1

1 Muchos han procurado contar en orden los hechos que se han cumplido entre nosotros,

2 como los transmitieron los que desde el principio los vieron con sus ojos, y fueron ministros de la Palabra.

3 Después de haber investigado todo con diligencia desde su origen, me ha parecido bien también a mí, escribírtelo en orden, oh excelentísimo Teófilo.

4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

5 En los días de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías. Su esposa, llamada Isabel, descendía de Aarón.

6 Los dos eran justos ante Dios, y andaban sin reprensión en todos los Mandamientos y ordenanzas del Señor.

7 Pero no tenían hijo, porque Isabel era estéril y ambos eran de avanzada edad.

8 Un día, cuando Zacarías ejercía el sacerdocio ante Dios, en el turno de su grupo,

9 conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó por sorteo ofrecer el incienso, en el Santuario del Señor.

10 Toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.

11 Y se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.

12 Al verlo, Zacarías se turbó, y el temor se apoderó de él.

13 Pero el ángel le dijo: "¡Zacarías, no temas! Tu oración ha sido oída. Isabel tu esposa, dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan.

14 "Tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento,

15 "porque él será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.

16 "Hará volver a muchos israelitas al Señor su Dios.

17 "Precederá al Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para volver el corazón de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos; a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto".

18 Zacarías preguntó al ángel: "¿Cómo puedo estar seguro de eso? Porque yo soy anciano, y mi esposa avanzada en días".

19 El ángel respondió: "Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado a hablarte y a darte esta buena noticia.

20 "Ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto suceda, por cuanto no creíste a mi palabra, que se cumplirá a su debido tiempo".

21 El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaban de que demorase en el Santuario.

22 Cuando salió, no les podía hablar. Pero entendieron que había tenido una visión en el templo, porque les habló por señas. Y quedó mudo.

23 Cuando se cumplieron los días de su ministerio, volvió a su casa.

24 Después de esos días, su esposa Isabel concibió, y se ocultó durante cinco meses, diciendo:

25 "El Señor hizo esto conmigo, y le pareció bueno quitar mi afrenta entre los hombres".

26 Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

27 a una virgen comprometida a casarse con un varón llamado José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María.

28 El ángel entró donde estaba ella, y le dijo: "¡Alégrate, muy favorecida! El Señor está contigo".

29 Pero ella se turbó por sus palabras, y pensaba qué saludo era ése.

30 Entonces el ángel le dijo: "¡No temas, María!. Porque has hallado gracia ante Dios.

31 "Ahora concebirás en tu seno, darás a luz un hijo, y lo llamarás Jesús.

32 "Será grande, y será llamado el Hijo del Altísimo. Y el Señor Dios le dará el trono de su padre David.

33 "Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin".

34 Entonces María dijo al ángel: "¿Cómo será esto? Porque no conozco varón".

35 El ángel respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el que ha de nacer será llamado Santo, el Hijo de Dios.

36 "Además, también tu parienta Isabel ha concebido, a pesar de su vejez. Este es el sexto mes de ella a quien llamaban estéril".

37 "Porque nada es imposible para Dios".

38 Entonces María respondió: "Yo soy la sierva del Señor. Hágase en mí conforme a tu palabra". Y el ángel se fue.

39 En esos días María se levantó y se fue de prisa a una ciudad de la montaña de Judá.

40 Entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.

41 Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. Isabel fue llena del Espíritu Santo,

42 y exclamó a gran voz: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu seno!

43 "¿De dónde se me concede que la madre de mi Señor venga a mí?

44 "Porque tan pronto como tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

45 "¡Feliz la que creyó, porque se cumplirá lo que te dijeron de parte del Señor!"

46 Entonces María dijo: "Mi alma proclama la grandeza del Señor,

47 "y mi espíritu se alegra en mi Dios, mi Salvador.

48 "Porque ha mirado la bajeza de su sierva. Desde ahora, todas las generaciones me llamarán dichosa.

49 "Porque me ha hecho grandes cosas el Todopoderoso, Santo es su Nombre.

50 "Su misericordia se extiende de generación en generación a los que lo veneran.

51 "Con su brazo ejecutó proezas. Dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.

52 "Quitó del trono a los poderosos, y levantó a los humildes.

53 "A los hambrientos colmó de bienes , y a los ricos envió vacíos.

54 "Socorrió a Israel su siervo, y se acordó de la misericordia,

55 "tal como la prometió a nuestros padres, a Abrahán y a sus descendientes para siempre".

56 Y María permaneció con ella como tres meses. Después volvió a su casa.

57 Cuando llegó el tiempo, Isabel dio a luz un hijo.

58 Los vecinos y los parientes oyeron que Dios había engrandecido su misericordia hacia ella, y se alegraron con ella.

59 Al octavo día vinieron para circuncidar el niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre.

60 Pero su madre, dijo: "No, sino que se llamará Juan".

61 Le dijeron: "¿Por qué? Nadie hay en tu parentela con ese nombre".

62 Entonces por señas preguntaron a su padre, cómo lo quería llamar.

63 El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Y todos se maravillaron.

64 Al momento se soltó su boca y su lengua, y empezó a hablar y a alabar a Dios.

65 Y el respeto se apoderó de todos los vecinos. Y en todas las montañas de Judea se divulgaron estas cosas.

66 Y todos los que las oían, las grababan en su corazón, diciendo: "¿Quién será ese niño?". Y la mano del Señor estaba con él.

67 Y Zacarías su padre, lleno del Espíritu Santo, profetizó:

68 "Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo,

69 "y suscitó una fuerza salvadora en la casa de David su siervo,

70 "tal como había prometido por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos;

71 "salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecen.

72 "Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto,

73 "del juramento que hizo a Abrahán nuestro padre,

74 "de librarnos de nuestros enemigos, para que le sirvamos sin temor,

75 "en santidad y en justicia ante él, todos nuestros días.

76 "Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor, para preparar su camino,

77 "y dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados,

78 "por la tierna misericordia de nuestro Dios, por la cual el Sol naciente vendrá a visitarnos desde el cielo,

79 "para dar luz a los que habitan en tinieblas y sombra de muerte, y guiar nuestros pies por el camino de la paz".

80 Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu. Y vivió en lugares desiertos hasta que se manifestó a Israel.

2

1 En esos días Augusto César ordenó levantar un censo en todo el mundo.

2 Este primer censo se realizó cuando Cirenio era gobernador de Siria.

3 Para inscribirse, cada uno iba a su propia ciudad.

4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y de la familia de David,

5 para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.

6 Cuando ellos estaban allí, se cumplieron los días en que el niño había de nacer.

7 Y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en el mesón.

8 En esa región había pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus rebaños.

9 De pronto se les presentó un ángel del Señor, y la claridad de Dios los cercó de resplandor. Y tuvieron gran temor.

10 Pero el ángel les dijo: "No temáis, porque os traigo una buena noticia, que será de gran gozo para todo el pueblo;

11 "que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo, el Señor.

12 "Y esto os servirá de señal. Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre".

13 Y de repente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:

14 "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, entre los hombres de buena voluntad".

15 Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: "Vayamos a Belén, y veamos este suceso que el Señor nos ha dado a conocer".

16 Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

17 Cuando lo vieron, contaron lo que les había sido dicho acerca del niño.

18 Todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores contaban.

19 Pero María grababa todas esas cosas, y las meditaba en su corazón.

20 Y los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, que era tal como les había sido dicho.

21 A los ocho días, cuando era tiempo de circuncidar al niño, lo llamaron Jesús; el nombre que el ángel les había dado antes de ser concebido.

22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor,

23 Como está escrito en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor";

24 y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a la Ley del Señor.

25 Había en Jerusalén, un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. Y el Espíritu Santo estaba sobre él.

26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no moriría sin ver antes al Cristo del Señor.

27 Movido por el Espíritu, Simeón fue al templo. Y cuando los padres entraban con el niño Jesús, a cumplir lo que requería la Ley,

28 Simeón lo tomó en sus brazos, y alabó a Dios, diciendo:

29 "Ahora Señor, conforme a tu promesa, puedes despedir a tu siervo en paz.

30 "Porque mis ojos han visto tu salvación,

31 "que has preparado en presencia de todos los pueblos.

32 "Luz para ser revelada a las naciones, y la gloria de tu pueblo Israel".

33 Su padre y su madre se maravillaban de todo lo que decían de él.

34 Y Simeón los bendijo. Luego dijo a su madre María: "Este niño es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, por señal de contradicción,

35 "y para que se manifiesten los pensamientos de muchos corazones; mientras que a ti una espada traspasará tu corazón".

36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ya era muy anciana. Había vivido siete años con su esposo;

37 y ahora era viuda de 84 años, y no se apartaba del templo, donde servía noche y día, con ayuno y oración.

38 Se presentó en ese mismo momento, dio gracias a Dios, y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

39 Después de cumplir todo lo que indicaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

40 Y el niño crecía, se fortalecía, y se llenaba de sabiduría. Y la gracia de Dios era sobre él.

41 Los padres de Jesús iban todos los años a la fiesta de la Pascua.

42 Cuando él tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.

43 Acabada la fiesta, mientras sus padres volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran José y su madre.

44 Pensando que Jesús estaba en la compañía, anduvieron camino de un día. Lo buscaron entre los parientes y conocidos.

45 Y como no lo hallaron, volvieron a Jerusalén a buscarlo.

46 Tres días después lo hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros, oyéndolos, y preguntándoles.

47 Y todos los que lo oían, se pasmaban de su entendimiento y sus respuestas.

48 Cuando sus padres lo vieron, se maravillaron. Su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado con angustia".

49 Entonces él respondió: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre tenía que estar?"

50 Pero ellos no entendieron lo que les dijo.

51 Entonces descendió con ellos a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón.

52 Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres.

3

1 En el año quince del gobierno de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia;

2 siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino Palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

3 Y él fue por toda la región del Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para el perdón de los pecados.

4 Como está escrito en el libro del profeta Isaías: "Voz del que clama en el desierto, preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

5 "Todo valle será rellenado, y todo monte y colina serán rebajados. Los senderos torcidos serán enderezados, los caminos ásperos allanados.

6 "Y todos verán la salvación de Dios".

7 Juan decía a la gente que salía para ser bautizada por él: "¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira inminente?

8 "Producid frutos dignos de arrepentimiento, y no empecéis a decir en vuestro interior: 'Tenemos a Abrahán por padre'. Porque os digo que aun de estas piedras Dios puede levantar hijos a Abrahán.

9 "El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles. Todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado al fuego".

10 La gente le preguntaba: "Entonces, ¿qué haremos?"

11 El respondía: "El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene. El que tiene qué comer, haga lo mismo".

12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le preguntaron: "Maestro, ¿qué haremos?"

13 Y él les dijo: "No cobréis más de lo que tenéis ordenado".

14 Unos soldados le preguntaron: "Y nosotros, ¿qué haremos?" Les dijo: "No extorsionéis a nadie, ni calumniéis. Contentaos con vuestro salario".

15 Y como el pueblo estaba a la expectativa, y todos pensaban en su corazón, si Juan sería el Cristo,

16 él respondió a todos: "A la verdad, yo os bautizo en agua. Pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

17 "Su aventador está en su mano, para limpiar su era. Juntará el trigo en su granero, y quemará la paja en el fuego inapagable".

18 Y con otras muchas exhortaciones anunciaba la buena nueva al pueblo.

19 Pero cuando Juan reprendió al tetrarca Herodes por causa de Herodías, esposa de Felipe su hermano, y por todas sus malas acciones,

20 Herodes agregó la maldad de encarcelar a Juan.

21 Cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado. Y mientras él oraba, el cielo se abrió,

22 y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma. Y vino una voz del cielo que dijo: "Tú eres mi Hijo amado. En ti me complazco".

23 Cuando Jesús empezó su ministerio tenía unos treinta años. Como se creía, era hijo de José, que fue hijo de Elí.

24 Hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José.

25 Hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Esli, hijo de Nagai.

26 Hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá.

27 Hijo de Joanán, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri.

28 Hijo de Melqui, hijo de Avdi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er.

29 Hijo de Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat.

30 Hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim.

31 Hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán.

32 Hijo de David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón.

33 Hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá.

34 Hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abrahán, hijo de Taré, hijo de Nacor.

35 Hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala.

36 Hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec.

37 Hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán.

38 Hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.

4

1 Lleno del Espíritu Santo, Jesús volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto.

2 Allí estuvo cuarenta días, y fue tentado por el diablo. En esos días, no comió nada, y al final tuvo hambre.

3 Entonces el diablo le dijo: "Si eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan".

4 Jesús respondió: "Escrito está: 'No sólo de pan vive el hombre, [sino de toda Palabra de Dios"'].

5 El diablo lo llevó a una altura. En un momento le mostró todos los reinos de la tierra.

6 Y el diablo le dijo: "A ti te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me han sido entregados, y a quien quiero los doy.

7 "Si tú me adoras, todo será tuyo".

8 Jesús respondió: "Escrito está: 'Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él servirás"'.

9 Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el alero del templo, y le dijo: "Si eres el Hijo de Dios, échate abajo.

10 "Porque escrito está: 'A sus ángeles mandará por ti para que te guarden.

11 "'En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra"'.

12 Y Jesús respondió: "Dicho está: 'No tentarás al Señor tu Dios"'.

13 Y acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.

14 Y Jesús volvió a Galilea lleno del poder del Espíritu, y su fama se difundió por toda la región.

15 Enseñaba en las sinagogas, y era alabado por todos.

16 Y Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y conforme a su costumbre, el día sábado fue a la sinagoga, y se levantó a leer.

17 Le dieron el libro del profeta Isaías; y al abrirlo, halló el lugar donde estaba escrito:

18 "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ungió para dar buenas nuevas a los pobres, me envió a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; a dar libertad a los oprimidos,

19 "y a predicar el año favorable del Señor".

20 Después enrolló el libro, lo dio al ministro, y se sentó. Los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

21 Entonce empezó a decirles: "Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír".

22 Y todos le daban buen testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca. Decían: "¿No es éste el hijo de José?"

23 El les dijo: "Sin duda me diréis este refrán: Médico, sánate a ti mismo. De tantas cosas que hemos oído que has hecho en Capernaum, hazlas también aquí en tu tierra".

24 Y agregó: "Os aseguro que ningún profeta es acepto en su propia tierra.

25 "En verdad os digo que había muchas viudas en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país.

26 "Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón.

27 "También había muchos leprosos en Israel en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino el sirio Naamán".

28 Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira.

29 Y se levantaron y lo echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron a la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad, para despeñarlo.

30 Pero él, pasó por medio de ellos, y se fue.

31 Jesús descendió a Capernaum, ciudad de Galilea. Y les enseñaba en los sábados.

32 Y se admiraban de su doctrina, porque hablaba con autoridad.

33 Estaba en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio impuro, que exclamó a gran voz:

34 "Déjanos, ¿qué tenemos que ver contigo, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios".

35 Pero Jesús lo reprendió, diciendo: "Cállate, y sal de él". Entonces el demonio, derribándolo en medio, salió de él, y no le hizo ningún daño.

36 Todos quedaron maravillados, y decían: "¡Qué poderosa es la palabra de este hombre! ¡Con qué autoridad manda a los espíritus impuros que salgan, y le obedecen!"

37 Y su fama se difundía por todos los lugares de la región.

38 Entonces Jesús salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella.

39 El se inclinó hacia ella, reprendió a la fiebre, y la fiebre la dejó. Y al instante, ella se levantó y les servía.

40 Al ponerse el sol, le trajeron todos los que tenían enfermos de diversas dolencias. Y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos los sanaba.

41 También echó demonios de muchos, que salían gritando: "Tú eres el Hijo de Dios". Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.

42 Cuando amaneció, Jesús se fue a un lugar solitario. La gente lo buscaba, y cuando llegaron adonde estaba, procuraron que no los dejara.

43 Pero él les dijo: "Es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios también a las otras ciudades, porque para esto he sido enviado".

44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

5

1 Un día Jesús estaba junto al lago Genezaret, y la gente se agolpó sobre él para oír la Palabra de Dios.

2 Vio dos barcas cerca de la orilla del lago. Los pescadores habían descendido y lavaban sus redes.

3 Subió a una de esas barcas, que era de Simón, y le rogó que la alejara un poco de la tierra. Y sentándose, enseñaba a la gente desde la barca.

4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar".

5 Respondió Simón: "Maestro, hemos trabajado toda la noche, y nada hemos pescado. Pero por tu palabra echaré la red".

6 Y al hacerlo así, apresaron tal cantidad de peces que la red se rompía.

7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Vinieron y llenaron las dos barcas, de tal manera que casi se hundían.

8 Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas ante Jesús, y le dijo: "Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador".

9 Porque el asombro se había apoderado de él y de sus compañeros, por los peces que habían capturado.

10 Lo mismo les pasó a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "¡No temas! Desde ahora pescarás hombres".

11 Y cuando llevaron las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron.

12 Un día estaba Jesús en una ciudad, y llegó un hombre lleno de lepra. Al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, y le rogó: "Señor, si quieres, puedes limpiarme".

13 Entonces, Jesús extendió la mano, lo tocó, y le dijo: "Así lo quiero. ¡Queda limpio!" Y al instante, la lepra se fue de él.

14 Jesús le mandó que no lo dijese a nadie. "Sino ve - le dijo-, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio".

15 Y tanto más se extendía su fama. Y se reunía mucha gente a oír, y ser sanada de sus enfermedades.

16 Y con frecuencia Jesús se retiraba a lugares solitarios, a orar.

17 Un día Jesús estaba enseñando, y estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba presente para sanar.

18 En eso, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico, y procuraban entrar y ponerlo ante él.

19 Y como no pudieron entrar a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado lo bajaron en su camilla ante Jesús.

20 Al ver la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: "Hombre, tus pecados te son perdonados".

21 Entonces los escribas y los fariseos empezaron a pensar: "¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?"

22 Conociendo sus pensamientos, Jesús les dijo: "¿Qué pensáis en vuestro corazón?

23 "¿Qué es más fácil, decir: 'Tus pecados te son perdonados', o decir, 'levántate y anda'?

24 "Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados -dijo al paralítico-: 'A ti te digo, levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa"'.

25 Al instante, el paralítico se levantó en presencia de ellos. Tomó su camilla, y se fue a su casa glorificando a Dios.

26 Y todos quedaron asombrados. Glorificaban a Dios, y llenos de temor, decían: "¡Hoy hemos visto maravillas!"

27 Después de esto Jesús salió, y vio a un cobrador de impuestos llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: "¡Sígueme!"

28 Y dejando todo, se levantó y lo siguió.

29 Entonces Leví le ofreció un gran banquete en su casa. Y había muchos cobradores de impuestos y otros convidados a la mesa.

30 Y los escribas y los fariseos murmuraron contra los discípulos, diciendo: "¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?"

31 Jesús respondió: "Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos.

32 "No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se arrepientan".

33 Entonces ellos le dijeron: "Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y oran muchas veces. Pero tus discípulos comen y beben".

34 Jesús contestó: "¿Podéis obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el novio está con ellos?

35 "Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, entonces ayunarán".

36 Les dijo también esta parábola: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar un vestido viejo; de esa manera echaría a perder el vestido nuevo, y el remiendo no armonizaría con el viejo.

37 "Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de esa manera el vino nuevo rompería los odres, el vino se derramaría, y los odres se perderían.

38 "El vino nuevo se echa en odres nuevos.

39 "Y ninguno que beba del añejo, quiere después el nuevo, porque dice: 'El añejo es mejor"'.

6

1 Un sábado, al pasar por los sembrados, los discípulos de Jesús arrancaban espigas, las desgranaban con las manos, y las comían.

2 Y algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?"

3 Jesús respondió: "¿Nunca habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él y sus acompañantes?

4 "Entró en la casa de Dios, tomó el pan de la Presencia, que no era permitido comer sino sólo a los sacerdotes; y comió y dio también a los que iban con él".

5 Y les dijo: "El Hijo del Hombre es Señor del sábado".

6 En otro sábado, Jesús entró en la sinagoga, y se puso a enseñar. Estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.

7 Los escribas y los fariseos lo acechaban para ver si lo sanaría en sábado, a fin de acusarlo.

8 Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre de la mano seca: "Levántate, y ponte en medio". El se levantó y se puso de pie.

9 Entonces Jesús les dijo: "Os preguntaré algo: ¿Es permitido en sábado hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla?"

10 Y mirando en derredor a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió, y su mano quedó sana.

11 Y ellos se enfurecieron, y hablaban entre sí qué harían a Jesús.

12 En esos días Jesús fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.

13 Cuando fue de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a quienes llamó también apóstoles:

14 Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé,

15 Mateo y Tomás, Santiago hijo de Alfeo y Simón llamado Zelote,

16 Judas hermano de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

17 Descendió con ellos y se detuvo en un lugar llano. Muchos discípulos estaban allí, y una gran multitud de toda Judea y Jerusalén, gente de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírlo, y a ser sanados de sus enfermedades.

18 Los que habían sido atormentados de espíritus inmundos, quedaban sanados.

19 Y toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él un poder que sanaba a todos.

20 Mirando Jesús a sus discípulos, dijo: "Bienaventurados los pobres, porque el reino de Dios es vuestro.

21 "Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22 "Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, os aparten de sí, y os insulten y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.

23 "Gozaos en aquel día y alegraos; porque vuestro galardón es grande en el cielo, pues eso hacían sus padres a los profetas.

24 "Pero, ¡ay de vosotros, ricos!, porque tenéis vuestro consuelo.

25 "¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís!, porque os lamentaréis y lloraréis.

26 "¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque eso hacían sus padres a los falsos profetas".

27 "Pero a vosotros que oís, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen.

28 "Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.

29 "Al que te hiera en una mejilla, dale también la otra. Al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues.

30 "Al que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no se lo vuelvas a pedir.

31 "Y lo que quisierais que los hombres os hagan, así hacedles vosotros a ellos.

32 "Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.

33 "Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.

34 "Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.

35 "Amad, pues, a vuestros enemigos, haced bien y prestad, sin esperar de ello nada. Y vuestro galardón será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno aun con los ingratos y malos.

36 "Sed, pues, misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso.

37 "No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados.

38 "Dad, y se os dará. Os darán una medida buena, apretada, remecida y rebosante. Porque con la medida con que medís, os volverán a medir".

39 Y les dijo esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerían los dos en el hoyo?

40 "El discípulo no es superior a su maestro. El que sea bien instruido será como su maestro.

41 "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo?

42 "¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Déjame sacar la paja de tu ojo', y no miras la viga que está en tu ojo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano".

43 "No hay buen árbol que dé mal fruto, ni árbol malo que dé buen fruto.

44 "Cada árbol se conoce por su fruto. No se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.

45 "El buen hombre, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno. Y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla la boca".

46 "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?

47 "Todo el que viene a mí, y oye mis palabras, y las practica, os diré a quién es semejante.

48 "Es semejante al hombre que al edificar su casa, cavó hondo, y puso el fundamento sobre la roca. Y cuando el río creció y dio con ímpetu contra esa casa, no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.

49 Pero el que oye y no cumple, es semejante al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento. Cuando el río dio contra ella, en seguida cayó, y fue grande su ruina".

7

1 Cuando Jesús terminó de dirigir esas palabras al pueblo, entró en Capernaum.

2 Allí el siervo de un centurión, muy estimado por su señor, estaba enfermo, a punto de morir.

3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, envió a él a los ancianos de los judíos a rogarle que viniese a sanar a su siervo.

4 Ellos fueron a Jesús, y le rogaron con fervor, diciéndole: "Es digno de que le concedas esto,

5 "porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga".

6 Entonces Jesús fue con ellos. Pero cuando estaban cerca de su casa, el centurión envió unos amigos a decirle: "Señor, no te incomodes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo.

7 "Por eso, ni aun me tuve por digno de ir a ti. Sólo di la palabra, y mi siervo sanará.

8 "Porque a un que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes. Digo a éste: 'Ve', y va; al otro: 'Ven', y viene: y a mi siervo: 'Haz esto', y lo hace".

9 Al oír esto, Jesús se admiró de él, y volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: "Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe".

10 Cuando los enviados volvieron a casa, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

11 Poco después, Jesús fue a una ciudad llamada Naín. Iban con él muchos de sus discípulos, y una gran compañía.

12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, sacaban fuera a un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y había con ella mucha gente de la ciudad.

13 Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: "No llores".

14 Y se acercó, y tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo al muerto: "Joven, a ti te digo: ¡Levántate!"

15 Entonces el que había muerto se incorporó. y habló. Y Jesús lo dio a su madre.

16 Y el temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: "Un gran profeta se ha levantado entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo".

17 Y su fama se difundió por toda Judea y sus alrededores.

18 Los discípulos de Juan le dieron la noticia de todas estas cosas. Y Juan llamó a dos de ellos,

19 y los envió a Jesús a preguntarle: "¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otros?"

20 Cuando esos hombres llegaron ante Jesús, le dijeron: "Juan el Bautista nos ha enviado a preguntarte: '¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?"'.

21 En esa misma hora, Jesús sanó a muchos de sus enfermedades, dolencias y malos espíritus, y a muchos ciegos dio la vista.

22 Entonces Jesús les dijo: "Id, y contad a Juan lo que habéis visto y oído, que los ciegos ven, los lisiados andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el evangelio:

23 "Y ¡dichoso el que no se escandaliza en mí!"

24 Cuando los mensajeros de Juan se fueron, Jesús empezó a decir de Juan a la gente: "¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento?

25 "¿Qué salisteis a ver? ¿Un hombre cubierto de vestidos delicados? Los que visten ropa preciosa y viven en deleites, están en los palacios de los reyes.

26 "Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Os digo, y aún más que profeta.

27 "Este es de quien está escrito: 'Yo envío mi mensajero ante tu faz, que preparará tu camino delante de ti'.

28 "Os digo que entre los nacidos de mujer, no hay mayor profeta que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él".

29 "Al oírlo, todo el pueblo, hasta los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, y se hicieron bautizar con el bautismo de Juan.

30 "Pero los fariseos y los sabios de la Ley, al rechazar el bautismo de Juan, desecharon el plan de Dios para ellos.

31 "Entonces, ¿a qué compararé a los hombres de esta generación? ¿A qué se asemejan?

32 "Son semejantes a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros, y dicen: 'Os tocamos la flauta, y no bailasteis; os entonamos endechas, y no llorasteis'.

33 "Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: 'Tiene un demonio'.

34 "Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís que es 'un comilón y un bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores'.

35 "Pero la sabiduría es reconocida por todos sus hijos".

36 Un fariseo rogó a Jesús que comiese con él. Así, fue a casa del fariseo, y se sentó a la mesa.

37 Entonces, una mujer de la ciudad, que había sido pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa de aquel fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume.

38 Se puso detrás de él, a sus pies, y empezó a llorar, a regar con lágrimas sus pies, y a enjugarlos con los cabellos de su cabeza. Y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.

39 Al ver esto, el fariseo que lo había convidado, dijo para sí: "Si éste fuera profeta, conocería qué clase de mujer lo toca, que es pecadora".

40 Entonces Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". Y él dijo: "Di, Maestro".

41 "Un acreedor tenía dos deudores. Uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta.

42 "Y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a los dos. Di, pues, ¿cuál de ellos lo amará más?"

43 Simón respondió: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".

44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para los pies. Pero ella ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con su cabello.

45 "Tú no me besaste; pero desde que entré, ella no ha cesado de besar mis pies.

46 "No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ha ungido mis pies con perfume.

47 "Por eso te digo que como sus pecados, que son muchos, le han sido perdonados, ella ama mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama".

48 Y a ella le dijo: "Tus pecados te son perdonados".

49 Y los que estaban con él a la mesa, empezaron a decir entre sí: "¿Quién es éste, que también perdona pecados?"

50 Pero él dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado. Vete en paz".

8

1 Después Jesús iba por las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Y los doce iban con él.

2 También algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios;

3 Juana, esposa de Cuza, administrador de Herodes; Susana y otras muchas que le servían con sus bienes.

4 Como se juntó una gran multitud, y en cada pueblo se añadían más, Jesús les contó esta parábola:

5 "Un sembrador salió a sembrar. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y fue pisada, Y las aves del cielo la comieron.

6 "Otra parte cayó sobre la piedra, y al nacer se secó, porque no tenía humedad.

7 "Otra parte cayó entre espinos, que crecieron y ahogaron la semilla.

8 "Y otra parte cayó en buena tierra, y nació, y dio fruto a ciento por uno". Al decir esto exclamó: "¡El que tiene oídos para oír, oiga!"

9 Sus discípulos le preguntaron qué significaba esa parábola.

10 Y él dijo: "A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que al mirar, no vean; y al oír, no entiendan.

11 "Este es el significado de la parábola: La semilla es la Palabra de Dios.

12 "Los de junto al camino, son los que oyen la Palabra, y luego viene el diablo y la quita de su corazón, para que no crean y se salven.

13 "Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la Palabra con gozo. Pero éstos no tienen raíz. Por un tiempo creen, y a la hora de la prueba se apartan.

14 "La que cayó entre espinos, son los que oyen; pero en su andar, son ahogados por los afanes, riquezas y placeres de la vida, y no llevan fruto.

15 "Pero la semilla que cayó en buena tierra, son los que con corazón bueno y recto retienen la Palabra oída, y perseveran, y dan fruto.

16 "Ninguno enciende una luz y la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama; sino que la pone en un candelero, para que los que entren vean la luz.

17 "Porque nada hay oculto, que no se haya de manifestar; ni cosa escondida, que no se haya de conocer y salir a luz.

18 "Mirad, pues, cómo oís; porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que cree tener, le será quitado".

19 Entonces la madre y los hermanos de Jesús vinieron a verlo, y no podían llegar a él por causa de la multitud.

20 Y le avisaron: "Tu madre y tus hermanos están fuera, y quieren verte".

21 El entonces respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra de Dios, y la cumplen".

22 Un día Jesús entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: "Pasemos al otro lado del lago". Y partieron.

23 Mientras navegaban, él se durmió. Y vino una fuerte tempestad en el lago, tanto que la barca se anegaba con peligro de hundirse.

24 Entonces, los discípulos lo despertaron, diciendo: "¡Maestro, Maestro, que perecemos!" El despertó, reprendió al viento y a las olas, que cesaron, y todo se calmó.

25 Después les dijo: "¿Dónde está vuestra fe?" Y atemorizados, se maravillaban y decían unos a otros: "¿Quién es éste, que manda aun al viento y al agua, y le obedecen?"

26 Y navegaron a tierra de los gadarenos, que está frente a Galilea.

27 Cuando Jesús bajó a tierra, vino a su encuentro, procedente de la ciudad, un endemoniado, que desde hacía mucho tiempo, no llevaba vestido, ni vivía en casa, sino en los sepulcros.

28 Cuando vio a Jesús, se lanzó a sus pies, y a gritos exclamó: "¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Altísimo? Te ruego que no me atormentes".

29 Porque Jesús ordenaba al espíritu impuro a que saliera del hombre. Hacía mucho tiempo que se había apoderado de él. Lo ataban con cadenas y grillos, pero rompía las cadenas, y era impelido por el demonio a lugares desiertos.

30 Jesús le preguntó: "¿Cómo te llamas?" Y él dijo: "Legión", porque muchos demonios habían entrado en él.

31 Y le rogaban que no los mandase al abismo.

32 Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte, y los demonios le rogaron que les dejase entrar en ellos. Y les permitió.

33 Entonces los demonios salieron del hombre, y entraron en los cerdos. Y el hato se precipitó por un despeñadero en el lago, y se ahogaron.

34 Cuando los porqueros vieron lo que había sucedido, huyeron y dieron aviso en la ciudad y por los caminos.

35 La gente salió a ver lo que había sucedido. Al llegar donde estaba Jesús, hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio. Y tuvieron miedo.

36 Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado aquel endemoniado.

37 Entonces la gente de la región rogaron a Jesús que se fuera de allí, porque tenían gran temor. Y él subió en la barca, y se retiró.

38 El hombre de quien habían salido los demonios, le rogó que le permitiera ir con él. Pero Jesús lo despidió, diciendo:

39 "Vuelve a tu casa, y cuenta las grandes cosas que Dios ha hecho contigo". Y él se fue, y publicó por toda la ciudad las grandezas que Jesús había hecho con él.

40 Cuando Jesús volvió, la gente lo recibió con gozo, porque todos lo esperaban.

41 Entonces vino un hombre llamado Jairo, jefe de una sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le rogó que fuera a su casa.

42 Porque su hija única, como de doce años, estaba muriendo. Y mientras Jesús iba, le apretaba la multitud.

43 Una mujer, que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, que había gastado en médicos cuanto tenía, y ninguno la había podido sanar,

44 se acercó por detrás, y tocó el borde de su vestido. Y al instante se detuvo el flujo de su sangre.

45 Entonces Jesús preguntó: "¿Quién me tocó?" Y como todos lo negaban, dijo Pedro y los que estaban con él: "Maestro, la gente te aprieta y oprime, y preguntas: ¿Quién me tocó?"

46 Pero Jesús dijo: "Me ha tocado alguien, porque yo sentí que ha salido poder de mí".

47 Al verse descubierta, la mujer vino temblando, se postró ante él, y declaró ante todo el pueblo por qué lo había tocado, y cómo en el acto había quedado sana.

48 El le dijo: "Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz".

49 Estaba él aún hablando, cuando llegó uno de la casa del jefe de la sinagoga a decirle: "Tu hija ha muerto. No des trabajo al Maestro".

50 Al oírlo, Jesús le dijo: "No temas. Cree solamente, y tu hija sanará".

51 Cuando él llegó a la casa, no dejó entrar a nadie con él, sino a Pedro, Santiago y Juan, y al padre y a la madre de la niña.

52 Todos lloraban y se lamentaban por ella. Y él dijo: "No lloréis. No está muerta, sino que duerme".

53 Y se burlaron de él, sabiendo que estaba muerta.

54 Pero él la tomó de la mano, y clamó: "Muchacha, ¡levántate!"

55 Entonces, al instante su espíritu volvió, y se levantó. Y Jesús les dijo que le diesen de comer.

56 Sus padres quedaron atónitos. Y les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.

9

1 Jesús reunió a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad para echar demonios y sanar enfermedades.

2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.

3 Les dijo: "No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero. Ni llevéis dos túnicas.

4 "En la casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid.

5 "Donde no os reciban, salid de aquella ciudad, y sacudid aun el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos".

6 Y saliendo, recorrieron las aldeas, anunciaron el evangelio y sanaron por todas partes.

7 Herodes el tetrarca oyó todas las cosas que hacía Jesús. Y estaba perplejo, porque algunos decían: "Juan ha resucitado de los muertos".

8 Otros: "Elías apareció". Y otros: "Algún antiguo profeta ha resucitado".

9 Pero Herodes decía: "Yo mandé decapitar a Juan. Entonces, ¿quién será éste de quien oigo tales cosas?" Y procuraba verlo.

10 Cuando los apóstoles volvieron, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte a una ciudad llamada Betsaida.

11 Cuando la gente lo supo, lo siguieron. Y él los recibió, les habló del reino de Dios, y sanó a los que necesitaban curación.

12 El día empezaba a declinar, y llegando los doce, le dijeron: "Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y busquen comida. Aquí estamos en lugar solitario.

13 Pero él les dijo: "Dadles vosotros de comer". Dijeron ellos: "No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos a comprar alimento para toda esta multitud".

14 Eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: "Hacedlos sentar en grupos de cincuenta en cincuenta".

15 Así lo hicieron, y todos se sentaron.

16 Entonces Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, y los bendijo. Después partía, y daba a sus discípulos para que sirvieran a la gente.

17 Y comieron todos, se saciaron, y juntaron lo que sobró, doce cestas de pedazos.

18 Un día Jesús estaba orando a solas. Estaban con él los discípulos, y les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?"

19 Ellos respondieron: "Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, algún antiguo profeta que ha resucitado".

20 Y les dijo: "¿Y vosotros, quién decís que soy?" Entonces respondió Simón Pedro: "El Cristo de Dios".

21 Y Jesús les mandó severamente que a nadie dijesen eso.

22 Les dijo: "Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y sea muerto, y resucite al tercer día".

23 Decía a todos: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

24 "Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la salvará.

25 "¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se pierde o se destruye a sí mismo?

26 "El que se avergüence de mí y de mis palabras, de éste el Hijo del Hombre se avergonzará cuando venga en su gloria, en la gloria del Padre, y en la de los santos ángeles.

27 "Os digo en verdad, que algunos de los que están aquí, no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios".

28 Unos ocho días después de esas palabras, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago, y subió al monte a orar.

29 Y mientras oraba, la apariencia de su rostro se cambió, y su vestido se volvió blanco y resplandeciente.

30 Y aparecieron dos varones que hablaban con él. Eran Moisés y Elías,

31 que aparecieron en majestad, y hablaban de la partida de Jesús, que él estaba por cumplir en Jerusalén.

32 Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño. Pero cuando despertaron bien, vieron su majestad, y a los dos varones que estaban con él.

33 Y cuando aquéllos se iban apartando de Jesús, Pedro le dijo: "Maestro, será bueno que nos quedemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés y otra para Elías". Pero no sabía lo que decía.

34 Mientras él decía esto, vino una nube y los cubrió. Al quedar ellos dentro de la nube, sintieron temor.

35 Y desde la nube una voz dijo: "Este es mi Hijo, mi Elegido. Escuchadlo a él".

36 Cuando cesó la voz, hallaron que Jesús estaba solo. Y ellos callaron. En aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.

37 Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro.

38 Y un hombre de la multitud clamó: "Maestro, te ruego que veas a mi hijo, el único que tengo.

39 "Un espíritu se apodera de él, y de repente grita, y lo sacude con violencia hasta echar espuma. Difícilmente se aparta de él, y lo deja quebrantado.

40 "Rogué a tus discípulos que lo echasen, y no pudieron".

41 Respondió Jesús: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae a tu hijo acá".

42 Y cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia. Pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho, y lo devolvió a su padre.

43 Y todos quedaron admirando la grandeza de Dios.

44 Cuando todos se maravillaban de lo que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: "Oíd bien estas palabras: El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres".

45 Pero ellos no entendieron esa palabra. Les fue encubierta de modo que no entendieron. Y temían preguntarle.

46 Entonces los discípulos empezaron a discutir cuál de ellos sería el mayor.

47 Y Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño, lo puso junto a sí,

48 y les dijo: "El que reciba a este niño en mi Nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Porque el que sea el menor entre todos vosotros, ése será el mayor".

49 Entonces Juan le contó: "Maestro, vimos a un hombre que echaba demonios en tu Nombre, y se lo prohibimos, porque no anda con nosotros".

50 Jesús le dijo: "No se lo prohibáis, porque el que no está contra nosotros, está por nosotros".

51 Cuando se acercó el tiempo en que Jesús había de ser llevado al cielo, afirmó su decisión de ir a Jerusalén.

52 Y envió mensajeros delante de sí, que fueron a una aldea samaritano a procurar posada.

53 Pero no lo recibieron, porque tenía aspecto de ir a Jerusalén.

54 Viendo esto, sus discípulos Santiago y Juan, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?"

55 Entonces volviéndose él, los reprendió, y [les dijo: "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois",

56 "porque el Hijo del Hombre no vino a perder la vida de los hombres, sino a salvarla".] Y se fueron a otra aldea.

57 Yendo ellos por el camino, uno le dijo: "Señor, te seguiré dondequiera que vayas".

58 Jesús le respondió: "Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".

59 A otro, Jesús le dijo: "Sígueme". Y éste respondió: "Señor, deja que primero vaya y entierre a mi padre".

60 Jesús replicó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. Y tú ve, y anuncia el reino de Dios".

61 Entonces otro dijo: "Señor, te seguiré, pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa".

62 Jesús contestó: "Ninguno que pone su mano al arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios".

10

1 Después de esto, el Señor designó a otros setenta, que envió de dos en dos delante de sí, a toda ciudad y lugar a donde él había de ir.

2 Y les dijo: "A la verdad, la mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

3 "¡Id! Os envió como corderos en medio de lobos.

4 "No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado. Y nadie saludéis en el camino.

5 "En la casa donde entréis, primero decid: "Paz a esta casa".

6 "Si hubiera allí algún hombre de paz, vuestra paz reposará sobre él. Si no, volverá a vosotros.

7 "Y posad en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa.

8 "En la ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os presenten.

9 "Sanad a los enfermos que haya en ella, y decidles: 'El reino de Dios se ha acercado a vosotros'.

10 "Pero en la ciudad donde entréis, y no os reciban, salid por sus calles y decid:

11 "Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad a nuestros pies, sacudimos contra vosotros. Pero sabed esto: ¡El reino de Dios está cerca!

12 "Os digo que en aquel día el castigo será más tolerable para los de Sodoma que para esa ciudad.

13 "¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho las maravillas que se han hecho en vosotras, hace tiempo que sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.

14 "Por tanto, en el juicio, el castigo será más tolerable para Tiro y Sidón que para vosotras.

15 "Y tú, Capernaum, ¿serás levantada hasta el cielo? Hasta el sepulcro serás abatida.

16 "El que os oye a vosotros, me oye a mí; el que os desecha a vosotros, me desecha a mí. Y el que me desecha a mí, desecha al que me envió".

17 Los setenta volvieron con gozo, diciendo: "Señor, ¡hasta los demonios se nos sujetan en tu Nombre!"

18 Les dijo: "Yo veía a Satanás, que caía del cielo como un rayo.

19 "Os doy potestad de pisar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

20 "Pero no os alegréis de que los espíritus se os sujeten, antes alegraos de que vuestro nombre está escrito en el cielo".

21 En ese momento Jesús se alegró en el Espíritu Santo, y dijo: "¡Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas a sabios y entendidos, y las revelaste a los pequeños!

22 "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre. Y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quiera revelar".

23 Y vuelto a los discípulos, les dijo: "¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis!

24 "Os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron".

25 Entonces un doctor de la Ley se levantó, y para probar a Jesús, le preguntó: "Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?"

26 Jesús le contestó: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?"

27 El respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo".

28 Jesús le dijo: "Has respondido bien. Haz esto, y vivirás".

29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?"

30 Entonces Jesús respondió: "Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, que lo despojaron, lo hirieron, y se fueron, dejándolo medio muerto.

31 "Por casualidad, un sacerdote descendía por aquel camino, y al verlo, pasó por el otro lado.

32 "De igual modo, un levita llegó cerca de aquel lugar, y al verlo, pasó por el otro lado.

33 "Pero un samaritano que iba de camino, se acercó a él, y al verlo, se compadeció de él.

34 "Se acercó, vendó sus heridas, y les echó aceite y vino. Y poniéndolo sobre su cabalgadura, lo llevó al mesón, y lo cuidó.

35 "Al partir, el siguiente día, sacó dos denarios, los dio al mesonero, y le dijo: Cuídalo, y todo lo que gastes de más, te lo pagaré cuando vuelva".

36 "¿Cuál de estos tres te parece que fue un prójimo para el que cayó en manos de ladrones?"

37 El doctor de la Ley respondió: "El que tuvo misericordia de él". Entonces Jesús le dijo: "Ve, y haz tú lo mismo".

38 Jesús siguió su camino, y llegó a una aldea, donde una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa.

39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, que se sentó a los pies de Jesús, y oía su palabra.

40 Pero Marta, atareada con muchos quehaceres, se acercó a Jesús, y le dijo: "Señor, ¿no te preocupa que mi hermana me deja servir sola? Dile que me ayude".

41 Pero Jesús le respondió: "Marta, Marta, estás preocupada y turbada por muchas cosas.

42 "Pero una sola cosa es necesaria. Y María eligió la mejor parte, la que no le será quitada".

11

1 Un día estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos".

2 Y les dijo: "Cuando oréis, decid: Padre [nuestro que estás en los cielos], santificado sea tu nombre. Venga tu reino. [Sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra].

3 "Danos hoy el pan nuestro de cada día.

4 "Perdónanos nuestros pecados, porque nosotros también perdonamos a todo el que nos debe. Y no nos dejes caer en tentación".

5 Les dijo también: "Si alguno acude a su amigo a medianoche, y le dice: 'Amigo, préstame tres panes,

6 "'porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo nada para ofrecerle'.

7 "¿Le responderá el de dentro: 'No me molestes. La puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama. No puedo levantarme a darte'?

8 "Os digo, que aunque no se levante a darle por ser un amigo, por su importunidad se levantará, y le dará lo que necesita.

9 "Por eso os digo: Pedid, y se os dará. Buscad, y hallaréis. Llamad, y os abrirán.

10 "Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abren.

11 "¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?

12 "¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

13 "Y si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?"

14 Jesús estaba echando a un demonio que era mudo. Y cuando el demonio salió, el mudo habló. Y la gente quedó maravillada.

15 Pero algunos dijeron: "Por Belzebú, príncipe de los demonios, echa los demonios".

16 Y otros, para tentarlo, le pedían una señal del cielo.

17 Pero él, conociendo el pensamiento de ellos, les dijo: "Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado. Una casa dividida contra sí misma, cae.

18 "Si Satanás estuviera dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecería su reino? Digo esto, porque vosotros decís que yo echo los demonios por Belzebú.

19 "Si yo los echo por Belzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.

20 "Pero si por el dedo de Dios, yo echo los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.

21 "Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros.

22 "Pero cuando viene otro más fuerte que él, y lo vence, le quita sus armas en que confiaba y reparte sus despojos.

23 "El que no está conmigo, está contra mí. El que conmigo no junta, desparrama".

24 "Cuando un espíritu impuro sale del hombre, anda por lugares áridos en busca de reposo. Al no hallarlo, dice: 'Volveré a mi casa de donde salí'.

25 "Y cuando llega la encuentra barrida y adornada.

26 "Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entran, y habitan allí. Y el estado final de ese hombre viene a ser peor que el primero".

27 Cuando Jesús decía esto, una mujer de la multitud, levantó la voz, y le dijo: "Dichoso el seno que te trajo, y los pechos que te criaron!"

28 Pero él replicó: "Antes, ¡dichosos los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan".

29 Cuando aumentó la multitud, Jesús empezó a decir: "Esta generación es mala. Pide una señal, pero no le será dada otra señal que la de Jonás.

30 "Porque como Jonás fue señal para los ninivitas, así será el Hijo del Hombre para esta generación.

31 "La reina del Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación, y los condenará, porque vino desde los fines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón. Y aquí hay uno mayor que Salomón.

32 "Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán, porque a la predicación de Jonás se arrepintieron. Y aquí hay uno mayor que Jonás".

33 "Nadie enciende una lámpara, y la pone en lugar oculto, ni debajo de un cajón, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.

34 "La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo será luminoso. Pero si es malo, tu cuerpo será tenebroso.

35 "Mira, pues, que la luz que hay en ti, no sea tinieblas.

36 "Así, si todo tu cuerpo está en luz, sin ninguna tiniebla, será todo luminoso, como cuando una lámpara te ilumina con su luz".

37 Cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que comiese con él. Y Jesús entró y se sentó a la mesa.

38 El fariseo se extrañó de que Jesús no se lavara antes de comer.

39 Y el Señor le dijo: "Vosotros los fariseos limpiáis lo de afuera del vaso y del plato, y por dentro estáis llenos de rapiña y maldad.

40 "¡Insensatos! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de adentro?

41 "Pero, dad limosna de lo que tenéis, y todo os será limpio.

42 "¡Ay de vosotros, fariseos! Diezmáis la menta, la ruda y toda hortaliza; y faltáis a la justicia y al amor de Dios. Esto es necesario hacer, sin dejar lo otro.

43 "¡Ay de vosotros, fariseos! Amáis las primeras sillas en las sinagogas, y ser saludados en las plazas.

44 "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Sois como sepulcros que no se ven, y los que andan encima no lo saben".

45 Uno de los doctores de la Ley, le dijo: "Maestro, cuando dices esto, nos ofendes también a nosotros".

46 Y Jesús respondió: "¡Ay de vosotros también, doctores de la Ley! Imponéis a los hombres cargas que no pueden llevar. Y vosotros ni aun con un dedo las tocáis.

47 "¡Ay de vosotros! Edificáis los sepulcros de los profetas, que vuestros padres mataron.

48 Con eso dais testimonio y consentís en los hechos de vuestros padres. Ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros.

49 "Por eso Dios dijo en su sabiduría: 'Les enviaré profetas y apóstoles, y a unos matarán y a otros perseguirán'.

50 "Para que de esta generación se demande la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo.

51 "Desde la sangre de Abel, hasta la de Zacarías, a quien mataron entre el altar y el templo. Así, se pedirá cuenta a esta generación.

52 "¡Ay de vosotros, doctores de la Ley! Habéis quitado la llave del conocimiento. Vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis".

53 Cuando salió de allí, los escribas y fariseos empezaron a apremiarlo en gran manera, y a provocarlo a que hablase de muchas cosas.

54 Lo acechaban, y procuraban cazar algo de su boca para acusarlo.

12

1 En eso se juntaron miles de personas, tanto que se atropellaban unos a otros. Y Jesús empezó a decir primero a sus discípulos: "Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

2 "Nada hay encubierto que no se llegue a descubrir, ni oculto que no se haya de saber.

3 "Lo que dijisteis en tinieblas, será oído en plena luz; y lo que hablasteis al oído en las habitaciones más escondidas, será pregonado en las azoteas.

4 "Os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y nada más pueden hacer.

5 "Os diré a quien temer. Temed a Aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno. Repito, a ése temed.

6 "¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado ante Dios.

7 "Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues. Vosotros valéis más que muchos pajarillos.

8 "Os digo que todo el que me confiese ante los hombres, también el Hijo del Hombre lo confesará ante los ángeles de Dios.

9 "Pero el que me niegue ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.

10 "Todo el que diga palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.

11 "Cuando os lleven a las sinagogas, y ante los magistrados y autoridades, no os preocupéis cómo o qué hayáis de responder o decir.

12 "Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir".

13 Un hombre de la multitud le dijo: "Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia".

14 Jesús le contestó: "Hombre, ¿quién me puso por juez o partidor sobre vosotros?"

15 Y les dijo: "¡Cuidado! Guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee".

16 Y les contó una parábola, diciendo: "La heredad de un hombre rico había producido una gran cosecha.

17 "Y él pensó dentro de sí: '¿Qué haré?, porque no tengo dónde juntar mis frutos'.

18 "Y dijo: 'Esto haré. Derribaré mis graneros, los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes.

19 "'Y me diré: Muchos bienes tienes almacenados para muchos años. ¡Reposa, come, bebe y alégrate!'

20 "Pero Dios le dijo: '¡Insensato! Esta noche vienen a pedir tu vida. Y lo que has guardado, ¿de quién será?'

21 "Así es el que hace tesoro para sí, y no es rico en Dios".

22 Y dijo a sus discípulos: "Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

23 "La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido.

24 "Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; no tienen despensa ni granero; y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?

25 "¿Y quién de vosotros, por más que se afane, podrá añadir a su estatura un codo?

26 "Pues si no podéis ni aun lo mínimo, ¿para qué preocuparos por lo demás?

27 "Considerad cómo crecen los lirios. No labran, ni hilan. Y os digo, que ni Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos.

28 "Si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo, y mañana se echa al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?

29 "No os aflijáis por qué comer, o qué beber. No os inquietéis por eso.

30 "Porque la gente del mundo busca con afán estas cosas, que vuestro Padre sabe que necesitáis.

31 "En cambio, buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas".

32 "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

33 "Vended lo que poseéis y dad limosna. Haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en el cielo que no se agota, donde no hay ladrón que llega, ni polilla que corroe.

34 "Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón".

35 "Esté ceñida vuestra cintura, y vuestras lámparas encendidas.

36 "Y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan que su señor vuelva de la boda; para que cuando llegue y llame, le abran en seguida.

37 "¡Dichosos los siervos a quienes el Señor encuentre velando cuando él vuelva! Os aseguro que se ceñirá, los invitará a sentarse a la mesa, y vendrá a servirles.

38 "Y aunque venga a la medianoche o a la madrugada, dichosos si los halla así.

39 "Sin embargo, sabed esto, si el padre de familia supiera a qué hora había de venir el ladrón, velaría y no dejaría minar su casa.

40 "Vosotros también, estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis".

41 Entonces Pedro le dijo: "Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?"

42 El Señor respondió: "¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, a quien el Señor pondrá sobre su casa, para que les dé su ración a tiempo?

43 "¡Dichoso el siervo a quien, cuando el señor venga, lo encuentre haciendo así!

44 "En verdad os digo, que lo pondrá sobre todos sus bienes.

45 "Pero si ese siervo dijera en su corazón: 'Mi señor tarda en venir', y empezara a herir a los criados y criadas, a comer y a beber, y a embriagarse,

46 "vendrá el señor de ese siervo el día que no espera, a la hora que no sabe, lo castigará, y lo pondrá con los infieles.

47 "El siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho.

48 "Pero el que no entendió, e hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco. A quien se le dio mucho, mucho se le reclamará; y al que se le confió mucho, más se le pedirá.

49 "Vine a traer fuego a la tierra. Y, ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!

50 "Sin embargo, tengo que pasar por un bautismo. ¡Y cómo me angustio hasta que se cumpla!

51 "¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino disensión.

52 "De aquí en adelante, estarán cinco en una casa divididos, tres contra dos, y dos contra tres.

53 "El padre estará contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra".

54 Decía también a la gente: "Cuando veis la nube que sale del poniente, al momento decís: 'Agua viene'. Y así sucede.

55 "Y cuando sopla el viento sur, decís: 'Habrá calor'. Y así sucede.

56 " ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; y, ¿cómo no reconocéis este tiempo?

57 "¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

58 "Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él; no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te lleve a la cárcel.

59 "Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado el último centavo".

13

1 En ese mismo tiempo algunos le contaron de los galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.

2 Y Jesús les dijo: "¿Pensáis que esos galileos, porque padecieron tal cosa, eran más pecadores que todos los galileos?

3 "Os digo que no. Antes, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

4 "O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató. ¿Pensáis que eran más culpables que todos los hombres de Jerusalén?

5 "Os digo que no. Antes, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente".

6 Entonces les contó esta parábola. "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Y fue a buscar fruto de ella, y no lo halló.

7 "Y dijo al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar fruto de esta higuera, y no lo hallo. Córtala, ¿para qué ocupará inútilmente la tierra?'

8 "Entonces el viñador respondió: 'Señor, déjala aún este año, hasta que yo cave alrededor, y la abone.

9 "'Y si diera fruto, bien. Si no, la cortarás después"'.

10 Un sábado Jesús enseñaba en una sinagoga.

11 Y estaba allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía una enfermedad por causa de un espíritu. Andaba encorvada sin poder enderezarse.

12 Cuando Jesús la vio, la llamó, y le dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad".

13 Puso sus manos sobre ella, y al instante se enderezó, y alabó a Dios.

14 Pero el principal de la sinagoga, se enojó de que Jesús la hubiese sanado en sábado, y dijo a la gente: "Seis días hay para trabajar. En ellos venid para ser sanados, y no en sábado".

15 Entonces el Señor replicó: "¡Hipócrita! Cada uno de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su asno, y lo lleva a beber?

16 "Y a esta hija de Abrahán, que hacía dieciocho años que Satanás la tenía atada, ¿no fue bueno desatarla de esta ligadura en sábado?"

17 Y cuando dijo esto, se avergonzaron todos sus adversarios. Pero el pueblo se gozaba de todas las maravillas que Jesús realizaba.

18 Entonces Jesús preguntó: "¿A qué es semejante el reino de Dios? ¿A qué lo compararé?

19 "Es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su huerto. Y creció, y llegó a ser un árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas".

20 De nuevo dijo: "¿A qué compararé el reino de Dios?

21 "Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y mezcló en tres medidas de harina, hasta que todo quedó fermentado".

22 Jesús pasaba por las ciudades y aldeas, enseñando mientras iba caminando a Jerusalén.

23 Alguien le preguntó: "Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él respondió:

24 "Esforzaos a entrar por la puerta angosta, porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

25 "Cuando el padre de familia se levante y cierre la puerta, y desde afuera empecéis a llamar: '¡Señor, Señor, ábrenos!'

26 "Entonces empezaréis a decir: 'Ante ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste'.

27 "Y os dirá: 'Os digo que no sé de dónde sois. Apartaos de mí malhechores'.

28 "Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluidos.

29 "Vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

30 "Con todo, algunos últimos serán primeros; y algunos primeros serán últimos".

31 Aquel mismo día llegaron unos fariseos, y dijeron a Jesús: "Vete de aquí, porque Herodes te quiere matar".

32 El contestó: "Decid a ese zorro: 'Yo echo demonios y realizo sanidades hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra'.

33 "Sin embargo, es necesario que hoy, mañana y pasado mañana camine; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.

34 "¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti. ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus pollos debajo de sus alas! Y no quisiste.

35 "Vuestra casa quedará desolada. Y os digo que no me veréis más, hasta el día cuando digáis: '¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"'.

14

1 Un sábado Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Y ellos lo acechaban.

2 Y estaba ante él un hombre hidrópico.

3 Entonces Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: "¿Es lícito sanar en sábado?"

4 Pero ellos callaron. Entonces él tomándolo, lo sanó, y lo despidió.

5 Y a ellos les dijo: "¿Quién de vosotros, si se le cae un hijo o un buey en un pozo, no lo saca en seguida, aunque sea sábado?"

6 Y no le podían replicar.

7 Al ver cómo los convidados elegían los primeros asientos a la mesa, les propuso esta máxima:

8 "Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el primer lugar, no sea que haya otro más distinguido que tú.

9 "Y cuando venga el que te convidó a ti y al otro, tenga que decirte: 'Da tu lugar a éste'. Y entonces empieces con vergüenza a ocupar el último lugar.

10 "Más bien, cuando seas convidado, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: 'Amigo, sube más arriba'. Entonces tendrás honra ante los que se sientan contigo a la mesa.

11 "Porque el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido".

12 Dijo también al que lo había convidado: "Cuando ofrezcas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; para que también ellos te vuelvan a convidar, y seas recompensado.

13 "Cuando ofrezcas un banquete, llama a los pobres, mancos, tullidos y ciegos,

14 y serás dichoso, porque no te pueden retribuir; sino que te será recompensado en la resurrección de los justos".

15 Al oír esto, un comensal le dijo: "¡Dichoso el que participe del banquete en el reino de Dios!"

16 Entonces Jesús respondió: "Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.

17 "Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: 'Venid, que ya está todo listo'.

18 "Pero todos empezaron a disculparse. El primero dijo: 'Compré una hacienda, y necesito ir a verla. Te ruego que me dispenses'.

19 "Otro dijo: 'Compré cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos. Te ruego que me dispenses'.

20 "Y otro dijo: 'Acabo de casarme. Por eso no puedo ir'.

21 "Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces, enojado el padre de la familia, dijo a su siervo: 'Ve presto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres y mancos, y lisiados y ciegos'.

22 "Y dijo el siervo: 'Señor, hice lo que me mandaste, y aún hay lugar'.

23 "El señor dijo al siervo: 'Sal a los caminos y vallados, y aprémialos a entrar, hasta que se llene mi casa.

24 "Porque os digo que ninguno de esos hombres que fueron llamados, gustará mi cena"'.

25 Grandes multitudes iban con Jesús, y volviéndose les dijo:

26 "Si alguno viene a mí, y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo.

27 "El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

28 "¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene lo que necesita para terminarla?

29 "No sea que después que haya puesto el fundamento, no pueda acabarla, y los que lo vean se burlen de él,

30 "diciendo: 'Este hombre empezó a edificar, y no pudo terminar'.

31 "O, ¿qué rey, teniendo que ir a la guerra contra otro rey, no considera primero si puede enfrentar con diez mil al que viene contra él con veinte mil?

32 "Y si no puede, cuando el otro está aún lejos, le envía una embajada y le pide las condiciones de paz.

33 "Así, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

34 "Buena es la sal, pero si pierde su sabor, ¿con qué se sazonará?

35 "Ya no sirve para la tierra, ni para el estercolero, sino que la arrojan fuera. El que tenga oídos para oír, oiga".

15

1 Los publicanos y pecadores se acercaron a Jesús para oírlo.

2 Y los fariseos y los escribas murmuraban: "Este recibe a los pecadores, y come con ellos".

3 Y él les contó esta parábola:

4 "¿Quién de vosotros, si tuviera cien ovejas y perdiera una de ellas, no dejaría a las noventa y nueve en el campo, e iría a buscar la que se perdió, hasta encontrarla?

5 "Y cuando la encuentra la pone sobre sus hombros gozoso.

6 "Y al llegar su casa, junta a los amigos y vecinos, y les dice: 'Alegraos conmigo, porque ya encontré mi oveja que se había perdido'.

7 "Os digo, que así hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.

8 "O, ¿qué mujer que tenga diez dracmas, y pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y la busca con diligencia hasta hallarla?

9 "Y cuando la encuentra, junta a las amigas y vecinas, y les dice: 'Alegraos conmigo, porque encontré la dracma que había perdido'.

10 "Así os digo que hay alegría ante los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente'.

11 Jesús siguió contando: "Un hombre tenía dos hijos.

12 "El menor dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde'. Entonces el padre repartió la hacienda.

13 "No muchos días después, el hijo menor juntó todo, y se fue a un país lejano. Y allá desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

14 "Cuando hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella provincia, y empezó a faltarle.

15 "Y fue y se ajustó con un ciudadano de esa tierra, que lo envió a su hacienda a cuidar los cerdos.

16 "Y deseaba llenar su estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

17 "Al fin volvió en sí, y pensó: '¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí padezco hambre!

18 "'Me levantaré, iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

19 "'Ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Trátame como a uno de tus jornaleros'.

20 "Y levantándose, volvió a casa de su padre. Y cuando aún estaba lejos, su padre lo vio venir, y se enterneció. Corrió, se echó sobre su cuello, y lo besó.

21 "Y el joven le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo...'

22 "Pero el padre dijo a sus siervos: '¡Pronto! Sacad el mejor vestido, y vestidlo. Poned un anillo en su mano, y sandalias en sus pies.

23 "'Traed el becerro grueso, y matadlo. Y comamos, y hagamos fiesta.

24 "'Porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y ha sido hallado'. Y empezaron a regocijarse.

25 "El hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino y llegó cerca de casa, oyó la música y vio las danzas.

26 "Y llamando a un criado, le preguntó qué era eso.

27 "Y él le contó: 'Tu hermano ha vuelto, y tu padre mandó matar el becerro grueso, por haberlo recibido sano'.

28 "Entonces el hermano mayor se enojó, y no quería entrar. Por eso, su padre salió, y le rogaba que entrase.

29 "Pero él respondió al padre: 'Hace tantos años que te sirvo, sin haberte desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.

30 "'Y ahora que vino tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has matado para él el becerro grueso'.

31 "Entonces el padre le dijo: 'Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

32 "'Pero era necesario hacer fiesta y alegrarnos, porque tu hermano estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y ha sido hallado"'.

16

1 Jesús contó también a sus discípulos: "Había un hombre rico, que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él de malgastar sus bienes.

2 "Así, el señor lo llamó, y le dijo: '¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás seguir de mayordomo'.

3 "Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: '¿Qué haré? Mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.

4 "Ya sé lo que haré para que cuando me quiten la mayordomía, me reciban en sus casas'.

5 "Llamó a cada uno de los deudores de su señor, y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'

6 "El contestó: 'Cien barriles de aceite'. Le dijo: 'Toma tu cuenta, siéntate presto y escribe cincuenta'.

7 "Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?' Este respondió: 'Cien coros de trigo'. Y él le dijo: 'Toma tu cuenta y escribe ochenta'.

8 Y el señor alabó al mayordomo malo por haber obrado astutamente, porque los hijos de este siglo son más astutos con sus semejantes que los hijos de luz.

9 "Yo os digo: Ganad amigos mediante las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

10 "El que es fiel en lo muy poco, también en lo más será fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más será injusto.

11 "Así, si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará las verdaderas?

12 "Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

13 "Ninguno puede servir a dos señores. Porque, o aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas".

14 Los fariseos, que amaban el dinero, oyeron también todo esto, y se burlaban de él.

15 Entonces Jesús les dijo: "Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos ante los hombres. Pero Dios conoce vuestro corazón. Lo que los hombres tienen por sublime, para Dios es abominable".

16 "La Ley y los Profetas fueron proclamados hasta Juan. Desde entonces se predica la buena nueva del reino de Dios, y todos se esfuerzan por entrar en él.

17 "Sin embargo, es más fácil que desaparezca el cielo y la tierra, antes que caiga un punto de la Ley.

18 "Cualquiera que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, adultera. Y el que se casa con la mujer divorciada, adultera.

19 "Había un hombre rico, que vestía púrpura y lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.

20 "A su puerta yacía un mendigo llamado Lázaro, lleno de llagas.

21 "Lázaro ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y lamían sus llagas.

22 "El mendigo murió, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. También el rico murió, y fue sepultado.

23 "Y en el lugar de los muertos, estando en el tormento, el rico vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno.

24 "Entonces gritó: 'Padre Abrahán, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama'.

25 "Pero Abrahán le dijo: 'Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro males. Ahora él es consolado aquí, y tú atormentado.

26 "Además, hay un gran abismo entre nosotros y vosotros. Los que quieran pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá'.

27 "Y el rico dijo: 'Te ruego, padre, que lo envíes a la casa de mi padre.

28 "Porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento'.

29 "Abrahán respondió: 'Tienen a Moisés y a los Profetas. Óiganlos'.

30 "El entonces dijo: 'No, padre Abrahán, sino que si alguno de los muertos va a ellos, se arrepentirán'.

31 "Pero Abrahán contestó: 'Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se persuadirán, aunque se levante alguno de los muertos"'.

17

1 Jesús dijo a sus discípulos: "Es inevitable que vengan incitaciones a pecar; pero, ¡ay de aquél por quien vengan!

2 "Mejor sería que le atasen al cuello una piedra de molino, y lo lanzasen al mar, que hacer pecar a uno de estos pequeños.

3 "Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano peca contra ti, repréndelo. Si se arrepiente, perdónalo.

4 "Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, y te dice: 'Me arrepiento', perdónalo".

5 Dijeron los apóstoles al Señor: "Auméntanos la fe".

6 El Señor respondió: "Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, podríais decir a esta morera: 'desarráigate y plántate en el mar, y os obedecería".

7 "Si alguno de vosotros tiene un siervo que ara o apacienta, cuando éste vuelve del campo, ¿acaso le dice: 'Entra, siéntate a comer'?

8 "¿No le dice más bien: 'Prepárame la cena, arremángate y sírveme hasta que haya yo comido y bebido. Y después, come y bebe tú'?

9 "¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.

10 "Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os mandó, decid: 'Siervos inútiles somos, porque hicimos lo que debíamos hacer"'.

11 De camino a Jerusalén, Jesús pasó entre Samaria y Galilea.

12 Al entrar en una aldea, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon lejos.

13 Y levantando la voz, gritaron: "¡Jesús! ¡Maestro! ¡Ten compasión de nosotros!"

14 Cuando él los vio, les dijo: "Id, mostraos a los sacerdotes". Y mientras ellos iban, quedaron limpios.

15 Entonces uno de ellos, al verse sanado, volvió, alabando a Dios a gran voz.

16 Se postró a los pies de Jesús, y le dio las gracias. Y éste era samaritano.

17 Entonces Jesús preguntó: "¿No son diez los que fueron limpiados? Los otros nueve, ¿dónde están?

18 "¿No hubo quien volviera a dar gloria a Dios, sino este extranjero?"

19 Y le dijo: "Levántate y vete. Tu fe te ha salvado".

20 Los fariseos preguntaron a Jesús, cuándo había de venir el reino de Dios. Y él respondió: "El reino de Dios no vendrá con manifestación exterior.

21 "Ni dirán: 'Aquí está, o allí', porque el reino de Dios está entre vosotros ya".

22 Y dijo a sus discípulos: "Vendrá tiempo en que desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis.

23 "Entonces os dirán: '¡Aquí está, o allí!' Pero no vayáis, ni los sigáis.

24 "Porque como el relámpago resplandece y brilla desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.

25 "Sin embargo, es necesario que primero padezca mucho, y sea rechazado por esta generación.

26 "Como fue en los días de Noé, así también será en el día en que regrese el Hijo del Hombre.

27 "Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; y vino el diluvio y destruyó a todos.

28 "También será como en los días de Lot. Comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban.

29 "Y el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos.

30 "Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.

31 "En ese día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos. El que esté en el campo, no vuelva atrás.

32 "Acordaos de la mujer de Lot.

33 "El que procure salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la salvará.

34 "Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama, uno será llevado, y el otro será dejado.

35 "Dos mujeres estarán moliendo juntas, una será llevada, y la otra dejada.

36 "[Dos estarán en el campo, uno será llevado, y el otro dejado"].

37 Le preguntaron: "¿Dónde, Señor?" Y él les dijo: "Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres".

18

1 Jesús les contó una parábola acerca de la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

2 Les dijo: "En cierta ciudad había un juez que no respetaba a Dios ni a los hombres.

3 "Había también en esa ciudad una viuda, que venía a él, y le decía: 'Hazme justicia ante mi adversario'.

4 "Por un tiempo él no quiso. Pero después pensó: 'Aunque no respeto a Dios, ni a los hombres,

5 "'sin embargo, como esta viuda me molesta, le haré justicia, para que no venga de continuo y me fastidie"'.

6 Y dijo el Señor: "Oíd lo que dijo el juez injusto.

7 "Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque parezca demorar en defenderlos?

8 "Os digo que les hará justicia y pronto. Sin embargo, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra'?"

9 Para algunos que se tenían por justos, y menospreciaban a los demás, les contó esta parábola:

10 "Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, el otro publicano.

11 "El fariseo oraba de pie consigo mismo, de esta manera: 'Dios, te doy gracias, que no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano.

12 "'Ayuno dos veces a la semana, y doy el diezmo de todo lo que gano'.

13 "Pero el publicano quedando lejos, ni quería alzar los ojos al cielo, sino que golpeaba su pecho, diciendo: 'Dios, ten compasión de mí, que soy pecador'.

14 "Os digo que éste descendió a su casa justificado, pero el otro no. Porque el que se enaltece será humillado; y el que se humilla, será enaltecido".

15 La gente traía los niños a Jesús para que los tocara. Al verlos, los discípulos los reprendieron.

16 Pero Jesús los llamó, y les dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no les impidáis, porque de ellos es el reino de Dios.

17 "Os aseguro, el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él".

18 Cierto gobernante preguntó a Jesús: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?"

19 Jesús respondió: "¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno, sino sólo Dios.

20 "Ya conoces los Mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre".

21 Y él dijo: "Todo esto lo he guardado desde mi juventud".

22 Al oír esto, Jesús le dijo: "Aún te falta una cosa. Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Y luego, ven, y sígueme".

23 Cuando él oyó esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

24 Al ver que se había entristecido tanto, Jesús dijo: "¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

25 "Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios".

26 Los que oyeron le preguntaron: "Entonces, ¿quién podrá ser salvo?"

27 El contesto: "Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios".

28 Entonces Pedro dijo: "Nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido".

29 Jesús respondió: "Os aseguro, ninguno que haya dejado casa, padres, hermanos, esposa o hijos, por el reino de Dios,

30 "quedará sin recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna".

31 Jesús tomó a los doce aparte, y les dijo: "Ahora subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.

32 "Será entregado a los gentiles, y será burlado, insultado y escupido.

33 "Y después de azotarlo, lo matarán. Pero al tercer día resucitará".

34 Sin embargo, ellos nada de eso entendieron. Esta palabra quedó oculta, y no entendieron lo que les dijo.

35 Cuando Jesús de acercó a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando.

36 Al oír a la gente que pasaba, preguntó qué era eso.

37 Le dijeron que pasaba Jesús nazareno.

38 Entonces clamó a gritos: "¡Jesús! ¡Hijo de David! ¡Ten misericordia de mí!"

39 Los que iban adelante, lo reprendieron para que callase. Pero él clamó aún más fuerte: " ¡Hijo de David! ¡Ten misericordia de mí!"

40 Entonces Jesús se detuvo, y mandó que lo trajeran. Cuando llegó, le preguntó:

41 "¿Qué quieres que te haga?" El ciego respondió: "¡Señor, que recobre la vista!"

42 Y Jesús le digo: "¡Recobra la vista! Por tu fe quedas sanado".

43 En el acto vio, y lo siguió alabando a Dios. Al verlo, la gente alabó a Dios.

19

1 Jesús entró en Jericó, e iba pasando por la ciudad.

2 Y un hombre rico, llamado Zaqueo, jefe de los publicanos,

3 procuró ver quién era Jesús. Pero no podía a causa de la multitud, porque era bajo de estatura.

4 Corriendo, se adelantó y subió a un sicómoro para verlo, porque Jesús iba a pasar por allí.

5 Cuando Jesús llegó a ese lugar, miró hacia arriba, y le dijo: "Zaqueo, date prisa, desciende, porque conviene que hoy me hospede en tu casa".

6 Entonces él descendió aprisa, y lo recibió gozoso.

7 Al ver esto, todos murmuraron, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.

8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Señor, la mitad de mis bienes voy a dar a los pobres. Y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más".

9 Entonces Jesús le dijo: "Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abrahán.

10 "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido".

11 Mientras ellos oían estas cosas, Jesús prosiguió con una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría en seguida.

12 Dijo: "Un hombre noble se fue a un país lejano, a recibir un reino y volver.

13 "Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: 'Negociad hasta que yo vuelva'.

14 "Pero sus compatriotas lo aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: 'No queremos que este hombre reine sobre nosotros'.

15 "Sin embargo, fue nombrado rey, y cuando volvió a su país, mandó llamar a los siervos a quienes había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

16 "Vino el primero, y dijo: 'Señor, tu mina ha ganado diez minas'.

17 "El señor respondió: 'Está bien, buen siervo. Por cuanto en lo poco fuiste fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades'.

18 "Vino otro, y dijo: 'Señor, tu mina produjo cinco minas'.

19 "A éste le dijo: 'Tú tendrás autoridad sobre cinco ciudades'.

20 "Vino otro, y dijo: 'Señor, aquí está tu mina, que guardé en un pañuelo.

21 "'Porque tuve miedo de ti, que eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste'.

22 "Entonces el señor le dijo: 'Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que soy severo, que tomo lo que no puse y siego lo que no sembré.

23 "'¿Por qué no diste mi dinero al banco, para que al volver, Yo lo recibiera con los intereses?'

24 "Y dijo a los que estaban presentes: 'Quitadle la mina, y dadla al que tiene diez minas'.

25 "Ellos le dijeron: 'Señor, ya tiene diez minas'.

26 "'Pues os digo que al que tenga se le dará más, y al que no tenga, aun lo que tiene le será quitado.

27 "'Y a mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos ante mí"'.

28 Dicho esto, Jesús prosiguió hacia Jerusalén.

29 Al llegar cerca de Betfagé y de Betania, junto al monte de los Olivos, envió a dos discípulos,

30 diciendo: "Id a la aldea de enfrente. Al entrar hallaréis un pollino atado, que ninguno ha montado aún. Desatadlo y traedlo.

31 "Y si alguien os pregunta: ¿Por qué lo desatáis? responded: 'El Señor lo necesita"'.

32 Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.

33 Cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: "¿Por qué desatáis el pollino?"

34 Entonces respondieron: "El Señor lo necesita".

35 Lo trajeron a Jesús, y echando sus vestidos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.

36 Y a su paso, la gente tendía sus mantos por el camino.

37 Cuando llegaron cerca de la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, con alegría empezaron a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto.

38 Decían: "¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo! ¡Gloria en las alturas!"

39 Entonces algunos fariseos de entre la multitud, le dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos".

40 Y él respondió: "Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían".

41 Y cuando se acercó y contempló la ciudad, dijo llorando:

42 "¡Oh, si al menos conocieras en este día, lo que toca a tu paz! Pero ahora está encubierto de tus ojos.

43 "Vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te cercarán con baluarte, te sitiarán, y de todas partes te estrecharán.

44 "Te derribarán a tierra a ti, y a tus hijos que estén dentro de ti. Y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación".

45 Entonces, Jesús entró en el templo, y empezó a echar a todos los que vendían y compraban en él.

46 Les dijo: "Escrito está: Mi casa, es casa de oración. Pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".

47 Y enseñaba cada día en el templo. Pero los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarlo.

48 Y no hallaban cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba en suspenso.

20

1 Un día en que Jesús estaba en el templo enseñando al pueblo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos.

2 Y le preguntaron: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dio tal autoridad?"

3 Jesús respondió: "Yo también os haré una pregunta, respondedme:

4 "El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?"

5 Ellos razonaron entre sí: "Si decimos del cielo, dirá: ¿Por qué no le creísteis?

6 "Y si decimos, de los hombres, el pueblo nos apedreará, porque están ciertos que Juan era profeta".

7 Así, respondieron que no sabían de dónde era.

8 Entonces Jesús les dijo: "Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas".

9 Después empezó a decir al pueblo esta parábola: "Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores y se ausentó por largo plazo.

10 A su tiempo, envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña. Pero los labradores lo hirieron, y lo enviaron con las manos vacías.

11 "Envió a otro siervo. Y a éste también, herido y afrentado, lo enviaron con las manos vacías.

12 "Envió a un tercer siervo, y a éste también echaron herido.

13 "Entonces el señor de la viña dijo: '¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado. Quizás lo respeten'.

14 "Pero al verlo, los labradores deliberaron entre sí: 'Este es el heredero. Matémoslo para que la heredad sea nuestra'.

15 "Lo echaron fuera de la viña, y lo mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?

16 "Vendrá y destruirá a esos labradores, y dará su viña a otros". Al oír esto, los fariseos dijeron: "¡Dios nos libre!"

17 Pero él mirándolos, les preguntó: "¿Qué significa lo que está escrito: 'La piedra que condenaron los edificadores, ha venido a ser cabeza de esquina'?

18 "Todo el que caiga sobre esa piedra, será quebrantado; pero aquel sobre quien caiga la piedra, lo desmenuzará".

19 Los principales sacerdotes y los escribas procuraron echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esa parábola. Pero temieron al pueblo.

20 Enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderlo en alguna palabra, y entregarlo al poder del gobernador.

21 Y le preguntaron: "Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud, que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.

22 "¿Está bien dar tributo a César, o no?"

23 Pero Jesús entendió la astucia de ellos, y les dijo: "¿Por qué me tentáis?

24 "Mostradme la moneda. ¿De quién es la imagen y la inscripción?" Respondieron: "De César".

25 Entonces les dijo: "Pues, dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios".

26 Y no pudieron sorprenderlo en ninguna palabra ante el pueblo. Antes maravillados de su respuesta, callaron.

27 Entonces llegaron unos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron:

28 "Maestro, Moisés nos escribió: Si un hombre casado muere sin haber tenido hijos, que su hermano se case con la viuda, para levantar descendientes a su hermano.

29 "Hubo, pues, siete hermanos. El primero se casó, y murió sin hijos.

30 "La tomó el segundo, que también murió sin hijos.

31 "La tomó el tercero, y así también los siete. Y murieron sin dejar hijos.

32 "Al fin murió también la mujer.

33 "En la resurrección, ¿esposa de cuál de ellos será, ya que los siete la tuvieron por esposa?"

34 Entonces respondió Jesús: "Los hijos de este mundo se casan, y se dan en casamiento.

35 "Pero los que sean tenidos por dignos de aquel mundo y la resurrección de los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento,

36 "porque no pueden morir más. Son como los ángeles, y son hijos de Dios, por cuanto son hijos de la resurrección.

37 "Y que los muertos resuciten, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: 'Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob'.

38 "Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos viven".

39 Unos escribas le dijeron: "¡Maestro, bien has dicho!"

40 Y no osaron preguntarle nada más.

41 Entonces Jesús les preguntó: "¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?

42 "Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: 'Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,

43 "'hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies'.

44 "Si David lo llama Señor: ¿cómo es su hijo?"

45 Mientras todo el pueblo oía, Jesús dijo a sus discípulos:

46 "Guardaos de los escribas, que gustan andar con ropas largas, ser saludados en las plazas, y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y en las cenas;

47 "que devoran las casas de las viudas, y para disimularlo hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación".

21

1 Al levantar la vista, Jesús vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas.

2 Vio también una viuda muy pobre que echaba dos moneditas.

3 Y dijo: "En verdad, esta viuda pobre echó más que todos.

4 "Porque todos éstos, de lo que les sobra dieron la ofrenda, pero ella de su pobreza echó todo el sustento que tenía".

5 Algunos le dijeron que el templo estaba adornado de hermosas piedras y dones. Jesús respondió:

6 "De esto que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada".

7 Le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo sucederá esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas empiecen a suceder?"

8 El entonces dijo: "Mirad que no seáis engañados. Porque vendrán muchos en mi Nombre, diciendo: 'Yo soy', y 'el tiempo está cerca'. Pero no vayáis en pos de ellos.

9 "Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os alarméis. Es necesario que estas cosas sucedan primero. Pero el fin no vendrá en seguida".

10 Entonces les dijo: "Se levantará nación contra nación, y reino contra reino.

11 "Habrá grandes terremotos, hambres y pestes en diferentes lugares. Habrá espantos y grandes señales del cielo.

12 "Pero antes de todo esto os echarán mano, os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles. Y seréis llevados ante reyes y gobernadores por causa de mi Nombre.

13 "Y esto os será ocasión de dar testimonio.

14 "Proponed en vuestro corazón no pensar cómo defenderos.

15 "Porque yo os daré palabra y sabiduría, que no podrán resistir ni contradecir los que se opongan.

16 "Seréis entregados aun por vuestros padres y hermanos, parientes y amigos. Y matarán a algunos de vosotros.

17 "Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi Nombre.

18 "Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.

19 "Perseverando firmes salvaréis vuestra vida.

20 "Cuando veáis a Jerusalén cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.

21 "Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; los que estén en la ciudad, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.

22 "Porque ésos son días de castigo, para que se cumpla todo lo que está escrito.

23 "¡Ay de las que estén encinta y de las que críen en esos días! Porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira en este pueblo.

24 "Caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones. Y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.

25 "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones estarán en angustia, perplejas, por el bramido del mar y de las ondas.

26 "Los hombres desfallecerán por el temor y la ansiedad de lo que vendrá sobre la tierra, porque las virtudes del cielo serán conmovidas.

27 "Entonces verán al Hijo del Hombre, que viene en una nube, con poder y grande majestad.

28 "Cuando estas cosas empiecen a suceder, cobrad ánimo, y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca".

29 Y les dijo esta parábola: "Mirad la higuera y todos los árboles.

30 "Cuando brotan, sabéis por vosotros que el verano se acerca.

31 "Así también, cuando veáis que estas cosas suceden, entended que el reino de Dios está cerca.

32 "Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda.

33 "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras nunca pasarán.

34 "Mirad por vosotros mismos, que vuestro corazón no se cargue de glotonería y embriaguez, y de las preocupaciones de esta vida, y aquel día venga de repente sobre vosotros.

35 "Porque como un lazo vendrá sobre todos los habitantes de toda la tierra.

36 "Velad, pues, en todo tiempo, orando que podáis escapar de todas estas cosas que han de venir, y estar en pie ante el Hijo del Hombre".

37 Así, de día enseñaba en el templo, y de noche salía y se quedaba en el monte de los Olivos.

38 Y todo el pueblo venía temprano al templo para escucharlo.

22

1 Se acercaba la fiesta del pan sin levadura, llamada Pascua.

2 Los principales sacerdotes y los escribas buscaban la manera de matar a Jesús. Pero temían al pueblo.

3 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, uno de los doce.

4 Este fue y trató con los principales sacerdotes y con los magistrados, cómo les entregaría a Jesús.

5 Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero.

6 El aceptó, y buscaba la oportunidad de entregarlo a escondidas del pueblo.

7 Llegó el día del pan sin levadura en el cual era necesario sacrificar el cordero pascual.

8 Y Jesús envió a Pedro y a Juan. Les dijo: "Id y haced los preparativos para que comamos la Pascua".

9 Ellos le preguntaron: "¿Dónde quieres que la preparemos?"

10 El les dijo: "Cuando entréis en la ciudad, encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidlo hasta la casa donde entre.

11 "Y decid al dueño de la casa: 'El Maestro pregunta: ¿Dónde está el aposento para comer la Pascua con mis discípulos?'

12 "El os mostrará un gran aposento alto, ya dispuesto. Preparad allí".

13 Fueron y hallaron como les había dicho. Y prepararon la Pascua.

14 Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles.

15 Y les dijo: "En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua antes de padecer.

16 "Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios".

17 Y tomando la copa, dio gracias, y dijo: "Tomad esto, repartidlo entre vosotros.

18 "Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios".

19 Y tomó el pan, dio gracias, lo partió y les dio, diciendo: "Esto es mi cuerpo, que es dado por vosotros. Haced esto en memoria de mí".

20 Lo mismo hizo con la copa. Después que hubo cenado, les dijo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

21 "Sin embargo, la mano del que me entrega está conmigo sobre la mesa.

22 "A la verdad el Hijo del Hombre se va, según está determinado. Pero, ¡ay de aquel que lo entrega!"

23 Entonces ellos empezaron a preguntar entre sí, cuál de ellos haría eso.

24 Hubo entre ellos una discusión acerca de quién de ellos sería el mayor.

25 Entonces Jesús les dijo: "Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad se hacen llamar bienhechores.

26 "Pero vosotros no sois así. Antes el mayor entre vosotros, sea como el más joven; y el que dirige, como el que sirve.

27 "Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, Yo Soy entre vosotros como el que sirve.

28 "Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.

29 "Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí,

30 "para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos a juzgar a las doce tribus de Israel".

31 Dijo también el Señor: "Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo.

32 "Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte. Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos".

33 El le dijo: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo aun a la cárcel y a la muerte".

34 Jesús respondió: "Pedro, te digo que el gallo no cantará tres veces hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces".

35 Entonces Jesús les preguntó: "Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo?" Ellos respondieron: "Nada".

36 Y les dijo: "Pero ahora, el que tenga bolsa, tómela, y también la alforja. Y el que no tenga espada, venda su capa y compre una.

37 "Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí lo que está escrito: 'Con los transgresores fue contado'. Porque lo que está escrito de mí, tiene que cumplirse".

38 Entonces ellos dijeron: "Señor, aquí hay dos espadas". Y él les dijo: "Basta".

39 Después Jesús salió, y se fue, como solía, al monte de los Olivos. Y sus discípulos lo siguieron.

40 Cuando llegó a ese lugar, les dijo: "Orad para que no entréis en tentación".

41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oró,

42 diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí esta copa. Sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la tuya".

43 Entonces apareció un ángel del cielo que lo confortó.

44 En su agonía, oraba más intensamente. Y su sudor fue como grandes gotas de sangre que caían a tierra.

45 Cuando se levantó de orar, vino a sus discípulos, y los halló durmiendo a causa de la tristeza.

46 Y les dijo: "¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación".

47 Mientras Jesús estaba aún hablando, llegó una turba. El que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se acercó a Jesús para besarlo.

48 Entonces Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?"

49 Y los que estaban con él, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: "Señor, ¿heriremos a espada?"

50 Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha.

51 Pero Jesús, dijo: " ¡Dejad! ¡Basta ya!" Y tocando su oreja, lo sanó.

52 Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían salido contra él: "Habéis salido con espadas y palos como si yo fuera un ladrón.

53 "Cada día estuve con vosotros en el templo, y no extendisteis la mano contra mí. Pero ésta es vuestra hora, en que reinan las tinieblas".

54 Prendieron a Jesús, y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Y Pedro lo seguía de lejos.

55 Encendieron un fuego en el patio, y se sentaron todos alrededor. Y Pedro se sentó entre ellos.

56 Una criada que lo vio sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: "Este estaba con él".

57 Entonces Pedro lo negó, diciendo: "Mujer, no lo conozco".

58 Un poco después, otro lo vio, y dijo: "Tú también eres de ellos". Y Pedro respondió: "Hombre, no soy".

59 Como una hora después otro afirmó: "Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo".

60 Y Pedro dijo: "Hombre, no sé lo que dices". Y en seguida, mientras él aún hablaba, el gallo cantó.

61 Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro. Y Pedro se acordó de lo que el Señor le había dicho: "Antes que el gallo cante, me negarás tres veces".

62 Y Pedro salió afuera, y lloró amargamente.

63 Los hombres que custodiaban a Jesús, se burlaban de él y lo golpeaban.

64 Le vendaron los ojos, le golpeaban el rostro, y le decían: "Adivina quién te pegó".

65 Y decían muchas otras cosas, y lo insultaban.

66 En cuanto se hizo de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y llevaron a Jesús a su concilio.

67 Le dijeron: "Si tú eres el Cristo, dínoslo". Jesús contestó: "Si os lo dijera, no creeríais.

68 "Y si os preguntara, no me responderíais, [ni me soltaríais.]

69 "Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios".

70 Dijeron todos: "Entonces, eres el Hijo de Dios". Y él respondió: "Es correcto lo que decís. Yo Soy".

71 Entonces ellos dijeron: "¿Qué necesidad tenemos de más testimonio? Nosotros lo hemos oído de su boca".

23

1 Entonces toda la asamblea se levantó, y llevaron a Jesús ante Pilato.

2 Y empezaron a acusarlo, diciendo: "Hemos hallado que este hombre pervierte a la nación, y prohibe dar tributo a César, diciendo que él es el Cristo, el rey".

3 Entonces Pilato le preguntó: "¿Eres tú el Rey de los judíos? Y él respondió: "Sí. Es como tú dices".

4 Y Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la gente: "Ningún delito hallo en este hombre".

5 Pero ellos porfiaban, diciendo: "Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea donde empezó, hasta aquí".

6 Al oír de Galilea, Pilato preguntó si el hombre era galileo.

7 Al saber que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, que en esos días estaba en Jerusalén.

8 Cuando Herodes vio a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verlo. Había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verlo realizar alguna señal.

9 Le hizo muchas preguntas, pero él nada respondió.

10 Los principales sacerdotes y los escribas lo acusaban con gran vehemencia.

11 Entonces Herodes, con sus soldados, lo menospreció y escarneció. Lo vistió con un espléndido manto, y lo devolvió a Pilato.

12 En ese día, Pilato y Herodes se hicieron amigos entre sí, porque estaban enemistados.

13 Entonces Pilato, convocó a los principales sacerdotes, a los magistrados y al pueblo.

14 Les dijo: "Habéis traído a este hombre como perturbador del pueblo. Pero habiéndolo interrogado ante vosotros, no hallo en él delito alguno de lo que lo acusáis.

15 "Ni aun Herodes, porque lo mandó de vuelta. Nada digno de muerte ha hecho este hombre.

16 "Así, lo castigaré, y lo soltaré".

17 [Tenía que soltarles a uno en cada fiesta].

18 Pero toda la multitud dio voces a una, diciendo:" ¡Fuera con él! ¡Suéltanos a Barrabás!

19 Este había sido encarcelado por una sedición en la ciudad, y una muerte.

20 Pilato les habló otra vez, queriendo soltar a Jesús.

21 Pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!"

22 Por tercera vez les dijo: "Pues, ¿qué mal ha hecho? Ningún delito de muerte he hallado en él. Lo castigaré, y lo soltaré".

23 Pero ellos insistían a gran voz, pidiendo que fuese crucificado. Y sus gritos prevalecieron.

24 Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían.

25 Soltó al que habían pedido, que estaba en la cárcel por sedición y muerte, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

26 Cuando lo llevaban, echaron mano de Simón cireneo, que venía del campo, y lo cargaron con la cruz para que la llevase detrás de Jesús.

27 Lo seguía una gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y se lamentaban.

28 Y vuelto a ellas, Jesús les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos.

29 "Porque vendrán días en que dirán: 'Dichosas las estériles, las entrañas que no concibieron, y los pechos que no criaron'.

30 "Entonces empezarán a decir a los montes: 'Caed sobre nosotros', y a los collados: 'Cubridnos'.

31 "Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿qué no harán en el seco?"

32 Llevaban también a dos malhechores, para ser muertos con él.

33 Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, lo crucificaron allí. Y a los malhechores, uno a su derecha y otro a la izquierda.

34 Y Jesús dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Y repartieron sus vestidos echando suertes.

35 El pueblo estaba mirando, y los gobernantes se burlaban de él. Decían: "A otros salvó. Sálvese a sí, si es el Cristo, el elegido de Dios".

36 También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron vinagre,

37 y le decían: "Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo".

38 Había encima de él una inscripción que decía: "Este es el Rey de los judíos".

39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Cristo? Pues, sálvate a ti mismo, y sálvanos a nosotros".

40 Pero el otro lo reprendió, diciendo: "¿Ni aun temes a Dios, tú que estás en la misma condenación?

41 "A la verdad, nosotros padecemos justamente, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; pero este Hombre no hizo ningún mal".

42 Y dijo a Jesús: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino".

43 Entonces Jesús le contestó: "Te aseguro hoy, estarás conmigo en el paraíso".*

44 Era ya la hora sexta; (el mediodía) cuando toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora novena (3 de la tarde).

45 El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad.

46 Entonces Jesús, exclamó a gran voz: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y habiendo dicho esto, expiró.

47 Cuando el centurión vio lo que había sucedido, alabó a Dios, diciendo: " ¡Realmente este hombre era justo!"

48 Y toda la multitud que estaba presente, al ver lo que había sucedido, se fueron golpeándose el pecho.

49 Pero sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, quedaron mirando desde lejos estas cosas.

50 Un hombre bueno y justo, llamado José, miembro del Consejo,

51 no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el reino de Dios.

52 Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús.

53 Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, donde ninguno había sido puesto aún.

54 Era la tarde del día de la Preparación, y estaba por empezar el sábado.

55 Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron de cerca, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.

56 Y vueltas, prepararon aromas y perfumes. Pero reposaron el sábado, conforme al Mandamiento.

24

1 El primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando los aromas que habían preparado; y otras mujeres con ellas.

2 Y hallaron que la piedra había sido retirada del sepulcro.

3 Pero al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

4 Mientras ellas estaban espantadas por esto, de pronto se pararon junto a ellas dos varones con vestido resplandeciente.

5 Y como ellas sintieron temor y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

6 "No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea.

7 "Diciendo: 'Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de pecadores, que sea crucificado, y resucite al tercer día"'.

8 Entonces ellas recordaron sus palabras,

9 y volviendo del sepulcro, anunciaron estas cosas a los once y a todos los demás.

10 Eran María Magdalena, Juana, María madre de Santiago, y las demás con ellas, las que contaron estas cosas a los apóstoles.

11 Pero las palabras de ellas parecían locura a los discípulos, y no las creían.

12 Sin embargo, Pedro se levantó, y corrió al sepulcro. Cuando miró dentro, vio sólo los lienzos echados. Y volvió maravillado de lo que había sucedido.

13 En ese mismo día, dos discípulos iban a una aldea llamada Emaús, que distaba sesenta estadios (10 km) de Jerusalén.

14 Iban hablando entre sí de todo lo que había sucedido.

15 Y mientras iban hablando, el mismo Jesús se llegó, y siguió con ellos.

16 Pero sus ojos estaban velados, y no lo reconocieron.

17 Les preguntó: "¿Qué conversáis entre vosotros mientras andáis?"

18 Uno de ellos, llamado Cleofas, respondió: "¿Eres tú el único en Jerusalén que no sabe lo que ha sucedido en estos días?"

19 Entonces él preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le dijeron: "Lo de Jesús nazareno, un profeta poderoso en obra y en palabra ante Dios y ante todo el pueblo.

20 "Y los principales sacerdotes y nuestros gobernantes lo sentenciaron a muerte, y lo crucificaron.

21 "Nosotros esperábamos que él era el que iba a redimir a Israel. Hoy es el tercer día que esto ha sucedido.

22 "Además, algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,

23 "pero no hallaron su cuerpo. Y volvieron diciendo que habían visto una visión de ángeles, que dijeron que él vive.

24 "Algunos de los nuestros fueron al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; pero no lo vieron a él".

25 Entonces Jesús les dijo: "¡Oh simples y lentos de corazón para creer lo que anunciaron los profetas!

26 "¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, para entrar en su gloria?"

27 Y empezando desde Moisés y todos los profetas, les declaró lo que toda la Escritura decía de él.

28 Llegaron a la aldea a donde iban, y él hizo como que iba más lejos.

29 Pero ellos lo apremiaron a quedarse, diciendo: "Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ha declinado". Entró, pues, a quedarse con ellos.

30 Cuando estuvo con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió, y les dio.

31 Entonces fueron abiertos sus ojos, y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

32 Y se dijeron uno al otro: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros, cuando nos hablaba en el camino, y nos explicaba las Escrituras?"

33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,

34 que decían: "¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado! Y apareció a Simón".

35 Entonces ellos contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo lo reconocieron al partir el pan.

36 Y cuando ellos estaban aún contando estas cosas, Jesús mismo se puso entre ellos, y les dijo: "Paz a vosotros".

37 Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu.

38 Pero él les dijo: "¿Porqué estáis turbados y suben esos pensamientos a vuestro corazón?

39 "Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo. Palpad, y ved. Que un espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo".

40 Y al decir esto, les mostró las manos y los pies.

41 Y como ellos no acababan de creerlo, a causa del gozo y el asombro, les preguntó: "¿Tenéis aquí algo de comer?"

42 Entonces le dieron parte de un pescado asado.

43 Y él lo tomó, y comió ante ellos.

44 Después les dijo: "Estas son las palabras que os hablé, cuando estaba aún con vosotros; que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos".

45 Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras.

46 Y les dijo: "Así está escrito que el Cristo tenía que padecer, y al tercer día resucitar de entre los muertos.

47 "Y que en su Nombre se predicara el arrepentimiento y el perdón de los pecados en todas las naciones, empezando en Jerusalén.

48 "Vosotros sois testigos de estas cosas.

49 "Yo os enviaré la promesa de mi Padre. Pero permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos del poder de lo alto".

50 Después Jesús los llevó a Betania, y alzando sus manos, los bendijo.

51 Y mientras los bendecía, se fue alejando de ellos. Y fue llevado arriba al cielo.

52 Y ellos, después de haberlo adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo.

53 Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios.