1

1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey de Jerusalén.

2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador. Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

4 Generación va y generación viene, pero la tierra permanece para siempre.

5 Sale el sol, se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde nace.

6 El viento tira hacia el sur y rodea al norte. Va girando de continuo, y vuelve de nuevo a girar.

7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena. Al lugar de donde los ríos vinieron, vuelven a correr de nuevo.

8 Todas las cosas son más fatigosas de lo que el hombre puede expresar. Ni los ojos se hartan de ver, ni los oídos de oír.

9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará. Nada nuevo hay bajo el sol.

10 ¿Hay algo de que se pueda decir: "Esto es nuevo"? Ya fue en los siglos que nos precedieron.

11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

12 Yo, el Predicador, fui rey sobre Israel en Jerusalén.

13 Di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría todo lo que se hace debajo del cielo. Este penoso trabajo impuso Dios a los hombres.

14 Miré todas las obras que se hacen debajo del sol, y vi que todo es vanidad y correr tras el viento.

15 Lo torcido no se puede enderezar, y lo falto no se puede contar.

16 Hablé con mi corazón, y dije: "Tengo más grandeza y más sabiduría que cuantos me precedieron en Jerusalén. Mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia".

17 Y me dediqué a conocer la sabiduría, y a entender las locuras y los desvaríos. Y conocí que aun esto era correr tras el viento.

18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

2

1 Entonces me dije: "Ven, te probaré con alegría, y gozarás de bienes". Pero esto también es vanidad.

2 A la risa dije: "Enloqueces", y al placer: "¿De qué sirve?"

3 Propuse agasajarme con vino, rigiéndome en todo por la sabiduría, y entregarme a la necedad, hasta ver qué es lo mejor que los hombres pueden hacer debajo del cielo en los pocos días de su vida.

4 Engrandecí mis obras, me edifiqué casas, planté viñas,

5 hice huertos y jardines, y planté en ellos toda clase de árboles frutales.

6 Construí estanques de agua para regar el bosque donde los árboles crecían.

7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa. También tuve posesión grande de vacas y ovejas, más que los que fueron antes de mí en Jerusalén.

8 Allegué plata y oro, y tesoro preciado de reyes y provincias. Procuré cantores y cantoras, deleites humanos e instrumentos músicos de toda suerte.

9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Además, conservé mi sabiduría.

10 No negué a mis ojos ningún deseo, ni aparté mi corazón de placer alguno. Mi corazón gozó de todo mi trabajo, y ésta fue mi parte de toda mi faena.

11 Miré luego todas las obras que había hecho, y el trabajo que tomé para hacerlas; y vi que todo era vanidad y correr tras el viento, sin provecho debajo del sol.

12 Después volví a considerar la sabiduría, los desvaríos y la necedad. ¿Qué más podrá hacer el que reine después de mí, más de lo que ha sido hecho?

13 Y vi que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.

14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, pero el necio anda en tinieblas. Sin embargo, entendí que lo mismo le sucede a uno que al otro.

15 Entonces dije en mi corazón: "Como sucede al necio, me sucederá también a mí. ¿Qué gano con ser más sabio?" Y pensé en mi corazón, que esto también es vanidad.

16 Porque ni del sabio ni del necio quedará memoria para siempre. En los días venideros los dos serán olvidados. Tanto el sabio como el necio morirán.

17 Por tanto, aborrecí la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y correr tras el viento.

18 Aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, ya que tendré que dejarlo al que venga después de mí.

19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio, el que se enseñoreará del trabajo y la sabiduría en que me afané debajo del sol? Esto también es vanidad.

20 Por tanto, me volví a desesperanzar acerca de todo el trabajo en que ocupé mi sabiduría debajo del sol.

21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, ciencia y rectitud, y tenga que dar su hacienda a otro que nunca trabajó en ella! También esto es vanidad y grande mal.

22 Porque, ¿qué recibe el hombre de todo su trabajo y fatiga con que se afana debajo del sol?

23 Porque todos sus días son sólo dolores, y sus trabajos molestias. Ni aun de noche su corazón reposa. Esto también es vanidad.

24 No hay cosa mejor para el hombre que coma y beba, y se alegre en su trabajo. Esto viene de la mano de Dios.

25 Porque sin él, ¿quién comerá, y hallará satisfacción?

26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo. Pero al pecador le da trabajo, que allegue y amontone, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y correr tras el viento.

3

1 Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su tiempo, todo tiene su tiempo, todo tiene su hora.

2 Tiempo de nacer y tiempo de morir. Tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado.

3 Tiempo de matar y tiempo de curar. Tiempo de destruir y tiempo de edificar.

4 Tiempo de llorar y tiempo de reír. Tiempo de endechar y tiempo de bailar.

5 Tiempo de esparcir las piedras y tiempo de juntar las piedras. Tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar.

6 Tiempo de buscar y tiempo de desistir. Tiempo de guardar y tiempo de desechar.

7 Tiempo de romper y tiempo de coser. Tiempo de callar y tiempo de hablar.

8 Tiempo de amar y tiempo de aborrecer. Tiempo de guerra y tiempo de paz.

9 ¿Qué provecho tiene el trabajador en lo que se afana?

10 He visto el trabajo que Dios ha dado a los hombres para que en él se ocupen.

11 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se hace debajo del cielo tiene su hora. También puso la eternidad en el corazón del hombre, aunque no alcanza a entender la obra de Dios desde el principio hasta el fin.

12 Conocí que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse, y hacer el bien en su vida.

13 Y también que es don de Dios que todo hombre coma, beba y disfrute el bien de toda su labor.

14 Entendí que cuanto Dios hace, es duradero, y nada se le puede añadir ni quitar. Dios lo hace para que los hombres lo reverencien.

15 Lo que es, antes ya fue. Lo que ha de ser, fue ya. Y Dios restaura lo pasado.

16 Vi más debajo del sol. En la sede del derecho hay impiedad. En lugar de la justicia, iniquidad.

17 Y pensé en mi corazón: "Dios juzgará al justo y al impío. Porque hay tiempo para todo lo que se quiere y se hace.

18 También pensé que Dios prueba a los hombres, para que vean que son semejantes a los animales.

19 Porque el hombre y el animal, tienen la misma suerte. Como mueren unos, mueren los otros. Los dos tienen el mismo aliento de vida. Nada tiene más el hombre que la bestia. Todo es vanidad.

20 Todo va a un mismo lugar. Todo viene del polvo, y al polvo volverá.

21 ¿Quién es el que sabe si el aliento de vida del hombre sube arriba, y el aliento de vida del animal desciende a la tierra?

22 Así, no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, pues ésta es su suerte. Porque, ¿quién le mostrará qué ha de ser después de él?

4

1 Volví a mirar, y vi todas las opresiones que se cometen debajo del sol. Vi las lágrimas de los oprimidos, sin que nadie los consuele frente al poder de los opresores.

2 Pensé que los finados eran más afortunados que los que aún viven.

3 Y tuve por mejor que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que se hacen debajo del sol.

4 Vi también que todo trabajo y toda excelencia de obras mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y correr tras el viento.

5 El necio cruza sus brazos y se destruye a sí mismo, diciendo:

6 "Más vale un puño lleno con descanso, que dos puños llenos con fatiga y correr tras el viento".

7 Entonces considere otra vanidad debajo del sol.

8 Está un hombre solo y sin sucesor, sin hijo ni hermano. Y nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: "¿Para quién me fatigo y me someto a privaciones?" También esto es vanidad y duro trabajo.

9 Mejores son dos que uno, porque tienen mejor paga de su trabajo.

10 Porque si uno cae, el otro lo levanta. ¡Ay del solo! Cuando cae, no tiene quien lo levante.

11 Además, si dos se acuestan juntos, mutuamente se calentarán. Pero uno solo, ¿cómo entrará en calor?

12 Y si alguien quiere prevalecer contra uno, dos pueden defenderse. Cordón de tres dobleces no se rompe pronto.

13 Más vale el joven pobre y sabio, que el rey viejo y fatuo que no admite consejo;

14 aunque el joven salga de la cárcel para reinar, o haya nacido pobre.

15 Vi a todos los vivientes debajo del sol caminar con el muchacho sucesor.

16 Aunque sea incontable el pueblo sobre el cual reine, no los dejará contentos a ellos, ni a los que vengan después. También esto es vanidad y correr tras el viento.

5

1 Cuando vayas a la casa de Dios, guarda tu pie, y acércate más para escuchar que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.

2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra ante Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra. Por tanto, sean pocas tus palabras.

3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de palabras la voz del necio.

4 Cuando hagas a Dios promesa, no tardes en pagarla, porque no se agrada de los insensatos. Paga lo que prometas.

5 Mejor es no prometer, que prometer y no cumplir.

6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas ante el ángel que fue un error. ¿Por qué enojarás a Dios con tu voz, para que destruya la obra de tus manos?

7 Los muchos sueños y las muchas palabras son vanidad. Pero tú venera a Dios.

8 Si en alguna provincia ves opresión de los pobres, y extorsión del derecho y la justicia, no te maravilles; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.

9 Además, el provecho de la tierra es para todos. Hasta el rey está sujeto a los campos.

10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero. El que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

11 Cuando los bienes aumentan, también aumentan sus consumidores. ¿Qué bien tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?

12 Dulce es el sueño del trabajador, ora coma mucho o poco. Pero al rico, su riqueza no lo deja dormir.

13 Hay un doloroso mal que he visto debajo del sol, las riquezas guardadas por sus dueños para su propio daño.

14 O riquezas que se pierden en malos negocios, y a los hijos nada les queda.

15 Como el hombre nace desnudo, así vuelve como vino; y nada de su trabajo lleva consigo.

16 Este también es un gran mal, que como vino, así el hombre se haya de ir. ¿Y qué le aprovechó trabajar al viento?

17 Además, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán, dolor y miseria.

18 Entonces comprendí que es bueno y apropiado que el hombre coma y beba, y haga con satisfacción su fatigoso trabajo, los pocos días de vida que Dios le da bajo el sol. Pues ésta es su suerte.

19 Además, cuando Dios da a un hombre riquezas y hacienda, y la facultad de disfrutarlas, que acepte su suerte.

20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida, pues Dios llena su corazón de alegría.

6

1 Otro mal he visto debajo del cielo, muy común entre los hombres.

2 El de un hombre a quien Dios le dio riquezas, hacienda y honra, y nada le falta de todo lo que su corazón desea. Pero Dios no le dio facultad de comer de ello, sino que los extraños las disfrutan. Esto es vanidad y triste desventura.

3 Aunque el hombre engendre cien hijos, y viva muchos años, y sus días sean numerosos, si no se sació del bien, y carece de sepultura, el abortivo es mejor que él.

4 Porque en vano vino, a tinieblas va, y en oscuridad queda su nombre.

5 Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.

6 Porque, aunque aquél viviera dos mil años, si no disfruta de bienestar, ¿no van todos al mismo lugar?

7 Todo el trabajo del hombre es para su boca. Con todo, su deseo no se sacia.

8 ¿Qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?

9 Más vale ver con los ojos que divagar con el deseo. También esto es vanidad y correr tras el viento.

10 Lo que ahora existe, ya tiene nombre. Lo que es el hombre se conoce. Ninguno puede contender con el que es más fuerte que él.

11 Las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?

12 Porque, ¿quién sabe qué es mejor para el hombre en los pocos días de su vida? Sus días se pasan como sombra. Y, ¿quién le podrá decir qué sucederá después de él debajo del sol?

7

1 Mejor es la buena fama que el buen perfume, y el día de la muerte que el día del nacimiento.

2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete, porque aquél es el fin de todos los hombres, y el que vive reflexiona.

3 Mejor es el pesar que la risa, porque la tristeza del rostro mejora el corazón.

4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; pero el corazón de los insensatos, en la casa del placer.

5 Mejor es oír la reprensión del sabio, que la canción de los necios.

6 Porque la risa del necio es como el estrépito de las zarzas bajo la olla. También esto es vanidad.

7 La opresión enloquece al sabio, y el soborno corrompe el carácter.

8 Mejor es el fin de un asunto que su principio. Mejor es el sufrido que el altivo.

9 No te apresures a enojarte, porque la ira en el seno de los necios reposa.

10 Nunca preguntes: ¿Por qué todo tiempo pasado fue mejor que el presente? Porque nunca preguntarás esto con sabiduría.

11 Buena es la ciencia con herencia, y más a los que ven el sol.

12 Escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; pero la sabiduría excede en que da vida a sus poseedores.

13 Mira la obra de Dios, porque, ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

14 Cuando te vaya bien, sé feliz; y en el día del mal considera. Dios hizo lo uno y lo otro. Por tanto, el hombre no descubre lo que le traerá el futuro.

15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, e impío que por su maldad alarga sus días.

16 No seas demasiado justo, ni sabio con exceso; ¿por qué destruirte a ti mismo?

17 No seas demasiado malo, ni insensato; ¿por qué morir antes de tiempo?

18 Bueno es que tomes esto, sin dejar aquello; porque el que a Dios respeta, sale con todo.

19 La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad.

20 No hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.

21 Tampoco apliques tu corazón a todo lo que se habla, para que no oigas a tu siervo que dice mal de ti.

22 Porque tu corazón sabe, que tú también dijiste mal de otros muchas veces.

23 Todo esto probé con sabiduría, diciendo: "Me haré sabio", pero ella se alejó de mí.

24 Lo que está lejos y lo muy profundo, ¿quién lo hallará?

25 Me apliqué a saber, examinar e inquirir la sabiduría y la razón, la insensatez de la maldad y el desvarío del error.

26 Y hallé más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es red y lazo, y sus manos como ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella, pero el pecador será preso en ella.

27 Esto hallé, dice el Predicador, pensando las cosas una por una para hallar la razón.

28 Todavía no encontré lo que busco. Encontré un hombre entre mil, pero ni una mujer entre todas.

29 Sólo he hallado esto: Que Dios hizo al hombre recto, pero él se complicó con muchos artificios.

8

1 ¿Quién como el sabio? ¿Quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y cambia la tosquedad de su semblante.

2 Guarda el mandamiento del rey por causa de tu juramento a Dios.

3 No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él puede hacer lo que quiera.

4 Pues la palabra del rey tiene autoridad, ¿y quién le dirá: Qué haces?

5 El que guarda el Mandamiento no experimentará mal. El corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio.

6 Porque para todo lo que quieras hay tiempo y un juicio, por cuanto es grande el mal que pesa sobre el hombre.

7 Porque no sabe lo que ha de suceder; y, ¿quién le enseñará cuándo haya de ser?

8 Nadie tiene poder sobre el aliento para retenerlo, ni poder sobre el día de la muerte. No valen armas en esta guerra, ni la impiedad librará al que la practica.

9 Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que se hace debajo del sol. Hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para su propio mal.

10 Vi también a impíos sepultados con honra, y a los que frecuentaban el lugar santo olvidados en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad.

11 Cuando la sentencia sobre un crimen no se ejecuta en seguida, el corazón de los hombres se llena para hacer el mal.

12 Pero aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días; sé que al que venera a Dios le irá bien, porque lo reverencia.

13 Y al impío no le irá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no respeta la presencia de Dios.

14 Hay otra vanidad sobre la tierra. Hay justos a quienes sucede como si hicieran obras impías, e impíos a quienes acontece como si hicieran obras justas. Esto también es vanidad.

15 Por eso alabé la alegría. Es bueno que el hombre debajo del sol coma, beba y se alegre. Entonces, el gozo lo acompañará en su trabajo en los días de vida que Dios le da.

16 Dediqué mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la faena que se hace sobre la tierra, porque hay quien ni de noche ni de día ve el sueño.

17 Entonces contemplé la obra de Dios, y vi que el hombre no puede comprender la obra que se hace debajo del sol. Por mucho que trabaje por descubrirla, no la entenderá. Aunque el sabio diga que la sabe, no por eso la podrá comprender.

9

1 A todo esto apliqué mi corazón, para declarar que los justos, los sabios y sus obras, están en la mano de Dios; y que el hombre nada sabe del amor o del odio. Todo está ante él.

2 Todo acontece de la misma manera a todos. Un mismo suceso ocurre al justo y al impío, al bueno y al malo, al limpio y al impuro, al que sacrifica y al que no sacrifica, al bueno y al pecador, al que jura y al que teme jurar.

3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan una misma suerte. Además, el corazón de los hombres está lleno de mal e insensatez durante su vida. Y después se unen a los muertos.

4 Hay esperanza para todo el que está entre los vivos, porque mejor es perro vivo que león muerto.

5 Los vivos saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; hasta su memoria queda en el olvido.

6 También su amor, su odio y su envidia perecieron ya, y nunca más participan en nada de lo que se hace bajo el sol.

7 Anda, come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque es ahora cuando Dios favorece lo que haces.

8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte el perfume sobre tu cabeza.

9 Disfruta de la vida con la esposa que amas, todos los días de tu vida fugaz, que te son dados debajo del sol; porque ésta es tu parte en la vida, y en el trabajo con que te afanas debajo del sol.

10 Todo lo que te venga a la mano para hacer, hazlo con toda tu fuerza; porque en el sepulcro adonde vas, no hay obra, ni planes, ni ciencia, ni sabiduría.

11 Vi algo más debajo del sol. Que no siempre la carrera es de los ligeros, ni de los fuertes la guerra, ni de los sabios el pan, ni de los prudentes la riqueza, ni de los elocuentes el favor; sino que el tiempo y la ocasión acontecen a todos.

12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo. Como los peces son presos en la red, y las aves se prenden en el lazo, así son enlazados los hombres, cuando el mal tiempo cae de repente sobre ellos.

13 También vi esta sabiduría debajo del sol, que me pareció grande:

14 Había una pequeña ciudad de pocos habitantes. Vino contra ella un gran rey, y la cercó con grandes baluartes.

15 Vivía en ella un hombre pobre pero sabio, que con su sabiduría libró la ciudad. Y nadie se acordaba de aquel hombre pobre.

16 Entonces pensé: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.

17 Las palabras del sabio, oídas con reposo, son mejores que el clamor del señor entre los necios.

18 Es mejor la sabiduría que las armas de guerra. Pero un pecador destruye mucho bien.

10

1 Las moscas muertas dan mal olor al perfume. Así una pequeña locura, al estimado por sabio y honorable.

2 El corazón del sabio se inclina a la derecha, el corazón del necio a la izquierda.

3 Hasta cuando va por el camino, al necio le falta cordura, y a todos dice que es necio.

4 Si el espíritu del príncipe se exaltara contra ti, no dejes tu lugar; porque la calma hará cesar grandes ofensas.

5 Hay otro mal que vi debajo del sol, un error emanado del príncipe:

6 Los necios a grandes alturas, y los ricos en lugar bajo.

7 Vi siervos a caballo y príncipes que andaban a pie como siervos.

8 El que hace un hoyo cae en él. El que agrieta un muro, lo morderá la serpiente.

9 El que muda las piedras, se hiere con ellas. El que corta la leña, en ella peligra.

10 Si el hacha se embota, y no se afila, hay que añadir más fuerza. Pero la sabiduría ayuda a tener éxito.

11 Si la serpiente muerde porque no está encantada, no hay ganancia para el encantador.

12 Las palabras del sabio están llenas de gracia, pero los labios del necio causan su propia ruina.

13 El principio de sus palabras es necedad, y el fin de su charla nocivo desvarío.

14 El necio multiplica palabras. El hombre no sabe lo que le sucederá. ¿Quién le hará saber lo que será después de él?

15 El trabajo de los necios los fatiga, porque no saben por dónde ir a la ciudad.

16 ¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes banquetean ya de mañana!

17 ¡Dichosa, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para recobrar las fuerzas, y no por banquetear!

18 Por la pereza se cae el techo, y por la flojedad de manos se llueve la casa.

19 La fiesta se hace para reír. El vino alegra a los vivos, y el dinero sirve para todo.

20 Ni aun en tu pensamiento pienses mal del rey, ni en el secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo pueden llevar tu voz y tus palabras.

11

1 Echa tu pan sobre las aguas, y después de muchos días lo hallarás.

2 Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.

3 Si las nubes se llenan de agua, sobre la tierra la derramarán. Si el árbol cae al sur o al norte, adonde caiga, quedará.

4 El que al viento mira, no sembrará, el que mira a las nubes, no segará.

5 Como tú no sabes cuál es el camino del espíritu, y cómo crecen los huesos en el seno de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, que hace todas las cosas.

6 Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque tú no sabes qué es lo mejor, si esto o aquello, o si las dos cosas son buenas.

7 Suave es la luz y agradable ver el sol,

8 pero aunque el hombre viva muchos años, y en todos ellos disfrute de alegría; acuérdese que los días oscuros serán muchos, y todo puede ser vanidad.

9 Alégrate, joven, en tu mocedad, y pásalo bien en los días de tu juventud. Anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos. Pero ten en cuenta que sobre todas estas cosas Dios te juzgará.

10 Quita, pues, el enojo de tu corazón, y aparta el mal de tu carne; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.

12

1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años, de los cuales digas: "No tengo en ellos contentamiento".

2 Antes que se oscurezca el sol y la luz, la luna y las estrellas, y las nubes vuelvan tras la lluvia.

3 Antes que tiemblen los guardas de la casa, se encorven los hombres fuertes, y cesen las muelas, por haber disminuido, y se oscurezcan los que miran por las ventanas.

4 Antes que las puertas de afuera se cierren, por lo bajo de la voz de la muela; y se levanten a la voz del ave, y todas las hijas de canción sean abatidas.

5 Antes que teman a la altura, y los tropezones en el camino, y florezca el almendro, se agrave la langosta, y se pierda el apetito. Y entonces el hombre vaya a su eterna morada, y los endechadores recorran las calles.

6 Acuérdate de tu Creador antes que la cadena de plata se quiebre, se rompa el cuenco de oro, el cántaro se quiebre junto a la fuente, la rueda se rompa sobre el pozo,

7 y el polvo vuelva a la tierra de donde vino, y el aliento de vida vuelva a Dios que lo dio.

8 "Vanidad de vanidades —dijo el Predicador— todo es vanidad".

9 A más de ser sabio, el Predicador enseñó sabiduría al pueblo. Consideró, y compuso muchos proverbios.

10 Procuró hallar las palabras adecuadas, y lo que escribió fue recto y verdadero.

11 Las palabras de los sabios son como aguijones, como clavos bien hincados los dichos selectos dados por un pastor.

12 Ahora, hijo mío, a más de esto, sé avisado. No hay fin de hacer muchos libros, y el mucho estudio fatiga la carne.

13 El fin de todo el discurso, es éste: Venera a Dios y guarda sus Mandamientos, porque éste es todo el deber del hombre.

14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, incluyendo toda cosa oculta, buena o mala.