1 En el primer tratado, oh Teófilo, te escribí acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,
2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de dar mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que Él había escogido.
3 Ante los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo, con muchas pruebas decisivas, apareciéndoseles durante cuarenta días, y hablándoles de las cosas concer-nientes al reino de Dios.
4 Y estando con ellos, les mandó que no se alejaran de Jerusalem, sino que esperaran la promesa del Padre, la cual, les dijo: Oísteis de mí,
5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, Pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.
6 Así pues, los que se habían reunido le preguntaban, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
7 Les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las épocas que el Padre puso en su sola potestad,
8 pero recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalem, en toda Judea y Samaria, y hasta lo último de la tierra.
9 Y dicho esto, fue alzado viéndolo ellos, y una nube lo ocultó de sus ojos.
10 Y estando mirando fijamente al cielo mientras Él se iba, se les presentaron dos varones con vestiduras blancas.
11 Y les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este Jesús, que fue tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo contemplasteis yendo al cielo.
12 Entonces regresaron a Jerusalem del monte llamado del Olivar, el cual está cerca de Jerusalem, camino de un sábado.
13 Y tan pronto entraron, subieron al aposento alto donde estaban alojados Pedro y Juan, Jacobo y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo de Alfeo, Simón el Zelote, y Judas, el hermano de Jacobo.
14 Todos éstos estaban unánimes, dedicados constantemente a la oración, con las mujeres, y Miriam, la madre de Jesús, y sus hermanos.
15 En aquellos días, levantándose Pedro en medio de los hermanos, dijo (y el grupo de personas reunidas era alrededor de ciento veinte):
16 Varones hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura que predijo el Espíritu Santo por boca de David acerca de Judas, quien fue guía de los que prendieron a Jesús,
17 porque era uno de nosotros y había tomado parte en este ministerio.
18 (Éste compró un campo del salario de su iniquidad, y habiéndose hinchado, reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas;
19 y esto llegó a ser conocido de todos los que viven en Jerusalem, de modo que aquel campo se llama en su propia lengua Acéldama, es decir, Campo de Sangre.)
20 Pero, como está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su morada, Y no haya quien habite en ella. Y: Tome otro su cargo,
21 es necesario que de los varones que estuvieron con nosotros durante todo el tiempo en que el Señor Jesús entraba y salía con nosotros,
22 comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue tomado arriba de entre nosotros, uno de éstos sea testigo con nosotros de su resurrección.
23 Y propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías.
24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra a cuál de estos dos escogiste
25 para tomar el lugar en este ministerio apostólico, del cual se extravió Judas, para irse a su propio lugar.
26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías, y fue contado con los once apóstoles.
1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2 Y de repente fue hecho del cielo un estruendo, como de una ráfaga de viento impetuoso, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados.
3 Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos.
4 Y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía hablar.
5 Yhabía en Jerusalem hombres judíos piadosos, provenientes de toda nación debajo del cielo.
6 Y cuando ocurrió este estruendo, la multitud se reunió, y estaban confusos, porque oían a cada uno hablando en su propia lengua.
7 Y atónitos y asombrados, decían: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
8 ¿Cómo pues cada uno de nosotros los oímos en nuestra propia lengua en que nacimos.
9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos Mesopotamia, Judea y también Capadocia, Ponto y Asia,
10 Frigia y también Panfilia, Egipto y las regiones de Libia junto a Cirene, y los romanos, forasteros,
11 tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablando en nuestras lenguas las maravillas de Dios?
12 Y estaban todos asombrados y perplejos, y se decían unos a otros: ¿Qué significa esto?
13 Otros, burlándose, decían: ¡Están llenos de licor!
14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y les declaró: ¡Varones judíos y todos los que habitáis en Jerusalem: esto os sea notorio, y escuchad mis palabras!
15 Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, pues es la hora tercera del día;
16 sino que esto es lo dicho por medio del profeta Joel:
17 Y acontecerá en los postreros días, dice Dios, Que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, Vuestros jóvenes verán visiones, Vuestros ancianos soñarán sueños,
18 Ciertamente sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales milagrosas abajo en la tierra, Sangre, y fuego y vapor de humo,
20 El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día grande y glorioso del Señor.
21 Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.
22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con maravillas y prodigios y señales milagrosas, que Dios hizo por medio de Él entre vosotros, como también vosotros sabéis;
23 a éste, entregado por el determinado designio y anticipado conocimiento de Dios, matasteis por mano de inicuos, crucificándolo;
24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuera retenido por ella.
25 Porque David dice respecto a Él: Veía al Señor continuamente delante de mí, Pues está a mi diestra para que no sea conmovido.
26 Por esto, mi corazón se alegró, y mi lengua se regocijó en extremo, Y aun mi carne también descansará en esperanza,
27 Pues no abandonarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me hiciste conocer los caminos de vida, Me llenarás de gozo con tu presencia.
29 Varones hermanos, se os puede decir con franqueza acerca del patriarca David, que no sólo murió, sino que también fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta este día.
30 Pero, siendo profeta, y sabiendo que Dios le había jurado sentar en su trono al fruto de sus lomos,
31 previéndolo, habló acerca de la resurrección del Mesías, que no fue desamparado en el Hades, ni su carne vio corrupción.
32 A este Jesús lo ha resucitado Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
34 Porque no subió David a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
36 Sepa pues con certidumbre toda la casa de Israel, que a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo hizo Señor y Mesías.
37 Al oírlo entonces, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
38 Y Pedro a ellos: ¡Arrepentíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús el Mesías para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo!
39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos llame el Señor nuestro Dios.
40 Y con otras muchas palabras testificaba solemnemente y los exhortaba, diciendo: ¡Sed salvos de esta perversa generación!
41 Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados, y en aquel día fueron añadidas como tres mil personas.
42 Y estaban dedicados constantemente a la doctrina de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a las oraciones.
43 Y sobrevenía temor a toda alma, y muchos prodigios y señales milagrosas se hacían por los apóstoles.
44 Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas en común;
45 y vendían las propiedades y las posesiones, y las distribuían a todos según la necesidad de cada cual.
46 Y perseverando unánimes cada día en el Templo y partiendo el pan de casa en casa, compartían el alimento con alegría y sencillez de corazón,
47 alabando a Dios, y teniendo gracia hacia todo el pueblo. Y cada día el Señor añadía al número los que iban siendo salvos.
1 Cierto día Pedro y Juan subían al Templo a la hora de la oración, la novena.
2 Y era traído cierto varón que estaba cojo desde el vientre de su madre, a quien ponían cada día a la puerta del Templo (la llamada Hermosa), para pedir limosna a los que entraban en el Templo;
3 el cual, viendo a Pedro y Juan que estaban por entrar en el Templo, les pedía limosna.
4 Pedro entonces, con Juan, fijando los ojos en él, dijo: ¡Míranos!
5 Y él les estaba atento, esperando recibir algo de ellos.
6 Pedro dijo: No tengo plata ni oro; pero lo que tengo te doy: En el nombre de Jesús de Nazaret, el Mesías, ¡anda!
7 Y asiéndolo de la mano derecha, lo levantó, e inmediatamente fueron fortalecidos sus pies y sus tobillos.
8 Y saltando, se puso en pie y anduvo, y entró con ellos en el Templo andando y saltando, y alabando a Dios.
9 Y todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios.
10 Y lo reconocían que era el mismo que se sentaba a pedir limosna en la puerta la Hermosa, del Templo; y se quedaron llenos de admiración, y atónitos, a causa de lo que había acontecido.
11 Y mientras él tenía asidos a Pedro y a Juan, todo el pueblo, asombrado en gran manera, corrió juntamente hacia ellos al pórtico de Salomón.
12 Y al ver esto Pedro, declaró al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué claváis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad lo hubiéramos hecho andar?
13 El Dios de Abraham, de Isaac yJacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su Siervo Jesús, a quien por cierto vosotros entregasteis y rechazasteis en presencia de Pilato, cuando éste había decidido soltarlo.
14 Pero vosotros negasteis al Santo y Justo, y pedisteis que os fuera concedido un hombre homicida,
15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
16 Y por medio de la fe en su Nombre, a éste que veis y conocéis, su Nombre lo ha fortalecido, y la fe que viene por medio de Él, le ha dado esta total sanidad delante de todos vosotros.
17 Y ahora hermanos, yo sé que lo hicisteis por ignorancia, como también vuestros gobernantes;
18 pero Dios cumplió así lo que había predicho por boca de todos los profetas: Que su Ungido había de padecer.
19 Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados;
20 para que de la faz del Señor vengan tiempos de refrigerio espiritual, y envíe a Jesús el Mesías, que os fue anunciado de antemano;
21 a quien es menester que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de las que habló Dios por boca de sus santos profetas desde un principio.
22 Porque Moisés en verdad dijo: El Señor vuestro Dios os levantará Profeta de entre vuestros hermanos, como yo; a Él oiréis en todas las cosas que os hable;
23 y sucederá que toda alma que no escuche a aquel Profeta será desarraigada del pueblo.
24 Y asimismo todos los profetas que han hablado desde Samuel en adelante, también anunciaron estos días.
25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, al decir a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.
26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo resucitado a su Siervo, lo ha enviado para que os bendiga, a fin de apartar a cada uno de vuestras maldades.
1 Hablando ellos al pueblo, se les acercaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos,
2 muy enojados porque ellos enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de los muertos.
3 Y les echaron mano, y los pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, porque ya era tarde.
4 Pero muchos de los que oyeron la palabra, creyeron, y el total de los hombres fue cinco mil.
5 Al día siguiente, aconteció que se reunieron en Jerusalem sus gobernantes, y los ancianos, y los escribas;
6 y Anás, sumo sacerdote, y Caifás, y Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes;
7 y poniéndolos en el medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?
8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo y ancianos:
9 Puesto que hoy se nos interroga acerca de un beneficio hecho a un hombre enfermo, por quién haya sido sanado éste,
10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesús de Nazaret, el Mesías, a quien vosotros crucificasteis, a quien Dios resucitó de los muertos, por Él este hombre está sano delante de vosotros.
11 Éste es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza de ángulo.
12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
13 Observando entonces la osadía de Pedro y de Juan, y percatándose de que eran hombres del vulgo y sin letras, se asombraban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús.
14 Y viendo al hombre que había sido sanado, en pie con ellos, no tenían nada que oponer.
15 Entonces les ordenaron que salieran fuera del Sanedrín, y deliberaban entre sí,
16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque ciertamente una notable señal milagrosa ha sido hecha por medio de ellos, manifiesta a todos los que viven en Jerusalem, y no podemos negarla.
17 Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémos-los severamente para que no hablen más en este nombre a ningún hombre.
18 Y llamándolos, les ordenaron que en absoluto hablaran o enseñaran en el nombre de Jesús.
19 Respondiendo entonces Pedro y Juan, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;
20 porque nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído.
21 Ellos entonces, no hallando cómo castigarlos por causa del pueblo, amenazándolos aún más, los soltaron; pues todos glorificaban a Dios por lo sucedido,
22 porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.
23 Y puestos en libertad, fueron a los suyos, y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
24 Y cuando ellos lo oyeron, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano, Tú eres el que hiciste el cielo y la tierra y el mar, y todo lo que en ellos hay;
25 que por medio del Espíritu Santo, por boca de tu siervo, nuestro padre David, dijiste: ¿Por qué se amotinan las naciones, Y los pueblos piensan cosas vanas?
26 Acudieron los reyes de la tierra, Y los príncipes a una se reunieron Contra el Señor, y contra su Ungido.
27 Porque verdaderamente se aliaron en esta ciudad contra tu santo Siervo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y los pueblos de Israel,
28 para hacer cuanto tu mano y tu designio predestinaron que sucediera.
29 Y ahora Señor, considera sus amenazas, y concede a tus siervos hablar tu palabra con todo denuedo;
30 mientras extiendes la mano para que haya sanidades y señales milagrosas, y prodigios mediante el nombre de tu santo Siervo Jesús.
31 Y cuando ellos oraron, el lugar en que estaban congregados tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.
32 Uno solo era el corazón y el alma de la multitud de los que creyeron, y ni uno solo decía ser suyo propio algo de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.
33 Y con gran poder los apóstoles daban el testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y había abundante gracia sobre todos ellos.
34 Y no había ningún necesitado entre ellos, pues todos los que poseían tierras o casas, las vendían y llevaban el dinero de las cosas vendidas.
35 y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.
36 Y José, a quien los apóstoles llamado Bernabé (que significa hijo de consolación), levita, natural de Chipre,
37 vendió una hacienda que tenía, y llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.
1 Entonces cierto varón de nombre Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad;
2 pero sustrajo parte del precio, sabiéndolo también la mujer; y trayendo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
3 Y le dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo, y sustrajeras del precio de la propiedad?
4 Reteniéndola, ¿acaso no quedaba siendo tuya? Y una vez vendida, ¿no estaba a tu disposición? ¿Por qué pusiste este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
5 Al oír estas palabras, Ananías cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oían.
6 Y levantándose los jóvenes, lo amortajaron, lo sacaron y lo sepultaron.
7 Hubo un intervalo como de tres horas y entró su mujer, que no sabía lo sucedido.
8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la propiedad? Y ella respondió: Sí, en tanto.
9 Y Pedro a ella: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que sepultaron a tu marido, y te sacarán a ti.
10 Y al instante cayó a sus pies y murió; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta, y sacándola, la sepultaron junto a su marido.
11 Y vino un gran temor sobre toda la Iglesia, y sobre todos los que oían estas cosas.
12 Por manos de los apóstoles se hacían muchas señales milagrosas y prodigios entre el pueblo, y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
13 Pero de los demás, ninguno osaba juntarse con ellos; pero el pueblo los alababa grandemente.
14 Y muchos más creyentes en el Señor eran añadidos: multitudes de hombres y de mujeres.
15 Y sacaban a los enfermos a las calles y los ponían en catres y camillas, para que al pasar Pedro, al menos su sombra cubriera a alguno de ellos.
16 También de ciudades circunvecinas de Jerusalem concurría la multitud, trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, y todos eran sanados.
17 Pero levantándose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él (de la secta de los saduceos), se llenaron de envidia,
18 y echando mano a los apóstoles, los metieron en la cárcel pública.
19 Pero un ángel del Señor abrió de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo:
20 Id, y puestos en pie en el Templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta Vida.
21 Y al oírlo, entraron al amanecer en el Templo, y enseñaban. Entonces se presentó el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al Sanedrín, esto es, el Consejo Supremo de los hijos de Israel, y enviaron a la prisión para traerlos.
22 Pero cuando los alguaciles se presentaron, no los hallaron en la cárcel; y después de regresar, informaron,
23 diciendo: Hemos hallado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los carceleros de pie ante las puertas, pero cuando abrimos, no hallamos a nadie dentro.
24 Cuando oyeron estas palabras, tanto el jefe de la guardia del Templo como los principales sacerdotes, se preguntaban en qué iría a parar esto.
25 Y llegando uno, les informó: Mirad, los varones que pusisteis en la cárcel están en el Templo enseñando al pueblo.
26 Entonces el jefe de la guardia fue con los alguaciles y los condujo sin violencia, porque temían que el pueblo pudiera apedrearlos.
27 Luego de conducirlos, los presentaron en el Sanedrín; y el sumo sacerdote los interrogó,
28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñarais en este nombre? He aquí, habéis llenado a Jerusalem de vuestra enseñanza, y queréis traer sobre nosotros la sangre de este hombre.
29 Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
30 El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo en un madero.
31 A éste exaltó Dios con su diestra como Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.
32 Y nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
33 Pero ellos al oír esto, fueron cortados hasta el corazón y estaban por tomar el acuerdo de matarlos.
34 Entonces se levantó en el Sanedrín cierto fariseo de nombre Gamaliel, maestro de la Ley, respetado por todo el pueblo, y mandó sacar fuera a los hombres por un momento,
35 y les dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros qué vais a hacer a estos hombres.
36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al cual se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.
37 Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, e incitó al pueblo tras sí. También él pereció, y todos los que le obedecían fueron dispersados.
38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres y dejadlos, porque si este plan o esta obra es de los hombres, se desvanecerá.
39 Pero si es de Dios, no podréis destruirlos; no sea que hasta seáis hallados luchando contra Dios. Y fueron persuadidos por él.
40 Y llamando a los apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús, y los soltaron.
41 Salieron ellos pues de la presencia del Sanedrín, regocijándose porque habían sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.
42 Y cada día, en el Templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y proclamar que Jesús es el Mesías.
1 En aquellos días, habiéndose multiplicado el número de los discípulos, hubo murmuración de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en el servicio diario.
2 Así que los doce, habiendo convocado a la congregación de los discípulos, dijeron: No es bueno que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas.
3 Buscad más bien, hermanos, a siete varones de entre vosotros, que sean de buen testimonio, llenos del Espíritu y de sabiduría, a quienes encarguemos esta función,
4 y nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.
5 Y lo dicho fue del agrado de toda la congregación, y escogieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nica-nor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía,
6 a quienes presentaron delante de los apóstoles, y después de orar, les impusieron las manos.
7 Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalem, y un gran número de los sacerdotes obedecían a la fe.
8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía prodigios y grandes señales milagrosas entre el pueblo.
9 Pero algunos de la llamada Sinagoga de Libertos (tanto cireneos como alejandrinos), y de los de Cilicia y de Asia, se levantaron para disputar con Esteban.
10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
11 Entonces sobornaron a unos varones que dijeran: Lo hemos oído hablando palabras blasfemas contra Moisés y Dios.
12 E incitaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y cayendo sobre él, lo arrebataron y lo llevaron al Sanedrín.
13 Y presentaron testigos falsos, diciendo: Este hombre no cesa de hablar palabras contra el Lugar Santo y la Ley.
14 Porque lo hemos oído diciendo que este Jesús. el Nazareno, destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés.
15 Pero al clavar en él la vista, todos los que estaban sentados en el Sanedrín vieron su rostro como el rostro de un ángel.
1 Entonces el sumo sacerdote dijo: ¿Es esto así?
2 Y él declaró: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que viviera en Harán,
3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y vé a la tierra que Yo te muestre.
4 Saliendo entonces de la tierra de los caldeos, habitó en Harán; y de allí, luego de morir su padre, lo trasladó a esta tierra en la que vosotros vivís ahora.
5 Pero no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie, y cuando él no tenía aún hijo, prometió dársela en posesión, y a su descendencia después de él.
6 Y Dios habló así: Tu descendencia será extranjera en tierra ajena por cuatrocientos años, y la esclavizarán y maltratarán.
7 Pero Yo juzgaré, dijo Dios, a la nación a la cual servirán como esclavos, y después de estas cosas, saldrán y me servirán en este lugar.
8 Y le dio el pacto de la circuncisión; y así engendró a Isaac, y lo circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
9 Y los patriarcas, teniendo envidia de José, se deshicieron de él vendiéndolo para Egipto. Pero Dios estaba con él,
10 y lo libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón, rey de Egipto, quien lo puso a gobernar sobre Egipto y sobre toda su casa.
11 Vino entonces una hambruna en todo Egipto y Canaán, y una gran aflicción; y nuestros padres no hallaban alimentos.
12 Pero oyendo Jacob que había alimento en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.
13 Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José.
14 Y José envió a llamar a su padre Jacob, y a toda la familia, en número de setenta y cinco personas.
15 Y Jacob bajó a Egipto, y murió él, y nuestros padres.
16 Y fueron trasladados a Siquem y puestos en el sepulcro que Abraham había comprado por precio de plata a los hijos de Hamor en Siquem.
17 Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había declarado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
18 hasta que se levantó otro rey que no había conocido a José.
19 Éste, tratando con astucia a nuestro linaje, maltrató a los padres para que abandonaran a la intemperie a sus niños de pecho, para que no sobrevivieran.
20 En aquel tiempo nació Moisés, y fue hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en la casa de su padre;
21 pero al abandonarlo a la intemperie, la hija de Faraón lo adoptó y lo crió como si fuera hijo suyo.
22 Y Moisés fue instruido en toda sabiduría de los egipcios, y era poderoso en sus palabras y en hechos.
23 Cuando tenía como cuarenta años, le vino al corazón visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.
24 Y viendo a uno que era tratado injustamente, lo defendió; y matando al egipcio, vengó al maltratado.
25 Suponía entonces que los hermanos entenderían que Dios les daría salvación por su mano, pero ellos no entendieron.
26 Y al día siguiente se presentó a unos que estaban peleando, y trataba de ponerlos en paz, diciendo: Varones, sois hermanos, ¿por qué os maltratáis el uno al otro?
27 Entonces, el que maltrataba a su prójimo, lo rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros?
28 ¿Acaso quieres tú matarme, como ayer mataste al egipcio?
29 Ante esta palabra, Moisés huyó, y vino a ser extranjero en la tierra de Madián, donde engendró dos hijos.
30 Transcurridos cuarenta años, el Ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza ardiente.
31 Al verlo entonces Moisés, se maravillaba de la visión, y al acercarse para observar, le llegó la voz del Señor:
32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Lleno de temor, Moisés no se atrevía a mirar.
33 Y el Señor le dijo: Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.
34 Ciertamente he visto la opresión de mi pueblo que está en Egipto, y he oído sus gemidos, y he descendido a librarlos. Ahora, pues, ven, para que te envíe a Egipto.
35 A este Moisés, a quien rechazaron, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? a éste envió Dios como príncipe y libertador, por mano del Ángel que se le apareció en la zarza.
36 Éste los sacó, haciendo prodigios y señales milagrosas en tierra de Egipto, y en el mar Rojo, y en el desierto, por cuarenta años.
37 Éste es el Moisés que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará Dios de entre vuestros hermanos, como a mí.
38 Éste es el que estuvo con la iglesia en el desierto, con el Ángel que le hablaba en el monte Sinay, y connuestros padres, quien recibió oráculos vivientes para dárnoslos;
39 al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo rechazaron, y en sus corazones se volvieron a Egipto,
40 diciéndole a Aarón: ¡Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque este Moisés que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha ocurrido!
41 Y en aquellos días hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y se regocijaron en las obras de sus manos.
42 Pero Dios se apartó y los entregó a rendir culto al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios En el desierto por cuarenta años, oh casa de Israel?
43 Antes bien, llevasteis el tabernáculo de Moloc, Y la estrella del dios Renfán, Las imágenes que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia.
44 Tenían nuestros padres el Tabernáculo del Testimonio en el desierto, como había ordenado el que hablaba a Moisés para que lo hiciera conforme al modelo que había visto.
45 Después de recibirlo, nuestros padres a su vez lo introdujeron con Josué al tomar posesión de las naciones que Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David;
46 quien halló gracia delante de Dios, y pidió encontrar un tabernáculo para la Casa de Jacob;
47 pero Salomón le edificó Casa,
48 si bien el Altísimo no habita en casas hechas de mano; como dice el profeta:
49 El cielo es mi trono, Y la tierra, estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?
50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas?
51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazones y de oídos! Vosotros re-sistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, también vosotros.
52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, a quien vosotros ahora habéis llegado a entregar y asesinar.
53 Vosotros, que recibisteis la Ley por medio de los ángeles, y no la guardasteis.
54 Al oír estas cosas, se enfurecieron en sus corazones y crujían los dientes contra él.
55 Pero él, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús en pie a la diestra de Dios,
56 y dijo: ¡He aquí, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre en pie a la diestra de Dios!
57 Pero ellos, gritando a gran voz, se taparon los oídos y arremetieron a una contra él,
58 y sacándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon, y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo.
59 Y mientras apedreaban a Esteban, él invocaba y decía:¡Señor Jesús, recibe mi espíritu!
60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: ¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! Y habiendo dicho esto, durmió.
1 Saulo consintió en su asesinato, y en aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia en Jerusalem, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.
2 Y unos varones piadosos sepultaron a Esteban, e hicieron gran llanto por él.
3 Y Saulo asolaba la iglesia, entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel.
4 Pero los que habían sido esparcidos iban proclamando la palabra.
5 Y Felipe, bajando a una ciudad de Samaria, les predicaba al Mesías.
6 Y al oír y ver las señales milagrosas que hacía, las gentes unánimemente prestaban profunda atención a las cosas dichas por Felipe.
7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían clamando a gran voz; y muchos paralíticos y cojos eran sanados.
8 Y había grande gozo en aquella ciudad.
9 Pero cierto varón de nombre Simón, había estado practicando magia en la ciudad y asombraba a la gente de Samaria, haciéndose pasar por alguien importante.
10 A éste, todos prestaban gran atención, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Éste es el llamado Gran poder de Dios.
11 Y por haberlos embelesado bastante tiempo con artes mágicas, le prestaban gran atención.
12 Pero cuando creyeron a Felipe, que proclamaba las buenas nuevas acerca del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, fueron bautizados tanto hombres como mujeres,
13 y aun Simón mismo creyó, y habiendo sido bautizado, estaba apegado constantemente a Felipe; y se maravillaba al ver las señales milagrosas y los grandes portentos que se hacían.
14 Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, al oír: ¡Samaria ha recibido la palabra de Dios! les enviaron a Pedro y a Juan,
15 quienes, después de bajar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo;
16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que sólo estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
18 Y viendo Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles era dado el Espíritu, les ofreció dinero,
19 diciendo: Dadme también este poder, para que a cualquiera que imponga las manos reciba el Espíritu Santo.
20 Pero Pedro le dijo: Tu plata sea contigo para destrucción, porque pensaste obtener el don de Dios por dinero.
21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
22 Arrepiéntete pues, de esta tu maldad, y ruega al Señor, por si acaso te será perdonado el pensamiento de tu corazón;
23 porque veo que estás en hiel de amargura y enprisiones de maldad.
24 Respondiendo entonces Simón, dijo: ¡Rogad vosotros por mí al Señor, para que ninguna de las cosas que habéis dicho venga sobre mí!
25 Ellos entonces, después de testificar fielmente y hablar la palabra del Señor, regresaron a Jerusalem evangelizando muchas aldeas de los samaritanos.
26 En aquel tiempo, un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y vé hacia el sur, al camino que baja de Jerusalem a Gaza, el cual está deshabitado.
27 Y levantándose, fue. Y he aquí un hombre etíope, eunuco, funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todo su tesoro, quien había ido a adorar a Jerusalem,
28 regresaba sentado en su carro leyendo al profeta Isaías.
29 Entonces el Espíritu dijo a Felipe: Acércate, y júntate a ese carro.
30 Corriendo Felipe, lo oyó leyendo al profeta Isaías, y dijo: Pero, ¿entiendes lo que lees?
31 Y él contestó: Y ¿cómo podría, si alguno no me guía? Y rogó a Felipe que subiera a sentarse con él.
32 El pasaje de la Escritura que leía era éste: Como oveja fue llevado a la matanza; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca.
33 En la humillación su juicio fue quitado; ¿Quién contará su generación? Porque su vida es quitada de la tierra.
34 Tomando la palabra, el eunuco dijo a Felipe: Te ruego, ¿de quién dice esto el profeta? ¿de sí, o de algún otro?
35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le proclamó a Jesús.
36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua; y el eunuco dice: ¡Mira, agua! ¿Qué impide que yo sea bautizado?
37 [[37]]
38 Y mandó parar el carro; y ambos, Felipe y el eunuco, bajaron al agua, y lo bautizó.
39 Y cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y el eunuco no lo vio más, pero prosiguió gozoso su camino.
40 Y Felipe fue hallado en Azoto, y al pasar, evangelizaba a todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
1 En ese tiempo, Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se acercó al sumo sacerdote,
2 y le solicitó cartas para las sinagogas de Damasco, para que cuando hallara hombres o mujeres que eran de este Camino, pudiera traerlos atados a Jerusalem.
3 Pero yendo por el camino, sucedió que cuando se acercaba a Damasco, de repente resplandeció alrededor de él una luz del cielo,
4 y cayendo en la tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
5 Contestó: ¿Quién eres, Señor? Y Él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
6 Pero levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que tienes que hacer.
7 Y los varones que iban con él se habían parado estupefactos, oyendo a la verdad la voz, pero no viendo a nadie.
8 Entonces Saulo se levantó del suelo, y abriendo sus ojos, nada veía. Así que, llevándolo de la mano, lo introdujeron en Damasco.
9 Y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
10 Había entonces en Damasco cierto discípulo de nombre Ananías. El Señor le dijo en visión: Ananías; y él respondió: Heme aquí, Señor.
11 Y el Señor a él: Ananías, levántate, vé a la calle llamada Derecha, y busca en casa de Judas a uno de nombre Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,
12 y ha visto a un varón de nombre Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.
13 Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalem.
14 Y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para atar a todos los que invocan tu Nombre.
15 Pero el Señor le dijo: Vé, porque instrumento de elección me es éste para llevar mi Nombre delante de las naciones, y también de reyes, y de los hijos de Israel;
16 porque Yo le mostraré cuánto tiene que padecer por mi Nombre.
17 Entonces Ananías fue y entró en la casa, y después de imponerle las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, quien se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recuperes la vista y seas lleno del Espíritu Santo.
18 Y al instante le cayeron de los ojos como escamas y recobró la vista, y después de levantarse, fue bautizado,
19 y tomando alimento, recuperó fuerzas. Y estuvo con los discípulos en Damasco algunos días.
20 Y enseguida predicaba a Jesús en las sinagogas: ¡Éste es el Hijo de Dios!
21 Y todos los oyentes estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba a los que invocan este nombre en Jerusalem, y a esto había venido acá, para llevarlos atados ante los principales sacerdotes?
22 Pero Saulo se fortalecía mucho más y confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrando que éste es el Mesías.
23 Cuando habían pasado muchos días, los judíos tramaron darle muerte,
24 pero el complot llegó a ser conocido por Saulo. Y aun vigilaban estrictamente las puertas de día y de noche para que lo mataran.
25 Entonces sus discípulos, tomándolo de noche, lo bajaron por el muro descolgándolo en una canasta.
26 Habiendo llegado a Jerusalem, intentó juntarse con los discípulos, pero todostenían temor de él, y no creían que era discípulo.
27 Pero Bernabé lo tomó consigo y lo llevó ante los apóstoles, y les contó cómo había visto al Señor en el camino, y que Éste le había hablado, y cómo, en Damasco, había predicado con denuedo en el nombre de Jesús.
28 Y estaba con ellos en Jerusalem, entrando y saliendo, hablando con denuedo en el nombre del Señor.
29 También conversaba y discutía con los helenistas, pero éstos intentaban matarlo.
30 Cuando lo supieron los hermanos, lo bajaron a Cesarea, y lo enviaron a Tarso.
31 Entretanto la Iglesia tenía paz en toda Judea, Galilea y Samaria, siendo edificada y andando en el temor del Señor; y era multiplicada con la consolación del Espíritu Santo.
32 Pasando Pedro por todos los lugares, aconteció que también fue a los santos que viven en Lida.
33 Y allí encontró a cierto hombre de nombre Eneas, quien estaba paralizado, acostado en un catre por ocho años.
34 Pedro le dijo: ¡Eneas, Jesucristo te sana, levántate y haz tu cama! Y al instante se levantó.
35 Y lo vieron todos los que viven en Lida y en Sarón, y se convirtieron al Señor.
36 Había entonces en Jope cierta discípula de nombre Tabitá (que significa Gacela).Ésta estaba llena de buenas obras y de limosnas que hacía.
37 Y aconteció que en aquellos días se enfermó hasta que murió. Y después de lavarla, la pusieron en un aposento alto.
38 Y estando Lida cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba en ella, le enviaron a dos hombres, rogándole: No tardes en venir a nosotros.
39 Entonces Pedro, levantándose, fue con ellos; y cuando llegó, lo llevaron al aposento alto. Y todas las viudas se presentaron delante de él, llorando y mostrando cuántas túnicas y mantos hacía Gacela cuando estaba con ellas.
40 Entonces Pedro, sacando a todos, y puesto de rodillas, oró; y volviéndose hacia el cuerpo, dijo: ¡Tabitá, levántate! Y ella abrió sus ojos, y viendo a Pedro, se incorporó.
41 Y dándole la mano, la levantó; y llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.
42 Y fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.
43 Y aconteció que se quedó muchos días en Jope, con cierto Simón curtidor.
1 En Cesarea, cierto varón de nombre Cornelio, centurión de la cohorte llamada la Italiana,
2 piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios continuamente,
3 como a la hora novena del día, vio claramente en una visión a un ángel de Dios yendo haciaél, que le decía: ¡Cornelio!
4 Y él, mirándolo fijamente, y aterrorizado, dijo: ¿Qué pasa, señor? Le dijo: Tus oraciones y tus limosnas subieron por memorial delante de Dios.
5 Envía ahora, pues, unos varones a Jope, y haz venir a un tal Simón, llamado Pedro.
6 Éste posa con cierto Simón curtidor, que tiene una casa junto al mar.
7 Y cuando se fue el ángel que le hablaba, llamando a dos de los criados, y a un soldado devoto de los que le servían constantemente,
8 luego de explicarles todo, los envió a Jope.
9 Al día siguiente, mientras ellos viajaban y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora sexta;
10 y le vino mucha hambre y quiso comer; y mientras le preparaban, le vino un éxtasis:
11 Observa que el cielo se abre y que desciende un objeto, como un gran lienzo, que es descolgado a la tierra por las cuatro puntas,
12 en el cual había de todos los cuadrúpedos y reptiles de la tierra y aves del cielo.
13 Y vino a él una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
14 Pero Pedro dijo: De ningún modo, Señor; porque ninguna cosa común e inmunda comí jamás.
15 Y la voz le habló de nuevo a él por segunda vez: De ningún modo llames común lo que Dios limpió.
16 Y ocurrió esto una tercera vez; y seguidamente el objeto fue recogido al cielo.
17 Y mientras Pedro estaba perplejo en sí mismo (qué sería la visión que había visto), he aquí los varones enviados por Cornelio, habiendo averiguado por la casa de Simón, aparecieron en la puerta.
18 Y llamando, preguntaban: ¿Posa aquí Simón, el que llaman Pedro?
19 Pensando Pedro en la visión, el Espíritu dijo: He aquí, tres varones te buscan,
20 así que levántate, baja, y vé con ellos sin dudar, porque Yo los he enviado.
21 Bajando entonces Pedro hacia los varones, dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la razón por la cual estáis aquí?
22 Y ellos dijeron: Cornelio, centurión, varón justo y temeroso de Dios, y aprobado por toda la nación de los judíos, fue instruido por un santo ángel para hacerte ir a su casa, y oír algunas palabras de parte tuya.
23 Entonces invitándolos a entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, fue con ellos, junto con algunos de los hermanos de Jope.
24 Y al día siguiente entró en Cesarea. Y Cornelio había invitado a sus familiares y amigos íntimos, y los estaba esperando.
25 Y cuando Pedro fue a entrar, Cornelio, al encontrarse con él, cayó a sus pies adorándolo.
26 Pero Pedro lo levantó, diciendo: ¡Levántate, que yo mismo soy hombre!
27 Y conversando con él, entró y halló a muchos que se habían reunido,
28 y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío reunirse o asociarse con un extranjero, pero Dios me ha mostrado que no llame común o inmundo a ningún hombre.
29 Por tanto, vine sin vacilación al ser llamado. Así que pregunto: ¿Por qué causa me llamasteis?
30 Y Cornelio dijo: Hace cuatro días estaba orando en mi casa, a esta hora, la novena, y he aquí un varón con vestidura resplandeciente se puso delante de mí,
31 y dijo: Cornelio, tu oración fue oída, y tus limosnas fueron recordadas delante de Dios.
32 Envía, pues, a Jope, e invita a Simón, quien es llamado Pedro; éste posa en casa de Simón, un curtidor, junto al mar.
33 Así que, enseguida envié a ti, y tú hiciste bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí delante de Dios para oír todo lo que el Señor te ha ordenado.
34 Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,
35 sino que de toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.
36 Él envió palabra a los hijos de Israel, proclamando la paz por medio de Jesús el Mesías, quien es Señor de todos.
37 Vosotros sabéis la palabra que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que proclamó Juan,
38 respecto a Jesús de Nazaret: Cómo Dios lo ungió con el Espíritu Santo y poder. Éste pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.
39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo, tanto en la región de los judíos como en Jerusalem. A Éste mataron colgándolo en un madero.
40 A Éste levantó Dios al tercer día, y le concedió hacerse visible,
41 no a todo el pueblo, sino a unos testigos designados de antemano por Dios, a nosotros, que comimos y bebimos con Él después que resucitó de entre los muertos.
42 Y nos mandó que proclamáramos al pueblo, y declaráramos solemnemente que Éste es el Juez de vivos y muertos designado por Dios.
43 De Éste dan testimonio todos los profetas: Todo el que cree en Él, recibe el perdón de pecados por medio de su Nombre.
44 Aún estaba hablando Pedro estas palabras, cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían la palabra.
45 Y los fieles de la circuncisión que habían ido con Pedro se asombraron de que también sobre los gentiles había sido derramado el don del Espíritu Santo,
46 porque los oían hablando en lenguas y magnificando a Dios. Entonces Pedro continuó:
47 ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que también han recibido el Espíritu Santo como nosotros?
48 Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Después de esto, le rogaron que se quedara por algunos días.
1 Los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea oyeron entonces que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios;
2 y cuando Pedro subió a Jerusalem, los de la circuncisión discutían con él,
3 diciendo: ¡Entraste a casa de hombres que tienen prepucio y comiste con ellos!
4 Entonces Pedro, comenzó a explicarles en detalle, diciendo:
5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión: un objeto, algo como un gran lienzo que descendía descolgado del cielo por las cuatro puntas, y vino hasta mí.
6 Cuando fijé en él los ojos, lo observaba, y vi los cuadrúpedos de la tierra, las bestias salvajes, los reptiles y las aves del cielo.
7 Oí entonces también una voz que me decía: Pedro, levántate, mata y come.
8 Y dije: De ningún modo, Señor, porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca.
9 Pero una voz del cielo habló por segunda vez: No llames tú común lo que Dios limpió.
10 Y esto ocurrió tres veces. Y todo fue levantado de nuevo al cielo.
11 Y he aquí, al instante aparecieron tres hombres en la casa en que estaba yo, enviados a mí desde Cesarea.
12 Y el Espíritu me ordenó ir con ellos sin dudar. Y estos seis hermanos fueron también conmigo, y entramos en la casa del varón.
13 Y él nos informó cómo había visto a un ángel puesto en pie en su casa que le decía: Envía a Jope, y haz venir a Simón, el que llaman Pedro;
14 quien te hablará palabras por las cuales serás salvo tú y toda tu casa.
15 Y al comenzar yo a hablar, cayó también sobre ellos el Espíritu Santo, como sobre nosotros en un principio.
16 Entonces me acordé del dicho del Señor cuando decía: Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
17 Si pues Dios les concedió el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesús, el Mesías, ¿quién era yo para impedir a Dios?
18 Al oír esto, se callaron y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios el arrepentimiento para vida!
19 Ahora bien, como resultado de la tribulación ocurrida a causa de Esteban, los esparcidos pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a judíos.
20 Pero había algunos de ellos, varones chipriotas y cirenenses, que habían ido a Antioquía y hablaban también a los helenistas, predicando al Señor Jesús.
21 Y la mano del Señor estaba con ellos; y un gran número que creyó se convirtió al Señor.
22 Y la noticia acerca de ellos fue oída por los oídos de la iglesia que está en Jerusalem; y enviaron a Bernabé hasta Antioquía.
23 Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con firmeza de corazón,
24 porque era un varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe, Y una gran multitud fue agregada al Señor.
25 Y partió a Tarso para buscar a Saulo,
26 y habiéndolo hallado, lo llevó a Antioquía. Y sucedió que se reunieron con la iglesia aun por un año entero, y enseñaron a una multitud considerable, y los discípulos fueron llamados Cristianos por primera vez en Antioquía.
27 Por aquellos días unos profetas bajaron de Jerusalem a Antioquía;
28 y levantándose uno de ellos, de nombre Agabo, predijo por el Espíritu que estaba a punto de ocurrir una gran hambruna en toda la tierra habitada, la cual ocurrió en el tiempo de Claudio.
29 Los discípulos entonces, según cada uno de ellos prosperaba, determinaron enviar ayuda para los hermanos que habitaban en Judea;
30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
1 Por ese entonces, el rey Herodes echó mano a algunos de los de la iglesia para maltratarlos;
2 y mató a espada a Jacobo, el hermano de Juan.
3 Viendo que esto agradaba a los judíos, procedió a prender también a Pedro (eran entonces los días de los ázimos).
4 Y después de arrestarlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a cuatro pi-quetes de soldados para custodiarlo, y se proponía sacarlo ante el pueblo después de la Pascua.
5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel, pero la iglesia hacía ferviente oración a Dios por él.
6 Cuando Herodes lo iba a sacar, aquella noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas; y unos centinelas delante de la puerta vigilaban la cárcel.
7 Y he aquí, una luz resplandeció en la celda y apareció un ángel del Señor, el cual, golpeando el costado de Pedro, lo despertó, diciendo: ¡Levántate pronto! Y las cadenas se le cayeron de las manos.
8 El ángel le dijo: Cíñete y átate las sandalias. Así lo hizo. Y le dice: Ponte el manto y sígueme.
9 Y saliendo, lo seguía; pero no entendía que lo que estaba sucediendo por medio del ángel era real, sino que suponía estar viendo una visión.
10 Y pasando la primera y segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y saliendo, caminaron a lo largo de una calle, y súbitamente el ángel se apartó de él.
11 Y Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo de verdad que el Señor envió su ángel, y me ha rescatado de la mano de Herodes, y de toda la expectación del pueblo de los judíos.
12 Y reflexionando en esto, fue a la casa de Miriam, la madre de Juan, el que se llamaba Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.
13 Cuando llamó a la puerta del pórtico, salió a atender una criada de nombre Rode.
14 Y reconociendo la voz de Pedro, por causa del gozo no abrió el pórtico, sino que corrió adentro a informar que Pedro estaba delante del pórtico.
15 Ellos le dijeron: ¡Estás loca! Pero ella insistía en que era así. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!
16 Pero Pedro continuaba llamando. Y cuando abrieron, lo vieron, y se asombraron.
17 Y haciéndoles con la mano señal de que callaran, relató cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y dijo: Informad de esto a Jacobo y a los hermanos. Y saliendo, se fue a otro lugar.
18 Cuando fue de día hubo un alboroto no pequeño entre los soldados, pues preguntaban:¿Qué se hizo de Pedro?
19 Y Herodes, al buscarlo y no hallarlo, luego de procesar a los guardias, ordenó que fueran ejecutados. Y bajando de Judea a Cesarea, se quedó allí.
20 Y estaba sumamente airado contra los de Tiro y Sidón; pero ellos, unánimes, se presentaban ante él, y sobornando a Blasto, el camarero del rey, pedían paz, porque la región de ellos era abastecida por la del rey.
21 Y un día señalado, Herodes, vestido de ropa regia y sentado en el tribunal, los arengaba.
22 Y el pueblo gritaba: ¡Voz de Dios, y no de hombre!
23 Y al instante (porque no dio la gloria a Dios) un ángel del Señor lo hirió y expiró comido de gusanos.
24 Pero la palabra de Dios crecía y era multiplicada.
25 Y Bernabé y Saulo, después de cumplir el ministerio en Jerusalem, regresaron tomando consigo a Juan, el que se llamaba Marcos.
1 Ahora bien, había en la iglesia que está en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón (llamado Negro), Lucio (el cireneo), Manaén (colactáneo de Herodes el tetrarca), y Saulo.
2 Estando éstos ministrando al Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.
3 Y habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los dejaron marchar.
4 Así que ellos, enviados por el Santo Espíritu, bajaron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.
5 Llegando a Salamina, proclamaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, teniendo a Juan como ayudante.
6 Y atravesando toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto judío, mago y falso profeta, que respondía al nombre de Barjesús,
7 el cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón inteligente. Éste, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios,
8 pero se les oponía el mago Elimas (pues así se traduce su nombre), intentando apartar de la fe al procónsul.
9 Entonces Saulo (que también es Pablo), lleno del Espíritu Santo, fijando los ojos en él,
10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?
11 ¡He aquí la mano del Señor ahora contra ti, y estarás ciego, y no verás la luz del sol por un tiempo! Y al instante cayeron sobre él tinieblas y oscuridad; y daba vueltas buscando lazarillos.
12 Viendo lo sucedido, el procónsul creyó, maravillado a causa de la doctrina del Señor.
13 Después de zarpar de Pafos, Pablo y sus compañeros fueron a Perge de Panfilia; pero Juan se alejó de ellos y regresó a Jerusalem.
14 Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía (la de Pisidia), y entrando a la sinagoga en el día de sábado, se sentaron.
15 Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los principales de la sinagoga se dirigieron a ellos, diciendo: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
16 Entonces Pablo se levantó y haciendo señal de silencio con la mano, dijo: Varones Israelitas, y los que teméis a Dios, oíd:
17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y enalteció al pueblo, durante la permanencia en tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella,
18 y como por un tiempo de cuarenta años los soportó en el desierto;
19 y habiendo destruido siete naciones en tierra de Canaán, dio en herencia la tierra de ellas
20 como por cuatrocientos cincuenta años. Después dio jueces hasta el profeta Samuel.
21 Y entonces pidieron rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, un varón de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años;
22 pero después de deponerlo, les levantó a David como rey, de quien dio también testimonio, diciendo: Hallé a David, el de Isaí, un varón conforme a mi corazón, el cual hará todos mis deseos.
23 De la simiente de éste, conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador para Israel,
24 después que Juan predicó, antes de su llegada, un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.
25 Y cuando Juan terminaba la carrera, decía: ¿Qué pensáis que soy yo? No soy yo; sino que detrás de mí viene Uno de quien no soy digno de desatar la sandalia de sus pies.
26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios: Para nosotros fue enviada la palabra de esta salvación.
27 Porque los que habitan en Jerusalem, y sus gobernantes, no reconociendo a Éste, ni las voces de los profetas que se leen cada sábado, las cumplieron al condenarlo,
28 y no hallando causa alguna de muerte, pidieron a Pilato que lo matara.
29 Y cuando cumplieron todas las cosas que habían sido escritas acerca de Él, bajándolo del madero, lo pusieron en un sepulcro.
30 Pero Dios lo levantó de entre los muertos,
31 y se apareció durante muchos días a los que subieron juntamente con Él de Galilea a Jerusalem, los cuales son sus testigos ante el pueblo.
32 Nosotros también os traemos las buenas nuevas de la promesa que fue hecha a los padres,
33 pues Dios la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús, como también está escrito en el salmo segundo: Mi hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy.
34 Y que lo levantó de entre los muertos, para nunca más volver a corrupción, lo ha dicho así: Os daré las misericordias y fieles promesas hechas a David.
35 Por lo cual dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción.
36 Porque David, ciertamente, habiendo servido al propósito de Dios en su propia generación, durmió, fue sepultado con sus padres y vio corrupción.
37 Pero Aquél a quien Dios levantó no vio corrupción.
38 Sea pues bien sabido, varones hermanos, que por medio de Éste os es anunciado el perdón de los pecados. De todas las cosas que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés,
39 gracias a Éste es justificado todo el que cree.
40 Cuidad pues, no sea que os sobrevenga lo dicho en los profetas:
41 Mirad menospreciadores, asombraos y desapareced; porque Yo hago una obra en vuestros días, una obra que de ningún modo creeríais, si alguien os la relatara.
42 Al salir ellos, les rogaban que en el sábado siguiente les hablaran las mismas palabras.
43 Y disuelta la reunión, muchos de los judíos y de los prosélitos que adoran a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé, los cuales, hablando con ellos, los persuadían a permanecer fieles a la gracia de Dios.
44 El siguiente sábado se congregó casi toda la ciudad a oír la palabra del Señor.
45 Pero los judíos, viendo a las multitudes, se llenaron de envidia y blasfemando, contradecían las palabras que Pablo hablaba.
46 Así que Pablo y Bernabé, dijeron con todo denuedo: A vosotros primero era necesario que se hablara la palabra de Dios, pero ya que la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, he aquí nos volvemos a los gentiles.
47 Porque así nos lo ha mandado el Señor: Te he puesto por luz de las naciones, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.
48 Y los gentiles, al oírlo, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor. Y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna,
49 y la palabra del Señor se difundía por toda la región.
50 Pero los judíos soliviantaron adistinguidas mujeres adoradoras de Dios, y a líderes de la ciudad, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de sus territorios.
51 Éstos entonces, sacudiendo el polvo de sus pies contra ellos, se fueron a Iconio.
52 Pero los discípulos quedaron llenos de gozo y del Espíritu Santo.
1 Aconteció en Iconio, que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud, tanto de judíos como de griegos.
2 Pero los judíos que desobedecieron, incitaron y contaminaron las mentes de los gentiles contra los hermanos.
3 A pesar de ello, permanecieron allí mucho tiempo, hablando osadamente con el apoyo del Señor, dando Dios testimonio a la palabra de su gracia, y concediendo que por sus manos se hicieran señales milagrosas y prodigios.
4 Y la población de la ciudad se dividió; unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles.
5 Pero al surgir un intento de gentiles y judíos, junto con sus gobernantes, para maltratarlos y apedrearlos,
6 se enteraron de ello y huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y a la región circunvecina.
7 Y allí se quedaron proclamando el Evangelio.
8 Había en Listra cierto hombre inválido de los pies, estaba sentado y era cojo desde el vientre de su madre, y nunca había andado.
9 Éste oyó hablar a Pablo, el cual, fijando sus ojos en él, y viendo que tenía fe para ser sanado,
10 dijo a gran voz: ¡Levántate derecho sobre tus pies! Y él dio un salto y echó a andar.
11 Entonces las multitudes, viendo lo que había hecho Pablo, alzaron la voz, diciendo en lengua licaónica: ¡Los dioses han descendido hasta nosotros en forma humana!
12 Y a Bernabé llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque llevaba la palabra.
13 Y el sacerdote de Zeus (cuyo templo está delante de la ciudad) trajo torosenguirnaldados delante de las puertas, y quería ofrecer sacrificios juntamente con el pueblo.
14 Pero cuando los apóstoles Bernabé y Pablo lo oyeron, se rasgaron el manto y se lanzaron en medio del gentío, gritando
15 y diciendo: Varones, ¿por qué ha-céis estas cosas? También nosotros somos hombres semejantes a vosotros, y os anunciamos el Evangelio, para que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo, la tierra y el mar, y todas las cosas que hay en ellos;
16 el cual, en las edades pasadas, ha permitido que todas las gentes anduvieran en sus caminos;
17 si bien no se dejó a Sí mismo sin testimonio, haciendo el bien, dándoos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, y llenando de sustento y de alegría vuestros corazones.
18 Diciendo estas cosas, a duras penas calmaron a la multitud, para que no les ofrecieran sacrificio.
19 Pero llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio, y después de persuadir a las turbas, apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dándolo por muerto.
20 Pero siendo rodeado por los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente, partió con Bernabé hacia Derbe.
21 Después de anunciar el Evangelio en aquella ciudad y hacer muchos discípulos, regresaron a Listra, a Iconio y a Antioquía,
22 fortaleciendo los ánimos de los discípulos; y exhortándolos a permanecer en la fe, les decían: Es necesario que entremos en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones.
23 Y después que les designaron ancianos en cada iglesia y oraron con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
24 Pasando por Pisidia, atravesaron Panfilia,
25 y después de hablar la palabra en Perge, bajaron a Atalia.
26 De allí navegaron a Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido.
27 Cuando llegaron y reunieron a la iglesia, les informaron de todo lo que Dios había hecho con ellos, y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.
28 Y se quedaron con los discípulos no poco tiempo.
1 Pero algunos que habían bajado de Judea, decían a los hermanos: A menos que seáis circuncidados conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.
2 Entonces surgió de parte de Pablo y Bernabé una discordia contra ellos y una discusión no pequeña, y dispusieron que Pablo, Bernabé y algunos otros, subieran a Jerusalem para tratar la cuestión con los apóstoles y los ancianos.
3 Ellos entonces, provistos para el camino por la iglesia, pasaron por Fenicia y también por Samaria contando detalladamente la conversión de los gentiles, y causaban gran gozo a todos los hermanos.
4 Al llegar a Jerusalem, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianos, e informaron de todo lo que Dios había hecho con ellos.
5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la Ley de Moisés.
6 Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para considerar este asunto.
7 Después de mucha discusión, se levantó Pedro y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis que desde los primeros días, Dios escogió de entre vosotros que los gentiles oyeran por mi boca la palabra del Evangelio y creyeran.
8 Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio a favor de ellos, dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros;
9 y nada discriminó entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.
10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, imponiendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
11 Antes bien, creemos que por la gracia del Señor Jesús somos salvos, de igual modo que ellos.
12 Entonces toda la asamblea calló, y oían a Bernabé y a Pablo contando cuán grandes señales milagrosas y prodigios había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.
13 Cuando terminaron de hablar, Jacobo tomó la palabra y dijo: Varones hermanos, oídme:
14 Simeón ha explicado cómo por primera vez Dios visitó a los gentiles, para tomar de ellos un pueblo para su Nombre.
15 Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
16 Después de estas cosas volveré, y restauraré el tabernáculo de David, que ha estado caído, Y reconstruiré sus ruinas, y lo reedificaré;
17 Para que el resto de los hombres busquen al Señor, Y todos los gentiles sobre los cuales es invocado mi Nombre,
18 Dice el Señor, que hace conocerestas cosas desde el principio.
19 Por lo cual, yo juzgo que no se añadan dificultades a los que de los gentiles se convierten a Dios.
20 Solamente escribirles que se abstengan de las contaminaciones de los ídolos, de la fornicación, de lo estrangulado, y de la sangre.
21 Porque Moisés, desde generaciones antiguas, tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, puesto que es leído en las sinagogas cada sábado.
22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, enviar de entre ellos varones escogidos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas, el que se llamaba Barsabás, y a Silas, varones prominentes entre los hermanos;
23 y escribir por mano de ellos: Los apóstoles y los ancianos, hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, Siria y Cilicia, saludos.
24 Por cuanto hemos oído que algunos de nosotros, a los cuales no hemos comisionado, os inquietaron con palabras, perturbando vuestras almas,
25 nos pareció bien, habiendo llegado a estar unánimes, elegir a unos varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo,
26 hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesús, el Mesías.
27 Así que, hemos enviado a Judas y a Silas, y ellos os informarán de palabra de las mismas cosas.
28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros carga alguna, excepto estas cosas necesarias:
29 Que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de cosas ahogadas y de fornicación. Haréis bien en absteneros de tales cosas. ¡Tened salud!
30 Así que ellos, una vez despedidos, bajaron a Antioquía, y después de reunir a la asamblea, entregaron la carta;
31 y cuando la leyeron, se regocijaron por la consolación.
32 Y Judas y Silas, como ellos mismos eran también profetas, consolaron y fortalecieron a los hermanos con abundancia de palabra.
33 Pasado un tiempo, fueron despachados en paz por los hermanos, para regresar a quieneslos habían enviado.
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35 Y Pablo y Bernabé permanecieron en Antioquía, enseñando y proclamando la palabra del Señor con otros muchos.
36 Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos de ciudad en ciudad, en todas aquellas en las que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están.
37 Y Bernabé quería llevar consigo también a Juan, el que se llamaba Marcos.
38 Pablo, en cambio, no tenía por conveniente llevar consigo a aquél que los había abandonado desde Panfilia y no había ido con ellos a la obra.
39 Y hubo un desacuerdo tal, que se separaron el uno del otro: Bernabé, tomando a Marcos, se embarcó hacia Chipre;
40 y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor.
41 Y pasó por Siria y Cilicia confirmando a las iglesias.
1 Bajó también a Derbe y a Listra, y he aquí, había allí cierto discípulo de nombre Timoteo (hijo de una mujer judía creyente, y de padre griego),
2 del cual hablaban favorablemente los hermanos en Listra e Iconio.
3 Quiso Pablo que éste saliera con él; y tomándolo, lo circuncidó por causa de los judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.
4 Y cuando pasaban por las ciudades, les entregaban los acuerdos determinados por los apóstoles y los ancianos de Jerusalem para que los observaran.
5 Así pues las iglesias eran fortalecidas en la fe, y crecían en número cada día.
6 Y viajaron a través de la región de Frigia y Galacia, pues el Espíritu Santo les impidió hablar la palabra en Asia.
7 Y yendo a Misia, intentaban ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.
8 Entonces, atravesando Misia, bajaron a Troas.
9 Y se mostró a Pablo una visión de noche: Cierto varón macedonio estaba en pie y le rogaba, diciendo: ¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!
10 Tan pronto como tuvo la visión, enseguida procuramos partir para Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para proclamarles el Evangelio.
11 Dándonos a la vela desde Troas, navegamos directamente a Samotracia, y al día siguiente llegamos a Neápolis;
12 y de allí a Filipos, primera ciudad de la provincia de Macedonia y una colonia. Y en esta ciudad pasamos algunos días.
13 Y en el día del sábado salimos fuera de la puerta, junto al río, donde suponíamos que había un lugar de oración; y sentándonos, hablábamos a las mujeres que se habían reunido.
14 Y estaba escuchando cierta mujer de nombre Lidia, de la ciudad de Tiatira, negociante en telas de púrpura, temerosa de Dios. Y el Señor le abrió el corazón para que estuviera atenta a lo que decía Pablo.
15 Y cuando fue bautizada con su familia, nos rogó, diciendo: Si consideráis que soy fiel al Señor, entrad a posar en mi casa. Y nos constriñó.
16 Aconteció que yendo nosotros al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos adivinando.
17 Ésta seguía a Pablo y a nosotros, gritando: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian un camino de salvación.
18 Y esto hacía por muchos días, hasta que Pablo se disgustó, y volviéndose dijo al espíritu: ¡En nombre de Jesucristo teordeno que salgas de ella! Y al momento salió de ella.
19 Pero sus amos, al ver que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta la plaza pública ante las autoridades,
20 y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
21 y proclaman costumbres que a nosotros no nos es lícito aceptar ni practicar, siendo romanos.
22 Y el pueblo se agolpó contra ellos, y los magistrados, rasgándoles los mantos, mandaron que los azotaran con varas.
23 Después de propinarles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carcelero que los custodiara con seguridad.
24 Al recibir esta orden, él los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepo.
25 Pero hacia la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los presos escuchaban.
26 Repentinamente hubo un gran terremoto, hasta tal punto que fueron sacudidos los cimientos de la cárcel, y al instante todas las puertas fueron abiertas, y las cadenas de todos fueron soltadas.
27 Despertando entonces el carcelero, al ver abiertas las puertas de la cárcel, y suponiendo que los presos se habían escapado, sacó la espada y estaba a punto de suicidarse.
28 Pero Pablo le dijo a gran voz: ¡No te hagas ningún mal, que todos estamos aquí!
29 Pidió entonces una luz y corrió adentro, y lleno de temor, se postró ante Pablo y Silas,
30 y conduciéndolos afuera, les dijo: Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo?
31 Contestaron ellos: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa.
32 Y le hablaron la palabra del Señor, con todos los que estaban en su casa.
33 Y tomándolos en aquella hora de la noche, les lavó las heridas, y al instante fue bautizado él y todos los suyos;
34 y les hizo subir a la casa, les puso la mesa, y se regocijó grandemente con toda su casa de haber creído a Dios.
35 Cuando se hizo de día, los magistrados enviaron a los alguaciles, diciendo: Suelta a aquellos hombres.
36 Y el carcelero le comunicó a Pablo el mensaje: Los magistrados han enviado para que seáis soltados. Así que salid ahora y marchaos en paz.
37 Pero Pablo les dijo: Luego de azotarnos públicamente sin sentencia previa, a pesar de ser ciudadanos romanos, y echarnos en prisión, ¿ahora quieren sacarnos encubiertamente? ¡Pues no! ¡Que vengan ellos mismos a sacarnos!
38 Así que los alguaciles refirieron a los magistrados estas palabras; y al oír que eran romanos, tuvieron temor.
39 Entonces fueron y les suplicaron; y sacándolos, les solicitaban que se fueran de la ciudad.
40 Ellos entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y cuando vieron a los hermanos, los consolaron y salieron.
1 Atravesando Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.
2 Y Pablo, según su costumbre, fue a ellos; y por tres sábados debatió con ellos apoyándose en las Escrituras,
3 explicando y demostrando que el Mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos. Y decía: ¡Este Jesús que yo os anuncio, es el Mesías!
4 Y algunos de ellos fueron persuadidos; y se unieron a Pablo y a Silas un gran número de griegos temerosos de Dios y no pocas mujeres prominentes.
5 Pero los judíos, llenos de envidia, tomaron consigo a unos vagabundos perversos y, reuniendo una turba, alborotaron la ciudad y atacaron la casa de Jasón, para sacarlos ante el pueblo.
6 Pero al no hallarlos, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: ¡Éstos, que trastornan el mundo entero, también se han presentado aquí!
7 Y los ha recibido Jasón, y todos estos actúan contra los decretos del César, diciendo que hay otro rey: Jesús.
8 Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad que oían estas cosas.
9 Pero habiendo obtenido la fianza de parte de Jasón y de los demás, los soltaron.
10 Enseguida, los hermanos enviaron de noche hacia Berea a Pablo y a Silas, quienes una vez llegados, fueron a la sinagoga de los judíos.
11 Pero éstos eran de mente más abierta que los que estaban en Tesalónica, y recibieron la palabra con buena disposición, examinando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
12 Por tanto, muchos de ellos creyeron, así como algunas prominentes mujeres griegas, y no pocos varones.
13 Cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era proclamada la palabra de Dios por Pablo, vinieron también acá alborotando y perturbando a las multitudes.
14 Los hermanos entonces enviaron enseguida a Pablo para que fuera hasta el mar, en tanto que Silas y Timoteo permanecían allí.
15 Los que acompañaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas; y después de recibir orden para Silas y Timoteo, de que fueran a él lo más pronto posible, partieron.
16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu estaba enardecido dentro de sí, al observar que la ciudad estaba llena de ídolos.
17 Así que discutía en la sinagoga con los judíos y los que temían a Dios, y en la plaza cada día con los que acudían casualmente.
18 Incluso algunos de los filósofos epicúreos y estoicos debatían con él, y algunos decían: ¿Qué querrá decir este charlatán? Y otros: Parece ser predicador de dioses extraños (porque les predicaba a Jesús y la resurrección).
19 Tomándolo pues, lo condujeron al Areópago, y le preguntaron: ¿Podemos saber qué es esta nueva doctrina que enseñas?
20 Porque traes a nuestros oídos algunas cosas que sorprenden. Queremos saber pues, qué significa esto.
21 (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes, en ninguna otra cosa pasaban el tiempo, sino en decir o en oír novedades.)
22 Pablo entonces, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todas las cosas os observo como muy religiosos;
23 porque pasando y viendo de cerca vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba inscrito: Al Dios Desconocido. El que adoráis, pues, a pesar de no conocerlo, a Ése os anuncio yo.
24 El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, siendo Señor de cielo y tierra, no habita en templos hechos por manos,
25 ni es servido por manos humanas, ni tiene necesidad de cosa alguna, pues Él da a todos vida y aliento y todas las cosas;
26 y de uno hizo todo el linaje de los hombres para que habiten sobre toda la faz de la tierra, prefijándoles el orden de los tiempos y los límites de su habitación,
27 para que busquen a Dios, por si tal vez, palpando, puedan hallarlo; aunque no está lejos de cada uno de nosotros.
28 Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos, como incluso algunos de vuestros poetas han dicho: Porque linaje suyo somos.
29 Siendo pues linaje de Dios, no debemos suponer que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.
30 Pues bien, Dios, pasando por alto esos tiempos de ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;
31 por cuanto ha establecido un día en el cual va a juzgar a la humanidad con justicia, por medio del Varón que designó, presentando a todos garantía de ello cuando lo resucitó de entre los muertos.
32 Pero cuando oyeron: Resurrección de muertos, unos se burlaban, y otros dijeron: ¡Ya te oiremos acerca de esto en otra ocasión!
33 Así que, Pablo salió de en medio de ellos.
34 No obstante, algunos varones creyeron y se unieron a él, entre ellos, Dionisio el areopagita y una mujer de nombre Dámaris, y otros con ellos.
1 Después de estas cosas, partiendo de Atenas, fue a Corinto.
2 Y halló a cierto judío de nombre Aquila, nativo del Ponto, llegado recientemente de Italia, y a su mujer Priscila (por cuanto Claudio había ordenado salir de Roma a todos los judíos), y se juntó con ellos;
3 y por ser del mismo oficio, se quedó y trabajaba con ellos, porque eran tenderos de profesión.
4 Y todos los sábados discutía en la sinagoga, y persuadía a judíos y a griegos.
5 Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo estaba dedicado completamente a la palabra, declarando enfáticamente a los judíos que Jesús es el Mesías.
6 Pero ellos se oponían y blasfemaban, por lo que, después de sacudir las vestiduras, les dijo: ¡Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza! ¡Yo estoy limpio! De ahora en adelante, iré a los gentiles.
7 Y saliendo de allí, entró en casa de uno llamado Ticio Justo, temeroso de Dios, cuya casa estaba junto a la sinagoga.
8 También Crispo, el principal de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, al oír, creían y eran bautizados.
9 Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles,
10 porque Yo estoy contigo, y ninguno te acometerá para dañarte, porque tengo un gran pueblo en esta ciudad.
11 Así que se asentó allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.
12 Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se pusieron de acuerdo para atacar a Pablo, y lo llevaron al tribunal,
13 diciendo: Éste persuade a los hombres que den a Dios un culto contrario a la Ley.
14 Pero cuando Pablo iba hablar, dijo Galión a los judíos: Si en verdad fuera algún crimen o perversa fechoría, oh judíos, pacientemente os toleraría;
15 pero si son cuestiones de palabras, de nombres y de vuestra ley, vedlo vosotros mismos, yo no quiero ser juez de estas cosas.
16 Y los echó del tribunal.
17 Entonces todos prendieron a Sóstenes, principal de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, pero nada de esto le importaba a Galión.
18 Pablo, habiendo permanecido aún muchos días, luego de despedirse de los hermanos, navegó hacia Siria junto con Priscila y Aquila, después de raparse la cabeza en Cencreas, porque tenía hecho un voto.
19 Cuando llegaron a Éfeso, se separó de ellos, y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos.
20 Y ellos le rogaron que se quedara por más tiempo, pero no consintió,
21 y se despidió de ellos diciéndoles: Regresaré a vosotros si Dios quiere. Y zarpó de Éfeso.
22 Después de bajar a Cesarea, subió a saludar a la iglesia, y luego bajó a Antioquía.
23 Pasado algún tiempo, partió y atravesó la región de Galacia y Frigia, de lugar en lugar, fortaleciendo a todos los discípulos.
24 Llegó entonces a Éfeso cierto judío de nombre Apolos, alejandrino de origen, varón elocuente y poderoso en las Escrituras.
25 Éste había sido instruido en el camino del Señor, y como era ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas acerca de Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan.
26 Y comenzó a hablar osadamente en la sinagoga, pero al oírlo Priscila y Aquila, lo tomaron aparte, y le explicaron el Camino más exactamente.
27 Quiso él pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos para que lo recibieran. Así, después de llegar, contribuyó mucho a los que habían creído por medio de la gracia;
28 porque vehementemente refutaba a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.
1 Mientras Apolos estaba en Corinto, aconteció que Pablo, después de recorrer las regiones superiores, fue a Éfeso, y halló a ciertos discípulos,
2 y les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos a él: ¡Ni siquiera hemos oído que haya Espíritu Santo!
3 Y dijo: ¿En qué pues fuisteis bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.
4 Entonces Pablo dijo: Juan bautizó al pueblo con bautismo de arrepentimiento, diciendo a los que acudían a él que creyeran en Jesús.
5 Al oírlo, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.
6 Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaron en lenguas y profetizaron.
7 Y todos eran unos doce varones.
8 Entrando entonces en la sinagoga, habló durante tres meses con todo denuedo, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.
9 pero como algunos se endurecían y desobedecían, hablando mal del Camino delante de la multitud, Pablo se apartó de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de Tirano.
10 Y esto sucedió por dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, tanto judíos como griegos, oyeron la palabra del Señor.
11 Y Dios hacía milagros no comunes por las manos de Pablo,
12 de tal manera que hasta llevaban paños o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades se alejaban de ellos, y los espíritus malignos salían.
13 Entonces algunos judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malignos, diciendo: ¡Os conjuro por Jesús, el que Pablo predica!
14 Y esto hacían siete hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío.
15 Pero el espíritu maligno les respondió, diciendo: A Jesús conozco y sé bien quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?
16 Y abalanzándose sobre ellos el hombre en quien estaba el espíritu maligno, dominó a dos, y se hizo fuerte contra ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
17 Y esto llegó a ser notorio a todos los que habitaban en Éfeso, tanto judíos como griegos; y cayó temor sobre todos ellos, y el nombre del Señor Jesús era engrandecido.
18 Y muchos de los que habían creído, acudían, confesando y declarando sus prácticas.
19 Entonces, muchos de los que practicaban las artes mágicas, juntando los libros, los quemaron delante de todos, y hecho el cálculo de su costo, hallaron que eran cincuenta mil piezas de plata.
20 Así crecía con poder la palabra del Señor, y prevalecía.
21 Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en su espíritu ir a Jerusalem a través de Macedonia y Acaya, anunciando: Después que haya estado allí, tengo que ver también Roma.
22 Y envió a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, y él se quedó por algún tiempo en Asia.
23 Por ese entonces se produjo un alboroto no pequeño acerca del Camino,
24 porque cierto platero de nombre Demetrio, que hacía templetes de plata de Artemisa, proporcionaba una ganancia bastante grande a los diseñadores.
25 A éstos reunió juntamente con los artesanos de tales oficios, y les dijo: Varones, sabéis que de este negocio obtenemos nuestra prosperidad,
26 y estáis viendo y oyendo que este Pablo ha hecho cambiar de idea a mucha gente, no sólo de Éfeso, sino de casi toda Asia, persuadiéndolos de que no son dioses los que se hacen con las manos.
27 Y no sólo este negocio corre riesgo de caer en descrédito para nosotros, sino también de que sea estimado en nada el templo de la gran diosa Artemisa, e incluso que esté a punto de ser despojada de su majestad aquélla a quien adora toda el Asia y la humanidad.
28 Al oírlo entonces, se llenaron de ira y decían a gritos: ¡Grande es Artemisa de los efesios!
29 Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, y arrebataron a Gayo y a Aristarco, unos macedonios compañeros de viaje de Pablo.
30 Y Pablo quería presentarse ante el pueblo, pero los discípulos no lo dejaron.
31 También algunos de los asiarcas, que eran amigos suyos, enviaron a rogarle que no se presentara en el teatro.
32 Unos pues gritaban una cosa, y otros otra, porque la concurrencia estaba aturdida, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.
33 Y de entre la multitud instruyeron a Alejandro, empujándolo los judíos. Entonces Alejandro, haciendo señal de silencio con la mano, quería hacer su defensa ante el pueblo.
34 Pero al reconocer que era judío, todos a una voz estuvieron gritando durante unas dos horas: ¡Grande es Artemisa de los efesios!
35 Entonces el escribano, para calmar a la gente, dice: Varones efesios, ¿hay acaso alguna persona que no sepa que la ciudad de Éfeso es la guardiana del templo de la gran Artemisa, y de lo caído del cielo?
36 Por tanto, como esto es indiscutible, tenéis que calmaros y no hacer nada precipitadamente,
37 pues habéis traído a estos hombres que no saquean templos ni blasfeman de nuestra diosa.
38 Así que, si Demetrio y los diseñadores que están con él tienen querella contra alguien, los tribunales están abiertos, y hay procónsules: Presenten demanda unos contra otros.
39 Y si solicitáis algo más, en legítima asamblea será decidido,
40 porque por lo de hoy, hasta corremos el peligro de ser acusados de sedición, ya que no existe causa por la que podamos dar razón de este alboroto.
41 Y dicho esto, disolvió la reunión.
1 Cuando cesó el alboroto, Pablo mandó llamar a los discípulos, y después de exhortarlos, se despidió y salió para Macedonia;
2 y luego de recorrer aquellas regiones y exhortarlos con extensas conversaciones, llegó a Grecia.
3 Tres meses después, al surgir un complot contra él por parte de los judíos, cuando estaba a punto de embarcarse, tomó la decisión de regresar por Macedonia.
4 Lo acompañaban entonces Sópater, hijo de Pirro, de Berea; de los tesalonicenses, Aristarco y Segundo, Gayo de Derbe y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo.
5 Pero éstos se habían adelantado y nos esperaban en Troas.
6 Y nosotros, cuando pasaron los días de los ázimos, navegamos desde Filipos, y en cinco días llegamos a ellos en Troas, donde nos quedamos siete días.
7 En el primer día de la semana, reunidos para partir el pan, Pablo les hablaba, disponiéndose a salir al día siguiente; y prolongó el mensaje hasta media noche.
8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estábamos reunidos.
9 Y a cie rto joven que estaba sentado en la ventana, llamado Eutico, lo iba dominando un sueño profundo mientras Pablo disertaba largamente, hasta que, rendidopor el sueño, cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto.
10 Entonces Pablo bajó y se tendió sobre él, y abrazándolo, dijo: ¡No os alarméis, que su alma está en él!
11 Subió luego, y después de partir el pan y comer, habló largamente hasta el alba, y así partió.
12 Y se llevaron vivo al joven, y fueron consolados no poco.
13 Nosotros entonces, adelantándonos hasta la nave, zarpamos para Asón, donde teníamos que recoger a Pablo, pues así estaba dispuesto: que él iría por tierra.
14 Cuando entonces se encontró con nosotros en Asón, lo subimos a bordo y llegamos a Mitilene.
15 Zarpando de allí, llegamos al día siguiente enfrente de Quío, al otro día nos aproximamos a Samos, y al día siguiente llegamos a Mileto.
16 Y Pablo había decidido navegar sin hacer escala en Éfeso, para no perder tiempo en Asia, pues se apresuraba a estar, de serle posible, el día de Pentecostés en Jerusalem.
17 Sin embargo, desde Mileto envió recado a Éfeso y mandó llamar a los ancianos de la iglesia.
18 Y cuando acudieron a él, les dijo: Vosotros sabéis bien cómo, desde el primer día que entré en Asia, me he comportado con vosotros todo el tiempo,
19 sirviendo al Señor con toda humildad y lágrimas, y con pruebas que me sobrevinieron por las maquinaciones de los judíos.
20 Y cómo de nada que fuera útil me he retraído de anunciaros y enseñaros, públicamente y de casa en casa;
21 proclamando solemnemente a judíos ya griegos el arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesús.
22 Y ahora mirad que yo, constreñido por el Espíritu, voy a Jerusalem sin saber lo que me ha de suceder allí,
23 excepto que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me esperan prisiones y tribulaciones.
24 Pero por ningún motivo considero la vida valiosa para mí mismo, con tal de acabar mi carrera, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para proclamar solemnemente el Evangelio de la gracia de Dios.
25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de vosotros entre quienes pasé predicando el reino, volverá a ver mi rostro.
26 Por tanto, os pongo por testigos en el día de hoy de que estoy limpio de la sangre de todos,
27 porque no me retraje de anunciaros todo el propósito de Dios.
28 Tened cuidado de vosotros mismos y de todo el rebaño en que el Espíritu Santo os puso por obispos para apacentar la Iglesia de Dios, que adquirió mediante su propia sangre.
29 Yo sé que después de mi partida, entrarán entre vosotros lobos feroces que no perdonan al rebaño,
30 y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablan perversidades, para arrastrar a los discípulos tras sí.
31 Por tanto, velad, recordando que por tres años, noche y día, no cesé de amonestar con lágrimas a cada uno.
32 Y ahora, os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que puede edificar y dar la herencia a todos los santificados.
33 Ni la plata, ni el oro, ni el vestido de nadie he codiciado.
34 Vosotros sabéis que para mis necesidades, y para los que están conmigo, sirvieron estas manos.
35 En todo os mostré que, trabajando así, es necesario socorrer a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, pues Él mismo dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.
36 Y dicho esto, se puso de rodillas y oró con todos ellos.
37 Entonces hubo un amargo llanto de todos, y echándose sobre el cuello de Pablo, lo besaban afectuosamente,
38 doloridos especialmente por la palabra que había dicho: que no verían más su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco.
1 Así, después de separarnos de ellos, zarpamos con rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara.
2 Y encontrando un barco que cruzaba hacia Fenicia, nos embarcamos y zarpamos.
3 Al avistar Chipre, dejándola a babor, navegábamos hacia Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco tenía que descargar allí la mercancía.
4 Habiendo hallado a los discípulos, permanecimos allí siete días, y ellos aconsejaban a Pablo por el Espíritu que no subiera a Jerusalem.
5 Pero cumplidos aquellos días, sali-moshasta las afueras de la ciudad acompañados por todos, con sus mujeres e hijos, y después de orar puestos de rodillas en la playa,
6 nos despedimos unos de otros y subimos al barco, y ellos regresaron a sus casas.
7 Nosotros, completando la navegación desde Tiro, arribamos a Tolemaida; y luego de saludar a los hermanos, nos quedamos con ellos un día.
8 Al día siguiente salimos y fuimos a Cesarea, y entrando en la casa de Felipe, el evangelista, el cual era uno de los siete, posamos con él.
9 Y éste tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.
10 Al permanecer nosotros allí varios días, bajó de Judea un profeta de nombre Agabo,
11 el cual vino a nosotros, y tomando el cinto de Pablo, se ató los pies y las manos, y dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalem al varón de quien es este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles.
12 Cuando oímos estas cosas, tanto nosotros como los de aquel lugar, le rogamos que no subiera a Jerusalem.
13 Pero Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque no sólo estoy dispuesto a ser atado, sino también a morir en Jerusalem por el nombre de Jesús, el Mesías.
14 Y como no se dejaba persuadir, desistimos, diciendo: ¡Hágase la voluntad del Señor!
15 Y después de estos días, hechos los preparativos, subíamos a Jerusalem.
16 También vinieron con nosotros algunos de los discípulos de Cesarea, llevando a un tal Mnasón, chipriota, antiguo discípulo, con quien fuéramos hospedados.
17 Cuando llegamos a Jerusalem, los hermanos nos recibieron cordialmente.
18 Y al día siguiente, Pablo entró con nosotros ante Jacobo, y se reunieron todos los ancianos.
19 Y después de saludarlos, les fue refiriendo, una por una, las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio,
20 y ellos, al oírlo, glorificaron a Dios. Luego le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares hay entre los judíos que han creído, pero todos son celosos observantes de la Ley;
21 y les han informado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a los hijos, ni practiquen las costumbres.
22 ¿Qué hacer, pues? Sin duda oirán que has venido.
23 Por tanto, sigue nuestro consejo: Tenemos cuatro varones ligados con voto.
24 Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza, así todos entenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú mismo también sigues guardando la Ley.
25 Pero en cuanto a los gentiles que han creído, les hemos escrito que, según lo acordado, se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación.
26 Entonces Pablo, tomando consigo a los varones, al día siguiente se purificó con ellos y entraba en el Templo para informar del cumplimiento de los días de la purificación, hasta que fue ofrecida la ofrenda por cada uno de ellos.
27 Pero cuando iban a cumplirse los siete días, los judíos de Asia, viéndolo en el Templo, alborotaron a todo el pueblo; yechándole mano,
28 gritaron: ¡Varones israelitas, ayudad! ¡Éste es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la Ley y este lugar; y además, ha introducido griegos en el Templo y ha profanado este santo lugar.
29 Porque habían visto con él en la ciudad a Trófimo, el efesio, y pensaban que Pablo lo había introducido en el Templo.
30 Así que, toda la ciudad se alborotó, y se agolpó el pueblo; y prendiendo a Pablo, lo arrastraron fuera del Templo, y cerraron inmediatamente las puertas.
31 Pero mientras procuraban matarlo, se informó al tribuno de la cohorte que toda Jerusalem estaba alborotada.
32 Éste, tomando inmediatamente soldados y centuriones, bajó corriendo hacia ellos. Entonces ellos, al ver al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.
33 Llegando el tribuno, lo arrestó y mandó atarlo con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho.
34 Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa y otros, otra, y no pudiendo saber la razón del alboroto, ordenó que lo llevaran a la fortaleza.
35 Y cuando llegó a las gradas, tuvo que ser llevado en vilo por los soldados a causa de la violencia de la turba,
36 porque la muchedumbre del pueblo lo seguía, gritando: ¡Quita a éste!
37 Una vez entrado en la fortaleza, Pablo dice al tribuno: ¿Me permites decirte algo? Y él dijo: ¿Sabes griego?
38 ¿No eres tú entonces el egipcio que levantó una sedición hace algún tiempo y sacó al desierto a cuatro mil hombres de los sicarios?
39 Pablo respondió: Ciertamente soy hombre judío, de Tarso de Cilicia, ciudadano de una ciudad no pequeña. Ahora te ruego que me permitas hablar al pueblo.
40 Y cuando se lo permitió, Pablo, de pie en las gradas, hizo una señal con la mano al pueblo. Hecho un gran silencio, se dirigió a ellos en hebreo, diciendo:
1 Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros.
2 (Oyendo entonces que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio.) Y dice:
3 Yo soy un varón judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, y educado a los pies de Gamaliel conforme a la rigidez de la Ley ancestral, siendo tan celoso de Dios como todos vosotros lo sois hoy.
4 Yo perseguí a muerte este Camino, atando y entregando en cárceles a varones y también a mujeres,
5 como también me es testigo el sumo sacerdote, y todo el concilio de ancianos, pues de ellos recibí cartas para los hermanos en Damasco, y viajaba allá para traer atados a Jerusalem incluso a los que había allí, a fin de que fueran castigados.
6 Pero me aconteció yendo, cuando me acercaba a Damasco, como a medio día, súbitamente una gran luz del cielo resplandeció en torno a mí,
7 y caí al suelo y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo,¿por qué me persigues?
8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Me dijo: Yo soy Jesús el Nazareno, a quién tú persigues.
9 Ahora bien, los que estaban conmigo ciertamente vieron la luz, pero no oyeron la vozdel que hablaba conmigo.
10 Entonces dije: ¿Qué debo hacer, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que ha sido ordenado que hagas.
11 Y como no veía por causa del resplandor de aquella luz, me llevaron de la mano los que estaban conmigo, y llegué a Damasco.
12 Entonces cierto Ananías, varón piadoso conforme a la Ley, que recibía aprobación de todos los judíos que viven allí,
13 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recupera la vista. Y en aquel momento, miré hacia él.
14 Entonces él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y oigas la voz de su boca.
15 Porque le serás testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
16 Ahora pues, ¿qué esperas? ¡Levántate y bautízate y lava tus pecados invocando su Nombre!
17 Y me aconteció que después de regresar a Jerusalem, y cuando estaba orando en el Templo, tuve un éxtasis,
18 y vi que me decía: Apresúrate, y sal pronto de Jerusalem; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.
19 Y yo dije: Señor, ellos saben que yo estaba encarcelando y azotando en cada una de las sinagogas a los que creen en Ti.
20 Y cuando era derramada la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo estaba presente consintiendo y guardando las ropas de los que lo mataban.
21 Y me dijo: Vé, porque Yo te enviaré lejos a los gentiles.
22 Y lo escucharon hasta esa palabra, y alzando la voz, gritaron: ¡Quita a ése de la tierra, que no conviene que viva!
23 Y como ellos seguían gritando y agitando sus mantos y echando polvo al aire,
24 el tribuno mandó meterlo en la fortaleza, y dijo que lo atormentaran con azotes, para descubrir por qué causa le gritaban así.
25 Pero cuando lo estaban atando con las correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar también a un ciudadano romano sin sentencia previa?
26 Cuando el centurión oyó esto, fue al tribuno y le avisó, diciendo: ¿Qué vas a hacer?, porque este hombre es romano.
27 El tribuno se le acercó entonces, y le dijo: Dime, ¿eres tú romano? Y él dijo: Sí.
28 Y el tribuno respondió: Yo, con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pues yo la tengo de nacimiento.
29 De manera que los que iban a interrogarlo se apartaron de él al instante. Y hasta el tribuno, aun por haberlo atado, tuvo temor al saber que era romano.
30 Al día siguiente, queriendo saber de seguro por qué lo acusaban los judíos, lo desató; y mandó reunir a los principales sacerdotes y a todo el Sanedrín; y sacando a Pablo, lo puso ante ellos.
1 Pablo, entonces, fijando los ojos en el Sanedrín, dijo: Varones hermanos: Yo, con toda buena conciencia me he conducido para con Dios hasta este día.
2 Pero el sumo sacerdote Ananías mandó a los que estaban junto a él que le golpearan la boca.
3 Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! Estás sentado para juzgarme conforme a la Ley, ¿y violando la Ley, mandas que me golpeen?
4 Entonces los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?
5 Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que fuera el sumo sacerdote; pues está escrito: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.
6 Entonces Pablo, percibiendo que una parte era de saduceos y otra de fariseos, dijo a gran voz en el Sanedrín: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos. ¡Acerca de la esperanza de la resurrección de los muertos se me juzga!
7 Y al decir él esto, se produjo un altercado entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió.
8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles ni espíritus; pero los fariseos admiten todo eso.
9 Se produjo entonces un griterío enorme. Se levantaron algunos de los escribas de la secta de los fariseos y protestaban violentamente, diciendo: No hallamos nada malo en este hombre. ¿Y si acaso le ha hablado un espíritu o un ángel?
10 Y como el altercado arreciara, temiendo el tribuno que despedazaran a Pablo, ordenó que bajara la tropa y lo sacaran de entre ellos por la fuerza, y lo llevarana la fortaleza.
11 A la noche siguiente, se le apareció el Señor y le dijo: ¡Ánimo! Porque como testificabas fielmente acerca de mí en Jerusalem, así también tienes que testificar en Roma.
12 Cuando se hizo de día, los judíos tramaron un complot, y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no habían de comer ni beber hasta que mataran a Pablo.
13 Y los que hicieron esta conspiración eran más de cuarenta,
14 los cuales se acercaron a los principales sacerdotes y a los ancianos y les dijeron: Nos hemos juramentado bajo maldición que no gustaremos nada hasta que matemos a Pablo.
15 Ahora pues vosotros, junto con el Sanedrín, pedidle al tribuno que mañana lo presente ante vosotros, como que vais a investigar más estrictamente lo concerniente a él; y nosotros estaremos preparados para matarlo antes que llegue.
16 Pero el hijo de la hermana de Pablo se enteró de la emboscada, y habiéndose presentado y entrado en la fortaleza, informó a Pablo.
17 Pablo entonces, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene algo que informarle.
18 Él entonces, tomándolo, lo lleva ante el tribuno y le dice: El prisionero Pablo me llamó y me rogó que trajera ante ti a este joven, pues tiene algo que decirte.
19 El tribuno lo tomó de la mano, y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?
20 Y él dijo: Los judíos se han puesto de acuerdo en rogarte que mañana bajes a Pablo al Sanedrín, como que va a investigar más estrictamente acerca de él.
21 Pero tú no les prestes atención, porque más de cuarenta varones de ellos lo acechan, pues se juramentaron bajo maldición a no comer ni beber hasta que lo maten, y ahora están preparados, esperando la autorización de parte tuya.
22 Entonces el tribuno despidió al joven, después de ordenarle que a nadie contaraque le había informado de estas cosas.
23 Y llamando a dos de los centuriones, les dijo: Preparad doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que vayan a Cesarea a partir de la tercera hora de la noche.
24 Y ordenó que aparejaran cabalgaduras para montar a Pablo y llevarlo con seguridad ante Félix, el gobernador.
25 Y le escribió una carta en estos términos:
26 Claudio Lisias al excelentísimo Félix, el gobernador. Salud.
27 A este hombre lo habían prendido los judíos, y cuando estaban a punto de matarlo, me presenté con la tropa al enterarme de que era romano y lo rescaté.
28 Queriendo saber la causa por la cual lo acusaban, lo bajé al Concejo de ellos,
29 y hallé que era acusado por cuestiones de la ley de ellos, pero no tenía ningún cargo digno de muerte o prisión.
30 Habiéndoseme informado de que había un complot contra ese hombre, inmediatamente lo envío ante ti, ordenando también a sus acusadores que hablen contra él delante tuyo.
31 Los soldados entonces tomando a Pablo, tal como les había sido ordenado, lo llevaron a Antípatris durante la noche,
32 y al día siguiente regresaron a la fortaleza dejando que los jinetes se fueran con él.
33 Ellos, después de entrar en Cesarea, entregaron la carta al gobernador y le presentaron también a Pablo.
34 Después de leerla, preguntó de qué provincia era, y al enterarse de que era de Cilicia,
35 dijo: Te oiré cuando vengan también tus acusadores. Y mandó que fuera custodiado en el pretorio de Herodes.
1 Cinco días después, el sumo sacerdote Ananías bajó con algunos ancianos, y un cierto abogado llamado Tértulo, quienes se presentaron al gobernador contra Pablo.
2 Cuando él compareció, Tértulo comenzó su acusación, diciendo: Como estamos disfrutando de mucha paz gracias a ti, y debido a tu providencia se están haciendo reformas para esta nación,
3 siempre y en todas partes lo recibimos con toda gratitud, oh excelentísimo Félix.
4 Ahora, a fin de no molestarte por más tiempo, te suplico que nos oigas brevemente con tu bondad.
5 Porque hemos hallado que este hombre es una peste que promueve altercados entre los judíos por todo el mundo, siendo además cabecilla de la secta de los nazarenos,
6 e incluso intentó profanar el Templo, y lo tuvimos que prender.
7 [[7]]
8 Tú mismo, después de interrogarlo acerca de todas estas cosas, podrás darte cuenta por qué lo acusamos nosotros.
9 Y los judíos también tomaron parte en la acusación, afirmando que estas cosas eran así.
10 Cuando el gobernador le hizo señal para que tomara la palabra, Pablo respondió: Sabiendo que desde hace muchos años eres juez para esta nación, con buen ánimo presentaré mi defensa,
11 pudiendo tú cerciorarte de que no hace más de doce días subí a adorar en Jerusalem;
12 y no me hallaron en el Templo discutiendo con nadie, ni provocando un motín, ni en las sinagogas, ni en la ciudad;
13 ni pueden ellos comprobar ante ti las cosas de las que ahora me acusan.
14 Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman secta, así sirvo al Dios de mis antepasados, creyendo todo lo que es conforme a la Ley y lo que está escrito en los Profetas,
15 teniendo esperanza en Dios, la cual ellos mismos también abrigan, que ha de haber resurrección, tanto de justos como de injustos.
16 Por esto, también yo mismo procuro tener siempre una conciencia irreprensible ante Dios y los hombres.
17 Ahora bien, después de muchos años llegué a mi nación para dar limosnas y ofrendas,
18 en las cuales cosas, después de haberme purificado, me hallaron en el Templo, no con turba ni con alboroto,
19 sino causado por algunos judíos de Asia, quienes deberían comparecer ante ti, si algo tienen que alegar contra mí.
20 O si no, que éstos mismos digan qué delito hallaron estando yo delante del Sanedrín,
21 a menos que sea por esta única palabra que dije estando ante ellos: En cuanto a la resurrección de los muertos soy yo juzgado hoy por vosotros.
22 Félix entonces, enterado más exactamente acerca del Camino, les aplazó el asunto, diciendo: Cuando baje el tribuno Lisias, examinarévuestro caso.
23 Acto seguido, ordenó al centurión que lo custodiara, pero que tuviera libertad y a ninguno de los suyos impidiera atenderlo.
24 Después de algunos días, llegó Félix con Drusila su mujer (que era judía), y llamando a Pablo, lo oyó acerca de la fe de Jesús el Mesías.
25 Pero al disertar él sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix se llenó de temor y le dijo: ¡Vete por ahora! Cuando tenga un tiempo conveniente, te enviaré a llamar.
26 Porque al mismo tiempo esperaba que Pablo le daría dinero; por lo cual, lo hacía llamar con frecuencia para conversar con él.
27 Cuando se cumplieron dos años, Félix recibió como sucesor a Porcio Festo, y queriendo congraciarse con los judíos, Félix dejó encadenado a Pablo.
1 Llegado pues Festo a la provincia, tres días después subió de Cesarea a Jerusalem.
2 Y los principales sacerdotes y los más importantes de los judíos, le presentaron demanda contra Pablo, y le rogaban,
3 pidiendo un favor contra él: que lo hiciera trasladar a Jerusalem (mientras preparaban una emboscada para eliminarlo en el camino).
4 Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea, adonde él mismo iba a partir en breve.
5 Entonces, les dijo, los que entre vosotros tengan autoridad, bajen conmigo y acúsenlo, si hay algo impropio en el hombre.
6 Y después de permanecer entre ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea, y al día siguiente se sentó en el tribunal y mandó que Pablo fuera traído.
7 Cuando él llegó, lo rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalem, presentando muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar,
8 mientras Pablo decía en su defensa: Ni contra la Ley de los judíos, ni contra el Templo, ni contra César he pecado.
9 Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondió a Pablo: ¿Quieres subir a Jerusalem y ser juzgado allí de estas cosas delante de mí?
10 Pablo entonces contestó: Estoy ante el tribunal del César, donde debo ser juzgado. Ningún agravio he hecho a los judíos, como tú sabes muy bien.
11 Por tanto, si soy culpable y he hecho algo digno de muerte, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos: Apelo a César.
12 Entonces Festo, después de consultar con su consejo, respondió: A César has apelado, a César irás.
13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice bajaron a Cesarea saludando a Festo.
14 Y como estuvieron allí muchos días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciendo: Hay un hombre a quien Félix ha dejado preso,
15 acerca del cual, estando yo en Jerusalem, me presentaron acusaciones los principales sacerdotes y ancianos de los judíos, pidiendo sentencia condenatoria contra él.
16 A ellos respondí que no es costumbre de los romanos entregar a ningún hombre sin que antes el acusado tenga a los acusadores cara a cara y se le dé la oportunidad de defenderse de la acusación.
17 Así que, después que se reunieron aquí, sin más demora al día siguiente, me senté en el tribunal y ordené que trajeran al hombre.
18 Y levantándose los acusadores, ningún cargo presentaban de las cosas perversas que yo sospechaba,
19 sino que tenían contra él algunos puntos de desacuerdo respecto de su religión, y acerca de un tal Jesús, ya difunto, de quien Pablo afirmaba que está vivo.
20 Y estando yo perplejo sobre esta controversia, le pregunté si quería ir a Jerusalem y ser juzgado allá por estas cosas.
21 Pero como Pablo apeló que se lo reservara para la decisión imperial, ordené custodiarlo hasta que lo envíe a César.
22 Entonces Agripa dice a Festo: También yo querría oír a ese hombre. Le respondió: Mañana lo oirás.
23 Al día siguiente pues, llegaron Agripa y Berenice con mucha pompa, y después de entrar al salón de audiencia con los tribunos y los hombres prominentes de la ciudad, Festo ordenó que fuera traído Pablo.
24 Y dice Festo: Rey Agripa, y todos los varones presentes con nosotros: Ved a éste, acerca del cual todo el pueblo de los judíos ha acudido a mí, tanto en Jerusalem como aquí, pidiendo a gritos que no se le permita vivir más.
25 Pero yo he descubierto que nada digno de muerte ha hecho, y como él mismo apeló al Emperador, decidí enviárselo.
26 Respecto a él, no tengo nada concreto que escribir al soberano; por tanto, lo he traído ante vosotros, y especialmente ante ti, rey Agripa, para que, una vez celebrada la audiencia preliminar, tenga yo algo que escribir,
27 porque me parece ilógico enviar a un preso y no indicar los cargos que haya contra él.
1 Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar en tu favor. Pablo, entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa:
2 Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los judíos, me considero dichoso, oh rey Agripa, de que hoy voy a defenderme delante de ti,
3 especialmente por ser tú un experto, tanto en las costumbres como en las controversias que hay entre los judíos; por lo cual te suplico que me escuches pacientemente.
4 Pues bien, mi manera de vivir desde la juventud, la cual desde un principio transcurrió entre mi pueblo y en Jerusalem, es bien sabida por todos los judíos.
5 Desde hace mucho tiempo conocen, si quieren testificarlo, que conforme a la secta más estricta de nuestra religión, yo viví como fariseo.
6 Y ahora, se me juzga por la esperanza de la promesa que Dios hizo a nuestros padres,
7 a la cual esperan llegar nuestras doce tribus, sirviendo con fervor noche y día. Por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos.
8 ¿Por qué se considera increíble entre vosotros que Dios resucite muertos?
9 Yo, ciertamente, pensaba en mi interior que era mi deber hacer muchas maldades contra el nombre de Jesús de Nazaret;
10 lo cual, en efecto, hice en Jerusalem, pues luego de recibir autorización de parte de los principales sacerdotes, no sólo encerré yo en cárceles a muchos de los santos, sino que deposité la piedrecita en contra cuando los mataban.
11 Y muchas veces, castigándolos por todas las sinagogas, los forzaba a blasfemar, y locamente enfurecido contra ellos, los perseguía aun hasta en las ciudades extranjeras.
12 Ocupado en esto iba yo a Damasco, con autorización y comisión de los principales sacerdotes,
13 cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi que una luz del cielo, superior al resplandor del sol, resplandeció alrededor de mí y de los que viajaban conmigo.
14 Y al caer todos nosotros por tierra, oí una voz que me decía en lengua hebrea: ¡Saulo, Saulo! ¿por qué me persigues? ¡Dura cosa te es dar coces contra el aguijón!
15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
16 Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque me he aparecido a ti precisamente para escogerte por ministro y testigo, no sólo de las cosas que has visto de mí, sino de aquellas en que me apareceré a ti,
17 para librarte del pueblo y de los gentiles, a quienes Yo te envío,
18 a fin de que abras sus ojos, para que vuelvan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.
19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial,
20 sino que anunciaba, primeramente a los que están en Damasco, y también en Jerusalem, y por toda la región de Judea, y a los gentiles, que se arrepintieran y se volvieran a Dios, haciendo obras dignas del arrepentimiento.
21 Por causa de esto, unos judíos me prendieron en el Templo e intentaban matarme.
22 Pero con la ayuda de Dios, persevero hasta este día, testificando, tanto al pequeño como al grande, no diciendo más que lo que los Profetas y Moisés dijeron que iba a suceder:
23 Que el Mesías había de padecer y que, siendo el primero enresucitar de los muertos, iba a proclamar luz tanto al pueblo como a los gentiles.
24 Mientras él decía estas cosas en su defensa, Festo dice a gran voz: ¡Estás loco, Pablo! ¡Las muchas letras te vuelven loco!
25 Pablo responde: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que pronuncio palabras de verdad y de cordura.
26 El rey, ante quien me expreso con toda franqueza, entiende de estas cosas, porque estoy persuadido de que no ignora nada de estas cosas, ya que esto no se ha hecho en un rincón.
27 ¿Crees, rey Agripa, a los profetas? ¡Sé que crees!
28 Agripa dice a Pablo: ¡Por poco me persuades a hacerme Cristiano!
29 Y Pablo: ¡Quisiera Dios que, por poco o por mucho, no sólo tú, sino también todos los que hoy me oyen, llegarais a ser tales cual soy yo, excepto estas cadenas!
30 Se levantó entonces el rey con el gobernador, y Berenice, y los que estaban sentados con ellos.
31 Y al retirarse, hablaban unos con otros, diciendo: Este hombre no ha hecho nada que merezca muerte o prisión.
32 Y Agripa dijo a Festo: Este hombre podría haber sido puesto en libertad si no hubiera apelado a César.
1 Cuando se decidió que zarpára-mos hacia Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la cohorte imperial.
2 Embarcándonos en una nave adramitena que iba a zarpar hacia los puertos de Asia, nos hicimos a la vela, estando con nosotros Aristarco, un macedonio tesalonicense.
3 Al día siguiente atracamos en Sidón, y Julio, tratando a Pablo con benevolencia, le permitió que fuera a sus amigos a recibir atención.
4 De allí nos hicimos a la vela, y navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios.
5 Y navegando a través del mar de Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira de Licia.
6 Allí el centurión, hallando una nave alejandrina que navegaba hacia Italia, nos embarcó en ella.
7 Después de navegar lentamente durante muchos días, y arribando con trabajo frente a Gnido, pues el viento no nos permitía avanzar, navegamos a sotavento de Creta, hacia Salmón;
8 y costeándola con dificultad, arribamos a cierto lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual está la ciudad de Lasea.
9 Y habiéndose gastado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación por haber pasado ya el Ayuno, Pablo les aconsejaba,
10 diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo de la carga y de la nave, sino también de nuestras vidas.
11 Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave que a lo que decía Pablo.
12 Y como el puerto no era adecuado para invernar, la mayoría acordó zarpar de allí, por si podían arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al suroeste y al noroeste, e invernar allí.
13 Y soplando blandamente el Austro, suponían que habían logrado su intento, levaron anclas y costeaban Creta lo más cerca posible.
14 Pero no mucho después, un viento huracanado llamado Euraquilón dio contra ella;
15 y como la nave, al sufrir la embestida, no pudo poner proa al viento, nos dejábamos llevar a la deriva.
16 Y después de navegar a sotavento de cierto islote llamado Cauda, a duras penas logramos sujetar el esquife.
17 Después de izarlo, ciñeron con amarras la nave por debajo, y temiendo encallar en la Sirte, arriaron los aparejos y se dejaban llevar a la deriva.
18 Pero como la tempestad nos seguía sacudiendo furiosamente, al día siguiente comenzaron a alijar,
19 y al tercer día, arrojaron con sus propias manos los aparejos de la nave.
20 Y al no aparecer el sol ni las estrellas por muchos días, acosados por una tempestad no pequeña, fuimos perdiendo toda esperanza de salvarnos.
21 Después de pasar mucho tiempo sin alimento, Pablo se puso en pie en medio de ellos y dijo: ¡Oh varones! ciertamente deberíais haberme hecho caso y no zarpar de Creta para evitar este perjuicio y pérdida.
22 Pero ahora, os exhorto a que tengáis buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, excepto de la nave.
23 Porque esta noche ha estado conmigo un ángel del Dios de quien soy y al cual sirvo,
24 y me ha dicho: No temas Pablo. Tienes que comparecer ante César, y he aquí que Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.
25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque confío en Dios que será así como se me ha dicho;
26 pero tendremos que encallar en alguna isla.
27 Cuando llegó la decimacuarta noche, siendo llevados nosotros a la deriva en el Adriático, a la media noche los marineros sospechaban que estaban cerca de tierra;
28 y echando la sonda, hallaron veinte brazas, y navegando un poco más adelante y volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas.
29 Y temiendo que encalláramos en algún lugar rocoso, soltaron cuatro anclas desde popa y deseaban con ansia que llegara a ser de día.
30 Pero como los marineros trataban de abandonar la nave, y habían bajado al mar el esquife, bajo pretexto de soltar anclas desde proa,
31 Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros.
32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y dejaron que se perdiera.
33 Y cuando iba a ser de día, Pablo exhortó a todos a que tomaran alimento, diciendo: Hoy es el decimocuarto día que estáis en vela continuamente y en ayunas, sin comer nada.
34 Por tanto, os ruego que toméis alimento, pues os conviene para vuestra salud, porque ni un cabello de vuestra cabeza se perderá.
35 Dicho esto, tomó el pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y comenzó a comer.
36 Entonces todos ellos comieron también, después de cobrar ánimo.
37 Y todas las personas en la nave éramos doscientas setenta y seis.
38 Una vez satisfechos, aligeraron la nave echando el trigo al mar.
39 Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían cierto golfo que tenía playa, en la cual decidieron, si era posible, encallar la nave.
40 Cortaron, pues, las anclas y las dejaron en el mar, soltando al mismo tiempo las amarras de los timones; e izando al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa.
41 Pero cayendo en un lugar de corrientes cruzadas, encallaron la nave; y la proa, al clavarse, quedó inmóvil, pero la popa se abría por la violencia.
42 Y los soldados habían acordado matar a los presos para que ninguno se fugara nadando;
43 pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió llevarlo a cabo, y mandó que los que podían nadar se echaran los primeros y salieran así a tierra,
44 y que los demás salieran después, unos en tablones, y otros en los varios objetos de la nave. Y así aconteció que todos llegaron sanos y salvos a tierra.
1 Una vez a salvo, fue que nos enteramos que la isla se llamaba Malta.
2 Y los nativos nos trataron con no poca humanidad, porque a causa de la lluvia que caía y del frío, encendieron un fuego y nos recibieron a todos.
3 Entonces Pablo, después de recoger cierta cantidad de leños, los echó al fuego, y una víbora que huía del calor se prendió de su mano.
4 Los nativos entonces, cuando vieron el animal que colgaba de su mano, decían unos a otros: Sin ninguna duda, este hombre es un homicida, pues aunque se ha salvado del mar, la Justicia no lo ha dejado vivir.
5 Pero él se sacudió el animal en el fuego sin padecer daño alguno.
6 Ellos en cambio esperaban que él se fuera a hinchar o a caer muerto de repente, pero después de mucho esperar, y viendo que nada malo le ocurría, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.
7 En los alrededores de aquel lugar había unas tierras del principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y nos hospedó bondadosamente por tres días.
8 Y aconteció que el padre de Publio yacía en cama, enfermo de fiebre y disentería; y entrando Pablo a verlo, después de orar, le impuso las manos y lo sanó.
9 Al ocurrir esto, también los demás que tenían enfermedades en la isla acudían y eran sanados.
10 Los cuales también nos honraron con muchas atenciones, y cuando estábamos para zarpar, nos proveyeron de todo lo necesario.
11 Después de tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla y llevaba como mascarón de proa a los Dióscuros.
12 Y llegados a Siracusa, permanecimos tres días.
13 Zarpando de allí, fuimos a Regio; y después de un día soplando el Austro, en el segundo día llegamos a Putéoli,
14 en donde hallamos hermanos, y fuimos invitados a permanecer con ellos siete días. Y así llegamos a Roma.
15 Cuando los hermanos oyeron acerca de nosotros, salieron de allí a recibirnos hasta el foro de Apio y las Tres Tabernas, viendo a los cuales, Pablo dio gracias a Dios, y cobró buen ánimo.
16 Cuando entramos en Roma, se le permitió a Pablo vivir aparte, con un soldado que lo custodiaba.
17 Tres días después, aconteció que él convocó a los más prominentes de los judíos; y cuando se reunieron, les dijo: Yo, varones hermanos, a pesar de no haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros antepasados, he sido entregado preso desde Jerusalem en manos de los romanos;
18 los cuales, después de interrogarme, querían soltarme, por no haber en mí ninguna causa de muerte.
19 Pero al oponerse los judíos, me vi obligado a apelar a César, no porque tenga de qué acusar a mi nación.
20 Así que, por esta causa os he llamado para veros y hablaros, pues por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas.
21 Entonces ellos le dijeron: Nosotros no hemos recibido cartas de Judea acerca de ti, ni ha venido ninguno de los hermanos denunciando o hablando algo malo de ti.
22 Pero consideramos conveniente oír de ti lo que piensas, porque respecto a esta secta, nos es sabido que en todas partes se habla en contra de ella.
23 Y les fijó un día, y vinieron muchos adonde él posaba, y desde muy temprano hasta la tarde, testificando fielmente, les explicaba el reino de Dios y los persuadía acerca de Jesús, apoyándose tanto en la Ley de Moisés como en los Profetas.
24 Y algunos eran persuadidos por lo que decía, pero otros no creían.
25 Y estando en desacuerdo unos con otros, se despidieron luego que Pablo añadió una palabra más: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a vuestros padres,
26 diciendo: Vé a este pueblo, y dí: Oyendo oiréis, pero de ningún modo entenderéis. Y viendo veréis, pero de ningún modo percibiréis.
27 Porque el corazón de este pueblo fue endurecido, Y sus oídos oyeron pesadamente, Y cerraron sus ojos. No sea que vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan con el corazón, Y se arrepientan, y Yo los sane.
28 Sea pues notorio, que a los gentiles ha sido enviada esta salvación de Dios. Ellos oirán.
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30 Y permaneció dos años enteros en su propia casa alquilada, y recibía a todos los que acudían a él,
31 proclamando el reino de Dios y enseñando lo concerniente al Señor Jesús el Mesías, con toda libertad y sin impedimento.