1 La Creación En el principio Dios creó los cielos y la tierra.
2 La tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
3 Entonces dijo Dios: “Sea la luz.” Y hubo luz.
4 Dios vio que la luz era buena; y Dios separó la luz de las tinieblas.
5 Y Dios llamó a la luz día y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día.
6 Entonces dijo Dios: “Haya expansión (firmamento) en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.”
7 Dios hizo la expansión (el firmamento), y separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión. Y así fue.
8 Y Dios llamó a la expansión cielos. Y fue la tarde y fue la mañana: el segundo día.
9 Entonces dijo Dios: “Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco.” Y así fue.
10 Dios llamó a lo seco “tierra,” y al conjunto de las aguas llamó “mares.” Y Dios vio que era bueno.
11 Entonces dijo Dios: “Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den su fruto con su semilla sobre la tierra según su especie.” Y así fue.
12 Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su especie, y árboles que dan su fruto con semilla, según su especie. Y Dios vio que era bueno.
13 Y fue la tarde y fue la mañana: el tercer día.
14 Entonces dijo Dios: “Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años;
15 y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra.” Y así fue.
16 Dios hizo las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche. Hizo también las estrellas.
17 Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra,
18 y para dominar el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que era bueno.
19 Y fue la tarde y fue la mañana: el cuarto día.
20 Entonces dijo Dios: “Llénense las aguas de multitudes de seres vivientes, y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos.”
21 Y Dios creó los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, de los cuales, según su especie, están llenas las aguas, y toda ave según su especie. Y Dios vio que era bueno.
22 Dios los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.”
23 Y fue la tarde y fue la mañana: el quinto día.
24 Entonces dijo Dios: “Produzca la tierra seres vivientes según su especie: ganados, reptiles y animales de la tierra según su especie.” Y así fue.
25 Dios hizo las bestias de la tierra según su especie, y el ganado según su especie, y todo lo que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y Dios vio que era bueno.
26 Creación del Hombre y de la Mujer Y dijo Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo): “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.”
27 Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
28 Dios los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.”
29 También les dijo Dios: “Miren, Yo les he dado a ustedes toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto les servirá de alimento.
30 Y a todo animal de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento.” Y así fue.
31 Dios vio todo lo que había hecho; y era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día.
1 Así fueron acabados los cielos y la tierra y todas sus huestes (todo lo que en ellos hay).
2 En el séptimo día ya Dios había completado la obra que había estado haciendo, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho.
3 Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que El había creado y hecho.
4 El Huerto del Edén Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día en que el Señor Dios hizo la tierra y los cielos.
5 Aún no había ningún arbusto del campo en la tierra, ni había aún brotado ninguna planta del campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre para labrar la tierra.
6 Pero se levantaba de la tierra un vapor que regaba toda la superficie del suelo.
7 Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
8 Y el Señor Dios plantó un huerto hacia el oriente, en Edén, y puso allí al hombre que había formado.
9 El Señor Dios hizo brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer. Asimismo, en medio del huerto, hizo brotar el árbol de la vida y el árbol del conocimiento (de la ciencia) del bien y del mal.
10 Del Edén salía un río para regar el huerto, y de allí se dividía y se convertía en otros cuatro ríos.
11 El nombre del primero es Pisón. Este es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro.
12 El oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y ónice.
13 El nombre del segundo río es Gihón. Este es el que rodea la tierra de Cus.
14 El nombre del tercer río es Tigris. Este es el que corre al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.
15 El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.
16 Y el Señor Dios ordenó al hombre: “De todo árbol del huerto podrás comer,
17 pero del árbol del conocimiento (de la ciencia) del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.”
18 Formación de la Mujer Entonces el Señor Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada.”
19 Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre.
20 El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él.
21 Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y éste se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar.
22 De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre.
23 Y el hombre dijo: “Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne. Ella será llamada mujer, Porque del hombre fue tomada.”
24 Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
25 Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban.
1 Desobediencia y Caída del Hombre La serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: “¿Conque Dios les ha dicho: ‘No comerán de ningún árbol del huerto’?”
2 La mujer respondió a la serpiente: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, Dios ha dicho: ‘No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran.’”
4 Y la serpiente dijo a la mujer: “Ciertamente no morirán.
5 Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal.”
6 Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió. También dio a su marido que estaba con ella, y él comió.
7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.
8 Sentencia por el Pecado y Promesa de Redención Y oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día. Entonces el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto.
9 Pero el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?”
10 Y él respondió: “Te oí en el huerto, tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.”
11 “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?” le preguntó Dios. “¿Has comido del árbol del cual Yo te mandé que no comieras?”
12 El hombre respondió: “La mujer que Tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”
13 Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: “¿Qué es esto que has hecho?” “La serpiente me engañó, y yo comí,” respondió la mujer.
14 Y el Señor Dios dijo a la serpiente: “Por cuanto has hecho esto, Maldita serás más que todos los animales, Y más que todas las bestias del campo. Sobre tu vientre andarás, Y polvo comerás Todos los días de tu vida.
15 Pondré enemistad Entre tú y la mujer, Y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, Y tú lo herirás en el talón.”
16 A la mujer dijo: “En gran manera multiplicaré Tu dolor en el parto, Con dolor darás a luz los hijos. Con todo, tu deseo será para tu marido, Y él tendrá dominio sobre ti.”
17 Entonces el Señor dijo a Adán: “Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: ‘No comerás de él,’ Maldita será la tierra por tu causa; Con trabajo (dolor) comerás de ella Todos los días de tu vida.
18 Espinos y cardos te producirá, Y comerás de las plantas del campo.
19 Con el sudor de tu rostro Comerás el pan Hasta que vuelvas a la tierra, Porque de ella fuiste tomado; Pues polvo eres, Y al polvo volverás.”
20 El hombre le puso por nombre Eva a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientes.
21 El Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió.
22 Castigo por el Pecado Entonces el Señor Dios dijo: “Ahora el hombre ha venido a ser como uno de Nosotros (Padre, Hijo y Espíritu Santo), conociendo ellos el bien y el mal. Cuidado ahora, no vaya a extender su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre.”
23 Y el Señor Dios lo echó del huerto del Edén, para que labrara la tierra de la cual fue tomado.
24 Expulsó, pues, al hombre; y al oriente del huerto del Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba en todas direcciones para guardar el camino del árbol de la vida.
1 Caín y Abel Y el hombre (Adán) se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: “He adquirido varón con la ayuda del Señor.”
2 Después dio a luz a Abel su hermano. Y Abel fue pastor de ovejas y Caín fue labrador de la tierra.
3 Al transcurrir el tiempo, Caín trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.
4 También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grasa de los mismos. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda,
5 pero no miró con agrado a Caín y su ofrenda. Caín se enojó mucho y su semblante se demudó.
6 Entonces el Señor dijo a Caín: “¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante?
7 Si haces bien, ¿no serás aceptado? Pero si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.”
8 Caín dijo a su hermano Abel: “Vayamos al campo.” Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.
9 La Maldición de Caín Entonces el Señor dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?” Y él respondió: “No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?”
10 Y el Señor le dijo: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra.
11 Ahora pues, maldito eres de la tierra, que ha abierto su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
12 Cuando cultives el suelo, no te dará más su vigor. Vagabundo y errante serás en la tierra.”
13 Y Caín dijo al Señor: “Mi castigo es demasiado grande para soportarlo.
14 Hoy me has arrojado de la superficie de la tierra, y de Tu presencia me esconderé, y seré vagabundo y errante en la tierra. Y sucederá que cualquiera que me halle me matará.”
15 Entonces el Señor le dijo: “No será así, pues cualquiera que mate a Caín, siete veces sufrirá venganza.” Y el Señor puso una señal sobre Caín, para que cualquiera que lo hallara no lo matara.
16 Descendientes de Caín Y salió Caín de la presencia del Señor, y se estableció (habitó) en la tierra de Nod, al oriente del Edén.
17 Y conoció Caín a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Enoc. Caín edificó una ciudad y la llamó Enoc, como el nombre de su hijo.
18 A Enoc le nació Irad. Irad fue padre de Mehujael, Mehujael fue padre de Metusael, y Metusael fue padre de Lamec.
19 Lamec tomó para sí dos mujeres. El nombre de una era Ada, y el nombre de la otra, Zila.
20 Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y tienen ganado.
21 Su hermano se llamaba Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan la lira y la flauta.
22 Zila a su vez dio a luz a Tubal Caín, forjador de todo utensilio de bronce y de hierro. Y la hermana de Tubal Caín era Naama.
23 Lamec dijo a sus mujeres: “Ada y Zila, oigan mi voz; Mujeres de Lamec, Presten oído a mis palabras, Pues he dado muerte a un hombre por haberme herido, Y a un muchacho por haberme pegado.
24 Si siete veces es vengado Caín, Entonces Lamec lo será setenta veces siete.”
25 Nacimiento de Set Adán se unió otra vez a su mujer; y ella dio a luz un hijo y le puso por nombre Set, porque, dijo ella: “Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, pues Caín lo mató.”
26 A Set le nació también un hijo y le puso por nombre Enós. Por ese tiempo comenzaron los hombres a invocar el nombre del Señor.
1 Descendientes de Adán Este es el libro de las generaciones de Adán. El día que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.
2 Varón y hembra los creó. Los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados.
3 Cuando Adán había vivido 130 años, engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set.
4 Y los días de Adán después de haber engendrado a Set fueron 800 años, y tuvo otros hijos e hijas.
5 El total de los días que Adán vivió fue de 930 años, y murió.
6 Set vivió 105 años, y fue padre de Enós.
7 Y vivió Set 807 años después de haber engendrado a Enós, y tuvo otros hijos e hijas.
8 El total de los días de Set fue de 912 años, y murió.
9 Enós vivió 90 años, y fue padre de Cainán.
10 Y vivió Enós 815 años después de haber engendrado a Cainán, y tuvo otros hijos e hijas.
11 El total de los días de Enós fue de 905 años, y murió.
12 Cainán vivió 70 años, y fue padre de Mahalaleel.
13 Y vivió Cainán 840 años después de haber engendrado a Mahalaleel, y tuvo otros hijos e hijas.
14 El total de los días de Cainán fue de 910 años, y murió.
15 Mahalaleel vivió 65 años, y fue padre de Jared.
16 Y vivió Mahalaleel 830 años después de haber engendrado a Jared, y tuvo otros hijos e hijas.
17 El total de los días de Mahalaleel fue de 895 años, y murió.
18 Jared vivió 162 años, y fue padre de Enoc.
19 Y vivió Jared 800 años después de haber engendrado a Enoc, y tuvo otros hijos e hijas.
20 El total de los días de Jared fue de 962 años, y murió.
21 Enoc vivió 65 años, y fue padre de Matusalén.
22 Enoc anduvo con Dios 300 años después de haber engendrado a Matusalén, y tuvo otros hijos e hijas.
23 El total de los días de Enoc fue de 365 años.
24 Y Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó.
25 Matusalén vivió 187 años, y fue padre de Lamec.
26 Y vivió Matusalén 782 años después de haber engendrado a Lamec, y tuvo otros hijos e hijas.
27 El total de los días de Matusalén fue de 969 años, y murió.
28 Lamec vivió 182 años, y tuvo un hijo.
29 Y le puso por nombre Noé, diciendo: “Este nos dará descanso de nuestra labor y del trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra que el Señor ha maldecido.”
30 Y vivió Lamec 595 años después de haber engendrado a Noé, y tuvo otros hijos e hijas.
31 El total de los días de Lamec fue de 777 años, y murió.
32 Noé tenía 500 años, y fue padre de Sem, de Cam y de Jafet.
1 Maldad de los Hombres Aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la superficie de la tierra, y les nacieron hijas,
2 los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban.
3 Entonces el Señor dijo: “Mi Espíritu no luchará para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán, pues, sus días 120 años.”
4 Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Estos son los héroes (valientes) de la antigüedad, hombres de renombre.
5 El Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal.
6 Y al Señor Le pesó haber hecho al hombre en la tierra, y sintió tristeza en Su corazón.
7 Entonces el Señor dijo: “Borraré de la superficie de la tierra al hombre que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo, porque Me pesa haberlos hecho.”
8 Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor.
9 Noé Construye el Arca Estas son las generaciones de Noé. Noé era un hombre justo, perfecto (íntegro) entre sus contemporáneos. Noé siempre andaba con Dios.
10 Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet.
11 Pero la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.
12 Dios miró a la tierra, y vio que estaba corrompida, porque toda carne (toda la gente) había corrompido su camino sobre la tierra.
13 Entonces Dios dijo a Noé: “He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; por eso voy a destruirlos junto con la tierra.
14 Hazte un arca de madera de ciprés. Harás el arca con compartimientos, y la cubrirás con brea por dentro y por fuera.
15 De esta manera la harás: de 135 metros la longitud del arca, de 22.5 metros su anchura y de 13.5 metros su altura.
16 Le harás una ventana que terminará a 45 centímetros del techo, y pondrás la puerta en su costado. Harás el arca de tres pisos.
17 “Entonces Yo traeré un diluvio sobre la tierra, para destruir toda carne (todo ser viviente) en que hay aliento de vida debajo del cielo. Todo lo que hay en la tierra perecerá.
18 Pero estableceré Mi pacto contigo. Entrarás en el arca tú, y contigo tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos.
19 “Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás dos de cada especie en el arca, para preservarles la vida contigo; macho y hembra serán.
20 De las aves según su especie, de los animales según su especie y de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie vendrán a ti para que les preserves la vida.
21 “Y tú, toma para ti de todo alimento que se come, y almacénalo, y será alimento para ti y para ellos.”
22 Así lo hizo Noé; conforme a todo lo que Dios le había mandado, así lo hizo.
1 Noé Entra en el Arca Entonces el Señor dijo a Noé: “Entra en el arca tú y todos los de tu casa; porque he visto que sólo tú eres justo delante de Mí en esta generación.
2 De todo animal limpio tomarás contigo siete parejas, el macho y su hembra; y de todo animal que no es limpio, dos, el macho y su hembra.
3 También de las aves del cielo, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la superficie de toda la tierra.
4 “Porque dentro de siete días Yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y borraré de la superficie de la tierra a todo ser viviente que he creado.”
5 Y Noé hizo conforme a todo lo que el Señor le había mandado.
6 El Diluvio Noé tenía 600 años cuando las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.
7 Entonces Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, a causa de las aguas del diluvio.
8 De los animales limpios y de los animales que no son limpios, de las aves y de todo lo que se arrastra sobre la tierra,
9 entraron de dos en dos con Noé en el arca, macho y hembra, como Dios había ordenado a Noé.
10 Aconteció que a los siete días las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.
11 El año 600 de la vida de Noé, el mes segundo, a los diecisiete días del mes, en ese mismo día se rompieron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo fueron abiertas.
12 Y cayó la lluvia sobre la tierra por cuarenta días y cuarenta noches.
13 En ese mismo día entró Noé en el arca, con Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé, la mujer de Noé y las tres mujeres de sus hijos con ellos.
14 También entró toda fiera según su especie, todo ganado según su especie, todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, aves de toda clase.
15 Entraron, pues, con Noé en el arca de dos en dos de toda carne (todo ser viviente) en que había aliento de vida;
16 los que entraron, macho y hembra de toda carne, entraron como Dios se lo había mandado. Después el Señor cerró la puerta detrás de Noé.
17 Entonces vino el diluvio sobre la tierra por cuarenta días, y las aguas crecieron y alzaron el arca, y ésta se elevó sobre la tierra.
18 Las aguas aumentaron y crecieron mucho sobre la tierra, y el arca flotaba sobre la superficie de las aguas.
19 Las aguas continuaron aumentando más y más sobre la tierra, y fueron cubiertos todos los altos montes que hay debajo de todos los cielos.
20 Las aguas subieron 6.75 metros por encima de los montes después que habían sido cubiertos.
21 Y pereció toda carne que se mueve sobre la tierra: aves, ganados, bestias, y todo lo que se mueve sobre la tierra, y todo ser humano.
22 Todo aquello en cuya nariz había aliento de espíritu de vida, todo lo que había sobre la tierra firme, murió.
23 El Señor exterminó, pues, todo ser viviente que había sobre la superficie de la tierra. Desde el hombre hasta los ganados, los reptiles y las aves del cielo, fueron exterminados de la tierra. Sólo quedó Noé y los que estaban con él en el arca.
24 Las aguas prevalecieron sobre la tierra 150 días.
1 Bajan las Aguas Entonces Dios se acordó de Noé y de todas las bestias y de todo el ganado que estaban con él en el arca. Y Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y decrecieron las aguas.
2 Las fuentes del abismo y las compuertas del cielo se cerraron, y se detuvo la lluvia del cielo.
3 Las aguas bajaron (se retiraron) gradualmente de sobre la tierra, y después de 150 días, las aguas habían disminuido.
4 Y en el día diecisiete del mes séptimo, el arca descansó sobre los montes de Ararat.
5 Las aguas fueron decreciendo lentamente hasta el mes décimo; y el día primero del mes décimo, se vieron las cimas de los montes.
6 Después de cuarenta días, Noé abrió la ventana del arca que él había hecho,
7 y envió un cuervo, que estuvo yendo y viniendo hasta ver que se secaran las aguas sobre la tierra.
8 Después envió una paloma para ver si las aguas habían disminuido sobre la superficie de la tierra.
9 Pero la paloma no encontró lugar donde posarse, de modo que volvió a él, al arca, porque las aguas estaban sobre la superficie de toda la tierra. Entonces Noé extendió la mano, la tomó y la metió consigo en el arca.
10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma desde el arca.
11 Hacia el atardecer la paloma regresó a él, trayendo en su pico una hoja de olivo recién arrancada. Entonces Noé comprendió que las aguas habían disminuido sobre la tierra.
12 Esperó aún otros siete días y envió de nuevo la paloma, pero ya no volvió más a él.
13 Noé Sale del Arca Y aconteció que en el año 601 de Noé, en el mes primero, el día primero del mes, se secaron las aguas sobre la tierra. Entonces Noé quitó la cubierta del arca y vio que la superficie de la tierra estaba seca.
14 En el mes segundo, el día veintisiete del mes, la tierra estaba seca.
15 Entonces dijo Dios a Noé:
16 “Sal del arca tú, y contigo tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos.
17 Saca contigo todo ser viviente de toda carne que está contigo: aves, ganados y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, para que se reproduzcan en abundancia sobre la tierra, y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra.”
18 Salió, pues, Noé, y con él sus hijos y su mujer y las mujeres de sus hijos.
19 También salieron del arca todas las bestias, todos los reptiles, todas las aves y todo lo que se mueve sobre la tierra, cada uno según su especie.
20 Entonces Noé edificó un altar al Señor, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar.
21 El Señor percibió el aroma agradable, y dijo el Señor para sí: “Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud. Nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho.
22 Mientras la tierra permanezca, La siembra y la siega, El frío y el calor, El verano y el invierno, El día y la noche, Nunca cesarán.”
1 Pacto de Dios con Noé Y Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra.
2 El temor y el terror de ustedes estarán sobre todos los animales de la tierra, sobre todas las aves del cielo, en todo lo que se arrastra sobre el suelo, y en todos los peces del mar. En su mano son todos entregados.
3 Todo lo que se mueve y tiene vida les será para alimento. Todo lo doy a ustedes como les di la hierba verde.
4 Pero carne con su vida, es decir, con su sangre, no comerán.
5 “De la sangre de ustedes, de la vida de ustedes, ciertamente pediré cuenta: a cualquier animal, y a cualquier hombre, pediré cuenta; de cada hombre pediré cuenta de la vida de un ser humano.
6 El que derrame sangre de hombre, Por el hombre su sangre será derramada, Porque a imagen de Dios Hizo El al hombre.
7 En cuanto a ustedes, sean fecundos y multiplíquense. Pueblen en abundancia la tierra y multiplíquense en ella.”
8 Entonces Dios habló a Noé y a sus hijos que estaban con él y les dijo:
9 “Miren, Yo establezco Mi pacto con ustedes, y con su descendencia después de ustedes,
10 y con todo ser viviente que está con ustedes: aves, ganados y todos los animales de la tierra que están con ustedes, todos los que han salido del arca, todos los animales de la tierra.
11 Yo establezco Mi pacto con ustedes, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne (todo ser viviente) por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.”
12 También dijo Dios: “Esta es la señal del pacto que Yo hago con ustedes y todo ser viviente que está con ustedes, por todas las generaciones:
13 Pongo Mi arco en las nubes y será por señal de Mi pacto con la tierra.
14 “Y acontecerá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se verá el arco en las nubes,
15 y me acordaré de Mi pacto, con ustedes y con todo ser viviente de toda carne. Nunca más se convertirán las aguas en diluvio para destruir toda carne.
16 Cuando el arco esté en las nubes, lo miraré para acordarme del pacto eterno entre Dios y todo ser viviente de toda carne que está sobre la tierra.”
17 Y dijo Dios a Noé: “Esta es la señal del pacto que Yo he establecido con toda carne que está sobre la tierra.”
18 Noé y sus Hijos Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet. Cam fue el padre (antepasado) de Canaán.
19 Estos tres fueron los hijos de Noé, y de ellos se pobló toda la tierra.
20 Noé comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña.
21 Bebió el vino y se embriagó, y se desnudó en medio de su tienda.
22 Cam, padre (antepasado) de Canaán, vio la desnudez de su padre y se lo contó a sus dos hermanos que estaban afuera.
23 Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, lo pusieron sobre sus hombros, y caminando hacia atrás cubrieron la desnudez de su padre. Como sus rostros estaban vueltos, no vieron la desnudez de su padre.
24 Cuando Noé despertó de su embriaguez, y supo lo que su hijo menor le había hecho,
25 dijo: “Maldito sea Canaán; Siervo de siervos Será para sus hermanos.”
26 Dijo también: “Bendito sea el Señor, El Dios de Sem; Y sea Canaán su siervo.
27 Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem; Y sea Canaán su siervo.”
28 Noé vivió 350 años después del diluvio.
29 El total de los días de Noé fue de 950 años, y murió.
1 Estas son las generaciones de Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé, a quienes les nacieron hijos después del diluvio.
2 Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras.
3 Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat y Togarmá.
4 Los hijos de Javán: Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim.
5 De éstos, las costas de las naciones se dividieron en sus tierras, cada uno conforme a su lengua, según sus familias, en sus naciones.
6 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim (Egipto), Fut y Canaán.
7 Los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca, y los hijos de Raama: Seba y Dedán.
8 Cus fue el padre de Nimrod, que llegó a ser poderoso en la tierra.
9 El fue un poderoso cazador delante del Señor. Por tanto se dice: “Como Nimrod, poderoso cazador delante del Señor.”
10 El comienzo de su reino fue Babel, Erec, Acab y Calne, en la tierra de Sinar.
11 De aquella tierra salió hacia Asiria y edificó Nínive, Rehobot Ir, Cala,
12 y Resén, entre Nínive y Cala; aquélla es la gran ciudad.
13 Mizraim (Egipto) fue el padre (antepasado) de Ludim, de Anamim, de Lehabim, de Naftuhim,
14 de Patrusim, de Casluhim (de donde salieron los Filisteos) y de Caftorim.
15 Canaán fue el padre de Sidón su primogénito, y de Het,
16 y el antepasado del Jebuseo, del Amorreo, Gergeseo,
17 Heveo, Araceo, Sineo,
18 del Arvadeo, Zemareo y del Hamateo. Y después las familias de los Cananeos fueron esparcidas.
19 El territorio de los Cananeos se extendía desde Sidón, rumbo a Gerar, hasta Gaza; y rumbo a Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboim, hasta Lasa.
20 Estos son los hijos de Cam, según sus familias, según sus lenguas, por sus tierras, por sus naciones.
21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet.
22 Los hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram.
23 Los hijos de Aram: Uz, Hul, Geter y Mas.
24 Arfaxad fue el padre de Sala, y Sala de Heber.
25 A Heber le nacieron dos hijos: el nombre de uno fue Peleg, porque en sus días fue repartida la tierra, y el nombre de su hermano, Joctán.
26 Joctán fue el padre de Almodad, Selef, Hazar Mavet, Jera,
27 Adoram, Uzal, Dicla,
28 Obal, Abimael, Seba,
29 Ofir, Havila y de Jobab. Todos éstos fueron hijos de Joctán.
30 Su territorio se extendía desde Mesa rumbo a Sefar, la región montañosa del oriente.
31 Estos son los hijos de Sem, según sus familias, según sus lenguas, por sus tierras, conforme a sus naciones.
32 Estas son las familias de los hijos de Noé según sus genealogías, por sus naciones. De ellos se propagaron las naciones sobre la tierra después del diluvio.
1 La Torre de Babel Toda la tierra hablaba la misma lengua y las mismas palabras.
2 Según iban hacia el oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.
3 Y se dijeron unos a otros: “Vamos, fabriquemos ladrillos y cozámoslos bien.” Y usaron ladrillo en lugar de piedra y asfalto en lugar de mezcla.
4 Luego dijeron: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta los cielos, y hagámonos un nombre famoso, para que no seamos dispersados sobre la superficie de toda la tierra.”
5 Pero el Señor descendió para ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres.
6 Y dijo el Señor: “Son un solo pueblo y todos ellos tienen la misma lengua. Esto es lo que han comenzado a hacer, y ahora nada de lo que se propongan hacer les será imposible.
7 Vamos, bajemos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el lenguaje del otro.”
8 Así el Señor los dispersó desde allí sobre la superficie de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
9 Por eso la ciudad fue llamada Babel (Babilonia), porque allí el Señor confundió la lengua de toda la tierra, y de allí el Señor los dispersó sobre la superficie de toda la tierra.
10 Descendientes de Sem Estas son las generaciones de Sem: Sem tenía 100 años, y fue el padre de Arfaxad, dos años después del diluvio.
11 Y vivió Sem 500 años después de haber engendrado a Arfaxad, y tuvo otros hijos e hijas.
12 Arfaxad vivió 35 años, y fue padre de Sala.
13 Y vivió Arfaxad 403 años después de haber engendrado a Sala, y tuvo otros hijos e hijas.
14 Sala vivió 30 años, y fue padre de Heber.
15 Y vivió Sala 403 años después de haber engendrado a Heber, y tuvo otros hijos e hijas.
16 Heber vivió 34 años, y fue padre de Peleg.
17 Y vivió Heber 430 años después de haber engendrado a Peleg, y tuvo otros hijos e hijas.
18 Peleg vivió 30 años, y fue padre de Reu.
19 Y vivió Peleg 209 años después de haber engendrado a Reu, y tuvo otros hijos e hijas.
20 Reu vivió 32 años, y fue padre de Serug.
21 Y vivió Reu 207 años después de haber engendrado a Serug, y tuvo otros hijos e hijas.
22 Serug vivió 30 años, y fue padre de Nacor.
23 Y vivió Serug 200 años después de haber engendrado a Nacor, y tuvo otros hijos e hijas.
24 Nacor vivió 29 años, y fue padre de Taré.
25 Y vivió Nacor 119 años después de haber engendrado a Taré, y tuvo otros hijos e hijas.
26 Taré vivió 70 años, y fue padre de Abram, de Nacor y de Harán.
27 Descendientes de Taré Estas son las generaciones de Taré: Taré fue padre de Abram, de Nacor y de Harán. Harán fue padre de Lot.
28 Harán murió en presencia de su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los Caldeos.
29 Abram y Nacor tomaron para sí mujeres. El nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca.
30 Pero Sarai era estéril; no tenía hijo.
31 Y Taré tomó a Abram su hijo, a su nieto Lot, hijo de Harán, y a Sarai su nuera, mujer de su hijo Abram. Salieron juntos de Ur de los Caldeos, en dirección a la tierra de Canaán. Llegaron hasta Harán, y se establecieron allí.
32 Los días de Taré fueron 205 años. Y murió Taré en Harán.
1 Dios Llama a Abram Y el Señor dijo a Abram: “Vete de tu tierra, De entre tus parientes Y de la casa de tu padre, A la tierra que Yo te mostraré.
2 Haré de ti una nación grande, Y te bendeciré, Engrandeceré tu nombre, Y serás bendición.
3 Bendeciré a los que te bendigan, Y al que te maldiga, maldeciré. En ti serán benditas todas las familias de la tierra.”
4 Entonces Abram se fue tal como el Señor le había dicho, y Lot se fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán.
5 Abram tomó a Sarai su mujer y a Lot su sobrino, y todas las posesiones que ellos habían acumulado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a la tierra de Canaán; y a la tierra de Canaán llegaron.
6 Abram atravesó el país hasta el lugar de Siquem, hasta la encina de More. Los Cananeos habitaban entonces en esa tierra.
7 El Señor se apareció a Abram y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra.” Entonces Abram edificó allí un altar al Señor que se le había aparecido.
8 De allí se trasladó hacia el monte al oriente de Betel (Casa de Dios), y plantó su tienda, teniendo a Betel al occidente y Hai al oriente. Edificó allí un altar al Señor, e invocó el nombre del Señor.
9 Y Abram siguió su camino, continuando hacia el Neguev (región del sur).
10 Abram en Egipto Pero hubo hambre en el país, y Abram descendió a Egipto para pasar allí un tiempo, porque el hambre era severa en aquella tierra.
11 Cuando se estaba acercando a Egipto, Abram dijo a Sarai su mujer: “Mira, sé que eres una mujer de hermoso parecer;
12 y sucederá que cuando te vean los Egipcios, dirán: ‘Esta es su mujer’; y me matarán, pero a ti te dejarán vivir.
13 Di, por favor, que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y para que yo viva gracias a ti.”
14 Cuando Abram entró en Egipto, los Egipcios vieron que la mujer era muy hermosa.
15 La vieron los oficiales de Faraón y la alabaron delante de él. Entonces la mujer fue llevada a la casa de Faraón.
16 Y éste trató bien a Abram por causa de ella. Le dio ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos.
17 Pero el Señor hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas por causa de Sarai, mujer de Abram.
18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: “¿Qué es esto que me has hecho? ¿Por qué no me avisaste que era tu mujer?
19 ¿Por qué dijiste: ‘Es mi hermana,’ de manera que la tomé por mujer? Ahora pues, aquí está tu mujer, tómala y vete.”
20 Faraón dio órdenes a sus hombres acerca de Abram; y ellos lo despidieron con su mujer y con todo lo que le pertenecía.
1 Regreso de Abram a Canaán Abram subió desde Egipto al Neguev (región del sur), él y su mujer con todo lo que poseía; y con él iba Lot.
2 Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro.
3 Y anduvo en sus jornadas desde el Neguev hasta Betel (Casa de Dios), al lugar donde su tienda había estado al principio, entre Betel y Hai,
4 al lugar del altar que antes había hecho allí. Allí Abram invocó el nombre del Señor.
5 Separación de Abram y Lot También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas.
6 Pero la tierra no podía sostenerlos para que habitaran juntos, porque sus posesiones eran tantas que ya no podían habitar juntos.
7 Hubo, pues, problema entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. Los Cananeos y los Ferezeos habitaban entonces en aquella tierra.
8 Así que Abram dijo a Lot: “Te ruego que no haya problema entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos.
9 ¿No está toda la tierra delante de ti? Te ruego que te separes de mí. Si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda.”
10 Y alzó Lot los ojos y vio todo el valle del Jordán, el cual estaba bien regado por todas partes (esto fue antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra) como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto rumbo a Zoar.
11 Lot escogió para sí todo el Valle del Jordán, y viajó Lot hacia el oriente. Así se separaron el uno del otro.
12 Abram se estableció en la tierra de Canaán, en tanto que Lot se estableció en las ciudades del valle, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.
13 Pero los hombres de Sodoma eran malos y pecadores en gran manera contra el Señor.
14 Promesa de Dios a Abram Y el Señor dijo a Abram después que Lot se había separado de él: “Alza ahora los ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente,
15 pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre.
16 Haré tu descendencia como el polvo de la tierra; de manera que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia podrá contarse.
17 Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho de ella, porque a ti te la daré.”
18 Entonces Abram levantó su tienda, y fue y habitó en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y allí edificó un altar al Señor.
1 La Guerra de los Reyes Aconteció en los días de Amrafel, rey de Sinar, de Arioc, rey de Elasar, de Quedorlaomer, rey de Elam, y de Tidal, rey de Goyim (de naciones),
2 que éstos hicieron guerra a Bera, rey de Sodoma, y a Birsa, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Adma, a Semeber, rey de Zeboim, y al rey de Bela, es decir, Zoar.
3 Estos últimos se reunieron como aliados (se juntaron) en el Valle de Sidim, es decir, el Mar Salado (Mar Muerto).
4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, pero en el año trece se rebelaron.
5 En el año catorce, Quedorlaomer y los reyes que estaban con él, vinieron y derrotaron a los Refaías en Astarot Karnaim, a los Zuzitas en Ham, a los Emitas en Save Quiriataim,
6 y a los Horeos en el monte de Seir hasta El Parán, que está junto al desierto.
7 Entonces volvieron a En Mispat, es decir, Cades, y conquistaron todo el territorio de los Amalecitas, y también a los Amorreos que habitaban en Hazezon Tamar.
8 Entonces el rey de Sodoma, con el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, es decir, Zoar, salieron y les presentaron batalla en el Valle de Sidim:
9 es decir, a Quedorlaomer, rey de Elam, a Tidal, rey de Goyim (de naciones), a Amrafel, rey de Sinar, y a Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.
10 El Valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto, y el rey de Sodoma y el de Gomorra al huir cayeron allí. Y los demás huyeron a los montes.
11 Entonces tomaron todos los bienes de Sodoma y Gomorra con todas sus provisiones, y se fueron.
12 Se llevaron también a Lot, sobrino de Abram, con todas sus posesiones, pues él habitaba en Sodoma, y se fueron.
13 Abram Libera a Lot Uno de los que escaparon vino y se lo hizo saber a Abram el Hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el Amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, y éstos eran aliados de Abram.
14 Al oír Abram que su sobrino había sido llevado cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, 318 en total, y salió en su persecución hasta Dan.
15 Por la noche, él, con sus siervos, organizó sus fuerzas contra ellos, y los derrotó y los persiguió hasta Hoba, que está al norte de Damasco.
16 Y recobró todos sus bienes, también a su sobrino Lot con sus posesiones, y también a las mujeres y a la demás gente.
17 Abram y Melquisedec A su regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él, salió a su encuentro el rey de Sodoma en el Valle de Save, es decir, el Valle del Rey.
18 Y Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén, Ciudad de Paz), sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo.
19 El lo bendijo, diciendo: “Bendito sea Abram del Dios Altísimo, Creador (Dueño) del cielo y de la tierra;
20 Y bendito sea el Dios Altísimo Que entregó a tus enemigos en tu mano.” Y Abram le dio el diezmo de todo.
21 El rey de Sodoma dijo a Abram: “Dame las personas y toma para ti los bienes.”
22 Y Abram dijo al rey de Sodoma: “He jurado al Señor, Dios Altísimo, creador (dueño) del cielo y de la tierra,
23 que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa suya, para que no diga: ‘Yo enriquecí a Abram.’
24 Nada tomaré, excepto lo que los jóvenes han comido y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Escol y Mamre. Ellos tomarán su parte.”
1 Dios Promete un Hijo a Abram Después de estas cosas la palabra del Señor vino a Abram en visión, diciendo: “No temas, Abram, Yo soy un escudo para ti; Tu recompensa será muy grande.”
2 Y Abram dijo: “Oh Señor Dios, ¿qué me darás, puesto que yo estoy sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco?”
3 Dijo además Abram: “No me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero.”
4 Pero la palabra del Señor vino a él, diciendo: “Tu heredero no será éste, sino uno que saldrá de tus entrañas, él será tu heredero.”
5 El Señor lo llevó fuera, y le dijo: “Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas.” Y añadió: “Así será tu descendencia.”
6 Y Abram creyó en el Señor, y El se lo reconoció por justicia.
7 Y le dijo: “Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte esta tierra para que la poseas.”
8 Entonces Abram le preguntó: “Oh Señor Dios, ¿cómo puedo saber que la poseeré?”
9 El Señor le respondió: “Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.”
10 Abram Le trajo todos éstos, los partió por la mitad, y puso cada mitad enfrente de la otra; pero no partió las aves.
11 Y las aves de rapiña descendían sobre los animales sacrificados, pero Abram las ahuyentaba.
12 Pacto de Dios con Abram A la puesta del sol un profundo sueño cayó sobre Abram. El terror de una gran oscuridad cayó sobre él.
13 Y Dios dijo a Abram: “Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos durante 400 años.
14 Pero Yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después saldrán de allí con grandes riquezas.
15 Tú irás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
16 “En la cuarta generación ellos regresarán acá, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los Amorreos.”
17 Y sucedió que cuando el sol ya se había puesto, hubo densas tinieblas, y apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre las mitades de los animales.
18 En aquel día el Señor hizo un pacto con Abram, diciendo: “A tu descendencia he dado esta tierra, Desde el río de Egipto hasta el río grande, el Río Eufrates:
19 la tierra de los Quenitas, los Cenezeos, los Cadmoneos,
20 los Hititas, los Ferezeos, los Refaías,
21 los Amorreos, los Cananeos, los Gergeseos y los Jebuseos.”
1 Sarai y Agar Sarai, mujer de Abram, no le había dado a luz hijo alguno. Pero ella tenía una sierva Egipcia que se llamaba Agar.
2 Entonces Sarai dijo a Abram: “Mira, el Señor me ha impedido tener hijos. Llégate, te ruego, a mi sierva; quizá por medio de ella yo tenga hijos.” Y Abram escuchó la voz de Sarai.
3 Después de diez años de habitar Abram en la tierra de Canaán, Sarai, mujer de Abram, tomó a su sierva Agar la Egipcia, y se la dio a su marido Abram por mujer.
4 Y Abram se llegó a Agar, y ella concibió. Cuando ella vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora.
5 Entonces Sarai dijo a Abram: “Recaiga sobre ti mi agravio. Yo entregué a mi sierva en tus brazos. Pero cuando ella vio que había concebido, me miró con desprecio. Juzgue el Señor entre tú y yo.”
6 Pero Abram dijo a Sarai: “Mira, tu sierva está bajo tu poder; haz con ella lo que mejor te parezca.” Y Sarai trató muy mal a Agar y ella huyó de su presencia.
7 Nacimiento de Ismael El ángel del Señor la encontró junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente en el camino de Shur,
8 y le dijo: “Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde has venido y a dónde vas?” Ella le respondió: “Huyo de la presencia de mi señora Sarai.”
9 “Vuelve a tu señora y sométete a su autoridad,” le dijo el ángel del Señor.
10 El ángel del Señor añadió: “Multiplicaré de tal manera tu descendencia que no se podrá contar por su multitud.”
11 El ángel del Señor le dijo además: “Has concebido Y darás a luz un hijo; Y le llamarás Ismael, Porque el Señor ha oído tu aflicción.
12 “El será hombre indómito como asno montés; Su mano será contra todos, Y la mano de todos contra él, Y habitará separado de todos sus hermanos.”
13 Agar llamó el nombre del Señor que le había hablado: “Tú eres un Dios que ve”; porque dijo: “¿Estoy todavía con vida después de ver a Dios?”
14 Por eso se llamó a aquel pozo Beer Lajai Roi (pozo del Viviente que me ve), el cual está entre Cades y Bered.
15 Agar le dio un hijo a Abram, y Abram le puso el nombre de Ismael al hijo que Agar le había dado.
16 Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael.
1 El Pacto Confirmado Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció, y le dijo: “Yo soy el Dios Todopoderoso; Anda delante de Mí, y sé perfecto.
2 Yo estableceré Mi pacto contigo, Y te multiplicaré en gran manera.”
3 Entonces Abram se postró sobre su rostro y Dios habló con él:
4 “En cuanto a Mí, ahora Mi pacto es contigo, Y serás padre de multitud de naciones.
5 Y no serás llamado más Abram (Padre Enaltecido); Sino que tu nombre será Abraham (Padre de Multitud); Porque Yo te haré padre de multitud de naciones.
6 Te haré fecundo en gran manera, y de ti haré naciones, y de ti saldrán reyes.
7 “Estableceré Mi pacto contigo y con tu descendencia después de ti, por todas sus generaciones, por pacto eterno, de ser Dios tuyo y de toda tu descendencia después de ti.
8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán como posesión perpetua. Y Yo seré su Dios.”
9 La Circuncisión como Señal del Pacto Dijo además Dios a Abraham: “Tú, pues, guardarás Mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, por sus generaciones.
10 Este es Mi pacto con ustedes y tu descendencia después de ti y que ustedes guardarán: Todo varón de entre ustedes será circuncidado.
11 Serán circuncidados en la carne de su prepucio, y esto será la señal de Mi pacto con ustedes.
12 “A la edad de ocho días será circuncidado entre ustedes todo varón por sus generaciones; asimismo el siervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia.
13 Ciertamente ha de ser circuncidado el siervo nacido en tu casa o el comprado con tu dinero. Así estará Mi pacto en la carne de ustedes como pacto perpetuo.
14 Pero el varón incircunciso, que no es circuncidado en la carne de su prepucio, esa persona será cortada de entre su pueblo. Ha quebrantado Mi pacto.”
15 Entonces Dios dijo a Abraham: “A Sarai, tu mujer, no la llamarás Sarai, sino que Sara (Princesa) será su nombre.
16 La bendeciré, y de cierto te daré un hijo por medio de ella. La bendeciré y será madre de naciones. Reyes de pueblos vendrán de ella.”
17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió, y dijo en su corazón: “¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años, concebirá?”
18 Y Abraham dijo a Dios: “¡Ojalá que Ismael viva delante de Ti!”
19 Pero Dios respondió: “No, sino que Sara, tu mujer, te dará un hijo, y le pondrás el nombre de Isaac; y estableceré Mi pacto con él, pacto perpetuo para su descendencia después de él.
20 En cuanto a Ismael, te he oído. Yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. El será el padre de doce príncipes y haré de él una gran nación.
21 Pero Mi pacto lo estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará por este tiempo el año que viene.”
22 Cuando terminó de hablar con él, Dios ascendió dejando a Abraham.
23 Entonces Abraham tomó a su hijo Ismael y a todos los siervos nacidos en su casa y a todos los que habían sido comprados con su dinero, a todo varón de entre las personas de la casa de Abraham, y aquel mismo día les circuncidó la carne de su prepucio, tal como Dios le había dicho.
24 Abraham tenía noventa y nueve años cuando fue circuncidado,
25 y su hijo Ismael tenía trece años cuando fue circuncidado.
26 En el mismo día fueron circuncidados Abraham y su hijo Ismael.
27 También fueron circuncidados con él todos los varones de su casa, que habían nacido en la casa o que habían sido comprados a extranjeros.
1 Promesa del Nacimiento de Isaac Y el Señor se le apareció a Abraham en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda en el calor del día.
2 Cuando Abraham alzó los ojos y miró, había tres hombres parados frente a él. Al verlos corrió de la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra,
3 y dijo: “Señor mío, si ahora he hallado gracia ante sus ojos, le ruego que no pase de largo junto a su siervo.
4 Que se traiga ahora un poco de agua y lávense ustedes los pies, y reposen bajo el árbol.
5 Yo traeré un pedazo de pan para que se alimenten y después sigan adelante, puesto que han visitado a su siervo.” “Haz así como has dicho,” dijeron ellos.
6 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara, y dijo: “Apresúrate a preparar 40 litros de flor de harina, amásala y haz tortas de pan.”
7 Corrió también Abraham a la vacada y tomó un becerro tierno y de los mejores, y se lo dio al criado, que se apresuró a prepararlo.
8 Tomó también cuajada, leche y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos. Mientras comían, Abraham se quedo de pie junto a ellos bajo el árbol.
9 Entonces ellos le dijeron: “¿Dónde está Sara tu mujer?” “Allí en la tienda,” les respondió.
10 Y uno de ellos dijo: “Ciertamente volveré a ti por este tiempo el año próximo, y Sara tu mujer tendrá un hijo.” Y Sara estaba escuchando a la puerta de la tienda que estaba detrás de él.
11 Abraham y Sara eran ancianos, entrados en años. Y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.
12 Sara se rió para sus adentros, diciendo: “¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor?”
13 Y el Señor dijo a Abraham: “¿Por qué se rió Sara, diciendo: ‘¿Concebiré en verdad siendo yo tan vieja?’
14 ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Volveré a ti al tiempo señalado, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo.”
15 Pero Sara lo negó, porque tuvo miedo, diciendo: “No me reí.” “No es así, sino que te has reído,” le dijo el Señor.
16 Abraham Intercede por Sodoma y Gomorra Entonces los hombres se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma. Abraham iba con ellos para despedirlos.
17 Pero el Señor dijo: “¿Ocultaré a Abraham lo que voy a hacer?
18 Porque ciertamente Abraham llegará a ser una nación grande y poderosa, y en él serán benditas todas las naciones de la tierra.
19 Y Yo lo he escogido para que mande (instruya) a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino del Señor, haciendo justicia y juicio, para que el Señor cumpla en Abraham todo lo que El ha dicho acerca de él.”
20 Después el Señor dijo: “El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave.
21 Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta Mí. Y si no, lo sabré.”
22 Entonces los hombres se apartaron de allí y fueron hacia Sodoma, mientras Abraham estaba todavía de pie delante del Señor.
23 Y Abraham se acercó al Señor y dijo: “¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?
24 Tal vez haya cincuenta justos dentro de la ciudad. ¿En verdad la destruirás y no perdonarás el lugar por amor a los cincuenta justos que hay en ella?
25 Lejos de Ti hacer tal cosa: matar al justo con el impío, de modo que el justo y el impío sean tratados de la misma manera. ¡Lejos de Ti! El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?”
26 Entonces el Señor le respondió: “Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar por consideración a ellos.”
27 Y Abraham respondió: “Ahora que me he atrevido a hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza.
28 Tal vez falten cinco para los cincuenta justos. ¿Destruirás por los cinco a toda la ciudad?” Y el Señor respondió: “No la destruiré si hallo allí cuarenta y cinco.”
29 Abraham le habló de nuevo: “Tal vez se hallen allí cuarenta.” Y El respondió: “No lo haré, por consideración a los cuarenta.”
30 Entonces Abraham dijo: “No se enoje ahora el Señor, y hablaré. Tal vez se hallen allí treinta.” “No lo haré si hallo allí treinta,” respondió el Señor.
31 Y Abraham dijo: “Ahora me he atrevido a hablar al Señor. Tal vez se hallen allí veinte.” Y El respondió: “No la destruiré por consideración a los veinte.”
32 Entonces Abraham dijo: “No se enoje ahora el Señor, y hablaré sólo esta vez. Tal vez se hallen allí diez.” “No la destruiré por consideración a los diez,” respondió el Señor.
33 Tan pronto como acabó de hablar con Abraham, el Señor se fue, y Abraham volvió a su lugar.
1 Corrupción de Sodoma Los dos ángeles llegaron a Sodoma al caer la tarde, cuando Lot estaba sentado a la Puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó para recibirlos y se postró rostro en tierra,
2 y les dijo: “Señores míos, les ruego que entren en la casa de su siervo y pasen en ella la noche y laven sus pies. Entonces se levantarán temprano y continuarán su camino.” “No,” dijeron ellos, “sino que pasaremos la noche en la plaza.”
3 El, sin embargo, les rogó con insistencia, y ellos fueron con él y entraron en su casa. Lot les preparó un banquete y coció pan sin levadura, y comieron.
4 Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, rodearon la casa, tanto jóvenes como viejos, todo el pueblo sin excepción.
5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: “¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácalos para que los conozcamos.”
6 Entonces Lot salió a ellos a la entrada, y cerró la puerta tras sí,
7 “Hermanos míos, les ruego que no obren perversamente,” les dijo Lot.
8 Miren, tengo dos hijas que no han conocido varón. Permítanme sacarlas a ustedes y hagan con ellas como mejor les parezca. Pero no hagan nada a estos hombres, pues se han amparado bajo mi techo.”
9 “¡Hazte a un lado!” dijeron ellos. Y dijeron además: “Este ha venido como extranjero, y ya está actuando como juez; ahora te trataremos a ti peor que a ellos.” Se lanzaron contra Lot y estaban a punto de romper la puerta,
10 pero los dos hombres extendieron la mano y metieron a Lot en la casa con ellos, y cerraron la puerta.
11 Y a los hombres que estaban a la entrada de la casa los hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se cansaban tratando de hallar la entrada.
12 Lot Huye de Sodoma Entonces los dos hombres dijeron a Lot: “¿A quién más tienes aquí? A tus yernos, a tus hijos, a tus hijas y quienquiera que tengas en la ciudad, sácalos de este lugar.
13 “Porque vamos a destruir este lugar, pues su clamor ha llegado a ser tan grande delante del Señor, que el Señor nos ha enviado a destruirlo.”
14 Lot salió y habló a sus yernos que iban a casarse con sus hijas, y dijo: “Levántense, salgan de este lugar porque el Señor destruirá la ciudad.” Pero a sus yernos les pareció que bromeaba.
15 Al amanecer, los ángeles apremiaban a Lot, diciendo: “Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no sean destruidos en el castigo de la ciudad.”
16 Pero él titubeaba. Entonces los dos hombres los tomaron de la mano, a él, y a su mujer y a sus dos hijas, porque la compasión del Señor estaba sobre él. Los sacaron y los pusieron fuera de la ciudad.
17 Cuando los habían llevado fuera, uno le dijo: “Huye por tu vida. No mires detrás de ti y no te detengas en ninguna parte del valle. Escapa al monte, no sea que perezcas.”
18 “No, por favor, señores míos,” les dijo Lot.
19 “Ahora tu siervo ha hallado gracia ante tus ojos, y has engrandecido tu misericordia la cual me has mostrado salvándome la vida. Pero no puedo escapar al monte, no sea que el desastre me alcance, y muera.
20 Mira, esta ciudad está bastante cerca para huir a ella, y es pequeña. Te ruego que me dejes huir allá (¿acaso no es pequeña?) para salvar mi vida.”
21 Y él le respondió: “Bien, te concedo también esta petición de no destruir la ciudad de que has hablado.
22 Date prisa, escapa allá, porque nada puedo hacer hasta que llegues allí.” Por eso el nombre que se le puso a la ciudad fue Zoar (Pequeña).
23 Destrucción de Sodoma y Gomorra El sol había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar.
24 Entonces el Señor hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra, de parte del Señor desde los cielos.
25 El destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos los habitantes de las ciudades y todo lo que crecía en la tierra.
26 Pero la mujer de Lot, que iba tras él, miró hacia atrás y se convirtió en una columna de sal.
27 Abraham se levantó muy de mañana, y fue al sitio donde había estado delante del Señor.
28 Dirigió la vista hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra del valle y miró; y el humo ascendía de la tierra como el humo de un horno.
29 Pero cuando Dios destruyó las ciudades del valle, se acordó de Abraham e hizo salir a Lot de en medio de la destrucción, cuando destruyó las ciudades donde había habitado Lot.
30 Moab y Amón Lot subió de Zoar y habitó en los montes, y sus dos hijas con él, pues tenía miedo de quedarse en Zoar. Y habitó en una cueva, él y sus dos hijas.
31 Entonces la mayor dijo a la menor: “Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se llegue a nosotras según la costumbre de toda la tierra.
32 Ven, hagamos que beba vino nuestro padre, y acostémonos con él para preservar nuestra familia por medio de nuestro padre.”
33 Aquella noche hicieron que su padre bebiera vino, y la mayor entró y se acostó con su padre, y él no supo cuando ella se acostó ni cuando se levantó.
34 Al día siguiente la mayor dijo a la menor: “Mira, anoche yo me acosté con mi padre. Hagamos que beba vino esta noche también, y entonces entra tú y acuéstate con él, para preservar nuestra familia por medio de nuestro padre.”
35 De manera que también aquella noche hicieron que su padre bebiera vino, y la menor se levantó y se acostó con él, y él no supo cuando ella se acostó ni cuando se levantó.
36 Así las dos hijas de Lot concibieron de su padre.
37 Y la mayor dio a luz un hijo, y lo llamó Moab. El es el padre de los Moabitas hasta hoy.
38 En cuanto a la menor, también ella dio a luz un hijo, y lo llamó Ben (Hijo de) Ammi. El es el padre de los Amonitas hasta hoy.
1 Abraham y Abimelec Abraham salió de donde estaba hacia la tierra del Neguev (región del sur), y se estableció entre Cades y Shur. Entonces estuvo por un tiempo en Gerar.
2 Abraham decía de Sara su mujer: “Es mi hermana.” Entonces Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara.
3 Pero Dios vino a Abimelec en un sueño de noche, y le dijo: “Tú eres hombre muerto por razón de la mujer que has tomado, pues está casada.”
4 Pero Abimelec no se había acercado a ella, y dijo: “Señor, ¿destruirás a una nación aunque sea inocente?
5 ¿No me dijo él mismo: ‘Es mi hermana’? Y ella también dijo: ‘Es mi hermano.’ En la integridad de mi corazón y con manos inocentes yo he hecho esto.”
6 Entonces Dios le dijo en el sueño: “Sí, Yo sé que en la integridad de tu corazón has hecho esto. Y además, Yo te guardé de pecar contra mí, por eso no te dejé que la tocaras.
7 Ahora pues, devuelve la mujer al marido, porque él es profeta y orará por ti, y vivirás. Pero si no la devuelves, sabe que de cierto morirás, tú y todos los tuyos.”
8 Abimelec se levantó muy de mañana, llamó a todos sus siervos y relató todas estas cosas a oídos de ellos; y los hombres se atemorizaron en gran manera.
9 Entonces Abimelec llamó a Abraham, y le dijo: “¿Qué nos has hecho? ¿Y en qué he pecado contra ti, para que hayas traído sobre mí y sobre mi reino un pecado tan grande? Me has hecho cosas que no se deben hacer.”
10 Abimelec añadió a Abraham: “¿Qué has hallado para que hayas hecho esto?”
11 Y Abraham respondió: “Porque me dije: Sin duda no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.
12 Además, en realidad es mi hermana, hija de mi padre, pero no hija de mi madre. Ella vino a ser mi mujer.
13 Cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije a ella: ‘Este es el favor que me harás: a cualquier lugar que vayamos, dirás de mí: “Es mi hermano.”’”
14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer.
15 Y le dijo Abimelec: “Mi tierra está delante de ti. Habita donde quieras.”
16 A Sara le dijo: “Mira, he dado a tu hermano 1,000 monedas de plata. Esta es tu vindicación delante de todos los que están contigo, y ante todos quedas vindicada.”
17 Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec, a su mujer y a sus siervas, y tuvieron hijos.
18 Porque el Señor había cerrado completamente toda matriz en la casa de Abimelec por causa de Sara, mujer de Abraham.
1 Nacimiento de Isaac Entonces el Señor prestó atención a Sara como había dicho, e hizo el Señor por Sara como había prometido.
2 Sara concibió y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo señalado que Dios le había dicho.
3 Abraham le puso el nombre de Isaac al hijo que le nació, que le dio Sara.
4 A los ocho días Abraham circuncidó a su hijo Isaac, como Dios le había mandado.
5 Abraham tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac.
6 Sara dijo: “Dios me ha hecho reír; cualquiera que lo oiga se reirá conmigo.”
7 Y añadió: “¿Quién le hubiera dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? Pues bien, le he dado un hijo en su vejez.”
8 Agar e Ismael Expulsados El niño creció y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado.
9 Pero Sara vio al hijo que Agar la Egipcia le había dado a Abraham burlándose de su hijo Isaac.
10 Por eso le dijo a Abraham: “Echa fuera a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de ser heredero junto con mi hijo Isaac.”
11 El asunto angustió a Abraham en gran manera por tratarse de su hijo.
12 Pero Dios dijo a Abraham: “No te angusties por el muchacho ni por tu sierva. Presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia.
13 También del hijo de la sierva haré una nación, por ser tu descendiente.”
14 Se levantó, pues, Abraham muy de mañana, tomó pan y un odre de agua y los dio a Agar poniéndoselos sobre el hombro, y le dio el muchacho y la despidió. Y ella se fue y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
15 Cuando el agua del odre se acabó, ella dejó al muchacho debajo de uno de los arbustos.
16 Entonces ella fue y se sentó enfrente, como a un tiro de arco de distancia, porque dijo: “Que no vea yo morir al niño.” Y se sentó enfrente y alzó su voz y lloró.
17 Dios oyó la voz del muchacho que lloraba; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: “¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.
18 Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano, porque Yo haré de él una gran nación.”
19 Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua. Fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.
20 Dios estaba con el muchacho, que creció y habitó en el desierto y se hizo arquero.
21 Y habitó en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto.
22 Pacto entre Abraham y Abimelec Aconteció por aquel tiempo que Abimelec, con Ficol, jefe de su ejército, habló a Abraham: “Dios está contigo en todo lo que haces.
23 Ahora pues, júrame aquí por Dios que no obrarás falsamente conmigo, ni con mi descendencia, ni con mi posteridad, sino que conforme a la bondad que te he mostrado, así me mostrarás a mí y a la tierra en la cual has residido.”
24 “Yo lo juro,” le dijo Abraham.
25 Pero Abraham se quejó a Abimelec a causa de un pozo de agua del cual los siervos de Abimelec se habían apoderado.
26 Y Abimelec dijo: “No sé quién haya hecho esto, ni tú me lo habías hecho saber, ni yo lo había oído hasta hoy.”
27 Abraham tomó ovejas y vacas y se los dio a Abimelec, y los dos hicieron un pacto.
28 Entonces Abraham puso aparte siete corderas del rebaño.
29 Abimelec dijo a Abraham: “¿Qué significan estas siete corderas que has puesto aparte?”
30 Y Abraham respondió: “Tomarás estas siete corderas de mi mano para que esto me sirva de testimonio de que yo cavé este pozo.”
31 Por lo cual llamó aquel lugar Beerseba (Pozo del Juramento), porque allí juraron los dos.
32 Hicieron, pues, un pacto en Beerseba. Se levantó Abimelec con Ficol, jefe de su ejército, y regresaron a la tierra de los Filisteos.
33 Abraham plantó un tamarisco en Beerseba, y allí invocó el nombre del Señor, el Dios eterno.
34 Y peregrinó Abraham en la tierra de los Filisteos por muchos días.
1 Dios Prueba a Abraham Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: “¡Abraham!” Y él respondió: “Aquí estoy.”
2 Y Dios dijo: “Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré.”
3 Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac. También partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.
4 Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos.
5 Entonces Abraham dijo a sus criados: “Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes.”
6 Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Y los dos iban juntos.
7 Isaac habló a su padre Abraham: “Padre mío.” Y él respondió: “Aquí estoy, hijo mío.” “Aquí están el fuego y la leña,” Isaac dijo, “pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”
8 Y Abraham respondió: “Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto, hijo mío.” Y los dos iban juntos.
9 Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña.
10 Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.
11 Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: “¡Abraham, Abraham!” Y él respondió: “Aquí estoy.”
12 Y el ángel dijo: “No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada. Porque ahora sé que temes (reverencias) a Dios, ya que no Me has rehusado tu hijo, tu único.”
13 Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
14 Y Abraham llamó aquel lugar con el nombre de El Señor Proveerá, como se dice hasta hoy: “En el monte del Señor se proveerá.”
15 El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo,
16 y le dijo: “Por Mí mismo he jurado,” declara el Señor, “que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único,
17 de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos.
18 En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido Mi voz.”
19 Entonces Abraham volvió a sus criados, y se levantaron y fueron juntos a Beerseba. Y habitó Abraham en Beerseba.
20 La Familia de Rebeca Después de estas cosas, le dieron noticia a Abraham, diciendo: “Milca también le ha dado hijos a tu hermano Nacor:
21 Uz su primogénito, Buz su hermano, y Kemuel, padre de Aram,
22 Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel.”
23 Y Betuel fue el padre de Rebeca. Estos ocho hijos dio a luz Milca a Nacor, hermano de Abraham.
24 También su concubina, de nombre Reúma, dio a luz a Teba, a Gaham, a Tahas y a Maaca.
1 Muerte y Sepultura de Sara Sara vivió 127 años. Estos fueron los años de la vida de Sara.
2 Sara murió en Quiriat Arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham fue a hacer duelo por Sara y a llorar por ella.
3 Después Abraham dejó a su difunta, y habló a los hijos de Het:
4 “Yo soy extranjero y peregrino entre ustedes; denme en propiedad una sepultura entre ustedes, para que pueda sepultar a mi difunta y separarla de delante de mí.”
5 Los hijos de Het le respondieron a Abraham:
6 “Escúchenos, señor nuestro: usted es un príncipe poderoso entre nosotros. Sepulte a su difunta en el mejor de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros le negará su sepulcro para que sepulte a su difunta.”
7 Abraham se levantó e hizo una reverencia al pueblo de aquella tierra, los hijos de Het,
8 y habló con ellos: “Si es su voluntad que yo sepulte aquí a mi difunta separándola de delante de mí, escúchenme e intercedan por mí con Efrón, hijo de Zohar,
9 para que me dé la cueva de Macpela que le pertenece, que está al extremo de su campo. Que en presencia de ustedes me la dé por un precio justo en posesión para una sepultura.”
10 Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Y Efrón, el Hitita, respondió a Abraham a oídos de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad:
11 “No, señor mío, escúcheme. Le doy el campo y le doy la cueva que está en él. A la vista de los hijos de mi pueblo se lo doy. Sepulte a su difunta.”
12 Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de aquella tierra,
13 y a oídos del pueblo de aquella tierra le hablo a Efrón: “Le ruego que me oiga. Le daré el precio del campo. Acéptelo de mí, para que pueda sepultar allí a mi difunta.”
14 Efrón respondió a Abraham:
15 “Señor mío, escúcheme: una tierra que vale 400 siclos (4.56 kilos) de plata, ¿qué es eso entre usted y yo? Sepulte, pues, a su difunta.”
16 Abraham escuchó a Efrón. Y Abraham pesó la plata que éste había mencionado a oídos de los hijos de Het: 400 siclos de plata, medida comercial.
17 Así el campo de Efrón que está en Macpela, frente a Mamre, el campo y la cueva que hay en él, y todos los árboles en el campo dentro de sus confines, fueron cedidos
18 a Abraham en propiedad a la vista de los hijos de Het, delante de todos los que entraban por la puerta de su ciudad.
19 Después de esto, Abraham sepultó a Sara su mujer en la cueva del campo de Macpela frente a Mamre, es decir, Hebrón, en la tierra de Canaán.
20 El campo y la cueva que hay en él fueron cedidos a Abraham en posesión para una sepultura por los hijos de Het.
1 Abraham Busca Esposa para Isaac Abraham era viejo, entrado en años; y el Señor había bendecido a Abraham en todo.
2 Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era mayordomo de todo lo que poseía: “Te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo,
3 y te haré jurar por el Señor, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos, entre los cuales yo habito,
4 sino que irás a mi tierra y a mis parientes, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.”
5 Y el siervo le dijo: “Tal vez la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Debo volver y llevar a su hijo a la tierra de donde usted vino?”
6 “De ningún modo debes llevar allá a mi hijo,” le respondió Abraham.
7 “El Señor, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra donde nací, y que me habló y me juró, diciendo: ‘A tu descendencia daré esta tierra,’ El mandará Su ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo.
8 Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de éste mi juramento. Sólo que no lleves allá a mi hijo.”
9 El siervo puso la mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este asunto.
10 Rebeca es Escogida Entonces el siervo tomó diez camellos de entre los camellos de su señor, y partió con toda clase de bienes de su señor en su mano; se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.
11 El siervo hizo que se arrodillaran los camellos fuera de la ciudad, junto al pozo de agua, al atardecer, a la hora en que las mujeres salen por agua,
12 y dijo: “Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, Te ruego que me des éxito hoy, y que tengas misericordia de mi señor Abraham.
13 Yo estoy de pie aquí junto a la fuente de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad salen para sacar agua.
14 Que sea la joven a quien yo diga: ‘Por favor, baje su cántaro para que yo beba,’ y que responda: ‘Beba, y también daré de beber a sus camellos,’ la que Tú has designado para Tu siervo Isaac. Por ello sabré que has mostrado misericordia a mi señor.”
15 Y sucedió que antes de haber terminado de hablar, Rebeca, hija de Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham, salió con el cántaro sobre su hombro.
16 La joven era muy hermosa, virgen, ningún hombre la había conocido. Bajó ella a la fuente, llenó su cántaro y subió.
17 Entonces el siervo corrió a su encuentro, y le dijo: “Le ruego que me dé a beber un poco de agua de su cántaro.”
18 “Beba, señor mío,” le dijo ella. Y enseguida bajó el cántaro a su mano, y le dio de beber.
19 Cuando había terminado de darle de beber, dijo: “Sacaré también para sus camellos hasta que hayan terminado de beber.”
20 Rápidamente vació el cántaro en el abrevadero, y corrió otra vez a la fuente para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.
21 Entretanto el hombre la observaba en silencio, para saber si el Señor había dado éxito o no a su viaje.
22 Cuando los camellos habían terminado de beber, el hombre tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo (5.7 gramos), y dos brazaletes que pesaban diez siclos (114 gramos) de oro.
23 Y le preguntó: “¿De quién es hija? Dígame, le ruego, ¿hay en la casa de su padre lugar para hospedarnos?”
24 Ella le respondió: “Soy hija de Betuel, el hijo que Milca dio a Nacor.”
25 También le dijo: “Tenemos suficiente paja y forraje, y lugar para hospedarse.”
26 Entonces el hombre se postró y adoró al Señor,
27 y dijo: “Bendito sea el Señor, Dios de mi señor Abraham, que no ha dejado de mostrar Su misericordia y Su fidelidad hacia mi señor. El Señor me ha guiado en el camino a la casa de los hermanos de mi señor.”
28 Rebeca Confirma su Elección La joven corrió y contó estas cosas a los de la casa de su madre.
29 Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, y Labán salió corriendo hacia el hombre a la fuente.
30 Cuando Labán vio el anillo y los brazaletes en las manos de su hermana, y oyó las palabras de su hermana Rebeca, que le contó: “Esto es lo que el hombre me dijo,” Labán fue al hombre, que estaba con los camellos junto a la fuente,
31 y le dijo: “Entra, bendito del Señor, ¿Por qué estás afuera? Yo he preparado la casa y un lugar para los camellos.”
32 Entonces el hombre entró en la casa, y Labán descargó los camellos y les dio paja y forraje, y trajo agua para que se lavaran los pies, él y los hombres que estaban con él.
33 Pero cuando la comida fue puesta delante de él para que comiera, dijo: “No comeré hasta que haya dicho el propósito de mi viaje.” “Habla,” le dijo Labán.
34 “Soy siervo de Abraham,” comenzó a decir.
35 “Y el Señor ha bendecido en gran manera a mi señor, que se ha enriquecido. Le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.
36 Sara, la mujer de mi señor, le dio un hijo a mi señor en su vejez; y mi señor le ha dado a él todo lo que posee.
37 “Mi señor me hizo jurar: ‘No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los Cananeos, en cuya tierra habito,
38 sino que irás a la casa de mi padre y a mis parientes, y tomarás mujer para mi hijo.’
39 Yo dije a mi señor: ‘Tal vez la mujer no quiera seguirme.’
40 Y él me respondió: ‘El Señor, delante de quien he andado, enviará Su ángel contigo para dar éxito a tu viaje, y tomarás mujer para mi hijo de entre mis parientes y de la casa de mi padre.
41 Entonces cuando llegues a mis parientes quedarás libre de mi juramento; y si ellos no te la dan, también quedarás libre de mi juramento.’
42 “Hoy llegué a la fuente, y dije: ‘Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, si ahora quieres, Tú puedes dar éxito a mi viaje en el cual ando.
43 Yo estoy parado aquí junto a la fuente de agua. Que la doncella que salga a sacar agua, y a quien yo diga: “Le ruego que me dé a beber un poco de agua de su cántaro,”
44 y ella me diga, “Beba, y también sacaré para sus camellos,” que sea ella la mujer que el Señor ha designado para el hijo de mi señor.’
45 “Antes de que yo hubiera terminado de hablar en mi corazón, Rebeca salió con su cántaro al hombro, y bajó a la fuente y sacó agua, y yo le dije: ‘Le ruego que me dé de beber.’
46 Y ella enseguida bajó el cántaro de su hombro, y dijo: ‘Beba, y daré de beber también a sus camellos’; de modo que bebí, y ella dio de beber también a los camellos.
47 “Entonces le pregunté: ‘¿De quién es hija?’ Y ella contestó: ‘Soy hija de Betuel, hijo de Nacor, que le dio a luz Milca’; y puse el anillo en su nariz, y los brazaletes en sus manos.
48 Y me postré y adoré al Señor, y bendije al Señor, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino verdadero para tomar la hija del pariente de mi señor para su hijo.
49 Ahora pues, si han de mostrar bondad y sinceridad con mi señor, díganmelo; y si no, díganmelo también, para que vaya yo a la mano derecha o a la izquierda.”
50 Labán y Betuel respondieron: “Del Señor ha salido esto. No podemos decir que está mal ni que está bien.
51 Mira, Rebeca está delante de ti, tómala y vete, y que sea ella la mujer del hijo de tu señor, como el Señor ha dicho.”
52 Cuando el siervo de Abraham escuchó sus palabras, se postró en tierra delante del Señor.
53 Entonces el siervo sacó objetos de plata, objetos de oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.
54 Después él y los hombres que estaban con él comieron y bebieron y pasaron allí la noche. Cuando se levantaron por la mañana, el siervo dijo: “Envíenme a mi señor.”
55 Pero el hermano y la madre de Rebeca dijeron: “Permite que la joven se quede con nosotros unos días, quizá diez; después se irá.”
56 “No me detengan,” les dijo el siervo, “puesto que el Señor ha dado éxito a mi viaje; envíenme para que vaya a mi señor.”
57 “Llamaremos a la joven,” respondieron ellos, “y le preguntaremos cuáles son sus deseos.”
58 Entonces llamaron a Rebeca y le dijeron: “¿Te irás con este hombre?” “Iré,” dijo ella.
59 Enviaron, pues, a su hermana Rebeca y a su nodriza con el siervo de Abraham y sus hombres.
60 Bendijeron a Rebeca y le dijeron: “Que tú, hermana nuestra, Te conviertas en millares de miríadas, Y posean tus descendientes La puerta de los que los aborrecen.”
61 Isaac y Rebeca Se Encuentran Rebeca se levantó con sus doncellas y, montadas en los camellos, siguieron al hombre. El siervo, pues, tomó a Rebeca y se fue.
62 Isaac había venido a Beer Lajai Roi, pues habitaba en la tierra del Neguev (región del sur).
63 Y por la tarde Isaac salió al campo a meditar. Alzó los ojos y vio que venían unos camellos.
64 Rebeca alzó los ojos, y cuando vio a Isaac, bajó del camello,
65 y dijo al siervo: “¿Quién es ese hombre que camina por el campo a nuestro encuentro?” “Es mi señor,” le respondió el siervo. Y ella tomó el velo y se cubrió.
66 El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho.
67 Entonces Isaac la trajo a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca y ella fue su mujer, y la amó. Así se consoló Isaac después de la muerte de su madre.
1 Descendientes de Abraham y Cetura Abraham volvió a tomar mujer, y su nombre era Cetura.
2 Ella le dio hijos: Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.
3 Jocsán fue el padre de Seba y de Dedán. Los hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim.
4 Los hijos de Madián fueron Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron los hijos de Cetura.
5 Abraham dio a Isaac todo lo que poseía.
6 A los hijos de sus concubinas Abraham les dio regalos, viviendo aún él, y los envió lejos de su hijo Isaac hacia el este, a la tierra del oriente.
7 Muerte y Sepultura de Abraham Estos fueron los años de la vida de Abraham: 175 años.
8 Abraham murió en buena vejez, anciano y lleno de días, y fue reunido a su pueblo.
9 Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, en el campo de Efrón, hijo de Zohar, el Hitita, que está frente a Mamre,
10 el campo que Abraham compró a los hijos de Het. Allí fue sepultado Abraham con Sara su mujer.
11 Después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a su hijo Isaac. Y habitó Isaac junto a Beer Lajai Roi.
12 Descendientes de Ismael Estas son las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, el que Agar la Egipcia, sierva de Sara, le dio a Abraham.
13 Estos son los nombres de los hijos de Ismael, nombrados por el orden de su nacimiento: el primogénito de Ismael, Nebaiot, después, Cedar, Adbeel, Mibsam,
14 Misma, Duma, Massa,
15 Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema.
16 Estos fueron los hijos de Ismael, y éstos sus nombres, por sus aldeas y por sus campamentos: doce príncipes según sus tribus.
17 Estos fueron los años de la vida de Ismael: 137 años. Murió, y fue reunido a su pueblo.
18 Sus descendientes habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto, según se va hacia Asiria. Se establecieron allí frente a todos sus parientes.
19 Nacimiento de Esaú y de Jacob Estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham fue el padre de Isaac.
20 Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, el Arameo de Padán Aram, hermana de Labán el Arameo.
21 Isaac oró al Señor en favor de su mujer, porque ella era estéril; y el Señor lo escuchó, y Rebeca su mujer concibió.
22 Los hijos luchaban dentro de ella y ella dijo: “Si esto es así, ¿para qué vivo yo?” Y fue a consultar al Señor.
23 Y el Señor le dijo: “Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos se dividirán desde tus entrañas; Un pueblo será más fuerte que el otro, Y el mayor servirá al menor.”
24 Cuando se cumplieron los días de dar a luz, había mellizos en su seno.
25 El primero salió rojizo, todo cubierto de vello, y lo llamaron Esaú.
26 Y después salió su hermano, con su mano asida al talón de Esaú, y lo llamaron Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando Rebeca dio a luz a los mellizos.
27 Esaú Vende su Primogenitura Los niños crecieron, y Esaú llegó a ser diestro cazador, hombre del campo. Pero Jacob era hombre pacífico, que habitaba en tiendas.
28 Isaac amaba a Esaú porque le gustaba lo que cazaba, pero Rebeca amaba a Jacob.
29 Un día, cuando Jacob había preparado un potaje, Esaú vino agotado del campo.
30 Entonces Esaú dijo a Jacob: “Te ruego que me des a comer un poco de ese guisado rojo, pues estoy agotado.” Por eso lo llamaron Edom.
31 “Véndeme primero tu primogenitura,” le contestó Jacob.
32 “Mira, yo estoy a punto de morir,” le dijo Esaú; “¿de qué me sirve, pues, la primogenitura?”
33 “Júramelo primero,” replicó Jacob. Esaú se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob.”
34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas. El comió y bebió, se levantó y se fue. Así despreció Esaú la primogenitura.
1 Dios Renueva la Promesa a Isaac Y hubo hambre en la tierra, además del hambre anterior que había ocurrido durante los días de Abraham. Entonces Isaac se fue a Gerar, donde vivía Abimelec, rey de los Filisteos.
2 El Señor se le apareció a Isaac y le dijo: “No desciendas a Egipto. Quédate en la tierra que Yo te diré.
3 Reside en esta tierra y Yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré contigo el juramento que juré a tu padre Abraham.
4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras. En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra,
5 porque Abraham Me obedeció, y guardó Mi ordenanza, Mis mandamientos, Mis estatutos y Mis leyes.”
6 Isaac Engaña a Abimelec Habitó, pues, Isaac en Gerar.
7 Cuando los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, Isaac dijo: “Es mi hermana”; porque tenía temor de decir: “Es mi mujer.” Porque pensaba: “no sea que los hombres del lugar me maten por causa de Rebeca, pues es de hermosa apariencia.”
8 Y sucedió que después de haber estado ellos allí largo tiempo, Abimelec, rey de los Filisteos, miró por una ventana y vio a Isaac acariciando a Rebeca su mujer.
9 Entonces Abimelec llamó a Isaac, y le dijo: “Ciertamente ella es tu mujer. ¿Por qué, pues, dijiste: ‘Es mi hermana’?” “Porque me dije: ‘No sea que yo muera por causa de ella’” respondió Isaac.
10 Y Abimelec dijo: “¿Qué es esto que nos has hecho? Porque alguien del pueblo fácilmente pudiera haberse acostado con tu mujer, y hubieras traído culpa sobre nosotros.”
11 Abimelec ordenó a todo el pueblo: “El que toque a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.”
12 Bendición de Dios sobre Isaac Isaac sembró en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno. Y el Señor lo bendijo.
13 Isaac se enriqueció, y siguió engrandeciéndose hasta que llegó a ser muy poderoso,
14 porque tenía rebaños de ovejas, vacas y mucha servidumbre, y los Filisteos le tenían envidia.
15 Todos los pozos que los siervos de su padre habían cavado en los días de su padre Abraham, los Filisteos los cegaron llenándolos de tierra.
16 Entonces Abimelec dijo a Isaac: “Vete de aquí, porque tú eres mucho más poderoso que nosotros.”
17 Isaac se fue de allí, acampó en el Valle de Gerar y se estableció (habitó) allí.
18 Isaac volvió a cavar los pozos de agua que habían sido cavados en los días de su padre Abraham, porque los Filisteos los habían cegado después de la muerte de Abraham, y les puso los mismos nombres que su padre les había puesto.
19 Cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle encontraron allí un pozo de aguas vivas.
20 Entonces riñeron los pastores de Gerar con los pastores de Isaac, diciendo: “El agua es nuestra.” Por eso él llamó al pozo Esek (Riña), porque habían reñido con él.
21 Cavaron otro pozo, y también riñeron por él; por eso lo llamó Sitna (Enemistad).
22 Y se trasladó de allí y cavó otro pozo, y no riñeron por él; por eso lo llamó Rehobot (Lugares amplios), porque dijo: “Al fin el Señor ha hecho lugar para nosotros, y prosperaremos en la tierra.”
23 De allí Isaac subió a Beerseba.
24 El Señor se le apareció aquella misma noche y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre Abraham; No temas, porque Yo estoy contigo. Y te bendeciré y multiplicaré tu descendencia, Por amor de Mi siervo Abraham.”
25 Y allí Isaac construyó un altar e invocó el nombre del Señor y plantó allí su tienda; y allí abrieron los siervos de Isaac un pozo.
26 Pacto entre Isaac y Abimelec Entonces Abimelec vino a él desde Gerar, con su consejero Ahuzat y con Ficol, jefe de su ejército.
27 Y les dijo Isaac: “¿Por qué han venido a mí, ustedes que me odian y me han echado de entre ustedes?”
28 Y ellos respondieron: “Vemos claramente que el Señor ha estado contigo, así es que dijimos: ‘Haya ahora un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y hagamos un pacto contigo,
29 de que no nos harás ningún mal, así como nosotros no te hemos tocado y sólo te hemos hecho bien, y te hemos despedido en paz. Tú eres ahora el bendito del Señor.’”
30 Entonces él les preparó un banquete, y comieron y bebieron.
31 Muy de mañana se levantaron y se hicieron mutuo juramento. Entonces Isaac los despidió y ellos se fueron de su lado en paz.
32 Aquel mismo día los siervos de Isaac llegaron y le informaron acerca del pozo que habían cavado, y le dijeron: “Hemos hallado agua.”
33 Y lo llamó Seba (Juramento). Por eso el nombre de la ciudad es Beerseba (Pozo del Juramento) hasta hoy.
34 Cuando Esaú tenía cuarenta años, se casó con Judit, hija de Beeri, el Hitita, y con Basemat, hija de Elón, el Hitita;
35 y ellas hicieron la vida insoportable para Isaac y Rebeca.
1 Jacob Suplanta a Esaú Y aconteció que siendo ya viejo Isaac, y sus ojos demasiado débiles para ver, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: “Hijo mío.” “Aquí estoy,” le respondió Esaú.
2 Y dijo Isaac: “Mira, yo soy viejo y no sé el día de mi muerte.
3 Ahora pues, te ruego, toma tu equipo, tu aljaba y tu arco, sal al campo y tráeme caza.
4 Prepárame un buen guisado como a mí me gusta, y tráemelo para que yo coma, y que mi alma te bendiga antes que yo muera.”
5 Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Y cuando Esaú fue al campo a cazar una pieza para traer a casa,
6 Rebeca dijo a su hijo Jacob: “Mira, oí a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú, diciéndole:
7 ‘Tráeme caza y prepárame un buen guisado para que coma y te bendiga en presencia del Señor antes de mi muerte.’
8 Ahora pues, hijo mío, obedéceme en lo que te mando.
9 Ve ahora al rebaño y tráeme de allí dos de los mejores cabritos de las cabras, y yo prepararé con ellos un buen guisado para tu padre como a él le gusta.
10 “Entonces se lo llevarás a tu padre, que comerá, para que te bendiga antes de su muerte.”
11 Pero Jacob dijo a su madre Rebeca: “Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño.
12 Quizá mi padre me toque, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición.”
13 Pero su madre le respondió: “Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío. Solamente obedéceme. Ve y tráemelos.”
14 Jacob fue, tomó los cabritos y los trajo a su madre, y su madre hizo un buen guisado, como a su padre le gustaba.
15 Entonces Rebeca tomó las mejores vestiduras de Esaú, su hijo mayor, que ella tenía en la casa, y vistió a Jacob, su hijo menor.
16 Le puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre la parte lampiña del cuello,
17 y puso el guisado que había hecho y el pan en manos de su hijo Jacob.
18 Entonces Jacob fue a su padre, y le dijo: “Padre mío.” “Aquí estoy. ¿Quién eres, hijo mío?” preguntó Isaac.
19 Jacob contestó a su padre: “Soy Esaú tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Levántate, te ruego. Siéntate y come de mi caza para que me bendigas.”
20 Pero Isaac dijo a su hijo: “¿Cómo es que la has encontrado tan pronto, hijo mío?” “Porque el Señor tu Dios hizo que así me sucediera,” respondió Jacob.
21 Isaac entonces dijo a Jacob: “Te ruego que te acerques para tocarte, hijo mío, a ver si en verdad eres o no mi hijo Esaú.”
22 Jacob se acercó a Isaac su padre, y él lo tocó y dijo: “La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú.”
23 No lo reconoció porque sus manos eran velludas como las de su hermano Esaú, y lo bendijo.
24 Y le preguntó: “¿Eres en verdad mi hijo Esaú?” “Yo soy,” respondió Jacob.
25 Entonces dijo: “Sírveme, y comeré de la caza de mi hijo para que yo te bendiga.” Y le sirvió, y comió; le trajo también vino, y bebió.
26 Y su padre Isaac le dijo: “Te ruego que te acerques y me beses, hijo mío.”
27 Jacob se acercó y lo besó; y al notar el olor de sus vestidos, Isaac lo bendijo, diciendo: “Ciertamente el olor de mi hijo Es como el aroma de un campo que el Señor ha bendecido.
28 “Dios te dé, pues, del rocío del cielo, Y de la riqueza de la tierra, Y abundancia de grano y de vino nuevo.
29 “Sírvante pueblos, Y póstrense ante ti naciones; Sé señor de tus hermanos, E inclínense ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldigan, Y benditos los que te bendigan.”
30 Pero tan pronto como Isaac había terminado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú llegó de su cacería.
31 También él hizo un buen guisado y lo trajo a su padre, y dijo a su padre: “Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que tú me bendigas.”
32 Y su padre Isaac le dijo: “¿Quién eres?” “Soy tu hijo, tu primogénito, Esaú,” le respondió.
33 Isaac tembló con un estremecimiento muy grande, y dijo: “¿Quién fue entonces el que trajo caza, antes de que tú vinieras, y me la trajo y yo comí de todo, y lo bendije? Sí, y bendito será.”
34 Al oír Esaú las palabras de su padre, clamó con un grande y amargo clamor, y dijo a su padre: “¡Bendíceme, bendíceme también a mí, padre mío!”
35 Pero Isaac respondió: “Tu hermano vino con engaño y se ha llevado tu bendición.”
36 Y Esaú dijo: “Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado estas dos veces. Primero me quitó mi primogenitura y ahora me ha quitado mi bendición.” Y añadió: “¿No has reservado una bendición para mí?”
37 “Mira,” le respondió Isaac, “yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus parientes; y con grano y vino nuevo lo he sustentado. En cuanto a ti ¿qué haré, pues, hijo mío?”
38 Y Esaú dijo a su padre: “¿No tienes más que una bendición, padre mío? Bendíceme, bendíceme también a mí, padre mío.” Y Esaú alzó su voz y lloró.
39 Entonces su padre Isaac le dijo: “Lejos de la fertilidad de la tierra será tu morada, Y lejos del rocío que baja del cielo.
40 Por tu espada vivirás, Y a tu hermano servirás; Mas acontecerá que cuando te impacientes, Arrancarás su yugo de tu cuello.”
41 Rencor de Esaú Esaú, pues, guardó rencor a Jacob a causa de la bendición con que su padre lo había bendecido; y Esaú se dijo: “Los días de luto por mi padre están cerca; entonces mataré a mi hermano Jacob.”
42 Cuando las palabras de Esaú, su hijo mayor, le fueron comunicadas a Rebeca, envió a llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: “Mira, en cuanto a ti, tu hermano Esaú se consuela con la idea de matarte.
43 Ahora pues, hijo mío, obedece mi voz: levántate y huye a Harán, a casa de mi hermano Labán.
44 Quédate con él algunos días hasta que se calme el furor de tu hermano;
45 hasta que la ira de tu hermano contra ti se calme, y olvide lo que le hiciste. Entonces enviaré y te traeré de allá. ¿Por qué he de sufrir la pérdida de ustedes dos en un mismo día?”
46 Entonces Rebeca dijo a Isaac: “Estoy cansada de vivir a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué me servirá la vida?”
1 Jacob Enviado a Padán Aram Isaac llamó a Jacob, lo bendijo y le ordenó: “No tomarás mujer de entre las hijas de Canaán.
2 Levántate, ve a Padán Aram, a casa de Betuel, padre de tu madre; y toma de allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre.
3 El Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te multiplique, para que llegues a ser multitud de pueblos.
4 Que también te dé la bendición de Abraham, a ti y a tu descendencia contigo, para que tomes posesión de la tierra de tus peregrinaciones, la que Dios dio a Abraham.”
5 Entonces Isaac despidió a Jacob, y éste fue a Padán Aram, a casa de Labán, hijo de Betuel el Arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y Esaú.
6 Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padán Aram para tomar allí mujer para sí, y que cuando lo bendijo, le dio órdenes, diciendo: “No tomarás para ti mujer de entre las hijas de Canaán.”
7 También supo que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padán Aram.
8 Vio, pues, Esaú que las hijas de Canaán no eran del agrado de su padre Isaac;
9 y Esaú fue a Ismael, y tomó por mujer, además de las mujeres que ya tenía, a Mahalat, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nebaiot.
10 Sueño de Jacob Jacob salió de Beerseba, y fue para Harán.
11 Llegó a cierto lugar y pasó la noche allí, porque el sol se había puesto; tomó una de las piedras del lugar, la puso de cabecera y se acostó en aquel lugar.
12 Tuvo un sueño, y vio que había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo. Por ella los ángeles de Dios subían y bajaban.
13 El Señor estaba de pie junto a él, y dijo: “Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.
14 También tu descendencia será como el polvo de la tierra. Te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra.
15 Ahora bien, Yo estoy contigo. Te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido.”
16 Despertó Jacob de su sueño y dijo: “Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía.”
17 Y tuvo miedo y añadió: “¡Cuán imponente es este lugar! Esto no es más que la casa de Dios, y ésta es la puerta del cielo.”
18 Jacob se levantó muy de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió por señal y derramó aceite por encima.
19 A aquel lugar le puso el nombre de Betel (Casa de Dios), aunque anteriormente el nombre de la ciudad había sido Luz.
20 Entonces Jacob hizo un voto, diciendo: “Si Dios está conmigo y me guarda en este camino en que voy, y me da alimento para comer y ropa para vestir,
21 y vuelvo sano y salvo (en paz) a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios.
22 Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo.”
1 Encuentro de Jacob y Raquel Entonces Jacob siguió su camino, y fue a la tierra de los hijos del oriente.
2 Y miró, y vio un pozo en el campo donde tres rebaños de ovejas estaban echados allí junto a él, porque de aquel pozo daban de beber a los rebaños, y la piedra sobre la boca del pozo era grande.
3 Cuando todos los rebaños se juntaban allí, entonces rodaban la piedra de la boca del pozo y daban de beber a las ovejas, y volvían a poner la piedra en su lugar sobre la boca del pozo.
4 Y Jacob dijo a los pastores: “Hermanos míos, ¿de dónde son?” “Somos de Harán,” le contestaron.
5 Entonces les dijo: “¿Conocen a Labán, hijo de Nacor?” “Lo conocemos,” le respondieron.
6 “¿Se encuentra bien?” les preguntó Jacob. “Está bien. Mira, su hija Raquel viene con las ovejas,” le contestaron.
7 Entonces Jacob dijo: “Aún es pleno día, no es tiempo de recoger el ganado. Den de beber a las ovejas, y vayan a apacentarlas.”
8 Pero ellos dijeron: “No podemos, hasta que se junten todos los rebaños y quiten la piedra de la boca del pozo. Entonces daremos de beber a las ovejas.”
9 Todavía estaba él hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues ella era pastora.
10 Cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y las ovejas de Labán, hermano de su madre, Jacob subió y quitó la piedra de la boca del pozo, y dio de beber al rebaño de Labán, hermano de su madre.
11 Entonces Jacob besó a Raquel, y alzó su voz y lloró.
12 Jacob hizo saber a Raquel que él era pariente de su padre, y que era hijo de Rebeca. Y ella corrió y se lo hizo saber a su padre.
13 Labán Engaña a Jacob Cuando Labán oyó las noticias de Jacob, hijo de su hermana, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo trajo a su casa. Entonces él contó a Labán todas estas cosas.
14 Y Labán le dijo: “Ciertamente tú eres hueso mío y carne mía.” Y Jacob se quedó con él todo un mes.
15 Y Labán dijo a Jacob: “¿Acaso porque eres mi pariente has de servirme de balde? Hazme saber cuál será tu salario.”
16 Labán tenía dos hijas. El nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel.
17 Los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de bella figura y de hermoso parecer.
18 Jacob se había enamorado de Raquel, y dijo: “Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor.”
19 Labán le respondió: “Mejor es dártela a ti que dársela a otro hombre. Quédate conmigo.”
20 Jacob, pues, sirvió siete años por Raquel, y le parecieron unos pocos días, por el amor que le tenía.
21 Entonces Jacob dijo a Labán: “Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido para unirme a ella.”
22 Labán reunió a todos los hombres del lugar, e hizo un banquete.
23 Y al anochecer tomó a su hija Lea y se la trajo, y Jacob se llegó a ella.
24 Y Labán dio su sierva Zilpa a su hija Lea como sierva.
25 Cuando fue de mañana, sucedió que era Lea. Y Jacob dijo a Labán: “¿Qué es esto que me has hecho? ¿No fue por Raquel que te serví? ¿Por qué, pues, me has engañado?”
26 Y Labán respondió: “No se acostumbra en nuestro lugar dar a la menor antes que a la mayor.
27 “Cumple la semana nupcial de ésta, y te daremos también la otra por el servicio que habrás de rendirme aún otros siete años.”
28 Así lo hizo Jacob, y cumplió la semana de ella. Y él le dio a su hija Raquel por mujer.
29 Y Labán dio su sierva Bilha a su hija Raquel como sierva.
30 Jacob se llegó también a Raquel, y amó más a Raquel que a Lea; y sirvió a Labán durante otros siete años.
31 Hijos de Jacob Vio el Señor que Lea era aborrecida, y le concedió hijos. Pero Raquel era estéril.
32 Y concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén (Vean, un hijo), pues dijo: “Por cuanto el Señor ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará.”
33 Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: “Por cuanto el Señor ha oído que soy aborrecida, me ha dado también este hijo.” Así que le puso por nombre Simeón (El que oye).
34 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: “Ahora esta vez mi marido se apegará a mí, porque le he dado tres hijos.” Así que le puso por nombre Leví (Apegado).
35 Concibió una vez más y dio a luz un hijo, y dijo: “Esta vez alabaré al Señor.” Así que le puso por nombre Judá (Alabado). Y dejó de dar a luz.
1 Lea y Raquel Pero viendo Raquel que ella no daba hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana, y dijo a Jacob: “Dame hijos, o si no, me muero.”
2 Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y dijo: “¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?”
3 Y ella dijo: “Aquí está mi sierva Bilha. Llégate a ella para que dé a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo también tenga hijos.”
4 Raquel le dio a su sierva Bilha por mujer, y Jacob se llegó a ella.
5 Bilha concibió y dio a luz un hijo a Jacob.
6 Entonces Raquel dijo: “Dios me ha vindicado. Ciertamente ha oído mi voz y me ha dado un hijo.” Por tanto le puso por nombre Dan (El juzgó).
7 Concibió otra vez Bilha, sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob.
8 Y Raquel dijo: “Con grandes luchas he luchado con mi hermana, y ciertamente he prevalecido.” Y le puso por nombre Neftalí (Mi lucha).
9 Viendo Lea que había dejado de dar a luz, tomó a su sierva Zilpa y la dio por mujer a Jacob.
10 Y Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un hijo a Jacob.
11 Entonces Lea dijo: “¡Cuán afortunada!” Y le puso por nombre Gad (Fortuna).
12 Después Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un segundo hijo a Jacob.
13 Y Lea dijo: “Dichosa de mí, porque las mujeres me llamarán bienaventurada.” Y le puso por nombre Aser (Dichoso).
14 En los días de la cosecha de trigo, Rubén fue y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a su madre Lea. Entonces Raquel dijo a Lea: “Dame, te ruego, de las mandrágoras de tu hijo.”
15 Pero ella le respondió: “¿Te parece poco haberme quitado el marido? ¿Me quitarás también las mandrágoras de mi hijo?” “Que él duerma, pues, contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo,” le dijo Raquel.
16 Cuando Jacob vino del campo por la tarde, Lea salió a su encuentro y le dijo: “Debes llegarte a mí, porque ciertamente te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo.” Y él durmió con ella aquella noche.
17 Escuchó Dios a Lea, y ella concibió y dio a luz el quinto hijo a Jacob.
18 Entonces Lea dijo: “Dios me ha dado mi recompensa porque di mi sierva a mi marido.” Y le puso por nombre Isacar (Recompensa).
19 Concibió Lea otra vez y dio a luz el sexto hijo a Jacob.
20 Y Lea dijo: “Dios me ha favorecido con una buena dote. Ahora mi marido vivirá conmigo, porque le he dado seis hijos.” Y le puso por nombre Zabulón (Exaltado).
21 Después dio a luz una hija, y le puso por nombre Dina.
22 Entonces Dios se acordó de Raquel. Y Dios la escuchó y le concedió hijos.
23 Ella concibió y dio a luz un hijo, y dijo: “Dios ha quitado mi afrenta.”
24 Y le puso por nombre José (El añade), diciendo: “Que el Señor me añada otro hijo.”
25 Prosperidad de Jacob Cuando Raquel hubo dado a luz a José, Jacob dijo a Labán: “Despídeme para que me vaya a mi lugar y a mi tierra.
26 Dame mis mujeres y mis hijos por los cuales te he servido, y déjame ir. Porque tú bien sabes el servicio que te he prestado.”
27 Pero Labán le respondió: “Si ahora he hallado gracia ante tus ojos, quédate conmigo. Me he dado cuenta de que el Señor me ha bendecido por causa tuya.”
28 “Fíjame tu salario, y te lo daré,” añadió Labán.
29 Pero Jacob le respondió: “Tú sabes cómo te he servido, y cómo le ha ido a tu ganado conmigo.
30 Porque tenías poco antes de que yo viniera, y ha aumentado hasta ser multitud. El Señor te ha bendecido en todo lo que he hecho. Y ahora, ¿cuándo proveeré yo también para mi propia casa?”
31 “¿Qué te daré?” preguntó Labán. “No me des nada,” respondió Jacob. “Volveré a pastorear y a cuidar tu rebaño si tan sólo haces esto por mí:
32 déjame pasar por entre todo tu rebaño hoy, apartando de él toda oveja moteada o manchada y todos los corderos negros, y las manchadas o moteadas de entre las cabras, y ése será mi salario.
33 Mi honradez (justicia) responderá por mí el día de mañana, cuando vengas a ver acerca de mi salario. Todo lo que no sea moteado y manchado entre las cabras, y negro entre los corderos, si es hallado conmigo, se considerará robado.”
34 Y Labán dijo: “Muy bien, sea conforme a tu palabra.”
35 Aquel mismo día apartó Labán los machos cabríos rayados o manchados y todas las cabras moteadas o manchadas, y todo lo que tenía algo de blanco, y de entre los corderos todos los negros, y lo puso todo al cuidado de sus hijos.
36 Y puso una distancia de tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba el resto de los rebaños de Labán.
37 Entonces Jacob tomó varas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y les sacó tiras blancas de la corteza, descubriendo así lo blanco de las varas.
38 Y colocó las varas que había descortezado delante de los rebaños, en los canales, en los abrevaderos, donde los rebaños venían a beber; y se apareaban cuando venían a beber.
39 Así se apareaban los rebaños junto a las varas, y los rebaños tenían crías rayadas, moteadas y manchadas.
40 Jacob apartó los corderos, y puso los rebaños en dirección a lo rayado y a todo lo negro en el rebaño de Labán, y puso su propio rebaño aparte. No lo puso con el rebaño de Labán.
41 Además, cada vez que los más robustos del rebaño se apareaban, Jacob ponía las varas a la vista del rebaño en los canales, para que se aparearan frente a las varas.
42 Pero cuando el rebaño era débil, no las ponía, de manera que las crías débiles vinieron a ser de Labán y las robustas de Jacob.
43 Así prosperó el hombre en gran manera, y tuvo grandes rebaños, y siervas y siervos, y camellos y asnos.
1 Jacob Decide Volver a Canaán Pero Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: “Jacob se ha apoderado de todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha hecho toda esta riqueza.”
2 También Jacob observó la actitud de Labán, que ya no era amigable para con él como antes.
3 Entonces el Señor dijo a Jacob: “Vuelve a la tierra de tus padres y a tus familiares, y Yo estaré contigo.”
4 Jacob, pues, envió a llamar a Raquel y a Lea al campo, donde estaba su rebaño,
5 y les dijo: “Veo que el semblante de su padre no es amigable para conmigo como antes. Pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.
6 “Ustedes saben que he servido a su padre con todas mis fuerzas.
7 No obstante él me ha engañado, y ha cambiado mi salario diez veces; sin embargo, Dios no le ha permitido perjudicarme.
8 Si él decía: ‘Las moteadas serán tu salario,’ entonces todo el rebaño paría moteadas; y si decía: ‘Las rayadas serán tu salario,’ entonces todo el rebaño paría rayadas.
9 De esta manera Dios ha quitado el ganado al padre de ustedes y me lo ha dado a mí.
10 “Y sucedió que por el tiempo cuando el rebaño estaba en celo, alcé los ojos y vi en sueños que los machos cabríos que cubrían las hembras eran rayados, moteados y abigarrados.
11 Entonces el ángel de Dios me dijo en el sueño: ‘Jacob’; y yo respondí: ‘Aquí estoy.’
12 Y él dijo: ‘Levanta ahora los ojos y ve que todos los machos cabríos que están cubriendo las hembras son rayados, moteados y abigarrados, pues yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.
13 Yo soy el Dios de Betel, donde tú ungiste un pilar, donde Me hiciste un voto. Levántate ahora, sal de esta tierra, y vuelve a la tierra donde naciste.’”
14 Raquel y Lea le respondieron: “¿Tenemos todavía nosotras parte o herencia alguna en la casa de nuestro padre?
15 ¿No nos ha tratado como extranjeras? Pues nos ha vendido, y también ha consumido por completo el precio de nuestra compra.
16 Ciertamente, toda la riqueza que Dios ha quitado de nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos; ahora pues, todo lo que Dios te ha dicho, hazlo.”
17 Jacob Huye de Labán Entonces Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres en los camellos,
18 y puso en camino todo su ganado y todas las posesiones que había acumulado, el ganado adquirido que había acumulado en Padán Aram, para ir a Isaac su padre, a la tierra de Canaán.
19 Mientras Labán había ido a trasquilar sus ovejas, Raquel robó los ídolos domésticos que eran de su padre.
20 Jacob engañó a Labán Arameo al no informarle que huía.
21 Huyó, pues, Jacob con todo lo que tenía. Se levantó, cruzó el río Eufrates y se dirigió hacia la región montañosa de Galaad.
22 Labán Alcanza a Jacob Al tercer día, cuando informaron a Labán que Jacob había huido,
23 tomó a sus parientes consigo y lo persiguió por siete días; y lo alcanzó en los montes de Galaad.
24 Pero Dios vino a Labán Arameo en sueños durante la noche, y le dijo: “De ningún modo hables a Jacob ni bien ni mal.”
25 Alcanzó, pues, Labán a Jacob, quien había plantado su tienda en la región montañosa, y Labán y sus parientes acamparon en los montes de Galaad.
26 Entonces Labán dijo a Jacob: “¿Qué has hecho, engañándome y llevándote a mis hijas como si fueran cautivas de guerra?
27 ¿Por qué huiste en secreto y me engañaste, y no me avisaste para que yo pudiera despedirte con alegría y cantos, con panderos y liras?
28 ¿Por qué no me has permitido besar a mis hijos y a mis hijas? En esto has obrado neciamente.
29 Tengo poder para hacerte daño, pero anoche el Dios de tu padre me dijo: ‘De ningún modo hables a Jacob ni bien ni mal.’
30 Ahora, ciertamente te has marchado porque anhelabas mucho la casa de tu padre. Pero ¿por qué robaste mis dioses?”
31 Entonces Jacob respondió a Labán: “Porque tuve miedo, pues dije: ‘No sea que me quites a tus hijas a la fuerza.’
32 Pero aquél con quien encuentres tus dioses, no vivirá. En presencia de nuestros parientes indica (reconoce) lo que es tuyo entre mis cosas y llévatelo.” Pues Jacob no sabía que Raquel los había robado.
33 Entró entonces Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea y en la tienda de las dos siervas, pero no los encontró. Después salió de la tienda de Lea y entró en la tienda de Raquel.
34 Raquel había tomado los ídolos domésticos, los había puesto en los aparejos del camello y se había sentado sobre ellos. Y Labán buscó por toda la tienda, pero no los encontró.
35 Y ella dijo a su padre: “No se enoje mi señor porque no pueda levantarme delante de usted, pues estoy con lo que es común entre las mujeres.” Y él buscó, pero no encontró los ídolos domésticos.
36 Jacob Responde a Labán Entonces se enojó Jacob y discutió con Labán. Y Jacob dijo a Labán: “¿Cuál es mi transgresión? ¿Cuál es mi pecado para que con tanta insistencia me hayas perseguido?
37 Aunque has buscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todas las cosas de tu casa? Ponlo delante de mis parientes y de tus parientes para que ellos juzguen entre nosotros dos.
38 “Estos veinte años yo he estado contigo. Tus ovejas y tus cabras no han abortado, ni yo he comido los carneros de tus rebaños.
39 No te traía lo despedazado por las fieras. Yo cargaba con la pérdida. Tú lo demandabas de mi mano, tanto lo robado de día como lo robado de noche.
40 Estaba yo que de día el calor me consumía y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.
41 Estos veinte años he estado en tu casa. Catorce años te serví por tus dos hijas y seis por tu rebaño, y diez veces cambiaste mi salario.
42 “Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham, y temor de Isaac, no hubiera estado conmigo, ciertamente me hubieras enviado ahora con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi aflicción y la labor de mis manos, y anoche hizo justicia.”
43 Pacto entre Labán y Jacob Respondió Labán a Jacob: “Las hijas son mis hijas, y los hijos mis hijos, y los rebaños mis rebaños, y todo lo que ves es mío. ¿Pero qué puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas dieron a luz?
44 Ahora bien, ven, hagamos un pacto tú y yo y que sirva de testimonio entre los dos.”
45 Entonces Jacob tomó una piedra y la levantó como señal.
46 Y Jacob dijo a sus parientes: “Recojan piedras.” Y tomaron piedras e hicieron un montón, y comieron allí junto al montón.
47 Labán lo llamó Jegar Sahaduta, pero Jacob lo llamó Galed.
48 Entonces Labán dijo: “Este montón es hoy un testigo entre tú y yo.” Por eso fue llamado Galed,
49 y Mizpa (Vigía), porque dijo: “Que el Señor nos vigile a los dos cuando nos hayamos apartado el uno del otro.
50 Si maltratas a mis hijas, o si tomas otras mujeres además de mis hijas, aunque nadie lo sepa, mira, Dios es testigo entre tú y yo.”
51 Y Labán dijo a Jacob: “Mira este montón, y mira el pilar que he puesto entre tú y yo.
52 Testigo sea este montón y testigo sea el pilar de que yo no pasaré de este montón hacia ti y tú no pasarás de este montón y de este pilar hacia mí, para hacer daño.
53 El Dios de Abraham y el Dios de Nacor, Dios de sus padres, juzgue entre nosotros.” Entonces Jacob juró por el que temía su padre Isaac.
54 Luego ofreció Jacob un sacrificio en el monte, y llamó a sus parientes a comer. Comieron, y pasaron la noche en el monte.
55 Labán se levantó muy de mañana, besó a sus hijos y a sus hijas, y los bendijo. Entonces Labán se fue y regresó a su lugar.
1 Jacob Teme Encontrarse con Esaú Cuando Jacob siguió su camino, los ángeles de Dios le salieron al encuentro.
2 Y al verlos, Jacob dijo: “Este es el campamento de Dios.” Por eso le puso a aquel lugar el nombre de Mahanaim (Dos Campamentos).
3 Entonces Jacob envió mensajeros delante de sí a su hermano Esaú, a la tierra de Seir, región de Edom.
4 Y les dio órdenes, diciendo: “Así dirán a mi señor Esaú: ‘Así dice su siervo Jacob: “He morado con Labán, y allí me he quedado hasta ahora.
5 Tengo bueyes, asnos y rebaños, siervos y siervas; y envío a avisar a mi señor, para hallar gracia ante sus ojos.”’”
6 Los mensajeros regresaron a Jacob, diciendo: “Fuimos a su hermano Esaú, y él también viene a su encuentro, y 400 hombres con él.”
7 Jacob tuvo mucho temor y se angustió. Dividió en dos campamentos la gente que estaba con él, y las ovejas, las vacas y los camellos,
8 y dijo: “Si Esaú viene a un campamento y lo ataca, el campamento que queda escapará.”
9 Entonces Jacob dijo: “Oh Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, oh Señor, que me dijiste: ‘Vuelve a tu tierra y a tus familiares, y Yo te haré prosperar.’
10 Indigno soy de toda misericordia y de toda la fidelidad que has mostrado a Tu siervo. Porque con sólo mi cayado crucé este Jordán, y ahora he llegado a tener dos campamentos.
11 Líbrame, Te ruego, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque yo le tengo miedo, no sea que venga y me hiera a mí y a las madres con los hijos.
12 Porque Tú me dijiste: ‘De cierto te haré prosperar, y haré tu descendencia como la arena del mar que no se puede contar por su gran cantidad.’”
13 Jacob pasó la noche allí. Entonces de lo que tenía consigo escogió un presente para su hermano Esaú:
14 doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros,
15 treinta camellas criando con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez asnos.
16 Jacob los entregó a sus siervos, cada manada aparte, y dijo a sus siervos: “Pasen delante de mí, y pongan un buen espacio entre manada y manada.”
17 Y ordenó al primero: “Cuando mi hermano Esaú te encuentre y te pregunte: ‘¿De quién eres y adónde vas, y de quién son estos animales que van delante de ti?’
18 entonces responderás: ‘Son de su siervo Jacob. Es un presente enviado a mi señor Esaú. Mire, él también viene detrás de nosotros.’”
19 También dio órdenes al segundo y al tercero, y a todos los que iban tras las manadas, diciendo: “De esta manera hablarán a Esaú cuando lo encuentren,
20 y dirán: ‘Mire, su siervo Jacob también viene detrás de nosotros.’” Pues dijo: “Lo apaciguaré con el presente que va delante de mí. Y después veré su rostro; quizá me acepte.”
21 El presente pasó, pues, delante de él, y Jacob durmió aquella noche en el campamento.
22 Jacob Lucha con el Angel de Dios Aquella misma noche Jacob se levantó, y tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Jaboc.
23 Después que los tomó y los hizo pasar el arroyo, hizo pasar también todo lo que tenía.
24 Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba.
25 Cuando vio que no podía prevalecer contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él.
26 Entonces el hombre dijo: “Suéltame porque raya el alba.” “No te soltaré si no me bendices,” le respondió Jacob.
27 “¿Cómo te llamas?” le preguntó el hombre. “Jacob,” le respondió él.
28 Y el hombre dijo: “Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel (El que lucha con Dios), porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido.”
29 Entonces Jacob le dijo: “Dame a conocer ahora tu nombre.” “¿Para qué preguntas por mi nombre?” le respondió el hombre. Y lo bendijo allí.
30 Y Jacob le puso a aquel lugar el nombre de Peniel (El rostro de Dios), porque dijo: “He visto a Dios cara a cara, y ha sido preservada mi vida.”
31 El sol salía cuando Jacob cruzaba Peniel, y cojeaba de su muslo.
32 Por eso, hasta hoy, los Israelitas no comen el tendón de la cadera que está en la coyuntura del muslo, porque el hombre tocó la coyuntura del muslo de Jacob en el tendón de la cadera.
1 Encuentro de Jacob y Esaú Cuando Jacob alzó los ojos, vio que Esaú venía y 400 hombres con él. Entonces dividió a los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas.
2 Puso a las siervas con sus hijos delante, a Lea con sus hijos después, y a Raquel con José en último lugar.
3 Entonces Jacob se les adelantó, y se inclinó hasta el suelo siete veces hasta que llegó cerca de su hermano.
4 Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó, y echándose sobre su cuello lo besó, y ambos lloraron.
5 Esaú alzó sus ojos y vio a las mujeres y a los niños, y dijo: “¿Quiénes son éstos que vienen contigo?” “Son los hijos que Dios en su misericordia ha concedido a tu siervo,” respondió Jacob.
6 Entonces se acercaron las siervas con sus hijos, y se inclinaron.
7 Lea también se acercó con sus hijos, y se inclinaron. Después José se acercó con Raquel, y se inclinaron.
8 “¿Qué te propones con toda esta muchedumbre que he encontrado?” preguntó Esaú. “Hallar gracia ante los ojos de mi señor,” respondió Jacob.
9 Pero Esaú dijo: “Tengo bastante, hermano mío. Sea tuyo lo que es tuyo.”
10 Pero Jacob respondió: “No, te ruego que si ahora he hallado gracia ante tus ojos, tomes el presente de mi mano, porque veo tu rostro como uno ve el rostro de Dios, y me has recibido favorablemente.
11 Acepta, te ruego, el presente que se te ha traído, pues Dios me ha favorecido, y porque yo tengo mucho.” Y le insistió, y él lo aceptó.
12 Entonces Esaú dijo: “Pongámonos en marcha y vámonos; yo iré delante de ti.”
13 Pero él le dijo: “Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que debo cuidar de las ovejas y las vacas que están criando. Si los apuramos mucho, en un solo día todos los rebaños morirán.
14 Adelántese ahora mi señor a su siervo; y yo avanzaré sin prisa, al paso del ganado que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor en Seir.”
15 Y Esaú dijo: “Permíteme dejarte parte de la gente que está conmigo.” “¿Para qué? Halle yo gracia ante los ojos de mi señor,” le respondió Jacob.
16 Aquel mismo día regresó Esaú por su camino a Seir.
17 Jacob siguió hasta Sucot. Allí se edificó una casa e hizo cobertizos para su ganado. Por eso al lugar se le puso el nombre de Sucot.
18 Jacob en Siquem Jacob llegó sin novedad a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, cuando vino de Padán Aram, y acampó frente a la ciudad.
19 Y la parcela de campo donde había plantado su tienda se la compró a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por 100 monedas (100 siclos, 1140 gr de plata).
20 Allí levantó un altar, y lo llamó: El Elohe Israel (Dios, el Dios de Israel).
1 Deshonra de Dina en Siquem Y Dina, la hija de Lea, a quien ésta había dado a luz a Jacob, salió a visitar a las hijas de la tierra.
2 Cuando la vio Siquem, hijo de Hamor Heveo, príncipe de la tierra, se la llevó y se acostó con ella y la violó.
3 Pero él se enamoró de Dina, hija de Jacob, y amó a la joven y le habló tiernamente.
4 Entonces Siquem habló a su padre Hamor, diciendo: “Consígueme a esta muchacha por mujer.”
5 Y Jacob oyó que Siquem había deshonrado a su hija Dina, pero como sus hijos estaban con el ganado en el campo, Jacob guardó silencio hasta que ellos llegaran.
6 Hamor, padre de Siquem, salió a donde Jacob para hablar con él.
7 Y los hijos de Jacob regresaron del campo al oírlo. Y aquellos hombres estaban muy tristes e irritados en gran manera porque Siquem había cometido una terrible ofensa (infamia) en Israel acostándose con la hija de Jacob, pues tal cosa no debe hacerse.
8 Pero Hamor habló con ellos: “El alma de mi hijo Siquem anhela a la hija de ustedes. Les ruego que se la den por mujer.
9 Enlácense con nosotros en matrimonios. Dennos sus hijas y tomen las nuestras para ustedes.
10 Así morarán con nosotros, y la tierra estará a su disposición. Habiten y comercien y adquieran propiedades en ella.”
11 Dijo también Siquem al padre y a los hermanos de ella: “Si hallo gracia ante sus ojos, les daré lo que me digan.
12 Pídanme cuanta dote y presentes quieran y les daré conforme a lo que me digan, pero denme a la joven por mujer.”
13 Pero los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Hamor y les hablaron con engaño, porque Siquem había deshonrado a su hermana Dina.
14 Y les dijeron: “No podemos hacer tal cosa, dar nuestra hermana a un hombre no circuncidado, pues para nosotros eso es una deshonra.
15 Sólo con esta condición los complaceremos: si ustedes se hacen como nosotros, circuncidándose cada uno de sus varones;
16 entonces sí les daremos nuestras hijas, y tomaremos sus hijas para nosotros, y moraremos con ustedes y seremos un solo pueblo.
17 Pero si no nos escuchan, y no se circuncidan, entonces tomaremos a nuestra hija y nos iremos.”
18 Venganza de los Hijos de Jacob Sus palabras parecieron razonables a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor.
19 El joven, pues, no tardó en hacerlo porque estaba enamorado de la hija de Jacob. Y él era el más respetado de toda la casa de su padre.
20 Entonces Hamor y su hijo Siquem vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los hombres de la ciudad:
21 “Estos hombres están en paz con nosotros; déjenlos, pues, morar en la tierra y comerciar en ella, porque vean, la tierra es bastante amplia para ellos. Tomemos para nosotros a sus hijas por mujeres y démosles nuestras hijas.
22 Pero sólo con esta condición consentirán ellos en morar con nosotros para que seamos un solo pueblo: que se circuncide todo varón entre nosotros, como ellos están circuncidados.
23 ¿No serán nuestros su ganado y sus propiedades y todos sus animales? Consintamos sólo en esto, y morarán con nosotros.”
24 Y escucharon a Hamor y a su hijo Siquem todos los que salían por la puerta de la ciudad, y fue circuncidado todo varón: todos los que salían por la puerta de la ciudad.
25 Pero sucedió que al tercer día, cuando estaban con más dolor, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada y entraron en la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varón.
26 Mataron también a Hamor y a su hijo Siquem a filo de espada, y tomaron a Dina de la casa de Siquem, y salieron.
27 Después vinieron los hijos de Jacob, pasaron sobre los muertos y saquearon la ciudad, porque ellos habían deshonrado a su hermana.
28 Y se llevaron sus ovejas, sus vacas y sus asnos, lo que había en la ciudad y lo que había en el campo.
29 También se llevaron cautivos a todos sus pequeños y a sus mujeres, y saquearon todos sus bienes y todo lo que había en las casas.
30 Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: “Ustedes me han traído dificultades, haciéndome odioso entre los habitantes del país, entre los Cananeos y los Ferezeos. Como mis hombres son pocos, ellos se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.”
31 Pero ellos dijeron: “¿Había de tratar él a nuestra hermana como a una ramera?”
1 Jacob Vuelve a Betel Entonces Dios dijo a Jacob: “Levántate, sube a Betel (Casa de Dios) y habita allí. Haz allí un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.”
2 Y Jacob dijo a los de su casa y a todos los que estaban con él: “Quiten los dioses extranjeros que hay entre ustedes. Purifíquense y cámbiense los vestidos.
3 Levantémonos, y subamos a Betel; y allí haré un altar a Dios, quien me respondió en el día de mi angustia, y que ha estado conmigo en el camino por donde he andado.”
4 Entregaron, pues, a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían en su poder y los pendientes que tenían en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que estaba junto a Siquem.
5 Al continuar el viaje, hubo gran terror en las ciudades alrededor de ellos, y no persiguieron a los hijos de Jacob.
6 Llegó Jacob a Luz, es decir, Betel, que está en la tierra de Canaán, él y todo el pueblo que estaba con él.
7 Edificó allí un altar, y llamó al lugar El Betel (Dios de Betel), porque allí Dios se le había manifestado cuando huía de su hermano.
8 Débora, nodriza de Rebeca, murió y fue sepultada al pie de Betel, debajo de la encina. Esta fue llamada Alón Bacut (Encina del Llanto).
9 Dios Bendice a Jacob Cuando Jacob volvió de Padán Aram Dios se le apareció de nuevo, y lo bendijo.
10 Y Dios le dijo: “Tu nombre es Jacob; No te llamarás más Jacob, Sino que tu nombre será Israel.” Y le puso el nombre de Israel.
11 También le dijo Dios: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate; Una nación y multitud de naciones vendrán de ti, Y reyes saldrán de tus entrañas.
12 La tierra que les di a Abraham y a Isaac, Te la daré a ti Y a tu descendencia después de ti.”
13 Entonces Dios se alejó de su lado, del lugar donde había hablado con él.
14 Jacob erigió un pilar en el lugar donde Dios había hablado con él, un pilar de piedra, y derramó sobre él una libación; también derramó sobre él aceite.
15 Y Jacob le puso el nombre de Betel (Casa de Dios) al lugar donde Dios había hablado con él.
16 Nacimiento de Benjamín Entonces salieron de Betel; y cuando aún faltaba cierta distancia para llegar a Efrata, Raquel comenzó a dar a luz y tuvo mucha dificultad en su parto.
17 Cuando ella estaba en lo más duro del parto, la partera le dijo: “No temas, porque ahora tienes este otro hijo.”
18 Y cuando su alma partía, (pues murió), lo llamó Benoni (Hijo de mi Tristeza); pero su padre lo llamó Benjamín (Hijo de la Diestra).
19 Murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, es decir, Belén (Casa del Pan).
20 Y Jacob erigió un pilar sobre su sepultura; ése es el pilar de la sepultura de Raquel hasta hoy.
21 Entonces Israel salió y plantó su tienda más allá de Migdal Eder (Torre del Rebaño).
22 Los Doce Hijos de Jacob Y mientras Israel moraba en aquella tierra, Rubén fue y se acostó con Bilha, concubina de su padre; e Israel lo supo. Y los hijos de Jacob fueron doce.
23 Hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob, después Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.
24 Hijos de Raquel: José y Benjamín.
25 Hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí.
26 Hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos son los hijos de Jacob que le nacieron en Padán Aram.
27 Muerte de Isaac Jacob fue a su padre Isaac en Mamre de Quiriat Arba, es decir, Hebrón, donde habían residido Abraham e Isaac.
28 Isaac vivió 180 años.
29 Y expiró Isaac. Murió y fue reunido a su pueblo, anciano y lleno de días. Sus hijos Esaú y Jacob lo sepultaron.
1 Descendientes de Esaú Estas son las generaciones de Esaú, es decir, Edom.
2 Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón, el Hitita; a Aholibama, hija de Aná y nieta de Zibeón el Heveo;
3 y a Basemat, hija de Ismael, hermana de Nebaiot.
4 Ada dio a luz a Elifaz para Esaú; y Basemat dio a luz a Reuel.
5 Y Aholibama dio a luz a Jeús, a Jaalam y a Coré. Estos son los hijos que le nacieron a Esaú en la tierra de Canaán.
6 Entonces Esaú tomó a sus mujeres, sus hijos y sus hijas y todas las personas de su casa, también su ganado y todas sus bestias, y todos los bienes que había acumulado en la tierra de Canaán, y se fue a otra tierra lejos de su hermano Jacob.
7 Porque los bienes de ellos habían llegado a ser tantos que no podían habitar juntos, y la tierra en que moraban no podía sostenerlos a causa de su mucho ganado.
8 Esaú habitó en la región montañosa de Seir. Esaú es Edom.
9 Estas son las generaciones de Esaú, padre de los Edomitas, en la región montañosa de Seir.
10 Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú.
11 Y los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam y Quenaz.
12 Timna fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y le dio un hijo, Amalec. Estos son los descendientes de Ada, mujer de Esaú.
13 Estos son los hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza. Estos fueron los hijos de Basemat, mujer de Esaú.
14 Y éstos fueron los hijos de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Aná, nieta de Zibeón: ella tuvo de Esaú a Jeús, Jaalam y Coré.
15 Estos son los jefes de entre los hijos de Esaú. Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, son: el jefe Temán, el jefe Omar, el jefe Zefo, el jefe Quenaz,
16 el jefe Coré, el jefe Gatam y el jefe Amalec. Estos son los jefes que descendieron de Elifaz en la tierra de Edom; éstos son los hijos de Ada.
17 Estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: el jefe Nahat, el jefe Zera, el jefe Sama y el jefe Miza. Estos son los jefes que descendieron de Reuel en la tierra de Edom; éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú.
18 Estos son los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: el jefe Jeús, el jefe Jaalam, el jefe Coré. Estos son los jefes que descendieron de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Aná.
19 Estos fueron los hijos de Esaú, es decir, Edom, y éstos sus jefes.
20 Descendientes de Seir Estos son los hijos de Seir el Horeo, habitantes de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,
21 Disón, Ezer y Disán. Estos son los jefes que descendieron de los Horeos, los hijos de Seir en la tierra de Edom.
22 Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemam; y la hermana de Lotán era Timna.
23 Estos son los hijos de Sobal: Alván, Manahat, Ebal, Sefo y Onam.
24 Estos son los hijos de Zibeón: Aja y Aná. Este es el Aná que halló las fuentes termales en el desierto cuando pastoreaba los asnos de su padre Zibeón.
25 Estos son los hijos de Aná: Disón y Aholibama, hija de Aná.
26 Estos son los hijos de Disón: Hemdán, Esbán, Itrán y Querán.
27 Estos son los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván y Acán.
28 Estos son los hijos de Disán: Uz y Arán.
29 Estos son los jefes que descendieron de los Horeos: el jefe Lotán, el jefe Sobal, el jefe Zibeón, el jefe Aná,
30 el jefe Disón, el jefe Ezer y el jefe Disán. Estos son los jefes que descendieron de los Horeos, jefe por jefe, en la tierra de Seir.
31 Reyes de Edom Estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes de que rey alguno reinara sobre los Israelitas:
32 Bela, hijo de Beor, reinó en Edom; y el nombre de su ciudad era Dinaba.
33 Murió Bela, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zera, de Bosra.
34 Murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los Temanitas.
35 Murió Husam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad era Avit.
36 Murió Hadad, y reinó en su lugar Samla de Masreca.
37 Murió Samla, y reinó en su lugar Saúl de Rehobot, junto al río Eufrates.
38 Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal Hanán, hijo de Acbor.
39 Y murió Baal Hanán, hijo de Acbor, y reinó en su lugar Hadar; y el nombre de su ciudad era Pau; y el nombre de su mujer era Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab.
40 Estos son los nombres de los jefes que descendieron de Esaú, según sus familias y sus localidades, por sus nombres: el jefe Timna, el jefe Alva, el jefe Jetet,
41 el jefe Aholibama, el jefe Ela, el jefe Pinón,
42 el jefe Quenaz, el jefe Temán, el jefe Mibsar,
43 el jefe Magdiel y el jefe Iram. Estos son los jefes de Edom, es decir, Esaú, padre de los Edomitas, según sus moradas en la tierra de su posesión.
1 José y sus Hermanos Jacob habitó en la tierra donde había peregrinado su padre, en la tierra de Canaán.
2 Esta es la historia de las generaciones de Jacob: Cuando José tenía diecisiete años, apacentaba el rebaño con sus hermanos. El joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre. Y José trajo a su padre malos informes sobre ellos.
3 Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque era para él el hijo de su vejez; y le hizo una túnica de muchos colores.
4 Y sus hermanos vieron que su padre amaba más a José que a todos ellos; por eso lo odiaban y no podían hablarle amistosamente.
5 Sueños de José José tuvo un sueño y cuando se lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más.
6 Y él les dijo: “Les ruego que escuchen este sueño que he tenido.
7 Estábamos atando gavillas en medio del campo, y sucedió que mi gavilla se levantó y se puso derecha, y entonces las gavillas de ustedes se ponían alrededor y se inclinaban hacia mi gavilla.”
8 Y sus hermanos le dijeron: “¿Acaso reinarás sobre nosotros? ¿O acaso te enseñorearás sobre nosotros?” Y lo odiaron aún más por causa de sus sueños y de sus palabras.
9 José tuvo también otro sueño, y se lo contó a sus hermanos, diciendo: “He tenido otro sueño; y el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.”
10 Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió, y le dijo: “¿Qué es este sueño que has tenido? ¿Acaso yo, tu madre y tus hermanos vendremos a inclinarnos hasta el suelo ante ti?”
11 Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre reflexionaba sobre lo que se había dicho.
12 José Va en Busca de sus Hermanos Después sus hermanos fueron a apacentar el rebaño de su padre en Siquem.
13 Israel dijo a José: “¿No están tus hermanos apacentando el rebaño en Siquem? Ven, y te voy a enviar a ellos.” “Iré,” le dijo José.
14 Entonces Israel le dijo: “Ve ahora y mira cómo están tus hermanos y cómo está el rebaño, y tráeme noticias de ellos.” Lo envió, pues, desde el Valle de Hebrón, y José fue a Siquem.
15 Estando él dando vueltas por el campo, un hombre lo encontró, y el hombre le preguntó: “¿Qué buscas?”
16 “Busco a mis hermanos,” respondió José; “le ruego que me informe dónde están apacentando el rebaño.”
17 “Se han ido de aquí,” le contestó el hombre, “pues yo les oí decir: ‘Vamos a Dotán.’” Entonces José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán.
18 Complot de los Hermanos de José Cuando ellos lo vieron de lejos, y antes que se les acercara, tramaron contra él para matarlo.
19 Y se dijeron unos a otros: “Aquí viene el soñador.
20 Ahora pues, vengan, matémoslo y arrojémoslo a uno de los pozos; y diremos: ‘Una fiera lo devoró.’ Entonces veremos en qué quedan sus sueños.”
21 Pero Rubén oyó esto y lo libró de sus manos, y dijo: “No le quitemos la vida.”
22 Rubén les dijo además: “No derramen sangre. Echenlo en este pozo del desierto, pero no le pongan la mano encima.” Esto dijo para poder librarlo de las manos de ellos y devolverlo a su padre.
23 Y cuando José llegó a sus hermanos, lo despojaron de su túnica, la túnica de muchos colores que llevaba puesta.
24 Lo tomaron y lo echaron en el pozo. El pozo estaba vacío, no había agua en él.
25 José Vendido como Esclavo Entonces se sentaron a comer, y cuando levantaron los ojos, vieron una caravana de Ismaelitas que venía de Galaad con sus camellos cargados de resina aromática, bálsamo y mirra, e iban bajando hacia Egipto.
26 Y Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué ganaremos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre?
27 Vengan, vendámoslo a los Ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano, carne nuestra.” Y sus hermanos le hicieron caso.
28 Pasaron entonces los mercaderes Madianitas, y ellos sacaron a José, subiéndolo del pozo, y vendieron a José a los Ismaelitas por veinte monedas de plata. Y éstos se llevaron a José a Egipto.
29 Jacob Llora a José Cuando Rubén volvió al pozo, José ya no estaba en el pozo. Entonces rasgó sus vestidos;
30 y volvió a sus hermanos y les dijo: “El muchacho no está allí; y yo, ¿adónde iré?”
31 Así que tomaron la túnica de José, mataron un macho cabrío, y empaparon la túnica en la sangre.
32 Entonces enviaron la túnica de muchos colores y la llevaron a su padre, y dijeron: “Encontramos esto. Te rogamos que lo examines para ver si es la túnica de tu hijo o no.”
33 El la examinó, y dijo: “Es la túnica de mi hijo. Una fiera lo ha devorado. Sin duda José ha sido despedazado.”
34 Jacob rasgó sus vestidos, puso cilicio sobre sus lomos y estuvo de duelo por su hijo muchos días.
35 Todos sus hijos y todas sus hijas vinieron para consolarlo, pero él rehusó ser consolado, y dijo: “Ciertamente enlutado bajaré al Seol (región de los muertos) por causa de mi hijo.” Y su padre lloró por él.
36 Mientras tanto, los Madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.
1 Judá y Tamar Por aquel tiempo Judá se separó de sus hermanos, y visitó a un Adulamita llamado Hira.
2 Allí Judá vio a la hija de un Cananeo llamado Súa. La tomó, y se llegó a ella.
3 Ella concibió y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Er.
4 Concibió otra vez y dio a luz otro hijo, y le puso por nombre Onán.
5 Aún dio a luz a otro hijo, y le puso por nombre Sela. Y fue en Quezib que le nació.
6 Entonces Judá tomó mujer para Er su primogénito, la cual se llamaba Tamar.
7 Pero Er, primogénito de Judá, era malo ante los ojos del Señor, y el Señor le quitó la vida.
8 Entonces Judá dijo a Onán: “Llégate a la mujer de tu hermano, y cumple con ella tu deber como cuñado, y levanta descendencia a tu hermano.”
9 Y Onán sabía que la descendencia no sería suya. Acontecía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba su semen en tierra para no dar descendencia a su hermano.
10 Pero lo que hacía era malo ante los ojos del Señor. También a él le quitó la vida.
11 Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: “Quédate viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Sela”; pues pensaba: “Temo que él muera también como sus hermanos.” Así que Tamar se fue y se quedó en casa de su padre.
12 Pasaron muchos días y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Y pasado el duelo, Judá subió a los trasquiladores de sus ovejas en Timnat, él y su amigo Hira el Adulamita.
13 Y se lo hicieron saber a Tamar, diciéndole: “Mira, tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas.”
14 Entonces ella se quitó sus ropas de viuda y se cubrió con un velo, se envolvió bien y se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timnat. Porque veía que Sela había crecido, y ella aún no había sido dada a él por mujer.
15 Cuando la vio Judá, pensó que era una ramera, pues se había cubierto el rostro.
16 Y se acercó a ella junto al camino, y le dijo: “Vamos, déjame estar contigo;” pues no sabía que era su nuera. “¿Qué me darás por estar conmigo?” le dijo ella.
17 “Yo te enviaré un cabrito de las cabras del rebaño,” respondió Judá. “¿Me darás una prenda hasta que lo envíes?” le dijo ella.
18 “¿Qué prenda tengo que darte?” preguntó Judá. “Tu sello, tu cordón y el báculo que tienes en la mano,” dijo ella. Y él se los dio y se llegó a ella, y ella concibió de él.
19 Entonces ella se levantó y se fue. Se quitó el velo y se puso sus ropas de viuda.
20 Cuando Judá envió el cabrito por medio de su amigo el Adulamita, para recobrar la prenda de mano de la mujer, no la halló.
21 Y preguntó a los hombres del lugar: “¿Dónde está la ramera que estaba en Enaim, junto al camino?” “Aquí no ha habido ninguna ramera,” dijeron ellos.
22 El volvió donde Judá, y le dijo: “No la encontré. Además, los hombres del lugar dijeron: ‘Aquí no ha habido ninguna ramera.’”
23 Entonces Judá dijo: “Que se quede con las prendas, para que no seamos causa de burla. Ya ves que envié este cabrito, y tú no la has encontrado.”
24 Y a los tres meses, informaron a Judá, diciendo: “Tu nuera Tamar ha fornicado, y ha quedado encinta a causa de las fornicaciones.” “Sáquenla y que sea quemada,” dijo Judá.
25 Cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: “Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta.” “Le ruego que examine y vea de quién es este sello, este cordón y este báculo,” añadió ella.
26 Judá los reconoció, y dijo: “Ella es más justa que yo, por cuanto yo no la di por mujer a mi hijo Sela.” Y no volvió a tener más relaciones con ella.
27 Y sucedió que al tiempo de dar a luz, había mellizos en su seno.
28 Aconteció, además, que mientras daba a luz, uno de ellos sacó su mano, y la partera la tomó y le ató un hilo escarlata en la mano, diciendo: “Este salió primero.”
29 Pero sucedió que cuando él retiró su mano, su hermano salió. Entonces ella dijo: “¡Qué brecha te has abierto!” Por eso le pusieron por nombre Fares (Brecha).
30 Después salió su hermano que tenía el hilo escarlata en la mano; y le pusieron por nombre Zara (Amanecer).
1 José Prospera en Egipto Cuando José fue llevado a Egipto, Potifar, un oficial Egipcio de Faraón, capitán de la guardia, lo compró a los Ismaelitas que lo habían llevado allá.
2 Pero el Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre próspero, y vivía en la casa de su amo el Egipcio.
3 Vio su amo que el Señor estaba con él y que el Señor hacía prosperar en su mano todo lo que él hacía.
4 Así José halló gracia ante sus ojos y llegó a ser su siervo personal, lo hizo mayordomo sobre su casa y entregó en su mano todo lo que poseía.
5 Y sucedió que desde el tiempo que lo hizo mayordomo sobre su casa y sobre todo lo que poseía, el Señor bendijo la casa del Egipcio por causa de José. La bendición del Señor estaba sobre todo lo que poseía en la casa y en el campo.
6 Así que todo lo que poseía lo dejó en mano de José, y con él allí no se preocupaba de nada, excepto del pan que comía. Y era José de gallarda figura y de hermoso parecer.
7 José y la Mujer de Potifar Sucedió después de estas cosas que la mujer de su amo miró a José con deseo y le dijo: “Acuéstate conmigo.”
8 Pero él rehusó y dijo a la mujer de su amo: “Estando yo aquí, mi amo no se preocupa de nada en la casa, y ha puesto en mi mano todo lo que posee.
9 No hay nadie más grande que yo en esta casa, y nada me ha rehusado excepto a usted, pues es su mujer. ¿Cómo entonces podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?”
10 Y ella insistía a José día tras día, pero él no accedió a acostarse con ella o a estar con ella.
11 Pero un día que él entró en casa para hacer su trabajo, y no había ninguno de los hombres de la casa allí dentro,
12 entonces ella tomó a José de la ropa, y le dijo: “¡Acuéstate conmigo!” Pero él le dejó su ropa en la mano, y salió huyendo afuera.
13 Cuando ella vio que él había dejado su ropa en sus manos y había huido afuera,
14 llamó a los hombres de su casa y les dijo: “Miren, Potifar nos ha traído un Hebreo para que se burle de nosotros; vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz.
15 Cuando él oyó que yo alzaba la voz y gritaba, dejó su ropa junto a mí y salió huyendo afuera.”
16 Ella dejó junto a sí la ropa de José hasta que su señor vino a casa.
17 Entonces ella le habló con estas palabras: “Vino a mí el esclavo Hebreo que nos trajiste, para burlarse de mí.
18 Y cuando levanté la voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó afuera.”
19 José Echado en la Cárcel Cuando su señor escuchó las palabras que su mujer le dijo: “Esto es lo que tu esclavo me hizo,” se encendió su ira.
20 Entonces el amo de José lo tomó y lo echó en la cárcel, en el lugar donde se encerraba a los presos del rey. Allí permaneció en la cárcel.
21 Pero el Señor estaba con José, le extendió su misericordia y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel.
22 El jefe de la cárcel confió en mano de José a todos los presos que estaban en la cárcel, y de todo lo que allí se hacía él era responsable.
23 El jefe de la cárcel no supervisaba nada que estuviera bajo la responsabilidad de José, porque el Señor estaba con él, y todo lo que él emprendía, el Señor lo hacía prosperar.
1 José Interpreta dos Sueños Después de estas cosas, sucedió que el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto.
2 Faraón se enojó contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos.
3 Y los puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel, en el mismo lugar donde José estaba preso.
4 El capitán de la guardia se los asignó a José, y él les servía. Allí estuvieron bajo custodia por algún tiempo.
5 Entonces el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban encerrados en la cárcel, tuvieron ambos un sueño en una misma noche, cada uno su propio sueño, y cada sueño con su propia interpretación.
6 Cuando José vino a ellos por la mañana y los observó, vio que estaban decaídos.
7 Y preguntó a los oficiales de Faraón que estaban con él bajo custodia en casa de su señor: “¿Por qué están sus rostros tan tristes hoy?”
8 Y ellos le respondieron: “Hemos tenido un sueño y no hay nadie que lo interprete.” Entonces les dijo José, “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Les ruego que me lo cuenten.”
9 Sueño del Copero del Rey Contó, pues, el jefe de los coperos su sueño a José, y le dijo: “En mi sueño, vi que había una vid delante de mí,
10 y en la vid había tres ramas. Y al echar brotes, aparecieron las flores, y sus racimos produjeron uvas maduras.
11 La copa de Faraón estaba en mi mano. Así que tomé las uvas y las exprimí en la copa de Faraón, y puse la copa en la mano de Faraón.”
12 Entonces José le dijo: “Esta es su interpretación: los tres sarmientos son tres días.
13 Dentro de tres días Faraón levantará su cabeza, le restaurará a su puesto y usted pondrá la copa de Faraón en su mano como acostumbraba antes cuando era su copero.
14 Sólo le pido que se acuerde de mí cuando le vaya bien, y le ruego que me haga el favor de hacer mención de mí a Faraón, y me saque de esta casa.
15 Porque la verdad es que yo fui secuestrado de la tierra de los Hebreos, y aun aquí no he hecho nada para que me pusieran en el calabozo.”
16 Sueño del Panadero del Rey Cuando el jefe de los panaderos vio que había interpretado favorablemente, dijo a José: “Yo también vi en mi sueño que había tres cestas de pan blanco sobre mi cabeza.
17 Sobre la cesta de encima había toda clase de manjares hechos por un panadero para Faraón, y las aves los comían de la cesta sobre mi cabeza.”
18 Entonces José respondió: “Esta es su interpretación: las tres cestas son tres días;
19 dentro de tres días Faraón le quitará la cabeza de sobre usted, le colgará en un árbol y las aves comerán la carne de su cuerpo.”
20 Cumplimiento de las Interpretaciones Y sucedió que al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, éste hizo un banquete para todos sus siervos, y levantó la cabeza del jefe de los coperos y la cabeza del jefe de los panaderos (al invitarlos al banquete) en medio de sus siervos.
21 Y restauró al jefe de los coperos a su cargo de copero y éste puso la copa en manos de Faraón;
22 pero ahorcó al jefe de los panaderos, tal como les había interpretado José.
23 Pero el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él.
1 Los Sueños de Faraón Y aconteció que después de dos años, Faraón tuvo un sueño. Soñó que estaba de pie junto al Nilo.
2 Y de pronto, del Nilo subieron siete vacas de hermoso aspecto y gordas, y pacían en el carrizal.
3 Entonces otras siete vacas de mal aspecto y flacas subieron del Nilo detrás de ellas, y se pararon junto a las otras vacas a la orilla del Nilo.
4 Y las vacas de mal aspecto y flacas devoraron las siete vacas de hermoso aspecto y gordas. Entonces Faraón se despertó.
5 Se quedó dormido y soñó por segunda vez. Vio que siete espigas llenas y buenas crecían en una sola caña,
6 y que siete espigas, menudas y quemadas por el viento del este, brotaron después de aquéllas.
7 Y las espigas menudas devoraron a las siete espigas gruesas y llenas. Entonces Faraón despertó, y resultó que era un sueño.
8 Y por la mañana su espíritu estaba turbado, y mandó llamar a todos los magos (sacerdotes adivinos), y a todos sus sabios de Egipto. Faraón les contó sus sueños, pero no hubo quien se los pudiera interpretar a Faraón.
9 Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón: “Quisiera hablar hoy de mis faltas.
10 Cuando Faraón se enojó con sus siervos y me puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, a mí y al jefe de los panaderos,
11 él y yo tuvimos un sueño en una misma noche. Cada uno de nosotros soñó según la interpretación de su propio sueño.
12 Y estaba allí con nosotros un joven Hebreo, un siervo del capitán de la guardia. Y se los contamos, y él nos interpretó los sueños. A cada uno interpretó su sueño.
13 Tal como nos lo había interpretado, así sucedió. A mí me restableció Faraón en mi puesto, pero al otro lo ahorcó.”
14 José Interpreta el Sueño de Faraón Entonces Faraón mandó llamar a José, y lo sacaron aprisa del calabozo. Después de afeitarse y cambiarse sus vestidos, vino a Faraón.
15 Y Faraón dijo a José: “He tenido un sueño y no hay quien lo interprete. Pero he oído decir de ti, que oyes un sueño y lo puedes interpretar.”
16 “No está en mí,” respondió José a Faraón. “Dios dará a Faraón una respuesta favorable.”
17 Entonces Faraón dijo a José: “En mi sueño yo estaba de pie a la orilla del Nilo.
18 Y vi siete vacas gordas y de hermoso aspecto que salieron del Nilo. Pacían en el carrizal.
19 Pero sucedió que otras siete vacas subieron detrás de ellas, pobres, de muy mal aspecto y flacas, de tal fealdad como yo nunca había visto en toda la tierra de Egipto.
20 Y las vacas flacas y feas se comieron las primeras siete vacas gordas.
21 Pero cuando las habían devorado, no se podía notar que las hubieran devorado; pues su aspecto era tan feo como al principio. Entonces me desperté.
22 “En mi sueño también vi que siete espigas llenas y hermosas crecían en una sola caña;
23 y que siete espigas marchitas, menudas y quemadas por el viento del este, brotaron después de aquéllas.
24 Las espigas menudas devoraron a las siete espigas hermosas. Se lo conté a los magos (sacerdotes adivinos), pero no hubo quien me lo pudiera explicar.”
25 Entonces José dijo a Faraón: “Los dos sueños de Faraón son uno. Dios ha anunciado a Faraón lo que El va a hacer.
26 Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años. Los dos sueños son uno.
27 Y las siete vacas flacas y feas que subieron detrás de ellas son siete años, y las siete espigas quemadas por el viento del este serán siete años de hambre.
28 “Esto es lo que he dicho a Faraón: Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer.
29 Van a venir siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto;
30 y después de ellos vendrán siete años de hambre. Será olvidada toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre asolará la tierra.
31 No se conocerá la abundancia en la tierra a causa del hambre que vendrá, que será muy severa.
32 En cuanto a la repetición del sueño a Faraón dos veces, quiere decir que el asunto está determinado por Dios, y que Dios lo hará pronto.
33 “Ahora pues, busque Faraón un hombre prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.
34 Decida Faraón nombrar inspectores sobre el país y exija un quinto de la producción de la tierra de Egipto en los siete años de abundancia.
35 Que los inspectores recojan todos los víveres de esos años buenos que vienen, y almacenen en las ciudades el grano para alimento bajo la autoridad de Faraón, y que lo protejan.
36 Y que los víveres sean una reserva para el país durante los siete años de hambre que ocurrirán en la tierra de Egipto, a fin de que la gente del país no perezca por el hambre.”
37 José Gobernador de Todo Egipto La idea pareció bien a Faraón y a todos sus siervos.
38 Entonces Faraón dijo a sus siervos: “¿Podemos hallar un hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?”
39 Y Faraón dijo a José: “Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú.
40 Tú estarás sobre mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes. Solamente en el trono yo seré mayor que tú.”
41 Faraón dijo también a José: “Mira, te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.”
42 Y Faraón se quitó el anillo de sellar de su mano y lo puso en la mano de José. Lo vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello.
43 Lo hizo montar en su segundo carro, y proclamaron delante de él: “¡Doblen la rodilla!” Y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.
44 Entonces Faraón dijo a José: “Aunque yo soy Faraón, sin embargo, nadie levantará su mano ni su pie sin tu permiso en toda la tierra de Egipto.”
45 Y Faraón llamó a José por el nombre de Zafnat Panea, y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. Y salió José para ver la tierra de Egipto.
46 José tenía treinta años cuando se presentó ante Faraón, rey de Egipto. Y salió José de la presencia de Faraón y recorrió toda la tierra de Egipto.
47 La tierra produjo a manos llenas durante los siete años de abundancia.
48 José recogió todo el fruto de estos siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y guardó el alimento en las ciudades. En cada ciudad guardó el fruto de sus campos circunvecinos.
49 Así José almacenó grano en gran abundancia, como la arena del mar, hasta que dejó de medirlo porque no se podía medir.
50 Antes de que llegaran los años de hambre, le nacieron a José dos hijos, los que le dio Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
51 Al primogénito José le puso el nombre de Manasés (Hace olvidar), porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre.”
52 Y al segundo le puso el nombre de Efraín (Fecundo), porque dijo: “Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción.”
53 Los Siete Años de Hambre Cuando pasaron los siete años de abundancia que había habido en la tierra de Egipto,
54 comenzaron a venir los siete años de hambre, tal como José había dicho. Entonces hubo hambre en todas las tierras, pero en toda la tierra de Egipto había alimento.
55 Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por alimento. Faraón dijo a todos los Egipcios: “Vayan a José, y hagan lo que él les diga.”
56 El hambre también se extendió sobre toda la superficie de la tierra. Entonces José abrió todos los graneros y vendió a los Egipcios, pues el hambre era severa en la tierra de Egipto.
57 Y de todos los países venían a Egipto para comprar grano a José, porque el hambre era severa en toda la tierra.
1 Los Hermanos de José Van a Egipto Viendo Jacob que había alimento en Egipto, dijo a sus hijos: “¿Por qué se están mirando?
2 “He oído que hay alimento en Egipto,” añadió; “desciendan allá, y compren de allí un poco para nosotros, para que vivamos y no muramos.”
3 Entonces diez hermanos de José descendieron para comprar grano en Egipto.
4 Pero Jacob no envió con sus hermanos a Benjamín, hermano de José, porque dijo: “No sea que le suceda algo malo.”
5 Los Israelitas fueron junto con los que iban a comprar grano, pues también había hambre en la tierra de Canaán.
6 Y José era el que mandaba en aquel país. El era quien vendía a todo el pueblo de la tierra. Cuando los hermanos de José llegaron, se postraron ante él rostro en tierra.
7 Al ver José a sus hermanos, los reconoció, pero fingió no conocerlos y les habló duramente. Y les dijo: “¿De dónde han venido?” “De la tierra de Canaán para comprar alimentos,” le respondieron ellos.
8 José había reconocido a sus hermanos, aunque ellos no lo habían reconocido a él.
9 José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: “Ustedes son espías. Han venido para ver las partes indefensas de nuestra tierra.”
10 “No, señor mío,” le dijeron ellos, sino que tus siervos han venido para comprar alimentos.
11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre. Somos hombres honrados, tus siervos no son espías.”
12 “No, sino que ustedes han venido para ver las partes indefensas de nuestra tierra,” les dijo.
13 Pero ellos dijeron: “Tus siervos eran doce hermanos, hijos del mismo padre en la tierra de Canaán; y el menor está hoy con nuestro padre, y el otro ya no existe.”
14 Entonces José les dijo: “Es tal como les dije: ustedes son espías.
15 En esto serán probados; por vida de Faraón que no saldrán de este lugar a menos que su hermano menor venga aquí.
16 Envíen a uno de ustedes y que traiga a su hermano, mientras ustedes quedan presos, para que sean probadas sus palabras, a ver si hay verdad en ustedes. Y si no, ¡por vida de Faraón!, ciertamente son espías.”
17 Y los puso a todos juntos bajo custodia por tres días.
18 José les dijo al tercer día: “Hagan esto y vivirán, pues yo temo a Dios:
19 si son hombres honrados, que uno de sus hermanos quede encarcelado en su prisión. El resto de ustedes, vayan, lleven grano para el hambre de sus casas.
20 Y tráiganme a su hermano menor, para que sus palabras sean verificadas, y no morirán.” Y así lo hicieron.
21 Entonces se dijeron el uno al otro: “Verdaderamente somos culpables en cuanto a nuestro hermano, porque vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no lo escuchamos, por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.”
22 Rubén les respondió: “¿No les dije yo: ‘No pequen contra el muchacho’ y no me escucharon? Ahora hay que rendir cuentas por su sangre.”
23 Ellos, sin embargo, no sabían que José los entendía, porque había un intérprete entre él y ellos.
24 Y se apartó José de su lado y lloró. Cuando volvió a ellos y les habló, tomó de entre ellos a Simeón, y lo ató a la vista de sus hermanos.
25 Regreso a Canaán José mandó que les llenaran sus vasijas de grano y que devolvieran el dinero a cada uno poniéndolo en su saco, y que les dieran provisiones para el camino. Y así se hizo con ellos.
26 Ellos, pues, cargaron el grano sobre sus asnos, y se fueron de allí.
27 Y cuando uno de ellos abrió su saco para dar forraje a su asno en la posada, vio que su dinero estaba en la boca de su costal.
28 Entonces dijo a sus hermanos: “Me ha sido devuelto mi dinero, y miren, está en mi costal.” Y se les sobresaltó el corazón, y temblando se decían el uno al otro: “¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?”
29 Cuando llegaron a su padre Jacob en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había sucedido:
30 “El hombre, el señor de aquella tierra, nos habló duramente y nos tomó por espías del país.
31 Pero nosotros le dijimos: ‘Somos hombres honrados, no somos espías.
32 Eramos doce hermanos, hijos de nuestro padre. Uno ya no existe, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.’
33 “Entonces el hombre, el señor de aquel país, nos dijo: ‘Por esto sabré que son hombres honrados: dejen uno de sus hermanos conmigo y tomen grano para el hambre de sus casas, y márchense.
34 Pero tráiganme a su hermano menor para que yo sepa que ustedes no son espías, sino hombres honrados. Les devolveré a su hermano, y podrán comerciar en la tierra.’”
35 Cuando vaciaron sus sacos, el atado del dinero de cada uno estaba en su saco. Y al ver ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor.
36 Y su padre Jacob les dijo: “Ustedes me han privado de mis hijos; José ya no existe, y Simeón ya no existe, y ahora se quieren llevar a Benjamín. Todas estas cosas son contra mí.”
37 Entonces Rubén habló a su padre: “Puedes dar muerte a mis dos hijos, si no te lo traigo. Ponlo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré.”
38 Pero Jacob dijo: “Mi hijo no descenderá con ustedes. Pues su hermano ha muerto, y sólo él me queda. Si algo malo le acontece en el viaje en que van, harán descender mis canas con dolor al Seol (región de los muertos).”
1 Los Hermanos de José Regresan a Egipto El hambre iba agravándose en la tierra.
2 Y cuando acabaron de comer el grano que habían traído de Egipto, su padre les dijo: “Vuelvan allá y cómprennos un poco de alimento.”
3 Pero Judá le respondió: “Aquel hombre claramente nos advirtió: ‘No verán mi rostro si su hermano no está con ustedes.’
4 Si envías a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y compraremos alimento.
5 Pero si no lo envías, no descenderemos. Porque el hombre nos dijo: ‘No verán mi rostro si su hermano no está con ustedes.’”
6 Entonces Israel respondió: “¿Por qué me han tratado tan mal, informando al hombre que tenían un hermano más?”
7 Pero ellos dijeron: “El hombre nos preguntó específicamente acerca de nosotros y nuestros familiares, diciendo: ‘¿Vive aún su padre? ¿Tienen otro hermano?’ Y nosotros contestamos sus preguntas. ¿Acaso podíamos nosotros saber que él diría: ‘Traigan a su hermano’?”
8 Y Judá dijo a su padre Israel: “Envía al muchacho conmigo. Nos levantaremos e iremos, para que vivamos y no perezcamos, tanto nosotros como tú y nuestros pequeños.
9 Yo me haré responsable (fiador) de él. De mi mano lo demandarás. Si yo no te lo vuelvo a traer y lo pongo delante de ti, que lleve yo la culpa para siempre delante de ti.
10 Porque si no hubiéramos perdido tiempo, sin duda ya habríamos regresado por segunda vez.”
11 Entonces su padre Israel les dijo: “Si así tiene que ser, hagan esto: tomen de los mejores productos de la tierra en sus vasijas, y lleven a aquel hombre como presente un poco de bálsamo y un poco de miel, resina aromática y mirra, nueces y almendras.
12 Y tomen doble cantidad de dinero en su mano, y lleven de nuevo en su mano el dinero que fue devuelto en la boca de sus costales. Tal vez fue un error.
13 Tomen también a su hermano, levántense y vuelvan a aquel hombre.
14 Que el Dios Todopoderoso les conceda misericordia ante aquel hombre para que ponga en libertad a su otro hermano y a Benjamín. En cuanto a mí, si he de ser privado de mis hijos, que así sea.”
15 Tomaron, pues, los hombres este presente, doble cantidad de dinero en su mano y a Benjamín. Se levantaron y descendieron a Egipto y se presentaron delante de José.
16 José y Benjamín Cuando José vio a Benjamín con ellos, dijo al mayordomo de su casa: “Haz entrar a estos hombres a casa, y mata un animal y prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía.”
17 El hombre hizo como José le dijo, y llevó a los hombres a casa de José.
18 Ellos tenían miedo porque eran llevados a casa de José y dijeron: “Por causa del dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez hemos sido traídos aquí, para tener pretexto contra nosotros y caer sobre nosotros y tomarnos por esclavos con nuestros asnos.”
19 Entonces se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa,
20 y dijeron: “Oh señor mío, ciertamente descendimos la primera vez para comprar alimentos.
21 Y cuando llegamos a la posada, abrimos nuestros costales, y el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, todo nuestro dinero. Así que lo hemos vuelto a traer en nuestra mano.
22 También hemos traído otro dinero en nuestra mano para comprar alimentos. No sabemos quién puso nuestro dinero en nuestros costales.”
23 Y el mayordomo les dijo: “No se preocupen, no teman. El Dios de ustedes y el Dios de su padre les ha dado ese tesoro en sus costales. Yo haré constar que recibí el dinero de ustedes.” Entonces les sacó a Simeón.
24 Después el hombre llevó a los hombres a casa de José, y les dio agua y se lavaron los pies. También dio forraje a sus asnos.
25 Entonces prepararon el presente para la venida de José al mediodía, pues habían oído que iban a comer allí.
26 Cuando José regresó a su casa, ellos le trajeron a la casa el presente que traían en su mano y se postraron ante él en tierra.
27 Entonces él les preguntó cómo se encontraban, y añadió: “¿Cómo está su anciano padre de quien me hablaron? ¿Vive todavía?”
28 “Su siervo nuestro padre está bien; todavía vive,” contestaron. Y ellos se inclinaron en reverencia.
29 Al alzar José sus ojos y ver a su hermano Benjamín, hijo de su madre, les preguntó: “¿Es éste su hermano menor de quien me hablaron?” Y dijo: “Dios te imparta Su favor, hijo mío.”
30 José se apresuró a salir, pues se sintió profundamente conmovido a causa de su hermano y buscó dónde llorar. Entró en su aposento y lloró allí.
31 Después se lavó la cara y salió, y controlándose, dijo: “Sirvan la comida.”
32 Le sirvieron a José en un lado, a los hermanos en otro lado, y a los Egipcios que comían con él, también les sirvieron aparte. Porque los Egipcios no podían comer con los Hebreos, pues esto es abominación para los Egipcios.
33 Los sentaron delante de él, el primogénito conforme a su derecho de primogenitura, y el más joven conforme a su edad. Ellos se miraban unos a otros con asombro.
34 El les llevó porciones de su propia mesa, pero la porción de Benjamín era cinco veces mayor que la de cualquiera de ellos. Bebieron, pues, y se alegraron con él.
1 La Copa de José Entonces José ordenó al mayordomo de su casa, diciendo: “Llena de alimento los costales de los hombres, todo lo que puedan llevar, y pon el dinero de cada uno de ellos en la boca de su costal.
2 Y mi copa, la copa de plata, ponla en la boca del costal del menor, con el dinero de su grano.” Y el mayordomo hizo conforme a lo que había dicho José.
3 Al rayar el alba, fueron despedidos los hombres con sus asnos.
4 Cuando ellos habían salido de la ciudad, y no estaban muy lejos, José dijo al mayordomo de su casa: “Levántate, sigue a esos hombres. Cuando los alcances, diles: ‘¿Por qué han pagado mal por bien?
5 ¿No es ésta la copa en que bebe mi señor, y que de hecho usa para adivinar? Obraron mal en lo que hicieron.’”
6 Así que los alcanzó, les dijo estas palabras.
7 Y ellos le dijeron: “¿Por qué habla mi señor de esta manera? Lejos esté de sus siervos hacer tal cosa.
8 El dinero que encontramos en la boca de nuestros costales, se lo volvimos a traer de la tierra de Canaán. ¿Cómo, pues, habíamos de robar de la casa de su señor plata u oro?
9 Aquel de sus siervos que sea hallado con ella, que muera, y también nosotros entonces seremos esclavos de mi señor.”
10 Y él dijo: “Sea ahora también conforme a sus palabras. Aquél que sea hallado con ella será mi esclavo, y los demás de ustedes serán inocentes.”
11 Ellos se dieron prisa. Cada uno bajó su costal a tierra, y cada cual abrió su costal.
12 El mayordomo registró, comenzando con el mayor y acabando con el menor, y la copa fue hallada en el costal de Benjamín.
13 Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y después de cargar cada uno su asno, regresaron a la ciudad.
14 Cuando Judá llegó con sus hermanos a casa de José, él estaba aún allí, y ellos cayeron a tierra delante de él.
15 Y José les dijo: “¿Qué acción es ésta que han hecho? ¿No saben que un hombre como yo puede ciertamente adivinar?”
16 Entonces dijo Judá: “¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Qué podemos hablar y cómo nos justificaremos? Dios ha descubierto la iniquidad de sus siervos. Así que somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquél en cuyo poder fue encontrada la copa.”
17 Pero José respondió: “Lejos esté de mí hacer eso. El hombre en cuyo poder ha sido encontrada la copa será mi esclavo. Pero ustedes, suban en paz a su padre.”
18 Judá Intercede por Benjamín Entonces Judá se le acercó, y dijo: “Oh señor mío, permita a su siervo hablar una palabra a los oídos de mi señor, y que no se encienda su ira contra su siervo, pues usted es como Faraón mismo.
19 Mi señor preguntó a sus siervos: ‘¿Tienen padre o hermano?’
20 Y respondimos a mi señor: ‘Tenemos un padre ya anciano y un hermano pequeño, hijo de su vejez. Su hermano ha muerto, así que sólo queda él de los hijos de su madre, y su padre lo ama.’
21 “Entonces usted dijo a sus siervos: ‘Tráiganmelo para que yo lo vea.’
22 Y nosotros respondimos a mi señor: ‘El muchacho no puede dejar a su padre, pues si dejara a su padre, éste moriría.’
23 Usted, sin embargo, dijo a sus siervos: ‘Si su hermano menor no desciende con ustedes, no volverán a ver mi rostro.’
24 “Aconteció, pues, que cuando subimos a mi padre, su siervo, le contamos las palabras de mi señor.
25 Y nuestro padre dijo: ‘Regresen, cómprennos un poco de alimento.’
26 Pero nosotros respondimos: ‘No podemos ir. Si nuestro hermano menor va con nosotros, entonces iremos. Porque no podemos ver el rostro del hombre si nuestro hermano no está con nosotros.’
27 “Y mi padre, su siervo, nos dijo: ‘Ustedes saben que mi mujer me dio a luz dos hijos;
28 el uno salió de mi lado, y dije: “Seguro que ha sido despedazado,” y no lo he visto desde entonces.
29 ‘Si también se llevan a éste de mi presencia, y algo malo le sucede, ustedes harán descender mis canas con dolor al Seol (región de los muertos).’
30 “Ahora pues, cuando yo vuelva a mi padre, su siervo, y el muchacho no esté con nosotros, como su vida está ligada a la vida del muchacho,
31 sucederá que cuando él vea que el muchacho no está con nosotros, morirá. Así pues, sus siervos harán descender las canas de nuestro padre, su siervo, con dolor al Seol.
32 Porque yo, su siervo, me hice responsable del muchacho con mi padre, diciendo: ‘Si no te lo traigo, que lleve yo la culpa delante de mi padre para siempre.’
33 “Ahora pues, le ruego que quede este su siervo como esclavo de mi señor, en lugar del muchacho, y que el muchacho suba con sus hermanos.
34 Pues, ¿cómo subiré a mi padre no estando el muchacho conmigo, sin que yo vea el mal que sobrevendrá a mi padre?”
1 José se da a Conocer a sus Hermanos José ya no pudo contenerse delante de todos los que estaban junto a él, y exclamó: “Hagan salir a todos de mi lado.” Y no había nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos.
2 Lloró tan fuerte que lo oyeron los Egipcios, y la casa de Faraón se enteró de ello.
3 José dijo a sus hermanos: “Yo soy José. ¿Vive todavía mi padre?” Pero sus hermanos no podían contestarle porque estaban atónitos delante de él.
4 Y José dijo a sus hermanos: “Acérquense ahora a mí.” Y ellos se acercaron, y les dijo: “Yo soy su hermano José, a quien ustedes vendieron a Egipto.
5 Ahora pues, no se entristezcan ni les pese el haberme vendido aquí. Pues para preservar vidas me envió Dios delante de ustedes.
6 Porque en estos dos años ha habido hambre en la tierra y todavía quedan otros cinco años en los cuales no habrá ni siembra ni siega.
7 Dios me envió delante de ustedes para preservarles un remanente en la tierra, y para guardarlos con vida mediante una gran liberación.
8 “Ahora pues, no fueron ustedes los que me enviaron aquí, sino Dios. El me ha puesto por padre de Faraón y señor de toda su casa y gobernador sobre toda la tierra de Egipto.
9 Dense prisa y suban adonde mi padre, y díganle: ‘Así dice tu hijo José: “Dios me ha hecho señor de todo Egipto. Ven a mí, no te demores.
10 “Y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos y los hijos de tus hijos, tus ovejas y tus vacas y todo lo que tienes.
11 Allí proveeré también para ti, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no caigas en la miseria tú, ni tu casa y todo lo que tienes.”’
12 Y ahora, los ojos de ustedes y los ojos de mi hermano Benjamín ven que es mi boca la que les habla.
13 Notifiquen, pues, a mi padre toda mi gloria en Egipto y todo lo que han visto; dense prisa y traigan aquí a mi padre.”
14 Entonces se echó sobre el cuello de su hermano Benjamín, y lloró. Y Benjamín también lloró sobre su cuello.
15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos. Después sus hermanos hablaron con él.
16 Invitación de Faraón Cuando se oyó la noticia en la casa de Faraón, de que los hermanos de José habían venido, le agradó a Faraón y a sus siervos.
17 Entonces Faraón dijo a José: “Dile a tus hermanos: ‘Hagan esto: carguen sus animales y vayan a la tierra de Canaán;
18 y tomen a su padre y a sus familias y vengan a mí y yo les daré lo mejor de la tierra de Egipto, y comerán de la abundancia de la tierra.’
19 “Y a ti se te ordena decirles: ‘Hagan esto: tomen carretas de la tierra de Egipto para sus pequeños y para sus mujeres, y traigan a su padre y vengan.
20 Y no se preocupen por sus posesiones personales, pues lo mejor de toda la tierra de Egipto es de ustedes.’”
21 Regreso a Canaán Y así lo hicieron los Israelitas. José les dio carretas conforme a la orden de Faraón, y les dio provisiones para el camino.
22 A todos ellos les dio mudas de ropa, pero a Benjamín le dio 300 monedas de plata y cinco mudas de ropa.
23 Y a su padre le envió lo siguiente: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de grano, pan y alimentos para su padre en el camino.
24 Luego despidió a sus hermanos, y cuando se iban les dijo: “No riñan en el camino.”
25 Ellos subieron de Egipto y vinieron a la tierra de Canaán, a su padre Jacob.
26 Y le informaron: “José vive todavía y es gobernante en toda la tierra de Egipto.” Pero él se quedó atónito, porque no les podía creer.
27 Pero cuando ellos le contaron todas las cosas que José les había dicho, y cuando vio las carretas que José había enviado para llevarlo, el espíritu de su padre Jacob revivió.
28 Entonces Israel dijo: “Basta. Mi hijo José vive todavía. Iré y lo veré antes que yo muera.”
1 Israel y su Familia en Egipto Israel salió con todo lo que tenía y llegó a Beerseba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
2 Y Dios habló a Israel en una visión nocturna, y dijo: “Jacob, Jacob.” Y él respondió: “Aquí estoy.”
3 Y El dijo: “Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas descender a Egipto, porque allí te haré una gran nación.
4 Yo descenderé contigo a Egipto, y ciertamente, Yo también te haré volver; y José cerrará tus ojos.”
5 Entonces Jacob se fue de Beerseba. Los hijos de Israel llevaron a su padre Jacob, y a sus pequeños y a sus mujeres, en las carretas que Faraón había enviado para llevarlo.
6 Y tomaron sus ganados y los bienes que habían acumulado en la tierra de Canaán y vinieron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él:
7 sus hijos y sus nietos con él, sus hijas y sus nietas. A toda su descendencia trajo consigo a Egipto.
8 Estos son los nombres de los hijos de Israel, Jacob y sus hijos, que fueron a Egipto: Rubén, primogénito de Jacob.
9 Los hijos de Rubén: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi.
10 Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar y Saúl, hijo de la Cananea.
11 Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.
12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Fares y Zara, pero Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. Los hijos de Fares fueron Hezrón y Hamul.
13 Los hijos de Isacar: Tola, Fúa, Job y Simrón.
14 Los hijos de Zabulón: Sered, Elón y Jahleel.
15 Estos son los hijos de Lea, los que le dio a Jacob en Padán Aram, y además su hija Dina; todos sus hijos y sus hijas eran treinta y tres.
16 Los hijos de Gad: Zifión, Hagui, Suni, Ezbón, Eri, Arodi y Areli.
17 Los hijos de Aser: Imna, Isúa, Isúi, Bería y Sera, hermana de ellos. Y los hijos de Bería: Heber y Malquiel.
18 Estos son los hijos de Zilpa, a quien Labán dio a su hija Lea, y que le dio a Jacob; en total dieciséis personas.
19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.
20 A José, en la tierra de Egipto le nacieron Manasés y Efraín, los cuales le dio Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
21 Los hijos de Benjamín: Bela, Bequer, Asbel, Gera, Naamán, Ehi, Ros, Mupim, Hupim y Ard.
22 Estos son los hijos de Raquel, que le nacieron a Jacob; catorce personas en total.
23 Los hijos de Dan: Husim.
24 Los hijos de Neftalí: Jahzeel, Guni, Jezer y Silem.
25 Estos son los hijos de Bilha, a quien Labán dio a su hija Raquel, y que ella le dio a Jacob; en total siete personas.
26 Todas las personas de la familia de Jacob, que vinieron a Egipto, descendientes directos suyos, no incluyendo las mujeres de los hijos de Jacob, eran en total sesenta y seis personas.
27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, eran dos: todas las personas de la casa de Jacob que vinieron a Egipto, eran setenta.
28 Encuentro de Jacob y José Jacob envió a Judá delante de sí a José, para indicar delante de él el camino a Gosén, y llegaron a la tierra de Gosén.
29 José preparó su carro y subió a Gosén para ir al encuentro de su padre Israel. Apenas lo vio, se echó sobre su cuello y lloró largamente sobre su cuello.
30 Entonces Israel dijo a José: “Ahora ya puedo morir, después que he visto tu rostro y sé que todavía vives.”
31 Y José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: “Subiré y lo haré saber a Faraón, y le diré: ‘Mis hermanos y la familia de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí.
32 Los hombres son pastores de ovejas, pues son hombres de ganado. Han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tienen.’
33 “Y cuando Faraón los llame y les diga: ‘¿Cuál es su ocupación?’
34 ustedes responderán: ‘Sus siervos han sido hombres de ganado desde su juventud hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres,’ a fin de que habiten en la tierra de Gosén. Porque para los Egipcios todo pastor de ovejas es una abominación.”
1 Jacob Presentado a Faraón Entonces José vino e informó a Faraón: “Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, sus vacas y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán. Ahora ellos están en la tierra de Gosén.”
2 Y tomó cinco hombres de entre sus hermanos, y los presentó delante de Faraón.
3 Entonces Faraón dijo a sus hermanos: “¿Cuál es su ocupación?” “Sus siervos son pastores de ovejas, tanto nosotros como nuestros padres,” ellos respondieron a Faraón.
4 Dijeron también a Faraón: “Hemos venido a residir en esta tierra, porque no hay pasto para los rebaños de sus siervos, pues el hambre es severa en la tierra de Canaán. Ahora pues, permita que sus siervos habiten en la tierra de Gosén.”
5 Y Faraón dijo a José: “Tu padre y tus hermanos han venido a ti.
6 La tierra de Egipto está a tu disposición. En lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos. Que habiten en la tierra de Gosén, y si sabes que hay hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado.”
7 José trajo a su padre Jacob y lo presentó a Faraón. Jacob bendijo a Faraón.
8 Y Faraón preguntó a Jacob: “¿Cuántos años tienes?”
9 Entonces Jacob respondió a Faraón: “Los años de mi peregrinación son 130 años; pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han alcanzado a los años que mis padres vivieron en los días de su peregrinación.”
10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de su presencia.
11 Así, pues, José estableció allí a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramsés, como Faraón había mandado.
12 José proveyó de alimentos a su padre, a sus hermanos y a toda la casa de su padre, según el número de sus hijos.
13 Consecuencias Económicas del Hambre No había alimento en toda la tierra, de modo que el hambre era muy severa, y la tierra de Egipto y la tierra de Canaán desfallecían a causa del hambre.
14 Y José recogió todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán a cambio del grano que le compraban, y José trajo el dinero a la casa de Faraón.
15 Cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, todos los Egipcios vinieron a José, diciendo: “Denos alimento, pues ¿por qué hemos de morir delante de usted? ya que nuestro dinero se ha acabado.”
16 Entonces José dijo: “Entreguen sus ganados y yo les daré alimento por sus ganados, puesto que su dinero se ha acabado.”
17 Trajeron, pues, sus ganados a José, y José les dio pan a cambio de los caballos, las ovejas, las vacas y los asnos; aquel año les proveyó de alimento a cambio de todos sus ganados.
18 Y terminado aquel año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: “No encubriremos a mi señor que el dinero se ha acabado, y que el ganado pertenece a mi señor. No queda nada para mi señor, excepto nuestros cuerpos y nuestras tierras.
19 ¿Por qué hemos de morir delante de sus ojos, tanto nosotros como nuestra tierra? Cómprenos a nosotros y a nuestra tierra a cambio de alimento, y nosotros y nuestra tierra seremos siervos de Faraón. Denos, pues, semilla para que vivamos y no muramos, y no quede la tierra desolada.”
20 Así compró José toda la tierra de Egipto para Faraón, pues los Egipcios vendieron cada uno su campo, porque el hambre era severa sobre ellos. Y la tierra llegó a ser de Faraón.
21 En cuanto a la gente, la hizo pasar a las ciudades, desde un extremo de la frontera de Egipto hasta el otro.
22 Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, pues los sacerdotes tenían ración de parte de Faraón, y vivían de la ración que Faraón les daba. Por tanto no vendieron su tierra.
23 Entonces José dijo al pueblo: “Hoy los he comprado a ustedes y a sus tierras para Faraón. Ahora, aquí hay semilla para ustedes. Vayan y siembren la tierra.
24 Al tiempo de la cosecha darán la quinta parte a Faraón, y cuatro partes serán de ustedes para sembrar la tierra y para el mantenimiento de ustedes, para los de sus casas y para alimento de sus pequeños.”
25 Y ellos dijeron: “Nos ha salvado la vida. Hallemos gracia ante los ojos de Faraón mi señor, y seremos siervos de Faraón.”
26 Entonces José puso una ley respecto a la tierra de Egipto, en vigor hasta hoy: que Faraón debía recibir la quinta parte. Sólo la tierra de los sacerdotes no llegó a ser de Faraón.
27 Petición de Jacob a José Israel habitó en la tierra de Egipto, en Gosén. Allí adquirieron propiedades y fueron fecundos y se multiplicaron en gran manera.
28 Jacob vivió diecisiete años en la tierra de Egipto; así que los días de Jacob, los años de su vida, fueron 147 años.
29 Cuando a Israel se le acercó el tiempo de morir, llamó a su hijo José y le dijo: “Si he hallado gracia ante tus ojos, por favor, pon ahora tu mano debajo de mi muslo y trátame con misericordia y fidelidad: Por favor, no me sepultes en Egipto.
30 Cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos.” “Haré según tu palabra,” le respondió José.
31 Y Jacob dijo: “Júramelo.” Y se lo juró. Entonces Israel se inclinó en adoración en la cabecera de la cama.
1 Jacob Bendice a los Hijos de José Y después de estas cosas, le dijeron a José: “Su padre está enfermo.” Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín.
2 Cuando se le avisó a Jacob: “Su hijo José ha venido a usted;” entonces Israel hizo un esfuerzo y se sentó en la cama.
3 Y Jacob dijo a José: “El Dios Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán. Me bendijo,
4 y me dijo: ‘Yo te haré fecundo y te multiplicaré. Y haré de ti multitud de pueblos y daré esta tierra a tu descendencia después de ti en posesión perpetua.’
5 “Ahora pues, tus dos hijos que te nacieron en la tierra de Egipto, antes de que yo viniera a ti a Egipto, míos son. Efraín y Manasés serán míos, como lo son Rubén y Simeón.
6 Pero los hijos que has tenido después de ellos, serán tuyos. Serán llamados por el nombre de sus hermanos en su heredad.
7 En cuanto a mí, cuando vine de Padán, Raquel se me murió en la tierra de Canaán, en el camino, cuando faltaba todavía cierta distancia para llegar a Efrata, y la sepulté allí en el camino a Efrata, esto es Belén (Casa del Pan).”
8 Cuando Israel vio a los hijos de José, dijo: “¿Quiénes son éstos?”
9 Y José respondió a su padre: “Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí.” “Acércalos a mí, te ruego, para que yo los bendiga,” le dijo.
10 Los ojos de Israel estaban tan débiles por la vejez que no podía ver. Entonces José se los acercó, y él los besó y los abrazó.
11 Israel dijo a José: “Nunca esperaba ver tu rostro, y mira, Dios me ha permitido ver también a tus hijos.”
12 Entonces José los tomó de las rodillas de Jacob, y se inclinó con su rostro en tierra.
13 José tomó a los dos, a Efraín con la derecha, hacia la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, hacia la derecha de Israel, y se los acercó.
14 Pero Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés, cruzando a propósito sus manos, aunque Manasés era el primogénito.
15 Israel bendijo a José, y dijo: “El Dios delante de quien anduvieron mis padres Abraham e Isaac, El Dios que ha sido mi pastor toda mi vida hasta este día,
16 El ángel que me ha rescatado de todo mal, Bendiga a estos muchachos; Y viva en ellos mi nombre, Y el nombre de mis padres Abraham e Isaac; Y crezcan para ser multitud en medio de la tierra.”
17 Cuando José vio que su padre había puesto su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, esto le desagradó. Y tomó la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.
18 Y José dijo a su padre: “No sea así, padre mío, pues éste es el primogénito. Pon tu mano derecha sobre su cabeza.”
19 Pero su padre rehusó y dijo: “Lo sé, hijo mío, lo sé. El también llegará a ser un pueblo, y él también será grande. Sin embargo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia llegará a ser multitud de naciones.”
20 Y los bendijo aquel día, diciendo: “Por ti bendecirá Israel, diciendo: ‘Que Dios te haga como Efraín y Manasés.’” Así puso a Efraín antes de Manasés.
21 Entonces Israel dijo a José: “Yo estoy a punto de morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la tierra de sus padres.
22 Yo te doy una parte más que a tus hermanos, la cual tomé de mano del Amorreo con mi espada y con mi arco.”
1 Profecía de Israel Acerca de sus Hijos Entonces Jacob llamó a sus hijos, y dijo: “Reúnanse para que les haga saber lo que les ha de acontecer en los días venideros.
2 Júntense y oigan, hijos de Jacob, Y escuchen a Israel su padre.
3 Rubén, tú eres mi primogénito, Mi poderío y el principio de mi vigor, Prominente en dignidad y prominente en poder.
4 Incontrolable como el agua, no tendrás preeminencia, Porque subiste a la cama de tu padre, Y la profanaste: él subió a mi lecho.
5 Simeón y Leví son hermanos; Sus armas instrumentos de violencia.
6 En su consejo no entre mi alma, A su asamblea no se una mi gloria, Porque en su ira mataron hombres, Y en su terquedad mutilaron bueyes.
7 Maldita su ira porque es feroz; Y su furor porque es cruel. Los dividiré en Jacob, Y los dispersaré en Israel.
8 A ti Judá, te alabarán tus hermanos; Tu mano estará en el cuello de tus enemigos; Se inclinarán a ti los hijos de tu padre.
9 Cachorro de león es Judá; De la presa, hijo mío, has subido. Se agazapa, se echa como león, O como leona, ¿quién lo despertará?
10 El cetro no se apartará de Judá, Ni la vara de gobernante de entre sus pies, Hasta que venga Siloh, Y a él sea dada la obediencia de los pueblos.
11 El ata a la vid su pollino, Y a la mejor cepa el hijo de su asna; él lava en vino sus vestiduras, Y en la sangre de las uvas su manto.
12 Sus ojos están apagados por el vino, Y sus dientes blancos por la leche.
13 Zabulón habitará a la orilla del mar; Y él será puerto para naves, Y su límite será hasta Sidón.
14 Isacar es un asno fuerte, Echado entre los establos.
15 Al ver que el lugar de reposo era bueno Y que la tierra era agradable, Inclinó su hombro para cargar, Y llegó a ser esclavo en trabajos forzados.
16 Dan juzgará a su pueblo, Como una de las tribus de Israel.
17 Sea Dan serpiente junto al camino, Víbora junto al sendero, Que muerde los talones del caballo, Y cae su jinete hacia atrás.
18 ¡Tu salvación espero, oh Señor!
19 A Gad salteadores lo asaltarán, Mas él asaltará su retaguardia.
20 En cuanto a Aser, su alimento será sustancioso, Y él dará manjares de rey.
21 Neftalí es una cierva en libertad, Que pronuncia palabras hermosas.
22 Rama fecunda es José, Rama fecunda junto a un manantial; Sus vástagos se extienden sobre el muro.
23 Los arqueros lo atacaron con furor, Lo asaetearon y lo hostigaron;
24 Pero su arco permaneció firme Y sus brazos fueron ágiles Por las manos del Poderoso de Jacob (de allí es el Pastor, la Roca de Israel),
25 Por el Dios de tu padre que te ayuda, Y por el Todopoderoso que te bendice Con bendiciones de los cielos de arriba, Bendiciones del abismo que está abajo, Bendiciones de los pechos y del seno materno.
26 Las bendiciones de tu padre Han sobrepasado las bendiciones de mis antepasados Hasta el límite de los collados eternos; Sean ellas sobre la cabeza de José, Y sobre la cabeza del consagrado de entre sus hermanos.
27 Benjamín es lobo rapaz; De mañana devora la presa, Y a la tarde reparte los despojos.”
28 Muerte de Jacob Todas estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que les dijo su padre cuando los bendijo. A cada uno lo bendijo con la bendición que le correspondía.
29 Después les ordenó y les dijo: “Voy a ser reunido a mi pueblo. Sepúltenme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el Hitita,
30 en la cueva que está en el campo de Macpela, que está frente a Mamre, en la tierra de Canaán, la cual Abraham compró junto con el campo de Efrón el Hitita, para posesión de una sepultura.
31 Allí sepultaron a Abraham y a su mujer Sara. Allí sepultaron a Isaac y a su mujer Rebeca, y allí sepulté yo a Lea.
32 El campo y la cueva que hay en él, fueron comprados de los hijos de Het.”
33 Cuando Jacob terminó de encargar estas cosas a sus hijos, recogió sus pies en la cama y expiró, y fue reunido a su pueblo.
1 Sepultura de Jacob José se echó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó.
2 José ordenó a sus siervos médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel.
3 Se requerían cuarenta días para ello, porque éste es el tiempo requerido para el embalsamamiento. Y los Egipcios lo lloraron setenta días.
4 Cuando pasaron los días de luto por él, José habló a la casa de Faraón: “Si he hallado ahora gracia ante los ojos de ustedes, les ruego que hablen a Faraón, diciendo:
5 ‘Mi padre me hizo jurar, diciendo: “Yo voy a morir. En el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás.” Ahora pues, le ruego que me permita ir a sepultar a mi padre, y luego volveré.’”
6 Y Faraón dijo: “Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar.”
7 Entonces José subió a sepultar a su padre, y con él subieron todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa y todos los ancianos de la tierra de Egipto,
8 y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre. Sólo dejaron a sus pequeños, sus ovejas y sus vacas en la tierra de Gosén.
9 Subieron también con él carros y jinetes; y era un cortejo muy grande.
10 Cuando llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, allí hicieron duelo con una grande y dolorosa lamentación. Y José guardó siete días de duelo por su padre.
11 Cuando los habitantes de la tierra, los Cananeos, vieron el duelo de la era de Atad, dijeron: “Este es un duelo doloroso de los Egipcios.” Por eso llamaron al lugar Abel Mizraim, el cual está al otro lado del Jordán.
12 Sus hijos, pues, hicieron con él tal como les había mandado.
13 Pues sus hijos lo llevaron a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, frente a Mamre, la cual Abraham había comprado de Efrón el Hitita, junto con el campo como heredad de una sepultura.
14 Después de sepultar a su padre, José regresó a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que habían subido con él para sepultar a su padre.
15 Muerte de José Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: “Quizá José guarde rencor contra nosotros, y de cierto nos devuelva todo el mal que le hicimos.”
16 Entonces enviaron un mensaje a José, diciendo: “Tu padre mandó a decir antes de morir:
17 ‘Así dirán a José: “Te ruego que perdones la maldad de tus hermanos y su pecado, porque ellos te trataron mal.”’ Y ahora, te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre.” Y José lloró cuando le hablaron.
18 Entonces sus hermanos vinieron también y se postraron delante de él, y dijeron: “Ahora somos tus siervos.”
19 Pero José les dijo: “No teman, ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?
20 Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente.
21 Ahora pues, no teman. Yo proveeré para ustedes y para sus hijos.” Y los consoló y les habló cariñosamente.
22 José se quedó en Egipto, él y la casa de su padre; y José vivió 110 años.
23 José vio la tercera generación de los hijos de Efraín; también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José.
24 Y José dijo a sus hermanos: “Yo voy a morir, pero Dios ciertamente cuidará de ustedes y los hará subir de esta tierra a la tierra que El prometió en juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob.”
25 Luego José hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: “Dios ciertamente los cuidará, y ustedes se llevarán mis huesos de aquí.”
26 Y murió José a la edad de 110 años. Lo embalsamaron y lo pusieron en un ataúd en Egipto.