1

1 Hubo un varón de Ramataim de Sofim, del monte de Efraín, llamado Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Toú, hijo de Suf, efrateo.

2 Tenía dos esposas, una se llamaba Ana y la otra Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no los tenía.

3 Todos los años, ese hombre subía de su ciudad, a adorar y ofrecer sacrificios al Eterno Todopoderoso en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finés, sacerdotes del Eterno.

4 Cuando llegaba el día, Elcana sacrificaba y daba su parte a su esposa Penina y a todos sus hijos e hijas.

5 Pero a Ana le daba doble porción porque la amaba, aunque el Eterno no le había concedido hijos.

6 Y su rival la irritaba, la enojaba y la entristecía, porque el Señor no le había dado hijos.

7 Eso sucedía cada año. Cuando subían a la casa del Eterno, Penina enojaba a la otra. Por eso Ana lloraba y no comía.

8 Elcana su esposo le decía: "Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?"

9 En una ocasión, después de haber comido y bebido en Silo, Ana se levantó y se fue al templo. El sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a la entrada del Santuario del Eterno.

10 Con amargura del alma, Ana oró al Eterno, y lloró abundantemente.

11 E hizo un voto, diciendo: "Oh Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la atracción de tu sierva, y te acuerdas de mí, y me concedes un hijo, lo dedicaré todos los días de su vida a tu servicio, y no pasará navaja sobre su cabeza".

12 Como ella oraba largo rato ante el Eterno, Elí observaba la boca de ella.

13 Ana hablaba en su corazón, pero movía sus labios, aunque su voz no se oía. Y Elí la tuvo por ebria.

14 Y entonces le dijo: "¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino".

15 Ana respondió: "No, señor mío, sino que soy una mujer atribulada de espíritu. No he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma ante el Señor.

16 "No tengas a tu sierva por una mujer impía. Por la magnitud de mi congoja y mi aflicción he hablado hasta ahora".

17 Elí respondió: "Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue el pedido que le has hecho".

18 Ella agregó: "Halle tu sierva gracia ante tus ojos". Y Ana se fue, y comió, y no estuvo más triste.

19 Levantándose de mañana, adoraron ante el Eterno, y volvieron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a su esposa Ana, y el Eterno se acordó de ella.

20 Corrido el tiempo, después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo, y lo llamó Samuel, porque dijo: "Lo pedí al Eterno".

21 Después, Elcana subió con toda su familia a ofrecer al Eterno el sacrificio acostumbrado y su voto.

22 Pero Ana no subió, sino que dijo a su esposo: "Cuando el niño sea destetado, lo llevaré a presentar ante el Eterno, y a dejarlo allá para siempre".

23 Elcana su esposo le respondió: "Haz lo que bien te parezca, quédate hasta que lo destetes. El Señor cumpla su palabra". Así, Ana se quedó, y crió a su hijo hasta el destete.

24 Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con un becerro de tres años, un efa de harina (22 kgs) y una vasija de vino, a la Casa del Eterno en Silo. El niño era de tierna edad.

25 Entonces sacrificaron el becerro y presentaron el niño a Elí.

26 Y ella le dijo: "¡Señor mío! Por tu vida, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando al Eterno.

27 "Por este niño oraba, y el Eterno me dio lo que le pedí.

28 "Yo, pues, lo vuelvo también al Señor. Mientras viva será del Eterno". Y adoró al Señor.

2

1 Entonces Ana oró, y dijo: "Mi corazón se regocija en el Eterno, mi poder se exalta en el Señor, mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación.

2 "No hay santo como el Eterno, no hay ninguno fuera de ti. No hay refugio como nuestro Dios.

3 "No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca. Porque el Dios de todo saber es el Eterno. A él le toca pesar las acciones.

4 "Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza.

5 "Los saciados se alquilaron por pan, y los hambrientos dejaron de tener hambre; hasta engendrar siete la estéril, y languidecer la que tenía muchos hijos.

6 "El Eterno mata y da vida. Hace descender al sepulcro y hace subir.

7 "El Eterno empobrece y enriquece, abate y ensalza.

8 "Levanta del polvo al Pobre, y al menesteroso exalta desde el basural, para sentarlo con los príncipes y darle, herencia en un sitio de honra. Porque del Eterno son los cimientos de la tierra, y sobre ellos asentó el mundo.

9 "El guarda los pies de sus santos, pero los impíos perecen en, tinieblas. Porque nadie prevalece por su propia fuerza.

10 "Ante el Eterno serán quebrados sus adversarios, y sobre ellos tronará el Cielo. El Eterno juzgará los confines de la tierra, dará fortaleza a su Rey, y exaltará el poder de su ungido".

11 Y Elcana volvió a su casa en Ramá, y el niño ministraba al Eterno ante el sacerdote Elí.

12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no respetaban al Eterno.

13 Era costumbre de los sacerdotes que cuando alguien ofrecía un sacrificio, mientras se cocía la carne, el criado del sacerdote, con un garfio de tres ganchos,

14 hería en la caldera, en la olla, en el caldero o en el pote; y todo lo que sacaba el garfio lo tomaba para el sacerdote. De esta manera hacían a todo el que venía a Silo.

15 Pero aun antes de quemar la grasa, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: "Da carne para asársela al sacerdote, porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda".

16 Si le respondía: "Quemen primero la grasa, y después toma tanto como tu quieras", él replicaba: "No, ahora has de dar. De otra manera la tomaré por la fuerza".

17 Este pecado de aquellos jóvenes era muy grave ante el Eterno, porque los hombres menospreciaban traer ofrendas al Eterno.

18 Pero el joven Samuel ministraba ante el Eterno, un muchacho vestido de un efod de lino.

19 Su madre le hacía una túnica pequeña, y se la traía cada año, cuando subía con su esposo a ofrecer el sacrificio de costumbre.

20 Y Elí bendijo a Elcana y a su esposa. Les dijo: "El Eterno te dé hijos de esta esposa a cambio del que ella pidió y cedió al Eterno". Y volvieron a su casa.

21 Y el Señor visitó a Ana, y engendró tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía ante el Señor.

22 Elí, que era muy anciano, oyó lo que sus hijos hacían a todo Israel, y que dormían con las mujeres que velaban a la entrada de la Tienda de la Reunión.

23 Y les dijo: "¿Por qué cometéis cosas semejantes? Oigo de todo el pueblo vuestro mal proceder.

24 "No, hijos míos. No es buena fama la que oigo, que hacéis pecar al pueblo del Eterno.

25 "Si el hombre peca contra el hombre, los jueces lo juzgarán. Pero el que peca contra el Eterno, ¿quién rogará por él?" Pero ellos no escucharon la voz de su padre, y el Eterno dispuso quitarles la vida.

26 En cambio, el joven Samuel iba creciendo, y era acepto por Dios y por los hombres.

27 Por ese tiempo, un varón de Dios visitó a Elí y le dijo: "Así dice el Eterno: ¿No me manifesté claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto, en casa de Faraón?

28 "Y lo elegí de entre todas las tribus de Israel, para que fuera mi sacerdote, y ofreciera sobre mi altar, quemara incienso y llevara efod ante mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los israelitas.

29 "¿Por qué habéis hollado los sacrificios y presentes que yo ordené, y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo?

30 "Por eso, el Eterno, Dios de Israel, dice: 'Yo había prometido que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente'. Pero ahora el Eterno dice: Nunca haga yo tal cosa, porque yo honro a los que me honran, y desprecio a los que me desprecian.

31 "Vienen días, en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa.

32 "Y verás tu casa humillada, mientras que Dios colmará de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa.

33 "El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, quedará para consumir tus ojos y henchir tu ánimo de dolor. Y todos los nacidos en tu casa morirán a la edad viril.

34 "Y te servirá de señal lo que sucederá a tus dos hijos, Ofni y Finés, ambos morirán en un día.

35 "Y yo levantaré un sacerdote fiel, que obre conforme a mi corazón y a mi deseo. Y le edificaré casa firme, y andará ante mi Ungido todos los días.

36 "Y el que quede de tu casa, vendrá a postrársele por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: 'Te ruego que me admitas en algún ministerio, para que pueda comer un bocado de pan"'.

3

1 El joven Samuel ministraba al Eterno ante Elí. En aquellos días, la palabra del Señor era rara, no había visión frecuente.

2 Un día, cuando los ojos de Elí empezaron a oscurecerse y no podía ver, estaba él acostado en su aposento,

3 y Samuel se hallaba durmiendo en el Santuario del Eterno, donde estaba el Arca de Dios. Antes que la lámpara de Dios fuera apagada,

4 el Eterno llamó a Samuel, y él respondió: "Aquí estoy".

5 Y corrió a Elí y le dijo: "Aquí estoy, ¿para qué me has llamado?" Elí le dijo: "Yo no llamé. Vuelve a acostarte". Y él se volvió y se acostó.

6 El Señor volvió a llamar a Samuel. Y él se levantó, fue a Elí, y le dijo: "Aquí estoy, ¿para qué me llamaste? Elí le dijo: "Hijo mío, no te llamé. Vuelve y acuéstate".

7 Samuel no había conocido aún al Eterno, ni le había sido revelada palabra del Señor.

8 Por tercera vez, el Eterno llamó a Samuel. Y él se levantó, fue a Elí, y le dijo: "Aquí estoy, ¿para qué me llamaste?" Entonces Elí entendió que el Eterno estaba llamando al joven.

9 Y le dijo: "Ve y acuéstate. Y si te llaman otra vez, dirás: 'Habla, Señor, que tu siervo oye"'. Así Samuel volvió y se acostó en su lugar.

10 Y vino el Eterno y llamó como las otras veces: "¡Samuel, Samuel!" Entonces Samuel respondió: "Habla, que tu siervo oye".

11 Y el Eterno dijo a Samuel: "Voy a ejecutar en Israel tal cosa, que a todo el que la oiga, le zumbarán los oídos.

12 "Aquel día despertaré contra Elí todo lo que le he dicho acerca de su casa, de principio a fin.

13 "Le mostraré que juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él conoce, porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los reprendió.

14 "Por eso he jurado a la casa de Elí, que la iniquidad de su casa no será expiada jamás, ni con sacrificios, ni con ofrendas".

15 Y Samuel quedó acostado hasta la mañana. Después abrió las puertas de la casa del Eterno. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.

16 Pero Elí llamó a Samuel, y le dijo: "Hijo mío, Samuel". Y él respondió: "Aquí estoy".

17 Y le preguntó: "¿Qué te habló el Eterno? Te ruego que no me lo encubras. Que Dios te trate con rigor, si me encubres palabra de todo lo que habló contigo".

18 Y Samuel se lo manifestó todo sin encubrirle nada. Entonces él le dijo: "El es el Eterno. Haga lo que bien le parezca".

19 Y Samuel creció, el Eterno estaba con él, y no dejó caer en tierra ninguna de sus palabras.

20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era un fiel profeta del Eterno.

21 Así, el Eterno siguió apareciendo en Silo, porque allí se manifestaba a Samuel mediante su palabra.

4

1 Y Samuel habló a todo Israel. Por ese tiempo, Israel salió en batalla contra los filisteos, y acampó junto a Eben Ezer, y los filisteos en Afec.

2 Los filisteos presentaron la batalla a Israel. Y trabándose el combate, Israel fue vencido por los filisteos, que hirieron como a cuatro mil hombres.

3 Y vuelto el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: "¿Por qué nos a herido el Eterno ante los filisteos? Traigamos de Silo el Arca del Pacto del Eterno, para que cuando esté entre nosotros, nos salve de nuestros enemigos".

4 Y el pueblo envió a Silo, y trajeron el Arca del Pacto del Eterno Todopoderoso, asentado entre querubines. Los dos hijos de Elí, Ofni y Finés, estaban allí con el Arca del Pacto de Dios.

5 Cuando el Arca del Pacto del Eterno llegó al campamento, todo Israel gritó con tan grande júbilo, que la tierra tembló.

6 Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: "Qué voz de gran júbilo es ésta en el campamento de los hebreos?" Y supieron que habían traído el Arca del Eterno.

7 Y los filisteos tuvieron miedo, decían: "Dios ha venido al campamento". Y agregaron: "¡Ay de nosotros! Antes no fue así.

8 "¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de estos dioses fuertes? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto.

9 "Esforzaos, filisteos, y sed hombres, para no servir a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros. Sed hombres, y pelead".

10 Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a su tienda. Y fue hecha una gran mortandad, pues cayeron treinta mil hombres de Israel.

11 Y el Arca de Dios fue tomada, y fueron muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finés.

12 Un hombre de Benjamín Salió corriendo de la batalla, y llegó ese mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza.

13 Cuando llegó, Elí estaba sentado en una silla vigilando junto al camino; porque su corazón estaba temblando por el Arca de Dios. Llegó, pues, aquel hombre a la ciudad, y cuando dio la noticia, toda la ciudad gritó.

14 Al oír la gritería, Elí preguntó: "¿Qué estruendo es ése?" Aquel hombre vino aprisa y le dio la noticia a Elí.

15 Elí ya era de 98 años de edad, sus ojos se habían entenebrecido, de modo que no podía ver.

16 Dijo aquel hombre: "Vengo de la batalla, escapé hoy del combate". Y Elí preguntó: "¿Qué sucedió, hijo mío?"

17 El mensajero respondió: "Israel huyó ante los filisteos, y fue hecha gran mortandad en el pueblo. También tus dos hijos, Ofni y Finés, fueron muertos, y el Arca de Dios fue tomada".

18 Cuando él mencionó el Arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta; y se le quebró la cerviz y murió; porque era anciano y pesado. Había juzgado a Israel durante 40 años.

19 Su nuera, la esposa de Finés, estaba encinta, cerca de dar a luz. Al oír que el Arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su esposo, se inclinó y dio a luz, porque los dolores le vinieron de repente.

20 Al tiempo en que ella moría, los que la atendían, le dijeron: "No temas, has engendrado un hijo". Pero ella no respondió, ni prestó atención.

21 Y llamó al niño Icabod (sin gloria), diciendo: "¡Se ha ido la gloria de Israel!" Porque el Arca de Dios había sido tomada, Y muertos su suegro y su esposo.

22 Dijo, pues: "¡Se ha ido la gloria de Israel!", porque el Arca de Dios había sido tomada.

5

1 Cuando los filisteos tomaron el Arca de Dios, la llevaron desde Eben Ezer a Asdod,

2 Entonces colocaron el Arca de Dios en el templo de Dagón, y la pusieron junto a Dagón.

3 Al día siguiente, cuando se levantaron los de Asdod, vieron a Dagón postrado en tierra ante el Arca del Eterno. Levantaron a Dagón y lo volvieron a su lugar.

4 Cuando se levantaron a la mañana Siguiente, vieron a Dagón caído en tierra ante el Arca del Eterno, y la cabeza de Dagón y sus dos manos cortadas y sobre el umbral; sólo le quedaba el tronco a Dagón.

5 Por esta causa los sacerdotes de Dagón y los que entran en su templo, no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.

6 Y la mano del Eterno se agravó sobre los de Asdod, y los hirió con tumores, en Asdod y en todo su territorio.

7 Viendo esto los de Asdod dijeron: "No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagón".

8 Convocaron a todos los príncipes filisteos, y dijeron: "¿Qué haremos con el Arca del Dios de Israel?" Ellos respondieron: "Pasen el Arca del Dios de Israel a Gat". Y la pasaron allá.

9 Cuando pasaron el Arca allá, la mano del Eterno estuvo contra la ciudad con gran quebranto. Hirió a los hombres de aquella ciudad, desde el chico hasta el grande, que se llenaron de tumores.

10 Entonces enviaron el Arca de Dios a Ecrón. Y cuando el Arca de Dios fue a Ecrón, los ecronitas gritaron: "Han pasado el Arca del Dios de Israel aquí para matarnos".

11 Juntaron a todos los príncipes filisteos, que dijeron: "Devolved el Arca del Dios de Israel a su lugar, para que no nos mate a nosotros y a nuestra gente". Porque había consternación de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado allí.

12 Los que no morían eran heridos de tumores. Y el clamor de la ciudad subió al cielo.

6

1 El Arca del Eterno estuvo siete meses entre los filisteos.

2 Entonces los filisteos llamaron a los sacerdotes y adivinos, y les preguntaron: "¿Qué haremos con el Arca del Eterno? Decidnos como hemos de volverla a su lugar".

3 Ellos dijeron: "Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino ofreced una reparación. Y entonces sanaréis, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano".

4 Ellos preguntaron: "¿Qué reparación ofreceremos?" Ellos respondieron: "Conforme al número de los príncipes filisteos, cinco tumores de oro y cinco ratones de oro; porque la misma plaga que tienen todos, tienen también los príncipes.

5 "Haréis, pues, las formas de vuestros tumores y de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel. Quizá se alivie su mano de sobre vosotros, y de sobre vuestros dioses y de vuestra tierra.

6 "Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y como Faraón endurecieron el suyo? Después que Dios hubo obrado maravillas entre ellos, ¿no tuvieron que dejarlos ir, y se fueron?

7 "Haced un carro nuevo. Tomad luego dos vacas que críen, sobre las cuales no haya sido puesto yugo. Uncid las vacas al carro, y haced volver sus becerros a casa.

8 "Después tomad el Arca del Eterno y ponedla sobre el carro. Poned en una caja al lado de ella las alhajas de oro que pagáis en reparación, y dejad que se vaya.

9 "Y observad. Si el carro sube a Bet Semes, entonces el Eterno trajo este mal tan grande. Si no, sabremos que no fue su mano la que nos hirió, sino que fue un accidente".

10 Y aquellos hombres lo hicieron así. Tomaron dos vacas que criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa a sus becerros.

11 Luego pusieron el arca del Eterno sobre el carro, y la caja con los ratones de oro y con las formas de los tumores.

12 Y las vacas tomaron derecho el camino a Bet Semes, andando y bramando, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda. Los príncipes filisteos fueron tras ellas hasta el término de Bet Semes.

13 Los de Bet Semes estaban en el valle segando el trigo. Al levantar sus ojos vieron el arca, y se alegraron.

14 El carro llegó hasta el campo de Josué en Bet Semes, y paró allí, donde había una gran piedra. Y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto al Señor.

15 Los levitas bajaron el arca del Eterno y la caja con las alhajas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra. Y aquel día, los hombres de Bet Semes sacrificaron holocaustos y mataron víctimas en honor del Eterno.

16 Cuando los príncipes filisteos vieron eso, volvieron a Ecrón el mismo día.

17 Estos fueron los tumores de oro que los filisteos ofrecieron al Eterno en reparación. Uno por Asdod, uno por Gaza, uno por Ascalón, uno por Gat y uno por Ecrón.

18 Y los ratones de oro fueron conforme al número de las ciudades filisteas pertenecientes a los cinco príncipes, desde las ciudades fortificadas hasta las aldeas sin muralla. La gran piedra sobre la cual pusieron el Arca del Eterno está en el campo de Josué betsemita hasta hoy.

19 Entonces Dios hirió a los de Bet Semes, porque miraron dentro del Arca del Eterno. Dio muerte a setenta hombres. Y el pueblo hizo duelo, porque el Eterno los había herido de tan grave estrago.

20 Y dijeron los de Bet Semes: "¿Quién podrá estar ante el Eterno, Dios santo? ¿Y a quién irá el Arca desde nosotros?"

21 Y enviaron mensajeros a los de Quíriat Jearim, diciendo: "Los filisteos han devuelto, el Arca del Eterno. Descended, y llevadla a vosotros".

7

1 Los de Quíriat Jearim fueron y llevaron el arca del Eterno, y la alojaron en casa de Abinadab, situada en el collado. Y consagraron a su hijo Eleazar, para que guardara el Arca del Eterno.

2 Desde que llegó el Arca a Quíriat Jearim pasaron muchos días, 20 años. Y toda la casa de Israel suspiraba por el Eterno.

3 Entonces Samuel dijo a toda la casa de Israel: "Si de todo vuestro corazón os volvéis al Señor, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, Y dedicad vuestro corazón al Eterno. Servidle sólo a él, y él os librará de los filisteos".

4 Entonces los israelitas quitaron los Baales y a Astarot, Y sirvieron sólo al Eterno.

5 Y Samuel dijo: "Reunid a todo Israel en Mizpa, y oraré por vosotros al Eterno".

6 Y se reunieron en Mizpa. Sacaron agua y la vertieron ante el Señor. Ayunaron aquel día, y dijeron allí: "Contra el Eterno hemos pecado". Y juzgó Samuel a los israelitas en Mizpa.

7 Cuando los filisteos oyeron que los israelitas estaban reunidos en Mizpa, los príncipes filisteos subieron contra Israel. Al oír esto, los israelitas tuvieron temor de los filisteos.

8 Y dijeron a Samuel: "No ceses de clamar por nosotros al Eterno nuestro Dios, que nos guarde de los filisteos".

9 Y Samuel tomó un cordero de leche, y lo sacrificó entero en holocausto. Clamó al Eterno por Israel, y el Señor lo oyó.

10 Cuando Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los israelitas. Pero el Eterno tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos. Los atemorizó, y fueron vencidos por Israel.

11 Entonces los israelitas salieron de Mizpa, siguieron a los filisteos, y los hirieron hasta más allá de Bet Car.

12 Después Samuel tomó una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y la llamó Eben Ezer, diciendo "Hasta aquí nos ayudó el Eterno",

13 Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más al territorio de Israel. La mano del Eterno estuvo contra ellos todo el tiempo de Samuel.

14 Y fueron restituidas a Israel las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat. E Israel las libró de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y el amorreo.

15 Samuel juzgó a Israel todo el tiempo que vivió.

16 Todos los años iba a Betel, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en esos lugares.

17 Y después volvía a Ramá, donde estaba su casa, y allí juzgaba a Israel. Y edificó allí un altar al Eterno.

8

1 Cuando Samuel envejeció, puso a sus hijos por jueces sobre Israel.

2 El nombre de su primogénito fue Joel, y el segundo Abías. Y fueron jueces en Beerseba.

3 Pero sus hijos no anduvieron en los caminos de su padre, sino que siguieron la avaricia, y recibían soborno y pervertían el derecho,

4 Entonces los ancianos de Israel se reunieron, fueron a ver a Samuel en Ramá,

5 y le dijeron: "Tú has envejecido, y tus hijos no van por tus caminos. Por tanto, constitúyenos un rey que nos gobierne, como todas las naciones".

6 Desagradó a Samuel que le dijeran: "Danos rey que nos gobierne". Y Samuel oró al Eterno.

7 Pero el Señor dijo a Samuel: "Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan, porque no te han desechado a ti, sino a mí, para que no reine sobre ellos.

8 "Conforme a todas las obras que han hecho desde que los saqué de Egipto, que me han abandonado para servir a otros dioses, así también proceden contigo.

9 "Oye, pues, su voz; pero adviérteles seriamente y explícales el derecho del rey que los gobernará".

10 Samuel dijo al pueblo que le había pedido un rey, todas las palabras del Eterno.

11 Dijo: "Este será el derecho del rey que reine sobre vosotros: Tomará vuestros hijos y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro.

12 "Elegirá capitanes de mil y de cincuenta, y los pondrá también a que aren sus campos, sieguen sus mieses, hagan sus armas de guerra y los arreos de sus carros.

13 "Tomará también vuestras hijas para que sean perfumistas, cocineras y amasadoras.

14 "También tomará vuestras tierras, vuestras viñas y vuestros olivares, y los dará a sus siervos.

15 "Diezmará vuestros granos y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y servidores.

16 "Tomará vuestros siervos y siervas, vuestros mejores jóvenes y vuestros asnos, para ejecutar sus obras.

17 "Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos.

18 "En aquel día clamaréis a mí a causa del rey que habréis elegido, pero el Eterno no oirá".

19 Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, antes dijeron: "No importa. Haya un rey sobre nosotros.

20 "Y seremos como todas las naciones, nuestro rey nos gobernará, saldrá ante nosotros, y combatirá nuestras guerras".

21 Y Samuel oyó todas las palabras del pueblo, y las contó al Eterno.

22 Y el Señor dijo a Samuel: "Oye su voz, y pon rey sobre ellos". Entonces Samuel dijo a los varones de Israel: "Volved cada uno a su ciudad".

9

1 Había en Benjamín un hombre valeroso llamado Cis, hijo de Abdiel, hijo de Seor, hijo de Becora, hijo de Afía.

2 Tenía un hijo joven y apuesto, llamado Saúl. En Israel no había otro más gallardo que él. Del hombro arriba sobrepasaba a todos.

3 Se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl, por lo que Cis dijo a Saúl: "Lleva contigo a un criado, y ve a buscar las asnas".

4 Y él atravesó el monte de Efraín y la tierra de Salisa, y no las halló. Pasaron por la tierra de Salim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las hallaron.

5 Y cuando vinieron a la tierra de Suf, Saúl dijo a su criado: "Volvamos, porque quizá mi padre, dejando el cuidado por las asnas, estará preocupado por nosotros".

6 El respondió: "En esta ciudad hay un hombre de Dios, que es varón insigne. Todo lo que dice, sucede sin falta. Vamos allá, quizá nos diga por dónde ir",

7 Saúl respondió a su criado: "Vamos. Sin embargo, ¿qué le llevaremos? Porque el pan de nuestras alforjas se acabó, y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios".

8 El criado respondió: "Tengo la cuarta parte de un siclo de plata (3 grs). Esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino".

9 (Antiguamente, el que iba a consultar al varón de Dios en Israel. decía: "Vamos hasta el vidente". Porque el que ahora se llama profeta, antes se llamaba vidente.)

10 Entonces Saúl dijo a su criado: "Dices bien. Vamos". Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios.

11 Cuando subían la cuesta de la ciudad, hallaron unas muchachas que salían por agua, y les preguntaron: "¿Está el vidente aquí?"

12 Ellas respondieron: "Sí, ahí delante está. Acaba de llegar a la ciudad, porque el pueblo tiene hoy sacrificio en el alto.

13 "Cuando entréis en la ciudad lo encontraréis, antes que suba al alto a comer. El pueblo no comerá hasta que él haya llegado, porque él ha de bendecir el sacrificio, y después los convidados comerán. Si subís en seguida, lo hallaréis".

14 Entonces ellos subieron, y cuando llegaron al centro de la ciudad, vieron que Samuel salía para subir al alto.

15 Un día antes de que llegara Saúl, el Eterno le había revelado a Samuel:

16 "Mañana a esta hora, enviaré a ti un varón de Benjamín, a quien ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel. El salvará a mi pueblo de mano de los filisteos. Pues he mirado a mi pueblo, su clamor ha llegado hasta mí".

17 Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: "Este es el varón de quien te hablé. El gobernará a mi pueblo".

18 En medio de la puerta, Saúl se acercó a Samuel y le dijo: "Te ruego que me digas dónde está la casa del vidente".

19 Samuel respondió a Saúl: "Yo soy el vidente. Sube delante de mí al alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré lo que está en tu corazón.

20 "De las asnas que se perdieron hace tres días, pierde cuidado, porque se han hallado. Por lo demás, ¿hacia quién se vuelve todo Israel, sino hacia ti y hacia la casa de tu padre?"

21 Saúl respondió: ¿No soy hijo de Benjamín, la más pequeña tribu de Israel? Y mi familia, ¿no es la más pequeña de Benjamín? ¿Por qué me has dicho cosa semejante?"

22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los llevó a la sala, y les dio lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres.

23 Y dijo Samuel al cocinero: "Trae la porción que te dije que guardases aparte".

24 Entonces el cocinero trajo una pierna con lo que estaba sobre ella. Y la puso ante Saúl. Y Samuel dijo: "Esto te había reservado, ponlo ante ti y come. Para esta ocasión se guardó para ti, cuando convidé al pueblo". Y Saúl comió aquel día con Samuel.

25 Cuando descendieron del alto de la ciudad, Samuel habló con Saúl en el terrado.

26 Al otro día madrugaron. Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y le dijo: "Levántate, para que te despache". En seguida se levantó, y salieron fuera, él y Samuel.

27 Cuando llegaron al extremo de la ciudad. Samuel dijo a Saúl: "Di al criado que se adelante". Y el joven se adelantó. "Y espera tú un poco para que te declare palabra de Dios".

10

1 Entonces Samuel tomó una ampolla de aceite, y la derramó sobre la cabeza de Saúl. Lo besó y le dijo: "El Eterno te unge por príncipe de su heredad.

2 "Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás a dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el límite de Benjamín, en Selsa, que te dirán: 'Las asnas que habías ido a buscar, se han hallado. Tu padre ha dejado de inquietarse por ellas, y está preocupado por vosotros, diciendo: ¿Qué será de mi hijo?

3 "Cuando sigas más adelante y llegues a la encina de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Betel. Uno lleva tres cabritos, el otro tres panes y el tercero una vasija de vino.

4 "Después de saludarte, te darán dos panes, que tomarás de sus manos.

5 "De allí llegarás al collado de Dios, donde está la guarnición de los filisteos. Cuando entres en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del alto profetizando con salterio y pandero, flauta y arpa.

6 "El Espíritu del Eterno te arrebatará, profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.

7 "Y cuando te hayan venido estas señales, haz lo que quieras, porque Dios está contigo.

8 "Después bajarás ante mí en Gilgal. Entonces descenderé yo a ti para sacrificar holocaustos e inmolar víctimas pacíficas. Espera siete días, hasta que yo llegue, y te diga lo que has de hacer".

9 Apenas Saúl volvió la espalda para separarse de Samuel, Dios le cambió el corazón, y todas esas señales sucedieron en ese día.

10 Cuando llegaron al collado, salió la compañía de profetas que venía a encontrarse con él, y el Espíritu de Dios descendió sobre Saúl, y profetizó entre ellos.

11 Los que lo conocían, vieron que profetizaba con los profetas, y decían: "¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas?"

12 Un hombre del pueblo respondió: ¿Quién es el padre de ellos?" Por eso se volvió en proverbio: "¿Saúl también entre los profetas?"

13 Entonces cesó de profetizar y llegó al alto.

14 Un tío de Saúl le preguntó a él y al criado: "¿Dónde fuisteis?" Y él respondió: "A buscar las asnas, y como no aparecían, fuimos a Samuel".

15 El tío de Saúl agregó: "Te ruego que me declares qué os dijo Samuel".

16 Saúl respondió a su tío: "Nos declaró que las asnas se habían hallado". Pero del asunto del reino, del que Samuel te había hablado, nada le descubrió.

17 * Después Samuel convocó al pueblo ante el Eterno, en Mizpa.

18 Y dijo a los israelitas: "Así dice el Eterno, el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios y de todos los reinos que os afligieron.

19 "Pero vosotros habéis desechado a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y dijisteis: 'No, sino pon rey sobre nosotros'. Ahora presentaos ante el Eterno por vuestras tribus y por vuestros millares".

20 Y Samuel ordenó que se acercaran todas las tribus de Israel, y fue tomada la tribu de Benjamín.

21 Hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y fue tomada la familia de Matri, y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Pero lo buscaron, y no lo hallaron.

22 Preguntaron otra vez al Eterno, si aún había de venir allí aquel hombre. Y el Eterno respondió: "Está escondido entre el bagaje".

23 Entonces corrieron y lo trajeron de allí, y puesto en medio de la gente, desde los hombros arriba, era el más alto de todo el pueblo.

24 Y Samuel dijo al pueblo: "Aquí véis al que eligió el Eterno, que no hay otro como él en todo el pueblo". Entonces el pueblo aclamó con alegría: "¡Viva el rey!"

25 Y Samuel proclamó al pueblo el derecho del reino, y lo escribió en un libro, que guardó ante el Eterno.

26 Y Samuel envió a todo el pueblo a su casa. Y Saúl también se fue a su casa en Gabaa. Y fueron con él los hombres de guerra, cuyo corazón Dios había tocado.

27 Pero algunos malvados dijeron: "¿Cómo nos ha de salvar éste?" Lo tuvieron en poco, y no le trajeron presente. Pero él disimuló.

11

1 Después subió Nahás amonita y acampó contra Jabes de Galaad. Los de Jabes dijeron a Nahás: "Haz alianza con nosotros y te serviremos".

2 Nahás amonita respondió: "Con esta condición haré alianza con vosotros, que quite a cada uno de vosotros el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre Israel".

3 Entonces los ancianos de Jabes les dijeron: "Danos siete días para que enviemos mensajeros al territorio de Israel. Si nadie nos defiende, saldremos a ti".

4 Al llegar los mensajeros a Gabaa de Saúl, dijeron estas palabras en oídos del pueblo. Y el pueblo lloró en alta voz.

5 En ese momento Saúl volvía del campo, de trabajar con los bueyes. Y preguntó: "¿Qué tiene el pueblo que llora?" Y le contaron las palabras de los hombres de Jabes.

6 Al oír esas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre Saúl con poder, y se encendió su ira en gran manera.

7 Tomó un par de bueyes, los cortó en piezas, y las envió por todo Israel por medio de mensajeros, que dijeron: "Así se hará con los bueyes del que no salga en pos de Saúl y de Samuel". La reverencia hacia el Eterno cayó sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre.

8 Los contó en Bezec, y los israelitas eran trescientos mil, y treinta mil de Judá.

9 Y respondieron a los mensajeros que habían venido: "Así diréis a los de Jabes de Galaad: Mañana al calentar el sol, seréis librados". Los mensajeros se fueron, avisaron a los de Jabes, que se alegraron.

10 Y los de Jabes dijeron a los amonitas: "Mañana saldremos a vosotros, para que nos hagáis lo que bien os parezca".

11 Al día siguiente Saúl dispuso el pueblo en tres escuadrones, y entraron en el campamento amonita a la vigilia de la mañana, y los hirieron hasta que calentó el día. Los que escaparon fueron tan dispersos que no quedaron dos juntos.

12 El pueblo dijo entonces a Samuel: "¿Quiénes son los que decían: 'Reinará Saúl sobre nosotros?' Dadnos a esos hombres y los mataremos".

13 Dijo Saúl: "Hoy no morirá ninguno, porque el Eterno ha salvado a Israel

14 Y Samuel dijo al pueblo: "venid ,vamos a Gilgal para renovar el reino".

15 Y todo el pueblo fue a Gilgal, e invistieron a Saúl por rey ante el Eterno sacrificaron ofrendas de paz ante el señor y se alegraron mucho, Saúl y todo Israel

12

1 Dijo Samuel a todo Israel: "He oído vuestra voz en todo lo que me habéis dicho, y os he puesto rey.

2 "Ahora, aquí está vuestro rey ante vosotros. Yo soy anciano y cano, aunque mis hijos están con vosotros. Yo he andado ante vosotros desde mi juventud hasta hoy.

3 "Aquí estoy. Atestiguad contra mi, ante el Eterno y ante su ungido, si he tomado el buey o el asno de alguno, o si he calumniado o agraviado a alguien, o si de alguien he tomado cohecho que cegara mis ojos, y os satisfaré".

4 Entonces respondieron: "Nunca nos has calumniado, ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ninguno".

5 Y él les dijo: "El Eterno es testigo ante vosotros, y su ungido también es testigo en este día, de que no habéis hallado en mi mano cosa alguna". Ellos respondieron: "Así es".

6 Entonces Samuel dijo al pueblo: "El Eterno que eligió a Moisés y a Aarón, y sacó a vuestros padres de Egipto, es testigo.

7 "Ahora, aguardad, y pleitearé con vosotros ante el Eterno, acerca de los beneficios que él os ha hecho a vosotros y a vuestros padres.

8 "Después que Jacob entró en Egipto y vuestros padres clamaron al Eterno, él envió a Moisés y a Aarón, que sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar.

9 "Pero ellos se olvidaron del Eterno su Dios, y él los vendió en manos de Sísara, capitán del ejército de Asor; en manos de los filisteos, y en manos del rey de Moab, que los combatieron.

10 "Ellos clamaron al Eterno y dijeron: 'Hemos pecado al dejar al Señor, y servir a los baales y a Astarot. Líbranos, pues, de nuestros enemigos, y te serviremos'.

11 "Entonces el Eterno envió a Jerobaal, a Barac, a Jefté y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos de alrededor, y habitasteis seguros.

12 "Al ver que Nahás rey de Amón venía contra vosotros, me dijisteis: 'No, sino rey reinará sobre nosotros', siendo que el Eterno vuestro Dios era vuestro Rey.

13 "Ahora, pues, aquí está el rey que habéis elegido, que habéis pedido. Ya veis que el Señor ha puesto sobre vosotros rey.

14 "Si reverenciáis al Señor, si le servís, si oís su voz, y no sois rebeldes a la Palabra del Eterno; y si así vosotros como vuestro rey seguís al Eterno vuestro Dios, entonces os irá bien.

15 Pero si no oís la voz del Señor, y si sois rebeldes a sus palabras, la mano del eterno será contra vosotros como fue contra vuestros padres.

16 "Esperad y mirad este gran prodigio que el Señor hará ante vuestros ojos.

17 "¿No es ahora la siega del trigo? Voy a clamar al Eterno, y él dará truenos y lluvia; para que conozcáis y veáis cuán grande es el mal que habéis cometido ante los ojos del Eterno, al pedir un rey".

18 Y Samuel clamó al Señor, y en ese mismo día él mandó truenos y lluvia; y el Pueblo temió en gran manera al Eterno y a Samuel.

19 Entonces todo el pueblo dijo a Samuel: "Ruega por tus siervos al Eterno tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey".

20 Samuel respondió al pueblo: "No temáis. Vosotros habéis cometido este mal. Con todo, no os apartéis del Eterno, sino servidle con todo vuestro corazón.

21 "No os apartéis en pos de las vanidades, que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.

22 "Pues, por causa de su gran Nombre, el Eterno no desamparará a su pueblo, porque él ha querido haceros su pueblo.

23 "Así, lejos sea de mí que yo peque contra el Eterno cesando de rogar por vosotros. Antes os enseñaré el camino bueno y recto.

24 "Tan sólo reverenciad al Señor y servidle de verdad, con todo vuestro corazón, considerando cuán grandes cosas ha realizado por vosotros.

25 "Pero si persistís en hacer el mal, pereceréis vosotros y vuestro rey".

13

1 Saúl tenía. . . años cuando empezó a reinar. Cuando había reinado dos años sobre Israel,

2 eligió a tres mil hombres de Israel; dos mil estuvieron con Saúl en Micmás y en el monte Betel, y mil estuvieron con Jonatán en Gabaa de Benjamín. Y al resto del pueblo lo envió cada uno a sus tiendas.

3 Jonatán derrotó la guarnición de los filisteos que estaba en el collado, y los filisteos se enteraron. Entonces Saúl hizo tocar trompeta por todo el país, diciendo: "Oigan los hebreos".

4 Y todo Israel oyó que se decía: "Saúl derrotó la guarnición de los filisteos, y que Israel se había hecho abominable a los filisteos". Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.

5 Entonces los filisteos se juntaron para pelear con Israel, tres mil carros, seis mil carreteros, y soldados como la arena del mar en multitud. Subieron y acamparon en Micmás, al oriente de Bet Avén.

6 Pero los israelitas se vieron en gran apuro, y tuvieron que esconderse en cuevas y fosos, en peñascos, rocas y cisternas.

7 Y algunos hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y Galaad. Saúl permanecía en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.

8 Saúl esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho. Pero Samuel no llegaba a Gilgal, y el pueblo desertaba

9 Entonces dijo Saúl: "Traedme un holocausto y ofrendas de paz". Y ofreció el holocausto.

10 Cuando acababa de ofrecer el holocausto, llegó Samuel. Y Saúl salió a saludarlo.

11 Entonces Samuel le dijo: "Qué has hecho?" Saúl respondió: "Vi que el pueblo desertaba, tú no venías en el plazo señalado, y los filisteos estaban reunidos en Micmás.

12 "Y dije: Los filisteos descenderán contra mí a Gilgal, y yo no imploré el favor del Eterno. Así, me vi forzado a ofrecer el holocausto". Samuel reprende a Saúl

13 Entonces Samuel dijo a Saúl: "Locamente has hecho. No guardaste el mandamiento del Eterno que tu Dios te había ordenado. El hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre.

14 "Pero ahora tu reino no será durable. El Señor se ha buscado un hombre según su corazón, para que sea príncipe de su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que el Eterno te mandó".

15 Y levantándose Samuel subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres.

16 Entonces Saúl, Jonatán y el pueblo que estaba con ellos, se quedaron en Gabaa de Benjamín, y los filisteos estaban acampados en Micmás.

17 Y salieron en correría tres escuadrones filisteos. Un escuadrón tiró por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual.

18 Otro escuadrón marchó hacia Bet Orón, y el tercero hacia la región que mira al valle Seboim, hacia el desierto.

19 En toda la tierra de Israel no se hallaba herrero, porque los filisteos habían dicho: "Para que los hebreos no hagan espada ni lanza".

20 Los de Israel descendían a los filisteos para afilar su reja, su azadón, su hacha o su hoz.

21 El precio era dos tercios de siclo (8 grs) para afilar rejas o azadones; y un tercio para afilar las hachas o componer aguijadas.

22 Así, el día de la batalla no había más espada ni lanza que las de Saúl y su hijo Jonatán.

23 Y la guarnición de los filisteos avanzó hacia el paso de Micmás.

14

1 Un día, Jonatán hijo de Saúl dijo a su joven escudero: "Ven, pasemos a la guarnición de los filisteos, que está del otro lado". Y no avisó a su padre.

2 Saúl estaba en el extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y estaban con él como seiscientos hombres.

3 Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finés, hijo de Elí, sacerdote del Eterno en Silo, llevaba el efod. Pero el pueblo no supo que Jonatán se había ido.

4 Entre los pasos por donde Jonatán procuraba llegar a la guarnición filistea, había un peñasco agudo de un lado y otro, del otro lado. Uno se llamaba Bosés y el otro Sene.

5 Un peñasco situado al norte hacia Micmás, y el otro al sur hacia Gabaa.

6 Jonatán dijo a su escudero: "Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos, quizá el Eterno obre algo por nosotros. Porque para el Señor no es difícil salvar con muchos o con pocos".

7 Su escudero respondió: "Haz todo lo que tienes en tu corazón. Yo estoy contigo a tu voluntad".

8 Y Jonatán agregó: "Pasaremos a los hombres, y nos mostraremos a ellos.

9 "Si nos dicen: 'Esperad hasta que lleguemos a vosotros', quedaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.

10 "Pero si nos dicen: 'Subid', entonces subiremos, porque el Señor los ha entregado en nuestras manos. Esta será la señal".

11 Se mostraron, pues, los dos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: "Mirad, los hebreos salen de las cavernas donde se habían escondido".

12 Y los hombres de la guarnición dijeron a Jonatán y a su escudero: "Subid a nosotros, y os contaremos algo". Entonces Jonatán dijo a su escudero: "Sube tras mí, que el Eterno los ha entregado en manos de Israel".

13 Jonatán subió trepando con sus manos y sus pies, y tras él su escudero. Y los que caían ante Jonatán, su escudero que iba tras él, los mataba.

14 Esta fue la primera matanza en la que Jonatán y su escudero mataron unos veinte hombres, en el espacio de media yugada (un quinto de hectárea).

15 Entonces cundió el pánico en todo el ejército filisteo, en la guarnición y entre los que habían ido de correrías. Y la tierra tembló. Fue un pánico enviado por Dios.

16 Los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín que la multitud estaba turbada, que iban de un lado a otro, y se iban deshaciendo.

17 Entonces Saúl dijo al pueblo que tenía consigo: "Pasad revista, y ved quién de los nuestros ha ido". Pasaron revista y hallaron que faltaban Jonatán y su escudero.

18 Saúl dijo a Ahías: "Trae el Arca de Dios". Porque el Arca de Dios estaba entonces con los israelitas.

19 Y mientras Saúl hablaba con el sacerdote, el alboroto entre los filisteos aumentaba en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: "Detén tu mano".

20 Saúl juntó a todo el pueblo que estaba con él, fueron hasta el lugar de la batalla, y vieron que la espada de cada uno se había vuelto contra su compañero, y la mortandad era grande.

21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos y habían venido con ellos al campamento, se pusieron de parte de los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán.

22 También los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, al ver que los filisteos huían, ellos también los persiguieron en aquella batalla.

23 Así, el Eterno salvó a Israel aquel día. Y la batalla llegó hasta Bet Avén.

24 Pero ese día los israelitas fueron puestos en apuro, porque Saúl había conjurado al pueblo, diciendo: "El que coma algo antes del atardecer, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito". Y nadie del pueblo había gustado comida.

25 El ejército llegó a un bosque donde había miel en el suelo.

26 Entró el pueblo en el bosque, vieron la miel que corría, pero ninguno llevó la mano a su boca, porque el pueblo respetaba el juramento.

27 Pero Jonatán no había oído el juramento de su padre. Alargó la punta de una vara que traía en su mano, la mojó en un panal de miel, y la llevó a la boca. Y sus ojos recobraron el brillo.

28 Entonces uno del pueblo le dijo: "Tu padre ha conjurado expresamente al pueblo, diciendo: 'Maldito el que coma hoy manjar'".

29 Jonatán respondió: "Mi padre ha turbado el país. Ved cómo se han aclarado mis ojos, por haber gustado un poco de miel.

30 "¿Cuánto más si el pueblo hubiera hoy comido del despojo de sus enemigos? No se habría hecho mayor estrago en los filisteos?"

31 Y aquel día hirieron a los filisteos desde Micmás hasta Ajalón, pero el ejército se cansó mucho.

32 Por tanto, el pueblo se lanzó al despojo, tomaron ovejas, vacas y becerros; los mataron en tierra, y comieron con sangre.

33 Avisaron a Saúl: "El pueblo peca contra el Eterno comiendo con sangre". Y él dijo: "Vosotros habéis prevaricado. Rodad acá una piedra grande".

34 Y Saúl volvió a decir: "Esparcíos por el pueblo, y decidles que traigan cada uno su vaca o su oveja, y degolladlas aquí, y comed. Así, no pecaréis contra el Eterno comiendo con sangre". Y el pueblo trajo cada cual su vaca aquella noche, y degollaron allí.

35 Y Saúl edificó un altar al Eterno, el primero que le edificó.

36 Y dijo Saúl: "Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos a ninguno de ellos". Ellos respondieron: "Haz lo que bien te parezca". Entonces dijo el sacerdote. "Lleguemonos aquí a Dios".

37 Saúl consultó: "¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?" Pero el Eterno no le respondió ese día.

38 Entonces Saúl dijo: "Acercaos aquí todos los principales del pueblo, y ved qué pecado se cometió hoy.

39 "Vive el Eterno que salva a Israel, que si fuera en mi hijo Jonatán, de cierto ha de morir". Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiera.

40 Entonces dijo a todo Israel: "Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán al otro lado". Y el pueblo respondió a Saúl: "Haz lo que bien te parezca".

41 Entonces dijo Saúl al Eterno: "Dame la respuesta correcta". Y el sorteo señaló a Jonatán y Saúl, y el pueblo quedó libre.

42 Saúl agregó: "Echad suerte entre mí y Jonatán". Y fue tomado Jonatán.

43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: "Dime qué has hecho". Y Jonatán le dijo: "Es cierto que con la punta de la vara que traía en mi mano, gusté un poco de miel. Y aquí estoy, dispuesto a morir".

44 Saúl respondió: "Que Dios me trate con todo rigor, que sin duda morirás, Jonatán".

45 Pero el pueblo dijo a Saúl: "¿Ha de morir Jonatán, el que consiguió esta gran victoria en Israel? No será así. Vive el Eterno que no ha de caer ni un cabello de su cabeza, pues hoy ha obrado con Dios". Así, el pueblo libró a Jonatán de la muerte.

46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos, y los filisteos se fueron a su lugar.

47 Después que Saúl asumió el reinado sobre Israel, luchó contra todos sus enemigos de alrededor: contra Moab, Amón, Edom, los reyes de Soba y los filisteos. Y dondequiera que iba, salía vencedor.

48 Luchó con valentía, y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de sus saqueadores.

49 Los hijos de Saúl fueron: Jonatán, Isúi y Melquisúa. El nombre de sus hijas, la mayor Merab, y la menor Mical.

50 El nombre de la esposa de Saúl era Ahinoam hija de Ahimaas. Y el general de su ejército era Abner hijo de Ner, tío de Saúl.

51 Porque Cis padre de Saúl y Ner padre de Abner eran hijos de Abiel.

52 Y la guerra fue encarnizada contra los filisteos, todo el tiempo de Saúl. Al que Saúl veía hombre valiente y esforzado, lo agregaba a sus filas.

15

1 Samuel dijo a Saúl: "El Eterno me envió a que te ungiera rey de su pueblo Israel. Oye, pues, la palabra del Eterno.

2 "Así dice el Eterno Todopoderoso: 'Voy a castigar lo que hizo amalec a Israel, que se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto'.

3 "Ve, pues, hiere a Amalec y destruye todo lo que tiene. No te apiades de él. Mata a hombres y mujeres, niños y bebés, vacas y ovejas, camellos y asnos".

4 Saúl juntó al pueblo y lo revistó en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.

5 Y Saúl fue a la ciudad de Amalec, y puso emboscada en el valle.

6 Dijo Saúl a los ceneos: "Apartaos y salid de entre los amalecitas, para que no los destruya con ellos; pues tú hiciste misericordia con los israelitas, cuando subían de Egipto". Y los ceneos se apartaron de Amalec.

7 Y Saúl hirió a Amalec desde Havilá hasta Shur, frente a la frontera de Egipto.

8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, y a todo el pueblo mató a filo de espada.

9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, lo mejor de las ovejas, el ganado mayor, los gordos y a los carneros. No quisieron destruir todo lo bueno. Destruyeron sólo lo que era vil y flaco.

10 El Eterno dijo a Samuel:

11 "Me pesa haber puesto por rey a Saúl porque me ha abandonado, y no ha cumplido mis palabras". Y Samuel se entristeció, y clamó al Eterno toda esa noche.

12 Al día siguiente, Samuel madrugó para ir a encontrar a Saúl. Pero le dijeron: "Saúl se ha ido a Carmel, y levantó un monumento en su honor; y después volvió y se fue a Gilgal".

13 Samuel se presentó a Saúl, y Saúl le dijo: "Bendito seas del Eterno. He cumplido la palabra del Señor".

14 Samuel entonces respondió: "Pues, ¿qué es ese balido de ovejas y mugido de bueyes que oigo?"

15 Saúl respondió: "De Amalec los han traído. El pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas al Eterno tu Dios. Pero lo demás lo destruimos".

16 Entonces Samuel dijo a Saúl: "Basta ya. Deja que te declare lo que el Eterno me dijo esta noche". El respondió: "Di".

17 Y Samuel le dijo: "Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido ungido jefe de las tribus de Israel y rey de Israel?"

18 "Y el Eterno te envió en misión, diciéndote: 'Ve y destruye a los pecadores de Amalec, y combátelos hasta acabarlos'.

19 "¿Por qué no obedeciste la voz del Eterno, sino que te has lanzado al despojo, y has hecho lo malo ante sus ojos?"

20 Saúl respondió a Samuel: "Antes obedecí la voz del Eterno. Fui por el camino que mandó, traje a Agag rey de Amalec, y destruí a los amalecitas.

21 "Pero el pueblo tomó las ovejas y vacas del despojo, lo mejor de lo destinado a la destrucción, para sacrificarlas al Eterno tu Dios, en Gilgal".

22 Pero Samuel replicó: "¿Se complace tanto el Eterno en holocaustos y víctimas como en la obediencia a su Palabra? El obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención mejor que la grasa de los carneros.

23 Porque la rebeldía es como pecado de adivinación, y la obstinación como ídolos e idolatría. Por cuanto tú desechaste la Palabra del Eterno, él te ha desechado para que no seas rey".

24 Entonces Saúl dijo a Samuel: "He Pecado. He quebrantado la orden del Eterno y tus palabras, porque temí al pueblo, y consentí a la voz de ellos. Perdona ahora mi Pecado,

25 "y vuelve conmigo para que adore al Eterno".

26 Samuel respondió a Saúl: "No volveré contigo por cuanto desechaste la Palabra del eterno, él te ha desechado para que no seas rey en Israel".

27 Y cuando Samuel se volvió para irse, Saúl echó mano de la orla de su capa, y se rasgó.

28 Entonces Samuel le dijo: "El Eterno ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a tu prójimo mejor que tú.

29 "Dios, que es la gloria de Israel, no miente, ni se arrepiente. No es hombre para que se arrepienta".

30 Saúl suplicó: "He pecado, pero te ruego que me honres ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel, que vuelvas conmigo para que adore al Eterno tu Dios".

31 Y Samuel volvió con Saúl, y éste adoró al Eterno.

32 Después dijo Samuel: "Traed a Agag rey de Amalec". Y Agag vino confiadamente, pensando: "De seguro, ya pasó la amargura de la muerte".

33 Samuel dijo: "Como tu espada dejó las mujeres sin hijos, así tu madre quedará sin hijo entre las mujeres". Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag, ante el Eterno en Gilgal.

34 Después Samuel se fue a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.

35 Y Samuel nunca más vio a Saúl en toda su vida. Y Samuel lloraba a Saúl, pero al Eterno le pesó haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.

16

1 Entonces el Señor dijo a Samuel: "¿Hasta cuándo has de llorar a Saúl, habiéndole yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey".

2 Dijo Samuel: "¿Cómo iré? Si se entera Saúl, me matará". El Eterno respondió: "Lleva contigo una ternera, y dirás: "A sacrificar al Eterno he venido.

3 "Llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer. Y ungirás al que te diga".

4 Y Samuel hizo como le dijo el Señor. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirlo con miedo, y preguntaron: "¿Es pacífica tu venida?"

5 El respondió: "Sí, vengo a ofrecer un sacrificio al Eterno, Santificaos y venid conmigo al sacrificio". Santificó también a Isaí y a sus hijos, y los llamó al sacrificio.

6 Cuando ellos vinieron, Samuel vio a Eliab, y pensó: "De cierto ante el Eterno está su ungido".

7 Pero el Señor respondió a Samuel: "No mires su parecer, ni su gran estatura, porque yo lo desecho. Porque el Eterno no mira lo que el hombre mira. El hombre mira lo que está ante sus ojos, pero el Señor mira el corazón".

8 Entonces Isaí llamó a Abinadab, y lo hizo pasar ante Samuel, quien dijo: "Ni a éste ha elegido el Eterno".

9 Luego Isaí presentó a Sama. Y Samuel dijo: "Tampoco a éste ha elegido el Eterno".

10 Isaí presentó a sus siete hijos ante Samuel. Y dijo Samuel a Isaí: "El Señor no ha elegido a éstos".

11 Entonces Samuel preguntó a Isaí: "¿Se acabaron tus hijos?" El respondió: "Aún queda el menor, que apacienta las ovejas". Dijo Samuel: "Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga".

12 Envió, pues, por él, y vino. Era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia. Entonces el Eterno dijo: "Levántate, úngelo, que éste es.

13 Y Samuel tomó el cuerno de aceite, y lo ungió de entre sus hermanos. Y desde aquel día, el Espíritu del Eterno vino con poder sobre David. Después Samuel se levantó y volvió a Ramá.

14 El Espíritu del Eterno se había retirado de Saúl, y un mal espíritu de parte del Señor lo atormentaba.

15 Entonces los criados de Saúl le dijeron: "Ya que un espíritu malo de parte de Dios te atormenta,

16 "diga nuestro señor a tus siervos que están ante ti, que busquen a alguien que sepa tocar el arpa, para que cuando venga sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque y tengas alivio".

17 Y Saúl dijo a sus criados: "Buscad a alguien que toque bien y traedlo".

18 Entonces uno de los criados respondió: "He visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar. Y es valiente, vigoroso y hombre de guerra. Es de hermosa presencia, prudente en sus palabras, y el Eterno está con él".

19 Saúl envió mensajeros a Isaí, para decirle: "Envíame a tu hijo David, que está con las ovejas".

20 Isaí tomó un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y los envió a Saúl por mano de su hijo David.

21 David se presentó a Saúl, y quedó con él. Y Saúl le cobró afecto, y lo nombró su escudero.

22 Y Saúl envió a decir a Isaí: "Te ruego que David quede conmigo, porque me ha caído en gracia".

23 Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David le tocaba el arpa, y Saúl se sentía aliviado y mejor, y el mal espíritu se apartaba de él.

17

1 Un día, los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra. Se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes Damim.

2 También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, acamparon en el valle de Ela, y ordenaron la batalla contra los filisteos.

3 Los filisteos estaban sobre un monte de un lado, e Israel estaba sobre el otro monte del otro lado, y el valle entre ellos.

4 Entonces salió del campamento filisteo un campeón llamado Goliat, de Gat, que tenía seis codos y un palmo de altura (3 mts).

5 Traía en su cabeza un casco de bronce, y vestía una cota de malla que pesaba cinco mil siclos de bronce (55 kgs).

6 Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y una jabalina al hombro.

7 El asta de su lanza era como un rodillo de telar, la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos (6 kgs). Y su escudero iba delante de él.

8 Se paró ante los escuadrones de Israel, y les gritó: "¿Para qué salís a librar batalla? ¿No soy yo filisteo y vosotros siervos de Saúl? Elegid entre vosotros un hombre que venga contra mí.

9 "Si él puede pelear conmigo y vencerme, nosotros seremos vuestros siervos. Y si yo lo venzo y lo mato, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis".

10 Y agregó el filisteo: "Hoy desafío las filas de Israel. Dadme un hombre que pelee conmigo".

11 Cuando Saúl y todo Israel oyeron las palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron mucho miedo.

12 David era hijo de aquel efrateo de Belén de Judá, llamado Isaí, que tenía ocho hijos. En el tiempo de Saúl este hombre era anciano, de gran edad.

13 Los tres hijos mayores de Isaí habían ido a la guerra en pos de Saúl. Eran Eliab, Abinadab y Sama;

14 y David era el menor. Los tres mayores siguieron, pues, a Saúl.

15 Pero David iba con Saúl, y volvía para apacentar las ovejas de su padre en Belén.

16 Y aquel filisteo venía por la mañana y por la tarde. Así se presentó durante cuarenta días.

17 Un día Isaí dijo a su hijo David: "Toma para tus hermanos un efa de este grano tostado (20 kgs) y estos diez panes, y llévalos presto al campamento a tus hermanos.

18 "Lleva también estos diez quesos de leche al capitán. Cuida de ver si tus hermanos están bien, y tráeme prenda de ellos.

19 "Están con Saúl, con Israel, en el valle de Ela, peleando con los filisteos".

20 David se levantó de mañana, dejó las ovejas al cuidado de un guarda, y se fue con su carga, como Isaí lo había mandado. Llegó al campamento cuando el ejército salía en orden de batalla, lanzando gritos de combate.

21 Los israelitas y los filisteos se pusieron en orden, escuadrón contra escuadrón.

22 Entonces David dejó la carga en manos del guarda del bagaje, y corrió al escuadrón, y preguntó por sus hermanos si estaban bien.

23 Mientras hablaba con ellos, salió Goliat, el filisteo de Gat, y habló las mismas palabras, y David las oyó.

24 Todos los varones de Israel que veían a ese hombre, huían de él con temor.

25 Y cada israelita decía: "¿Habéis visto a ese hombre que se adelanta a provocar a Israel? Al que lo venza, el rey le dará grandes riquezas, le dará su hija, y librará de impuestos la casa de su padre".

26 Entonces David preguntó a los que estaban junto a él: "¿Qué harán al hombre que venza a ese filisteo y quite la ofensa de Israel? Porque, ¿quién es ese filisteo incircunciso, para provocar a los escuadrones del Dios viviente?"

27 Y le respondieron las mismas palabras, diciendo que eso harían al hombre que lo venciera.

28 Cuando Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con aquellos hombres, se airó con David, Y le dijo: "¿Para qué has venido acá? ¿A quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido".

29 David respondió: "¿Qué hice yo ahora? ¿No puedo hablar siquiera?"

30 Y se apartó de él hacia otros. Preguntó lo mismo, y la gente le dio la misma respuesta.

31 Algunos que oyeron las palabras de David, las contaron a Saúl, y él lo mandó llamar.

32 Y dijo David a Saúl: "No desmaye ninguno a causa de él. Tu siervo irá, y peleará con ese filisteo".

33 Saúl dijo a David: "Tú no podrás pelear con ese filisteo, porque tú eres joven, y él un hombre de guerra desde su juventud".

34 David respondió a Saúl: "Tu siervo era pastor de ovejas de su padre, y cuando venía un león o un oso, y tomaba algún cordero de la manada,

35 "yo salía tras él, lo hería, y lo libraba de su boca. Y si se levantaba contra mí, yo echaba mano de la quijada, lo hería y lo mataba.

36 "Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba. Y ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente".

37 Y David añadió: "El Eterno, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de la mano de ese filisteo". Dijo Saúl a David: "Ve, y el Eterno sea contigo".

38 Y Saúl vistió a David con su ropa, puso sobre su cabeza un casco de bronce, y lo armó de coraza.

39 David se ciñó la espada sobre sus vestidos, y probó de andar, porque nunca había probado. Y dijo David a Saúl: "Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué". Y se quitó ese equipo de encima.

40 David tomó su cayado, eligió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en su bolsa pastoril. Y con la honda en su mano fue hacia el filisteo.

41 El filisteo vino acercándose a David, y su escudero delante de él.

42 Cuando el filisteo vio a David, lo tuvo en poco; porque era joven, rubio y de hermoso parecer.

43 Y el filisteo dijo a David: "¿Acaso soy un perro para que vengas a mí con palos?" Y maldijo a David por sus dioses.

44 Luego agregó el filisteo: "Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo".

45 Entonces dijo David al filisteo: "Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Eterno Todopoderoso, el Dios de los escuadrones de Israel, que tú has provocado.

46 "El Eterno te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré. Cortaré tu cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.

47 "Y toda esta multitud sabrá que el Eterno no salva con espada y lanza, porque ésta es una guerra del Eterno, y él os entregará en nuestras manos".

48 Y cuando el filisteo se acercó para atacar a David, David corrió hacia él.

49 Sacó una piedra de su bolsa, la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente. Y la piedra quedó hincada en la frente del filisteo, que cayó en tierra sobre su rostro.

50 Así venció David al filisteo con honda y piedra. Lo hirió y lo mató sin tener David espada en su mano.

51 Entonces David corrió, tomó la espada de él, lo mató, y le cortó la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron.

52 Entonces se levantaron los de Israel y los de Judá, dieron grita, y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y los filisteos cayeron heridos por el camino de Saraim. hasta Gat y Ecrón.

53 Y los israelitas volvieron de seguir a los filisteos, y despojaron su campamento.

54 Y David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, pero puso las armas del gigante muerto en su propia tienda.

55 Cuando Saúl vio que salía a encontrarse con el filisteo, preguntó a Abner general del ejército: "Abner, ¿de quién es hijo ese joven? Abner respondió:

56 "Por tu vida, oh rey, que no sé". Y el rey le dijo: "Pregunta, pues, de quién es hijo ese joven".

57 Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo llevó ante Saúl, mientras llevaba la cabeza del filisteo en su mano.

58 Saúl le preguntó: "Joven, ¿de quién eres hijo?" David respondió: "Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén".

18

1 Cuando David terminó de hablar con Saúl, Jonatán se sintió ligado a David, y lo amó como a sí mismo.

2 Aquel día Saúl lo retuvo, y no lo dejó volver a casa de su padre.

3 Y Jonatán concertó alianza con David, porque lo quería como a sí mismo.

4 Y Jonatán se quitó la ropa que tenía sobre sí, y se la dio a David, y otras ropas suyas; hasta su espada, su arco y su cinturón.

5 Y David salía adondequiera que Saúl lo enviaba, y se portaba con prudencia. Por tanto, Saúl lo nombró capitán de gente de guerra, y David era acepto a los ojos de todo el pueblo y de los siervos de Saúl.

6 Cuando David había vuelto de matar al filisteo, habían salido las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando, con danzas y panderos, con alegrías y sonajas a recibir al rey Saúl.

7 Y las mujeres danzaban y decían: "Saúl hirió sus miles, y David sus diez miles".

8 Y Saúl se disgustó en gran manera. Ese dicho le desagradó, pues decía: "A David le dieron diez miles y a mí miles. No le falta más que el reino".

9 Desde aquel día Saúl miró de través a David.

10 Al día siguiente, el espíritu malo de parte de Dios vino sobre Saúl, y desvariaba en su casa con trasportes de profeta. Como los otros días David tañía el arpa. Saúl tenía una lanza en su mano,

11 y le arrojó la lanza, pensando: "Clavaré a David en la pared". Y dos veces David se apartó de él.

12 Y Saúl temía a David, porque el Eterno estaba con él, y se había retirado de Saúl.

13 Por eso Saúl apartó a David de su lado, y lo nombró capitán de mil. Y David salía y entraba al frente de sus tropas;

14 y se conducía con prudencia en todos sus asuntos, y el Señor estaba con él.

15 Y Saúl, al ver que David se portaba tan prudentemente, le tenía temor.

16 Pero todo Israel y Judá amaban a David, porque salía y entraba ante ellos.

17 Un día Saúl dijo a David: "Te daré a Merab, mi hija mayor por esposa, con tal que seas valiente, y hagas las guerras del Eterno". Saúl pensaba: "No será mi mano contra él, sino la mano de los filisteos".

18 Pero David respondió a Saúl: "¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para que sea yerno del rey?"

19 Cuando llegó el tiempo en que Merab hija de Saúl, se había de dar a David, fue dada por esposa a Adriel meholatita.

20 Pero Mical, la otra hija de Saúl, amaba a David. Y cuando se lo dijeron a Saúl, le agradó saberlo.

21 Y Saúl pensó: "Se la daré para que le sea un lazo, para que la mano de los filisteos sea contra él". Dijo, pues, Saúl a David por segunda vez: "Tú serás mi yerno hoy".

22 Y Saúl mandó a sus siervos: "Hablad en secreto a David. y decidle: 'El rey te ama, y todos sus siervos te quieren bien. Sé, pues, yerno del rey"'.

23 Los siervos de Saúl hablaron esas palabras a David. Y él les dijo: "¿Os parece poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima?"

24 Los siervos de Saúl le dieron la respuesta de David.

25 Y Saúl dijo: "Decid a David: 'El rey no quiere dote alguna, sino cien prepucios de filisteos, para tomar venganza de los enemigos del rey"'. Pero Saúl pensaba echar a David en manos de los filisteos.

26 Cuando sus siervos contaron a David esas palabras, a él le agradó llegar a ser yerno del rey. Y como el plazo no se había cumplido aún,

27 David partió con su gente, hirió a doscientos filisteos, y trajo sus prepucios, que entregaron al rey, para que él llegara a ser su yerno. Y Saúl le dio su hija Mical por esposa.

28 Pero al ver Saúl que el Eterno estaba con David, y que su hija Mical lo amaba,

29 temió aún más a David, y fue su enemigo durante toda su vida.

30 Cada vez que los príncipes filisteos salían en batalla. David tenía más éxito que todos los siervos de Saúl, por lo que su nombre llegó a ser muy estimado.

19

1 Saúl habló a su hijo Jonatán y a todos sus criados, para que matasen a David. Pero Jonatán hijo de Saúl tenía gran afecto por David.

2 Y avisó a David. Le dijo: "Saúl mi padre procura matarte. Por tanto, cuídate hasta la mañana; retírate a un lugar oculto y escóndete.

3 "Yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde tú estés. Hablaré de ti a mi padre, y te avisaré".

4 Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre. Le dijo: "No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa ha cometido contra ti, antes sus obras te han sido muy buenas.

5 "Expuso su vida cuando mató al filisteo, y el Eterno dio una gran salvación a todo Israel. Tú lo viste y te alegraste. ¿Por qué, pues, pecarás contra la sangre inocente, matando a David sin causa?"

6 Y Saúl escuchó la voz de Jonatán y juró: "Vive el Eterno, que David no morirá".

7 Entonces Jonatán llamó a David, le comunicó esas palabras. Después, él mismo presentó a David ante Saúl, y se quedó a su servicio como antes.

8 Después, de nuevo hubo guerra, y David salió y peleó contra los filisteos con gran estrago, y huyeron ante él.

9 Pero el espíritu malo de parte del Eterno volvió sobre Saúl, cuando estaba en su casa con una lanza en su mano, mientras David le tocaba el arpa.

10 Y Saúl procuró clavar a David con la lanza en la pared. Pero él esquivó el golpe de Saúl, que hirió la pared. Y esa noche David huyó.

11 Saúl envió mensajeros a casa de David para que lo vigilaran y lo mataran a la mañana. Pero Mical su esposa avisó a David. Le dijo: "Si no salvas tu vida esta noche, mañana serás muerto".

12 Entonces Mical descolgó a David por una ventana. Y él huyó y se puso a salvo.

13 Luego Mical tomó una estatua, la puso sobre la cama, le acomodó una almohada de pelos de cabra, y la cubrió con ropa.

14 Y cuando Saúl envió mensajeros que apresaran a David, ella respondió: "Está enfermo".

15 Saúl volvió a enviar mensajeros para que viesen a David, y les dijo: "Traedlo en la cama para que yo lo mate".

16 Cuando los mensajeros entraron, vieron la estatua en la cama, y la almohada de pelos de cabra por cabecera.

17 Entonces Saúl dijo a Mical: "¿Por qué me has engañado, y has dejado escapar a mi enemigo?" Mical respondió: "Porque él me dijo: 'Déjame salir; si no, te mato"'.

18 Así, David huyó y fue a Samuel en Ramá, y le contó todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y habitaron en Naiot.

19 Avisaron a Saúl que David estaba en Naiot, en Ramá.

20 Saúl envió mensajeros que trajesen a David. Los mensajeros vieron una compañía de profetas que estaban profetizando, y a Samuel que los presidía. Y el Espíritu de Dios vino sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron.

21 Cuando Saúl lo supo, envió a otros mensajeros, que también profetizaron. Saúl volvió a enviar mensajeros por tercera vez, y éstos también profetizaron.

22 Entonces él mismo fue a Ramá. Y al llegar al pozo grande que está en Soco, preguntó: "¿Dónde están Samuel y David?" Le respondieron. "En Naiot en Ramá".

23 Cuando Saúl fue a Naiot, el Espíritu de Dios vino también sobre él y fue profetizando hasta que llegó a Naiot en Ramá.

24 Y él también se quitó su túnica y profetizó ante Samuel. Y quedó postrado todo aquel día y toda aquella noche. De ahí que se dice: "¿Saúl también entre los profetas?"

20

1 Entonces David huyó de Naiot en Ramá, fue ante Jonatán y le dijo: "¿Qué hice yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál es mi pecado contra tu padre, que busca mi vida?"

2 Jonatán le contestó: "¡De ninguna manera! ¡No morirás! Mi padre ninguna cosa hace, ni grande ni pequeña, que no me la descubra. ¿Por qué me ocultará este asunto? No será así".

3 Pero David juró: "Tu padre sabe claramente que yo hallé gracia ante ti, y dirá: 'No sepa esto Jonatán, para que no tenga pesar'. Y tan cierto como el Eterno vive y tú vives, que apenas hay un paso entre mí y la muerte".

4 Jonatán preguntó a David: "¿Qué deseas que yo haga, y lo haré por ti?"

5 David respondió: "Mañana es nueva luna, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer. Pero tú dejarás que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer día.

6 "Si tu padre me menciona, dirás: 'Me rogó mucho que lo dejase ir a Belén su ciudad, porque su familia tiene el sacrificio anual'.

7 "Si él te dijera: 'Bien está'. Tu siervo tendrá paz. Pero si se enojara, sabrás que el mal está decidido en él.

8 "Tendrás, pues, misericordia de tu siervo, ya que me hiciste entrar en alianza del Eterno contigo. Y si hay maldad en mí, mátame tú, que no hay necesidad de llevarme hasta tu padre".

9 Jonatán dijo: "¡Nunca tal te suceda! Antes, si yo entiendo que mi padre ha determinado el mal contra ti, te avisaré".

10 Entonces David preguntó: "¿Quién me avisará si tu padre te responde ásperamente?"

11 Jonatán respondió a David: "Ven, salgamos al campo". Y salieron los dos al campo.

12 Entonces dijo Jonatán: "Por el Eterno, el Dios de Israel, te juro que mañana o pasado mañana a esta hora, sondearé a mi padre. Si hay algo favorable para ti, te avisaré.

13 "Pero si mi padre intenta dañarte, que el Eterno me trate con todo rigor, si no te aviso para que vayas en paz. Y esté el Señor contigo, como estuvo con mi padre.

14 "Y si yo viviera, usa conmigo la bondad del Eterno para que no muera.

15 "No quitarás tu bondad de mi casa para siempre. Cuando el Eterno haya cortado de la tierra, uno por uno a los enemigos de David, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David".

16 Así, Jonatán confirmó su alianza con la casa de David, diciendo: "Requiéralo el Eterno de los enemigos de David".

17 Y Jonatán volvió a jurar a David, porque lo amaba, porque lo amaba como a sí mismo.

18 Luego Jonatán le dijo: "Mañana es nueva luna, y tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío.

19 "Estarás, pues, tres días, y después descenderás, y vendrás al lugar donde estabas escondido el día en que esta dificultad empezó, y esperarás junto a la piedra de Ezel.

20 "Yo tiraré tres saetas hacia ese lado, como ejercitándome al blanco.

21 "Luego enviaré al criado a buscar las saetas. Si le digo: 'Las saetas están más acá de ti', tú vendrás, porque tienes paz, y nada hay que temer.

22 "Pero si digo al mozo: 'Las saetas están más allá de ti', vete, porque el Eterno te envía.

23 "Y de lo que tú y yo hemos hablado, el Eterno sea entre nosotros dos para siempre".

24 David, pues, se escondió en el campo. Y en la fiesta de la nueva luna, el rey se sentó a comer.

25 Se sentó en su silla, como solía, en el asiento junto a la pared. Jonatán se sentó frente a él. Abner al lado de Saúl, y el lugar de David estaba vacío.

26 Aquel día Saúl no dijo nada, porque pensó que le habría sucedido algo y no estaría limpio no estaría purificado.

27 Al día siguiente, el segundo día de la nueva luna, el asiento de David seguía vacío. Y Saúl dijo a Jonatán su hijo: "¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Isaí hoy ni ayer?"

28 Jonatán respondió a Saúl: "David me pidió encarecidamente que lo dejase ir a Belén.

29 "Dijo:'Te ruego que me dejes ir, porque los de nuestra familia tenemos sacrificio en la ciudad. Mi hermano mismo me lo mandó. Por tanto, si he hallado gracia en tus ojos, permíteme visitar a mis hermanos'. Por eso no ha venido a la mesa del rey".

30 Entonces Saúl se airó con Jonatán, y le dijo: "Hijo de la perversa y rebelde, ¿no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para tu confusión, y la confusión y vergüenza de tu madre?

31 "Todo el tiempo que el hijo de Isaí viva sobre la tierra, ni tú serás firme, ni tu reino. Envía, pues, y tráelo, porque ha de morir".

32 Jonatán preguntó a su padre: "¿Por qué ha de morir? ¿Qué mal ha cometido?"

33 Entonces Saúl le arrojó una lanza para herirlo. De donde Jonatán entendió que su padre estaba resuelto a matar a David.

34 Y Jonatán se levantó de la mesa con exaltada ira, y no comió el segundo día de la nueva luna, porque estaba apenado por David, porque su padre lo había afrentado.

35 Al otro día de mañana, Jonatán salió al campo, al tiempo convenido con David, y un jovencito con él.

36 Dijo al muchacho: "Corre y busca las saetas que voy a tirar". Y cuando el muchacho iba corriendo, él tiró la saeta más allá de él.

37 Y cuando el muchacho se acercó a donde estaba la saeta, Jonatán le gritó: "¿No está la saeta más allá de ti?"

38 Y volvió a gritar al muchacho: "Date prisa, aligera, no te pares". Y el muchacho levantó las saetas, y vino a su señor.

39 Pero el joven nada entendió, sólo Jonatán y David entendieron.

40 Luego Jonatán dio sus armas al joven, y le dijo: "Ve, llévalas a la ciudad".

41 Después que el muchacho se hubo ido, se levantó David del lado sur, y se inclinó tres veces a tierra. Luego se besaron y lloraron, aunque David lloró más.

42 Y Jonatán dijo a David: "Vete en paz, que ambos hemos jurado por el nombre del Señor, diciendo: 'El Eterno sea entre mí y ti, entre mis descendientes y los tuyos, para siempre"'.(43) Entonces David se levantó y se fue, y Jonatán volvió a la ciudad.

21

1 Y David fue a Nob, al sacerdote Ahimélec; quien al verlo se sorprendió, y le dijo: "¿Cómo tú solo, y nadie contigo?"

2 David respondió al sacerdote Ahimélec: "El rey me encomendó un encargo, y me dijo: 'Nadie sepa a qué te envío, ni lo que te he mandado'. Y yo señalé a los criados cierto lugar.

3 "Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes o lo que tengas".

4 El sacerdote respondió: "No tengo pan común a mano. Sólo el pan sagrado. Pero te lo daré si los criados se han guardado de mujeres".

5 Replicó David: "Como siempre que salgo en campaña, las mujeres nos han sido prohibidas desde anteayer cuando salí. Y el cuerpo de los jóvenes estaba limpio, aunque la misión es profana. Cuanto más estarán limpios hoy".

6 Así, el sacerdote le dio el pan sagrado, porque no había otro pan que el de la Presencia, que había sido quitado para poner pan caliente, el día en que los otros fueron quitados.

7 Aquel día estaba allí detenido ante el Eterno, un siervo llamado Doeg, edomita, principal de los pastores de Saúl.

8 David preguntó también a Ahimélec: "¿Tienes a mano lanza o espada? Porque no tomé al salir mi espada ni mis armas, por cuanto la orden del rey era apremiante".

9 El sacerdote respondió: "La espada de Goliat el filisteo, que tú venciste en el valle de Ela, está aquí, envuelta en un velo, detrás del efod. Si quieres, tómala, porque aquí no hay otra". Dijo David: "Ninguna mejor que ella, dámela".

10 David, pues, se levantó aquel día, huyó de la presencia de Saúl, y se fue a Aquís rey de Gat.

11 Los siervos de Aquís, le dijeron: "¿No es éste David, el rey del país? ¿No es éste de quien cantaban en las danzas: 'Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles?"'.

12 David meditó en esas palabras, y tuvo gran temor de Aquís rey de Gat.

13 Cambió de conducta ante ellos, y se fingió loco. Escribía en las portadas y dejaba correr su saliva por la barba.

14 Y Aquís dijo a sus siervos: "Estáis viendo a un demente. ¿Por qué lo habéis traído?

15 ¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído a éste que hiciese de loco ante mí? ¿Había de venir éste a mi casa?"

22

1 David se fue de allí, y escapó a la cueva de Adulam. Cuando lo supieron sus hermanos y la casa de su padre, fueron a él.

2 Y se juntaron con él los afligidos, los endeudados y los descontentos, y fue jefe de ellos. Tuvo consigo como cuatrocientos hombres.

3 De allí David se fue a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: "Te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa qué hará Dios de mí".

4 Los trajo a la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en la fortaleza.

5 Pero el profeta Gad dijo a David: "No te quedes en esta fortaleza. Sal y vete a tierra de Judá". Y David se fue al bosque de Haret.

6 Saúl oyó que David y sus hombres habían sido descubiertos. Entonces Saúl estaba en Gabaa, debajo de un tamarindo, con su lanza en la mano, y sus siervos alrededor de él.

7 Y dijo Saúl a sus servidores que lo rodeaban: "Oíd, hijos de Benjamín, ¿os dará a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos tribunos y centuriones;

8 "para que todos os hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me descubra la alianza mi hijo con el hijo de Isaí, ni haya entre vosotros quien se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, según hace hoy?"

9 Entonces Doeg edomita, que era superior entre los servidores de Saúl, dijo: "Yo vi al hijo de Isaí que fue a Nob, a Ahimélec hijo de Ahitob.

10 "Quien consultó por él al Eterno, y le dio provisión, y también le dio la espada de Goliat el filisteo".

11 El rey envió por el sacerdote Ahimélec hijo de Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob. Y todos vinieron ante el rey.

12 Y Saúl le dijo: "Oye hijo de Ahitob". Y él dijo: "Aquí estoy, señor mío"

13 Y Saúl le dijo: "¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levante contra mí y me aceche, como lo hace ahora?"

14 Entonces Ahimélec respondió al rey: "¿Y quién de entre todos tus servidores es tan fiel como David, yerno además del rey, que cumple tus órdenes, y es ilustre en tu casa?

15 "¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Lejos sea de mí. No atribuya el rey cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este asunto, ni mucho ni poco".

16 Pero el rey dijo: "Sin duda morirás, Ahimélec, tú y toda la casa de tu padre".

17 Entonces el rey ordenó a los guardas que estaban a su lado: "Cercad y matad a los sacerdotes del Eterno, porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo que huía, no me lo descubrieron". Pero los servidores del rey no quisieron extender sus manos contra los sacerdotes del Eterno.

18 Entonces dijo a Doeg: "Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes". Y Doeg edomita arremetió contra los sacerdotes, y mató en ese día a 85 varones que vestían efod de lino.

19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, pasó a espada, así a hombres como a mujeres, niños y bebés, bueyes, asnos y ovejas.

20 Pero uno de los hijos de Ahimélec, hijo de Ahitob, llamado Abiatar, escapó y huyó a David.

21 Abiatar avisó a David que Saúl había muerto a los sacerdotes del Eterno.

22 Y dijo David a Abiatar: "Yo sabía que estando allí aquel día Doeg edomita, lo iba a contar a Saúl. Yo he ocasionado la muerte de todas las personas de la casa de tu padre.

23 "Quédate conmigo, y no temas. Quien busque tu vida, buscará también la mía. Conmigo estarás bien guardado".

23

1 Avisaron a David que los filisteos combatían a Keila, y robaban las eras.

2 Entonces David consultó al Eterno: "¿Iré a combatir a esos filisteos?" Y el Eterno respondió: "Ve, hiere a los filisteos, y libra a Keila".

3 Pero los que estaban con David le dijeron: "Aquí en Judá estamos con miedo, ¿cuánto más si fuéramos a Keila contra el ejército filisteo?"

4 Entonces David volvió a consultar al Eterno. Y el Señor respondió: "Desciende a Keila, que yo entregaré a los filisteos en tus manos".

5 Partió, pues, David con sus hombres a Keila. Peleó contra los filisteos, y trajo su ganado. Les causó una gran derrota, y libró a los de Keila.

6 Cuando Abiatar hijo de Ahimélec, fue con David a Keila, llevó el efod consigo.

7 Y avisaron a Saúl que David había ido a Keila. Entonces dijo Saúl: "Dios lo ha traído a mis manos, porque está encerrado, habiendo entrado en ciudad con puertas y cerraduras".

8 Y Saúl convocó a todo el pueblo a la batalla, para descender a Keila, y cercar a David y los suyos.

9 Pero cuando David supo que Saúl ideaba el mal contra él, dijo al sacerdote Abiatar: "Trae el efod".

10 Y David preguntó: "Oh Señor, Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por mi causa.

11 "¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl como ha oído tu siervo? Oh, Eterno Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo". El Eterno respondió: "Sí, descenderá".

12 Entonces David preguntó: "¿Me entregarán los vecinos de Keila a mi y a mis hombres en manos de Saúl?" Y el Eterno respondió: "Te entregarán".

13 Entonces David se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos. Salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Cuando Saúl supo que David se había ido de Keila, dejó de salir.

14 David se quedó en los refugios del desierto, en el monte del desierto de Zif. Saúl lo buscaba todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.

15 Al ver David que Saúl había salido en busca de su vida, se quedó en el bosque, en el desierto de Zif.

16 Entonces Jonatán hijo de Saúl fue al bosque, a visitar a David, y fortaleció su mano en Dios.

17 Le dijo: "No temas, que mi padre no te hallará Y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti. Y aun Saúl mi padre lo sabe".

18 Y los dos hicieron alianza ante el Eterno. Y David se quedó en el bosque, y Jonatán volvió a su casa.

19 Subieron los de Zif a Gabaa, a decir a Saúl: "¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas del bosque, en el collado de Aquila, que está al sur del desierto?

20 "Por tanto, rey, desciende presto, según tu deseo, y nosotros lo entregaremos en la mano del rey".

21 Saúl les dijo: "Benditos seáis vosotros del Eterno, que habéis tenido compasión de mí.

22 "Id, pues, y aseguraos aún más. Conoced su escondite, y quién lo haya visto allí; porque se me ha dicho que es muy astuto.

23 "Descubrid todos los escondrijos donde se oculta, y volved a mí con la información segura, y yo iré con vosotros. Si está en el país, lo buscaré entre todos los millares de Judá".

24 Ellos se levantaron y fueron a Zif antes de Saúl. Pero David y su gente se habían retirado al desierto de Maón, en la llanura, al sur del desierto.

25 Saúl fue con su gente a buscarlo. Pero avisaron a David, y él se fue a la peña del desierto de Maón. Cuando Saúl lo supo, lo siguió al desierto de Maón.

26 Saúl iba por un lado del monte, y David con los suyos por el otro lado. Y David se apresuraba para escapar de Saúl. Pero Saúl y los suyos habían encerrado a David y a su gente para capturarlos.

27 Entonces llegó un mensajero y dijo a Saúl: "Ven en seguida, porque los filisteos han invadido el país".

28 Por tanto, Saúl dejó de perseguir a David, y partió contra los filisteos. Por eso llamaron a aquel lugar Peña de la Separación.

29 Entonces David subió de allí y habitó en las fortalezas de Engadi.

24

1 Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le avisaron que David estaba en el desierto de Engadi.

2 Saúl seleccionó a tres mil hombres de todo Israel, y fue en busca de David y los suyos, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses.

3 Cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, Saúl entró en ella para cubrir sus pies. Y David y los suyos estaban a los lados de la cueva.

4 Entonces los de David le dijeron: "Este es el día que te anunció el Eterno: 'Yo entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te parezca"'. David se levantó, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.

5 Después de esto el corazón de David le golpeaba, por haber cortado el manto de Saúl.

6 Y dijo a los suyos: "Dios me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido del Eterno, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido del Señor".

7 Con esas palabras contuvo David a los suyos, y no les permitió que se levantaran contra Saúl. Y Saúl salió de la cueva, y siguió su camino.

8 También David se levantó después, salió de la cueva, y dio voces a espaldas de Saúl. Le dijo: "¡Mi señor el rey!" Y cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro e hizo reverencia.

9 Y dijo David a Saúl: "¿Por qué oyes a los que dicen que David procura tu mal?

10 "Tus ojos han visto hoy que el Eterno te puso en mis manos en la cueva. Y me dijeron que te matara, pero te perdoné, porque dije: 'No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido del Eterno'.

11 "Mira, padre mío, mira aún la orilla de tu manto en mi mano. Yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Reconoce, pues, que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti. Con todo, tú andas a la caza de mi vida para quitármela.

12 "Juzgue el Eterno entre mí y ti, y tome venganza. Pero mi mano no será contra ti.

13 "Como dice el antiguo proverbio, 'la impiedad sale de los impíos'. Pero mi mano no será contra ti.

14 "¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una pulga.

15 "El Eterno sea el juez, y juzgue entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano".

16 Cuando David acabó de decir estas palabras, Saúl dijo: "¿No es ésta tu voz, hijo mío David?" Y alzó Saúl su voz y lloró.

17 Y dijo a David: "Más justo eres que yo. Me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal.

18 "Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien, pues no me has dado muerte, habiéndome el Eterno puesto en tu mano.

19 "Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? El Señor te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo.

20 "Y ahora, como entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,

21 "júrame ahora por el Eterno que no destruirás mi descendencia después de mí, ni raerás el nombre de la casa de mi padre".

22 Entonces David juró a Saúl. Y Saúl se fue a su casa, y David y los suyos subieron al lugar fuerte.

25

1 Samuel murió, y se juntó todo Israel y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Ramá. Después David se fue al desierto de Parán.

2 En Maón había un hombre que tenía su hacienda en el Carmel. Era muy rico, pues tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas en el Carmel.

3 Ese hombre se llamaba Nabal y su esposa Abigail. Ella era de buen entendimiento y hermosa. Pero el hombre era duro y de malos hechos, aunque era del linaje de Caleb.

4 Supo David en el desierto, que Nabal estaba esquilando sus ovejas.

5 Entonces le envió diez jóvenes y les dijo: "Subid al Carmel e id a ver a Nabal. Saludadlo en mi nombre,

6 "y decidle: '¡La paz sea contigo, con tu familia y con todo cuanto tienes!

7 "'Hace poco supe que tienes esquiladores. Ahora, a tus pastores que han estado con nosotros, nunca les hicimos fuerza, ni les faltó algo en todo el tiempo que han estado en el Carmel.

8 "'Pregunta a tus criados y ellos te lo dirán. Por tanto, hallen estos jóvenes gracia en tus ojos, ya que venimos en buen día. Te ruego que des lo que tengas a mano a tus siervos y a tu hijo David'".

9 Cuando llegaron los jóvenes de David, dijeron esas palabras a Nabal en nombre de David, y callaron.

10 Y Nabal respondió a los enviados de David: "¿Quién es David? ¿Y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hoy huyen de sus señores.

11 "¿He de tomar mi pan, mi agua y mi víctima que preparé para mis esquiladores, para darlos a hombres que no sé de dónde son?"

12 Los criados de David volvieron y dijeron esas palabras a David.

13 Entonces David dijo a sus hombres: "Cíñase cada uno su espada". Y cada uno se ciñó su espada. También David ciñó su espada. Subieron con David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.

14 Uno de los criados avisó a Abigail esposa de Nabal. Le dijo: "David envió mensajeros del desierto que saludaran a nuestro amo, y él los afrentó.

15 "Sin embargo, esos hombres han sido muy buenos con nosotros. Nunca nos han hecho fuerza, ni ninguna cosa nos faltó en todo el tiempo que hemos tratado con ellos, mientras hemos estado en el campo.

16 "Nos han sido por muro de día y de noche, todo el tiempo que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.

17 "Ahora, pues, mira qué has de hacer, porque el mal está del todo resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa. Y él es un hombre tan malo, que no hay quien pueda hablarle".

18 Entonces Abigail tomó en seguida doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado (unos 40 kgs), cien racimos de uvas pasas y doscientos panes de higos secos. Los cargó en asnos,

19 y dijo a sus criados: "Id delante de mí, y yo os seguiré en seguida". Y nada declaró a Nabal su esposo.

20 Sentándose sobre un asno descendió por una parte secreta del monte, y se encontró con David y los suyos que venían frente a ella. Y ella les fue al encuentro.

21 David había dicho: "En vano guardé todo lo que este hombre tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado. Y él me ha vuelto mal por bien.

22 "Que el Eterno me trate con todo rigor, si de aquí a mañana no acabo con todos sus varones".

23 Cuando Abigail vio a David, se apeó prestamente del asno, se postró ante David y se inclinó a tierra.

24 Se echó a sus pies y le dijo: "Señor mío, sobre mí sea el pecado. Te ruego que tu sierva hable a tus oídos, y que escuches las palabras de tu sierva.

25 "No hagas caso de mi señor, de ese hombre brusco, Nabal, porque conforme a su nombre, así es él. Se llama Nabal (insensato), y la insensatez está con él. Yo, tu sierva, no vi a los jóvenes que enviaste.

26 "Ahora, señor mío, vive el Eterno y vive tú, que el Señor te ha impedido venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran tu mal.

27 "Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los que siguen a mi señor.

28 "Te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa. Porque el Eterno hará una casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas del Señor, y ningún mal se hallará en ti mientras vivas.

29 "Aunque alguien se haya levantado a perseguirte y atenta contra tu vida; con todo, la vida de mi señor está ligada con los que viven con el Eterno tu Dios. El arrojará a tus enemigos como del medio de la palma de una honda.

30 "Y cuando el Eterno cumpla con mi señor todo el bien que habló de ti, y te establezca por príncipe sobre Israel,

31 "entonces señor mío, no te será de tropiezo y remordimiento, el que hayas derramado sangre sin causa, o que mi señor se haya vengado por sí mismo. Guárdese, pues, mi señor. Y cuando el Eterno haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva".

32 Respondió David a Abigail: "Bendito sea el Eterno, Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontraras.

33 "Y bendito tu razonamiento, y bendita tú, que me has impedido de ir a verter sangre y vengarme por mi propia mano.

34 "Porque vive el Señor, Dios de Israel, que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa a venir a mi encuentro, de aquí a mañana, ningún varón le hubiera quedado a Nabal".

35 Y David recibió de su mano lo que le había traído, y le dijo: "Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto".

36 Y Abigail volvió a Nabal, que tenía banquete en su casa como banquete de rey. Y el corazón de Nabal estaba alegre y muy borracho. Por eso ella no le declaró ni poco ni mucho, hasta el día siguiente.

37 Por la mañana, cuando había pasado el efecto del vino sobre Nabal, su esposa le contó estas cosas; y el corazón de Nabal se desmayó, y se quedó como una piedra.

38 Diez días después, el Eterno hirió a Nabal y murió.

39 Cuando David oyó que Nabal había muerto, dijo: "Bendito sea el Eterno que juzgó mi afrenta recibida de Nabal, y ha preservado a su siervo de cometer el mal. El Señor ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza". Un tiempo después, David envió a proponer a Abigail que fuera su esposa.

40 Los siervos de David fueron a Abigail al Carmel, y hablaron con ella. Le dijeron: "David nos ha enviado a ti, para que seas su esposa".

41 Y ella se levantó, inclinó su rostro y dijo: "Aquí está tu sierva, para que lave los pies de los siervos de mi señor".

42 Después, Abigail se levantó con cinco doncellas que la servían. Se montó en un asno, siguió a los mensajeros de David, y fue su esposa.

43 También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y las dos fueron sus esposas.

44 Porque Saúl había dado su hija Mical, esposa de David, a Palti hijo de Lais, que era de Galim.

26

1 Los zifeos fueron a Saúl en Gabaa, y le dijeron: "¿Sabes que David está escondido en el collado de Aquila, al oriente del desierto?"

2 Entonces Saúl se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando tres mil hombres seleccionados de Israel, para buscar a David por el desierto de Zif.

3 Saúl acampó en el collado de Aquila, que está al oriente del desierto, junto al camino. David estaba en el desierto y supo que Saúl lo seguía.

4 Por tanto, David envió espías y supo con certeza que Saúl había venido.

5 Y se levantó David, y fue al sitio donde Saúl había acampado. Se fijó en el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general del ejército. Saúl estaba durmiendo en el centro del campamento, y el pueblo alrededor de él.

6 Entonces David dijo a Ahimélec hitita y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: "¿Quién descenderá conmigo al campamento de Saúl?" Abisai respondió: "Yo descenderé contigo".

7 Aquella misma noche, David y Abisai fueron al campamento. Saúl dormía y su lanza estaba hincada en tierra a su cabecera. Y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él.

8 Entonces Abisai dijo a David: "Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tus manos. Déjame que lo hiera con la lanza, y lo clave en tierra de un golpe, sin repetir".

9 David respondió: "No lo mates. ¿Quién extenderá su mano contra el ungido del Eterno, y será inocente?"

10 Agregó David: "Vive el Señor, que si él no lo hiere, ya sea que llegue su día para que muera, o que perezca en batalla,

11 "Dios me guarde de extender mi mano contra el ungido del Eterno. Pero toma la lanza que está a su cabecera y la botija de agua, y vámonos".

12 Entonces David llevó la lanza y la botija de agua de la cabecera de Saúl, y se fueron. Y nadie vio, ni entendió, ni veló; porque había caído sobre ellos un profundo sueño enviado por el Eterno.

13 Y David pasó al lado opuesto, a la cumbre del monte, a cierta distancia de ellos.

14 Entonces David llamó en alta voz al ejército, y a Abner hijo de Ner. Les gritó: "¿No respondes Abner?" Entonces Abner dijo: "¿Quién eres tú que gritas al rey?"

15 Y David dijo a Abner: "¿No eres todo un hombre tú? ¿Quién hay como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has guardado a tu señor el rey? Pues alguien del pueblo entró a matar a tu señor el rey.

16 "Esto que has hecho no está bien. Vive el Eterno que sois dignos de muerte, por no haberguardado a vuestro señor, al ungido del Eterno. Mira, pues, dónde está la lanza del rey y la botija de agua que estaban a su cabecera".

17 Entonces, Saúl reconoció la voz de David, y dijo: "¿No es tu voz, hijo mío David?" David respondió: "Es mi voz, rey y señor mío".

18 Y agregó: "¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué mal cometí yo? ¿Qué mal hay en mi mano?

19 "Ruego, pues, que mi señor el rey oiga ahora las palabras de su siervo. Si el Eterno te incita contra mí, entonces acepte él un sacrificio. Pero si son hombres, malditos sean en presencia del Señor, que me ha echado hoy para que no tenga parte en la heredad del Eterno, diciendo: 'Ve y sirve a otros dioses'.

20 "No caiga, pues, mi sangre en tierra ante el Eterno. Porque el rey ha salido a buscar una pulga, así como quien persigue una perdiz por los montes".

21 Entonces dijo Saúl: "He pecado, Vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, ya que mi vida ha sido estimada hoy en tus ojos. Obré neciamente, y erré en gran manera".

22 David respondió: "Aquí está la lanza del rey. Venga alguno de los criados, y llévela.

23 "Y el Eterno pague a cada uno según su justicia y su lealtad. El Señor te había entregado hoy en mi mano, pero no quise extender mi mano sobre el ungido del Eterno.

24 "Ves que estimé tu vida. Así sea estimada mi vida en los ojos del Eterno, y me libre de toda aflicción".

25 Y Saúl dijo a David: "¡Bendito eres tú, hijo mío David! Sin duda ejecutarás grandes empresas, y prevalecerás". Entonces David siguió su camino, y Saúl volvió a su lugar.

27

1 Pero David pensó en su corazón: "Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl. Por tanto, será mejor que me fugue a la tierra de los filisteos, para que Saúl se deje de mí, y no me busque más por todo Israel. Así escaparé de sus manos".

2 Entonces David y sus seiscientos hombres se levantaron y pasaron a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.

3 Y David habitó con Aquis en Gat, él y los suyos, cada uno con su familia. David con sus dos esposas, Ahinoam Jezreelita y Abigail la que fue esposa de Nabal del Carmel.

4 Y avisaron a Saúl que David había huido a Gat, y dejó de buscarlo.

5 David dijo a Aquis: "Si he hallado gracia en tus ojos, dame lugar en alguna de tus aldeas para que habite allí, ¿por qué ha de habitar tu siervo contigo en ciudad real?"

6 Y Aquis le dio aquel día a Siclag. De ahí que Siclag fue de los reyes de Judá hasta hoy.

7 Y David habitó con los filisteos, un año y cuatro meses.

8 Y salía David con los suyos y hacían incursiones entre los gesureos, los gerzeos y los amalecitas; que desde largo tiempo habitaban en dirección a Shur.

9 Y David asolaba el país, y no dejaba con vida ni hombre ni mujer. Y se llevaba ovejas, vacas, asnos y camellos, y la ropa; y volvía a Aquis.

10 Aquis preguntaba: "¿Dónde anduvisteis hoy?" Y David respondía: "Al sur de Judá y de Jerameel, o al sur de los ceneos".

11 Ni hombre ni mujer dejaba con vida, que viniese a Gat a decir que esto hizo David. Esa fue su costumbre todo el tiempo que habitó en tierra de los filisteos.

12 Aquis creía a David, pensando: "El se hace abominable a su pueblo Israel, y será siempre mi siervo".

28

1 En aquellos días los filisteos juntaron sus fuerzas para atacar a Israel. Y dijo Aquis a David: "Ten por entendido que has de salir conmigo a campaña, tú y los tuyos".

2 David respondió a Aquis: "Entonces verás por ti mismo lo que tu siervo puede hacer". Y Aquis dijo a David: "Por tanto, te nombraré mi guarda personal para siempre".

3 Samuel ya había muerto. Todo Israel lo había lamentado, y lo habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había echado de la tierra a los médium y espiritistas.

4 Los filisteos se juntaron y acamparon en Sunem. Y Saúl juntó a todo Israel y acamparon en Gilboa.

5 Cuando Saúl vio el campamento de los filisteos, temió y su corazón se turbó en gran manera.

6 Consultó al Eterno, pero no le respondió; ni por sueño, ni por Urim, ni por profeta.

7 Entonces Saúl dijo a sus servidores: "Buscadme a una médium para consultarla". Sus criados respondieron: "En Endor hay una médium".

8 Saúl se disfrazó, se puso otro vestido, y fue de noche con dos hombres a ver a esa mujer. Le dijo: "Te ruego que me consultes a algún espíritu, y me hagas subir a quien yo te diga".

9 La mujer contestó: "Tú sabes que Saúl ha cortado del país a los médium y a los espiritistas, ¿por qué pones tropiezo a mi vida, para hacerme matar?"

10 Entonces Saúl le juró por el Eterno: "Vive el Señor que ningún mal te vendrá por esto".

11 La mujer le preguntó entonces: "¿A quién te haré venir?" El respondió: "Haz venir a Samuel".

12 Cuando la mujer vio a Samuel, clamó en alta voz a Saúl:

13 "¿Por qué me has engañado? Tú eres Saúl". El rey le dijo: "No temas, ¿Qué has visto?" Ella respondió: "He visto un espíritu que sube de la tierra".

14 El preguntó: "¿Qué aspecto tiene?" Ella respondió: "Un anciano cubierto de un manto". Entonces Saúl entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo una gran reverencia.

15 Y Samuel dijo a Saúl: "¿Porqué me has inquietado haciéndome venir?" Saúl respondió: "Estoy muy angustiado, porque los filisteos pelean contra mí. Dios se apartó de mí, y no me responde, ni por profeta, ni por sueño. Por eso te llamé, para que me declares qué debo hacer".

16 Entonces Samuel dijo: "Si el Eterno se apartó de ti y es tu enemigo, ¿para qué me preguntas a mí?

17 "El Eterno ha hecho como habló por medio de mí. Ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero David.

18 "Como tú no obedeciste la voz del Eterno, ni cumpliste el furor de su ira contra Amalec, por eso el Señor te ha hecho esto.

19 "El entregará a Israel, junto contigo a los filisteos. Y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos. El Eterno entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos".

20 Entonces Saúl cayó en tierra cuan grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel. Quedó sin ninguna fuerza, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido.

21 Entonces la mujer se acercó a Saúl, y al verlo tan turbado, le dijo: "Tu criada ha obedecido tu voz. Arriesgué mi vida, y oí tu palabra.

22 "Te ruego, pues, que tú también oigas la voz de tu sierva. Pondré ante ti un bocado de alimento, para que comas y recobres tus fuerzas y sigas tu camino".

23 Pero él rehusó, diciendo: "No comeré". Entonces sus servidores y la mujer lo instaron, y él obedeció. Se levantó del suelo, y se sentó sobre una cama.

24 Aquella mujer tenía un ternero gordo, y lo mató. Tomó harina, la amasó y coció pan sin levadura.

25 Lo trajo a Saúl y a sus servidores. Y después de haber comido, se levantaron y se fueron esa noche.

29

1 Los filisteos juntaron todas sus fuerzas en Afec, e Israel acampó junto a la fuente de Jezreel.

2 Los príncipes filisteos marcharon en compañías de a cien y de a mil hombres. Y David y los suyos iban a la retaguardia con Aquis.

3 Los príncipes filisteos preguntaron: "¿Qué hacen estos hebreos aquí?" Aquis respondió: "Este es David, que era siervo de Saúl, rey de Israel. Ha estado conmigo estos días o estos años. Y desde que se pasó a mí hasta hoy, no hallé ninguna falta en él".

4 Entonces los príncipes filisteos se enojaron con Aquis, y le dijeron: "Despide a ese hombre, que se vuelva al lugar que le señalaste. No venga con nosotros a la batalla, no sea que en la batalla se nos vuelva enemigo. Porque, ¿con qué cosa volvería mejor a la gracia de su señor que con las cabezas de estos hombres?

5 "¿No es éste aquel David de quien cantaban: 'Saúl hirió sus miles, y David sus diez miles'?"

6 Aquis llamó a David, y le dijo: "Vive el Eterno que tú has sido recto, y me ha parecido buena tu salida y tu entrada conmigo. Ninguna cosa mala he hallado en ti desde que viniste a mí hasta hoy. Pero no agradas a los príncipes.

7 "Vuélvete, pues, y ve en paz, para no desagradar a los príncipes filisteos".

8 Replicó David a Aquis: "¿Qué mal hice? ¿Qué hallaste en tu siervo desde que estoy contigo, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey?"

9 Aquis respondió: "Sé que has sido bueno en mis ojos, como un ángel de Dios. Pero los príncipes filisteos han dicho: 'No venga con nosotros a la batalla'.

10 "Levántate, pues, de mañana, tú y tus siervos; levantaos al amanecer, y partid".

11 Entonces David y los suyos se levantaron de mañana, y volvieron a la tierra de los filisteos. Y los filisteos se fueron a Jezreel.

30

1 Cuando David y los suyos llegaron a Siclag al tercer día, encontraron que los amalecitas habían invadido el sur y a Siclag. Habían desolado a Siclag y le habían prendido fuego.

2 Y habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor. A nadie habían muerto, sino que los llevaron y siguieron su camino.

3 Llegaron, pues, David y los suyos a la ciudad, y la vieron quemada, y sus esposas e hijos llevados cautivos.

4 Entonces David y su gente alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltó la fuerza para llorar.

5 También habían llevado a las dos esposas de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que había sido esposa de Nabal del Carmel.

6 Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearle. Todo el pueblo estaba amargado, cada uno por sus hijos e hijas. Pero David se fortaleció en el Eterno su Dios.

7 Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimélec: "Te ruego que me acerques el efod". Y Abiatar acercó el efod a David.

8 Y David consultó al Señor: "¿Seguiré a esa tropa? ¿La podré alcanzar?" Y él le dijo: "Síguela, que de cierto la alcanzarás, y sin falta librarás la presa".

9 Partió, pues, David con sus seiscientos hombres y llegaron al torrente Besor, donde quedaron algunos.

10 David siguió con cuatrocientos hombres, doscientos quedaron atrás, porque cansados no pudieron pasar el torrente Besor.

11 Y hallaron en el campo a un egipcio, que trajeron a David. Y le dieron de comer y beber.

12 Le dieron también un pedazo de masa de higos secos, y dos racimos de pasas. Después de comer se reavivó, porque en tres días y tres noches, no había comido ni bebido.

13 David le preguntó: "¿De quién eres? ¿De dónde eres? El joven respondió: "Soy siervo de un amalecita, que me dejó hace tres días, porque yo estaba enfermo.

14 "Pues hicimos una incursión al sur de Cereti, a Judá y al sur de Caleb, y pusimos fuego a Siclag".

15 David le dijo: "¿Me llevarás a esa tropa?" y el joven le dijo: "Júrame por Dios que no me matarás, ni me entregarás a mi amo, y te llevaré a esa gente".

16 Entonces lo llevó. Y los amalecitas estaban esparcidos por toda esa tierra, comiendo, bebiendo y haciendo fiesta, por toda la gran presa que habían tomado de los filisteos y de Judá.

17 Y David los abatió desde el alba hasta el atardecer del día siguiente, y no escapó ninguno de ellos, sino cuatrocientos jóvenes que subieron en camellos.

18 Y David libró todo lo que los amalecitas habían tomado, y también a sus dos esposas.

19 No les faltó cosa alguna, ni chica ni grande, así de hijos e hijas, del robo y de todo lo que habían tomado. David lo recobró todo.

20 David tomó también las ovejas y el ganado mayor. Lo llevaron delante y dijeron: "Esta es la presa de David".

21 Y llegó David adonde estaban los doscientos hombres que no habían podido seguir, y que habían quedado en el torrente Besor. Salieron a recibir a David y a los que estaban con él. Y cuando David llegó cerca de ellos, los saludó.

22 Entonces los malos y perversos que habían ido con David, dijeron: "Siendo que no fueron con nosotros, no les daremos del botín que hemos tomado, sino a cada uno su esposa y sus hijos. Que los tomen y se vayan".

23 Pero David les dijo: "Hermanos míos, no hagáis eso con los que nos ha dado el Eterno, que nos guardó y entregó en nuestras manos esa banda que vino sobre nosotros.

24 "¿Quién os dará razón en eso? Igual parte ha de ser de los que van a la batalla, como de los que quedan con el bagaje. Les tocan partes iguales".

25 Desde aquel día, eso fue ley y norma en Israel.

26 Cuando David llegó a Siclag, envió de la presa a los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: "Aquí va una bendición para vosotros, de la presa de los enemigos del Eterno".

27 También envió a los que estaban en Betel, en Ramot del sur, en Jatir,

28 en Aroer, en Sifmot, en Estemoa,

29 en Racal, en las ciudades de Jerameel, en las ciudades del ceneo,

30 en Horma, en Corazán, en Atac,

31 en Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado con los suyos.

31

1 Mientras tanto, los filisteos pelearon con Israel, y los israelitas huyeron ante los filisteos, y cayeron muertos en el monte Gilboa.

2 Y los filisteos siguieron a Saúl y a sus hijos; y mataron a Jonatán, Abinadab y a Melquisúa, hijos de Saúl.

3 La batalla se agravó sobre Saúl, y lo alcanzaron los arqueros, y fue muy herido por ellos.

4 Entonces dijo a su escudero: "Saca tu espada y pásame con ella, para que no vengan los incircuncisos, y me pasen y me escarnezcan". Pero su escudero no quiso, porque estaba muy atemorizado. Entonces Saúl tomó la espada, y se echó sobre ella.

5 Cuando el escudero vio a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada y murió.

6 Así murió Saúl en aquel día, junto con sus tres hijos, su escudero y todos sus hombres.

7 Y los israelitas del otro lado del valle y del otro lado del Jordán, al ver que Israel había huido, y que Saúl y sus hijos habían muerto, dejaron las ciudades y huyeron. Y los filisteos vinieron y habitaron en ellas.

8 Al día siguiente, cuando vinieron los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el monte Gilboa.

9 Le cortaron la cabeza, lo despojaron de sus armas, y mandaron publicar la noticia en todo el país de los filisteos, en el templo de sus ídolos y entre el pueblo.

10 Pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de Bet San.

11 Pero cuando los de Jabes de Galaad oyeron eso que los filisteos hicieron a Saúl,

12 se levantaron todos los hombres valientes, anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos, del muro de Bet San. Vinieron a Jabes, y los quemaron allí.

13 Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.