y Bernabé entraron en Iconio en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera, que creyó una gran multitud de judíos y de griegos.

2 Pero los judíos incrédulos, incitaron y corrompieron el ánimo de los gentiles contra los hermanos.

3 Con todo, se detuvieron allí bastante tiempo, hablando con valentía acerca del Señor, que confirmaba el mensaje de su gracia, dotándolos para realizar señales y milagros.

4 La gente de la ciudad estaba dividida, unos con los judíos y otros con los apóstoles.

5 Y hubo un complot entre los judíos y los gentiles, junto con sus dirigentes, para enfrentarlos y apedrearlos.

6 Al saberlo, Pablo y Bernabé huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a sus alrededores.

7 Y allí predicaban el evangelio.

8 En Listra había un hombre inválido de los pies, imposibilitado de nacimiento, que jamás había andado.

9 Este oía a Pablo mientras hablaba. Pablo fijó en él la mirada, y al ver que tenía fe para ser sano,

10 le dijo a gran voz: "Levántate derecho sobre tus pies". Y el hombre dio un salto y anduvo.

11 Entonces la gente, al ver lo que Pablo había hecho, alzaron la voz, y dijeron en lengua licaónica: "Dioses en forma humana han descendido a nosotros".

12 Y a Bernabé llamaron Júpiter, y a Pablo Mercurio, porque era el que dirigía la palabra.

13 Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas ante la puerta, y junto con la gente quería ofrecerles sacrificios.

14 Al darse cuenta los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron su ropa, y se lanzaron al gentío, dando voces.

15 Les dijeron: "Varones, ¿porqué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos.

16 "En las edades pasadas él ha dejado a cada pueblo andar en sus propios caminos.

17 "Si bien no quedó sin dar testimonio de sí mismo, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, colmando nuestro corazón de sustento y alegría".

18 Y con estas palabras, apenas pudieron impedir que les ofrecieran sacrificio.

19 Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud. Y después de apedrear a Pablo, lo arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.

20 Pero lo rodearon los discípulos, y se levantó, y entró en la ciudad. Un día después, partió con Bernabé a Derbe. Fin del primer viaje de Pablo

21 En esa ciudad anunciaron el evangelio, y ganaron a muchos discípulos. Entonces volvieron a Listra, Iconio y Antioquía.

22 Confirmaron el ánimo de los discípulos, exhortándolos a permanecer en la fe. Les dijeron: "Es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios".

23 Pablo y Bernabé nombraron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayuno, los encomendaron al Señor en quien habían creído.

24 Pasando por Pisidia vinieron a Panfilia.

25 Predicaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalia.

26 De allí navegaron a Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido.

27 Al llegar, reunieron a la iglesia, y relataron las grandes cosas que Dios había hecho con ellos, y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.

15

1 Entonces vinieron de Judea algunos que enseñaban a los hermanos: "Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos".

2 Como Pablo y Bernabé tuvieron una severa discusión y contienda con ellos, se dispuso que Pablo, Bernabé y algunos otros fueran a Jerusalén, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.

3 Ellos, pues, enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles. Y causaban gran alegría a todos los hermanos.

4 Al llegar a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y por los apóstoles y los ancianos. Y contaron todas las cosas que Dios había hecho por medio de ellos.

5 Algunos de los creyentes que habían sido de la secta de los fariseos, se levantaron, diciendo que era necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la Ley de Moisés.

6 Entonces se reunieron los apóstoles y los ancianos para tratar este asunto.

7 Después de mucha discusión, se levantó Pedro, y dijo: "Hermanos, vosotros sabéis que hace algún tiempo Dios me eligió para que los gentiles oyesen de mi boca la palabra del evangelio, y creyesen.

8 "Y Dios, que conoce los corazones, los reconoció dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros.

9 "Ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, pues por la fe purificó sus corazones.

10 "Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo, que ni nuestros padres, ni nosotros hemos podido llevar?

11 "Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, igual que ellos".

12 Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaron las grandes maravillas y señales que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.

13 Cuando ellos terminaron de hablar, Santiago dijo: "Hermanos, oídme.

14 "Simón ha contado cómo Dios intervino por primera vez para procurar entre los gentiles un pueblo para su Nombre.

15 "Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

16 "'Después de esto volveré y restauraré la tienda caída de David. Repararé sus ruinas y la volveré a levantar.

17 "'Para que el resto de los hombres busque al Señor, y aun todos los gentiles sobre los cuales es invocado mi Nombre. Así dice el Señor que hace estas cosas,

18 "'conocidas desde la antigüedad'.

19 "Por eso juzgo, que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios;

20 "sino que se les escriba que se abstengan de las cosas contaminadas por ídolos, de fornicación, de animales estrangulados y de sangre.

21 "Porque desde los tiempos antiguos, Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican en las sinagogas, donde es leído cada sábado".

22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir algunos hombres entre ellos, y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Y eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, que eran principales entre los hermanos.

23 Con ellos mandaron la siguiente carta: "Los apóstoles, los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, Siria y Cilicia, salud.

24 "Hemos sabido que sin nuestra autorización, algunos han salido de nosotros, y os han inquietado y han turbado vuestro ánimo con sus palabras, [mandando que os circuncidéis y guardéis la Ley].

25 "Así, de común acuerdo, nos ha parecido bien enviaros algunos hombres, con nuestros amados hermanos Bernabé y Pablo,

26 "que han expuesto su vida por el Nombre de nuestro Señor Jesucristo.

27 "Así, enviamos a Judas y a Silas, que también de palabra os harán saber lo mismo.

28 "Porque ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:

29 "Que os abstengáis de alimentos sacrificados a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de fornicación. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Pasadlo bien".

30 Así, los que fueron enviados, descendieron a Antioquía, y reuniendo a la multitud, les entregaron la carta;

31 y habiéndola leído se regocijaron por el consuelo recibido.

32 Y Judas y Silas, que también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra.

33 Después de pasar un tiempo allí, los hermanos enviaron de regreso a los apóstoles en paz.

34 [Pero a Silas le pareció bien quedarse allí].

35 Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, y junto con muchos otros, enseñaban y anunciaban la Palabra del Señor.

36 Un tiempo después, Pablo dijo a Bernabé: "Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades donde hemos anunciado la Palabra del Señor, para ver cómo están".

37 Bernabé quería llevar consigo a Juan Marcos.

38 Pero a Pablo no le pareció bien llevar al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra.

39 Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro. Bernabé llevó a Marcos y navegó a Chipre.

40 Y Pablo eligió a Silas, y salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor.

41 Y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.

16

1 Después Pablo llegó a Derbe y a Listra, donde había un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego.

2 De él daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en lconio.

3 Pablo quiso que Timoteo fuese con él. Y tomándolo, lo circuncidó por causa de los judíos de aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.

4 Al pasar por las ciudades, entregaban a los hermanos, para que las guardasen, las decisiones tomadas por los apóstoles y los ancianos de Jerusalén.

5 Así, las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.

6 Atravesaron la región de Frigia y Galacia, y el Espíritu Santo les impidió hablar la Palabra en Asia.

7 Al llegar a Misia, intentaron ir a Bitinia; pero el Espíritu de Jesús no les permitió.

8 Pasando a Misia, descendieron a Troas.

9 Y de noche Pablo tuvo una visión de un hombre macedonio que se puso ante él, y le rogó: "Pasa a Macedonia, y ayúdanos".

10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.

11 Zarpando de Troas, vinimos derecho a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis.

12 De allí a Filipos, que es la principal ciudad del distrito de Macedonia y una colonia romana. Y estuvimos en esa ciudad algunos días.

13 El sábado salimos fuera de la ciudad, junto al río, donde suponíamos que había un lugar de oración. Y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.

14 Una de ellas llamada Lidia, que vendía púrpura de la ciudad de Tiatira, respetuosa de Dios, estaba oyendo. El Señor abrió su corazón para que estuviera atenta a lo que Pablo decía.

15 Y cuando ella fue bautizada junto con su familia, nos rogó: "Si habéis juzgado que soy fiel al Señor, entrad en mi casa, y hospedaos en ella". Y nos instó a quedarnos.

16 Un día en que íbamos a la oración, salió a nuestro encuentro una muchacha esclava, que tenía un espíritu adivinador, y adivinando daba mucha ganancia a sus amos.

17 Nos seguía a Pablo y a nosotros, y gritaba: "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, y anuncian el camino de la salvación".

18 Repitió esto por muchos días. Y como desagradó a Pablo, él se volvió y dijo al espíritu: "En el Nombre de Jesucristo, te mando que salgas de ella". Y salió en el mismo instante.

19 Los amos de la muchacha, al ver que se había ido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron al foro, ante las autoridades.

20 Y presentándolos a los magistrados, dijeron: "Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad.

21 "y enseñan costumbres que los romanos no podernos aceptar ni practicar".

22 Y se agolpó el pueblo contra ellos. Los magistrados ordenaron que les quitaran la ropa, y los azotaran.

23 Después de haberles dado muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.

24 Al recibir esta orden, el carcelero los llevó al calabozo interior, y les aseguró los pies en el cepo.

25 Pero a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.

26 Entonces de repente, se produjo un terremoto tan fuerte, que los cimientos de la cárcel se conmovieron, todas las puertas se abrieron, Y las cadenas de todos se soltaron.

27 El carcelero despertó, y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada para matarse, pensando que los presos se habían huido.

28 Pero Pablo clamó a gran voz: "No te hagas ningún mal, que todos estamos aquí".

29 Entonces, pidiendo luz, el carcelero se precipitó adentro. Y temblando, se echó a los pies de Pablo y de Silas.

30 Los sacó de allí, y les dijo: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?"

31 Ellos respondieron: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa".

32 Y le hablaron la Palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.

33 Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, el carcelero les lavó las heridas de los azotes. Y en seguida fue bautizado él y todos los suyos.

34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa. Y se alegró con toda su casa por haber creído a Dios.

35 Cuando fue de día, los magistrados enviaron a los alguaciles, a decir: "Deja ir a esos hombres".

36 El carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: "Los magistrados han enviado a decir que seáis sueltos. Así que ahora salid, e id en paz".

37 Entonces Pablo les dijo: "A pesar de ser nosotros ciudadanos romanos, nos azotaron públicamente, sin habernos juzgado, y nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos sueltan encubiertamente? No, de cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos".

38 Los alguaciles avisaron a los magistrados, quienes tuvieron miedo al oír que eran romanos.

39 Vinieron, y los apaciguaron. Y sacándolos, les rogaron que se fueran de la ciudad.

40 Entonces salidos de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los animaron, y se fueron.

17

1 Después de pasar por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga.

2 Y como acostumbraba, Pablo fue a la sinagoga, y por tres sábados razonó con ellos de las Escrituras.

3 Explicando y probando que el Cristo tenía que padecer y resucitar de entre los muertos. "Y que Jesús, a quien yo os anuncio -decía él-, es el Cristo".

4 Algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y Silas; y de los griegos piadosos gran número, y no pocas mujeres prominentes.

5 Entonces los judíos incrédulos, llenos de envidia, reunieron a algunos ociosos, malos hombres, y juntando una turba, alborotaron la ciudad. Y asaltando la casa de Jasón, procuraron sacarlos al pueblo.

6 Pero como no los hallaron, llevaron a Jasón y a algunos hermanos ante los gobernadores de la ciudad, dando voces: "Esos que han trastornado el mundo entero, han venido también aquí.

7 "Y Jasón los ha recibido. Todos éstos van contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús".

8 Al oír esto, el pueblo y los gobernadores de la ciudad, se alborotaron.

9 Pero después de recibir una fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.

10 Tan pronto como anocheció, los hermanos enviaron a Pablo y a Silas a Berea. Y ellos, apenas llegaron, entraron en la sinagoga de los judíos.

11 Estos fueron más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la Palabra de todo corazón, y examinaban cada día las Escrituras, para ver si esas cosas eran así.

12 De ese modo, creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas distinguidas, y no pocos hombres.

13 Pero cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea Pablo estaba anunciando la Palabra de Dios, fueron, y también allí alborotaron al pueblo.

14 Entonces, en seguida los hermanos enviaron a Pablo hacia el mar, y Silas y Timoteo se quedaron allí.

15 Los que se habían encargado de Pablo, lo llevaron hasta Atenas; y volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo, fueran a él lo más pronto que pudieran.

16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía al ver la ciudad llena de ídolos.

17 Así, razonaba en la sinagoga con los judíos piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.

18 Algunos filósofos epicúreos y estoicos, debatían con él. Unos decían: "¿Qué quiere decir este palabrero?" Y otros: "Parece que predica dioses extraños", porque les predicaba a Jesús y la resurrección.

19 Tomándolo, lo llevaron al Areópago, y le dijeron: "¿Podremos saber qué es esa nueva doctrina de que hablas?

20 "Porque traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué significa esto".

21 Porque entonces, los atenienses y los extranjeros que vivían allí, no se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.

22 Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y dijo: "Atenienses, en todo os veo muy religiosos.

23 "Porque al pasar y observar los monumentos de vuestro culto, hallé también un altar con la inscripción: 'Al Dios desconocido'. A ése, que vosotros honráis sin conocerlo, os anuncio yo.

24 "El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas.

25 "Ni es honrado por manos de hombres, como si necesitara de algo. Pues él da a todos vida, aliento y todas las cosas.

26 "De uno solo hizo todo el linaje de los hombres, para que habitaran en toda la tierra. Y les ha fijado el orden de las estaciones, y los límites de su residencia;

27 "para que busquen a Dios, si tal vez, palpando lo puedan hallar, pues no está lejos de ninguno de nosotros.

28 "Porque en él vivimos, y nos movemos, y existimos. Y como algunos de vuestros poetas dijeron: 'Linaje suyo somos'.

29 "Siendo, pues, linaje de Dios, no hemos de pensar que Dios sea semejante a imágenes de oro, plata o piedra, escultura de arte de imaginación de hombres.

30 "Pues Dios, habiendo pasado por alto ese tiempo de ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.

31 "Por cuanto ha establecido un día, en el cual juzgará al mundo con justicia, por medio de aquel Hombre que él ha designado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos".

32 En cuanto oyeron hablar de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: "Te oiremos acerca de esto otra vez".

33 Así salió Pablo de en medio de ellos.

34 Pero algunos se unieron a él y creyeron. Entre ellos Dionisio, miembro del Areópago, una mujer llamada Dámaris, y algunos otros.

18

1 Después de esto, Pablo partió de Atenas y fue a Corinto.

2 Allí encontró a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su esposa; porque Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Y Pablo fue a verlos.

3 Y como era del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos, porque eran fabricantes de tiendas.

4 Y cada sábado razonaba en la sinagoga, y persuadía a judíos y a griegos.

5 Cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a la predicación de la Palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.

6 Pero como los judíos se opusieron y blasfemaron, sacudiendo su ropa, Pablo les dijo: "Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza. Yo soy limpio. Desde ahora me iré a los gentiles".

7 Entonces retirándose de allí, se fue a casa de un hombre llamado Tito Justo, respetuoso de Dios, cuya casa estaba junto a la sinagoga.

8 Crispo, el principal de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa. Y muchos de los corintios creían y eran bautizados.

9 Entonces el Señor dijo a Pablo en una visión nocturna: "No temas. Sigue hablando, y no calles.

10 "Que yo estoy contigo, y ninguno te podrá dañar. Pues tengo mucho pueblo en esta ciudad".

11 Y Pablo permaneció allí un año y seis meses, enseñando la Palabra de Dios.

12 Cuando Galión era procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y lo llevaron al tribunal,

13 diciendo: "Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la Ley".

14 Cuando Pablo estuvo por hablar, Galión dijo a los judíos: "Si fuera algún agravio o algún enorme crimen, oh judíos, conforme al derecho os toleraría.

15 "Pero si es cuestión de palabras y nombres, y de vuestra Ley, vedlo vosotros. Yo no quiero ser juez de esas cosas".

16 Y los echó del tribunal.

17 Entonces todos los griegos apoderándose de Sóstenes, principal de la sinagoga, lo golpearon ante el tribunal. Y Galión no se preocupaba por eso.

18 Pablo se quedó en Corinto mucho tiempo más. Después se despidió de los hermanos, y navegó a Siria, y con él fueron Priscila y Aquila. En Cencreas se rapó la cabeza, porque tenía un voto.

19 Al llegar a Efeso, se separó de ellos para entrar a la sinagoga, a razonar con los judíos.

20 Estos le rogaron que se quedara más tiempo con ellos. Pero él no consintió,

21 sino que se despidió de ellos, diciendo: "si Dios quiere, volveré a vosotros". Y partió de Efeso.

22 Al llegar a Cesarea, Pablo subió a saludar a la iglesia. Después descendió a Antioquía.

23 Y habiendo estado allí algún tiempo, salió a recorrer en orden la región de Galacia y Frigia, a confirmar a todos los discípulos.

24 Entonces llegó a Efeso cierto judío, llamado Apolo, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.

25 Este había sido instruido en el camino de Señor, y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba con esmero acerca de Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan.

26 Empezó a hablar con valentía en la sinagoga. Cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron consigo, y le explicaron más exactamente el camino de Dios.

27 Cuando Apolo quiso ir a Acaya, los hermanos lo animaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran. Al llegar fue de gran provecho a los que, por la gracia de Dios, habían creído.

28 Porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

19

1 Mientras que Apolo estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso. Allí encontró a ciertos discípulos,

2 y les preguntó: "¿Habéis recibido el Espíritu Santo cuando creísteis?" Ellos contestaron: "Ni siquiera hemos oído que existe el Espíritu Santo".

3 Pablo les preguntó: "Entonces, ¿en qué fuisteis bautizados? Ellos dijeron: "En el bautismo de Juan".

4 Dijo Pablo: "Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es decir, en Jesús".

5 Al oír esto, fueron bautizados en el Nombre del Señor Jesús.

6 Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas, y profetizaban.

7 Eran en todo unos doce hombres.

8 Y Pablo fue a la sinagoga, y durante tres meses habló con denuedo, razonando y persuadiendo acerca del reino de Dios.

9 Pero como algunos se endurecieron, rehusaron creer, y ante la multitud, hablaron mal de aquel Camino, Pablo se apartó de ellos. Separó a los discípulos, y cada día les hablaba en la escuela de Tirano.

10 Esto duró dos años. Así, todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, pudieron oír la Palabra del Señor Jesús.

11 Y Dios obraba milagros singulares por medio de Pablo,

12 de tal manera que aun aplicaban a los enfermos, los pañuelos y lienzos que habían tocado el cuerpo de Pablo, y las enfermedades se curaban, y los malos espíritus salían de ellos.

13 Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron invocar el Nombre del Señor Jesús sobre los que tenían malos espíritus. Decían: "Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo".

14 Los que hacían esto eran siete hijos de cierto Esceva, jefe de los sacerdotes.

15 Pero el mal espíritu replicó: "Conozco a Jesús, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?"

16 Y el hombre en quien estaba el mal espíritu, saltó sobre ellos, y dominándolos, pudo más que ellos, de modo que huyeron de aquella casa sin ropa y heridos.

17 Y esto fue conocido por todos los habitantes de Efeso, tanto judíos como griegos. Y el temor se apoderó de todos, y magnificaban el Nombre del Señor Jesús.

18 Y muchos de los que habían creído, venían a confesar y denunciar sus malos hechos.

19 Muchos de los que habían practicado la magia, trajeron sus libros, y los quemaron ante todos. Y sacando la cuenta de su precio, hallaron que era 50.000 denarios (unos 50. 000 días de trabajo).

20 Así crecía y se robustecía poderosamente la palabra del Señor.

21 Después de esto, Pablo decidió ir a Jerusalén, pasando por Macedonia y Acaya. Decía: "Después de estar allá, debo visitar también a Roma".

22 Y enviando a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia.

23 Entonces hubo en Efeso un gran alboroto acerca del Camino.

24 Un platero llamado Demetrio, que labraba en plata templecillos de Diana, daba a los artífices no poca ganancia.

25 Reunió a éstos y a sus obreros, y les dijo: "Compañeros, vosotros sabéis que de este oficio tenemos buena ganancia.

26 "Y veis y oís que ese Pablo, no sólo en Efeso, sino en casi toda el Asia, ha persuadido y apartado a mucha gente, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos.

27 "No sólo hay peligro de que este negocio se desacredite, en perjuicio nuestro, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a derrumbarse su majestad, a quien toda el Asia y el mundo honra".

28 Cuando oyeron esto, se llenaron de ira, y gritaban: "¡Grande es Diana de los efesios!"

29 Y la ciudad se llenó de confusión, y se lanzaron juntos al teatro, arrastrando con ellos a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo.

30 Pablo quiso salir a presentarse al pueblo, pero los discípulos no lo dejaron.

31 También algunas autoridades del Asia, que eran sus amigos, enviaron a rogarle que no se presentase en el teatro.

32 Unos gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más ni sabían por qué se habían juntado.

33 Y de entre la muchedumbre, los judíos empujaron a Alejandro hacia el frente. Entonces Alejandro pidió silencio con la mano, y quiso hablar al pueblo.

34 Pero cuando conocieron que era judío, todos a una voz gritaron durante casi dos horas: "¡Grande es Diana de los efesios!"

35 Entonces, cuando el magistrado los hubo apaciguado, dijo: "Efesios, ¿quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de Efeso es guardiana del templo de la gran diosa Diana y de su imagen caída del cielo?

36 "Puesto que esto no se puede contradecir, conviene que os apacigüeís, y que nada hagáis precipitadamente.

37 "Habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de nuestra diosa.

38 "Si Demetrio y sus artífices tienen pleito con alguno, se concede audiencia y hay procónsules. Acúsense unos a otros.

39 "Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir.

40 "Porque hay peligro de que seamos acusados de sedición por este tumulto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este tumulto".

41 Dicho esto, despidió a la gente.

20

1 Cuando cesó el alboroto, Pablo llamó a los discípulos, y después de animarlos, se despidió y salió para Macedonia.

2 Recorrió esas regiones, exhortó a los fieles con abundancia de palabra, y salió para ir a Grecia.

3 Después de haber estado allí tres meses, y debido a que los judíos lo asechaban para cuando fuera a embarcarse para Siria, Pablo decidió volver por Macedonia.

4 Lo acompañaron hasta Asia Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo. Y del Asia, Tíquico y Trófimo.

5 Estos se adelantaron y nos esperaron en Troas.

6 Y nosotros, pasada la fiesta del pan sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días, nos reunimos con ellos en Troas, donde quedamos siete días.

7 El primer día de la semana, nos reunimos a partir el pan. Pablo habló a los creyentes, y como iba a partir al día siguiente, alargó su plática hasta la medianoche.

8 Había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos,

9 y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, fue quedando adormecido por el sueño. Y como Pablo alargaba su discurso, vencido por el sueño, el joven se cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto.

10 Entonces descendió Pablo, se echó sobre él, y tomándolo en sus brazos, dijo: "No os alarméis, que está vivo".

11 Entonces subió, quebró el pan, y comió. Después de platicar largamente hasta el alba, partió.

12 Y llevaron al joven vivo, y quedaron muy consolados.

13 Nosotros nos adelantamos y fuimos en barco hasta Asón, para recibir a Pablo allí; pues él había dispuesto ir por tierra.

14 Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándolo a bordo seguimos a Mitilene.

15 Al día siguiente navegando pasamos frente a Quío, y al otro día cruzamos hasta Samos. Y habiendo hecho escala en Trogilio, al día siguiente llegarnos a Mileto.

16 Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia; porque se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si fuera posible, en Jerusalén.

17 Desde Mileto Pablo hizo llamar a los ancianos de la iglesia de Efeso.

18 Cuando vinieron a él, les dijo: "Vosotros sabéis cómo me porté entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia.

19 "Serví al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas y pruebas que me vinieron por las asechanzas de los judíos.

20 "Y nada útil rehusé anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,

21 "testificando solemnemente a judíos y a gentiles la necesidad de arrepentirse ante Dios, y de tener fe en nuestro Señor Jesucristo.

22 "Y ahora, impelido por el Espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me sucederá.

23 "Sólo sé que por todas las ciudades, el Espíritu Santo me da testimonio, de que me esperan prisiones y tribulaciones.

24 "Pero ninguna de estas cosas temo, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; con tal que acabe con gozo mi carrera, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

25 "Ahora sé que ninguno de vosotros, a quienes prediqué el reino de Dios, verá más mi rostro.

26 "Por tanto, os declaro hoy, que soy limpio de la sangre de todos.

27 "Porque no rehusé anunciaros todo el designio de Dios.

28 "Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en medio del cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, que él ganó con su propia sangre.

29 "Sé que después de mi partida entrarán entre vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño.

30 "Y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que enseñarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos en pos de sí.

31 "Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar con lágrimas a cada uno.

32 "Ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la Palabra de su gracia; que es poderosa para sobreedificaros, y daros herencia con todos los santificados.

33 "La plata, el oro y el vestido de nadie he codiciado.

34 "Antes, vosotros sabéis que para mis necesidades y las de mis compañeros, estas manos me han servido.

35 "En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las Palabras del Señor Jesús: 'Es más dichoso dar que recibir"'.

36 Dicho esto, se puso de rodillas, y oró con ellos.

37 Entonces hubo un gran llanto de todos. Y echándose sobre el cuello de Pablo, lo besaban,

38 apenados en gran manera por lo que dijo, que no verían más su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco.

21

1 Después de separarnos de ellos, navegamos directamente a Cos, al día siguiente a Rodas y de allí a Pátara.

2 Hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y partimos.

3 Al avistar a Chipre, dejándola a la izquierda, navegamos hacia Siria, y arribamos a Tiro; porque el barco tenía que descargar allí.

4 Después de hallar a los discípulos, quedamos allí siete días. Y ellos por el Espíritu, decían a Pablo que no subiese a Jerusalén.

5 Cumplidos aquellos días, nos acompañaron todos, con sus esposas e hijos, hasta fuera de la ciudad. Y puestos de rodillas en la playa, oramos.

6 Después, abrazándonos unos a otros, subimos al barco, y ellos volvieron a sus casas.

7 Completada la navegación, vinimos de Tiro a Tolemaida. Saludamos a los hermanos, y quedamos un día con ellos.

8 Al otro día salimos y llegamos a Cesarea. Y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, nos hospedamos con él.

9 Este tenía cuatro hijas solteras que profetizaban.

10 Como quedamos allí muchos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo.

11 Vino a vernos, y tomando el cinto de Pablo, se ató los pies y las manos, y dijo: "Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles".

12 Al oír esto, le rogamos, nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén.

13 Entonces Pablo respondió: "¿Qué hacéis llorando y afligiéndome el corazón? Porque yo estoy presto no sólo a ser atado, sino aun a morir en Jerusalén por el Nombre del Señor Jesús".

14 Y como no lo pudimos persuadir, desistimos, diciendo: "Hágase la voluntad del Señor".

15 Después de esos días, nos preparamos, y subimos a Jerusalén.

16 Vinieron también con nosotros de Cesarea algunos discípulos, trayendo consigo a un tal Mnasón, de Chipre, antiguo discípulo, con el cual posásemos.

17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría.

18 Al día siguiente Pablo fue con nosotros a ver a Santiago. Y estaban presentes todos los ancianos.

19 Pablo los saludó, y les contó en detalle lo que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio.

20 Al oírlo, glorificaron a Dios, y le dijeron: "Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos han creído; y todos siguen siendo celosos por la Ley.

21 "Pero fueron informados que tú enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles, a que se aparten de Moisés, y no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres.

22 "¿Qué hacer, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido.

23 "Haz, pues, esto que vamos a decirte. Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen un voto que cumplir.

24 "Tómalos, purifícate con ellos, y paga sus gastos, para que rasuren su cabeza. Y todos entenderán que no hay nada de lo que les informaron acerca de ti; sino que tú también guardas la Ley.

25 "Pero en cuanto a los gentiles que han creído, les hemos escrito nuestro acuerdo de que se abstengan de los alimentos sacrificados a los ídolos, de sangre, de estrangulado y de fornicación".

26 Al día siguiente, Pablo llevó consigo a esos hombres, y se purificó con ellos. Entonces entró en el templo para anunciar cuándo terminarían los días de la purificación, y cuándo presentarían la ofrenda por cada uno de ellos.

27 Cuando estaban por cumplirse los siete días, unos judíos del Asia, al ver a Pablo en el templo, alborotaron a todo el pueblo, y le echaron mano.

28 Gritaron: " ¡Israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, contra la Ley y contra este lugar. Además, ha traído a griegos al templo, y ha profanado este santo lugar".

29 Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Efeso, y pensaban que Pablo lo había introducido en el templo.

30 Así, toda la ciudad se alborotó, y se agolpó el pueblo. Se apoderaron de Pablo, lo arrastraron fuera del templo, y cerraron las puertas.

31 Como ellos procuraban matarlo, avisaron al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada.

32 Este tomó en seguida soldados y centuriones, y corrió a ellos. Cuando vieron al tribuno y a los soldados, cesaron de golpear a Pablo.

33 Entonces el tribuno lo prendió. Mandó atarlo con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho.

34 Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra. Y como no podía entender nada cierto a causa del alboroto, mandó llevarlo a la fortaleza.

35 Al llegar a las gradas, fue llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la turba.

36 Porque multitud de pueblo venía detrás, gritando: "¡Mátalo!"

37 Cuando empezaron a entrar al cuartel, Pablo dijo al tribuno: "¿Me permites decirte algo?" Y él replicó: "¿Sabes griego?

38 "¿No eres tú aquel egipcio que hace unos días levantó una sedición, y sacó al desierto cuatro mil salteadores?"

39 Pablo respondió: "Yo soy judío, ciudadano de Tarso, ciudad no obscura de Cilicia. Te ruego que me permitas hablar al pueblo".

40 Y como él se lo permitió, Pablo, de pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho gran silencio, les dijo en hebreo:

22

1 "Hermanos y padres, oíd ahora lo que voy a decir en mi defensa".

2 Al oír que les hablaba en hebreo, guardaron más silencio. Y dijo:

3 "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta misma ciudad, a los pies de Gamaliel, instruido cuidadosamente en la Ley de la patria, celoso de Dios, como todos vosotros sois hoy.

4 "Que perseguí a muerte a este Camino, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres.

5 "Como también el sumo sacerdote y todos los ancianos son testigos. Hasta recibí cartas de ellos para los hermanos de Damasco, y fui, para traer presos a Jerusalén a los que estuviesen allá, para que fueran castigados.

6 "Pero como al mediodía, al llegar cerca de Damasco, de repente me rodeó una gran luz del cielo.

7 "Y caí al suelo, y una voz me dijo: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?'

8 "Entonces respondí: '¿Quién eres, Señor?' Me dijo: 'Yo Soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues'.

9 "Mis acompañantes vieron la luz, pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.

10 "Pregunté: '¿Qué haré, Señor? 'Y el Señor me dijo: 'Levántate y ve a Damasco. Allí te dirán lo que te está asignado que hagas'.

11 "Como yo no veía a causa de la claridad de aquella luz, llevado de la mano por mis acompañantes, llegué a Damasco.

12 "Entonces un tal Ananías, hombre piadoso según la Ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que habitaban allá,

13 "vino a verme. Y acercándose, me dijo: 'Hermano Saulo, recibe la vista'. En ese mismo instante pude verlo.

14 "Y él dijo: 'El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.

15 "'Porque has de ser testigo suyo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído.

16 "'Ahora pues, ¿qué esperas? Levántate, bautízate, y lava tus pecados, invocando su Nombre'.

17 "Cuando volví a Jerusalén, y estaba orando en el templo, caí en éxtasis.

18 "Y vi al Señor que me decía: 'Date prisa, sal pronto de Jerusalén, porque no recibirán tu testimonio acerca de mí'.

19 "Yo respondí: 'Señor, ellos saben que yo iba de una sinagoga a la otra, y encarcelaba y azotaba a los que creían en ti.

20 "Y cuando se derramó la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estuve presente, consentí en su muerte, y guardé la ropa de los que lo mataban'.

21 "Y me dijo: 'Ve, porque tengo que enviarte lejos, a los gentiles"'.

22 Hasta esa palabra lo escucharon. Entonces alzaron la voz, y dijeron: "¡Quita de la tierra a este hombre! ¡No conviene que viva!"

23 Y como ellos gritaban, arrojaban su ropa, y echaban polvo al aire,

24 el tribuno mandó que lo llevasen a la fortaleza, y ordenó que fuese probado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.

25 Cuando lo ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: "¿Es legal azotar a un ciudadano romano sin ser juzgado?"

26 Al oír esto, el centurión avisó al tribuno: "¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es romano".

27 Vino el tribuno y le preguntó: "Dime, ¿eres tú romano?" Y él dijo: "Sí".

28 Respondió el tribuno: "Yo con grande suma adquirí esta ciudadanía". Pablo contestó: "Pero yo lo soy de nacimiento".

29 Entonces se apartaron de él los que lo iban a torturar. Y aun el tribuno, al saber que Pablo era romano, tuvo temor por haberlo atado.

30 Al día siguiente, queriendo saber de cierto de qué lo acusaban los judíos, lo soltó de la prisión, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio. Sacó a Pablo, y lo presentó ante ellos.

23

1 Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: "Hermanos, yo con toda buena conciencia me he portado delante de Dios hasta el día de hoy".

2 El sumo sacerdote Ananías, mandó a los que estaban junto a él, que lo golpearan en la boca.

3 Entonces Pablo le dijo: "Dios te va a golpear a ti, pared blanqueada. ¿Estás sentado para juzgarme conforme a la Ley, y contra la Ley me mandas golpear?"

4 Los que estaban presentes dijeron: "¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?"

5 Pablo replicó: "Hermanos, no sabía que fuera el sumo sacerdote; pues escrito está: 'No maldecirás al príncipe de tu pueblo"'.

6 Entonces Pablo, sabiendo que unos eran saduceos y otros fariseos, clamó en el concilio: "Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos. Por la esperanza de la resurrección de los muertos soy juzgado".

7 Al decir esto, se produjo una disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea quedó dividida.

8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman eso.

9 Y hubo un gran clamor. Levantándose algunos escribas del partido de los fariseos, contendían diciendo: "Ningún mal hallamos en este hombre. Tal vez un espíritu o un ángel le habló".

10 El altercado llegó a ser tan violento, que el tribuno temió que Pablo fuera despedazado por ellos. Mandó venir la tropa para arrebatarlo de en medio, y llevarlo al cuartel.

11 La noche siguiente, el Señor se presentó a Pablo, y le dijo: "Ten ánimo, Pablo. Como testificaste de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma".

12 Venido el día, algunos judíos tramaron un complot, y se comprometieron con juramento a no comer ni beber hasta matar a Pablo.

13 Eran más de cuarenta los que hicieron ese juramento.

14 Estos fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: "Nosotros hemos hecho voto bajo maldición, que no gustaremos nada hasta que hayamos matado a Pablo.

15 "Ahora, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que lo traiga mañana a vosotros como para entender de él alguna cosa más cierta. Y nosotros estaremos listos a matarlo antes que llegue".

16 Pero un sobrino de Pablo, oyó hablar de la emboscada, y fue al cuartel, y avisó a Pablo.

17 Pablo llamó a uno de los centuriones, y le dijo: "Lleva a este joven al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle".

18 Entonces él lo llevó al tribuno, y dijo: "El preso Pablo me rogó que trajese a ti a este joven, que tiene algo que hablarte".

19 El tribuno, tomándolo de la mano y retirándose aparte, le preguntó: "¿Qué tienes que decirme?"

20 Y él dijo: "Los judíos han convenido rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como para inquirir de él alguna cosa más cierta.

21 "Pero no lo creas. Porque más de cuarenta hombres de ellos lo acechan. Han jurado bajo maldición, no comer ni beber hasta darle muerte. Y ahora están apercibidos esperando tu asentimiento".

22 Entonces el tribuno despidió al joven, y le mandó que a nadie dijese que le había dado ese aviso.

23 Entonces el tribuno llamó a dos centuriones, y les mandó que alistaran para la hora tercera de la noche (las 9) doscientos soldados, para ir hasta Cesarea, setenta de a caballo y doscientos lanceros.

24 Y que prepararan cabalgadura para llevar a Pablo en salvo a Félix el presidente.

25 Y escribió una carta en estos términos:

26 "Claudio Lisias al Excelentísimo gobernador Félix: Salud.

27 "A este hombre, apresado por los judíos, y que ellos iban a matar, libré acudiendo con la tropa. Habiendo entendido que era romano,

28 "y queriendo saber de qué lo acusaban, lo llevé al concilio de ellos,

29 "y hallé que lo acusaban por cuestiones de la Ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte o de prisión.

30 "Y como me avisaron que los judíos tramaban matarlo, al punto te lo envío. Y pedí a sus acusadores que traten ante ti lo que tengan contra él. Pásalo bien".

31 Como les fue mandado, los soldados tomaron a Pablo y lo llevaron de noche a Antipatris.

32 Al día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza.

33 Al llegar a Cesarea, dieron la carta al gobernador, y le entregaron a Pablo.

34 Leída la carta, el gobernador preguntó de qué provincia era. Al entender que era de Cilicia,

35 le dijo: "Te oiré cuando vengan tus acusadores". Y mandó que lo guardasen en el pretorio de Herodes.

24

1 Cinco días después descendió el sumo sacerdote Ananías, con algunos ancianos, y un tal Tértulo, abogado. Y presentaron ante el gobernador su acusación contra Pablo.

2 Cuando Pablo fue citado, Tértulo empezó su acusación, diciendo: "Excelentísimo Félix, la paz que gozamos, gracias a ti, y las mejoras hechas por tu providencia a esta nación,

3 "siempre y en todo lugar las recibimos con gratitud.

4 "Pero por no molestarle más, te ruego nos oigas brevemente conforme a tu equidad.

5 "Hemos hallado que este hombre es una plaga, promotor de sediciones entre todos los judíos de todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos.

6 "También intentó profanar el templo, y lo apresamos, y quisimos juzgarlo conforme a nuestra Ley.

7 "Pero intervino el tribuno Lisias, y con gran violencia lo quitó de nuestras manos.

8 "Y mandó a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo interrogándolo, podrás entender todas estas cosas de que lo acusamos".

9 Y los judíos lo apoyaron, afirmando que esas cosas eran así.

10 Entonces el gobernador le hizo señal a Pablo que hablara. Y él respondió: "Sabiendo que hace muchos años eres gobernador de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa.

11 "Tú puedes verificar que hace sólo doce días que subí a adorar a Jerusalén.

12 "Y ni en el templo, ni en las sinagogas, ni en la ciudad, me hallaron discutiendo con ninguno, ni haciendo concurso de multitud.

13 "Ni te pueden probar las cosas de que me acusan.

14 "Pero esto confieso, que según el Camino que ellos llaman secta, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todo lo que está escrito en la Ley y en los Profetas.

15 "Tengo la misma esperanza en Dios que ellos, que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.

16 "Por eso procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.

17 "Después de una ausencia de algunos años, vine a Jerusalén a traer limosnas y ofrendas para los pobres.

18 "En eso yo estaba después de haberme purificado, sin multitud y sin alboroto, cuando unos judíos de Asia me hallaron en el templo.

19 "Ellos debieran comparecer ante ti, y acusarme, si tuvieran algo contra mí.

20 "O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando yo comparecí ante el concilio.

21 "A no ser que, estando entre ellos, dije en alta voz: "Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros"'.

22 Entonces Félix, que estaba bien informado de este Camino, puso dilación, diciendo: "Cuando descienda el tribuno Lisias acabaré de conocer vuestro caso".

23 Y mandó al centurión que custodiara a Pablo, pero que le concediera alguna libertad, y permitiera a sus amigos atenderlo y venir a él.

24 Algunos días después, vino otra vez Félix con Drusila, su esposa, que era judía. Llamó a Pablo, y lo oyó acerca de la fe de Jesucristo.

25 Pero cuando Pablo le habló de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y le dijo: "Ahora vete, y cuando tenga oportunidad te llamaré".

26 Con eso esperaba también que Pablo le diera algún dinero. Por lo cual haciéndolo venir muchas veces, hablaba con él.

27 Pero al cabo de dos años, Félix recibió por sucesor a Porcio Festo. Y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

25

1 Tres días después de haber llegado a la provincia, Festo subió de Cesarea a Jerusalén.

2 Y los principales sacerdotes y los principales judíos vinieron a él contra Pablo, y le rogaron,

3 pidiendo con insistencia, como una gracia contra él, que lo hiciese traer a Jerusalén. Porque habían preparado una emboscada para matarlo en el camino.

4 Pero Festo respondió que Pablo estaba guardado en Cesarea, adonde él mismo partiría pronto.

5 "Los que de vosotros puedan —dijo—, desciendan conmigo. Y si hay algún crimen en ese hombre, acúsenlo".

6 Después de pasar entre ellos no más de ocho o diez días, fue a Cesarea. Al día siguiente se sentó en el tribunal, y mandó traer a Pablo.

7 Cuando llegó lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, y presentaron contra él muchas y graves acusaciones, que no podían probar.

8 Pablo alegó en su defensa: "Ni contra la Ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada".

9 Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, preguntó a Pablo: "¿Quieres subir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas ante mí?"

10 Pablo respondió: "Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les hice ningún agravio como tú sabes muy bien.

11 "Si cometí algún delito digno de muerte, no rehúso morir. Pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo".

12 Entonces Festo, después de hablar con el consejo, respondió: "Al César has apelado. Al César irás".

13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo.

14 Y como estuvieron allí muchos días, Festo informó al rey el caso de Pablo, diciendo: "Un hombre ha sido dejado preso por Félix.

15 "Cuando fui a Jerusalén, vinieron a mí los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él.

16 "Les respondí que no es costumbre de los romanos dar alguno a la muerte antes que el acusado tenga presentes a sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación.

17 "Así, habiendo llegado ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre.

18 "Cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ningún cargo de los que yo sospechaba,

19 "sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de cierto Jesús, ya muerto, que Pablo afirma que está vivo.

20 "Y yo, dudando de semejante cuestión, le pregunté si quería ir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas.

21 "Pero como Pablo apeló ser juzgado por Augusto, mandé que lo custodiaran hasta que lo envíe a César".

22 Entonces Agripa dijo a Festo: "Yo también quisiera oír a ese hombre". Y él respondió: "Mañana lo oirás".

23 Al día siguiente, vinieron Agripa y Berenice con mucho aparato, y entraron en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad. Y por orden de Festo, fue traído Pablo.

24 Entonces Festo dijo: "Rey Agripa, y todos los que estáis aquí con nosotros, aquí tenéis a este hombre, que la multitud de los judíos demandó en Jerusalén y aquí, dando voces que no debía vivir más.

25 "Y yo hallé que ninguna cosa digna de muerte ha hecho. Pero como él mismo apeló al César, decidí enviarlo a él.

26 "Y como no tengo cosa cierta que escribir al señor, lo he traído a vosotros, y mayormente a ti, oh rey Agripa, para que después de examinarlo, tenga yo qué escribir.

27 "Porque me parece irrazonable enviar un preso, y no informar los cargos contra él".

26

1 Entonces Agripa dijo a Pablo: "Se te permite hablar en tu favor". Entonces Pablo, extendiendo la mano, empezó así su defensa:

2 "Oh rey Agripa, me tengo por dichoso de que haya hoy de defenderme ante ti, de todo lo que soy acusado por los judíos.

3 "Mayormente porque tú conoces las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos. Por eso te ruego que me oigas con paciencia.

4 "Todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, que pasé al principio en mi tierra como en Jerusalén.

5 "Pues desde muy atrás me conocen, si quieren testificarlo; conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, yo he vivido fariseo.

6 "Y ahora, por la esperanza que Dios prometió a nuestros padres, estoy aquí para ser juzgado.

7 "El cumplimiento de esa promesa esperan nuestras doce tribus, mientras rinden culto a Dios día y noche. Por esa esperanza, oh rey Agripa, me acusan los judíos.

8 "¿Por qué se considera increíble que Dios resucite a los muertos?

9 "Yo creí que era mi deber hacer muchas cosas contra el Nombre de Jesús de Nazaret.

10 "Lo que también hice en Jerusalén. Con autoridad recibida de los principales sacerdotes, encarcelé a muchos de los santos; y cuando eran matados, di mi voto.

11 "Y muchas veces, castigándolos por todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.

12 "Ocupado en eso, iba yo a Damasco con poder y comisión de los principales sacerdotes.

13 "Y al mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo, más resplandeciente que el sol, que me rodeó a mí y a los que iban conmigo.

14 "Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me dijo en hebreo: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Es duro dar coces contra el aguijón'.

15 "Entonces yo pregunté: '¿Quién eres, Señor?' Y el Señor dijo: 'Yo Soy Jesús, a quien tú persigues.

16 "'Levántate, y ponte en pie. Me aparecí a ti para ponerte por ministro y testigo de lo que has visto de mí, y de lo que te mostraré.

17 "'Te libraré del pueblo y de los gentiles, a quienes ahora te envío,

18 "'para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe en mí, perdón de los pecados y herencia entre los santificados.

19 "Por eso, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial.

20 "Antes anuncié primero a los que están en Damasco y en Jerusalén, por toda la región de Judea y a los gentiles, que se arrepientan y se conviertan a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

21 "Por eso los judíos me prendieron en el templo, y trataron de matarme.

22 "Pero ayudado por el auxilio de Dios, persevero hasta hoy, y testifico a pequeños y grandes. No digo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder.

23 "Que Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar la luz al pueblo y a los gentiles". ¿Crees, oh rey Agripa ?

24 Al decir esto en su defensa, Festo a gran voz dijo: "Estás loco, Pablo. Las muchas letras te vuelven loco".

25 Pero Pablo contestó: "Excelentísimo Festo, no estoy loco, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.

26 "Pues el rey sabe estas cosas, ante quien hablo con franqueza. Pienso que nada de esto ignora, pues esto no ha sido hecho en ningún rincón.

27 "¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees".

28 Entonces Agripa dijo a Pablo: "Por poco me persuades a ser cristiano".

29 Y Pablo respondió: "Por poco o por mucho, ¡quiera Dios que no sólo tú, sino también todos los que hoy me oyen, lleguen a ser como yo, excepto estas cadenas!"

30 Cuando hubo dicho estas cosas, el rey se levantó, y el gobernador, Berenice y los que se habían sentado con ellos.

31 Se retiraron aparte, y decían entre sí: "Ninguna cosa digna de muerte ni de prisión hace este hombre".

32 Y Agripa dijo a Festo: "Este hombre podría ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César".

27

1 Cuando se decidió que navegáramos a Italia, entregaron a Pablo y a otros presos a un centurión, llamado Julio, de la legión Augusta.

2 Nos embarcamos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia. Aristarco, macedonio de Tesalónica, estaba con nosotros.

3 Al siguiente día llegamos a Sidón. Y Julio trató humanamente a Pablo, y le permitió ir a ver a sus amigos, para ser atendido por ellos.

4 Haciéndonos a la vela desde allí, navegamos al abrigo de Chipre, porque los vientos eran contrarios.

5 Y habiendo pasado el mar de Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia.

6 Allí, el centurión encontró una nave alejandrina que iba a Italia, y nos puso en ella.

7 Navegamos muchos días despacio, y a duras penas llegamos frente a Gnido. Como el viento nos impedía, navegamos al abrigo de Creta, frente a Salmón.

8 La costeamos con dificultad, y llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca de la ciudad de Lasea.

9 Habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque había pasado el ayuno, Pablo les advirtió:

10 "Señores, veo que la navegación va a ser con peligro y grave daño, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas".

11 Pero el centurión creía más al piloto y al patrón de la nave que a Pablo.

12 Y como el puerto era incómodo para invernar, la mayoría acordó pasar de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, un puerto de Creta que mira al noroeste y suroeste, para invernar allí.

13 Cuando empezó a soplar un suave viento sur, les pareció que ya tenían lo que deseaban. Levantaron anclas y fueron costeando a Creta.

14 Pero pronto se desencadenó contra la nave un viento huracanado, procedente de la isla, llamado euroclidón.

15 La nave fue arrastrada, y no pudiendo ponernos de cara al viento, nos abandonamos a él, y nos dejamos llevar.

16 Y habiendo navegado protegidos por una isleta llamada Clauda, apenas pudimos levantar el bote.

17 Cuando lo subieron a bordo, usaron los cables para ceñir la nave. Y por temor a encallar en la Sirte, bajaron el ancla y quedamos a la deriva.

18 Al día siguiente, combatidos por una furiosa tempestad, aligeraron la nave.

19 Y al tercer día con nuestras manos arrojamos los aparejos de la nave.

20 Pasamos muchos días sin ver el sol ni las estrellas. Con la gran tempestad que nos azotaba, perdimos toda esperanza de salvarnos.

21 Entonces, como hacía mucho que no comíamos, Pablo se puso de pie en medio de ellos, y dijo: "Señores, hubiera sido mejor haberme oído, y no salir de Creta, y evitar este inconveniente y esta pérdida.

22 "Pero ahora os insto a que tengáis buen ánimo; porque ninguno de vosotros se perderá, sino sólo la nave.

23 "Porque esta noche se me presentó el ángel del Dios de quien soy, y a quien sirvo,

24 "y me dijo: 'Pablo, no temas. Es necesario que seas presentado ante César. Y Dios te ha dado a todos los que navegan contigo'.

25 "Por tanto, tened buen ánimo, porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

26 "Con todo, tenemos que encallar en una isla".

27 Venida la decimocuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra.

28 Echaron la sonda y hallaron veinte brazas (36 mts). Un poco más tarde, volvieron a echar la sonda, y hallaron quince brazas (27 mts).

29 Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas de la popa, y ansiaban que se hiciera de día.

30 Entonces los marineros procuraron huir de la nave. Echaron el bote al mar, aparentando que querían largar las anclas de proa.

31 Pablo dijo al centurión y a los soldados: "Si éstos no quedan en la nave, vosotros no podréis salvaros".

32 Entonces los soldados cortaron las cuerdas del bote, y lo dejaron perder.

33 En tanto que amanecía, Pablo exhortaba a todos a que comiesen, diciendo: "Hoy es el decimocuarto día que esperáis y permanecéis en ayunas, sin comer nada.

34 "Por tanto, por vuestra salud, os ruego que comáis, que ni un cabello de vuestra cabeza perecerá".

35 Habiendo dicho esto, tomó el pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, empezó a comer.

36 Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también.

37 Eramos en total 276 personas en la nave.

38 Satisfechos de comida, aliviaron la nave, echando el trigo al mar.

39 Cuando se hizo de día, los marineros no conocían la tierra. Sólo veían una ensenada con playa, y acordaron echar la nave contra ella.

40 Cortando las anclas, las dejaron en el mar y aflojaron también las ataduras de los timones. Después alzaron la vela mayor al viento, y enfilaron hacia la playa.

41 Y dando en un banco de arena, bañado por ambos lados por el mar, encallaron la nave. La proa quedó hincada, sin moverse, y la popa se abría con la violencia de las olas.

42 Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase.

43 Pero el centurión, por salvar a Pablo, impidió ese acuerdo, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen primero y saliesen a tierra.

44 Y los demás salieron en tablas y despojos de la nave. Así todos llegaron salvos a tierra.

28

1 Una vez a salvo supimos que la isla se llamaba Malta.

2 Los nativos nos trataron con singular humanidad. Encendieron un fuego, a causa de la lluvia que caía y del frío, y nos recibieron a todos.

3 Entonces, cuando Pablo juntaba algunas ramas secas, para echarlas al fuego, una víbora, huyendo del calor, se prendió de su mano.

4 Cuando los naturales vieron la víbora colgada de su mano, decían unos a otros: "Este hombre de cierto es homicida. Escapó del mar, pero la justicia no le deja vivir".

5 Pero él sacudió la víbora en el fuego, y ningún mal padeció.

6 Ellos esperaban verlo hincharse, o caer muerto de repente. Pero habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer, y dijeron que era un dios.

7 En ese lugar había una propiedad de Publio, el principal de la isla. El nos recibió y hospedó amablemente durante tres días.

8 El padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y disentería. Pablo entró a verlo, y después de haber orado, puso las manos encima, y lo sanó.

9 Cuando esto sucedió, los demás que en la isla tenían enfermedades, llegaron, y fueron sanados.

10 Ellos nos honraron de muchas maneras; y cuando partimos, nos cargaron de las cosas necesarias.

11 Pasados tres meses, nos hicimos al mar en una nave alejandrina que había invernado en la isla, y tenía por enseña Castor y Pólux.

12 Llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días.

13 De allí, costeando alrededor, vinimos a Regio. Un día después, sopló el viento sur, y en dos días llegamos a Pozuelo.

14 Allí encontramos hermanos, y nos rogaron que quedásemos con ellos siete días. De ahí nos dirigimos a Roma.

15 Cuando los hermanos de Roma supieron de nuestra llegada, salieron a recibirnos hasta la plaza de Apio y las Tres Tabernas. Al verlos Pablo dio gracias a Dios, y cobró aliento.

16 Al llegar a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar. Pero a Pablo le permitieron vivir aparte, con un soldado que lo custodiaba.

17 Tres días después, Pablo convocó a los principales entre los judíos. Y cuando estuvieron reunidos, les dijo: "Hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos.

18 "Después de examinarme, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte.

19 "Pero debido a que los judíos se opusieron, fui forzado a apelar a César; sin que por eso tenga de qué acusar a mi nación.

20 "Por esta causa os llamé, para veros y hablaros. Porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena".

21 Entonces ellos respondieron: "Nosotros no hemos recibido de Judea ninguna carta tocante a ti, ni ninguno de los hermanos llegados aquí nos ha denunciado o hablado nada malo de ti.

22 "Pero deseamos oír de ti mismo lo que piensas. Porque sabemos que en todas partes hablan contra esta secta".

23 Habiendo señalado un día, vinieron en gran número a ver a Pablo adonde se hospedaba. Entonces, desde la mañana hasta la tarde testificó del reino de Dios, procurando persuadirlos acerca de Jesús, por medio de la Ley de Moisés y los Profetas.

24 Algunos se convencían de lo que decía, pero otros no creían.

25 Y como estaban en desacuerdo entre sí, y ya se iban, Pablo les dijo: "Bien habló el Espíritu Santo por el profeta Isaías a nuestros padres,

26 "'ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis, y viendo veréis, y no percibiréis.

27 "'Porque el corazón de este pueblo se ha embotado, han endurecido sus oídos, y cerrado sus ojos, para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender de corazón, ni convertirse, para que yo los sane'.

28 "Sabed que esta salvación de Dios ha sido transferida a los gentiles. Y ellos oirán".

29 [Cuando hubo dicho esto, los judíos salieron, y tuvieron una gran discusión entre sí].

30 Pablo se quedó dos años enteros en su casa de alquiler, y recibía a todos los que venían a él,

31 predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, con franca libertad y sin estorbo.