1

1 Principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios.

2 El profeta Isaías había escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino.

3 "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas".

4 Así, Juan el Bautista fue al desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para el perdón de los pecados.

5 Y salían a él de toda la provincia de Judea y de Jerusalén. Al confesar sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.

6 Juan llevaba un vestido de pelo de camello, y un cinto de cuero a la cintura. Y comía langostas y miel silvestre.

7 Predicaba, diciendo: "Después de mí viene uno que es más poderoso que yo, ante quien no soy digno de postrarme a desatar la correa de sus sandalias.

8 "Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo".

9 En esos días, Jesús vino desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

10 Al salir del agua, Jesús vio que el cielo se abría, y el Espíritu que descendía sobre él como paloma.

11 Y una voz del cielo dijo: "Tú eres mi Hijo amado. En ti me complazco".

12 En seguida el Espíritu lo impulsó al desierto.

13 Estuvo en el desierto cuarenta días entre los animales del campo. Allí fue tentado por Satanás, y los ángeles le servían.

14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios.

15 Decía: "El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca. ¡Arrepentíos, y creed al evangelio!"

16 Caminando Jesús junto al mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban la red en el mar, porque eran pescadores.

17 Y les dijo: "Venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres".

18 Al instante, dejaron sus redes y lo siguieron.

19 Un poco más adelante vio a Santiago hijo de Zebedeo y a su hermano Juan, que estaban en la barca arreglando las redes.

20 En seguida los llamó. Y ellos dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, y siguieron a Jesús.

21 Fueron a Capernaum, y cuando llegó el sábado, Jesús entró en la sinagoga, y empezó a enseñar.

22 Y admiraban su enseñanza, porque les enseñaba con plena autoridad, y no como los escribas.

23 Estaba en la sinagoga un hombre con un espíritu impuro, que se puso a gritar:

24 "¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quien eres, ¡el Santo de Dios!"

25 Pero Jesús lo reprendió, diciendo: "Cállate, y sal de él".

26 Y el espíritu impuro lo sacudió con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.

27 Y todos se maravillaron, de tal manera que preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Ordena aun a los espíritus impuros, y le obedecen".

28 Y bien pronto su fama se extendió por toda esa región de Galilea.

29 Cuando Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.

30 La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, y le hablaron de ella.

31 Entonces él se acercó, la tomó de la mano, y la levantó. En seguida la fiebre la dejó, y se puso a servirles.

32 Cuando fue la tarde, en seguida que el sol se puso, le trajeron todos los enfermos y endemoniados.

33 Y toda la ciudad se juntó a la puerta.

34 Y sanó a muchos que adolecían de diversas enfermedades, y echó a muchos demonios. Y no dejaba a los demonios decir que lo conocían.

35 Muy temprano de mañana, aún oscuro, Jesús se levantó y se fue a un lugar solitario, y se puso a orar.

36 Simón y los que estaban con él, lo buscaron,

37 y al encontrarlo, le dijeron: "Todos te buscan".

38 El respondió: "Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido".

39 Y predicaba en las sinagogas de toda Galilea, y echaba a los demonios.

40 Un leproso vino a él, y de rodillas le rogó: "Si quieres, puedes limpiarme".

41 Jesús se compadeció de él. Extendió su mano, lo tocó, y le dijo: "Así lo quiero. ¡Queda limpio!"

42 Y así que él hubo hablado, la lepra desapareció, y el enfermo quedó limpio.

43 Entonces Jesús lo despidió, ordenándole severamente:

44 "Mira, no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos".

45 Pero él, apenas salió, empezó a pregonar a voces y a divulgar el hecho. Como resultado, Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, sino que se quedaba en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

2

1 Después de algunos días, Jesús entró de nuevo en Capernaum, y se oyó que estaba en casa.

2 En seguida se juntaron a él muchos, que ya no cabían ni aun a la puerta. Y él les predicaba la Palabra.

3 Entonces le trajeron un paralítico, cargado por cuatro hombres.

4 Y como no podían llegar a él debido a la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron la camilla en que yacía el paralítico.

5 Al ver la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".

6 Estaban sentados allí algunos escribas, que pensaron en su corazón:

7 "¿Por qué habla éste así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?"

8 Al instante Jesús conoció que pensaban así, y les dijo: "¿Por qué pensáis esas cosas en vuestro corazón?

9 "¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o decirle: 'Levántate. Toma tu camilla y anda?'

10 "Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad de perdonar pecados en la tierra —dijo al paralítico—:

11 "A ti te digo: ¡Levántate! Toma tu camilla, y vete a tu casa".

12 Entonces el paralítico se levantó en el acto, tomó su camilla, y salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: "¡Nunca hemos visto cosa semejante!"

13 Después Jesús volvió a salir al mar, y toda la gente venía a él, y les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado a la mesa de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Y Mateo se levantó y lo siguió.

15 Y cuando Jesús estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos cobradores de impuestos y pecadores estaban también a la mesa con Jesús y sus discípulos; porque muchos lo habían seguido.

16 Y los escribas y los fariseos, al verlo comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a sus discípulos: "¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y los pecadores?"

17 Al oírlos, Jesús les dijo: "Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores".

18 Un día en que los discípulos de Juan y de los fariseos ayunaban, fueron a Jesús, y le preguntaron: "¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?"

19 Jesús respondió: "¿Pueden ayunar los invitados a una boda cuando el novio está con ellos? Mientras tienen consigo al novio, no pueden ayunar.

20 "Pero vendrán días, en que el novio les será quitado, y entonces ayunarán.

21 "Nadie pone remiendo de paño sin encoger en un vestido viejo. De esa manera el remiendo nuevo tiraría del viejo, y la rotura empeoraría.

22 "Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos. De esa manera, el vino nuevo rompería los odres, se derramaría el vino, y los odres se perderían. Más bien, el vino nuevo se guarda en odres nuevos".

23 Un sábado Jesús cruzaba por los sembrados. Y al pasar, sus discípulos empezaron a arrancar espigas.

24 Entonces los fariseos le dijeron: "¿Por qué hacen en sábado lo que no es lícito?"

25 El les dijo: "¿Nunca leísteis qué hizo David cuando él y sus acompañantes tuvieron hambre?

26 David entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió el pan de la Presencia, que no era permitido comer sino a los sacerdotes.

27 También les dijo: "El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado.

28 "Así, el Hijo del Hombre es también Señor del sábado".

3

1 Otra vez Jesús entró en la sinagoga, y estaba allí un hombre que tenía una mano seca.

2 Y lo observaban para ver si lo sanaría en sábado, a fin de acusarlo.

3 Entonces Jesús dijo al hombre de la mano seca: "Levántate y ponte en medio".

4 Y les preguntó a ellos: "¿Es permitido hacer bien en sábado, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla?" Pero ellos callaron.

5 Y mirándolos con enojo, apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: "Extiende tu mano". Y él la extendió, y su mano quedó restablecida.

6 Entonces los fariseos salieron, y tuvieron consejo con los herodianos para matar a Jesús.

7 Pero Jesús se retiró con sus discípulos al mar, y lo siguió una gran multitud de Galilea y de Judea.

8 Al oír las grandes cosas que hacía, mucha gente vino a él desde Jerusalén, Idumea, del otro lado del Jordán, y de la región de Tiro y Sidón.

9 Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista una barca, para que el gentío no lo oprimiera.

10 Porque había sanado a muchos, y cuantos tenían plagas caían sobre él para tocarlo.

11 Los espíritus inmundos, siempre que lo veían, se postraban ante él y daban voces, diciendo: "¡Tú eres el Hijo de Dios!"

12 Pero él los reprendía severamente para que no lo descubrieran.

13 Después Jesús subió al monte, llamó a sí a los que quiso, y fueron con él.

14 Y estableció a doce, a quienes llamó apóstoles, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,

15 con poder [de sanar enfermedades y] de echar demonios.

16 Estos fueron los doce elegidos: Simón, a quien llamó Pedro.

17 Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, y los apellidó Boanerges, que es hijos del trueno.

18 Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananita,

19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.

20 Después Jesús entró en una casa. Y de nuevo se agolpó la gente, de modo que ellos ni aun podían comer.

21 Cuando lo oyeron los familiares de Jesús, vinieron a llevarlo, porque decían: "Está fuera de sí".

22 Los escribas que habían venido de Jerusalén, decían que tenía a Belzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba los demonios.

23 Así, Jesús los llamó, y les dijo en parábolas: "¿Cómo puede Satanás echar a Satanás?

24 "Si un reino estuviera dividido contra sí mismo, no podría seguir en pie.

25 "Si una casa estuviera dividida contra sí misma, no podría permanecer.

26 "Si Satanás se levanta contra sí mismo y se divide, no puede permanecer, sino que llega a su fin.

27 "Nadie puede entrar en casa de un valiente y saquear sus bienes, si antes no lo ata. Entonces podrá saquear su casa.

28 "Os aseguro que todos los pecados y blasfemias serán perdonados a los hombres.

29 "Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, jamás tendrá perdón, sino que será culpable del juicio eterno".

30 Dijo esto porque habían dicho: "Tiene espíritu impuro".

31 En eso llegaron su madre y sus hermanos, y quedando afuera, enviaron a llamarlo.

32 Los que estaban sentados alrededor de él, le dijeron: "Tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera, y te buscan".

33 El respondió: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?"

34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos.

35 "Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".

4

1 De nuevo Jesús empezó a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él tanta gente, que entró en una barca, se sentó en ella, y la gente quedó en tierra junto al mar.

2 Y les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. En su enseñanza dijo:

3 "¡Oíd! El sembrador salió a sembrar.

4 "Al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y las aves del cielo la comieron.

5 "Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra. Y brotó pronto, porque no tenía tierra profunda.

6 "Pero al salir el sol, se quemó; y como no tenía raíz, se secó.

7 "Otra parte cayó entre espinas, que crecieron y ahogaron la semilla, y no dio fruto.

8 "Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto. Brotó, creció y produjo treinta, sesenta y ciento por uno".

9 Entonces les dijo: "El que tenga oídos para oír, oiga".

10 Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce, le preguntaron acerca de esta parábola.

11 Y les dijo: "A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios. Pero a los que están fuera, todo se les dice por medio de parábolas.

12 "Para que al mirar, vean y no perciban; y al oír, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y sean perdonados".

13 Entonces les dijo: "¿No entendéis esta parábola? Entonces, ¿cómo entenderéis las otras parábolas?

14 "El sembrador es el que siembra la Palabra.

15 "Los de junto al camino, son los que oyen la Palabra, pero después que la oyen, viene Satanás, y quita la Palabra que fue sembrada en sus corazones.

16 "Los que son sembrados en pedregales, son los que al oír la Palabra, la reciben con gozo.

17 "Pero no tienen raíz en sí, antes son de corta duración, y cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la Palabra, en seguida tropiezan.

18 "Los que son sembrados entre espinos, son los que oyen la Palabra;

19 "pero los cuidados de este mundo, el engaño de las riquezas, y otras codicias, entran y ahogan la Palabra, y no da fruto.

20 "En cambio, los que fueron sembrados en buena tierra, son los que oyen la Palabra, la reciben, y dan fruto, treinta, sesenta y ciento por uno".

21 También les dijo: "¿Se enciende, acaso, una luz para ponerla debajo de un cajón, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?

22 "Porque nada hay oculto que no se haya de manifestar, ni secreto que no salga a luz.

23 "El que tenga oídos para oír, oiga".

24 Dijo también: "Mirad lo que oís. Con la medida con que medís, os medirán otros, y aun os será añadido.

25 "Al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado".

26 Decía además: "Así es el reino de Dios, como el grano que el hombre echa en la tierra.

27 "Y ya duerma o se levante, de noche y de día, la semilla brota y crece como él no sabe.

28 "Porque la tierra da su fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.

29 "Y cuando el fruto está maduro, en seguida se pasa la hoz, por haber llegado la siega".

30 Decía: "¿A qué es semejante el reino de Dios? ¿Con qué parábola lo describiremos?

31 "Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas de la tierra.

32 "Pero después de sembrada, crece y se convierte en la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra".

33 Y con muchas parábolas semejantes les hablaba la Palabra, según podían oír.

34 Sin parábolas, no les hablaba. Pero a sus discípulos en privado les declaraba todo.

35 Al atardecer de ese día, Jesús dijo a sus discípulos: "Pasemos a la otra orilla".

36 Despidieron a la multitud, y lo llevaron en la barca tal como estaba. Había también con él otras barcas.

37 Y se levantó una borrasca, que echaba las olas en la barca, de manera que anegaba.

38 Pero Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No tienes cuidado que perecemos?"

39 Jesús se levantó, reprendió al viento, y dijo al mar: "¡Calla! ¡Enmudece!" Y el viento cesó, y vino una gran calma.

40 Y a ellos les dijo: "¿Por qué estáis así atemorizados? ¿Cómo aún no tenéis fe?"

41 Entonces sintieron gran temor, y se decían el uno al otro: "¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?"

5

1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos.

2 Cuando Jesús salió de la barca, en seguida vino a su encuentro, desde los sepulcros, un hombre con un espíritu impuro,

3 que habitaba en los sepulcros. Y nadie lo podía sujetar, ni aun con cadenas.

4 Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos. Y nadie lo podía dominar.

5 Y siempre, día y noche, andaba dando voces por los montes y los sepulcros, hiriéndose con las piedras.

6 Cuando vio a Jesús de lejos, corrió, se postró ante él,

7 y gritó a gran voz: "¿Qué tienes conmigo, Jesús Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes".

8 Porque Jesús le decía: "Sal de este hombre, espíritu impuro".

9 Jesús le preguntó: "¿Cómo te llamas?" Respondió: "Me llamo Legión, porque somos muchos".

10 Y le rogó con insistencia que no lo enviase fuera de esa región.

11 Allí cerca del monte estaba paciendo una gran manada de cerdos.

12 Y los demonios le rogaron: "Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos".

13 Y Jesús les permitió. Y esos espíritus salieron y entraron en los cerdos, que eran como dos mil. Y la piara se lanzó al mar desde un despeñadero, y en el mar se ahogaron.

14 Los porqueros huyeron, y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente salió a ver qué había sucedido.

15 Cuando llegaron ante Jesús, vieron al que había sido atormentado por el demonio y había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal. Y tuvieron miedo.

16 Y los que lo habían visto les contaron lo que había sucedido al endemoniado, y a los cerdos.

17 Entonces empezaron a rogar a Jesús que se fuera de su región.

18 Al entrar Jesús en la barca, el que había estado endemoniado le rogó que lo dejara ir con él.

19 Pero Jesús no le permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales las grandes cosas que el Señor ha hecho contigo, y cómo tuvo compasión de ti".

20 Y él se fue, y empezó a contar en Decápolis las grandes cosas que Jesús había hecho con él. Y todos se maravillaban.

21 Cuando Jesús volvió en la barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud, allí junto al mar.

22 Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se postró a sus pies,

23 y le rogó con fervor: "Mi hija está muriendo. ¡Ven! Pon las manos sobre ella para que sane, y viva".

24 Jesús fue con él. Y le seguía una gran multitud, y lo apretaban.

25 Estaba allí una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años.

26 Había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, sin ningún provecho; antes iba peor.

27 Cuando oyó hablar de Jesús, llegó por detrás de él, entre la multitud, y tocó su vestido.

28 Porque pensaba: "Si tan sólo tocara su manto, quedaré sana".

29 Y al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba sana de aquel mal.

30 En el acto, Jesús, dándose cuenta del poder que había salido de él, se volvió a la gente, y preguntó: "¿Quién ha tocado mi vestido?"

31 Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo que la gente te oprime, y preguntas: '¿Quién me ha tocado?' "

32 Pero él miró alrededor para ver a la que lo había tocado.

33 Entonces la mujer, atemorizada y temblorosa, sabiendo lo que le había sucedido, vino, se postró ante él, y le contó toda la verdad.

34 Y él le dijo: "Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz, y queda sana de tu enfermedad".

35 Cuando Jesús estaba aún hablando, vinieron de casa del principal de la sinagoga, y le dijeron: "Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?"

36 Al oír esto, Jesús dijo al principal de la sinagoga: "No temas, cree solamente".

37 Y no permitió que ninguno fuera con él, sino Pedro, Santiago y su hermano Juan.

38 Al llegar a casa del principal de la sinagoga, vio el alboroto, y los que lloraban y lamentaban.

39 Cuando entró Jesús les dijo: "¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto, sino que duerme".

40 Y se burlaron de él. Pero él los echó a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que habían ido con él, y entró donde estaba la niña.

41 La tomó de la mano, y le dijo: " ¡Talita, cumi!", que significa: "¡Niña, levántate!"

42 Al instante la niña se levantó, y se puso a caminar, porque tenía doce años. Y la gente quedó muy espantada.

43 Pero Jesús les mandó estrictamente que nadie lo supiese. Y dijo que le diesen de comer.

6

1 Jesús salió de allí y se fue a su tierra con sus discípulos.

2 Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga. Al oírlo, muchos quedaron admirados, y decían: "¿De dónde este hombre saca estas cosas? ¿Qué sabiduría es ésta que le es dada, que hasta realiza milagros?

3 "¿No es éste el carpintero, hijo de María, y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No están también aquí sus hermanas con nosotros?" Y se escandalizaban de él.

4 Pero Jesús les dijo: "No hay profeta sin honra sino en su tierra, entre sus parientes y en su casa".

5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, más que sanar a unos pocos enfermos, poniendo las manos sobre ellos.

6 Estaba asombrado de la incredulidad de ellos. [Y recorría las aldeas, y enseñaba.]

7 Después Jesús llamó a los doce y empezó a enviarlos de dos en dos. Les dio autoridad sobre los espíritus impuros,

8 y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino sólo un bastón; ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa,

9 sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.

10 Les dijo: "Cuando estéis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí.

11 Si en algún lugar no os reciben ni oyen, salid de allí, y sacudid el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos.

12 Entonces salieron, y predicaron que los hombres se arrepintiesen.

13 Echaron muchos demonios, y ungieron con aceite a muchos enfermos, y los sanaron.

14 El rey Herodes oyó la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio, y dijo: "Juan el Bautista ha resucitado de los muertos. Por eso poderes milagrosos obran en él".

15 Otros decían: "Es Elías". Y otros: "Es uno de los antiguos profetas".

16 Al oír esto, Herodes dijo: "Juan, a quien yo decapité, ha resucitado de los muertos".

17 Porque el mismo Herodes había mandado prender a Juan, y lo había encarcelado a causa de Herodías, esposa de su hermano Felipe, con la que él se había casado.

18 Porque Juan había dicho a Herodes: "No debes tomar la esposa de tu hermano".

19 Por eso Herodías aborrecía a Juan, y deseaba matarlo, y no podía.

20 Porque Herodes temía a Juan, y lo protegía, sabiendo que era varón justo y santo. Al oírlo quedaba perplejo, aunque lo escuchaba de buena gana.

21 Pero llegó un día oportuno. En la fiesta de su cumpleaños, Herodes dio una cena a sus príncipes, tribunos y a los principales de Galilea.

22 Cuando la hija de Herodías danzó, agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa. Y el rey dijo a la muchacha: "Pídeme lo que quieras, y te lo daré".

23 Y le juró: "Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino".

24 Ella preguntó a su madre: "¿Qué pediré?" Y ella dijo: "La cabeza de Juan el Bautista".

25 Entonces ella entró de prisa al rey, y le dijo: "Quiero que ahora mismo me des en un plato, la cabeza de Juan el Bautista".

26 El rey se entristeció mucho. Pero a causa del juramento y de los comensales, no quiso desecharla.

27 En seguida el rey envió a un guarda, con la orden de traer la cabeza de Juan.

28 El guarda fue, lo decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato. La dio a la muchacha, y ella la llevó a su madre.

29 Al saberlo, los discípulos de Juan tomaron su cuerpo, y lo sepultaron.

30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

31 Y él les dijo: "Venid aparte, a un lugar tranquilo, y descansad un poco". Porque eran muchos los que iban y venían, que ni para comer tenían tiempo.

32 Y se fueron solos en una barca, a un lugar solitario.

33 Pero muchos los vieron irse, y los conocieron. Y allá fueron muchos a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos.

34 Cuando Jesús desembarcó, vio esa gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Así empezó a enseñarles muchas cosas.

35 Y cuando se hizo tarde, sus discípulos se acercaron a él, y le dijeron: "El lugar es despoblado y la hora muy avanzada.

36 "Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor, a comprar algo de comer".

37 Pero él respondió: "Dadles vosotros de comer". Ellos dijeron: "¿Quieres que vayamos a comprar doscientos denarios de pan, para darles de comer?"

38 Y él les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver". Después de averiguar, le dijeron: "Cinco, y dos pescados"

39 Les mandó que hiciesen recostar a todos en grupos sobre la hierba verde.

40 Y se recostaron en grupos de cien y de cincuenta.

41 En seguida, Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, los bendijo, y partió los panes. Entonces fue dando a sus discípulos para que los pusiesen ante la gente. También repartió los dos pescados entre todos.

42 Y todos comieron hasta saciarse

43 Y alzaron doce cestas llenas de pedazos de pan y pescado.

44 Y los que comieron fueron cinco mil hombres.

45 En seguida Jesús mandó a sus discípulos a subir a la barca, e ir delante de él a Betsaida, entre tanto que él despedía a la multitud.

46 Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.

47 Cuando anocheció la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.

48 Jesús los vio remar con gran fatiga, porque el viento era contrario. Y cerca de la cuarta vigilia de la noche (de madrugada), fue a ellos andando sobre el mar, y quiso adelantarse a ellos.

49 Al verlo caminando sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron.

50 Porque todos lo veían, y se turbaron. Pero en seguida, Jesús les dijo: "¡Ánimo! ¡Soy yo! ¡No temáis!"

51 Cuando él subió a la barca, el viento se calmó. Y ellos quedaron muy asombrados.

52 Porque aún no habían entendido el milagro de los panes, pues sus corazones estaban endurecidos.

53 Cuando estuvieron del otro lado, llegaron a Genezaret y atracaron allí.

54 Al salir ellos de la barca, en seguida la gente lo reconoció.

55 Recorrieron toda esa región, y empezaron a traerle en camillas a los enfermos, en todas partes adonde oían que él estaba.

56 Y dondequiera que Jesús entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los enfermos, y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos.

7

1 Los fariseos, y algunos escribas venidos de Jerusalén, se llegaron a Jesús.

2 Y al ver que algunos discípulos de Jesús comían con manos impuras, a saber, sin lavar, los condenaban.

3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, no comen si no se lavan muchas veces las manos.

4 Cuando vuelven de la plaza, si no se lavan, no comen. Y observan muchas tradiciones como el lavado de los vasos, jarros y bandejas.

5 Por eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?"

6 El respondió: "Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías: 'Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.

7 "'En vano me honran, cuando enseñan como doctrinas mandamientos de hombres'.

8 "Porque dejáis el Mandamiento de Dios, y os aferráis a la tradición de los hombres [como el lavado de los jarros y los vasos, y otras muchas cosas semejantes]".

9 Les dijo también: "Bien desecháis el Mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición.

10 "Porque Moisés dijo: 'Honra a tu padre y a tu madre', y 'el que maldiga a su padre o a su madre, ha de ser muerto'.

11 "Pero vosotros decís: 'Basta que un hombre diga a su padre o su madre: 'Todo aquello con que pudiera ayudarte es corbán (ofrenda para Dios)'.

12 "Y no le dejáis hacer nada más por su padre o su madre.

13 "Así invalidáis la Palabra de Dios con vuestra tradición, que trasmitís de unos a otros. Y hacéis muchas cosas semejantes a éstas".

14 Entonces Jesús llamó de nuevo a la gente, y les dijo: "Oídme todos, y entended.

15 "Nada exterior al hombre puede entrar en él y contaminarlo. Más bien lo que sale del hombre es lo que lo contamina".

16 ["El que tenga oídos para oír, oiga"].

17 Cuando Jesús entró en casa, aparte de la multitud, sus discípulos le preguntaron acerca de la parábola.

18 El les dijo: "¿Tampoco vosotros entendéis? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no lo puede contaminar?

19 "Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y después sale de su cuerpo". Así declaraba limpios todos los alimentos.

20 Pero agregó: "Lo que sale del hombre eso lo contamina.

21 "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, adulterios, fornicaciones, homicidios,

22 "hurtos, avaricias, maldades, engaño, vicios, envidias, chismes, soberbia, insensatez;

23 "todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre".

24 De allí Jesús se fue a la región de Tiro y Sidón. Entró en una casa, y quiso que nadie lo supiera, pero no pudo esconderse.

25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu impuro, en seguida que oyó de él, vino y se echó a sus pies.

26 La mujer era griega, sirofenicia de nacimiento. Y le rogó que echase al demonio fuera de su hija.

27 Pero Jesús le dijo: "Deja que primero se sacien los hijos. No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos".

28 Ella respondió: "Sí, Señor. Pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos".

29 Entonces le dijo: "Por lo que has dicho, puedes irte. El demonio ha salido ya de tu hija".

30 Y cuando ella llegó a su casa, encontró a su hija en cama, y que el demonio había salido.

31 Entonces Jesús salió de Tiro, y vino por Sidón al mar de Galilea, atravesando Decápolis.

32 Allí le trajeron a un sordo y tartamudo, y le rogaron que pusiera su mano encima.

33 Jesús lo llevó aparte de la gente, y puso sus dedos en las orejas del hombre. Con saliva tocó su lengua,

34 y mirando al cielo, suspiró, y le dijo: "Efata", que significa: "Äbrete".

35 Al instante se abrieron sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y empezó a hablar claramente.

36 Les mandó que no lo dijesen a nadie. Pero cuanto más les mandaba, tanto más lo divulgaban.

37 Y la gente abrumada de asombro decía: "Todo lo hace bien. Hasta hace oír a los sordos, y a los mudos hablar".

8

1 En aquellos días, se juntó una gran multitud, y no tenían qué comer. Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:

2 "Tengo compasión de la multitud, porque hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer.

3 "Si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán por el camino, porque algunos han venido de lejos".

4 Sus discípulos respondieron: "¿De dónde podrá alguien saciar de pan a tanta gente, aquí en este despoblado?"

5 Les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis?" Ellos respondieron: "Siete".

6 Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra. Y tomando los siete panes, dio gracias, partió, y fue dando a sus discípulos para que los repartieran. Y ellos hicieron así.

7 Tenían también unos pocos pescaditos. Los bendijo, y mandó que también los repartieran.

8 Y comieron hasta saciarse, y levantaron siete cestas de pedazos sobrantes.

9 Los que comieron eran como cuatro mil hombres. Y los despidió.

10 En seguida entró en la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.

11 Entonces vinieron los fariseos y empezaron a discutir con él, y a pedirle una señal del cielo, para ponerlo a prueba.

12 Suspirando profundamente, dijo: "¿Por qué esta generación pide señal? Os aseguro que no se dará señal a esta generación".

13 Y dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la otra orilla.

14 Los discípulos habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.

15 Jesús les advirtió: "Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de Herodes".

16 Y discutían entre sí diciendo: "Es porque no trajimos pan".

17 Al darse cuenta, les dijo: "¿Por qué estáis hablando que no tenéis pan? ¿No veis ni entendéis? ¿Aún tenéis la mente embotada?

18 "¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿Y no recordáis?

19 "Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos juntasteis?" Respondieron: "Doce".

20 "Y cuando partí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos juntasteis?" Respondieron: "Siete".

21 Y les dijo: "¿Cómo aún no entendéis?"

22 Entonces fueron a Betsaida. Allí trajeron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocase.

23 Entonces, tomó la mano del ciego, y lo sacó fuera de la aldea. Puso saliva en sus ojos, colocó las manos encima, y le preguntó si veía algo.

24 El, mirando dijo: "Veo hombres que parecen árboles que andan".

25 Puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le dijo que mirase. Y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.

26 Entonces lo envió a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en la aldea".

27 Jesús y sus discípulos salieron por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?"

28 Ellos respondieron: "Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas".

29 Entonces volvió a preguntar: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" Pedro respondió: "Tú eres el Cristo".

30 Y les mandó que no dijeran eso a nadie.

31 Entonces empezó a enseñarles que el Hijo del Hombre tenía que padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas. Que lo iban a matar, pero que después de tres días resucitaría.

32 Les dijo esto claramente. Entonces Pedro lo tomó aparte y empezó a reprenderlo.

33 Pero él se volvió, miró a sus discípulos, y reprendió a Pedro, diciendo: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque no piensas como piensa Dios, sino como piensan los hombres".

34 Luego Jesús llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.

35 "Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

36 "¿Qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo, y pierde su vida?

37 "O, ¿qué puede dar el hombre por su vida?

38 "El que se avergüence de mí y de mis Palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles".

9

1 También les dijo: "Os aseguro que algunos de los que están aquí, no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con poder".

2 Seis días después Jesús llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, a ellos solos aparte, a un monte alto. Y se transfiguró ante ellos.

3 Su vestido se volvió resplandeciente, muy blanco, tanto que ningún lavador en la tierra lo puede blanquear así.

4 Y aparecieron Elías y Moisés, que hablaban con Jesús.

5 Entonces Pedro dijo a Jesús: "Maestro, será bueno que nos quedemos aquí, y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".

6 Porque no sabía qué decir, pues estaban espantados.

7 Entonces vino una nube que los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube dijo: "¡Este es mi Hijo amado! ¡A él escuchad!"

8 De pronto al mirar, no vieron más a nadie con ellos, sino a Jesús solo.

9 Al descender del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de los muertos.

10 Y guardaron la palabra, preguntando entre ellos qué sería eso de resucitar de los muertos.

11 Le preguntaron: "¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?

12 El respondió: "A la verdad Elías vendrá primero, a restaurar todas las cosas. Pero, ¿no está escrito que el Hijo del Hombre debe padecer mucho y ser despreciado?

13 "Sin embargo, os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él".

14 Cuando llegaron a donde estaban los discípulos, Jesús vio una multitud que los rodeaba, y unos escribas que discutían con ellos.

15 Al ver a Jesús, la gente quedó sorprendida, y corrieron a saludarlo.

16 Jesús les preguntó: "¿Qué discutís con ellos?"

17 Uno de la multitud respondió: "Maestro, traje mi hijo a ti, que tiene un espíritu mudo.

18 "Y dondequiera que se apodera de él, lo despedaza, y el niño echa espuma, y cruje los dientes, y lo deja rígido. Pedí a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron".

19 Respondió Jesús: "¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedlo".

20 Y lo trajeron. Cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, que cayó en tierra, y se revolcaba, y echaba espuma.

21 Jesús preguntó a su padre: "¿Cuánto tiempo hace que le acontece esto?" El dijo: "Desde niño.

22 "Y muchas veces lo echa en el fuego y en el agua, para matarlo. Si puedes algo, ayúdanos. Compadécete de nosotros".

23 Y Jesús replicó: "Si puedes creer, al que cree todo es posible".

24 Al instante el padre del muchacho clamó: "¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!"

25 Cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo. Le dijo: "Espíritu mudo y sordo, te mando: Sal de él, y no vuelvas a entrar más en él".

26 Entonces el espíritu clamando, lo sacudió con violencia, y salió. Y el muchacho quedó como muerto. Y muchos decían: "Está muerto".

27 Pero Jesús lo tomó de la mano, lo enderezó, y se levantó.

28 Cuando Jesús entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: "¿Por qué nosotros no lo pudimos echar?"

29 Les dijo: "Este género con nada puede salir, sino con oración [y ayuno]".

30 De allí salieron y pasaron por Galilea. Jesús no quería que nadie lo supiese.

31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: "El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres, y lo matarán. Pero al tercer día resucitará".

32 Sin embargo, ellos no entendían lo que les decía, y temían preguntarle.

33 Llegaron a Capernaum, y cuando estuvo en casa, Jesús les preguntó: "¿"Qué discutíais en el camino?"

34 Pero ellos callaron porque en el camino habían discutido quién era el mayor.

35 Entonces él se sentó, llamó a los doce, y les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, debe ser el último de todos, y el servidor de todos".

36 Después tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo estrechó en sus brazos, y les dijo:

37 "El que recibe a uno de estos niños en mi Nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me envió".

38 Juan le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que en tu Nombre echaba demonios, y se lo prohibimos, porque no nos sigue".

39 Jesús les dijo: "No se lo prohibáis, porque ninguno que haga un milagro en mi Nombre, podrá después hablar mal de mí.

40 "Porque el que no está contra nosotros, está por nosotros.

41 "Y el que os dé un vaso de agua en mi Nombre, porque sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa".

42 "Cualquiera que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, será mejor que le aten una piedra de molino al cuello, y lo echen al mar.

43 "Si tu mano te hace caer en pecado, córtala. Es mejor que entres a la vida manco, que teniendo dos manos, ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado.*

44

45 "Si tu pie te es ocasión de caer, córtalo. Mejor es entrar a la vida tullido, que teniendo dos pies, ser echado en el infierno.

46

47 "Si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo. Mejor es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno,

48 "donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga.

49 "Porque todos serán salados con fuego.

50 "Buena es la sal, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos, y tened paz unos con otros".

10

1 De allí Jesús partió, y fue a la región de Judea, tras el Jordán. Y el pueblo volvió a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.

2 Y algunos fariseos le preguntaron, para ponerlo a prueba, si era permitido que un hombre se divorcie de su esposa.

3 El respondió: "¿Qué os mandó Moisés?"

4 Ellos dijeron: "Moisés permitió escribir carta de divorcio, y despedirla".

5 Jesús replicó: "Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandato.

6 "Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer.

7 "Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa.

8 "Y los que eran dos, serán una carne. Así, ya no son más dos, sino uno.

9 "Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre".

10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle lo mismo.

11 Y les dijo: "El que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio contra ella.

12 "Y si ella se divorcia de su esposo, y se casa con otro, comete adulterio".

13 Trajeron unos niños a Jesús para que los tocara, y los discípulos los reprendieron.

14 Al verlo. Jesús se enojó, y les dijo: "Dejad a los niños que vengan a mí. No se lo impidáis, porque de ellos es el reino de Dios.

15 "Os aseguro, el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él".

16 Y él tomó a los niños en sus brazos, puso las manos sobre ellos, y los bendijo.

17 Al salir Jesús para seguir su camino, un hombre llegó corriendo, e hincándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?"

18 Jesús respondió: "¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno, sino sólo uno, Dios.

19 "Ya sabes los Mandamientos. No cometas adulterio, no mates, no hurtes, no digas falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre".

20 Entonces el hombre respondió: "Maestro, todo eso guardé desde mi juventud".

21 Entonces Jesús lo miró con amor, y le dijo: "Una cosa te falta. Ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven, y sígueme".

22 Pero al oír esto, se apenó, y se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

23 Entonces Jesús, miró alrededor, y dijo a sus discípulos: "¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!"

24 Los discípulos se espantaron de sus palabras, pero Jesús les volvió a decir: "¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios [a los que confían en las riquezas]!

25 "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios".

26 Ellos se espantaron aún más, y decían: "Entonces, ¿quién podrá ser salvo?"

27 Jesús los miró, y les dijo: "Para los hombres es imposible, para Dios, no. Para Dios todo es posible".

28 Entonces Pedro le dijo: "Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".

29 Jesús respondió: "Os aseguro que ninguno que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, esposa o hijos, o heredades, por causa de mí y del evangelio,

30 "dejará de recibir cien tantos ahora, en este tiempo, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.

31 "Pero muchos primeros serán últimos, y últimos, primeros".

32 Iban de camino a Jerusalén. Jesús iba delante de los discípulos, y ellos estaban asombrados, y lo seguían con miedo. Entonces volvió a tomar a los doce aparte, y empezó a decir las cosas que le iban a suceder.

33 Les dijo: "Subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles.

34 "Se burlarán de él, y lo azotarán, le escupirán, y lo matarán. Pero al tercer día resucitará".

35 Entonces Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron a él, y le dijeron: "Maestro, quisiéramos que nos concedas lo que vamos a pedirte".

36 El les preguntó: "¿Qué queréis que os haga?"

37 Ellos le dijeron: "Concédenos que en tu gloria nos sentemos uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda".

38 Entonces Jesús les dijo: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?"

39 Ellos contestaron: "Podemos". Y Jesús les dijo: "A la verdad, de la copa que yo bebo, beberéis; y del bautismo con que soy bautizado, seréis bautizados.

40 "Pero sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a quienes está reservado".

41 Cuando lo oyeron los diez, empezaron a enojarse con Santiago y Juan.

42 Pero Jesús los llamó, y les dijo: "Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones, se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas.

43 "Pero entre vosotros no será así. Antes el que quiera ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor.

44 "Y el que quiera ser el primero, sea siervo de todos.

45 "Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos".

46 Entonces llegaron a Jericó. Y cuando Jesús, sus discípulos y una gran compañía, salían de Jericó, el ciego Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.

47 Al oír que era Jesús el nazareno, empezó a gritar y a decir: "¡Jesús! ¡Hijo de David! ¡Ten misericordia de mí!"

48 Y muchos lo reprendieron para que callara. Pero él daba mayores voces: "¡Hijo de David! ¡Ten misericordia de mí!"

49 Entonces Jesús se detuvo, y lo mandó llamar. Lo llamaron diciéndole: "Ten confianza. Levántate, te llama".

50 El entonces, arrojó su capa, se levantó y vino a Jesús.

51 Y Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que te haga?" El ciego respondió: "Maestro, ¡que recobre la vista!"

52 Jesús le dijo: "Puedes irte. Tu fe te ha sanado". Y en el acto recobró la vista, y siguió a Jesús por el camino.

11

1 Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos.

2 Les dijo: "Id a la aldea que está frente a vosotros. En seguida de entrar en ella, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre se ha sentado. Desatadlo y traedlo.

3 "Si alguien os dijera: '¿Por qué hacéis eso?' Decid que el Señor lo necesita y en seguida lo devolverá".

4 Fueron y hallaron el pollino atado a una puerta, del lado de afuera, en el camino. Y lo desataron.

5 Algunos de los que estaban allí les dijeron: "¿Qué hacéis desatando el pollino?"

6 Ellos respondieron como Jesús había mandado, y los dejaron.

7 Trajeron el pollino a Jesús, echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él.

8 Y muchos tendieron sus vestidos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían.

9 Los que iban delante y los que venían detrás, daban voces diciendo: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!

10 "¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Gloria en las alturas!"

11 Y Jesús entró en Jerusalén, en el templo. Después de observar todas las cosas, y como ya era tarde, se fue a Betania con los doce.

12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre.

13 Viendo de lejos una higuera con hojas, se acercó a ver si hallaba algo en ella. Al llegar, nada halló sino hojas, porque no era tiempo de higos.

14 Entonces Jesús dijo a la higuera: "Nunca más coma nadie fruto de ti". Y lo oyeron sus discípulos.

15 Vinieron a Jerusalén, y al entrar Jesús en el templo, empezó a echar a los que estaban vendiendo y comprando en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,

16 y no consentía que alguien llevase objetos por el templo.

17 Les enseñaba diciendo: "¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración, para todas las naciones? Pero vosotros la habéis hecho una cueva de ladrones".

18 Lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban la manera de matarlo. Pero le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.

19 Al atardecer, Jesús salió de la ciudad.

20 Al pasar por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde la raíz.

21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: "Maestro, la higuera que maldijiste, se ha secado".

22 Jesús respondió: "Tened fe en Dios.

23 "Os aseguro que cualquiera que diga a este monte: 'Quítate y échate en el mar', sin dudar en su corazón, sino creyendo que será hecho lo que dice, lo conseguirá.

24 "Por tanto, os digo que todo lo que pidáis en oración, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

25 "Y cuando estéis orando, si tenéis algo contra alguien, perdonadlo, para que vuestro Padre que está en los cielos, perdone también vuestras ofensas.

26 "[Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos perdonará vuestras ofensas]".

27 Volvieron a Jerusalén. Y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,

28 y le dijeron: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te autorizó para hacerlas?"

29 Jesús respondió: "Yo también os haré una pregunta. Respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas.

30 "El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme".

31 Entonces ellos pensaron: "Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué no le creísteis?

32 "Si decimos de los hombres. . ." Temían al pueblo, porque todos tenían a Juan por un verdadero profeta.

33 Así, respondieron a Jesús: "No sabemos". Entonces Jesús les contestó: "Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas".

12

1 Entonces Jesús empezó a hablarles en parábolas. Les dijo: "Un hombre plantó una viña, y la cercó. Cavó un lagar, y edificó una torre. La arrendó a labradores, y partió lejos.

2 "A su debido tiempo, envió un siervo a los labradores, para recibir el fruto de la viña.

3 "Pero ellos, tomándolo, lo golpearon y enviaron vacío.

4 "Volvió a enviar a otro siervo, pero lo apedrearon, le hirieron la cabeza, y lo avergonzaron.

5 "Volvió a enviar otro, y a éste mataron. Envió a otros muchos, y a unos hirieron y a otros mataron.

6 "Por último, teniendo aún a su hijo amado, lo envió también a ellos, diciendo: 'Respetarán a mi hijo'.

7 "Pero esos labradores dijeron entre sí: 'Este es el heredero. Matémoslo, y la heredad será nuestra'.

8 "Y prendiéndolo, lo mataron y echaron su cuerpo fuera de la viña.

9 "¿Qué hará, pues, el dueño de la viña? Vendrá, y destruirá a esos labradores, y dará su viña a otros.

10 "¿Ni aun esta Escritura habéis leído: 'La piedra que desecharon los edificadores, vino a ser cabeza de esquina.

11 "'Por el Señor es hecho esto, y es una maravilla en nuestros ojos?"'

12 Entonces quisieron prenderlo, porque entendieron que había dicho esa parábola contra ellos. Pero como temían a la multitud, lo dejaron y se fueron.

13 Más tarde enviaron algunos fariseos y herodianos, para que sorprendieran a Jesús en alguna palabra.

14 Llegaron y le dijeron: "Maestro, sabemos que eres sincero, que no te dejas llevar por nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. ¿Es correcto dar tributo a César, o no? ¿Debemos pagar, o no?

15 Entonces él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: "¿Por qué me tentáis? Traed la moneda para que la vea".

16 Ellos se la trajeron, y él les preguntó: "¿De quién es esta imagen y esta inscripción?" Ellos contestaron: "De César".

17 Entonces Jesús respondió: "Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios". Y quedaron maravillados de él.

18 Entonces los saduceos, que dicen que no hay resurrección, vinieron a Jesús, y le preguntaron:

19 "Maestro, Moisés nos escribió, que si alguno muere y deja a su esposa sin hijos, que su hermano se case con ella, para dar descendientes a su hermano.

20 "Hubo siete hermanos. El primero se casó, y murió sin dejar hijos.

21 "El segundo se casó con ella, y murió sin hijos. Lo mismo sucedió con el tercero.

22 Y ninguno de los siete dejó hijos. Al final murió también la mujer.

23 "En la resurrección, ¿esposa de cuál será, pues los siete la tuvieron por esposa?"

24 Entonces Jesús respondió: "¿No erráis por desconocer las Escrituras y el poder de Dios?

25 "Porque cuando los muertos resuciten, ni se casarán, ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles que están en los cielos.

26 "Y acerca de que los muertos hayan de resucitar, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cuando desde la zarza, Dios le dijo: "Yo Soy el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob?

27 "Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Así que vosotros estáis muy equivocados".

28 Se acercó uno de los escribas que los había oído discutir, y sabía que les había respondido bien, y le preguntó: "¿Cuál es el primer Mandamiento de todos?"

29 Jesús respondió: "El primer Mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

30 "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y todas tus fuerzas'.

31 "Y el segundo es semejante: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo'. No hay Mandamiento mayor que éstos".

32 Entonces el escriba le dijo: "¡Bien, Maestro! Has dicho la verdad que uno es Dios, y no hay otro fuera de él.

33 "Y que amarlo con todo el corazón, todo el entendimiento y todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios".

34 Cuando Jesús vio que el escriba había respondido sabiamente, le dijo: "No estás lejos del reino de Dios". Y ya nadie se atrevió a preguntarle más.

35 Mientras Jesús enseñaba en el templo, preguntó: "¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?

36 "Porque el mismo David, movido por el Espíritu Santo, declaró: 'Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies'.

37 "Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo es su hijo?" Y la gran multitud lo escuchaba con agrado.

38 En su enseñanza, Jesús decía: "Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, de ser saludados en las plazas,

39 "de ocupar las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las fiestas,

40 "que devoran las casas de las viudas, y para disimularlo hacen largas oraciones. Esos recibirán mayor condenación".

41 Jesús se sentó frente al arca de la ofrenda, y miraba cómo la gente echaba dinero en el arca. Muchos ricos echaban mucho.

42 Y vino también una viuda pobre, y echó dos moneditas de muy poco valor.

43 Entonces Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: "Os aseguro que esta viuda pobre echó más que todos los demás en el arca.

44 "Porque todos dieron de sus sobras, pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su alimento.

13

1 Cuando Jesús salía del templo, uno de sus discípulos, le dijo: "Maestro, mira qué piedras y qué edificios".

2 Jesús respondió: "¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada".

3 Cuando Jesús se sentó en el monte de los Olivos, que está frente al templo, Pedro y Santiago, Juan y Andrés, le preguntaron:

4 "Dinos, cuándo serán estas cosas? Y, ¿qué señal habrá cuando todas estas cosas estén por cumplirse?"

5 Jesús les dijo: "Mirad que nadie os engañe.

6 "Porque vendrán muchos en mi Nombre, diciendo: 'Yo soy el Cristo', y engañarán a muchos.

7 "Cuando oigáis de guerras y rumores de guerras no os turbéis, porque es necesario que esto suceda, pero aún no será el fin.

8 "Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Y habrá terremotos en muchos lugares, y hambres y alborotos. Y esto será el principio de los dolores.

9 "Mirad por vosotros, porque os entregarán a los tribunales, en las sinagogas seréis azotados, y os llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa, por testimonio a ellos.

10 "Es necesario que antes el evangelio sea predicado a todas las naciones.

11 "Y cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir. Decid lo que se os dé en aquella hora, porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu Santo.

12 "El hermano entregará a la muerte al hermano, el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.

13 "Seréis aborrecidos de todos por mi Nombre; pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

14 Cuando veáis que la abominación asoladora [mencionada por el profeta Daniel] está donde no debe —el que lee, entienda—, entonces los que estén en Judea huyan a los montes,

15 "el que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre a tomar algo de su casa,

16 "y el que esté en el campo, no vuelva a buscar su capa.

17 "¡Ay de las que estén encinta, y de las que críen en esos días!

18 "Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno.

19 "Porque en aquellos días habrá tal tribulación como nunca hubo desde el principio del mundo que creó Dios, hasta ese tiempo, ni la habrá.

20 "Y si el Señor no abreviara esos días, ninguna carne se salvaría. Pero por causa de los que él eligió, abreviará esos días.

21 "Entonces si alguno os dice: 'Aquí está el Cristo, o allí', no creáis.

22 "Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuera posible, aun a los elegidos.

23 "Pero vosotros mirad, os lo dije todo de antemano.

24 "Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se obscurecerá, la luna no dará su resplandor,

25 "las estrellas caerán del cielo, y los poderes del cielo serán conmovidos.

26 "Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

27 "Entonces él enviará a sus ángeles, y juntará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 "De la higuera aprended la parábola. Cuando su rama se enternece y brotan las hojas, sabéis que el verano se acerca.

29 "Así también vosotros, cuando veáis que estas cosas suceden, sabed que está cerca, a las puertas.

30 "Os aseguro que no pasará esta generación, sin que todo esto suceda.

31 "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras nunca pasarán.

32 "Pero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.

33 "Velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo.

34 "Es como el hombre que partió lejos, dejó su casa, y dio facultad a sus siervos, a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.

35 "Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo, o a la mañana.

36 "Para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.

37 "Y lo que digo a vosotros, a todos digo: Velad".

14

1 Dos días después era la Pascua, y la fiesta del pan sin levadura. Los principales sacerdotes y los escribas procuraban prender a Jesús por engaño, y darle muerte.

2 Decían: "No sea en el día de la fiesta, para no alborotar al pueblo".

3 Cuando Jesús estaba en Betania, en casa de Simón el leproso, sentado a la mesa, vino una mujer con un frasco de alabastro con perfume de nardo puro, de mucho precio. Quebró el frasco, y lo derramó sobre su cabeza.

4 Y algunos de los presentes se enojaron, y dijeron dentro de sí: "¿Para qué este desperdicio de perfume?

5 "Se podía haber vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres". Y murmuraban contra ella.

6 Pero Jesús dijo: "Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.

7 "A los pobres siempre los tendréis con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien. Pero a mí, no siempre me tendréis.

8 "Ella hizo lo que pudo. Se anticipó a ungir mi cuerpo para la sepultura.

9 "Os aseguro que dondequiera que se predique este evangelio en todo el mundo, se contará lo que ella hizo, y así será recordada".

10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes, para entregar a Jesús.

11 Al oírlo, ellos se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas empezó a buscar la oportunidad de entregarlo.

12 El primer día de la fiesta del pan sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, sus discípulos le dijeron: "¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la Pascua?"

13 Entonces envió a dos de sus discípulos, y les dijo: "Id a la ciudad y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidlo.

14 "Y donde entre, decid al dueño de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento en que he de comer la Pascua con mis discípulos?

15 "El os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto. Preparad para nosotros allí".

16 Sus discípulos fueron a la ciudad, hallaron como él les había dicho, y prepararon la Pascua.

17 Al atardecer, Jesús llegó con los doce.

18 Cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, Jesús les dijo: "Os aseguro que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar".

19 Entonces ellos empezaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: "¿Soy yo?"

20 El respondió: "Es uno de los doce que moja conmigo en el plato.

21 "El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él. Pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del Hombre es entregado! Más le valdría nunca haber nacido".

22 Y mientras ellos comían, Jesús tomó un pan, y lo bendijo. Lo partió, y les dio, diciendo: "Tomad, esto es mi cuerpo".

23 Luego tomó la copa, y habiendo dado gracias, les dio, y bebieron de ella todos.

24 Y les dijo: "Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada en favor de muchos.

25 "Os aseguro que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando he de beber con vosotros vino nuevo en el reino de Dios".

26 Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.

27 Entonces Jesús les dijo: "Todos os escandalizaréis esta noche, porque escrito está: 'Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas'.

28 "Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea".

29 Entonces Pedro le dijo: "Aunque todos se escandalicen, yo no".

30 Respondió Jesús: "Te aseguro que hoy, en esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces".

31 Pero él, con mayor insistencia dijo: "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré". Y todos dijeron lo mismo.

32 Entonces fueron al lugar que se llama Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: "Sentaos aquí, entre tanto que yo oro".

33 Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y empezó a sentir pavor y angustia.

34 Les dijo: "Mi alma está abrumada de tristeza, hasta el punto de morir. Quedaos aquí, y velad".

35 Y adelantándose un poco, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.

36 Decía: "¡Padre, Padre! Todas las cosas son posibles para ti. ¡Aparta de mí esta copa! Sin embargo, no lo que yo quiero, sino lo que tú quieras".

37 Entonces volvió, y los halló durmiendo. Y dijo a Pedro: "Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?

38 "Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu a la verdad está pronto, pero la carne es débil".

39 De nuevo fue y oró, diciendo las mismas palabras.

40 Al volver, los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño, y no sabían qué responderle.

41 Vino la tercera vez, y les dijo: "¿Todavía estáis durmiendo, y descansando? Basta. Ha llegado la hora. El Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.

42 "¡Levantaos, vamos! El que me entrega se acerca".

43 Mientras él aún hablaba, llegó Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos.

44 El que lo entregaba les había dado señal, diciendo: "Al que yo bese, ése es, prendedlo y llevadlo con seguridad".

45 Cuando se acercó a Jesús, le dijo: "¡Maestro! ¡Maestro!" Y lo besó.

46 Entonces ellos le echaron mano y lo prendieron.

47 Y uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja.

48 Entonces Jesús les dijo: "¿Como a un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme?

49 "Cada día estuve con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. Pero así se cumplen las Escrituras".

50 Entonces todos sus discípulos lo dejaron, y huyeron.

51 Pero un joven lo seguía cubierto sólo con una sábana. Ellos lo prendieron,

52 y él, dejando la sábana, huyó sin vestido.

53 Entonces llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote. Y se reunieron los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas.

54 Pedro lo siguió de lejos, hasta dentro del patio del sumo sacerdote, y se sentó con los servidores a calentarse ante el fuego.

55 Los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarlo a la muerte, pero no lo hallaban.

56 Muchos testificaban falsamente contra él, pero sus testimonios no concordaban.

57 Entonces se levantaron algunos, y dieron falso testimonio contra él, diciendo:

58 "Nosotros le hemos oído decir: 'Yo derribaré este templo hecho por manos humanas, y en tres días edificaré otro hecho sin mano' ".

59 Y ni aun así concordaba el testimonio de ellos.

60 Entonces el sumo sacerdote se levantó y preguntó a Jesús: "¿No respondes nada? ¿Qué atestiguan éstos contra ti"

61 Pero él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar: "¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?"

62 Jesús respondió: "Yo Soy. Y además, veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Todopoderoso, y lo veréis en su venida en las nubes del cielo.

63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?

64 "Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?" Y todos lo declararon digno de muerte.

65 Algunos empezaron a escupir en él, a cubrir su rostro, a darle bofetadas y decirle: "Profetiza". Y los servidores lo herían a bofetadas.

66 Pedro estaba en el patio. Pasó una criada del sumo sacerdote,

67 y al ver a Pedro que se calentaba, lo miró, y le dijo: "Tú también estabas con Jesús el nazareno".

68 Pero él negó, diciendo: "No lo conozco, ni sé lo que dices". Y salió fuera a la entrada. Y en eso cantó el gallo.

69 La criada al verlo otra vez, empezó a decir a los que estaban allí: "Este es de ellos".

70 Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron a Pedro: "En verdad tú eres de ellos, porque eres galileo".

71 Y él se puso a maldecir y a jurar: "No conozco a ese hombre de quien habláis".

72 Y en seguida el gallo cantó por segunda vez. Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: "Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces". Y pensando en esto, se echó a llorar.

15

1 Apenas amaneció, los principales sacerdotes, los ancianos, los escribas y todo el concilio tuvieron un consejo, y llevaron a Jesús atado, y lo entregaron a Pilato.

2 Pilato le preguntó: "¿Eres tú el Rey de los judíos?" El respondió: "Así es, como tú dices".

3 Y los principales sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

4 Otra vez Pilato le preguntó: "¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan".

5 Pero Jesús, ni aun con eso respondió. De modo que Pilato se maravillaba.

6 En cada fiesta Pilato les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen.

7 Había uno, llamado Barrabás, preso con sus compañeros de motín, que habían cometido un homicidio en una revuelta.

8 Vino la multitud, y pidió que Pilato hiciera como acostumbraba.

9 Pilato respondió: "¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?"

10 Porque se daba cuenta que los principales sacerdotes lo habían entregado por envidia.

11 Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud a que soltase más bien a Barrabás.

12 De nuevo Pilato les dijo: "Entonces, ¿qué queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?"

13 Ellos volvieron a gritar: "¡Crucifícalo!"

14 Pilato replicó: "¿Qué mal ha hecho?" Y ellos gritaban más aún: "¡Crucifícalo!"

15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuese crucificado.

16 Entonces los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la compañía.

17 Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas,

18 y empezaron a saludarlo: "¡Salve, Rey de los judíos!"

19 Lo golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían, y se postraban ante él.

20 Después de haberse burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus propios vestidos, y lo sacaron para crucificarlo.

21 Obligaron a un hombre que pasaba, Simón cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que llevase la cruz de Jesús.

22 Lo llevaron al lugar llamado Gólgota, que significa: La Calavera.

23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.

24 Cuando lo hubieron crucificado, los soldados repartieron sus vestidos entre sí, echando suertes sobre ellos, para ver qué llevaría cada uno.

25 Era la hora tercera (9 de la mañana) cuando lo crucificaron.

26 Encima escribieron el título de su causa: "Rey de los judíos".

27 Crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.

28 [Así se cumplió la Escritura: "Con los inicuos fue contado"].

29 Los que pasaban lo insultaban, meneando sus cabezas, y diciendo: "¡Eh! Tú que derribas el templo de Dios y lo edificas en tres días.

30 "Sálvate a ti mismo. Desciende de la cruz".

31 Igualmente, los principales sacerdotes se burlaban de él, diciendo con los escribas: "A otros salvó. A sí mismo no se puede salvar.

32 "El Cristo, el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos". Hasta los que estaban crucificados con él lo insultaban.

33 Cuando llegó la hora sexta (el mediodía), hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena (3 de la tarde).

34 Y a la hora novena, Jesús exclamó a gran voz: "Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?", que quiere decir: "¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?"

35 Al oírlo, algunos de los que estaban cerca, dijeron: "Está llamando a Elías".

36 Uno de ellos corrió, empapó una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: "Dejad, veamos si viene Elías a bajarlo".

37 Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró.

38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, desde arriba hacia abajo.

39 Y el centurión que estaba frente a Jesús, al ver que había expirado así, exclamó: "¡Realmente, este hombre era el Hijo de Dios!"

40 Algunas mujeres estaban mirando desde lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé.

41 En Galilea estas mujeres lo habían seguido y servido. Muchas otras mujeres que con él habían subido a Jerusalén, estaban también allí.

42 Y al atardecer, como era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado,

43 José de Arimatea, miembro del Concilio, que también esperaba el reino de Dios, fue osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto. Llamó al centurión y le preguntó si Jesús ya estaba muerto.

45 Informado por el centurión, dio el cuerpo a José.

46 José compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro cavado en una peña. Después hizo rodar una piedra a la puerta del sepulcro.

47 María Magdalena y María madre de José vieron dónde fue puesto.

16

1 Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María madre de Santiago, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús.

2 Y muy de mañana, apenas salido el sol, el primer día de la semana, fueron al sepulcro.

3 Decían entre sí: "¿Quién nos retirará la piedra de la entrada del sepulcro?"

4 Pero al mirar, vieron la piedra, que era muy grande, ya retirada.

5 Y al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca, y se espantaron.

6 Pero él les dijo: "No os asustéis. Buscáis a Jesús nazareno, que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Mirad el lugar donde lo habían puesto.

7 "Id, y decid a sus discípulos y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea. Allá lo veréis, como os dijo".

8 Y ellas salieron huyendo del sepulcro, porque las había tomado temblor y espanto. Ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.

9 Después que Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana, apareció primero a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.

10 Ella fue y avisó a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.

11 Cuando ellos oyeron que Jesús vivía, y que ella lo había visto, no lo creyeron.

12 Después Jesús apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino por el campo.

13 Y ellos fueron y avisaron a los otros. Y ni aun a éstos creyeron.

14 Finalmente apareció a los once, cuando estaban a la mesa. Reprendió su incredulidad y dureza de corazón, por no haber creído a los que lo habían visto resucitado.

15 Y les dijo: "Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura.

16 "El que crea y sea bautizado, será salvo. Pero el que no crea, será condenado.

17 "Y estas señales seguirán a los que crean: En mi Nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas,

18 "tomarán serpientes en su mano, y aunque beban cosa mortífera, no les dañará. Sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán".

19 Después que el Señor les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.

20 Y ellos, salieron y predicaron en todas partes. Y el Señor les ayudaba, y confirmaba la Palabra con las señales que seguían.