1

1 Pablo, siervo de Cristo Jesús, un apóstol por llamamiento, habiendo sido apartado para el Evangelio de Dios

2 (que Él había prometido de antemano por medio de sus profetas en las Santas Escrituras,

3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesús el Mesías, del linaje de David según la carne,

4 que fue designado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos),

5 por medio del cual recibimos la gracia y el apostolado, para obediencia de la fe entre todos los gentiles por causa de su Nombre,

6 entre los cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo,

7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

8 Primeramente, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos vosotros, por cuanto vuestra fe es cosa conocida en todo el mundo.

9 Porque Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el Evangelio de su Hijo, me es testigo de cómo incesantemente hago memoria de vosotros siempre en mis oraciones,

10 rogando que de algún modo sea posible, ahora por fin, tener un próspero viaje para ir a vosotros en la voluntad de Dios.

11 Porque anhelo veros, para impartiros algún don espiritual, a fin de que seáis fortalecidos,

12 y también para ser confortado juntamente con vosotros por la confianza mutua que nos tenemos unos a otros.

13 Porque no quiero hermanos que ignoréis, que muchas veces me propuse ir a vosotros para tener algún fruto, no sólo entre los demás gentiles, sino también entre vosotros, pero hasta ahora he sido estorbado.

14 Deudor soy a los griegos y también a los bárbaros, a los sabios y también a los ignorantes,.

15 Así que, en cuanto a mí, estoy dispuesto a proclamar las buenas nuevas también a vosotros en Roma.

16 Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree: al judío primeramente, y también al griego.

17 Porque en él es revelada una justicia divina, de fe en fe, como está escrito: El justo vivirá por la fe.

18 Porque la ira de Dios es revelada desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.

19 Porque lo que de Dios es conocido, es evidente para ellos, pues Dios se lo manifestó.

20 Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, entendiéndose por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

21 Porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se entregaron a vanas especulaciones, y su necio corazón fue entenebrecido.

22 Alegando ser sabios se hicieron necios,

23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

24 Por esto Dios los entregó en las concupiscencias de sus corazones a la inmundicia, para que deshonraran sus mismos cuerpos entre sí.

25 Éstos cambiaron la verdad de Dios en mentira, y reverenciaron y sirvieron a la criatura antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26 Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas, pues aun sus hembras cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,

27 y del mismo modo también los varones, dejando el uso natural de las hembras, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos varones con varones, y recibiendo en sí mismos la debida recompensa de su extravío.

28 Y como no quisieron reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen,

29 estando atestados de toda injusticia, perversidad, avaricia, maldad; colmados de envidia, homicidio, contienda, engaño, malignidad.

30 Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de cosas malas, desobedientes a los progenitores,

31 necios, desleales, sin afecto natural, despiadados;

32 quienes, habiendo entendido el pronunciamiento de Dios: que los que practican tales cosas son dignos de muerte; no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

2

1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre (todo el que juzga), pues en lo que juzgas al otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas practicas las mismas cosas.

2 Y sabemos que el juicio de Dios sobre los que practican tales cosas, es según verdad.

3 ¿Y piensas tú, oh hombre, que juzgas a los que practican tales cosas, y las haces, que escaparás del juicio de Dios?

4 ¿O menosprecias la riqueza de su benignidad, de su tolerancia y de su longanimidad, ignorando que la benignidad de Dios te guía al arrepentimiento?

5 Pero según tu dureza y tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de ira y de la revelación del justo juicio de Dios;

6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:

7 Vida eterna a los que perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honor e inmortalidad;

8 pero ira y enojo a los que, por egoísmo, desobedecen a la verdad y son persuadidos por la injusticia;

9 tribulación y angustia sobre el alma de todo hombre que obra lo malo, del judío primeramente, y también del griego;

10 pero gloria, honor y paz a todo el que obra lo bueno: al judío primeramente y también al griego,

11 porque ante Dios no hay acepción de personas.

12 Porque todos los que sin Ley pecaron, sin Ley también perecerán; y todos los que en la Ley pecaron, por medio de la Ley serán juzgados.

13 Porque no son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la Ley serán declarados justos.

14 Porque cuando los gentiles, que no tienen Ley, hacen por naturaleza cosas de la Ley, éstos, no teniendo Ley, son ley para sí mismos;

15 los cuales muestran la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente su conciencia; y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos

16 en el día en que Dios juzgue por medio de Cristo Jesús los secretos de los hombres, conforme a mi Evangelio.

17 Pero si tú, que te llamas judío y te apoyas en la Ley, y te enorgulleces en Dios,

18 y conoces la voluntad, e instruido por la Ley apruebas las cosas mejores,

19 y estás confiado en que eres guía de ciegos, luz de los que están en tinieblas,

20 instructor de indoctos, maestro de niños, que tienes en la Ley la esencia del conocimiento y de la verdad.

21 Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú, que predicas que no se hurte, ¿hurtas?

22 Tú, que dices que no se adultere, ¿adulteras? Tú, que abominas de los ídolos, ¿profanas templos?

23 Tú, que te jactas de la Ley, ¿por medio de la infracción de la Ley deshonras a Dios?

24 Porque, como está escrito: el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.

25 Porque la circuncisión en verdad aprovecha si practicas la Ley, pero si eres trasgresor de la Ley, tu circuncisión se ha hecho incircuncisión.

26 Así que, cuando el incircunciso obedece las ordenanzas de la Ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión?

27 Y si la incircuncisión que es por naturaleza cumple la Ley, te juzgará a ti, que a pesar de la letra y de la circuncisión eres trasgresor de la Ley.

28 Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es circuncisión la que aparece exteriormente en la carne;

29 sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; cuya aprobación no proviene de hombres, sino de Dios.

3

1 ¿Qué ventaja tiene pues el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión?

2 Mucho, en todos los sentidos. Primero, ciertamente en que les fueron encomendados los oráculos de Dios.

3 ¿Pues qué, si algunos se negaron a creer? ¿La incredulidad de ellos anulará acaso la fidelidad de Dios?

4 ¡De ninguna manera! Antes bien, sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso, como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, Y venzas cuando seas juzgado.

5 Y si nuestra injusticia resalta la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que expresa su ira? (hablo como hombre).

6 ¡De ninguna manera! De otro modo, ¿cómo juzgará Dios al mundo?

7 Pero si mi mentira hizo abundar la verdad de Dios para su gloria, ¿por qué aún yo mismo soy juzgado como pecador?

8 ¿Y por qué no decir, como somos calumniados, y como algunos (cuya condenación es justa) afirman que decimos: Hagamos lo malo para que venga lo bueno?

9 ¿Entonces qué? ¿Estamos en desventaja? ¡En ninguna manera!, pues ya hemos acusado tanto a judíos como a griegos, que todos están bajo pecado,

10 como está escrito: No hay justo, ni aun uno,

11 No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios,

12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno;

13 Sepulcro abierto es su garganta, Con sus lenguas engañaron, Veneno de áspides hay bajo sus labios,

14 Su boca está llena de maldición y de amargura;

15 Veloces son sus pies para derramar sangre;

16 Destrucción y miseria hay en sus caminos,

17 No conocieron camino de paz.

18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.

19 Pero sabemos que cuantas cosas dice la Ley, las dice a los que están en la Ley, para que toda boca sea cerrada, y todo el mundo quede expuesto al juicio de Dios;

20 porque por las obras de la Ley ninguna carne será justificada delante de Él, porque por medio de la Ley es el conocimiento del pecado.

21 Pero ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la Ley y los Profetas:

22 la justicia divina mediante la fe de Jesús el Mesías, para todos los que creen (porque no hay distinción alguna,

23 por cuanto todos pecaron, y están privados de la gloria de Dios),

24 siendo justificados por su gracia, sin merecimiento alguno, mediante la redención que tienen en Cristo Jesús;

25 a quien Dios ha propuesto públicamente como sacrificio expiatorio por su sangre a través de la fe, como evidencia de su justicia, a causa de haber pasado por alto, Dios en su paciencia, los pecados pasados,

26 con el propósito de demostrar su justicia en el tiempo presente, a fin de que Él siga siendo justo también cuando declara justo al que es de la fe de Jesús.

27 ¿Dónde está pues la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿De las obras? No, sino por la ley de la fe.

28 Sostenemos entonces que el hombre es declarado justo por la fe, sin las obras de la Ley.

29 ¿Acaso Él es el Dios de los judíos solamente? ¿No es también de los gentiles? ¡Sí, también de los gentiles!

30 Puesto que Dios es uno, Él justificará por la fe a la circuncisión, y por medio de la fe a la incircuncisión.

31 ¿Luego por la fe invalidamos la Ley? ¡De ninguna manera, sino que confirmamos la Ley!

4

1 ¿Qué pues diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne?

2 Porque si Abraham fue declarado justo por obras, tiene de qué gloriarse; pero no lo tenía ante Dios.

3 Pues, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado como justicia.

4 Al que obra, no se le cuenta el salario como gracia sino como deuda,

5 pero al que no obra, sino que cree en el que declara justo al impío, su fe le es contada como justicia.

6 Como también David declara la bienaventuranza del hombre al cual Dios atribuye justicia sin obras,

7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades fueron perdonadas, Y cuyos pecados fueron cubiertos.

8 Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputa pecado.

9 ¿Es pues esta bienaventuranza sólo para la circuncisión, o también para la incircuncisión? Porque decimos: A Abraham le fue contada la fe como justicia.

10 ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11 Y recibió la señal de la circuncisión como evidencia de la justicia de la fe de cuando estaba en la incircuncisión, para que él sea padre de todos los que creen sin estar circuncidados, a fin de que a ellos les sea adjudicada justicia;

12 y padre de la circuncisión, no sólo para los de la circuncisión, sino también para los que siguen las pisadas de la fe de nuestro padre Abraham cuando aún estaba en la incircuncisión.

13 Porque no por medio de la Ley fue dada a Abraham o a su simiente la promesa de que él era heredero del mundo, sino mediante la justicia de la fe.

14 Porque si los de la Ley son herederos, vana ha sido la fe, y anulada la promesa.

15 Porque la Ley produce ira, pero donde no hay Ley, tampoco hay trasgresión.

16 Por esto es por fe, para que sea de gracia, a fin de que la promesa quede segura para toda la descendencia, no sólo para la que es de la Ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros

17 (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, de quien creyó que da vida a los muertos, y que llama las cosas que no son como si fueran.

18 El cual, contra esperanza, creyó en esperanza, para llegar él a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que le había sido dicho: Así será tu descendencia.

19 Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo prácticamente muerto (teniendo casi cien años), o la muerte de la matriz de Sara;

20 sino que, mirando a la promesa de Dios, no vaciló con incredulidad, y fue fortalecido en la fe, dando gloria a Dios;

21 plenamente convencido de que el que había prometido, era también poderoso para hacerlo.

22 Por esta razón, le fue contada como justicia.

23 Y no sólo por causa de él fue escrito que le fue contada;

24 sino también por causa de nosotros, a quienes iba a ser contada, a los que creemos en el que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor,

25 el cual fue entregado por causa de nuestras trasgresiones, y resucitado a causa de nuestra justificación.

5

1 Por tanto, habiendo sido declarados justos por la fe, tenemos paz ante Dios mediante nuestro Señor Jesucristo.

2 Por medio de quien también hemos obtenido derecho de entrada a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

3 Y no sólo eso; sino que hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia,

4 y la paciencia, carácter aprobado, y el carácter aprobado, esperanza,

5 y la esperanza no será avergonzada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

6 Porque cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos.

7 Ciertamente, con dificultad morirá alguno por un justo, aunque tal vez alguien se atreva a morir por el bueno.

8 Pero Dios demuestra su mismo amor hacia nosotros en que, siendo nosotros aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Por tanto, mucho más ahora, habiendo sido declarados justos por su sangre, seremos salvos de la ira por medio de Él.

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida.

11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos recibido ahora la reconciliación.

12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

13 Porque hasta la Ley, había pecado en el mundo, pero no habiendo Ley, no se toma en cuenta el pecado.

14 No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron en la semejanza del delito de Adán; el cual es figura del que había de venir.

15 Pero el don no es como la trasgresión. Porque si por la trasgresión de uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios para los muchos, y el don por la gracia de un hombre: Jesucristo.

16 Pero con el don no sucede como con el juicio trasmitido por medio de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio surgió de una sola trasgresión para condenación; pero el don gratuito vino a causa de muchas trasgresiones para justificación.

17 Porque si por la trasgresión del uno, la muerte reinó por medio del uno, mucho más reinarán en vida por uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.

18 Por tanto, así como por medio de una trasgresión vino la culpa a todos los hombres para condenación, así también, por medio de un acto de justicia, vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida.

19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.

20 Así, la Ley entró para que el pecado abundara; pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia;

21 para que así como reinó el pecado para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo Señor nuestro.

6

1 ¿Qué pues diremos? ¿Permanezcamos en el pecado para que la gracia abunde?

2 ¡De ninguna manera! porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

3 ¿No sabéis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?

4 Por tanto, fuimos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros anduviéramos en novedad de vida.

5 Porque si hemos llegado a ser injertados en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la de la resurrección;

6 sabiendo esto: que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, a fin de que el cuerpo del pecado fuera desactivado para no servir más al pecado.

7 Porque el que murió, ha sido libertado del pecado.

8 Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él;

9 sabiendo que Cristo, habiendo sido resucitado de entre los muertos, ya no muere: la Muerte no se enseñorea más de Él.

10 Porque en cuanto a que murió, al pecado murió una vez por todas, pero en cuanto a que vive, para Dios vive.

11 Así también vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que obedezcáis a sus concupiscencias;

13 y tampoco presentéis vuestros miembros como instrumentos de iniquidad para el pecado, sino presentaos vosotros mismos a Dios como viviendo fuera de los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia.

15 ¿Entonces, qué? ¿Pequemos, pues no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!

16 ¿Acaso no sabéis que a quien os presentáis como siervos para obedecerle, siervos sois de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?

17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;

18 y habiendo sido libertados del pecado, fuisteis hechos siervos de la justicia.

19 Por vuestra humana debilidad, os hablo humanamente: que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros como esclavos a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros como siervos a la justicia.

20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia.

21 Pero, ¿qué fruto teníais entonces de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.

22 Pero ahora, habiendo sido librados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis vuestro fruto para santificación, y al fin, vida eterna.

23 Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

7

1 ¿Ignoráis, hermanos (porque hablo a los que conocen la Ley), que la Ley se enseñorea del hombre mientras vive?

2 Porque la mujer casada está ligada por la Ley al marido que vive, pero si el marido muere, queda libre de la ley del marido.

3 Así que, mientras viva el marido, se la llamará adúltera si llega a ser de otro varón, pero si muere el marido, es libre de la Ley, hasta el punto de no ser adúltera si llega a ser de otro varón.

4 Así también vosotros, hermanos míos, se os hizo morir a la Ley mediante el cuerpo de Cristo, para que llegarais a ser de otro, del que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que diéramos fruto para Dios.

5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones de los pecados eran activadas en nuestros miembros por la Ley, a fin de dar fruto para muerte.

6 Pero ahora hemos sido libertados de la Ley, habiendo muerto a lo que nos ataba; de modo que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra.

7 ¿Qué diremos entonces? ¿La Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Más bien, no conocí el pecado sino por medio de la Ley, y ciertamente no habría conocido la codicia, si la Ley no dijera: No codiciarás.

8 Y el pecado, aprovechando la ocasión por medio del mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia; pero sin la Ley el pecado está muerto.

9 Así que, en un tiempo, yo vivía sin Ley; pero cuando vino el mandamiento, el pecado revivió,

10 y yo morí; y este mandamiento que era para vida, resultó ser para muerte;

11 porque el pecado, aprovechando la ocasión por medio del mandamiento, me engañó, y por medio de él, me mató.

12 De manera que la Ley a la verdad es santa, y el mandamiento, santo, justo y bueno.

13 ¿Entonces, lo bueno llegó a ser muerte para mí? ¡De ninguna manera! Al contrario, el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegara a ser sobremanera pecaminoso.

14 Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido al pecado.

15 Porque lo que hago no lo comprendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

16 Y si lo que no quiero, eso hago, apruebo que la Ley es buena.

17 Así que ya no soy yo el que hace eso, sino el pecado que mora en mí.

18 Porque yo sé que en mí (esto es, en mi carne) no mora el bien, porque el querer está en mí, pero no el hacer lo bueno;

19 pues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, éste hago.

20 Y si lo que no quiero, eso hago, ya no obro yo mismo, sino el pecado que mora en mí.

21 Así que, queriendo yo hacer lo bueno, hallo esta ley: El mal está en mí.

22 Porque según el hombre interior, me deleito en la Ley de Dios,

23 pero veo otra ley en mis miembros, que combate contra la ley de mi mente, y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros.

24 ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?

25 ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! Así pues yo mismo sirvo con la mente a la Ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado.

8

1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,

2 porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3 Porque lo que no pudo hacer la Ley, ya que era débil por causa de la carne, lo hizo Dios enviando a su propio Hijo en semejanza de nuestra carne pecaminosa, y por el pecado, condenó al pecado en la carne,

4 para que la exigencia de la Ley fuera cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espíritu.

5 Porque los que viven según la carne, tienen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven según el espíritu, en las cosas del Espíritu.

6 Porque la manera de pensar de la carne es muerte, pero la manera de pensar del espíritu, es vida y paz;

7 porque la manera de pensar de la carne es enemistad contra Dios, pues no se sujeta a la Ley de Dios, porque tampoco puede.

8 Así que, los que están en la carne no pueden agradar a Dios.

9 Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, por cuanto el Espíritu de Dios vive en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, éste no es de Él.

10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado, pero el espíritu vivo a causa de la justicia.

11 Y si el Espíritu del que levantó de los muertos a Jesús vive en vosotros, el que levantó al Mesías de los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que vive en vosotros.

12 Así que entonces, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne.

13 Porque si vivís conforme a la carne, estáis a punto de morir; pero si por el espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

15 Porque no recibisteis espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor; sino que recibisteis el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba! (¡Padre!)

16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

17 Y si hijos, también herederos: por una parte, herederos de Dios, y por la otra, coherederos con Cristo, ya que juntamente padecemos para que juntamente seamos glorificados.

18 Pues considero que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que va a ser revelada en nosotros.

19 Porque el profundo anhelo de la creación espera la revelación de los hijos de Dios.

20 Porque la creación fue sometida a vanidad, no por su propia voluntad, sino por la del que la sujetó; en esperanza

21 de que también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una sufre dolores de parto hasta ahora.

23 Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando ansiosamente la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

24 Porque en esperanza fuimos salvos, pero la esperanza que se ve, no es esperanza, porque ¿para qué esperanzarse en lo que alguno ve?

25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo esperamos ansiosamente.

26 Y asimismo, también el Espíritu ayuda nuestra debilidad, pues no sabemos qué orar como conviene, pero el mismo Espíritu intercede con gemidos indecibles;

27 y el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque intercede por los santos conforme a Dios.

28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan para bien, a los que son llamados conforme a su propósito.

29 Porque a los que antes escogió, también los predestinó a ser de la misma forma de la imagen de su Hijo, para que Él sea primogénito entre muchos hermanos;

30 y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también declaró justos; y a los que declaró justos, a éstos también glorificó.

31 ¿Qué, pues, diremos a estas cosas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién contra nosotros?

32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con Él todas las cosas?

33 ¿Quién encausará a los escogidos de Dios? ¿Dios, el que justifica?

34 ¿Quién es el que condenará? ¿Cristo, el que murió? Más aún, Él es quien fue resucitado, el cual también está a la diestra de Dios, el cual también intercede por nosotros.

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambruna, o desnudez, o peligro o espada?

36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos to do el tiempo; Somos estimados como ovejas de matadero.

37 Al contrario, en todas estas cosas somos más que victoriosos por medio del que nos amó.

38 Porque he sido persuadido de que ni la Muerte ni la vida, ni ángeles ni gobernantes, ni lo presente, ni lo por venir, ni las potestades,

39 ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

9

1 Digo verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo:

2 Que tengo gran tristeza y constante dolor en mi corazón,

3 porque desearía yo mismo ser anatema de Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;

4 quienes son israelitas, de los cuales son la adopción y la gloria, los pactos y la promulgación de la Ley, las ordenanzas y las promesas;

5 de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino el Mesías, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.

6 No es que la Palabra de Dios haya fallado, porque no todos los descendientes de Israel, son Israel;

7 ni porque son descendencia de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia.

8 Es decir, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendencia.

9 Porque la palabra de la promesa es ésta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo.

10 Y no sólo esto, sino también al concebir Rebeca de uno, de Isaac nuestro padre

11 (porque no habiendo aún nacido, ni habiendo hecho algo bueno o malo, para que el propósito de Dios permaneciera conforme a la elección,

12 no por obras, sino por el que llama), le fue dicho: El mayor servirá al menor.

13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

14 ¿Qué diremos entonces? ¿Acaso hay injusticia en la presencia de Dios? ¡De ninguna manera!

15 Ciertamente a Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré.

16 Así, pues, no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios, que tiene misericordia.

17 Porque la Escritura dice de Faraón: Para esto te levanté: para mostrar en ti mi poder y para que mi Nombre sea proclamado en toda la tierra.

18 Así, pues, del que quiere tiene misericordia, y al que quiere endurece.

19 Me dirás entonces: ¿Por qué, pues, inculpa? Porque ¿quién ha resistido a su voluntad?

20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá acaso lo moldeado al que lo moldea: Por qué me hiciste así?

21 ¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia vasos de ira preparados para destrucción,

23 y para hacer notoria la riqueza de su gloria en vasos de misericordia que preparó para gloria;

24 a los cuales también llamó, a nosotros, no sólo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles?

25 Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y amada, a la no amada.

26 Y sucederá que en el lugar donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío; Allí serán llamados hijos del Dios viviente.

27 También Isaías clama con respecto a Israel: Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, sólo el remanente será salvo.

28 Porque el Señor ejecutará su palabra con vigor y prontitud sobre la tierra.

29 Y como predijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, Como Sodoma habríamos llegado a ser, y seríamos semejantes a Gomorra.

30 ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no perseguían justicia, alcanzaron justicia, la justicia que es por fe.

31 Pero Israel, que sigue la justicia de la Ley, no la alcanzó en la Ley.

32 ¿Por qué? Porque no la seguían por fe sino como por obras. Tropezaron en la piedra de tropiezo,

33 como está escrito: He aquí pongo en Sión Piedra de tropiezo y roca de caída: El que crea en Él, no será avergonzado.

10

1 Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón y la oración a Dios por ellos es para salvación.

2 Porque les doy testimonio de que tienen celo de Dios, mas no según el pleno conocimiento.

3 Porque ignorando la justicia de Dios, e intentando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.

4 Porque el propósito de la Ley es Cristo, para justicia a todo el que cree.

5 Moisés escribe de la justicia que es por la Ley: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.

6 Pero la justicia por fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para hacer descender al Mesías.)

7 O, ¿quién bajará al abismo? (esto es, para hacer subir al Mesías de entre los muertos.)

8 Pero ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esto significa la palabra de la fe que predicamos.

9 Si con tu boca confiesas a Jesús como Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo,

10 porque con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación.

11 Porque la Escritura dice: Todo el que cree en Él no será avergonzado.

12 Porque no hay diferencia ni de judío ni de griego, porque el mismo Señor de todos es rico para todos los que lo invocan.

13 Porque todo el que invoque el nombre del Señor, será salvo.

14 ¿Cómo, pues, invocarán a Aquél en quien no creyeron? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no oyeron? ¿Y cómo oirán sin haber quien predique?

15 ¿Y cómo predicarán si no fueran enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que proclaman buenas nuevas!

16 Pero no todos obedecieron al Evangelio, pues Isaías dice: Señor, ¿quién creyó a nuestra predicación?

17 Así que la fe viene por medio de la predicación, y la predicación, a través de la palabra de Cristo.

18 Pero digo: ¿Acaso no oyeron? Antes bien: Por toda la tierra salió la voz de ellos, Y hasta los confines de la tierra habitada sus palabras.

19 Pero pregunto: ¿Acaso no lo conoció Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os moveré a celos con un pueblo que no es pueblo; Os provocaré a ira con gente insensata.

20 E Isaías se atreve a decir: Fui hallado por los que no me buscan, Me manifesté a los que no preguntan por mí.

21 Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.

11

1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.

2 No ha desechado Dios a su pueblo que eligió de antemano. ¿O no sabéis qué dice la Escritura sobre Elías, cómo invoca a Dios contra Israel:

3 Señor, mataron a tus profetas, y destruyeron tus altares; Y yo he quedado solo, y buscan mi vida?

4 ¿Pero qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil varones, quienes no doblaron rodilla delante de Baal.

5 Así, pues, aun en el tiempo presente ha surgido un remanente escogido por gracia.

6 Y si es por gracia, ya no es por obras; de otra manera, la gracia ya no es gracia.

7 ¿Qué, pues? Lo que busca Israel no lo logró, pero los escogidos lo lograron; y los demás fueron endurecidos;

8 como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos para no ver Y oídos para no oír, hasta el día de hoy.

9 Y David dice: Conviértase su banquete en lazo y en trampa, En tropezadero y en retribución.

10 Sean oscurecidos sus ojos para no ver, Y dóblales continuamente la espalda.

11 Digo, pues: ¿Acaso tropezaron para caer? ¡De ninguna manera! Pero por su trasgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarlos a celos.

12 Y si su trasgresión es riqueza del mundo, y su fracaso la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?

13 Porque a vosotros hablo, gentiles; por cuanto soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio;

14 por si de alguna manera puedo provocar a celos a los de mi carne, y salvar a algunos de ellos.

15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión, sino vida entre los muertos?

16 Y si la primera porción es santa, también la masa; y si la raíz es santa, también las ramas.

17 Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas, y llegaste a ser copartícipe de la raíz, de la rica savia del olivo;

18 no te jactes contra las ramas, y si te jactas, sábete que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.

19 Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.

20 Bien, por incredulidad fueron desgajadas, y tú por la fe estás firme. No seas arrogante, sino teme.

21 Porque si Dios no eximió a las ramas naturales, tampoco a ti te eximirá.

22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: severidad para con los que cayeron, pero bondad divina para contigo, si permaneces en la bondad, de otra manera tú también serás cortado.

23 Y aun ellos, si no continúan en incredulidad, serán injertados; porque poderoso es Dios para injertarlos otra vez.

24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el olivo cultivado, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

25 Porque no quiero hermanos que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes acerca de vosotros mismos: que un endurecimiento parcial ha ocurrido a Israel, hasta que entre la plenitud de los gentiles;

26 luego, todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, Que quitará de Jacob la impiedad;

27 Y éste será mi pacto con ellos, Cuando quite sus pecados.

28 Ciertamente, en cuanto al Evangelio, son enemigos por causa de vosotros, pero en cuanto a la elección, son muy amados por causa de los padres.

29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

30 Porque así como vosotros en un tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora, por la desobediencia de ellos, habéis alcanzado misericordia;

31 así también ahora éstos fueron desobedientes, para que por la misericordia mostrada a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

32 Porque a todos encerró Dios en desobediencia, para tener misericordia de todos.

33 ¡Oh profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!

34 Pues ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?

35 ¿O quién le dio a Él primero, para que le sea recompensado?

36 Porque de Él, por Él y en Él, son todas las cosas. ¡A Él sea la gloria por siempre! Amén.

12

1 Así que, hermanos, os exhorto por la gran misericordia de Dios a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional.

2 No os adaptéis al mundo, sino sed transformados por la renovación de la mente, para que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios: Lo bueno, lo aceptable y lo perfecto.

3 Ordeno pues, por la gracia que me fue dada, a cada cual que está entre vosotros, que no piense más altamente de lo que debe pensar, sino que piense con sobriedad, según la medida de fe que Dios dio a cada uno.

4 Porque así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función;

5 así los muchos somos un cuerpo en Cristo, y cada uno, miembros los unos de los otros.

6 De manera que teniendo diferentes dones, según la gracia que nos fue dada, si es de profecía, úselo según la analogía de la fe;

7 si diaconado, en el servicio; el que enseña, en la enseñanza,

8 el que exhorta, en la exhortación; el que comparte, con generosidad; el que cuida de los demás, con diligencia; el que hace misericordia, con alegría.

9 El amor sea sin hipocresía, aborreciendo lo malo, allegaos a lo bueno;

10 amándoos unos a otros con amor fraternal; en cuanto a honor, prefiriéndoos unos a otros;

11 en cuanto a diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor;

12 regocijándoos en la esperanza, sufridos en la tribulación, perseverando en la oración;

13 contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad.

14 Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis.

15 Regocijarse con los que se regocijan, llorar con los que lloran;

16 teniendo el mismo sentir los unos con los otros, no siendo altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra opinión;

17 no paguéis a nadie mal por mal, procurando lo bueno delante de todos los hombres.

18 Si es posible, en lo que depende de vosotros, procurad la paz con todos los hombres.

19 No toméis venganza vosotros mismos, amados, sino dad lugar a la ira; porque está escrito: Mía es la venganza, Yo pagaré, dice el Señor.

20 Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; porque haciendo esto amontonarás ascuas sobre su cabeza.

21 No seas vencido por lo malo, sino vence con el bien el mal.

13

1 Sométase toda alma a las autoridades gobernantes, porque no hay autoridad sino de Dios; y las que existen, por Dios son instituidas.

2 De manera que el que resiste a la autoridad, resiste al decreto de Dios, y los que resisten acarrean juicio para sí mismos.

3 Porque los gobernantes no son de temer para el que obra el bien, sino para el que obra el mal. ¿Quieres, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás aprobación de ella,

4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigo al que practica lo malo.

5 Por tanto, es necesario someterse, no sólo por causa del castigo, sino también por causa de la conciencia;

6 y también por esto pagáis impuestos: porque son servidores de Dios que se dedican a esto mismo.

7 Pagad a todos las deudas: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros, porque el que ama al prójimo, ha cumplido la Ley.

9 Porque, No adulterarás; No matarás; No hurtarás; No codiciarás; y cualquier otro mandamiento, se resume en esta decla ración: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

10 El amor no hace mal al prójimo. Así que el cumplimento de la Ley es el amor.

11 Y esto añado: conociendo el tiempo, que es ya hora de que seáis levantados del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos.

12 La noche pasó, y el día se ha acercado; desechemos las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.

13 Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en impurezas sexuales e indecencias, no en contienda y envidia.

14 Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para satisfacer los malos deseos de la carne.

14

1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.

2 Uno cree que se puede comer de todo; otro, que es débil, come verduras.

3 El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado.

4 ¿Quién eres tú para juzgar al criado ajeno? Para su señor está firme o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para mantenerlo firme.

5 Uno, ciertamente, considera un día superior a otro día; pero otro considera igual todo día. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

6 El que tiene en estima el día, lo tiene en estima para el Señor; y el que come, come para el Señor, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.

7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya sea que vivamos, ya sea que muramos, del Señor somos.

9 Porque para esto Cristo murió y volvió a la vida: para que fuera Señor tanto de los muertos como de los que viven.

10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también tú, ¿por qué me-nosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios.

11 Porque está escrito: Vivo Yo, dice el Señor, que ante Mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios.

12 Por tanto, cada uno de nosotros dará cuenta de sí.

13 Así que, ya no nos juzguemos más unos a otros, al contrario, proponeos más bien no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.

14 Yo sé, pues he sido persuadido por el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo, sino que el que piensa que alguna cosa es inmunda, para él es inmunda.

15 Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no vives según el amor. No arruines con tu comida a aquél por quien Cristo murió.

16 No sea, pues, vituperado vuestro bien,

17 porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

18 Porque el que en esto sirve al Mesías, es aceptable a Dios, y aprobado por los hombres.

19 Así pues, persigamos las cosas de la paz, y de la mutua edificación.

20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas en verdad son limpias, pero es malo que un hombre haga tropezar a otro por causa de lo que come.

21 Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tropieza tu hermano.

22 La fe que tú tienes, tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.

23 Pero el que duda cuando come, ha sido condenado, porque no comió por fe, y todo lo que no proviene de la fe es pecado.

15

1 Así que, nosotros los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.

2 Cada uno de nosotros trate de agradar al prójimo en lo bueno, para edificación.

3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; al contrario, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban cayeron sobre mí.

4 Porque lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza fue escrito; para que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, sostengamos la esperanza.

5 Y el Dios de la paciencia y de la consolación os conceda sentir lo mismo unos para con otros, según Cristo Jesús,

6 para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

7 Por tanto, aceptaos los unos a los otros, como también Cristo os aceptó, para gloria de Dios.

8 Porque os digo que el Mesías llegó a ser ministro de la circuncisión en favor de la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,

9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, Y cantaré a tu Nombre.

10 Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo.

11 Y otra vez: Alabad al Señor, todos los gentiles, Y exaltadlo pueblos todos.

12 Y otra vez, Isaías dice: Vendrá la raíz de Isaí: El que se levantará a regir a los gentiles, Y los gentiles pondrán en Él su esperanza.

13 Así el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en la esperanza por el poder del Espíritu Santo.

14 Y yo mismo, hermanos míos, he sido persuadido acerca de vosotros, de que también vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, y que sois también capaces de amonestaros los unos a los otros.

15 Pero os escribí en algunos puntos osadamente, como haciéndoos recordar por medio de la gracia que me fue dada por Dios,

16 para ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando como sacerdote el Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles llegue a ser agradable, santificada por el Espíritu Santo.

17 Tengo motivo pues para gloriarme en Cristo Jesús en las cosas que se refieren a Dios.

18 Pero no osaré hablar sino lo que Cristo ha obrado por medio de mí para traer a obediencia a los gentiles, por palabra y por obra,

19 con poder de señales milagrosas y prodigios, por el poder del Espíritu, con el propósito de proclamar plenamente el Evangelio de Cristo, desde Jerusalem y sus alrededores, hasta Ilírico;

20 y esforzándome de esta manera a predicar las buenas nuevas, no donde Cristo fuera ya conocido, para no edificar sobre fundamento ajeno;

21 sino, como está escrito: Aquellos a quienes no fue anunciado acerca de Él, verán, Y los que no habían oído, entenderán.

22 Por lo cual también fui impedido muchas veces de ir a vosotros.

23 Pero ahora, no teniendo ya lugar en estas regiones, y teniendo desde hace muchos años ferviente anhelo de ir a vosotros,

24 espero visitaros cuando viaje a España, porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, cuando primero haya disfrutado un poco con vosotros.

25 Pero ahora voy a Jerusalem a ministrar a los santos.

26 Porque Macedonia y Acaya decidieron proveer alguna contribución para los pobres de los santos que están en Jerusalem;

27 pues les pareció bien, y están en deuda con ellos; porque si los gentiles han participado de los bienes espirituales de ellos, también deben servirles con los materiales.

28 Así que, cuando haya cumplido esto y les haya entregado con seguridad este fruto, estaré entre vosotros rumbo a España.

29 Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición de Cristo.

30 Os ruego por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis en las oraciones por mí ante Dios,

31 para que sea librado de los que son desobedientes en Judea, y que mi servicio en Jerusalem sea aceptable para los santos;

32 a fin de que llegue a vosotros con gozo, por la voluntad de Dios, y tenga un tiempo de descanso con vosotros.

33 El Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

16

1 Ahora, os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que es diaconisa de la iglesia que está en Cencrea;

2 para que la recibáis en el Señor, de una manera digna de los santos, y que le proveáis cualquier cosa que necesite de vosotros; porque también ella fue ayudadora de muchos, y de mí mismo.

3 Saludad a Prisca y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús,

4 quienes arriesgaron su propio cuello por mi vida, a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles,

5 y a la iglesia que está en su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, quien es primicias de Asia en Cristo.

6 Saludad a María, la cual trabajó mucho entre vosotros.

7 Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes y mis compañeros de prisión, que son insignes entre los apóstoles y quienes también han sido antes que yo en Cristo.

8 Saludad a Amplias, amado mío en el Señor.

9 Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y a Estaquis, amado mío.

10 Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los que son de Aristóbulo.

11 Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los que son de Narciso, los cuales están en el Señor.

12 Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, quien trabajó mucho en el Señor.

13 Saludad a Rufo, el escogido en el Señor, y a su madre, y mía.

14 Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes, y a los santos que están con ellos.

15 Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos.

16 Saludaos unos a otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.

17 Os ruego, hermanos, que pongáis atención a los que causan disensiones y tropiezos contra la doctrina que vosotros aprendisteis, y apartaos de ellos.

18 Porque los tales no sirven al Mesías nuestro Señor, sino a su propio vientre, y con palabras suaves y lisonjas seducen los corazones de los ingenuos.

19 Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo a causa de vosotros; pero quiero que seáis sabios para lo bueno, e ingenuos para lo malo.

20 Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesús sea con vosotros.

21 Os saludan Timoteo, mi colaborador, y Lucio, y Jasón, y Sosípater, mis parientes.

22 Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor.

23 Os saluda Gayo, anfitrión mío y de toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.

24 [[24]]

25 Y al que puede fortaleceros según mi Evangelio y la proclamación de Jesucristo, según la revelación del misterio que fue guardado en silencio desde tiempos eternos,

26 pero que ahora ha sido manifestado, y por medio de las Escrituras Proféticas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe,

27 al único sabio Dios sea la gloria por medio de Jesucristo, para siempre jamás. Amén.