1

1 Dichoso el hombre que no anda en el consejo de los malos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni en la silla de los burladores se sienta.

2 Antes en la Ley del Eterno está su delicia, y en su Ley medita de día y de noche.

3 Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. Triste fin del pecador

4 No es así con los malos, que son como la paja que arrebata el viento.

5 Por eso, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.

6 "Porque el Eterno conoce el camino de los justos, pero la senda de los malos perecerá.

2

1 ¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos conspiran en vano?

2 Se levantan los reyes de la tierra, y príncipes consultan juntos contra el Eterno y contra su Ungido, diciendo:

3 "¡Rompamos sus lazos, librémonos de sus cuerdas!"

4 El que mora en los cielos se reirá. El Señor se burlará de ellos.

5 "Entonces, en su enojo los reprenderá, los turbará con su ira, y les dirá:

6 "He puesto a mi Rey sobre Sión, mi santo monte".

7 "Publicaré el decreto. El Eterno dijo: 'Mi hijo eres tú, yo te engendré hoy.

8 "Pídeme, y te daré las naciones en herencia y los extremos de la tierra en posesión.

9 " 'Los quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás' ". El secreto de la dicha

10 Ahora, reyes, sed sensatos. Admitid amonestación, jueces de la tierra.

11 Servid al Eterno, con reverencia, y alegraos con respeto.

12 "Besad al Hijo para que no se enoje, y perezcáis en el camino, cuando se encienda de pronto su ira. Dichosos los que se refugian en él.

3

1 Salmo de David ¡Oh Eterno, cuánto se han multiplicado mis enemigos! Muchos se levantan contra mí.

2 Muchos dicen de mí: "No hay para él salvación en Dios".

3 Pero tú, oh Señor, eres mi escudo, mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

4 Con mi voz clamé al Eterno, y él me respondió desde su santo monte.

5 Me acosté y dormí, y desperté porque el Eterno me sostuvo.

6 No temeré a los diez millares que pongan cerco contra mí.

7 ¡Levántate, Señor, sálvame, Dios mío! Porque tú heriste a todos mis enemigos en la quijada. Los dientes de los malos quebraste.

8 Del Eterno viene la salvación. Sobre tu pueblo sea tu bendición.

4

1 Salmo de David Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estuve en angustia, tú me aliviaste. Ten misericordia de mí, y oye mi oración.

2 Oh hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad y buscaréis la mentira?

3 Sabed que el Eterno aparta al piadoso para sí. El Señor me oye cuando clamo a él.

4 Temblad, y no pequéis. Cuando estáis en vuestra cama, examinad vuestro corazón, y acallaos.

5 Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el Eterno.

6 Muchos dicen: "¿Quién nos mostrará el bien?" ¡Alza sobre nosotros, oh Señor, la luz de tu rostro!

7 Tú llenaste mi corazón con mayor alegría, que la de ellos cuando abunda su grano y su mosto.

8 Me acuesto y duermo en paz, porque sólo tú, oh Eterno, me haces vivir confiado.

5

1 Salmo de David Escucha, oh Eterno, mis palabras. Atiende mi lamento.

2 "Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré.

3 Oh Eterno, de mañana oirás mi voz, de mañana me presentaré ante ti, y esperaré.

4 Tú no eres un Dios que se complace en la maldad. El malo no habitará junto a ti.

5 Los arrogantes no podrán estar ante tus ojos. Aborreces a todos los que practican la iniquidad.

6 Destruirás a los que hablan mentira. Al sanguinario y engañador abomina el Eterno.

7 Pero yo, por la riqueza de tu constante amor, entraré en tu casa. Con reverencia adoraré en tu santo templo.

8 "Guíame, oh Eterno, en tu justicia, a causa de mis enemigos. Allana tu camino delante de mí.

9 En la boca de ellos no hay sinceridad, sus entrañas son malas. Sepulcro abierto es su garganta, con su lengua lisonjean.

10 Decláralos culpables, oh Dios, caigan por sus planes. Por la multitud de sus transgresiones, échalos, porque se rebelaron contra ti.

11 Pero alégrense todos los que en ti confían: den siempre voces de júbilo, porque tú los defiendes. En ti se regocijen los que aman tu Nombre.

12 Porque tú, oh Eterno, bendices al justo, lo rodeas con tu favor como con un escudo.

6

1 Salmo de David Oh Eterno, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues en tu ira.

2 Ten misericordia de mí, oh Eterno, porque estoy sin fuerza. Sáname, Señor, porque mis huesos se estremecen.

3 Estoy muy turbado; y tú, oh Eterno, ¿hasta cuándo?

4 Vuélvete, oh Eterno, líbrame; sálvame por tu constante amor.

5 Porque en la muerte no hay memoria de ti. ¿Quién te loará en el sepulcro?

6 Me he consumido a fuerza de gemir, todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas.

7 Mis ojos están debilitados de tristeza, se han envejecido a causa de todos mis enemigos.

8 Apartaos de mí, todos los que obráis iniquidad, porque el Eterno oyó la voz de mi llanto.

9 El Eterno oyó mi ruego, ha recibido mi oración.

10 Se avergonzaran, mucho se turbarán todos mis enemigos; retrocederán y serán avergonzados de repente.

7

1 Salmo de David Oh Eterno, Dios mío, en ti he confiado; sálvame, líbrame de todos los que me persiguen.

2 No sea que me desgarren cual león, y me destrocen sin que haya quien me libre.

3 Oh, Señor, Dios mío, si hice alguna de estas cosas, si hay en mis manos iniquidad,

4 si di mal pago al que estaba en paz conmigo, si oprimí sin causa a mi adversario,

5 persígame el enemigo, alcánceme, pise en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo.

6 Levántate, oh Eterno, en tu ira; álzate contra la furia de mis enemigos, y apréstate a defenderme en el juicio que has convocado.

7 Reúnanse los pueblos a tu alrededor, y rígelos desde lo alto.

8 Juzga, oh Eterno, a los pueblos; júzgame conforme a mi justicia y a mi integridad.

9 Cese la malicia de los inicuos, y establece al justo. Pues el justo Dios prueba la mente y el corazón.

10 Mi escudo está en Dios, que salva a los rectos de corazón.

11 Dios es un juez justo, un Dios airado contra el impío todos los días.

12 Si el malo no se convierte, él afilará su espada; armado y listo tiene ya su arco.

13 Ha preparado para él armas de muerte, ha templado al fuego sus saetas.

14 El malvado está lleno de iniquidad, concibe maldad y engendra fraude.

15 Pozo ha cavado y ahondado, y en el hoyo que hizo caerá.

16 Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su agravio descenderá sobre su propia coronilla.

17 Alabaré al Eterno conforme a su justicia, y cantaré al Nombre del Eterno, el Altísimo.

8

1 Salmo de David Oh Eterno, Señor nuestro, ¡cuán glorioso es tu Nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos.

2 De la boca de los pequeños y de los que maman, afirmas tu fortaleza, frente a tus adversarios, para silenciar al enemigo y al rebelde.

3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste,

4 pienso: "¿Qué es el hombre para que lo recuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?"

5 Lo hiciste un poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.

6 Lo hiciste señor de las obras de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies;

7 ovejas y bueyes, junto con las bestias del campo,

8 las aves del cielo y los peces del mar; todo cuanto surca las sendas del mar.

9 ¡Oh Eterno, Señor nuestro, cuán glorioso es tu Nombre en toda la tierra!

9

1 Salmo de David Te alabaré, oh Señor, con todo mi corazón; cantaré todas tus maravillas.

2 Me alegraré y regocijaré en ti, cantaré a tu Nombre, oh Altísimo.

3 Mis enemigos retroceden, caen y perecen ante ti.

4 Porque mantienes mi derecho y mi causa, te has sentado en el trono y has juzgado con justicia.

5 Reprendiste a las naciones, destruiste al malo; raíste su nombre para siempre jamás.

6 Han perecido los enemigos, se acabaron para siempre. Derribaste sus ciudades, hasta su memoria pereció.

7 Pero el Eterno permanece para siempre; ha dispuesto su trono para el juicio.

8 Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.

9 El Eterno será refugio del oprimido, refugio en el tiempo de angustia.

10 En ti confían los que conocen tu Nombre, porque tú, Señor, nunca desamparas a los que te buscan.

11 Cantad al Eterno que habita en Sión. publicad entre los pueblos sus hazañas.

12 El que pide cuenta de la sangre se acuerda de los afligidos; no olvida el clamor de los pobres.

13 ¡Ten piedad de mí, oh Eterno! Mira la aflicción que padezco de parte de los que me aborrecen. Levántame de las puertas de la muerte,

14 para que proclame todas sus alabanzas, en las puertas de la hija de Sión, y me goce en tu salvación.

15 Se hundieron las naciones en la fosa que cavaron, en la red que escondieron fue atrapado su pie.

16 El Eterno se dio a conocer en el juicio que hizo, en la obra de sus manos fue enlazado el malo.

17 Los malos serán lanzados al sepulcro, todos los que se olvidan de Dios.

18 Pero el necesitado no siempre será olvidado, ni la esperanza de los pobres perecerá para siempre.

19 Levántate, Señor, no prevalezca el hombre. Sean juzgadas las naciones ante ti.

20 Oh Eterno, hazles sentir temor. Conozcan las naciones que son sólo hombres.

10

1 ¿Por qué estás lejos, oh Eterno, y te escondes en el tiempo de angustia?

2 Con arrogancia el malo persigue al pobre. Será atrapado en los artificios que ideó.

3 El malo se jacta del deseo de su corazón, bendice al codicioso y desprecia al Eterno.

4 Por la altivez de su rostro, el malo no busca a Dios, no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

5 Sus caminos son torcidos en todo tiempo, tiene tus juicios muy lejos de su vista, desprecia a todos sus adversarios.

6 Piensa en su corazón: "Jamás seré conmovido, nunca me alcanzará el infortunio".

7 Su boca está llena de maldición, engaño y fraude; debajo de su lengua hay agravio y maldad.

8 Acecha cerca de las aldeas, para matar a escondidas al inocente, sus ojos vigilan al indefenso.

9 Acecha en oculto como el león desde su guarida, acecha para arrebatar al desvalido. Lo arrebata, y lo arrastra a su red.

10 Se contrae, se agacha, y en sus garras caen muchos desdichados.

11 Dice en su corazón: "Dios se ha olvidado, ha encubierto su rostro, nunca lo verá".

12 Levántate, oh Eterno, oh Dios; alza tu mano, no olvides a los pobres.

13 ¿Por qué el malo desprecia a Dios? En su corazón ha dicho que no le pedirás cuenta. Confianza en el triunfo

14 Tú lo has visto, porque tú miras el trabajo y el pesar, para retribuir con tu mano, En ti se protege el desvalido. Tú amparas al huérfano.

15 Quiebra tú el brazo del impío y del malvado. Pídeles cuenta de su maldad, hasta que nada quede pendiente.

16 El Señor es Rey eterno y para siempre. De su tierra perecerán las naciones.

17 Tú, oyes el deseo de los humildes, confortas su corazón y oyes su clamor,

18 para defender al huérfano y al oprimido; a fin de que el hombre que es de la tierra, no vuelva más a hacer violencia.

11

1 Salmo de David En el Eterno he confiado. ¿Cómo me decís: "Escapa al monte cual ave?"

2 Porque los malos tensaron el arco, dispusieron sus saetas sobre la cuerda, para tirar en oculto a los rectos de corazón.

3 Si se destruyeran los fundamentos, ¿qué podrá hacer el justo?

4 El Eterno está en su santo templo, el trono del Señor está en el cielo, sus ojos ven, sus párpados examinan a los hombres.

5 El Eterno prueba al justo y al impío, y aborrece al que ama la violencia.

6 Sobre los malos hará llover fuego y azufre, y un viento abrasador será su porción.

7 Porque el Eterno es justo y ama la justicia. El recto contemplará su rostro.

12

1 Salmo de David Salva, oh Eterno, porque se acabaron los piadosos, se acabaron los fieles entre los hombres.

2 Hablan mentira cada uno con su prójimo, hablan con labios lisonjeros, con doblez de corazón.

3 El Eterno destruirá todo labio lisonjero, la lengua que habla jactanciosamente,

4 a los que dicen: "Con nuestra lengua prevaleceremos, poseemos nuestros labios, ¿quién va a ser nuestro amo?"

5 Por la opresión del débil y por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré —dice el Eterno—, y salvaré al que suspira".

6 Las Palabras de Dios son palabras limpias, plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.

7 Tú, oh Eterno, nos guardarás, nos guardarás para siempre de esta generación perversa.

8 Los malos rondan por todos lados, se exalta la vileza entre los hombres.

13

1 Salmo de David ¿Hasta cuándo, oh Eterno? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?

2 Hasta cuándo andaré acongojado, con tristeza en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

3 Mira, respóndeme, Señor, Dios mío. Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte,

4 para que no diga mi enemigo: "Lo vencí", ni se alegren mis adversarios si yo vacilo.

5 Pero yo en tu constante amor confío. Mi corazón se alegra en tu salvación.

6 Cantaré al Eterno, porque me ha hecho bien.

14

1 Salmo de David Dice el necio en su corazón: "No hay Dios". Así se corrompieron, hacen obras abominables, no hay quien haga el bien.

2 El Eterno miró desde el cielo a los hombres, para ver si había algún sensato que buscara a Dios.

3 Todos se desviaron, se corrompieron. No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.

4 No tienen discernimiento los que obran iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comiesen pan, y no invocan al Eterno.

5 Temblarán de espanto, porque Dios está con el linaje de los justos.

6 Se burlan del consejo del pobre, pero el Eterno es su refugio.

7 ¡Quién diese que venga ya de Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor haga volver a los cautivos de su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel.

15

1 Salmo de David Oh Señor, ¿quién habitará en tu Santuario? ¿Quién residirá en tu santo monte?

2 El que anda en integridad y practica la justicia, y habla verdad en su corazón.

3 El que no habla mal de nadie, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su prójimo.

4 El que menosprecia al vil, pero honra al que venera al Eterno. El que cumple su promesa, aunque sea en su perjuicio.

5 El que no presta su dinero con usura, ni contra el inocente acepta cohecho. El que hace estas cosas, no caerá jamás.

16

1 Salmo de David Guárdame, oh Dios, porque en ti me refugio.

2 Dije al Eterno: "Tú eres mi Señor. Fuera de ti no hay bien para mí".

3 En los santos que están en la tierra, en los íntegros, está toda mi complacencia.

4 Se multiplicarán los dolores de los que sirven a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios tomaré su nombre.

5 El Eterno es la porción de mi herencia y de mi copa. Tú aseguras mi suerte.

6 La línea divisoria me cayó en lugar agradable, y es hermosa la herencia que me ha tocado.

7 Alabaré al Eterno, que me aconseja, aun de noche me enseña mi corazón.

8 Al Eterno he puesto siempre ante mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.

9 Por eso se alegra mi corazón, y se goza mi gloria También mi cuerpo reposará seguro.

10 Porque no me dejarás en el sepulcro, ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

11 Me mostrarás la senda de la vida. En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.

17

1 Oración de David. Señor, oye mi justo ruego, atiende a mi clamor, escucha mi oración hecha con labios sin engaño.

2 De ti venga mi vindicación, vean tus ojos la rectitud.

3 Tú has sondeado mi corazón, me has visitado de noche, me has probado, y nada inicuo hallaste en mí. He resuelto no pecar con mi boca.

4 De las obras humanas, por la Palabra de tus labios, me he guardado de las vías del violento.

5 Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen.

6 Te invoco, oh Dios, porque tú me oyes. Inclina tu oído a mí, escucha mi palabra.

7 Muestra las maravillas de tu constante amor, tú que salvas de sus enemigos, a los que se refugian en ti.

8 Guárdame como a la niña de tus ojos, escóndeme bajo la sombra de tus alas,

9 de los malos que me oprimen, de mis enemigos que buscan mi vida.

10 Cierran su corazón, con su boca hablan soberbiamente.

11 Han cercado ahora nuestros pasos, han puesto sus ojos para echarnos por tierra.

12 Son como el león, ávido por su presa; como leoncillo que está escondido.

13 Levántate, oh Eterno. Prevén su encuentro, póstralos. Con tu espada, líbrame del malo.

14 Líbrame con tu mano, Señor, de los hombres mundanos, cuya parte es esta vida, cuyo vientre tú llenas con tu tesoro escondido. Sacian a sus hijos, y aun sobra para sus pequeños.

15 Yo, en justicia veré tu rostro. Quedaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.

18

1 Salmo de David Te amo, oh Señor, fortaleza mía.

2 Oh Eterno, roca mía, castillo mío y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en quien me refugio. Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.

3 Invocaré al Eterno, digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos.

4 Las olas de la muerte me circundaron, torrentes de perversidad me atemorizaron,

5 ligaduras del sepulcro me rodearon, trampas de muerte me sorprendieron.

6 En mi angustia invoqué al Eterno, clamé a mi Dios. Y él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó ante él, a sus oídos.

7 La tierra fue sacudida y tembló, se movieron los cimientos de los montes, se estremecieron, porque él se indignó.

8 Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor. Carbones fueron por él encendidos.

9 Inclinó el cielo, y descendió. Densa oscuridad había bajo sus pies.

10 Cabalgó sobre un querubín y voló, voló sobre las alas del viento.

11 Puso tinieblas por su escondedero, por cortina alrededor de sí, oscuridad de aguas, espesas nubes.

12 Por el resplandor de su presencia, las nubes se deshicieron, en granizo y centellas.

13 El Eterno tronó desde el cielo, el Altísimo dio su voz, y hubo granizo y brasas de fuego.

14 Envió sus saetas y deshizo a sus enemigos. Lanzó relámpagos, y los destruyó.

15 Entonces apareció el lecho del mar, y se descubrieron los cimientos del mundo, ante tu reprensión, oh Eterno, por el soplo de tu aliento.

16 Envió desde lo alto y me tomó, y me sacó de las profundas aguas.

17 Me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo.

18 Me asaltaron en el día de mi quebranto, pero el Eterno fue mi apoyo.

19 Me sacó a lugar amplio, me libró, porque me amaba.

20 El Señor me retribuyó conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos me ha pagado.

21 Porque guardé los caminos del Eterno, y no me aparté impíamente de mi Dios.

22 Pues todos sus mandatos estuvieron ante mí, y no me desvié de sus normas.

23 Fui íntegro con él, y me guardé del mal.

24 Por eso, el Eterno me pagó conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos ante sus ojos.

25 Con el benigno te muestras benigno, y recto con el íntegro.

26 Limpio te muestras con el limpio, y severo con el perverso.

27 Tú salvas al humilde, y humillas los ojos altivos.

28 Oh Eterno, tú mantienes mi lámpara encendida, mi Dios alumbra mis tinieblas.

29 Contigo desharé ejércitos, y con mi Dios asaltaré murallas.

30 Perfecto es el camino de Dios. Es acrisolada la Palabra del Señor, es escudo a todos los que esperan en él.

31 ¿Quién es Dios sino sólo el Eterno? ¿Quién es la Roca sino sólo nuestro Dios?

32 Dios es el que me ciñe de fuerza, y perfecciona mi camino,

33 el que me da pies de ciervas, y me coloca en las alturas.

34 El adiestra mis manos para la batalla, para tensar con mis brazos el arco de bronce.

35 Me diste el escudo de tu salvación, tu diestra me sustenta, y tu benignidad me engrandece.

36 Ensanchas la senda de mis pasos, para que no vacilen mis pies.

37 Perseguí a mis enemigos y los alcancé, y no volví hasta acabarlos.

38 Los herí de modo que no pudieron levantarse, cayeron bajo mis pies.

39 Pues tú me ceñiste de fuerza para la pelea, y humillaste a mis enemigos debajo de mí.

40 Pusiste en fuga a mis enemigos, para que yo destruyera a los que me aborrecían.

41 Clamaron, y no hubo quien los salvase, aun al Eterno, y no les respondió.

42 Y los molí como polvo ante el viento, los esparcí como lodo de las calles.

43 Me libraste del ataque de la gente. Me pusiste por cabeza de naciones. Pueblos que yo no conocía me sirven.

44 En cuanto me oyeron, me obedecieron; los extranjeros se sometieron a mí.

45 Los extranjeros se debilitaron y salieron temblando de sus encierros. Triunfo final de los fieles

46 ¡Viva el Eterno! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Enaltecido sea el Dios de mi salvación!

47 El Dios que venga mis agravios, y somete pueblos debajo de mí;

48 me libra de mis enemigos, y me eleva sobre mis adversarios. ¡Tú me salvas de los hombres violentos!

49 Por tanto, te alabaré entre las naciones, oh Eterno, y cantaré a tu Nombre.

50 Grandes triunfos das a tu rey, y muestras tu bondad a tu ungido, a David y a sus descendientes para siempre.

19

1 Salmo de David Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

2 Un día emite palabra al otro día, y una noche a la otra noche declara sabiduría.

3 Aunque no se escuchan palabras, ni se oye su voz,

4 por toda la tierra sale su pregón, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En los cielos puso tienda para el sol;

5 y él, como un novio que sale de su aposento, se alegra cual gigante para correr el camino.

6 Sale desde un extremo del cielo, y hasta el otro extremo sigue su curso; y no hay quien se esconda de su calor. Perfección de la Ley de Dios

7 La Ley del Eterno es perfecta, que restaura el alma. El testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo.

8 Los Mandamientos del Eterno son rectos, que alegran el corazón. El precepto del Eterno es puro, que alumbra los ojos.

9 El respeto del Señor es puro, que permanece para siempre. Los juicios del Eterno son verdad, todos justos.

10 Son más deseables que el oro, más que el oro muy afinado, más dulces que la miel del panal.

11 Además, por medio de ellos tu siervo es instruido. En guardarlos hay grande galardón.

12 ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.

13 Guarda a tu siervo de la soberbia, para que no me domine. Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.

14 Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón ante ti, oh Eterno, Roca mía y Redentor mío.

20

1 Salmo de David El Eterno te responda en el día de la tribulación, el Nombre del Dios de Jacob te defienda;

2 te envíe ayuda desde el Santuario, y desde Sión te sostenga.

3 Recuerde todas tus ofrendas, y acepte tu holocausto.

4 Te conceda el deseo de tu corazón, y cumpla todos tus proyectos.

5 Nosotros nos alegraremos por tu salvación, y alzaremos pendón en el Nombre de nuestro Dios. Concédate el Eterno todos tus pedidos.

6 Ahora veo que el Señor guarda a su ungido. Le responde desde su santo cielo, con la victoriosa fuerza de su diestra.

7 Algunos confían en carros y otros en caballos, pero nosotros confiamos en el Nombre del Eterno, nuestro Dios.

8 Ellos flaquean y caen, pero nosotros nos levantamos, y nos mantenemos en pie.

9 ¡Oh Eterno, salva al Rey! ¡Respóndenos cuando te invocamos!

21

1 Salmo de David ¡El rey se alegra en tu poder, oh Eterno! ¡Mucho se goza en tu salvación!

2 Le concediste el deseo de su corazón, no le negaste el pedido de sus labios.

3 Lo precediste con ricas bendiciones, corona de oro fino pusiste sobre su cabeza.

4 Te demandó vida, y se la diste, largos días, eternamente y para siempre.

5 Grande gloria le da tu salvación. Honra y majestad has puesto sobre él.

6 Porque lo has bendecido para siempre, lo llenaste de alegría con tu presencia.

7 Por cuanto el rey confía en el Eterno, y en el constante amor del Altísimo, no será conmovido.

8 Alcanzará tu mano a todos tus enemigos, tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.

9 Los pondrás como en horno de fuego en el día de tu ira. El Eterno los deshará en su furor, y el fuego los consumirá.

10 Extirparás sus frutos de la tierra, y a sus descendientes de entre los hombres.

11 Aunque intenten el mal contra ti, y fragüen intrigas, no prevalecerán.

12 Tú los pondrás en fuga, cuando dispongas tu arco contra sus rostros.

13 ¡Engrandécete, oh Eterno, con tu fuerza! ¡Cantaremos y alabaremos tu poderío!

22

1 Salmo de David Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado? ¿Por qué estás lejos de mi salvación y de mi clamor?

2 Dios mío, clamo de día, y no respondes; de noche, y no hay para mí descanso.

3 Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

4 En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste.

5 Clamaron a ti, y fueron librados. Confiaron en ti, y no quedaron confundidos.

6 Pero yo soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres, desprecidado por el pueblo.

7 Los que me ven, se burlan de mí, estiran los labios, menean la cabeza, y dicen:

8 "Se encomendó al Eterno; líbrelo él; sálvelo, ya que en él se complacía".

9 Pero tú eres el que me sacaste del vientre, el que me haces confiar en ti desde los pechos de mi madre.

10 A ti fui entregado desde mi nacimiento; desde que nací, tú eres mi Dios.

11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca, porque no hay quien ayude.

12 Me han rodeado muchos toros, fuertes toros de Basán me han cercado.

13 Abrieron sobre mí su boca, como león rapaz y rugiente.

14 He sido derramado como agua, y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón fue como cera, se derritió dentro de mí.

15 Como un tiesto se secó mi vigor, mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte.

16 Perros me han rodeado, cuadrilla de malignos me ha cercado Horadaron mis manos y mis pies.

17 Puedo contar todos mis huesos, mientras que me miran y observan.

18 Partieron mis vestidos entre sí, y sobre mi túnica echaron suerte.

19 Pero tú, oh Eterno, no te alejes. Fortaleza mía, apresúrate en mi ayuda.

20 Libra mi vida de la espada, mi preciosa vida del poder de los perros.

21 Sálvame de la boca del león, de los cuernos de los búfalos.

22 Anunciaré tu Nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré. Canto de alabanza

23 ¡Los que veneráis al Eterno, alabadlo! ¡Glorificadlo, descendientes de Jacob! ¡Reverenciadlo, descendientes de Israel!

24 Porque no menosprecia ni desdeña la aflicción del afligido, ni de él esconde su rostro, sino que cuando clama a él, lo escucha.

25 De ti viene mi alabanza en la gran congregación. Mis votos pagaré ante los que te respetan.

26 Comerán los humildes y serán saciados. Alabarán al Señor los que lo buscan. Vivirá vuestro corazón para siempre.

27 Se acordarán y volverán al Eterno todos los fines de la tierra, y todas las familias de las naciones se postrarán ante ti.

28 Porque del Eterno es el reino, y él regirá a las naciones.

29 Comerán y adorarán todos los ricos de la tierra. Se arrodillarán ante él todos los que descienden al polvo, puesto que nadie puede conservarse vivo.

30 Mis descendientes adorarán al Eterno, y hablarán de él toda la vida.

31 Vendrán y anunciarán su justicia a un pueblo que aún no nació, contarán lo que él ejecutó.

23

1 Salmo de David El Eterno es mi pastor, nada me faltará.

2 En verdes praderas me hace descansar, junto a tranquilas aguas me pastorea.

3 Restaura mi alma. Me guía por sendas de justicia por amor de su Nombre.

4 Aunque ande en el valle sombrío de la muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me infunden aliento.

5 Me preparas una mesa en presencia de mis angustiadores. Unges mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando.

6 La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré para siempre.

24

1 Salmo de David Del Eterno es la tierra y su plenitud, el mundo y los que habitan en él.

2 Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos.

3 ¿Quién subirá al monte del Eterno? ¿Quién estará en su Santuario?

4 El limpio de manos y puro de corazón, el que no eleva su alma a la vanidad, ni jura con engaño.

5 Este recibirá la bendición del Eterno, y la justicia de Dios, su Salvador.

6 Tal es la generación del que lo busca, del que busca tu rostro, oh Dios de Jacob. El Rey de gloria

7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria.

8 ¿Quién es este Rey de gloria? El Eterno, el fuerte y valiente, el Eterno, el poderoso en batalla.

9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria.

10 ¿Quién es ese Rey de gloria? El Eterno Todopoderoso, él es el Rey de gloria.

25

1 Salmo de David A ti, Señor, elevo mi alma.

2 Dios mío, en ti confío, no sea yo avergonzado, no se alegren de mí mis enemigos.

3 Ninguno de cuantos en ti esperan será confundido. Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.

4 Muéstrame, oh Eterno, tus caminos. Enséñame tus sendas.

5 Encamíname en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación, en ti he esperado todo el día.

6 Acuérdate, oh Eterno, de tu piedad y de tu amor invariable, que son perpetuos.

7 De los pecados de mi juventud y de mis rebeliones, no te acuerdes. Conforme a tu invariable amor, acuérdate de mí, por tu bondad, oh Eterno.

8 Bueno y recto es el Señor. Por tanto enseñará a los pecadores el camino,

9 encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su camino.

10 Todas las sendas del Eterno son amor y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios.

11 Por amor de tu Nombre, oh Eterno, perdona mi pecado, que es grande.

12 ¿Qué hombre reverencia al Señor? El le indicará el camino a seguir.

13 Habitará en prosperidad, y sus descendientes heredarán la tierra.

14 El Eterno da su secreto a quienes lo veneran, y a ellos da a conocer su pacto.

15 Mis ojos están siempre vueltos hacia el Eterno porque él sacará mis pies de la red.

16 Mírame y ten compasión de mí, porque estoy solo y afligido.

17 Las angustias de mi corazón se han aumentado, sácame de mis congojas.

18 Mira mi aflicción y mi trabajo, y perdona todos mis pecados.

19 Mira mis enemigos, que se han multiplicado, y con violento odio me aborrecen.

20 Guarda mi vida, y líbrame. No sea yo avergonzado, porque en ti confío.

21 Integridad y rectitud me guarden, porque en ti espero.

22 Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias.

26

1 Salmo de David Hazme justicia, oh Eterno, porque en mi integridad he andado. He confiado en el Señor sin vacilar.

2 Examíname, oh Eterno, y pruébame. Examina mi corazón y mi mente.

3 Porque tu amor invariable está ante mis ojos, y ando en tu verdad.

4 No me siento con los hipócritas, ni me asocio con los simuladores.

5 Aborrecí la reunión de los malignos, y no me siento con los impíos.

6 Lavaré en inocencia mis manos, y andaré alrededor de tu altar, oh Eterno;

7 para exclamar con acción de gracias, y contar todas tus maravillas.

8 Oh Señor, amo la habitación de tu morada, el lugar donde está tu gloria.

9 No arrebates mi vida con los pecadores, ni con los hombres sanguinarios,

10 en cuyas manos está el mal, y su diestra llena de sobornos.

11 En cambio, yo ando en integridad. Redímeme y ten misericordia de mi.

12 Mi pie ha estado en rectitud. En las congregaciones alabaré al Eterno.

27

1 Salmo de David El Eterno es mi luz y mi salvación, ¿A quién temeré? El Eterno es la fortaleza de mi vida, ¿A quién he de temer?

2 Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y enemigos, para comer mis carnes, tropezaron y cayeron.

3 Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón. Aunque contra mí se levante guerra, estaré confiado.

4 Una sola cosa he demandado al Señor, ésta buscaré: Habitar en la casa del Eterno todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, e inquirir en su templo.

5 Porque él me esconderá en su morada en el día del mal, me ocultará en lo reservado de su pabellón, me pondrá en alto sobre una roca.

6 Entonces ensalzará mi cabeza sobre los enemigos que me rodean, sacrificaré en su templo sacrificios de júbilo. Cantaré y salmearé al Eterno.

7 Oh Señor, oye mi voz cuando clamo a ti. Ten misericordia de mí, y respóndeme.

8 Cuando tú dices: "Busca mi rostro", mi corazón responde: "Tu rostro buscaré, oh Eterno".

9 No escondas tu rostro de mí, no rechaces a tu siervo con enojo. Has sido mi ayuda, no me dejes, ni me desampares, Dios de mi salvación.

10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo el Señor me recibirá.

11 Enséñame, oh Eterno, tu camino, y guíame por senda de rectitud, a causa de mis enemigos.

12 No me entregues a la voluntad de mis adversarios, porque se han levantado testigos falsos contra mí, que respiran crueldad.

13 Estoy confiado que veré la bondad del Eterno, en la tierra de los vivientes.

14 ¡Espera en el Señor! ¡Esfuérzate, y aliéntese tu corazón! ¡Espera al Eterno!

28

1 Salmo de David A ti clamaré, oh Eterno, mi Roca. No te desentiendas de mí, para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro.

2 Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu Santuario.

3 No me arrebates junto con los malos, con los que obran iniquidad, que hablan de paz con sus prójimos, pero abrigan malicia en su corazón.

4 Dales conforme a su obra, conforme a la perversidad de sus hechos; dales su merecido conforme a la obra de sus manos.

5 Porque no atendieron a los hechos del Eterno, ni a la obra de sus manos; él los derribará, y no los edificará.

6 Alabado el Eterno, que oyó mis ruegos.

7 El Señor es mi fortaleza y mi escudo. En él confió mi corazón, y fui ayudado. Por eso se gozó mi corazón, y con mi canción lo alabaré.

8 El Eterno es la fuerza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido.

9 Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad. Pastoréalos y llévalos siempre.

29

1 Salmo de David Tributad al Eterno, oh hijos de Dios, tributad al Señor la gloria y el poder.

2 Tributad al Eterno la gloria debida a su Nombre. Adorad al Señor en la hermosura de su Santuario.

3 ¡Voz del Eterno sobre las aguas! Truena el Dios de gloria, el Eterno sobre las muchas aguas.

4 La voz del Eterno es potente, la voz del Eterno es majestuosa.

5 La voz del Eterno quiebra los cedros, quiebra los cedros del Líbano,

6 hace saltar al Líbano como becerro, y al Sirión como búfalo.

7 La voz del Eterno vierte llamas de fuego,

8 la voz del Eterno sacude el desierto, sacude el desierto de Cades.

9 La voz del Eterno desgaja las encinas, desnuda los bosques. Y en su templo todo proclama su gloria.

10 El Eterno preside el diluvio, y se sienta por rey para siempre.

11 El Señor da poder a su pueblo, el Eterno bendice a su pueblo con paz.

30

1 Salmo de David cantado en la dedicación del templo. Te exaltaré, oh Señor, porque me has levantado, y no permitiste que mis enemigos se rieran de mí.

2 Oh Eterno Dios mío, a ti clamé, y me sanaste.

3 Oh Eterno, me sacaste del sepulcro, me hiciste revivir para que no descienda a la sepultura.

4 Cantad al Eterno, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad.

5 Porque su enojo es de un momento, pero su favor dura toda la vida. El llanto puede durar una noche, pero a la mañana viene la alegría.

6 Cuando me sentí seguro, pensé: "Jamás seré conmovido".

7 Tú, oh Eterno, con tu favor afirmaste mi monte. Pero escondiste tu rostro, y fui turbado.

8 A ti, oh Eterno, clamé, a ti, Señor, supliqué.

9 ¿Qué provecho hay en mi muerte, en que yo descienda a la tumba? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?

10 Escucha, Señor, y ten misericordia de mí. Oh Eterno, sé tú mi ayudador.

11 Has cambiado mi lamento en danza, quitaste mi saco, y me ceñiste de alegría.

12 Por eso, cantaré a ti, gloria mía, y no estaré callado. Oh Eterno, Dios mío, siempre te alabaré.

31

1 Salmo de David En ti, Señor, me he refugiado. No sea yo confundido jamás. Líbrame por tu justicia.

2 Inclina a mí tu oído, líbrame pronto. Sé tú mi roca de refugio, alcázar para salvarme.

3 Porque tú eres mi roca y mi castillo. Por causa de tu Nombre guíame, y encamíname.

4 Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio.

5 En tu mano encomiendo mi espíritu. Tú me has redimido, oh Eterno, Dios de verdad,

6 Detesto a los que esperan en los vanos ídolos, pero yo en el Eterno confío.

7 Me gozaré y alegraré en tu invariable amor, porque has visto mi aflicción, velas por mi vida en la angustia.

8 No me entregaste en manos del enemigo. Pusiste mis pies en lugar amplio.

9 Ten misericordia de mí, oh Eterno, que estoy en angustia. Se consumen de pesar mis ojos, mi vida y mi cuerpo.

10 Mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar. Se agota mi fuerza a causa de mi aflicción, y mis huesos se consumen.

11 Soy el oprobio de mis enemigos, y el espanto de mis vecinos y conocidos. Los que me ven en la calle huyen de mí.

12 He sido olvidado de su corazón como un muerto. He venido a ser como un vaso quebrado.

13 Oigo la burla de muchos, que se conjuran contra mí y traman quitarme la vida.

14 Pero yo en ti confío, oh Eterno.

15 En tu mano está mi tiempo Líbrame de mis enemigos y perseguidores.

16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo. Sálvame por tu amor invariable.

17 No sea yo avergonzado, oh Eterno, ya que te invoqué. Sean avergonzados los impíos, y queden mudos en el sepulcro.

18 Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras, con soberbia y menosprecio.

19 ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te honran, que concedes a los que se refugian en ti, ante los hombres!

20 En lo secreto de tu presencia los escondes de las intrigas del hombre; los guardas en tu morada a cubierto de la contienda de lenguas.

21 Alabado sea el Eterno, por su maravilloso amor hacia mí, cuando estaba en ciudad sitiada.

22 Yo decía en mi premura: "Cortado soy de tu presencia". Pero tú oíste mi ruego cuando clamé a ti.

23 ¡Amad al Señor, vosotros sus santos! El guarda a los fieles, y retribuye con creces al soberbio.

24 ¡Esforzaos todos los que esperáis en el Eterno, y aliéntese vuestro corazón!

32

1 Salmo de David ¡Dichoso aquel a quien es perdonada su transgresión, y cubierto su pecado!

2 ¡Dichoso el hombre a quien el Señor no culpa de pecado, y en cuyo espíritu no hay engaño!

3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.

4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano. Mi verdor se volvió en sequedad de verano.

5 Entonces te declaré mi pecado, y no encubrí mi culpa. Dije: "Confesaré mis transgresiones al Eterno", y tú perdonaste la maldad de mi pecado.

6 Por esto orará a ti todo hombre piadoso mientras pueda hallarte. Y aunque las muchas aguas se desborden, no llegarán a él.

7 Tú eres mi refugio, me guardarás de angustia, con cantos de liberación me rodearás.

8 "Te haré entender, te enseñaré el camino en que debes andar, sobre ti fijaré mis ojos.

9 "No seáis sin entendimiento, como el caballo o el mulo, que han de ser sujetados con cabestro y freno, para que no se acerquen a ti".

10 Muchos dolores sufre el impío, pero el constante amor del Eterno rodea al que confía en él.

11 ¡Alegraos en el Eterno y gozaos, justos! ¡Cantad todos vosotros, los rectos de corazón!

33

1 Justos, ¡cantad alegres al Señor! Porque la alabanza de los rectos es hermosa.

2 Alabad al Eterno con arpa.

3 Cantadle canción nueva, tocad con arte y con júbilo.

4 Porque la Palabra del Eterno es recta, él es fiel en todo lo que hace.

5 Dios ama la justicia y el derecho, de su constante amor está llena la tierra.

6 Por la Palabra del Eterno fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.

7 El junta en un montón el agua del mar, pone en depósitos el abismo.

8 Venere al Eterno toda la tierra. Reveréncienlo todos los habitantes del mundo.

9 Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y surgió.

10 El Eterno anula el consejo de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos.

11 Pero el plan del Eterno permanece para siempre, los propósitos de su corazón por todas las generaciones.

12 ¡Dichosa la nación cuyo Dios es el Eterno, el pueblo que él eligió por heredad para sí!

13 Desde el cielo mira el Señor y ve a todos los hombres.

14 Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra.

15 El forma el corazón de cada uno, considera todas sus acciones.

16 El rey no se salva con la multitud de su ejército, ni por su mucha fuerza se libra el valiente

17 El caballo no garantiza la victoria, a pesar de su gran fuerza no puede salvar.

18 Pero el ojo del Eterno está sobre los que lo veneran, sobre los que esperan en su constante amor,

19 para librarlos de la muerte, y conservarlos con vida en el hambre.

20 Nosotros esperamos en el Eterno; nuestra ayuda y nuestro escudo es él.

21 Por eso nuestro corazón se alegra en él, porque en su santo Nombre confiamos.

22 Oh Eterno, sea tu constante amor sobre nosotros, tal como esperamos en ti.

34

1 Salmo de David ¡Alabaré al Señor en todo tiempo! Su alabanza estará siempre en mi boca.

2 En el Eterno me gloriaré. Los mansos oirán, y se alegrarán.

3 Engradeced al Eterno conmigo, exaltemos juntos su Nombre.

4 Busqué al Señor, y él me respondió, y me libró de todos mis temores.

5 Los que lo miran quedan radiantes de alegría, y su rostro no se avergüenza.

6 Este pobre clamó, y el Eterno lo oyó, y lo libró de todas sus angustias.

7 El ángel del Eterno acampa alrededor de los que lo veneran, y los defiende.

8 Gustad y ved qué bueno es el Señor. ¡Dichoso el hombre que confía en él!

9 Reverenciad al Eterno, vosotros sus santos, porque nada les falta a los que lo respetan.

10 Los ricos pueden empobrecer y sufrir hambre, pero los que buscan al Señor, no carecerán de ningún bien.

11 Venid, hijos, oídme, el respeto del Señor os enseñaré.

12 ¿Quién es el hombre que desea vida, que apetece muchos días buenos?

13 Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño.

14 Apártate del mal, haz el bien, busca la paz, y síguela.

15 Los ojos del Eterno están sobre los justos, y atentos sus oídos a su clamor.

16 La ira del Eterno contra los que hacen mal, para cortar de la tierra su memoria.

17 Claman los justos y el Señor los escucha, y los libra de todas sus angustias.

18 El Eterno está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los contritos de espíritu.

19 Muchas aflicciones puede tener el justo, pero de todas lo libra el Señor.

20 El guarda todos sus huesos, ni uno será quebrado.

21 La maldad matará al malo, y los que aborrecen al justo serán condenados.

22 El Eterno redime a sus siervos. Ninguno de los que se refugian en él serán condenados.

35

1 Salmo de David Oh Eterno, ataca a los que me atacan, combate a los que me combaten.

2 Echa mano del escudo y el pavés, y levántate en mi ayuda.

3 Saca la lanza y la pica contra mis perseguidores. Dime: "Yo soy tu salvación".

4 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida. Sean vueltos atrás y avergonzados los que intentan mi mal.

5 Sean como la paja que lleva el viento, y el ángel del Eterno los acose.

6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo, el ángel del Eterno los persiga.

7 Porque sin causa me tendieron su red, sin causa me cavaron una fosa.

8 Véngales el quebranto sin que lo sepan. La red que escondieron los prenda, y quebrantados caigan en ella.

9 Entonces me alegraré en el Eterno, y en su salvación me regocijare.

10 Todos mis huesos dirán: "Oh Señor, ¿quién es como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que lo despoja?"

11 Se levantan testigos violentos, me preguntan de lo que nada sé.

12 Me devuelven mal por bien, para abatir mi vida.

13 Sin embargo, cuando ellos enfermaron, yo me vestí de saco, me humillé con ayuno. Cuando mi oración volvía sin respuesta,

14 anduve de luto como por mi compañero, por mi hermano; como el que lleva luto por su madre, entristecido me humillaba.

15 Pero ellos se alegraron de mi adversidad, se juntaron. Se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo sabía. Y me despedazaron sin cesar.

16 Como lisonjeros escarnecedores y truhanes, crujieron contra mí sus dientes.

17 Señor, ¿hasta cuándo quedarás mirando? Recata mi vida de su destrucción, mi preciosa vida de esos leones.

18 Te confesaré en grande congregación, te alabaré ante numeroso pueblo.

19 No se alegren de mí mis injustos enemigos, ni los que me aborrecen sin causa guiñen los ojos.

20 Porque no hablan pacíficamente, sino que traman engaños contra los mansos de la tierra.

21 Ensancharon contra mí su boca. Dijeron: ¡Mirad, nuestros ojos lo han visto!"

22 Tú los viste, oh Eterno. No calles. Señor, no te alejes de mí.

23 Muévete y despierta para hacerme justicia, para defender mi causa, Dios mío y Señor mío.

24 Júzgame conforme a tu justicia, oh Eterno, Dios mío, y no se rían de mí.

25 No digan en su corazón: "¡Esto es lo que queríamos!" Ni digan: "Lo hemos devorado!"

26 Sean avergonzados y confundidos a una los que se alegran de mi mal. Vístanse de vergüenza y confusión los que se envalentonan contra mí.

27 Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: "El Eterno, que ama la paz de su siervo, sea exaltado"

28 Y mi lengua hablara de ti justicia, y de tu alabanza todo el día

36

1 Salmo de David La iniquidad del impío le dice al corazón: No hay por qué respetar a Dios ni en su presencia.

2 Ante sus propios ojos se lisonjea de que su iniquidad no será descubierta ni hallada aborrecible.

3 Las palabras de su boca son iniquidad y fraude. Ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien.

4 Aun en su cama planea el mal. Se obstina en el mal camino, y no aborrece la maldad.

5 Oh Eterno, tu amor llega hasta los cielos, tu fidelidad hasta las nubes.

6 Tu justicia es como los altos montes, tus juicios, grande abismo. Oh Eterno, tú preservas al hombre y al animal.

7 Oh Dios, ¡cuán precioso es tu invariable amor! Por eso los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.

8 Serán plenamente saciados de la abundancia de tu casa, y tú les das a beber del torrente de tus delicias.

9 Porque de ti brota el manantial de la vida, y en tu luz vemos la luz.

10 Extiende tu constante amor a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón.

11 No venga pie de soberbia contra mí, ni mano de impío me mueva.

12 Allí caen los malhechores, son abatidos, y no podrán levantarse.

37

1 Salmo de David No te impacientes a causa de los malignos, ni envidies a los que practican la iniquidad.

2 Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba se secarán.

3 Confía en el Eterno, y haz el bien; habita en la tierra y cultiva la fidelidad;

4 deléitale en el Señor, y él te dará los deseos de tu corazón.

5 Encomienda al Eterno tu camino, confía en él, y él obrará.

6 Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía.

7 Descansa en el Eterno, y espera con paciencia en él. No te impacientes por el que prospera en su camino, por el hombre que hace maldad.

8 Deja la ira y abandona el enojo. No te impacientes, que eso sólo conduce al mal.

9 Porque los malhechores serán exterminados, pero los que esperan en el Señor, heredarán la tierra.

10 De aquí a poco el malo no existirá más. Aunque lo busques en su lugar, no lo hallarás.

11 Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán en abundancia de paz.

12 El impío maquina contra el justo, cruje contra él sus dientes.

13 El Señor se ríe de él, porque ve que llega su día.

14 Los impíos desenvainan la espada y entesan su arco, para derribar al pobre y al menesteroso, para matar a los de recto proceder.

15 La espada de ellos entrará en su mismo corazón, y su arco será quebrado.

16 Mejor es lo poco del justo, que las muchas riquezas del impío.

17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados, pero el Señor sostiene a los justos.

18 El Eterno conoce los días de los íntegros, y su herencia permanecerá por siempre.

19 No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados.

20 Pero los impíos perecerán, y los enemigos del Eterno se desvanecerán; como la belleza de los campos serán consumidos; se disiparán como humo.

21 El impío toma prestado, y no devuelve, pero el justo da generosamente.

22 Los benditos de Dios heredarán la tierra, y los malditos de él serán exterminados.

23 El Eterno afirma los pasos del hombre bueno, y aprueba su camino.

24 Aunque caiga, no quedará postrado, porque el Eterno sostiene su mano.

25 Fui joven, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni a sus hijos mendigar el pan.

26 En todo tiempo es compasivo y presta, y sus hijos son una bendición.

27 Apártate del mal y haz el bien, y vivirás para siempre.

28 Porque el Eterno ama la rectitud, y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados, pero la descendencia de los impíos será extirpada.

29 Los justos heredarán la tierra, y vivirán por siempre jamás sobre ella.

30 La boca del justo conversa con sabiduría, y su lengua habla con rectitud.

31 La Ley de Dios está en su corazón, por eso sus pasos no resbalarán.

32 El impío acecha al justo, y procura matarlo.

33 El Eterno no lo dejará en sus manos, ni permitirá que lo condenen cuando lo juzguen.

34 Espera en el Señor, y guarda su camino, y él te exaltará para heredar la tierra. Cuando los pecadores sean destruidos lo verás.

35 Vi que el impío florecía y prosperaba como un cedro frondoso.

36 Pero pronto se pasó, y no existió más. Aunque lo busqué, no lo hallé.

37 Considera al íntegro, mira al justo, porque hay un porvenir dichoso para él.

38 En cambio, los impíos serán exterminados juntos; el futuro de los malos será extinguido.

39 La salvación de los justos viene del Eterno. El es su refugio en el tiempo de angustia.

40 El Eterno los ayudará y los librará. Los libertará de los impíos, y los salvará. Porque en él esperaron.

38

1 Salmo de David Oh Eterno, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues en tu ira.

2 Porque tus saetas se han clavado en mí, y sobre mí está pesando tu mano.

3 Nada sano hay en mi carne, a causa de tu ira; ni hay salud en mis huesos, a causa de mi pecado.

4 Mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza, como carga pesada gravitan sobre mí.

5 Mis llagas hieden y supuran, a causa de mi locura.

6 Estoy encorvado, humillado en gran manera. Ando enlutado todo el día.

7 Mis lomos están ardiendo de fiebre, y nada sano hay en mi carne.

8 Estoy debilitado y molido en gran manera. Gimo a causa de la conmoción de mi corazón.

9 Señor, ante ti están todos mis deseos, mi suspiro no te es oculto.

10 mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y hasta la luz de mis ojos me falta.

11 Mis amigos y mis compañeros me evitan por causa de mi plaga, mis cercanos se han alejado.

12 Los que buscan mi vida arman lazos, los que procuran mi mal hablan iniquidades, meditan engaños todo el día.

13 Pero yo, como si fuera sordo, no oigo. Soy como el mudo que no abre su boca.

14 Soy como el que no oye, y en su boca no hay respuesta.

15 Porque en ti, Señor, espero; tú responderás, oh Eterno, Dios mío.

16 Porque dije: "No se alegren de mí, cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre mí".

17 En verdad, estoy a punto de caer, y mi dolor está siempre en mí.

18 Por tanto, confieso mi maldad, y me entristece mi pecado.

19 Mis enemigos están activos y poderosos, y se han aumentado los que me aborrecen sin causa.

20 Los que pagan mal por bien me son contrarios, porque yo sigo lo bueno.

21 No me desampares, oh Eterno; Dios mío, no te alejes de mí.

22 Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi Salvador.

39

1 Salmo de David Dije: "Cuidaré mis caminos, para no pecar con mi lengua. Guardaré mi boca con mordaza, mientras que el impío esté en mi presencia".

2 Enmudecí, guardé silencio, me callé y aun acerca de lo bueno, mi dolor se agravó.

3 Se enardeció mi corazón dentro de mí, se encendió fuego en mi meditación, y proferí con mi lengua:

4 "Hazme saber, oh Eterno, mi fin, cuál es la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.

5 "Diste a mis días el largo de un palmo, mi edad es como nada ante ti. La vida del hombre es apenas un soplo.

6 "El hombre es una sombra que pasa. En vano se afana. Amontona riquezas, sin saber para quién.

7 "Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza se halla en ti.

8 "Líbrame de todas mis transgresiones. No me pongas por escarnio del insensato.

9 "Enmudezco, no abro mi boca, porque tú eres el que actúa.

10 "Quita de mí tu plaga, Por los golpes de tu mano estoy consumido.

11 "Castigando su pecado enmiendas al hombre, y consumes como polilla su belleza. Ciertamente sólo un soplo es todo hombre.

12 "Oye mi oración, oh Eterno, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas, porque ante ti soy peregrino y advenedizo, como todos mis padres.

13 "Desvía tu mirada de mí, para que tome aliento, antes que vaya y perezca".

40

1 Salmo de David Pacientemente esperé al Señor, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

2 Me sacó de una fosa mortal, del lodo cenagoso. Asentó mis pies sobre la Roca, y afirmó mis pasos.

3 Puso en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Muchos verán esto, lo venerarán, y confiarán en el Eterno.

4 !Feliz el hombre que pone en el Eterno su confianza, y no mira a los soberbios, ni se desvía tras la mentira!

5 Oh Eterno, Dios mío, muchas son tus maravillas; tus designios en nuestro favor, no los podemos contar. Quisiera hablar de ellos, pero no pueden ser enumerados.

6 Sacrificio y presente no quisiste; has abierto mis oídos, holocausto y expiación no has demandado.

7 Entonces dije: "Aquí vengo, en el rollo del libro está escrito de mí.

8 "Dios mío, me deleito en hacer tu voluntad, y tu Ley está en medio de mi corazón".

9 Anuncié tu justicia en la gran congregación, no detuve mis labios, tú lo sabes, oh Eterno.

10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón. Publiqué tu fidelidad y tu salvación. No oculté tu amor y tu verdad en la gran asamblea.

11 Oh Eterno, no retengas de mí tu misericordia. Tu gracia y tu verdad me guarden siempre.

12 Porque me han rodeado males sin número. Me han alcanzado maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.

13 Dígnate, Señor, librarme. Oh Eterno, apresúrate a socorrerme.

14 Sean avergonzados y confusos los que buscan mi vida para destruirla. Retrocedan y avergüéncense los que desean mi mal.

15 Sean consternados en pago de su afrenta los que se burlan de mí.

16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan. Los que aman tu salvación digan siempre: "El Eterno, sea enaltecido".

17 Aunque estoy afligido y necesitado, el Señor pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú. ¡Dios mío, no te tardes!

41

1 Salmo de David Dichoso el que se preocupa del pobre. El Eterno lo librará en el día malo.

2 El Eterno lo guardará y preservará su vida. Será feliz en la tierra, no lo entregará a la voluntad de sus enemigos.

3 El Señor lo sustentará en el lecho del dolor, lo sostendrá en su enfermedad.

4 Yo dije: "Oh Eterno, ten misericordia de mí, Sáname, aunque contra ti he pecado".

5 Mis enemigos hablan mal de mí preguntando: "¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?"

6 Si vienen a verme, hablan mentira. Su corazón amontona iniquidad, y al salir fuera, la divulgan.

7 Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen. Contra mí piensan mal, diciendo de mí:

8 "Una mala enfermedad se apoderó de él. Cayó en cama, no se levantará más".

9 Hasta mi amigo íntimo, en quien yo confiaba, el que comía de mi pan, alzó contra mí su talón.

10 Pero tú, Señor, ten misericordia de mí; levántame, y les daré el pago.

11 En esto sabré que te agrado, en que mi enemigo no triunfe sobre mí.

12 En cuanto a mí, tú me sostienes en mi integridad, me pones ante ti para siempre.

13 ¡Alabado sea el Eterno, el Dios de Israel, por los siglos de los siglos! ¡Amén y Amén!

42

1 Salmo de los hijos de Coré. Sed del Dios vivo Como el ciervo ansía las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía.

2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo iré, y me veré ante Dios?

3 Mis lágrimas fueron mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: "¿Dónde está tu Dios?"

4 Estas cosas recuerdo, mientras derramo mi alma dentro de mí. Yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios, con voz de alegría y alabanza, entre la festiva multitud.

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas en mí? Espera a Dios, porque aún he de alabarlo. ¡Mi Salvador y mi Dios!

6 Mi alma está en mí abatida. Por eso, me acordaré de ti desde la tierra del Jordán, desde Hermón y desde el monte Mizar.

7 En los hondos barrancos se oye la voz de tus cascadas. Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

8 Con todo, de día el Eterno mandará su amor, y de noche su canción estará conmigo, y mí oración al Dios de mi alma.

9 Diré a Dios: "Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Porqué andaré enlutado por la opresión del enemigo?"

10 Hasta los huesos me duelen cuando mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: "¿Dónde está tu Dios?"

11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas en mí? Espera a Dios, porque aún he de alabarlo. ¡Mi Salvador y mi Dios!

43

1 Vindícame, oh Dios, y defiende mi causa. Líbrame de gente impía, del hombre engañador e inicuo.

2 Tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?

3 Envía tu luz y tu verdad, para que me guíen, y me lleven al santo monte, donde tú moras.

4 Entonces iré al altar de Dios, al Dios, alegría de mi gozo, y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas en mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarlo. ¡Mi Salvador y mi Dios!

44

1 Salmo de los hijos de Coré. Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos.

2 Tú, con tu mano echaste a las naciones, y los plantaste a ellos; afligiste a los pueblos, y los arrojaste.

3 Porque no se apoderaron de la tierra con su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, tu brazo y la luz de tu rostro; porque tú los amabas.

4 Tú, oh Dios, eres mi rey, que ordenas las victorias de Jacob.

5 Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos En tu Nombre hollaremos a nuestros adversarios

6 Porque no confiaré en mi arco, ni mi espada me salvará.

7 Pues tú nos salvabas de nuestros enemigos, y avergonzabas a los que nos aborrecían.

8 En Dios nos gloriaremos en todo tiempo, para siempre alabaremos tu Nombre.

9 Pero ahora nos desechaste, nos hiciste avergonzar, y no sales con nuestros ejércitos.

10 Nos hiciste retroceder ante el enemigo. Y nos saquean los que nos aborrecen.

11 Nos entregas como ovejas al matadero, nos esparces entre las naciones.

12 Has vendido a tu pueblo de balde, sin ganar nada en su venta.

13 Nos pones por vergüenza ante nuestros vecinos, por escarnio y burla ante los que nos rodean.

14 Nos pones por proverbio entre las naciones. Al vernos, menean la cabeza.

15 Cada día mi vergüenza está delante de mí, y la confusión cubre mi rostro,

16 por la voz del que me vitupera y deshonra, a la vista del enemigo y del que se venga.

17 Todo esto nos ha venido, aunque no te hemos olvidado, ni hemos faltado a tu pacto.

18 Nuestro corazón no se ha vuelto atrás, ni se apartaron nuestros pasos de tu camino.

19 Pero tú nos quebrantaste, nos diste por presa a los chacales, nos cubriste con densa sombra.

20 Si nos hubiésemos olvidado del Nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno,

21 ¿no lo demandaría Dios? Porque él conoce los secretos del corazón.

22 Sin embargo, por tu causa nos matan cada día, somos tenidos como ovejas para el matadero.

23 ¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Despierta, no te alejes para siempre!

24 ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción y opresión?

25 Estamos agobiados hasta el polvo, nuestro cuerpo postrado hasta la tierra.

26 Levántate para ayudarnos, y redímenos a causa de tu constante amor.

45

1 Mi corazón rebosa de un noble tema, al recitar mis versos acerca del Rey. Mi lengua es como pluma de escribiente muy ligero.

2 Eres el más bello de los hombres. De tus labios fluye la gracia, porque Dios te ha bendecido para siempre.

3 Ciñe tu espada a tu cintura, oh valiente, con tu gloria y tu majestad.

4 En tu gloria cabalga victoriosamente, en favor de la verdad, la humildad y la justicia; tu diestra te enseñará a realizar proezas.

5 Tus agudas saetas con que caerán pueblos debajo de ti, penetrarán en el corazón de los enemigos del Rey.

6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre. Cetro de justicia es el cetro de tu reino.

7 Amaste la justicia y aborreciste la maldad. Por eso te ungió Dios, tu Dios, con óleo de gozo más que a tus compañeros.

8 Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos. En palacios de marfil te recrean con música de cuerdas.

9 Hijas de reyes están entre tus damas de honor. Está la reina a tu diestra con oro de Ofir.

10 Oye, hija, mira e inclina tu oído. Olvida tu pueblo y la casa de tu padre.

11 El Rey está prendado de tu hermosura. Inclínate a él, porque él es tu Señor.

12 Las hijas de Tiro vendrán con presentes. Los ricos implorarán tu favor.

13 Toda espléndida es la hija del rey en su palacio. De brocado de oro es su vestido.

14 Con vestidos bordados será llevada al Rey. Doncellas irán en pos de ella. Sus compañeras serán traídas a ti.

15 Serán traídas con alegría y gozo. Al entrar en el palacio del Rey.

16 En lugar de tus padres serán tus hijos, a quienes harán príncipes sobre toda la tierra.

17 Perpetuaré tu memoria en todas las generaciones. Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.

46

1 Salmo de los hijos de Coré. Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

2 Por eso, no temeremos, aunque la tierra sea removida, aunque se traspasen los montes al corazón del mar,

3 aunque bramen y se agiten sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su furia.

4 Hay un río que alegra la ciudad de Dios, la santa morada del Altísimo.

5 Dios está en medio de ella, no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana.

6 Braman las naciones, titubean los reinos. Da él su voz y se derrite la tierra.

7 El Eterno Todopoderoso está con nosotros. Nuestro refugio es el Dios de Jacob.

8 Venid a ver las obras sorprendentes, que el Eterno ha hecho en la tierra.

9 Hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego.

10 Estad quietos, y conoced que Yo Soy Dios. Exaltado seré entre las naciones, enaltecido seré en la tierra.

11 ¡El Eterno Todopoderoso está con nosotros! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob!

47

1 Salmo de los hijos de Coré. Pueblos todos, batid las manos, aclamad a Dios con voz de júbilo.

2 Temible es el Eterno, el Altísimo. Rey grande sobre toda la tierra.

3 El someterá a los pueblos debajo de nosotros, a las naciones bajo nuestros pies.

4 Elegirá nuestra herencia, la hermosura de Jacob, a quien amó.

5 Sube Dios con júbilo, con sonido de trompeta.

6 ¡Cantad a Dios, cantad! ¡Cantad a nuestro Rey, cantad!

7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra, cantad con inteligencia.

8 Dios reinó sobre las naciones, se sentó sobre su santo trono.

9 Los príncipes de los pueblos se reunieron, el pueblo del Dios de Abrahán; porque de Dios son los escudos de la tierra, muy exaltado es él.

48

1 Salmo de los hijos de Coré. Grande es el Eterno y digno de ser en gran manera alabado, en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte.

2 Hermosa en su altura, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sión, al lado norte, la ciudad del gran Rey.

3 En sus palacios Dios es conocido por seguro refugio.

4 Cuando los reyes de la tierra reunieron sus fuerzas, cuando avanzaron juntos,

5 al verla así, se maravillaron, se turbaron, se apresuraron a huir.

6 Allí los tomó temblor, dolor como a mujer que da a luz,

7 como cuando tú quiebras las naves de Tarsis con el viento este.

8 Como lo oímos, así lo hemos visto en la ciudad del Eterno Todopoderoso; en la ciudad de nuestro Dios, él la afirmará para siempre.

9 Meditamos en tu amable bondad, oh Dios, en medio de tu templo.

10 Conforme a tu Nombre, oh Dios, tu loor alcanza hasta los fines de la tierra. De justicia está llena tu diestra.

11 Alégrese el monte de Sión, gócense las aldeas de Judá, a causa de tus juicios.

12 Andad alrededor de Sión, rodeadla, contad sus torres.

13 Considerad con atención su muralla, mirad sus palacios, para que lo contéis a la generación venidera.

14 Porque éste es Dios, nuestro Dios eternamente y para siempre. Nos guiará hasta la muerte.

49

1 Oíd esto, pueblos todos, escuchad, habitantes de todo el mundo,

2 plebeyos y nobles, ricos y pobres.

3 Mi boca hablará sabiduría, el pensamiento de mi corazón.

4 Inclinaré al proverbio mi oído, declararé con el arpa mi enigma.

5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis opresores me rodee?

6 Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan,

7 ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate.

8 Porque la redención de su vida es de gran precio, y no bastará,

9 para que viva para siempre, y nunca vea la sepultura.

10 Pues verán que aun el sabio muere, igual que el insensato y el necio, y dejan sus riquezas a otros.

11 En su interior piensan que sus casas serán eternas, y su habitación por todas las generaciones, y dan sus nombres a sus tierras.

12 A pesar de su riqueza, el hombre no permanece, es semejante a las bestias que perecen.

13 Este es el camino de los que confían en sí mismos, y la de sus seguidores que aprueban sus dichos.

14 Como rebaños están destinados a la sepultura, la muerte se cebará en ellos, y los rectos se enseñorearán de ellos. Por la mañana se consumirá su buen parecer, y el sepulcro será su morada.

15 Pero Dios me redimirá de la sepultura, y me llevará con él.

16 No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa;

17 porque cuando muera no llevará nada, ni su gloria descenderá con él.

18 Aunque mientras viva se considere dichoso, y sea loado cuando prospere.

19 Irá con la generación de sus padres, y nunca más verá la luz de la vida.

20 El hombre que tiene riqueza sin entendimiento, es semejante a las bestias que perecen.

50

1 Salmo de Asaf. El Dios de dioses, el Eterno, habla, y convoca la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.

2 Desde Sión, dechado de hermosura, resplandece Dios.

3 Vendrá nuestro Dios, y no callará. Fuego consumirá delante de él, y una poderosa tempestad lo rodeará.

4 Convocará a los altos cielos, y a la tierra, para juzgar a su pueblo.

5 "Juntadme a mis fieles, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio".

6 Y los cielos anunciarán su justicia, porque Dios mismo es el juez. El verdadero culto

7 "Oye, pueblo mío, que voy a hablar. Escucha, Israel, y testificaré contra ti. Yo Soy Dios, tu Dios.

8 "No te reprenderé por tus sacrificios, ni por tus holocaustos que están siempre ante mí.

9 "No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos.

10 "Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados.

11 "Conozco todas las aves de los montes, y todos los animales del campo son míos.

12 "Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y su plenitud.

13 "¿He de comer yo carne de toros, o beber sangre de machos cabríos?

14 "Ofrece a Dios sacrificios de alabanza, y paga tus votos al Altísimo,

15 "e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás".

16 Pero al malo le dice Dios: "¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y tomar mi pacto en tu boca?

17 "Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras.

18 "Cuando ves a un ladrón te unes a él, Y echas tu parte con los adúlteros.

19 "Tu boca usas para el mal, y tu lengua para tramar engaños.

20 "Te sientas para hablar contra tu hermano, y difamas al hijo de tu madre.

21 "Estas cosas hiciste, y yo he callado. ¿Pensabas que yo sería como tú? Pero te reprenderé, y las pondré ante tus ojos.

22 "Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien libre.

23 "El que sacrifica acción de gracias me honra, y al que ordene su camino, le mostraré la salvación de Dios".

51

1 Salmo de David Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu amante bondad; conforme a tu inmensa ternura, borra mis transgresiones.

2 Lávame a fondo de mi maldad, y límpiame de mi pecado.

3 Porque reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí.

4 Contra ti, contra ti solo he pecado, e hice lo malo ante tus ojos, pues tú eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.

5 En cambio, en maldad nací yo, y en pecado me concibió mi madre.

6 Pero tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me ayudas a reconocer la sabiduría.

7 Purifícame con hisopo, y seré limpio. Lávame, y seré más blanco que la nieve.

8 Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que abatiste.

9 Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.

10 Oh Dios, crea en mí un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

11 No me eches de tu presencia, y no retires de mí tu Santo Espíritu.

12 Devuélveme el gozo de tu salvación, y sosténme con un espíritu dispuesto.

13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti.

14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; y mi lengua cantará tu justicia.

15 Señor, abre mis labios, y mi boca publicará tu alabanza.

16 Porque tú no quieres sacrificio, que yo daría; no quieres holocausto.

17 El sacrificio aceptable para Dios es el espíritu quebrantado. Tú, oh Dios, no desprecias al corazón contrito y humillado.

18 Haz bien con tu benevolencia a Sión, reedifica las murallas de Jerusalén.

19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto y la ofrenda del todo quemada. Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

52

1 Salmo de David ¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso? La bondad de Dios dura para siempre.

2 Agravios maquina tu lengua, como navaja afilada practica el engaño.

3 Amas el mal más que el bien, la mentira más que la rectitud.

4 Has amado toda suerte de palabras perniciosas, oh lengua engañosa.

5 Por tanto, Dios te destruirá para siempre. Te asolará y te arrancará de tu morada, te desarraigará de la tierra de los vivientes.

6 Los justos verán, y temerán. Se reirán de él, diciendo:

7 "Ahí está el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de su riqueza, y se mantuvo en su maldad".

8 Pero yo estoy como un olivo verde en la casa de Dios, en el invariable amor de Dios confío para siempre jamás.

9 Siempre te agradeceré por lo que has hecho. En tu Nombre esperaré, porque es bueno. Te alabaré en presencia de tus santos.

53

1 Salmo de David Dicen los insensatos en su corazón: "No hay Dios". Se corrompieron, e hicieron abominable maldad. No hay quien haga bien.

2 Desde el cielo Dios miró a los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios.

3 Cada uno se apartó, todos se habían corrompido. No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.

4 ¿No tienen conocimiento los malhechores, que devoran a mi pueblo como si comieran pan, y no invocan a Dios?

5 Se sobresaltan de pavor, aun sin razón para temer. Porque Dios dispersa los huesos del agresor. Tú los avergonzarás, porque Dios los desecha.

6 ¡Oh si viniera de Sión la salvación de Israel! Cuando Dios restaure el cautiverio de su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel

54

1 Salmo de David Ohl Dios, sálvame por tu Nombre, con tu poder defiéndeme.

2 Oh Dios, escucha mi oración, atiende las palabras de mi boca.

3 Porque extranjeros se han levantado contra mí, hombres violentos buscan mi vida. No han puesto a Dios ante sí.

4 Dios es el que me ayuda, el Señor está con los que sostienen mi vida.

5 El devolverá el mal a mis enemigos. Córtalos por tu fidelidad.

6 Voluntariamente te ofreceré sacrificios, alabaré tu Nombre, oh Eterno, porque es bueno,

7 porque me ha librado de toda angustia, y mis ojos vieron el triunfo sobre mis enemigos.

55

1 Salmo de David Escucha, oh Dios, mi oración, no te escondas de mi súplica.

2 Atiéndeme y respóndeme. Clamo en mi oración, y me conmuevo,

3 a causa de la voz del enemigo, por la opresión del impío. Porque iniquidad vierten sobre mí, y con furor me persiguen.

4 Mi corazón está dolorido dentro de mí, terrores de muerte sobre mí han caído.

5 Temor y temblor vinieron sobre mí, Y el horror me abruma.

6 Dije: " ¡Quién me diera alas de paloma!" Volaría yo, y descansaría.

7 "Ciertamente huiría lejos, Moraría en el desierto".

8 "Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad".

9 Destrúyelos, oh Señor, confunde su lengua, porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.

10 Día y noche rondan sobre sus murallas, iniquidad y malicia hay en ella.

11 Sólo agravios hay en su medio. La opresión y el engaño no se apartan de sus plazas.

12 Porque no me afrentó un enemigo, lo que habría soportado, ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él;

13 sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía y mi amigo íntimo,

14 que juntos nos comunicábamos dulcemente los secretos, mientras íbamos con la multitud a la casa de Dios.

15 Que la muerte sorprenda a mis enemigos, desciendan vivos al sepulcro, porque maldades hay en su morada.

16 Pero yo, a Dios clamaré, y el Eterno me salvará.

17 Al atardecer, de mañana y al mediodía oro y clamo, y él oye mi voz.

18 Me redime en paz de la guerra que se libra contra mí, aunque mis adversarios sean muchos.

19 Dios que reina eternamente, oirá y los quebrantará; por cuanto nunca se enmiendan, ni respetan a Dios.

20 Los inicuos extienden sus manos contra sus amigos, violan su pacto.

21 Ablandan sus dichos más que mantequilla, pero guerra hay en su corazón. Suavizan sus palabras más que el aceite, pero son espada desenvainada.

22 Echa sobre el Eterno tu carga, y él te sustentará, jamás dejará caído al justo.

23 Porque tú, oh Dios, harás descender a los malos al pozo de la sepultura. Los hombres sanguinarios y engañadores no llegarán a la mitad de sus días. Pero yo en ti confiaré.

56

1 Salmo de David Ten misericordia de mí, oh Dios, porque el hombre me devoraría. A toda hora me atacan y oprimen.

2 Mis enemigos me persiguen todo el día. Muchos me atacan con soberbia.

3 En el día en que temo, yo en ti confío.

4 En Dios, cuya Palabra alabo, en Dios confío. No temeré. ¿Qué me puede hacer el mortal?

5 Todo el día tuercen mis palabras. Todos sus pensamientos son contra mí para mal.

6 Se reúnen, se esconden, miran atentamente mis pasos, esperando quitar mi vida.

7 ¿Escaparán de su iniquidad? Oh Dios, derriba en tu furor a los pueblos.

8 Tú anotas mis huidas, juntas mis lágrimas en tu redoma. ¿No están escritas en tu libro?

9 Entonces retrocederán mis enemigos, el día que yo clame. Bien sé que Dios está por mí.

10 En Dios alabaré su Palabra, en el Eterno alabaré su Palabra.

11 En Dios he confiado. No temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre?

12 Te debo, oh Dios, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias.

13 Porque has librado mi vida de la muerte, y mis pies de tropezar, para que ande delante de Dios en la luz de la vida.

57

1 Salmo de David Ten compasión de mí, oh Dios, ten compasión de mí, porque en ti he confiado. A la sombra de tus alas me ampararé, hasta que pasen los quebrantos.

2 Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que cumple su propósito en favor mío.

3 El envía desde el cielo, y me salva de la infamia del que me acosa. Dios envía su amor y su fidelidad.

4 Estoy entre leones, ávidos de devorar a los hombres. Sus dientes son lanzas y saetas, y su lengua espada aguda.

5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, sobre toda la tierra sea tu gloria.

6 Red han tendido a mis pasos, estoy abatido. Hoyo cavaron ante mí, pero ellos mismos han caído en él.

7 Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto. Cantaré y trovaré salmos.

8 ¡Despierta, oh gloria mía! ¡Despierta, salterio y arpa! Me levantaré de mañana.

9 Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; cantaré de ti entre las naciones.

10 Porque tu amor es grande hasta los cielos, y hasta las nubes tu fidelidad.

11 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, sobre toda la tierra sea tu gloria.

58

1 Salmo de David Oh jueces, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente entre los hombres?

2 Antes, en el corazón ideáis iniquidades, hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.

3 Se desvían los impíos desde su nacimiento, desde que nacen se descarrían y hablan mentira.

4 Veneno tienen como veneno de serpiente, son como áspid sordo que cierra su oído,

5 que no oye la voz del encantador, por más hábil que sea.

6 Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas. Quiebra, oh Eterno, las muelas de los leoncillos.

7 Desaparezcan como agua que se va. Cuando arrojen sus flechas, que queden despuntadas.

8 Pasen como la babosa que se deslíe, como el abortivo, no vean el sol.

9 Antes que vuestras ollas sientan el calor de los espinos, sean verdes o encendidos, los impíos sean arrebatados.

10 Se alegrará el justo cuando vea la venganza, sus pies lavará en la sangre del impío.

11 Entonces dirá el hombre: "Ciertamente hay galardón para el justo. Ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra".

59

1 Salmo de David Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; sálvame de los que se levantan contra mí.

2 Líbrame de los que cometen iniquidad, y sálvame de los hombres sanguinarios.

3 Porque están acechando mi vida. Hombres fuertes se juntaron contra mí, no por falta mía, ni pecado mío, oh Eterno.

4 Sin delito mío corren y se aperciben. Despierta para venir a mi encuentro, y mira.

5 Tú, oh Eterno, Dios Todopoderoso, Dios de Israel, levántate para castigar a todas las naciones. No tengas compasión de los que se rebelan con iniquidad.

6 Vuelven a la tarde, ladran como perros, y rondan la ciudad.

7 Mira lo que echan de su boca, espadas echan de sus labios. Y dicen: "¿Quién oye?"

8 Pero tú, oh Eterno, te ríes de ellos, te burlas de todas las naciones.

9 En ti, fuerza mía, esperaré. Tú, oh Dios, eres mi fortaleza.

10 Mi amante Dios, irá delante de mí. Dios me permitirá ver la derrota de mis enemigos.

11 No los mates para que mi pueblo no se olvide. Dispérsalos con tu poder y abátelos, oh Eterno, escudo nuestro,

12 por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios, sean presos por su soberbia, por la maldición y la mentira que prefieren;

13 consúmelos con furor, consúmelos hasta que no existan más. Entonces se sabrá hasta los fines de la tierra, que Dios domina en Jacob.

14 Vuelven a la tarde, ladran como perros, y rondan la ciudad,

15 andan errantes para hallar qué comer, y hasta que no se sacian, andan aullando.

16 Pero yo cantaré tu fortaleza, loaré de mañana tu misericordia, porque has sido mi amparo, refugio en el día de mi angustia.

17 Fortaleza mía, a ti cantaré, porque eres el Dios de mi refugio, mí amante Dios.

60

1 Salmo de David Oh Dios, tú nos desechaste, nos quebrantaste. Estabas enojado. ¡Vuélvete a nosotros!

2 Hiciste temblar la tierra, la hendiste. Sana sus grietas, porque titubea.

3 Has hecho ver a tu pueblo cosas duras, nos hiciste beber vino que aturde.

4 Has dado a los que te veneran, bandera para que la puedan desplegar por la verdad,

5 para que se libren tus amados; salva con tu diestra, y respóndeme.

6 Dios habló desde su Santuario: "Triunfalmente partiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot.

7 "Mío es Galaad, y mío es Manasés, Efraín es el casco de mi cabeza, Judá mi legislador,

8 "Moab la jofaina en que me lavo, sobre Edom echaré mi calzado; gritaré en triunfo sobre Filistea".

9 ¿Quién me llevará a la ciudad fortalecida? ¿Quién me llevará hasta Edom?

10 ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, y no salías con nuestros ejércitos?

11 Socórrenos contra el enemigo, que vana es la ayuda de los hombres.

12 En Dios haremos proezas, y él hollará nuestros enemigos.

61

1 Salmo de David Oye, oh Dios, mi clamor, mi oración, atiende.

2 Desde el cabo de la tierra clamo a ti, cuando mi corazón desmaya. Condúceme a la Roca más alta que yo;

3 porque tú eres mi refugio, torre de fortaleza ante el enemigo.

4 Quiero vivir en tu casa para siempre Bajo la cubierta de tus alas estaré seguro.

5 Porque tú, oh Dios, has oído mis votos, me diste la herencia de los que veneran tu Nombre.

6 Añade días a los días del rey, sus años sean como generación tras generación.

7 Que reine para siempre ante Dios. ¡El amor y la fidelidad lo guarden!

8 Así cantaré tu Nombre para siempre, pagando mis votos cada día.

62

1 Salmo de David Sólo en Dios hallo descanso. De él viene mi salvación

2 Sólo él es mi roca y mi salvación. Es mi fortaleza. Nunca seré sacudido.

3 ¿Hasta cuándo atacaréis a un hombre, tratando todos de aplastarlo, como si fuese una pared por caer o una cerca ruinosa?

4 Sólo consultan para arrojarlo de su grandeza. Aman la mentira; con su boca bendicen, pero en su corazón maldicen.

5 Alma mía, sólo en Dios reposa, porque de él viene mi esperanza.

6 Sólo él es mi roca y mi salvación, mi refugio, no resbalaré.

7 En Dios está mi salvación y mi gloria. En Dios, está la roca de mi fortaleza y mi refugio.

8 Esperad en, él en todo tiempo, oh pueblos, derramad ante él vuestro corazón. Dios es nuestro refugio.

9 Los hombres son apenas un soplo, tanto el pobre, como el rico. Si se pesaran todos juntos en balanza, pesarían menos que un soplo

10 No confiéis en la violencia, ni en la rapiña. No os envanezcáis. Si se aumenta la riqueza, no pongáis el corazón en ella.

11 Una vez habló Dios, dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder.

12 Tuyo, oh Señor, es el amor. Tú pagas a cada uno conforme a su obra.

63

1 Salmo de David ¡Oh Dios, tú eres mi Dios! De madrugada te busco. Mi alma tiene sed de ti, mi cuerpo te anhela, como tierra seca, agotada y sin agua.

2 Te he visto en el Santuario, y contemplé tu poder y tu gloria.

3 Porque tu invariable amor es mejor que la vida. Mis labios te alabarán.

4 Así te alabaré durante toda mi vida, en tu Nombre alzaré mis manos.

5 Mi alma quedará satisfecha como de meollo y de grosura, con labios de júbilo te alabará mi boca.

6 De ti me acuerdo en mi lecho, medito en ti en las vigilias de la noche.

7 Porque has sido mi socorro, bajo la sombra de tus alas me regocijaré.

8 Mi vida está apegada a ti, tu diestra me ha sostenido.

9 Pero los que buscan mi vida serán destruidos, caerán en las honduras de la tierra.

10 Los destruirán a filo de espada, serán porción de los chacales.

11 Pero el rey se alegrará en Dios, se gloriará todo el que jura por él, porque la boca de los que hablan mentira será cerrada.

64

1 Salmo de David Escucha, oh Dios, mi gemido. Guarda mi vida del miedo al enemigo.

2 Escóndeme del secreto consejo de los malignos, de la conspiración de los que obran iniquidad.

3 Afilan como espada su lengua, lanzan como flechas sus palabras amargas,

4 para asaetear a escondidas al íntegro, le tiran de improviso y nada temen.

5 Obstinados en su inicuo designio, tratan de esconder los lazos, y dicen: "¿Quién los ha de ver?

6 "¿Quién investigará nuestros crímenes? Hemos trazado un plan astuto". El pensamiento y el corazón de ellos es un abismo.

7 Pero Dios los herirá con saeta, de repente serán heridos.

8 Sus mismas lenguas los harán caer, se espantarán de los hombres que los vean.

9 Entonces temerán todos los hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán sus hechos.

10 El justo se alegrará en el Eterno, confiará en él, y se gloriarán todos los rectos de corazón.

65

1 Canto de David Oh Dios, a ti se debe la alabanza en Sión, a ti se pagarán los votos.

2 Tú oyes la oración, a ti vendrá toda carne.

3 Cuando nuestras iniquidades nos abruman, tú perdonas nuestras rebeliones.

4 ¡Dichoso el que tú eliges y allegas a ti, para que habite en tus atrios! Quedaremos satisfechos del bien de tu casa, de tu santo templo.

5 Con portentos de justicia tú nos respondes, oh Dios, nuestro Salvador, esperanza de todos los términos de la tierra, y de los más remotos mares.

6 Tú afirmas los montes con tu poder, ceñido de valentía.

7 Sosiegas el estruendo de los mares, el y bramido de sus ondas, el tumulto de las naciones.

8 Por eso, los habitantes de los fines de la tierra admiran tus maravillas. Tú alegras a los del oriente y del occidente.

9 Visitas la tierra, y la riegas, la enriqueces en gran manera; con el río de Dios, lleno de agua, provees el grano a la gente, cuando así la dispones.

10 Tú empapas los surcos de la tierra, nivelas sus terrones, la ablandas con la lluvia, y bendices sus renuevos.

11 Tú coronas el año con tus bienes, y tus carriles destilan abundancia.

12 Destilan sobre los pastizales del desierto, y los collados se visten de alegría.

13 Las praderas se visten de manadas, y los valles se cubren de mieses, dan voces de júbilo, y cantan.

66

1 Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.

2 Cantad la gloria de su Nombre, cantadle gloriosas alabanzas.

3 Decid a Dios: "¡Cuán asombrosas son tus obras!" Por la grandeza de tu poder se someterán tus enemigos a ti.

4 "Toda la tierra te adorará, y te cantará, cantarán a tu Nombre".

5 Venid, ved las obras de Dios, terrible en hechos sobre los hombres.

6 Convirtió el mar en tierra seca, por el río pasaron a pie. ¡Alegrémonos, pues, en él!

7 Con poder él gobierna para siempre. Sus ojos vigilan las naciones, los rebeldes no serán enaltecidos.

8 Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced oír la voz de su alabanza.

9 El preservó nuestra vida, no permitió que nuestros pies resbalasen.

10 Porque tú nos probaste, oh Dios, nos refinaste como se afina la plata.

11 Nos prendiste en la red, pusiste pesada carga sobre nuestros lomos.

12 Dejaste que hombres cabalgaran sobre nuestra cabeza, pasamos por el fuego y el agua, y al fin nos sacaste a un lugar de abundancia.

13 Entraré en tu casa con holocaustos, te pagaré mis votos,

14 votos que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando estaba angustiado.

15 Holocaustos de animales engordados te ofreceré, con el dulce aroma de carneros. Te sacrificaré bueyes y machos cabríos.

16 Venid, oíd todos los que veneráis a Dios, y contaré lo que ha hecho por mí.

17 A él clamé con mi boca, y lo exalté con mi lengua.

18 Si en mi corazón hubiese yo mirado al pecado, el Señor no me hubiera escuchado.

19 Pero de cierto Dios me oyó, atendió la voz de mi súplica.

20 Alabado sea Dios, que no desechó mi oración, ni retiró su invariable amor de mí.

67

1 Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga, haga resplandecer su rostro sobre nosotros.

2 Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación,

3 Alábente los pueblos, oh Dios, todos los pueblos te alaben.

4 Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás a los pueblos con equidad, y guiarás a las naciones en la tierra.

5 Alábente los pueblos, oh Dios, alábente los pueblos todos.

6 La tierra dará su fruto, nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.

7 Bendíganos Dios, y venérenlo todos los fines de la tierra.

68

1 Salmo de David Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, huyan de su presencia los que lo aborrecen.

2 Como se disipa el humo, así los disiparás. Como se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos delante de Dios.

3 Pero los justos se alegrarán, se gozarán en la presencia de Dios, y saltarán de alegría.

4 Cantad a Dios, cantad salmos a su Nombre. Ensalzad al que cabalga sobre las nubes. El Eterno es su Nombre. Alegraos ante él.

5 Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.

6 Dios hace habitar en familia a los solitarios, libera a los cautivos y los prospera, pero los rebeldes habitan en tierra estéril.

7 Oh Dios, cuando tú saliste ante tu pueblo, cuando anduviste por el desierto,

8 la tierra tembló, los cielos volcaron lluvia ante Dios. El Sinaí tembló ante Dios, el Dios de Israel.

9 Abundante lluvia esparciste, oh Dios, y reanimaste a tu exhausta heredad.

10 Los que son de tu grey han morado en ella. Por tu bondad, oh Dios, has provisto para el pobre.

11 El Señor daba su Palabra, y grande compañía la proclamaba.

12 Reyes y ejércitos huyen de prisa, en el campamento los hombres reparten los despojos.

13 Aun mientras duermen en el campamento, las alas de mi paloma brillan plateadas, y sus plumas con amarillez de oro.

14 Cuando el Todopoderoso esparció a los reyes, fue como si hubiera nevado en el monte Salmón.

15 ¡Oh majestuoso monte, el monte Basán! ¡Monte de muchas elevaciones es el de Basán!

16 ¿Por qué miráis con envidia, oh montes altos, al monte que Dios eligió para su morada, donde el Eterno habitará para siempre?

17 Los carros de Dios son veintenas de millares de millares. Entre ellos el Señor vino del Sinaí a su Santuario.

18 Subiste a lo alto, llevaste cautivos, recibiste dones de los hombres, aun de los rebeldes, para que Dios, el Eterno, habitara entre ellos.

19 ¡Alabado sea el Señor, nuestro Dios y Salvador! Cada día nos colma de beneficios, el Dios de nuestra salvación.

20 Nuestro Dios es un Dios que salva. Dios, el Eterno, nos libra de la muerte.

21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que anda en sus pecados.

22 El Señor dijo: "De Basán te haré volver, te haré volver de la profundidad del mar,

23 "para que tu pie se enrojezca con la y sangre de tus enemigos, y de ella la lengua de tus perros".

24 Se ven tus procesiones, oh Dios y mi Rey, se ven en el Santuario.

25 Los cantores van al frente, los músicos detrás. En medio, las jóvenes con panderos.

26 ¡Alabad a Dios en la gran congregación! ¡Alabad al Señor, en la asamblea de Israel!

27 Allí está la pequeña tribu de Benjamín, dirigiéndolos, los príncipes de Judá en su congregación, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.

28 Tu Dios ha ordenado tu fuerza; confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros.

29 Por razón de tu templo en Jerusalén los reyes te ofrecerán dones.

30 Reprende las bestias del cañaveral, la multitud de toros y novillos de las naciones, hasta que todos se sometan con piezas de plata. Dispersa a los pueblos que fomentan la guerra.

31 Vendrán embajadores de Egipto, Etiopía tenderá sus manos a Dios.

32 Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad al Señor,

33 al que cabalga sobre los antiguos cielos de los cielos, que truena con potente voz.

34 Proclamad el poder de Dios, cuya majestad está sobre Israel, cuyo poder está en los cielos.

35 ¡Pavoroso es Dios desde su Santuario! El Dios de Israel, da fuerza y vigor a su pueblo. ¡Alabado sea Dios!

69

1 Salmo de David Sálvame, oh Dios, porque el agua ha llegado hasta el cuello.

2 Estoy hundido en profundo cieno, sin poder apoyar el pie. Estoy en aguas profundas, y la corriente me anega.

3 Cansado estoy de llamar, mi garganta se ha enronquecido, han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios.

4 Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa. Se han fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin razón. Exigen que devuelva lo que no robé.

5 Dios, tú conoces mi insensatez, mis pecados no te son ocultos.

6 No sean avergonzados por mi causa los que esperan en ti, oh Señor, Eterno Todopoderoso. No sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel.

7 Porque por amor de ti he sufrido afrenta, confusión ha cubierto mi rostro.

8 He venido a ser un extraño para mis hermanos, un desconocido para los hijos de mi madre.

9 El celo por tu casa me consume, los insultos de los que te vituperan caen sobre mí.

10 Cuando lloré y me afligí con ayuno, eso se me volvió en afrenta.

11 Cuando me vestí de saco, se burlaron de mí

12 Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y fui la cantinela de los bebedores. Súplica del perseguido

13 Pero yo a ti oraba, oh Eterno, en el tiempo favorable. Oh Dios, por tu gran amor, respóndeme, por la verdad de tu salvación, escúchame.

14 Sácame del lodo, no sea yo sumergido. Líbrame de los que me aborrecen, de las aguas profundas.

15 No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me trague la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca.

16 Respóndeme, oh Eterno, por la bondad de tu amor. Mírame conforme a tu gran compasión.

17 No escondas tu rostro de tu siervo, porque estoy angustiado. Apresúrate, respóndeme.

18 Acércate a mí y rescátame. Líbrame de mis enemigos. Dura experiencia del Mesías

19 Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio. Ante ti están todos mis enemigos

20 Las burlas han quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciera de mí, y no lo hubo; consoladores, y ninguno hallé.

21 Además, me dieron hiel por comida, en mi sed me dieron a beber vinagre.

22 Su mesa ante ellos se convierta en lazo, y su bienestar en un tropiezo.

23 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y que siempre vacile su lomo.

24 Derrama sobre ellos tu ira, el furor de tu enojo los alcance.

25 Quede su habitación desierta, y sus tiendas sin habitante;

26 porque persiguieron al que tú heriste, y cuentan el dolor del que tú llagaste.

27 Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia.

28 Sean borrados del libro de la vida, y no sean escritos entre los justos.

29 Pero yo, afligido y dolorido, que tu salvación, oh Dios, me proteja. Y vivirá vuestro corazón

30 Entonces alabaré el Nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con gratitud.

31 Eso agradará al Eterno más que el sacrificio de un buey, un becerro con cuernos y pezuñas.

32 Lo verán los afligidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.

33 Porque el Eterno responde a los menesterosos, no menosprecia a sus prisioneros.

34 Alábenlo el cielo y la tierra, los mares y todo lo que se mueve en ellos.

35 Porque Dios salvará a Sión, reedificará las ciudades de Judá, habitarán allí, y la poseerán.

36 Los hijos de sus siervos la heredarán, los que aman su Nombre habitarán en ella.

70

1 Salmo de David Oh Dios, acude a librarme. Apresúrate, oh Dios, a socorrerme.

2 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida. Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal desean.

3 Huyan en pago de su afrenta, los que dicen: "¡Ja, Ja!"

4 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: "¡Engrandecido sea Dios!"

5 Yo estoy afligido y menesteroso. Apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi Libertador eres tú; ¡Oh Eterno, no te demores!

71

1 En ti, oh Eterno, me refugio. No sea yo avergonzado jamás.

2 Rescátame y líbrame en tu justicia, inclina tu oído y sálvame.

3 ¡Sé mi roca de refugio, adonde pueda yo ir siempre! Tú has mandado que yo sea salvo, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.

4 Dios mío, líbrame de mano del impío, del poder del perverso y del opresor.

5 Porque tú, oh Señor, oh Eterno, eres mi esperanza, mi confianza desde mi juventud.

6 Por ti he sido sustentado desde antes de nacer, de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste, a ti siempre te alabaré.

7 Como prodigio he sido para muchos, tú eres mi fuerte refugio.

8 Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.

9 No me deseches en la vejez, cuando mi fuerza se acabe, no me desampares.

10 Porque mis enemigos hablan contra mí, y los que quieren matarme conspiran entre sí.

11 Diciendo: "Dios lo ha dejado, perseguidlo, prendedlo, porque no hay quien lo libre".

12 Oh Dios, no te alejes de mí. Dios mío, acude pronto a mi socorro.

13 Perezcan avergonzados mis adversarios, sean cubiertos de vergüenza y confusión los que buscan mi mal.

14 En cambio, yo siempre esperaré, te alabaré más y más.

15 Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación, todo el día, aunque no sé su número.

16 Vendré a proclamar tus proezas, oh Señor, oh Eterno; proclamaré tu justicia, sólo la tuya.

17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas.

18 En la vejez y en las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que declare tu poder a la siguiente generación, y tu potencia a todos los que han de venir.

19 Tu justicia, oh Dios, llega hasta el cielo, porque has hecho grandes cosas. Oh Dios, ¿quién como tú?

20 Aunque me has hecho ver muchas angustias y males, restaurarás mi vida, me levantarás de nuevo de los abismos de la tierra.

21 Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.

22 Dios mío, te alabaré al son del salterio. Tu verdad cantaré con el arpa, oh Santo de Israel.

23 Al cantar tus alabanzas, se alegrarán mis labios, y todo mi ser que tú redimiste.

24 Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día, porque fueron avergonzados y confundidos los que procuraban mi mal.

72

1 Salmo de Salomón. Oh Dios, da tu juicio al rey, y tu justicia al hijo del rey.

2 El juzgará a tu pueblo con justicia, a tus afligidos con juicio.

3 Los montes llevarán paz al pueblo, los collados justicia.

4 Defenderá a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor.

5 Te venerarán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación.

6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada, como aguaceros que riegan la tierra.

7 Florecerá en sus días la justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.

8 Dominará de mar a mar, desde el río hasta los fines de la tierra.

9 Ante él se postrarán los habitantes de desierto, y sus enemigos lamerán el polvo.

10 Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes, los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.

11 Todos los reyes se postrarán ante él. Le servirán todas las naciones.

12 Porque él librará al menesteroso que clame, al afligido que no tenga socorro.

13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, salvará la vida de los pobres.

14 De engaño y violencia los redimirá y la sangre de ellos será preciosa a sus ojos.

15 Vivirá, y le darán el oro de Sabá, y siempre orarán por él. Todo el día lo alabarán.

16 Abundarán los cereales en la tierra, y en la cumbre de los montes. Su fruto ondulará como en el Líbano, y los de la ciudad florecerán como la hierba del campo.

17 Su Nombre será para siempre. Se perpetuará su Nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones, y lo llamarán dichoso.

18 Bendito el Eterno, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.

19 ¡Alabado sea su glorioso Nombre para siempre! Toda la tierra sea llena de su gloria. ¡Amén y Amén!

20 Aquí terminan las oraciones de David hijo de Isaí.

73

1 Salmo de Asaf. Dios es realmente bueno con Israel, con los limpios de corazón.

2 En cuanto a mí, por poco se deslizaron mis pies, por poco resbalaron mis pasos. Y lo llamarán dichoso

3 Porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos.

4 A ellos no les preocupa la muerte, pues su vigor está entero.

5 No pasan trabajos como los otros mortales, ni son azotados como los demás hombres.

6 Por eso, la soberbia los rodea como un collar, y se cubren de vestido de violencia.

7 Sus ojos les saltan de gordura, logran con creces los antojos de su corazón.

8 Se burlan y hablan con malicia. En su arrogancia amenazan con hacer violencia.

9 Ponen su boca contra el cielo, y su lengua recorre la tierra.

10 Por eso su pueblo vuelve a ellos, Y los tienen por fuente que beben a largos sorbos.

11 Y dicen: "¿Cómo sabe Dios? ¿Hay conocimiento en lo alto?"

12 Estos impíos, sin ser turbados por el mundo, alcanzaron riquezas.

13 En verdad en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia.

14 Pues he sido azotado todo el día, castigado todas las mañanas. Restauración y gozo

15 Si yo pensara hablar así, estaría traicionando la generación de tus hijos.

16 Cuando traté de entender esto, fue duro trabajo para mí,

17 hasta que entré al Santuario de Dios. Entonces entendí el destino final de ellos.

18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos, los precipitas a completa ruina.

19 ¡Cuán de repente serán destruidos, arrasados por completo por el terror!

20 Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando te levantes, menospreciarás su apariencia. Fuera de ti nada deseo

21 Mi corazón se había amargado, se habían conmovido mis entrañas.

22 Tan torpe era yo, que no entendía, era como una bestia ante ti.

23 Con todo, siempre estuve contigo. Me sostuviste por mi mano derecha.

24 Me guiaste según tu consejo, y después me recibirás en gloria.

25 ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Y fuera de ti, nada deseo en la tierra

26 Mi carne y mi corazón desfallecen, pero la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

27 Los que se alejan de ti perecerán. Destruirás a todo el que se aparta de ti.

28 En cuanto a mi, el acercarme a Dios es el bien. He puesto en el Señor, en el Eterno, mi refugio, para contar todas tus obras.

74

1 Salmo de Asaf. ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué tu enojo ha de humear contra las ovejas de tu prado?

2 Acuérdate de tu congregación, que adquiriste desde tiempo antiguo, que redimiste para que fuera la tribu de tu herencia; este monte Sión, donde has habitado.

3 Dirige tus pasos a estas ruinas sin fin, a todo el mal que el enemigo ha hecho en el Santuario.

4 Tus enemigos vociferaron en medio de tus asambleas, han puesto sus divisas por señales.

5 Se parecen a los que levantan el hacha en espeso bosque;

6 y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras.

7 Han prendido fuego a tu Santuario, han profanado la morada de tu Nombre, echándola por tierra.

8 Dijeron en su corazón: "Destruyámoslos de una vez". Quemaron todo lugar donde se adora a Dios en la tierra.

9 Ya no vemos nuestras señales, no hay más profeta, ni hay entre nosotros quien sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, afrentará el angustiador? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu Nombre?

11 ¿Por qué retraes tu mano? ¿Por qué la escondes en tu seno?

12 Sin embargo, Dios es mi rey desde tiempo antiguo, que obra salvación en la tierra.

13 Tú dividiste el mar con tu poder, quebrantaste cabezas de monstruos marinos,

14 magullaste las cabezas del leviatán, y lo diste por comida al pueblo del desierto.

15 Abriste la fuente y el río, secaste ríos impetuosos.

16 Tuyo es el día, tuya también la noche, tú estableciste la luna y el sol.

17 Tú fijaste todos los términos de la tierra, el verano y el invierno tú los formaste.

18 Acuérdate que el enemigo ha dicho afrentas contra el Eterno, y un pueblo insensato ha blasfemado tu Nombre.

19 No entregues a las bestias la vida de tu tórtola, no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.

20 Mira el pacto, porque los lugares oscuros de la tierra están llenos de guarida de violencia.

21 No vuelva avergonzado el abatido, que el afligido y el menesteroso alaben tu Nombre.

22 Levántate, oh Dios, defiende tu causa, acuérdate que el insensato te injuria cada día.

23 No olvides las voces de tus enemigos, el alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.

75

1 Salmo de Asaf. ¡Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos! Tus obras maravillosas declaran que cercano está tu Nombre.

2 "En el tiempo designado, yo juzgaré rectamente.

3 "Cuando la tierra y sus moradores tiemblen, yo sostendré sus columnas.

4 "Digo a los soberbios: 'No seáis arrogantes'"; y a los impíos: 'No os enorgullezcáis.

5 " 'No levantéis tanto vuestro poder, no habléis con cuello erguido' ".

6 Porque la exaltación no viene del oriente, ni del occidente, ni del desierto,

7 sino que Dios es el juez. A éste abate, y a, aquél exalta.

8 Porque el cáliz de la ira está en la mano del Eterno, y el vino está mezclado y fermentado. Cuando él derrame el vino, todos los impíos de la tierra lo beberán hasta la última gota.

9 Pero yo siempre anunciaré al Dios de Jacob, y cantaré sus alabanzas para siempre.

10 El quebrará el poder de los pecadores, y exaltará el poder del justo.

76

1 Salmo de Asaf. Dios es conocido en Judá, en Israel es grande su Nombre.

2 En Salem está su morada, su habitación en Sión.

3 Allí quebró las saetas del arco, el escudo, la espada y las armas de guerra.

4 Tú eres más resplandeciente y majestuoso que los montes de caza.

5 Los valientes yacen despojados, duermen su último sueño. Ninguno de ellos puede levantar sus manos.

6 A tu reprensión, oh Dios de Jacob, el carro y el caballo fueron paralizados.

7 Tú, terrible eres tú. ¿Quién podrá estar ante ti cuando se encienda tu ira?

8 Desde el cielo pronuncias juicio, la tierra se asusta y enmudece,

9 cuando te levantas, oh Dios, en juicio, para salvar a todos los afligidos de la tierra.

10 De cierto la ira del hombre te traerá alabanza. Tú reprimirás el resto de las iras.

11 Ofreced votos al Eterno, vuestro Dios, y pagadlos. Todos los que estáis alrededor de él, traed presentes al que debe ser venerado.

12 El corta la vida de los príncipes, y atemoriza a los reyes de la tierra.

77

1 Salmo de Asaf. Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará.

2 Al Señor busqué en el día de mi angustia, a él alcé mis manos de noche sin cesar. Mi alma rehusaba consuelo.

3 Me acordaba de Dios y gemía, me quejaba y desmayaba mi espíritu.

4 No me dejabas cerrar los párpados, estaba yo quebrantado, y no hablaba.

5 Consideraba los días antiguos, los años remotos.

6 De noche me acordaba de mis canciones, meditaba, en mi corazón, y mi espíritu inquiría:

7 "¿Desecha el Señor para siempre? ¿No vuelve a amar más?"

8 "¿Cesó para siempre su invariable amor? ¿Se acabó su promesa hecha para todas las generaciones?"

9 "¿Se olvidó Dios de su bondad? ¿Ha retenido con ira sus piedades?"

10 Entonces pensé: "Este es mi dolor, que la diestra del Altísimo ha cambiado".

11 Recordaré las obras del Eterno. Recordaré sus antiguas maravillas.

12 Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hazañas.

13 Oh Dios, santo es tu camino. ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?

14 Tú eres el Dios que obra maravillas. Diste a conocer tu poder a las naciones.

15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José.

16 Te vieron las aguas, oh Dios, te vieron las aguas, y temieron; hasta las más profundas temblaron.

17 Las nubes derramaron inundación de aguas, tronó el cielo, y discurrieron tus rayos.

18 Se oyó el retumbar de tus truenos, tus relámpagos alumbraron el mundo, se estremeció y tembló la tierra.

19 A través del mar fue tu camino, tus sendas entre las muchas aguas, aunque no se vieron tus huellas.

20 Condujiste a tu pueblo como a un rebaño, por medio de Moisés y Aarón.

78

1 Salmo de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, prestad oído a las palabras de mi boca.

2 Abriré mi boca en parábola, hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,

3 lo que hemos oído y entendido, que nuestros padres nos contaron.

4 No las ocultaremos a sus hijos, contaremos a la generación venidera las alabanzas del Eterno, su fortaleza y las maravillas que hizo.

5 Dios estableció un testimonio en Jacob, y puso una Ley en Israel; y mandó a nuestros padres que la notificaran a sus hijos

6 para que lo sepa la siguiente generación, los hijos que habrían de nacer, y los que se levanten lo cuenten a sus hijos,

7 a fin de que pongan en Dios su confianza, que no olviden las obras de Dios, y guarden sus Mandamientos.

8 Que no sean como sus padres, Generación terca y rebelde, generación que fue desleal a Dios, su espíritu fue infiel.

9 Los hijos de Efraín, arqueros armados, volvieron la espalda el día de la batalla.

10 No guardaron el pacto de Dios, ni quisieron andar en su ley.

11 Antes se olvidaron de sus obras, de las maravillas que les había mostrado.

12 Ante sus padres hizo portentos en Egipto, en el campo de Zoán.

13 Dividió el mar, los hizo pasar, detuvo el agua como en un montón.

14 De día los guió con una nube, de noche con resplandor de fuego.

15 Hendió las peñas en el desierto, y les dio a beber agua en abundancia,

16 de la peña sacó corrientes, e hizo descender agua como un río.

17 Aún así, volvieron a pecar contra él, y se rebelaron en el desierto contra el Altísimo.

18 Tentaron a Dios en su corazón, al pedir comida a su gusto;

19 y hablaron contra Dios, al decir: "¿Podrá ponernos mesa en el desierto?

20 "Cuando hirió la peña, el agua brotó, y torrentes inundaron la tierra. ¿Podrá también darnos pan, y proveer de carne a su pueblo?"

21 El Eterno oyó, y se indignó. Su fuego se encendió contra Jacob, y el furor subió también contra Israel,

22 porque no creyeron a Dios, ni confiaron en su salvación.

23 Sin embargo, Dios mandó a las nubes de arriba, abrió las puertas del Cielo,

24 e hizo llover sobre ellos maná para que comieran, trigo del cielo les dio.

25 Y el hombre comió pan de ángeles, les envió comida hasta saciarlos.

26 Movió el viento este en el cielo, con su poder trajo el viento sur,

27 e hizo llover sobre ellos carne como polvo, aves como arena del mar,

28 Las dejó caer en medio del campamento, alrededor de sus tiendas.

29 Y comieron, y se hartaron. Así satisfizo su avidez.

30 Aún no habían quitado de sí su deseo, aún estaba la comida en su boca,

31 cuando vino sobre ellos el enojo de Dios, y mató a los más robustos, derribó a los jóvenes de Israel.

32 Con todo, pecaron aún, y no dieron crédito a sus maravillas.

33 Por eso consumió en nada sus días, y sus años en pavor.

34 Si los hacía morir, buscaban a Dios; se volvían solícitos en busca suya,

35 y se acordaban de que Dios era su Roca, el Altísimo Dios su Redentor

36 Pero lo adulaban con su boca, y con su lengua le mentían,

37 pues su corazón no era sincero con él, ni estuvieron firmes en su pacto.

38 Sin embargo, Dios les tenia compasión perdonaba su maldad, y no les destruía. Apartó muchas veces su ira, y no despertó todo su enojo.

39 Se acordaban de que eran carne, soplo que va y no vuelve.

40 ¡Cuántas veces lo provocaron en el desierto, lo enojaron en la soledad!

41 Y volvían a tentar a Dios, a provocar al Santo de Israel.

42 No se acordaron de su mano, del día que los redimió de la angustia,

43 cuando puso en Egipto sus prodigios, y sus maravillas en el campo de Zoán;

44 y convirtió sus ríos en sangre, para que no bebiesen sus corrientes.

45 Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, ranas que los destruían.

46 Dio también sus frutos a la oruga, y sus trabajos a la langosta.

47 Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con escarcha.

48 Entregó al pedrisco sus bestias, y su ganado a los rayos.

49 Envió sobre ellos el ardor de su ira, enojo, indignación y angustia, y una legión de ángeles destructores.

50 Dio libre curso a su furor, y no los eximió de la muerte, sino que entregó su vida a la mortandad.

51 Hirió a todo primogénito en Egipto, las primicias de sus fuerzas en las tiendas de Cam.

52 Y sacó a su pueblo como ovejas, los llevó por el desierto como a un rebaño.

53 Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran miedo, mientras que a sus enemigos los cubría el mar.

54 Los llevó después a los términos de su tierra santa, ese monte que ganó su mano derecha.

55 Echó a naciones ante ellos, con cuerdas les repartió su tierra en herencia, y estableció en sus moradas a las tribus de Israel.

56 Aún así, tentaron a Dios, se rebelaron contra el Altísimo, no guardaron sus testimonios,

57 sino que se volvieron desleales como sus padres. Y se desviaron como arco engañoso.

58 Lo enojaron con sus altos, y provocaron su celo con sus ídolos de talla.

59 Dios lo oyó, y se enojó, en gran manera aborreció a Israel.

60 Por tanto, dejó el Santuario de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres,

61 y permitió el cautiverio del arca, símbolo de su poder, su gloria en mano del enemigo.

62 Entregó también su pueblo a la espada, Y se airó contra su heredad.

63 El fuego devoró a sus jóvenes, y sus doncellas no fueron loadas en cantos nupciales.

64 Sus sacerdotes cayeron a espada, y sus viudas no lo lamentaron.

65 Entonces el Señor despertó como de un sueño, como un valiente que grita excitado por el vino.

66 Hirió a sus enemigos por la espalda, y los puso en perpetua afrenta,

67 Desechó la tienda de José, y no eligió la tribu de Efraín,

68 sino que eligió la tribu de Judá, el monte de Sión, al cual amó.

69 Edificó su Santuario como una eminencia, como la tierra que cimentó para siempre,

70 Eligió a David su siervo, lo tomó de las majadas de las ovejas,

71 de detrás de las ovejas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad.

72 Y los apacentó con la integridad de su corazón, y los pastoreó con la pericia de sus manos.

79

1 Salmo de Asaf. Oh Dios, las naciones vinieron a tu heredad, profanaron tu santo templo, y redujeron a Jerusalén a escombros.

2 Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves del cielo, la carne de tus santos a las bestias de la tierra.

3 Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, no hubo quien los enterrase.

4 Nos hemos vuelto la burla de nuestros vecinos, escarnecidos y burlados por los que nos rodean.

5 ¿Hasta cuándo, oh Eterno? ¿Estarás siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu celo?

6 Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, sobre los reinos que no invocan tu Nombre;

7 porque han consumido a Jacob, y desolaron su morada.

8 No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados. Venga pronto tu compasión a encontrarnos. Porque estamos muy abatidos.

9 Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu Nombre. Líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu Nombre.

10 ¿Por qué las naciones han de decir: "Dónde está su Dios?" Sea notoria en las gentes, ante nuestros ojos, la venganza de la sangre derramada de tus siervos.

11 Llegue ante ti el gemido de los presos. Conforme a la grandeza de tu brazo, preserva a los sentenciados a muerte.

12 Devuelve, oh Eterno, a nuestros vecinos en siete tantos la infamia con que te han deshonrado.

13 Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre. De generación en generación cantaremos tus alabanzas.

80

1 Salmo de Asaf. Oh Pastor de Israel, escucha, tú que pastoreas a José como a ovejas, tú que estás entre querubines, resplandece.

2 Despierta tu poder ante Efraín, Benjamín y Manasés, y ven a salvarnos,

3 ¡Oh Dios, restáuranos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos!

4 ¡Oh Eterno, Dios Todopoderoso! ¿Hasta cuándo estarás indignado contra la oración de tu pueblo?

5 Les diste a comer pan de lágrimas, beber lágrimas en gran abundancia.

6 Nos pusiste por contienda a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan de nosotros.

7 ¡Oh Dios Todopoderoso, restáuranos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos!

8 Trajiste una vid de Egipto, echaste naciones, y la plantaste.

9 Limpiaste sitio ante ella, Y echo raíces, y llenó la tierra.

10 Su sombra cubrió los montes, sus ramas cubrieron los cedros de Dios.

11 Extendió sus vástagos hasta el mar, y hasta el Éufrates sus renuevos,

12 ¿Por qué derribaste su cerca, y la vendimian todos los que pasan por el camino?

13 La destroza el jabalí, y las bestias del campo la devoran.

14 ¡Oh Dios Todopoderoso, vuelve ahora! Mira desde el cielo, considera y visita esta viña,

15 la planta que plantó tu diestra, el renuevo que para ti afirmaste.

16 Quemada a fuego está, asolada. Perezcan por la reprensión de tu rostro, los que la destruyeron.

17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hombre que levantaste para ti.

18 Así no nos apartaremos de ti. Nos darás vida, e invocaremos tu Nombre.

19 ¡Oh Eterno, Dios Todopoderoso, restáuranos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos!

81

1 Salmo de Asaf. ¡Cantad de gozo a Dios, fortaleza nuestra, al Dios de Jacob celebrad con júbilo!

2 Entonad canción, y tañed el pandero, el arpa melodiosa y el salterio.

3 Tocad trompeta en la nueva luna, y en luna llena, día de nuestra fiesta.

4 Porque estatuto es de Israel, orden del Dios de Jacob.

5 Dios la estableció por estatuto a José, cuando él salió contra Egipto, donde oí un lenguaje desconocido.

6 Dijo: "Aparté su hombro de debajo de la carga, sus manos fueron descargadas de los cestos.

7 "En la calamidad clamaste, y te libré. Te respondí oculto tras el trueno, te probé junto a las aguas de Meriba.

8 "Oye, pueblo mío, y te protestaré. ¡Israel, ojalá me escucharas!

9 "No haya en ti dios ajeno, ni te encorves a dios extraño.

10 "Yo Soy el Eterno, tu Dios, que te hice subir de Egipto. Abre tu boca y te satisfaré.

11 "Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.

12 "Por eso los dejé a la dureza de su corazón, y caminaron en sus propios consejos.

13 "¡Oh, si mi pueblo me hubiera escuchado, si en mis caminos hubiera andado Israel!

14 "En un momento habría yo derribado a sus enemigos, y vuelto mi mano contra sus adversarios".

15 Los que aborrecen al Eterno se le hubieran sometido, y eso duraría para siempre.

16 Dios lo hubiera mantenido con el mejor trigo, y con miel de la roca lo hubiera saciado.

82

1 Salmo de Asaf. Dios preside en el concilio divino, y juzga en medio de los jueces.

2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y os pondréis de parte de los impíos?

3 Defended al débil y al huérfano, haced justicia al afligido y al menesteroso.

4 Librad al afligido y al necesitado, libradlo de mano de los impíos.

5 Pero ellos no saben, no entienden, andan en tinieblas, vacilan todos los cimientos de la tierra.

6 Yo dije: "Vosotros dioses ( jueces ), hijos todos del Altísimo,

7 "como meros hombres moriréis, y caeréis como cualquier príncipe".

8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra, porque tú eres el dueño de todas las naciones.

83

1 Salmo de Asaf. ¡Oh Dios, no guardes silencio! ¡No calles, oh Dios, ni te quedes quieto!

2 Porque braman tus enemigos, los que te aborrecen levantan la cabeza.

3 Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente, han entrado en consejo contra tus protegidos.

4 Han dicho: "Venid, borrémoslos de entre las naciones, y no quede más memoria del nombre de Israel".

5 Por eso han conspirado unidos, contra ti han concertado alianza.

6 Las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas, de Moab y los agarenos,

7 Gebal, Amón y Amalec; los filisteos y los habitantes de Tiro,

8 también el asirio se ha juntado con ellos, y sirven de brazo a los hijos de Lot.

9 Hazles como a Madián, como a Sísara, como a Jabín en el arroyo Cisón,

10 que perecieron en Endor, fueron convertidos en abono de la tierra.

11 Haz a sus capitanes como hiciste a Oreb y a Zeeb, a todos sus príncipes, como a Zeba y a Zalmuna,

12 que dijeron: "Heredemos las moradas de Dios".

13 Dios mío, ponlos como hojas ante el torbellino, como hojarasca ante el viento,

14 como fuego que quema el bosque, como llama que abrasa los montes.

15 Persíguelos con tu tempestad, asómbralos con tu torbellino.

16 Llena su rostro de vergüenza, para que busquen tu Nombre, oh Eterno.

17 Sean afrentados y turbados para siempre, sean deshonrados, y perezcan.

18 Y reconozcan que tu Nombre es el ETERNO, el Altísimo sobre toda la tierra.

84

1 ¡Cuán amable es tu morada, oh Eterno Todopoderoso!

2 Anhelo, y ardientemente deseo los atrios del Eterno. Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.

3 Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde poner sus pollos, cerca de tus altares, oh Eterno Todopoderoso, Rey mío y Dios mío.

4 ¡Dichosos los que habitan en tu casa! ¡Siempre te alabarán!

5 ¡Dichoso el hombre que tiene su fortaleza en ti, en cuyo corazón están tus caminos!

6 Cuando pasa por el valle de lágrimas, lo convierte en manantial, que la lluvia temprana lo llena de bendición.

7 Aumentará de fuerza en fuerza, y verá a Dios en Sión.

8 Oh Eterno, Dios Todopoderoso, oye mi oración, escucha, oh Dios de Jacob.

9 Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido.

10 Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Prefiero estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.

11 Porque sol y escudo es Dios, el Eterno; gracia y gloria dará el Eterno. No rehusará ningún bien a los que andan íntegramente.

12 Oh Eterno, Todopoderoso, ¡dichoso el hombre que en ti confía!

85

1 Fuiste propicio a tu tierra, oh Eterno, volviste los cautivos de Jacob.

2 Perdonaste la iniquidad de tu pueblo, cubriste todos sus pecados.

3 Reprimiste toda tu saña, te apartaste del ardor de tu enojo.

4 Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación, cese tu desagrado hacia nosotros.

5 ¿Estarás enojado con nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación?

6 ¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?

7 Muéstranos, oh Eterno, tu infaltable amor, y danos tu salvación.

8 Escucharé lo que Dios, el Eterno, hablará; porque promete paz a su pueblo, a sus santos, para que no se vuelvan a la insensatez.

9 Ciertamente su salvación cerca está de quien lo reverencia, para que habite la gloria en nuestra tierra.

10 El amor y la fidelidad se encontraron, la justicia y la paz se besaron.

11 La fidelidad brotará de la tierra, la justicia mirará desde el cielo.

12 El Eterno dará también el bien. Y nuestra tierra rendirá su fruto.

13 La justicia irá delante de él, y sus huellas serán nuestro camino.

86

1 Oración de David. Inclina, oh Eterno, tu oído, y escúchame, porque estoy afligido y menesteroso.

2 Guarda mi vida, porque soy piadoso. Salva, Dios mío, a tu siervo que en ti confía.

3 Ten misericordia de mí, oh Eterno, porque a ti clamo todo el día.

4 Alegra a tu siervo, porque a ti, Señor, levanto mi alma,

5 porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en amor hacia todos los que te invocan.

6 Escucha, oh Eterno, mi oración, atiende mi ruego.

7 En el día de mi angustia te invoco, porque tú me respondes.

8 Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, ni hay obras como las tuyas.

9 Todas las naciones que hiciste vendrán, adorarán ante ti, Señor, glorificarán tu Nombre.

10 Porque tú eres grande y ejecutas maravillas. ¡Sólo tú eres Dios!

11 Enséñame, oh Eterno, tu camino, y andaré en tu verdad. Afirma mi corazón para que respete tu Nombre.

12 Te alabaré, oh Eterno, Dios mío, con todo mi corazón, glorificaré tu Nombre para siempre,

13 porque tu amor hacia mí es grande, y me libraste de caer en el sepulcro.

14 Oh Dios, soberbios se levantaron contra mí, conspiración de violentos ha buscado mi vida, y no contaron contigo.

15 Pero tú, Señor, eres un Dios compasivo y clemente, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad.

16 Mírame, y ten compasión de mí, da tu poder a tu siervo, guarda al hijo de tu sierva.

17 Dame una señal de tu bondad, que la vean mis enemigos, y sean avergonzados, porque tú, oh Eterno, me ayudaste, y me consolaste.

87

1 El cimiento de la ciudad de Dios está en el santo monte.

2 El Eterno ama las puertas de Sión, más que todas las habitaciones de Jacob.

3 Cosas hermosas se dicen de ti, ciudad de Dios.

4 Entre los que me conocen puedo nombrar a Egipto y a Babilonia, a Filistea, Tiro y Etiopía. Y diré: "Este nació en Sión".

5 Y de Sión se dirá "Este y aquél han nacido en ella. Y el mismo Altísimo la establecerá".

6 El Eterno escribirá en el registro de los pueblos: "Este nació en Sión".

7 Y sus cantores y tañedores dirán: "Todas mis fuentes están en ti".

88

1 Salmo de Hemán ezraíta. Oh Eterno, Dios de mi salvación día y noche clamo a ti.

2 Llegue mi oración a tu presencia, inclina tu oído a tu clamor.

3 Porque saturado estoy de males, y mi vida está al borde del sepulcro.

4 Soy contado con los que descienden al hoyo, soy como hombre sin fuerza,

5 puesto aparte con los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya, que fueron separados de tu mano.

6 Me has puesto en el hoyo profundo, en tinieblas y honduras.

7 Sobre mí reposa tu ira, me has afligido con todas tus ondas.

8 Has alejado de mí mis conocidos, me has puesto por abominación a ellos, encerrado estoy, y no puedo salir.

9 Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción, te he llamado, oh Eterno, cada día, a ti extendí mis mano!

10 ¿Mostrarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte?

11 ¿Se hablará con tu amor en la tumba? O, ¿de tu fidelidad en el lugar de la destrucción?

12 ¿Serán conocidas en las tinieblas tus maravillas tu justicia en la tierra del olvido?

13 Pero yo a ti clamo, oh Eterno. De mañana mi oración llega ante ti.

14 ¿Por qué, oh Eterno, me deshechas? ¿Por qué escondes de mí tu rostro?

15 Estoy afligido y enfermizo desde mi juventud; me han abrumado tus terrores; y estoy medroso.

16 Sobre mí han pasado tus iras, y me oprime tus terrores.

17 Me han rodeado, de continuo, como el agua, me han cercado a una.

18 Has alejado de mí al amigo y al compañero, y mis conocidos están en las tinieblas.

89

1 Salmo de Etán ezraíta. Siempre cantaré al invariable amor del Eterno. De generación en generación proclamaré tu fidelidad

2 Declararé que tu amor permanece firme para siempre, que tú estableciste tu fidelidad en el mismo cielo.

3 Tú dijiste: "Hice un pacto con mi elegido, juré a David mi siervo:

4 "Confirmaré tu estirpe para siempre, afirmaré tu trono por todas las generaciones".

5 Los cielos celebrarán tus maravillas, oh Eterno, tu fidelidad en la congregación de los santos.

6 Porque, ¿quién en los cielos iguala al Eterno? ¿Quién es semejante al Eterno entre los seres celestiales?

7 Dios temible en la gran congregación de los santos, formidable sobre cuantos lo rodean.

8 Oh Eterno, Dios Todopoderoso, ¿quién como tú? Poderoso eres, Señor, tu fidelidad te rodea.

9 Tú dominas la bravura del mar, cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas.

10 Tú quebrantaste al monstruo marino como a un herido de muerte. Con tu poderoso brazo esparciste a tus enemigos.

11 Tuyos los cielos, tuya también la tierra. El mundo y su plenitud, tú lo fundaste.

12 El norte y el sur tú los creaste. Los montes Tabor y Hermón cantan a tu Nombre.

13 Tuyo el brazo potente, fuerte es tu mano, sublime tu diestra.

14 Justicia y juicio son el fundamento de tu trono, el amor y la fidelidad van ante ti.

15 ¡Dichosos los que saben aclamarte! Andarán, oh Eterno, a la luz de tu rostro.

16 En tu Nombre se alegrarán todo el día, en tu justicia serán enaltecidos.

17 Porque tú eres la gloria de su fortaleza, y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder.

18 Porque del Eterno es nuestro escudo, y nuestro rey pertenece al Santo de Israel.

19 Una vez hablaste en visión a tus santos, y dijiste: "He puesto el poder de socorrer sobre un valiente, exalté a un elegido de mi pueblo.

20 "Hallé a David mi siervo, y lo ungí con mi óleo santo.

21 "Mi mano será firme en su favor, mi brazo también lo fortalecerá.

22 "Ningún enemigo lo avasallará, ni el malvado lo humillará.

23 "Yo quebrantaré ante él a sus enemigos, heriré a los que lo aborrecen".

24 "Mi fidelidad y mi amor estarán con él, y en mi Nombre será exaltado su poder".

25 "Pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra".

26 "Me llamará: 'Mi padre, mi Dios, la Roca de mi salvación'.

27 "Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra.

28 "Para siempre conservaré mi amor hacia él, y mi pacto será firme con él".

29 "Sus descendientes reinarán para siempre, y su trono durará como los días del cielo".

30 "Pero si sus hijos dejaran mi Ley, y no anduvieran en mis juicios,

31 "si profanaran mis estatutos, y no guardaran mis Mandamientos",

32 "entonces con vara castigaré su rebelión, y con azotes su iniquidad.

33 "Pero no quitaré mi amor de él, ni falsearé mi fidelidad.

34 "No violaré mi pacto, ni cambiaré lo que ha salido de mis labios".

35 "Una vez por todas he jurado por mi santidad, no mentiré a David".

36 "Sus descendientes durarán para siempre, y su trono como el sol ante mí".

37 "Como la luna será firme para siempre, como un testigo fiel en el cielo".

38 Pero tú desechaste y menospreciaste a tu ungido, te has airado con él.

39 Rompiste el pacto de tu siervo, profanaste su corona hasta la tierra.

40 Abriste brecha en todas sus murallas, destruiste sus fortalezas.

41 Lo saquean todos los que pasan por el camino, es oprobio a sus vecinos.

42 Has exaltado la diestra de sus enemigos, has alegrado a todos sus adversarios.

43 Embotaste el filo de su espada, y no lo sostuviste en la batalla.

44 Quitaste su esplendor, echaste su trono por tierra.

45 Acortaste los días de su juventud, lo cubriste de afrenta.

46 ¿Hasta cuándo, oh Eterno? ¿Te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira como el fuego?

47 Recuerda cuán breve es mi tiempo. ¿Habrás creado en vano a los hombres?

48 ¿Qué hombre vivirá sin ver la muerte? ¿Librarás su vida del poder del sepulcro?

49 Señor, ¿dónde está tu amor primero, que juraste a David por tu fidelidad?

50 Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos, oprobio de muchos pueblos en mi seno.

51 Tus enemigos, oh Eterno, han deshonrado, tus enemigos han deshonrado los pasos de tu ungido.

52 ¡Alabado sea el Eterno para siempre! ¡Amén y Amén!

90

1 Oración de Moisés. Señor, tú ha sido nuestro refugio de generación en generación.

2 Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde la eternidad y por la eternidad, tú eres Dios.

3 Vuelves al hombre al polvo, y dices: "Convertíos, hijos de Adán".

4 Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer, que pasó como una vigilia de la noche.

5 Tú arrebatas al hombre, y es como un sueño, como la hierba de la mañana.

6 En la mañana florece y crece, y a la tarde es cortada, y se seca.

7 Porque con tu furor somos consumidos, y turbados con tu ira.

8 Pusiste nuestras maldades ante ti, nuestros pecados ocultos, a la luz de tu rostro.

9 Todos nuestros días declinan a causa de tu ira, acabamos nuestros años como un suspiro.

10 Los días de nuestra edad son setenta años, y si en los más robustos son ochenta; con todo, lo mejor de ellos es fatiga y trabajo, porque pasan aprisa, y volamos.

11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu enojo como los que te veneran?

12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

13 Vuélvete, oh Eterno, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.

14 Sácianos de mañana con tu amor, para que cantemos y nos alegremos todos nuestros días.

15 Alégranos en la medida de los días en que nos afligiste, y de los años en que vimos el mal.

16 Manifiesta a tus siervos tu obra, y tu gloria a sus hijos.

17 Descanse la bondad del Eterno nuestro Dios sobre nosotros. Confirma la obra de nuestras manos, la obra de nuestras manos confirma.

91

1 El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Todopoderoso.

2 Diré al Eterno: "¡Esperanza mía y castillo mío, mi Dios, en quien confío!"

3 El te librará del lazo del cazador, de la plaga destructora.

4 Con sus plumas te cubrirá, debajo de sus alas estarás seguro. Escudo y muralla es su fidelidad.

5 No temerás el espanto nocturno, ni saeta que vuele de día,

6 ni plaga que ande en oscuridad, ni peste que al mediodía destruya.

7 Caerán mil a tu lado, y diez mil a tu diestra, pero a ti no llegará.

8 Con tus ojos mirarás, y verás la retribución de los impíos.

9 Porque has puesto al Eterno, que es mi refugio, al Altísimo, por tu habitación,

10 no te vendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

11 Pues a sus ángeles mandará por ti, que te guarden en todos tus caminos.

12 En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.

13 Sobre el león y el áspid pisarás, hollarás al cachorro del león y al dragón.

14 "Por cuanto ha puesto su amor en mí —dice el Señor—, yo lo libraré, lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi Nombre.

15 "Me invocará, y yo le responderé. Con él estaré en la angustia, lo libraré y lo glorificaré.

16 "Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación".

92

1 Canción para el sábado. Bueno es alabarte, oh Eterno, y cantar salmos a tu Nombre, oh Altísimo.

2 Anunciar tu amor por la mañana, y tu fidelidad cada noche,

3 al son del decacordio y el salterio, en tono suave con el arpa.

4 Oh Eterno por cuanto me has alegrado con tus obras, en las obras de tus manos me gozo.

5 ¡Cuán grandes son tus obras, oh Señor! Muy profundos son tus pensamientos.

6 El necio no sabe, el insensato no entiende:

7 Aunque broten los impíos como la hierba, y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre.

8 Pero tú, oh Eterno, para siempre eres Altísimo,

9 y tus enemigos, oh Señor, perecerán. Todos los que obran maldad serán dispersados.

10 Tú exaltarás mi fuerza como la del búfalo, seré ungido con aceite fresco.

11 Mis ojos verán caer a mis enemigos. Mis oídos oirán la derrota de los malignos que se levantan contra mí.

12 El justo florecerá como la palmera, crecerá como el cedro del Líbano.

13 Plantado en la casa del Eterno, en los atrios de nuestro Dios florecerá.

14 Aun en la vejez fructificará, estará vigoroso y lozano,

15 para anunciar que el Señor es recto, que es mi roca, y en él no hay injusticia.

93

1 El Eterno reina, se vistió de majestad. El Señor se vistió, se ciñó de fortaleza. Afirmó el mundo, y no se moverá.

2 Firme está tu trono desde siempre, tú eres eterno.

3 Alzaron los ríos, oh Señor, alzaron los ríos su voz, alzaron sus ondas.

4 El Eterno en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias olas del mar.

5 Tus testimonios son muy seguros. La santidad es propia de tu casa, oh Eterno, por los siglos y para siempre.

94

1 Oh Eterno, Dios de la venganza, Dios de la venganza, muéstrate.

2 Levántate, oh Juez de la tierra, da el pago a los soberbios.

3 ¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh Señor, se gozarán los impíos?

4 ¿Hasta cuándo se jactarán, hablarán palabras arrogantes, y se vanagloriarán todos los que obran iniquidad?

5 A tu pueblo, oh Eterno, quebrantan, a tu heredad afligen.

6 A la viuda y al extranjero matan, y a los huérfanos quitan la vida.

7 Y dicen: "El Eterno, no ve, ni se entera el Dios de Jacob".

8 Entended, necios del pueblo, y vosotros fatuos, ¿cuándo seréis sabios?

9 El que hizo el oído, ¿no oirá? el que formó el ojo, ¿no verá?

10 El que amonesta a las naciones, ¿no reprenderá? El que enseña al hombre ciencia, ¿no sabrá?

11 El Eterno conoce los pensamientos de los hombres, que son vanos.

12 ¡Dichoso el hombre a quien tú, Señor, disciplinas, y en tu Ley lo instruyes,

13 para aliviarlo en los días de aflicción, en tanto que para el impío se cava el hoyo!

14 Porque el Eterno, no abandona a su pueblo, ni desampara su heredad,

15 sino que el juicio será vuelto en justicia, y en pos de ella irán todos los rectos de corazón.

16 ¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿Quién estará por mí contra los que obran iniquidad?

17 Si el Eterno no me ayudara, pronto moraría yo en el silencio de la muerte.

18 Cuando siento que mi pie resbala, tu amor, oh Eterno, me sustenta.

19 Cuando aumentan mis inquietudes, tu consuelo alegra mi espíritu.

20 ¿Puedes tú aliarte con un trono de iniquidad, que trae agravio con sus decretos?

21 Se juntan contra la vida del justo, y condenan la sangre inocente.

22 Pero el Eterno ha sido mi fortaleza, mi Dios, la roca de mi refugio.

23 El volverá sobre ellos su iniquidad, su propia maldad los destruirá; y el Eterno, nuestro Dios, los exterminará.

95

1 Venid, cantemos alegremente al Eterno. Cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salvación.

2 Lleguemos ante su presencia con agradecimiento. Aclamémoslo con cantos.

3 Porque el Eterno es Dios grande, Rey grande sobre todos los dioses.

4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas.

5 Suyo es también el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra firme.

6 Venid, adoremos y postrémonos, arrodillémonos ante el Eterno, nuestro Hacedor,

7 porque él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su prado, ovejas de su mano. Si hoy oís su voz,

8 "no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de Masá en el desierto",

9 "donde vuestros padres me tentaron, me pusieron a prueba, aunque habían visto mis obras".

10 "Cuarenta años estuve disgustado con esa generación, y dije: 'Este pueblo tiene un corazón desviado, no han conocido mis caminos'.

11 "Por eso, en mi enojo juré que no entrarían en mi reposo".

96

1 Cantad al Eterno canción nueva, cantad al Eterno, toda la tierra.

2 Cantad al Señor, alabad su Nombre, anunciad día tras día su salvación.

3 Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas.

4 Porque grande es el Eterno, digno de suprema alabanza, terrible sobre todos los dioses.

5 Todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero el Eterno hizo los cielos.

6 Alabanza y magnificencia ante él, poder y gloria en su Santuario.

7 Tributad al Eterno, oh familias de los pueblos. Tributad al Eterno la gloria y el poder.

8 Tributad al Señor la honra debida a su Nombre. Traed ofrendas, y venid a sus atrios.

9 Adorad al Eterno en la hermosura de su santidad, respetadlo toda la tierra.

10 Decid entre las naciones: "¡El Eterno reina! También afirmó el mundo, no será conmovido. Juzgará a los pueblos con justicia".

11 Alégrense los cielos y gócese la tierra, brame el mar y su plenitud.

12 Regocíjese el campo, y todo lo que hay en él. Entonces todos los árboles del bosque se regocijarán,

13 ante el Señor que viene. Viene a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.

97

1 El Eterno reina. Regocíjese la tierra, alégrense las muchas islas.

2 Nube y oscuridad lo rodean, justicia y juicio son el cimiento de su trono.

3 Fuego va delante de él, que abrasa en derredor a sus enemigos.

4 Sus relámpagos alumbran el mundo, la tierra ve y se estremece.

5 Los montes se derriten como cera ante el Eterno, ante el Señor de toda la tierra.

6 Los cielos anuncian su justicia, y todos los pueblos ven su gloria.

7 Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes, los que se glorían de los ídolos. Póstrense a él todos los dioses.

8 Sión oye y se alegra. Y las hijas de Judá, oh Eterno, se gozan por tus juicios.

9 Porque tú, Señor, eres excelso sobre toda la tierra, muy exaltado sobre todos los dioses.

10 Los que amáis al Eterno, aborreced el mal. El guarda la vida de sus santos, de mano de los impíos los libra.

11 Luz está sembrada para el justo, alegría para los rectos de corazón.

12 Alegraos, justos, en el Eterno, alabad su santo Nombre.

98

1 Cantad al Eterno canción nueva, porque ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo lo han salvado.

2 El Eterno dio a conocer su salvación, a la vista de las naciones reveló su justicia.

3 Se acordó de su amor y su fidelidad hacia la casa de Israel. Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.

4 Cantad alegres al Señor, toda la tierra, levantad la voz, aplaudid y salmead.

5 Salmead al Eterno con arpa, con arpa y voz de canto.

6 Aclamad con trompetas y bocina, ante el Rey, el Eterno.

7 Brame el mar y su plenitud, el mundo y sus habitantes.

8 Los ríos batan las manos, los montes todos regocíjense

9 ante el Señor, porque viene a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.

99

1 ¡El Eterno reina! Tiemblen los pueblos. ¡Está entronizado entre querubines! Estremézcase la tierra.

2 El Señor es grande en Sión. Exaltado sobre todos los pueblos.

3 Alaben tu grande y tremendo Nombre, porque es santo.

4 Poderoso es el rey, ama la justicia. Tú estableces la rectitud, has hecho en Jacob juicio y justicia.

5 Exaltad al Eterno nuestro Dios, postraos ante el estrado de sus pies, porque él es santo.

6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su Nombre; invocaban al Eterno, y él les respondía.

7 Desde la columna de nube hablaba con ellos, guardaban sus testimonios, y las normas que les había dado.

8 Oh Eterno Dios nuestro, tú les respondías, fuiste para ellos un Dios perdonador, retribuidor de sus maldades.

9 Exaltad al Señor, nuestro Dios, y postraos ante su santo monte. ¡Porque el Eterno nuestro Dios, es santo!

100

1 ¡Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra!

2 Servid al Eterno con alegría. Venid ante su presencia con regocijo.

3 Reconoced que el Señor es Dios. El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, ovejas de su prado.

4 Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Dadle gracias, alabad su Nombre,

5 porque el Eterno es bueno. Su amor es para siempre, su fidelidad por todas las generaciones.

101

1 Salmo de David Cantaré de tu amor y tu justicia. A ti cantaré, oh Eterno.

2 Cuidaré de andar por el camino de la perfección. ¿Cuándo vendrás a mí? En la integridad de mi corazón andaré en mi casa.

3 No pondré ante mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían. Nada de ellos se me pegará.

4 Corazón perverso se apartará de mí, no conoceré el mal.

5 Al que en secreto difame a su prójimo, a ése lo destruiré. No soportaré al de ojos altaneros y corazón vanidoso.

6 Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que habiten conmigo. El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá.

7 No habitará en mi casa el que comete fraude, el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia.

8 Por la mañana exterminaré a todos los impíos del país, para extirpar de la ciudad del Eterno a todos los malhechores.

102

1 Oh Señor, oye mi oración, llegue mi clamor a ti.

2 No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia. Inclina a mí tu oído, el día que te invoque, apresúrate a responderme.

3 Porque mis días se disipan como humo, y mis huesos arden como brasas.

4 Mi corazón está decaído como hierba cortada, y me olvido de comer mi alimento.

5 Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi piel.

6 Soy semejante al pelícano del desierto, como el búho de las soledades.

7 Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.

8 Cada día me afrentan mis enemigos, los que se enfurecen contra mí, usan mi nombre para maldecirme.

9 Por eso como ceniza a manera de pan, mezclo con lágrimas mi bebida,

10 a causa de tu enojo y de tu ira, pues me alzaste, y después me desechaste.

11 Mis días son como la sombra que se alarga, me he secado como la hierba.

12 Pero tú, oh Eterno, permaneces para siempre, y tu memoria de generación en generación.

13 Te levantarás y tendrás piedad de Sión, porque es tiempo de compadecerte de ella, porque ha llegado la hora.

14 Porque tus siervos aman hasta sus piedras, y de su polvo tienen compasión.

15 Entonces las naciones respetarán el Nombre del Eterno, y todos los reyes de la tierra reverenciarán tu gloria,

16 Porque el Señor, habrá edificado a Sión, y aparecerá en su gloria.

17 Habrá respondido a la oración de los solitarios, y no habrá desechado su ruego.

18 Esto se escribirá para la generación venidera, y el pueblo que ha de nacer alabará al Señor.

19 Porque el Eterno miró desde lo alto de su Santuario, miró desde el cielo a la tierra,

20 para escuchar el gemido de los presos, y librar a los sentenciados a muerte,

21 para que cuenten en Sión el Nombre del Eterno, su alabanza en Jerusalén,

22 cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno, con los reyes para servir al Señor.

23 Dios abatió mi fuerza en el camino, acortó mis días.

24 Dije: "Dios mío, no me cortes en medio de mis días. Por generación de generaciones son tus años.

25 "En el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos".

26 "Ellos perecerán, pero tú permaneces; todos ellos como un vestido se envejecerán, como un vestido los mudarás y descartarás.

27 "Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán".

28 "Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y sus descendientes serán afirmados ante ti".

103

1 Salmo de David ¡Alaba, alma mía, al Señor, y todo mi ser alabe su santo Nombre!

2 ¡Alaba, alma mía, al Eterno, y no olvides ninguno de sus beneficios!

3 El perdona todos tus pecados, sana todas tus dolencias,

4 rescata de la fosa tu vida, te corona de amor y de ternura,

5 sacia de bien tu boca, y te rejuvenece como el águila.

6 El Eterno hace justicia y derecho a todos los oprimidos.

7 Sus caminos notificó a Moisés, y al pueblo de Israel sus obras.

8 Compasivo y clemente es el Eterno, lento para enojarse, y grande en amor.

9 No siempre reprende, ni guarda el enojo para siempre.

10 No nos trata como merecen nuestras iniquidades, ni nos paga conforme a nuestros pecados.

11 Como es más alto el cielo que la tierra, así engrandeció su inmenso amor por los que lo reverencian.

12 Cuanto está lejos el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestros pecados.

13 Como el padre se compadece de sus hijos, se compadece el Señor de los que lo reverencian.

14 El conoce nuestra condición, se acuerda que somos polvo.

15 Como la hierba son los días del hombre. Florece como la flor del campo,

16 que apenas pasa el viento por ella, perece, y su lugar no se conoce más.

17 Pero el amor del Señor es desde la eternidad y por la eternidad sobre los que lo reverencian. Y su justicia sobre los hijos de los hijos,

18 sobre los que guardan su pacto, y se acuerdan de obedecer sus Mandamientos.

19 El Eterno estableció en el cielo su trono, su reino domina sobre todos.

20 ¡Alabad al Eterno, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis sus órdenes, y obedecéis su Palabra!

21 ¡Alabad al Eterno, vosotros, sus ejércitos celestiales, ministros suyos, que hacéis su voluntad!

22 ¡Alabad al Señor, vosotras todas sus obras, en todo lugar de su señorío! ¡Alaba, alma mía, al Eterno!

104

1 ¡Alaba, alma mía, al Eterno! ¡Oh Señor, Dios mío, cuán grande eres! Te has vestido de esplendor y majestad.

2 Te cubres de luz como de un vestido, extiendes el cielo como una tienda,

3 estableces sus aposentos entre las aguas, pones las nubes por carroza, y andas sobre las alas del viento.

4 Haces a tus ángeles espíritus, y a tus ministros llamas de fuego.

5 Fundaste la tierra sobre su base, jamás será removida.

6 Con el océano como vestido la cubriste, sobre los montes persistieron las aguas.

7 A tu reprensión huyeron, al sonido de tu trueno se apresuraron.

8 Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que les asignaste.

9 Les pusiste un límite que no pasarán, ni volverán a cubrir la tierra.

10 Tú conviertes las fuentes de agua en ríos, que entre los montes se deslizan.

11 Allí abrevan las bestias del campo, mitigan su sed los asnos monteses.

12 A sus orillas habitan las aves del cielo, que cantan entre las ramas.

13 Tú riegas los montes desde sus aposentos, del fruto de tus obras se sacia la tierra.

14 Haces producir hierba para las bestias, y las plantas para el uso del hombre, para que saque su pan de la tierra.

15 Saca el pan que sustenta la vida del hombre, el vino que alegra su corazón, y el aceite que hace brillar el rostro.

16 Se llenan de savia los árboles del Eterno, los cedros del Líbano que él plantó.

17 Allí anidan las aves, en los enebros vive la cigüeña.

18 Los riscos para las cabras monteses, las peñas cobijan a los tejones.

19 Hiciste la luna para marcar el tiempo; el sol conoce su ocaso.

20 Envías las tinieblas y cae la noche, entonces corretean las bestias de la selva.

21 Los leoncillos rugen tras la presa, para buscar de Dios su comida.

22 Sale el sol, se retiran, y se echan en sus cuevas.

23 Sale el hombre a su labor, a su labranza hasta la tarde.

24 ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Eterno! Las hiciste todas con sabiduría. La tierra está llena de tus criaturas.

25 Ahí está el vasto e inmenso mar, donde se mueven seres sin número, animales pequeños y grandes.

26 Allí andan las naves, allí el leviatán que hiciste para que jugase en él.

27 Todos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo.

28 Les das, y ellos la toman, abres tu mano, se sacian de bien.

29 Si escondes tu rostro, se turban. Si les quitas el aliento, dejan de ser, y vuelven al polvo.

30 Envías tu aliento y se crean, y renuevas la faz de la tierra.

31 ¡Sea la gloria del Eterno para siempre! ¡Alégrese el Señor en sus obras!

32 El mira la tierra y ella tiembla; toca los montes y humean.

33 Al Señor cantaré en toda mi vida, a mi Dios salmearé mientras viva.

34 Que mi meditación le sea agradable. En el Eterno me alegraré.

35 Los pecadores sean consumidos de la tierra, y los impíos dejen de existir. ¡Alaba, alma mía, al Eterno! ¡Alabad al Señor!

105

1 ¡Dad gracias al Eterno, invocad su Nombre! ¡Dad a conocer sus obras en los pueblos!

2 ¡Cantadle, cantadle salmos, pregonad todas sus maravillas!

3 ¡Gloriaos en su santo Nombre, alégrese el corazón de los que buscan al Señor!

4 ¡Buscad al Señor y su poder, buscad siempre su rostro!

5 Acordaos de sus maravillas, de sus prodigios y de los juicios de su boca,

6 vosotros, descendientes de Abrahán su siervo, hijos de Jacob, sus elegidos.

7 El es el Eterno nuestro Dios, en toda la tierra están sus juicios.

8 Se acuerda siempre de su pacto, de la palabra que mandó para mil generaciones,

9 el pacto que concertó con Abrahán, de su juramento a Isaac,

10 que estableció a Jacob por decreto, a Israel por pacto eterno,

11 diciendo: "Os daré la tierra de Canaán por cordel de vuestra herencia".

12 Esto cuando eran pocos, y extranjeros en ella.

13 Y andaban de nación en nación, de un reino a otro.

14 No permitió que nadie los oprimiera, y por causa de ellos amonestó a reyes.

15 "No toquéis —dijo— a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas".

16 Trajo el hambre sobre la tierra, Y quebrantó todo sustento de pan.

17 Envió a un hombre delante de ellos, a José, vendido por siervo.

18 Afligieron sus pies con grillos, y lo aprisionaron con cadenas,

19 hasta que se cumplió su predicción, el dicho del Eterno probó a José.

20 Entonces el rey envió, y lo soltó; el señor de los pueblos lo desató.

21 Lo puso por señor de su casa, por gobernador de toda su posesión,

22 para que reprimiera a sus grandes como él quisiera, y a sus ancianos enseñara sabiduría.

23 Después Israel entró en Egipto, y Jacob vivió en tierra de Cam.

24 Allí Dios multiplicó a su pueblo en gran manera, y lo hizo más fuerte que sus opresores.

25 Cambió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo, para que contra sus siervos tramaran el mal.

26 Entonces envió a su siervo Moisés, y a Aarón a quien eligió.

27 Por medio de ellos realizó señales, sus prodigios en la tierra de Cam.

28 Envió tinieblas y todo se oscureció, y los egipcios fueron rebeldes a su palabra.

29 Volvió sus aguas en sangre, y mató sus peces.

30 Su tierra produjo ranas, aun en las cámaras de sus reyes.

31 Habló y vinieron enjambres de moscas, y piojos en todo su término.

32 Volvió sus lluvias en granizo, con relámpagos en toda su tierra.

33 Dios destrozó sus viñas e higueras, y quebró los árboles de su país.

34 Hablo, y vinieron langostas y pulgón sin número,

35 que comieron toda la hierba del país, y devoraron el fruto de la tierra.

36 Además, hirió a todos los primogénitos en su tierra, las primicias de toda su fuerza.

37 Entonces sacó a Israel con plata y oro, y no hubo débiles en sus tribus.

38 Egipto se alegró de que salieran, porque su terror había caído sobre ellos.

39 Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche.

40 Pidieron, y les envió codornices; y los sació de pan del cielo.

41 Abrió la peña, y brotó el agua, que corrió por el desierto como un río.

42 Porque Dios se acordó de su santa promesa que había dado a su siervo Abrahán.

43 Sacó a su pueblo con gozo, con júbilo a sus elegidos.

44 Les dio la tierra de las naciones, y heredaron las labores de esos pueblos;

45 para que guardaran sus estatutos, y cumplieran sus leyes. ¡Alabad al Señor!

106

1 ¡Alabad al Señor! ¡Dad gracias al Eterno, porque es bueno, porque su amor es para siempre!

2 ¿Quién podrá expresar los poderosos hechos del Eterno? ¿Quién contará sus alabanzas?

3 ¡Dichosos los que guardan el derecho, los que siempre hacen lo recto!

4 Acuérdate de mí, oh Señor, cuando hagas bien a tu pueblo, visítame con tu salvación,

5 para que yo vea el bien de tus elegidos, para que me goce en la alegría de tu nación, y me gloríe con tu heredad.

6 Pecamos nosotros y nuestros padres; cometimos iniquidad, cometimos impiedad.

7 Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas, no se acordaron de tus muchas bondades, sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo.

8 Sin embargo, Dios los salvó por amor de su Nombre, para dar a conocer su poder.

9 Reprendió al Mar Rojo y lo secó, y los condujo por el hondo mar como por un desierto.

10 Los salvó de mano del enemigo, y los rescató de mano del adversario.

11 El agua cubrió a sus enemigos, sin quedar ni uno de ellos.

12 Entonces creyeron en sus palabras, y cantaron su alabanza.

13 Pero pronto olvidaron sus obras, y no esperaron en su consejo.

14 Cedieron a su codicia en el desierto, y tentaron a Dios en la soledad.

15 Les dio lo que pidieron, pero envió mortandad entre ellos.

16 Después tuvieron envidia de Moisés en el campamento, y de Aarón, el santo del Señor.

17 Entonces se abrió la tierra, tragó a Datán, y cubrió la compañía de Abiram.

18 Fuego se encendió en sus seguidores, y quemó a los impíos.

19 En Horeb hicieron un becerro, y se postraron ante una imagen de fundición.

20 Así cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba.

21 Olvidaron al Dios de su salvación, que había hecho grandezas en Egipto,

22 maravillas en la tierra de Cam, portentos en el Mar Rojo.

23 Y Dios habló de destruirlos, si no hubiera sido por Moisés, su elegido, que se mantuvo en la brecha ante él, a fin de apartar su ira, para que no los destruyese.

24 Entonces despreciaron la tierra deseable, no creyeron en su Palabra,

25 antes murmuraron en sus tiendas, y no escucharon la voz del Eterno.

26 Por eso el Señor alzó su mano para abatirlos en el desierto,

27 humillar a sus descendientes entre las naciones, y esparcirlos por las tierras.

28 Después se unieron a Baal Peor, y comieron los sacrificios ofrecidos a los muertos.

29 Con sus obras inicuas provocaron el enojo de Dios, y se desarrolló la mortandad en ellos.

30 Entonces se levantó Finés, hizo justicia y se detuvo la plaga.

31 Y le fue contado por justicia, de generación en generación para siempre.

32 También lo irritaron en las aguas de Meriba. Allí, por culpa de ellos le fue mal a Moisés.

33 Porque se rebelaron contra el Espíritu de Dios, y palabras precipitadas salieron de labios de Moisés.

34 No destruyeron a los pueblos que el Eterno les ordenó,

35 antes se mezclaron con las naciones, aprendieron sus obras,

36 y sirvieron a sus ídolos, lo que causó la ruina de ellos.

37 Sacrificaron sus hijos e hijas a los demonios,

38 derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos e hijas, que ofrecieron a los ídolos de Canaán, y la tierra se contaminó con sangre.

39 Así se contaminaron con sus obras, y se prostituyeron con sus hechos.

40 Por eso se encendió el enojo del Eterno sobre su pueblo, y abominó a su heredad.

41 Los entregó en poder de las naciones, y los dominaron los que los aborrecían.

42 Sus enemigos los oprimieron, y fueron quebrantados bajo su mano.

43 Muchas veces los libró Dios, pero ellos se rebelaron contra su consejo, y fueron humillados por su maldad.

44 Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor.

45 Se acordaba de su pacto con ellos, y cedía conforme a su inmenso amor.

46 Movió a sus cautivadores a que tuviesen compasión de ellos.

47 ¡Sálvanos, oh Eterno Dios nuestro, y reúnenos de entre las naciones, para que loemos tu santo Nombre, para que nos gloriemos en alabarte!

48 ¡Alabad al Eterno, Dios de Israel, desde la eternidad y por la eternidad! Y diga todo el pueblo, ¡Amén! ¡Alabad al Señor!

107

1 ¡Dad gracias al Eterno, porque es bueno, porque su amor es para siempre!

2 Díganlo los redimidos del Señor, los que redimió del poder del enemigo,

3 y congregó de los países, del oriente y del occidente, del norte y del sur.

4 Anduvieron perdidos por el desierto, en la soledad sin camino, sin hallar ciudad en que vivir.

5 Hambrientos y sedientos, su vida desfallecía en ellos.

6 Entonces en su angustia, clamaron al Eterno, y los libró de su aflicción,

7 y los dirigió por camino derecho, a ciudad habitable.

8 ¡Dad gracias al Señor por su constante amor, y por sus maravillas en bien de los hombres!

9 Porque él satisface al sediento, y llena de bien al hambriento.

10 Algunos yacían en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y cadenas.

11 Por cuanto fueron rebeldes a las Palabras del Eterno, y despreciaron el consejo del Altísimo,

12 por eso él abatió con trabajo sus corazones, cayeron, y no hubo quien los ayudase.

13 Entonces clamaron al Señor en su angustia, y los libró de su aflicción;

14 los sacó de las tinieblas y de la sombra mortal, y rompió sus prisiones.

15 ¡Den gracias al Eterno por su Constante amor, y por sus maravillas en bien de los hombres!

16 Porque quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó los cerrojos de hierro.

17 Los insensatos fueron afligidos, a causa de su rebelión y de sus maldades.

18 Abominaron todo alimento, y llegaron hasta las puertas de la muerte.

19 Pero clamaron al Eterno en su angustia, y los salvó de sus aflicciones.

20 Envió su Palabra, los sanó, y los libró de su ruina.

21 ¡Den gracias al Señor por su constante amor, y por sus maravillas en bien de los hombres!

22 Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo.

23 Los que descienden en naves al mar, y negocian en las muchas aguas,

24 han visto las obras del Eterno, y sus maravillas en el océano.

25 El hablaba y desataba la tempestad, que encrespa las olas.

26 Eran lanzados hasta el cielo, hundidos hasta el fondo del mar; su ánimo desfallecía ante el peligro.

27 Temblaban y titubeaban como ebrios, y toda su pericia era inútil.

28 Entonces clamaban al Eterno en su angustia. Y él los libraba de su aflicción.

29 Cambiaba la tempestad en sosiego, y apaciguaba las olas.

30 Entonces se tranquilizaban, y se alegraban, y él los guiaba al puerto que deseaban.

31 ¡Den gracias al Eterno por su constante amor, y por sus maravillas en bien de los hombres!

32 Exáltenlo en la congregación del pueblo, y alábenlo en la reunión de los ancianos.

33 El Señor convierte los ríos en desierto, y seca los manantiales,

34 la tierra fructífera en estéril, por la maldad de sus habitantes.

35 También convierte el desierto en estanques de agua, la tierra seca en manantiales.

36 Allí establece a los hambrientos, y fundan ciudad donde vivir.

37 Siembran campos, y plantan viñas, que rinden crecido fruto.

38 Los bendice, se multiplican en gran manera, y no disminuye su ganado.

39 Cuando disminuyen y decrecen, a causa de la opresión, de los males y congojas.

40 Esparce menosprecio sobre los príncipes, y los deja andar perdidos en un desierto sin camino.

41 Pero levanta al pobre de la miseria, y multiplica las familias como rebaños de ovejas.

42 Véanlo los rectos y alégrense, y todos los malos cierren su boca.

43 El que sea sabio preste atención a estas cosas, y entienda el constante amor del Eterno.

108

1 Salmo de David Mi corazón está dispuesto, oh Dios, te alabaré en mi gloria.

2 ¡Despiértate, salterio y arpa! Despertaré al alba.

3 Te alabaré, oh Eterno, entre los pueblos, a ti cantaré salmos entre las naciones;

4 porque tu invariable amor es grande, más alto que los cielos, y hasta el cielo tu fidelidad.

5 ¡Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y sobre toda la tierra tu gloria!

6 Sean librados tus amados, salva con tu diestra, y respóndeme.

7 Dios habló desde su Santuario: "Con alegría repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot".

8 "Mío es Galaad, mío Manasés, Efraín es el yelmo de mi cabeza, Judá, mi legislador.

9 "Moab, la jofaina para lavarme, sobre Edom echaré mi calzado, en triunfo me alegraré sobre Filistea".

10 ¿Quién me guiará a la ciudad fortificada? ¿Quién me guiará hasta Edom?

11 De cierto serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, y no salías con nuestros ejércitos.

12 Socórrenos contra el adversario, porque vana es la ayuda del hombre.

13 En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos.

109

1 Salmo de David ¡Oh Dios de mi alabanza, no calles!

2 Porque la boca del impío y del engañador se han abierto contra mí, han hablado contra mí con lengua mentirosa,

3 con palabras de odio me han rodeado, pelearon contra mí sin motivo.

4 En pago de mi amor son mis acusadores, pero yo oro.

5 Me devuelven mal por bien, odio por amor.

6 Pon contra él a un impío, y Satanás esté a su diestra.

7 Cuando sea juzgado, salga culpable, y su oración sea tenida por pecado.

8 Sean pocos sus días, y otro tome su oficio.

9 Queden sus hijos huérfanos, y su esposa viuda.

10 Anden sus hijos vagabundos, mendiguen, y sean expulsados de sus desolados hogares.

11 Que el acreedor se apodere de todo lo que tiene, y extraños saqueen su trabajo.

12 No tenga quien le haga misericordia, ni quien se compadezca de sus huérfanos.

13 Su posteridad sea talada, y en la siguiente generación sea raído su nombre.

14 Venga en memoria ante el Eterno la maldad de sus padres, y el pecado de su madre no sea borrado.

15 Estén siempre ante el Señor, y él corte de la tierra su memoria.

16 Por cuanto no se acordó de tener misericordia, sino que persiguió al afligido, menesteroso y quebrantado de corazón, para entregarlo a la muerte.

17 Amó la maldición y le vino. No quiso la bendición, y ella se alejó de él.

18 Se vistió de maldición como de un vestido, y entró como agua en sus entrañas, como aceite en sus huesos.

19 Séale como vestido con que se cubra, y cinto con que se ciña siempre.

20 Este sea, de parte del Eterno, el pago de los que me calumnian, y hablan mal de mí.

21 Pero tú, oh Soberano Señor, favoréceme por amor de tu Nombre. Líbrame, por la bondad de tu constante amor;

22 porque estoy afligido y necesitado, y mi corazón está herido dentro de mí.

23 Me voy como la sombra cuando declina, soy sacudido como langosta.

24 Mis rodillas están debilitadas a causa del ayuno, mi carne desfallece por falta de gordura.

25 He sido para ellos objeto de oprobio, me miraban, y meneaban su cabeza.

26 Ayúdame, oh Eterno Dios mío, sálvame conforme a tu constante amor,

27 y entiendan que ésta es tu mano, que tú Señor hiciste esto.

28 Maldigan ellos, pero bendice tú. Levántense, pero sean avergonzados, y regocíjese tu siervo.

29 Sean vestidos de ignominia los que me calumnian. Sean cubiertos de su confusión como con manto.

30 Alabaré al Eterno en gran manera con mi boca, en medio de muchos lo alabaré,

31 porque él se pone a la diestra del pobre, para librarlo de quienes lo condenan.

110

1 Salmo de David Dijo el Eterno a mi Señor: "Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies".

2 Desde Sión el Eterno enviará la vara de tu fortaleza, domina en medio de tus enemigos.

3 Tu pueblo se ofrecerá voluntario en el día de tu poder. En la hermosura de la santidad, desde el seno de la aurora, tú tienes el rocío de tus jóvenes.

4 El Eterno juró, y no desistirá: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec".

5 El Señor está a tu diestra, quebrantará a los reyes en el día de su ira.

6 Juzgará a las naciones, las llenará de cadáveres, quebrantará a los jefes de toda la tierra.

7 En el camino beberá del arroyo, por eso levantará cabeza.

111

1 Alabaré al Eterno, con todo el corazón, en la compañía y congregación de los rectos.

2 Grandes son las obras del Eterno, meditadas por los que se deleitan en ellas.

3 Honorable y hermosa es su obra, y su justicia permanece para siempre.

4 Hizo memorables sus maravillas, clemente y compasivo es el Eterno.

5 Sustenta a quienes lo veneran, siempre recordará su pacto.

6 El poder de sus obras manifestó a su pueblo, al darle la heredad de las naciones.

7 Las obras de sus manos son fieles y justas, confiables son todos sus Mandamientos,

8 permanecen firmes eternamente y para siempre, hechos en verdad y en rectitud.

9 Ha enviado redención a su pueblo, ha ordenado su pacto para siempre, santo y pavoroso es su Nombre.

10 El principio de la sabiduría es el respeto al Eterno. Buen entendimiento tienen los que siguen sus Mandamientos. ¡Su alabanza dura para siempre!

112

1 ¡Dichoso el que reverencia al Eterno, y en sus Mandamientos se deleita en gran manera!

2 Sus descendientes serán poderosos en la tierra, la generación de los rectos será bendita.

3 Bienes y riquezas hay en su casa, su justicia permanece para siempre.

4 Aun en las tinieblas resplandece la luz al recto, es clemente, compasivo y justo.

5 El hombre de bien es compasivo y presta, gobierna sus asuntos con juicio.

6 Por eso jamás será conmovido, en memoria eterna será el justo.

7 No temerá las malas noticias, su corazón está firme, confiado en el Eterno.

8 Seguro está su corazón, no temerá. Al fin verá el triunfo sobre sus enemigos.

9 Reparte, da a los pobres, su justicia permanece para siempre; su poder será exaltado en gloria.

10 El impío lo verá y se enfurecerá, crujirá los dientes y se consumirá. El deseo de los impíos perecerá.

113

1 ¡Alabad al Señor! ¡Alabad, siervos del Eterno, alabad el Nombre del Señor!

2 ¡Sea el Nombre del Eterno alabado ahora y siempre!

3 Desde donde nace el sol hasta donde se pone, ¡sea alabado el Nombre del Eterno!

4 Excelso sobre todas las naciones es el Eterno, sobre los cielos su gloria.

5 ¿Quién es como el Eterno nuestro Dios, que habita en las alturas,

6 que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?

7 Levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del polvo,

8 para sentarlos con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.

9 Establece a la estéril en familia, Y le da el gozo de ser madre. ¡Alabad al Señor!

114

1 Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Jacob del pueblo extranjero,

2 Judá llegó a ser el santuario de Dios, e Israel su señorío.

3 El mar lo vio, y huyó, y el Jordán retrocedió.

4 Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos.

5 ¿Qué te pasó, oh mar, que huiste? Y tú, Jordán, que retrocediste?

6 Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, y vosotros, collados, como corderos?

7 Tiembla, oh tierra, a la presencia del Señor, a la presencia del Dios de Jacob,

8 que convirtió la peña en laguna, y la roca en manantial.

115

1 No a nosotros, oh Eterno, no a nosotros, sino a tu Nombre da gloria, debido a tu invariable amor y a tu fidelidad.

2 Por qué dirán las naciones: "¿Dónde está su Dios?"

3 Nuestro Dios está en el cielo, y hace lo que quiere.

4 Los ídolos son plata y oro, obra de manos de hombres.

5 Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven.

6 Orejas tienen, pero no oyen; tienen nariz, pero no huelen.

7 Manos tienen, pero no palpan; tienen pies, pero no andan; ni hablan con su garganta.

8 Como ellos son los que los hacen, cualquiera que en ellos confía.

9 Oh Israel, confía en el Eterno. El es tu ayuda y tu escudo.

10 Casa de Aarón, confía en el Eterno. El es tu ayuda y tu escudo.

11 Los que reverenciáis al Señor, confiad en él. El es vuestra ayuda y vuestro escudo.

12 El Eterno se acuerda de nosotros, y nos bendecirá. Bendecirá la casa de Israel, bendecirá la casa de Aarón,

13 bendecirá a los que la respetan, a pequeños y a grandes.

14 El Eterno aumentará bendición sobre vosotros, sobre vosotros y sobre vuestros hijos.

15 Que vosotros seáis bendecidos por el Señor, que hizo el cielo y la tierra.

16 Los altos cielos son del Eterno, pero dio la tierra a los hombres.

17 Los muertos no alabarán al Señor, ni cuantos descienden al silencio.

18 Pero nosotros exaltaremos al Eterno, ahora y siempre. ¡Alabad al Señor!

116

1 Amo al Eterno, porque ha escuchado mi voz y mis súplicas,

2 porque ha inclinado a mí su oído, por eso lo invocaré mientras yo viva.

3 Me rodearon lazos de muerte, me encontraron las angustias del sepulcro, y caí en tribulación y tristeza.

4 Entonces invoqué el Nombre del Eterno, diciendo: "Sálvame, oh Señor".

5 Clemente es el Eterno y justo. Compasivo es nuestro Dios.

6 El Eterno guarda a los sinceros. Estaba yo postrado, y me salvó.

7 Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el Eterno te ha hecho bien.

8 Pues, tú me has librado de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de tropezar.

9 Andaré ante el Eterno, en la tierra de los vivientes.

10 Creí, aunque decía: "Estoy afligido en gran manera".

11 En mi prisa dije: "Todo hombre es mentiroso".

12 ¿Qué pagaré al Eterno por todos sus beneficios hacia mí?

13 Levantaré la copa de la salvación, e invocaré el Nombre del Eterno.

14 Ahora cumpliré mis votos al Señor, ante todo su pueblo.

15 A los ojos del Eterno, es preciosa la muerte de sus santos.

16 Oh Señor, yo soy tu siervo, tu siervo, hijo de tu sierva, rompiste mis prisiones.

17 Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré tu Nombre.

18 Al Señor cumpliré mis votos ante todo su pueblo,

19 en los atrios de la casa del Eterno, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Alabad al Señor!

117

1 ¡Alabad al Eterno, naciones todas; pueblos todos, alabadlo!

2 Porque engrandeció su constante amor hacia nosotros. La fidelidad del Eterno es para siempre. ¡Alabad al Señor!

118

1 ¡Dad gracias al Eterno, porque es bueno, porque su amor es para siempre!

2 Diga ahora Israel, que su amor es para siempre.

3 Diga ahora la casa de Aarón, que su amor es para siempre.

4 Digan los que veneran al Eterno, que su amor es para siempre.

5 En mi angustia invoqué al Eterno, y me respondió, y me libró.

6 El Eterno está conmigo. No temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre?

7 El Eterno está conmigo entre los que me ayudan, por tanto, veré el triunfo sobre los que me aborrecen.

8 Es mejor esperar en el Señor, que esperar en hombre.

9 Es mejor esperar en el Señor, que esperar en príncipes.

10 Todas las naciones me cercaron, pero en el Nombre del Eterno las destruí.

11 Me cercaron y me asediaron, pero en el Nombre del Eterno las destruí.

12 Me rodearon como abejas, como fuego de espinos, pero en el Nombre del Eterno las destruí.

13 Me empujaron con violencia para que cayera, pero el Señor me ayudó.

14 Mi fortaleza y mi canción es el Eterno. El ha sido mi salvación.

15 Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos. ¡La diestra del Eterno hace proezas!

16 ¡La diestra del Señor es sublime, la diestra del Eterno hace proezas!

17 No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor.

18 El Eterno me castigó gravemente, pero no me entregó a la muerte.

19 Abrid las puertas de la justicia, entraré por ellas y alabaré al Eterno.

20 Esta es la puerta del Señor, por ella entrarán los justos.

21 Te alabaré, porque me has escuchado, y fuiste mi salvación.

22 La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra angular.

23 Obra del Eterno es esto, es una maravilla a nuestros ojos.

24 Este es el día que hizo el Señor, regocijémonos y alegrémonos en él.

25 ¡Oh Eterno, sálvanos, te ruego! ¡Oh Eterno, danos éxito, te ruego!

26 ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor! Desde la casa del Eterno os bendecimos.

27 El Eterno es Dios, él nos ilumina. Atad víctimas a los cuernos del altar.

28 Mi Dios eres tú, te alabaré. Dios mío, te exaltaré.

29 ¡Dad gracias al Eterno porque es bueno, porque su constante amor es para siempre!

119

1 ALEF ¡Dichosos los perfectos de camino, los que andan en la Ley del Señor!

2 ¡Dichosos los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón lo buscan!

3 Los que andan en sus caminos, no practican iniquidad.

4 Tú encargaste que tus Mandamientos sean muy obedecidos.

5 ¡Ojalá que mis caminos sean constantes en la obediencia a tus preceptos!

6 Entonces no tendré que avergonzarme, al considerar todos tus Mandamientos.

7 Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprenda tus justos juicios.

8 Tus preceptos guardaré, no me abandones jamás.

9 BET ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra.

10 Con todo mi corazón te he buscado, no dejes que me desvíe de tus Mandamientos.

11 En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.

12 ¡Alabado seas, oh Eterno! Enséñame tus preceptos.

13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.

14 Me deleito en seguir tus testimonios, por encima de toda riqueza.

15 En tus Mandamientos medito, considero tus caminos.

16 Me deleito en tus decretos, no descuidaré tus palabras.

17 GUIMEL Haz esta merced a tu siervo, que viva, y guarde tu Palabra.

18 Abre mis ojos, para que pueda ver las maravillas de tu Ley.

19 Forastero soy en la tierra, no encubras de mí tus Mandamientos.

20 Mi alma se consume deseando, tus juicios en todo tiempo.

21 Tú reprendes a los soberbios, a los malditos, que se desvían de tus Mandamientos.

22 Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, porque guardo tus testimonios.

23 Aunque príncipes se sentaron y hablaron contra mí, tu siervo meditaba en tus normas,

24 pues tus testimonios son mi delicia y mis consejeros.

25 DALET Abatido estoy hasta el polvo, reanímame conforme a tu promesa.

26 Mis caminos te conté y me respondiste, enséñame tus normas.

27 Hazme entender el camino de tus Mandamientos, y meditaré en tus maravillas.

28 Se deshace mi alma de ansiedad. Fortaléceme según tu Palabra.

29 Aléjame del camino de mentira, dame la gracia de tu Ley.

30 Elegí el camino de la verdad, he puesto tus juicios ante mí.

31 A tus testimonios me mantengo adherido, Oh Eterno, no me avergüences.

32 Por el camino de tus Mandamientos correré, porque tú has ensanchado mi corazón.

33 HE Enséñame, Señor el camino de tus preceptos, y lo guardaré hasta el fin.

34 Dame entendimiento para guardar tu Ley, y la cumpliré de todo corazón.

35 Guíame por la senda de tus Mandamientos, porque en ella me deleito.

36 Inclina mi corazón a tus testimonios, no a la ganancia egoísta.

37 Aparta mis ojos de la vanidad, vivifícame en tu camino.

38 Confirma a tu siervo tu promesa, dirigida a los que te respetan.

39 Quita de mí el oprobio que temo, porque buenos son tus juicios.

40 Anhelo tus Mandamientos, vivifícame con tu justicia.

41 VAU Venga a mí tu constante amor, oh Eterno, tu salvación, conforme a tu dicho,

42 y podré responder al que me reprocha, que en tu Palabra confío.

43 No quites jamás de mi boca la palabra de verdad, porque en tu juicio espero,

44 y obedeceré siempre tu Ley, por toda la eternidad.

45 Andaré en libertad, porque busqué tus Mandamientos.

46 Hablaré de tus testimonios ante los reyes, no me avergonzaré.

47 Me deleitaré en tus Mandamientos, porque los amo.

48 Alzaré mis manos a tus Mandamientos que amo, y meditaré en tus preceptos.

49 ZAIN Recuerda la Palabra que diste a tu siervo, en la que me has hecho esperar.

50 Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.

51 Los soberbios se burlan mucho de mí, pero no me aparto de tu Ley.

52 Recuerdo, oh Eterno, tus juicios antiguos, y me consuelo.

53 El furor se apodera de mí, a causa de los impíos que dejan tu Ley.

54 Tus estatutos son el tema de mis cantos, en la mansión de mi peregrinación.

55 En la noche recuerdo tu Nombre, oh Señor, y guardo tu Ley.

56 Esta es mi suerte, guardar tus Mandamientos.

57 CHET Tú eres mi porción, oh Eterno, he prometido obedecer tu Palabra.

58 Tu presencia supliqué de todo corazón, sé bondadoso conmigo, conforme a tu promesa.

59 Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios.

60 Me apresuro sin demora a guardar tus Mandamientos.

61 Aunque los impíos me aten con sogas, no olvidaré tu Ley.

62 A medianoche me levanto a darte gracias, por tus justas leyes.

63 Soy compañero de todos los que te veneran, y guardan tus Mandamientos.

64 De tu constante amor, oh Eterno, está llena la tierra, enséñame tus preceptos.

65 TET Has hecho bien a tu siervo, oh Señor, conforme a tu Palabra.

66 Enséñame buen sentido y sabiduría, porque confío en tus Mandamientos.

67 Antes que fuera yo humillado, andaba descarriado, pero ahora guardo tu Palabra.

68 Bueno eres tú, y bienhechor, enséñame tus estatutos.

69 Aunque los soberbios forjaron mentira contra mí, guardo de todo corazón tus Mandamientos.

70 Se engrosó el corazón de ellos como sebo, pero yo en tu Ley me deleito.

71 Bueno me fue haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.

72 La Ley de tu boca es más preciosa para mí, que miles de monedas de oro y plata.

73 JOD Tus manos me hicieron, me formaron, hazme entender, y aprenderé tus Mandamientos.

74 Los que te veneran me verán, y se alegrarán, porque esperé en tu Palabra.

75 Conozco, oh Señor, que tus juicios son justos, que conforme a tu fidelidad me afligiste.

76 Que tu constante amor sea mi consuelo, como prometiste a tu siervo.

77 Venga a mí tu compasión para que viva, porque tu Ley es mi delicia.

78 Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado. Sin embargo, meditaré en tus Mandamientos.

79 Vuélvanse a mí los que te veneran y conocen tus testimonios.

80 Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado.

81 CAF Desfallezco ansiando tu salvación, sin embargo, espero en tu Palabra.

82 Desfallecieron mis ojos por tu Palabra, diciendo: "¿Cuándo me consolarás?"

83 Aunque estoy como un odre sobre el humo, no olvido tus estatutos.

84 ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo juzgarás a los que me persiguen?

85 Los soberbios me han cavado fosas, y no obran según tu Ley.

86 Todos tus Mandamientos son verdad, sin causa me persiguen. Ayúdame.

87 Casi me extirpan de la tierra, sin embargo, no he dejado tus Mandamientos.

88 Vivifícame conforme a tu constante amor, y guardaré los testimonios de tu boca.

89 LAMED Para siempre, oh Señor, permanece tu Palabra en el cielo.

90 Tu fidelidad continúa por todas las generaciones, igual que la tierra que tú fundaste.

91 Por tu orden subsisten todas las cosas hasta hoy, porque todas te sirven.

92 Si tu Ley no hubiese sido mi delicia, ya hubiera perecido en mi aflicción.

93 Jamás olvidaré tus Mandamientos, porque con ellos me das la vida.

94 Tuyo soy, sálvame, porque he buscado tus Mandamientos.

95 Los impíos me han aguardado para destruirme, pero yo atiendo a tus testimonios.

96 A toda perfección veo límite, pero, ¡cuán inmensos son tus Mandamientos!

97 MEM ¡Cuánto amo yo tu Ley! Todo el día es mi meditación.

98 Tus Mandamientos me han hecho más sabio que mis enemigos, siempre me acompañan.

99 Más que todos mis maestros he entendido, porque tus testimonios son mi meditación.

100 Más que los ancianos he entendido, porque he guardado tus Mandamientos.

101 De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu Palabra.

102 No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste.

103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus Palabras! Más que la miel a mi boca.

104 De tus Mandamientos he adquirido inteligencia, por eso, aborrecí todo camino de mentira.

105 NUN Lámpara es para mis pies tu Palabra, una luz en mi camino.

106 Juré y ratifiqué, guardar los juicios de tu justicia.

107 Afligido estoy en gran manera, oh Eterno; vivifícame conforme a tu Palabra.

108 Acepta, oh Eterno, la alabanza voluntaria de mi boca, y enséñame tus juicios.

109 Aunque mi vida está en continuo peligro, no olvido tu Ley.

110 Los impíos me han tendido lazo, pero no me desvié de tus Mandamientos.

111 Tus testimonios son mi herencia para siempre, porque son el gozo de mi corazón.

112 Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos, de continuo, y hasta el fin.

113 SAMEC Aborrezco a los hipócritas, pero amo tu Ley.

114 Mi refugio y mi escudo eres tú, en tu Palabra espero.

115 Apartaos de mí, malignos, para que yo guarde los Mandamientos de mi Dios.

116 Sosténme conforme a tu Palabra, y viviré, no defraudes mi esperanza.

117 Sosténme, y seré salvo, y me deleitaré siempre en tus normas.

118 Tú deshaces a todos los que se desvían de tus normas, porque su astucia es falsedad.

119 Como a escorias consumes a todos los impíos de la tierra, por eso amo tus testimonios.

120 Mi carne se estremece por respeto hacia ti, y de tus juicios tengo miedo.

121 AIN He hecho lo que es justo y recto, no me abandones a mis opresores,

122 Sé fiador de tu siervo para bien, no permitas que los soberbios me opriman.

123 Mis ojos desfallecen por tu salvación, por la palabra de tu justicia.

124 Haz con tu siervo según tu constante amor, y enséñame tus estatutos.

125 Soy tu servidor, dame entendimiento, para que conozca tus testimonios.

126 Es tiempo de que actúes, oh Señor, porque han invalidado tu Ley.

127 Por eso he amado tus Mandamientos más que el oro, más que el oro muy puro.

128 Considero rectos todos tus Mandamientos, y aborrezco todo camino de mentira.

129 PE Maravillosos son tus testimonios, por tanto los obedezco.

130 La explicación de tus Palabras ilumina, da inteligencia a los sencillos.

131 Mi boca abrí y suspiré, porque ansío tus Mandamientos.

132 Mírame, y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu Nombre.

133 Dirige mis pasos de acuerdo a tu Palabra, ninguna iniquidad se enseñoree de mí.

134 Líbrame de la violencia de los hombres, para que pueda guardar tus Mandamientos.

135 Resplandezca tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.

136 Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu Ley.

137 TZADE Justo eres tú, oh Eterno, y rectos tus juicios.

138 Tus testimonios, que has recomendado, son rectos y muy fieles.

139 Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos olvidaron tus Palabras.

140 Sumamente pura es tu Palabra, y tu siervo la ama.

141 Soy pequeño y despreciable, pero no olvido tus Mandamientos.

142 Tu justicia es justicia eterna, y tu Ley es la verdad.

143 Aflicción y angustia se apoderaron de mí, pero tus Mandamientos son mi delicia.

144 Justicia eterna son tus testimonios, dame entendimiento, y viviré.

145 COF Clamo con todo mi corazón, respóndeme, oh Eterno, y guardaré tus normas.

146 A ti clamo, sálvame, y guardaré tus testimonios.

147 Me anticipo al alba, clamo, y espero en tu Palabra.

148 Se anticipan mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus dichos.

149 Oye mi voz conforme a tu constante amor, oh Eterno, y vivifícame conforme a tu juicio.

150 Se acercan los malvados que me persiguen, se alejaron de tu Ley.

151 Cerca estás tú, oh Señor, y todos tus Mandamientos son verdad.

152 Hace mucho que entendí, que tú estableciste tus Mandamientos para siempre.

153 RES Mira mi aflicción, y líbrame, porque no olvido tu Ley.

154 Defiende mi causa, y redímeme; vivifícame con tu Palabra.

155 La salvación está lejos de los impíos, porque no buscan tus normas.

156 Muy grande es tu compasión, oh Eterno, vivifícame conforme a tus juicios.

157 Muchos son mis perseguidores y mis enemigos, pero no me aparto de tus testimonios.

158 Miro a los prevaricadores con disgustos, porque no guardan tu Palabra.

159 Oh Eterno, mira que amo tus Mandamientos, dame vida conforme a tu invariable amor.

160 Toda tu Palabra es verdad, tus justas leyes son eternas.

161 SIN Príncipes me han perseguido sin causa, pero mi corazón respetó tu Palabra.

162 Me regocijo en tu promesa, como el que halla muchos despojos.

163 La mentira aborrezco y abomino, pero amo tu Ley.

164 Siete veces al día te alabo, por tus justos juicios.

165 Mucha paz gozan los que aman tu Ley, y no hay para ellos tropiezo.

166 Tu salvación espero, oh Eterno, y tus Mandamientos he puesto por obra.

167 Guardo tus testimonios, porque los amo en gran manera.

168 Guardo tus Mandamientos y testimonios, porque todos mis caminos están ante ti.

169 TAU Llegue a ti mi clamor, oh Señor, dame entendimiento conforme a tu Palabra.

170 Llegue mi oración ante ti, líbrame conforme a tu promesa.

171 Mis labios rebosarán alabanza porque me enseñas tus normas.

172 Mi lengua canta tu Palabra, porque todos tus Mandamientos son justicia.

173 Esté tu mano pronta a socorrerme, porque elegí tus Mandamientos.

174 Anhelo tu salvación, oh Eterno, y tu Ley es mi delicia.

175 Permíteme vivir para alabarte, y que tus leyes me sostengan.

176 Anduve errante como oveja perdida, busca a tu siervo, que no olvida tus Mandamientos.

120

1 En mi angustia clamo al Eterno, y él me responde.

2 Sálvame, oh Señor, del labio mentiroso, de lengua fraudulenta.

3 ¿Qué te dará, o qué te aprovechará, oh lengua engañosa?

4 Agudas saetas de valiente, afiladas con brasas de enebro.

5 ¡Ay de mí, que peregrino en Mesec, y habito entre las tiendas de Quedar!

6 Hace mucho que vivo entre los que aborrecen la paz.

7 Soy pacífico, pero apenas hablo, ellos buscan la guerra.

121

1 Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde viene mi socorro?

2 Mi socorro viene del Eterno, que hizo el cielo y la tierra.

3 No dejará que tu pie resbale, ni se dormirá el que te guarda.

4 No se adormecerá ni dormirá, el que guarda a Israel.

5 El Eterno es tu guardián, es tu sombra a tu mano derecha.

6 El sol no te molestará de día, ni la luna de noche.

7 El Eterno te guardará de todo mal, él guardará tu vida.

8 Guardará tu salida y tu entrada, ahora y siempre.

122

1 Me alegré cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Eterno".

2 Nuestros pies estuvieron a tus puertas, oh Jerusalén.

3 Jerusalén, edificada como ciudad de compacta armonía.

4 Allá suben las tribus, las tribus del Eterno, conforme al testimonio dado a Israel, para alabar el Nombre del Señor.

5 Porque allí están las sillas del juicio, las sillas de la casa de David.

6 Orad por la paz de Jerusalén: "Sean prosperados los que te aman".

7 "Haya paz dentro de tus murallas, descanso en tus palacios".

8 Por amor de mis hermanos y mis amigos, te saludo: "Haya paz en ti".

9 Por amor a la casa del Eterno nuestro Dios, buscaré tu bien.

123

1 A ti que habitas en los cielos, elevo mis ojos.

2 Como los ojos del siervo miran a la mano de su señor, como los ojos de la sierva a la mano de su señora, así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros.

3 Ten piedad de nosotros, oh Eterno, ten piedad de nosotros. Porque estamos muy hastiados de menosprecio.

4 Muy hastiados estamos del escarnio de los holgados, y del menosprecio de los soberbios.

124

1 Salmo de David Si el Eterno no hubiera estado por nosotros, diga ahora Israel,

2 a no haber estado el Eterno por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres,

3 vivos nos habrían tragado, cuando se encendió su furor contra nosotros.

4 Entonces nos habrían inundado las aguas, sobre nosotros hubiera pasado el torrente.

5 Entonces las aguas impetuosas hubieran pasado sobre nosotros.

6 ¡Alabado sea el Eterno, que no nos dio por presa a sus dientes!

7 Escapamos cual ave del lazo del cazador, se quebró el lazo, y escapamos.

8 Nuestro socorro está en el Nombre del Eterno, que hizo el cielo y la tierra.

125

1 Los que confían en el Eterno son como el monte de Sión, que es inconmovible, que permanecerá para siempre.

2 Como Jerusalén tiene montes a su alrededor, así el Señor está alrededor de su pueblo, ahora y siempre.

3 Dios no dejará caer la vara de los impíos sobre la herencia de los justos, para que los justos no extiendan sus manos a la iniquidad.

4 Haz bien, oh Eterno, a los buenos, a los rectos en su corazón.

5 Pero a los que se apartan por sendas tortuosas, el Eterno los llevará con los que obran iniquidad. ¡Paz sobre Israel!

126

1 Cuando el Eterno trajo de vuelta a los cautivos de Sión, fue para nosotros como un sueño.

2 Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de alabanza. Entonces dijeron entre las naciones: ¡Grandes cosas ha hecho el Señor por ellos!"

3 ¡Grandes cosas ha hecho el Eterno por nosotros! Estamos llenos de gozo.

4 Restaura nuestra suerte, oh Señor, como cambian los arroyos del desierto.

5 Los que siembran con lágrimas, con regocijo segarán.

6 Aunque salga llorando el que lleva la preciosa semilla, volverá con regocijo, trayendo sus gavillas.

127

1 Si el Eterno no edifica la casa, en vano trabajan los edificadores. Si el Eterno no guarda la ciudad, en vano vela la guardia.

2 En vano será madrugar a levantaros, venir tarde a reposar, comer pan de fatigas; pues a sus amados da Dios el sueño.

3 Don del Señor son los hijos, los descendientes son una recompensa.

4 Como saetas en manos del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud.

5 Dichoso el hombre que llenó su aljaba de ellos. No será avergonzado cuando litigue con los enemigos a la puerta.

128

1 ¡Dichoso el que venera al Eterno, el que anda en sus caminos!

2 ¡Comerás del trabajo de tus manos, serás dichoso, y todo te irá bien!

3 Tu esposa será como vid fructífera en la intimidad de tu casa, tus hijos como brotes de olivo alrededor de tu mesa.

4 Así será bendecido el hombre que respeta al Señor.

5 El Eterno te bendiga desde Sión, que veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,

6 y veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz sobre Israel!

129

1 Mucho me han angustiado desde mi juventud, puede decirlo Israel.

2 Mucho me han angustiado desde mi juventud, pero no prevalecieron contra mí.

3 Sobre mi espalda araron los aradores, abrieron largos surcos.

4 Pero el Eterno es justo, cortó las coyundas de los impíos.

5 Sean avergonzados, y huyan todos los que aborrecen a Sión.

6 Sean como la hierba de los tejados, que se seca antes de crecer,

7 de la cual el segador no llena su mano, ni sus brazos el que hace gavillas,

8 ni dicen los que pasan: "La bendición del Eterno sea sobre vosotros, os bendecimos en el nombre del Señor".

130

1 De lo profundo, oh Eterno, clamo a ti.

2 Señor, escucha mi voz, estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.

3 Señor, si miraras a los pecados, ¿quién podría subsistir?

4 Pero hay perdón en ti, para que seas reverenciado.

5 Espero al Eterno, mi alma espera; en su Palabra espero.

6 Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana.

7 Espere Israel al Eterno, porque en él hay constante amor, y abundante redención.

8 Dios redimirá a Israel de todos sus pecados.

131

1 Canto de David Oh Eterno, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni ando en procura de grandezas, ni de cosas demasiado sublimes para mí.

2 Al contrario, he acallado y aquietado mis deseos, como un niño destetado se aquieta en brazos de su madre, como ese niño está mi alma.

3 Espera, oh Israel, en el Eterno, Desde ahora y para siempre.

132

1 Acuérdate, oh Eterno, de David, y de todas sus pruebas.

2 El juró al Eterno, prometió al Fuerte de Jacob:

3 "No entraré en la morada de mi casa, ni subiré a mi cama",

4 "No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados descanso",

5 "hasta que halle lugar para el Eterno, morada para el Fuerte de Jacob".

6 Oímos decir que el Arca se hallaba en Efrata. La encontramos en los campos de Jaar.

7 Entremos en sus tiendas, adoremos ante su estrado.

8 Levántate, Señor, al lugar de tu reposo, tú y el Arca de tu poder.

9 Tus sacerdotes se vistan de justicia, regocíjense tus santos.

10 Por amor de David tu siervo, no rechaces el rostro de tu ungido.

11 En verdad el Eterno juró a David, y no desistirá: "Uno de tus descendientes pondré sobre tu trono".

12 "Si tus hijos guardan mi pacto, y mi testimonio que les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono por siempre".

13 Porque el Eterno eligió a Sión, la quiso para su morada.

14 "Este es siempre el lugar de mi reposo, aquí habitaré, porque la he preferido".

15 "Bendeciré su mantenimiento, a sus pobres saciaré de pan".

16 "Vestiré de salvación a sus sacerdotes, y sus santos darán voces de júbilo".

17 "Allí haré reverdecer el poder de David. He dispuesto lámpara a mi ungido.

18 "A sus enemigos vestiré de confusión, pero sobre él florecerá su corona".

133

1 Canto de David ¡Mirad cuán bueno y agradable es que los hermanos habiten en unión y armonía!

2 Es como el buen perfume sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el cuello de su vestido.

3 Es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sión; porque allí envía el Señor bendición y vida eterna.

134

1 ¡Alabad al Eterno, vosotros todos los siervos del Señor, que estáis por la noche en la casa del Eterno!

2 Alzad vuestras manos al Santuario, alabad al Eterno.

3 Desde Sión el Señor te bendiga, el que hizo el cielo y la tierra.

135

1 ¡Alabad al Señor! ¡Alabad el Nombre del Eterno; Alabadlo, siervos del Señor!

2 Los que estáis en la casa del Eterno, en los atrios de la casa de nuestro Dios,

3 alabad al Eterno, porque es bueno. Cantad salmos a su Nombre, porque es benigno.

4 Porque el Señor ha elegido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya.

5 Yo sé que el Eterno es grande, nuestro Señor es mayor que todos los dioses.

6 El Eterno hace todo cuanto le agrada, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todo lugar profundo.

7 Hace subir las nubes desde los extremos de la tierra, envía los relámpagos con la lluvia, saca los vientos de sus depósitos.

8 El hirió a los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.

9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre Faraón y sobre todos sus siervos.

10 Destruyó a muchas naciones, y mató reyes poderosos:

11 A Sehón rey amorreo, a Og rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán.

12 Y dio la tierra de ellos en herencia a Israel su pueblo.

13 Oh Dios, eterno es tu Nombre. Tu memoria, oh Señor, de generación en generación.

14 Porque el Eterno vindicará a su pueblo, y se compadecerá de sus siervos.

15 Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de mano de hombre.

16 Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven,

17 tienen orejas y no oyen, tampoco hay aliento en sus bocas.

18 Semejante a ellos son los que los hacen, y todos los que en ellos confían.

19 Casa de Israel, alabad al Eterno. Casa de Aarón, alabad al Señor.

20 Casa de Leví, alabad al Eterno. Los que respetáis al Eterno, alabadlo.

21 Desde Sión alabado sea el Eterno, que mora en Jerusalén. ¡Alabad al Señor!

136

1 ¡Dad gracias al Eterno, porque es bueno, porque su amor es para siempre!

2 ¡Dad gracias al Dios de los dioses, porque su amor es para siempre!

3 ¡Dad gracias al Señor de los señores, porque su amor es para siempre!

4 Al único que hace grandes maravillas, porque su amor es para siempre;

5 al que hizo los cielos con entendimiento, porque su amor es para siempre;

6 al que tendió la tierra sobre las aguas, porque su amor es para siempre;

7 al que hizo las grandes lumbreras, porque su amor es para siempre;

8 el sol para gobernar el día, porque su amor es para siempre;

9 la luna y las estrellas para gobernar la noche, porque su amor es para siempre.

10 Al que hirió a los primogénitos de Egipto, porque su amor es para siempre;

11 al que sacó a Israel de en medio de ellos, porque su amor es para siempre;

12 con mano fuerte y brazo extendido, porque su amor es para siempre.

13 Al que dividió el Mar Rojo en dos, porque su amor es para siempre;

14 e hizo pasar a Israel por medio de él, porque su amor es para siempre;

15 y hundió a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, porque su amor es para siempre.

16 Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, porque su amor es para siempre.

17 Al que hirió a grandes reyes, porque su amor es para siempre.

18 Y quitó la vida a reyes poderosos, porque su amor es para siempre.

19 A Sehón rey amorreo, porque su amor es para siempre;

20 y a Og rey de Basán, porque su amor es para siempre.

21 Y dio la tierra de ellos en herencia, porque su amor es para siempre;

22 en herencia a Israel su siervo, porque su amor es para siempre.

23 Se acordó de nosotros cuando estábamos abatidos, porque su amor es para siempre;

24 y nos libró de nuestros enemigos, porque su amor es para siempre.

25 Alimenta a toda criatura, porque su amor es para siempre.

26 ¡Dad gracias al Dios del cielo, porque su amor es para siempre!

137

1 Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos, y hasta llorábamos, al recordar a Sión.

2 De los álamos en medio de ella colgamos nuestras arpas.

3 Los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, los que nos habían desolado nos pedían alegría. Nos decían: "Cantadnos algunos himnos de Sión".

4 ¿Cómo habíamos de cantar canción del Eterno en tierra extraña?

5 Si me olvidara, de ti oh Jerusalén, que mi diestra sea olvidada.

6 Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordara, si no ensalzara a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría.

7 Acuérdate, oh, Eterno, de los hijos de Edom en el día de Jerusalén, que decían: "¡Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos!"

8 Hija de Babilonia, destinada a la destrucción ¡feliz el que te dé tu merecido, el pago por lo que nos hiciste!

9 ¡Feliz el que tome tus niños y los estrelle contra las rocas!

138

1 Salmo de David Te alabaré con todo mi corazón, ante los dioses te cantaré salmos.

2 Me postraré ante tu santo templo, y alabaré tu Nombre por tu amor y tu fidelidad; porque has engrandecido tu Nombre, y tu Palabra sobre todas las cosas.

3 El día que clamé, me respondiste, y me fortaleciste.

4 Oh Eterno, todos los reyes de la tierra te alabarán, cuando oigan los dichos de tu boca,

5 y cantarán acerca de los caminos del Eterno, porque la gloria del Señor es grande.

6 Porque el Eterno es excelso; y con todo, atiende al humilde, pero el altivo mira de lejos,

7 Si ando en medio de la angustia, tú me vivificas. Extiendes tu mano contra la ira de mis enemigos,

8 el Señor cumplirá su propósito en mi. Tu amor, oh Eterno, es para siempre, no dejas la obra de tus manos.

139

1 Salmo de David Oh Eterno, tú me has examinado y me conoces.

2 Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos entiendes mis pensamientos.

3 Tú conoces mi senda, y mi acostarme. Conoces todos mis caminos.

4 Aún no está la palabra en mi lengua, y tú, oh Eterno, la sabes toda.

5 Detrás y delante me rodeas, y sobre mí pones tu mano.

6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí, demasiado alto para alcanzarlo.

7 ¿Adónde me iré de tu Espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia?

8 Si subiera a los cielos, allí estás tú; si en el abismo hiciera mi lecho, allí estás también.

9 Si tomara las alas del alba, y habitara en el extremo del mar,

10 aun allí me guiará tu mano, y me sostendrá tu diestra.

11 Si dijera: "De seguro las tinieblas me encubrirán", hasta la noche resplandecerá sobre mí.

12 Ni aun las tinieblas me encubren de ti, y la noche es tan luminosa como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.

13 Porque tú formaste mis entrañas, me cubriste desde antes de nacer.

14 Te alabo, porque de modo formidable y maravilloso fui hecho. Maravillosas son tus obras. Lo sé muy bien.

15 No fueron encubiertos de ti mis huesos, aun cuando en oculto fui formado, y tejido en lo más profundo de la tierra.

16 Tus ojos velan mi embrión, todo eso estaba escrito en tu libro, habías señalado los días de mi vida, cuando aún no existía ninguno de ellos.

17 ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!

18 Si los contara, serían más que la arena. Si llegara al fin, aún estaría contigo.

19 ¡Oh, si quitaras la vida al impío, y alejaras de mí a los hombres sanguinarios!

20 Porque blasfeman contra ti, tus enemigos se rebelan en vano.

21 Oh Eterno, ¿no odio a los que te aborrecen, y detesto a los que se levantan contra ti?

22 Los aborrezco por completo, los considero enemigos.

23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame, y reconoce mis pensamientos.

24 Mira si voy en mal camino, y guíame por el camino eterno.

140

1 Salmo de David Líbrame, oh Eterno, del hombre malo, guárdame del hombre violento,

2 que idea males en su corazón, y cada día urde contiendas.

3 Aguza su lengua como la serpiente, veneno de víbora hay debajo de sus labios.

4 Guárdame, Señor, de manos del impío; líbrame de los hombres violentos, que piensan trastornar mis pasos.

5 Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios; han tendido red junto a la senda, me han puesto lazos.

6 Dije al Eterno: "Tú eres mi Dios". Escucha, Señor, la voz de mis ruegos.

7 Oh Eterno, Señor, fortaleza de mi salvación, tú pusiste a cubierto mi cabeza el día de la batalla.

8 No des, oh Eterno, al impío sus deseos, no dejes que su plan se realice, para que no se ensoberbezca.

9 Que la cabeza de los que me asedian, se cubra con el mal que sus labios han causado.

10 Caerán sobre ellos brasas, serán echados en el fuego, en profundos hoyos para que no se levanten más.

11 El hombre deslenguado no será firme en la tierra, el mal cazará al injusto para derribarlo.

12 Sé que el Eterno se encargará de la causa del afligido, y del derecho del necesitado.

13 Así, los justos alabarán tu Nombre, los rectos habitarán en tu presencia.

141

1 Salmo de David Oh Eterno, a ti he clamado, apresúrate a venir hacia mí. Escucha mi voz cuando te invoco.

2 Suba mi oración ante ti como el incienso, el alzar de mis manos como la ofrenda de la tarde.

3 Oh Señor, guarda mi boca, guarda la puerta de mis labios.

4 No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a obras impías con los malhechores; no coma yo de sus deleites.

5 Que el justo me castigue, será un favor, que me reprenda será un excelente bálsamo, que no rechazaré. Mi oración será siempre contra los actos de los malhechores.

6 Serán derribados sus jueces, y sabrán que mis palabras eran agradables.

7 Como astillas o Pedruscos por el suelo, son esparcidos nuestros huesos a la boca del sepulcro.

8 A ti, oh Eterno, oh Señor, miran mis ojos; en ti he confiado, no me desampares.

9 Guárdame de los lazos que me han tendido, y de las trampas de los malhechores.

10 Caigan los impíos a una en sus propias redes, mientras yo siga adelante.

142

1 Salmo de David Con mi voz clamo al Eterno, con mi voz pido misericordia al Señor.

2 Ante él vierto mi queja, ante él cuento mi angustia.

3 Cuando mi espíritu se angustia dentro de mí, tú conoces mi senda. En el camino en que ando, me escondieron lazo.

4 Mira a mi derecha, y observa; no hay quien me quiera conocer. No tengo refugio, ninguno se interesa en mi vida.

5 A ti clamo, oh Eterno, y digo: "Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes".

6 "Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo".

7 "Líbrame de la cárcel, para que alabe tu Nombre. Entonces me rodearán los justos. Porque tú me tratarás generosamente".

143

1 Salmo de David Oh Eterno, escucha mi oración, atiende mis ruegos; respóndeme por tu verdad, por tu justicia.

2 No entres en juicio con tu siervo, porque ninguno se justificará ante ti.

3 El enemigo me persigue, postra en tierra mi vida, me obliga a vivir en tinieblas como los que han muerto para siempre.

4 Y mi espíritu se angustia dentro de mí, se turba mi corazón.

5 Recuerdo los días antiguos, medito en todas tus obras, reflexiono en la obra de tus manos.

6 Extiendo mis manos a ti, sediento de ti como la tierra seca.

7 Respóndeme pronto, Señor, que desmaya mi espíritu; no escondas tu rostro de mí, y venga yo a ser como los que descienden a la sepultura.

8 Hazme oír tu amable bondad por la mañana, porque en ti confío. Indícame el camino por donde ande, porque a ti elevo mi alma.

9 Líbrame de mis enemigos, oh Eterno, en ti me refugio.

10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Tu buen Espíritu me guíe en tierra de rectitud.

11 Por tu Nombre, oh Eterno, vivifícame. Por tu justicia, sácame de la angustia.

12 Por tu constante amor, acalla a mis enemigos, destruye a todos mis adversarios, porque yo soy tu siervo.

144

1 Salmo de David ¡Alabado sea el Eterno, mi Roca, que adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra!

2 El es mi amante Dios y mi castillo, mi Fortaleza y mi Libertador; Escudo mío, en quien me refugio, el que somete a los pueblos ante mí.

3 Oh Eterno, ¿qué es el hombre, para que lo reconozcas? ¿O el hijo del hombre, para que te preocupes de él?

4 El hombre es semejante a un soplo, sus días son como la sombra que pasa.

5 Oh Señor, descorre tus cielos, y desciende; toca los montes, y humeen.

6 Despide relámpagos y disípalos, envía tus saetas y desbarátalos.

7 Extiende tu mano desde lo alto, redímeme, y sácame de las muchas aguas, de mano de los extraños,

8 cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira.

9 Oh Dios, cantaré canción nueva, con salterio de diez cuerdas cantaré a ti.

10 Tú, que das a los reyes la victoria, que redimes a David tu siervo de maligna espada,

11 líbrame, y sálvame de mano de los extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira.

12 Sean nuestros hijos en su juventud como plantas bien crecidas, nuestras hijas como columnas labradas que adornan un palacio;

13 nuestros graneros estén llenos de todo grano, nuestro ganado se multiplique a millares y diez millares en nuestros campos;

14 nuestros bueyes sean fuertes para el trabajo, no tengamos brecha, ni que ir en cautiverio, ni grito de alarma en nuestras plazas.

15 ¡Feliz el pueblo que tiene estas bendiciones! ¡Feliz el pueblo cuyo Dios es el Eterno!

145

1 Salmo de David Te exaltaré mi Dios y mi Rey, alabaré tu Nombre por siempre jamás.

2 Cada día te alabaré, celebraré tu Nombre por siempre jamás.

3 ¡Grande es el Eterno y digno de suprema alabanza! Su grandeza es inescrutable.

4 Una generación exaltará tus obras ante la otra, y anunciará tus portentos.

5 Meditaré en la hermosura y en la gloria de tu majestad, en tus hechos maravillosos.

6 Del poder de tus portentos hablarán los hombres, y yo contaré tu grandeza.

7 La gente celebrará tu inmensa bondad, y cantará tu justicia.

8 Clemente y compasivo es el Eterno, lento en ira, y grande en amor.

9 Bueno es el Señor con todos, y con ternura cuida todas sus obras.

10 Oh Eterno, todas tus obras te alaben, y tus santos te bendigan,

11 canten la gloria de tu reino, y hablen de tu poder,

12 para notificar a los hombres tus proezas, la gloria y el esplendor de tu reino.

13 Tu reino es un reino de todos los siglos, y tu dominio por todas las generaciones.

14 El Eterno sostiene a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos.

15 Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo.

16 Abres tu mano, y colmas de bendición a todo Viviente.

17 El Señor es justo en todos sus caminos, amoroso en todas sus obras.

18 El Señor está cerca de todo el que lo invoca, de todo el que lo invoca de veras.

19 Cumple el deseo del que lo venera. Oye su clamor, y lo salva.

20 El Eterno guarda a todos los que lo aman, pero destruirá a todos los impíos.

21 ¡Mi boca aclame al Eterno! ¡Alaben todos su santo Nombre, ahora y siempre!

146

1 ¡Alabad al Señor! ¡Alaba, oh alma mía, al Eterno!

2 Alabaré al Eterno toda mi vida. Cantaré salmos a mi Dios mientras viva.

3 No confiéis en príncipes, ni en hombres, porque no pueden salvar.

4 Sale su aliento, vuelven a la tierra. En ese mismo día perecen sus pensamientos.

5 ¡Feliz el que tiene la ayuda del Dios de Jacob, que pone su esperanza en el Eterno su Dios,

6 que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que contiene; que permanece siempre fiel,

7 que hace justicia al agraviado, que dan pan al hambriento, y suelta a los presos!

8 El Eterno abre los ojos de los ciegos, levanta a los caídos, ama a los justos.

9 El Eterno guarda a los extranjeros, al huérfano y a la viuda sostiene, y trastorna el camino de los impío.

10 El Eterno reinará para siempre. Tu Dios, oh Sión, reina por todos los siglos. ¡Alabad al Señor!

147

1 ¡Alabad al Señor! Porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios, porque es placentero y es hermoso alabarlo.

2 El Eterno reedifica a Jerusalén, junta a los echados de Israel.

3 Sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.

4 Cuenta el número de las estrellas, a todas llama por su nombre.

5 Grande es nuestro Señor, de mucho poder, y su entendimiento es infinito.

6 El Eterno exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra.

7 ¡Cantad al Eterno con gratitud! ¡Cantad con arpa a nuestro Dios!

8 El cubre el cielo de nubes. Prepara la lluvia para la tierra, hace producir hierba en los montes,

9 alimenta al ganado, y a los hijos de los cuervos que graznan.

10 No se complace en la fuerza del caballo, ni en las piernas del hombre.

11 El Eterno se complace en los que lo respetan, en los que esperan en su constante amor.

12 ¡Alaba al Eterno, oh Jerusalén! ¡alaba a tu Dios, oh Sión!

13 Porque fortificó los cerrojos de tus puertas, bendijo a tus hijos dentro de tu recinto.

14 Pone paz en tu término, te sacia de lo mejor del trigo.

15 Envía su Palabra a la tierra; su Palabra corre velozmente.

16 Da la nieve como lana, derrama la escarcha como ceniza.

17 Envía el hielo en forma de granizo, y su frío, ¿quién lo puede resistir?

18 Envía su Palabra, y lo derrite. Agita sus brisas, y fluye el agua.

19 Revela su Palabra a Jacob, sus normas y juicios a Israel.

20 No hizo así con ninguna nación, ni les dio a conocer sus juicios. ¡Alabad al Señor!

148

1 ¡Alabad al Señor! ¡Alabad al Eterno desde el cielo! ¡Alabadlo en las alturas!

2 ¡Alabadlo, vosotros todos sus ángeles! ¡Alabadlo, vosotras todas sus huestes!

3 ¡Alabadlo, sol y luna! ¡Alabadlo, vosotras todas, lucientes estrellas!

4 ¡Alabadlo, cielos de los cielos, y las aguas que están encima del cielo!

5 ¡Alaben el Nombre del Señor! Porque él mandó, y todo fue creado.

6 Lo estableció todo en su lugar para siempre, les fijó una ley que no pasará.

7 ¡Alabad al Eterno desde la tierra, vosotras criaturas del mar y profundos océanos!

8 ¡El rayo y el granizo, la nieve y la neblina, el viento tempestuoso que ejecuta su orden!

9 ¡Montes y collados, Árboles frutales y todos los cedros!

10 ¡Bestias y todo animal doméstico, reptiles y volátiles!

11 ¡Reyes de la tierra y todos los pueblos, príncipes y todos los jueces de la tierra!

12 ¡Jóvenes y doncellas, ancianos y niños!

13 ¡Alaben todos el Nombre del Eterno, porque sólo su Nombre es sublime! ¡Su gloria está por encima del cielo y de la tierra!

14 El exaltó el poderío de su pueblo. ¡Alábenlo todos sus santos, los hijos de Israel, el pueblo allegado a él! ¡Alabad al Señor!

149

1 ¡Alabad al Señor! Cantad al Eterno canción nueva, su alabanza resuene en la congregación de los santos.

2 ¡Alégrese Israel en su Creador! Los hijos de Sión se gocen en su Rey.

3 Alaben su Nombre con danza, cántenle con adufe y arpa.

4 Porque el Señor se complace en su pueblo, corona a los humildes con la salvación.

5 ¡Regocíjense los santos en ese honor, y canten, aun desde sus camas!

6 Exalten a Dios con sus bocas, y espada de dos filos en sus manos,

7 para ejecutar venganza sobre las naciones, y castigo sobre los pueblos,

8 para aprisionar a sus reyes con grillos, y a sus nobles con cadenas de hierro,

9 para ejecutar en ellos el juicio escrito. Esa será la honra de todos sus santos. ¡Alabad al Señor!

150

1 ¡Alabad a Dios en su Santuario! ¡Alabadlo en la majestad de su firmamento!

2 ¡Alabadlo por sus proezas! ¡Alabadlo por su inmensa grandeza!

3 ¡Alabadlo a son de trompeta! ¡Alabadlo con salterio y arpa!

4 ¡Alabadlo con pandero y danza! ¡Alabadlo con cuerdas y flauta!

5 ¡Alabadlo con címbalos resonantes! ¡Alabadlo con címbalos de júbilo!

6 ¡Todo lo que respira alabe al Eterno! ¡Alabad al Señor!